Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Justicar War: La justicia del Vampiro - Capítulo 4

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Justicar War: La justicia del Vampiro
  4. Capítulo 4 - 4 Capítulo 4
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

4: Capítulo 4 4: Capítulo 4 Mi consciencia fue restaurada inmediatamente en la filacteria cuando se activó el círculo gemelo, era extraño, era difícil, no tenía casi a nadie excepto ese pedazo de corazón, tenía que dormir para no consumir toda esa sangre que llenaba el orbe.

En esta situación solo había dos posibilidades, o se descubría el orbe y alguien intentaba abrirlo a la fuerza, lo que me destruiría, o las profecías y hechizos registrados funcionarían y cuando llegara el momento adecuado despertaría.

Tuve siglos para dormir y soñar, aunque privados de forma los sueños eran extraños, no eran realmente sueños, estaba viendo mi vida pasar de nuevo.

La noche era fría en Irlanda, nuestra tribu vivía en una aldea con casas hechas de adobe, paja y madera, habíamos escuchado como otras aldeas rivales habían sido atacadas y masacradas, pero eso no nos preocupaba, eso solo significaba tener más territorio para nuestro ganado.

Esa noche fría, no estaba cumpliendo con mis deberes de vigilar las vacas; estaba tras unas rocas follándome a Raila, la hija del jefe de la tribu.

Yo tenía esposa e hijos, pero eso no me importaba; Raila me deseaba y le di lo mejor de mí.

El sexo que tuve esa noche, viéndolo desde mis perspectiva actual más de tres milenios más tarde era más el acto de dos conejos inexpertos golpeándose en medio del bosque, que el de un acto sensual humano.

Raila tenía grandes pechos, buenas caderas, y un bello pelirrojo incluso en sus partes íntimas.

También estaba unida a un marido, incluso tenía un hijo, aunque no sabía si era mío o de su esposo, pero eso no hacía que gimiese menos mientras mi pequeño cuerpo irlandés la penetraba una y otra vez en medio de la oscuridad.

Pero la noche se rompió con unos gritos terribles y salvajes.

Los gritos viajaban por el aire con las nubes.

Era miedo, era dolor.

El pueblo estaba siendo atacado.

Me levanté la tela que me servía de falda, me vestí y, tomando el hacha tosca, corrí hacia el pueblo.

Una cosa es que fuera infiel y me acostara con cualquier mujer que me dejara penetrarla, y otra muy distinta que no amara a mi esposa ni a mis hijos, si estaban en peligro no dudaría en acudir en su ayuda, así era yo, mi yo humano.

Corrí como un salvaje, el primer enemigo que vi me sorprendió, no era humano, era un ser peludo y terrible como un lobo, pero que caminaba a dos patas, estaba de espaldas ocupado degollando a la pobre Eli, una de las ancianas del pueblo, y no me vio venir.

Salté desde lo alto de una roca con el hacha trazando un arco directo a la cabeza de aquel monstruo, y aunque la cabeza se abrió como un melón, éste fue sólo el primero de muchos de aquellos seres que después aprendería que eran hombres lobo a los que me enfrenté.

Los hijos de puta se curaban de las heridas por arte de magia en pocos segundos, en aquel momento no sabía que necesitaba armas de plata para evitar eso.

Un humano armado con un hacha tosca poco pudo hacer contra aquellos seres sobrenaturales, pronto me hirieron en varios lugares, y solo cuando la garra de uno de ellos me atravesó las entrañas fue cuando me dieron por muerto, en realidad no me mataron porque tras una especie de aullido de alarma todos empezaron a huir.

Cuando se alejaron un poco, me recuperé el desmayo y logré incorporarme un poco.

Apenas podía arrastrarme por las ruinas de la aldea con casi todos las tripas fuera del cuerpo.

Fue un dolor inhumano, pero aún mayor fue el dolor de ver a mis amigos, mis amantes, mi familia muerta y destrozada.

Yacía moribundo sobre unas rocas cuando un ser extraño y frío, con ropas elaboradas que nunca había visto, se acercó a mis pies.

Me miró, entre divertido y complacido.

¿De qué demonios se reía ese hijo de puta?

En ese momento, unas gotas de su sangre, que brotaban de un corte en su muñeca, me tocaron la boca.

Me repugnaba el acto, pero con las fuerzas que me quedaban no podía hacer nada para volver la cabeza.

Sin embargo, en cuanto la primera gota cayó en mis labios, fue como si me hubieran devuelto la vida.

“Dime, ¿quieres venganza?

¿Quieres ser la espada de la justicia?

¿Quieres servirme por toda la eternidad?” Asentí con las pocas fuerzas que me quedaban, y en ese momento, aquel hombre llevó su muñeca a mi boca y bebí con sed y ansia.

Lo siguiente que recuerdo es el dolor, el dolor inhumano que me recorrió las entrañas, que corrompió mi cordura, y finalmente, antes de caer inconsciente, mi corazón dejó de latir.

En mi cabeza se agolparon como un torrente multitud de recuerdos sesgados que no eran mios, no eran de mi vida, eran los recuerdos de ese misterioso hombre, y de otro ser antes que él que hizo lo mismo con él en su día.

Cuando desperté era de noche, pero no sabía cuanto tiempo había dormido, la simple luz de las estrellas me molestaba, mi piel se sentía fría, y al intentar levantarme casi me estrello contra las paredes del otro lado de la choza donde estaba, a mi alrededor estaban los cadáveres secos de cinco personas, no los conocía y por sus ropas debían ser de otro clan o tribu.

Me quedé horrorizado y sorprendido, nunca había sentido tanta fuerza en mi cuerpo, no esperaba que las graves heridas sanaran por completo y lo que era más aterrador, mi corazón no latía, pero no tenía dificultad en controlar cada célula de mi cuerpo, cada músculo y enviar esa sangre desbordante que estaba dentro de mí a cada parte de mi anatomía.

Cuando la puerta se abrió y entró el hombre que me había salvado sentí miedo y aprensión, sin embargo él habló con calma, habló durante horas, sobre lo que yo era ahora, en lo que me había convertido y qué misión iba a tener en los planes de ese hombre.

Yo era un soldado, un guerrero que se enfrentaría a la legión de hombres lobo que había invadido la isla.

El hombre me entregó una especie de armadura de metal y una espada con una hoja plateada.

En cuanto toqué la hoja con el dedo, supe que ese metal podía hacerme daño, pero lo más importante, mi salvador me dijo que esos bastardos eran incluso más susceptibles a la plata que los vampiros.

Un minuto después, en la vieja cabaña, un grupo de vampiros entró, eran cuatro víctimas de los hombres lobo, cuatro guerreros que habían visto a sus familias y aldeas destruidas como me había pasado a mi.

Podía ver los amuletos y la ropa de algunos clanes rivales, pero eso ya no importaba; en ese momento, solo importaba la venganza.

“Os he dado el poder de vengaros, el poder de librar a tu isla de esta plaga para siempre.

De vosotros depende si sobrevivís y si merecéis el gran regalo que os he dado”.

Recuerdo que me asombró lo bien que ese hombre hablaba la antigua lengua de la isla, una lengua aún más antigua y áspera que el celta o el gaélico que llegaría después.

Nunca en mi vida había oído historias de seres con aspecto de lobo hasta el momento del ataque.

No sentía el temor reverencial que luego se establecería en muchas civilizaciones hacia los vampiros y los monstruos de la noche.

No sabía lo que significaba ser un vampiro, solo sabía que con la fuerza que sentía en mi interior, podría devastar el mundo.

Además, yo era el último de su camada de despertados, pero aun así, los más antiguos mayores no tenían ni una semana de vida como vampiros.

En ese momento no entendía nada de ese mundo oscuro; no tenía preguntas, solo quería matar a esos lobos.

En el momento de mi muerte y después de muchas guerras contra los hombres lobo pude ver como el poder de su sangre se diluía, los lobos comenzaban a poder controlarse, incluso solo la luna llena era capaz de forzar su transformación, pero en ese momento su sangre era tan pura y su fuerza tal, que a pesar de nuestra escasa batalla anterior en nuestras aldeas realmente no habíamos visto nada sobre esos otros seres de la noche.

Avanzamos durante toda la noche, tan rápidos y veloces que sólo éramos susurros en medio de los bosques, cuando apareció el primer rayo de sol.

Lakar Ap Dum, el mayor de nosotros, nos guió sabiamente hasta una cueva cercana para refugiarnos de los dolorosos rayos del astro rey que ahora solo podríamos ver cara a cara unas pocas veces en nuestras vidas.

Al tercer día por fin llegamos a la manada de hombres lobo, solo eran seis, solo seis seres de la sombra sembraban el caos en nuestra tierra, asesinando indiscriminadamente a nuestras familias, y siendo el foco de la ira de unos neófitos de vampiro con un poder inigualable.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Acerca de
  • Inicio
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo