Juguemos el juego de los corazones rotos - Capítulo 12
- Inicio
- Todas las novelas
- Juguemos el juego de los corazones rotos
- Capítulo 12 - 12 Capítulo 12
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
12: Capítulo 12 12: Capítulo 12 Estaba sentada en una de las sillas metálicas de espera del hospital, con la pierna moviéndose de arriba abajo con apuro.
Lo tengo que admitir: estoy nerviosa.
Muy nerviosa.
Y no ayuda que llevo quince minutos en la sala de espera sin recibir información sobre Harry.
—¿Abigail?
¿Qué haces aquí…?
¿Qué pasó?
¿Está bien Celia?— Cierro los ojos.
Lo que me faltaba.
Mi madre camina hacia mí con los ojos abiertos y la cara cargada de preocupación.
Va vestida con su uniforme azul y su bata blanca; el cabello, totalmente desordenado.
En otra ocasión me estaría riendo de ella, pero esta…
no es una de esas veces.
Me pongo de pie cuando llega.
Sus manos se posan en mis hombros.
—¿Están bien tú y Celia?— vuelve a preguntar.
—Sí, mamá.
Estamos bien.
Tía Celia está en casa, durmiendo —digo bajando la cabeza.
—Entonces, ¿qué haces aquí, Abby?— dice, quitando sus manos de mis hombros.
Cuando levanto la cabeza, mi madre me mira fijamente con una expresión clara: “En la casa hablamos, y no te va a gustar.” Avergonzada, digo: —Mamá… encontré a Harry desmayado en su casa.
Había sangre.
Alcohol…
Lo trajeron aquí, pero no me dicen nada.
Nadie me da información.
¿Tú podrías hacer algo?— pregunto sobándome el brazo izquierdo.
—Tranquila, mi amor.
Yo voy a preguntar.
Pero luego hablamos en casa, ¿sí?— dice, envolviéndome en sus brazos.
Asiento mientras se aleja por el pasillo.
Suelto un suspiro y vuelvo a sentarme.
Mi celular vibra; lo saco del bolsillo.
📱Mara: Disculpa por no responder, estoy con Luke.
Y déjame decirte que me encantó.
Te juro que si no fuera por la cita estaría en su cama ahora mismo.
Y respondiendo a tu pregunta, no sé nada de Harry.
¿Pasó algo?
📱Abby: Pasó de todo…
te cuento mañana.
¿Vale?
📱Mara: Vale.
Buenas noches, besos.
Dejo el celular sobre mis piernas.
Unos segundos después, veo a mi mamá regresando.
Me paro enseguida y me acerco a ella.
—Ya hablé con los doctores.
Está estable.
Se desmayó por exceso de alcohol.
Se golpeó al caer.
Ahora está dormido.
No hay lesiones graves.
Están esperando a que despierte para evaluar si hay alguna contusión.
Puedes pasar a verlo, está en la habitación 213.
Solo te doy una hora.
Te quiero en casa antes de las once —dice.
—Mamá, me gustaría quedarme aquí toda la noche y acompañarlo…
—No, señorita.
Usted se va a la casa y no hay peros.
Además, mañana tiene clases.
—Por favor, sabes que nunca pasan cosas como esta.
Voy bien en el instituto y siempre me porto bien.
Por favor, déjame quedarme —le suplico.
Mi madre se queda mirándome con los brazos cruzados.
Le hago puchero.
Ella rueda los ojos.
—Está bien, pero cuando se despierte te quiero en casa.
Y esta noche hablamos.
Hoy tengo guardia —dice.
Suelto un suspiro de alivio.
—Gracias, gracias, gracias —digo mientras camino por el pasillo a pasos rápidos.
Habitación 101… 150… 200… 213.
Me detengo frente a la puerta, suspiro y la abro.
La habitación huele a desinfectante y cloro.
Harry duerme de lado en la camilla, con la cabeza girada hacia la ventana.
Está conectado a una vía intravenosa.
El suero gotea lentamente, como si contara cada segundo con culpa.
Sobre la sien derecha, una gasa blanca cubre la herida donde antes había sangre.
Harry respira profundamente, con la boca apenas entreabierta.
Las pestañas le tiemblan, como si tuviera una pesadilla.
Me acerco con pasos lentos.
Observo las paredes beige, el monitor que titila sin urgencia.
Me siento en el pequeño sofá negro al lado de la camilla.
Lo miro.
¿Qué habrá pasado?
¿Qué pudo haber sucedido para que terminara anestesiado por el alcohol…?
💔 —¿Dónde… estoy?
¿Qué haces tú aquí?
Me despierto desorientada.
Levanto la cabeza de golpe.
Me duele el cuello por la postura en la que dormí.
Parpadeo.
Lo veo.
Harry está entre las sábanas blancas, despierto, con los ojos entrecerrados mirándome fijamente.
—Harry —digo, bostezando.
Me pongo de pie lentamente.
Trago saliva—.
Te encontré inconsciente en el piso de tu cuarto.
Llamé a emergencias.
Pensé que… que te habías… Lo siento, entré sin avisar.
Harry desvía la mirada.
Suspira.
—Voy a buscar a alguien… a una enfermera —salgo de la habitación con pasos apurados.
Demonios, Abby.
¿Qué esperabas?
¿Que te diera las gracias?
Obviamente está enojado porque invadiste su propiedad.
Tarada.
Me acerco a una de las enfermeras que está en el pasillo.
—Hola, disculpe la molestia… quería avisarle que el paciente de la habitación 213 ya está despierto.
La enfermera, con cara amable, me responde: —Déjame avisarle al doctor.
Él le hará unas preguntas, ¿sí?— Asiento.
La enfermera se aleja por el pasillo.
La sigo con la mirada antes de dar media vuelta y volver a la habitación.
Al entrar, Harry, que todavía está en la cama, levanta la cabeza en mi dirección.
Avanzo hasta donde está.
Me siento en el borde de la cama.
Mis ojos se clavan en los de Harry.
—Harry… si estás pasando por algo, yo quiero ayudarte.
No tienes que cargarlo solo —estiro la mano hacia la silla y, como no veo que intente apartarse, le tomo la mano.
—Yo…— es interrumpido por la voz de un hombre.
Al girarme, hay un doctor alto y jovial que no me había dado cuenta que había entrado.
—Me alegra verte despierto, Harry.
¿Recuerdas qué pasó?— pregunta con una libreta en la mano.
—Solo que… bebí de más.
Me caí.
No recuerdo casi nada después de eso.
El doctor asiente.
Le hace algunas preguntas rápidas: coordinación, memoria, dolor de cabeza.
Todo negativo.
—Puedes irte hoy.
Pero necesitamos que alguien te represente para el alta.
—No tengo a nadie.
Vivo solo.
Soy mayor de edad.
Me represento yo —dice de mala gana.
Me le quedo mirando.
¿Por qué respondió así?
El doctor no insiste.
Sale con la enfermera, quien retira la vía antes de irse.
Quedamos solos.
Harry se acomoda en la cama, quedando sentado.
Me mira.
En su mirada hay agradecimiento, pero en sus labios… una sonrisa pícara.
—Gracias por traerme aquí… aunque no tenías que preocuparte tanto —dice sin dejar de sonreír—.
¿Pero qué hacías en mi casa, eh?
Siento que mi cuello y mis mejillas empiezan a calentarse.
Desvío la mirada y empiezo a jugar con el borde de mi chaqueta.
—Fue algo estúpido e impulsivo… Estaba preocupada porque no respondías los mensajes y no asististe a clases.
Pero también estaba enfadada porque me dejaste plantada.
Así que se me ocurrió ir hasta tu casa, la puerta estaba sin pasar, y una cosa llevó a la otra… y aquí estamos —digo, aún jugando con la chaqueta.
—Y aquí estamos —dice.
Siento que Harry se levanta de la camilla.
Levanto la vista, siguiendo sus pasos.
Me pongo de pie y camino hacia él.
—¿Qué estás haciendo?— le pregunto.
—Me voy a cambiar, claro —dice.
Y con una lentitud natural, del que no teme, se quita la bata dejando al descubierto su torso.
Su pecho desnudo y los brazos medio tensos… El torso de Harry es una contradicción deliciosa: delgado pero definido, como si hubiera esculpido músculo justo donde importa.
Los pectorales no son grandes, pero tienen una curvatura perfecta, apenas marcada sobre la piel clara.
Veo las pecas que salpican su cuerpo… y el único pensamiento que me llega es que quiero pasar mi lengua por esos tres lunares en forma de triángulo bajo su pectoral derecho.
Cómo se sentiría pasar mi lengua por allí Su abdomen empieza a definirse, no en líneas marcadas, sino en sombras que se forman cuando se mueve, como si el cuerpo estuviera despertando a la fuerza.
Pero son los brazos los que hacen que contenga el aliento: largos, con bíceps firmes que no presumen pero se sienten.
Las venas del antebrazo aparecen como ríos de acción contenida, y cada movimiento suyo activa músculos que no sabía que podía desear.
Mierda, está para comérselo.
Concéntrate, Abby.
—¿Te gusta lo que ves, Abigail?
Mis ojos se abren más de lo normal.
Levanto la cabeza y me encuentro con sus ojos fijos en mí.
Me doy la vuelta rápidamente.
—Lo siento…
—digo, pero me interrumpe.
—¿Tienes pena?
¿Nunca has visto un cuerpo desnudo?
—dice divertido.
—¿Por quién me tomas?
Claro que sí.
Pero esto es diferente —digo con mi mirada fija en la puerta.
—¿Por qué sería diferente?
—pregunta.
Siento cómo Harry se mueve.
Siento cómo se acerca hasta donde estoy.
—Mi cuerpo no es nada del otro mundo, ¿sabes?
—dice con una voz entre juguetona y directa.
Siento que el brazo de Harry me rodea la cintura y me hace voltear, quedando cara a cara.
—Entonces… ¿por qué no me miras?
—dice bajando la cabeza hasta la mía.
Su mejilla roza con la mía, y cuando habla hace que me estremezca de pies a cabeza.
—¿Por qué te contienes, Abby?
Me contengo porque si no lo hago soy capaz de pedirte en este mismo momento que me hagas tuya.
Cuando estoy a punto de responder, soy interrumpida por unos toques en la puerta.
Ambos nos sobresaltamos.
Harry se despega de mí y se dirige al baño.
¿Qué acaba de pasar…?
Salgo de mi estupor cuando otro golpe suena en la puerta.
Camino hasta ella, abriéndola lentamente.
La misma enfermera de hace rato está frente a mí con una hoja en la mano.
—Aquí tienes la planilla.
Ya puede completarla para darle de alta —asiento, tomando la hoja.
—Vámonos —me sobresalto cuando siento la voz de Harry en mi oído.
Si te gusta: 💬comenta ❤️dale me gusta 💡sígueme ¡Gracias por leerme !
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com