Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Justicar War: La justicia del Vampiro - Capítulo 11

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Justicar War: La justicia del Vampiro
  4. Capítulo 11 - 11 Capítulo 11
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

11: Capítulo 11 11: Capítulo 11 Laia y Pablo tuvieron una primera vez tan hermosa y especial como el alcohol, la inexperiencia y los nervios se lo permitieron, ambos llegaron al clímax con cierta sincronización, Laia se durmió por el éxtasis y el agotamiento, Pablo porque su consciencia estaba siendo reemplazada por la mente, el alma y el poder de Derrel.

Llevaban una hora durmiendo abrazados cuando Pablo, ya completamente fusionado con el vampiro, abrió los ojos.

No es que Derrel viera a través de los ojos de Pablo como antes, sino que realmente ocupaba toda su mente y todos sus sentidos.

Sonrió; ahora comenzaba su plan de venganza y recuperación de su poder.

Por ahora, lo primero era corromper el alma de alguien, transformándola en una adepta a él, alguien dispuesto a hacer cualquier cosa, y para eso, una de las mejores formas de hacerlo era el sexo, nada podía transformar más la mente de una mujer que eso.

Pablo miró a Laia que dormía a su lado, si quería hacer un buen combo con esta chica debía pensar unos segundos la estrategia a seguir, lo único que tenía ahora para poder hacer algo parecido a corromper a la chica eran sus más de dos milenios de experiencia sexual.

La chica había estado jugando con él mientras el dormía, así que empezar a acariciarla con suavidad no sería raro, no sería malo, no sería moralmente reprochable.

Al principio fue un roce suave en el brazo que continuó bajando por el cuello.

Su experiencia y la forma en que se le erizaba el vello le indicaban que el cuello era un punto erógeno para Laia.

Pero la mano del chico no se detuvo, recorrió la espalda de la chica descubriendo algunos pequeños puntos erógenos secundarios que sabía que muchas mujeres tendrían, pero no era nada especialmente llamativo, nada que la hiciera gemir.

Con un gesto experto, desabrochó el sujetador de Laia.

No la despertaría todavía quitándoselo, pero quería comprobar si, como muchas mujeres, los pezones de la chica estaban sensibles, de forma negativa o positiva.

En este caso, por suerte para Pablo, era esto último.

Pablo continuó sus caricias e inspecciones poco a poco.

Aunque aún dormía, el cuerpo de Laia parecía empezar a reaccionar a las suaves caricias.

Por supuesto, su zona íntima también reaccionó a su destreza; su clítoris era el foco de atención, al igual que las paredes internas de su vagina.

También localizó el punto G de la chica incluso bajo su piel.

Las piernas descubrieron algunos pequeños puntos erógenos, pero la gran sorpresa de Pablo fueron los dos últimos puntos que su mano detectó, los pies de Laia y la zona anal, fue al tocarlos que la chica se agitó incluso dormida.

Pablo también descartó esto último, por una mera razón anatómica y para no asustarla todavía con esa práctica, no creía que la chica pudiera disfrutar de ese tipo de sexo sin un entrenamiento previo.

El cuerpo musculoso de Pablo envolvió el cuerpo de Laia como una cuchara, y comenzó a besarle suavemente el cuello y la nuca.

Su mano derecha pasó por debajo del cuello de la chica y la introdujo bajo el sujetador, que ahora estaba suelto.

Los dedos tocaron tímidamente el pezón, que inmediatamente comenzó a endurecerse.

Laia tenía unos hermosos pezones rosados de buen tamaño una vez excitados.

La mano izquierda del pseudovampiro bajó por el vientre de Laia.

Cuando movió los labios superiores de la vagina con dos dedos y tocó suavemente el clítoris con otro, la chica comenzó a gemir.

Cuando la chica estaba tan excitada que todo su cuerpo temblaba, Pablo levantó un poco su pierna izquierda y, tras ponerse un condón especial para el tamaño de su miembro, la penetró mientras la besaba apasionadamente.

Pablo seguía siendo humano, pero tenía la mente de un vampiro.

Conocía su oficio mejor que nadie tras siglos disfrutando de todo tipo de placeres.

No todas las ocasiones requerían el mismo comportamiento, no siempre había que buscar el propio placer; la clave estaba en hacer que la otra persona lo disfrutara tanto que poco a poco cayera en una espiral de lujuria.

El entrenamiento de Pablo del cuerpo humano dio sus frutos, y a pesar del alcohol y la juventud, el pseudovampiro logró tocar todos los puntos erógenos, explorar todas las técnicas manuales que había visto en internet y todas las que ya conocía y comprobar cómo funcionaban en su amiga.

Si el primer acto sexual entre Pablo y Laia podía describirse como hermoso, ahora este era sudoroso y lujurioso.

Probaron todas las posturas que la fantasía de Laia le permitía.

Era una jovencita, y él no quería asustarla ni abrumarla; quería que alcanzara el clímax tantas veces como fuera posible.

La cuarta vez Pablo tuvo que usar la lengua y las manos, le quedaban pocas fuerzas para intentar otra penetración completa, aunque Laia no dudó en moverse hasta que pudo hacer un sesenta y nueve.

Cuando la chica gritó de placer por última vez esa noche, Pablo también había alcanzado el clímax.

Los dos se durmieron abrazados inmediatamente después.

Esa primera noche tras despertar, Pablo pensó en lo débil que era a pesar de ese cuerpo.

Podía seducir chicas, podía corromperlas, pero debía actuar con cuidado si no quería fracasar antes de tiempo.

La simple luz del sol le molestaba en los ojos y le picaba un poco la piel si un rayo le daba directamente.

Tendría que encontrar la manera de no destacar y poder vivir hasta recuperar por completo sus poderes.

Lo único que Pablo sentía que se parecía a su vida de vampiro eran sus sentidos, sentidos agudos que le permitían percibir cada detalle, cada olor, cada ruido, incluso el de los pequeños insectos escondidos en el suelo.

Su tacto transmitía mucho más de lo que podía asimilar al principio.

La sensación de las sábanas rozando la piel de Laia.

Podía sentirlo todo con mayor claridad incluso que cuando era vampiro.

Era una ganancia inesperada, ya que el parásito había crecido desde la concepción, replicándose en cada célula de su huésped, creando una simbiosis especial, algo que superaba cualquier sensación que hubiera experimentado antes.

Esta vez no quería presionar más a Laia, la dejaría descansar y se levantaría por la mañana, dependiendo de cómo se comportara.

Para cuando Laia despertó, Pablo estaba en la cocina tomando café.

La chica llegó solo en camiseta y braguitas debajo.

Le sonrió a Pablo, aunque su mirada era entre tímida, avergonzada y un poco anhelante.

Laia tenía dolores en partes innombrables y caminaba un poco extraño.

La chica no podía negar que había soñado con tener una primera vez con Pablo como la de esa noche, pero por otro lado, era cierto que se había dejado llevar por la lujuria hasta límites insospechados incluso para ella.

Ahora no sabía exactamente cómo comportarse con su amigo.

“Por fin te despertaste, con tu permiso preparé café y tostadas…

Tenía hambre…” “Pablo, es normal, tenías que reponer fuerzas.” La chica sonrió mientras se dirigía a la nevera y sacaba mermelada y mantequilla.

Se agachó con picardía, con las piernas un poco más abiertas de lo habitual y el trasero un poco más levantado, mostrando una bonita perspectiva a Pablo, quien no se perdió detalle de ese movimiento.

Laia lo hizo para ver cuál sería la reacción del chico, pero lo que no esperaba era que mientras buscaba algo más en la nevera, la lengua de Pablo la acariciaría por encima de sus bragas.

“¿Qué haces?

¿No querías desayunar?.” “Y eso es lo que voy a hacer, te voy a desayunar a ti…” Las grandes manos y los brazos musculosos de Pablo levantaron a Laia hasta la isla de la cocina.

Con un solo movimiento, le quitó las bragas y comenzó a acariciar sus labios mayores con la lengua, poco a poco, sin detenerse en su clítoris, pero sin olvidarlo.

Mientras su lengua comenzaba a volver loca a Laia, los grandes dedos de Pablo buscaron el punto G en su interior; entraron y luego se doblaron, buscando esa pared áspera.

Pablo había visto muchos tutoriales en internet que explicaban la técnica, impulsado por el alma de Derrel y su deseo de saber.

Este conocimiento fue de gran valor en ese momento.

Laia se estaba volviendo loca, aunque no sabía si podría resistir otra sesión de penetración con Pablo y su enorme pene.

Necesitaba descansar; sin embargo, lo que siguió la excitó y la avergonzó.

La otra mano de Pablo alcanzó un pezón bajo su camisa.

Esta vez no fue tan suave como de noche; lo agarró directamente con dos dedos y comenzó a tirar de él con fuerza.

La chica no se lo esperaba, pensó que le dolería, pero solo hizo crecer su excitación, sin querer y sin proponérselo logró algo que creyó que era falso y que era algo del porno, empezó a gritar como loca y logró un gran lanzar chorro mientras se corría, el cual salpicó directo en la cara de Pablo.

Pablo sonrió divertido mientras le preparaba el café como si nada.

Bueno, si su relación ahora incluía sexo, y era tan placentero, pues bienvenido sea, o eso pensaba Laia.

“Pablo…

esto…

te vas…

no quiero que me rompas el corazón…” “Puedes estar tranquila, simplemente disfrutemos el tiempo que nos queda juntos, con amor, con respeto, pero libres…

solo si prometemos no enamorarnos esto podrá funcionar…” “¿Libres?

No sé si me gusta…” “Si empezamos a salir acabaremos enganchados el uno al otro.

De la amistad al amor solo hay un paso, Laia.

Si, tú puedes ligar con otros, yo también.

Y eso lo sabremos desde el principio.

No te costará tanto verme solo como un amigo con derechos, como un amigo con el que descubrir cosas, pero nada más…” “Lo intentaremos…

sólo promete que no me harás daño.” “Yo nunca haría eso, Laia” Pablo acompañó sus palabras besando tiernamente la cabeza de Laia.

Al final el chico se fue a su casa, dejando a la chica triste, pero con ganas de hacer lo que fuera para volver a verlo en el futuro.

Pablo no lo había hecho por ninguna razón ni con ningún objetivo; era un regalo, una inversión, una forma de asegurar un pedazo de su futuro.

Una mujer que, sin haber usado magia, se entregó a él, era muy probable que fuera completamente incondicional en el futuro.

Además, tantos años viviendo a través de los ojos de Pablo le habían hecho apreciar a la niña.

Derrel era un vampiro milenario, pero eso no lo convertía en un ser desalmado.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo