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Juguemos el juego de los corazones rotos - Capítulo 24

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24: Capítulo 24 24: Capítulo 24 su boca encontró la mía con una urgencia que me dejó sin aliento.

Sus manos ya no exploraban; reclamaban.

—¿Sigues pensando que esto es mala idea?—murmuró entre besos, mordiendo mi labio inferior.

—La peor—gemí, pero mis manos traicioneras ya le arrancaban la camisa por encima de la cabeza.

La tela cayó al suelo.

Mi palma se aferró a su pecho, sintiendo los latidos de su corazón bajo la piel caliente.

Fuerte.

Rápido.

Como el mío.

Harry no perdió tiempo.

Sus dedos encontraron el borde de la falda levantadola de un tirón experto —Dios, Abby—gruñó al descubrir el tanga rojo que llevaba—Me vas a matar.

El aire frío del baño rozó mi piel desnuda, pero su aliento quemaba al descender por mi cuello, mi clavícula, hasta—  —¡Oye!

¿Hay alguien ahí?—Una voz áspera golpeó la puerta, seguida de unos nudillos secos.

Mierda.

Harry me cubrió instintivamente con su cuerpo, sus músculos tensos como resortes.

—Un momento—logró decir con voz ronca, mientras yo mordía su hombro para no reírme (o gemir).

—¡Este baño está en mantenimiento!—añadió el desconocido, impaciente.

Harry me miró, los ojos negros de puro deseo, los labios hinchados por mis dientes.

—¿En serio?—murmuré, deslizando una mano entre nosotros para tocar justo en su entrepierna  Él contuvo un gruñido, atrapando mi muñeca con ferocidad.

—No.

Ayudas—susurró contra mis labios, antes de gritarle al intruso—:¡Cinco minutos, joder!

La voz se alejó refunfuñando, pero el hechizo se había roto.

—Esto no va a terminar aquí—prometió Harry, recogiendo la ropa del suelo con manos que aún temblaban—.

Cuando te tenga en mi cama, vas a olvidar tu nombre.

—¿Solo mi nombre?—desafié, ajustando mi sostén con dedos torpes.

Su sonrisa fue puro pecado.

—Empezaremos por ahí.

💔 El té de manzanilla quemaba mis labios, pero el dolor era bienvenido.

Cualquier cosa para distraerme del nudo en el estómago.

—Tiene que ser broma —murmuró Cam, aplastando una galleta entre sus dedos.

Las migas cayeron sobre la manta como confeti de mala suerte.

No era broma.

—Apareció como si los últimos seis meses no hubieran existido —apreté la taza hasta que los dedos me dolieron—.

Estaba lavando los bebederos cuando lo vi parado ahí, con esa misma chaqueta de mezclilla que siempre usaba…

La misma que llevaba puesta la noche que lo pillé con esa chica del gimnasio.

—¿Y?

—Lía se inclinó hacia adelante, sus ojos oscuros brillando con esa mezcla de morbo y preocupación que solo ella podía manejar—.

¿Qué dijo el muy cabrón después de ghostearte medio año?

El recuerdo me hizo rechinar los dientes.

—El discurso de siempre.

Que lo sentía.

Que había sido un cobarde.

Que extrañaba “lo nuestro” —hice comillas con los dedos, notando cómo Mara fruncía el ceño—.

Hasta tuvo el descaro de preguntar si podíamos “intentar ser amigos”.

Cam resopló tan fuerte que su flequillo se movió.

—Ah, claro.

La clásica.

Primero te caga el corazón, luego quiere ser tu compa.

¿Y tú qué le dijiste?

El silencio se extendió tres latidos demasiado largos.

—Lo que merecía oír —apreté la taza entre mis manos—.

Que no.

Que nunca.

Que seis meses de silencio no se arreglan con un “lo siento” de pasillo.

Mara levantó una ceja.

—¿Así textual?

—Más o menos.

—Harry estuvo ahí —confesé, mirando el fondo de mi taza—.

Lo vio todo.

Lía silbó entre dientes.

—¿Y cómo reaccionó?

—Golpeó una pared —sonreí sin humor—.

Pero se contuvo de hacerlo con la cara de Duncan.

Cam chasqueó la lengua.

—Buen chico.

—No debería haber estado allí —murmuré, más para mí que para ellas—.

No es su problema.

Mara me lanzó una galleta a la cabeza.

—Idiota.

Si está contigo, ES su problema.

El teléfono vibró en ese momento.

Un mensaje de Harry:  Harry:Te dejé flores en la puerta.

Los negros se ven como tu alma después de lo de hoy.

PS: El perro salchicha me mordió el zapato.”  Sonreí contra mi voluntad.

—¿De quién es?

—preguntó Lía, tratando de espiar.

—De mi problema —respondí, guardando el celular—.

Uno que, al contrario de Duncan, sí sabe decirme lo que siente.

Mis dedos dibujaban círculos en la taza de té ya frío cuando respiré hondo.

—Hay algo más…

Algo sobre una clienta en la cafetería.

Lía levantó una ceja, su taza a medio camino hacia los labios.

—¿Otra confesión?

Hoy es día de revelaciones, parece.

—No es nada grave —mentí, sintiendo cómo la pulsera de Harry parecía quemarme la memoria—.

Solo que…

una chica vino al local.

Llevaba una pulsera idéntica a la de Harry.

El silencio fue instantáneo.

Mara dejó su taza con un clic preciso.

—¿Idéntica cómo?

—Mismo rojo desgastado —mis uñas se clavaron levemente en mis palmas—.

El mismo nudo imperfecto cerca del cierre.

Hasta el hilo suelto en el extremo.

Cam dejó escapar un silbido bajo.

—Coincidencia rara.

—Se llamaba Claire —añadí, observando cómo Mara se ponía rígida—.¿La…conoces?

Un parpadeo.

Un respiro.

Luego, Mara habló con cuidado:  —Fue su novia.

Hace como año y medio.

Terminaron en buenos términos.

El alivio fue breve.

Demasiado breve.

—¿Qué tan buenos términos?

—pregunté, tratando de sonar casual.

Lía me lanzó una mirada que decía “no preguntes si no quieres la respuesta”,pero era tarde.

Mara eligió sus palabras como quien desactiva una bomba:  —Son amigos.

O eso dice Harry.

—¿Y ella?

Una pausa.

Demasiado larga.

—Claire es…

complicada —dijk Mara mordisqueando una galleta—.

La clase de persona que guarda pulseras años después.

El té en mi estómago se convirtió en plomo.

Recordé a Harry tocándose esa maldita pulsera cuando estaba distraído, los días que se quedaba callado por razones que nunca explicaba…

—¿Por qué nunca me habló de ella?

—la pregunta sonó más vulnerable de lo que pretendía.

Mara se inclinó hacia adelante.

—Porque para él es historia antigua.

La pulsera es solo un recuerdo, Abby.

—Un recuerdo que todavía lleva —señalé, sintiendo cómo el nudo en mi garganta crecía.

Lía me tomó la mano con firmeza.

—Escucha, si Harry quisiera estar con Claire, estaría con ella.

Punto.

—Pero —No hay peros—interrumpió Cam, inusualmente seria—.

Él te elige a ti todos los días.

Eso es lo único que importa.

Mara asintió, pasándome otra galleta (su versión de un abrazo).

—Si necesitas preguntarle, hazlo.

Pero no inventes fantasmas donde no los hay.

El peso en mi pecho no desapareció, pero se hizo más liviano.

Claire podía tener su pulsera y sus recuerdos, pero yo…

yo tenía su presente.

—Voy a hablar con él —decidí, y esta vez, mis palabras no temblaron.

Me levanté de la cama y empecé a caminar a hacia la puerta del cuarto — a dónde vas — pregunta Mara las chicas me miraban como si estuviera loca — voy a hablar con Harry ya vuelvo— salí del cuarto — ¡¡¡QUE!!!!

— escuché que gritaban cuando salí de la casa 💔 Harry parpadeó dos veces antes de reaccionar.

—Abby… ¿estás bien?

No.

—Sí.

Solo… necesitaba hablar contigo.

Él se apartó para dejarme pasar, pero noté cómo sus ojos escanearon la calle detrás de mí, como si buscara una emergencia.

Su sala era exactamente como la recordaba: una mezcla de caos organizado.

Videojuegos apilados junto a libros de psicología, una sudadera mía colgada en el respaldo de su sillón (la que “robó” hace tres semanas), y en su muñeca izquierda… la pulsera roja.

—¿Qué pasa?

—preguntó, cerrando la puerta.

Respiré hondo.

—Hoy vi a una chica en la cafetería.

Se llama Claire.

El nombre cayó como un ladrillo.

Harry se quedó quieto, pero no sorprendido.

Lo sabía.

—Ah —fue todo lo que dijo.

—Llevaba una pulsera idéntica a la tuya —señalé su muñeca, tratando de mantener la voz estable—.

Mara me contó que fueron novios.

Harry se pasó una mano por el rostro, como si limpiara fatiga imaginaria.

Después se sentó en el sofá, invitándome a hacer lo mismo.

—Sí.

Hace dos años y medio.

Terminamos porque su papá murió y ella tuvo que mudarse a otra ciudad por asuntos familiares—sus dedos jugueteaban con el nudo imperfecto de la pulsera—.

Esto fue un regalo de despedida.

El dolor en su voz era antiguo, pero real.

—¿Sabías que estaba de vuelta?

—pregunté, clavando las uñas en mis palmas.

—Me escribió hace dos semanas.

Dijo que quería vernos —admitió, mirándome directo a los ojos—.

Pero no lo he hecho.

¿Por qué no me lo dijiste?

Quería gritarlo.

En cambio, pregunté:  —¿Todavía sientes algo por ella?

Harry no dudó.

—No.

Claire es importante para mí, pero como amiga.

Nada más.

—¿Y ella sabe eso?

Una sonrisa torcida apareció en su rostro.

—Claire es… Claire.

Siempre espera que las cosas vuelvan a ser como antes.

Me acerqué, dejando caer mi peso junto a él en el sofá.

—¿Y por qué no te quitas la pulsera?

—susurré, tocando la tela desgastada.

Él captó mi mano en el aire.

—Porque aunque ya no la amo, fue parte de mi vida.

Y no quiero borrar mi pasado, Abby.

Pero eso no cambia mi presente —su pulgar acarició mis nudillos—.Tú eres mi presente.

El alivio me inundó, pero una última duda se aferraba a mis costillas.

—¿Vas a verla?

—Si lo hago, será contigo a mi lado —respondió, como si fuera la cosa más obvia del mundo—.

A menos que… ¿prefieres que no?

Su oferta era sincera.

Podía verlo en sus ojos, en la manera en que su cuerpo se inclinaba hacia mí, como si yo fuera su centro de gravedad.

—No —dije al fin, entrelazando nuestros dedos—.

Pero quiero que me prometas algo.

—Lo que sea.

—Que si alguna vez esa pulsera te hace dudar… —Hice una pausa, buscando valor— me lo digas antes de que decidas algo.

Harry no respondió con palabras.

Se quitó la pulsera y la enrolló alrededor de nuestra manos unidas.

—Te prometo que si algún día me la quito, será para reemplazarla por algo nuestro.

Luego, su boca encontró la mía, y por primera vez en horas, el nudo en mi pecho se deshizo por completo.

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Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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