Kinokodearu - Capítulo 11
- Inicio
- Todas las novelas
- Kinokodearu
- Capítulo 11 - Capítulo 11: Vientos Y Tornados
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 11: Vientos Y Tornados
Mis ojos se abrieron por cuenta propia. Ha llegado el momento en el que de repente despiertas sea por la razón que sea, ya que no me ha despertado nada ni nadie.
Me estiré, y opté por sentarme. No fui despertado de una forma brutal por alguien debido a que no había nadie para empezar. Volteé a todos lados y no veía rastro de vida de ninguna peliverde ni de ninguna albina. Iba a añadir al peliceleste pero a él lo vi al darme vuelta.
Estaba comiendo las mismas bayas moradas que me dio a probar Yaku el otro día, en un cesto que no había visto nunca en mi vida. A saber de dónde lo sacó.
—¿Hola?- Saludé, con un poco de duda porque no sé qué hace aquí y no las otras.
—Hola.- Devolvió el saludo con la boca llena. —¿Quieres?- Me ofreció bayas.
Dije que sí a las bayas porque mi gusto por ellas era genuino, estaban bien.
—¿Y Shair?- Pregunté solo por ella ya que seguro que me decía dónde estaba Yaku solo respondiéndome dónde está Shair. Y porque de momento no me importa mucho la albina tampoco.
—Se fue junto a Yaku a prácticas.
Lo imaginé.
—¿Y por qué no fuiste con ellas?
—Porque… te hubieras quedado solo, y Yaku me dijo que preferirías no estarlo.- Explicó.
«¿Se preocupa por mí?».- Pensé. Me parece agradable de su parte, se lo agradeceré cuando la vea y solo si es que me acuerdo.
—¿Entonces qué, vamos?
—Claro. ¿Por qué no?- Acepté.
—Déjame ir a dejar esto en la habitación de Yaku.- Mencionó, denotando que habla del cesto.
Él bajó y yo lo esperé. En lo que él regresaba me puse a discurrir mucho acerca de que ayer apenas hablé con Shair. En verdad todo el día lo pasé con Zakko, que no es queja, tan solo me parece curioso pensar que yo imaginaba me sería más difícil relacionarme con él.
En serio me están resultando muchas cosas muy fácil para mí. Debo de estar bendecido o algo así. Aunque sí siento su falta, se notaba en el ambiente su presencia tan extrovertida. Zakko es todo lo contrario. Por suerte ya puedo hablar con él sin necesidad de interferencia.
—Hola. ¿Ya estás?- Zakko subió del todo, y me preguntó si estaba preparado para irnos. A lo que asentí, y nos fuimos.
El día de ayer fue de mi agrado, me gustó entrenar y aprender a usar magia. Miraba mi mano con ganas de poder hacer muchas más cosas que las que aprendí a realizar el día anterior.
—Oye.- Zakko me llamó la atención.
—¿Qué?
—¿No estás nervioso?
Mantuve silencio unos segundos debido a que no sé a qué se refería.
—¿Nervioso por qué?- Le hice saber que desconozco a qué se refiere.
—Por el Duel’Grot.
Asumo que en mi cara se notó el que me olvidé por completo qué era eso.
—A lo que nos retaron. Un evento importante del cual mucha gente está expectante ya que nos retó… el mejor gremio de todos los tiempos.
—¿Cómo?- No terminé de receptar toda la información. —Ah… es cierto… ¿Estamos muertos o algo así?- Cuestioné de esa manera para que me ayude a procesar mucho más fácil.
—A ver, por lo que nos dijeron tengo entendido de que se van a enfrentar a nosotros una división suya inexperta como nosotros. Pero por inexperta quieren decir que apenas entraron, no que no sepan nada como nosotros.
—¿En…tonces?
—No nos van a matar pero nos van a dar una paliza.- Procedió a decírmelo directo.
Me puse tenso por un momento, mi estómago el reflejo. Sentí como si me hubiesen dado un puñetazo en él.
—¿Y por qué aceptaron?- Interpelé.
—Si no aceptábamos nos hubiera ido peor. Nadie sabe de lo que son capaces porque nadie se atreve a llevarle la contraria.- Contó. —Y si alguien lo hizo no vivió para contarlo.
—¿Y tú cómo sabes todo eso?
—Shair me contó. De hecho, te lo estoy repitiendo palabra por palabra.
—Me imagino. Bueno… pero, ¿son peleas o algo así?- Cuestioné
—Ni idea.
Tras esa conversación no hablamos mucho más, ya que estábamos bastante cerca de llegar, pienso yo. No estoy seguro del todo aún.
—Ya estamos cerca.- Comentó Zakko, aclarándome las dudas.
Y tenía razón, ya que estábamos en frente de la puerta. La abrí, y pasamos. Una vez adentro, noté el local más vacío que nunca, y eso que antes ya lucía así.
—¿Está más vacío, no?- Justo preguntó Zakko. Fue gracioso, porque hasta se oyó eco.
—Sí… pero, Phear dijo algo de esto ayer, creo.
…
—Sí lo hice, sí.- Se escuchó mediante el eco unos segundos después. Ahí fue cuando observamos a Phear, en el mostrador.
Nos acercamos a él para saludarle, tanto Zakko como yo lo hicimos.
—¡Hasta que por fin llegaron!- Comentó. Por algún motivo del cual no tengo idea, llevaba unas gafas. Aunque eran más similares a los que utilizan con gorros de aviador, que a los típicos lentes con aumento de mi mundo.
—Pero es temprano aún.- Acotó mi compañero.
—Sí, es que al ver que sus compañeras llegaron creímos que ustedes estarían prontos y me quedé esperando aquí.- Él se levantó mientras hablaba. —Bueno, seré directo. Igtto y yo decidimos enseñarles por separado ya que lo básico ya lo saben. Creemos que podemos ayudarles mucho más enseñándoles cosas específicas de cada uno, y ya que Kairo comparte varias cosas con Igtto seguramente le ayude más.
Tiene sentido, supongo. O no, no supongo, sí lo tiene sí, estoy medio ido.
—¿Entonces?- Interrogó Zakko.
—Kairo, Igtto te espera en la habitación de atrás. Zakko, tú sígueme.- Aclaró mientras él se dirigía a la oficina en donde hicimos la prueba de los vasos.
Zakko y yo lo vimos irse, y él antes de ir con él se despidió.
—Pues… suerte. Si sales antes que yo, ¿me esperas aquí?- Me preguntó.
—Claro, sí.
Tras eso, se fue con Phear. Yo tardé un momento en ir con quien me asignaron, ya que me quedé quieto en esa sala. Hacía un frío considerable, y lo vacía que estaba hasta me incomodaba.
Ni siquiera sé porqué me quedé, me daba una sensación extrañamente familiar…
Dejé de lado cualquier pensamiento extraño que pudiese pensar para poner mi vista en frente de la habitación a la que tenía que entrar. Recuerdo que era una especie de garaje, o un botadero cualquiera.
Entré, y en efecto, seguía casi igual. No veía nada, se me hacía raro que me dijera que Igtto está en este lugar.
—Hola…- Fue un saludo raro perteneciente a alguien que no soy capaz de visualizar. Raro porque pareciese que intentara acordarse de algo. —Kairo.- De eso intentaba acordarse.
En todo el tiempo que hacía recordando mi nombre, no pude observar a quien me hablaba.
—Eh…
—Aquí estoy. ¿No me ves?- Me interrumpió.
Me rendí luego de unos segundos volteando la cabeza más que un muñeco endemoniado en una película de terror barata hecha en Guinea Ecuatorial. Sin ofender.
Di vueltas por todo el lugar, moviendo cosas y todo para buscar en esquinas por si es que fuese algún bicho raro escondido allí.
—Creo que estoy loco…- Comencé a sospechar, y hasta a hablar en voz alta.
…
—¿En serio no me ves?- Cuestionó la voz esta vez sonando decepcionado.
—No.- Fui honesto.
El tipo de cabello gris hizo acto de presencia, en frente de mí. Al aparecer, hizo un gesto con los dedos índice y corazón, juntándolos y levantándolos. En ese momento la luz se prendió.
Me volteé para ver si en realidad tenía sentido lo que acabo de ver, y sí. Había un interruptor al lado de la puerta todo este tiempo. La habitación con luz se veía… peor. Aunque no era basura como tal, la mayoría eran cajas, tiene sentido con lo que dijeron que remodelarían el local.
—¿Qué tal?- Me preguntó.
Tardé unos segundos en responder por estar en mi mundo.
—Ah, bien, sí. ¿Y tú? O usted…- Estoy perdido por completo.
—Tutéame si quieres, no me importa en verdad. Ni que fuera alguien importante…- Soltó cambiando de tono de voz de un animado a un deprimido en segundos.
Encima que estoy perdido por alguna razón este tipo es un poco extraño.
—¿Te molesta el orden de este lugar?- Cuestionó, volviendo al mismo tono de voz animado de antes.
—No… no tanto…
—Está bien. ¿Con qué prefieres empezar? Tengo varias cosas para enseñarte. ¿Eras viento, verdad? Porque si ese no fuese el caso estaría perdiendo el tiempo por completo.- Comenzó a hablar y nada le detuvo. No sé ni por cual pregunta empezar a contestar.
—Ah… sí. No sé nada de magia, no creo que pueda elegir algo para que sea lo primero que aprenda…
—¿En serio? Digo, ¿no has visto nunca algún truco de magia que te haya interesado?
Rememorando, creo que en toda mi vida no he visto un truco de magia. O sea ya hablando de mi vida pasada… o presente. En mi anterior vida, digo. O… en mi anterior mundo…
Aunque eso no tiene nada que ver, estoy disociando de más.
—Ahora que lo dices… ¿cómo te haces invisible?- Tenía un interés genuino en eso.
—Ah, ¿dices esto?- Igtto procedió a volverse invisible.
—Sí… eso. ¿A qué otra cosa si no?
—Es que no soy invisible haciendo esto. Tú no puedes verme porque no has desarrollado tus sentidos mágicos.- Igtto me explicaba con un tono de voz que pondría alguien para imitar a un nerd, de hecho no dudo que estuviese levantando el índice.
Qué nombre de mierda.
—O también puedes llamarle maná, como más te guste.
Dudo que sea lo mismo…
—¿Y cómo funciona?- Me animé a preguntar.
—¿Respuesta larga o respuesta corta?
A ver… estaba interesado genuinamente, por lo que esperé un momento para asimilar a mi mente a escuchar.
—Respuesta larga.
—Bueno; no sé cómo empezar.- Parecía que iba a explicar algo demasiado detallado hasta que dejó de parecerlo. —Reiterando, esto no es una invisibilidad como tal. Este estado se oye, se siente y hasta se ve para gente que se maneja con la magia.
Hice unos segundos de silencio para confirmar que si se escuchaba. Y en efecto, se escuchaba un poco algo similar al ruido del viento fuerte.
—Es como si me cubriera con una capa de viento. Me muevo antes de que seas capaz de verme, pero es porque no estás familiarizado con esto. Cuando lo estés, me vas a ver quieto, como ahora mismo estoy.- Continuó desarrollando.
Deduzco que algo estaba entendiendo.
—¿Y cómo aprendo a… verte?
—Eso es más fácil de explicar.- Hablaba mientras se aparecía en frente de mí. —Ya sabes que estoy aquí, ahora, mantén tu vista en esta dirección.
Tras decirme eso volvió a hacerse no visible ante los ojos de una persona común como yo.
—¿Me ves?- Pregunta de Igtto innecesaria.
—No.
—Estoy parado en la misma posición. De hecho tus ojos están en la dirección correcta.- Iba comentando a la vez que yo hacía todo lo posible para ver siquiera algo. Hasta forcé la vista como pude, llegaron a dolerme un poco los ojos.
No encontré método, y tenía cero ganas de forzar de más mi vista luego de que me dolieran los ojos, me dio miedo que me pase algo… aunque quizá no tenga sentido.
—… Si no eres capaz de ver nada, intenta con tu magia. Dispárala hacia el punto en donde crees que estoy yo.- Expresó Igtto al ver que estaba por rendirme.
—¿Y eso cómo se supone que me ayude?
—¿Quién está aprendiendo, tú o yo?
—Eso no responde mi pregunta.
—Tú solo hazlo.- Insistió.
Sigo sin comprender el porqué debería ayudarme hacer eso, mas lo hice de todas formas. Como sería la primera vez que uso magia este día, opté por hacer el ejercicio de simular una pistola con los dedos. Al hacerlo, Igtto se rió y dejó de ser invisible.
—¿De qué te ríes?- Reaccioné de inmediato. Me sentí un poco avergonzado, sobre todo por imaginarme estar haciendo una pistola con los dedos.
—No, de nada. Es que ese método es muy característico de Phear, y me causa gracia.- Igtto aclaró.
—¿Con eso quieres decir que no es normal?
—No se puede dictaminar qué es normal y qué no en estos casos. Si aprendiste así quiere decir que está bien. Repito que me causa gracia porque es algo que solo lo he visto hacer a Phear.
—Tiene sentido, supongo. ¿Y por qué lo hace así?- Curioseé, ya metido en la conversación.
—Ah, es que él estuvo metido en asuntos mafiosos por su familia, y tal. Aunque de eso ya pasó hace mucho tiempo.
Me quedé paralizado tras oír eso. El estar relacionado con alguien de la mafia no significa que me vayan a matar mañana por lo que sea, quiero pensar… Espero haberle caído bien por si acaso.
—Es broma.- Igtto comentó tras ver mi repentino cambio de tono de piel, ya que me quedé blanco por completo.
El color de mi piel volvió tras esa confirmación, y me animé a seguir con la práctica.
—Entonces, ¿te haces invisible o no?- Le dije, para proseguir.
Él se desvaneció en frente de mí, y yo apunté hacia él. Me concentré en mi dedo índice, del cual brotó una cantidad de viento impresionante para mi consideración. Pese a haber disparado aire, a mis ojos no cambió nada.
—¿Tendría que… haber sucedido algo?- Interrogué cuando vi que no sirvió de nada.
—¿Pero en serio no me ves aún?- Interpeló Igtto, haciendo aparición de nuevo, esta vez sonando un poco más impresionado, como si no se creyera que fuera tan estúpido o algo del estilo.
—No veía nada, lo juro.
Él puso su mano en su mentón, para pensar como un pensador.
—Qué raro… eres capaz de usar magia con facilidad pero no de detectarla…- Comenzó a hablar solo. —Creo que tienes algo malo en la cabeza.- Interpretó.
No sabía cómo reaccionar, porque estoy pensando lo mismo. El ruido de estática ya me daba sospechas, pero que alguien más me lo diga se debe a algo.
—Oye, mira.- Él se acercó a mí y elevó su dedo índice.
—¿Qué?- No entendía qué quería enseñarme. Solo era capaz de ver su dedo índice levantado al costado de mí.
—Mi dedo.- Remató. —Ahora sí, mira.- Después de esa horrible broma sí noté diferencias. Escuchaba el viento, pero no era capaz de divisar nada.
—No veo… nada.
—Concéntrate. Si te sirvió el método de Phear, utilízalo. Usa tu imaginación para crear una forma al viento que sabes que existe.
Estaba genuinamente interesado por aprender, pero me perdió cuando me dijo que use mi imaginación. Es pésima, no soy capaz de darle una forma al viento. Solo puedo pensar en versiones caricaturescas de líneas de cuando un personaje corre muy rápido de repente.
Seguía siendo incapaz. Desvié la atención a mi propia mano, y quise usar mi magia. Era capaz de sentir una brisa, sin embargo no de ver nada. En mi mente no es posible ver algo como el aire, no tiene sentido.
Pasaron unos minutos, e Igtto ya no sabía cómo ayudarme. Se sentó en una de las incontables cajas, y yo hice lo mismo con una un poco más lejos.
—A ver, primero. ¿Qué sientes cuando empleas tu magia?- Cuestionó luego de unos minutos pensando en silencio al ver mi fracaso en su práctica.
—Yo… siento… una brisa. Creo.
—Pon tu mano delante de donde invocas el viento.
Lo hice, y asumí que tenía que usar mi magia, cosa que hice. Sentía cómo chocaba el aire contra mi palma, acabándose ahí.
—¿Y esto qué?- Tenía cero sentido para mí.
—¿Existe, verdad?
—¿Cuál es el punto?- Cada vez estaba más al borde de la locura.
—Usa magia con tu otra mano también. Haz que choquen.
No sé a qué quiere llegar, pero yo le hice caso. Al momento de ejecutar la acción que me indicó, percibí cómo esta vez sí había reacción, o al menos imaginaba que la había.
—Siento… algo.- Al no saber para qué estaba haciendo esto, solo hice saber lo que experimentaba.
—¿Logras apreciar cómo se interceptan?
—Algo así…- A la vez que contestaba movía las manos. Las separaba para intentar diferenciar la sensación que me produce cuando chocan y cuando no. Era distinto, o sea, obvio, pero deduzco que me ayudará en algo saberlo.
—Ahora, hazlo conmigo.- Dijo, para a posterior volverse invisible.
Puse la mano en dirección a donde estaba Igtto, y accioné mi magia. Para este punto no sé si es un delirio mental debido a la frustración o algo, pero aprecié una diferencia a la última vez. Esta vez sí notaba cómo mi magia chocaba con algo.
Igtto pareció darse cuenta, y me dijo que lo repitiera hasta que mi mente lo asimilara y se le hiciera costumbre, cosa que realicé durante varios minutos.
Él llegó a notarlo, por lo que comenzó a cambiar de dirección, para ayudar a agudizar mis sentidos al respecto. No tengo idea del cómo funciona esto, mas está funcionando según yo. Cada movimiento que hacía era capaz de detectarlo para efectuar mi magia.
Poco a poco iba siendo capaz de darle una imagen. Para mí, sería similar a un tornado. Al mismo tiempo que le daba imagen, también le daba un sonido.
O quizás no es que yo le diese el sonido. Tal vez recién soy lo suficiente apto para entenderlo.
Fueron minutos mínimo. Podría afirmar que horas, pero mi percepción del tiempo no se encuentra muy afinado estos días.
Igtto al percatarse de que ya logré un avance considerable, apareció para felicitarme.
—¡Bien hecho! ¿Notaste que era sencillo?- Me felicitó bastante animado.
—Sí… supongo. Al inicio me costó. Sobre todo porque no entendía tus métodos.- Dije lo que pensaba de manera honesta.
—Lo sé, lo sé. Debería tener un método clasificado para novatos, pero mi mente talentosa me impide pensar en qué cosas necesitan aquellos que no poseen mi don.- Igtto parloteaba con un ego forzado.
—Ajá…
—Eso está bien por hoy, otro día podemos practicarlo más. Ahora, te puedo enseñar otras maneras con las cuales utilizar la increíble magia de viento.- Dejó de lado el ego para parecer un maestro de verdad.
—¿Como qué?
—Mmm… ¿qué opinas de…- Antes de acabar su interrogante, se posicionó unos pasos más lejos de mí, para proceder a ejecutar un mortal hacia atrás girando cinco veces en el aire. —… esto?
Quedé un poco impactado por lo que acaban de presenciar mis ojos.
—¿Yo puedo hacer eso?- Fue lo primero que se me vino a la mente.
—Claro. Es muy fácil, además. Solo… tienes que manejar el viento para apoyarte en tus pies.- Él trató de hacerme entender.
…
—¿Y eso cómo se hace?
—Así, mira.- Ejemplificó lo más simple que pudo, apuntando hacia abajo. En ese momento me di cuenta que su viento era capaz de… verlo. Imagino que eso es su viento, cuando lo vi, procedí a fijarme en el mío.
Me perdí su explicación, mas conseguí confirmar que sí podía observar algo.
—¿… Entendiste?- Se aseguró Igtto.
—No.
Él me miró desmotivado.
—Eso es porque te pusiste a ver tu mano en vez de prestarme atención.- Se dio cuenta.
—Lo siento.- Pedí disculpas de inmediato.
—¿Te pasa mucho eso, no?
—Quién sabe.
Tras una brutal suspirada de Igtto, volvió a ejemplificarme. Noté cómo su viento iba de sus manos hacia sus zapatos. Había como una pequeña corriente de viento abajo suya, y cuando la veía, su movimiento era más ágil.
Volvió a hacer volteretas, y se movía de lado a lado ilustrando cómo debía funcionar. Entiendo que es propulsarme con mi poder. Me gustaba mucho la idea de alcanzar ese nivel para moverme rápido.
En verdad, si no recuerdo mal, tanto el elemento como la estadística que me tocó me gustaron. Estoy ilusionado por aprender.
Seguí el ejemplo que me dio Igtto, pero yo lo hacía un poco más brusco. Apuntaba directo hacia mis pies, y no conseguí nada realizándolo de esa forma.
—No, no, no. Lo estás haciendo mal, no tienes que apuntarte. O bueno, no vas a lograr nada así. Tienes que manejar el viento, que no sea recto.
—Pero… ¿eso es fácil?- Interpelé.
—Es cierto que se me olvida que no todos serán tan prodigios como yo.
«Otra vez…».- Pensé a la vez que reaccioné con una cara de póker.
—Sin embargo, no se me ocurre algún modo de indicarte cómo hacerlo. Es algo que solo se hace, aunque puedes practicar con…- Se detuvo antes de terminar para ponerse a buscar entre todas las cajas.
Abrió varias en lo que yo intentaba conseguirlo por mi cuenta. Al pasar de los minutos y ver cómo desarmaba varias cajas perfectamente ordenadas, él encontró lo que buscaba.
—Mira, esto era lo que pienso que podría ayudarte.- Se acercó a mí, con un frasco de vidrio en forma de u.
Era abierto de los dos extremos, si disparaba aire por un lado saldría por el otro. En mi mente traspasó la idea de prejuzgar de manera contundente la idea, solo que esta vez no lo hice. En voz alta.
Lo sujeté, e inicié a soltar viento dentro. Ocurría lo obvio, entraba de un lado y salía del otro. Gracias a que ya era capaz de visualizarlo, me quedé embobado mirando una y otra vez a mi viento salir y entrar.
Efectué un buen rato mi energía así, tanto, que llegué a razonar el funcionamiento. Por lo que tras unos minutos alejé el frasco, cerré mis ojos, e imaginé el mismo movimiento. Al hacerlo, oí aplausos, por lo que entiendo que sí funcionó.
—Ay, si es que soy un genio…- Soltó de su boca ese comentario a la vez que aplaudía. Al notar mi cara sin ningún tipo de alma juzgándola, carraspeó, y volvió a la actitud de persona cuerda. —Bien… bien hecho.- Me felicitó, con un tono de voz más tranquilo, como intentando disimular lo de antes.
—Ya sé hacerlo. ¿Ahora qué?- Insistí, ya que estaba interesado en aprenderlo.
—Dirígelo a tus piernas.- Contestó como si fuera así de simple.
En realidad no estaba tan seguro de saber hacerlo. Practiqué un poco, para confirmarme que sí aprendí. Unos momentos después ya era evidente que sabía manejarlo, por lo que me dispuse a aplicarlo pensando en que si lo dice así de simple es porque es así de simple.
Cerré mis ojos ya que estimo que funciono mejor así, al menos con cosas nuevas. En mi mente estaba trazando un dibujo en paint acerca de mi persona con un garabato representando el viento debajo de mis zapatos.
Lo recreé en mi cabeza, y lo hice en la realidad. Percibía movimiento que no controlaba, aumentando cada vez más. Empezaba a elevarme, y al hacerlo, perdía el control cada vez más.
—Eh… ¿¡y ahora qué!?- Mi preocupación aumentaba cuando noté que no era capaz de detenerme ni de manejarlo.
—Para moverte a tu antojo tienes que manipular tu magia en la dirección que quie-
Antes de que él acabase de aclararme, yo seguí su consejo. Es posible que me hubiese ido mejor esperándome a que termine, ya que estuve a nada de caerme de cara.
Me la hubiese reventado si Igtto no reaccionaba a tiempo, evitando que choque contra el suelo.
El corazón me latía a mil. El movimiento brusco que realicé además de que casi reviento la única cabeza que tengo impactándola contra el piso provocaron una reacción cercana al trauma en mi persona.
Igtto me miraba sin saber cómo tratarme, pues yo solo me quedé callado con la mirada perdida intentando calmarme sin dar un paso.
Él estaba cuestionándose a sí mismo el si pedirme disculpas, preguntarme si tenía ganas de seguir, o si prefería descansar. De hecho, intentó hablar varias veces, abriendo la boca y emitiendo un ruido, solo que se retractaba antes de decir nada.
—Ya estoy mejor.- Emití señal de alma al pasar unos minutos.
—Menos mal.- Susurró para sí Igtto, solo que lo escuché. —Bueno, algo entendiste del cómo se hace, aunque no te recomiendo practicarlo solo. El siguiente día te enseñaré más de eso.- Me habló con un tono de voz que reconocería de una persona normal. Se lo tomó más en serio luego de casi causar mi autodestrucción.
—¿Entonces ya terminamos?- Pregunté.
—A ver, creo que nos pasamos de la hora, me emocioné enseñándote de más.
—No me molesta a mí de todas formas.- Fui honesto, ejecuté el acto de la honestidad.
Como ya habíamos acabado, me acerqué a la puerta para retirarme.
—Antes de que te vayas, te recomiendo usar tu magia por tu cuenta. La mejor forma de dominarla es llevándola a práctica bastante seguido.- Igtto me recomendó.
—Está bien. Gracias por enseñarme, hasta la próxima.- Me despedí de él. Al salir a la sala de espera, vi a lo lejos la salida. Por la ventana notaba que estaba cerca el anochecer, añadiendo que hacía un frío notable.
En mi campo de vista no entraba ningún peliceleste de cabello largo, así que asumí que Zakko no salió todavía. Me alivia un poco, prefiero la idea de esperarlo a que me tuviese que esperar él.
Fui a sentarme en una de las sillas al lado de la oficina en donde entró él. Frotaba mis manos para confrontar el frío que sentía aumentando al estar quieto. Poco tiempo transcurrió hasta que escuché la puerta de la salida abrirse. Me fijé, y era Zakko.
—Por fin saliste.- Comentó.
Me tomó por sorpresa, creí que estaría dentro. Llevaba una comida en la mano, similar a una chaparrita o algo así era la comida, nunca la probé.
Me acerqué a él, y el olor era agradable. Se asemejaba a una empanada. De hecho por fuera también, no sé porqué mi primer pensamiento fue en una comida que nunca probé y no en la empanada.
—¿Quieres probar?- Preguntó Zakko, al verme disfrutar el olor.
—Si quieres, sí, un poco.- Sí quería pero me daba vergüenza pedir.
Me dio un poco, y la verdad sí era casi una empanada. Esta era de jamón y queso, estaba… muy rica. Activó mi apetito a mil.
—¿Quieres que te compre una?- Cuestionó al ver mi reacción, lo más seguro.
Esta vez no le respondí porque me seguía dando pena.
—Tomaré eso como un sí. Ven, vamos antes de que cierren.- Por suerte para mi persona él entendió lo que quería contestar.
Se dirigía a un lugar que lucía familiar. Si recuerdo bien, está cerca del local al que ayudamos repartiendo unas cajas. Entró en una casa que tenía un cartel afuera con letras inentendibles para mí, pero con un dibujo calcado de la comida que ofrecen.
Entré con él, para darme cuenta de que era como un almacén pequeño pero acogedor. Con eso último debe ayudar que tienen algo que mantiene el calor aquí dentro, y el olor de la comida lo hace mejor.
Zakko fue a pedir lo mismo que él para llevar mientras yo me quedé sentado en un pequeño sillón que había, disfrutando de lo abrigado que estaba.
Lo oí pedirlo, y al parecer ya lo estaban preparando. Mientras tanto me recosté y cerré los ojos para relajarme un poco. En ese corto lapso de tiempo, una persona se sentó en la otra esquina del sillón en el que me encontraba.
Abrí un ojo para ver de… reojo, quién era la persona que se sentó a mi lado. Resultó ser una chica, una chica… una chica gato. Tenía ojos de gato, no me lo podía creer.
Intenté aguantarme la risa, porque no existía ningún motivo para reírme. No me lo hubiera imaginado.
—¡Aaah! ¿¡Por qué putas mierdas carajo no funciona esta cosa!?- Soltó en voz alta la chica gato pelinegra molesta furiosa enojadísima.
«Qué vulgar».- Pensé mientras la veía, solo que ya no de reojo.
Su cabello era lindo, corto hasta un poco antes de los hombros. Tenía mechones grises en el flequillo.
Tenía una de esas cosas que estaban poniendo en subasta en el gremio, una especie de celular. No alcancé a observar más porque Zakko ya llegó hacia mí con la empanada.
—Ya. ¿Vamos?- Fue directo.
Me levanté y nos fuimos hacia la torre de castillo destruida. Tanto él como yo comíamos por lo que no hubo mucha conversación, pero lo que sí hubo fue una satisfacción por mi parte. Estaba muy rico, una parte dentro de mí se alegra que haya algo equivalente a esto en este mundo.
O bueno, no solo una parte. Todo yo me alegro, qué suerte.
Acabamos pasando el gremio, lo que me daba a entender que estábamos cada vez más cerca. Ya para entonces él y yo habíamos terminado de comer, por lo que aprovecharía para sacar tema, ya que estaba de ánimo.
—Oye, ¿Qué te enseñaron?- Saqué tema.
—Aprendí a hacer esto.- Contestó más rápido de lo que esperaba, y ejemplificó lo que aprendió.
Estiró el brazo hacia delante, y comenzó a derretirse.
Quedé quieto viendo qué hacía porque esperaba algo más.
—¿Solo eso?- Puse en duda, pese a que no quería hacerlo en primer lugar. Espero no se lo tome a mal.
—Bueno, es como lo básico. También sé hacer esto…- A la vez que hablaba iba cambiando de forma su brazo. Lo alargaba, lo achicaba, hasta que acabó volviéndose líquido en el suelo.
—Ah, no… así no era, espera.- Se hallaba en forma de charco de slime en el piso. La cara que tiene cuando se vuelve slime volvió pero con el efecto de derretirse, me causó una risa que no pude ocultar.
Volvió a su aspecto normal, y continuó caminando, por lo que seguí también.
—Algo aprendí… Se me hace más difícil de lo que parece, tengo que practicarlo.- Prosiguió contándome. —¿Y tú?
—Yo… bueno, a mí también me costó, aunque unas cosas más que otras.- Hablaba al mismo tiempo que enseñaba la magia que aprendí, moviendo viento y cambiándolo de dirección. —También hay otra cosa que entiendo que ahora sé y antes no, pero si la ejemplifico tal vez me rompo la cabeza.- Conté refiriéndome a movilizarme con mi viento.
—Me imagino…- Dijo soltando una pequeña risa, o más que risa era un suspiro típico que haces cuando algo te parece divertido pero no causa gracia.
El camino hacia la torre ya se acababa, cosa que se me pasó volando. Cada vez me siento un poco más cómodo con él.
Al llegar, notamos que no había nadie, mas no alcanzamos a sospechar nada debido a que oímos la voz de Shair provenir de dentro de la mazmorra.
Bajamos los dos, y estaban Shair y Yaku realizando algo que a simple vista no entendía. Al acercarnos divisé más claro el que Shair estaba practicando con la nube de Yaku. La albina manejaba su nube, y la peliverde disparaba… chorros de agua, entiendo.
—Hola.- Me animé a saludar apenas nos acercamos.
—¡Hola!- Shair se volteó de un modo brusco para proceder a sorprenderme con un disparo de h2o en la cara.
—¿Per- Me interrumpí a mí mismo por no saber reaccionar al susto que me dio. —¿Qué haces?- Reformulé mi interrogación.
—Un saludo inesperado.- Decía Shair entre risas.
Como venganza, intenté hacer que se caiga empujando con mi viento sus piernas, cosa que conseguí.
—¡Ay!- La reacción de Shair fue ágil, colocando sus manos antes de caer de cara al piso.
—Hola.- Volví a saludar, pero esta vez a Yaku.-
—Hola, ¿Qué tal?- Me devolvió el saludo Yaku, entre risas también.
—Bien, sí.
Zakko ayudó a Shair a levantarse.
—Ey, hueles a…-
—Sí. ¿Quieres?- Zakko interrumpió a la peliverde, para ofrecerle comida también.
—Oye, lo sacaste de-
—Sí, me enseñaron a guardarme cosas. Era bastante fácil…- Zakko volvió a interrumpir a Shair.
—… ¿Quieres dejar de interr-
—No.- La interrumpí yo, por puro capricho.
Su mirada se dirigió a mí con lo que entiendo yo son ganas de asesinarme o algo parecido.
—Me alegro por ti, Za-
—Yo no aprendí nada en verdad.- Esta vez Yaku fue quien le cortó el comentario.
Shair como primer reflejo replicó una pistola con sus dedos para posicionarla en su cabeza y dispararse un chorro de agua.
En ese momento los tres a mi alrededor comenzaron a reírse. El ambiente era cómodo, hasta se me olvidó que sentía frío en primer lugar. Yo también sonreí, fue un momento agradable.
Las horas ya me estaban afectando, por lo que bostecé y a su vez me dieron ganas de irme a dormir.
Cuestioné para mí mismo el si irme o no, hasta que Shair se levantó.
—Bueno, creo que iré a dormir. Fue un gusto verlos, se sintió como si hubiese acontecido mucho tiempo.- Tras un bostezo que asumo que provoqué yo, se dirigió a nosotros. —Buenas noches, chicos.- Ella se fue antes que yo a dormir.
Los tres le deseamos buenas noches antes de que se fuera.
Yaku se levantó para estirarse, por lo que podía suponer que ella también querría irse a dormir. Fue un corto momento pero fue agradable, supongo. Espero que luego de esto podamos pasar más.
—Zakko, ¿quieres hacer lo mismo de siempre?- Preguntó algo nada que ver a lo que imaginaba. Desconocía a qué se refiere.
—Eh…- El recién nombrado dudaba mientras me observaba, lo que me hizo sentir que interrumpiría algo.
—¿El qué?- Cuestioné, para saber si mejor me iba.
—Entrenar.- Me contestó Yaku.
Volteé la mirada a Zakko.
—¿Por qué dudaste?- Lo interrogué.
—Porque me da… pena…- Decía entre cortado.
Lo juzgué con la mirada, aunque tenía sueño, por lo que tampoco me quería quedar.
—Bueno, me voy a dormir entonces. Buenas noches.- Me despedí yo esta vez.
Ambos me desearon buenas noches también. Caminé hacia la salida no sin antes darme una vuelta para ver si actuaban apenas me retiraba. Zakko seguía observándome, y Yaku se giró para verme también.
Esta última aparte me despidió con el brazo a lo lejos, cosa que correspondí.
Al salir, busqué con la mirada a Shair, solo para saber dónde y cómo estaba. Cosa que me fue difícil, no la encontré pese a rodear la torre. La preocupación no aumentó solo por el hecho de que comenzó a hablar dormida, y su voz me indicó que se acostó en la parte de arriba de la torre.
Veía sus piernas cayendo, no sé cómo no las vi al salir. No obstante lo agradezco, si veía eso un infarto sería lo mínimo que hubiera experimentado.
Me senté en el pasto con la vista hacia el bosque, como si fuera a reflexionar pese a no tener intención de pensar más de dos segundos. Digo dos, porque en un segundo pensé en los avistamientos que he tenido de aquella presencia brillante de una mujer albina.
Solían suceder en este momento de la noche, solo que hoy tampoco lucía como una de esas ocasiones.
O eso creí, hasta que sentí a alguien sentarse cerca de mí. Intenté divisar algo de reojo, no veía el aura que diferenciaba a aquella chica en el bosque.
—Hola.- Me saludó.
Tras el saludo me animé a mirar mejor. Llevaba una especie de túnica abierta amarrada por el cuello de color negro con bordes dorados. Pese a no llevar ese brillo a su alrededor, su cabello sí era albino, con… mechones verdes en ambos laterales de su cabello.
—¿Hola?- Devolví el saludo con un poco de incertidumbre al respecto de dónde haya salido esta persona.
—¿Qué tal… estás?- Consultó la albina de mechones verdes, sonando como si estuviera entre nerviosa y angustiada.
—Bien…
No poseía esos destellos tan reconocibles, pero no dudo que sea la misma que observaba las noches. Y muy dentro de mí espero que lo sea.
Más que nada porque eso significaría que no tengo de qué preocuparme acerca de estar con alguien que no conozco a altas horas de la noche en un lugar sin apenas testigos…
¿Eso significará que es algo más allá de un ser humano? Algo así como un Dios de este mundo. ¿Puede escuchar mis pensamientos?
—Sí, sí puedo oír tus pensamientos.
—¿Qué?- Cuestioné al momento.
—Ah, perdón. Creí que estarías imaginando eso.- Explicó con un tono más cómico, quitándole seriedad a su aparición. Y aliviándome un poco al saber que no me escucha, no.
Tampoco sabía de qué hablarle. Hay muchas cosas que quiero preguntarle pero no me hallaba preparado para conversar con ella.
—Me alegro de que estés bien. Cuídate, por favor.- Oí de ella, antes de que parpadeara y desapareciera de mi vista.
No entendí nada de lo que acababa de sucederme y menos con este sueño. Esto solo generó en mí más dudas para las que ya tenía.
Al menos… fue un acercamiento.
Paré a observar la palma de mi mano. No por nada en especial, solo ya estaba delirando del sueño. Quizá esto ni acaba de pasar y solo lo creé yo en mi imaginación. Lo dudo, no tengo la suficiente imaginación.
Para evitar más situaciones así, procedí a tirarme al piso para dormir.
Que sobrepiense esto el yo de mañana.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com