Justicar War: La justicia del Vampiro - Capítulo 25
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25: Capítulo 25 25: Capítulo 25 El ambiente estaba tenso, Helen y Oriol decidieron despedirse en ese momento; ambos tenían mejores cosas que hacer.
Carmen estaba preocupada por Marcel; el chico había intentado defenderla, igual que ella a él, aunque no habían estado coqueteando propiamente eso cambió el ambiente entre ambos.
El chico se ofreció a acompañar a Carmen a su casa, que estaba no muy lejos de allí, a quince minutos a pie, un poco más lejos de Plaza Cataluña.
Pablo sonreía por dentro, parecía que sus amigos iban a tener más suerte que él esa noche.
Ana había perdido el ánimo y decidió coger un taxi por las Ramblas, así que sólo quedaron Isi y Marta para hacer algo o seguir de juerga, y eran en ese momento las únicas candidatas posibles para los planes de Pablo.
Lo bueno era que Marta y Laia no eran amigas íntimas; Laia ni siquiera la había invitado a la despedida el día anterior.
Se conocían, se caían bien e incluso podían salir con la misma gente, pero no se debían lealtad.
Tanto ella como Isi eran buenas candidatas para cerrar la noche.
El problema era que, a esa edad y en aquel entonces, no podrían entrar a tiempo a ningún club, ni siquiera a uno que les permitiera estar un par de horas.
Pablo aún no era mayor de edad.
Las dos chicas también parecían listas para irse a casa.
Pablo tuvo que actuar rápido.
Decidió arriesgarse a ver si tenía suerte.
“Sé de un lugar con bebidas donde nos dejarán entrar”.
“¿A estas alturas y a nuestra edad?
Con suerte conseguiremos un taxi, y mucho menos para ir a una discoteca.
Y yo no voy a ir a las carpas de Badalona, allí solo hay quinquis.
El año pasado le robaron a mi hermano.” Para chicos y chicas de las familias burguesas de Barcelona entrar en ciertos ambientes de extrarradio era salirse de su zona de confort.
Además una mala experiencia cercana como la que había dicho la chica solían marcar profundamente los prejuicios y miedos para moverse en esas zonas.
Isi tenía razón, pero la idea del chico era diferente.
Marta parecía tener la esperanza de continuar con la fiesta o de hacer algo para no volver a casa todavía.
“Jajaja, no digo que vayamos a ninguna discoteca, digo que vayamos a mi casa, mis padres están en Madrid y tengo cerveza y todo el alcohol que queramos, solo tengo que reponerlo antes del martes…” A Marta le gustó la idea, la opción de ir a por ella era ganar puntos, pero Isi no estaba del todo convencida.
No conocía a Pablo antes de esa noche, era cierto que le había caido bien, que le había parecido guapo, pero aceptar ir a su casa era un paso bastante grande.
“¿Dónde vives?
Si está lejos, olvídate.” “Tranquila Isi, Pablo vive al lado del Arco del Triunfo, es un buen chico, no seas tan desconfiada.” Pablo conocía a Marta desde hacía mucho tiempo, en el fondo, aunque sus palabras habían sonado a invitación, en el fondo le estaban diciendo a la otra que ella no tenía nada que hacer allí, que era ella quien conocía al chico y que éste era suyo.
Pero a veces la mentalidad humana es curiosa y extraña, las dos muchachas exuberantes y voluptuosas acababan de entrar en una extraña rivalidad, es como si Marta hubiera desafiado a la otra a ir.
El ser humano y da igual hombres o mujeres es territorial, y es orgulloso y se deja llevar como un cazador cuando le roban la presa, o al contrario cuando alguién como un pavo real le reta.
En esos momentos tanto hombres como mujeres son capaces de lanzarse a aventuras que de otro modo jamás habrían hecho.
Así que con un ambiente un poco extraño los tres partieron hacia Las Ramblas, por suerte un taxi los recogió rápidamente para llevarlos a casa de Pablo, no es que el trayecto fuera largo, podían hacerlo andando pero el vampiro tenía miedo de que si las cosas se alargaban demasiado alguna o las dos se fueran.
Entraron por la puerta intentando hacer el menor ruido posible, pero eso fue hasta que entraron en el piso.
Durante la reforma, sus padres habían insonorizado bien el piso, a su padre le encantaba bailar y su madre cantaba a todo pulmón.
Era lo más respetuoso que se podía hacer con los vecinos.
Una vez en el salón, sentados en el costoso chaiselong, Pablo les trajo unas cervezas a las chicas mientras sacaba una botella de tequila del mueble bar.
Al principio, solo charlaban y bailaban un poco al ritmo de la música que el chico les ponía.
Las dos chicas se emocionaron, incluso bailaron sensualmente mientras los tragos de tequila les llegaban a la sangre, pero parecía que ninguna iba a ceder.
El pseudovampiro recurrió entonces al recurso más clásico entre los adolescentes: un juego de beber.
Era algo que había experimentado con vergüenza cuando era el viejo Pablo, con solo la influencia de Derrel, pero ahora parecía la oportunidad perfecta.
“¿Por qué no jugamos a verdad, reto o trago?” Las chicas estaban encantadas con la idea; en realidad, era una variante de un juego más antiguo: cada jugador robaba una carta de una baraja en cada ronda.
El jugador con la carta más alta podía decidir si hacía una pregunta o un reto específico a los perdedores; solo podían evitar la situación bebiendo un trago.
La excepción era si se sacaba un comodín; en ese caso, los perdedores no podían negarse a responder ni a aceptar el reto propuesto.
En la primera ronda, Pablo no tuvo mucha suerte, al igual que Isi.
Sacó un dos de espadas y la chica un siete, así que Marta, con un rey, fue la ganadora.
Estaba tan emocionada que aplaudió.
“Veamos la primera pregunta para los perdedores ¿Sois vírgenes?” La leyenda del tímido Pablo era legendaria.
Aunque muchos se habían interesado por el apuesto chico, nadie se lo había llevado a la cama, al menos hasta ayer.
Marta desconocía qué había pasado después de la fiesta en casa de Laia.
Isi respondió primero.
“No…” “Yo tampoco…” “¿Con quién te has acostado?¿Cuando…?” “Si quieres que te responda tendrás que ganar otra ronda.” En la siguiente ronda fue Isi quien ganó, esta vez le devolvió la pregunta a Marta sobre su virginidad aunque decidió beber para deshacerse de ella, aunque cuando Isi miró a Pablo tenía una sonrisa maliciosa.
“Haz un baile sexy” Marta empezó a aplaudir ante la propuesta de Isi, pero el chico las decepcionó, Pablo bebió inmediatamente, no se lo pondría tan fácil a las chicas, tenían que aumentar el interés y el alcohol en la sangre.
La siguiente mano la ganó nuevamente Isi, esta vez el perdedor por mayor diferencia fue Pablo, Isi se llevó el dedo a la boca mientras pensaba.
“¿Es cierto lo que dicen de ti?
¿te mides más de veinte centímetros?” Pablo hizo un gesto para beber pero al final sonrió, apartando el vaso en el último momento.
“Sí, es cierto, la tengo de más de veinte…” Marta se sonrojó pero no pudo evitar mirar a Pablo, había oído esos rumores, aunque no sabía cómo se había enterado Isi, debía haber sido algún chisme de Ana.
Marta iba a hablar, pero en ese momento Isi le preguntó.
“Dime si no te gustaría verla ahora para comprobar que no está mintiendo.” La pobre Marta casi se atraganta con la pregunta, si bebía sería como decir que quería ver a Pablo, y si decía la verdad tendría el mismo efecto, así que la chica dio otro trago, ya que la habían pillado al menos tenía que beber algo para estar más desinhibida, esta Isi se lo ponía difícil.
Por suerte, esta vez, en la siguiente mano fue Pablo quien ganó.
No le importó quién perdiera por más diferencia, así que les hizo la misma propuesta atrevida a ambas.
“Quédaros en sostén” Marta iba a beber de nuevo, pero vio que Isi empezaba a quitarse la ropa, así que la imitó.
Eso era una competición entre dos gatas y había que alimentar el fuego de su batalla.
Ambas tenían pechos grandes y firmes; los de Isi eran un poco más grandes, aunque por la forma, los de Marta parecían más firmes.
En la siguiente mano ocurrió la jugada más extraña; en realidad, fue porque los chicos no se habían molestado en barajar mucho las cartas, así que las dos chicas sacaron un comodín cada una.
Hiciera lo que hiciera, las chicas podían hacer lo que quisieran con él.
“Lo justo es que no hagais dos peticiones, haced una con acuerdo entre ambas.” Las chicas estuvieron de acuerdo; dos castigos máximos eran demasiado.
Empezaron a susurrar entre ellas, a reír y a hablar.
Pablo esperó un minuto hasta que parecieron llegar a un acuerdo.
Isi, menos avergonzada, actuó como portavoz.
“Vas a tener que darnos un striptease de cinco minutos, luego seguirás jugando desnudo”.
Las chicas sonrieron sincronizadas sin quererlo, la temperatura en el salón estaba aumentando a cada instante.
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