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Kimi wa Boku no Hikari - Capítulo 56

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  4. Capítulo 56 - 56 Capítulo 555 Sin Contención +18
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56: Capítulo 55.5: Sin Contención (+18) 56: Capítulo 55.5: Sin Contención (+18) El aire en la habitación era denso, cargado con la electricidad silenciosa que precedía a la tormenta.

Ian y Naomi estaban tumbados en la cama, no hablaban, simplemente se escuchaban respirar.

De repente, una ola de calor, incontrolable y primal, recorrió el cuerpo de Ian.

No era el calor de la manta ni de la proximidad; era un fuego interno que exigía ser liberado.

Se giró hacia Naomi con una determinación feroz en los ojos.

No hubo preliminares, no hay palabras de cariño.

Capturó sus labios con los suyos en un beso voraz, casi violento en su urgencia.

No fue uno, ni dos, ni tres.

Fue un torrente incesante de besos, una avalancha de deseo que la dejó sin aliento.

Sus labios se desviaron, recorriendo la línea de su mandíbula, mordisqueando el lóbulo de su oreja, descendiendo por el cuello en un camino de besos húmedos y posesivos.

Naomi sintió cómo la razón abandonaba su mente, reemplazada por un puro anhelo.

Su cuerpo respondía, ardiendo al mismo ritmo que el de él.

«Ya no me tengo que contener», siseó Ian contra su piel, su voz ronca y rasgada por la pasión.

Sus manos, ya no tiernas, se convirtieron en agentes de su deseo.

Las deslizó por el torso de Naomi hasta encontrar sus pechos, que manoseó con una urgencia que la hizo arquear la espalda.

Con movimientos torpes y ansiosos, le quitó la ropa, tirando de la tela hasta que quedó solo ante él, vestida con un minúsculo bikini que era una burla a la modestia.

Sus dedos se hundieron en la suavidad de sus pechos, apretando, masajeando, dominando.

Naomi, con el rostro encendido por un sonrojo que mezclaba la vergüenza y la excitación, logró articular una frase entre jadeos.

«Cójeme, por favor».

Esa fue toda la invitación que Ian necesitaba.

Con un movimiento fluido y potente, la levantó de la cama, la apoyó contra la pared fría y la giró, poniéndola en cuatro.

La posición la dejó vulnerable, expuesta, completamente a su merced.

Con un solo tirón, le desató el bikini, arrojando los pedazos de tela a un lado.

Por fin, ambos estaban desnudos, sus cuerpos iluminados por la pálida luz de la luna que se filtraba por la ventana.

Ian no perdió un instante.

Mientras una de sus manos seguía abusando de sus pechos, la otra guio su miembro, ya erecto y palpitante, hacia la entrada de su vagina.

No la penetró.

En cambio, comenzó a frotarlo contra sus labios, arriba y abajo, deslizándolo por su clítoris.

El placer fue inmediato y abrumador para Naomi, un roce húmedo y caliente que la hizo temblar y gemir.

Sus ojos se cerraron mientras admiraba mentalmente las curvas de Naomi, la estrechez de su cintura que se ensanchaba en sus caderas.

«Abre la boca», ordenó.

Naomi obedeció, y Ian metió su dedo índice en su boca.

Ella comenzó a succionarlo, mojándolo con su saliva, mientras en ese mismo instante, Ian alineó su pene y se introdujo en ella de un solo golpe profundo y brusco.

Un grito ahogado escapó de los labios de Naomi.

No hubo delicadeza.

Ian comenzó a moverse con una fuerza brutal, sin ninguna gentileza.

Cada embestida era profunda, potente, haciéndola golpearse suavemente contra la pared.

No era una unión, era una toma, una posesión animal y cruda.

El sonido de su piel chocando contra la de ella llenaba la habitación, junto con sus gemidos y los jadeos rítmicos de él.

Después de lo que pareció una eternidad de ese ritmo implacable, Ian sintió la presión en su interior alcanzar su punto máximo.

«Me voy a venir», gruñó, su voz tensa por el esfuerzo.

«¡Dentro de mí, por favor!

¡Te lo suplico!», gimió Naomi, empujando sus caderas hacia atrás para recibirlo más profundo.

Esa súplica fue su perdición.

Con un rugido ahogado, Ian se vino, liberando una oleada de semen caliente dentro de ella.

Sintió cómo las paredes de su útero se contraían, apretando su pene en un espasmo que prolongó su éxtasis.

Se quedó dentro de ella un momento, ambos temblando, antes de retirarse.

Miró hacia abajo, a su miembro brillando con los fluidos de ambos.

«Ahora ven y límpiame con tu boca», dijo, su voz un mandato bajo y seductor.

Naomi se arrodilló sobre la alfombra sin dudarlo.

Tomó su pene, aún semi-erecto, y se lo llevó a la boca.

Lo hizo como si fuera una profesional, como si esa fuera su única misión en el mundo.

Cada movimiento de su lengua, cada succión de sus labios, era erótico y preciso.

Lo devoraba con una hambre que lo sorprendió, limpiando cada rastro de su anterior unión.

Le encantaba sentirlo en su boca, su poder, su sabor.

La estimulación fue demasiado para Ian.

«Me voy a venir de nuevo», advirtió, y esta vez se descargó directamente en su boca.

Cuando se retiró, Naomi mantuvo los labios sellados alrededor de su glande, tragándolo todo.

«Perdón si solté mucho dentro de tu boca», dijo Ian, un poco arrepentido.

Pero a Naomi le daba igual.

Se limpió la comisura de los labios con el dedo y lo lamió.

Una sonrisa traviesa y poderosa se dibujó en su rostro.

«Ahora me toca a mí», declaró.

Con una fuerza que él no esperaba, empujó a Ian hacia atrás hasta que cayó sentado en la cama.

Naomi se montó sobre él, lo guio hacia su entrada y se dejó caer, empalándolo hasta el fondo.

Y entonces comenzó a darle sentones.

No eran movimientos torpes; eran precisos, expertos.

Se movía muy bien, rotando sus caderas, subiendo y bajando con un ritmo que la hacía lucir como una diosa del sexo.

Mientras lo montaba, Ian volvió a manosearle los pechos, admirando una vez más la perfección de sus curvas y su cintura.

La visión de ella, en control, usándolo para su propio placer, lo llevó al borde rápidamente.

Se vino de nuevo dentro de ella, mientras sus manos apretaban su cintura con fuerza.

Pero a Naomi no le importó que él ya se hubiera venido.

Siguió dándole sentones, apretando sus músculos internos una y otra vez, más y más, extrañando cada gota de su éxtasis.

El tiempo se perdió.

Duraron horas, una maratón de sudor y piel.

El charco de semen que Ian dejó en su útero era inmenso, un testimonio de su insaciable apetito.

Pero aún le faltaba algo.

«Quiero que me masturbes con tus pies y con tus tetas», pidió Ian, ya exhausto pero satisfecho.

Ian se acostó boca arriba en la cama.

Naomi se sentó a sus pies y, con una habilidad asombrosa, comenzó a masajiar su miembro con la planta de sus pies.

Los movimientos eran excelentes, increíbles, una estimulación única y excitante.

Ian no aguantó mucho y se vino por cuarta vez, sobre sus propios muslos.

Pero Naomi aún no había terminado.

Se arrodilló, colocó sus generosos pechos a ambos lados de su pene y comenzó a moverlos arriba y abajo, masturbándolo con su canal de pecho.

Y eso no era todo.

Inclinó la cabeza y, con cada movimiento descendente de sus senos, envolvía la punta con su boca.

La combinación de ambos estímulos, el movimiento perfecto de sus pechos y la succión experta de su boca, fue la definitiva.

Ian se vino por última vez, esta vez sobre su pecho y en su boca, completamente vaciado, completamente satisfecho.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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