Juguemos el juego de los corazones rotos - Capítulo 14
- Inicio
- Todas las novelas
- Juguemos el juego de los corazones rotos
- Capítulo 14 - 14 Capítulo 14
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
14: Capítulo 14 14: Capítulo 14 —Cariño, despierta.
Mara, Lia y Cam están abajo —escucho la voz cariñosa de mi tía mientras me soba la espalda—.
Vamos, dormilona.
Levanto mi cabeza en su dirección.
—¿Qué hora es?
—digo con los ojos cerrados y la voz pastosa.
—Son las dos de la tarde, amor.
Dejo caer otra vez la cabeza en la almohada, escucho la suave risa de mi tía.
—Levántate, dormilona.
La siento salir de la habitación, suelto un gruñido.
Estirándome en la cama, me siento.
Agarro el celular de la mesita de noche.
En él hay al menos cincuenta mensajes en el chat de Divinas en caos, todos preguntándome por qué no fui a clases, qué pasó ayer, si estoy bien.
Dejo el celular en la cama, me paso las manos por la cara intentando despertarme, y después por el cabello.
Y con una pereza digna de un perezoso bajo las escaleras.
En el sofá de la sala, entre conversaciones en murmullo, están Lia, Mara, Cam y mi tía hablando.
Cuando llego hasta donde están ellas, las cuatro me miran: mi tía con una mirada de “ya sé todo, me lo vas a contar”, y mis amigas con cara de “perra traicionera, ¿cómo pudiste no contarnos?” ❤️ —Bueno, bueno… necesito saber ya.
¿Qué pasó en casa de Harry?
¡Tu cara lo dice todo!
—dice Mara, recostada sobre la almohada.
—No les voy a mentir… fue intenso.
Lo encontré desmayado en el piso, fue una locura, pero eso es muy personal.
—¡Vamos, Abby!
¿No nos vas a contar?
—dice Cam, en la alfombra.
Niego.
Eso era muy personal, y si lo contaba sabía que me iba a sentir muy mal.
—Pero pasó algo, ¿no?
—pregunta Lia, cruzada de piernas en la esquina del colchón—.
¿Dime que se besaron?
¡Dime que sí!
—Sí… y fue uno de esos besos que te dejan temblando por dentro.
Pero justo cuando las cosas estaban…
avanzando, llegó mi tía.
Sentía cómo volvía a sonrojarme.
—¡Noooo, la tía interruptora del romance!
—dice Cam, fingiendo drama.
Ruedo los ojos con una sonrisa.
—Pero dime, ¿hubo intención real de acostarse?
—pregunta Mara con una emoción de esas de cuando el chico que te gusta te habla por primera vez.
—Si su tía no hubiese llegado… creo que sí.
Yo lo deseaba, y él también.
Y se sintió seguro, bonito… Solo…
muy nuestro —dije, jugando con mi collar de luna.
❤️ —Abby, cariño, ven por favor —dice mi tía Celia desde la cocina.
—Voy —digo, viendo a las chicas doblar por la izquierda en la calle.
Me dirijo a la cocina.
Mi tía está haciendo una mezcla con chocolate y huele fenomenal.
Rico.
—¿Dónde estuviste anoche, Abby?
Mis ojos se abren.
—¿Crees que una embarazada no se da cuenta de las cosas?
Suspiro.
A esta mujer no se le escapa nada.
—Fui a ver a Harry.
Estaba…
digamos, enfermo, por eso no pudo venir.
Lo cuidé.
Y bueno, nos acercamos mucho.
—¿“Acercamos”?
Eso suena a piel con piel —dice con picardía, subiendo y bajando las cejas.
—Casi…
casi pasó algo.
Pero llegó su tía en el momento justo —dije, sonrojándome.
—Y dime, ¿lo hubieras deseado?
¿En serio?
—dice mi tía con una voz llena de ternura, mientras separa lo que está haciendo y se sienta a mi lado.
—Sí.
Pero no por impulso… sino porque lo sentí.
Fue simbólico, como si mi cuerpo dijera que estaba listo para él.
Aunque en el fondo… agradezco que no haya pasado.
No sabría cómo hubiera reaccionado después, ¿sabes?
—digo en voz baja.
❤️ —Bueno, jovencitas… ¿Qué aventuras hubo hoy?
—dice mi madre metiéndose un bocado de pasta a la boca.
—Pregúntale a Abby, que está llena de aventuras —dice mi tía, de broma.
—La comida está riquísima, mami.
¿Te ayudo a recoger los platos?
Lo decía de verdad: la pasta que preparó mi tía con vegetales al horno y un poco de pan artesanal está para morirse.
Me levanto para recoger los platos, pero justo cuando me estoy retirando se escucha la voz de mi mamá.
—Por cierto, Abby.
El auto…
te lo voy a quitar por una semana —dice a mi espalda.
Mis ojos se abren.
Me giro para verla.
Tiene una sonrisa en la cara.
—¿¡Quéee!?
¿Por qué, mamá?
—me quejo.
—Por salir sin avisar.
Esa es tu consecuencia.
Vas a usar tus piernas como antes.
A caminar y pensar —dice cruzándose de piernas.
—Pero mamá… ¡mis pobres pies!
—intento bromear.
—Tus pies y tu sentido común.
Te quiero, pero hay reglas, mi amor —dice levantándose y quitándome los platos de las manos—.
Anda a dormir, mañana tienes clases.
Me despido de mi tía y de mi mamá con un abrazo y un beso.
—Buenas noches… Y gracias por no regañarme tan fuerte —digo desde las escaleras.
—Con ese corazón que tienes, a veces solo necesitas que te lo cuiden —dice Celia, guiñándome un ojo.
Subo a mi cuarto.
El aire sabe a castigo suave.
Me desvisto con calma y me ducho.
Ya con el cuerpo cubierto por mi pijama —una suave con lunares lavanda—, me recuesto en mi cama, acomodo las almohadas, estiro las piernas.
Entonces, el teléfono vibra.
Es Harry.
Un mensaje.
Harry: “Tenía que escribir esto, aunque no sé si debería…
pero tu cuerpo me habita desde que te fuiste.” Es un poema: Quiero recorrer tus rizos con mis dedos como si cada curva fuese un verso escrito en secreto.
Besarte el cuello hasta que arquees la espalda, bajar con la boca como penitente que reza en voz baja —pero cada palabra sea jadeo.
Quiero rozar tus pezones con la lengua hasta que tiemble tu ombligo, que me llames sin voz, que tu cuerpo me hable con espasmos dulces.
Quiero verte morder tus labios cuando te abraces a mis caderas, sentir tus piernas envolverme, mientras tú decides si soy castigo o promesa.
Porque yo no te quiero sólo desnuda.
Te quiero rendida, abierta, húmeda y entregada como oración ardiente en la madrugada.
Dejo de respirar por unos segundos, quizás minutos, quizás horas.
El celular tiembla en mis manos como si el calor pudiera transmitirse por Bluetooth.
Me pongo de lado.
El corazón me retumba entre las costillas y la almohada.
Las palabras de Harry vibran en mi pecho, y entre mis piernas, como si las hubiese susurrado directo a mi piel.
Suspiro.
No puedo dejarlo sin respuesta.
Abby: “Me hiciste temblar solo con letras… Ahora toca mi respuesta, sin disculpas.” Y yo te quiero justo ahí — entre el vértice de mi cadera y el deseo que se me escapa cuando pienso en tu lengua.
Quiero que me habites lento, como quien descubre cuevas sagradas y prende fuego en cada esquina de mi vientre.
Quiero tu boca en mis muslos, tu aliento como conjuro entre mis rizos, tu voz pidiéndome permiso para perderte dentro.
Quiero que me sostengas por las piernas mientras tu nombre se me disuelve entre gemidos, y que me digas que no hay vuelta atrás, que ya eres mío cuando te tiembla la espalda por todo lo que mi cuerpo pronuncia sin hablar.
Porque yo no quiero solo pasión, quiero que me sudes poemas, que me recorras como quien memoriza el mapa de una diosa y se entrega entero, desnudo y reverente.
Lo releo una y otra vez, sonrojada.
Lo mando.
Luego apago el teléfono.
Me cubro con las sábanas y, con una sonrisa boba, me dejo caer en sueños.
te gusta: 💬comenta ❤️dale me gusta 💡sígueme ¡Gracias por leerme !
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com