Kimi wa Boku no Hikari - Capítulo 34
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- Capítulo 34 - 34 CAP 34 — “Más que el oro más que el mundo”
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34: CAP 34 — “Más que el oro, más que el mundo” 34: CAP 34 — “Más que el oro, más que el mundo” Atardecer cálido, corazones alineados El viento de la tarde soplaba con una suavidad casi tímida, como si también él se hubiera quedado sin palabras al verlos juntos.
El cielo se teñía de naranja y rosa, colores que parecían bailar lentamente sobre las nubes, creando el atardecer más hermoso que Ian había visto en mucho, mucho tiempo.
Pero incluso ese cielo perfecto se quedaba corto al lado de la chica que tenía frente a él.
Naomi sostenía el ramo entre sus manos como si fuera un tesoro.
Sus mejillas estaban levemente sonrojadas, y sus ojos brillaban con una mezcla de sorpresa, cariño y una felicidad tan pura que a Ian se le aflojaban las piernas solo de verla.
Ian respiró hondo.
Quería decírselo de nuevo.
Quería que lo escuchara una y otra vez hasta que nunca más dudara de cuánto valía para él.
—Naomi… —murmuró con voz suave— tú vales más que cualquier oro, que cualquier dinero… que cualquier cosa que se pueda comprar en este mundo.
Antes de que ella pudiera responder, Ian sostuvo su rostro entre sus manos.
Lo hizo lentamente, como si temiera romper algo precioso.
Naomi parpadeó, sorprendida por la ternura del gesto.
Ian se inclinó despacio, asegurándose de que ella pudiera apartarse si quería… pero Naomi no solo no se apartó, sino que cerró los ojos, confiada.
Y entonces, Ian la besó.
No fue un beso rápido ni torpe.
Fue un beso lento, suave pero seguro; un beso que hablaba por él mejor que cualquier palabra.
Un beso lleno de promesas silenciosas, de cariño, de calma… y de un amor tan grande que ni él mismo sabía cómo le cabía en el pecho.
Naomi apretó un poquito el ramo mientras correspondía al beso, como si quisiera guardar ese momento en su memoria para siempre.
Cuando se separaron, apenas unos centímetros, ambos sonrieron al mismo tiempo.
Ese tipo de sonrisa que aparece sin permiso y sin control.
—Oye… —susurró Naomi, riendo bajito— siempre me robas los besos así… —Es que… —Ian tomó su mano— cuando estoy contigo, me siento exactamente donde debo estar.
Ella apretó su mano de vuelta.
Su piel estaba calientita.
Y entonces empezaron a caminar juntos.
Despacio, sin prisa, porque cuando estás con la persona que amas el tiempo deja de importar.
Cada paso era ligero, como si caminara entre nubes.
El viento jugaba con el cabello de Naomi; algunos mechones se movían como si bailaran con la luz del atardecer.
Ian la miraba de reojo, tratando de grabar cada detalle en su mente: cómo brillaban sus ojos, cómo se reía por cualquier tontería, cómo sostenía el ramo con ambas manos como si fuera un regalo de otro mundo.
Y ahí, en ese silencio cálido, los pensamientos de Ian se volvieron más intensos que nunca.
“Ella no es mi novia…”“Es mi futura esposa.” Ese pensamiento lo atravesó con fuerza.
No era una frase bonita ni un sueño idealizado.
Era una certeza.
Una seguridad tan profunda que sintió que podía sostenerla en sus brazos por toda la vida sin cansarse.
Ian la observó mientras caminaban y sintió que el mundo entero se acomodaba a su alrededor.
Sí.
Ella era su luz en una vida llena de sombras.
La persona que había llegado sin pedir permiso… y había transformado todo.
Naomi, ajena a lo que él pensaba, soltó un suspiro contento.
—Amor… gracias por hoy.
Por las flores, por las palabras… por todo tú.
Ian se detuvo.
Giró suavemente su mano para entrelazar sus dedos con los de ella, más firme esta vez.
—Gracias a ti —respondió—.
Por existir.
Por aparecer en mi vida.
Por quedarte.
—Siempre me voy a quedar —dijo ella sin dudar.
Ese “siempre” se le clavó en el pecho.
Pero no como una herida, sino como un ancla cálida, un hogar.
Siguieron caminando mientras el cielo se volvía cada vez más rojo, como si el sol se resistiera a desaparecer para no perderse la escena.
Si alguien los hubiera visto, pensaría que eran dos personajes de una novela romántica caminando hacia su propio destino… y quizás así era.
Porque en ese momento, Ian entendió algo más: No estaba caminando con su novia.Estaba caminando con la persona con la que quería pasar toda su vida.
Y lo sabía con absoluta certeza.
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