Juguemos el juego de los corazones rotos - Capítulo 27
- Inicio
- Todas las novelas
- Juguemos el juego de los corazones rotos
- Capítulo 27 - 27 Capítulo 27
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
27: Capítulo 27 27: Capítulo 27 —Chicas, necesito ayuda—solté, hundiéndome en el montón de cojines mientras jugueteaba con el borde de mi camiseta.
Mis amigas me miraron con esa sonrisa pícara que solo aparece cuando saben exactamente lo que estoy pensando.
—Ay, por favor, dime que esto es por Harry—murmuró Cam, acercándose como si fuéramos a planear un crimen perfecto.
—Sí… Quiero que mañana sea especial.
Ya llevamos tres días siendo “oficiales” y…—Tragué saliva, sintiendo el calor subirme a las mejillas—Quiero que esta cena sea inolvidable.
Las chicas se me quedaron viendo con una sonrisa pícara en sus caras Me levanté de un salto y saqué de mi bolso la pequeña caja de Victoria’s Secret.
Cuando abrí la tapa, las tres contuvimos el aliento.
Ahí estaba: el brasier de encaje negro, tan fino que apenas si se notaba la diferencia entre tela y piel, y la tanga que era poco más que un hilo sedoso.
—¡Dios mío, Abby!!
¡Él va a desintegrarse!—gritó Mara tapándose la boca con las manos.
—¿Creen que sea demasiado… obvio?— pregunté, pasando los dedos sobre el encaje.
—Obvio es bueno— Cam intervino, levantando una ceja—Harry no es tonto.
Sabe que esto es una celebración… y tú serás el postre.
— y a dónde van a ir — preguntó Lia metiéndole una galleta a la boca.
Nos acurrucamos en el suelo, pasando mi celular de mano en mano mostrándoles el restaurante —El Lumière— dije de pronto, señalando la pantalla.—Tiene ese restaurante francés en la planta baja con velas y cristales… y las habitaciones arriba son… bueno…— —Para que no tengas que fingir que te “duele la cabeza” y puedas llevártelo directamente después del champagne—* completó Cam, riendo.
—Exacto—susurré, imaginando ya la escena: la luz baja, su mano en mi muslo bajo la mesa, el modo en que me miraría si supiera lo que llevaba puesto… — y cuando va ser está cita — dice Mara asiendo entre comillas con sus dedos — Mañana— me encojo de hombros los labios de Mara se ensanchan los ojos de can se abren como platos y la boca de lía se abre a más no poder 💔 —Respira— me dijo Cam, ajustándome un rizo rebelde.—Tú ya lo tienes comiendo de tu mano.
Solo recuerda: esta noche no es solo para él… es para ti también.
Asentí, mirándome al espejo.
Estaba lista.
Me puse un vestido rojo escotado, uno que sabía que a él le volvía loco, pero con el pequeño detalle de que debajo… solo estaba ese conjunto negro, esperando su momento.
💔 El asiento de cuero negro del auto de Harry estaba frío contra mis piernas cuando me subí, pero no duró mucho.
La forma en que su mirada me recorrió de arriba abajo—como si ya estuviera desnuda—encendió algo dentro de mí al instante.
Sonrei en mi interior que empiece el juego —¿Te gusta el vestido?— pregunté, ajustando la tela sobre mis muslos con movimientos lentos.
Harry no contestó de inmediato.
Sus dedos apretaron el volante con más fuerza.
—Es rojo,— murmuró, como si eso lo explicara todo.
—Siempre te queda bien el rojo.
—Sonreí, dejando que mi mano “accidentalmente” rozara su pierna al acomodarme.
—Espera a ver lo que hay debajo.—susurre la mira de Harry se despegó unos segundos sus ojos de la carretera y me miró — ¿Qué estás haciendo?— dice entrecierrando los ojos — Nada — me encogí de hombros,intentando disimular una sonrisa El aire en el auto se volvió espeso.
Harry bajó las ventanas un poco, pero no ayudó.
Yo me incliné hacia la guantera, fingiendo buscar algo.
Sabía que el escote de mi vestido caía hacia adelante, dejando poco a la imaginación.
—¿Qué buscas?—preguntó,con una voz ronca.
—Mis labiales… pero creo que los olvidé— Me enderecé lentamente, mordiendo mi labio inferior.—No importa.
De todas formas, no durarán mucho intactos esta noche.
Él tragó saliva.
El semáforo cambió a verde, pero tardó un segundo en reaccionar.
Podía sentir la mirada de Harry en mi con una sonrisa me recliné hacia delante para ajustarme la correa de mi sandalia.
El vestido se subió unos centímetros más, revelando el liguer negro que sabía que él podía ver.
—Abby…— dijo, con una advertencia en su voz.
—¿Sí, cariño?— respondí, inocente, estirando la pierna con descaro.
—Estás jugando sucio.— abro la boca fingiendo indignación —yo— me llevo una mano al pecho— Pero si todavía no he echo nada Cuando por fin llegamos, Harry apagó el motor pero no se movió.
Nos quedamos en silencio un momento, la tensión tan palpable que casi podía saborearla.
—¿Seguro que quieres entrar?—preguntó, mirándome con esos ojos gris oscuros que prometían cosas que el restaurante no serviría en ningún menú.
Le respondí abrochándole la corbata y tirando de ella hacia mí.
Nuestros labios estuvieron a un centímetro de distancia.
—Solo si prometes que esto es el primer plato.— roce mis labios con lo suyos capturando su labio inferior con mis dientes haciendo que soltará un gruñido me separé de el cuando se cho a delante y me baje del carro antes que hubiera oportunidad de colocarme encima suyo El restaurante olía a vino derramado y pan recién horneado.
Las mesas estaban tan cerca que nuestros tobillos se rozaban sin necesidad de excusas.
Harry pidió una botella de tinto sin quitar los ojos de mí, como si temiera que desapareciera si parpadeaba.
—¿Qué tiene?
—pregunté, pasando el dedo por el borde de mi copa—.
Nunca me habías mirado tanto.
—Es que nunca habías usado un vestido que me hiciera pensar en delitos —respondió, y el tono de su voz me hizo cruzar las piernas con más fuerza.
El camarero llegó con las entradas.
Mientras explicaba el plato, yo jugaba con una aceituna, chupando el hueso antes de escupirlo discretamente en la servilleta.
Harry seguía el movimiento de mis labios como hipnotizado.
—Prueba —le dije, ofreciéndole un bocado de mi pan con aceite en la punta de los dedos.
Cuando el camarero se retiró Se inclinó hacia adelante, pero en vez de tomar el alimento, me mordió levemente la yema.
Un escalofrío me recorrió todo el cuerpo.
—Está salado —murmuró contra mi piel—.
Como tú.
El plato principal llegó, pero ninguno de nosotros tenía hambre de comida.
Yo dibujaba círculos en la mesa con mis dedos mientras él deslizaba la mano por mi muslo bajo el mantel, encontrando el borde de la media sin necesidad de mirar.
—¿Sabes qué me gustaría de postre?
—susurré, inclinándome hacia él hasta que mi escote quedó a la altura de sus ojos.
Harry dejó el tenedor con un clic metálico.
—Dímelo y lo pido ahora mismo.
—Algo que no está en el menú —respondí, levantando la pierna por debajo de la mesa rozando su entrepierna con la punta de mi zapato—.
Algo que solo sirven…
arriba.
💔 —¿Nos perdimos?
—preguntó cuando lo lo jale avía la dirección contraria a la salida —No —respondí, presionando el botón del último piso—.
Acabamos de encontrar el camino correcto.
Empujé a Harry contra la pared de espejos antes de que las puertas terminaran de cerrarse, sintiendo cómo su cuerpo se tensaba bajo mis manos.
El reflejo multiplicaba nuestra imagen: él con la corbata deshecha, yo con el vestido rojo subiéndose peligrosamente por mis muslos.
—¿Cuánto falta para llegar?
—pregunté, mordiendo su oreja mientras mis uñas arañaban su pecho a través de la camisa.
—Demasiado —gruñó, y sus manos encontraron mis caderas, levantándome como si pesara nada.
Mis piernas se enredaron alrededor de su cintura al mismo tiempo que sus labios encontraban mi escote.
El ascensor comenzó a subir, pero yo ya estaba volando.
Cada piso que pasaba era un latido más rápido, un gemido más ahogado.
—Harry…
—susurré, sintiendo cómo su boca quemaba un camino desde mi clavícula hasta el borde del brasier negro—.
Hay cámaras…
—Que miren —respondió, mordiendo el encaje que sabía que escondía lo que tanto quería.
El ascensor se detuvo en el quinto piso.
Las puertas se abrieron con un sonido inocente, revelando a una familia con niños pequeños.
Harry me giró rápidamente, ocultando mi rostro contra su pecho mientras fingía ayudarme con un zapato.
—Perdón, nos equivocamos de piso —dijo con una sonrisa que no convencía a nadie.
Las puertas se cerraron de nuevo.
Esta vez fui yo quien lo empujó contra los botones, haciendo sonar el panel completo.
—¿Te gusta jugar con fuego?
—preguntó, sus manos deslizándose bajo mi vestido.
— yo no juego — mi mano deja hasta su entrepierna bajando su cremallera El ascensor llegó al último piso con un gemido mecánico que parecía apropiado.
Cuando las puertas se abrieron, estábamos tan enredados que casi caemos al pasillo.
—Habitación 912 —jadeé, señalando hacia la derecha sin soltar su cinturón—.
Y corre.
Harry no necesitó que se lo repitiera.
Su boca en mi cuello, sus manos en mis muslos, el sonido de nuestros pasos apresurados…
todo se mezclaba en una sinfonía de promesas que por fin íbamos a cumplir.
te gusta: 💬comenta ❤️dale me gusta 💡sígueme ¡Gracias por leerme !
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com