Juguemos el juego de los corazones rotos - Capítulo 29
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29: Capítulo 29 29: Capítulo 29 El despertador sonó a las 6:30 AM.
Con un gemido, apagué la alarma y me estiré en mi cama individual.
Fuera, el sol apenas comenzaba a iluminar mi habitación llena de posters de bandas y fotos con mis amigas.
—¡Abby!
¡El desayuno está listo!— La voz de mamá retumbó desde abajo.
Salté de la cama, pasando directamente a la ducha.
El agua fría me despertó por completo odio madrugar, pero hoy valía la pena.
Hoy era el tour por las universidades.
En la cocina Mamá revolvía unos huevos mientras yo devoraba un pan tostado a mordiscos.
—¿Llevas todo?
¿Folleto?
¿Cuaderno?
¿Celular cargado?
—Sí, sí y sí,— respondí con la boca llena, evitando que el jugo de naranja me cayera sobre la blusa blanca 💔 La directora con su megáfono en mano, ordenó el caos del patio: —¡Estudiantes!
Formen filas según su universidad asignada: ¡Columbia, Parsons, NYU, Sarah Lawrence, Cornell University,Weill Cornell Medicine,The Rockefeller University en ese orden!
Mis amigas y yo nos miramos, nerviosas y emocionadas.
Nos despedimos y cada una se dirige a su respectiva filas Respiro hondo y caminé hacia la fila más corta, al final del patio.
Y entonces lo vi.
Harry…Harry Parado casualmente en mi fila, con sus manos en los bolsillos de su sudadera y esa sonrisa que me derretía las rodallas.
—¿Tú…
vas a Sarah Lawrence?— Le pregunté, tratando de que mi voz no sonara como un chillido.
Él se encogió de hombros, pero sus ojos brillaban.
—Sí.
¿Problema?
—¡ABBY!
¡TU NOVIO SECRETO VA A TU UNIVERSIDAD!—Cam gritó desde tres filas más adelante, haciendo que medio instituto se volteara.
Mis mejillas se sonrojaron levantándome el dedo medio a cam Harry rió y me tomó de la mano, bajando la voz solo para mí —Pensé que te gustaría saber que no te librarás de mí tan fácil.
Mi corazón hizo un flip que hubiera envidiado cualquier gimnasta olímpico.
—No solo no nos separaríamos…
sino que seríamos compañeros de campus.
—¿Y esto por qué no me lo dijiste antes?—Le golpeé el brazo, fingiendo enojo.
—Porque tu cara ahora mismo vale más que un diploma,—respondió, rozando su dedo bajo mi barbilla para cerrarme la boca, que estaba literalmente colgando.
El autobús estaba medio vacío cuando subimos.
Harry me tomó de la mano y me guió hacia los últimos asientos, lejos de miradas curiosas.
—Aquí tendremos más privacidad,—susurró, y ya sentía mariposas en el estómago.
El autobús arrancó con un rugido, alejándonos del estacionamiento del instituto.
Fuera, los edificios se desdibujaban tras las ventanas empañadas por el calor de tantos cuerpos jóvenes apretujados en los asientos.
Pero en nuestro rincón al fondo, el mundo se reducía a Harry y a mí.
Su brazo rodeó mis hombros con naturalidad, como si siempre hubiera pertenecido allí.
Yo me acomodé contra su costado, sintiendo el ritmo de su respiración bajo mi mejilla.
—Pensé que abrías elegido NYU,—murmuré, jugueteando con el dobladillo de su camisa.
Harry respondió deslizando su mano por mi brazo, despacio, como si estuviera memorizando cada curva.—Prefiero estar donde estás tú.
Sus palabras me hicieron levantar la vista.
Sus ojos, siempre tan intensos, me miraban con esa mezcla de humor y deseo que me derretía por dentro.
Sin pensarlo, me incliné hacia él.
Nuestros labios se encontraron en un beso suave al principio, apenas un roce, pero cuando su aliento se mezcló con el mío, algo en mi estómago se encendió.
Él lo sintió.
Sonrió contra mi boca antes de profundizar el beso, su lengua trazando una línea lenta y deliberada sobre mi labio inferior.
Un escalofrío me recorrió la espalda.
—Harry… —Shh.—Su mano, que había estado acariciando mi hombro, descendió hasta mi cintura, apretando con firmeza.—No importa quién más esté mirando.
Y no importó.
Porque cuando sus dedos se enredaron en mi pelo, tirando con justeza para exponer mi cuello, el resto del autobús dejó de existir.
Sus labios siguieron el camino de su mano, besando una línea ardiente desde mi mandíbula hasta el hueco detrás de mi oreja.
—Te gusta esto,— murmuró, no como una pregunta, sino como una afirmación.
No pude responder.
Su boca volvió a la mía, más insistente esta vez.
El beso se volvió húmedo, profundo, con esa intensidad que ya conocía demasiado bien.
Sus dientes mordisquearon mi labio inferior, haciéndome gemir en su boca.
—Cuidado,—susurró, aunque sus manos no dejaban de moverse.
Una palmeó mi muslo, subiendo con fingida inocencia hasta el dobladillo de mi falda.—Podría acostumbrarme a hacer esto en lugares públicos.
Le golpeé el pecho, pero me acerqué más.
—Eres insufrible.
—Y tú me encantas por eso.
El viaje continuó, pero el tiempo perdió sentido.
Entre besos robados y manos que exploraban con discreción fingida, entre susurros que solo yo podía escuchar y risas ahogadas cuando el autobús tomaba una curva y yo “caía” contra él, dos horas pasaron en un instante.
Cuando el conductor anunció nuestra llegada, Harry no se apresuró a soltarme.
Al contrario, me atrapó en un último beso, lento y prometedor.
—Esto no ha terminado,—dijo al separarse, limpiando con el pulgar el rastro de carmín que había dejado en su boca.
Y supe, con certeza absoluta, que tenía razón.
Por la forma en que me miraba 💔 El campus de Sarah Lawrence era un laberinto de edificios de ladrillo rojo y jardines tan perfectos que parecían falsos.
La guía, una estudiante de último año llamada Sofia, hablaba con entusiasmo de la historia de la universidad mientras caminábamos en grupo.
—Fundada en 1926, esta universidad siempre ha privilegiado la educación personalizada y..
Harry me apretó la mano, interrumpiendo mi concentración.
—Aburrido,— murmuró en mi oído, su aliento caliente haciéndome estremecer.—¿Ves esa puerta medio abierta?
Siguiendo su mirada, distinguí un aula oscura al final del pasillo.
Nadie más parecía haberla notado.
—¿Qué planeas?—susurré, aunque ya sabía la respuesta.
—Explorar.
💔 La puerta chirrió al abrirse.
Polvo flotaba en los rayos de sol que se filtraban por las persianas.
—Esto es una mala idea,— dije, pero ya estaba siendo empujada contra la pizarra, sus labios sellando cualquier protesta.
Harry me besó con la urgencia de quien lleva horas conteniéndose.
Sus manos encontraron mi cintura, luego subieron, despacio, hasta mis senos.
—Aquí no—gemí entre besos, pero él respondió apretando su cuerpo contra el mío.
—Nadie nos verá,— aseguró, aunque el crujido de unos pasos en el pasillo nos hizo separarnos de golpe.
La voz de Sofía resonó a lo lejos:—y este es el ala de humanidades, donde— ¿Alguien vio a esos dos estudiantes nuevos?
Contuvimos la respiración.
Harry, con una sonrisa diabólica, aprovechó para morder mi cuello.
—¡Harry!
—Shh… ¿O quieres que nos encuentren?
Los pasos se acercaron.
Sin pensarlo, me agaché detrás de un escritorio, arrastrando a Harry conmigo.
—Esto es ridículo,—susurré, aunque mi corazón latía emocionado.
Él solo rió, bajando la mano hasta mi muslo.
—Pero divertido.
Los pasos pasaron de largo.
Cuando el peligro desapareció, Harry me levantó de un tirón y me besó como si el mundo se acabara.
—Encontraremos otro lugar,— prometió al separarse, limpiando con el pulgar mi labial manchado.
La puerta del aula se cerró con un golpe sordo detrás de nosotros.
El aire olía a tiza y madera vieja, pero todo lo que podía sentir era el calor del cuerpo de Harry presionándome contra la pared.
—¿Segura de esto?—preguntó, aunque sus manos ya recorrían mis costillas bajo la blusa.
En respuesta, me levanté de puntillas y capturé sus labios con los míos.
El beso fue electricidad pura—lento al principio, saboreando el sabor a menta de su boca, luego más urgente cuando su lengua encontró la mía.
Harry no necesitó más invitación.
Con un movimiento fluido, me levantó y sentó sobre el escritorio del profesor, haciendo volar unos papeles.
—Aquí…—susurró entre besos, mientras sus dedos subían por mis muslos, —…es donde pertenezco.
Su toque fue deliberadamente lento.
Primero rozando la piel por encima de las medias, luego deslizándose bajo la tela de mi falda.
—Harry—gemí cuando sus dedos encontraron el elástico de mis bragas.
—Calladita,— ordenó, mordiendo mi cuello.
—A menos que quieras que nos descubran.
El primer contacto directo me hizo arquearme.
Sus dedos sabían exactamente cómo moverse—círculos firmes alrededor de mi clítoris, luego deslizándose hacia adentro con una presión que me dejó viendo estrellas.
—Dios…
así de mojada por mí?— gruñó contra mi piel, acelerando el ritmo.
Mis manos se aferraron a sus hombros, las uñas clavándose en la tela de su camisa.
Cada movimiento de sus dedos era una promesa y una tortura.
Antes de que pudiera alcanzar el orgasmo, Harry se apartó.
Me quejé por la pérdida, pero él solo sonrió—esa sonrisa lobuna que significaba problemas—mientras se arrodillaba ante mí.
Apartando mi ropa interior con los dientes.
El primer contacto de su lengua fue un relámpago de placer.
Lamió desde mi entrada hasta el clítoris con devoción, como si estuviera saboreando su postre favorito.
—¡Harry!
—supliqué, enredando los dedos en su pelo.
succionando el sensible nudo de nervios mientras dos dedos se hundían dentro de mí.
El sonido húmedo de su boca trabajando en mí llenó el aula silenciosa.
Justo cuando el placer alcanzaba su punto máximo, el chirrido de una puerta en el pasillo nos hizo congelarnos.
Pasos.
Voces.
Sofia preguntando: —¿Alguien vio a esos dos de Sarah Lawrence?
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