Kinokodearu - Capítulo 21
- Inicio
- Todas las novelas
- Kinokodearu
- Capítulo 21 - Capítulo 21: Duel'Grot Vs. Harasei (Desenlace)
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 21: Duel’Grot Vs. Harasei (Desenlace)
—Zakko…- Shair murmuró, sin comprender con precisión qué era lo que estaba sucediendo. Solo veía a Zakko transformado en algo desconocido para ella.
El instante en el que se encontraba la pelea, Zakko subió junto a Mwsatt a la cima de la montaña.
Kairo yacía dormido, concilió el sueño luego de que Shair le convenciera para que su cuerpo reposara, aún teniendo los efectos de la venda regenerativa. Mientras, Shair y Yaku divisaban el combate. Ambas preocupadas, pero Shair lo demostraba más por su forma de ser.
Estaban de pie, pegadas a la ventana para observar el cien por cien de lo que acontecía. Transcurrían los segundos, y Shair se carcomía la cabeza aún más viendo cómo se desenvolvía todo. Tras una acción intensa, todo se nubló alrededor.
Al dispersarse la arena, se dejó ver a Zakko ensangrentado, siendo cargado de la ropa por parte de su rival. Estaba en dirección al cubículo, por lo que Shair podía ver a Zakko completamente herido.
—¡Zakko!- Shair voceó, ya desesperada. Al ver eso, decidió bajar corriendo incluso antes de que resonaran las campanas.
Yaku la vio retirarse con prisa, e iba a seguirla hasta que por el resonar de las campanas y todo el griterío del público identificó a Kairo queriendo despertarse. Se detuvo unos segundos, hasta que optó por no darle importancia e ir a buscar a Zakko.
Kairo entre tanto alboroto, comenzaba a despertarse poco a poco. El ruido de la campana y el grito de la gente le generaba intriga, y el no ver a ninguna de sus dos compañeras ya le preocupó.
Sin embargo, tenía en su cuerpo una sensación extraña, sobre todo con su temperatura. Se ajustó súper rápido, pues apenas se despertó seguía teniendo calor, y ahora tenía una temperatura ideal.
Tenía la sensación de que algo recorría todo su cuerpo, y sobre todo un leve toque en el pecho. Kairo se sentó en la nube, buscando ver de reojo el campo. Al hacerlo, percibió cómo lo que sea que estuviese generando esa sensación de un tacto en su pecho se esfumó, mas emitiendo un ruido.
—¿Qué?- Dudó en voz alta.
Desconocía el porqué, pero ahora tenía el presentimiento de que alguien se encontraba cerca de él y que no era capaz de verle.
Era así, hasta que al final acabó apreciando un leve brillo el cual reconocería desde incluso bastante lejos.
De forma gradual, este brillo se iba intensificando, hasta que se disipó por completo, dejando ver a la mujer albina.
—¿Quieres recostarte otra vez?- La mujer albina de mechones verde en un lateral de su cabello, le ordenó al pelinegro que permanecía sentado en la nube.
Este mismo, por la confusión, se quedó observándola. Por la confusión y por la impresión.
—Ey.- Ella insistió.
—Ah, perdón.- Kairo pidió disculpas por quedarse embobado, aunque seguía queriendo respuestas… a preguntas que no expresaba por nervios.
Se recostó y la albina colocó las manos en su pecho, esta vez presente para que Kairo entendiera que lo estaban tratando. Aún con esas, Kairo yacía con los ojos más abiertos que nunca observándola.
No era la primera vez que se presentaba así ante él, solo que le tomó de sorpresa que lo haga con tanta normalidad.
—¿Qué… haces acá?- Kairo cuestionó, con un poco de inseguridad debido a no saber cómo debería tratarle. Decidió tutearle porque juzgándola por el físico, pensó que no debería ser mucho mayor que él.
—Me aseguro de que… no vuelvas a morir.- Ella le comunicó con una breve pausa, concentrada en brindarle un trato óptimo a Kairo.
Kairo tragó saliva con cierto temor debido al comentario de la albina.
—¿Iba a morir?- Preguntó por eso mismo.
—No. Pero me aseguro de que no lo hagas, dah.
La albina de mechones verdes se expresaba con tanta informalidad que de alguna manera Kairo se sentía más tranquilo sobre cómo tratarle.
—¿Estuviste viendo-
—Sí. Lo vi todo.- Ella le interrumpió, ya que sabía que Kairo iba a preguntar si vio su pelea.
El pelinegro permanecía recostado observando y notando cómo una chica que no conocía de nada y lo más probable es que tuviera su edad o menos trataba sus heridas con mucha superioridad a Shair o a la venda curativa que le otorgaron.
Al quedarse un rato en silencio, acabó cayendo en cuenta de que sus compañeros no estaban. Por eso mismo, cayó en cuenta de que Zakko estaba peleando. Mientras él se despertaba oía las campanas, por lo que seguramente la pelea había acabado.
Eso provocó que Kairo se levantase de forma brusca, aún si la chica se hallaba tratándole.
—¡Pero quédate quie-
La albina se iba a quejar de él hasta que lo vio acercándose al ventanal, buscando con la mirada a sus compañeros. Vislumbró con suerte a quien creía que era Zakko, tumbado en el piso.
Su estado mental tuvo un cambio tan drástico que incluso la chica lo notó en su respiración. Era mucho menos calmada que hace unos segundos.
—¿Qué pasó?- Ella dudó.
—Oye.- Kairo le llamó.
—¿Qué?
—No te conozco y… creo que no me conoces. Pero… ¿Puedes hacer esto que hiciste conmigo, con Zakko? O sea, con el… eh… veniz. Mi compañero. El de pelo celeste.- Fue lo primero que pensó Kairo. —Por favor. En serio, por favor.
La albina al ver su petición, no pudo evitar reaccionar a esta misma con un suspiro y una leve sonrisa.
—Está bien. Solo déjame…- Ella aceptó, no sin antes acercarse a Kairo para poner su mano en la frente.
Kairo por obvias razones no comprendía lo que hacía, mas percibía su cuerpo más ligero y fresco. El tener tan de cerca a aquella chica le generaba leve vergüenza, sobre todo cuando esta misma lo veía a los ojos.
Y ella estaba tan cerca debido a que no alcanzaba del todo su frente por la diferencia de tamaño.
—Listo.- Ella se alejó, no sin antes chocar su palma contra la frente de Kairo, y riéndose de ello.
Kairo soltó un quejido leve ya que no le ocasionó dolor ni mucho menos, solo molestia.
—¡Más te vale cuidarte!- Ella se despidió, sonando más como amenaza que como gesto de amabilidad.
La albina desapareció como si nada, dejando los destellos de siempre, y dejando a Kairo sin entender nada. No obstante, se estiró un tanto para comprobar que se hallase recuperado, y aunque no del todo, ya se podía mover con normalidad. Sus brazos eran en los que más se veía afectado todavía.
Se quedó allí unos segundos, viendo a la nada, hasta que volvió a caer en cuenta de que sus compañeros estaban lo más probable que en la arena, por lo que decidió ir con ellos.
Zakko, se encontraba en medio del campo, tumbado en el piso. Mwsatt por su parte, aterrizó usando el mismo recorrido del que Zakko cayó, solo que usando su técnica defensiva para endurecerse y que casi no le afectase la caída.
El integrante del Harasei abandonó el campo, yendo directo a su antecámara. El de Dearu, continuaba inconsciente. Su cuerpo luchando por mantenerse bien, con dificultades para respirar por su cuenta.
La albina de mechones verdes se apareció antes que cualquiera de las compañeras del veniz, a su lado. De inmediato, se percató de que Zakko se expresaba con gestos faciales aún cuando estaba inconsciente. Se cuestionó a sí misma lo que podía ser, mas prefirió preguntar una vez él se recuperara.
Hizo el mismo procedimiento, colocando ambas manos en el pecho de Zakko, solo que ahora la cambiaba de posición lentamente. Pasándola por la mayor parte del tronco, para que la magia que usaba se esparciese de forma adecuada y no fuese contraproducente curarlo.
Zakko se iba sanando gradualmente, aún sin despertarse del todo. Al no ver mayor avance en su recuperación, y al divisar de reojo que sus compañeras ya pisaron la cancha, ella optó por utilizar también el hechizo que usó con Kairo.
Colocando su palma en la frente de Zakko, se concentró. Generando un destello, Zakko abría los ojos poco a poco. Sentía su cuerpo súper pesado, y aún herido. Sus heridas eran mucho más graves que las de Kairo, y eso sumado a que su cuerpo también era más débil, acababa significando que aunque la albina hiciera lo mismo que con Kairo, Zakko no estaba recuperado del todo.
—¿Me oyes…?- La chica cuestionó a un Zakko recién retomando consciencia.
Él apenas era capaz de enfocar a la albina.
—¿Quién… eres…?- El veniz preguntó.
—No creo que te importe.- Ella se negó a responderle al instante.
—Sin embargo…- Se arrepintió al instante, también. —Puedes llamarme Jiko.- Le dijo, con una sonrisa y apuntándose a sí misma con el pulgar.
Zakko aún no divisaba del todo bien a la chica que tenía en frente, y a pesar de eso, la sonrisa que vio ocasionó que abriese los ojos como platos.
—Tu sonrisa…- El veniz murmuró, sonando sorprendido.
—¿Ah?- Jiko no comprendió nada.
Zakko se mantuvo estupefacto observando el rostro de la albina unos segundos, como si lo hubiese visto antes.
—Creo que… no sé… y-yo…- Zakko comenzó a decir incoherencias.
—¿Tuviste visiones?- Jiko recordó lo que iba a preguntar antes, mientras también repetía la curación en él, ya que no lo sanó del todo.
—¿Que si tuve qué…?- Zakko no sabía ni dónde estaba parado.
Por eso mismo, Jiko se rindió de cuestionarle nada.
—¿Tú cómo te llamas, por cierto?- Jiko se olvidó de inmediato el que no le iba a cuestionar nada.
—¿Yo…? ¿Cómo me llamo…?- Zakko estaba ahí, mas parecía estar en otro mundo. —… Ah, Ya- Zakko.- Se corrigió al momento.
—Zakko… lindo nombre. Se parece al mío, así que es lindo.- Jiko parloteó. —Okey Zakko, te voy a decir una sola cosa.- Jiko estaba preparada para amenazar también al veniz.
Veniz que ni él sabía en qué mundo se hallaba, permanecía perdido. Sin embargo, por oír, oía lo que Jiko decía.
—Tu amigo… Kairo, creo que le llamas. Digamos que… me interesa que siga vivo. Tengo entendido que eres un veniz, por lo que de por sí deberías ser capaz de defenderlo. Aún así, te di mi bendición a ti y a él.
—… ¿No era solo una cosa?- A pesar de no entender nada, Zakko se percató de que era bastante más de una cosa lo que le estaban diciendo.
Jiko se calló unos segundos, viendo a la cara de Zakko, fijo. Intercambiaron miradas, Jiko pretendiendo dar a entender su clara molestia con la interrogante de Zakko. Al ver que Zakko tenía la misma cara de idiota que todo este rato, suspiró derrotada.
—Defiéndelo con tu vida.- Jiko habló con un tono más serio.
Zakko solo la observó.
—¿Y si… me negase?- Cuestionó después de observarla, denotando su estado tan poco cognitivo.
—Dije con tu vida por algo, ¿No?
—Eh…- Zakko no entendió la respuesta de Jiko. —¿Por qué te mueves tanto…?- Zakko le preguntó, porque no era capaz de enfocarla aún. Se estaba mareando, y su cuerpo no reaccionaba del todo bien a la magia sanativa de Jiko por la gravedad de las heridas.
Él estaba mucho mejor que antes, sin embargo, necesitaría un poco más de trato durante el día.
Jiko, identificó a las dos chicas que reconocía como compañeras tanto de Kairo como de Zakko a escasa distancia, por lo que se aseguró de cubrirse con su capucha.
—Te encargo a Kairo, no me decepciones si llegas a apreciar la fuerza que te di.- Jiko se despedía de Zakko, levantándose.
Posterior a eso, desapareció dejando sus brillos correspondientes que se esfumaron poco después.
Los árbitros por algún motivo no llegaron de inmediato, ni siquiera cuando ya pasaron minutos de que acabase la pelea. O eso parecía, hasta que Shair y Yaku se acercaron a él del todo.
Ambos árbitros llegaron antes que ellas, y uno de ellos se encargó de alejarlas.
—Lo siento, mas no puedo permitirles aproximarse a él todavía.
—¿Qué? ¿¡Por qué!?- Shair interpeló, con un tono que expresaba su tristeza.
—Necesitamos estar seguros de que no es una amenaza.
—¡Pero-
Shair quiso sobrepasar al árbitro, mientras que Yaku entendía lo que estaba pasando debido a que ya había pensado en que eso podía suceder. Desconoce lo que es Zakko transformado en lo que sea que se transformó, no obstante, sabía que no era común.
—Lo siento, señorita. No me haga usar la fuerza con usted.- El árbitro se quería contener, a la vez que interceptaba a Shair, permitiéndola al otro árbitro cargar a Zakko en sus hombros y llevárselo para analizarlo.
—¿¡A dónde se lo llevan!?- Shair preguntó, hiperventilada.
—A la sala médica. Si quiere, puede esperar cerca de ella.
—Pero…- Shair se rendía poco a poco, dejando de forzar el pasar por encima del árbitro. —… es mi… Zakko… ¿Por qué…?
—Es el procedimiento que se nos indicó.- El árbitro le explicaba, a la vez que veía a Kairo encaminarse a la distancia. —¡Usted, venga!- Le indicó.
Shair se volteó para ver a quién le decía, contemplando a Kairo, que parecía bastante recuperado de repente.
Yaku se sentía súper mal, sin embargo, no lo demostraba. Su gesto era de indiferencia en su mayoría, no se expresaba de manera verbal para no quebrarse.
Kairo acabó alcanzándoles, para darse cuenta de que Zakko no estaba.
—¿Y Zak… ko…?- Interrogó, percatándose de las expresiones de sus dos compañeras. La albina con una cara de muerta, y Shair derramando lágrimas. —¿Qué pasó?
—Acompáñenme. Sobre todo ustedes, Yaku y Kairo. Tenemos que ofrecerles atención médica. La líder está invitada a seguirnos si así lo desea.- El árbitro expresó, para a posterior encaminarse rumbo a la antecámara del Harasei.
Los tres de Dearu se vieron entre sí unos segundos, hasta que Kairo avanzó lentamente siguiendo al árbitro, por lo que las otras dos lo siguieron también.
Kairo no tenía idea de lo que pasó, presuponía solo que Zakko estaba muy herido como para que se lo llevasen de esa manera.
«Esa tipa…».- Kairo se cuestionó respecto a la albina. «¿Habrá hecho lo que le pedí?»
Kairo ojeaba de vez en cuando a sus dos compañeras, Shair a su lado y Yaku al costado de Shair. Shair estaba cabizbaja y pasándose las mangas por los ojos, secándose las lágrimas además de respirando entrecortado. Yaku solo observaba al frente, aunque tampoco se le veía bien.
Caminaron lo suficiente como para llegar al pasillo, y adelantarse al cubículo respectivo del Harasei. Una vez en la antecámara, se voltearon hacia su derecha, siguiendo al árbitro. No se veían a otras personas en el transcurso, ni siquiera a los del Harasei.
Los tres de Dearu no pronunciaron ninguna palabra. Shair estaba buscando con la mirada al árbitro que se llevó a Zakko.
Acabaron llegando a un espacio similar a donde se encontraban los reposadores y otros locales, solo que era uno más abierto y del otro extremo. Al inicio, solo divisaban ciertas habitaciones juntas, sin embargo, había un camino que dirigía a diferentes pasillos.
Era un pequeño conjunto en donde estaban las atenciones médicas, análisis, un patio para practicar, probar cosas o solo tomar aire, y otros lugares para comer dentro del coliseo.
El árbitro que guiaba a Dearu se acercó a lo que a simple vista era el cuarto más grande, con bancos alrededor. En general, habían bastantes sillas y hasta mesas, se alcanzaban a notar un par de personas descansando.
—Esta es la sala médica.- El árbitro dijo, abriendo así la puerta.
Dentro, se asemejaba a un hospital. Varios trabajadores rodeando las cercanías, con un uniforme esperable de un doctor. Lo que le llamó la atención a Kairo, fue que la mayoría llevaba un gorro que no se esperaría de doctores comunes. Supuso al instante que era porque no eran doctores comunes, aunque eso no le quitaba que le llamase la atención.
—Pasen.- El árbitro les pidió, ya que los tres se quedaron afuera sin dar un paso dentro.
Haciéndole caso, los tres se adentraron el la sala médica. Ninguno logró identificar a Zakko, aunque habían más habitaciones dentro, por lo que los tres dedujeron que podía encontrarse ahí.
—¡Dearu!- Una doctora se acercó al grupo de este mismo nombre. —Los dos que participaron, síganme, por favor.
Kairo y Yaku miraron a Shair, ya que a ella no le indicaron que la siguiera, por lo que no sabían si ir. De todas formas, ambos concordaban en que no necesitaban mucha atención médica.
—¿Qué me miran?- Shair cuestionó al percatarse de que ambos la observaban, con un tono bastante más calmado que minutos atrás.
—Ah, no… nada.
La doctora que los llamó a ambos esperaba paciente a que le hicieran caso de una vez. Kairo caminó hacia ella y Yaku detrás de él, por lo que acabó llevándolos a unas camillas aparte para el trato de participantes en el Duel’Grot.
Cada uno se sentó en una camilla, y la misma doctora pretendía atenderlos a ambos. Comenzó primero con Yaku, ya que podía quitarse de encima su tratamiento más rápido al haber tenido un combate más corto y no mucha acción durante el partido.
Sacó de su bata sanitaria de color café, un estetoscopio con un poco de diferencias respecto al que Kairo conocía. Sin embargo, se parecía lo necesario como para que él entendiese que se trataba de eso.
Mientras la doctora atendía a Yaku, Kairo sentado comenzó a divagar en sus pensamientos ojeando todo lo que lo rodeaba. Se sentía nervioso por razones que desconocía. Aún sentía dolor en el brazo, por lo que asumió que debería comunicarlo.
Le parecía extraño que solo fuese en su brazo izquierdo, no obstante, se alegraba al menos que solo fuese ese brazo, pensando que si tuviera que perder uno, que fuese el más inútil como mínimo.
Shair salió del lugar, aún pudiendo seguirlos. Prefería tomar un respiro afuera, en los bancos cercanos a la sala médica.
Se apoyó en la pared, con la mirada perdida hacia el frente. No tenía ningún pensamiento claro. Se consoló a sí misma abrazando sus piernas, casi en posición fetal.
El tiempo parecía paralizarse, se mantuvo allí sola durante unos buenos minutos. Observó a gente pasar, mas nada le quitaba la mirada muerta.
Tras unos minutos, Yaku fue la primera en salir, buscándola con la mirada hasta encontrarla lo más cerca posible de la puerta.
—Shair.- Yaku la llamó, yendo a sentarse a su lado.
Ella consiguió que Shair perdiese aquella mirada, sobre todo al ver que estaba casi igual. Solo le notó un parche regenerativo en la mejilla y una venda pequeña en ambas manos.
—Hola, Yaku.- Shair le correspondió el saludo forzando subirse el ánimo. —¿Cómo estás?
—Ah, yo bien. Me pusieron estas cosas por poner, creo. Según ella tenía aún secuelas por la magia eléctrica que recibió por completo en las palmas, sin embargo, yo no sentí nada.- Yaku explicó lo que le atendieron allí dentro.
—¿Y Kairo?- Shair interrogó por su otro compañero.
—Está dentro. Me quedé un rato mientras lo veían, parece que va a necesitar un vendaje de brazo con soporte un rato. Tampoco tanto, de hecho, Kairo insistió en que no lo necesitaba. A la doctora parecía preocuparle mucho la salud.- Yaku comentó con un tono jocoso, viendo que Shair aún tenía una expresión decaída.
—… Ya veo.- Shair no ayudó, ya que volvió a ver al frente mientras se mantenía abrazando sus piernas.
Yaku se percató de ello y tampoco intentó mucho más animarla. No podía ocultar que ella estaba igual de preocupada.
Fue un instante incómodo, más que nada para Yaku. Ya que Shair no pensaba en nada en ese momento, no le importaba si el silencio era incómodo.
Minutos después, salió Kairo, actuando igual que Yaku cuando salió; buscando a sus compañeras con la mirada. Tenía a la fuerza aquel vendaje de brazo con soporte, ya que se sintió amenazado.
Shair cada que salía alguien de la sala médica volteaba con esperanzas, y aunque siguiesen saliendo sus compañeros de equipo sanos, no era capaz de mentirse a ella misma. Preferiría que saliese Zakko antes que nadie.
—Hola. ¿Qué hacen?- Kairo se acercó a ellas, y les preguntó como si no identificase el ambiente melancólico que permanecía alrededor de ambas.
—Hola.- Contestó Yaku.
—… Hola, nada.- Shair tardó en responder.
Kairo estaba claro respecto a que sentarse al lado de ellas sería cavar su tumba al lado de dos mujeres deprimidas con las cuales tanta confianza no podía decir que tenía. Con una más que con la otra, pero aún así no se sentía preparado para animar a ni una. Y mucho menos animar en relación a lo que les estaba poniendo así.
Observó para los alrededores, contemplando todo lo que tenían cerca y las personas que habían. Por un segundo, creyó ver una cabeza pelirrosa y otra castaña, que rápidamente asoció a las personas que había visto al menos unas dos veces.
Pensó en ir a saludar, más que nada por ahorrarse el mal gusto de deprimirse junto a Shair y Yaku.
—Shair…- Kairo quería irse, no obstante, imaginaba que si se iba sin decir nada podría preocupar o algo así, y ya bastante tenía la pobre alma de la peliverde. Sobre todo ella, ya que según él a Yaku no le importaría para nada y era probable de que si él no se apareciese media hora en frente de Yaku, ella olvidase incluso su nombre.
—¿Ah?
—Voy a… caminar un poco. ¿Estarás aquí, verdad?
—… Sí.- Shair confirmó, moviendo su mirada dirigida a Kairo para acabar regresándola al suelo, cabizbaja.
Con la afirmación de Shair, Kairo se sintió libre de ir a buscar a los otros dos desconocidos incluso aún más que los desconocidos que veía todos los días. El problema fue que para el momento de la verdad, ninguno de ellos se lograba avistar.
Aún viendo esa esquina y el resto, habrán caminado o se habrán metido a algún lado. Comenzó a sospechar de que lo alucinó, era una probabilidad. Los pasillos para él los sentía medio vacíos. Más que nada porque era muy plano, tenía la luz suficiente como para no parecer abandonado, y era amplio el espacio entre locales.
«… Si no tuviera a mis compañeras cerca y por ende estuviera completamente solo aquí… podría perder la cabeza fácil…».- Aseguraba Kairo en su mente. «Es como si me metieran a un backroom… creo que debería ir con ellas otra vez, antes de que me vuelva loco…»
Él se dio la vuelta, dándose cuenta de que no había nadie. Los bancos estaban vacíos, nadie en absoluto.
«Pero… no veo el pasillo desde aquí…».- Kairo se percató de que no observaba el pasillo por el que llegó.
Se volteó antes de comenzar a asustarse de verdad, para caer en que antes se dio la vuelta en dirección contraria. Acabó viendo a Shair y a Yaku sentadas, además del pasillo.
«Ah, nomás soy pelotudo».- Se agravió a sí mismo, para después ir con ellas.
—Oigan…- Kairo les llamó, mientras se les acercaba.
Ambas lo vieron, sin muchas ganas.
—¿No querrían… ir a comer o algo así? Hay lugares acá mismo por si les preocupa que salga Zakko. O sea, digo… para hacer algo.
Yaku mantuvo la misma mirada, mas Shair sí se animó un poco. Se estiró, y se levantó antes de pronunciar una palabra.
—Está bien. Creo que tengo dinero, y sí tengo hambre. Podría comprarle algo a Zakko para que tenga una vez salga de paso.- Shair aceptó.
Yaku continuaba en el banco, aún viendo a Shair incluirse en el plan.
—¿Quieres venir, Yaku?- Shair le preguntó de forma directa.
Yaku dudó observándola, a la vez que de reojo veía la puerta.
—Bueno.- La albina acabó aceptando también.
Como todos concordaron ir, fueron al primer lugar para comer que vieron.
—Shair…- Kairo quería cuestionar algo.
—¿Qué?
—¿La comida no la garantizan los del Duel’Grot? ¿Solo es la atención médica?
—Ah… no sé. Supongo que solo es la atención médica. Nunca viví uno de dentro, no tengo idea.- Shair respondió desanimada aún, o al menos mucho más de lo que Kairo tenía acostumbrado. Le resultó raro verla hablar así.
Shair vio un local que reconoció, ya que pasó por ahí con Zakko una vez. Por ello mismo, quiso ir de cabeza, ya que sabía lo que a Zakko le gustó esa vez que comieron.
Kairo y Yaku solo se fijaron en que la peliverde fue directo a un local, por lo que la siguieron sin cuestionárselo.
—Siéntense en cualquier mesa, les pediré algo que seguro les gusta.- Shair ordenó, a lo cual le hicieron caso, más o menos.
Más o menos, ya que Shair se fue directo al mostrador mientras que Kairo y Yaku se quedaron quietos sin ninguno tomar la iniciativa de sentarse en una mesa. Aún si no había nadie más, por alguna razón desconocida ninguno de ellos deseaba ser el primero en moverse.
Quizás no querían elegir el asiento, por lo que se veían en la obligación de aguantar hasta que Shair pidiese o les echase la bronca con un gesto facial desde la distancia.
Ambos de reojo observaban al otro, de vez en cuando. Como esperando a que el otro decida. Todo eso mientras Shair ya estaba pidiendo debido a que solo se encontraba ella en el mostrador.
Tanto al pelinegro como a la albina le llegaba a parecer terrorífico el hecho de que todo esto estuviese tan vacío, pero nada era más terrorífico que tomar la iniciativa para ellos.
Shair ya pidió, a lo que optaría por esperar ahí mismo ya que no era algo que tardase en ser preparado. Se dio la vuelta, apoyada en el mostrador, y vio a sus dos compañeros quietos como momias.
Los comía con la mirada. Ni Yaku ni Kairo sabían qué estaba pensando, cada uno era más dramático que el otro.
Así, hasta que Shair hizo gestos de duda, al ver que no se movieron ni un poco desde que los dejó.
Kairo correspondió los gestos de duda con gestos de duda también, además de una sonrisa nerviosa.
Sonrisa nerviosa que pasó a ser risa al identificar a Yaku respondiéndole el gesto con un pulgar arriba. Le causó gracia, sobre todo su cara al hacerlo, que era todo lo contrario a uno de incomodidad, lucía muy segura de sí. Le faltaban los lentes de sol, a su gusto.
—¿Qué hacen?- Shair cuestionó a sus dos compañeros con un extraño tono de susurro pero muy alto, para asegurarse de que le escuchen.
Kairo se quedó observando a Shair, mientras que Yaku lo apuntó a él, para expiarse y echarle la culpa a él.
Shair vio a Kairo por ello, y él se sintió amenazado lo suficiente como para proceder a sentarse en la primera mesa que cayó en su visión.
Yaku lo siguió, sentándose en frente de él.
La peliverde tiempo después se acercó a ellos, con la comida. Era unos cestos pequeños que contenían una cantidad específica de masa de harina de trigo frita en aceite. El resto de ingredientes eran desconocidos para Shair, que les comentaba lo que sabía de la comida que les trajo.
—A Zakko le gustan. Así que compré un poco de más para llevarle.- Shair dijo luego de explicar, con un recipiente en la mano que contenía la comida para llevar.
Ella fue la primera en comer, seguida de Yaku, que también tenía hambre. Kairo por su parte, se quedó observando la comida de forma circular que le había llegado en un cesto. Lo olió por encima, confirmándose a sí mismo que mal no olía.
Le tomó un tiempo asegurarse de morderlo, hasta que al hacerlo, no le gustó del todo. Podía comerlo, no estaban mal, solo que no era su comida favorita.
Yaku por su parte, sí los estaba disfrutando. Creía que no era la primera vez que los probó, mas no recordaba bien de dónde lo habría probado. Dudaba de que Zakko le llevase, debió haberlos probado antes.
Los tres de Dearu se quedaron allí un buen tiempo, aún si incluso dejaron de comer. No tenían otro lugar donde quedarse, de todas formas.
Mientras más pasaba el tiempo, más dudas tenían tanto Kairo como Yaku respecto a que esto se situase tan vacío. Se imaginaban que podía llegar a ser algo para que el público lo visitase, no obstante no había nadie ahora.
Ninguno se animó a preguntarle a una Shair deprimida.
En el Harasei, entre tanto, discutían.
—¿¡Cómo!?- Hiwa interpeló, exaltada.
—Es muy fuerte, Hiwa. Nos convendría tener talento así.- Dertzel intentaba convencerla.
Hiwa solo lo observó, cuestionando lo que él pretendía. Dertzel tenía la intención de invitar a Yaku a unirse al Harasei, sobre todo a su división. A simple vista era la más fuerte de Dearu, dio un buen papel en todo el partido y ganó su combate.
En la antecámara del Harasei se hallaban tres. Los dos ahora mencionados, Hiwa y Dertzel, además de Arix. Mwsatt por su parte se fue a un reposador, no tenía ganas de verles las caras por un rato.
—Pero…- Hiwa quería negarse, a pesar de que no tenía ningún tipo de derecho como para hacerlo.
Arix tampoco estaba muy convencido, mas tenía claro que la decisión final sería de Dertzel.
—Estoy seguro de que te caerá mejor si la conoces más.- Dertzel convencía a Hiwa, para luego mirar a Arix, quien estaba sentado cerca de Hiwa. —Arix, ¿Podrías acercarte tú a ella?- Dertzel le pidió.
—¿Qué? ¿Por qué yo?- Arix se sorprendió.
—Yo tengo que solucionar un par de cosas con las personas importantes del coliseo, para repartir el dinero que nos den a nosotros y a Dearu.- Dertzel dio sus argumentos.
—Es que…- Arix seguía negativo.
—¿Es que qué?
—Creo que le caigo mal.- Arix afirmó. —Bueno, creer. Estoy seguro de que si pudiera me patearía estando en el suelo y me escupiría aparte.
—Me parece que estás siendo exagerado.- Dertzel concluyó.
—No, en serio. Le caigo mal.- Arix se mantenía firme.
Dertzel lo carcomió con la mirada unos segundos.
—Pero supongo que no me queda de otra.- El rubio acabó sucumbiendo.
—Me alegro de que lo entiendas.- Dijo Dertzel.
De mala gana, Arix se levantó para dirigirse a la zona abierta, lugar en donde se encontraba la sala médica y por ende también el local en el que estaban comiendo los miembros de Dearu.
—¿Te vas a quedar aquí?- Arix le preguntó a Hiwa, antes de irse.
—¿No puedo?- Hiwa interpeló.
—Te hice una pregunta.
—… Supongo que puedo acompañarte.- Hiwa acabó aceptando ir. No le venía mal un paseo.
Arix ya fue atendido en la sala médica, más que nada por quedar inconsciente. Estuvo siendo tratado todo lo que duró la pelea de Zakko y Mwsatt, que vendrían a ser unos aproximados veinte minutos. Su cuerpo no estaba como nuevo, mas se podía defender.
Estaba hasta arriba de elementos regenerativos además de pociones, que preservaban la magia curativa empleada en su cuerpo.
Hiwa apenas tenía rasguños, no sufrió tanto en su combate por lo que se negó rotundamente a ir a que la traten, aún si insistieron en un principio.
Ambos llegaron, alcanzando la sala médica. No se detuvieron ahí, salvo unos segundos, en los que notaron a Zakko salir cubierto de vendajes en la cara y el cuerpo. Poseía ropa de hospital, pues fue tratado de forma adecuada.
Zakko no se hallaba para nada recuperado del todo, y aún cojeando, salió decidido a caminar recto hacia una esquina, en donde se encontraba el patio de entrenamiento que ahora estaría vacío por razones evidentes.
Arix y Hiwa no le prestaron mucha atención ya que el veniz no les interesaba. Sin embargo, si el veniz salió de allí, pensaron en que el resto podría estar dentro. Pasaron, para percatarse de que ninguno de los tres estaba allí.
Como no los encontraron ahí, decidieron esperar por los alrededores, hasta que tras unos quince minutos, se aparecieron todos excepto el veniz. Shair llevaba en sus manos un recipiente pequeño de comida para llevar.
Los de Dearu divisaron a los del Harasei, sin embargo, solo Kairo y Yaku se detuvieron. Shair fue directa a sentarse en la banca, a la espera de que Zakko saliese por la puerta.
—¿Qué le pasa?- Arix les cuestionó, por Shair.
—¿Qué quieren?- Yaku los interrogó sin responder primero.
Hiwa estaba a nada de faltarle al respeto por la actitud condescendiente de Yaku, mas fue limitada por Arix.
—Queríamos.- Arix hizo una pausa, viendo a Hiwa de reojo. —Quería, hablar contigo en específico.- Dijo el rubio, dirigiéndose a la albina.
—… ¿Me tengo que ir… o algo?- Kairo preguntó.
—Bueno… si se van no creo que pase nada.
—¿”Van”?- Hiwa interpeló.
—Sí, van.- Arix le confirmó, haciéndole un gesto refiriéndose a que se fuera un ratito.
Kairo iba a irse hasta que Yaku lo sujetó de la ropa.
—No, no te vayas.- Yaku dijo seria.
—En realidad…- Kairo estaba seguro de que Yaku no la necesitaba, y si lo hiciera, mucho menos de lo que quizás lo necesitaría Shair, que estaba sola sentada todavía. —… creo que quiero irme, de hecho.
—Sí, ¿Ves? Kairo y Hiwa quieren hablar algo ellos también.- Arix aseguraba.
—No, de hecho no quiero.- Kairo desconfirmó.
—Yo tampoco.- Hiwa más de lo mismo.
—¿Quieren hacerme el puto favor de irse unos minutos?- Arix se desestabilizó un instante. Carraspeó antes de pedir disculpas. —Perdón.
Kairo y Hiwa reaccionaron al impulso del rubio con sorpresa, alejándose de ellos un rato. Kairo iba a ir con Shair hasta que notó que por algún motivo desconocido Hiwa lo siguió. Se detuvo antes de siquiera estar cerca de la peliverde.
—¿Por qué me sigues?- Kairo le cuestionó.
—Ah, no sé. No sé qué tan lejos debería haberme ido.- Hiwa respondió. Mientras lo hacía, percibió que Kairo volteaba mucho a ver a su compañera. —¿No me quieres decir qué es lo que le pasa?
—¿Se supone que te importe?- Kairo contestó seco. Quería irse ya, pero ahora se sentía en medio de una conversación e irse sin más sería irrespetuoso.
—¿Eso es un no, verdad?- Hiwa reincidía. —¿Es por el veniz?
—Quizás.
—Creo que lo vimos salir. Se fue por… allá, recto. Desconozco si se fue a meter a algún lado, le perdimos la vista un momento.- Hiwa le comunicó, apuntando hacia el oeste del lugar. En sí, hacia el frente. Era todo plano, por lo que no podía perderse.
—¿Estás segura que era él?- Kairo dudó por un momento.
—Bueno, es cierto que todos los veniz se parecen pero… sería raro que hubiese dentro del área médica uno con su mismo peinado, altura, saliese completamente vendado y cojeando. Tendría que ser él, asumo.
Kairo aunque ponía en duda lo que Hiwa le decía, tampoco veía razones para que esta le mintiese.
«¿Por qué… se iría solo hacia quién sabe dónde? ¿De repente conoce el lugar o algo?».- Kairo comenzó a juzgar el pensamiento y la acción de Zakko, solo confiando en que lo que Hiwa le contó era cierto.
—Gracias.- Kairo le agradeció la información, y se encaminó hacia donde le dijeron.
Pasó por el lado de Arix y Yaku, no obstante, no oyó nada de relevancia, al menos sin contexto. El único diálogo que alcanzó a escuchar fue…
—¿Entonces?- Arix preguntaba a Yaku, acerca de su propuesta. Eso fue lo único que Kairo oyó hasta pasar por delante de ellos.
Yaku lo observaba con una mirada fría, buscando la manera más ofensiva pero elegante de decirle que no y que le caía mal.
—Arix.- Ella le llamó. —No me interesa. No intentes convencerme.
—¿Qué es lo que necesitas? Estoy seguro de que podrías tener una mejor vida si vinieses con nosotros.- Arix intentaba convencerla, incluso si no era del todo honesto.
—Es que no me interesa. No estoy en un grupo por buscarme la vida, hay alguien que me importa lo suficiente como para querer seguirle.- Yaku afirmaba.
—¿Solo estás en ese grupo por esa persona?
—… Supongo.
—O sea que si viniese a nosotros, tú también vendrías.
—… Estoy segura de que él no iría con ustedes ni haciéndolo millonario.
—¿”Él”?- Arix descartó a una de Dearu.
Yaku solo lo vio con desdén.
—¿Ya estás contento? ¿Me puedo ir?- Yaku preguntó.
—Sí, claro.
—Bueno.- Yaku tras esa afirmación se encaminó hacia Shair. —Jódanse, por cierto.- Murmuró para ella, sin importarle si Arix le escuchaba o no.
Arix por supuesto que la escuchó, decidió ignorarlo. Hiwa se acercó apenas se percató de que la albina ya volvía con su líder.
—¿Y qué dijo?- Hiwa interrogó, curiosa.
—Dijo que nos jodamos.- Arix se sinceró, haciendo una breve pausa hasta hablar antes de que Hiwa sacase conclusiones. —Pero estoy seguro de que si convencemos a Kairo también vendrá con nosotros.
Hiwa lo miró con una cara de muerta.
—¿Por qué?
—Porque dio a entender que estaba en ese grupo porque había una persona que le importaba. Se refirió a él con un pronombre masculino así que solo pueden ser dos, y me imagino que habrá desarrollado una relación más normal con el humano y no un veniz.
—… Yo creo que estás deduciendo cosas muy rápido. No veo porqué no podría ser el veniz.
—Imposible.
—Eres un poco raro con ese tema, Arix.
—Soy totalmente realista.- Arix le aseguraba, buscando con la mirada al pelinegro. —¿Y Kairo?
—Ah… él… creo que se fue a buscar a su compañero. O eso supongo, después de que le dijese a dónde creo que se fue él fue detrás de él.
—Bueno… supongo que tarde o temprano tendrá que pasar por aquí. Podemos esperarlo cerca.
—O podríamos irnos y aceptar que rechazó.- Hiwa propuso.
—Pensando así no vas a llegar a ningún lado, Hiwa.
—… A mí no me gustaría que me hicieran eso.
Arix oyó el comentario de Hiwa, mas decidió omitirlo de su consciencia por priorizar no volverse loco.
Mientras, Kairo estaba perdido dentro del área. Las indicaciones fueron “Allá, recto”. Siguiendo el “Allá, recto” se chocaba con una puerta que daba a una salida.
«No creo que… sea acá».- Kairo dubitativo al respecto, ni siquiera se atrevía a abrir la puerta. Aún se mantenía a cierta distancia, ya que no había nada más alrededor, era un pasillo semi estrecho con la puerta. El camino se cerraba, no había más esquinas cerca, tendría que caminar hacia atrás para volver a ver más pasillos.
Kairo acabó con un acercamiento leve a la puerta, ya que estaba tentado a ver qué había de todas formas. La abrió despacio, logrando observar la luz del sol. Estaba atardeciendo ya, el día estaba llegando a su fin, después de tanto. Notó él mismo que el día se le hizo súper largo en comparación al resto, desconociendo si es solo por el evento o si algo cambió en él.
Al menos, aún sentía su cuerpo mucho más ligero que antes. A pesar del leve dolor de su brazo vendado, el resto de su cuerpo era mucho más fácil de conllevar.
Abría con mucho cuidado, hasta que oyó un sollozo. Abrió más ágil y salió, rebuscando quien emitió el sollozo, para acabar viendo a Zakko, en la misma posición que Shair antes; abrazando sus piernas en posición fetal.
Zakko tenía los ojos llorosos, mas al ver a Kairo abrir y salir de la puerta, rápidamente se secó los ojos como pudo e intentó aclararse la voz.
—¿K-Kairo?- Zakko interpeló.
—¿Qué haces aquí?- Kairo cuestionó.
—Quería… tomar un poco de aire, y me dijeron que por aquí podía salir…- Zakko pretendía ocultar su estado anímico forzando el tono de voz, mas aún así era evidente.
Kairo no quería cuestionar nada al respecto tampoco, ya que no estaba seguro de querer ver a Zakko llorando.
—¿Estás bien entonces?- Kairo dudó.
—… Sí.
—Bueno, no te tardes.
El pelinegro aceptó, regresándose y fingiendo cerrar la puerta moviendo la manilla. Se mantuvo ahí, asegurándose de que la puerta estuviese junta y luciese cerrada, para comprobar si Zakko estaba tomando aire solo, o no.
No sabía si quería dejarlo solo, asimismo no sabía si quería hacer algo sobre eso. Él aseguraba en su cabeza que sería muy difícil tener que animarlo. Pensó en ir a buscar a Shair, hasta que escuchó a Zakko llorar.
Kairo comenzó a sentirse mal consigo mismo, sin atreverse a abrir la puerta.
«¿… Si quisiera que lo anime, me lo habría dicho, no?».- Se preguntó a él mismo.
Quería convencerse de que no podía hacer mucho más para Zakko, mas no podía moverse. Él quería irse, pero su cuerpo no reaccionaba a sus deseos. Lo único que se escuchaban eran los sollozos de Zakko, llorando con desconsuelo.
«¿Qué estoy… pensando?».- Kairo se cuestionó.
Acabó abriendo otra vez, un poco afligido porque le estaba afectando escuchar a Zakko llorar.
—Zakko…- Kairo lo llamó.
El veniz levantó la mirada un segundo, para verlo, mostrando las lágrimas recorriendo su cara, además de su gesto de lamento y desesperación.
Kairo no tenía idea de qué decir. Se quejaba de él mismo diciéndose por dentro que tenía razón en no querer salir.
—¿… Por qué… me mentiste?- Kairo le interrogó, quebrándose un poco, además de sentándose a su lado.
Zakko empezó a llorar más fuerte, apoyando su cabeza en sus brazos, que estaban apoyados en sus rodillas.
—Zakko.- Kairo volvió a nombrarlo, esperando que este le responda.
—Yo…- El veniz intentaba hablar, mas no podía por todo lo que estaba lagrimeando. Por la respiración entrecortada, le costaba pronunciar. —… yo… yo quiero ser f-fuerte…
Zakko estaba hiperventilándose.
—Zakko.- Kairo quería que se tranquilizara, mas decírselo así sin más no iba a servir de nada.
—No… no soy ú-útil… yo… quiero… pr-protegerla… ah…- Zakko comenzaba a sentir que su cabeza latía, sujetándosela con ambas manos, dejando ver su cara cubierta de lágrimas.
—Zakko, cálmate…- Kairo al ver a su compañero así le resultaba imposible no lamentarse un tanto él mismo. Sobre todo por no tener idea de cómo ayudarlo.
—Kairo…- Zakko elevó la mirada otra vez, viéndolo a la cara. —No quiero que… m-me reemplace.
Lo que el veniz decía no era del todo entendible por su nula vocalización, mas Kairo se tomaba unos segundos para interpretarlo.
—¿Quién?- Kairo cuestionó, aunque después le fuese obvio.
—S-Shair…
—Ella no te reemplazaría, no digas eso…
—Pero-
—Ella está completamente desanimada solo pensando en que estás mal. Estuvo todo este rato triste, yo no me… no me imaginaba verla así.- Kairo le contó cómo Shair se tomó el resultado de su pelea, interrumpiéndolo.
—Pero soy… débil. Tarde o temprano…- Zakko insistía.
—No eres débil. Pero incluso si lo fueras, ¿Qué importa? Ella te quiere.
—¿Me quiere…?- Zakko puso en duda.
Kairo al ver su respuesta instantánea y su expresión, dudó él mismo de lo que dijo.
—Yo… yo la quiero. Por eso no quiero… no poder defenderla. Me asusta, me aterra.- Zakko comenzó a golpearse las piernas mientras voceaba lo último, por reacción desesperada.
—Cálmate… Por favor.- Kairo casi le ruega.
—Yo… yo quería ganar. Yo quería ga-ganar… yo quería hacerla feliz…
—Zakko, por favor.
—¿¡Por favor qué!?- Zakko vociferó, con una actitud agresiva debido al nulo entendimiento de sus propias emociones. —… Lo siento.- Al momento se disculpó, sobre todo al ver la reacción un tanto asustada de un Kairo que desconocía el cómo afrontar la situación.
—¿… Por qué no te fuiste?- Zakko interpeló, recordando que Kairo había disimulado irse.
Hubo un silencio considerable antes de que Kairo se animase a contestarle. Mismo silencio que este utilizó para pensar su respuesta.
—Porque…- Inició a hablar incluso antes de habérsele ocurrido una respuesta de verdad. —… porque te escuché llorar, supongo.
—¿Por qué eso te detendría de irte?
Kairo estuvo a nada de decirle que si no era obvio, mas comprendió al segundo lo que quizá su compañero quería.
—Porque eres mi amigo.- Kairo afirmó. —Mira… no sé nada de ti, ni de ellas, ni de… casi nada en verdad. Pasé muy poco tiempo con ustedes, pero aún así… te considero mi amigo. Me caes bien. Creo que eres buena persona. O sea, dije que no te conozco, pero pienso que si lo fueras me podría dar cuenta.
Zakko volvió a esconder la cabeza entre sus brazos, sollozando levemente.
—Perdón, no soy capaz de decirte nada que te anime. Sin embargo, me pone mal verte así. Y… no podría haber manejado el haberte dejado solo en esta situación. Creo que… no me importa si te molesta o no, el hecho de que me encuentre aquí contigo. No pienso dejarte solo ahora.
Kairo le dijo, colocando su mano buena en la espalda de Zakko, quien comenzó a llorar aún más.
El veniz no lograba identificar si lloraba por tristeza, frustración, impotencia o incluso alegría por lo que Kairo le habló. Solo quiso desahogarse todo lo posible. Kairo también lagrimeaba un poco, no obstante, se decidió por no abandonar a su amigo.
Fueron unos largos cinco minutos más de lloro casi ininterrumpido, exceptuando momentos en los que Zakko no podía más y tomaba un aire o se tallaba los ojos. Minutos en los que ambos se desahogaban, el veniz más, pero Kairo también aprovechó para llorar un poco.
Zakko luego de esos minutos comenzó a intentar respirar bien, ya que se le dificultaba. Regulándoselo, miraba al cielo.
—Kairo…- Dijo el veniz, posterior a recuperarse.
—¿Qué pasa?
—… Supongo que me siento mejor.
—¿Seguro?
—Sí.
Kairo continuó dubitativo, juzgando su expresión. Podía notar un cambio en su cara, daba más la sensación de calma que antes.
—¿Quieres que te deje solo o… algo así?- Kairo cuestionó.
—… Un momento. Te prometo que no es mentira, sí me siento mejor.- Zakko insistió, con un tono que demostraba recuperar el ánimo.
—Está bien, te creeré.- Kairo al percatarse de ello, confió e hizo el mismo gesto de antes, fingiendo cerrar la puerta.
Zakko, aún abrazando sus piernas, miraba perdido el pasto que se hallaba a la salida. Además de la luz del atardecer pegándole en la cara, y el viento pasando fuerte.
Kairo vio de reojo, sin abrir mucho la puerta, logrando observar a Zakko inhalando y exhalando profundo, con tranquilidad. Se alegró, por lo que procuró cerrar bien, sin hacer ruido.
Al haber solucionado eso, respiró profundo, aliviado. Era cuestión de tiempo que Zakko regresara.
«Ahora… ¿Debería decirle…?».- Kairo se interrogó a sí mismo el si estaría bien contarle a Shair que Zakko está fuera. «Supongo que puedo decirle, para que no se preocupe más. Total, Zakko regresará y la verá de todas formas…»
Así era su pensamiento, mas al estar acercándose del todo a donde se suponía que estaban sus compañeras, no veía a ninguna. Aún no estaba en una posición en la que fuese capaz de contemplarlo de manera correcta, mas el peinado de Shair y sobre todo su color era bastante llamativo como para reconocerlo.
Solo habían dos personas que él reconocía, aunque no tenía especiales ganas de conversar con ninguna. Arix y Hiwa. Arix sentado en la banca donde deberían estar Shair y Yaku, y Hiwa de pie, más cerca de Kairo.
Esta al verlo, se preparó de forma física y psicológica. Carraspeó para la voz y se repitió a sí misma el primer comentario que haría para iniciar la negociación.
Comenzó a murmurar cosas inentendibles con la mirada hacia el suelo, hasta que vio la ropa de Kairo.
El cual decidió ignorarla porque asumió que no iban a querer hablar con él, no se le ocurría ningún motivo para que sí quisieran.
—¡Kairo!- Para su mala suerte, Hiwa lo llamó antes de que se alejara más.
Al pelinegro no le quedó de otra que detenerse, aunque sin voltearse a verla.
—¿Qué?
—Bueno… verás…- A Hiwa le costaba animarse a decírselo.
—¿Qué quieres?- Pero a Kairo no le importaba apurarla.
—Hemos visto que… lo hiciste muy bien dentro del partido e incluso en el combate de desempate…
—Aunque perdiste.- Arix se encargó de recordar desde la distancia, en voz baja, mas inteligible.
—¡Cállate!- Hiwa lo mandó a guardar silencio.
Kairo observaba la escena con cero ganas de aguantarse a las dos personas que tenía adelante.
—¿Vinieron a boludearme o algo así?
—¿A qué cosa de qué? No… vinimos a… o sea, sí, vinimos a ofrecerte unirte a nuestro grupo.- Hiwa por alguna razón lucía más nerviosa y habladora que antes. Al menos fue la conclusión que sacaba Kairo, que apenas la conocía.
—Ah. ¿De eso hablaron con Yaku?- Kairo entendió lo que quiso. —¿Les dijo que no y ahora me quieren a mí?
Hiwa al enterarse de que el integrante de Dearu los leyó entrelíneas como si fuesen un libro abierto, empezó a mover las manos en círculos buscando excusarse.
—Es que… Yaku no nos dijo que no…
Kairo se sorprendió un poco al oír eso.
—Solo… necesitamos que tú te unas. Sería un dos por uno, además de ser los que más nos interesan.- Hiwa consiguió remontar su negociación.
—¿Por qué necesitan que me una yo?
—Porque ella dijo que solo estaba en su grupo por ti.
Kairo la miró fijo, más confundido que nada.
—¿Dijo que por mí o estás interpretando algo…?
—Lo que dijo ella fue… bueno, no recuerdo bien. Pero dijo que se lo pensaría si él se iba también, y Arix-
—Nosotros.- Arix la interrumpió para corregirla.
—Arix.- Hiwa insistió en que solo él. —Dedujo que solo podías ser tú.
—Arix, eres estúpido.- Kairo aprovechó para describirlo, distanciándose un poco de Hiwa para ver a Arix mientras se lo decía. —No, se equivocan. Es Zakko quien le importa. De todas formas, ni se molesten. Estoy bastante seguro de que él no se iría de este grupo por nada en el mundo.
Hiwa tras el comentario de Kairo, volteó a juzgar con la mirada a su propio compañero. Con la mirada y con los gestos, pues le dejó claro que se equivocó.
—Está bien, gracias.- Hiwa aceptó el rechazo, e iba a irse hasta que Kairo le habló antes de eso.
—Oye. ¿No saben a dónde se fueron mis compañeras? Ya que imagino que se quedaron aquí todo este tiempo.
—No, no tenemos idea. Se levantaron las dos luego de un rato de que la peliverde llorase en público, y se fueron por el pasillo hacia la derecha.- Hiwa le dio indicaciones, otra vez.
—Ah, gracias.
—No hay de qué.
Hiwa se acercó a un Arix que apenas se levantaba, para ambos retirarse al fracasar en lo que se les encomendó. Kairo los vio irse, fijándose que ellos se fueron por la izquierda.
Con dudas, se acercó al pasillo para ver si alcanzaba a avistar algo, mas no logró ver nada. Acabó sentándose en el banco fuera de la sala médica, solo.
Así unos largos quince minutos, hasta que oyó a Zakko aproximándose, cojeando aún. Lo vio, y por su expresión, se alivió otra vez. En verdad lucía mucho mejor que hace unos minutos.
—¿Kairo?- Zakko lo nombró con duda.
—¿Qué pasa?
—¿Y Shair?
—Ah… no tengo idea. Yo llegué y no estaban, de hecho, me extraña que aún no regresasen.
Zakko efectuó un suspiro, encogiendo los hombros. Él esperaba verla una vez llegase a este punto.
—Estaré unos minutos dentro todavía, diles que no se preocupen por mí si llegan, ¿está bien?- Zakko le pidió.
—… Claro.- Kairo aceptó, sintiendo que tenía una interrogante que hacerle. —Ah, Zakko. Cuando te cargaron hasta la sala médica… todo lucía muy… preocupante. O sea, te encontrabas sumamente herido y tal, pero…- Kairo no hallaba el modo de preguntar lo que quería.
—¿Cuál es tu punto?- Zakko notaba que Kairo se estaba enredando con su habla.
—¿En serio estás bien? Hablo de… tus heridas y eso.
—… Sí… no es tanto un problema, me recuperé rápido. Tardé más porque… me hicieron unos análisis.- Zakko comentó.
—¿”Análisis”?
—Ajá.
—Pero análisis de qué, tarado.- A Kairo le salió del alma. —Perdón.- Se disculpó de inmediato al no saber si su amigo se lo tomaría a mal.
No lo sabía, hasta que el veniz soltó una leve risa.
—Cierto. Es que… creían que podía ser un demonio por… mi forma de… ya sabes. En el estado en el que te dije que me golpeases si llegaba a ese punto. Por suerte, no detectaron nada.- Zakko explicó.
—¿”Por suerte” por qué? Si no eres uno, no es suerte…- Kairo quiso corregirle, intentando liberar un poco de su personalidad con él.
Para él, confundido, Zakko no reaccionó como se lo imaginaría. Se le fue la sonrisa, y lo vio directo.
Hubo unos segundos de silencio en los que Kairo se preparaba para pedir socorro en voz alta, en caso de necesitarlo.
—… No, no soy…- Zakko aclaró con un tono más humorístico, mas alargando la última palabra por reflejo, al no estar del todo seguro.
—¿Es mejor hablarlo en otro lugar o algo así?- Kairo susurró, recibiendo una respuesta positiva de Zakko, quien le levantó el pulgar.
—Ya, ahora sí iré a recuperarme del todo. Espero… espero que estén para cuando salga.
—Seguro que sí.- Kairo afirmó, con ánimos.
Zakko volvió a la sala médica para que lo atendieran del todo. Mientras, Kairo se quedó solo otra vez, con sus pensamientos. O así sería, el problema era que tenía su cabeza vacía. Mente en blanco, mirada perdida. No se sentía mal, así que tampoco tenía intenciones de crear la posibilidad de sobrepensar.
Por más que pasaba el tiempo, Shair y Yaku no regresaban. El escaso ruido que había era el suficiente como para que Kairo percibiese el ruido de dentro de la sala médica.
Se escuchaba mucho instrumento metálico. La cabeza de Kairo se volvió solo el sonido de instrumentos metálicos chocando entre sí. Como un tubo cayendo, el volumen del ruido se incrementaba. Ya no era directo del lugar en donde estaba, comenzaba a imaginárselo.
Sin querer, su pensamiento de no querer pensar estaba llevándolo a perderse de la realidad por unos instantes. Apenas parpadeaba, mas él no se daba cuenta de ello. Apenas respiraba, mas él no se daba cuenta de ello. Con la mirada fija en la pared de adelante, poco a poco distorsionándola.
Perdiéndose en sí, hasta que en la pared vacía, vio dos figuras que al reconocerlas, sintió escalofríos. Un espiral, y una estrella.
—¡Ah!- Kairo se asustó, retomando consciencia.
—P-Perdón…- Zakko se disculpaba, alejándose un poco de Kairo por creer que él lo asustó.
Kairo lo divisaba sin comprender qué fue lo que sucedió, y porqué Zakko tenía otra ropa nada que ver.
—Ka- Zakko…- Kairo se confundió con su propio nombre, rectificando al momento. —¿Y esa ropa?
Zakko llevaba puesto una gabardina café claro, con un pañuelo colgando del cuello, llegando a su pecho por debajo de la gabardina. Pantalones negros anchos, y los zapatos que sí eran los mismos que antes.
—Me la dieron. Les dije que no tenía más ropa que la que llevaba puesta y no sé de dónde sacaron esta, pero dicen que no la usaban. Me queda… más o menos bien, es cómoda. ¿Te gusta?
—Te ves bien, sí.- Kairo le aseguraba, dudando un poco de la explicación de él. —¿Estás seguro de que no tiene algún tipo de accesorio que te espía para vigilar tu comportamiento debido a las sospechas que tienen de ti?
Zakko lo miró impresionado por su repentino cambio de actitud.
—Eh… quizás…- El cambio de actitud fue bastante fuerte como para hacerlo dudar también al veniz.
Por consecuente, se transformó en limo y se colocó su ropa antigua, además de tener la que le regalaron en la mano, para observarla con detalle.
—¿Podías hacer eso…?- Kairo cuestionó, al ver a Zakko cambiarse tan fácil. No le parecía tampoco lo más útil del universo, mas fue llamativo.
—¿Cambiarme? Claro. Es más fácil de lo que parece pero… no sabría cómo explicártelo…
—Oye. ¿Te podías transformar, verdad? ¿Puedes hacerte pasar por otras personas?- Kairo aprovechó para seguir interrogando al respecto del veniz
—Con el suficiente esfuerzo sí. Phear me dijo que sería más fácil para mí si hago como con la ropa.- Zakko le comentaba, a la vez se aseguraba de que la ropa que le entregaron no tuviese cosas extrañas.
—Ah. O sea que tampoco puedes explicarme cómo sería…
—Con eso me refiero a… guardarla en mi forma limo. Así como él hizo con los cuchillos que sacó de su cuerpo, así.
Kairo se tomó unos segundos para procesar lo que le informaron.
—¿Eso quiere decir que… tienes que guardar a alguien en esa forma?
—Claro.
De nuevo, hubo unos segundos de silencio que Kairo ocupó para imaginarse diferentes escenas en las que Zakko efectuaba lo que le acababa de contar. Ninguna le hacía sentido.
—Mira… no se me ocurre cómo, pero no lo hagas nunca conmigo.- Kairo quería evitarse la molestia.
—Ni te preocupes. O sea, lo haré en algún momento, solo que ni lo sentirás.
—¿Cómo que no lo sentiré?
—¿Lo sientes ahora?- Zakko cuestionó, redireccionando sus ojos a Kairo.
Este último arrancó a sugestionarse, cada roce con cualquier cosa le parecía extraño. Incluso el de su misma ropa.
—Es broma, Kairo.- El veniz se vio obligado a recalcárselo, ya que vio cómo su amigo se sentía perseguido.
—Ah, sí. Lo sabía, claro. Estaba… actuando.
—Creo que la ropa está bien. Me la volveré a poner.
Zakko entonces, se recolocó la ropa que le regalaron, y se acomodó el pañuelo.
—Por cierto… Shair no está.- Kairo comentó.
—¿Crees que deberíamos esperarla aquí?- Zakko preguntó.
—No sé. Me dijeron por dónde se fue, quizás si vamos hacia allá, la encontremos. O si no… supongo que podemos irnos al bosque ese, con la mazmorra. Tarde o temprano volverán a allí.
—Tienes razón. Me gustaría verla cuánto antes eso sí, no querría preocuparla de más en el caso de que nos fuésemos a la mazmorra.
—… No pensé en eso. Seguro que se asustaría si se entera de que no estás…- Kairo cayó en cuenta. —¿Aún así quieres ir a buscarla?
—Sí.- Zakko continuaba firme.
—Está bien, sígueme.
Kairo le dijo a Zakko que lo siguiese, sin embargo, desconocía a dónde es que se fue Shair, solo sabía la dirección. Avanzaron juntos hacia el pasillo, y se direccionaron a la derecha, ya que era donde Hiwa le avisó que se fueron.
—¿Crees que le guste mi ropa?- El veniz interrogó.
—¿A Shair? Supongo que sí. No tengo idea, sabrás tú.
Iban hablando mientras caminaban juntos.
—Oye.- Kairo lo llamó, a lo que su compañero lo observó. —¿Por qué dudaste cuando te dije que ella te quería?
…
—Es que… yo no estaría seguro.
—¿Cómo? ¿Por qué?
—Bueno, nunca me lo ha dicho ni nada similar…
Kairo miró a Zakko como si el veniz se estuviera mofando de él.
—No hace falta que te lo diga para que te quiera. Yo creo que es bastante notorio. Digo, es imposible que no te quiera. Me extraña que no te lo diga siendo tan afectiva… pero podría meter la mano en el fuego incluso.
Zakko lo veía hablar, ilusionado, hasta el último comentario. No por que haya perdido la ilusión, si no que se lo tomó en serio. Con su palma, generó una leve llama.
—¿Qué estás…?- Kairo dubitativo, percibió el fuego. —No voy a meter la mano, demente.
—Entonces no meterías la mano en el fuego.
—Es una expresión, Zakko. No es literal.
—… Así empiezan los mentirosos.
—¡Zakko!- Se oyó desde la distancia, con eco por esta misma. Aún con el eco, la voz era fácilmente reconocible, y al escucharla, ambos vislumbraron al resto de sus compañeras, y sobre todo a quien vociferó el nombre del veniz, Shair.
Shair y Yaku vislumbraban a Kairo y Zakko, al igual que estos a ellas. Ellos notaron que junto a ambas, iba la nube por separado, sosteniendo sacos amarrados. Fueron unos segundos que le tomó a Shair para correr hacia Zakko.
Kairo se alejó un poco hacia el costado para no interrumpir, y Yaku mantuvo el mismo paso lento. Ella también estaba feliz de verlo bien, solo que prefería comunicárselo más tarde.
El instante en el que Shair se acercaba, parecía eterno. Sobre todo para Zakko, que la veía de frente. El eco de sus pisadas resonaba en su cabeza, sin saber bien cómo reaccionar, ni mucho menos qué esperar de ella.
Cada segundo lo asimilaba muy lento. Así fue, hasta que ella lo alcanzó y se abalanzó hacia él.
—¡Zakko!- Pronunció Shair, colocando sus puños cerrados en el pecho de Zakko, viéndolo a la cara.
Zakko de inmediato percibió la preocupación de Shair, al notar sus ojos llorosos, además de sentir su cuerpo temblando.
—¡Zakko!- Shair seguía voceando su nombre, feliz de verlo otra vez. —¡Zakko, Zakko…!- De la emoción, golpeaba levemente el pecho de Zakko mientras lo nombraba y frotaba su cabeza en su pecho, específicamente en donde él tenía el pañuelo, cerca de su cuello.
—Auch…- Zakko hizo un ruido de dolor debido a que aún estaba delicado y Shair no midió bien su emoción.
Shair levantó la cabeza para verlo a los ojos. Como Zakko no le sacaba tanta distancia a Shair en cuanto a tamaño, estaba casi cara a cara con ella.
Shair le sonrió, para posterior a eso volver a lagrimear.
—¿¡Por qué hiciste eso!?- Ella le cuestionó, entre sollozos.
—¿E-El qué?- Zakko, nervioso, consultaba cosas que eran evidentes.
—¡No me hiciste caso! ¡Te dije que pararas cuando se pusiera peligroso! ¡No me hiciste caso!, ¿¡Por qué!?- Shair comenzó a reprocharle la actitud del veniz en su combate, sin parar de lagrimear un segundo.
—Shair…- Zakko le quería contestar, aún sin saber bien qué decirle más allá de que se dejó llevar.
—¿¡Qué!? ¡Te dije que prefería evitar tener que verte en ese estado! Te dije que no lo soportaría…
Zakko suspiró, con un leve miedo creciente. Tras un momento, tragó saliva y se animó.
—Yo quería…-
—¿¡Qué querías!?- Shair lo interrumpió, sonando afligida por completo.
—… Yo quería… ganar para ti. Quería… hacerte feliz.- Zakko se sinceró, a lo que Shair solo lo miró, a la vez que se generaba una pequeña sonrisa en ella.
—Zakko… eres un estúpido.- Shair concluyó, volviendo a dar un ligero golpe en su pecho. —No hay nada que me pueda hacer más feliz que verte bien.
Zakko contemplaba el rostro de Shair todo el tiempo mientras ella le dijo eso. Al oírlo, empezó a lagrimear y a ruborizarse.
—Por eso… por eso no quiero que vuelvas a hacer algo así. Me dio miedo que te sucediera algo peor. Me dio miedo… en lo que te convertiste por un momento. Que no me dejaran ir por ti… ¿Qué fue eso?- Shair se sacaba todas las dudas que tenía.
—Eh… creí que te conté eso. Lo de mi… ya sabes.- El veniz le recordaba en voz baja.
—… Ah, imagino que sé a qué te refieres… pero, nunca te vi transformado en eso. Me asusté mucho.
—Perdón por… preocuparte. Pero ya estoy bien, casi. No… no sigas golpeando mi pecho, duele.- Zakko aclaró.
Shair volvió a expresar una risa, recuperando su alma alegre, y abrazándolo. Zakko demoró unos segundos en corresponderle el abrazo, mas lo hizo.
—Zakko…- Ella reiteró el nombrarlo. —No vuelvas a hacerme eso… por favor.
—… No puedo prometértelo. Pero intentaré que no suceda.
No tan lejos de ellos, inició el sonido de aplausos de una sola persona.
—Qué lindos, me emocioné.- Kairo aplaudía desde el lateral, fingiendo secarse una lágrima.
Yaku, que estaba a su lado observando la escena, le continuó el juego aplaudiendo también.
A Shair no le importó, mas Zakko los miró de reojo con vergüenza todo el tiempo que duró su abrazo con la peliverde.
—Por cierto, ¿Y esa ropa?- Shair preguntó, una vez se iba despegando poco a poco del abrazo.
—Ah… me la regalaron. Parece que la tenían de algún lugar y no sabían qué hacer con ella, les dije que la única ropa que tenía prácticamente era la que llevaba puesta y me la dieron.- Zakko le explicó. —¿Te…-
Zakko se detuvo a sí mismo, por la vergüenza de preguntar si le gustaba cómo se veía.
—¿”Me” qué?
—Que si te gusta cómo se ve.- Kairo tomó la decisión de asistir a Zakko, provocando que el veniz se pusiera aún más nervioso.
—¡Claro! ¡Me encanta!- Shair afirmó muy rápido.
—Uy.- Kairo murmuró, sorprendido.
—¡Te ves increíble! Es elegante, siento que te queda. El pañuelo es un tanto raro, mas no se ve mal. Hace que parezcas un poco más grande, pero eso no es malo per se. Se me hizo muy cómodo abrazarte.- Shair comenzó a halagarlo, dándole vueltas, hasta que otra vez le dio un abrazo.
Kairo vio a los ojos a un Zakko que también lo veía a él. Kairo pretendía decirle solo con la mirada que él mismo tenía razón al decir que Shair lo quería. Solo que ahora pensaba mucho más allá.
Zakko por su parte, no lograba leer la expresión de Kairo, que aparte de mirarlo le sonreía. Le costaba asimilarlo hasta que esa misma expresión casi que le gritaba “Te lo dije”.
—Bueno, si estás mejor, creo que ya nos podemos retirar todos. Ya nos dieron el dinero que nos debían. Tenemos… un montón. No sé qué vamos a hacer con tanto…- Shair se despegó por fin de los brazos de Zakko, para arrancar a hablarle a todos.
—¿Cuánto dinero?- Kairo consultó.
—A ver… no nos dijeron el total, pero me dieron un aproximado de doscientas monedas de estaño, ciento cincuenta de cobre, ciento cincuenta de plata, cien de oro. Algo así era.
—¿Qué mier-
—Eran más de oro, ¿No?- Yaku puso en duda a Shair, interrumpiendo la reacción de Kairo, censurando su disparate.
—No estoy segura.- Shair aclaró. —Pero eso, nos hicieron de oro. Habría que ver en qué gastamos todo, mas yo pensé en usarlo para viajar con ustedes.
—¿”Viajar”?- Kairo repitió lo que Shair dijo.
—Sí.- Shair al no recibir una pregunta más clara, solo reafirmó.
—Pensé que este era el pueblo para los aventureros novatos. O eso recuerdo…
—Claro, solo que nosotros ya no lo somos. Tuvimos un Duel’Grot exitoso aunque perdiésemos, mucha gente ya nos conoce. Tenemos que expandir nuestro nombre en otros pueblos, otras ciudades, otras regiones.
—¿Tenemos que? O…
—Bueno, ahora mi meta es clara y si quiero que siquiera nos consideren… tenemos que hacer nuestro nombre grande.- Shair contaba con ilusión.
—¿Y qué meta es esa?- Kairo seguía curioseando.
—Participar en el Duel’Grot entre reinos. Y, por supuesto, ganarlo si es que se puede. Para entonces me gustaría tener a alguien que nos entrene, para poder participar. Pero el equipo se irá formando en la marcha de que vamos conociendo más gente yendo a otros pueblos y pasando un rato allí. ¿Entienden?
—Claro. Suena bien, dudo que sea imposible.- Kairo con complicidad, se animaba a seguir a Shair tras su meta.
—¿Y ustedes?- Shair redirigió la pregunta a los otros dos.
—Por supuesto.- Zakko contestó sin pensar.
—¿Nosotros qué?- Yaku sí pensó y no entendió bien la pregunta.
—¿Se animan a viajar como equipo?
Yaku se tomó su tiempo para contestar, esperando que Zakko repitiese su contestación. Este la vio por el rabillo del ojo, y se percató de que ella no estaba segura.
—Claro que sí. ¿Verdad?- Zakko repitió su confirmación, pero esta vez con la cara en dirección a Yaku, convenciéndola.
—… Sí.- La convenció.
—¡Perfecto! Pero… ahora volvamos a la mazmorra. Quiero… tirarme en el piso sin pensar en nada más.- Shair propuso, avanzando en dirección a la primera salida que ella conocía del lugar.
—Yo… tengo un poco de hambre… Me gustaría ir a comer algo.- Zakko comentó.
—¡Ah! ¡Claro, espera!- Shair se acordó de la comida que pidió para llevar justo por Zakko, que dejó entre medio de los sacos encima de la nube. La encontró, y se la dio. —Compré esto porque sé que te gustaban.
Zakko las sujetó, para después mientras iba escuchando entender de qué se trataba.
—¡Llaipas!- Vociferó.
Kairo volteó a ver a Zakko al oír eso, pues no comprendió qué fue lo que dijo.
—¿Cómo?- Lo expresó en voz alta, estaba confundido de verdad.
—Llaipas.- Zakko habló con la boca llena, ya que comenzó a comer cuánto antes.
—¿Así se llama eso?
Zakko le contestó con un pulgar arriba, a lo que Kairo solo juzgó. Supone que iba a convivir con nombres así todo el tiempo que viva. Sin embargo, también le extrañó oír una palabra que no reconocía. Se imaginaba que en esos momentos era cuando sonaba la estática.
Los cuatro de Dearu se hallaban caminando hacia la salida, los cuatro lado a lado. En órden, estaban Kairo, Shair, Zakko y Yaku. Conviviendo un poco, Zakko le dio un par de llaipas a Yaku, que también le gustaron y tenía hambre.
Aún con la derrota, el vínculo que formaron se fortaleció entre la mayoría del grupo, exceptuando a aquella albina que se complicaba más a la hora de formar relaciones. No obstante, esto solo fue el comienzo de un grupo que buscaría alzarse en lo más alto: Dearu.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com