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Justicar War: La justicia del Vampiro - Capítulo 34

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34: Capítulo 34 34: Capítulo 34 La preparación de Pablo para la noche fue en parte muy superficial, incluso un poco insultante si se veía cómo el chico jugaba con su estética.

Se puso vaqueros y una camiseta negra, pulseras de cuero, anillos y sellos de plata en los dedos.

No era por diversión, sino para camuflarse y estar preparado.

Había algo en su instinto, en ese don dormido que le hacían estar en alerta, como si esa noche fuese a tener un encuentro importante.

Por otro lado estaba la profecía vivida en la cueva.

Negar esos detalles era una estupidez, tenía que prepararse para lo peor.

Por suerte, la plata no le producía alergias como a los vampiros de momento; de hecho, su cuerpo no reaccionaba al metal de ninguna manera, pero incluso a un vampiro anciano le habría dejado una herida venenosa.

Aunque sus parásitos no habían despertado del todo, se puso perfume para camuflar un poco su olor, no dudaba que con sus sentidos podría reconocer a un vampiro a una milla de distancia, pero lo que no sabía es si ellos lo reconocerían a él.

Como precaución física, tomó la navaja de afeitar de plata de su padre, un regalo, y una hoja tan afilada que cortaba con solo mirarla.

La guardó en el bolsillo trasero de sus vaqueros, junto a la cartera.

Le dio un toque diferente a su cabello negro y, mirándose al espejo, con esos detalles en su atuendo, ahora podía entrar en un antro turbio.

Era curioso cómo esas tribus urbanas habían llegado a deformar a los seres de la oscuridad hasta el punto de idolatrarlos y transformarlos en objeto de adoración.

La culpa era del Drácula de Bram Stoker.

Pablo no dudaba de que Drácula hubiese sido un vampiro de verdad, sobre todo por la extraña relación que mantenía con los Báthory, un auténtico clan de vampiros, con una extraña obsesión por la anatomía y la medicina.

Si alguna vez contactaba con algún vampiro antiguo de verdad le preguntaría por Drácula, e incluso por algunas figuras incipientes en su época, como el conde Estruch, que había sembrado el caos en cataluña en el mismo siglo en el que él murió.

En su época era un Strighoy más, un vampiro sin importancia, pero quien sabe a donde había llegado ese loco con los siglos.

Una gran parte del rencor que las brujas le tenían a los vampiros había comenzado con ese tipo, aunque esto fueron deducciones que Pablo había hecho leyendo un poco de la historia y mitos de catalunya.

El conde Estruch fue famoso por la persecución inclemente de las brujas y la herejía en la Catalunya medieval.

Cuando llamó al apartamento de Gisela ella salió completamente vestida para la ocasión, mientras que Pablo sólo pasaría por un chico algo alternativo, ella era una princesa gótica en todo el esplendor de la expresión, un bustier rojo carmesí, una falda de tul, botas negras y tantos anillos y elementos como se pudiera imaginar, su maquillaje extremadamente pálido y sus labios negros.

Mirando el atuendo de Pablo ella se rió maliciosamente.

“Bueno, por suerte tenemos tiempo de aquí a Sans para arreglarte un poco, con esa tez bronceada no creo que te dejen entrar a donde te voy a llevar.” El chico se dejó hacer: un poco de polvo blanco, líneas negras en los ojos, un toque de negro seguido de un beso húmedo de labio a labio, y al verse reflejado en una de las ventanillas del metro, Pablo se había transformado en un chico que podía abarcar mucho más.

Gisela estaba orgullosa, y Pablo, en cambio, se alegraba de ver su tez tan blanca como en su otra vida.

Cenaron en un restaurante coreano de la zona y de allí fueron a uno de los bares alternativos.

Gisela había quedado con otros amigos directamente en el club; ese plan de madrugada había sido básicamente una excusa para tener una cita informal con Pablo.

Estaban tomando una copa cuando la conversación tomó un giro divertido para Pablo.

“Un tipo pijo como tú, aunque ahora la verdad es que te ves bien, ¿qué pasa por su cabeza cuando ve a una aspirante a vampiro como yo?” “¿Aspirante a vampiro?” “Jajaja, bueno, aspiraría a ser vampiro si existieran…

daría lo que fuera por ser uno” “¿Tanto te gustan?” “Tienen su punto, vivir para siempre, tener poderes, vivir así tiene que ser emocionante…” “Jajaja, en esa ecuación creo que te falta el mal, los crímenes, el tener que alimentarte matando a otros humanos, ¿qué dices de eso?” “Bah…

en esta sociedad hay muchos hijos de puta, aunque matara a un criminal o a un corrupto todos los días no acabaría con ellos” “Punto para ti, aunque no sé si al resto de vampiros malvados les gustaría eso, ¿lucharías contra el resto?” “Hombre, si tuviera poderes, intentaría pasar desapercibido para el resto de vampiros o unirme solo a los que piensan como yo.

Para los demás, debe ser emocionante luchar con superpoderes, ¿verdad?

Imagínate cómo debe ser el sexo suspendido en el aire, con esa resistencia, esa fuerza.

¿No lo ves mucho mejor ahora y quieres ser uno más?” “No sabes cuánto Gis, no sabes cuánto” El único que entendió la frase fue Pablo, pero ambos rieron.

Mucho de lo que Gisela había dicho era cierto; incluso parecía que su ideal romántico del vampiro bueno describía a un Justicar.

¿Sería capaz ese aspirante a profesor de filosofía de matar a sangre fría como lo había hecho en aquellos días?

Pablo tenía bastantes dudas al respecto.

Tenían mucho tiempo por delante, así que Pablo se preparó para jugar un poco más.

“¿Qué dirías si te dijera que creo en la magia?” “¿Magia como la de la tele con cartas o magia real?” “Supongo que del tipo real, Gis, el de las historias y los rituales”.

“No podía imaginar a un chico como tú creyendo en esas cosas, y dime ¿alguna vez has presenciado algo paranormal o mágico?” “Hagamos una prueba, cierra los ojos y quédate quieta, solo te llevará un minuto” Pablo se levantó y se colocó detrás de la chica, sentada en un taburete alto.

Con el dedo y poniendo toda su voluntad, trazó los sellos mágicos de un hechizo de protección.

No era un hechizo cualquiera, era una protección contra la marca vampírica, como si la protegiera de alguien más que él, que la marcara para corromperla.

En teoría, Pablo no había recuperado sus poderes, pero los sellos, como demostraba el rasca y gana de la lotería, seguían funcionando porque dependían de energías y conceptos que escapaban al poder de los vampiros.

Puso su boca junto al lóbulo de la oreja de Gisela y comenzó a susurrar: “Asj arl Derrel si nein dar acur” Gisela ya había dado el siguiente paso, con los ojos abiertos y el pelo erizado como si una corriente invisible la recorriera.

Pablo le tomó el pulgar y, con uno de los imperdibles que llevaba atado al sujetador, le pinchó la punta del dedo corazón y la levantó hasta que la gota de sangre tocó sus labios.

Repitió lo mismo con su propio dedo, pero esta vez la gota de sangre tocó los labios de ella.

El hechizo se selló con un beso en el que los labios de ambos se tiñeron con la sangre mezclada del otro.

Cuando volvió a sentarse en el taburete ella aún no había salido del hechizo del momento, aunque el regreso a la realidad fue como si esos segundos hubieran sido en cámara lenta en un mundo en el que sólo existían ellos dos.

“¿Qué carajo fue eso?” “Hmm, en teoría, un hechizo de protección o algo así, algo que me permita saber si estás en peligro” “Mira, Pablo, si vas a ser sobreprotector o posesivo, mejor vete a casa.” Eso había sido íntimo, demasiado íntimo, mucho más que el sexo, y sorprendió a Gisela que no sabía como tomarselo.

“Jaja, no te preocupes, es solo un regalo, ¿no te gustaban las cosas fantásticas?” Aunque el gesto le había parecido mágico, especial y maravilloso a la chica, su voluntad también luchaba contra la magia de Pablo en ese momento.

Si decidía imponerse, podría romper el vínculo rompiendo la fe en el chico.

Pero al final, la mirada profunda del chico, más joven que ella, la tranquilizó.

“No te preocupes, Gis, si tienes otro plan, o si no me gusta el ambiente, me voy a casa y te dejo disfrutar de la noche” “Sin condiciones” “Sin condiciones” Era un pacto, aunque después de la visión en la cueva Pablo sabía que algo se avecinaba, que en el lugar al que iban encontraría la primera pista sobre su pueblo.

Cuando ya era medianoche, los dos se acercaron a la puerta de la No Muerte.

Serían los primeros en entrar, pero la curiosidad de Pablo por lo que encontraría dentro era demasiado grande como para retrasar más su entrada a ese mundo.

En cuanto Pablo entró, lo olió.

Era un aroma inconfundible, aunque muy tenue.

Estaba seguro de que en ese momento no había ningún vástago allí, pero era evidente que ese lugar no era frecuentado por uno, sino por varios vampiros.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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