Kinokodearu - Capítulo 24
- Inicio
- Todas las novelas
- Kinokodearu
- Capítulo 24 - Capítulo 24: ¿Por Qué No Estoy Durmiendo?
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 24: ¿Por Qué No Estoy Durmiendo?
La nube se sentía demasiado cómoda, casi hasta me hundía allí. Yaku al invitarme fue muy amable, aunque quisiera preguntar si puede agrandarla lo suficiente para que tanto Zakko como Kairo pudiesen recostarse.
Podría animarme, si no estuviésemos en un silencio pleno de ya más de veinte minutos, o eso podía ser un aproximado. No había muchos temas de los que hablar, ninguno sabía bien qué iba a ver en Lusiudá aparte de lo que nos comentaron nuestros maestros.
Yo no sabía nada del viaje hasta hace poco, y lo tomamos a las apresuradas. No sé cómo iba a ser, nunca viajé en nada parecido. Encima nos dieron un viaje privado para nosotros… me da un poco de vergüenza, aunque es algo que también he llegado a imaginar que pasaría tarde o temprano.
No me quejo del todo, de hecho, no me quejo en absoluto. ¡Es una maravilla!, el único problema era que mis amigos eran todos tímidos y a mí no se me ocurría de qué hablar.
Si tan solo hubiese un tema, me dispondría a hablar como un loro. No sé ni qué es un loro, sin embargo mis papás solían decirme eso cuando les parloteaba demasiado. Creo que es un animal o un monstruo, una de las dos. Me gustaría ver uno también, quizás hasta me parezco.
«Quizás si les preguntase…».- Se me pasó por la cabeza, a lo mejor sabrían. No obstante, obvié al momento esa idea porque podía suponer que ninguno de ellos habría visto uno. Saben lo mismo o incluso menos que yo. No estaría de más preguntarles, supongo. Aunque el silencio que se formó me afecta hasta a mí, y yo diría que soy bastante de tomar la iniciativa…
—Ah.- Zakko dijo en voz baja. Cuando miré si se dirigía a alguno de nosotros, noté que estaba observando al conductor.
Pude ver también a Kairo, que estaba tumbado en el piso, boca arriba y con las manos detrás de su cabeza, la cual yacía en la almohada de paja. Parecía cómodo hasta cierto punto.
—Ah.- Zakko reiteró lo mismo, solo que aumentando un poco su volumen. —Conductor.- Lo mismo, cada vez lo aumentaba.
Al ver que no recibía respuesta, perseveró hasta que este lo escuchase.
—¡Oiga!- Elevó un tanto la voz. No estaba gritando, mas era lo más similar.
El conductor seguía sin oírlo.
—¿¡Qué te pasa!?- Kairo sí que lo oía, y se exaltó, ya que perturbaba su paz.
—Ah, perdón.- Zakko se disculpó al instante.
—Si quieres consultarle algo acércate a él.- Dije yo también, sentándome en la nube.
—No… era solo para comprobar qué tanta privacidad había si es que conversamos algo.
—Tiene sentido.- Kairo afirmó.
—¿¡Eso significa que quieres hablar!?- Me entusiasmó que Zakko también lo quisiera.
—S-Sí… supongo.- Él por algún motivo desvió la mirada mientras afirmaba con duda.
—¿Y de qué quieren hablar?- Cuestioné.
—¿Por qué en plural?- Kairo me cuestionó a mí.
—¿No quieres hablar?- Le interrogué.
Kairo se sentó dejándome entrever que no tenía muchas ganas, pero que lo podía hacer y eso era lo que yo apreciaba.
—Tal vez.- Él confirmó, suspirando antes de hacerlo.
—¿Y tú, Yaku?- Pregunté a mi compañera femenina, que yacía recostada en su nube con la vista hacia la pared.
—Tal vez.- Me respondió lo mismo. Solo que con menos ganas incluso que Kairo. Me deprimió algo, mas no dejé que me afectara.
—¿¡Y de qué quieren hablar!?- Retomé la iniciativa con ilusión, ya que yo no tenía muchas ideas en mente. —Mmm, ¿Qué tal si contamos más acerca de nosotros? Para conocernos mejor. ¿¡Quién quiere empezar!?
Con todas las ganas del mundo, me detuve a observar a mis compañeros. Kairo me miraba con los ojos entrecerrados, Zakko me miraba dubitativo, evitaba chocar miradas conmigo. Y Yaku ni siquiera me miró.
—Bueno, puedo empezar yo, vean: La casa de mis padres se encuentra en Ttain, que está bastante cerca de Indul, el lugar en donde yo habitaba. Mis papás me criaron desde muy chica, aunque no tengo tantos recuerdos al respecto. Tengo más recuerdos a partir de… como los nueve o diez años.- Expresé con algo de desconcierto, ya que no me hallaba segura del todo.
Me tomé unos segundos para pensar bien y calcular las fechas.
—Sí, en efecto, desde los diez años. Que fue cuando me empecé a introducir en todo lo de los aventureros y los Duel’Grot. En Ttain no había casi nada al respecto, solo mis papás eran ex aventureros, hasta que me encontraron.
—¿”Encontraron”?- Kairo me interpeló.
—Sí. O bueno, eso me dicen. Me lo tomo a broma.
Kairo por algún motivo desconocido me observaba extraño al oírme aclarar eso. Fijándome en Zakko, también presentaba ciertas dudas hacia mí. Decidí ignorarlo de todos modos, para seguir contándoles de mí.
—Ellos me contaban de todo al respecto, mas no me enseñaron de magia por más que les preguntaba. No sé bien porqué, a veces se veían entre ellos cuando les pedía que me enseñaran, sin responderme. Me decían que sería mejor que la descubra por mi cuenta, mas yo sigo pensando que hubiese sido mejor aprenderla de ellos mismos. Aún con esas, los amo mucho.
—¿Y no te podían ayudar o algo así a que te hicieras aventurera? Digo, tengo entendido que hasta que no aparecí yo…- Kairo interrogó.
—No, ellos no podían hacer mucho, o eso me dijeron. Tampoco eran los mayores aventureros de la historia, participaron en varias cosas hasta que se retiraron para vivir en paz y criarme. Les mandaba cartas cuando estaba en Indul, ya que me quedaba bastante cerca. Pensé en ir a presentarles a Zakko, mas siempre acababa recayendo en que sería mejor presentarles a un grupo entero, o sería mejor siendo una aventurera reconocida. Por ello, me gustaría conseguirlo cuánto antes.- Me afirmaba, a ellos también, pero más a mí misma. Era lo que yo quería.
—Me hubiese gustado conocerlos…- Zakko murmuró.
Si murmuró fue por algo, así que simulé que no lo escuché, solo le sonreí.
—Bien, ¿A quién le toca? ¡Zakko!- Ya que él estaba en mi vista, opté darle la batuta.
—Eh… yo ya… hablé de mí. Mucho antes.- Zakko se excusó, aunque era verdad. Eso no le quita que sea excusa.
—Es… cierto. ¡Kairo!- Lo apunté ahora a él.
—Yo… eh…- Kairo estaba cuestionándoselo mucho, llevándose la mano a la nuca mientras pensaba.
Ahí fue cuando caí en que él tenía problemas para recordar cosas. Sería otra excusa, lo más probable es que sí, solo que podía entenderla.
—¿O no te acuerdas?- Se lo interrogué de forma directa.
—No mucho, no.- Kairo parecía más aliviado que otra cosa, por lo que lo observé detenidamente para que supiese que dudaba al respecto de él. Sin embargo, al notar que él me miraba sin mucha culpa, decidí olvidarlo.
—¡Yaku!- La apunté ahora a ella, que se levantó apenas apunté a Zakko, por lo que estaba atenta a la conversación.
Ella solo me miró. Ya ni siquiera hizo alguna expresión, solo me miraba.
—¿Vas a hablar de ti?- Le pregunté.
No recibí respuesta. Me molesté.
—¡Bueno, si se aburren, es problema suyo! ¡Conste que lo intenté!- Me tumbé en la nube, asegurándome de que supiesen que estaba molesta. —Cero ganas de conversar tienen ustedes.- Murmuré, mas asegurándome también de que los tres lo escuchasen.
Tardaron un par de segundos, veía de reojo cómo se miraban entre ellos.
—Lo siento.- Zakko fue el primero que se disculpó conmigo. Era de quien más lo esperaba, aunque el que menos culpa tenía.
Como era quien menos culpa tenía, decidí ignorarlo para que los otros dos también se disculpasen. No sabía cómo más expresar mi rabia, hasta hice puchero. Estaba demasiado segura de que me estaban viendo los dos. No iban a conseguir que les dirigiese la palabra, a ninguno excepto a Zakko.
Observaba de reojo cómo él expresaba con gestos a Kairo, de que se disculpase conmigo. A él y a Yaku.
—Perdón.- Kairo me pidió disculpas.
—Perdón.- Y Yaku seguido de él. —Asumo que yo puedo contar algo… por encima.- Con sus disculpas, vino ese añadido de que tenía intenciones de contar su historia.
—¡Por favor!- Exclamé, emocionada otra vez, acercándome a Yaku.
—¿Qué carajo?- Kairo pronunció.
—¿Qué?- Interpelé, volteando con agilidad para verlo a él.
—¿Tus coletas tienen vida?- Kairo expresó, con demasiada duda dentro de sí.
No entendí su interrogante.
—No es la primera vez que se le mueven, le pasa cuando se emociona.- Zakko explicó algo de mí que yo no sabía ni que sucedía.
—Estoy seguro de que la he visto emocionada y no se le ha movido así.
—Yo estoy seguro de que sí la has visto.
—No.
—Sí.
—No.
—Sí.
—… ¿No?- Kairo ya no estaba seguro ni de sí mismo.
—No sé de qué hablan. ¿Me pasa algo raro?- Les cuestioné, ya que no comprendía muy bien su charla.
—Sí-
—No, no.- Zakko se interpuso a lo que Kairo afirmó. —Es bonito. No es nada malo, no.- Zakko, aliviando mi preocupación, observaba con disgusto a Kairo. Seguramente por su respuesta afirmativa.
—Yo tampoco la he visto así.- Yaku sumó a la conversación.
—Quizás es por el movimiento del carruaje, también.- Zakko aseguraba.
—¡Pero cuéntame tu vida!- Opté por insistirle a Yaku, llevando mis manos a sus hombros.
—E-Está bien. Solo… aléjate un poco de mí.- Yaku accedió, pidiéndome un pequeño favor que le cumplí.
Me distancié lo suficiente como para que se sintiera cómoda y comenzara a contar su historia.
—Yo…- Ella hizo una larga pausa apenas pronunció la primera palabra. Paró a ver a todos viéndola, y se notó avergonzada.
—Si te da mucha pena está bien, al menos no te negaste del todo.- Le hice saber, ya que no quería obligarla a algo que no pudiese. Diferente era la negación desde el inicio que había hecho antes.
—No, no… está bien.- Recuperó confianza, y centró su mirada hacia delante, que era donde estaba Zakko también. —Mis papás… me cuidaban mucho. Eran muy sobreprotectores, quizás. Es que la raza de mi papá conllevaba a que acabara teniendo ese comportamiento sobreprotector. Con mi mamá era igual.- Sonreía de más mientras veía a Zakko y hablaba de su padre.
Zakko que por cierto, yo me percataba de que intentaba mantenerle el contacto visual aunque no entendiese porqué lo miraba tanto.
—Vivía… bien, eso creo. No salía mucho de mi casa, tenía un par de amigos por allí, que eran igual o incluso más afortunados que yo. Mis padres también eran aventureros, claro está, solo que ellos mantenían un puesto importante para…- Yaku realizó otra pausa, llevándose la mano al pecho. —… para el reino.- Le costó decir esa parte, y cuando lo hizo miró hacia la pared.
Volteé a ver los rostros de los otros dos. Zakko pareció haber tenido la misma idea, y ambos nos vimos sin entender bien el porqué lo dijo así. Luego, vi a Kairo, que intercambió miradas con los dos. Se percató de que ambos lo estábamos viendo y expresó con gestos de que no tenía idea de nada.
No me animé a preguntarle al respecto por respeto, pensé que sería muy posible que prefiriese no hablar de ello.
—No tenía… muchas ambiciones. Hoy por hoy no las tengo. Quisiera hacer felices a mis papás, aunque no los veo hace mucho tiempo… creo que quisiera verlos otra vez… los… los extraño.- Ella prosiguió, solo que mientras más hablaba más se le quebraba la voz. No al punto de llorar, mas sí se notaba que le afectaba. —¿Me estarán… buscando? ¿Por qué no me han encontrado todavía…? Creí que el Duel’Grot bastaría como para darme a notar… ¿O no me reconocieron…?- Yaku a cada palabra que soltaba, se veía más inestable.
—Yaku…- Zakko la llamó.
Al escuchar su voz, consiguió calmarse, lo suficiente como para que se controlara. Suspiró, y ahora miraba al piso que tenía en frente.
—No hace falta que digas más si no quieres, en serio.- Le aseguré, poniendo mi mano en la espalda. —Estoy seguro de que tus padres estarían orgullosos. ¿En qué pueblo vivían? Imagino que sería dentro de los muros Delca. Eso queda lejos, sin embargo, estoy segura de que podríamos ir.- Intenté animarla un poco.
—No… no hace mucha falta. Creo que ya llegados a este punto… también me gustaría reencontrármelos y que vean que soy una aventurera importante como ellos.- Yaku me contestaba, demostrando su tristeza. Era leve, mas era fácil percatarse de que estaba triste.
—… Lo siento.- Pedí perdón por haber hecho que contara eso.
—Está bien, en serio. No lo hubiese hecho si no quisiera. Solo… creo que necesitaba contarlo. Lamento si arruiné el momento.- Yaku pidió perdón también.
—No te preocupes por eso.- Me negaba a que se sintiera culpable de cualquier cosa.
—Yaku.- Kairo la nombró. —Eres muy fuerte.- Dijo y yo concordaba. Sus palabras fueron con un poco de sentimiento también, o eso podía percibir.
Seguido de eso, suspiró, dejándome claro que algo de sentimiento había al decirlo.
—Gracias, Kairo.- Yaku le agradeció. —Ey, pero al final… solo yo conté mi historia.- Yaku quería desviar la atención, secándose las contadas lagrimas que desprendía.
—De hecho, yo lo hice primero.- Le aclaré, con un tono un tanto de humor.
—Ah, es verdad.
Hubo un silencio de unos cuantos segundos después de eso. No era incómodo del todo, al menos para mí.
—Y… ¿Cuáles son sus colores favoritos?- Consulté, intentando que fuese un tema de conversación que no pudiese poner triste a ninguno.
—Celeste.- Respondieron al unísono, Kairo y Yaku.
Ambos se miraron, y luego miraron a Zakko.
—No tiene nada que ver contigo, por cierto. Solo quiero recalcar. Aunque te queda bien.- Kairo le recalcó a Zakko.
Yaku sin embargo se quedó callada.
—El mío es el amarillo.- Decidí contestar, por lo que faltaba solo una respuesta. —¿Y el tuyo, Zakko?
El hombre al que nombré tardó en darme una respuesta.
—Seguro que es el verde. ¿Verdad?- Kairo le cuestionó a Zakko, y eso hizo que este último se ruborizara un tanto.
—Ajá…- Zakko afirmó, en voz baja.
—¿Cómo sabías?- Le interpelé, sorprendida, ni yo recordaba eso. No estoy segura de haberle preguntado, de todas formas…
Kairo solo se rio, mientras miraba a Zakko y me apuntaba con el dedo pulgar a la vez que lo hacía.
—Es bonito color de todas formas.- Quise comentar algo por comentar, ya que ninguno de los dos se atrevía a sacarme de dudas.
Zakko se tumbó de espaldas y con los brazos estirados a los laterales, provocando que Kairo soltará otra leve carcajada.
—¿Sabes cuánto va a durar el viaje?- Yaku me interrogó, luego de unos segundos.
—Ah, de hecho… no. Podría preguntarle, iré ahora mismo.- Avisé, y procedí a levantarme. De paso preguntaría un poco más acerca del viaje.
Caminé hacia él, el trayecto era un tanto largo. No era tanto, solo… era debido a que nos dieron un transporte así solo para nosotros cuatro. En un grupo grande debe ser hasta pequeño. Igual, a mi gusto es mejor. Muchísimo más cómodo.
Me acerqué al conductor, y desde lo más cerca que pude sin que le molestara, le dirigí la palabra.
—Oiga…- Lo llamé.
—¿Diga?- Él me contestó.
—Disculpe… ¿Qué tan largo es el viaje?
—Vea… llevamos un rato ya, mas no es ni un cuarto. Yo digo que… más o menos un día. Quizá un día y medio, tal vez lleguemos por la noche del siguiente día. No sabría decirle, señorita.- El conductor tenía un acento raro, mas chistoso. Era agradable. —¿Alguna otra consulta?
—Eh… sí. ¿El viaje es continúo todo el tiempo o…
—No, el viaje se detendrá una vez. Al ritmo al que vamos, quizá lleguemos por la noche a la aduana de Lusiudá.
—¿Hay aduana en Lusiudá?- Me sorprendí.
—Sí, señorita. Es una ciudad muy importante incluso para las localidades de dentro del muro Delca. Es necesario analizar aunque sea por encima lo que entra y lo que sale.- Él se tomó la molestia de explicarme. —Además, Lusiudá está pasando por un momento oscuro, a pesar de la ironía que puede presentar por ser la ciudad de las luces.
—¿Cómo así?
—Se dice que últimamente aumentaron los casos de criminales, en las sombras. Ya hay gente investigándolos, pero cuando los encuentran, solo salen más. Nadie sabe cómo ni dónde ni quién, de algún modo consiguen proseguir sembrando el caos. Son unos hijos de puta.
El conductor parecía realmente molesto respecto a esos. Aunque supongo que le puedo dar el punto de que son malas personas, el agravio es lo mínimo que podrían merecer.
—¿Pero… qué tan peligroso es ir?- Comencé a alertarme.
—No se tiene porqué preocupar. Cada vez hay más aventureros ocupándose del asunto. Lusiudá es bastante grande, solo… tenga cuidado a altas horas de la noche. Al ser reconocida como la ciudad de las luces, todo se mantiene encendido incluso de noche. Es el atractivo de Lusiudá, el problema es que los ataques se han detectado a altas horas de la noche.
—… ¿Y hay otro patrón o algo?
—No. La gente que ha salido herida no comparte muchas cosas en común, aunque la mayoría han sido aventureros, y entre ellos, en su mayoría hombres. De todos modos, lo más probable es que eso se deba a que son mayoría, y que los están buscando. Mientras no se involucre del todo, no tendría porqué salir lastimada. Cualquier cosa, puede ir a una estación de oficiales, o al gremio de aventureros.
—… Gracias.
—¿Alguna consulta más, joven?
—… Sí. ¿Necesitamos estar despiertos para la aduana?
—Mmm…- Él se puso a pensar, mientras volteaba a ver a mi grupo. —No llevan nada. ¿La nube es una invocación, no? No llevan nada entonces. Aún así, en la aduana también hay una tienda bastante grande por si les interesa comprar algo para comer o beber. O… para lo que sea, tiene muchas cosas útiles.
—Entonces creo que me interesa. No tenemos provisiones, al menos yo me bajaré a comprar.
—De acuerdo, me detendré cerca de la tienda para facilitarle la ida y vuelta.
—¡Muchas gracias! Es muy amable de su parte.- Le agradecí con ánimos, me cayó muy bien.
—Es mi trabajo después de todo. Gracias a usted por hacerlo sencillo.
Luego de despedirme de él, regresé con Zakko y los demás, quienes no parecían haber estado conversando en ese rato. Todos regresaron casi que a sus posiciones. De hecho, Zakko ni siquiera se levantó.
—Hola.- Los saludé a todos, solo que me acerqué a Zakko, viéndolo desde arriba.
—Ah, hola. Regresaste.- Él me saludó.
—Hola.- Kairo también.
Yaku no lo hizo de forma verbal, mas hizo el gesto.
—Va a durar… más o menos un día y medio. No me dijo tiempo específico, solo me dijo eso.- Le comenté a Yaku, ya que me lo consultó hace un par de minutos.
—Oh. Eso quiere decir que vamos a tener que dormir aquí.- Yaku replicó.
—Exacto. Por ello, duerman apenas puedan. Va a ser un viaje largo. Dudo que sea el más largo que vayamos a tener, pero es el primero, será complicado solo por ello. Luego nos acostumbraremos.- Les informé a los tres. —Además, dijo que pasaremos por aduana.
—¿”Aduana”?- Kairo pareció haberse sorprendido al oírlo.
—Sí. Según me dijo… es una medida que tomaron por unos casos de criminalística en los últimos tiempos. O algo así me dijo. Lo más probable es que paremos por la noche, así que ustedes deberían estar dormidos. De hecho, desearía que estén dormidos, yo me encargaré de lo que haga falta.
—Igual no tenemos nada.- Kairo aseguró.
—Sí. Yo más bien lo que iba a ser era… bajar a comprar comida. No tenemos nada.- Aclaré.
—Yo tengo llaipas todavía…- Zakko sacó llaipas de su cuerpo. —… no están del todo frescas, pero siguen estando bastante ricas.- Afirmó, comiéndose la misma que sacó.
—¿Me das?- A Yaku le interesó, y le pidió.
Zakko le convidó una llaipa. Yo quería una también, por lo que me aproximé a él y puse mi palma, dándole a entender que quería una. Él me dio, y procedí a comerla.
—¿Tú no quieres?- Le interrogué a Kairo, que solo nos observaba comer. No me detuve a tragar del todo la llaipa así que hablé con la boca llena. Dudo que le molestara.
—No… estoy bien. La que comí no me gustó mucho.- Kairo sentado en el otro lateral del transporte, se negó.
—Entonces te compraré algo más en específico a ti.- Le aseguraba, a la vez que seguía masticando. —No sé bien qué quieres, quizás ni tú sabes. Pero… intentaré traerte algo que considere muy rico.- Ya que Kairo no comió, al menos le traería algo extra para él.
—Gracias… cualquier cosa está bien. Si me muero de hambre terminaré comiéndolo de todas maneras.- Kairo me agradeció el detalle.
—Es cierto, Zakko, dame dinero.- Me dirigí a él. No me acerqué ya que lo tenía casi que en frente.
—¿Cuánto quieres?- Él me interpeló.
—Dame… diez de cobre y veinte de estaño pienso que serán suficiente.
—¿Y en dónde te lo vas a guardar?
—Aunque no lo creas, mi pantalón tiene bolsillos.- Metí mi mano en el bolsillo. No estaba siendo sarcástica, de verdad no se notaban los bolsillos.
—Oh, bueno. Aunque… quizás son muchas monedas para llevar a mano. ¿Y si te doy veinte de cobre y ya?
—Me parece bien. ¡Lo que tú digas!- No veía el problema en llevar tantas monedas, mas si él dudaba de forma tan abierta, no tenía porqué no confiar en él, y se lo hice saber acercándome todavía más si era posible.
—T-Ten.- Zakko tartamudeó por algún motivo, y me entregó las monedas en la mano.
Las guardé en mi bolsillo y me alejé de él un tanto. Tras eso, tuvimos conversaciones entrecortadas. Yo me acerqué a mi lado de la nube para recostarme en ella, y de vez en cuando hablábamos.
La mayor parte del tiempo era entre Zakko, Kairo y yo. Yaku todo este tiempo no detectaba si estaba durmiendo o si se hacía la dormida. Se la pasó todo ese tiempo recostada viendo la pared.
Pasaban los minutos, e incluso las horas, con conversaciones fugaces. El único ruido constante era el del carruaje avanzando.
—¿Y… cuál creen que será su magia única? ¿O cuál les gustaría?- Se me ocurrió un tema interesante para hablarlo.
—A mí me gustaría… en verdad no sé.- Kairo parecía haberse animado con el tema hasta que no se le ocurrió nada.
—Yo creo que querría tener técnicas que me permitan pelear cuerpo a cuerpo. Cualquiera estaría bien. Alguna que tenga que ver con magia, supongo. Algo así como…
—¿Así como el Döfés?- Cuestioné, interrumpiendo a Zakko.
—¿Cómo qué?- Kairo no entendió mi referencia.
—¿Sabes de qué hablo, Zakko?- Esperaba que él sí.
—… No…
—Era una habilidad del héroe zanahoria. La gente lo llamó así, él no le puso el nombre.- Yaku habló por mí, sin moverse ni un pelo, ya que seguía viendo la pared.
—Eso. Era una habilidad reconocible de él, juntaba como energía en su puño, y se dice que su potencia se veía impulsada por su determinación. Una habilidad muy representativa para un héroe. Yo pienso que te pegaría, Zakko.- Añadí.
—¿Por qué?- Él me preguntó, confundido.
—No lo sé. Solo… me das esas vibras. Podrías ser un héroe, estoy segura de que serías uno muy bueno. Ojalá despiertes una habilidad así, me haría mucha ilusión.- Le conté un poco acerca de cómo lo veía.
Él abrió un tanto los ojos y me miró fijo. Percibí cierto rubor en su rostro, además de que luego de unos segundos no me aguantaba la mirada.
Kairo tosió levemente, llamándonos la atención.
—Hay más gente aquí.- Dijo después de eso.
—¿Y qué pasa con eso?- No entendía porqué dijo eso.
—Nada.- No me quiso explicar.
—Pero dime qué magia querrías tener tú, Kairo.- Reincidí en el tema.
—Pues yo… me gusta la velocidad. Supongo que podría indagar en más habilidades que me ayuden con eso… aunque… es verdad que me falta algo para atacar. En el Duel’Grot, usé muchas piedras, que dominándolas con mi viento, sentía como si hubiesen sido parte de mi magia desde siempre. Quizás aprender a crear rocas o algo así me serviría para empezar.- Kairo comentó.
—Eso… suena bastante bien, me gusta que estés interesado en la magia. El punto, Kairo, es que no es una magia única. Es magia de tierra casi que básica. Dime una habilidad diferente a los elementos o a la velocidad.- Le recalqué que su respuesta sonaba bien, mas no respondía nada.
—Ah, claro. Cierto. Pues…- Kairo se tomó su tiempo para pensarlo. —Tal vez me gustaría teletransportarme. ¿Eso se puede?- Cuestionó.
—Claro que se puede, ¿Por que no se podría?
De inmediato noté cómo Kairo se llevó la mano a la frente, como si hubiese caído en que su pregunta no fue del todo lógica.
—No sé. Se me fue. Pero eso me gustaría, o eso deduzco. También sería divertido… no sé, no soy muy imaginativo.- Kairo se rindió de pensar. Al menos lo intentó, prefiero eso a que me ignoren.
—Está bien. Para qué preguntarle a Yaku, si ella ya tiene una. ¿O te gustaría otra?- Probé suerte, a ver si a Yaku le animaba hablar de ello.
—… Tal vez. ¿Conoces la habilidad del último héroe? O la que se supone que era su magia.- Yaku me contestó.
—Eh… era algo de… ¿En cadena, no?- No leí ni oí mucho de él, mas su magia sí era algo que sentía recordar.
—Sí. Formando golpes en cadena, aumentaba su destreza y potencia. También lo llevaba a otros rasgos y magias, era muy flexible, me encanta la idea.- Yaku se dio la vuelta. Seguía recostada, mas ahora mirándome a mí.
—Suena muy bien. Aunque no sé qué tanto combine con tu nube, con tu electricidad seguro que sí.- Me ilusionó que Yaku charlara con un tantito de emoción de algo.
—Sí… ¿Y tú?- Yaku se dio cuenta de que yo no había contestado a mi pregunta, y lucía interesada.
—Yo… a mí me gustaría cambiar la gravedad de las cosas. O cualquier cosa que se le asemeje, me gusta mucho la idea.
—¿Y eso por qué? ¿Es la magia de algún héroe?- Kairo cuestionó.
—No. O no que yo sepa. Solo… me gusta la idea. ¿Qué te puedo decir?- Expliqué con gracia, ya que ni yo sabía el porqué desde chica que quería esa habilidad. —Por cierto, deberías imaginar más, o lo que puedas. Tu magia única se acomoda a ti mismo, y si no sabes qué quieres, tu cuerpo tampoco lo sabrá y no manifestará nada. O quizá manifiesta algo que pienses en tu subconsciente, no obstante, podría no gustarte.- Le advertí.
—¿En serio?- Kairo sonó pesimista interrogando eso.
—Sí.
—… Es que… de verdad no se me ocurre nada.- Kairo lucía demasiado perdido. —¿Qué héroe creen que pegaría más conmigo?- Él consultó.
La pregunta fue al aire. Zakko que yo sepa no tenía mucho conocimiento al respecto, mas por lo que sabía de Yaku conocía lo mismo o incluso más que yo. Por lo que entre las dos podríamos sacar una conclusión.
—Mmm…- Estaba pensando en voz alta.
—El de la estrella de mar.- Yaku replicó antes que yo.
—El delfín.- Fue mi elección.
—… La del hongo.- Zakko contestó después de nosotras, con dudas, pareciendo que dijo por decir.
—¡Aunque la del hongo también le pega, sí!- Tenía un punto, y se lo hice saber apuntándolo.
—Ah, ¿Sí?, dije ese por decir uno…- Zakko en efecto lo dijo por decir.
—Lo supuse. Sin embargo, no está del todo mal encaminado. Además, era pelinegra, como él.- Aseguré.
—Su personalidad también le quedaría un poco, ¿No?, pregunto porque… ustedes habrán pasado más tiempo con él.- Yaku expresó con duda.
—Mmm… sí, le queda bastante bien. ¡Qué observador eres, Zakko!- No estaba de más halagarlo.
Él no me contestó, mas estaba sonriendo.
—¿La del hongo entonces?- Kairo quería que le confirmaramos.
—Sí.- Le confirmé yo.
—Entonces… ¿Entonces si imagino habilidades de hongos, terminaría manifestándolos? o… ¿Algo así?
—¡Sí!- Le confirmé, otra vez, yo.
—¿Y qué carajo hace un hongo…?- Él murmuró, viendo la palma de su mano.
—… ¿Cuánto tiempo pasó? Llevamos unas cuantas horas, creería.- Yaku consultó.
—No tengo idea, Yaku. No tenemos forma de ver la hora. Aunque…- Me levanté para ver hacia afuera, en el espacio que había por encima de la pared detrás de nosotros. —Está atardeciendo… qué bonito.- Estaba bonito el atardecer, al menos desde aquí.
Ya no se alcanzaba a divisar Giruboken, era puro campo y un par de construcciones abandonadas.
Kairo bostezó, mientras se estiraba.
—Menos mal. Ya me noto un poco cansado, creo que intentaría dormir.- Exclamó Kairo.
—Sí. Si tienen el sueño pesado, les despertaré yo. Ahora… procuren dormir bastante. El viaje es largo y no tenemos mucho qué hacer.- Era más bien una petición. Me iba a quedar sin temas y no quería que se cansaran de oírme.
—No sé si mi nube se mantenga de esta forma, por si acaso. Es la primera vez que la agrando tanto…- Yaku me avisó.
—Está bien, no te preocupes. ¿Hay más almohadas ahí en el cajón?- Le pregunté a Kairo, por si llegara a necesitarlo de ser el caso en el que la nube no se mantuviera tan grande.
—Sí. De hecho… voy a usar la sábana si no les parece mal.- Kairo comentaba, a la vez que se levantaba a buscarla.
Me lanzó la almohada, y él hurgaba dentro del cajón.
—Hay… al menos, dos sábanas. Pasa que somos cuatro. Y yo quiero una, por cierto. Me niego a dormir sin una.- Kairo lucía demasiado interesado en dormir con una sábana. Como si lo necesitara.
—Tranquilo. Supongo que la otra la puede usar Yaku. Dámela y se la paso.- Estiré mi mano para que me la cediera.
—¿Yo por qué?- Yaku cuestionó.
Kairo por su parte me entregó la otra sábana, y él se recostó en su lugar.
—¿Por qué no?- Estaba a nada de arroparla.
—¿Y ustedes?- Ella proseguía oponiéndose pese a que ya la arropé.
—¿Zakko y yo? No te preocupes.
—¿Por qué no debería?
—No te preocupes, dije.- Efectué un tono de voz más serio para que me hiciera caso.
—Está bien…- Ella cedió.
—Sí hace… frío.- Zakko recalcó luego de que yo decidiera que ni él ni yo ocuparíamos una sábana.
—Tampoco abriga mucho esta cosa.- Kairo opinó al respecto.
—Pero si no estás ni bien tapado.- Le aclaré.
Kairo tenía toda la espalda descubierta. Me aproximé a él para arroparlo de manera adecuada.
—… Sigue sin abrigarme mucho. Aunque… ahora un tanto más.- Kairo volvió a opinar al respecto, ahora con la espalda cubierta.
—Bueno, no hay mucho más. Me pregunto qué tan difícil será encontrar una buena posada. Cualquiera que tenga cama con almohadas y buenas mantas me parecerá increíble.- Pensé en voz alta.
—Ojalá llegar pronto. Qué ganas de… dormir en una cama por fin.- Kairo añadió a mi comentario.
—Llevar años durmiendo en el piso debe de haber pasado factura en mi espalda, quizás. ¿Se me ve rara?- Divagando en mi mente, se me creó esa incertidumbre que quise que me contestaran tanto Zakko como Kairo.
—Eh… no. No se ve nada raro.- Zakko me respondió.
—… ¿Kairo?- Él no contestaba así que lo apuré.
—Ah. ¿Querías que te responda yo?- Kairo interpeló.
—No, ya no. Duérmete tranquilo.- Le afirmé, tal vez sonando un poco molesta, mas no era mi intención en realidad.
En ese momento, se generó un silencio otra vez. Veía de reojo a todos, dándome cuenta de que Yaku parecía haberse quedado dormida. Kairo también estaba recostado mirando a la pared, y solo quedábamos Zakko y yo.
Él estaba sentado con las piernas cruzadas, en dirección hacia mí.
—¿No tienes… sueño?- Consulté.
—No mucho, no…- Zakko me contestaba aunque no me dio la impresión de hallarse convencido de lo que decía.
Estaba sentada al igual que él, manteniendo el contacto visual entre los dos. Duramos unos segundos sin decir nada ni hacer nada más que solo vernos a los ojos, hasta que él perdió el duelo de miradas que tuvimos sin que ninguno de los dos lo planificara. O eso entendí yo que era.
De todas formas, tuvimos un tiempo considerable en silencio ya que nuestros amigos intentaban dormir. Yo observaba lo que se alcanzaba a distinguir del cielo desde aquí, ya que veía las afueras del carruaje.
Muy de vez en cuando me fijaba en Zakko, que parecía tener la mirada perdida en mi dirección. En verdad… a veces dudaba de si siquiera parpadeaba. O así era hasta que en efecto parpadeaba.
No sé cuánto tiempo estuvimos los dos callados, pero podría asegurar que fue el suficiente como para que los dos se durmieran. Me levanté unos segundos, para ver a Kairo desde arriba.
«Luce como alguien dormido para mí…».- Sacaba mis conclusiones al ver su rostro.
—Kairo.- Le hablé en voz baja, para ver si emitía algún gesto. Al no hacerlo, aumenté el volumen, aunque manteniéndolo no muy alto, para no despertarlo. —Kairo.
No se despertó ni emitió ningún gesto, por lo que podía confirmar que él se durmió. Con él dormido, era cosa de confirmar que Yaku lo estuviera.
Fue acercarme a ella para darme cuenta de que sí. Su rostro expresaba paz, estaba demasiado cómoda.
—¿Yaku?- Por si acaso, igual la nombré. Y como era obvio, no obtuve respuesta.
—¿Qué haces?- Zakko me interpeló.
—Comprobar que estén durmiendo.
—¿Y lo están, no?
—Sí.
—¿Para qué querrías comprobar eso?
—¿Por qué no?
Él solo me miró cuando le cuestioné el porqué no hacerlo.
—Es… no sé. ¿Raro? ¿Para qué quieres saber si están dormidos o no?- Zakko no sabía cómo expresarse.
—Para hablar contigo sin molestarlos.
—Ah.- Zakko se sorprendió, entendiendo mis motivos. —No creo que les molestásemos… el transporte hace suficiente ruido de por sí.
—Es cierto… pero, aún así… quería hablar más contigo, e ignorarlos hubiese sido de mala educación.- Tenía ganas de charlar con él de cosas más íntimas.
—… ¿Y de qué quieres hablar?
—No sé. Tenía una duda muy presente en mi cabeza hasta que se me está presentando el momento de hacértela…- Dije, dándome leves golpes en la cabeza para intentar recordar de qué se trataba. —¡Ya sé! ¿Desde cuándo… te gusta el color verde?
Zakko se puso recto con mi pregunta, ya que estaba un poco encorvado. También su rostro se tornó un tanto más… ¿Serio?
—Eh… ¿Por qué… preguntas?- Él presentaba pequeñas dificultades para hablar conmigo.
—Que yo recordase no era el verde. Cuando nos estábamos conociendo, tenía presente tu color favorito. Creo recordar que era el… ¿Naranja?- Expresé con duda, ya que fue hace mucho tiempo.
Zakko no obstante, no me sacó de duda al respecto. Me fijé en él y tenía un leve sonrojo.
—Ya pero… ¿Desde cuándo te gusta el verde?- Insistí.
—No lo sé. Con el paso del tiempo solo pasó.- Él volteó la cabeza al percatarse de que lo estaba observando mucho.
—¿Por qué te volteas? Déjame verte.- Me encorvé un poco, para apoyar los codos en mis piernas y las manos en mis mejillas.
De reojo vi mi propio cabello. Cayendo en cuenta que era verde.
—¡Ey, es verdad! ¡Mi cabello es verde!
—… ¿Cómo que “es verdad”?- Zakko me cuestionó.
—Sí… lo había olvidado por completo. O sea, no caí en consideración de ese detalle… ¿Te gusta mi cabello?- Hice una consulta obvia.
Él a cada rato desviaba la mirada a cualquier lugar menos a mí. Me molestaba, mas no lo suficiente como para enojarme o siquiera como para decírselo. Resultaba hasta tierno.
—… Sí… ¿Por qué preguntas todo esto? Querías que dijese eso desde el inicio, ¿Cierto?- Zakko pretendía leer mis pensamientos. Lo que no sabe es que yo actúo y luego juzgo si debería pensar o no. Y en este caso solo actué.
—No… sin embargo, es una buena idea de tu parte. ¿Te gustan mis ojos?- Quería verlo ponerse rojo.
Solía hacerlo cuando cuestionaba cosas de ese estilo. No recuerdo cuándo empezó, mas sí recuerdo que al inicio no era para nada así. Yo le preguntaba si le agradaba y él no sabía ni responderme si sí. Desconozco… el momento en el que nuestra relación llegó a este punto. Me siento súper liberada con él, estaba segura de que me podía dejar llevar con él…
Él me miró, por fin, retomando el contacto visual. No obstante, no contestó mi interrogante.
—Responde.- Lo obligué a decirme que sí. O bueno, que no, mas yo imaginaba que sí. Después de todo mis ojos son verdes.
—Sí…- Él replicó, mas no se puso tan rojo como creí que se pondría. De hecho, seguía siendo leve. Cada vez menos visible por cómo se tornaba el anochecer.
Zakko se echó hacia atrás, apoyando las manos en el piso, para seguir viéndome.
—¿Estás cómodo?- Le consulté.
—… No mucho.
—¿Por qué no vienes?- Propuse, mientras daba palmadas en la nube, indicándole que se posicionara de mi lado izquierdo.
Había aún espacio a mi lado izquierdo, y estaba más del lado de Kairo que el de Yaku, que podría suponer que le acomodaría mejor.
Él se limitó a observarme. Ahora sí se puso más rojo que antes, solo que no pronunciaba ni una palabra.
—¿Por qué ahora te avergüenzas? No es como si llevásemos durmiendo juntos desde… como más de un año… mínimo.- Era una duda genuina la que tenía.
—Es… diferente. ¿O quieres que vaya como… limo? Yo no entendí eso…
—Pero si dormíamos juntos con tu versión humana también. De hecho, fue bastante al inicio. ¿Por qué ahora te da más vergüenza?
—Eso fue porque… si no, te hubieses enfermado a morir. Era muy helado por donde nos conocimos, y yo no tenía conocimientos acerca de mi magia elemental. No había otra forma de brindarte calor.- Él quería justificarse.
—¿… Y qué importa por qué fue? ¿Lo hicimos o no?- Ya me estaba exasperando.
—Bueno pero no me trates así…- Zakko cedió y se aproximó a mi lado.
Se acostó a mi lado, completamente paralizado. No podía estar más… firme. Ahora sí que ni parpadeaba casi.
—¿Qué te pasa?- Me llegaba a extrañar su actitud, así que se lo interpelé mientras me acercaba a él desde el lateral.
—Nada. ¿Por qué?- Zakko no se movió ni un centímetro. Estaba a casi nada de no mover ni la boca para hablar. —… ¿Vas a querer que duerma aquí?
—Pues claro. Le dejé las sábanas a Kairo y a Yaku para que se abrigaran, y nosotros durmiésemos juntos para abrigarnos.- Expliqué mi razonamiento. —Aunque… pensándolo… ¿No se supone que es un vehículo para muchas personas? ¿Por qué solo tendría dos sábanas?- Llegó a mí la iluminación.
—Puede que hubiesen dos más, y así no hiciera falta.- Deducía, casi que levantándome a confirmar.
—¿Crees que Kairo mintió?- Zakko recalcó que Kairo buscó ya antes.
Lo observé por unos segundos. No era capaz de sacar la conclusión de si me estaba chantajeando para que no fuese a ver, o si de verdad pensaba que dudaba de Kairo.
—¿Quieres dormir conmigo?- Pregunté de forma directa, para saber si me levantaba o no.
—Eh…
—Responde.
—Sí…- Él asintió, por lo que volví a tumbarme en la nube.
Estuvimos otro par de segundos sin decir nada. Segundos que se tornaron minutos. Y minutos que no se tornaron horas porque me habría vuelto loca.
—¿Qué esperas para abrazarme?- Interrogué.
—¿Eh?- Zakko se tomó con sorpresa mi cuestión.
—¿Sí, no? No me quedé una sábana porque esperaba que me abrigases. Y veo que tienes cero intenciones de moverte por tu cuenta.- Saqué afuera todos mis pensamientos juzgadores al respecto, ya que Zakko tenía menos iniciativa que una roca. Encima, depende de la roca a la que te refieras.
Conseguí que él se recostara de lado, en dirección a mí. Yo hice lo mismo en dirección a él, para facilitarle el único trabajo que le estoy pidiendo que cumpla.
De alguna manera, Zakko lograba no hacer nada en esa situación. Tuve que yo motivarme a rodearlo con mis brazos primero, acercándome a su pecho.
—… ¿Vas a-
Iba a quejarme de que incluso así seguía sin abrazarme, hasta que lo hizo antes de que acabara mi frase.
«Se me hace… muy cómodo…».- Estaba sacando primeras impresiones. A pesar de que no eran las primeras, solo que como hace tiempo no dormíamos así, no recuerdo las primeras que tuve. Debieron ser parecidas aún así. «Huele a… pan. Pan recién horneado… como el que mi papá hacía. Imagino… que es la llaipa, o su ropa… pero… su aroma es agradable…»
Entre tanto me acurrucaba en su pecho, sentí cómo mis coletas chocaron con su cabeza.
—¡Ay! Perdón.- Me despegué un poco de él para disculparme. Dudo haberle hecho daño, mas pensé que sería buena idea aprovechar para quitármelas.
—No… no pasa nada.- Zakko no logró leer mis pensamientos de manera efectiva así que le tuve que decir en voz alta que me diera espacio para quitármelas.
—Déjame… soltarme el cabello. Para no molestarte.- Le avisé, y él me dio espacio. Me quité las ligas que me dieron mis padres, y me las guardé en el pantalón junto al dinero, para que no se me olvide. —Ya estoy.- Le hice saber, recostándome a su lado de nuevo.
—Sí… lo noté. Hace tiempo que no te veía… con el cabello suelto.- Zakko lucía asombrado.
—¿Te gusta?
…
Ni siquiera su expresión me contestaba.
—Supongo que sí. Eso no quiere decir que con coletas te veas peor o algo así… me gusta tu cabello en general.
—Gracias.- Agradecí sonriéndole, cara a cara. Él reaccionó ruborizándose de nuevo.
Él para mí sorpresa recuperó la iniciativa de abrazarme, por lo que yo lo hice también.
—Buenas noches, Zakko.
—… Buenas noches, Shair.
Otra vez me acurruqué en su pecho e intenté dormir junto a él. Oía sus latidos y se me hacía que estaban un tanto acelerados, no obstante, no recuerdo la última vez que oí los latidos de alguien. Existe la posibilidad de que solo sea mi impresión.
Era relajante de todas formas. Todo salió perfecto al final, me mantenía abrigada mediante su calor corporal, sus latidos me calmaban y para colmo olía a pan. Tanto Kairo como Yaku deberían estar durmiendo también, por lo que solo quedábamos Zakko y yo.
No era capaz de ver su cara ni de saber nada de él con certeza ya que yo decidí acercarme más a su pecho. También se debe a que él es más alto que yo. No mucho, mas seguía siendo más alto que yo.
Me… resultaba tierno de Zakko que se sonrojase, a pesar de que ahora yo no podía evitarlo. Él lo hizo parecer mucho más íntimo que las primeras veces. Lo peor es que tal vez… tal vez lo sea. Por suerte para mí, él no sería capaz de observarme así. Y yo sí lo vi así a él, por lo que estoy en ventaja. ¿De qué?, no tengo idea. En algo tendré ventaja supongo.
Pasaba el tiempo, y aún no lograba conciliar el sueño. Estaba muy ocupada… dejándome ser. Dejándome… experimentar este rato junto a… Yanari. ¿Si usara su nombre sería más íntimo para él?, no lo descartaría. ¿Él lo preferiría…?
Es agradable imaginar que él prefiere el nombre que le puse yo. Lo adoptó bastante rápido cuando nos conocimos… podía deducir que él quería olvidarse de su vida pasada o algo así, aunque yo no lo pensé en ese momento. Solo vi que lo aceptó con demasiada facilidad.
Aún no soy capaz de entender cómo le pudieron haber hecho ese daño. Lo que lloró cuando me contó su historia… y eso porque no hablo de lo que lloré yo. Zakko en mi mente no tenía una maldición de su estilo, mas estoy segura de que es algo que le pegaría. Lo hace más heroico todavía, pretender hacer el bien cueste lo que cueste.
No lo pensé mucho cuando lo vi, le puse Zakko porque era el que más me gustaba. Supongo que estoy haciendo eso, en verdad. Kairo era el segundo que más quería, y Yaku… no era la tercera, el tercero también era masculino. Pero Yaku de las femeninas era la que más.
«Tenía muchos amigos imaginarios…».- Pensé en ese momento. «Sin embargo… ya no son imaginarios. O no todos…».- Concluí, reforzando el abrazo de forma inconsciente, recordando que estaba acostada junto a Yanari. Que es mi Zakko.
Pensar en lo que nos costó hacernos aventureros y… de una vez por todas, conseguirlo, junto a más gente tan agradable como lo son Kairo y Yaku… me emociona.
Sobre todo por tener a Zakko a mi lado…
No podía evitar emocionarme mientras más pensaba en eso. Un par de lágrimas recaían de mi cara, y me acurrucaba aún más en su pecho. Emitía pequeños ruidos inconscientes debido a que estaba casi que llorando, los cuales detuve de manera consciente en cuanto sentí a Zakko acariciar mi cabello.
Me quedé fría. Asumí que se había quedado dormido. No me gustaría que sepa que estaba llorando, no obstante, tampoco le percibía las intenciones de comprobar si yo me hallaba dormida. Solo… se puso a acariciar mi cabello.
Estuve unos momentos intentando controlarme hasta que sentí que me calmé. Volví a esforzarme en dormir hasta que…
«… Espera… ¿Yo tenía que quedarme despierta por algo?».- Me cuestioné a mí misma. Sin embargo, no obtuve respuesta. No se me venía a la cabeza algún motivo por el cual debería privarme del sueño. «Será problema de la Shair que se acuerde después».- Dejé que mi consciencia se despreocupara cargándole el problema a la Shair que se acuerde… después.
Ahora solo… quería aprovechar este momento.
Pasaba el tiempo y cada vez me perdía más en mí. Olvidé la brisa que había, el frío que sentía antes. No pude haber tenido una idea mejor que esta.
No sé cuánto tiempo me costó dormirme, desconozco si fueron minutos u horas. Lo único que me importaba era que lo hice bastante feliz.
O eso recordaba, apenas desperté. Estaba en una posición bastante diferente respecto a la que tuve mientras intentaba dormirme. Me hallaba acostada boca arriba y con Zakko rodeándome con sus brazos a mi lateral. Yo tenía una de mis manos en su espalda, y la otra estirada.
Vi de reojo hacia afuera, aún era de noche. No sé porqué me desperté, quizá era por el movimiento del carruaje. Zakko seguía durmiendo a mi lado, perdido en a saber cuál sueño de todos.
No se me ocurrió siquiera moverme hasta que se me pasó por la cabeza un vago recuerdo de que tenía hambre. Ahí fue cuando mi cabeza conecto un par de las neuronas que me quedaban para que cayera en que tenía que ir a comprar. Con mi mano libre toqué por encima de mis bolsillos hasta que vi el que tenía las monedas.
Me moví con demasiado cuidado para sacar mi brazo de debajo de Zakko sin despertarlo, y me senté en ese mismo espacio, observando las afueras desde aquí. El vehículo seguía avanzando, por lo que o el momento en el que se paraba ya transcurrió, o aún no lo hacía.
A mí me convenía que no pasase, así que rogaba por ello por interno. Estuve un par de segundos sentada aún, hasta que opté por levantarme a preguntar. Toqué por encima las monedas que llevaba conmigo, notando que estaban mis ligas, por lo que me recogí el cabello haciéndome mis coletas distintivas y sublimes, mientras me acercaba al conductor con una cara de muerta de sueño.
—Oiga… ¿Ya fue lo de la aduana…?- No podía disimular el cansancio que me cargaba.
—No. Pero es en poco, le recomiendo quedarse pendiente.- El conductor informó.
—Ah… gracias.- Agradecí la información y me quedé detrás de él, observando hacia afuera.
Desde esta posición, divisaba al resto de carruajes avanzar. Ya lograba ver la tienda cerca que comentó el mismo conductor, por lo que asumí que nos encontrábamos a nada de detenernos.
Fue cuando los demás carruajes se comenzaron a detener que ya el conductor me dio el visto bueno para bajarme.
—¿Hace falta que me quede…?- Cuestioné, ya que quería bajarme para ir a comprar.
—Van varios carruajes antes que nosotros, dudo bastante que usted tarde tanto como para que nos toque a nosotros. Vaya sin problemas.- Acabó de darme el visto bueno, por lo que yo me atreví a bajarme del transporte.
Dejaba a mis compañeros sin alguien que los cuidara con un transporte totalmente quieto, mas confiaba en el conductor, y en que nadie causaría problemas habiendo tantas personas en otros carruajes.
Veía a una cantidad contada de gente también bajándose y yendo a la tienda. Además de a lo lejos una fila incontable… o en verdad un poco contable sí era, solo que me daba pereza contar a estas horas de la noche. Eran muchos eso sí.
La tienda brillaba desde lejos. Alguien perdido podría notarla solo por la inmensa potencia de la maldita luz. Los carruajes seguían en un sendero plano, mas la tienda se hallaba en una bajada. Había un camino adecuado para bajar con escaleras y todo, pero yo fabrico mis propias opciones e intenté bajar por el pasto.
Todo iba a pedir de boca hasta que me caí y rodé hasta un piso más normal. No me dolió, era pasto, algo me dolió la caída si eso. Mas no era lo suficiente como para decir ni siquiera “auch”.
Sacudí mi ropa para limpiarla, y caminé hacia la entrada de la tienda.
«Qué luz más… brillante, Dios mío».- Me puse la mano en la frente para intentar afrontar mejor la maldita cantidad de brillo que presenciaban mis ojos los cuales estuvieron más de dos horas mínimo en la oscuridad. Dolían mis ojos, al menos al inicio. Los tallé de manera leve hasta que pude mantenerlos abiertos aún con la luz.
Iba a abrir la puerta hasta que acercándome se abrió sola. Casi me caigo de la impresión, menos mal no había tanta gente cerca. Serían unos… seis o siete maniáticos más que bajaron a comprarse algo a esta hora.
Me adentré en el local sin mucho, había un gran mostrador al frente, con tres personas atendiendo. Habían estanterías con productos distintos, la mayoría eran bolsas pequeñas con distintos tipos de comida. Divisaba a su vez cosas extrañas que tenían dentro botellas con líquidos.
Acercándome a ellas recordé que mis padres tenían algo similar…
«¿Esto será una especie de nevera?».- Me acerqué a una, y abrí la puerta. Salió un olor a… ¿Hielo?, estaba congelado, eso sí. Hacía demasiado frío dentro incluso, ese viento que salió al abrir solo me hizo tiritar.
A mí no me apetecía nada para tomar. Quizás a mis compañeros sí, por lo que decidí tomar lo que parecía ser… jugo de uva, o algo así. Acerqué la botella de vidrio a mis ojos para contemplarla de manera correcta y juzgar si era jugo de uva o algo parecido.
Zakko que yo sepa disfrutaba el jugo de uva. O me lo estoy inventando pensando en el Zakko que yo inventé. ¿Yanari lo disfrutaba…?
… No tengo idea. De todas formas opté por llevarme algo para tomar, preferible que sobre a que falte. Por ello mismo, vi de reojo unas galletas bastante por defecto, que seguro que a todos les gustaba. A mí me gustaban, son las galletas que pensarías cuando dices galletas, con chispas de chocolate, claro.
Ahí caí en que no sabía ni siquiera si les gustaba el chocolate. A Zakko sí le gustan eso, de sí que estoy segura… pero del resto no lo estaría tanto…
«Mmm… me las llevaré de todas formas. Si alguno es diabético tuvo que haberlo avisado antes».- Capté que mi comentario mental no estaba del todo correcto en ese instante. «… Supongo que me puedo llevar unas galletas pizzelle también».- Ya que estaban al lado, tomé unas más por defecto todavía, y que yo sepa no tenían chocolate.
«¿Las galletas de por sí no tienen azúcar?».- Pensé para mí, dándome cuenta de que el inicio de mi planteamiento ya era un tanto tonto. Sin embargo, no dejé ninguna de las dos galletas que llevaba conmigo. Mientras más mejor, supongo.
No sabía qué tanto más agarrar, sobre todo porque no me daban las manos. Dejé una de las galletas en mi bolsillo libre, y caminé un poco revisando las estanterías. Habían unas papas fritas en bolsa, nunca vi algo así.
El empaque decía papas fritas, aunque su nombre eran Zoslái. No tenía idea de a qué sabían, en el resto de pueblos que visité no existían. Me animé a tomarlas porque eran papas, las papas siempre saben rico. Ya tenía tres productos. Aún así, solo sabía qué le gustaba a Zakko y qué me gustaba a mí.
En ese instante me di cuenta de que no tomé nada para Zakko, ni para mí. Todo lo que tomé fue agarrando cosas muy por encima que pudiesen gustarle a mucha gente, deseando que Kairo y Yaku entren en esa “mucha gente”.
Razón por la que antes de tomar nada más busqué algo que supiese que nos gustaba a Zakko y a mí. Caminé por la tienda aguantándome el reverendo frío que hacía. Segurísima de que si suspiraba se vería el vaho que desprendería.
Yo imaginaba que Lusiudá sería una ciudad más… ¿Caliente?, más abrigadora, no sé. Giruboken de por sí ya era frío, mas estos lares está ultra congelado. Y eso que llevo ahora mismo mi ropa más abrigadora, la ropa que me dio mi papá. Está toda desgastada, tal vez por eso no me abriga del todo, no obstante… me cubría casi por completo y estaba hecha con material cálido.
Aún con esas me moría de frío. Quería pronto volver a los brazos de Zakko. Pensando en él mientras seguía caminando, vi de reojo una lata con lo que parecía ser llaipas. Imagino que no serán igual de ricas que las hechas en restaurantes o cosas así, pero sé que a Zakko le gustan muchísimo y a mí también me gustan bastante. Ya con esas cuatro cosas y el jugo de uva podría regresarme pronto al carruaje.
Las llevé todas al mostrador, esperando a que acabasen de atender a otro señor.
«Buah… todos son demasiado grandes».- Juzgaba para mí. Me hallaba realmente sorprendida, el resto de personas comprando era mucho más alta que yo «Soy enanísima…».- Al final, no se puede hacer nada con eso. No me quedaba de otra que saber conllevarlo.
«Aunque con magia…».- Caí en ello. Seguro que existirá alguna magia que me ayude a crecer. O que me haga a crecer más bien. Se supone que todavía puedo crecer hasta los veinticinco… mas no sé si me aguantaría a crecer yo sola.
—¿Señorita?- Oí.
—¡Ah, sí!- Me acerqué, ya que era mi turno. Pasé todo lo que tenía para que lo registrara y me cobrara.
—Serán… tres monedas de cobre y dieciséis de estaño.
Le di cinco monedas de cobre de las que me dio Zakko, por lo que tendría que devolverme cuatro de estaño. Guardó todo en una bolsa y me la dio, junto al cambio.
—¡Gracias!- Se me hizo costumbre agradecer luego de comprar. Algunos trabajadores respondían con “Gracias a ti” o con una sonrisa, por lo que me gustaba pensar que les hacía ilusión al menos.
Salí de la tienda, con la bolsa. A la hora de pagar me di cuenta que el dinero que me dio Zakko era excesivo, solo que en mi mente resonó el dicho que me decía mi padre. “Mejor prevenir que lamentar”, me decía. ¿Por qué?, no tengo idea. En este caso sí queda bastante bien el dicho así que le doy el punto.
Iba a caminar por el lugar en el que bajé, hasta que percibí de inmediato el riesgo que implicaba cuando puse mi pie. Era una zona bastante diagonal, me iba a caer si intentaba subir sin… habilidades que me permitan caminar zonas no caminables de normal. La magia puede ser muy útil para cosas como esta… aunque no sé en qué otra cosa te podría servir caminar una colina.
La vida me obligó a acercarme a las escaleras de piedra para subir, por lo que al final igual tuve que darme el paseo hacia el… imaginaba que era el norte. No estoy bien ubicada ahora mismo.
Subiendo las escaleras, percibí acción a la lejanía. Vi de reojo magia saliendo por los cielos, y gente gritando. Me asusté un poco, mas intenté alejarme e irme al carruaje de nosotros, ignorándolo.
Venía gente corriendo, mientras vociferaban cosas.
—¡Algún aventurero, luchador, o alguien! ¡Ayuda!- Gritaban, desesperados.
Yo… tenía un resentimiento. No creía saber luchar. Participé en un Duel’Grot, sí, mas… como entrenadora. O ni eso, fui el apoyo emocional, y el parche curativo antes de que les diesen un parche curativo de verdad.
Mi corazón sin embargo… quería ayudar. Sabía que no sería algo prudente pero… no obstante era lo que quería.
Así que, respiré profundo, me armé de valor, me estiré un poco y… caminé directo al carruaje en el que estaba mi equipo. Será problema de los aventureros de verdad.
El conductor se encontraba donde mismo, mas parecía estar al pendiente de lo que sucedió, ya que había gente a su alrededor.
—¡Señorita!- Se dirigió a mí, y temí lo peor. Lo peor sería que me pidan ir debido a que mínimo él sabía que yo participé en un Duel’Grot, por lo que se imaginará que sé usar la magia. —¿Usted podría ir a ayudar?- Y pasó. Los maldigo a todos.
Lo miré con la mejor cara que podía darle, pese a estar muerta por dentro.
—¡Claro…!- Mi boca pronunció una respuesta afirmativa por más que por dentro quería que Zakko me rodeara con sus brazos y… sentir ese calor… ese… tan agradable…
—¿Necesita algo antes?- Una persona cercana al conductor me interrumpió el momento.
—No… solo dejaré mis compras e iré.- Eso hice. Me adentré en el carruaje, y caminé cerca de mis compañeros. Dejé la bolsa un poco más adelante de la nube, y además vacié mi bolsillo. Guardé las monedas dentro de la bolsa para que no llamase tanto la atención.
Ojeé a mis compañeros antes de ir, estaban los tres dormidos. Mi vista recayó en Zakko, recostado casi que idéntico a cuando me fui. Tenía tantas ganas de estar ahí… que me motivé para ir a masacrar al desgraciado que estaba armando alboroto y que no me dejó venir en este momento.
Salí del carruaje, para antes de encaminarme a donde veía el problema, respirar profundo.
—¿Y su equipo?- Otra persona aleatoria que se encontraba cerca del conductor me cuestionó algo que no le incumbía.
—No… se preocupen. Puedo yo sola.- No quería involucrarlos, se veían tan bonitos durmiendo… —Por algo soy la líder.- Además, aproveché para impresionarlos. A pesar de que por dentro me hallaba temblando de frío y no sabría si decir que de miedo también.
Caminé hacia al frente, aumentando el ritmo cada vez más. Más adelante se divisaba un bosque, que alcanzaba a distinguir magia desde allí. Habían carruajes volcados, y… sangre.
Habían heridos, dentro. Mucha gente gritando, era completamente diferente al ambiente que había detrás. Me paralicé unos segundos. Unos… largos segundos…
Me causó demasiada impresión ver a la gente tan herida. Eran heridas mucho más mortales que las que vi en el Duel’Grot, quien sea que estaba metido en esto… buscaba asesinar de verdad.
Mantenía el paso, no retrocedía. No obstante, era más porque mi cuerpo se movía solo. Si fuera por mí me hubiese tumbado en la nube y que se encargara otro.
—¡En el… en el bosque!- Una persona herida exclamó, y logré escuchar por lo fuerte que gritó.
El bosque que desprendía cierta maná, era a donde apuntaba. Se veía oscuro por completo, tenía miedo de entrar. Tenía que hacerlo, y aún así… no quería.
La gente estaba gritando tanto que no era capaz de pensar con claridad. Me paralicé del miedo.
«Quisiera… estar con mis amigos. Quisiera… estar con Zakko».- Repitiendo eso en mi mente, vi hacia atrás, donde estaría mi carruaje correspondiente. Pensando en regresarme. «¿Qué pinto yo aquí?, No sé pelear… ¿Por qué carajos vine…?».- Me empezaba a cuestionar a mí misma.
Tanto ruido había que comencé a hiperventilarme. Hallándome paralizada, quería solo regresarme. Ver de reojo tantos heridos de gravedad me asustaba y ver el bosque… el bosque… emanaba una luz cada vez más fuerte…
Cada vez se acercaba más a mí…
«¿Por qué… por qué se acerca a m-
Sentí cómo me rajaban la cara. Algo filoso, no se enterró en mí, me rajó la cara de abajo hacia arriba. Salí despegada del suelo por la velocidad en la que sucedió. Cuando sucedió, todo el mundo empezó a gritar aún más fuerte. Yo solo alcancé a vislumbrar a un hombre que me rajó la cara desde un extremo al otro, en diagonal.
Caí entre medio de las personas, mientras que el hombre que me atacó se pasó al otro lado del bosque, llevándose consigo un par de árboles que cayeron. Detrás de él seguían el pelirrosa con el que hicimos el trato, y una chica que no me sonaba de nada. Pelinegra como Kairo, solo que tenía mechones… de un morado un tanto apagado, en su flequillo.
—¡Shair!- El pelirrosa gritó. En ese momento no me salía su nombre, ni siquiera sentía el dolor. Solo percibía mi sangre cayendo cayendo.
El pelirrosa se acercó a mí y usó rápidamente una técnica de sanación extraña. Sentí que selló mi herida, al menos el sangrado se detuvo. El problema fue que el dolor se hizo presente en ese instante.
Grité de dolor, tocándome la cara. Tenía sangre, mas luego de unos segundos ya no salía más.
—¡Shair! ¿¡Sabes pelear!? ¡Necesitamos tu ayuda!- Él me interrogó.
Yo lo miré, con la mirada perdida. Pero realmente perdida, no sabía a dónde observaba.
—N… sí…- Por alguna razón mi cerebro no me dejaba decir la verdad.
—¡Ven conmigo!- Él me jaló del brazo, levantándome y llevándome con él y la chica de mechones morados. Que no era Yaku, sus mechones morados son de un morado más fuerte.
Caminaba, le seguía el paso, mas no era capaz de procesar todo lo que estaba aconteciendo. Con la vista al suelo, solo me dejaba guiar por el agarre del pelirrosa en el que asumo debería confiar.
Mientras más pasaba, más perdía mis sentidos.
«Quisiera… estar durmiendo…».- Era lo único que lograba pasar por mi mente.
—¡Cuidado!- El pelirrosa me empujó, y recién pude conectar con la realidad, percibiendo que se trataba de otro ataque idéntico al que me rajó la cara, que pasó por en medio de nosotros. Me hubiese dado si él no me empujaba.
Pude divisar a quien atacaba. Era un hombre musculoso y alto, bastante grande en general. Su magia debe generar una especie de cuchillas o algo así, algo filoso, cualquier cosa. No llevaba nada consigo que pudiese cortar mi cara con tanta facilidad. Se posicionó en frente de nosotros, y la pelinegra en medio del pelirrosa y yo.
—Ahora sí estamos hablando de una pelea en condiciones.- El tipo habló, al vernos a los tres en frente de él.
Estábamos medianamente lejos del resto, yo no sabía localizarme por estos lares. Los árboles se encontraban en su mayoría en el suelo, se volvió un campo más o menos abierto y todo debido a la magia de ese tipo.
Todavía seguía asustada y paralizada. No hallaba manera de centrarme en pelear. No había peleado hasta entonces, solo sabía hacer pompas de agua y… disparar agua y… poco más.
Quería imaginar que en este tipo de situaciones mi imaginación me permitiría combatir en condiciones, mas tengo un pánico que me carcome.
—Rojo, negro y verde. Son… colores llamativos. Colores como ustedes no podrían faltar en una buena obra de arte. Solo quizás…- El tipo hizo un gesto con sus manos, como si se tratara de una cámara, retratándonos al pelirrosa y a mí, para luego acabar en la pelinegra. —… solo quizás, el negro está de más.
—¿Quieres comprobar si estoy de más?- La pelinegra lo provocaba, posicionándose para combatir.
—El negro puede prescindir. No quisiera lastimar a un rojo y a un verde, sería lastimar el potencial del arte.- Que el tipo solo hablara incoherencias no me permitía regresar al campo de la realidad.
Tras decir esas absurdeces, se preparó como para volver a atacar, y en efecto, lo hizo. Embistió con fuerza contra la chica pelinegra, llevándosela lejos.
—¡Shin!- El pelirrosa imagino que la llamó a ella.
Por reacción y consciente decisión de no quedarme sola, decidí seguir al pelirrosa en busca de quien ahora sé que se llama Shin.
Solo oía magia golpes y jadeos, magia chocando, y… vi un hongo.
«¿Y eso…?».- Me detuve a observar un hongo que estaba en el paso, mientras que el pelirrosa iba a ayudar a la pelinegra. «¿Por qué se ve tan fuera de lugar…?».- Era un hongo ostra, mas cada segundo que transcurría, notaba cómo… crecía.
Mi mente me suplicaba que corriese, aún si no tenía idea de qué estaba por ocurrir, no me daba buena espina. Me alejé lo suficiente para ver cómo el enemigo llegó hasta las cercanías de ese hongo, y cuando más cerca estuvo, fue que explotaron.
Posterior a ello, escuché sus gritos de dolor. Cada vez su voz se distorsionaba más, y emanaba un aura completamente diferente… su piel se tornaba… de colores negros, grises y blancos sin seguir un patrón en específico. Se veía idéntico a… Zakko… en el Duel’Grot…
Yo me hallaba demasiado cerca de él. Tan cerca que… claro que era el objetivo más factible. Él se abalanzó contra mí. No pude ni observar de manera correcta el cómo se acercaba, a pesar de ser notable que su velocidad disminuyó.
Él me golpeó, por lo que caí en el suelo. No obstante, salió disparado, y comenzó a rebotar entre los árboles que aún se mantenían de pie. Algunos más altos que otros, los usaba para que lo perdiéramos de vista.
Conmigo funcionó, yo no sabía dónde estaba. El golpe que me brindó no fue tan dañino, aunque ahora no era capaz de oír mucho más que un zumbido en mi oreja. Solo era capaz de divisar una sombra que se la asocié a él, rodeando el pequeño campo abierto que creó. El pelirrosa y Shin se hallaban en medio, juntos, y yo me hallaba pretendiendo levantarme, a pesar del constante zumbido y el dolor que aumentaba de los dos ataques que recibí.
—¡Apar-
—¡Te tengo!
El pelirrosa y el hombre esquizofrénico gritaron a la vez, mas el ruido de la voz de el pelirrosa se sobrepuso, además de sonar con un eco extraño.
Cuando me di cuenta, él estaba apuntando con su dedo índice y corazón hacia el otro tipo, sus ojos heterocromáticos resaltándose. Percibí un… símbolo proveniente de sus ojos, también encima de la cabeza del desquiciado, como si fuera su habilidad.
De alguna manera consiguió detener a aquel demente, no obstante, aparentaba ser que él también requería quedarse quieto en esa posición.
—¡Shin!- La volvió a llamar, sin embargo, no identifiqué dónde fue a parar ella.
Al instante me percaté de que se encontraba cerca de el enemigo en común, en específico, detrás de él. Iba a poner su palma en la espalda de él, hasta que este reaccionó rápido. Al parecer, se liberó de la habilidad del pelirrosa, y usó su magia elemental: tierra. Invocó púas del suelo, cerca del pelirrosa, rajándolo solo un poco ya que este reaccionó a tiempo.
Con eso, golpeó a Shin antes de que esta le lograse hacer daño. La mandó lejos, mas ninguno de los dos podía hacerle mucho, necesitaban… ayuda. Mi… ayuda…
«¿Y si… me voy?».- Se me pasó por la cabeza. No estaba haciendo nada de todas formas. No quería… ser un blanco fácil.
A lo lejos oía más gente llegando, al parecer verdadera ayuda se aproximaba. O eso quería imaginar, venían desde donde nosotros vinimos. Podía identificar a distintas personas de las cuales no tenía idea de quiénes eran por motivos evidentes.
Había al menos dos veniz, uno evolucionado. También había un elfo… y los otros dos eran humanos. O eso aparentaban.
—Basuras…- Murmuró el hombre al también percatarse de que venía más gente. Podía notar en su mirada cómo buscaba al pelirrosa, como con intenciones de llevarse a uno.
Mi cerebro quería… mantenerse al margen. Sin embargo… por alguna estúpida razón, mi cuerpo no hacía lo que quería.
Corrí para interponerme, mas él era mucho más rápido aún si estaba ralentizado a comparación de antes. Por lo que usé lo único que sabía hacer, disparar con fuerza un rayo de agua.
Ni siquiera se molestó en esquivarlo. Me… ignoró. Fue directo a por el pelirrosa y no podía hacer nada.
Pelirrosa el cual se mantenía de pie, mas resultó que no fue solo un poco, lo rajó bastante. Antes de que lo alcanzara usó la misma habilidad, que sospechaba se trataría de otro derivado de técnicas que según yo se llamaban… algo así como de que atmosfera espiritual.
No sé qué es lo que está haciendo, mas… por más que el tipo este corría hacia él, no lo alcanzaba.
Los otros aventureros comenzaron a interferir, y eso pareció liberar al enemigo en común, por lo que alcanzó al pelirrosa y con su fuerza lo agarró y lo estampó contra el piso.
Los dos veniz fueron a atacarlo antes de que se saliese con la suya, mas el tipo efectuaba movimientos cada vez más erráticos, atacando a todos. El veniz evolucionado peleó con él en un mano a mano, ya que su defensa lo volvía duro contra cualquier corte, además de ser un veniz de por sí.
El elfo usó magia potenciadora en él, y el otro veniz no permitía que alcanzaran al elfo encargándose de ayudarlo a esquivar. Shin por su parte, estaba quieta también, observando. Noté que de vez en cuando volteaba hacia mí, lo mismo que yo con ella. Solo que yo sentía que me observaba por un motivo en especial.
El combate duró hasta que el demonio se hartó, y en vez de seguir atacando, consiguió apartarse de todos y escapar entre el bosque. Iban a perseguirlo, hasta que el veniz evolucionado habló.
—No vale la pena. Será mejor que aventureros experimentados se hagan cargo.- Comentó. —Ustedes. ¿Qué esperaban?
—¿Qué se supone que hiciéramos? ¿Dejar que atacaran a todos como si nada?- Shin voceó, ya que se puso a la defensiva al instante.
—Estoy seguro de que pudieron aguantar más tiempo sin ponerse en riesgo. Que quisieran llevarse el crédito es otra cosa, bola de imbéciles.- El veniz rojo regañaba a Shin y al pelirrosa. También supongo que a mí, aunque yo no hice nada.
—¿Sufriste daños?- El veniz le cuestionó a Shin.
—… No.
—¿Y tú, Shair?- Me cuestionó ahora mí, aunque me quedé impactada un momento de que supiese mi nombre.
—¿… Q-Qué?- Me quedé embobada un momento.
—¿Estás… herida?
—… No.- Me dolía el cuerpo, mas no lo suficiente como para no querer irme a dormir lo más rápido posible. —¿Cómo sabes mi nombre?
—Porque les vi en el Duel’Grot. Cuídense. No es el único demonio suelto que verán si se dirigen a Lusiudá.- El veniz pelirrojo se acercaba al chico pelirrosa, para llevárselo.
Procedí a seguirlos, hasta que me percaté de que Shin se quedó parada.
—… ¿No… vienes?- Pregunté, al ver que no tenía intenciones de seguirnos.
Ella, no obstante, sin responderme se encaminó hacia mí. Me quedé quieta ya que ahora tenía aún más el presentimiento de que ella quería decirme algo.
—¿Eres Shair, no?
—La… misma, sí.- Por un momento dudé de ser la misma.
—¿Zakko está en tu equipo?- Esa duda resonó en mi cuero y alma.
—… ¿Por qué?
—¿Sí o no?
—… Sí.
—¿Van a Lusiudá, verdad?
—Sí.
Comenzamos a caminar atrás del resto, para no perdernos.
—¿Podrías decirle que quiero hablar con él? En… una semana, quizás. En el parque Coen…
No entendía quién es ella y porqué le interesa Zakko. No me suena haber oído nada de una tal Shin de parte de él, su cara no me suena, y tampoco confiaba del todo en ella.
—Claro… yo se lo digo.- No era nada claro, ya que no se lo iba a decir.
—Gracias.
—¿Te conoce?- Me animé a preguntarle, antes de que arrepentirme en el caso de que fuese alguien importante como una prima o algo así.
—Sí… supongo. Somos amigos.
—… Está bien. Se lo diré y recordaré.- No se lo diré y mucho menos se lo recordaría si se enterase.
Acabamos llegando de nuevo con los carruajes, los cuales se hallaban reconstruyéndose con ayuda de magia. Había mucha más gente que antes, tratando a los heridos y reconstruyendo todo.
El pelirrosa del cual nunca recordé su nombre, estaba despierto, junto a la castaña de la cual tampoco recordaba su nombre. Aunque ella se asemeja a… alguien. No sé a quién, no tengo la cabeza para pensar.
Una vez Shin se fue de mi costado, me sentí libre de irme al carruaje. Tenía entre cero y ni un tipo de ganas de hacer otra cosa que recostarme sobre el pecho de Zakko. De hecho, pensaba tumbarme en su pecho aún así no estuviese despierto. Si se despertaba mejor, así lo obligaba a abrazarme.
Mientras volvía, a lo lejos vislumbré una cabellera albina reconocida. Sobre todo por ese detalle en su cabello que era como la oreja de un gato. Mas solo lo tenía de un lado, era como una gata sin una oreja… qué pena. Me dio pena, ahora estoy triste.
—¡Shair!- Yaku me llamó, cuando me aproximé a ella. —¿Dónde estuviste…? y… ¿Y esa herida?- Yaku se preocupó por la herida que tenía en mi cara. No era capaz de verme, imagino que tenía algo así como una cicatriz.
—¿Qué tengo?- Quería asegurarme.
—Tienes… una cicatriz… aunque se ve extraña…- Yaku se acercó a mí para verla más de cerca.
—Es que usaron magia para cerrarla cuánto antes. Con suerte y desaparece…- Mi cerebro deseaba que así fuese, me negaba a que arruinaran mi cara. Yo me consideraba bonita…
—Pero… ¿Cómo pasó? ¿Qué pasó?- Yaku estaba muy preocupada. Me sorprendía, nunca demostró tanto interés en mí.
—Yaku…- Dejé que me agarrara de ambos hombros ya que no tenía ganas de pelear ni explicar nada. —¿Por qué no estás durmiendo?- El que se preocupara por mí generaba cierta felicidad en mi interior, mas no iba a ser nada comparada a la felicidad que me provocaría aplastar a Zakko.
—¿Por qué no estás durmiendo tú?- Ella reiteró mi pregunta.
—Yo pregunté primero.
—… Me despertó el ruido.
—Yo… fui a comprar.
—¿Y la herida por qué?
—Me…- No me hallaba en mis cincos sentidos como para imaginar una excusa creíble y rápida. —… me caí y me rompí la cabeza.
Ella no me creyó nada, juzgando por su expresión.
—Y fui lejos para recibir atención médica. No te preocupes, vuelve a dormir. De hecho, vamos a dormir.- Estaba a nada de desesperarme e irme a dormir. Tan a nada, que si me volvía a hacer tantas preguntas me cuestionaría el destruirla con mis propias manos. De broma, claro. No le podría hacer daño a mi Yaku.
—… Está bien. Solo porque te noto cansada…
—Gracias. Gracias.- Le agradecí dos veces por si una no bastaba.
Caminamos juntas hasta nuestro carruaje, y el conductor nos vio.
—Oh, ¡Shair!, Gracias por ir a ayudar con el problema de la pelea que surgió más adelante. Lamento… tu herida.- Hizo una pausa para observar mi cicatriz. —Espero no haya significado tanto esfuerzo. Por mi parte, creo que la aduana no significará un problema. Mi forma de agradecerle será permitirle dormir a gusto.
—¿”Pelea”?- Yaku repitió con incertidumbre. Yo no me animé ni a fijarme en ella, no quería hablar de eso. —¿Shair?
—Gracias, es una buena forma de agradecerme… Ahora… vamos a dormir.
—¡Shair!- Yaku insistía.
—Vamos a dormir.
—Pe-
—Vamos a dormir.- Forcé un tanto la voz para que entendiera que es una orden. Ella me miró sorprendida, mas suponía que lo entendió a la perfección.
Las dos nos subimos al carruaje, para irnos a recostar en la nube.
—Buenas noches, Yaku.- Le deseé, otra vez.
—Buenas noches, Shair.- Ella se recostó en la nube, de su lado.
Se encargó sola de arroparse, así que yo estaba a nada de hacer mi entrada magistral. Para mi suerte, Zakko estaba acostado boca arriba, por lo que era más fácil todavía el abalanzarme encima de su pecho.
Estuve un par de segundos observándolo desde arriba, animándome a tirarme. ¿Podría hacerlo con cautela?, Sí. ¿Quería?, No.
Antes de que pudiera caer, Zakko abría sus ojos.
—¿… Shair?- Él me vio adelante suyo, de pie, extrañándose. No obstante se mantuvo en la misma posición.
—Shhh…- Yo le hice el gesto de guardar silencio, además del ruido.
Todo eso para a posterior tirarme encima haciendo que reaccione con un ruido de dolor leve. Caí más o menos donde quería caer, ya luego me acomodé mejor en su pecho.
—Abrázame.- Le ordené, ya que quería dormirme cuánto antes. Él me hizo caso, y pude comenzar a sentir paz otra vez. —Qué frío hacía allí fuera…
—¿Por qué…-
—Buenas noches, Zakko. Duerme bien.- Interrumpí su duda, acurrucándome con él.
—… Buenas noches, Shair.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com