Juego Infinito - Empiezo con una Clase de Rango SSS - Capítulo 91
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91: ¿John?
91: ¿John?
Nick rechinó los dientes, con ganas de hacer a Rover cien pedazos, pero no podía hacerlo.
Al final, solo pudo suspirar, fruncir el ceño y decir: —Tú…
no creas que puedes superar esta misión tú solo.
Sabes que es una misión de equipo.
Necesitas compañeros que trabajen juntos para…
—Chao~.
—A Rover no le apetecía quedarse a escuchar las tonterías de Nick.
Se fue de inmediato con John.
Nick apretó los puños hasta que los nudillos se le pusieron blancos.
El último resquicio de orgullo que le quedaba no le permitía seguir a Rover.
—¡Bah!
Aunque no te siga, puedo sobrevivir aquí perfectamente.
¡Tras!
¡Tras!
¡Tras!
—¡¿Mmm?!
—En el momento en que Nick terminó de hablar, oyó unas pisadas apresuradas contra el suelo, seguidas de una sombra que pasó de repente a lo lejos.
Se estremeció y luego corrió tras Rover, gritando: —No…, espera un segundo, todavía tengo algunas monedas de oro…
…
—¿Es esta la puerta de ese pasillo?
—preguntó Nick con el ceño fruncido.
Rover lo miró de reojo y torció el gesto.
—¡Oye!
Con solo cincuenta monedas de oro, no tienes derecho a hablar aquí.
Nick rechinó los dientes, pero no pudo decir nada.
Era humillante, pero al menos podía seguir con vida.
«No.
Esto es solo paciencia temporal para el éxito futuro», se dijo Nick para calmar su maltrecho orgullo.
Rover miró la puerta.
Tenía una cerradura, pero no requería que gastara Puntos Omni para Repararla.
Solo necesitaba usar una llave.
Sacó la llave marcada con un círculo, la introdujo y luego la giró ligeramente.
¡Clic!
El sonido resonó y Rover empujó lentamente la puerta para abrirla.
¡Ñiiiic!
—Qué oscuro…
—dijo John—.
Rover, ¿puedes ir tú delante?
Me da un poco de miedo.
Rover: —…
Giró la cabeza y miró a Nick.
Nick se sobresaltó.
—¡Oye!
Yo…
yo no voy a ir delante.
No tengo superpoderes.
No puedes hacerme esto.
—Solo me pagaste cincuenta de oro.
Tienes que desquitarlo.
Además, yo seguiré detrás de ti.
La luz del [Ojo de la Verdad] cubrirá tu zona de todos modos.
Al oír eso, Nick dudó.
Pero cuando miró hacia el pasillo, de solo unos dos metros de ancho y oscuro como boca de lobo, volvió a temblar por dentro.
—Rover, cuando superemos la misión, te daré otras cincuenta de oro.
Déjame ir detrás, ¿vale?
Rover negó con la cabeza.
—¿Crees que soy estúpido?
Cuando superemos la misión, ¿de qué me sirven tus cincuenta de oro?
Muévete.
Ponte delante.
O qué, ¿tienes miedo?
—Tú…
—Nick estaba furioso, con la cara enrojecida.
Al ver eso, Rover se sintió complacido, pensando que Nick por fin tomaría la iniciativa y entraría en el pasillo.
Pero entonces Nick dijo: —Tienes razón.
Tengo miedo.
Rover: —…
Se pellizcó el puente de la nariz, luego miró a John y frunció el ceño.
—Decidid vosotros dos.
Ahora.
Si no, iré yo solo.
—¡Uf!
—John hizo una mueca, miró a Nick y le susurró algo.
Al cabo de un rato, Nick finalmente habló con una expresión retorcida y de total desgana: —¡De acuerdo!
Iré yo primero.
Rover le hizo un gesto para que entrara en el pasillo.
Justo después, Rover y John lo siguieron.
John iba el último, Rover se quedó en el medio y Nick iba delante.
Mantuvieron el mismo ritmo, a solo un metro de distancia.
El pasillo era opresivamente lúgubre.
No había ventanas, ni conductos de ventilación, nada.
El suelo, el techo y las paredes tenían el mismo aspecto, como si estuvieran dentro de un tubo enorme.
Pero lo raro era que, incluso después de caminar durante casi diez minutos, todavía no habían llegado al final.
—¡Oye!
—dijo Nick—.
¿Cuánto más tenemos que caminar?
—¿Y yo qué sé?
—A Rover también le empezaba a doler la cabeza.
En ese momento, se dio cuenta de que las misiones como esta eran realmente molestas.
Si fuera una misión en la que pudiera simplemente lanzarse a la batalla, se sentiría mucho mejor.
Esta misión de puzles y fantasmas de mierda era básicamente una tortura mental.
Rover miró de reojo al fantasma femenino que flotaba a su lado.
Seguía flotando junto a él, pero tenía la cabeza vuelta hacia la pared.
Frunció el ceño y dijo en voz baja: —¡Nick!
Camina hacia este lado.
Nick vio que Rover señalaba la pared y quiso maldecirlo por estúpido.
Pero entonces recordó lo extraño que era aquel lugar.
Quizá de verdad había otra ruta.
Se acercó a la pared, respiró hondo y caminó directamente hacia ella…
¡Fush!
—¡Ah!
—A Rover se le iluminó la cara al ver a Nick atravesar la pared.
Se apresuró a seguirlo.
¡Fush!
—¡Argh!
Por fin fuera de ese agujero infernal…
—Rover no pudo terminar antes de ver a Nick retroceder a trompicones sin parar, con el cuerpo temblando violentamente.
Rover frunció el ceño y le dio una palmada en el hombro a Nick.
—¿Qué haces?
Aquí hay muchas luces.
Por qué ibas a…
tener miedo…
Rover habló mientras miraba hacia delante.
Al segundo siguiente, sus palabras se ahogaron en su garganta.
—¡Vaya!
Así que de verdad hay un camino secreto aquí —dijo John, atravesando la pared con una sonrisa—.
Este diseño es increíble, como en esos juegos de terror y puzles.
Si…
John seguía hablando, pero se calló en el instante en que vio lo que tenían delante.
Una sala gigantesca atestada de telarañas.
En el centro, una araña colosal estaba agazapada.
A su alrededor, criaturas con aspecto de araña reptaban por todas partes, pero si mirabas de cerca, eran humanos sin cabeza.
De la parte inferior les habían brotado seis patas, se les había abierto un enorme agujero en el pecho y un sinfín de brazos salían de esa cavidad.
La araña gigante era tan enorme que sus doce patas cubrían prácticamente la mitad de la sala.
¿Y cómo de grande era la sala?
Probablemente, casi como medio estadio.
Una araña…
del tamaño de un cuarto de estadio.
Incluso con el [Ojo de la Verdad], a Rover le empezaron a temblar las manos.
Si el oponente fuera simplemente fuerte, podría arriesgarse; quizá habría una oportunidad.
Pero esa cosa era demasiado fuerte, a años luz de su nivel, como si él fuera una hormiga y la araña un gigante imponente.
¿Qué probabilidades tenía?
No lo sabía.
Pero sabía una cosa: tenía que correr.
Ahora.
En su cabeza, Rover ya estaba maldiciendo a aquel fantasma femenino con una sarta de insultos de dos mil palabras, sin repetir ni una.
Maldita sea.
Había pensado que había encontrado otro camino.
En lugar de eso, lo había llevado directamente a un nido de arañas.
¿Cuánta mala suerte había que tener para llegar a ser tan desafortunado?
Nick tragó saliva.
Sus piernas casi le fallaron.
Era espantoso.
Un nido entero de arañas, todas monstruos.
Había un montón de esos adefesios con forma de araña que habían visto antes, y ahora había uno todavía más grande.
Rover respiró hondo, echó un vistazo al [Ojo de la Verdad] y dijo en voz baja: —Contaré hasta tres.
Vosotros dos corred primero.
Yo los entretendré un rato.
Nick se sobresaltó, pensando que había oído mal.
Frunció el ceño.
—¿Qué has dicho?
Quieres decir…
—¿Estás sordo?
—espetó Rover—.
Corred, tú y John.
Yo tengo el [Ojo de la Verdad].
Puedo estar a salvo un rato y luego os seguiré.
Sinceramente, Nick no podía creer lo que estaba oyendo.
Había esperado que Rover saliera pitando el primero.
Se equivocaba.
Rover se quedaba para que ellos pudieran escapar, y solo entonces correría él.
En ese momento, el rencor de Nick pareció evaporarse, reemplazado por una oleada de pura admiración.
Si fuera él, ¿podría tomar la misma decisión?
No.
En absoluto.
No tenía la determinación ni las agallas de Rover.
En realidad, Nick solo tenía razón a medias.
Con el [Ojo de la Verdad] y las estadísticas físicas superiores de Rover, este creía que, aunque quisiera correr, esos monstruos no podrían detenerlo.
Además, esta era una misión de tipo puzle.
Para que los monstruos mataran a los participantes, tenía que haber condiciones.
Eso era algo que Rover había aprendido después de encontrarse con tantos monstruos en esta misión.
La mayoría no masacraba a los participantes al instante.
Primero los asustaban, los acorralaban y luego, lentamente, los llevaban al pánico antes de matarlos.
Si los monstruos de aquí pudieran matar cuando quisieran, la araña de antes ya habría matado a Nick y a John.
No se habría molestado en estrangular a Nick lentamente.
Y si todo este nido de arañas saliera, todos morirían.
Pero estos monstruos parecían estar esperando, esperando a que los participantes cometieran un error o cumplieran alguna condición, y solo entonces matarían.
Así que Rover quería ponerlo a prueba.
Decidió usar el [Ojo de la Verdad] para farmear tantos Puntos Omni como fuera posible aquí, y luego correr.
Como mínimo…
podía dejar que Nick y John escaparan primero.
¿Era un buen tipo?
No.
No lo era.
Simplemente no quería que el pequeño número de Supervivientes con verdadero potencial muriera aquí.
Como había dicho el Señor Oscuro: «¿De qué sirve si eres el único que queda vivo?».
Rover suspiró para sus adentros, sin saber si esta decisión era correcta o equivocada, pero al menos, en este momento, no se arrepentía.
Al ver a Rover tan decidido, Nick apretó los dientes.
—Me quedo contigo.
Cuantos más, mejor.
—¡¿Eres jodidamente estúpido?!
—maldijo Rover—.
¡Vete!
No te quedes aquí a estorbar.
—¿Te crees una especie de héroe?
—le gritó Nick, negándose a ceder.
—Tú…
—Basta —interrumpió John de repente, sonriendo—.
Mirad.
Rover y Nick por fin se dieron cuenta de que las arañas los habían rodeado por completo.
Incluso la araña colosal había abierto sus seis ojos, una luz púrpura brillaba en la oscuridad, inquietantemente vívida.
Ambos contuvieron el aliento, con un escalofrío recorriéndoles la espalda.
Pero ahora, aunque quisieran correr, ya era demasiado tarde.
—¡Maldita sea!
Esto es culpa tuya —espetó Rover—.
¿Por qué diablos te quedaste ahí hablando?
Has desperdiciado la oportunidad de oro para escapar.
—Tú…
—Basta —rio John de repente—.
Idos vosotros dos.
Yo me quedaré a jugar con ellas un rato.
—¡¿Eh?!
—Rover frunció el ceño, confundido—.
Tú…
Al instante siguiente, John dio un rápido movimiento con la mano.
Rover y Nick quedaron sellados al instante dentro de un cubo, y el cubo atravesó la pared tras ellos y desapareció.
John miró al enjambre de arañas que lo rodeaba y a la propia araña gigante, y luego esbozó una sonrisa demencial.
—Jajaja…
no os enfadéis tanto.
—No podéis matarlo, porque…
su potencial es enorme.
Se va a convertir en uno de los Salvadores.
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