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Justicar War: La justicia del Vampiro - Capítulo 8

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8: Capítulo 8 8: Capítulo 8 Para Derrel, la llegada de esta nueva era, tras siglos de retraso, fue un duro golpe.

Le costaba creer que el hombre tuviera vehículos sin caballos, que viajara por el cielo en aviones o que la Tierra estuviera tan superpoblada.

Cada vez que miraba a su alrededor veía cientos de personas en las calles, en los centros comerciales, en todos lados.

Y eso que el huésped de Derrel vivía en Europa, solo pensar en un país con billones de personas como china o ciudades tan masificadas como Tokyo, Nueva York le parecían algo inconcebible.

Pero los principales choques fueron culturales.

La religión ya no era el yugo del pueblo; las masas se habían ido imponiendo hasta lograr esa farsa que llamaban democracia, o, según la perspectiva de Derrel, la elección tramposa entre los tiranos que en realidad estaban tras la cortina.

Asimismo, acontecimientos masivos como las guerras mundiales, la bomba atómica, el surgimiento de un nuevo imperio al otro lado del mar como Estados Unidos, la Guerra Fría, un mundo que había cambiado tanto que sería difícil saber cómo o qué lugar ocupaban los vampiros en este momento histórico.

Las armas de fuego y su uso extensivo en guerras, en asesinatos cambiaban mucho las reglas, no dudaba que un vampiro pudiese esquivar una bala a distancia, pero a quemarropa podían ser algo que ni todo el poder ni toda la velocidad de un vampiro podían despreciar.

La democracia y la llegada de conceptos como los derechos humanos debieron ser un duro golpe para las organizaciones vampíricas, incluso para los propios justicars, sin embargo las continuas guerras, desde Oriente Medio, Afganistán hasta África le parecían la típica cortina de humo que los clanes vampíricos fabricarían para seguir expandiendo sus reinados de terror y poder alimentarse tranquilamente.

Países como México con sus desaparecidos o continentes como Sudamérica con su inseguridad, podrían ser los caldos perfectos para saciar el hambre, en cambio esas superpotencias económicas y su extraña insistencia en perpetuar guerras, provocarlas y manejar el mundo tenían más que ver con las clásicas luchas de consejos vampíricos que con la estúpida forma de comportarse de los seres humanos.

Pero no todos los choques con la realidad fueron malos; el auge de la cultura, la educación obligatoria, la abolición de la esclavitud, fueron cosas que valoró positivamente, incluso la llegada de la medicina real y no basada en supersticiones le fascinó.

Esto le hizo preguntarse si los vampiros no habrían encontrado una cura, una forma de controlar el hambre o sangre artificial para alimentarse en un mundo tan complejo como este.

No le cabía duda de que detrás de muchas grandes empresas y farmacéuticas debían estar las viejas vestiduras de muchos grandes maestros.

La guinda del pastel para él fue Internet, el acceso a la información global, la posibilidad de tener un terminal para acceder a ella más pequeño que un puñal o una bolsa de monedas.

Huelga decir que el papel de la mujer en este mundo lo sorprendió.

Siempre había tenido compañeras vampiras, pero era cierto que en la época en que vivió, las mujeres eran poco más que ganado para los humanos.

Fábricas de bebés y coños para meterla si había oportunidad.

Podría ser una dura verdad, pero pensar en lo lejos que habían llegado las mujeres en esta sociedad era un avance titánico.

Derrel sabía que el mundo no siempre había sido así, hostil con las mujeres.

Cuando nació, su tribu era mucho más igualitaria, las mujeres tenían un papel fundamental, e incluso con la llegada de la cultura celta, conservaron gran parte de sus tradiciones.

Primero fue Roma, después los anglosajones y los bárbaros del norte, y para colmo, las religiones habían relegado a las mujeres a un segundo plano durante siglos.

La vida del huésped era apasionante y agitada, dada la profesión de su padre como diplomático pasó toda su infancia viajando cada pocos años, nació en Holanda, vivió en Francia, Inglaterra, Alemania, tantos cambios de escuela y de lugares hicieron que el niño tuviera un carácter retraído, no tenía verdaderos amigos ni vínculos en ningún lugar.

Pasaron los años y el niño creció fuerte, alto y con buenas habilidades deportivas.

Sin embargo, los internados donde estudiaba lo mantenían muy aislado de la vida.

Aunque era extraño, el niño comenzó a crecer inocente y tuvo una infancia postergada por muchos años.

Así, al cumplir catorce años y aún sin mostrar el menor atisbo de deseo sexual por ninguna chica, Derrel comenzaba a preocuparse.

En ese momento, vivía en Barcelona, ciudad a la que su padre acababa de llegar como diplomático en el consulado brasileño.

El chico había salido a comprar cómics a una de las tiendas del Paseo San Juan cuando una chica unos años mayor pasó junto a él.

La chica lo devoró con la mirada.

Tan alto, con ese pelo negro, esa piel clara y ese rostro esculpido, era realmente un chico guapo, aunque él mismo no fuera consciente de cuánto.

Pablo, así se llamaba el chico, miró a la muchacha.

Vestía como una colegiala, con faldas cortas de colegio privado, pero se había atado la blusa bajo su incipiente pecho.

Tenía unos hermosos ojos almendrados, pero Pablo no pudo evitar bajar la vista hacia el escote de la chica.

En ese momento, Derrel percibió la llamada.

El sello se había roto aunque fuera un poco tras tantos años de espera y por fin el vampiro podía comenzar a conquistar el cuerpo y la mente de Pablo.

Era una sensación refrescante, pero el brillo en los ojos de Pablo tuvo que cambiar tanto que la chica se sintió intimidada y continuó calle abajo, apretando el paso.

La suplantación no sería rápida, no ocurriría de la noche a la mañana; tardaría varios años en completarse, y Derrel no tenía forma de acelerarlo ni forzar el último sello que le liberaría.

No era como cuando un vampiro creaba a otro por medios convencionales, donde el parásito tomaba el control directo del huésped.

En este caso, el parásito había crecido infectando todas las células, pero para ello había tenido que dejar que la mente del niño creciera de forma independiente; ahora tendría que recuperar el control y generar la fusión poco a poco.

Al vampiro no le quedaba magia, poder, hechizos que lanzar ni habilidades sobrehumanas que usar, pero eso no le preocupaba.

Cuando llegara el momento y el chico se acostara con su primera mujer, su magia se activaría de nuevo y tomaría el control total.

En ese momento podría vengarse, como lo había planeado su propia profecía.

Si el destino lo había llevado tantos siglos hacia el futuro, sería por algo.

Es cierto que habría muchos sellos que romper y muchos requisitos que cumplir, pero con planificación y tiempo, Derrel no veía ninguno imposible.

Lo único que no había podido prever, estudiar ni saber eran los efectos que tendría el crecimiento paralelo del parásito desde la gestación hasta la edad adulta del niño.

La mayoría de los vampiros se convierten una vez que son adultos, cuando ya tienen un cuerpo completo y creado, y dependen de la pureza de la sangre de su creador para que su cuerpo alcance un mayor nivel de infección o no.

Pablo sacó su billetera, tenía algunos ahorros, era la ventaja de un chico con poca vida social y buena familia, pero en ese momento la voluntad de Derrel actuó, al final en lugar de ir a la tienda de comics, Pablo fue a un gimnasio cercano, comenzaba así la preparación para la conquista del mundo, y esta empezaba por moldear el joven cuerpo del chico hasta dejarlo perfecto.

Era cierto que podría haber empezado en ese mismo momento, intentando influir en el chico para conquistar a alguna chica inocente, pero después de esperar dieciséis años, esperar un poco más no le vendría mal a nadie.

Cuando el chico entró al gimnasio preguntó por el precio y el horario, en ese momento se le acercó una linda chica que parecía ser personal del gimnasio.

“Oye chico, ¿quieres inscribirte?” “Sí, eso es lo que pensé…” “¿Quieres artes marciales o prefieres algo más relajado?” “Estaba pensando en hacer pesas o entrenar”.

“Perfecto, siempre puedes contratar nuestros servicios de entrenador personal, así aprenderás a moldear tu cuerpo, soy Miriam, una de las entrenadoras.” “Un placer, mi nombre es Pablo.” Era imposible que una chica de veinte años se fijara en un chico de catorce, pero lo contrario no era descabellado.

Pablo tuvo que esforzarse mucho para no mirar el trasero ni el pecho de la entrenadora.

Tras ver a los demás entrenadores, que eran unos inútiles sacos de músculos, decidió ponerse en manos de esta hermosa mujer.

La vida de Pablo estaba empezando a cambiar y Derrel planeaba influir en todos esos pequeños detalles, además el vampiro aún tenía muchas cosas que aprender de ese mundo, y estando dentro de la mente de Pablo tendría acceso a la fuente de información y depravación más grande del mundo que ninguna raza había creado, la World Wide Web.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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