Judai Crawford - Capítulo 9
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9: La Academia de Duelos 9: La Academia de Duelos Cuando el ferri se detuvo en el puerto de la Academia de Duelos, la mayoría de los alumnos ya estaban en la cubierta.
La isla que sería su hogar por los próximos meses estaba envuelta en la mortecina luz de la tarde, mientras el sol comenzaba a hundirse en el horizonte.
El edificio principal parecía estar bañado en un resplandor dorado y el volcán soltó una humarada, como si diera la bienvenida a los nuevos alumnos y saludara a los que regresaban.
Tratando de mantener el orden lo más posible, los profesores dirigieron el desembarco de los alumnos.
Judai parecía especialmente entusiasta, ya vestido con su uniforme de Osiris, mientras que Jun simplemente se limitó a seguirle el paso a su amigo tratando de lucir lo más digno posible.
Es decir, uno de los dos debía de serlo, ¿no?
Sho, por otro lado, se limitó a observar todo a su alrededor con cierto aire de sorpresa, como si no terminara de creerse que estaba realmente allí.
Judai se volvió hacia él y se le quedo viendo con rostro pensativo, luego sonrió.
Jun sacudió la cabeza al ver ese gesto.
Esperaba que no fuera a hacer alguna cosa que terminara en un desastre.
Lo cierto es que lo único que le pasaba por su cabeza era lo deseoso de estaba de enfrentar a Sho.
Su objetivo para ese duelo era sencillo: a través de él lograría que Sho se abriera y finalmente adquiriera un poco más de confianza.
Pero eso tendría que esperar, por ahora lo mejor era asistir al discurso inaugural del director y luego dirigirse a la cena de bienvenida en los dormitorios.
Una vez que todos los alumnos hubieron desembarcados, Los profesores en primera lugar se aseguraron de que los de primer grado recogieran sus discos de duelo y sus PDA.
De allí se dirigieron a la arena de duelos del edificio principal, lugar donde tenían lugar los duelos de exhibición y las conferencias importantes de la escuela.
El director Samejima estaba de pie en el centro de la arena, con un micrófono en las manos.
—¡Bienvenidos!
—dijo con gran entusiasmo y feliz de comenzar un nuevo semestre en la Academia—.
A los de nuevo ingreso, les deseo una buena estancia en nuestra escuela.
A los que vuelven, espero que hayan tenido un buen verano y estén listos para volver a la vida escolar.
Y para todos en general: estudien mucho, preparen sus mejores cartas y, sobre todo, ¡tengan muchos duelos!
Gracias por su atención.
Los estudiantes estallaron en vítores.
Luego de eso, los directores de los dormitorios, apoyados por algunos de los otros maestros, guiaron a los estudiantes hacia sus respectivos dormitorios.
Judai se despidió de Jun saludándole desde lejos, mientras seguía a Sho y al resto de su grupo en dirección a los dormitorios de Osiris.
El dormitorio Osiris era un sencillo edificio de estudiantes al estilo japonés: pequeños departamentos que se apilaban uno sobre otro en un bloque de dos pisos.
En la planta baja, justo a un lado de la habitación del profesor encargado, se encontraba el comedor.
Judai se sentó en una de las mesas de en medio junto con Sho.
Sentía como su apetito se incrementaba al oler el delicioso aroma de la cocina tradicional japonesa que venía desde la pequeña cocina al fondo del comedor.
Al cabo de un rato, el profesor encargado salió de la cocina.
Llevaba el largo cabello negro recogido bajo una red y un delantal blanco para evitar mancharse su ropa más formal.
—Espero que a todos les gusten los camarones fritos —dijo.
—¿Profesor Daitokuji?
—preguntó Judai reconociéndole.
—Ah, ¿Judai?
—respondió el profesor—.
Vaya, me sorprende tenerte en Osiris Judai sonrió.
—Siempre he sido más del rojo que del azul o amarillo.
El profesor sonrió con cariño, antes de volver a la cocina.
—¿Conoces a nuestro profesor?
—preguntó Sho.
—Sí.
Cuando era más joven fue mi instructor privado.
Sho pareció más sorprendido por esto.
—Debes tener mucho dinero.
Escuché que la Academia sólo contrata a los mejores, incluso para Osiris.
Poder pagar por lecciones privadas de uno de ellos debe ser muy costoso.
—Uh, algo así —respondió vagamente.
No le gustaba alardear con otras personas sobre las riquezas de su padre.
Afortunadamente para Judai, la conversación no siguió ya que justo en ese momento el profesor, ayudado por algunos de los alumnos de último grado, los cuales no eran más de tres, comenzó a servir la cena.
Era raro que un alumno durara en Osiris hasta su último grado.
La mayoría ascendía a Ra o se retiraban.
Volviendo a la cena, de sólo olerla Judai supo que la disfrutaría en grande.
A su parecer, el profesor Daitokuji era uno de los mejores chefs de comida japonesa del mundo.
—Muy bien —el profesor Daitokuji se dirigió a todos, una vez que terminaron su cena—.
Antes de irse a la cama, tengo los anuncios pertinentes.
Si revisan sus PDA, deben tener ya un correo de bienvenida en donde, entre otras cosas, se les asignó su habitación en el dormitorio, además de informarles sus horarios de clase.
Por favor, los mayores, ayuden a los de primer ingreso.
Los alumnos asintieron.
—Muy bien, en cosas internas de Osiris: el desayuno se sirve entre siete y ocho de la mañana, la cena entre siete y ocho de la tarde en días escolares.
Los fines de semana y días libres, el desayuno es entre ocho y nueve de la mañana y la cena en el horario regular.
Durante los días de clase no se sirve almuerzo, dado que lo comerán en la cafetería del campus.
En días sin clase se sirve entre dos y tres de la tarde.
No lleguen tarde a los horarios de comida, pues la cocina se cerrará al terminar.
Igualmente, después de clases y los fines de semana, el comedor estará abierto para que puedan usarlo para estudiar, hacer sus tareas o simplemente pasar un rato agradable con sus amigos.
»No pueden abandonar los dormitorios después de las diez de la noche.
Mi recomendación es que estén aquí a las nueve más tardar.
Igualmente, no se permite mantener las luces del dormitorio encendidas más allá de las once de la noche.
»Muy bien, pueden retirarse.
Sé que el entusiasmo es mucho por estar en la Academia, pero procuren no quedarse despiertos hasta tarde.
Buenas noches.
—Tengo la habitación 203 —dijo Judai casualmente mientras caminaba junto a Sho fuera del comedor.
—Eh, es justo la mía —respondió.
—Pues parece que somos compañeros.
La habitación estaba en la planta alta.
Justo frente a la puerta encontraron a un alumno mayor.
Estaba algo pasado de peso y su extraño corte de cabello, más la enorme nariz, lo hacían parecer un koala.
—Mucho gusto, soy Judai.
Y este es mi amigo, Sho.
—Hayato Maeda —se presentó el chico con aspecto de Koala—.
Supongo que son mis nuevos compañeros.
Abrió la puerta y los tres entraron a la habitación.
Era una pieza sencilla y pequeña, como cualquier otra de un dormitorio escolar japonés.
No más de cuatro metros de largo por dos y medio de ancho, con una litera tripe en la esquina derecha de la habitación, un escritorio con un ordenador a la izquierda, un diminuto armario para uniformes y un área de «cocina» que a lo mucho podía servir para preparar una taza de té de vez en cuando, pues consistía en un horno de microondas y fregadero.
—Acogedor —dijo Judai con una sonrisa mientras dejaba su maleta junto a la cama.
—Pido la litera de arriba —dijo Hayato, y sin más sacó su pijama y comenzó a cambiarse de ropa.
—Pido la de abajo —dijo Sho.
Judai se encogió de hombros y fue a comprobar que tan cómoda era la cama del centro.
—Entonces, ¿qué me dicen de un duelo antes de dormir?
—¿Justo ahora?
—preguntó Sho.
—Me parece un momento tan bueno como cualquier otro.
Hayato murmuró algo que ninguno de los dos pudo entender, antes de dirigirse al fregadero de la habitación para cepillarse los dientes.
Sho asintió tras dudar un momento.
Judai bajó de la litera de un salto y se sentó en el suelo alfombrado.
Sho hizo lo mismo frente a él y ambos sacaron sus cartas.
Judai esperaba que el duelo le dijera mucho sobre Sho, y lo cierto es que lo hizo.
En primera instancia, parecía estar mucho más relajado de lo que le había visto en su duelo de examinación.
Algo obvio, tomando en cuenta que en el dormitorio no tenía la presión de fallar el examen, o de todos los otros aspirantes y estudiantes viendo y juzgando cada movimiento que hacía.
Aun así, su confianza se derrumbó fácilmente luego de que algunas de sus estrategias fallaran.
Terminado el duelo, mientras Sho se preparaba para dormir, Judai decidió conocer un poco mejor a su otro compañero.
—Entonces, ¿estás en tu segundo año?
No pensé que pusieran alumnos de distintos grados en el mismo dormitorio.
—Repetí curso —respondió Hayato algo cortante.
Se subió a la cama murmurando «buenas noches» y luego pareció quedarse dormido al instante.
Judai se encogió de hombros, mientras abría su maleta y luego los cajones que había bajo su cama para comenzar a guardar su ropa.
– GX – El domingo trascurrió de forma tranquila, mientras los alumnos de primero aprovechaban para recorrer la isla en el último día que tendrían libre antes de que las clases arrancaran oficialmente al siguiente día.
La mayoría de los mayores pasaba el tiempo en la playa o en las arenas de práctica presumiendo las nuevas cartas conseguidas durante el receso, u obteniendo un poco de bronceado adicional antes de que comenzara la escuela.
Judai, luego de desayunar en la cafetería del dormitorio, salió a recorrer la isla.
Había quedado de reunirse con Jun en la puerta principal, para luego recorrer los alrededores de los dormitorios, y finalmente dirigirse al campo de duelos de práctica para ver algunos y tal vez participar ellos mismos.
La noche anterior habían revisado el calendario de duelos amistosos.
Como era de esperarse, a pesar de que ni siquiera habían comenzado las clases, ya había solicitudes de duelos.
—Parece que tienes prisa —escuchó Judai tras de sí mientras pasaba cerca del dormitorio Ra.
Reconoció a quien le habló como uno de los estudiantes que vio en su examen.
—Quede con un amigo —respondió mientras se detenía—.
Soy Judai, mucho gusto.
—Daichi Misawa —se presentó con tono formal—.
Debo decir que es extraño ver al hijo de Pegasus J.
Crawford en Osiris.
Cualquiera pensaría que irías directo a Obelisco.
—Sí, bueno, pagar el acceso a un dormitorio me parece una práctica absurda —respondió Judai no deseoso de entrar en detalles sobre sus bajas notas del examen de ingreso.
Misawa asintió levemente.
—Supongo que nos veremos más tarde —se despidió el Ra mientras Judai seguía su camino con un poco más de velocidad.
Al llegar, Jun lo esperaba con los brazos cruzados.
—Llegas tarde —dijo, aunque sabía desde el principio que eso ocurriría.
—Lo siento —respondió Judai mientras se rascaba la nuca con gesto despreocupado.
Recorrieron los pasillos del primer piso, donde ubicaron la enfermería, la sala de profesores, la tienda de cartas —que ese día estaba cerrada—, la arena principal y las arenas de prácticas y el gimnasio.
Jun luego insistió en ir a la primera planta y buscar los salones de clases de primero a fin de no extraviarse al día siguiente.
Finalmente volvieron a las arenas de prácticas.
Como era de esperarse, estaban equipada con lo último de la tecnología holográfica de Corporación Kaiba.
El lugar mostraba ya gran actividad debido a que muchos de los estudiantes estaban teniendo duelos en esos precisos momentos.
En la arena más cercana a ellos, dos alumnos de Obelisco se enfrentaban.
El primer de ellos, un rubio alto jugaba con un mazo de Guerreros.
Su oponente, un chico de estatura baja, jugaba un mazo centrado en monstruos de atributo Tierra.
—Un duelo entretenido, ¿verdad?
—comentó una chica mientras se sentaba junto a ellos—.
Espero que tuvieras buenas vacaciones, joven Manjoume —saludó Asuka con la misma formalidad con la que acostumbraba en la preparatoria de duelos.
A pesar de que ambos habían asistido a la misma escuela, lo cierto es que siempre estuvieron en grupos diferentes, así que pocas veces habían interactuado entre sí.
—Buenos días, señorita Tenjouin —saludó Jun con cierto sonrojo—.
¿Conoce ya a mi amigo?
—Judai… —comenzó el Osiris.
—Judai Crawford —le interrumpió Asuka—.
Muchos han estado comentando sobre ti desde anoche, en especial tras ese espectáculo en el ferri.
La mayoría no cree que realmente seas el hijo de Pegasus J.
Crawford.
—Supongo que esperaban a un Obelisco —respondió Judai con un resoplido.
—Eso mismo —admitió Asuka—.
La mayoría aquí juzga todo por el color del uniforme.
Personalmente, prefiero hacerlo mediante un duelo.
Esto animó mucho más a Judai.
—Pues, entonces busquemos una arena.
—Me temo que será imposible —le interrumpió Jun—.
Todo el horario está ocupado.
—¿Todo?
Vaya, sí que son rápidos.
—Bueno, las vacaciones terminaron y todos los de último grado desean aprovechar lo que les resta lo más posible —dicho eso, Asuka se puso de pie y se despidió de ellos—.
Nos veremos en clase, supongo.
Los otros asintieron de acuerdo.
—Vaya, sí que se toman muchas molestias para regular los duelos —comentó Judai, mientras se rascaba la nariz.
—Tienen que hacerlo.
El objetivo de esta escuela es formar duelistas profesionales.
Es obvio que serán estrictos con eso.
—Sí, supongo que así es.
Luego de algunas horas, Judai sintió hambre, y al ver que ya eran casi las dos de la tarde, arrastró a Jun al comedor de Osiris para el almuerzo.
La cafetería estaba rebosante de estudiantes que charlaban animadamente.
Judai encontró de inmediato a Sho, quien estaba sentado en una de las mesas cercanas a la cocina junto con Hayato.
No perdió tiempo y arrastró a Jun para sentarse frente a ellos.
—¿Cómo van las cosas?
—preguntó Judai mientras se sentaba frente a su amigo de cabello azul.
—Bien, supongo —respondió Sho algo desanimado, luego su mirada cayó sobre el chico con el uniforme de Obelisco y pareció retroceder un poco.
—¿Todo bien, amigo?
—preguntó Judai.
—S-sí.
Es sólo que no esperaba ver a un Obelisco en Osiris.
—No creo que haya una regla que diga que está prohibido comer en la cafetería de otro dormitorio.
—En eso tienes razón —se escuchó a Daitokuji quien ya estaba sirviendo los platos—.
Al menos en Osiris: todos son bienvenidos a invitar a sus amigos de otros dormitorios de vez en cuando.
—Bueno, este es mi amigo Jun Manjoume.
Lo recuerdas de ayer en el ferri, ¿verdad?
—Sho asintió, así que Judai pasó a seguir con las presentaciones, esta vez dirigiéndose a Jun—: Ellos son mis compañeros de cuarto: Sho y Hayato.
—Mucho gusto —dijo Jun en tono formal—.
Entonces, ¿esto es el dormitorio Osiris?
Jun recorrió la mirada a su alrededor.
La mayoría de los alumnos habían dejado lo que hacían para verlos.
Los Obelisco, o siquiera los Ra, jamás se acercaban al dormitorio de Osiris a menos que fuera para intimidar a sus residentes.
—Acogedor, ¿verdad?
Y la comida es casi tan buena como la de la señora Mina.
—¿Quién es la señora Mina?
—preguntó Sho confundido.
—Es la cocinera de la familia Crawford —respondió Daitokuji, al parecer sin ofenderse por el comentario de que su comida era «casi tan buena» como la de ella—.
Y la verdad, creo que ni el profesor Kabayama podría competir contra su sazón en la cocina.
—¿Tan buena es?
—preguntó Hayato con los ojos brillaban como los de un cachorro al tiempo que se le hacía agua la boca.
—Es la mejor —respondió Judai con la misma seguridad que demostraba en los duelos.
—¿Crawford?
—preguntó Sho.
Pareció pensarlo un momento, y luego su boca se abrió con sorpresa—: ¡Eres Judai Crawford, el hijo de Pegasus J.
Crawford!
Judai hizo una mueca.
Los murmullos llenaron la habitación.
—¿No lo sabían?
—preguntó Daitokuji—.
Vaya, y eso que esta mañana en el desayuno de bienvenida de los profesores no se habló de otra cosa.
Imagino que en la cena de los otros dormitorios fue igual.
—Algo como eso —admitió Jun.
Su mirada fija en Judai, quien tenía cara de querer desaparecer.
—Sí, Pegasus es mi padre —dijo finalmente—.
Pero yo soy sólo Judai, otro estudiante como ustedes.
No tengo un mazo lleno de cartas raras y únicas, pretender ser mis amigos no les conseguirá cartas nuevas y no deseo ser tratado con diferencia por quien es mi familia.
Había aprendido un tiempo atrás que era mejor dejar esas cosas en claro desde el comienzo.
—Si pueden estar de acuerdo con esas cosas, estaré feliz de ser su amigo.
Sho asintió levemente.
Hayato pareció no escuchar, todavía soñando despierto con lo deliciosa que debía ser la cocina en casa de Judai para que el profesor Daitokuji admitiera que lo superaba.
Daitokuji acercó una silla y se sentó a comer con ellos.
Mientras, los de las otras mesas observaban la situación con muda sorpresa.
Parecían estar todavía tratando de superar lo que habían aprendido.
—No son los más brillantes, ¿verdad?
—dijo Jun, aunque sin ápice de malicia.
—Sólo desearía poder volver a cuando no sabían quién era —respondió Judai con un suspiro.
—Anímate —dijo Daitokuji con su tradicional sonrisa bonachona—.
Dales un par de días para asimilarlo, y estoy seguro de que todo volverá a la normalidad.
Terminada la cena, Judai sacó su mazo y lo puso en la mesa.
Sho lo miró con cierto miedo, mientras que Hayato con algo de desconfianza.
—Bueno, nada mejor que un duelo para bajar la comida, eh, Sho.
—Sabes que no soy muy bueno —respondió.
—Tonterías, si estas en la Academia, quiere decir que eres bueno.
Además, no hay duelistas malos.
—Pero esto es Osiris —dijo Hayato con rostro decepcionado—.
Somos los que tienen suerte de haber logrado entrar.
El eslabón más débil.
—Luego pareció recordar con quien hablaba—.
Es decir, no digo que lo seas, pero la mayoría de nosotros… Tenemos suerte de que siquiera nos permitan dormir en esta isla.
—¿Quién dice eso?
—le interrumpió Judai—.
Son duelistas y, por tanto, tienen todo el derecho de estar aquí como cualquier otro estudiante.
—Así es —estuvo de acuerdo Daitokuji—.
No se rindan sin antes de darlo todo.
Hemos tenido muy buenos duelistas que salieron de Osiris hacia Ra, Obelisco y luego a las ligas pro.
Sho se puso serio.
Judai tenía razón, al menos por una vez quería demostrar que era capaz de mantener un buen duelo.
Sacó su baraja y se preparó para un duelo amistoso.
El duelo se alargó más de lo que cualquiera hubiera esperado.
Al final, Judai terminó con los puntos de Sho, pero su amigo consiguió dejarlo con menos de quinientos puntos de vida.
Sho dejó su mano descubierta sobre la mesa una vez terminado el duelo, permitiendo al resto ver lo que habría podido jugar.
Hubo una carta que llamó especialmente la atención y por su posición era la que Sho había dudado en usar en su último turno.
—Tenias «Vínculo de Poder» —dijo Jun con cierta sorpresa, dirigió su mirada al Deck Extra de Sho—.
¿Puedo?
—Cuando Sho asintió, Jun lo tomó para ver que cartas tenía—.
Como pensé: podías haberlo usado para fusionar a «Gyroid» y a «Steamroid», formando a «Steam Gyroid» y atacado al «Héroe Elemental de la Llama Wingman» con cuatro mil cuatrocientos puntos de ataque, ganando así el duelo.
Los murmullos no se hicieron esperar.
Ninguno de los Osiris sabía que Sho tenía una carta tan poderosa.
Aunque, bueno, tampoco es que tuvieran mucho tiempo de conocerlo.
—Lo sé —murmuró Sho—, pero no estoy listo para usar esa carta.
—Sho —le llamó Judai—, estás listo para usar cualquier carta.
La prueba es que llegaste hasta aquí: a la academia de duelos más prestigiosa del mundo.
—Aunque la hubiera usado, tu carta tapada posiblemente era una trampa —contradijo de inmediato.
Judai volteó la carta mostrando un «Tifón del Espacio Místico».
—No podría haber negado tu carta con esto.
—Aun así, él dijo que no estaba listo, así que yo… —¿Quién dijo eso?
—preguntó Judai.
No podía creer que alguien le hubiera dicho tal cosa a Sho.
Era obvio que era un duelista lo suficiente bueno para usar «Vínculo de Poder».
—Mi hermano —respondió Sho, y luego salió de la habitación con rumbo hacia su dormitorio.
—¿Su hermano?
—preguntó Judai confundido.
—Sho es el hermano menor de Ryo Marufuji —respondió el profesor Daitokuji.
—¡Sho es hermano del Kaiser!
—exclamó Hayato sorprendido—.
Ya decía yo que su apellido me era conocido.
—¿Quién es el Kaiser?
—Es el mejor duelista de toda la academia —aclaró Jun—.
El profesor Chronos parecía especialmente orgulloso de él ayer en la cena de bienvenida.
Judai guardó sus cartas, mientras en su rostro se dibujaba una expresión decisiva.
Iba a enfrentar al tal Kaiser.
—Sé lo que piensas, Judai —le interrumpió Daitokuji—.
Buena suerte.
Quizá puedas demostrarle un punto a Sho.
Estas palabras sólo aumentaron la resolución de Judai.
– GX – —¿Realmente te enfrentaras al tal Kaiser?
—preguntó Yubel apareciendo tras de Judai, mientras el chico llenaba la solicitud de duelo.
—Por supuesto.
Quiero probar su fuerza y demostrarle a Sho que cualquiera puede ganar en un duelo, e incluso si no lo consigues, lo que importa es disfrutarlo.
En esos momentos, el profesor Chronos entró en la habitación.
Se detuvo a observar a Judai.
Quería saber contra cual estudiante se batiría en duelo su próximo boleto a la fama.
Cuando se acercó y vio que solicitaba un duelo contra el Kaiser, por un momento estuvo tentado a interrumpirlo e impedir que lograra tal locura.
Pero al final lo pensó mejor.
Rápidamente se dirigió a la sala de maestros.
En dicho lugar estaba el ordenador donde los profesores acomodaban y revisaban los horarios de las peticiones de duelos.
Esperó a que apareciera en el sistema la petición de Judai.
Esa era una gran oportunidad.
Sólo necesitaba hacer algunos ajustes, y quizá incluso podía proponer que el duelo fuera uno de ascenso.
Si Judai lograba mantenerse contra el Kaiser, aunque fuera por unos pocos turnos, demostraría que era capaz de más que ser un simple Osiris.
—¿Sucede algo, profesor?
—escuchó a Daitokuji a su espalda.
Mientras Chronos estuvo manipulando las fechas de los duelos, no había parado de hacer todo tipo de movimientos y sonidos que lo hacían ver muy sospechoso.
Por eso, al verlo, Daitokuji decidió intervenir y ver que podría estar tramando.
No sería la primera vez que manipulaba las peticiones de duelo para vengarse de algún estudiante que considera necesitaba un escarmiento (usualmente uno de sus pobres Osiris).
El profesor Chronos se volvió para encontrarse con el sonriente profesor, el cual cargaba en sus brazos a un inmenso y peludo gato.
Chronos casi se cae del susto.
Detestaba a esas pequeñas bestias peludas engendros de Satanás, como él los llamaba.
—N-nada, adiós —dijo mientras salía corriendo.
De cualquier forma, su labor ya estaba hecha.
Daitokuji se acercó a la computadora.
Vio la lista y comprobó que Chronos había programado el duelo de Judai contra el Kaiser para dentro de un mes.
No pudo evitar sonreír.
La fecha le venía más que perfecta para sus planes.
– GX – Al mismo tiempo que Chronos y Daitokuji hacían sus planes «malignos».
Pegasus y el director Samejima se reunieron en la oficina del último.
—Entonces es como sospechábamos —dijo Pegasus dejando un sobre negro encima del escritorio.
—Sí, es posible que los Duelistas Oscuros vengan por las cartas selladas bajo esta escuela en cualquier momento —confirmó el director.
—Ya veo.
—Pareció pensar un momento—.
Tengo una petición.
—¿Qué clase de petición?
—preguntó extrañado.
Pegasus parecía un poco más serio de lo habitual.
Incluso en los momentos más tensos, como cuando los dos junto con Seto Kaiba y el ex Director Kagemaru sellaron las cartas, nunca le había visto perder la sonrisa y las ganas de bromear.
—Cuando estos duelistas vengan, es posible que Judai termine enfrentándolos.
Si ese es el caso, no quiero que trates de evitarlo.
—¿Sabes lo peligroso que es esto?
—Samejima no podía creer lo que escuchaba—.
Se trata de uno de mis estudiantes, de tu hijo.
Pegasus cerró los ojos.
Esto era muy difícil para él; sin embargo, no tenía otra opción.
Judai en realidad había estado en peligro toda la vida, y lo cierto es que siempre había sabido que en el momento que llegara a la Academia de Duelos ese peligro sólo sería cada vez mayor.
—Tengo algo que contarte.
Cuando lo escuches tal vez entenderás el porqué de mi petición.
Así pues, Pegasus comenzó a contar todo lo que sabía sobre Judai.
Lo que Yubel le había contado sobre la Luz de la Destrucción tantos años atrás.
—No es el único que estará envuelto en esto —dijo finalmente Samejima.
—No.
Me temo que no.
Las cosas vuelven estar agitadas, como no lo estaban desde hace diez años, cuando el Faraón cumplió su misión.
Y me temo que es momento de que la siguiente generación sea quien se encargue de llevar el peso del mundo.
No nos queda más que asegurarnos de que estén preparados.
—Para eso es esta escuela —recordó Samejima—.
Por eso todos ellos, desde Kaiba hasta el mismo Yugi Muto, participaron en su creación de forma directa o indirecta.
—Sí.
Más allá de formar duelistas profesionales, la función de este lugar es asegurar que, pase lo que pase, los duelistas estarán preparados para enfrentar el verdadero Duelo de Monstruos.
No podemos permitirnos cometer los mismos errores del pasado.
Pegasus sintió que la cuenca vacía en su rostro, donde debía estar su ojo izquierdo, ardía como recordándole sus propios pecados.
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