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Juguemos el juego de los corazones rotos - Capítulo 19

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19: Capítulo 19 19: Capítulo 19 La feria en Nueva York parecía un sueño encendido.

Las luces de neón me hacían cosquillas en la piel, como si el aire estuviera cargado de magia.

Caminábamos entre puestos de algodón de azúcar, juegos mecánicos y música que vibraba como un corazón acelerado.

Éramos nosotras: Mara, Cam, Lía y yo.

Viernes.

Ciudad.

Libertad.

—Esto parece una película —dijo Lía, con esa sonrisa que siempre me hace sentir que todo está bien.

—O una escena de nuestras novelas favoritas —añadió Cam, mientras se acomodaba el cabello y miraba el carrusel girar.

—Le dije a Luke…

—dice Mara, bajando la pistola de aire después de disparar.

Las tres giramos la cabeza, mirándola.

—¿Qué?

—susurró Lía.

—No sé si lo dije al principio.

Fue un error.

Pero hace tres meses, cuando empezamos este juego y me tocó Luke, me emocioné tanto…

—suspira—.

Luke me gusta.

Me gusta desde hace tiempo, y yo no podía seguir con esto.

La otra noche, hace una semana, en la fiesta, Luke me dijo que le gustaba.

Que quería intentar algo conmigo.

Y yo se lo dije.

—¿Y qué pasó?

—pregunté.

—Me dijo que quería…

quería intentarlo.

—¿En serio?

—comentó Cam, sorprendida.

—¿Y por qué esa cara?

—entrecerré los ojos.

Mara suspira.

—Tengo miedo.

Porque si yo fuera Luke, estaría muy molesta y no le habría dado una oportunidad.

Y a la vez estoy emocionada, porque desde hace años me gusta.

Y no sé qué pueda pasar de ahora en adelante, ¿entienden?

—dijo Mara, y sentí que cada palabra se me clavaba en la piel y quedaba flotando en el aire.

—Todo va a salir bien.

Mira el lado positivo: quiere decir que la teoría del juego sí funcionó, ¿no creen?

—dice Lía, encogiéndose de hombros.

Mara se ríe.

—Pues para mí no funciona.

La verdad es que ya me cansé de intentar que se fije en mí —se encoge de hombros—.

Yo no siento nada por él, ni él por mí.

Así que decidí no buscarlo más —dijo, sin adornos, Cam.

Hubo un silencio.

Uno de esos que no incomodan, sino que preparan el terreno para algo más.

Y entonces lo solté.

Lo que había estado guardando desde el jueves.

—Yo también tengo algo que contar —dije, sintiendo cómo se me aceleraba el pecho—.

El jueves…

pasé toda la noche con Harry.

—¿Toda la noche?

—preguntó Lía, con los ojos bien abiertos.

—Sí.

Fue…

mágico.

No sé cómo explicarlo.

No tuvimos sexo.

Pero fue como si el tiempo se detuviera.

Como si él me viera de verdad.

Como si yo también me viera por primera vez —dije, y la sonrisa se me escapó sin permiso.

—¡Ay, Abby!

¡Eso suena demasiado película!

—gritó Cam, abrazándome.

—¡Y te lo tenías bien guardado!

—añadió Mara, entre risas.

—¿Y tú?

¿Estás sintiendo cosas por él?

—preguntó Lía.

Miré las luces, el cielo artificial, el reflejo de Harry en mi memoria.

Y sí.

Lo sentía.

—Sí.

Y eso me asusta.

Pero también me hace sentir viva.

Nos abrazamos.

Las cuatro.

Como si el mundo se hubiera detenido justo ahí, entre luces y confesiones.

Sentí mis ojos empañarse.

Lo hacían cada vez que en mi mente venía el mismo pensamiento: me gusta Harry, y mucho.

Cuando nos separamos, Cam me miró con esa intuición que solo tienen las amigas que te conocen de verdad.

Me acarició la mejilla.

—¿Qué tienes?

—me preguntó, suave.

Tragué saliva.

El nudo en la garganta se volvió palabra.

Solté el aliento.

—Me gusta Harry.

Mucho.

Y tengo miedo.

Miedo de que si seguimos con esto, yo me enamore.

Y entonces no quiera decirle que todo empezó como un juego.

Tengo miedo de que si lo hago, él se aleje.

De que piense que todo fue mentira.

Me quedé en silencio.

Ellas no dijeron nada.

Solo me escucharon.

Y eso fue suficiente para que siguiera.

—Todos los hombres que han pasado por mi vida… se han ido.

Mi papá me dejó por otra familia.

Duncan me dejó por otra chica.

Y no quiero que Harry me deje a mí.

Las chicas me volvieron a abrazar.

—No estás sola, Abby —dijo Cam, con voz firme.

—Y si él te quiere, no se va a ir —añadió Mara.

—Y si se va… aquí estamos nosotras —susurró Lía.

💔 La noria subía lento, como si el mundo nos estuviera dando permiso para respirar.

Allá arriba, la ciudad parecía un mapa de luces.

Las estrellas, aunque tímidas, nos miraban.

Y nosotras, las cuatro, compartíamos una cabina que olía a palomitas dulces y a futuro incierto.

Cam tenía el balde entre las piernas, y cada vez que metía la mano, lo hacía como si estuviera buscando respuestas.

Lía se acurrucaba a su lado, con la cabeza en su hombro.

Mara tenía los pies cruzados y la mirada perdida en el cielo.

Yo solo escuchaba.

—¿Se han puesto a pensar qué vamos a hacer cuando esto se acabe?

—preguntó Mara en un susurro.

—¿Esto qué?

¿La feria?

—bromeó Cam, pero su risa sonó bajita.

—No, esto.

El instituto.

Nosotras.

Esta rutina de vernos todos los días, de compartir cada drama, cada risa, cada secreto —dijo Mara, sin quitar la vista del cielo.

—Faltan tres meses para la graduación —susurró Lía, como si el número fuera un conjuro.

—¿Ya mandaron las solicitudes para las universidades?

—pregunté, sintiendo cómo esa pregunta me pesaba en la lengua.

Todas nos miramos.

Nadie respondió.

El silencio fue como una pausa larga entre dos latidos.

Todas negaron.

—Entonces hay que hacerlo —dije, sintiendo que algo se activaba en mí—.

Nos reunimos el domingo.

Cada una lleva su carta de motivación empezada.

Nada de excusas.

Nada de “después”.

El después ya está aquí.

💔 Cuando llegué a casa, la feria todavía me vibraba en la piel.

Tenía olor a palomitas, a confesiones, a estrellas.

Pero apenas abrí la puerta, supe que la magia se iba a pausar.

—Llegaste tarde —dijo mi mamá desde la cocina, sin levantar la voz.

—Estaba en la feria con las chicas —respondí, dejando la chaqueta en el perchero.

—Ajá, pero el jueves te escapaste a casa de Harry sin avisar.

¿Crees que no me iba a enterar?

Me quedé en silencio.

No por culpa, sino por respeto.

Ella me miró con esa mezcla de amor y autoridad que solo las mamás saben usar.

—Ya tengo el castigo perfecto para ti —dijo, sirviéndose un té—.

Vas a hacer voluntariado en el refugio de mascotas.

El de la calle 42.

Empiezas el lunes.

—¿Mascotas?

—pregunté, sin saber si reírme o suspirar.

—Sí.

Perritos, gatitos, conejos.

Vas a limpiar, alimentar, jugar con ellos.

Nada de glamour.

Solo responsabilidad.

—Está bien —dije, bajando la cabeza.

Ella me miró con más suavidad.

Se acercó y me acarició el cabello.

—¿Qué te pasa?

Te veo desanimada.

—Es lo de la universidad —confesé—.

El domingo vienen las chicas.

Vamos a llenar los formularios, escribir las cartas, todo eso.

Me da miedo.

No sé si estoy lista.

—Claro que estás lista —dijo ella—.

Y si no lo estuvieras, igual lo vas a hacer.

Porque eso es crecer.

Hacer cosas aunque te tiemble el alma.

Me senté en la mesa.

Ella se sirvió un poco de vino y sonrió.

—¿Y tú?

¿Cómo estuvo tu cita?

—pregunté.

—Súper romántica —dijo, con los ojos brillantes—.

Me llevó a un restaurante con luces colgantes,música suave y postre de chocolate.

Me dijo que le gusto más ahora que cuando éramos jóvenes.

Que mi risa le da paz.

—Pero mamá, tú ya lo conocías —fruncí el ceño—.

¿No dijiste que era alguien del trabajo?

—Te tengo que decir la verdad, hija.

Lo conocí en el hospital… bueno, no lo conocí, me lo reencontré.

Su nombre es Charly.

—¿Pero ya se conocían?

—pregunté, entrecerrando los ojos.

—Sí.

Charly y yo fuimos novios antes de que yo conociera a tu papá —se encogió de hombros.

—Eso suena muy película —dije, sonriendo.

—Y tú, ¿cómo estuvo tu jueves con Harry?

Sentí cómo mi piel se calentaba.

Han pasado una semana desde la pijamada y todavía tengo las sensaciones en el cuerpo cuando pienso en ello.

—Fue mágico.

Me sentí vista.

Deseada.

Como si el mundo se hubiera detenido solo para nosotros.

Ella no dijo nada.

Solo me miró con ternura.

Como si entendiera sin juzgar.

—Bueno, me tengo que ir —se levantó de la mesa y recogió su bolso—.

¿Ya comiste?

Asentí.

Me dio un beso en la frente y salió de la casa.

Mi teléfono sonó justo cuando terminé de subir las escaleras.

Harry: Mi tía está haciendo una parrillada el sábado.

¿Quieres venir conmigo?

Es familiar, pero tranquila.

Hay piscina, música, y te prometo que no te vas a aburrir.

Sonreí.

Yo: Sí.

Quiero ir contigo.

Apagué la luz y me lancé en la cama.

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Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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