Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Juguemos el juego de los corazones rotos - Capítulo 4

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Juguemos el juego de los corazones rotos
  4. Capítulo 4 - 4 Capítulo 4
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

4: Capítulo 4 4: Capítulo 4 —Este es el elegido.

Mira ese vuelo, Abby.

Es literalmente muy de cita romántica — dice Mara, tirando un vestido azul celeste sobre la cama.

—No sé…

El celeste te hace ver como una canción triste.

El rojo te convierte en manifestación hormonal.

Yo digo: fuego —dice Cam, sacando un vestido rojo de corte midi, con un vuelo vaporoso—.

Pruébatelo —me lo extiende.

Me quito el vestido lila que me ofreció Lía y me pongo el rojo.

El espejo de cuerpo entero parece revelarme la afirmación de Cam: me veo sexy.

Me giro a la izquierda, viéndome en el reflejo, y el vestido responde al movimiento como si danzara en secreto.

El escote en forma de corazón revela mis clavículas con delicadeza, y los tirantes finos parecen lazos invisibles que sostienen memorias.

La tela, ligera como promesa, se adhiere suavemente a la cintura antes de expandirse en una falda que flota alrededor de las piernas con ritmo.

En la espalda, un lazo del mismo tono descansa mientras pequeños bordados en hilo carmesí trazan líneas casi imperceptibles.

Es el tipo de vestido que no solo se mira: se siente, se recuerda, y respira junto a quien lo lleva.

Y no quiero ser presumida, pero me sienta muy bien.

Mi figura delgada y curvas sutiles se reflejan en cada movimiento, y el color del vestido resalta mi piel trigueña clara.

El maquillaje que me hizo Mara realza mi rostro ovalado, donde destacan mis ojos almendrados color miel, con destellos dorados: grandes, expresivos.

Mi cabello castaño oscuro, con reflejos caoba, cae en ondas suaves hasta la mitad de la espalda, dándome un toque sensual.

La verdad es que estoy sexy.

—¡Eres poesía con piernas!

Te va perfecto.

¿Te lo vas a poner con las botas o los tacones?

—dice Mara, riendo.

—Tacones.

Él mide como…

¿metro ochenta?

No quiero parecer un duendecillo.

—Aunque midas un metro sesenta y tres, será un duendecillo adorable, ¡con poderes emocionales!

Si se le cae la mandíbula cuando te vea, sabremos que funcionó —dice Lía, probando un poco de mis lociones corporales.

—¿Y si no le gusto…?

¿Si realmente no le gusto…?

—digo, sintiendo crecer mi ansiedad.

—Abby, si no se derrite, es porque no tiene corazón.

Y si lo tiene…

va a latir solo para ti esta noche —dice Cam, abrazándome por detrás.

—Estás perfecta y todo va a salir perfecto, ¿entiendes?

—dice Mara, uniéndose al abrazo.

—Y además, se nota que todo va a ser súper romántico.

Tú confía en los horóscopos, ¿vale?

—dice Lía.

Las cuatro nos echamos a reír.

—Las quiero, chicas.

No sé qué haría sin ustedes —les susurro.

Te viene a recoger a las siete, verdad?

—pregunta Mara una vez que nos separamos del abrazo.

Asiento.

—Bueno, nosotras entonces nos vamos yendo.

Son las seis…

¿y cuánto?

¿Y cinco?

—Es verdad, yo también me tengo que ir.

Me tengo que preparar para mi cita —dice Lia dando saltitos.

—¿Otra más?

—la boca de Cam se abre—.

A ver, chica, dime el secreto.

Tú ya llevas como cuatro citas en una semana y nosotras ninguna…

a excepción de Abby, que va a tener una.

—No es secreto, los horóscopos me lo dijeron, chicas —dice Lia rodando los ojos mientras agarra su cartera—.

Bueno, vamos, que se nos hace tarde.

¡Chao, Abby!

—dice besándome la mejilla.

Después de eso, Mara y Cam se van tras suyo.

Suelto un suspiro.

—Todo va a salir bien, Abby, tranquilízate —me digo.

Me veo por última vez en el espejo, agarro mi bolso de mano y salgo de la habitación.

—¡Wow, wow, wow!

Pero qué preciosa está mi hija —dice mi madre una vez que entro a la cocina.

Me río.

—Gracias, mamá —me apoyo en la encimera, viendo cómo corta unos cubos de zanahoria.

—Y cuéntame…

¿a dónde te llevará ese tal Harry?

—dice sin levantar la cabeza.

—A una exposición de arte —respondo mientras le quito una rodaja de zanahoria.

—¿Y a qué hora regresas?

—Aún no lo sé…

pero antes de las once, eso es seguro.

—Bien, ten mucho cuidado, ¿vale?

—Sí, mamá —iba a quitarle otro pedazo de zanahoria cuando me interrumpió el timbre.

Abro los ojos.

—¡Es él!

Ya llegó…

ay, Dios.

—Cálmate —dice riendo.

—¡Mamá, no te rías, por favor!

—suplico sonrojada—.

Chao, te quiero.

—Yo igual.

Cuídate…

y antes de las once, ¿ok?

—Ok —camino hacia la puerta y, antes de abrirla, suelto tres exhalaciones.

Tú puedes.

Abro la puerta, y allí está él, con el brazo extendido, a punto de volver a tocar el timbre.

Sus ojos se fijan en mi vestido, su boca se abre y se cierra.

Siento su mirada recorrerme desde los tacones a la cabeza con una lentitud que me mata.

Por supuesto que yo también lo recorro con la mirada: Unos jeans oscuros de corte recto, sin roturas ni desgastes, ceñidos lo justo como para sugerir forma sin gritar moda.

Su camisa negra, de tela ligera y cuello abierto sin los primeros botones, deja ver apenas la línea de su clavícula, en un equilibrio perfecto entre lo casual y lo sensual.

Las mangas están cuidadosamente remangadas hasta el antebrazo.

Sobre la camisa, lleva una chaqueta de lino color grafito, con caída suave, bolsillos discretos y costuras que revelan un gusto por los detalles.

Su cabello, que suele ser rebelde, está peinado con textura hacia atrás —no en gel ni en rigidez—, sino como si hubiese pasado los dedos varias veces antes de salir.

El aroma que lo acompaña es cálido: madera con fondo de especias suaves.

Sus zapatos, mocasines de cuero negro, completan la escena: silenciosos, limpios, decididos.

Y en su muñeca, una pulsera de hilo oscuro con un pequeño dije metálico —tal vez un regalo o un símbolo que guarda para sí—.

Está simplemente precioso.

—Estás…

muy bonita —dice, cuando su mirada se encuentra con la mía.

Pasa una mano por el cabello; noto que lo hace cuando está nervioso.

Sonrío.

—Tú no estás nada mal.

¿Entonces estamos listos para ver arte que respire menos que nosotros?

En serio, Abby…

“arte que respira menos que nosotros”.

Pero qué idiota.

—Sí, vamos —dice sonriendo.

Caminamos juntos hacia el auto.

Harry se adelanta un paso y abre la puerta con naturalidad, sin gestos exagerados, como si cada movimiento tuviera el ritmo justo.

Su carro: un Toyota Corolla hatchback color vino, impecablemente limpio, con interior en cuero negro mate y aroma suave a sándalo.

La pintura refleja la luz como si tuviera memoria, y sobre el tablero hay una figura de origami colgada que vibra con el movimiento —una grulla blanca.

No hay nada sucio.

Cada cosa tiene su lugar.

Hasta los audífonos están enrollados con precisión dentro del compartimiento central.

Harry da la vuelta al vehículo, abre su puerta y se acomoda al volante.

Antes de encender el motor, gira hacia mí.

—¿Sabes?

No sé si esta cita va a salir perfecta…

pero así como me miraste…

ya me siento en el lugar correcto.

Siento que me derrito por dentro y por fuera.

Literalmente.

Debe ser ilegal decir esas cosas.

Nerviosa, sonrío llevándome el labio inferior a los dientes y mordiéndolo.

Los ojos de Harry se posan en mi boca por el movimiento, sonríe, aparta la vista de mis labios y la fija al frente.

El carro arranca, y la ciudad parece tener menos ruido de lo normal.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo