Justicar War: La justicia del Vampiro - Capítulo 9
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9: Capítulo 9 9: Capítulo 9 Había muchos sellos que romper para que Derrel recuperara su poder, el primero lo llevaría a tomar el control del niño, o al menos una parte.
Cuando el niño perdiera su virginidad la fusión de las dos personalidades sería completa y Derrel sería parte de Pablo y la mente de Pablo sería la del vampiro, no serían dos entidades sino una.
El sello más importante sería corromper las almas de diez personas, lo que le otorgaría parte de las habilidades psíquicas de un vampiro.
Un justicar debía asegurarse de atacar solo a quienes lo merecían.
No podía andarse con rodeos, pues eran la mano oscura de la justicia.
En ciertas ocasiones, era excusable no leer la mente de la víctima, pero en realidad su clan no eran verdugos ciegos; debían poder vivir con sus actos.
Corromper a otros o ponerlos bajo su influencia era algo fundamental.
El siguiente sello, o el primero que podría cumplir, sería matar a diez personas con sus manos, diez criminales, lo que le otorgaría las habilidades físicas completas de un vampiro según él mismo había previsto.
Finalmente, bebería la sangre de diez víctimas para comenzar la transformación y volver a ser un vampiro completo.
Un cuerpo humano normal no podía absorber sangre, así que primero debía asegurarse de que el cuerpo de Pablo resistiera la transformación.
Pero en el fondo lo que había logrado Derrel nunca se había intentado, muchas cosas podían salir mal, podían no funcionar como él esperaba.
Solo podía confiar en los sellos y en el simbolismo de sus acciones.
Ni la corrupción, ni la muerte, ni la sangre implicaban acciones que, en sí mismas, causaran algún cambio en un ser humano; formaban parte de la magia simbólica.
El cambio de conciencia que implicaba la pérdida de la virginidad, antes e incluso ahora, era símbolo de la madurez alcanzada.
La corrupción, señal de la voluntad de la mente vampírica.
La muerte, aceptación de la oscuridad, y la sangre, símbolo de la aceptación de la verdadera naturaleza del vampiro.
Así funcionaba la magia simbólica, y aunque los sellos tardaron siglos en formarse, en prepararse en la filacteria y en el cuerpo original de Derrel, se basan en principios muy simples pero difícilmente controlables para el resto de vampiros.
Eran planes que tardarían bastante en concretarse.
Pablo pasó tres años en Barcelona, el mismo tiempo que su padre estuvo destinado en el consulado brasileño de la ciudad.
Con el dinero que sus padres habían ganado en sus años más jóvenes, y el buen trabajo como diplomático del exfutbolista, el pequeño aspirante a vampiro tenía garantizado un buen nivel de vida.
Sin embargo, unos meses antes de alcanzar la mayoría de edad, una noticia impactante revolucionó la vida de la familia.
Su padre iba a ser nombrado embajador en Japón.
Era un gran paso en su carrera diplomática, algo que no podía permitirse desperdiciar.
“Podríamos ir todos, sería una nueva aventura…” “Tenemos que pensarlo, Armando, estamos hablando de ir al otro lado del mundo…” Su madre, Lisa, no quería que el niño volviera a perder a sus amigos, y mucho menos sus estudios.
Los múltiples cambios de escuela y sistema de estudios ya habían hecho que Pablo, a pesar de ser muy buen estudiante, perdiera un año.
Del mismo modo, Pablo, antes antisocial y tímido, había progresado mucho en esos años de estabilidad en Barcelona.
La influencia de Derrel era notoria; el chico estaba tejiendo una pequeña red de amigos en el colegio; tenía una vida social modesta que se había acelerado en el último año.
Fue cuando una de las chicas lo besó por primera vez; fue algo casual, una tontería, pero le dio al vampiro mucha más influencia sobre la mente del chico.
Todos esos años de gimnasio y entrenamiento habían esculpido el cuerpo de Pablo, que ya poseía una buena genética, lo mejor que Derrel había podido garantizarle.
Los tímidos coqueteos con chicas aumentaron; la noche barcelonesa era un paraíso para un chico joven y guapo.
El problema siempre era la timidez del muchacho, sus principios, era demasiado cortado, demasiado buen chico, si seguía así pese a su atractivo podía acabar entrando en la friendzone de todas sus posibles y accesibles conquistas que eran muchas.
Derrel no estaba preocupado, pero sentía que el momento estaba cerca.
Era cierto que en una ciudad como Barcelona la virginidad de un chico guapo era algo que difícilmente se conservase intacto mucho más allá de los dieciocho años (ya era una edad tardía en muchos ambientes de jovencitos), pero el alma del vampiro comenzaba a impacientarse.
Sin embargo, los padres tenían un problema: no querían dejar a un chico de apenas dieciocho años solo en España.
La madre de Pablo decidió llamar a una vieja amiga.
“Sí…” La voz del otro lado sonó extrañada.
“¿Elsa?” Lis preguntó a su interlocutora.
“¡¿Eres, Lis?!
¡Cuánto tiempo!
Creí que te habías olvidado de mí…” Las dos mujeres hacía varios años que se llamaban de continuo a diferencia a cuando las dos eran modelos en activo.
“Tengo que pedirte un gran favor…” “Si es por ti, haré cualquier cosa…” En la voz de Elsa no había reproche, reserva, ni duda, el vínculo entre ambas había sido suficientemente intenso como para que cualquier cosa que estuviese en sus manos sería hecho sin vacilar.
Las dos mujeres hablaron por teléfono durante más de una hora.
Al final, encontraron una solución para que Derrel no se quedara solo en España.
Lo enviarían a Cádiz con su tía Elsa, otra exmodelo.
Era más joven que su madre y había alargado su carrera al máximo, pero no tenía hijos.
Eso era lo que había decidido.
Sin embargo, haría cualquier cosa por Lisa, incluso si eso significaba acoger a un adolescente.
Podría haber pasado más de siete años desde que vio al niño, pero recordó que era un buen chico, por lo que no tuvo problema en aceptar cuidarlo, al menos hasta que Pablo pudiera arreglárselas solo.
No es que Pablo tuviese que convivir todo el curso con su tía, se podría buscar un pequeño apartamento para él solo una vez se hubiese adaptado a su nueva ciudad, lo padres no tenían problema en costear todo eso.
Es cierto que Cádiz estaba a más de mil kilómetros de Barcelona, pero no era lo mismo tener a los amigos a una hora de vuelo, vivir en un país con un idioma que conocías casi como si fuese tu lengua materna que ir a Japón, comenzar de cero a miles de kilómetros e intentar rehacer la vida de un joven en una cultura y con un idioma tan distinto.
A Dérrel no le importaba dónde empezar a mover los hilos para su venganza, y no podía concentrar toda su acción en una sola ciudad ni buscar aliados en el mismo lugar.
Eso a la larga llamaría demasiado la atención sobre su persona.
Era cierto que vivir en la piel de Pablo durante tantos años le había hecho encariñarse con Barcelona, Derrel la había visitado cuando la ciudad no era ni una sombra de lo que es hoy en su otra vida, pero la realidad era que la ciudad estaba mucho mejor ahora que antes.
Seguir su camino por Cádiz le daría una cobertura perfecta para poder moverse, su llegada como vampiro a este mundo iba a ser un shock, y no podía evitar atraer la atención de poderes que estarían muy por encima de él en un principio.
La otra opción era peor, irse con sus padres a Japón significaba alejarse del núcleo donde siempre habían operado los antiguos clanes de vampiros, el viejo mundo, Asia era otra dimensión y algo imposible de comprender para él.
Gran parte de todo lo que haría a partir de ahora ocurriría en los primeros días tras la fusión de su mente con la de Pablo.
No tenía miedo de fusionarse con el niño; lo había visto crecer y no había nada en su mente que no estuviera en orden.
Pablo llevaba algunos años bajo su influencia, y en el fondo había moldeado su conducta en pequeños detalles, había roto poco a poco la timidez del muchacho, y se acercaba el momento de volver a tomar el control.
Los amigos íntimos de Pablo decidieron organizarle una primera fiesta de despedida.
La noticia de su partida a Cádiz cayó como una bomba en la pequeña pandilla, pero no iban a desperdiciar ni una sola noche de los meses que faltaban para que el chico se fuese al sur de España.
Chicos jóvenes, ganas de fiesta, en realidad cualquier motivo o escusa hubiese sido bueno para hacer una fiesta, pero era verdad que la partida de Pablo, era un punto de inflexión en la vida de todos sus amigos.
Esa semana además de un día festivo había habido una huelga de estudiantes el jueves y otra de profesores el viernes, era extraño pero sus amigos no iban a dejar pasar la oportunidad, sobre todo cuando tenían la casa de Laia libre ya que sus padres estaban fuera.
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