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Juguemos el juego de los corazones rotos - Capítulo 16

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16: Capítulo 16 16: Capítulo 16 Cuando llego a casa son alrededor de las cuatro y media.

El aire me recibe en silencio.

Mi tía ya no está; se fue esta mañana, y mi madre aún no ha llegado.

Subo directo hacia mi habitación.

Me cambio de ropa por algo más cómodo para hacer la tarea de sociología.

💔 —¿Qué haces tú aquí tan temprano?

—pregunto, sorprendida, pues mi mamá nunca estaba a las cinco de la tarde en casa.

Ella nunca llegaba temprano.

—Pedí la tarde libre —responde con una sonrisa que ya anuncia algo.

—¿Y eso?

—insisto.

Mi mamá se ríe.

—Tengo una cita —dice, como quien lanza una piedra en el agua y espera las ondas.

Me quedo quieta, sorprendida.

Una cita.

Mi madre tendrá una cita.

—¿Una cita?

—Sí, con un hombre del trabajo.

Nada serio, solo…

algo bonito.

—¿Y es algo serio?

—pregunto, sintiendo cómo las comisuras se empiezan a levantar.

—No lo sé aún —se encoge de hombros, caminando hacia su habitación.

La sigo.

—Mamá, no voy a ir a la fiesta —digo, terminando de entrar en su cuarto.

—¿Por qué no?

—pregunta con el ceño fruncido.

—No me siento bien.

Me voy a quedar en casa —miento.

—¿Qué tienes?

¿Te duele algo?

—dice, poniéndome las manos en la cabeza.

Se las quito lentamente con una sonrisa.

—Estoy bien, es que estoy cansada.

Eso es todo.

—Bien, entonces salúdame.

Voy a arreglarme para mi cita.

—Vale.

💔 El vestido verde oliva se ajusta a su cuerpo como una segunda piel, con tela suave que cae como agua sobre su figura.

Tiene mangas largas, cuello redondo y una abertura lateral que deja ver parte del muslo.

—Ese dice “tengo clase, pero también tengo fuego” —se ríe, mientras se pasa una mano por el cabello.

—¿Y qué van a hacer?

¿Cena?

¿Copas?

¿O algo más…

subido de tono?

—digo, alzando las cejas con picardía.

—¡Abby!

—ríe—.

¿Qué clase de hija tengo?

—Una que sabe que su mamá todavía puede romper corazones —respondo, guiñándole un ojo.

Suena el timbre.

—Esa debe ser mi cita —dice, bajando las escaleras con paso firme.

La sigo hasta la puerta.

Desde el umbral la veo subir a un sedán gris perla, con los vidrios ligeramente polarizados.

Suelto un suspiro.

Cierro la puerta con calma.

La casa se queda en silencio, como si esperara lo que va a venir.

Miro la hora: seis y media.

Tomando tres respiraciones largas, subo al cuarto.

Saco una muda de ropa para el día, suficiente.

La pijama.

Guardo los chocolates y las mascarillas en mi mochila.

Al lado, también un juego de cartas, por si acaso… 💔 Ha pasado una hora desde que mi mamá se fue a su cita.

Han pasado cuatro minutos desde que estoy estacionada al frente de la casa de Harry y no he podido salir.

Quizás por nervios a lo que pueda suceder.

Quizás por miedo a que me rechace.

No lo sé.

El teléfono suena.

Lo saco del bolso… es mamá.

Mamá: Hija, hoy no voy a llegar a casa, ¿vale?

Pero si necesitas algo, no dudes en decírmelo.

Al oeste…

a ver si van a hacer cosas indecentes, pienso con una sonrisa.

Abby: Diviértete.

Buenas noches.

Yo también me voy a divertir.

Salgo del auto, llevándome conmigo el bolso y una caja de pizza.

El fuego se vuela por la ropa que me coloqué.

Mi mono deportivo gris claro se ondea por la brisa, y mi top negro ajustado no fue una buena opción, ya que el frío hace contacto directo con mi abdomen.

Me cuelgo el bolso al hombro y camino hacia la puerta de Harry.

Toco el timbre.

Unos segundos después, la puerta se abre y ahí está Harry.

Va vestido con una camiseta blanca de algodón, ligeramente húmeda en el cuello, y un pantalón corto negro, cómodo, como quien acaba de salir de la ducha.

Su cabello está mojado, con gotas que aún resbalan por la frente y se pierden en las patillas.

Tiene los pies descalzos, y en la muñeca lleva una pulsera tejida color rojo.

Sus ojos se abren con sorpresa, y de algo más que no logro identificar.

—¿Qué haces aquí?

—pregunta, con una sonrisa.

Levanto la caja de pizza.

—Te quería sorprender con una pijamada —digo, con voz suave pero firme.

Harry se ríe, se hace a un lado y me deja pasar.

—Entonces, bienvenida —responde.

💔 —¿Trajiste todo eso para mí?

—pregunta, señalando la caja de pizza y el bolso que cuelga de mi hombro.

—Para nosotros —corrijo, con una sonrisa que no sé si es segura o temblorosa.

Él asiente.

Me guía hacia la cocina.

La casa es pequeña, cálida.

Hay una lámpara de luz amarilla que hace que todo parezca más suave, más íntimo.

—¿Qué hay en la bolsa?

—pregunta, mientras abre la caja de pizza.

—Chocolates, palomitas, mascarillas, cartas… —respondo, sacando cada cosa.

Harry ríe, pero esta vez su risa es distinta.

Más abierta.

Más él.

—¿Vamos a hacer todo eso esta noche?

—Solo si sobrevives a la mascarilla de carbón activado —digo, alzando una bolsita negra con gesto dramático.

Harry se queda mirándome unos segundos más, como si intentara descifrar si esto es real.

Caminamos hacia la sala y nos dejamos caer en el sofá.

Coloco la pizza sobre la mesa baja.

—Entonces, ¿qué tienes en mente?

—me pregunta.

—Ya verás… 💔 La película ya va por la mitad.

Una escena de beso bajo la lluvia.

Los protagonistas se miran como si el mundo fuera solo ese instante.

—Te toca —digo, llevándome un pedazo de pizza a la boca.

Harry y yo estamos sentados en el suelo, espalda contra el sofá, con las piernas estiradas y una manta sobre los pies.

Ambos tenemos mascarillas negras en el rostro, como dos guerreros en pausa.

La caja de pizza abierta entre nosotros, con pedazos medio mordidos y servilletas arrugadas.

Y las cartas de Uno entre nosotros.

—¿Estás lista para perder?

—dice, con una sonrisa torcida.—¡+4!

—grita Harry, lanzando la carta con teatralidad.

—¿Estás haciendo trampa?

—pregunto, entornando los ojos.

—¿Yo?

Jamás.

Soy un caballero —dice, guiñándome un ojo.

—¡Eso es abuso!

—respondo, tomando las cartas con indignación fingida.

—Es estrategia —dice, riendo.

—¿Así conquistas a la gente?

¿Con castigos y trampas?

—Solo a las que me gustan —responde, bajando la voz.—¿Tú crees que eso pasa en la vida real?

—pregunta Harry, señalando la pantalla.

—¿Qué cosa?

¿Besarse bajo la lluvia como si no existiera el frío ni los charcos?

—respondo, tomando otro pedazo de pizza.

—Sí.

Eso.

Como si el amor fuera así de cinematográfico.

—A veces lo es.

Pero no siempre se ve tan bonito —digo, masticando despacio.

Harry se gira hacia mí.

La mascarilla le da un aire extraño, como si estuviera ocultando algo más que la piel.

—¿Y tú?

¿Has tenido un beso así?

—No.

Pero he tenido silencios que se sintieron como lluvia —respondo.

Él se queda callado.

La película sigue, pero ya no la estamos viendo del todo.

—¿Y tú?

—pregunto.

—Una vez.

Pero no fue bajo la lluvia.

Fue en una cocina, con olor a café y miedo —dice, bajando la voz.

Nos miramos.

Las mascarillas empiezan a secarse, tensando la piel.

—¿Crees que los protagonistas se quedan juntos al final?

—pregunto, volviendo a mirar la pantalla.

—No lo sé.

Pero quiero que lo intenten —responde.

—¿Y tú?

¿Intentarías algo así?

—susurro.

Harry no responde de inmediato.

Solo se acerca un poco más.

Su brazo roza el mío.

Su mirada se queda en la mía.

—Si tú estás dispuesta a mojarte —dice.

Harry sonríe.

No respondo.

Solo lanza su última carta.

—¡UNO!

—grita.

—Tramposo —susurro.

—Encantado —responde.

Nos reímos.

La tensión se disuelve por un segundo.

La película termina.

Los créditos suben.

La casa está en silencio otra vez.

—¿Sabes qué me gusta de ti?

—dice de pronto, mientras recoge sus cartas.

—¿Qué?

—pregunto, fingiendo indiferencia.

—Que juegas como si el amor también fuera una estrategia.

Pero no escondes tus cartas del todo.

Me quedo en silencio.

Lo miro.

Él me mira.

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Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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