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Justicar War: La justicia del Vampiro - Capítulo 3

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3: Capítulo 3 3: Capítulo 3 Mientras los Lamia estudiaban las fuerzas mágicas que existían difusamente en la tierra, los Strigoy sacaban su poder de pactos con las fuerzas infernales de otros planos, los Vrykolakas de la sombra y la oscuridad, pero los Justicar tenían un poder diferente, el poder de los sellos y la profecía, eran fuerzas que si bien no eran útiles en combate podían hacernos muy resistentes en comparación con otros vampiros.

Sin embargo, hace mil años cayó en mis manos un extraño libro, uno que ningún otro vampiro parecía conocer, tener un conocimiento único era algo muy valioso así que durante más de un milenio estudié ese compendio de un sabio griego que había sido capaz de identificar al parásito y había predicho una forma de preservarlo.

No sabía si funcionaría pero si me iban a tender una trampa ya era hora de intentarlo, después de una última mirada a mis notas las arrojé a una chimenea que tenía el fuego encendido, me llevaría ese secreto a la tumba si fuera necesario.

Mi instinto mi don no me estaban dando ninguna información y eso no era reconfortante, al contrario, eso implicaban un grado de peligro indescriptible.

Mi filacteria, una parte de mi alma y de la sangre de mi anfitrión, arrancada hace mucho tiempo y preparada durante tres siglos por si alguna vez se presentaba una situación tan grave como esta reposaba en una estantería.

Para muchos, era solo una bola de metal decorativa que se había bañado en esa luz cada noche de luna llena durante siglos.

El liso exterior de metal, solo surcado por unos pocos canales, escondía en su interior la mayor obra de grabado y sellos mágicos que se pudiera encontrar y en su centro un pedazo de mi propio corazón, no lo suficiente para poder renacer de él, pero sí lo suficiente para mantener vivo al parásito y con él mi poder.

Era solo una teoría, algo que había estado estudiando durante siglos, pero sabía que si destruían mi cuerpo o me encerraban para siempre sería imposible revivir, pero sin embargo con esto podría tener una oportunidad.

Con el exceso de sangre en mi cuerpo no tuve miedo del procedimiento que iba a seguir, llené todo el orbe con mi sangre, y lo cerré, había llegado el momento de ejecutar los antiguos hechizos de los justicars, aquellos que guiaban la profecía.

“Por el poder sagrado de Athod, yo, su descendiente, dejo aquí mi carne y mi sangre, para que cuando llegue el día de mi venganza pueda renacer en otro cuerpo.

Aunque pasen siglos y milenios, mi alma, sellada en el orbe, verá la luz cuando llegue el momento, y renaceré para acabar con mis enemigos” Las palabras eran otras y en lenguajes muertos, pero servirá para que os hagáis una idea…

Enterré el orbe en el sótano de la vieja mansión del centro de Londres, y ahora me dirigía a mi destino final.

El camino a Nottingham serpenteaba entre bosques desde el momento en que salí de la ciudad; no me costó mucho saber a qué granja me habían llamado.

Clarence Oldshide era en realidad un agente independiente del Consejo de los clanes vampíricos, encargado de garantizar que las reglas del consejo no se infringieran y de que los representantes del clan mantuvieran sus nidos y camadas bajo control.

Encontrarme allí con mis enemigos era, a priori, un lugar neutral; si me hubieran dicho cualquier otro lugar, me habría negado a ir.

La sencilla granja estaba construida sobre unas ruinas antiguas; sin embargo, en cuanto me acerqué, supe que algo extraño ocurría.

No noté la presencia de ningún vampiro, al menos no en la casa, pero había más de veinte humanos dentro.

Podía oír sus latidos, sus nervios, incluso sentir su miedo.

¿Qué hacían los humanos en la casa del representante del consejo?

Veinte humanos, por muy armados que estuvieran, no eran más que un aperitivo para mí, y más aún después de haber bebido sangre hacía apenas unas horas.

Pero si íbamos a jugar, lo haríamos a lo grande.

Primero, quería saber de qué se trataba.

Descendí del viento y me materialicé tras unos arbustos para incorporarme al sendero.

Con mi noble traje de la época, mi espada y mi porte, era evidente que no era un transeúnte común, por extraño que fuera caminar por los caminos a esas horas de la noche.

El primer guardia vio mi sombra oscura caminando por el camino y puso su mano sobre su espada.

“¿Quién anda ahí?

Date la vuelta, aquí no hay nada que ver.” “Disculpe, iba a tomar la carretera de Yorkshire, pero creo que me perdí…” No dejé de caminar en todo el tiempo; necesitaba poder mirar a ese guardia a los ojos con más atención.

Mi actitud lo puso en alerta, pero desde el momento en que pudo verme bien, su mirada se volvió borrosa.

El hipnotismo de un vampiro era algo automático, al menos para mí y mi poder de sangre antigua.

Por el mono que vestía el soldado y el símbolo en su colgante, estaba claro que eran los guardias del obispo.

“¿Qué hace aquí la guardia del obispo?” “Tenemos órdenes de esperar en esta granja a un demonio, el obispo ha tenido una revelación divina y sabe que un demonio aparecerá en esta granja estas noches.” “¿Y cómo es ese demonio?” “Vendrá en forma de hombre preguntando por Clarence Oldshide, o nos atacará directamente…” “¿Dónde está este Clarence Oldshide?” “El Sr.

Olshide se encuentra retenido en el palacio del obispo.

Lo liberaremos después de acabar con el demonio.

Es por su seguridad.” “¿Hay más gente en la granja además de los guardias?” “Un grupo numeroso de encapuchados entró antes que nosotros.

No tenían acento inglés, pero cuando entramos en la granja ya no estaban.

Hemos buscado el túnel sucreto, pero no lo hemos encontrado.

El obispo también ha dado órdenes de no molestarlos.

Son exorcistas que también lucharán contra el demonio…” “Llévame con tus compañeros” ¿Por qué involucrarían los Lamia a la Iglesia en todo esto?

Era indudable que la Iglesia era uno de nuestros enemigos declarados; vampiros y cristianos habían luchado desde sus inicios, aunque normalmente los primeros siempre tenían las de perder.

El guardia abrió la puerta de la finca y de inmediato dio la alarma en el interior, pero al ver a su compañero caminando conmigo tan tranquilo a su lado, todos se sorprendieron.

“¿Qué hace ese hombre aquí?

¿No recuerdas nuestra misión?

Tenemos que prepararnos para luchar contra un demonio; no podemos perder el tiempo con los transeúntes, por muy bien vestidos que vayan.

Oye, ¿quién eres y por qué estás aquí?” En cuanto puse un pie en la granja, lo noté.

No sabía qué era, pero había magia en el aire, mucha magia.

Mi primera intención fue irme, pero sin embargo, la sangre de todos esos hombres corriendo por sus venas me detuvo.

Era una comida perfecta; un hambre insaciable se apoderó de mí.

La ansiedad de la sangre me nublo, es como si hubiese perdido el control de mi mismo por un momento.

Eran solo unos guardias inocentes, engañados para participar en ese acto, pero apenas pude controlarme.

Cuando uno de los guardias apartó a mi compañero hipnotizado para acercarse a registrarme y quitarme la espada, mi cuerpo se movió solo.

De un solo mordisco le arranqué la yugular.

Los demás guardias intentaron atacarme con sus armas, pero la fuerza humana no era nada comparada con mi poder.

Cambié a mi forma de sombra y me materialicé solo para cortar las gargantas de otros dos guardias con un corte de mi espada, la sangre salpicó por todos lados y bañó mi rostro.

No recuerdo mucho más, solo que me di un baño de sangre, me los comí, los sequé y lo disfruté, si hubiera sido en defensa propia podría poner alguna excusa, pero actué salvajemente, como poseído y fuera de control, algo que nunca me había pasado.

Un hambre y una rabia insaciables, que solo cesaron cuando el último de los veinte hombres estuvo en mis brazos, me consumieron.

Mi cuerpo hervía con más fuerza que nunca, y en ese momento la casa literalmente explotó.

Cuando miré a mi alrededor, los débiles muros ya no existían, había escombros por todas partes, y un grupo de figuras rodeaba la granja.

Podía oler su sangre de vampiro.

Reconocí primero a Oldshide, y también la sangre pútrida de dos vrykolakas .

Había un Strighoy muy antiguo, y había tres Lamias con ellos.

Pero lo más sorprendente fue que allí olía a dos sangres que conocía muy bien.

Una era la del gran maestro Seth, pero la otra era una sangre que pensé que nunca volvería a oler.

Era la sangre de mi maestro, era la sangre de Anubiel.

“¿Qué significa todo esto?

¿Qué me has hecho?” “Te lo hiciste a tu mismo, creo que tus acciones hablan por sí solas.

Atacaste la casa del representante del consejo de vampiros antes de una reunión secreta y formal, y lo que es peor, cometiste el error de matar a veinte hombres de la guardia del obispo.

Hombres inocentes que no tenían por qué morir, que no tenían por qué satisfacer tu locura, Derrel.” Mis ojos rojos miraban a mi Maestro, siempre lo había respetado, siempre lo había obedecido, ¿por qué me hacía esto?

“¿Por qué yo?” “Esa es una gran pregunta y una respuesta difícil.

Derrel, de todos mis hijos, tú eres por lejos el más poderoso, el más inteligente, el más fuerte, pero también el más peligroso.

Cuéntanos el secreto de la vida más allá de nuestros cuerpos, en el que has trabajado durante siglos, y te daremos una muerte rápida e indolora”.

“¿Mi secreto?

¿Por eso?” Esta vez fue el maestro Oldshide quien me respondió con una sonrisa cruel.

“Bueno, eso solo explica por qué te estás volviendo peligroso.

La verdad es que tienes tantos nidos y tan bien distribuidos que a la larga te convertirías en un poder por sí mismo, y eso no le gusta al consejo.

También quieres burlar las leyes de muerte del consejo, y todos queremos tener el mismo derecho a sobrevivir, y sobre todo porque la iglesia en este reino es corrupta.

Hemos llegado a un acuerdo para vivir con ellos y que nos olviden.

El consejo planea mudarse a esta tierra, Derrel, y tú y tu creciente reino nos estorban, simplemente por eso.” “¿Qué me vais a hacer si no hablo?” “Bueno, te mataremos de todos modos, pero primero intentaremos sacarte el secreto, está claro, y sabes que somos capaces de ello…” Estaba jodido y atrapado, pero siempre hay una salida.

Concentré mis energías, toda la sangre que tenía en mi cuerpo, y comencé a proyectarla sobre el sello grabado en mi pecho, idéntico al de la filacteria.

Con un último golpe de poder, y antes de que ninguno de mis enemigos pudiera alcanzarme, mi cuerpo explotó en mil pedazos; la carne se convirtió repentinamente en polvo y mi sangre en un torrente que se convirtió en niebla y se dispersó con el viento.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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