Kinokodearu - Capítulo 19
- Inicio
- Todas las novelas
- Kinokodearu
- Capítulo 19 - Capítulo 19: Duel'Grot Vs. Harasei - Kairo Vs Arix
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 19: Duel’Grot Vs. Harasei – Kairo Vs Arix
El día de ayer fue cuando me uní de manera oficial al Harasei. Solo un día, pero ya hablé con mi grupo antes. O… en realidad solo hablé con quien sería el líder de la nueva división creada a partir de él, otro compañero un tanto experimentado, y dos novatos. Yo, y una chica que por obvios motivos no conocía.
Nos hicieron reunirnos en unas instalaciones de Harasei cercanas a Giruboken. Era bastante grande, y había mucha gente que ni siquiera me sonaba. Me llamaba la atención debido a que creí que conocería a bastantes debido a mis padres.
Estábamos en un cuarto de esa residencia, Dertzel, el líder, Mwsatt, nuestro compañero con más experiencia quitando a nuestro líder, a Hiwa, la chica novata, y yo. Dertzel nos comentó que un miembro más arriba tuvo un encontronazo con una aventurera por el cual se vio obligado a pagar una moneda de platino.
Él asumía que fue más una provocación que unas intenciones reales de quedarse el producto, por lo que se nos fue encomendado que buscáramos alguna forma de sacarle ganancias, y la forma más evidente es participar en un Duel’Grot.
Dertzel decía que nos veríamos beneficiados todos, él recuperaría bastante dinero, nosotros lo ganaríamos e impulsaríamos nuestros nombres. Además de estar seguros que esos tipos también aceptarían por lo mismo.
Quise animarme a comentar que yo conocí por encima a quienes querían retar el mismo día que sucedió eso, no obstante, no lo vi necesario. Mwsatt se emocionó al oír que participaría en un Duel’Grot, añadiendo que casi participó en uno que se canceló. Desconocía qué tanta experiencia tenía él, pero se lo veía calmado al respecto.
Yo… diría que estoy familiarizado con los Duel’Grot desde que nací, he vivido un par desde dentro gracias a mis progenitores e incluso tuve el placer de ver a mi papá participar en el último de los suyos.
Él perdió, pero eso no me importó en lo más mínimo. Se vio genial para mí, estaba impresionado. Desde esos días supe que mínimo debía participar en uno, el resto dejaría que lo tratase el yo del futuro.
Por esa misma razón me hallaba en una combinación de dos emociones: Felicidad, y miedo. Estaba ilusionado porque sería cumplir un capricho de mi niñez, mas aterrado por lo que podría implicar.
Dertzel nos comentó que nos propinarían entrenamiento privado miembros aptos del Harasei con habilidades similares a las nuestras, ya que ellos conocían nuestras técnicas. La mía, era la de luz, heredada. Mwsatt demostró sus capacidades por encima de dominar la defensa, e incluso nos enseñó una técnica rara similar a la anulación.
Hiwa por su parte, fue más cerrada al demostrar su magia, enseñándonos solo por encima que era capaz de aumentar sus estadísticas. La notaba muy nerviosa, no era atrevido decir que muchísimo más que yo. No sé qué tan poca experiencia tendrá con esto desde dentro, o por qué la llegaron a considerar para Harasei.
Me daba curiosidad, y creo que al ser los dos novatos, no tendría tantos problemas en acercarme más a ella luego de esta reunión, para ayudarle a sentir. Además de que… era linda, al menos para mí. Eso aportaba a que me interesara, sin embargo, me hubiese interesado aunque no fuese ese el caso.
Luego de la reunión fugaz, nos dejaron libres ese día para el siguiente comenzar con los entrenamientos. Mwsatt se fue de la habitación parloteando acerca de que iría a hacer misiones del gremio él solo. Dertzel por su parte, nos deseó ánimos y fuerza a los dos, siendo un poco más comprensivo al respecto.
Nuestro líder parecía un tipo sereno en su medida, habló con calma y se percató de los nervios de tanto Hiwa como yo.
“Tranquilos. Ellos son igual o más novatos que ustedes, si necesitan hablar, pueden encontrarme en la habitación de la esquina superior izquierda. Si no estoy allí, lo más probable es que esté rondando por el centro. Estaré atento a ustedes, de todas formas”. Fueron sus palabras.
El problema de sus indicaciones es que yo aún seguía perdido con el lugar, era más o menos como una casa pero más grande, que en el fondo del todo tenía varios cuartos, con una escalera para captar más todavía en un segundo piso.
A simple vista podía imaginarlo como una mansión. No lo era, porque era bastante más pequeña, solo que por las decoraciones y el interior se asemejaba a una, dicho por experiencia.
Además de tener trabajadores personales. Nos contaron que las instalaciones en Giruboken eran importantes por ser el pueblo en donde los novatos crecen, era así desde hace medio siglo, exactamente, desde que supieron que tanto la heroína del hongo, y el héroe de la zanahoria crecieron aquí.
Tenía sentido para mí, siempre oí de este lugar como eso; un lugar para los novatos. Por ello mismo me encuentro en un viaje a solas para crecer como aventurero. Dejé a mis padres y mi familia en Quetteidonto, y con su bendición me dirigí a aquí. Con la esperanza de ser aceptado en un buen grupo, y por suerte para mí, me descubrió Dertzel.
De camino a Giruboken, un monstruo similar a un lobo que a su vez era similar a un Galigo, arrasó con unas carrozas. Tuve la suerte de toparme allí y ser capaz de manejar una magia agresiva. Pretendí defender a los civiles con mi magia de luz, viéndome superado. Mi rayo le dio, mas no le afectó. El monstruo similar al Galigo percibió mis intenciones y me atacó a mí, pero Dertzel me salvó.
Nadie sabía qué hacía ese animal cerca de Giruboken, siendo que estos lugares deberían estar más que habitables para cualquier persona. Los Galigo además se les daba por extintos, aunque ese no era uno…
«Da igual, si ese no estaba extinto ahora ya lo está».- Fue mi pensamiento, sin planteármelo mucho.
Tras Dertzel habernos comentado dónde se encontraría, él se retiró de la habitación. Habitación que entendía que sería una de reuniones, ya que tenía varios asientos, una tabla para enmarcar cosas, y unos cuantos alimentos pequeños.
En la sala nos quedamos solo Hiwa y yo. La miré de reojo, y ella estaba angustiada observando el piso. Al darme cuenta de que no se estaba fijando en mí la miré más concentrado en ella.
No temblaba, mas se notaba que bien no se encontraba. Acariciaba sus propias manos posadas en sus piernas, con la cabeza cabizbaja.
—¿Hiwa, verdad?- Me animé a platicarle, decidido a animarle aunque sea un poco, y conocerla.
No me gustaba la idea de que uno de nuestros compañeros la pasara mal, por lo que si ella me lo permitía, querría acompañarle hasta que tuviese alguien en quien confiar.
Ella volteó para observarme de reojo, volviendo al piso para posterior.
—¿Quieres… hablar?- Fui directo, para saber si era mejor alejarme o no.
—… No sé…- Hiwa me contestó, insegura.
—¿Quieres salir por Giruboken?- Insistía en ser directo, creyendo que el invitarla a pasear ocasionaría que se desestresase.
A mí el Duel’Grot me daba más ilusión que nervios por lo anterior contado, sin embargo, podía entender que a Hiwa le abrumase. En realidad, yo soy el raro aquí. Lo normal sería dudar como lo hace ella, o al menos eso pienso yo.
—S-Sí…- Hiwa aceptó.
Con esa respuesta afirmativa, ella permaneciendo cabizbaja, me siguió hacia las afueras, del cuarto, al menos.
En ese momento no entendí porqué se detuvo cuando avancé hacia la derecha al salir.
—Oye… la salida es hacia la izquierda.- Hiwa me advirtió.
—Ah… claro, era para ver si estabas atenta.- En el pequeño lapso adentro ya me perdí por completo. Aunque siempre era buen momento para intentar sacarle una sonrisa a la gente. Y sobre todo si será alguien con quien estaré bastante tiempo, espero.
Ella no se inmutó ante mi remate, por lo que supe que sería público duro.
Aún así, me siguió hasta la salida, y nos encaminamos a Giruboken. Nos quedaba a unos… diez minutos, más o menos, caminando.
—Oye…- Quería sacar un tema de conversación cuánto antes, así que apenas salimos de las instalaciones, le hablé.
Ella no me contestó de forma directa, sino que con la mirada.
—Ah… ¿Estás nerviosa, no?- Pretendía ir directo al punto hasta que volví a decir eso en mi cabeza y me hacía ruido. No sé en específico el porqué, solo se me hizo raro al escucharme decirlo.
—Supongo… ¿Tú no? ¿No eras nuevo también?- Hiwa se animó más a hablarme, mas, juzgando por su tono seguía insegura. Y tampoco era capaz de mantenerme la mirada, por lo que entiendo que me costaría entrar en confianza con ella.
—Sí, pero… he sido cercano a estas cosas desde pequeño, y creo que es justo lo que quería. Por eso no me da tanto miedo, más bien me da ganas.- Le fui honesto, esperando la misma honestidad de ella cuando preguntase. —¿Te asusta el Duel’Grot?
—… No lo creo, solo… pasó muy rápido, me hubiese gustado que esperasen algo más. Ni siquiera los conocía.- Hiwa comenzó a explayarse en sus problemas, lo que consideré un avance.
—¿Cómo te uniste a este equipo?- Hice la interrogante ya que la consideraba oportuna en ese momento. El que dijese “ni siquiera los conocía”, podía implicar que no conocía a ninguno de los tres. No dijo eso, mas… era una opción.
—Me recomendaron. Mi maestro.- Ella me dijo, sin voltear su cabeza hacia mí en ningún momento.
—Claro. Tu magia es interesante, tiene sentido que te recomienden y te acepten.- Lo cortante de su respuesta me dejó perplejo, sin embargo, ya la invité a pasear, tenía que persistir.
Luego de una caminata que se hizo más corta gracias a que rompí el hielo, llegamos a Giruboken. La cantidad de gente era considerable, no quería imaginarme cuando se anunciara el Duel’Grot por fin.
Entiendo que los avances más importantes aún no llegan a estas zonas, no obstante… me pregunto si mis papás se enterarán de esto. Si no, tendré que contárselos una vez los vuelva a ver. Será una anécdota bonita, haré que la sea.
Con Hiwa estuvimos paseando por los locales de Giruboken. Eran variados debido a que era un poblado bastante grande dentro de lo que cabe.
—¿Tú no eres de Giruboken, verdad? ¿De dónde eres?- Cuestioné, sacando tema luego de ojear diferentes tiendas y que ella se adentrase en una de medicinas.
No cuestioné nada al respecto ya que de todas formas salió sin nada, quizá algo le dio curiosidad y ya.
Aunque preguntase algo nada que ver, tampoco conseguí respuesta al momento. Estábamos caminando juntos y ella no parecía tener muchas intenciones de conocerme tampoco.
Supongo que con que esto la desestresara un poco me servía, pese a que imaginara algo distinto…
Caminando, a lo lejos, se oían disturbios. No quería adelantarme respecto a Hiwa solo por la curiosidad que podía sentir, pero… de verdad quería acercarme a observar. Sobre todo si podía ayudar.
A lo lejos divisaba una pequeña pelea que acabó bastante rápido, de lo que tenían pinta aventureros bien formados con el rol de guardias de la seguridad. Se encontraban arrestando a lo que entiendo por encima que sería un ladrón, ya que a simple vista no presentaba una amenaza y lo contrarrestaron sin dificultades.
Se llevaban al tipo hacia fuera de Giruboken, por lo que pasaron por delante de nosotros. Hiwa al observarlo hizo una expresión en su rostro de desagrado. Pensaría que era un desagrado normal proveniente de una civil hacia un delincuente, solo que por algún motivo mi cerebro asumió que era más que eso. Se asimilaba más a leve rencor.
—Espero que se pudra.- Ella comentó, dando cabida a mi teoría.
—¿Por… qué?- Una parte de mí quería indagar en ese resentimiento, mas la otra parte no sabía qué palabras emplear en esta situación. ¿Qué le preguntaba?, ¿Por qué odia a un ratero?
—¿Ah?- Hiwa no entendió mi incógnita. —¿Que por qué le deseo el mal a un ladrón?
Ese fue en esencia el punto que toqué y que tenía sentido que me lo dijese. Viendo cómo iba esta supuesta cita, creo que no me convenía insistir en saber de eso aún. Por lo que opté por dejar que las cosas sucediesen solas o que ella tomase la iniciativa cuando quiera.
Seguimos caminando y acabamos adentrándonos en restaurante. Dinero teníamos por lo que no representaba un problema. Ella no comió mucho, solo arroz y frutas provenientes de las cercanías de este pueblo.
No tenía muchas ganas de comer, por lo que yo me pedí agua y ya. Era un lugar para hablar más en calma, solo que ella y yo no teníamos mucho qué hablar y menos si ella no tenía intenciones de hacerlo.
—Oye, ¿Cómo son los Duel’Grot…?- Hiwa interrogó cuando vio que transcurrió mucho tiempo sin que dijésemos una frase entre nosotros.
Interrogación que prendió una chispa en mí.
—Bueno verás, los Duel’Grot como tal no tienen una metodología directa, siempre se puede escoger modos de juego diferentes para avivar la chispa competitiva o inclinarse por lo que siempre funcionará: la violencia injustificada entre dos personas de distintos grupos que no se conocen. Siempre hay casos en los que sí se conocen, claro. No es lo habitual, al menos hasta que no llegas a un punto en donde solo te enfrentas contra los mejores. No está tan aposentado como tal, pero ya se realizó un campeonato con grupos de diferentes reinos, algo aproximado a un mundial. El cual lo ganó el Harasei, por cierto. El primero de todos, y el siguiente se supone que se haría a finales de año, en un par de meses. Los Duel’Grot como tal…
En ese momento y sin saberlo, Hiwa despertó en mí al demonio que habita en mi interior conocido como ser un friki al respecto de esto. Le conté muchísimo más mientras ella comía, desconocía si siquiera me escuchó el inicio al menos.
—Por cierto, no es el caso de que estemos contra los mejores, pero yo sí conozco a quienes nos vamos a enfrentar.
—¿Uh? ¿Cómo… o por qué?- Mi comentario pareció llamar su atención, por lo que interpeló.
—Ayer, de hecho. Los vi. Eran todos novatos como nosotros, pero muy novatos, de verdad.- Comencé a describirlos. —Yo al menos, vi a tres. Uno era una peliverde con coletas, había un veniz, y otro pelinegro. No sé si serán más o son un equipo emergente. Si ese fuese el caso, deberíamos tener bastante ventaja.
—¿Eso crees?- Hiwa tenía interés en que contestase de manera afirmativa. Ya nos dijeron que serían igual de novatos que nosotros, no obstante, entiendo que una confirmación aparte le diese seguridad.
—Sí. Parecían agradables, más o menos. No hablé tanto con ellos… pero con lo que nos dijo Dertzel, definitivamente fueron ellos. La peliverde, en específico.
—¿Cómo fue que pasó?
—Una subasta. Ella hasta llevaba ropajes desgastados. Estaba claro que no tenía para pagar precios tan altos y aún así seguía aumentándolos. No sé qué la habrá llevado a ello, mas es por completo su culpa. Ya sea para bien o para mal.
—Hm…
Ella solo se quedó pensando. Ya se terminó su comida, por lo que podíamos retirarnos.
—¿Nos vamos?- Hiwa fue quien sugirió retirarnos, y después de pagar, nos fuimos. Nos quedamos un rato más afuera, apoyados con la pared de la tienda, con la luz del sol pegándonos. —Oye. ¿De dónde eres?- Ella me preguntó.
Por mi cabeza pasaron bastantes pensamientos no muy sanos para una relación laboral como la que mínimo debería tener con ella, ya que ignoró cuando se lo pregunté yo. Luego de inhalar fuerte, respondí.
—De Quetteidonto. ¿Y tú?
—Quetteidonto…- Ella repitió en voz baja. —Tiene sentido que estés relacionado a estas cosas. —¿Tus padres fueron aventureros?
—Ah… sí. De hecho, por ellos he vivido alguno desde dentro.- Le contesté, aunque ella no a mí, todavía.
—Debe ser genial…
El tono con el que lo dijo reprimió mis ganas de insistir en conocerla otra vez. Quería ser tranquilo, al menos a su vista. Por lo que evitaría cualquier cosa que pudiese provocar que me considere un pesado o algo peor. Tarde o temprano la conoceré más, mi prioridad ahora es que se sienta cómoda con uno de sus compañeros mínimo.
—Sí, lo es.
Y desde allí, compartí varias veces más con ella. Salir juntos se volvió algo constante, sobre todo porque compartíamos mentor. Un aventurero del Harasei experimentado que se hallaba en las instalaciones de Giruboken, llamado Zillach.
Era amigo de Mwsatt, de hecho. Muchas veces convivían, cosa que confirmaba que él tenía más experiencia.
Día tras día, Zillach se encargó de enseñarnos a controlar nuestra magia para no llevarnos a un límite que no nos convenga. Manejar nuestra magia sin excederse para no tener consecuencias físicas.
Y día tras día, mi relación con Hiwa se estrechaba un poco más. Ella seguía sin abrirse mucho, pero sí continuaba queriendo pasar tiempo conmigo. Con Dertzel no tuve la oportunidad de hablar mucho más que diálogos cortos, y con Mwsatt solo lo veía al lado de Zillach.
Me caía bien Hiwa, y creo que yo le caía bien. Le caigo bien. La relación del equipo se vio mermada por la necesidad de entrenarnos por separado y alcanzar una forma adecuada para el día importante: el Duel’Grot contra Dearu.
Aún con eso, la conocí un poco más a ella. Me dijo su nombre completo; Hiwa Rourbett, su edad que era la misma que la mía; dieciocho. Entre otras cosas pequeñas que yo cuento como un avance para el tipo de persona que ella es. O al menos el que ella era conmigo.
También me contó que tenía una enfermedad que tenía que tratar, que discapacitaba cierta función de su cuerpo que regulaba el maná y lo esparcía. Tenía un medicamento, el cual le permitía usar su magia como cualquier otra persona.
Sin el medicamento, tendría dificultades tan graves como algún desmayo o dolor intenso en el lugar en el que ejecutara la magia. Me dijo que con el tratamiento se le pasaría tarde o temprano, según médicos no era crónico ni mucho menos. Y por suerte no le afectaba tanto, tenía cuidado con tomárselo a tiempo.
Ella no ha de considerar eso muy importante como para contármelo, aunque yo nunca oí hablar de esa enfermedad. Nuestras conversaciones en general eran muy banales, nada importante o de trascendencia.
Una conversación que sí me marcó con Hiwa, comenzó con ella acercándose a mí a solas mientras me preparaba algo para merendar.
—Oye, Arix.
—¿Qué pasa?
Redirigí mi mirada en su dirección para darme cuenta que no me estaba viendo a la cara tampoco, si no a lo que preparaba. Asumí que querría un poco o algo, hasta que continuó hablando.
—¿Crees… que seré capaz de estar a la altura?- Cuestionó con pausas debido a lo que entendía era una creciente vergüenza y hasta miedo por la respuesta.
En ese momento me detuve, quedándome quieto y divisando mi bocadillo. Estaba consciente de que ella por obvios motivos no esperaba una respuesta negativa, si no que quería una respuesta sincera dentro de todo.
Decirle que lo hará increíble no sería una contestación sincera, porque ni yo sé si lo voy a hacer bien. No es algo que sepa cómo va a acontecer. Le dije lo mejor que podía decir, o que se me ocurrió en ese momento.
—Hiwa.- Llamé su atención. —No puedo contestarte a eso.- Corté de raíz, sin saber bien hacia dónde llevar lo que iba diciendo.
Ella empezó a mirarme en ese instante.
—Lo único que puedo asegurarte es que puedes ser impresionante si te animas a ello. A mí me has impresionado estos días, mejoraste mucho tu velocidad de reacción y de ejecución de la magia que te caracteriza. Eres fuerte, Hiwa. No pienses lo contrario.
Esas fueron mis palabras. Desconocía si afectaron de algún modo a ella, porque no me replicó nada posterior a eso. Me observó de una manera que seguía sin dejarme muy en claro cuál era su opinión al respecto.
Desde entonces, no hablé mucho con ella hasta el Duel’Grot, que fue al día siguiente, de hecho.
El partido lo hicimos bien, o eso creo. Ella realizó muy buen partido aprovechando su técnica de aumento y empleándola de manera correcta siempre. Digo, hasta marcó un punto importante…
Pero sé que cualquier cosa que pudiera decirle, no sería capaz de subirle el ánimo tras la derrota con Yaku.
—A pesar de que perdiste, me sigue pareciendo que lo hiciste bien. Una cosa no quita la otra, Hiwa.- Murmuré.
La llevé con uno de sus brazos en mi hombro, cargándola hasta llegar al pasillo anterior a la antecámara, en donde ya se sintió capaz de caminar sola. Ella no pronunció ninguna palabra hasta que llegamos con Dertzel, quien nos esperaba en la sala.
Dertzel portaba un kit curativo otorgado por el Harasei, ya que no teníamos permitido entrar a la sala médica del coliseo hasta que acabase el Duel’Grot.
Hiwa se sentó en la banca y tomó un par de pociones y se colocó a sí misma vendas curativas. Se puso en la frente, solo. Visto desde afuera, no tenía muchos rasguños. El dolor habrá sido más interno.
Y mental. Todo esas acciones las efectuó cabizbaja. No levantaba la cabeza ni aunque se lo pidiesen.
—Hiwa…- Le quise hablar, sentándome a su lado.
No obtuve respuesta, como lo esperaba. Dertzel me miraba y yo a él, ambos preocupados por ella.
—Oye, no lo hiciste mal, de verdad…- Quería hacerle saber que de verdad fue muy útil durante el Duel’Grot. Su momento ya pasó, sin embargo durante el partido fue una pieza más importante que yo mismo.
Iba a seguir convenciéndola de ello, hasta que noté que comenzó a llorar en silencio. No emitía ningún ruido, pero viéndola bien podía divisar las lágrimas en su rostro. Me dio un pesar tremendo.
—Lo siento…- Ella dijo, entre sollozos. —De verdad quería intentarlo. Tenía… miedo… de combatir… tengo… miedo de lo que piensen ustedes, me siento… mal…
Su desahogo fue a base de lágrimas, mas sin moverse ni un pelo, y evitando el contacto visual.
Puse mi mano en su espalda, pensando en decirle algo. Volteé a ver a Dertzel para juzgar sus gestos, esperando a que me hiciera uno que indicara que sabía cómo proceder. No fue el caso, tenía una expresión desanimada.
—Hiwa, nadie te va a juzgar…- No sabía qué decir, para lo que nunca me preparé era para ver a mis compañeros ser derrotados, solo pensé en el momento de estar allí afuera, mas nunca en todo lo que conllevaba. —… En serio, escúchame. Hiciste lo que pudiste, lo entendemos. Dertzel y yo lo entendemos y preferimos tu bienestar que ganar esto.
No oí respuesta más que sollozos continuos a la vez que le consolaba.
—Tranquila, es normal tener miedo. Aún con esas lo intentaste, y es lo que aprecio-
—Apreciamos.- Dertzel me corrigió.
—Sí, apreciamos.
Mi mano yacía en su espalda, con una leve repetición de un movimiento hacia arriba y a abajo buscando calmarla.
—¿No les importa… perder por mi culpa…?- Hiwa reiteró.
—No perdimos por tu culpa. Primero: llegamos hasta aquí por un punto que tú misma anotaste, tienes un mérito asombroso y fue en tu primer Duel’Grot. Yo no anoté ninguno…- Por ser honesto añadí un comentario innecesario pero que pensaba de verdad. Ojalá yo haber anotado aunque sea una vez. —… y segundo: aún ni siquiera perdemos. Para que perdamos tenemos que perder o Mwsatt o yo, y te prometo que eso no va a pasar.
Ella por una jodida vez, me vio a los ojos.
—¿Lo prometes?
—Lo prometo.
Dertzel procedió a aplaudir luego de nuestra charla de la cual él era espectador.
—Qué conmovedor…- Desconocía si esa actitud era sarcasmo o no, no conocía tanto a Dertzel. —Arix. ¿Estás listo? Creo que ya tienes que ir.
—Ah…- Procedí a ver de reojo a Hiwa, quien aún con sus ojos llorosos, me dedicó una sonrisa. No sabía cómo procesar tal gesto, lo único que sabía con certeza es que iba a arrasar con Kairo y dedicarle mi victoria. No quiero volver a ver su cara llorosa y que se culpe por nuestra derrota. —¡Sí!
Con ánimos renovados, me tomé un poco de una de las pociones que quedaban para sentirme fresco, estiré, y me despedí de mis compañeros para agilizar mi entrada al campo una vez más. Con suerte, mi última vez en este campo. Espero que la siguiente vez que entre a uno sea uno mucho más importante en vez de un amistoso entre novatos.
Ya percibía el ruido ambiente, el público desbordando energía. Aunque fuésemos novatos, entiendo que ver al Harasei a punto de perder sea un espectáculo muy interesante. Una lástima que no vaya a permitir que vean una derrota del grupo que me aceptó.
Salí al campo, y a la lejanía, veía a Kairo, mi rival. Mi mente preparada y más que dispuesta a confrontarlo. Quería una batalla pareja, hasta que usase todas mis técnicas y demostrara mi superioridad.
Mis intenciones serán apabullar a la grada con mis excelentes e impresionantes dotes de la magia luminosa. Además de mi magia de viento, obvio.
Tenía muchos motivos para ganar, y sobre todo, no me iba a permitir perder contra alguien que no tenga los mismos o aún más motivos para ganar que yo.
🍄
Los segundos combatientes de ambos equipos ya se aproximaban al centro del campo, listos para combatir.
Kairo y Arix mantenían fija la mirada el uno en el otro, aunque Kairo de vez en cuando volteaba a ver a la audiencia. O esa era su intención, las montañas no lo permitían del todo bien.
Kairo se hallaba un tanto nervioso, cargando encima con un peso que en un principio no consideraba tan grave, poco a poco le estaba carcomiendo por dentro.
Arix por su parte, controlaba mejor los nervios al verse motivado. Tenía clara su meta y quería formalizar una victoria.
Una vez en el centro, los dos se pararon en sus respectivas posiciones.
—¿Qué tal?- Arix cuestionó a su rival, buscando juzgar su actitud por el tipo de respuesta que daba.
—¿… Qué te importa?- Kairo le contestó cortante. Su intención no era ser provocativo, mas no era de su interés el charlar.
“¡Diez!” Resonaba entre la multitud.
—Qué grosero. Deberíamos tener una buena actitud entre rivales, a mí no me caes mal.- Arix insistía en hablarle.
“¡Nueve!”
—… ¿Te pagan por palabra… o algo así?- Kairo insistía en no hablarle.
“¡Ocho!”
Arix notaba un rápido posicionamiento a la defensiva de parte de Kairo.
“¡Siete!”
—Que sea un buen combate.- Arix estiró su mano, pretendiendo estrecharla con Kairo.
“¡Seis!”
«En serio que es molesto este loco…».- Fueron los pensamientos de Kairo, asegurándose de que su mirada delatara la aversión que le estaba provocando. Además de, por supuesto, ignorar su mano.
“¡Cinco!”
Ninguno de los dos dijo nada.
“¡Cuatro!”
«Tan solo… mira sus ojos, no tiene chispa competitiva. ¿Cómo se supone que me va a ganar?».- Arix decidió observar a Kairo con un gesto feo para que sepa que lo estaba menospreciando.
“¡Tres!”
«¿Por qué carajo me mira tanto? ¿Le gusté…? Porque sí que tiene pintas de…» Kairo se detuvo en su propio diálogo interno porque sabía que ese comentario incluso solo pensarlo estaba mal. Fue un reflejo de su voz interior.
“¡Dos!”
…
“¡Uno!”
Ambos combatientes tomaron una postura más conveniente para comenzar el combate. No les daría tiempo a reaccionar al otro, por lo que el que tuviera la mejor estrategia inicial arrancaría con ventaja.
“¡… Tiempo!” Se oyó por todo lo alto, con el público encendido.
La idea de los dos era la misma: conseguir distancia con su propia magia de viento. Arix no usó mucho nunca su elemento pese a conocerlo desde pequeño, siempre prefirió la luz ya que era la magia que le heredaron.
Por lo que en vez de movilizarse hacia atrás, pretendió empujar a Kairo. El duelo comenzó tranquilo, ninguno tenía intenciones rápidas de atacar al otro. Kairo buscó con la mirada objetos para usar de proyectiles, aunque por su mente daba vueltas la idea más antigua; golpear abusando de su velocidad.
Ya lo conversó con Zakko, era el mismo plan de Hiwa. Solo que, él se sentía superior a Hiwa y sentía inferior a Arix respecto a Yaku. Por lo que no debería tener problemas en saturarlo hasta que se rindiese.
—Oye, Kairo.- Arix alzó la voz a la distancia al ver que Kairo no tenía intenciones momentáneas de atacar.
Kairo, harto de la voz de ese tipo, decidió ignorarlo.
—Quería hacerte una pregunta, de hombre a hombre.- Arix insistió, manteniendo su vista en él, por lo que percibió que recogía una piedra del suelo y se la apuntaba.
El integrante de Dearu quería comprobar el nivel de reacción de Arix, porque una cosa era saber qué iba a hacer, y otra era tener la capacidad de esquivarlo o contrarrestarlo. Le tomó unos segundos apuntar, y disparó la roca lo más rápido que pudo, concentrándose en la piedra como el objetivo.
Proyectil que fue dirigido hacia su cabeza, esquivado con cierta dificultad ya que raspó su mejilla. Arix se sorprendió de la velocidad con la que fue disparada aquella roca, tocándose la mejilla sintiendo el dolor y la rajada que le ocasionó.
Arix aún con esas se mantenía en la misma posición solo que más activo para usar su magia reflejante en el caso de que se dirigiese algo a él.
«¿Por qué…».- Arix estaba extrañado, viendo cómo su contrincante posaba con la palma abierta hacia él. «… sigue apuntando hacia mí? No siento na-» Arix fue perspicaz y antes de siquiera acabar de pensarlo ya reaccionó a la misma piedra que le dispararon.
Kairo seguía con la palma en su dirección debido a que estaba manipulando a la roca, probando dirigírsela por detrás. Arix tuvo la suerte de que el pelinegro no tuviera amaestrada del todo esa técnica, ya que por ello pudo defenderse con la magia reflejante, y mandar la piedra a volar.
El rubio del Harasei apenas reflejó el proyectil, sintió cómo su cuerpo se elevaba. Kairo proseguía usando su magia elemental para atacarlo, y esta vez, provocaba una caída, como la del inicio del Duel’Grot.
Solo que cuando Arix yacía en los aires, fue capaz de girarse para apuntar con las manos a su rival y amenazarle con un rayo de luz. Kairo se vio obligado a esquivar el rayo y por lo tanto a liberar al rubio de su control elemental.
—¿Por qué… tanto apuro?- Arix cuestionó, aún pretendiendo conversar con Kairo.
«¿Qué es lo que quiere este tipo?».- El pelinegro se preguntó a sí mismo. No entendía qué propósito tenía el querer charlar con él. Por curiosidad, quiso dejar de atacar, a ver si su rival decía algo.
A Arix le tomó unos segundos recuperar la respiración adecuada, el dolor del primer proyectil se intensificaba mientras pasaba el tiempo.
—¿Te puedo hacer la pregunta?- Arix reiteró. Al no ver una respuesta violenta, o una respuesta en general, continuó. —¿Por qué estás peleando?
—¿… Qué?- Kairo interpeló a su duda.
—¿Por qué estás peleando?- Arix repitió.
Kairo lo observó con desdén.
—Tú sí que eres raro. ¿Qué es esa pregunta?
—No le veo lo extraño, Kairo. ¿Por qué peleas?
—Pues para ganar, ¿No?, como tú y como todos los que participan.
—No me estás entendiendo. ¿Qué motivaciones tienes para estar parado aquí?- Arix quería juzgar él mismo el valor de su oponente mediante su respuesta.
—… ¿Qué te importa?- Y Kairo no tenía intenciones de contestarle a algo que le parecía ridículo desde el comienzo.
Tras aburrirse de la conversación, volvió a intentar levantar a Arix. Solo que esta vez sin elevarlo gradualmente, ahora lo impulsó de la misma forma que se impulsaba él mismo para alcanzar grandes alturas.
No logró algo igual de eficaz ya que resultaba más complicado al no ser solo emitir viento potente contra el piso, sin embargo, consiguió alzar a Arix lo suficiente como para que la caída supusiera un daño físico.
Al parecer una tendencia de Kairo, Arix tenía que idear algo para contrarrestarlo. No tenía mucho tiempo para pensar en ese momento ya que al segundo de caer divisó al primer mencionado acercándose a él.
Antes de que le impactara, el rubio usó su magia de luz para cegarlo, lográndolo con facilidad.
—¡Puta ma- Kairo soltó agravios por la molestia de caer en el destello, viéndose interrumpido por un puñetazo de quien lo cegó en primer lugar.
Un puñetazo seguido de otro, la ceguera le impedía percibir bien de dónde se dirigía el siguiente ataque de su contrincante. Estaba en un aprieto, pues Arix teniendo esa apertura no la desperdiciaría. Comenzó a reiterar el destello para preservar la nula visión de Kairo y encestarle golpes uno tras otro.
Kairo se veía abrumado por la cantidad de daño que estaba recibiendo. Todo el Duel’Grot tuvo contactos que nunca en su vida solía tener, y ahora estaba metido en una pelea directa siendo apaleado, sin la posibilidad de defenderse al verse implicada magia que lo cegaba.
En desesperación, buscó usar su propia magia, consiguiendo darse cuenta de que si persistía en su uso era capaz de sentir la brisa que provocaba los movimientos de Arix, chocando con su propio viento.
Como consecuencia, antes de recibir otro impacto de Arix lo interceptó, y con todas sus fuerzas lo mandó a volar lejos de él, para recuperar la visión.
Cuando apreció que su esfuerzo dio frutos, procedió a frotarse los ojos. Tantos destellos ocasionaban hasta dolor, pues era una luz muy fuerte que recibía aún con los ojos cerrados, ya que el que lo inició todo ya lo dejó delicado.
Al buscar solo librarse de su rival, la caída de Arix fue ilesa, posicionándolo a la distancia, mas sin ningún problema para acercarse otra vez.
Kairo se alejaba de él caminando hacia atrás, aún sin ver del todo. Arix era el que se aproximaba lento hacia él.
—Te estoy intentando hacer un favor, una pelea sin trasfondo es difícil que sea recordada por alguien.- Arix persistía con sus ideas al respecto de lo que debía ser un combate de desempate épico.
Sin recibir nada más que un silencio de parte de Kairo, Arix tenía claro que si el pelinegro no tenía planeado hablar, no lo respetará como rival.
—Me gustaba la idea de ponerme en los zapatos de las personas con las que me enfrentaría. Déjame saber porqué peleas, Kairo.
«Ah… quiero… golpearlo…».- Kairo se hallaba rozando el hartazgo. Desde antes que el tono del rubio se volvió desagradable para él, y su personalidad resultaba molesta para alguien que solo quería pelear y ganar rápido.
Tras unos largos segundos, el miembro de Dearu recuperó la visión, observando a Arix parado frente a él, con su mano emitiendo destellos intermitentes.
Viendo que por fin recuperó la vista, sin cuestionarse nada más recogió otro escombro del suelo y se lo arrojó a Arix con rabia. Escombro que fue desintegrado por el rayo de luz, que además aspiraba a impactarle a Kairo.
Este debido a sus reflejos competentes reaccionó ante el rayo rápido y probó a redireccionarlo, mandándolo hacia la montaña más cercana.
El disparo mágico generó un hueco considerable entre la roca, y muchos pedruscos cayeron alrededor.
Kairo perdió el tiempo divisando ese efecto, mientras que Arix lo aprovechaba y emitió rayos de luz hacia la parte subida de la montaña, intentando que cayesen rocas que significasen un peligro para Kairo. Este último percibió que caían rocas encima de él, así que su instinto actuó buscando desviarlas para dispararlas a Arix.
Las más pequeñas tomaron el rumbo que Kairo simulaba con su viento, y Arix siendo consciente de sus intenciones desde antes ya tenía preparada su magia reflejante.
Kairo las lanzó hacia el rubio aún conociendo que era obvio que lo reflejaría, además de acercarse corriendo mientras las piedras se encaminaban hacia este.
Arix se extrañó, no obstante, no tenía tiempo para cuestionarse las ideas del pelinegro. Reflectó con eficacia las piedras, las cuales iban a impactar en Kairo hasta que este saltó. Usando su viento contra el piso esquivó sus propios proyectiles y alcanzó a Arix.
Cayendo, le propinó un puñetazo en la cabeza el cual sumado a la velocidad que manejaba ocasionó un grave dolor en el rubio el cual lo entumeció unos instantes.
Instantes suficientes como para que Kairo le devolviese el combo de golpes físicos en un ida y venida de ataques a puño cerrado en la jeta.
Kairo no sabía golpear como tal, por lo que seguía su propio instinto. Primero un puñetazo por la derecha, luego otro por la izquierda. Su lógica era que ningún lado sintiese envidia de no recibir daños.
Concluyendo la ráfaga rápida mas para nada indolora de puñetazos, impactó su puño en el estómago de Arix y volvió a impelerlo, dejando que el terreno rocoso provocara los mayores daños al mandarlo volando sin muchas opciones más que sufrir el ambiente escogido.
Arix cayó, rasgándose todo el cuerpo por caer rodando. No se permitió a sí mismo el aguantar segundos, ya que quería estar en posición para seguir peleando.
Los dos tenían graves golpes en la cabeza, específicamente en los alrededores de la boca y mejillas por ser los objetivos claros de los ataques directos de ambos.
Aún así, ninguno recibió algún tipo de daño que significase un peligro ni mucho menos. Arix no era la primera vez que experimentaba ese nivel de dolencias, sin embargo, la de Kairo sí. Eso podría pasarle factura, y Kairo lo sabía.
«Ah… ¿Cómo puedo hacer que… se rinda?».- Kairo analizaba la situación. Las múltiples rocas no eran una amenaza, los golpes no herían lo suficiente como para que su rival se rindiera. Necesitaba de manera urgente encontrar el lado débil de Arix y exprimirlo hasta que no le quedara de otra que rendirse.
—Oye.- Kairo se acercaba a Arix, ocultando sus intenciones.
—Oh, ¿Podías hablar?- Arix contestó con un tono provocativo.
Solo por la actitud fanfarrona que presentó el rubio, Kairo perdió todo el interés de comunicarse con él. El pelinegro necesitaba plantearse algo más profundo que solo llenarlo de combos superficiales, pues, a pesar de que logró conectarle un par, no está ni cerca de hacer que se rinda.
Arix, sin embargo, ya tenía ideada su estrategia. Descubrió desde antes que la magia elemental era lo único que tenía Kairo, al contrario de sus compañeros. Yaku tenía la invocación y Zakko tenía las habilidades de su raza, Kairo no tenía nada que lo hiciera especial aún.
Si consigue llegar a un punto en el que se controlen con magia, Arix acabaría triunfando por desgaste.
Pretendía conseguir eso; que Kairo se desgastase o hallarlo en un punto ciego en el que no sea capaz de evadir sus disparos. Mantener la distancia era primordial.
Con destellos intermitentes en su mano dejaba entrever que recargaba una de sus técnicas de luz, por lo que Kairo retomó la concentración y decidió contratacar rápido, en el momento en el que esquivase la magia del rubio.
Arix disparó un rayo más débil que los que lanzó con anterioridad, sin embargo, Kairo procedió con lo que planeó antes sin tomarle importancia. Lo esquivó yéndose a uno de sus costados para impelerse a sí mismo hasta su objetivo: noquearle o provocar que se rinda.
Sumando la velocidad que consiguió impulsándose con su viento además del impacto plano que alcanzaba el golpear a alguien, el daño que Kairo logró transmitir en su oponente fue considerable. Un puñetazo en el pecho que Arix procuró aguantarse a propósito, para una vez cerca de Kairo, descargar toda la potencia inicial que tenía su rayo de luz.
El integrante de Dearu salió propulsado con el rayo que recibió en todo el tórax. Otra vez un intercambio de golpes de parte de ambos, solo que la magia era mucho más potente que aquel puñetazo que pudo propinar Kairo.
Era tal el dolor instantáneo que este último no pudo respirar unos segundos, viendo el cielo borroso, para acabar cayendo en el piso, sintiendo el terreno montañoso pasándole factura en la espalda.
Recuperando la respiración y la vista, se levantó tambaleando. Arix por su parte ya se preparaba otra vez, listo para repetir el mismo proceso. Obligar a Kairo a esquivar, y a cualquier ataque que este pudiera hacerle devolvérselo de esa manera o la que encontrase más efectiva en el momento de la verdad.
Kairo jadeaba al comenzar a sentir consecuencias reales en su cuerpo. Veía a Arix, sin saber cómo alcanzar a causarle un daño real. Planteándose miles de estrategias que descartaba al segundo por considerarlas inútiles, lo único que pudo hacer era confiar en insistir con manipular a su rival mediante el viento.
Lo elevó rápido, para evitar que sucediera lo de antes. Se enfocó lo más que pudo en ver a Arix como un objetivo, solo que era muchísimo más difícil si no tenía contacto, al no saber por qué parte empezar.
«Necesito… acercarme…».- Kairo repetía en su cabeza, tratando de unir los hilos de una estrategia vencedora. Antes de continuar sobre pensando, se encargó de azotar a Arix contra el piso.
Arix evitó y denegó el esfuerzo del pelinegro al usar su propia magia elemental para anular la caída. Cayendo así de pie, sin ningún problema. Ya detectó el cómo controlaba el viento para elevarlo, entendiendo que aunque no pudiese replicarlo, podía denegar la utilidad de ello en su totalidad. O al menos, eso creía.
Aún con esas, Kairo consiguió el tiempo que requería. Se decidió a alcanzarlo a toda costa, e impelerlo lo más alto posible, de ahí, sería problema del Kairo que lograse llegar a ese punto.
Corrió hacia él, esquivando con ciertas dificultades representadas por descargas mágicas de luz de Arix. Reiteradas, pues no estaban concentradas, lo que hacía que perdiese potencia mas obtuviese velocidad de ataque.
Kairo no pudo eludir todas en absoluto, por lo que el desgaste físico que aumentaba el daño implicado se aumentaba. De todas formas, lo alcanzó. No lo golpeó o lo distanció, colocó su palma en la cabeza de Arix y lo empujó hacia al frente, provocando la caída del rubio hacia atrás.
Manteniendo la mano lo más cerca de su cara, quería volver a arrojarlo contra el piso, lo suficiente como para que rebotase y aumentar ese rebote con su magia elemental.
Arix recibió el impacto total, las pequeñas piedras del piso volviendo a clavar en su espalda con fuerza.
El plan de Kairo era alzar al rubio por encima de él mismo, dejándolo ver su cuerpo, con la imagen mental del objetivo y de dónde concentrar el viento para mandarlo a volar: Su espalda.
Plan que iba a la perfección, hasta que el miembro del Harasei contestó cegando apenas se elevó un poco tras la caída. La ceguera afectó a los dos, sin embargo, le permitió liberarse. Con sus sentidos fue capaz de recolocarse de pie, y activando sus instintos, buscó a Kairo para golpearlo aún si ninguno de los dos era capaz de divisar de forma adecuada.
Kairo con ello tenía una ventaja que tenía presente, ya aprendió a detectar movimientos torpes como el de Arix aproximándose a él. No sabía bien la forma de su cuerpo, mas sentía el peso de este mismo.
Prevenía un acercamiento de una de sus extremidades por lo que quiso interceptarla con su mano. Una vez la alcanzó, con su otro puño procuró golpear sin pensárselo dos veces en el brazo que atrapó.
Logrando por fin, un impacto real en Arix. El dolor expresado por el rubio se lo confirmó, y poco después ambos ya eran capaces de observar. El integrante de Dearu aún sostenía el brazo de Arix, por lo que en un descuido, este último liberó un rayo que impactó en la jeta de Kairo.
Procurando acabar lo más rápido posible, Kairo intentó obviar todo el daño recibido para volver a azotar a Arix contra algo. Lo alcanzó, y con las manos en el hombro derecho y el brazo izquierdo, el cual fue el que golpeó, lo arrojó violentamente contra la montaña más cercana.
Arix se vio raspado por la pared punzante de la misma montaña, con picos que si te estrellabas contra ellos causarían un dolor considerable. Aún más si te los enterrabas por ser impulsado con potencia.
Kairo comenzó a sentir líquidos en su cara, desconocía qué era y no quería concentrarse en ello. Sin embargo, al observar a Arix sangrando, él no pudo evitar caer en que lo más probable es que él también estaba llegando a ese punto.
La intensidad del combate y la adrenalina acumulada impedían que el integrante de Dearu cayese desmayado, mas no sabía hasta qué punto iba a llegar de esa forma. Kairo necesitaba acabar el combate urgente, y con Arix medio débil, intentó reiterar el mismo daño.
Al instante en el que Arix se despegó de la pared, Kairo generó viento desde sus manos procurando que el rubio no obtuviese ni un respiro. Kairo se fijó en lo que los rodeaba, habían escombros por las cercanías. Lo suficiente cerca como para que le interesara probar suerte, ahora que veía a Arix debilitado.
Recogió una, apuntó, la lanzó. Arix, alerta, reflectó con suerte la piedra de Kairo. La cual rozó a este mismo, y lo raspó en su brazo izquierdo, generando otra herida impactante en él.
Arix quería recuperar fuerzas, no obstante, se veía incapaz al constante ahogo que representaba el pelinegro en esa situación. Si se movía: lo empujaba contra la montaña. Si se quedaba quieto: lo hostigaba con proyectiles aleatorios.
Se preocupaba de preservar distancias ya que Kairo reconocía que en ese estado apenas y sentía cerrar el puño. Cualquier golpe que consiguiese con eso será fútil. Además, de tener las intenciones de recuperarse aunque sea un poco, inhalando profundo y exhalando, algo agitado.
«¿Voy a… perder…?».- Resonó en la mente del rubio, viéndose acorralado. Sus ojos no se concentraban en nada, hasta sentía mareos. «No… no puedo…».- Arix buscaba recuperar ánimos de algún modo, el que fuese. Entre respiros ahogados apuntaba magia de luz hacia Kairo, el cual lo notó y estaba preparado para redireccionarlo, o en su defecto eludirlo.
—Se volvió… un duelo de desgaste… ¿Eh?- Arix hablaba entrecortado.
Kairo no tenía de otra que quedarse pendiente de la magia de él, alerta, para que no le acertara.
—Estuviste… evitando mi pregunta. Asumo que no lo tienes claro, cuando yo sí.- El integrante del Harasei seguía con su monólogo, amenazando con la energía creciente en su palma. —Si peleas sin un motivo, tarde o temprano… acabarás sucumbiendo, perdido…
«¿Qué mierda dice este…?».- Kairo se cuestionaba, comenzando a percibir las consecuencias de perder adrenalina, al buscar recuperarse.
—Lo siento pero… no me voy a permitir perder contra alguien sin aspiraciones.- Parecía el culminen de su discurso, cuando tras cargar un tiempo, descargó la energía con forma de rayo de luz.
Rayo que fue dirigido no a su rival, si no que a las montañas del otro lado. El rayo fue tremendo, Kairo buscó esquivarlo aunque no fuese hacia él. Tal descarga consiguió que cayeran escombros y pedruscos enormes, además de romper las puntas de la montaña, liberando más luz solar, pues el sol salía desde esa dirección.
Kairo al verlo, se quedó frío por unos segundos. Recordó el comentario que Shair hizo tiempo atrás. “Habrá hallado la forma de manipular la luz, no lo habrá hecho más por la necesidad de la luz solar directa”.
Al regresar su vista al rubio, este disparó más de sus rayos hacia Kairo, los cuales evitó y además buscó recuperar pedruscos que caían de la montaña. Tenía una idea, si es que Arix se volvía invisible.
Arix prosiguió destrozando la montaña para tener más campo iluminado, para después de reposar unos segundos, usar su técnica de invisibilidad. Esta vez, Kairo vio cómo la activó. Le tomó unos segundos, mas notó cómo se aplicó a sí mismo su luz, viéndose así solo el brillo con la figura de su cuerpo, desapareciendo tras un instante.
El pelinegro yacía en el lado con sombra del centro. Ambos durante el combate fueron encaminándose más del lado del Harasei, por lo que desde el cubículo que fue otorgado a Shair se divisaba todo.
Se volvió incapaz de observar a su oponente, pero aún así, Kairo no estaba del todo preocupado. Eso no quitaba que sintiera su cuerpo mediante sentir el choque con su viento. Sería cosa de soportar el primer golpe y enfocar su vista en la dirección de la que vendría.
Golpe que no se hizo esperar, pues un puñetazo a la mandíbula desde su izquierda, fue conectado. Cuando sintió el golpe, reaccionó procurando perseguir a Arix con su viento, mas por alguna razón, este se fue directo hacia la zona iluminada.
«¿Hice algo mal…? O…».- Kairo se cuestionó el porqué el cambio brusco de su magia elemental. «¿Será que mantenerse invisible requiere la luz? Podrá aguantarla unos segundos, mas si se queda pasados esos segundos desaparecerá. Tendría sentido…»
Conclusiones llegaban a la cabeza de Kairo, quien se movía de forma constante ya que no quería estar quieto esperando a que le golpeasen.
«Tengo que hallar un método para alcanzarlo… apenas pueda, lo atraigo a la zona con sombra»
Su plan le hacía sentido, el problema era encontrar esa apertura. Más difícil se lo ponían cuando Arix comenzaría a cargar su magia otra vez. Se oía cierto tintineo de la recarga, el cual Kairo asoció a cuando la mano del rubio desprendía un destello intermitente.
Los sentidos aún activos del integrante de Dearu le permitieron entender dónde se encontraba su rival, usando su viento para confirmarlo. Al toparse con un obstáculo, usó el primer pedrusco alrededor para arrojárselo.
Arix se lo devolvió, mas la roca que reflectó se vio rota por otra que el mismo Kairo disparó. Este último no lo sabía, mas el estar en esa interacción le convenía al rubio, ya que seguía cargando su magia, aún con dificultades.
Teniendo ahora la ayuda de la luz solar directa, la potencia se incrementaría en el siguiente rayo de luz que utilizase. Por lo que fue inteligente y en vez de descargarlo por completo, su idea fue dividirlo. Como antes, mas ahora las divisiones eran casi que cargas completas de las de antes.
Transcurrieron un par de segundos hasta que se animó a disparar. El primero, Kairo lo esquivó fácil ya que gozó de buena suerte y estaba divisando justo ahí.
Con la vista ya en esa dirección, los siguientes no serían difíciles. O esa fue su deducción, hasta que notó que algo atrás de él rebotó. Las rocas que se habían acumulado, por el impacto, comenzaron a impulsarse hacia arriba. Kairo al encontrarse cerca, tenía que escoger entre hacer algo al respecto con las piedras o con el siguiente disparo de Arix.
Sin opciones, probó suerte una vez más, intentando girar en sí mismo mientras generaba un ventarrón. Ocupó la mayoría de orientaciones que pudo, y notó al momento que le funcionó de maravilla. El rayo se desvió al mismo tiempo que a su alrededor se encontraban las rocas. Similar a un tornado, lo rodeaban entre tanto él giraba.
Decidido a darle un uso, disparo la mayoría de piedras que acumuló hacia Arix, buscando dañarlo de alguna manera. El miembro del Harasei contestó a esto empleando su rayo más brusco, en vez de pretender utilizar su magia reflectiva.
Destruyó todas las piedras que se acercaban, y Kairo se vio obligado a evadirlo brincando con el empujón de su magia elemental.
A Arix aún le quedaba energía, por lo que no dudó en seguir usando su magia ofensiva, ahora persiguiendo a Kairo en el aire. Este mismo reiteraba su misma contra, solo que ahora intentando ejecutar lo mismo que con las rocas; dirigirlas a su contrincante.
En el aire era incluso más fácil solo por ya el viento que le recorría, no solo generaba el suyo si no que manipulaba el que lo rodeaba. Soltó pequeños rastros del rayo de luz de Arix en una dirección cualquiera, sin embargo, con eso comprobó que si lograba dominarlo podía hacerlo.
Al haber descargado la mayoría de la potencia en destruir los escombros que le fueron lanzados, Arix se quedó sin tanta energía, y ya comenzó a sentir la fatiga de maná en su cuerpo. La magia de luz era mucho más desgastante que la magia de viento simple, que era la que usaba Kairo.
Nunca usó tanto tiempo, tan seguido, y con tanta potencia su magia de luz, estaba llegando a su límite. Tanto así, que se mareó un momento, observando cómo Kairo se acercaba a él desde la altura. Tosió, y antes de poder reaccionar, el pelinegro lo golpeó desde arriba.
La velocidad que consiguió provocó que el puñetazo lo estampase hacia delante, llegando hasta los alrededores de la montaña contraria al sol. Kairo no quería permitir que se le escapase, no obstante, en el lapso en el que se volvía a encaminar a su rival, se esfumó con su invisibilidad.
Kairo sabía que él no podía haberse ido tan lejos, por lo que testeó lo que aprendió a hacer recién, girando y creando viento hasta sentir el primer choque que no fuese natural.
Él creyó que era buena idea, hasta que vio un destello potente. Arix lo cegó antes de que lo encontrase. No fue tan efectivo al no haber preservado la vista tanto tiempo en él, pero le bastó para colocar su palma en la cara de Kairo.
Así, ocupando su propia magia elemental, generando viento que lo empujó lejos con fuerza, una propulsión que hasta dolía de manera mental, pues pasó de un lado a otro en apenas segundos. Kairo rodó comiendo el punzante suelo que lo rodeaba, cayendo cerca del centro de la cancha.
Kairo acabó boca abajo en el piso, intentando levantarse lo más rápido posible. Sus piernas y brazos temblaban, con suerte hallando la estabilidad. En su cabeza recorría sangre, sus manos también. Respirando agitado, viendo borroso. Observando a Arix a la distancia, acercándose lo más lento posible.
«¿Cuál… es… el límite…?».- Kairo se cuestionó a sí mismo, con los ojos centrados en sus propias heridas, denotando su falta de estabilidad en las palmas, cuando solo cerrar el puño con fuerza le generaba dolor. «¿Cuándo… debería rendirme…?»
Él estaba dudando al respecto, se veía preocupado cada vez más, no sabe ni de cerca cuál es su propia capacidad física, si fuera la de un humano normal ya hubiese muerto hace al menos una hora.
«¿Por qué no… me rindo? Él… él tiene razón. A mí no me importa ganar… ¿Por qué me esforzaría tanto…?».- Kairo quería encontrar el motivo por el cual simplemente no se rinde aún. «¿Tanto me importa… esto…?»
Kairo cambiaba de enfoque segundo a segundo. Contemplando sus heridas, y contemplando a Arix acercarse a él.
«Aún si sé que tiene razón… no quiero… no quiero rendirme… ¿Tanto…?».- Kairo se detuvo unos segundos en su monólogo interno para voltearse, conduciendo su vista al cubículo donde se encontraba su equipo. «¿Tanto… quiero que ella gane? ¿Qué se supone que es para mí? ¿Por qué me importaría tanto que pierda por mi culpa…?»
«Ella me dio el lugar en donde seguramente desearía haber estado todo este tiempo… creo que solo… no me gusta la idea de arruinar lo que es probable que sea su sueño».- Kairo comenzó a cuestionar el porqué de su comportamiento. Su cuerpo reaccionando solo, apretando el puño y manteniéndose de pie aunque le doliese.
«Esto no me importa a mí… pero le importa a ella. ¿Ella… en serio me importa?».- Kairo se preguntó. «¿… Cómo no va a importarme? Debe ser… muy pocas las personas que habré conocido en mi vida que luzcan tanto a… un ser de luz»
Los ojos de Kairo centrados ahora en Arix, cada vez más cerca, con su mano brillando. También notándolo herido, dándose cuenta de que no estaba ni de cerca perdiendo.
«Me sigue pareciendo muy extraño que me haya aceptado en su grupo tan rápido… Aparecí en su casa como si nada y… me dio comida. Me llevó con ella a este pueblo y… está compartiendo algo que habrá deseado conmigo».- Kairo se estaba rompiendo por dentro, dándose cuenta de que quizás sí tenía un motivo para pelear.
«¿Cómo… no voy a querer darle esta alegría…?»
Kairo se centró en lo que le tocaba, Arix. Aún seguía temblando, mas conservar el puño cerrado lo lograba aunque doliese.
Arix se percató de que su mirada cambió, sin embargo, no dejó segundo muerto al conseguir cierta distancia que le permitía disparar su magia. Al alcanzar ese punto, no dudó y descargó más rayos de luz, aunque le costase perder la estabilidad.
Problemas a posterior iba a tener pase lo que pase, su prioridad es acabar el combate lo antes posible. Kairo, podía seguir eludiendo los rayos lentos de Arix, solo que se le dificultaba cada vez más.
Esquivó un par hasta que el último acabó impactando en él, en el estómago. Kairo escupió por consecuente, viendo cómo soltaba en su mayoría sangre. El pelinegro no veía forma de atacar en su estado, los ataques físicos no serían tan potentes, los proyectiles no servían de nada y alzarlo con su viento tampoco.
Para su suerte, estaban en el lado del campo cubierto por las montañas, así que la luz no ayudaba a Arix. Sin embargo, solo eso le favorecía. Él no tenía manera de saber que Arix se estaba quedando sin tiempo, ni de que estaba forzado a acabarlo en ese momento o caería desmayado.
Aún sin saberlo, se encaminó contra él, sin muchas vueltas. Se adelantó con su viento propinándole otro ataque más en la cara, el cual Arix respondió con lo mismo. Tuvieron una secuencia de golpes limpios, sin magia. Arix apenas se veía capaz de usarla, y Kairo no estaba concentrado.
Cuando vio una apertura después de un golpe en el músculo orbicular del ojo, este último recordó su capacidad y colocó sus manos en el mentón de Arix, alzándolo en vuelo lo más alto posible.
Sabía que era inútil porque aterrizaría con su propia magia de viento, sin embargo, poseía en las cercanías aún más escombros, por lo que no perdía nada por repetir la jugada, solo que ahora con el estrés de tener que aterrizar.
Las lanzó, y Arix en vez de reflectarlas, usó su magia de luz. Era débil, lo suficiente débil como para que Kairo se pensara el devolvérselo también. Lo intentó pese a no tener el equilibrio perfecto para efectuarlo.
Con éxito, pudo regresárselo a quien lo disparó en primer lugar, observando el cómo Arix se tragó el ataque.
No cantó victoria porque le extrañó más que a nadie. Entendió lo que aconteció a los segundos de ver que Arix desapareció. Sobrecargó a Arix con luz, dejándole un espacio para cargarse a sí mismo.
Arix no poseía esa habilidad, usó la de reflectar intentando lo contrario, atraer. Reflectó la luz, mas hacia él y con mucha menos potencia. Lo que hacía que ya no fuese dañino si no que fuese eso: luz.
Se enriqueció con la energía y consiguió ser invisible unos segundos, no obstante, se delató al tener que aterrizar. Kairo detectó el ventarrón además de oír cómo caía, por lo que usó más de su magia elemental para empujar en esa dirección, mandando a Arix a volar hasta que se le acabara el tiempo de la invisibilidad.
El rubio acabó cayendo a la distancia, por lo que se veía incapaz de lograr algo con su invisibilidad. En vez de usar energía en mantenerla, soltó una pequeña ráfaga de rayos con la luz que acumuló en sí.
Eran manotazos de ahogado, intentando acabar con Kairo cuánto antes. Este, logró esquivar la mayoría, de no ser por un par que acertaron en su brazo derecho. Los hubiera eludido todos si se hubiese centrado en ello, pero él también quería finalizar el encuentro cuánto antes, así que buscó acercarse a Arix.
Lo alcanzó, y lo impactó con otro golpe rápido. Arix contestó con uno idéntico, esta vez usando su magia de viento para incrementar la potencia también. Al golpe, Kairo sintió un aire que era como si una ola de viento lo pasara por encima.
Kairo portaba encima una roca, la cual mantuvo en su palma cerrada y usó para que su golpe fuese más duro, dándole con la roca misma.
Arix, a punto de caer vencido, colocó su palma en el pecho de Kairo, y desató los restos que le quedaban. Como no se quedaba quieto del todo, su mano se situó más del lado izquierdo del cuerpo de Kairo, en su costilla, cerca de su corazón.
La inclinación llevó a Kairo volando cerca de una de las montañas, otra vez. Fue un ataque con su viento, más que con su luz, por eso salió disparado.
Kairo cayó apoyado en el muro, con una respiración entrecortada y ya sin saber qué más hacer. Arix comenzaba a desprender sangre de sus brazos, producto del exceso de magia. Aún temblando y casi sin sentirlos, se forzaba a cargar aún más.
El pelinegro buscaba levantarse, sin muchos éxitos. El integrante del Harasei, apenas podía sostenerse de pie. El combate parecía llegar a su culmen, aún cuando no había un ganador claro.
Al menos, hasta que Arix comenzó a cargar. Su mano desprendía aún una luz intermitente, y con su otro brazo se obligaba a apuntar hacia Kairo.
—¡Rí-Ríndete…!- Arix proclamó denotando su cansancio y dolor, queriendo que Kairo se rindiese para evitar disparar.
—No…- Kairo se negó de inmediato, pretendiendo levantarse a duras penas.
El encuentro lucía sin fin, hasta que el tintineo de la magia de Arix aumentaba, lo que provocó que las campanas resonaran.
—¡El segundo combate ha llegado a su fin, con la victoria del miembro del Harasei! ¡Tras un largo pero intenso combate, Arix pone el marcador en empate!- Se oyó de los presentadores.
—¿Q-Qué? Pero… si no… me rendí.- Kairo cuestionó en voz alta, aún levantándose.
Pese al intento, no podía ni ponerse de pie. Se iba a caer una vez más, solo que fue atrapado por uno de los árbitros antes de que cayese al suelo.
—¿Te parece eso suficiente respuesta?- El árbitro le interpeló, mientras le aplicaba tratamientos ligeros, entre ellos, un parche regenerativo y un par de medicamentos líquidos.
Kairo tosió al entrar en contacto con estos, el sabor le parecía horrible.
—Pero… yo no me rendí… ¿No se supone que… si no caía inconsciente o me rendía, no… pararía?- Él insistió.
—De las pocas reglas que tenemos es que no hayan heridas graves, y mucho menos de muerte. Tú no estabas capacitado para continuar luchando, no te rendiste por negligente.- El árbitro le explicó, aún tratándole por encima. —Cuando acabe el Duel’Grot, dirígete a la zona médica. No hagas muchos esfuerzos ahora.
Kairo estaba devastado, divisando cómo la pelea se le fue de las manos. Arix cayó prácticamente inconsciente poco después, o eso percibió. El otro de los árbitros lo trataba también. Sentía que le arrebataron la victoria de las manos, frustrado como el que más.
—¿Cómo te sientes?- El árbitro le preguntó a Kairo.
Este último estaba concentrado en Arix, quien parecía acabado en comparación a él. Aún así escuchó lo que le preguntaron y comenzó a estirar un poco los brazos, notando que el derecho le dolía demasiado en comparación.
—Levemente… mejor… eso creo.- Kairo replicó, con dificultades.
—¿Te ves capaz de regresar con tu equipo?- El árbitro cuestionó.
—S-Sí…
Kairo afirmó, ya que sus piernas no estaban del todo dañadas, no recibió muchos impactos por ahí. Solo era el cansancio. A lo lejos, vislumbró a quien parecía ser Zakko en solitario, acercándose a él.
No sabía qué iba a decirle. Quien tenía más problemas con el resultado era él mismo. Tenía miedo de cómo se lo tomaría su equipo, y sobre todo Zakko, quien le faltó poco para implorarle que ganase.
La frustración de perder así, y los nervios de hablar con su compañero, lo carcomían.
—Está bien, entonces. Suerte, y no olvides ir a la zona médica cuando finalice. Buen trabajo, por cierto. Tu pelea fue muy entretenida, te luciste.- El árbitro le dedicó unas bonitas palabras, las cuales no le importaron en nada.
Quería que ese momento transcurriera rápido, si era posible, adelantarlo. Desconocía lo que Zakko le diría, o el porqué está viniendo él solo. No cree que le dijese algo malo, no obstante, el simple hecho de que por esto él tuviese que pelear, le generaba cierta intimidación.
No quería verlo mal, tampoco.
—Perdón.- Murmuró, aunque nadie le escuchase. Zakko no estaba ni cerca de él, de hecho, no lograba ni identificar su cara por la visión borrosa que portaba. —Qué… horrible.- Kairo maldijo a la situación.
Ahora, estando uno a uno en el marcador, el siguiente enfrentamiento sería el que decida quién es el ganador de este Duel’Grot.
El público no podía estar más eufórico al momento en el que resonaron las campanas hasta tiempo después incluso. Cualquier ganador les parecería impresionante, mas, la mayoría estaban porque querían ver ganar al Harasei, era un hecho.
La grada ya estaba repleta, sobre todo por ser el último combate el siguiente. Todos ansiosos y pendientes al respecto.
En los próximos diez minutos, daría inicio lo que sería a su vez el fin de esto, el combate entre los restantes: Mwsatt, de parte del Harasei, y Zakko, de parte de Dearu.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com