Justicar War: La justicia del Vampiro - Capítulo 1
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1: Capítulo 1 1: Capítulo 1 Alguien podría pensar que la vida de un vampiro es fácil, simple, pero en el fondo, un vampiro no es más que un parásito que se apodera de un huésped humano y necesita alimentarse de las formas más obscenas para un ser humano, con la sangre de sus víctimas, con sus almas, consumiéndolas o, mejor aún, corrompiéndolas.
Pero el parásito termina mezclándose con el alma del huésped, con sus recuerdos, con su personalidad, se fusiona y eso crea una nueva entidad, más allá del parásito y del huésped, que es el verdadero vampiro, el monstruo que nace de la fusión.
Hablo de monstruos y me incluyo a mi mismo, porque eso es lo que somos, negarlo es un absurdo, somos un peligro para el resto de humanos, pero no porque tengamos mejor o peor corazón, no por unas inclinaciones inherentes a nuestra naturaleza, sino por el factor más terrible y que más facilmente corrompe a cualquier tipo se ser, el exceso de tiempo, el aburrimiento que conlleva el paso de los siglos sin que estos cuenten.
Eso nos hace fríos, nos hace relativistas desde un punto de vista moral, nos hace estar desconectados del verdadero sentimiento humano.
Hay otro factor que pocos mencionarían, yo no soy de esos, me gusta llamar a las cosas por su nombre, la superioridad manifiesta, nuestros poderes, nuestra fuerza, nuestra capacidad de supervivencia nos hacen ser el depredador perfecto, y es muy difícil no ceder a la tentación de usar ese poder de las formas más crueles posibles.
La cuestión es que cada monstruo tiene su ámbito de juego, para unos es el asesinato, el salvajismo, para otros es el ejercicio del poder, para mi es el sexo, ese es el aspecto que nunca he podido controlar, la parte corrupta de mi y en el fondo el motor que permite a esta vieja alma seguir existiendo.
La emoción de la conquista, el placer, el vicio…
soy un depredador sexual aunque no en el sentido moderno del término, esa es otra historia, soy un ser que vive por muchas cosas pero no sería capaz de resistir los siglos sin el sexo, así de simple, así de brutal, así de enfermizo…
La vida de un vampiro no es fácil, vivimos en la sombra, con todas las precauciones para no ser descubiertos, de modo que cuando cazamos, nos alimentamos y nos reproducimos, esto siempre pasa debe pasar desapercibido.
Esa es la única ley común a todos los vampiros, que no nos descubran después cada familia impone su propio credo.
Pero en ninguna sociedad estos crímenes pasan completamente desapercibidos; tarde o temprano terminan cazándote, ya sean otros humanos en su feroz cruzada, o bien otros vampiros que quieren el poder de tu linaje.
La sangre antigua es poder y conocimiento, y nada importa más que ser el depredador más fuerte, hay está la clave de tu supervivencia y de tu independencia.
La diablerie, beber la sangre de un vampiro para conseguir su poder, se transformó en un Tabu, una norma que permitía a las viejas glorias dormir tranquilas y matar a cualquiera que intentase apoderarse de un poder que no le pertenecía por su linaje.
Pero eso no lo hace algo imposible ni improbable, aquí viene otra regla de oro, que no te pillen.
Pero al final eliminar a la competencia en un mundo de depredadores se hace la norma, matar y luchar contra otros vampiros el día a día de nuestra vida eterna.
Cuanto más antiguo y puro sea el parásito, mayor será su potencial.
Al final, lo más peligroso para un vampiro siempre es otro vampiro.
El vampirismo no tiene cura, y matar a un vampiro antiguo es muy difícil.
Solo se nos puede encerrar para secarnos hasta que nuestro huésped sea un cascarón tan vacío y muerto que se convierta en polvo, y en ese momento el parásito morirá si no encuentra un nuevo ser que lo ocupe.
Es un procedimiento lento pero efectivo.
Si el vampiro es joven, puedes empalarlo en una estaca para que pierda su magia y luego prenderle fuego.
Sin la capacidad de desmaterializarse, el caparazón arderá, pero no es buena idea intentarlo con los antiguos; rara vez funcionará, la otra opción, un tabu si queréis verlo así es comerte al antiguo, robar su poder, pero con ello su parásito en parte pasará a tí, o incluso tomará el control si no eres lo suficientemente fuerte como para resistirte.
Nuestro corazón es el origen de nuestros poderes, he tardado milenios en descubrir esta verdad que parece tan obvia.
La otra gran debilidad de nuestra raza es la plata…
nos paraliza, evita que las heridas se regeneren y se curen por si solas, la plata quema nuestra piel, y en un cuerpo infectado con plata hacerlo arder y transformarlo en polvo es ya una cuestión de habilidad.
De los mitos que he conocido solo el del daño del sol es algo que durante los milenios que viví como vampiro era una regla, apenas los más viejos como yo aguantábamos unos pocos minutos.
Puedes usar otros métodos, pero al final la combinación de plata y una estaca en el corazón era el método más viable para deshacerte de otro vampiro este.
Mi nombre original era Derrel Ap Vendem.
Nací en el siglo XII antes de Cristo en un pueblo de lo que ahora llaman Irlanda, y mi amo me convirtió a los veintidós años.
No lo vean como algo romántico, como si me hubiera salvado de morir de enfermedad; me convirtió solo porque necesitaba soldados que lo salvaran de sus enemigos o le permitiesen cumplir sus planes, ni más ni menos.
Yo era parte de sus planes, y lo fui durante muchos siglos, hasta que me dio la libertad.
La conversión es el proceso más difícil y duro del mundo, en realidad el vínculo entre el amo y el nuevo vampiro se establece porque ambos comparten el parásito, y con él gran parte de los recuerdos, y poder.
Con entrenamiento, con trabajo, con voluntad el maestro puede elegir lo que traspasa de su mente al discípulo, pero un vampiro joven que convierte a otro humano es como un vaso de agua que se vierte sin filtros sobre el otro recipiente.
Pero en cada conversión, esa sangre se diluye, se desvanece, se debilita.
Según los recuerdos de mi maestro, solo había cuatro vampiros más por encima de él hasta llegar a la fuente, el primer ser humano contaminado por el parásito.
Un linaje antiguo y poderoso, una fuerza sobrenatural capaz de controlar las energías más oscuras, un ser con todos los poderes imaginables.
¿Qué fue de ese ser o como desapareció?
es algo que mi maestro no sabía, y que yo descubrí muy tarde…
¿Por qué no sabíamos nada de nuestra propia historia?
¿No la conocían nuestros maestros o es que nos ocultaban otra verdad más peligrosa?
¿O realmente es que no les importaba?
Lamentablemente en mi vida como vampiro me preocupé por responder muchas preguntas, pero no esta.
He conocido muchos monstruos, muchos seres mitológicos que hoy se creen solo leyendas, pero ningún monstruo mitológico iguala a los humanos.
Su estupidez, si capacidad para se corrompidos por dos peniques, su sed de dominación, su racismo innato, su miedo al diferente.
En un mundo salvaje la humanidad era el depredador máximo.
Los vampiros somos el epítome de ese depredador, como se diría hoy somos un depredador con esteroides.
Quizás es por algo oscuro que habita en nuestro interior, quizás es por la frialdad que dan los siglos de vida y de ver crímenes a tu alrededor.
Pero quizás es algo mucho más sencillo, el aburrimiento y hastío vital que da la inmortalidad que te hacen buscar alicientes en los placeres más oscuros.
¿Qué te puede importar una vida humana si has visto a hermanos asesinarse unos a otros?
¿A mujeres violadas asesinar a otras pocos meses después porque habían tonteado con su hombre?
Si el propio ser humano no pone en valor su vida, como lo va a hacer un vampiro.
Mi oscuridad por suerte siempre se diluyó en algo más mundano, en el sexo, en el placer de la piel acariciada, en el sabor de la transgresión más primigenia más primaria.
El increíble placer de la conquista, de doblar una voluntad para que se entregue a ti en cuerpo y alma es algo indescriptible.
No puedo contar las mujeres con las que he estado en esta y sobre todo en mi anterior vida como vampiro.
Por supuesto no soy el único de los míos con estos vicios, pero quizás soy de los pocos cuya locura monstruosa no acababa en siempre en un baño de sangre.
La sangre, el hambre, es parte de la vida de un vampiro, pero hay formas de superarla, de controlarse, puede ser tentador caer en el asesinato, caer en la justificación de tomar otra vida simplemente para saciar la sed…
Ser un vampiro no es fácil, pero más difícil aun es no acabar transformándote en un monstruo sin alma ni control.
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