Justicar War: La justicia del Vampiro - Capítulo 7
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7: Capítulo 7 7: Capítulo 7 Una pareja de recién casados disfrutaba de la tarde en su lujoso apartamento de Londres.
Ella era una modelo famosa, él, un exfutbolista retirado recientemente tras una lesión de rodilla.
Armando aún estaba decidiendo qué hacer con el resto de su vida.
Tenía ahorros, pero también quería cumplir su otro sueño: unirse al cuerpo diplomático de su país, Brasil, y poder seguir viajando y viviendo en el mundo.
Llevaba un tiempo trabajando como embajador de buena voluntad de su país, algo honroso para una estrella del fútbol, pero le había abierto muchas puertas y le había permitido conocer a mucha gente.
Además, a pesar de su carrera futbolística, siempre había encontrado tiempo para estudiar.
Elisabeth, sin embargo, siguió su brillante carrera.
Con su cabello rubio, sus piernas largas y su cuerpo de infarto, había sido el prototipo de gran supermodelo, hasta que conoció a Armando en una fiesta, donde el educado futbolista la sorprendió.
Siempre había considerado a los futbolistas unos descerebrados.
Lisa miró por la ventana abierta, frente a su piso estaban realizando obras para los nuevos conductos de fibra óptica de última generación, era la zona de moda en Londres, pero las líneas de comunicación estaban obsoletas.
“¿Crees que tardará mucho tiempo en realizarse el trabajo?” “Bah, los ingleses pueden ser lo que quieras, pero son eficientes, no debería llevar mucho tiempo que las terminen.” La mano de Armando descansaba sobre el trasero de su esposa mientras ella miraba por la ventana hacia la obra en construcción y el hombre aprovechó para morderle el cuello.
“¿No tuviste suficiente anoche?” “Nunca me cansaré de ti” Mientras la pareja jugaba en el salón del piso de abajo, en la obra, se desarrollaba una escena menos bucólica.
Un trabajador estaba en la cuneta cuando el suelo de la acera cedió.
La gran excavadora se inclinó hacia el vacío que se había formado.
Parecía que habían encontrado un viejo sótano y que el techo se había derrumbado.
El trabajador cayó al suelo, pero entonces la gran máquina cayó con todo su peso, aplastándolo.
La sangre del obrero empezó a extenderse por el viejo suelo empedrado del edificio, gota a gota se filtraba por el suelo y la tierra como un pequeño torrente.
A un palmo del sótano, un orbe metálico, medio desenterrado por el derrumbe y caída de la maquinaria, entró en contacto con el líquido rojo.
Las ranuras de su exterior canalizaron cada gota incluso contra la gravedad.
En un momento dado, al cerrarse el orbe, comenzó a acumularse una gran gota, una gota del tamaño de un pulgar, que al formarse cayó sobre el interior del orbe.
El pequeño trozo de corazón, que ya estaba seco, zumbó con poder por un segundo, antes de que el orbe se abriera y el polvo interior fuera llevado hacia arriba por un viento casual.
Aquel polvo del último pedazo del corazón del viejo vampiro había mantenido al parásito en letargo durante ochocientos años.
El viento entraba casualmente por la ventana del apartamento de la pareja que se encontraba en el sofá a punto de llegar al clímax.
La inhalación del polvo de ese viejo corazón coincidió con el punto álgido del éxtasis de Lisa y Armando.
La entrada del parásito en el torrente sanguíneo lo resucitó de entre las cenizas.
Era poco más que nada, pero estaba vivo.
La casualidad trajo el parásito microscópico al torrente sanguíneo que alimentaba las trompas de falopio de Lisa, desde allí se adhirió a su óvulo e incluso lo infectó antes de que llegara el espermatozoide.
El parásito era toda la consciencia de Derrel y todo su poder residual, estaba contento con lo que sentía en esa genética, pero incluso cuando sentía acercarse el esperma, era capaz de eliminar a aquellos con la carga genética menos interesante con un pequeño rayo de poder, minúsculo para un vampiro vivo, una proeza para ese residuo.
Aunque solo fuera en su forma parasitaria más básica, detectar la carga genética era un proceso natural al vampiro, no todas las sangres saben igual, no todas tienen las mismas propiedades, la sangre y la genética eran como los vinos, cada una tenía su sabor.
Y si Derrel quería revivir, lo haría con el mejor huésped posible.
Una vez que llegó el esperma con la mejor carga genética, el propio Derrel se involucró en todo el proceso de división celular, creciendo a medida que las células se multiplicaban.
Sin embargo, no tomaría el control del niño desde bebe, eso lo mataría además que era imposible con su poder actual, y además sería inútil tener un vampiro en el cuerpo de un bebe, era una estupidez, crecería con el niño, cada célula sería invadida por el parásito, haciéndolo más fuerte, más resistente pero sin imponerse al huésped, esta vez iría mucho más allá, crearía un vampiro perfecto, y con el tiempo el propio niño rompería los diferentes sellos que marcaban la magia y eso le devolvería el poder completo a Derrel.
Ahora su alma vampírica dormiría dentro del chico hasta que este sintiera el primer deseo sexual por una persona del sexo opuesto, ese era el primer sello, sería como dormir, aunque sabría todo lo que le estaba pasando a su anfitrión, pero no podría tomar el control.
Cuando llegó el momento del parto, pudo oír a los padres gritar de alegría.
“Es un niño Lisa, un niño, y por suerte tan guapo como tú…” Su madre lo tomó en sus brazos mientras lo mecía, era una sensación cálida.
“Ha crecido grande como tú, este tipo grandote casi me rompe tratando de salir, ¿todavía quieres llamarlo Pablo?” “Sí, Lisa, mi abuelo era un buen hombre y en el fondo me recuerda a él…” Siempre le había divertido como la especie mezclaba órganos destinados a la sexualidad con procesos buenos para la crianza de los hijos, él no podía controlar al bebe, solo era un espectador, pero el pezón de la madre entró en su boca y ese bebe que ahora era el vampiro comenzó a mamar.
Derrel tuvo mucho tiempo para reflexionar sobre lo sucedido, muchos años en los que el niño apenas podía conectar con el mundo exterior.
Su primer pensamiento se centró en los presentes: era evidente que tanto su maestro como su hermano Seth lo habían traicionado.
También había representantes de los Lamia, los Strighoy y los vrykolakas.
Aunque esa alimaña de Oldshide estaba allí, más de la mitad de los clanes del consejo habían estado ausentes.
Ni los Guardianes, ni los Selimans, ni los Báthorys, ni los Illuminati, ni los Gruxas estaban presentes.
Parecía que se trataba de un golpe de estado planeado para establecer un nuevo statu quo en el mundo vampírico, pero para ello contaban con la extraña colaboración de la iglesia en Inglaterra.
Seguramente todos los problemas de ese siglo y del siguiente, incluso la Guerra de los Cien Años, tuvieron algo que ver con su traición.
Lo más lógico era que sus descendientes buscaran un aliado; también dudaba que todos los Justicar apoyaran a los Grandes Maestres en esa maniobra.
Lo más lógico era que los supervivientes se hubieran marchado a Francia, su hermano Viriato no hubiera estado de acuerdo con su asesinato y los Justicar hubieran vivido una guerra interna.
Pero por otro lado había algo que no podía comprender, sus estudios sobre el parásito y la filacteria eran muy secretos, tanto que solo unos pocos de sus descendientes lo sabrían, aquellos que fueron creados después de que él comenzó sus investigaciones, pero tenía que ser aún más reciente, solo comenzó a trabajar en la filacteria y la solución final en el siglo X, antes de eso eran solo meras teorías.
Cuando un vampiro engendraba a su descendencia, le transmitía a su descendencia no solo el poder, sino también una parte difusa de sus recuerdos, no era algo que les hubiera permitido descifrar o replicar todo lo que sabía, pero podían tener la sensación del trabajo que venía realizando.
En esos tres siglos, hasta el momento de la traición, solo había engendrado cinco vampiros.
Clint y Hannah fueron descartados, pues habían muerto hacía mucho tiempo tras una escaramuza con los vrykolakas.
Al igual que John Tirtias, quien murió a manos de la iglesia.
Solo quedaban dos nombres posibles: Alesandra o Alecto.
Cualquiera de los dos podría haberlo traicionado, Alesandra había estado con él más tiempo y más cerca, había tenido más información y más claves para comunicarse con los ancianos, pero también era mucho más leal a él, era su amante, su compañera.
Alecto sin embargo siempre fue rebelde y difícil, un rebelde al que le gustaba ir por libre aunque aceptaba los preceptos de los Justicar, no le gustaba quedarse en un punto fijo.
Cuando recibió la carta, ninguno de los dos estaba allí.
Por lo último que supo, Alecto seguía viajando por el norte de Europa; era difícil saber dónde estaba, pero Alesandra debía estar en el nido de Dublín.
Tendría que descubrir cuál de los dos había sido el culpable y, a partir de ahí, urdir su venganza.
Esto también le dio una perspectiva de a quién podría intentar contactar.
¿Seguirían existiendo los mismos clanes en esta nueva y moderna época?
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