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Justicar War: La justicia del Vampiro - Capítulo 6

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6: Capítulo 6 6: Capítulo 6 Mi mente voló a través de los recuerdos de los siguientes cincuenta años que pasé entrenando con el Maestro Anubiel, entrenábamos todas las noches, ganando poco a poco horas de resistencia física a los rayos del sol, utilizando las sombras y las casas protegidas.

Años de practicar diferentes artes con todo tipo de armas, era un universo nuevo, regulado, medido, con una lógica detrás de cada movimiento, no como todas las batallas que había vivido cuando era humano que ahora me parecían un juego de niños.

Mis manos aprendieron a reaccionar a los ataques enemigos, a usar mi poder, mi fuerza y velocidad para parar, defenderme o atacar como si fuese una verdadera arma humana.

Nunca fui el mejor guerrero, tampoco era malo, esa era la vida que había tenido, pero esto estaba en una dimensión completamente distinta.

Durante esos años también aprendí que lo que sentía, lo que me hacía prever los movimientos y lo que iba a suceder, era el don de la profecía que nuestro linaje nos había legado.

Sin embargo, no podía predecir las acciones de mi maestro, pensar en el era adentrarse en la bruma.

“¿Porque el don no funciona contigo, Maestro…?” Pregunté un día “Bueno, por tres razones.

La primera es que soy más poderoso que tú, y por muy poderoso que sea tu don, pasarán muchos siglos antes de que puedas alcanzarme y predecirme.

Además, como yo mismo estoy protegido por mi propio don de profecía, anticipo tu anticipación.” Me quedé pensando en lo que parecía más bien un juego de palabras.

“¿Y cuál es la tercera razón?” “El tercero será tu entrenamiento durante los próximos años, aunque eso tendrás que descubrirlo por ti mismo, pero es el arte de los sellos, ¿ves todos los símbolos que están tallados en este piso de piedra y en la madera de las paredes?” Asentí como un niño que finalmente descubre el por qué de las cosas y la respuesta a las preguntas que se había hecho durante muchos años.

“Mientras estemos en esta habitación, en esta casa, ningún don de profecía, ninguna magia ni hechizo podrá escudriñar lo que hacemos aquí dentro.

Siéntate, ha llegado el momento de que te revele el segundo poder de nuestro linaje”.

Aprendí muchas otras cosas, pero luchar, usar mi don y utilizar mis sellos centraron tanto mi atención durante el siguiente siglo que casi me olvidé del mundo, solo los preceptos filosóficos de los Justicar fueron los que iluminaron la rutina de todos esos años.

Mi maestro Anubiel no era el prototipo de sabio, ni de hombre paciente, era decidido, era extremo, y si sabía algo era porque el conocimiento le era inmediatamente útil.

Sin embargo a medida que aprendía cosas yo me hacía preguntas.

Las veces que tuve que alimentarme, el amo me controlaba hasta el punto de seleccionar una víctima que era un criminal, nunca me alimenté de otro tipo de humanos que no fueran los marcados por el maestro.

Al final de mi segundo siglo de vida, conocí al gran maestro Athod y al maestro Seth, hermano de mi maestro.

También comencé a relacionarme con otros descendientes de Seth y del propio Anubiel.

No éramos muchos, pero todo ese poder reunido era aterrador, juntos podíamos asolar a todo un reino si queríamos.

Athod sin embargo era distinto, más sabio, más esquivo, más reservado, ¿Cuántos siglos de vida tenía?¿O eran milenios?¿De donde venía?¿Quien le había transformado?.

Yo me preguntaba eso pero nunca pude alcanzar esas respuestas, al final estas dejaron de importar.

Aunque mis recuerdos volaron a través de los años hasta un punto de conflicto, nuestro nido estaba entonces en lo que hoy se llama Normandía, en una gran cueva en lo profundo de un bosque.

Más de diez crías estaban reunidas; otro clan de vampiros había estado entrando en nuestro territorio cometiendo todo tipo de crímenes atroces contra las aldeas de la zona.

Yo no lo sabía pero esas personas eran los Lamia, mi maestro reunió a los diez vástagos que se habían reunido.

“Escúchame bien, así como nuestro linaje tiene el don de la profecía, ahora nos enfrentaremos a otro linaje antiguo y a otro poder muy peligroso, el poder de controlar las fuerzas de los elementos a través de rituales arcanos llamados hechizos” “¿Pueden invocar fuego?” “Fuego, aire, rayos, hay que tener cuidado con ellos” “¿Cómo enfrentamos esa magia, maestro?” “La única forma de hacerlo, muchacho, es anticipándonos a sus acciones.

Ahora ve y masacra a esos bastardos”.

Muchos de los nuestros cayeron ante los ataques de energía elemental de los Lamia, pero al final logramos vencer a un grupo de más de quince.

Solo dejamos a uno con vida, como nos había pedido el maestro antes del ataque.

El maestro se acercó al Lamia, sus ojos brillaban con resolución y poder.

“Bueno, puedes elegir, si me dices dónde está el resto de tu clan, morirás rápidamente, de lo contrario te haré sufrir de innumerables maneras y si sigues sin hablar, beberé tu sangre y obtendré tus secretos y los de tu linaje” La diablería fue uno de los primeros grandes tabúes declarados por el consejo de vampiros tras su formación un par de siglos después.

Beber la sangre de un vampiro de otro clan era un pecado mortal.

Si la víctima era más débil, lo más probable era que obtuviera recuerdos y secretos valiosos, pero también sería controlado por el parásito.

Pero si era más fuerte y lograba sobrevivir al envenenamiento, podía robar parte del poder del legado del otro clan.

Sin embargo, esto era muy difícil y requería mucha fuerza de voluntad para evitar morir en el intento.

Hubo muchas otras guerras, contra los monstruosos Vrykolakas y su enorme poder y fuerza, y su uso de los poderes de la oscuridad, contra los Báthory, con su magia ilusoria y su conocimiento científico intemporal.

Sin embargo, con estos últimos fue fácil alcanzar un pacto equilibrado entre ambos clanes, con una visión de justicia y destino que podía coincidir en muchas ocasiones.

Sin embargo, si existía un clan extraño y absurdo, y no podíamos saber si serían amigos hoy o nuestros acérrimos enemigos mañana, eran esos hijos de puta del sur de Europa llamados los Guaxas o Gruxas según la región, una pandilla caótica que no atendía a reglas ni jerarquías, sus poderes para controlar a otros animales, incluso para transformarse en ellos, eran prodigiosos e impredecibles.

Fue en la Península Ibérica, mi maestro después de algunos siglos se interesó por la conquista romana de aquellos territorios hostiles, fue un caudillo íbero, Viriato, quien después de hacer la guerra a Roma durante mucho tiempo y huir fue finalmente ejecutado, pero no murió, y fue elegiodo antes de que su corazón dejara de respirar por mi maestro para ser su nuevo hijo.

Eso me dio tiempo para explorar otras ciudades.

La civilización romana, tan perfecta y moderna, me atrajo de verdad.

Fui a Tarragona en busca de esas leyes y costumbres.

Sin embargo, la historia allí se complicó, y por esos extraños caprichos del destino me encontré rodeado de hombres lobo, luchando codo con codo con un maestro Guaxa, Hernaldo Torme, el que más tarde se autollamó Acadio, mi mejor amigo.

Todas aquellas aventuras serían demasiado largas para contarlas, aunque mientras mi mente estaba en la filacteria las reviví todas.

Mi mente se aceleró mientras los recuerdos de aquellos tiempos me inundaban: los primeros años de mi hermano Viriato, mi primer hijo, los viajes con el Gran Maestro Athod.

La época de la guerra contra los Strighoy y cómo finalmente los sometimos al consejo.

Y finalmente, cuando no solo se me permitió fundar mi propio nido, sino mi propia descendencia y tomar el control total de un territorio, la vida se volvió más fácil.

Hasta la caída de Roma ante los bárbaros, estuve presente: emperadores, guerras, lo viví todo en primera persona, y luego llegó el momento de ir a Britania.

Los romanos se habían ido, las tierras estaban sumidas en el caos, y vi la oportunidad de establecerme y darles a mis descendientes un lugar seguro donde fortalecerse.

Fueron dos de mis primeros descendientes quienes me animaron a volver a las islas, Merlinux y Arturux.

Murieron un siglo antes de que me estableciera.

Otro clan del norte llegó con las invasiones bárbaras y la guerra fue sangrienta.

Para cuando logramos convencer a los grandes señores, ya era demasiado tarde.

Pero aun así, reconstruimos el reino de justicia con el que soñaron aquellos dos locos, y nos asentamos, extendiéndonos por la tierra.

Pero ese repaso de mi vida no solo incluía batallas y aprendizajes, sino también a todas las mujeres que seduje durante esos milenios, todas las orgías en las que participé, sobre todo en Roma, todas las hazañas sexuales que realicé con mis poderes vampíricos.

Más que la guerra, lo que más extrañaba en esa conciencia que permanecía activa durante siglos era el sexo.

¿Cómo podría vivir siglos de confinamiento conmigo mismo sin esa válvula de escape?

Por suerte, cuando recordé el momento en que me traicionaron, mi mente y mi conciencia se desvanecieron.

El resto fueron siglos de vacío.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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