Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Siguiente

Juguemos el juego de los corazones rotos - Capítulo 1

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Juguemos el juego de los corazones rotos
  4. Capítulo 1 - 1 Capítulo 1
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

1: Capítulo 1 1: Capítulo 1 Tres meses atrás —Abby, te toca —me dice Mara con esa mirada de “no hay escapatoria”.

—¿Esto es en serio?

—Obvio que sí.

Es nuestro último año.

Hemos planeado esto desde que ¿cinco seis meses?, ¿y ahora te echas para atrás?

—me lanza esa sonrisa de “te conozco más que tú misma”.

Me quedo callada.

No es que no quiera… es que no sé si puedo.

Mara tiene razón (aunque odie admitirlo).

Soy una enamorada empedernida, nivel “si el prota no sufre por amor, ¿qué estamos leyendo?”.

He leído mil libros donde todo empieza con una apuesta.

El chico popular, la chica invisible, boom: drama, romance, explosión de emociones.

Y pensé… ¿y si lo pruebo en la vida real?

Pero ahora que estoy aquí, frente al parque del instituto, con los columpios moviéndose en cámara lenta como si el universo estuviera diciendo “dale, Abby”… me aterra.

¿Y si sale mal?

¿Y si termino con el corazón hecho trizas de nuevo?

—Dale, Abby —Mara me junta las manos como si estuviera invocando a los dioses del drama adolescente—.

Tienes que superar a Duncan.

Duncan.

Mi ex.

No entremos en detalles, pero digamos que si el amor fuera una app, él sería el virus —Vale… —susurro.

—¡¿Qué dijiste?!

—clásico, se hace la sorda.

—Que sí —ruedo los ojos.

—¡Aaaahhh, esto se va a poner bueno!

—grita, como si estuviéramos en una peli y acabara de sonar el soundtrack.

—Mara, bájale dos.

Me vas a dejar sorda.

—Exagerada.

Bueno, como soy tu mejor amiga y sé que siempre terminas diciendo que sí, ya escogí a tu víctima: Harry Adam.

—¿Quién?

—El chico más inteligente del salón.

Come libros, el que se la pasa escribiendo como un bicho raro aunque debo agregar que es muy sexy.

—Repito: ¿quién?

—Ay, Abby… qué antisocial eres —me lanza el suspiro más dramático del año—.

Bueno, me voy.

Se me hizo tarde.

Mañana empieza el juego.

Te quiero.

Chaooo —canta su despedida como si estuviera en un musical.

La veo alejarse.

Me quedo mirando los columpios, con el bolso cruzado y la cabeza a mil por hora.

No sé si estoy lista, pero ya estoy metida.

Que empiece el juego.

Presente Hoy sentía que el mundo estaba en mi contra.

Me había levantado tarde, lo que hacía que llegara tarde al instituto.

Las calles de Nueva York tenían un aire húmedo y pegajoso, como chicle pisado, y mi cabeza explotaba en pensamientos no resueltos.

El semáforo de la esquina parpadeaba como si tuviera ansiedad, y yo cruzaba con mis Converse desgastados, el corazón palpitando en modo alerta.

Nuevo día de clases Nuevo día en el infierno.

Primer día del juego.

El campus de Roosevelt Prep era enorme.

Como esos colegios que salen en películas gringas: escaleras infinitas, cafetería que parece restaurante y lockers que huelen a perfume caro y desesperación adolescente.

Me sentía como un personaje extra en una serie que aún no sabe si será cancelada.

—¡Abby!

—grita Mara desde las escaleras del edificio principal.

Me saluda con la mano en alto y sonrisa de “prepárate para el caos”.

Mara Velázquez es mi mejor amiga desde que éramos unas mocosas en patines.

Ella es fuego, drama y frases inolvidables.

Cabello rojo intenso (sí, teñido), ojos verdes como si ocultaran secretos y un estilo entre rock alternativo y “voy a destruirte con moda”.

Siempre lleva botas, incluso en verano.

Es intensa, pero me cuida.

Y hoy, estaba emocionada como si fuera a estrenar capítulo nuevo en su serie favorita.

—¿Lista para el juego?

—me pregunta con tono conspirativo.

—Ah, ¿hola Abby, cómo estás?

o ¿hola Mara, bien y tú?

—respondo con sarcasmo, lo que hace que Mara ruede los ojos.

—Vamos, no me puedes culpar.

Estoy nerviosa y emocionada a la vez.

¿Tú no?

—¡Por Dios, Mara!

—exclamé, rodando los ojos.

—¿Qué te toca hoy?

—pregunto, mientras los pasillos de Roosevelt Prep se llenan de adolescentes hormonales: parejas besándose en las esquinas, chicos dibujando grafitis en sus lockers, animadoras y jugadores de fútbol americano haciendo el mismo escándalo de siempre.

¿Por qué?

¿Acaso no pueden hablar en voz baja?

O sea, hay personas que no quieren saber que el quarterback se acostó con Mindy Summer, la ratón de biblioteca.

Por favor.

—Matemáticas a primera hora.

Luego biología a las ocho y media.

Música e historia.

¿Y tú?

—Arte contemporáneo, historia, poesía y sociología —digo mientras llego a mi locker y recojo mis materiales de estudio.

—Oye —me susurra Mara—.

Allá va…

Sigo la mirada de Mara.

Está fija en un chico, pero no en cualquier chico: es Harry Adam.

Alto (como 1.85, fácil), delgado pero con hombros marcados, piel clara con pecas tenues, cabello oscuro con ondas suaves que caen sin esfuerzo.

Lleva audífonos negros y una sudadera gris con una frase que no alcanzo a leer.

Sus jeans están desgastados y sus Vans impecables, lo que da la vibra de “cuido lo que importa”.

Tiene los ojos más extraños que he visto: gris oscuro, como si ocultaran tormentas.

En los cuatro años que he estudiado aquí, por alguna razón nunca lo había visto.

Y sí, puede que sea asocial, pero ahora que lo veo… tengo el presentimiento de que aceptar este juego fue un error.

No me malinterpreten.

Que tus amigas te busquen el candidato perfecto para que te enamores está bien.

La verdad.

Pero… ¿decirle después que todo fue un juego y esperar que se quede contigo?

Eso sí que lo cuestiono mucho.

Mis locas amigas —Cam, Lia, Mara y yo—, hace dos meses decidimos crear un juego al que titulamos Los Corazones Rotos, por una razón muy personal…

y a la vez estúpida.

¿A quién engaño?

Estábamos dolidas porque nuestros novios —ahora ex— nos habían engañado.

Y fue a mí, la más idiota de todas, a quien se le ocurrió que si el amor era verdadero, podría enfrentar cualquier adversidad.

En ese momento, con unas copas de tequila barato y una porción de comedia romántica, parecía una gran idea.

Tenía respaldo estadístico: los libros que había leído decían que si el protagonista no sufre por amor, ¿qué estamos leyendo?

He leído mil historias donde todo empieza con una apuesta.

El chico popular, la chica invisible… boom: drama, romance, explosión de emociones y final feliz.

Entonces…

¿por qué no hacerlo al revés?

¿Por qué no ser la chica la que apuesta con sus amigas?

¿Qué tenía de malo?

El juego consistía en elegir a una “víctima”, enamorarla y luego decirle la verdad.

Se suponía que si la conexión era tan poderosa, si se amaban de verdad… la víctima perdonaría.

Y vivirían felices para siempre, como en los cuentos de hadas.

—Nos vemos en el descanso, Abby —dice Mara alejándose.

Clase de poesía.

La dirige la señorita Morgan, una mujer risueña a la que le encantan las historias de amor.

Cada lunes nos pone en parejas para que, en veinticinco minutos, escribamos un poema.

—Pueden ponerse en parejas.

El poema de hoy será sobre romance contemporáneo —dice, y al terminar de hablar, el aula estalla en movimiento: chicos y chicas levantándose, cambiando de asiento y sentándose junto a sus parejas habituales.

Esta vez decidí dar el primer paso.

Me acerqué a Harry, que estaba dos filas por delante de mí.

—¿Puedo ser tu pareja?

—pregunto.

La mirada de Harry sube tan rápido que me da miedo que se le haya dislocado alguna articulación.

Sus ojos —esos ojos grises tan extraños— se fijan en mí, mientras una sombra de rubor aparece en sus mejillas.

Lo he hecho sonrojar.

—Ah… ah… claro —dice.

Su boca se abre y se cierra como un pez buscando agua, y eso me saca una sonrisa.

—¿Qué escribes?

—le digo una vez que me siento a su lado.

—Nada —dice, cambiando de página rápidamente—.

¿Tienes algo en mente?

—Estuve pensando en un romance adolescente…

—Eso es muy cliché.

¿Qué te parece un romance que se construye a base de engaños?

Mi cuerpo se tensa.

Mis ojos se abren sin parpadear.

—¿Qué?

—susurro.

¿Por qué dijo eso?

¿Sabrá lo que mis amigas y yo planeamos?

¿Soy tan obvia que se notan mis intenciones?

—Sí.

Un romance así nos daría una “A” en la actividad.

¿Qué te parece?

—Bien… creo.

—Entonces vamos a empezar…

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo