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Juguemos el juego de los corazones rotos - Capítulo 9

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9: Capítulo 9 9: Capítulo 9 Me despierto por el insistente sonido del despertador atormentándome el oído.

Me incorporo lentamente, estirándome como un gato, y camino al baño.

Frente al espejo, me recibe una imagen con el cabello enredado.

Lo cepillo, recogiéndolo en una coleta firme.

Me pongo una blusa blanca con botones nacarados, jeans y una chaqueta corta de mezclilla.

Las Converse desgastadas y el collar de luna cerraban el conjuro.

Voy a la cocina.

En ella hay una nota de mi mamá: Cariño, en la encimera está tu desayuno.

Con amor, mamá.

Saco del envoltorio un sándwich de mermelada con queso y me lo como.

Recojo lo que ensucié y lo coloco en su lugar.

Agarro las llaves de la encimera y, al salir, me monto en mi coche Honda Civic plateado.

Mis manos en el volante, en retroceso, salgo del estacionamiento.

Pongo música: Arctic Monkeys, y mientras la tarareo, conduzco por las avenidas hasta el instituto.

En la entrada del instituto, me esperan Cam, Lía y Mara, sonrientes bajo el sol de la mañana.

—Chicas —digo, bajándome del carro.

—¡Abby!

Pareces salida de un videoclip indie —bromea Mara.

—¿Cómo estuvo tu domingo?

—pregunta Lía, ajustándose la mochila.

—Rico.

Películas y sushi con mi mamá —digo—.

¿Ustedes?

—Mi tía me obligó a ver bodas televisadas.

Estoy emocionalmente comprometida con un vestido —dice Cam.

—Fui a una fiesta.

Bailé con un chico que se llama Zeus.

Lo juro —dice Mara.

—Documentales de tiburones.

Siento que podría morderle la semana entera —dice Lía.

—Entonces vamos a devorarla —digo sonriendo.

Entramos juntas entre risas al edificio y nos despedimos.

Me dirigí a mi primera clase: Historia con el profesor Kent.

Al cruzar la puerta, el aire se me detuvo.

Entonces lo vi.

Harry estaba allí, sentado en una de las primeras filas, con auriculares puestos, escribiendo con concentración.

No sabía que compartíamos esta clase.

No lo había visto ni hablado con él desde el viernes.

Desde esa cita que aún latía bajo mi piel.

Con pasos contenidos, me senté a su lado.

Lo observé, pero él no me notó; estaba tan concentrado que ni siquiera sintió mi presencia.

Llevada por la curiosidad, intenté observar qué escribía, pero desde este ángulo era casi imposible.

Le toqué suavemente el brazo.

—¿Qué estás escribiendo?

¿Puedo ver?

—murmuré.

Harry se sobresaltó y cerró el cuaderno con fuerza.

—¡Wow!

Me asustaste…

No te escuché —dijo, quitándose los audífonos—.

Hola, Abby.

—Hola… ¿Entonces me dejas ver lo que estás escribiendo?

—pregunté, haciendo una seña hacia su cuaderno.

Harry dudó, luego asintió.

Y me entregó el cuaderno.

Un poema: Eras vino y luna,  un silencio que sabe a terciopelo.

En tu risa se escondía la noche,  y en tu andar, el vértigo lento  de querer tocar sin romper.

El mantel respiraba contigo,  como si el mundo entero aprendiera a suspirar.

Hablabas poco,  pero el aire se llenaba de significados.

Tus ojos tenían el color de quedarse,  y yo…

yo quería aprender a ser nombre en tu recuerdo.

Desde entonces,  todo lo que escribo huele a ti.

Cada palabra del poema tenía el peso de un suspiro no dicho.

“Eras vino y luna…”  La frase me picaba en la piel como si pudiera recordarla físicamente.

El vino.

La cita.

El vestido que elegí con cuidado.

La luna.

Las palabras que no dije por miedo a que fueran demasiado.

“Tus ojos tenían el color de quedarse…”  ¿Fue así como él me vio?

¿Un refugio?

¿Una estancia?

¿Cuántas veces Harry había recordado nuestra cita del viernes?

¿Cuántas veces había recordado mi risa como metáfora?

¿Cuántas veces había sentido que “todo lo que escribe huele a ella”?

Saliendo de mi estupor, pregunté: —¿Siempre escribes cosas así?

—Cuando me pasa algo que no entiendo —dijo—.

O cuando me pasa alguien… Fue interrumpido por el profesor Kent.

—“La Guerra Civil fue una grieta en la carne de una nación,” —dijo con voz grave—.

“Entre 1861 y 1865, más de 600 mil vidas se perdieron por ideas que no sabían cómo coexistir.” Ambos volvimos la vista al frente,  pero no por completo.

Podía sentir la mirada de Harry sobre mí casi todo el tiempo.

Sus dedos rozaron los míos provocando que temblara.

No de miedo, sino de reconocimiento.

Conectamos nuestras miradas.

Después de unos segundos, él la despegó de la mía y empezó a escribir.

En cambio, yo me le quedé mirando fijamente mientras el señor Kent hablaba.

—¿Cuál era el conflicto central, señorita Baker?

—preguntó Kent.

Giré la cabeza hacia el frente.

—Ah…

la esclavitud.

Y lo que cada estado quería que significara la libertad —dije.

El señor Kent se me quedó viendo.

—Muy bien, señorita Baker.

Sentí la mirada de Harry.

Sonrió.

Lo podía sentir, no sé cómo, pero lo sabía.

La clase continúa sin más interacciones entre Harry y yo cuando el timbre suena y la clase termina.

El profesor Kent recoge sus cosas mientras los estudiantes comienzan a levantarse y a salir.

Yo empiezo a recoger mis cosas poco a poco, haciendo tiempo, sabiendo que Harry también estaba recogiendo las suyas.

El timbre suena.

La clase termina.

Cuando terminamos de recoger nuestras cosas, caminamos hacia la puerta del salón.

Vamos, Abby, sé valiente, dile…

—¿Qué harás hoy?

—pregunto un poco nerviosa, jugando con los dedos de mi mano izquierda.

—Tengo una cena —dice Harry, sonriendo—.

Mi tía está cocinando mac and cheese, meatloaf y pastel de manzana.

Río suavemente.

—Nada mal… pensaba que vivías solo —digo.

—Y lo hago.

Mi tía no vive conmigo, pero me visita de vez en cuando, y hoy es una de esas veces —dice mientras ambos caminamos lento por el pasillo, entre el murmullo del resto.

—¿Y el martes?

—pregunto.

—Nada.

¿Por?

—Ven a cenar a mi casa.

—Harry se detiene un segundo.

Me mira con cierta sorpresa.

—¿Eso es una segunda cita?

—pregunta, arqueando una ceja.

—No —respondo con una media sonrisa—.

Solo una cena entre amigos.

Pero prepárate para el sábado…

porque ahí sí será una cita real.

Harry baja la mirada y sonríe, como si intentara esconderlo.

—Perfecto.

¿Está bien que vaya a las siete?

—A las siete está bien —digo mientras llegamos a mi locker.

Abro la puerta metálica, saco mis libros para la próxima clase.

Puedo sentir a Harry detrás de mí.

Cuando giro, Harry se me acerca y apoya un brazo sobre el borde abierto del locker, atrapándome en ese pequeño espacio entre el metal y su cuerpo.

Mis ojos se abren y empiezo a sudar.

Su cara está prácticamente cerca, que si me inclinara un poco, su nariz rozaría con la mía.

—Estoy ansioso —dice con voz baja y clara—.

Por la cena.

Y por el sábado.

Quiero verte otra vez.

Estoy cansado de solo vivir en el recuerdo de nuestra cita.

Me quedé muda, tiesa, no sé qué responder.

Es como si a mi cerebro le hubiesen pasado un borrador: está en blanco.

Lo miro fijamente.

Él se inclina.

Nuestros rostros se acercan más, probando que nuestras narices se toquen.

Mis ojos bajan a sus labios y, cuando los vuelvo a subir, él me está mirando fijamente.

Y por un instante, el pasillo desaparece.

Y chicas, me va a besar, lo sé… —¡Hey!

¿Voy a tener que ponerles pausa?

—interrumpe Mara con tono bromista.

Ambos nos separamos sobresaltados.

—Hola, Mara.

¿Cómo está tu mamá?

—dice Harry, fingiendo naturalidad.

—Hola, Henry Bien, gracias.

Me pidió que te recuerde el tupper que prometiste.

—Lo tengo listo.

Mañana te lo doy.

Harry sonríe.

—Bueno, me voy.

Nos vemos, Abby —me dice, y me da un beso suave en la mejilla antes de partir.

Me llevo la mano al lugar donde me besó, como si quisiera memorizar el gesto.

Saliendo de mi estupor, pregunto: —¿Qué fue eso?

¿Conoces a Harry?

¿Y conoce a tu mamá?

—Claro que sí.

Él vive al frente de mi casa.

¿Te acuerdas de la casa blanca con detalles rojos?

—¿La de las hortensias?

—Exacto.

Los conozco desde hace años.

—Wow… ¿y por qué no me dijiste?

—Tú nunca preguntaste —dice, encogiéndose de hombros—.

¿Qué clase te toca ahora?

—Sociología.

¿A ti?

—¡También!

Y a Lía.

Vamos juntas.

Cierro el locker con gesto seguro.

Y nos alejamos como si el día acabara de abrirse.

Con promesas.

Con el sabor de una cena pendiente.

Y con el temblor dulce de un poema aún vibrando en mi pecho.

Nota 🫠 Bueno… ni modo, me ganó la ansiedad.

Aquí van otros capítulos más, porque si yo sufro escribiéndolos, ustedes también van a sufrir leyéndolos 😌💔  Y sí, ya sé que comentar cuesta (no sé si es timidez, flojera o trauma escolar con los foros),  pero cada comentario es como un abrazo simbólico, así que no se hagan los fantasmas 👻  Los leo, los siento, Nos vemos en el próximo capítulo, si es que no me da otro ataque de ansiedad creativa y lo suelto antes 😭✨

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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