Judai Crawford - Capítulo 8
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8: Duelo en el ferry 8: Duelo en el ferry —¡Osiris Rojo!
—exclamó el profesor Chronos De Medici casi escupiendo las palabras al leer el expediente de Judai Crawford.
El director del dormitorio Obelisco Azul esperaba que el heredero de Ilusiones Industriales terminara en su dormitorio.
No entendía como había terminado en el dormitorio rojo, el de los flojos e incompetentes que tenían suerte de siquiera poder pisar los terrenos de la escuela.
Y si estaba seguro de algo, era que Judai Crawford no era un incompetente.
El profesor estuvo presente en su duelo de examinación y, por mucho, había sido uno de los mejores en años.
Por supuesto, también había escuchado rumores de que incluso cuando niño, antes de ser adoptado por Pegasus, era muy bueno.
Chronos tenía por costumbre investigar a fondo a sus estudiantes prometedores (ya sea por sus calificaciones en las escuelas de preparación, por sus records en torneos, o por alguna relación consanguínea con estudiantes de Obelisco o familias prominentes en el mundo de los duelos) para asegurarse de que su educación los llevara al estrellato en las ligas pro.
Y de esa él sería famoso por ser el mentor de las grandes estrellas de la próxima generación.
En ese sentido, Judai Crawford era especial.
Desde que se enteró, a través del director Samejima quien era amigo cercano de Pegasus J.
Crawford, que asistiría a la academia central y no a la de Estados Unidos, o alguno de los otros campus, supo que era su gran oportunidad.
El profesor Chronos, como muchos, estaba al tanto de todo lo concerniente al misterioso heredero del creador del Duelo de Monstruos.
Había toda clase de rumores circulando sobre él y la razón de que Pegasus decidiera adoptarlo.
La mayoría concordaba que era debido a su potencial como duelista, otros aseguraban que era un prodigio en lo que se refería al diseño de cartas.
La última teoría apoyada por su triunfo en el prestigioso concurso de Corporación Kaiba unos años atrás, por más que no estuvo libre de cierta polémica.
Fuese como fuese, Judai Crawford se había convertido de la noche a la mañana en una celebridad en el mundo de los duelos.
Y ese año estaría en su escuela finalmente.
Chronos soñaba con la fama que obtendría.
Tal vez sería conocido como el tutor del próximo duelista legendario.
Cierto, nadie había podido superar la sombra dejada por los legendarios finalistas de Ciudad Batallas.
Edo Phoenix, un duelista profesional de tan sólo catorce años, quien debutó unos meses atrás en Estados Unidos con una asombrosa racha de victorias, sonaba como el más probable para ocupar un lugar entre los más grandes del mundo de los duelos.
Pero el nombre de Judai también era muy conocido en las ligas menores de Japón y Estados Unidos.
Judai en realidad había participado en pocos torneos de las ligas infantiles (y en tales ocasiones raramente mostraba su rostro, siendo la última vez el evento en que ganó el concurso a los ocho años de edad), aunque en todos los que asistió demostró una habilidad excepcional en el manejo de sus cartas.
La suficiente como para vencer a mazos de nivel profesional con un mazo de HÉROES Elementales, cartas consideradas para principiantes.
El mismo Chronos, aun siendo un reconocido estratega y mentor de algunos de los mejores duelistas de la Liga Profesional de Japón, pensaba de forma despectiva sobre dicho arquetipo.
Si el heredero podía hacer eso con cartas básicas, no imaginaba lo que haría con cartas del más alto nivel.
El profesor dejó de soñar despierto y volvió su atención al expediente que tenía entre sus manos.
Finalmente encontró el motivo de que estuviera en Osiris.
Dos exámenes no presentados.
Algo lógico, tomando en cuenta que dichos exámenes se habían llevado a cabo mientras aún se encontraba en el extranjero terminando su educación básica.
Y, aunque había una solicitud de prorroga, el mismo Seto Kaiba la había rechazado.
Afortunadamente para él, su duelo de prueba fue tan excepcional que le consiguió el pase con la calificación mínima.
Pocos duelistas habrían conseguido eso.
En especial si tomaba en cuenta que Judai Crawford se mantuvo relajado durante todo el examen y, de hecho, pareció disfrutar el duelo como un niño pequeño en una dulcería.
—Al menos con su nivel no le costará estar pronto entre la élite —se consoló en voz alta y luego continuó revisando los expedientes de sus próximos alumnos.
La mayoría de los alumnos de nuevo ingreso no merecían su tiempo, pero había algunos que llamaron su atención: Llegó al expediente de Jun Manjoume.
No había ninguna novedad allí.
Un duelista excelente.
Por supuesto, la familia Manjoume habían pagado la mejor escuela preparatoria y una «cuota de promoción» muy jugosa para asegurar que su hijo estuviera en el dormitorio Azul sin necesidad de presentar el examen.
Aunque, por lo que decía el expediente en general, sería uno de los mejores estudiantes de ese año y no habría sido necesario.
Sus notas en todos los exámenes de preparatoria eran de las más altas, compitiendo con Asuka Tenjouin.
Hizo una mueca de desprecio al llegar al de Sho Marufuji.
El peor de ese año.
No entendía cómo podía ser el hermano menor de Ryo Marufuji con notas como esas.
Al menos esperaba que el mocoso no fuera propagar a los cuatro vientos su relación con su mejor estudiante de último curso.
No quería mala publicidad para la próxima estrella que lanzaría al mundo de los duelos.
Hizo una nota mental de presionar al mocoso lo más posible.
Las escorias rojas como él generalmente se quebraban y abandonaban antes de siquiera terminar el primer año.
Misawa Daichi lo sorprendió gratamente.
La mejor nota en el examen escrito, de hecho, una nota perfecta más una amplia recomendación de su examinador.
Combinado con su desempeño en los otros dos exámenes, tenía bien merecido su lugar en Ra más una recomendación para una prueba de ascenso lo más pronto posible.
A decir verdad, si hubiera pagado la cuota extra, bien podría estar ya mismo en el dormitorio Azul.
La siguiente en su lista fue Asuka, una duelista prodigiosa y de gran talento.
Como ya sabía, era la mejor duelista de su escuela preparatoria junto con Jun Manjoume.
Y, por supuesto, era la hermana del desaparecido Fubuki, uno de los duelistas más excepcionales a los que había tenido el placer de dar clases (Chronos no pudo evitar sentir un nudo en su garganta, tanto talento para sufrir ese destino).
Esperaba grandes cosas de Asuka.
Después una hora, el profesor Chronos guardó los expedientes.
Se había quedado hasta muy tarde sumido en esa actividad y necesitaba descansar.
Al día siguiente estaría muy ocupado.
Ese año estaría abordo del ferri en el camino hacia la isla.
No le agradaba en realidad.
¡Por Dios, era el subdirector y jefe del departamento de educación!
Tenía mejores cosas en que ocuparse que hacer de niñera para los mocosos.
Pero, como de costumbre, Samejima insistió en que sería bueno para él.
Más de esas tonterías de conectarse con los estudiantes.
Como si quisiera perder su valioso tiempo en eso cuando el ochenta por ciento de ellos no lo valían en absoluto.
– GX – Judai mantuvo la mirada fija en el océano mientras el ferri se alejaba del muelle de ciudad Domino.
Era un día agradable de verano y el barco avanzaba con velocidad constante.
Llegarían a la isla en aproximadamente cinco horas.
Eso le daba tiempo para relajarse.
Ahora mismo se encontraba en la cubierta principal.
Un bostezo escapó de su boca mientras miraba como las olas chocaban con el casco de la embarcación a medida que esta se abría paso en el océano.
—Al fin te encuentro —escuchó tras de sí.
Judai se dio media vuelta.
Sonrió entusiasta mientras apoyaba su espalda en la baranda del barco.
—También me alegra verte, amigo —dijo con tono alegre mientras saludaba con la mano a Jun.
Judai abordó en cuanto llegó al puerto con la intensión de no llamar la atención.
Aunque eso significaba que tampoco podía esperar a Jun.
Bueno, pensó en ese momento, tarde o temprano nos veremos en el ferri.
No se equivocó.
El menor de los Manjoume sonrió a su amigo y luego se acercó para ver él mismo el océano.
Jun ya llevaba puesto su uniforme de Obelisco, mientras que Judai vestía una playera negra, chaqueta del mismo color y pantalones grises.
Estuvieron cerca de media hora charlando sobre nada en especial.
La plática típica entre amigos, llena de bromas y anécdotas acontecidas en los últimos días.
Tras ese rato, Judai se estiró y se apartó de la barandilla.
—Debo estirar las piernas —dijo—.
¿Quieres echar un vistazo al resto del barco?
Jun se limitó a asentir con la cabeza y siguió a su amigo.
No había nada interesante en la cubierta.
Un grupo de chicas estaban en la parte delantera disfrutando del sol.
Algunos chicos se pasaban el rato charlando y bromeando.
En general, los alumnos sólo se relajaban durante el viaje mientras hablaban entusiasmados sobre lo que había ocurrido en vacaciones y sobre lo que les esperaba al llegar a la escuela.
Así que decidieron entrar al salón principal.
El lugar estaba lleno de estudiantes que charlaban.
Los mayores platicaban con sus amigos sobre el verano.
Varios de nuevo ingreso estaban sentados muy en silencio viendo todo con cierto grado de nerviosismo y tal vez un poco de miedo.
Otros ya comenzaban a hablar con sus compañeros sobre las clases de la academia y nuevas estrategias de duelo.
Y, lo más importante para Judai, sobre unas mesas en el lado derecho del salón, varios estudiantes ya estaban enfrascados en los duelos.
Sin pensárselo dos veces, Judai se acercó a ese grupo.
Llegaron en el momento preciso que un alumno de Obelisco terminaba el duelo contra un Osiris.
El chico de azul era alto y musculoso, además de tener una sonrisa burlona en el rostro.
Mientras, el de rojo era bajito y delgado.
Usaba anteojos redondos y tenía una cabellera azul celeste.
—¡Perdiste enano!
—dijo con tono burlón el mayor—.
Ahora tienes que pagar.
Acto seguido, otros dos miembros del dormitorio azul se colocaron a cada lado del chico.
Medían casi el doble que el pobre Osiris.
Uno de ellos tomó su baraja, mientras que el más pequeño se encogía en su asiento y unas lágrimas comenzaban a empañar su visión.
—¡Oye!
—alzó la voz Judai claramente indignado por lo que pasaba—.
¡Tomar el mazo de otro duelista es una falta imperdonable!
—No sé quién eres, pero nadie ha pedido tu opinión —dijo uno de los chicos grandes, volviéndose hacia él—.
Lárgate de aquí antes de que salgas lastimado.
—Seguramente es de primero —agregó el otro mientras barajaba las cartas que acababa de robar—.
Bien esta es una advertencia: él es Kota Sakurako, uno de los mejores duelistas de segundo grado del dormitorio Obelisco.
Más te vale no estar en su camino.
—¡No me importa quién es!
—gritó Judai—.
Un duelista que roba el deck de otro duelista no puede ser bueno.
—A caso quieres probar, mocoso —se metió Kota—.
Si tienes tantas agallas, enfréntame en un duelo.
Si ganas, devolveré la baraja de esta escoria roja, pero si yo gano entonces no sólo tendrás que darme tu propio mazo, sino todas las cartas que tengas contigo.
—¡Acepto el desafío!
—Judai tomó asiento en la silla donde el otro chico había estado sentado.
El chico acababa de levantarse para salir corriendo, pero fue detenido por Jun.
—Mira este duelo —fue todo lo que dijo.
Los duelistas acaban de poner las barajas recién mezcladas en la mesa.
—Bien, veamos qué tan bueno eres, niño —dijo Kota, al tiempo que robaba su primera carta—.
Invoco al «Dragón del Brillo» (ATK: 1900 / DEF: 1600), y activo la carta mágica continua «Corazón del Oprimido».
Colocó una carta tapada y con eso acabo mi turno.
—Mi turno, robo —Judai vio su mano y sonrió—.
Activo el efecto del «Rey del Pantano»: puedo descartarlo al Cementerio para agregar una «Polimerización» desde mi mazo a mi mano.
Por supuesto, no estará mucho allí, porque ahora la activo para fusionar a mi «Héroe Elemental Sparkman» con mi «Héroe Elemental Clayman» para crear al «Héroe Elemental del Trueno Gigantes» (ATK: 2400 / DEF: 1500).
El oponente hizo un sonido burlón, mientras a su alrededor surgían algunas risas por lo bajo.
—Pretendes ganar con cartas de primaria —se rio su oponente.
—Por supuesto —respondió Judai sin dejar que las burlas minaran su ánimo—.
Siempre es un placer demostrar cómo se puede ganar con cualquier tipo de cartas.
Esto sólo hizo que las carcajadas subieran de tono, lo cual solo logró que Judai pareciera más determinado a demostrar su punto.
—Ahora, continuando con mí turno.
Ataco con mi Trueno Gigante —Kota colocó su carta en la pila del Cementerio para luego restar los puntos de vida en la calculadora de su PDA—.
Coloco una carta y termino mi turno.
Judai: 4000 — Kota: 3500.
—Sólo un golpe de suerte —masculló al momento que robaba carta—.
Se activa el efecto de mi magia continua: si robo un monstruo normal puedo mostrarlo a mi oponente para robar otra carta.
—La sonrisa del Obelisco se ensanchó mientras mostraba la carta de marco amarillo y robaba la carta superior de su mazo—.
Vaya, es otro monstruo normal —dijo y luego repitió la acción anterior.
Los otros dos matones comenzaron a reír ruidosamente, aunque no robó más monstruos.
—Activo mi carta trampa continua «Ofrenda Final»: con ella, al costo de quinientos puntos de vida, puedo hacer una invocación normal extra por turno.
Y activo la carta mágica «Disparo de Martillo», con el cual me deshago de tu patético monstruo.
Judai envió a su monstruo al Cementerio sin inmutarse.
—Invoco al «Archidemonio Soldado» (ATK: 1900 / DEF: 1500).
Pago 500 puntos de vida por el efecto de «Ofrenda Final», para invocar al «Elfo Géminis» (ATK: 1900 / DEF: 900), y otros 500 para bajar al «Jinete Vorse» (ATK: 1900 / DEF: 1200).
Con esto tengo suficiente poder para acabarte, mocoso.
¡Ataco con mi «Archidemonio Soldado»!
—¡Te has olvidado de mis cartas!
—declaró Judai—.
¡Carta Trampa, «Fuerza de Espejo»!
Si eres tan bueno como dices, entonces sabes perfectamente que hace esta carta.
—Un golpe de suerte —gruñó mientras apilaba sus cartas en el Cementerio—.
Termino mi turno.
Judai: 4000 — Kota: 2500.
—¡Mi turno, robo!
—Judai sonrió—.
Activo, «Recuperación de Fusión»: con esta carta mágica puedo recuperar una «Polimerización» y un monstruo material de fusión de mi Cementerio en mi mano.
Así que recuperó mi carta y a Sparkman.
Activo «Polimerización» para fusionar al «Héroe Elemental Wildheart» y al «Héroe Elemental Bladedge» para crear al poderoso «Héroe Elemental Wildedge» (ATK: 2600 / DEF: 2300).
Y ahora, ataco directo y con eso acabó el duelo.
Judai: 4000 — Kota: 0.
Judai estaba por recoger sus cartas, aunque fue obvio Kota pareció no aceptar su derrota.
Se puso de pie mientras sus compañeros matones apartaban al pequeño grupo que se había reunido para presenciar el duelo.
—Yo gané.
Cumple tu parte del trato y devuelve las cartas —dijo Judai sin dejar que la apariencia furiosa de Kota lo asustara.
—¡Tú, mocoso engreído, pagaras por esto!
—bramó—.
¡Veamos si eres tan bueno en los golpes como en los duelos!
—¡Signore Sakurako, signore Crawford!
—Se escuchó una voz con marcado acento italiano—.
¿Qué está pasando aquí?
Un hombre de cabello rubio atado a la nuca en una cola de caballo, vestido con un uniforme de Obelisco, aunque con encaje en los puños, se acercaba con paso apurado mientras los estudiantes se hacían a un lado para permitirle acceso.
—Profesor Chronos —saludó Kota mientras una sonrisa burlona se dibujaba en su rostro—.
Estos revoltosos de primero estaban jugando duelos con apuestas.
—¡Mamma mia!
—exclamó el profesor mientras hacia una mueca de sorpresa exagerada y muy cómica—.
¡Esa es una violación muy grave a las reglas de la Academia de Duelos!
—Admito que participe en un duelo de apuestas, pero… —sin embargo, antes de que pudiera continuar con su defensa, fue interrumpido por Kota: —Ahí lo tiene, profesor, ha admitido su crimen.
—Creo que entiende, signore Crawford, que esta violación al reglamento merece un castigo ejemplar.
Incluso siendo quien es, no tengo más remedio que castigarlo.
Ante estas palabras, Kota puso una cara de confusión.
¿Quién era ese chico para que Chronos le hablara de esa forma?
—Profesor —se escuchó una voz de alguien que parecía aterrado—, él no ha hecho nada.
Este chico sólo se metió al duelo para defenderme, a pesar de que no me conocía.
—Este no es su asunto —respondió Chronos con dureza—.
Además, eres sólo un Osiris, tu opinión y testimonio son insignificantes, ¿no crees?
Sho agachó la cabeza, avergonzado y humillado.
Era cierto, sólo se trataba de un patético Osiris, pensaba.
Si fuera su hermano seguramente hubiera sido escuchado.
Pero sólo se trataba del hermano menor, una sombra a la que había que humillar y menospreciar pues no era tan fuerte y buen duelista como Ryo.
—Profesor Chronos —interrumpió alguien por tercera vez, en esta ocasión era una voz femenina—, Sho dice la verdad.
El chico de lentes alzó la mirada con sorpresa.
Conocía perfectamente esa voz.
Era Asuka Tenjouin.
Ella era amiga de su hermano, y en varias ocasiones había visitado su casa.
—Conozco a Sho desde hace años, además, fui testigo de los abusos que estos tres han cometido —dijo señalando a los tres Obelisco.
—Si ese es el caso —dijo el profesor tras pensar un poco las cosas—.
Signore Crawford, siento el malentendido.
Signores Sakurako, Iba y Obushi, acompáñenme.
—¡Esperé profesor!
—exclamó Judai—.
No han devuelto las cartas de Sho.
Chronos les dedicó una mirada dura a los tres infractores, haciéndoles saber que se apresuraran a hacerlo.
Con algo de disgusto, Iba sacó el mazo de Sho y lo arrojó en la dirección general de su dueño.
Las cartas se dispersaron por el suelo.
—Y usted —dijo Chronos a Sho antes de marcharse—, espero que no se meta en más problemas.
Lo estaré vigilando.
El profesor se dio la vuelta y se salió de la habitación seguido de los Obelisco.
Los tres matones, a pesar del probable castigo, tenían sendas sonrisas burlonas en el rostro.
Judai sintió a Yubel y a Haou removerse furiosos por eso, aunque les ignoró en favor de ver como se encontraba Sho.
Por otro lado, Sho permanecía de pie mientras las personas al rededor comenzaban a alejarse.
Tenía la cabeza baja, fija en sus cartas que seguían esparcidas por el suelo.
Una lágrima solitaria se deslizó por su mejilla derecha, mientras apretaba los puños, al grado de que sus nudillos se habían puesto completamente blancos.
—Oye, amigo —una voz sacó al chico de sus pensamientos—.
Anímate, toma, aquí están tus cartas.
Se sentirán muy solas si les dejas tiradas por allí.
Sho levanto la vista para encontrarse con el rostro sonriente del mismo chico que se involucró en el duelo para defenderle.
Bajó la mirada hacia la mano de esté, donde estaba su mazo ya apilado.
Con actitud dubitativa las tomó.
En cuanto las tuvo de vuelta en su mano, sintió una calidez proveniente de estas, como si las cartas mismas intentaran reconfortarlo.
—¿Estás bien?
—preguntó Judai.
—Sí, gracias —respondió Sho.
—¿Quieres venir?
Mi amigo Jun y yo pensábamos ir hacia la cafetería para buscar algo de comer.
Jun negó con la cabeza.
Por supuesto que no tenían ningún plan como ese, pero Judai sólo quería ayudar a ese chico.
Como si no hubiera hecho ya suficiente por él.
—C-claro —tartamudeó el más pequeño.
Así los tres se alejaron del lugar, mientras Judai hablaba con entusiasmo de los duelos.
Asuka los vio alejarse.
Sonriendo, se dirigió hacia la esquina de la pieza, donde estaba Ryo observando todo desde la esquina.
Le agradaba saber que Sho parecía haber hecho buenos amigos.
Aunque eso no era todo: se trataban ni más ni menos que de Judai Crawford, el hijo adoptivo del mismo creador del Duelo de Monstruos; y Jun Manjoume, un viejo conocido de la escuela preparatoria.
—Entonces —dijo cuando llegó a donde estaba su mejor amigo—, ¿qué piensas de los amigos que ha hecho Sho?
Yo creo que son muy interesantes.
Ryo no parecía interesado en responder.
—En primer lugar, Sho no debería estar aquí —dijo al final mientras se alejaba de ella.
Asuka suspiró.
Tenía una idea del porque Ryo no quería que Sho fuera a la Academia.
Su problema de autoestima había empeorado mucho desde que Ryo le había retirado todo su apoyo dos años antes.
Cada vez estaba más segura de que él solo tenía miedo.
Miedo de que Sho fuera allí y… volviera a pasar.
Sacudió la cabeza.
No, iba a encontrar a Fubuki y esa pesadilla por fin terminaría.
Tal vez entonces Ryo también podría sanar.
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