Kinokodearu - Capítulo 23
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 23: Sueños
Por algún motivo… me hallaba en este lugar, paralizado.
No veía nada, era todo blanco. Por más que encontrara algo, era un lugar vacío por completo. No comprendía nada en absoluto, ni siquiera tenía la capacidad de sentir nada al respecto.
«Es un sueño… ¿Verdad?».- Quise convencerme a mí mismo. «Es que no puede ser otra cosa»
Comencé a tocar mi cuerpo por encima, asegurándome de que me encontrara completo. A pesar de estar de pie, me fijé en el piso y no había nada tampoco. Caminé un poco y no me caía, sin embargo, no había suelo.
Sentía cómo mis nervios iniciaban a cumplir su función de alertarme. No obstante, aún no era consciente de lo que veía. Para ser un sueño, tenía muchísima… consciencia.
—¿Hola?- Vociferé, esperando que si hablaba en voz alta alguien pudiese escucharme.
El pánico arrancó cuando ni yo mismo fui capaz de escucharme. No estaba seguro de que hablé, por lo que repetí una y otra vez, hasta que ya empecé a desesperarme. No lograba identificar el sonido de mi voz. Cuando menos lo esperaba, tampoco identificaba ningún tipo de sonido, ni mi ropa moviéndose, ni aunque me rascase, ni golpeándome, ni los pasos que daba.
Nada. Todo… todo era nada.
Me tiré al piso para estar seguro de que había siquiera algo en lo que no podía caerme, y en efecto, había un piso como tal, solo que no se ve como uno. Era como un cristal o incluso peor, ya que el cristal se suele notar.
Mi corazón latía a mil, comencé a hiperventilarme del miedo, desconocía lo que estaba sucediendo, solo reconocía que escapaba de mi razonamiento.
Aún en el piso, me arrastraba, esperando encontrar algo, no sé, me consumía el terror, no era capaz de pensar bien.
—¡Ey, tú!- Oí, de una voz que creía reconocer.
Con demasiado miedo, me volteé apenas escuché aquella voz. Al voltear, sentí cómo… mi pecho desaparecía. Ni siquiera percibí dolor, solo… dejé de sentir cómo respiraba por unos cuantos segundos. Dejé de poder moverme, dejé de poder pensar.
Sin dolor, y de todos modos, mi pecho fue borrado. Antes de poder siquiera pensar algo, observé cómo una luz brillante, idéntica a la que desprendía Jiko, cubría todo mi cuerpo. Poco a poco recuperaba el aliento, y el sentimiento que me producía… estar completo.
Sentí cómo la luz a la vez que recuperarme, iba en una dirección transformándose en una especie de ataque, solo que fue dirigido a la nada. No había nadie, nadie me atacó. Simplemente, implosioné.
O eso creí, hasta que lo vi.
La estrella y el espiral. Ni siquiera tenía una forma física, solo eran una estrella y un espiral cerca una del otro. Lo único que era capaz de asimilar, era que se estaba riendo de mí. Era un idioma diferente al mío, o no entendía qué era lo que estaba diciendo. Deducía que se reía debido a cómo se movían ambas formas además de la tonalidad en la que se expresaba.
Ahí estaba, asustado, sin comprender qué era lo que divisaba. No sabía ni siquiera si era una entidad, solo veía una estrella y un espiral.
Por un momento, se detuvo. Hizo ruidos incomprensibles, hasta que le oí un carraspeo.
—Lo siento. Idioma equivocado.- Expresó, con una voz mística. Resonaba hasta en mis huesos, de alguna manera. —Te devuelvo la bendición, es una bastante fuerte. Puedo asegurar de que a quien te la dio no le daría gracia que la pierdas tan rápido.
Yo no pretendía responder nada. Mi temor solo incrementaba por cómo hablaba. Mi corazón cada vez latía más fuerte, me asustaba incluso eso. No comprendía por qué no me desmayaba, o algo así.
—Pero… no malinterpretes esa acción. Sigues siendo una alteración a su realidad.- El tono con el que se dirigió a mí pasó a uno más serio. Podía entender las tonalidades con las que me hablaba, imitaban a la perfección las de un humano.
Solo con el cómo se dirigió a mí, intentaba retroceder gateando. No podía estar más aterrado, quería… morir. Si pudiese explotar, desearía que llegase el momento.
—Tranquilo, no te asustes. Solo harás peor a tu cuerpo tan frágil. O, al menos, a tu anterior cuerpo, más frágil todavía. Conversé esto con más. No me importa si no perteneces a ese mundo. Lo encuentro mil veces entretenido. De todas formas, alguien hizo un trato con uno de nosotros para ser capaz de transportar vidas humanas.
Permanecía aterrado, no obstante, escuchaba atento lo que tenía que decir. Más que nada porque no quería morir, y no tenía escapatoria. Apenas y podía tener un pensamiento sincero, solo me fijaba en ambas figuras y en lo que comentaba la voz.
—He decidido apodarte a ti: “La excepción”. ¿Qué te parece? Es una buena palabra de tu idioma. El resto de la gente como tú no tendrá ni idea de esto. Y aunque quieras contárselo…- Hubo una pausa. —… no podrás.- Se oyó con una tonalidad mucho más potente, como si estuviera el volumen a mil. No gritando, solo en voz alta, aumentado debido a la estática que apareció cuando lo dijo.
—Serás un experimento. Más te vale caerme bien.
Con respiraciones entrecortadas, de manera progresiva sentía cómo mi cuerpo se calmaba a pesar de yo no sentirme calmado.
—Relájate.- Escuché, como una orden. Mi cuerpo de inmediato pasó de estar tenso a estar como si nada. No hice ningún esfuerzo para conseguirlo, solo sucedió. —Tenemos un trato con una de ellas. No hay ningún motivo por el cual borrarte.
El solo oír “borrarte” activó el pánico en mí. Era incapaz de calmarme, y pese a eso, cada vez que la voz me lo ordenaba lo hacía.
—¿E-E-El r-resto… de la g-gente como… yo?- Pude cuestionar. Mi boca se sentía demasiado extraña, aunque por fin podía escuchar mi voz.
No recibí respuesta.
«¿Qué… q-qué carajos es es-»
—No pienses en eso.- Me ordenaron, borrándome de la cabeza cualquier duda al respecto. —Excepción, vas a olvidar esto después de un tiempo. Sin embargo, quiero que te quede claro. Yo sí te estoy observando. Yo sí sé todo lo que piensas, lo que haces, lo que sientes, lo que te cuestionas.- Mientras más hablaba, más se acercaba a mí.
De forma instintiva, me arrastraba hacia atrás, escapando o intentándolo. La fuerza de su voz se intensificaba cada vez más.
—A bastante gente le gustaría tu oportunidad, Excepción. ¿O debería llamarte… Walter?
Desperté pegando un grito apoteósico, además de levantándome demasiado rápido. Mi corazón estaba que salía de mi cuerpo, no podía más. Tenía ambas manos en mi pecho, recuperando el aliento con desesperación.
Veía a mi alrededor, esperando que fuese normal por fin. Seguía siendo de noche, pero con suerte, vi a una peliverde de coletas tumbada como una estrella de mar balbuceando cosas mientras dormía.
Luego de un par de minutos fui capaz de regular mi respiración y mis latidos. Aún así, mi cabeza estaba en blanco. No comprendía nada, me sentía… drenado. La brisa que me pegaba con fuerza no ayudaba en nada, solo me daba a notar mi creciente fatiga.
Zakko no se encontraba cerca de Shair, por lo que podía asumir que seguiría con Yaku. Quizás se durmió allí, me suena que no sería la primera vez.
Opté por pararme, para buscar compañía en lo que procuraba tranquilizarme. Apoyándome desde la pared, bajaba cada escalón, ya que mi sentido del equilibrio no estaba funcionando del todo correcto.
Como iba bajando cada escalón con extremo cuidado, pude escuchar antes a Zakko… jadeando.
—Yo creo que puedes seguir un poco más…- Oí de Yaku. Me replanteé el bajar del todo.
A pesar de replanteármelo, bajé poco a poco igual, con la idea de que son solo ideas mías porque tengo el cerebro podrido.
—Aunque si quieres descansar, está bien. Ya es tarde de todas formas.- Yaku proseguía.
Bajé lo suficiente como para vislumbrar a Zakko y a Yaku. Se hallaban cerca de la habitación de Yaku. Zakko se encontraba en el piso, elevado por los brazos apoyados en el suelo, y a… Yaku, sentada en su nube, cerca de él.
Zakko se elevaba y descendía, dándome a entender que estaba haciendo flexiones. Lo que no entendía era qué estaba haciendo Yaku. Nunca me esperé su faceta de coach de gimnasio. O entrenadora fitness. Algo así debe de llamarse esa cosa.
Yaku que por cierto, se percató de mi presencia a la distancia. Me ofreció una de sus mejores miradas, ya que no sentía del todo que representara un rechazo hacia mí. Sin embargo, tampoco era una invitación a acercarme.
«Está bien que seamos casi que desconocidos, pero… podría al menos saluda-».- Yaku interrumpió mi queja realizando con precisión la acción que no había hecho hasta que me iba a quejar. «Ah, mira, la acaba de hacer».- Confirmé en mi cabeza. Devolví el gesto de saludo desde la distancia, hasta que contemplé cómo Zakko cayó tumbado.
—¿Estás bien?- Yaku le interrogó. No le oía del todo, solo que el eco me permitía entender un tanto sin necesidad de acercarme.
—S-Sí… estoy… exhausto. Ah… me duele el cuerpo…- Zakko se quejaba, dándose vuelta en el piso, para poder respirar. Ya que antes había caído boca abajo.
—No sé qué tan buena idea habrá sido hacer esto el mismo día en el que sufriste tanto daño…- La albina le comentaba al slime.
—No me siento tan mal como crees que me siento…- Zakko replicaba, y al parecer, me notó en ese momento. —¿Kairo?- Dudó, levantándose solo un poco, para comprobar si en efecto era yo.
Como él ya se percató de mi existencia y a su vez me saludó, su mirada si me daba las vibras de querer hablar conmigo, por lo que me sentí bienvenido a acercarme un rato.
—¿Qué haces despierto?- Yaku me preguntó.
—Yo debería preguntarles eso. O sea, yo tuve… una pesadilla. ¿Por qué ustedes no se han ido a dormir todavía?- Desconocía cuánto tiempo pasó, aunque de todas formas estoy seguro que el suficiente como para que me debiese parecer raro que no se hayan ido todavía. Eso sí, me tomó por sorpresa que Yaku fuese la que me habló.
—Bueno… no pasó tanto… creo.- Zakko aclaraba, sin sonar muy seguro de sí. Eso, mientras se sentaba en el piso del todo. Antes se hallaba casi recostado. —Quería… enfocarme más en hacerme fuerte. Mi cuerpo desde entonces se siente algo diferente, me dio muchas ganas de esforzarme.- Comentó por encima, dándome a entender que sus sensaciones eran parecidas a las mías cuando Jiko hizo ese gesto en mi frente.
—¿Y Yaku qué está haciendo?- Decidí cuestionar lo que me cuestioné desde un principio.
—Yo lo ayudé al inicio. Ya luego comenzó con los ejercicios en solitario y estuve brindándole compañía.- Yaku me respondió, para variar.
—Tiene sentido. ¿No te incomoda? ¿Zakko?- Especifiqué que era para él porque… en verdad no sé porqué.
—No. Al inicio sí, pero… ya pasó tiempo de que no.- Zakko me contestó.
—¿Cuánto llevas haciendo esto con Yaku?- Proseguí interrogándole a él.
—Eh… le conocí casi que así. Desde entonces lo hacía aquí, y a veces ella intervenía. Pasó el tiempo y le interesó ayudarme. Ahora que nos quedamos en Giruboken por poder hacernos aventureros, entrené con ella varios días seguidos. Sobre todo practicando nuestra magia.
—Tiene… sentido, supongo.- Comprendí, observando a Yaku. Estaba sentada casi que igual que Zakko, con las piernas cruzadas, solo que ella en su nube.
Bostecé, el sueño volvía a mí. Ya no era capaz de recordar del todo el porqué desperté. Solo recordaba las mismas figuras de antes. Me daba miedo ir a dormir, pero… supuse que no me quedaba de otra.
—Bueno, creo que… iré a dormir otra vez.- Avisé, para que supieran que los dejaría solos. Más que nada por Yaku, seguro era un alivio para ella.
—De hecho, yo también. Ya hice mucho por hoy.- Zakko se sumó, poniéndose de pie.
—Entonces… buenas noches, Yaku. Le dije a Zakko que te lo dijese, pero ya que estoy, buenas noches. Duerme bien.- Aproveché para generar diálogo con la mina esta problemática, a ver si en algún momento nos hacíamos amigos.
—Buenas noches, Kairo. Descansa.- Ella me correspondió.
—Buenas noches también, Yaku. Gracias otra vez, y hasta mañana.- Zakko se despidió de ella, dándole un abrazo.
Me propuse a esperarlo ya que dijo que se iría a dormir, así que observé la escena hasta que se separaron y Zakko se encaminó conmigo a la superficie.
Las escaleras estaban un tanto lejos, por lo que me dio tiempo a montarme una paranoia en la mente.
«Quiero… decirle todo… estoy seguro de que podría hablarlo con él».- Aquel pensamiento intrusivo de antes, retomó fuerza en mi consciencia. Estaba a un impulso de contarle que no pertenecía a este mundo a Zakko, mientras caminábamos para salir de la mazmorra.
—Oye.- Zakko me llamó, entre tanto nos acercábamos a las escaleras, y bostezaba. —Buenas noches, otra vez. Espero que puedas dormir bien ahora.
Lo observé sin decir mucho, ni siquiera le deseé las buenas noches otra vez. Me sacó de mi momento de locura extrema, para hacerme caer de que aún si no le dijese nada de lo que estaba hablando, me ayuda a calmarme. Es una buena compañía. Son una buena compañía.
Cada vez que pensaba más en eso más sueño me generaba, así que al acabar subiendo, vi cómo Zakko se transformaba en slime para dormirse al lado de Shair. La cual lo reconoció al instante y lo abrazó, balbuceando incoherencias.
Yo volví a sentarme apoyado en la torre, viendo el bosque. Con suerte, me daría sueño y me dormiría sin pensarlo. Mi cabeza no daba para más, mis ojos pesaban, y aún así era incapaz de dormirme por los nervios que me creaba la idea de volver a tener un sueño como ese.
Ojeaba para todos lados, cayendo bastantes veces en las dos personas que están cerca de mí. Ni siquiera podía pensar algo al respecto de ellos, pero me brindaban una sensación de calidez verlos bien a ambos.
Sin darme cuenta, acabé dormido poco después.
Al día siguiente, volví a despertarme solo, aunque con suerte sin haber soñado algo horrible antes. Shair estaba algo más lejos de lo que recordaba, con Zakko aún slime, en su pecho. Le pegaba casi todo el sol en la cara, me parece extraño que pueda dormir como si nada.
Decidí levantarme y estirarme, dejando que la fuerte brisa me ayudara a despertarme de manera adecuada. Sentí que descansé bien, mi cuerpo se sentía como nuevo pese a haberme despertado a altas horas de la noche.
Luego de eso, no tuve ni un problema. Al menos hasta que desperté. Ahora, mi problema era qué carajos hacer esperando a que se despierten estos dos.
Mi mente curiosa se volteó unos segundos para caer en la posibilidad de que Yaku sí se hallase despierta.
«¿Y si…?».- Me encontraba cuestionándome si ir a hablar con ella. «Ni en pedo».- Me negué casi en automático. No obstante, recordé el comentario de Zakko ayer. Es cierto que… no buscaba mucho a Yaku.
Sería un buen momento para hablar con ella y que sepa que no le voy a clavar un puñal cuando baje la guardia. Al menos no es mi plan por el momento, no me cierro aún.
Tras buscar motivación en cualquier estupidez que fuese capaz de divisar a mi alrededor, junté valor y opté por bajar a ver si se encontraba despierta.
Al menos, en el camino no se veía. Caminé hasta la que entendía que era su habitación, y en efecto, la vi dando vueltas con su nube. Estaba sentada, siguiendo un recorrido en círculos. No iba a juzgarla porque habrá pasado mucho tiempo encerrada y sola, de algún modo tendría que divertirse.
Yo la veía desde el medio de la mazmorra, parado como un árbol, contemplando a una albina de posiblemente mi edad moviéndose en círculos sin emitir ningún tipo de ruido más que el que podía producir su nube, el cual era ínfimo de igual manera.
El gesto que poseía mi cara si la llegase a observar podría ser muy difícil de explicar. Estoy seguro de que odiaría que la viese haciendo eso, por lo que se me ocurrió retroceder unos cuantos pasos, para ejercer mucho más ruido de que me estaba acercando.
Caminé con unos pasos algo más pronunciados, además de brindando débiles golpes a las paredes, solo para generar más sonido que indicase que alguien se acerca.
Llegué de nuevo a la habitación de Yaku, esta vez más de cerca, dándome cuenta de que seguía sentada en su nube, solo que con una cara de muerta en vida viéndome a mí.
—… ¿Hola?- Saludé con duda, más que nada porque cada vez entendía menos a esta mujer.
—Hola, Kairo.- Ella me devolvió el saludo, sin mover ni un pelo.
—Hola. ¿Qué… tal?- No sé porqué, se me complicaba tanto realizar una simple conversación.
—Bien.- Yaku se tardó tanto en pronunciar otra palabra que creí que ahí se acabaría todo. —¿Y tú?- Pero por suerte, no. O por mala suerte, quién sabe a qué cosas lleve esta conversación.
—Bien, sí… ¿Qué… haces?- Estaba sufriendo.
—Perdía el tiempo. ¿Ya despertó Zakko?
—… No. Ni él ni Shair, aunque no hayas preguntado por ella.
—También me interesaba, sí.
Al menos mantenía contacto visual conmigo. Sus ojos eran bonitos, aunque podía sentir que devoraban mi alma, de alguna manera.
—Oye.- Yaku, para variar, quería decirme algo. —Felicidades por el Duel’Grot que te hiciste. Fuiste muy brillante allí dentro.- Ella me felicitó, con unos ánimos un tanto distintos, o eso pensé al escuchar cómo sonó.
—Gracias. Tú también lo hiciste increíble. Sobre todo en el combate, ganaste sin esforzarte casi. Yo imaginaba que podría hacer algo parecido.- Intenté rascar tema de conversación a partir de alagarla, que seguro le agradaba.
—Yo creo que si me hubiese enfrentado a Arix perdería también. Gané porque Hiwa era una fracasada.
No pude evitar soltar una pequeña carcajada al escucharla insultar. Por algún motivo, me causaba gracia el que fuese tan agresiva.
—Y con Mwsatt… no sé. Tampoco estoy segura de que pudiese ganarle, en general, era difícil. Suficiente hicimos en el partido, y fue gracias a ti la mayoría de este.- Yaku siguió hablándome al respecto.
—En el partido nos fue bien porque trabajamos en equipo. Y estoy seguro de que si tuviésemos más tiempo para formarnos como grupo solamente, quizás y hasta ganábamos.- Comenté por encima algo que en realidad pensaba.
—Quizás…- Yaku recalcó una de las palabras que utilicé, a la vez que se movía con su nube.
—Yaku…- La nombré, para que supiera que estaba a nada de preguntarle algo. —Así, entre nosotros… ¿Qué parte de cuando me dijiste que te caigo bien es verdad…?- Me tomé mi tiempo en pronunciar todas las palabras que en conjunto hacen mi interrogación.
Ella me miró por unos segundos.
—¿Toda? ¿Por qué dudas?- Yaku replicó.
—Porque no pareciese. De hecho… puede ser que aún siga recordando el que no estuviese de acuerdo con que saliese mv-… jugador destacado.- Me corregí de inmediato. —Aunque con lo que me acabas de decir no tiene mucho sentido…
—No… es que… verás…- Yaku pretendía buscar una excusa haciendo tiempo. —No es que no estuviese de acuerdo, quería preguntar algo al respecto de los votos que daba igual porque no esperaba que ganases, de hecho, me sorprendió que Dertzel votara por ti en primer lugar.
—Pero si te pregunté si estabas de acuerdo o no, y me dijiste “¿Importa?”- Imité hasta la acentuación con la que me respondió ayer.
—¿E importaba? Yo no votaba, que supiese.- Ella tenía un punto, supuse.
—Pero…
—¿Pero qué?- Yaku se mantenía como si no hubiese hecho nada malo.
—… Sonó feo. El cómo lo dijiste.- Era el problema. Me hizo dudar de si le caía bien, claro que lo hizo sonar horrible.
—¿Quieres que me disculpe por eso? Puedo hacerlo. Perdón.- Yaku se mantenía con un tono calmado mientras me hablaba. No parecía tener reales malas intenciones, sin embargo, sonaba pesado.
—¿Hablas así siempre?- Cuestioné.
—¿Así cómo? ¿Qué quieres decir?
—Zakko se ve mucho más sensible que yo. Y estoy seguro de que te degollarías antes de hacerlo sentir mal.- Comenté con sarcasmo, pese a que mantendría esa declaración con bastante fuerza.
—Ah. Es que… quizás esté un poco a la defensiva contigo. No te lo tomes a mal, no me suena haberte escuchado nunca desde que conozco a Zakko, y cuando regresa después de un tiempo es contigo.- Yaku aclaró. —Mantengo que me caes bien, solo que no te conozco. No creo que sean dos cosas que se contrarresten.
—… Supongo que no, solo que es raro.- Le di la razón, comprobando que era verdad lo que Zakko también me dijo, solo desconfiaba algo más de mí.
—No creo que eres mala persona. Solo… incluso antes de encerrarme aquí me costaba relacionarme. No me atrevía a hablar ni con Shair. Perdón de nuevo, si es que te hice sentir mal. Y, si te hago sentir mal. No estoy segura de que me sienta mucho más segura contigo a pesar de esta conversación.
Sorprendido me hallaba, no esperaba que se pusiera tan sincera conmigo. Entiendo que es un avance.
—Está bien, no te preocupes. Intentaré… que te sientas cómoda conmigo, si es que puedo hacer algo.- No sabía qué carajo decirle.
Aún así, ella sonrió luego de que acabara de hablar. Tenía bonita sonrisa, cosa que me hizo caer en que todavía no he visto a nadie que considerase feo, o no recuerdo a ninguno. Mis compañeros son todos hegemónicos, me siento una larva entre medio.
—¿Quieres jugar algo? O… ¿Hacer algo? ¿En general?- Yaku propuso, luego de unos segundos en los que no había ningún tipo de ruido.
—Eh… hacer algo… ¿Cómo qué?- No tenía problemas en pasar tiempo con ella, solo que sus juegos son extraños. El ajedrez de la otra vez era rarísimo, no quería jugar algo como eso.
—En verdad… no tengo idea. Pero… ¿A dónde crees que vamos a ir ahora? O sea, por lo de que iremos a otros lugares, fuera de Giruboken.- Ella cayó en que no me interesaba mucho jugar a lo que sea con su nube, por lo que rascó otro tema de conversación. Ella lo estaba intentando, se aprecia.
El dilema ahí era que no tengo ni puta idea de ningún tipo de lugar. Decirle “No sé” sin nada más me parecería horrible y hasta sin corazón.
—… No sé. No se me ocurre qué pretende Shair.- Algo conseguí parlotear para que mi respuesta no quede tan cortante.
Como si de un milagro se tratase, percibí los pasos de quienes conformaban el resto del grupo, bajando las escaleras. Tanto Shair como Zakko, se despertaron y ya estaban acercándose a nosotros.
—¿Se despertaron?- Yaku se preguntó en voz alta, dejando su nube de lado para caminar ella misma a revisar si se despertaron. Yo también salí, y los vimos.
—¡Hola!- Shair estiraba la mano para saludarnos a la distancia, y alargaba también la palabra para denotar sus ánimos.
Nos aproximamos a ellos, para saludarnos como era debido.
—Buenos días.- Les dije yo a ellos, una vez cerca. A Yaku también, porque se me pasó por completo decírselo.
—Buenos días, igual.- Zakko devolvió los buenos días, como un tipo educado que es.
—¡Se despertaron antes que nosotros! Imagino que ya prepararon todo para irnos, ¿Verdad?- Shair interpeló, con la actitud positiva que le caracterizaba.
Yaku y yo la miramos directo a ella. Ninguno hizo nada al respecto.
—¿Y qué tanto tendríamos que prepararnos?- Hice una buena pregunta, según yo.
—Es una buena pregunta.- Shair reafirmó lo que pensaba yo, que era una buena pregunta. —No tenemos casi nada de todas formas. Tú solo tenías tu otra ropa, ¿No? Y Yaku… no sé qué tengas tú, así que si tienes algo que te importa tráelo.
—¿Y en dónde lo vamos a llevar?- Cuestioné.
Apenas realicé mi interrogante, Shair no me respondió de manera vebal, si no que miró de tal manera a Zakko que entendí que esa era la respuesta.
—… ¿Te acuerdas cuando Phear guardó un cuch-
—Sí, lo recuerdo.- Interrumpí a Zakko antes de que acabara esa frase. Estoy seguro de que la habrá dicho mínimo tres veces, hasta la reconocí. —Entonces, se la doy a Zakko para que se coma mi ropa.- Pronuncié la idea en voz alta para que me confirmaran si estaba en lo cierto.
—Sí.- Shair me lo confirmó.
…
—¿Y si no recuerdo dónde está mi ropa?- No recordaba dónde está mi ropa.
—¿… No recuerdas dónde está tu ropa?- Shair interpeló mi propia duda repitiéndola.
—No, no recuerdo dónde… está.
—Está en mi sala.- Yaku replicó, apuntando hacia su habitación.
—Ah. Supongo que iré por ella.- Afirmé, y en efecto, fui.
Me adentré en la habitación de Yaku para darme cuenta de lo fría que se veía. O sea, claro que todo el lugar es así, lo único que me llama la atención es que ella pudiese vivir aquí encerrada sin problemas, yo me hubiese vuelto loco.
Aunque… muy cuerda que digamos, no está. Le falla un par de tornillos, tampoco tantos. Tomé la bolsa con mi ropa que por algún motivo desconocido estaba en su habitación, yo no recuerdo haber dejado esta bolsa aquí.
Tomé también la capucha de Yaku, ya que suponiendo que abandonaríamos este lugar, mejor llevárselo. Y si no, de algo le servirá a Zakko, al menos que uno la utilice.
—Zakko.- Lo nombré, pasándole la bolsa y esperando a que haga lo suyo. Lo hizo bastante rápido, como que ya lo tiene interiorizado. Se volvió slime para tragarse la bolsa y volvió a su forma humana en cuestión de segundos.
—Entonces… ¿A dónde vamos antes?- Shair interrogó.
—Pensé que te harías una idea.- Declaré.
—Es que… el plan era abandonar Giruboken. Eso no quiere decir que sepa a dónde.
—¿Cómo que no sabes dónde?- Cuestioné de inmediato.
—Es que… está más barato por toda la gente que vino a ver el Duel’Grot, así que podríamos aprovechar para dirigirnos a otros poblados…- Shair sacó a relucir un lado de tacaña que no le conocía.
—¿Y cuánto dura eso?- Yaku interpeló.
—Como dos días, siendo este el primero.- Shair le contestó.
—… Shair.- En lo que hablaban, recordé el lugar al que yo quería ir antes que nada, por lo que pretendía consultarlo con nuestra líder.
—¿Qué?- Ella me respondió.
—¿Podemos ir a donde nuestros maestros? Quiero agradecerle a Igtto, antes de irnos.
—¡Oh! ¡Buena idea! Con suerte y ellos nos dicen qué ruta tomar como aventureros.- Shair parecía emocionada con mi idea. —¡Vamos! ¡Ahora!- Lo suficiente emocionada como para querer ir en ese mismo instante. Apuntó a la salida de la mazmorra, y comenzó a caminar ella sola.
Zakko fue el segundo que la siguió, por lo que yo le seguí el paso a él y Yaku a mí. Salimos de la mazmorra, viendo a una Shair que se detuvo en el camino limpio que llevaba directo a Giruboken.
Nos esperó a la vez que disfrutaba de la brisa y del sol que pegaba, dando una fresca mañana.
—¿Listos?- Shair nos cuestionó una vez nos aproximamos a ella.
—¡Sí!
—Sí.
Solo Zakko y yo, en ese orden, le contestamos de manera verbal. Yaku asintió con la cabeza, por lo que los tres le respondimos con un afirmativo, y procedimos a encaminarnos hacia la localidad de nuestros maestros.
—Hay un problema, de todas formas.- Shair comunicó, bajando su velocidad de movimiento para asegurarse de que la escuchemos, ya que ella estaba al frente. De hecho, se dio vuelta, caminaba de espaldas. —Dods nos contó que ellos también pretendían irse de Giruboken en unos días. Eso quiere decir, que si tenemos mala suerte, quizás ni estén en donde creemos que estarán.
—¿Y no te dijo en dónde le podríamos encontrar si es que siguen en la ciudad?- Pregunté.
—No. No se me ocurrió interrogárselo.- Shair dijo eso último en voz baja.
—Phear a mí me dijo que sí estarían. Lo más probable era que no todos, alguno faltará.- Zakko comentó su información.
—No perdemos nada con ir, ¿No? Ninguno de nosotros tiene otra cosa que hacer.- Shair quiso recalcar que todos somos vagabundos.
—Supongo.- Reafirmé, porque tenía razón.
Estuvimos caminando el trayecto como todos los días, hasta que por fin llegamos a Giruboken. Lucía repleto, como los últimos días. El único e importante cambio es que ahora sí que había espacio para caminar.
Pasamos de largo por el gremio, que era donde había más gente amontonada. Caminamos unas cuantas casas más, para dar la vuelta hacia el oeste y llegar a la localidad de nuestros maestros.
Shair procedió a tocar, para luego abrir la puerta y ojear. Al no ver nada, lo primero que hizo fue meterse. Ya era muy tarde para pensar en si eso era ilegal, la peliverde ya se metió. Por lo que no nos quedó de otra que adentrarnos también. Yo me metí primero, y ahí me siguieron Zakko y Yaku.
—¿Aló?- Shair alzó la voz, esperando que eso sumado al eco increíble que había alertara a alguien, si es que hubiese alguien dentro.
El lugar estaba todavía más vacío que la última vez que vinimos. Por estar, no estaba ni el mostrador. De la puerta de Dods, salió… Dods.
—¿¡Quiénes mie-, ¡Oh, Shair, Yaku!- Quien entiendo que se llama Dods, saludó a las que les enseñó, como me parecía obvio.
Dods cerró la puerta de su sala y se acercó a Shair, la cual también a ella. Shair le dio un abrazo, y Yaku que también estaba ahí, simplemente le dio la mano. Un saludo acorde a lo que presupongo de ambas.
—¡Y ustedes! Lo siento, Igtto y Phear no se encuentran aquí. No sé cuándo llegarían, pero no les recomendaría esperar aquí, tenemos un pequeño… problema con el gremio, y con todo lo del Duel’Grot se llena demasiado.- Dods se dirigió a mí y a Zakko, desde la distancia.
—Que por cierto, Yaku, ¡Lo hiciste espectacular! Me alegro muchísimo de que te haya servido lo poco que te enseñé.- Dods felicitó a Yaku.
—Gracias…- Y Yaku le agradeció.
—¿Lo vieron?- Shair interpeló, sonando animada.
—¡Sí!, me hubiese gustado que tuvieras una participación más activa, aunque entiendo el porqué no la tuviste.- Dods habló con Shair. Viéndolo por encima, ambas parecían tener una personalidad parecida. Quizás algo más limitada, estoy seguro de que Shair en su lugar hubiese abrazado a Yaku a pesar de que esta no quisiera.
—Lo vimos completo. Mis compañeros piensan lo mismo que yo pienso con Yaku, solo que con ustedes.- Volvió a dirigirse a mí y a Zakko. —De hecho, K… Kairo, ¿No?
—Sí.- Le confirmé.
—Igtto se vivió tu participación. En el partido poco más y se ponía a gritarte a ver si le escuchabas. Se sorprendía de cosas que lograbas a pesar de que según él no pudo enseñarte casi nada. Además de que se molestó muy chistoso cuando perdiste el desempate. Tuvo que salir a tomar aire unos momentos de la rabia de pensar que te quitasen la victoria.
Quedarme oyendo todo lo que Dods me contaba generaba una leve sonrisa en mí. Ni siquiera pensaría que creé un vínculo muy allá con Igtto, mas entiendo el que él sí. Me considerará su alumno, y yo debería considerarlo maestro, aunque hayamos tenido como una sola semana siéndolo, no me molestaría aprender más de él.
—¿Ese fue el pensamiento general? Porque mucha gente votó por Kairo para que fuese el jugador destacado, me sorprendió hasta a mí, no porque no se lo merezca, si no porque normalmente ahí votan al más conocido y ya.- Shair cuestionó, a raíz del “la rabia de pensar que te quitasen la victoria” de Dods.
—Sí, o eso creo. No sé si se oyó, pero a nuestro alrededor no solo Igtto estaba molesto. Fue una derrota cuánto menos anticlimática, y sobre todo ver que Arix se desmayase justo después, casi aparentaba que lo cortaron porque identificaron que Arix se estaba por desmayar, y querían que ganase.- Dods replicó.
Hubo un pequeño silencio antes de que yo me animara a preguntar algo.
—¿Igtto y Phear están ambos en el gremio, verdad?
—Deberían. Estoy bastante segura de que ahí se encontrarán, si es que quieren ir a buscarlos.- Dods corroboró.
—Vayan ustedes, ¿Sí o no? Y nosotras hablamos un poco con Dods antes de irnos.- Shair propuso.
Miré a Zakko para comprobar si es que estaba en la misma que yo, de ir a hablar con Igtto y Phear. No recibí una respuesta directa porque no hubo una consulta directa, mas vi en sus ojos complicidad y opté por tomar eso como algo afirmativo.
—Está bien. ¿Van a estar acá?- Le interrogué a Shair, para asegurarnos de que reencontrarnos si es que pasaba mucho tiempo.
—Sí. O capaz si se tardan mucho los vamos a buscar al gremio, pero en teoría, estaremos por aquí.- Shair confirmó.
—Está bien. ¡Nos vemos en un rato!- Exclamé, para ir directo a salir del local.
—¡Chau!- Shair y Dods se despidieron idéntico y casi simultáneo.
—¡Chao!- Zakko, que me siguió, se despidió también de Shair, y de Yaku.
Una vez ambos fuera, hasta yo sabía el recorrido hacia el gremio. Efectué un respiro profundo, en lo que Zakko cerraba la puerta.
—¿Vamos?- Le dije con duda, mas no era una cuestión, era un aviso.
—Claro.- Zakko asintió, tanto verbal como con el gesto de la cabeza.
Con eso, tomamos rumbo al gremio. Por suerte, quedarme a solas con Zakko ya no representaba una incomodidad.
—Y… ¿Te interesa a ti hablar con Phear? O…- Le interrogué por sacar tema de conversación en el trayecto. No habló casi nada y Dods tampoco le habló de lo que pensó Phear de él.
—Eso creo. Tampoco sé qué tanto puede decirme.- Él me contestó sin muchos ánimos. Sonaba como si se estuviese deprimiendo él solo otra vez.
—Pero si lo hiciste bien.- Le hablé con la verdad, era lo que pensaba.
Él solo giró la mirada para verme, y soltó una risa leve para luego volver a ver hacia el frente.
—¿De qué te ríes?- Interpelé.
—¿Pasa algo con que me ría?
—Y… depende.
—¿De qué?
—De qué tan violento me encuentre.
—¿Y qué tan violento te encuentras?
—Depende.- Reiteré.
—¿De qué?
—De qué tanto me pregunten cosas.
—… ¿Cómo qué?
Él entendió el tono humorístico de la conversación a mitad de esta, creo. Pero lo entendió, es un avance en poder llevarme como soy en verdad con él, deduzco, pienso. Hasta imagino, podría decir.
Con lo que se extendió ese diálogo, por fin llegamos al gremio. Subir las escaleras era todo un problema con todo el quilombo que se montaba con la maldita y desgraciada muchedumbre.
Acabamos subiendo por un extremo, para caminar un tanto hacia la puerta y lograr adentrarnos en el maldito, y, desgraciado, gremio. Con pausas dramáticas, ya que fue un drama adentrarse en el maldito y desgraciado gremio.
—¿Y… dónde se supone que están Igtto y Phear?- Dudé en voz alta, ya que allí dentro se encontraba muchísima gente.
—Bueno, era un veniz como yo… Busca cabelleras rojas y es probable que sea él. Ya que eres más alto que yo.
—No creo que eso tenga que…- Me detuve a mí mismo para darme cuenta de que Zakko en efecto no llegaría a ver lo que estoy siendo capaz de ver yo. No era tanta diferencia, o eso imagino, pero… en estas situaciones se notaba ser más alto.
—Ahora que lo pienso, ¿Por qué no tenía el pelo celeste? Si se supone que es como tú.- Tiré una duda al aire, mientras buscaba con la mirada cabellos rojos.
—Porque él evolucionó.
—¿Evolucionó? ¿Cómo así?- Iba a referenciar a un videojuego de mi mundo el cual empieza con la “P” y acaba con “okémon”, el problema era que por algún motivo desconocido para mí estoy seguro de que Zakko no la entendería.
—Pues… así. No sé cómo quieres que te explique, es algo que solo… sucede.- Zakko tenía entre una y cero ideas de cómo explicarme.
—No te escucho muy bien, de todas formas.- Aparte, no le oía. Zakko hablaba para adentro y con el bullicio de la gente alrededor era imposible distinguir su voz. —Creo que vi un cabello rojo, en una mesa cerca del mostrador.- Le informé a Zakko, apuntándole a la dirección en la que lo vi, además de ponerme a avanzar para que solo tuviera que seguirme.
Caminamos abriéndonos paso entre la gente, para llegar a donde vi la cabellera rojiza, que encima, podría asegurar con un… ochenta por ciento, de que era el mismo cabello que el de Phear.
Llegamos, y en efecto, Phear nos reconoció apenas nos vio.
—¡Zakko! ¡Kairo!- Alzó su voz y sus gestos faciales, los cuales antes denotaban cierta molestia. Ahora, eran más de felicidad.
—¡Phear!- Zakko lo llamó a él, en el momento en el que lo vio, ya que se tardó en acomodarse.
—Hola.- Yo saludé, ya que todos los nombres fueron ocupados… excepto el de mi maestro.
—¿Qué hacen aquí?- Phear nos consultó.
—Queríamos hablar con ustedes.- Zakko le respondió, elevando un poco la voz ya que hasta él notaba que no se oía.
—Ah… no es un muy buen momento, chicos. O sea, lo digo por toda la bulla que hay, aunque el gremio no está ayudando en que nos podamos ir de este lugar.- Él se oía alterado.
—¿Molestaríamos si nos quedamos con ustedes? Zakko le cuestionó.
—… Supongo que no. Igtto decidió quedarse discutiendo, yo solo lo espero.
Con esa afirmación, los dos nos sentamos en la misma mesa que Phear. Él de un lado y Zakko y yo del otro.
—¿Qué problema tienen?- Me animé a interrogar, para sacar tema.
—Nah, cosas un tanto inútiles pero que nos dificultan irnos de Giruboken. Más que nada cosas como la renta del local, entre otros temas legales que se hacen mediante el gremio por alguna razón.- Phear me contestó.
—Ya veo. ¿Llevan mucho tiempo aquí?, vinimos porque Dods nos informó de que se encontraban aquí, ya que queríamos hablar con ustedes.- Le volví a interrogar, para saber si tendríamos que discutir con Zakko de si quedarnos aquí con ellos o esperarlos en otro lugar.
—Llevamos un buen rato. Si te lo dijese en tiempo exacto… ponte tú que unas tres horas.
—¿¡Tres horas!?- Reiteré, sorprendido.
—Sí… cerca de una se fue solo en esperar a que nos atendiesen, y el resto se fue en esperar a que nos atendiese alguien competente. Qué locura lo inútil que es la gente hoy en día.- Phear aparentaba estar harto.
—Y… ¿A dónde se quieren ir?- Me animé a consultar.
—A Quettei.- Respondió llevándose las manos a la cara, todo expresiones que indicaban la frustración que llevaba encima.
—Claro. Parece una ciudad muy importante.- Hablé en voz alta, aunque en realidad debió ser un pensamiento solo para mí. Bueno, todos los pensamientos deberían ser solo para mí quizás, depende el pensamiento.
—Lo es. Es como… la capital de nuestro reino. O la segunda ciudad más importante como mínimo, sobre todo para la gente como nosotros o ustedes, que son aventureros.- Phear contaba.
—O sea que… si quisiéramos conseguir más cosas como grupo, ¿Nos convendría ir a Que… eso?- El nombre no era fácil de recordar.
—Sí, supongo. Aunque hay rumores últimamente de otra ciudad que podría interesarles a ustedes.- Phear soltó tremendo dato sin contextualizar.
—¿En serio? ¿Cuál? ¿Qué ciudad?- Zakko recordó que podía hablar, y pareció interesado.
—Rewíc. Está cerca de Quetteidon, de todas formas. Hay rumores de que en Rewíc se descubrió una mazmorra gigante como nueva, de las que ya no quedan muchas por los reinos limpios. Les convendría a ustedes, si es que llegan a tiempo, limpiar la mayoría de la mazmorra y reclamar recompensas, además de hacerse con una mazmorra en su historial. Difícil encontrar otra.
—Eso suena… interesante.- Comenté por encima.
—Estoy seguro de que a Shair le interesaría.- Zakko me comentó por encima a mí.
—¿Y como… se llega? Desde Giruboken.- Interpelé, impulsado por la afirmación de Zakko, pues si era algo del interés de nuestra líder, deberíamos obtener la información bien.
—Toman el primer viaje a Lusiudá, y desde allí podrán tomar otro a Rewíc, si es que no van caminando. Caminando desde aquí a Lusiudá serían… como dos días, depende qué tan rápido vayan ustedes. Y de Lusiudá a Rewíc es bastante más.- Phear tomó aire para seguir hablando. —De hecho, les recomiendo aprovechar el estatus que tienen ahora como participantes de Duel’Grot para que les hagan descuentos en eso, obviando los descuentos que ya hay por todo el tema de turistas y esa gente.
—Sí, de hecho pensábamos en irnos de Giruboken aprovechando eso también.- Zakko le confirmó que ya sabíamos lo último que nos dijo.
—¿Dirías que nos conviene más ir a comprobar Rewíc?- Consulté con Phear.
—Sí. Mucha gente ya se estará enterando, pero dudo muchísimo que siquiera estén empezando a investigarla, habrá una ceremonia de apertura lo más probable. No puedo confirmarles nada, solo sé que ese suele ser el procedimiento desde que las mazmorras escasean.
—Ya veo. O sea… ¿No pasa nada si tardamos nuestro tiempo?
—No. De hecho, por cualquier cosa, incluso en Lusiudá hay un gremio por el cual podrían informarse al respecto. En la mayoría de ciudades lo hay, solo que no en la mayoría son tan importantes como en Giruboken o Quettei. En Lusiudá es un lugar considerablemente pequeño comparado con este.
—Ya… gracias. Nos sirve mucho saber todo esto.- Le agradecí por compartir lo que él sabía con nosotros.
—No hay de qué.- Él agradeció, sin quitarse del todo el tono molesto. —Me gustaría… hablar con ustedes del Duel’Grot, por cierto. a Igtto y a mí. Solo que no es muy buen mome-
—¡Hola! ¿Y estos qué carajos hacen aquí?- Reconocí la voz de Igtto interrumpiendo a Phear bastante fácil. Aunque ayudó bastante que se sentara rápido cerca de Phear, si no, no hubiese sabido del todo si era él.
—¿Ya…-
—Sí.- Igtto volvió a interrumpir a Phear, mostrándole unos papeles.
Papeles los cuales Phear agarró y absorbió, con total normalidad.
—Salgamos de aquí, hablemos en un lugar más privado.- Igtto propuso, poniéndose de pie segundos después de haberse sentado, cosa que hizo para nada.
—Claro.- Afirmé y yo también me puse de pie, así que los cuatro decidimos salir del gremio.
Ambos veniz…es. ¿Cuál era el de veniz? Es una buena duda que no recuerdo si la sé. Bueno, ambos veniz nos siguieron y salimos del gremio. Por el camino que tomaba Igtto, entendía que se dirigía al local.
—Kairo.- Igtto se dirigió a mí.
—¿Ah?
—Quería darte la enhorabuena.- Igtto ahora también dirigía su mirada a mí, levantando el pulgar. —Estuviste increíble para lo poco que fui capaz de enseñarte. No sé qué tanto creas que te ayudé, pero si te interesa, podría ser tu maestro. Me halagaría enseñarle a un prodigio como tú, todo lo que necesites saber. Y más siendo que compartimos elemento y estadística.- Me platicó lo más formal que pudo. Aunque por el tono con el que lo hizo percibía que se le dificultó.
—… No creo que sea un prodigio. Pero… sí creo que me ayudaste. Quiero decir, aprendí a usar magia gracias a t-, gracias a usted.
Igtto se rio levemente.
—Te dije que podías tutearme sin problemas.- Él aclaró.
—Sí, pero… lo sentía más conveniente. No sé. Y… sí me interesa aprender más. Sería de utilidad.- Por algún extraño motivo, me sentía familiar con él. Empaticé con Igtto muy fácil.
—Me alegro de oír eso. El problema ahora sería… en qué momento podría entrenarte. Nosotros nos iremos a Quetteidonto en unos días.
—Nosotros… bueno, Phear nos contó un par de cosas que seguramente hagan que a Shair le interese ir a… Re…- Intentaba acordarme.
—¿Rewíc?
—Sí, eso. Se supone que está cerca del otro pueblo, ¿No? Y si es otro interesante para aventureros, es muy posible que acabemos allí. Haría falta solo… saber cómo encontrarte.
—Si preguntas en el gremio por mí, te darán una dirección. Allí por suerte, nos iba bastante mejor que acá.
—¿Por qué? ¿No se supone que Giruboken es para los novatos o cosas así?- Consulté.
—Claro, en Quettei ofrecemos más entrenamientos prácticos desde la experiencia. Además podemos derivar a otros grupos de aventureros.- Igtto explicaba.
—¿Y por qué vinieron a hacer eso aquí?
—Bueno, verás…- Hizo una larga pausa. La suficiente como para que estuviésemos a nada de llegar a la puerta del local.
En esa pausa vi de reojo hacia atrás, viendo a Zakko observándonos a nosotros como si deseara algo. Phear en cambio, tenía la mirada perdida en el lateral contrario a Zakko.
—… Uh, llegamos, te tendré que contar en otra ocasión.- Igtto aprovechó el momento para abrir con un maldito portazo y ahorrarse una explicación que me interesaba. No mucho, mas algo sí que me interesaba.
—¡Hola!
—¡Hola!
Tanto Dods como Shair saludaron apenas oyeron a gente entrar, solo que Shair alargó la última vocal mientras agitaba los brazos haciendo el gesto de saludo. Yaku hizo el mismo gesto, solo que el de ella duró dos segundos.
Estaban sentadas las tres en el piso, jugando con la nube de Yaku. Pareciera que soy el único al que no le parece divertido. O quizás fue la mala experiencia de la primera vez con el ajedrez ese extraño… debería aprender a jugarlo, supongo.
Observé cómo Phear no tardó mucho en irse a la sala en la que atendía a Zakko.
—Hola.- Saludó Phear en voz baja mientras se iba a encerrar.
—¡Hola!- Igtto también saludó, solo que unos segundos después y alzando la voz lo óptimo como para asustarme después de bajar la guardia.
—… Hola.- Me tomé unos segundos para calmarme, y les saludé también.
Zakko también saludó solo con el gesto, aunque él lucía más amigable haciéndolo que Yaku. Algo es algo, sobre todo cuando se le notaba más atento a Phear.
—Zakko.- Igtto lo nombró.
—¿Qué?
—Disculpa a Phear. A veces le dan ataques de nervios y se olvida de cómo interactuar con las personas adecuadamente. Ahora habría que agregarle a eso cualquier estupidez que pueda pensar al respecto de hablarte. Mas no te preocupes, él a mí me contaba que tenía muchas ganas de hablarte de las cosas que hiciste bien, aparentaba estar bastante sorprendido, y eso que él ha entrenado a otros veniz muy fuertes también.
—… Pero recién estaba hablándonos bien.- Zakko replicó.
—¿Te habló algo del Duel’Grot?- Igtto interpeló.
—No…
—Debió haber estado evitándolo. Al oírme a mí felicitar a Kairo, se habrá angustiado queriendo felicitarte a ti también. Perdónalo de verdad, él está feliz por tu desempeño.
Zakko lo observó unos instantes a Igtto.
Tanto Shair como Yaku y su maestra seguían la partida del juego que se hallaban jugando, por lo que no estaban prestando mucha atención a nuestra conversación. A lo máximo oían el eco.
—Estoy seguro de que Phear quiere hablar contigo. Ve. Créeme.- Igtto convenció a Zakko de ir con el otro veniz de pelo rojo.
«Me imaginaría a Zakko en esa misma situación. El que los dos sean de la misma raza me facilitaba el ver a Phear como un Zakko más grande. Más o menos».- Pensé. «De hecho…».- Me detuve unos segundos viendo a Igtto.
«No. Él es en demasía extrovertido».- Negué en mi cabeza de inmediato.
Observé cómo Zakko optó por ir con Phear, por lo que era cuestión de tiempo reagruparnos. No sé cuánto tiempo estuvimos en el gremio esperando, aunque diría que no mucho.
—¿Y ahora?- Me cuestioné a mí, solo que lo hice en voz alta, así que le llegó a todos los que se hallaban de manera presencial en esta sala vacía.
—Nosotros abandonaremos este lugar apenas se vayan ustedes. Imagino que ustedes después de esto irán a Lusiudá, ¿No?- Igtto me contestó.
—… ¿Cómo?- Shair tardó unos segundos en responder, seguro debido a que fue lo que tardó en llegarle el eco.
🍄
—¿Hola?- Zakko entró a la sala de Phear. También se hallaba casi vacía, solo que aún quedaba el escritorio y las sillas.
Phear yacía sentado encima del escritorio, mirando la pared, hasta que Zakko entró.
—Hola… Zakko.- Phear lo nombró.
Zakko estaba nervioso. A pesar de lo que le contó Igtto, él quería… oír palabras de apoyo similares a las que Dods e Igtto dieron al resto de su equipo. Quería aprobación.
—Zakko. Eh… lo hiciste bien.- Phear dijo, sin más. Era notoria la dificultad que tenía para expresarse en ese momento.
Zakko se limitó a observarlo sin decir una sola palabra.
—Mira. No sé cómo decírtelo así que voy a decirte lo primero que se me ocurra. Quizás… piensas que no hiciste mucho, pero yo creo que fue un aporte considerable. En los Duel’Grot no suelen participar muchos como nosotros, sobre todo como tú. Bueno, como tú ninguno de por sí.- A Phear cada vez se le complicaba más el punto.
—Quiero decir… de verdad, lo hiciste bien.- Cambió su tono a uno más sereno. —Cumpliste e hiciste hasta más. Un veniz no suele tener muchas oportunidades en ese tipo de eventos porque la capacidad defensiva que tenemos no suele llegar a ser muy útil en comparación a otras cosas. Tú pensarás que tus rasgos reflejan tu debilidad, mas estoy seguro de que no es así. Fuiste muy fuerte, percibí bien que… lo intentaste. Aunque perdiste, lo intentaste. Créeme, de verdad, que hay que ser muy fuerte para atreverse. Llegarás a ser muy fuerte si sigues este camino.
Phear se paró a respirar un momento, para no quebrarse.
—Zakko. No dudo en que te vuelvas muy fuerte si aprendes a manejar tus habilidades. Y si me lo permitieses, me gustaría también seguir enseñándote. No tengo la capacidad de enseñarte más magia o cosas del estilo, ya que soy un veniz común. Sin embargo, sé un par de cosas, y junto a Dods, me gustaría que me otorgases el honor de ser tu maestro.
Zakko, quien hasta el momento solo lo veía, no se aguantó mucho más y acabó botando lágrimas.
—¿Por qué?- Zakko se cuestionó, con la voz quebrantada.
—Bueno… no te puedo mentir. Me veo un poco en ti, creo. No quisiera… cambiar el tema de todos modos. Quería darte mi propia enhorabuena por lo que hiciste. Tienes un talento que pulir, un veniz mágico puede llegar a ser impresionante.
Zakko intentaba mantener la compostura, hasta que intentando respirar como es adecuado, no aguantó más y se echó a llorar. Se llevó las manos a la cara, y con los brazos se tapaba esta misma.
Así se mantuvo unos minutos, sintiéndose bien consigo mismo tras oír las palabras de aprobación que buscaba.
🍄
—¡Entonces vamos!- Shair exclamó, hablándome a mí.
—¿Quieres ir… ahora? Pero Zakko…- Dudé, ya que Zakko aún no salía.
—Lo más seguro es que Zakko recuerde el camino hacia el paradero. Hay que ir cuánto antes, ya que así esperamos menos en la muy probable fila que haya allí.- Shair aclaró. —Yaku, ¿Podrías quedarte aquí esperando a Zakko? Para que así Kairo y yo vayamos a conseguir números para viajar a Lusiudá cuánto antes.
—Sin problemas.- Yaku asintió.
—¡Bien!- Shair, que ya estaba levantada, se encaminó hacia la salida con agilidad. —¡Esperamos vernos otra vez, Dods, Igtto! Muchísimas gracias por ayudarnos lo que pudieron. ¡Adiós!- Shair se despidió rápido de los maestros y se fue, obligándome a levantarme e ir con ella.
—Bueno… eso que dijo. Muchas gracias, Igtto.- Le agradecí yo también, despidiéndome con un gesto.
—El placer es mío.- Igtto hizo el mismo gesto.
Con esas, salí junto a Shair, que estaba esperándome afuera.
—¿Listo? ¡Tenemos que ir ya!- Shair estaba muy emocionada. Aproveché para contarle todo lo que Phear nos contó, y ahora que tenía un objetivo, lucia más que interesada en dirigirse a él. No comprendía la prisa, ya que le especifiqué que seguro se tardaría un poco en liberarse a los aventureros, mas comprendía la emoción.
Sobre todo viniendo de ella. Ya se me hacía costumbre, comenzaba a resultarme agradable más que extraño.
—Claro, vamos.- Reafirmé, encaminándome junto a ella.
Era otra vez que me quedaba a solas con Shair. No… me resultaba tan incómodo tampoco. Ella tenía una sonrisa reluciente. La veía de reojo, y la mantenía un buen rato.
—Shair.- La nombré luego de unos cuantos pasos.
—¿Sí?
—Eh… no pude evitar darme cuenta de que estás muy animada desde que te conté lo de esa mazmorra y eso.
—¿Pasa algo con ello?
—… No, no diría que pasa algo. Solo… ¿Tu meta era llegar al Duel’Grot mundial ese… no?
—Sí. ¿Por qué?- Shair seguía sin entender para qué preguntaba todo eso.
—En realidad… no sé porqué pregunté todo eso. Quería que me contaras más al respecto, o eso deduzco.- Me dejé llevar interrogando cosas, ni yo sabía a qué quería llegar.
—¿Querías que te contara más de eso? Qué tierno.- Hizo una pausa mientras me veía. No pude evitar avergonzarme levemente. —Es mi sueño, supongo. Más que una simple meta. Quiero que la gente me conozca y me recuerde. Podría hacerlo de otras formas, supongo. Pero… también quiero tener gente conmigo. Quisiera que sea un grupo, quizás no tan necesariamente grande… con llevarme increíble con todos estaría contenta.- Ella me contó, volteando su rostro y observando el cielo. Notaba cómo sus ojos brillaban.
Decidí dejar que se explayara como quisiera. No sabía qué tan larga era la caminata, mas me interesaba oírla.
—Por eso no puedo estar más feliz de como se dieron las cosas al final. Feliz de que ustedes estén bien, y feliz de haberlos conocido de por sí. Desde que tengo memoria soñé con un grupo de amigos grande. Y desde poco después que sueño con ser aventurera. Hasta me imaginaba a mis compañeros, con nombres y todo.- Contó, riéndose de sí misma un poco.
«Ahora todo tiene sentido, supongo».- Concluí, asumiendo que elige los nombres que inventó y nos lo pone a nosotros. O eso es lo que entendí yo, quizás me equivoco.
—Tal vez es algo tonto pero… el que salieses de la nada me emocionó porque sí me imaginaba en una situación similar conociendo a alguien. Al igual que con Zakko. Lo de Yaku sí que nunca ideé algo parecido, no obstante ella sí se asemeja a una amiga que imaginaba.- Ella seguía con su monólogo. —De hecho… puede que resulte algo maleducado ponerles nombres sin preguntarles el suyo. Al menos el de Zakko me lo sé… pero… ¿Cuál es el tuyo, Kairo?- Ella volvió a mí, perseverando esa sonrisa.
—Eh… Walter. Aunque estoy bien con el nombre que me pusiste. Me acostumbré a que me llames así. Sigue llamándome así.- Quería dejárselo claro.
Shair soltó una carcajada leve. Hasta su risa era… tierna.
—Está bien, Kairo. Reitero que me alegro mucho de que estés en mi equipo.- Ella seguía mirándome. Me estaba comenzando a sentir un tanto extraño, mas era positivo. Eso lo percibía.
—Yo también me alegro de estar en tu equipo.- Le quise hacer saber, ya que era algo que de verdad pensaba.
—¡Oye, Kairo!- Oí, desde la distancia.
Con el transcurso de la conversación, avistaba una cantidad de personas reunidas en un mismo punto que me daban a entender que se trataba del lugar al que queríamos ir.
Buscando con la mirada, ojeé a la cabellera pelirrosa con mechones rojos que ya habré visto mínimo unas cuatro veces. Este, junto a la castaña, se nos acercaron.
—Hola.- Izu volvió a saludarme, una vez se nos acercó por completo.
—Hola…- Le devolví el saludo, con algo de duda. No sabía cómo decirle nada de lo que ahora sí sé.
—¿Lo conoces?- Shair me murmuró.
—Sí… ¿Su… pongo?- No estaba seguro del todo el cómo contestar a eso.
—Solo nos hemos visto en contadas ocasiones, sin embargo, los apoyo desde antes del Duel’Grot. Kairo lo sabe.- Realizó esa aclaración, mirándome. —Y tenía algo que negociar con Kairo. Tú debes ser… Shair, ¿Verdad? Enhorabuena por el Duel’Grot, no dudo de que hayas tenido mucha importancia desde dentro.- Izu le dio la enhorabuena a Shair.
—Gracias… ¿Qué quieres negociar? Si se puede saber.- Shair incidió en esa frase de Izu.
—Ah. En realidad les preguntamos a él y a su veniz si decidirían viajar a otro pueblo. Al decirnos que sí, preguntamos si sería a Quetteidonto. En ese caso, tal vez les interesaría que les acompañemos, ya que nosotros también iremos. Desde aquí, el primer paradero suele ser Lusiudá, y de ahí Quetteidonto.
—Mmm… ¿Tú confías en ellos?- Shair me murmuró otra vez, solo que ahora incluso más bajo para asegurarse de que ellos no nos oyeran.
Le hice el gesto de mover la muñeca de lado a lado, indicándole que no confiaba del todo en ellos.
—Sin embargo, creo que me interesaría, a mí.- Recaí en que me interesaba hablar con la chica.
—¿Está bien, no? El problema es que no vamos a Quettei. Cambiaríamos a Rewíc, nosotros.- Shair le aclaró a Izu.
—¿… Se puede saber porqué?- Izu se quedó… patidifuso. Así como bien patidifuso momento.
—¿No sabes? Según gente en la que confío, hay una mazmorra bastante grande que dentro de no mucho se liberará a explorar. Tengo, y por ende tenemos, ganas de participar.- Shair informó al chico pelirrosa.
—Oh. Eso suena interesante también, podríamos hasta ir.- Izu volteó esperando que Sein le diese una respuesta que lo corroborara. A lo que ella solo asintió con la cabeza. —¿Qué les parece entonces? Un trato de aventureros, nos ayudamos aunque no formemos parte del mismo grupo.- Él estiró su mano hacia Shair.
Shair apretó su mano, dando a entender que aceptaba.
—Ahora… el problema es la fila.- Izu recalcó la inmensa fila que había.
No nos quedó de otra que dirigirnos hacia donde creíamos que empezaba, y esperar de forma paciente. Como los cuatro teníamos pensado ir a lo mismo, de vez en cuando alguno se iba de la fila para moverse, y regresaba, permitiéndole hacer eso a otro. Era… práctico, cuánto menos.
Pasaban los minutos, e intercambiábamos. No sé ni cuánto tiempo perdimos. No hablamos mucho, Shair de vez en cuando me contaba cosas sin mucha trascendencia, creo que algunas hasta las olvidé.
Lo que me llamaba la atención era lo que Zakko y Yaku tardaban en venir con nosotros. Cuando sentí que era mi turno de salir a estirarme, aproveché para distanciarme y observar el camino por el que Shair y yo llegamos, a ver si vislumbraba algún color celeste y blanco con morado a la distancia.
—¿¡Los ves!?- Shair entendió bastante rápido por qué hice eso, y me interrogó desde la distancia.
—N- Iba a responder negando, hasta que unos segundos después sí avisté un color celeste y blanco con morado. Sobre todo por el morado, ya que al parecer los albinos son comunes. Y los de pelo celeste son toda una raza, había mucha probabilidad de que un albino y un veniz conviviesen juntos también. Así que el morado de sus mechones era una característica a destacar de Yaku.
No sé ni qué estaba pensando.
—¡Sí, ya los veo!- Le afirmé a Shair, a la vez que alzaba el brazo para comprobar que eran ellos.
El de pelo celeste lo alzó también, y la albina no. Por lo que en efecto eran ellos. Opté por esperarlos allí mismo, a la vez que veía que la fila avanzaba. No estábamos tan lejos de que nos atendiesen, así que estaba rogando por que se apuraran esos dos.
—Hola.- Zakko se comunicó conmigo tras alcanzarme de una re contra re putísima vez.
—Hola, vengan rápido.- Los apuré a que me sigan, para llegar con Shair, y los otros dos.
Tras otro par de minutos, nos acabaron atendiendo. Shair se encargó de comprar lo que nos correspondía a nosotros, con Zakko dándole el dinero desde su capacidad de mochila portátil.
Izu y Sein se compraron lo suyo, y al final les dieron un transporte aparte de todas formas. Nos informaron de que estaría listo en como máximo cinco minutos, para que nos aproximemos lo máximo posible a los carruajes. Eran carruajes donde viajaríamos, algo diferentes a las que nos subimos para turistear la otra vez.
Podía imaginarme que fue porque nos reconocieron, la misma chica que nos atendió estaba algo nerviosa.
Al llegar al carruaje, notamos que era muchísimo más grande, no había comparación. Esto era para transportar a muchas más personas, y sin embargo, nos dieron uno entero solo para nosotros cuatro.
Shair preguntó si al ser tan grande podríamos dejar que Izu y Sein se subieran con nosotros, sin embargo, el dúo de autistas de celeste y morado no les apetecía tampoco, así que hasta celebraron que nos dijeran que no.
Nos acabamos subiendo, quien conduciría nos dio la bienvenida y nos dijo que en seguida daría inicio el viaje, que nos pusiéramos cómodos. El lugar era… muy grande. La capa que había arriba se podía mover, por si queríamos sombra o no.
Eso o lo rompí sin querer. Nadie se dio cuenta exceptuando a Shair que estaba atenta a mí, así que lo dejé como si nada y ella procuró guardar silencio.
—¿Están cómodos?- Shair interrogó en general, obviando lo que acabó de ver de mi parte.
—Ah… sí…- Zakko expresó con duda.
—Sí, yo sí.- Yaku se acomodó en su propia nube. Me sorprendió ver que la expandió. Era más grande, lo suficiente como para que Yaku se recostada en ella solo faltándole las piernas, casi.
Era una almohada gigante, no estaba flotando.
—Está un tanto duro. El pasto era más blando.- Shair se quejaba, tocando la madera.
—Si quieres, puedo hacerte un lado.- Yaku le propuso, agrandando algo más su propia nube.
—¿¡En serio!? ¡Gracias!- Shair, emocionada, aceptó sin pensarlo y se recostó a su lado. —Ah… mucho mejor.- Shair se acomodó tanto que hasta aparentaba hundirse.
En ese preciso momento me di cuenta de que me iba a tener que aguantar y dormir en el piso.
«Bueno, al menos Zakko compartirá el sufrimiento conmi-».- Dándome vuelta para corroborarlo, me fijé en que se transformó en slime. Procedí a mirarlo feo y con ganas. Si yo me jodo, alguien más tendría que joderse conmigo.
Fingí toser para que Zakko supiese que lo estaba vigilando y ofreciéndole mi peor gesto facial.
—… ¿Qué?- Zakko apenas y tenía cara en esa forma, mas aún así era capaz de percibir que tenía más dudas que… alguien con demasiadas dudas.
—Por cierto, si se les acomoda, hay un cajón con cosas para que puedan dormir como es debido. En nada partimos el viaje.- El… conductor, nos habló.
Dudo en llamarle conductor porque no divisaba de qué manera iba a manejar.
—¡Gracias!- Shair agradeció, desde la comodidad de una reverenda nube.
Busqué con la mirada dichoso cajón, para notar que estaba en la esquina del otro lateral a la de Yaku y Shair. Me acerqué para comprobar si era cierto, y lo vi. Eran un par de sábanas y cosas similares a almohadas. No eran almohadas porque no lucían como tal, mas tenían la misma forma.
Eran de un material extraño… de manera visual, se asemejaban a paja. Mas, pese a que toqué por encima, no me daban esa sensación. Lo tiré al piso, y me recosté. Era una almohada. Me generaba un poco de comezón… pero podía soportarlo con tal de dormir con una maldita almohada después de…
«No recuerdo cuánto tiempo llevo aquí. Son… mínimo más de dos semanas. ¿Habré pasado un mes? Lo dudo. Mas no debo de estar muy lejos…».- Pensaba, recostado en la madera y en la almohada de paja, mirando el techo. «Debería quizás… llevar una cuenta, o alg-»
—Hola.- Zakko se apareció en mi campo de vista, desde arriba. Interrumpiéndome y brindándome un susto.
Por el susto, le pegué un manotazo en la cara.
—La con…cha de tu madre, tarado.- Me senté por la reacción, y vi a Zakko, esperando no haberle hecho mucho daño.
Cuando Zakko comenzó a reírse, entendí que no fue grave.
—¿Por qué hiciste eso?- Le cuestioné.
—Solo… quería ver qué pasaba. Lo siento.- Zakko se disculpó.
—Nah, está bien. Solo fue el susto.
—¡Ya arranca! Manténganse seguros.- El conductor nos hizo saber, y realmente comenzó a moverse todo.
Así, hasta que yo mismo percibía cómo se movía el vehículo.
Me levanté, abriendo con delicadeza el techo, para ver hacia atrás, ya que alcanzaba a observarlo pese a la pared que había atrás. No era tan alta, y subido al cajón, lo veía. En serio se estaba moviendo, y en serio nos estábamos alejando de Giruboken.
Esta sensación me generaba… nervios, pero de los buenos. Tenía ganas de ver cómo sería… la ciudad esa. Lusiudá… se parece. Ciudad, Lusiudá.
No lo sé, pero estoy seguro de que será divertido. Tampoco sé cuánto se tardaría esto en carruaje, solo nos dijeron el tiempo a pie. Si eran dos días, asumo que no tardará tanto.
—Shair.- La llamé.
—¿Sí?
—No, nada. Quería comprobar que estuvieras despierta.
—Deberías probar a dormirte, de todas formas. Será un viaje largo, lo más probable.
Unas cuantas horas imaginaba que serían, sí. Mas no tenía muchas ganas de dormirme, era apenas la tarde, no tenía sueño, y estaba ansioso.
«Qué ganas de… llegar. Me siento muy ansioso».- Pensaba para mí, observando desde la altura a mis tres compañeros. «Espero conocerlos más en este viaje, también».- Concluí.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com