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Juguemos el juego de los corazones rotos - Capítulo 33

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33: Capítulo 33 33: Capítulo 33 El teclado de mi teléfono es un lienzo cálido bajo mis dedos, el único punto de luz en la oscuridad de mi habitación.

Fuera, el silencio de la casa es pesado, un manto cargado de palabras no dichas con mis padres.

Pero aquí, en esta pequeña pantalla, existe un mundo completo, y su nombre es Abby.

Yo: ¿Estás ahí?

Sólo quería asegurarme de que no te hubieras convertido en una estrella.

Sería un problema, porque no llego tan alto.

Espero, conteniendo la respiración sin darme cuenta.

Luego, esos tres puntos bailarines aparecen, y mi corazón, ese traidor optimista, da un vuelco.

Abby: Je, todavía estoy en la Tierra.

Aunque me gusta la idea de ser tu estrella particular.

¿Qué haces?

Una sonrisa se dibuja en mis labios, instintiva, dulce.

Es la sonrisa que ella siempre provoca, la que siento que se desvanece cuando bajo la guardia.

Yo: Nada.

Todo.

Pensar en ti, básicamente.

Es mi hobby favorito.

Es la verdad más pura que conozco.

Abby: Eres increíble, ¿lo sabes?

Un derretimiento total.

Yo: Sólo contigo.

Con los demás soy más bien…

un helado un poco tieso.

Me reclino en la almohada, imaginando su risa.

Quiero capturar ese sonido y guardarlo en un frasco para los días grises.

Yo: Oye, cambiando de tema…

¿te enteraste de la fiesta del sábado en la casa de Jack?

Dejo la pregunta ahí, flotando.

La escribo con una mezcla de esperanza y ese nerviosismo leve que me da cuando involucro a Abby con mi mundo.

Mi mundo real, el de fuera de esta burbuja de mensajes.

Abby: ¡Sí!

Todo el mundo habla de ello.

Suena enorme.

¿Tú…

piensas ir?

Puedo sentir la cautela en su texto, protegiéndose.

Me duele un poco saber que esa cautela probablemente viene de mí, de lo poco que la saco.

Yo: Quiero ir.

Pero sólo si voy contigo.

No me imagino enfrentando ese gentío sin tú a mi lado para hacerme guiños cuando alguien diga una tontería.

Es cierto.

Las multitudes me abruman, todos esos ruidos y miradas.

Pero con ella de la mano, todo parece posible.

Menos aterrador.

Abby: ¿En serio?

¡Por supuesto que iré contigo!

Será divertido.

Alivia.

Es una ola de calidez que disipa el frío del silencio de la casa.

Pero hay más.

Hay algo importante.

Yo: Perfecto.

Entonces es una cita.

Hay otra cosa…

Me gustaría que conozcas a Logan.

Escribo el nombre de mi mejor amigo y siento un nuevo escalofrío de nerviosismo.

Es la pieza más importante de mi vida, después de ella.

Logan, con sus chistes malos y su lealtad inquebrantable.

El que me ha ayudado a levantarme más veces de las que puedo contar.

Abby: ¿Tu mejor amigo?

¿El de las historias épicas de videojuegos?

Yo: El mismo.

Es…

un desastre.

Pero es mi desastre.

Y es importante para mí.

Y tú eres lo más importante para mí.

Así que, lógicamente, necesito que mis dos piezas favoritas del universo se conozcan.

Lo digo y siento que es una exposición brutal.

Le estoy mostrando el motor de mi corazón, sin filtros.

Abby: Harry…

Eso es muy dulce.

Los tres puntos parpadean un momento más, como si estuviera buscando las palabras.

Abby: Me encantará conocerlo.

Quiero conocer a todas las partes de ti, incluso a las que vienen en forma de mejor amigo ruidoso.

Cierro los ojos por un segundo.

El peso de la casa, la tensión con mis padres…

todo se desvanece.

Aquí, en este espacio iluminado por una pantalla, tengo un futuro.

Tengo un sábado por delante con la chica que ilumina mi mundo, y la posibilidad de unir las dos mitades de mi vida.

Yo: Entonces es un plan.

Sábado.

Tú, yo, Logan, y un montón de gente a la que ignoraremos elegantemente.

Abby: No puedo esperar.

Yo: Yo tampoco.

Buenas noches, Abby.

Dulces sueños.

Abby: Buenas noches, mi derretimiento.

Apago la pantalla y la oscuridad ya no es tan oscura.

La habitación está llena del futuro, y huele a posibilidad.

A sábado.

A ella.

Y por primera vez en todo el día, respiro profundamente, y todo está bien.

La pantalla del teléfono se oscureció, dejando un fantasma de luz en mis ojos y una calidez persistente en el pecho.

El silencio de la casa, que antes era un peso, ahora solo era…

silencio.

Lo llenaba con el eco de las palabras de Abby, con la promesa del sábado.

Me quedé mirando el techo, trazando patrones en la penumbra con la sonrisa aún dibujada en la cara.

Entonces, un sonido casi imperceptible me sacó de mi ensoñación.

Un suave tok, tok, tok en la puerta.

Me quedé rígido.

La sonrisa se desvaneció.

No era el golpe seco de mi padre, ni el llamado distraído de cuando pasaban por el pasillo.

Era algo tímido, casi frágil.

—¿Harry?—La voz de mi madre se filtró por la madera, tan tenue como su golpe.—¿Puedo pasar?

Una parte de mí, la vieja y resentida, quiso gruñir ¿Por qué ahora?.

Pero otra parte, la que acababa de planear un futuro feliz, se sintió curiosamente quieta.

—Sí—respondí, sin levantar la voz lo suficiente.

La puerta se abrió lentamente.

Ella se asomó como si temiera que la habitación pudiera morderla.

Su rostro, usualmente un mapa de preocupaciones laborales, estaba suavizado por una expresión que no lograba descifrar.

Penitencia, tal vez.

—Estabas…

descansando—dijo, sus ojos recorriendo la habitación antes de posarse en mí.

—No.

Solo…

pensando,—repliqué, manteniendo la voz neutral.

Me incorporé en la cama, apoyando la espalda en la cabecera.

Ella entró completamente, cerrando la puerta con un cuidado exagerado.

Se quedó de pie, insegura, como si fuera una visitante en mi cuarto, en mi vida.

—Harry,—comenzó, entrelazando los dedos.

—Tu padre y yo…

hemos estado hablando.— Hizo una pausa, buscando las palabras en el aire polvoriento.

—Nos hemos dado cuenta de que…

hemos estado muy ausentes.

Demasiado.

Miré hacia la ventana, hacia la noche que había estado compartiendo con Abby.

No dije nada.

El resentimiento era una costra gruesa, y no se desprendía con un “lo siento”.

—El trabajo, las facturas, la vida…

no son excusas,— continuó, y su voz se quebró ligeramente.

—Lo sé.

No lo son.

Pero queremos que sepas que…

lo sentimos.

De verdad.

—¿Y eso cambia algo?— La pregunta salió más áspera de lo que pretendía.

—¿Cambia los partidos de fútbol a los que no fueron, las eventos relacionado con mi arte, las cenas…

solas?

Ella apretó los labios y negó con la cabeza, sus ojos brillando en la oscuridad.

—No.

No cambia el pasado.

No podemos recuperar eso.

Pero tu padre y yo…

queremos cambiar el futuro.

Queremos intentarlo.

Eres lo más importante que tenemos, Harry.

Nos hemos dado cuenta de que, sin darnos cuenta, estábamos perdiéndolo.

Esas últimas palabras me llegaron.

“Lo más importante.” Las mismas que yo le había dicho a Abby sobre ella.

Era un eco extraño y doloroso.

El silencio se instaló entre nosotros, pesado pero diferente.

Ya no era el silencio del abandono, sino el de un puente tambaleante que intentaban cruzar.

—La cena está lista,— dijo finalmente, con un hilo de voz.

—Hice esa lasaña que te gustaba tanto…

cuando eras pequeño.

No sé si aún te gusta.— Había una esperanza tan frágil en su voz que casi podía tocarse.

Miré hacia ella.

Vi las arrugas de preocupación que yo había ayudado a tallar, la cansada postura de alguien que ha estado luchando en el frente equivocado.

No podía perdonarlos, no todavía.

La herida era muy profunda.

Pero la Abby que llevaba dentro, la parte dulce que ella alimentaba, susurró que podía, al menos, dar un paso.

—Sí—asentí lentamente, mirándola a los ojos por primera vez en la conversación.

—Sí, todavía me gusta.

Un alivio visible recorrió su cuerpo.

Una sonrisa pequeña y temblorosa asomó a sus labios.

—Bueno.

Está en la mesa…

cuando quieras bajar.

Asentí de nuevo.

Ella se dio la vuelta para salir, pero se detuvo en la puerta.

—Harry…

me alegra verte en casa.

Cuando la puerta se cerró, solté un suspiro que no sabía que estaba conteniendo.

La habitación ya no estaba llena solo del futuro con Abby.

Ahora también estaba la incómoda, frágil y extrañamente esperanzadora posibilidad de un presente con ellos.

No era un perdón, ni un final feliz.

Solo era el comienzo de una cena.

Pero era algo.

Y por primera vez en mucho, mucho tiempo, “algo” era más de lo que había tenido.

Me levanté de la cama y, con un peso diferente en el corazón, salí de la habitación para bajar a cenar.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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