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Justicar War: La justicia del Vampiro - Capítulo 13

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13: Capítulo 13 13: Capítulo 13 El chico logró salir de allí sin levantar sospechas, dejando todo igual que cuando entró.

Lo hizo sin pensarlo, pero en lugar de volver directamente a su casa, decidió desandar el camino hasta la casa de Laia.

Es como si esta visita solo hubiera sido un paréntesis en su nueva vida.

El ruido del mar se escuchaba en la lejanía, pese al tránsito, pese al bullicio de la gente que se bajaba allí para ir a la playa.

en medio de ese mundo el chico no desaprovechó para coger un café en la estación y un donut.

Por algún motivo tenía un hambre brutal.

Pese al gasto de energía de sus actividades nocturnas nada podía justificar el apetito que sentía Pablo.

Era como si ese cuerpo que empezaba a cambiar, a despertar le pidiera cantidades ingentes de energía.

El tren le dejó en Sans, y de allí cogió el 74 para subir por el ensanche, era jueves, laborable y la gente aun no estaba de vacaciones, así que el tráfico era tan caótico como se podía esperar de una ciudad con más de cuatro millones de habitantes.

Pablo bajaba del barrio de Sant Gervasi de Barcelona a la parada de metro de Plaza Lesseps.

Tuvo que tomar esa línea y hacer algunos transbordos para llegar al apartamento de sus padres, que estaba cerca del Arco del Triunfo y el Paseo San Juan, en el Eixample.

El sol le molestaba cuando le daba de lleno.

No era la sensación abrasadora de su vida nocturna y en las sombras como vampiro, sino simplemente la reacción de los rayos del sol sobre su piel infectada con parásitos que aún no habían despertado del todo.

Era placentero, reconfortante incluso en medio del ardor.

Tras milenios viviendo en la noche, esta era una gran recompensa: poder caminar a plena luz del día sin problemas.

Había disfrutado de la caminata a plena luz del día y planeaba seguir haciéndolo hasta que su cuerpo no pudiera soportar una exposición tan prolongada sin sufrir daños graves.

Aunque el pseudovampiro no era una persona sentimental, esperaba que sus padres decidieran no vender el lujoso apartamento en una zona céntrica de Barcelona.

Siempre sería un buen refugio, incluso si se mudaba a Cádiz.

Con un poco de planificación, podría viajar con frecuencia en la conexión de bajo coste entre los aeropuertos de Barcelona y Jerez o Sevilla.

Cuando estuviese listo, cuando fuese el momento comenzaría a crear nidos, a crear descendencia entre la gente de su alrededor que demostrase que merecían la pena y que podían vivir según las reglas de los Justicars.

Sin embargo el nuevo ser, esa fusión de las dos mentes tomó una decisión, una quizás emocional, pensando en todos los lazos que el chico tenía en su vida, solo se saltaría la regla de reclutar para el clan a gente capaza de ayudarle con su venganza en el caso de alguien querido estuviese en peligro de muerte.

Era una concesión extraña para las viejas reglas, antes todos sus descendientes fueron “autorizados” por sus maestros, pero ahora, solo, traicionado, y sobre todo libre de esas ataduras el podía decidir, y este fue el primer gran cambio que la influencia del muchacho impuso en el nuevo pseudovampiro.

Pero la tarea más importante ahora era aprovechar esas últimas semanas en Barcelona para cosechar.

Necesitaba corromper rápidamente a algunas chicas para desbloquear el siguiente sello.

Pablo, con su timidez e inexperiencia, había desperdiciado muchas oportunidades en esos años.

Era guapo, alto y había llamado la atención de muchas chicas que se fijaron en él, pero incluso con la influencia de Derrel en su mente, no había podido romper el hielo para dar ese primer paso hasta la noche previa.

Las cosas eran diferentes ahora.

La fusión de Derrel con Pablo era completa, y ahora el vampiro tenía el control total y era un depredador.

Tenía que repasar los encuentros casuales que tendría en los próximos días.

Para lo que tenía en mente, no necesitaba usar magia, solo encanto, y eso era algo que un vampiro milenario podía tener en abundancia.

Derrel no había sido guapo, no ya para los cánones de belleza actuales en los hombres, incluso en la antigüedad su pelo pelirrojo, su baja estatura, y su piel clara habían hecho que incluso sus conocidos le llamasen cariñosamente “El leprechaun”.

Sin embargo todo lo que había tenido en su otra vida de feo lo había tenido de embaucador, de encantador, de seductor, y esas eran grandes cosas a tener en cuenta.

Ceñirse a su código moral era el único límite, no violaría jamás, no pagaría por sexo, no abusaría de su poder para seducir a una mujer, y tampoco usaría sus poderes vampíricos cuando los recuperase para forzar la mente de sus parejas sexuales.

Pablo iba a hacer las cosas por las buenas, y para ello había trabajado en la mente de Pablo desde que pudo hacerlo.

A pesar de haber sido traicionado por su maestro, a pesar de que era el precio a pagar por un bien mayor para los clanes, a pesar de que el miedo y la envidia lo habían señalado como la pieza fundamental en el plan de los Maestros, todas las enseñanzas que había recibido e impartido en su clan como Justicar, la mano negra de la justicia, estaban grabadas en lo más profundo de su alma.

Barcelona tenía muchas zonas oscuras, muchos lugares donde un chico de buena clase llamaba tanto la atención que algún idiota intentaba atacarlo o robarle, y además, a diario aparecían corruptos y criminales que merecían la muerte.

Esa era una de las cosas que Pablo tuvo que suprimir por completo.

Nacido en esa época, la idea de matar al criminal no era algo pacífico.

Por suerte, la voluntad de Derrel fue lo suficientemente fuerte como para prevalecer sobre los principios del chico, mataría, estaba claro, seguiría imponiendo justicia en ese mundo oscuro.

Para el vampiro que había leido la mente de cientos de criminales y de muchos inocentes acusados de los crímenes más viles, había algo claro, aunque la redención era posible, aunque muchos pudieran cambiar, expiar sus pecados, había algo en la mente de algunos criminales, de algunos asesinos, de algunos gobernantes que estaba tan torcido que siempre que estuvieran libres serían un peligro para la sociedad.

No matar a un monstruo era poner en peligro a toda la sociedad, o peor que esta acabase sucumbiendo ante sus garras.

En la edad media o incluso antes, para ciertos delitos la gente tenía claro que la muerte del reo era la mejor opción.

La humanidad sin embargo había vivido grandes tropelías en nombre de esa justicia insegura que dependía de sus precarias capacidades para averiguar la verdad detrás de una mente criminal.

Pero un vampiro era alguien que no tenía esas limitaciones, podía leer mentes, podía asegurarse, pero hasta que eso llegase.

Hasta que Pablo recuperase sus poderes, tenía que elegir víctimas cuyas condenas fuesen claras y flagrantes, sin posibilidad de error, tenía que cazar monstruos liberados y eso podía ser peligroso.

Estaba deseando llegar a casa para empezar a planear su estrategia.

No podía ir con el torso desnudo y desarmado a enfrentarse a ningún loco, si no quería acabar muerto antes de volver a ser vampiro.

Pero ese cuerpo era incluso mejor que el de su vida anterior.

Le faltaban siglos y milenios de mejora, pero era más alto, más corpulento, más musculoso por naturaleza.

Sabía que era más guapo.

Por el momento, podía seguir mirándose en reflejos y espejos sin miedo a una reacción que mostrase la imagen extraña de su corrupción por el parásito.

Echaría de menos poder hacerlo.

Los vampiros solo eran conscientes de su apariencia a través de la imagen mental que podían leer en los demás cuando los miraban.

¿Qué pasaría con las fotos y los vídeos que eran tan comunes en esta época cuando lo grabaran?

Habiendo vivido antes del siglo XIII, en una historia anterior a las grandes civilizaciones occidentales, esta sociedad con coches, con avances y con tecnología fue un gran contraste para él.

Seguramente, si no hubiera tenido diecisiete años para acostumbrarse, se habría vuelto loco, pero por suerte, a pesar de que aún le sorprendía el contraste, podía sobrevivir a aquellos tiempos.

Pero no todo eran desventajas, ahora los juicios, los sumarios eran casi públicos, y cuando no solo había que bucear bien en los archivos periodísticos para descubrir la verdad sobre la gente.

Las mayores preguntas que tenía eran qué había sido de su gente, de los vampiros en aquella época, cómo vivirían en esas macro ciudades controladas, cómo se alimentarían, cómo lograrían pasar desapercibidos.

El medio oriente le parecía una tierra muy peligrosa para el tipo de vida que habían llevado antes; tenía que llenar todos esos vacíos históricos de los siglos que había estado ausente y reconstruir lentamente los pasos que sus compatriotas habían dado para descubrirlos.

La profecía lo había traído al siglo XXI, así que debían estar allí, en algún lugar entre las sombras.

Tendría que descubrirlos todos.

Tendría que acabar con todos los traidores, y con cualquier implicado que hubiese mirado hacia otro lado.

Tenía que cumplir su venganza.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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