Kinokodearu - Capítulo 25
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 25: Posadas
Creo que en este momento, estoy despierto. Tenía abiertos los ojos… respiraba… podía sentir mi cuerpo, mi ropa, la sábana… la almohada. Sin embargo, no era capaz de moverme. Lo que sí era capaz era de percatarme de que ya estaba amaneciendo. Ciertos rayos de sol llegaban hasta aquí.
Tras unos largos minutos recostados, como si no quisiera despegarme de la sábana, me obligué a sentarme pensando en que si no me paraba iba a… no sé, pasarme algo feo.
Veía hacia afuera, y en efecto, estaba amaneciendo. Se veía bonito, al menos. No sé qué tanta distancia hay de Lusiudá a Giruboken, pero desde aquí se veía hasta más lindo.
Decidí voltearme a ver a mis compañeros, a mi grupo, a mis socios. Al hacerlo, percibí a una Shair recostada encima de Zakko, boca arriba. Estaba… estirada, más o menos. En diagonal, como si fuese una estrella de mar otra vez. Parecía hacerlo inconscientemente.
No es algo que me extrañe el que duerman tan juntos. Lo que me extraña es que Zakko no se diese cuenta de lo obvia que está siendo Shair.
Hacían linda pareja. O eso supongo, teniendo en cuenta todo lo que yo he podido ver.
En ese momento recaí en que aparte de ellos existía alguien más que iba junto a nosotros. En un principio, sería agradable, ya que ir de viaje junto a un par de tortolitos sería medio incómodo si tuviese que funcionar como tercera rueda.
La existencia de una cuarta, como dije, en un principio sería agradable… el problema es que esa rueda no me habla ni aunque le paguen.
De hecho, me está mirando justo ahora.
«¿Cuánto tiempo llevará…?».- Me cuestioné, ya que cuando me fijé en ella parecía llevar tiempo observándome. También estaba sentada, en su nube, despierta. Desconozco si todo este rato estaba despierta.
—¿Hola…?- Me animé a saludar.
Ella me saludó solo con un gesto. Eso se tornó otro momento en silencio en el que ni ella ni yo tomaba la iniciativa de comunicar una palabra. Por algún motivo, ella no apartaba la vista de mí, y por ende, yo también la veía. Sus ojos morados como los mechones que la caracterizaban.
«Qué difíciles son las mujeres…».- Concluía, abandonando el intercambio de miradas con Yaku, recayendo en Shair. «O bueno… qué difícil es esa mujer».- Corregí, ya que con la peliverde todo parecía sencillo.
—¿Cómo dormiste…?- Yaku, como si de un milagro se tratase, se dirigió a mí. O eso creo.
Al haber duda, miré a Zakko por si estaba despierto, no vaya a ser que le hablase a él. No lo estaba, entonces observé a mi alrededor alguna otra posibilidad.
—¿Qué haces?- Yaku ya consideró una exageración mi reacción. La estaba exagerando, sí.
—… Dormí bien, supongo. Me duele un poco la espalda pero nada que me vaya a matar. ¿Y tú?- Buena forma de iniciar una conversación. Típica, abierta, da espacio a hacer la misma pregunta y que ella me hablase también.
Quizá Yaku sea una genio del habla y nunca lo supiese porque una gran e irremediable autista. Sin ninguna intención de ofender, seguiría siendo mi amiga aunque lo fuese. O sea, en serio, solo… Yaku de verdad lo parece. Espero no ofender a ningún tipo de Dios que lea mis pensamientos y se considere autista.
—Yo… me desperté por la noche. Tuve un horrible sueño, y encima había bastante ruido. No recuerdo bien qué sucedió cuando me desperté, mas el sueño lo recuerdo aún.- Ella contaba. Se notaba una leve tristeza en ella.
—¿Qué… soñaste?- Cuestioné, por… sacar tema y esas cosas.
Ella se limitó a observarme.
—¿Qué te importa?- Fue cruel conmigo mientras volteaba la cabeza para no asumir las consecuencias de sus actos.
—… ¿Por qué… me tratas tan mal?- Le pregunté en serio. —Maldita desgraciada.- Murmuré, pero demasiado bajo, deseando que no me escuchara en absoluto aunque por dentro queriendo decírselo.
—Te oí.- Yaku me lo hizo saber, con un tono bastante desmotivado. Antes de hablar, realizó un respiro profundo. —Lo siento. Aunque yo no te he llamado desgraciado en ningún momento.- Sacó en cara, con un leve tono de humor, por suerte.
—Pido disculpas.- Pedí disculpas, ahí dice.
—Me da… no sé, entre nervios, miedo, vergüenza… contarte. Quiero decir… no es porque seas tú, de hecho. Ninguno sabe eso de mí.- Yaku confesó.
—¿Trata de… lo que contaste de tu vida? Si no mal recuerdo… algo de muros delta o algo así.
—Delca.- Ella me corrigió.
—Lo mismo.
—… Supongo que tiene relación.
—¿Zakko no sabe de eso?- Me sorprendió.
—Muy poco. Yo… tal ve no fue muy buena idea contar eso. Al inicio, cuando me hui de todo, tenía sueños constantes relacionados con mi familia. Los volví a tener.
«¿Me lo está contando, verdad? ¿Está abriéndose conmigo?».- No me lo podía creer.
A pesar del avance que consideré el que se abriera conmigo, era la peor de las formas de hacerlo. Que necesitara consuelo. No sabía dárselo ni a Zakko y se lo voy a saber dar a Yaku con encima tocando un tema que a simple vista parece demasiado delicado.
—Perdón. Quisiera… desahogarme, o… distraerme para olvidarlo. Pero ellos están dormidos y solo estamos tú y yo.- Yaku cada vez sonaba más triste. —Por cierto… de verdad perdón si es incómodo que estemos solos tú y yo. Sé que es más que nada por mi culpa… y… estoy segura de que sucederá muchas más veces, así que… me gustaría hacerme tu amiga también.
Sentía sinceros sus diálogos. Me daba pena oírle así.
—Está bien, no pasa nada. No te voy a mentir que… tu actitud muchas veces me confunde y no sé bien qué es lo que piensas de mí. Me dices una cosa y… luego me tratas bastante diferente… mas sí tienes razón de que es probable de que nos quedemos solos tú y yo muchas más veces. No tengo problema en pasar tiempo contigo aunque sea incómodo, podemos hacer que deje de serlo.- Por algún motivo, salió de mí la fase inspiracional que a veces me posee.
Ella sonrió. Ni siquiera podría decir que me importa tanto Yaku, al menos aún. Me importa más que cualquier otra persona, solo que muchísimo menos que Shair y Zakko. Sin embargo, el ver su sonrisa provocaba cosas en mí.
Seguro que en parte también se debía a que era muy linda, tanto física como emocional. En serio. Si ella no tuviese una obsesión rara con Zakko (que por cierto no sabría identificar si es interés más allá o solo una dependencia… o ambas…). Bueno, si no la tuviese, me resultaría mucho más atractiva de lo que me parece.
—Y… ¿Cuántos años tienes?- Yaku sacó conversación otra vez, devolviéndome a la realidad.
—Eh…- No sé porqué tardé en pensar cuántos tenía. —Dieciocho. ¿Y tú?
Decidí juzgarla antes de que me contestase, en el pequeño espacio tiempo que dejó. A ver, era más alta que Shair, no sabría si decir que más madura… Shair… podrá parecer tonta, mas parece saber lo que hace. Sin ofenderla, claro.
Teniendo en cuenta su relación con Zakko y tal. Comparte el mismo interés por los héroes esos legendarios con la peliverde… asumo que tendría una edad similar. Quizá unos diecinueve.
—Dieciocho también.- Casi le atino. —¿Cuándo los cumples tú? Para saber si soy mayor o no… a pesar de que solo sean meses.- Ella me interpeló.
Y… me atrapó. No tenía de qué carajos responderle. De qué diantres contestarle, de qué demonios replicarle. Era un momento rayos y centellas total.
Ella por suerte notó mi cara de no tener ni putísima idea.
—¿No recuerdas los meses?
Por algún motivo me daba vergüenza decirle que no los sabía. Por cómo se han ido desarrollando las cosas, no me extrañaría que se midiese igual que en mi mundo. El problema serían los nombres…
—Son doce, te los recuerdo: Hennero, febrero, mars, abritt, malloo, yunio, yulio, dagost, xeptiembr, octub, nobiembr, disiembr.
«Son los mismos meses. De hecho, Febrero suena hasta igual».- Recalqué en mi cabeza, para nada impresionado.
—¿Recuerdas de esa manera cuándo cumplías?- Yaku insistió.
—Sí… creo. Veintiocho de… yunio.- Necesitaría memorizármelos, por fortuna para mi persona son todos casi idénticos.
—Oh, eres mayor. Bueno, en realidad… si lo pienso mejor era imposible a no ser que cumplieras un par de días después que yo.
—¿Eres de…- Ya me olvidé cómo es que pronunció diciembre.
—De disiembr, en efecto. El… dieciocho, justo. Así que cumples antes que yo.
—Es difícil que cumplas antes que alguien de todas formas.- Comenté, pensando más a detalle la idea de Yaku.
—Ya… aunque Zakko es menor que yo. A Zakko todos le sacamos un año.
—Es cierto… oye, ¿De casualidad sabes cuándo cumplen ellos?- Pregunté para saber, aunque conociéndome me olvidaría en cinco minutos más.
—Shair no tengo idea. Pero Zakko cumple el treinta y uno de octub.- Ella me informó.
—Tiene sentido.- Ese era un tanto más fácil de memorizar. Caería en… Halloween. Si recuerdo Halloween, recordaría su cumpleaños.
Recordando Halloween… es una duda total el si existirán esas festividades. Imaginaría que no, mas el que haya tantas cosas similares me hace dudar. Alguna otra nueva tiene que haber, eso seguro.
—Oye…- Yaku me llamó.
—¿Qué?
—Tal vez es algo raro, pero… ¿Querrías que saliéramos un día de estos? Para pasar el rato. Ninguno de los dos conoce esto, podríamos caminar y conocer.- Ella en términos básicos me estaba invitando a una cita. Hasta lo contaba algo nerviosa.
La miré con una cara de extrañado que hasta lograba emanar la confusión que presentaba mi cerebro.
—Te lo ofrezco porque… estoy segura de que…- Ella no mencionó nada en ese momento, no obstante, apuntó a Shair y a Zakko. —… van a salir juntos ellos solos también. Así que antes de que suceda… te lo digo. Por si te interesa, claro. Si no quieres o si sientes que será incómodo puedes decirme que no.
Pues la razón le daba. Ya pasó en Giruboken, no me imagino en una ciudad nueva por completo. Nos iban a abandonar a nuestra bola, y para andar encerrado, preferiría salir yo también.
—Claro, no veo porqué no.- Le acepté con gusto.
No sabía cuánto tiempo llevábamos conversando, mas diría que un buen rato. Y apenas hubo silencios desagradables, podía ver un poco más de ella que no fuese odiar a las personas que no conoce. Salir con ella sería bastante buena excusa para conocerla todavía más y que por fin deje de tratarme como a una bacteria o algo así.
Y de paso conozco una ciudad, es un ganar ganar. A no ser que nos apuñalen en una cuadra peligrosa… o me apuñale Yaku y todo sea una trampa. En ese caso sería un perder perder. Quiero imaginar que no… por lo menos lo segundo.
—Por cierto. ¿Sabes qué es esa bolsa?- Apunté a una bolsa que se encontraba cerca de mí. La veía de reojo a veces, mas no le prestaba atención por hablarle a la albina.
—Creo que es lo que Shair compró para que comamos. ¿Qué hay?- Yaku interrogó, mientras se bajaba de su nube para acercarse a la bolsa y por ende a mí también.
Se sentó cerca de mí, con las piernas cruzadas, a la vez que revisaba la bolsa por dentro.
—Hay… galletas. Papas… ¿Una botella?- Sacó la misma botella. Parecía una gaseosa, una marca patentada en mi mundo que empieza con C y termina con oca Cola, algo así era. Se le notaba hasta el gas.
Aunque estaba un poco más morada de lo habitual, no descartaría que fuese otra cosa. Bueno, en verdad, debería ser otra cosa. Me extrañaría demasiado que fuese lo que creo que es.
Yaku la abrió y olió por encima.
—Es jugo de uva.- Ella aclaró.
—Tiene sentido.- No era nada de lo que creí que era. Aunque… se le nota el gas. O quizás estoy loco.
—Hay también… una lata. Ah, de llaipas. Esto será de Zakko supongo.- Yaku seguía sacando cosas de la bolsa.
—¿Y… sabes qué sería lo de Shair?- Le pregunté, para descartar y comernos lo que restaba.
—… No tengo idea.- Ella me miró, con seriedad, al notar que ninguno de los dos sabía qué era lo que Shair se compró para ella.
Eran cuatro cosas, y las llaipas esas raras eran de Zakko por obvias razones. Habían dos bolsas de galletas, y unas papas.
—¿No serán las papas? Y a nosotros dos nos compró galletas porque no sabe qué nos gusta. Yo creo que tiene lógica.- Exclamé.
—Sí… también me parece razonable. La cosa es… ¿Y si no?- Ella realizó la duda más obvia de ese momento. El problema era que si no era así… tal vez se molestaba con nosotros.
Miré un momento a Shair, viendo que apenas se movía. Cada vez estaba en una posición más incómoda a simple vista. Incómoda para ella y para Zakko, que la tenía encima.
—Eh… ¿Qué tanto se puede molestar si nos comemos lo de ella?- Cuestioné.
—No tengo idea. No la he visto tan molesta de momento.
—¿Y si elegimos algo para comernos entre los dos y asumimos la culpa? No se puede enojar tanto con los dos a la vez. Quiero… creer.- Propuse.
Yaku comenzó a ver los productos que Shair compró.
—Y si hiciéramos eso… ¿Qué nos comemos? ¿Qué te gusta más a ti?- Yaku interpeló.
—Déjame ver.- Me acerqué más, para ver de cerca los productos alimenticios estos que compró.
Por más que veía las bolsas, ninguna me llamaba demasiado la atención. Las papas no se veían muy bien.
—Supongo que esta galleta.- Elegí la que tenía chispas de chocolate porque era una galleta con chispas de chocolate. Tenía que ser muy rara como para que no me gustase tan solo un poco.
—Me parece bien a mí. Nos podemos comer eso.- Yaku asintió a mi elección y acabamos abriendo esa galleta.
Puse el… envoltorio en la bolsa, y fuimos sacando galletas poco a poco. Eran… ricas, sin más. Galletas con chispas de chocolate. No son las mejores que habré probado en toda mi vida, mas tampoco son las peores. No las recordaré en tres días lo más probable.
A Yaku sí parecían gustarle, comió bastantes más que yo.
—Ah… disculpa, están muy ricas. Se me fue la mano.- Ella se dio cuenta.
—No me importa en verdad. Si tienes hambre, acábatelas. Yo estoy bien con las que comí.- Le solté una pequeña mentira. Pequeña porque tenía un hambre considerable, mas podía aguantarme hasta más tarde con las contadas galletas que tragué.
Creo que prefería que ella comiese. Sobre todo porque las iba a disfrutar más que yo.
—… ¿Seguro?- Yaku no me veía del todo convencido.
—Sí, seguro. Come.
—¿No lo haces para luego echarme la culpa a mí o algo así, verdad?
—… Me ofendes. ¿Me ves como una persona capaz de hacer eso?
—Es que no te conozco…- Yaku tenía un punto.
—… Tienes un punto.- Lo tenía, se lo hice saber. —No, no lo haría. Come antes de que me arrepienta y cambie de opinión.
—Gracias…- Ella parecía agradecer con cierta timidez mas no tardó en comerse las que quedaban.
Entre tanto la veía comer tan feliz esas galletas, me cuestionaba cuántos problemas mentales llevará con ella esta linda y extraña mujer nube. Su mismo pelo da vibras de una nube. Más o menos… quizás es idea mía. Seguro es idea mía, estoy delirando.
Bueno, para ser honestos, estoy seguro de que Zakko también tiene como ochocientos problemas mentales internos. Y de Shair no lo descartaría. Y… de mí tampoco.
Un grupo de cuatro vagabundos. Tres de dieciocho y uno de diecisiete. Qué locura pensar que estamos viajando solos a una ciudad que ninguno conoce. Si me lo preguntaban, hubiese preferido quedarme en mi casa jugando a cualquier boludez que se me ocurriese.
O sea, si me preguntaban de ir a otra ciudad o país o algo así en mi… anterior vida. Aquí ya no tengo de otra, ni siquiera tengo casa para empezar. Ninguno de nosotros tiene. Deberíamos conseguir una casa, aunque… si vamos a estar viajando de pueblo en pueblo está difícil.
Quiero imaginar que en algún momento nos plantearemos armar una base o algo así, sobre todo para cuando seamos un grupo más extenso y no podamos ir catorce personas caminando juntas y durmiendo en posadas.
—¡Oigan! ¡Avísenle a sus compañeros que nos encontramos cerca de Lusiudá!- Nos vociferó el conductor a la distancia.
Ambos reaccionamos a su griterío, y luego volteamos para vernos a nosotros.
—¿Los despertamos entonces?- Interrogué. Ni siquiera sé porqué, era lo que teníamos que hacer sí o sí.
—Sí…- Yaku también presentaba dudas.
—¿Lo haces tú o yo?- Interpelé.
—¿Por qué no tú?- Yaku intentó que yo lo hiciera.
—¿Por qué yo?- Y yo me defendí.
—Pues porque… eres hombre.
—¿Y eso qué tiene que ver?
—Estoy seguro que Shair te pasaría más cosas a ti que a mí.
—¿¡Y eso qué tiene que ver con que sea hombre!?
—¡No sé! ¡No me grites!- Ella pidió que no le grite, gritándome.
—… No pienso hacer nada.- Me ofusqué y eso me irritó.
…
—¿Y no se despertaron con eso? Increíble.- Me impresionaba el sueño pesado que tenían. Acabamos de gritar a su lado y ni una mueca. —Está bien, lo haré yo, mas con una condición.- Propuse a Yaku.
—¿Cuál?
En realidad no pensé en nada. Soy fiel defensor de hablar antes de pensar.
—Que tú decidas todo lo de la vez que salgamos.- Se me ocurrió al momento. Por hacer una estupidez como el levantar a Shair y a Zakko, me liberaría de cualquier tipo de responsabilidad acerca de decidir algún tipo de fecha o lugares a los que ir.
Ella me observó con una cara que me daba a entender que era evidente mi intención de liberarme de aquella responsabilidad. Sus ojos me destrozaban el alma.
—No pienso que sea algo equivalente, pero no me importa. Acepto.- Como si de un milagro se tratase, aceptó mi primera estafa en este mundo. Espero que así de fácil sea todas las siguientes veces que quiera estafar gente.
Con ello, ahora tenía que levantarme y eso hice. Tenía que… despertarlos, y eso iba a hacer.
Me posicioné en frente de ellos, pensando de qué manera despertarlos. Caí en la idea de mover a Shair hasta que esta se despertara, y ella seguro que podía despertar a Zakko, o lo haría incluso sin querer.
Eso último sobre todo porque no tenía manera de levantarse que no fuese aplastando un toque más a Zakko.
—Shair.- La nombré, a la vez que la movía. Iba aumentando la fuerza con la que lo hacía hasta que se despertara.
De manera progresiva, ella fue abriendo los ojos.
—¿Q-Qué pasa, qué? ¿Hola? ¿Qué?- Shair no entendía qué carajos sucedía.
—Estamos cerca de Lusiudá. Hay que… prepararnos.- Expliqué nuestra situación a una Shair medio dormida.
—¿¡E-En serio!?- Ella se levantó con velocidad.
Y como supuse, aplastó más a Zakko mientras se levantaba. Haciendo que este se despertase también, expresando leve dolor.
—¡Zakko, despiértate!- Comenzó a zarandearlo, pidiéndole que se despierte a pesar de tener ambos ojos abiertos y haber expresado dolor con antelación. —¡Llegamos a Lusiudá!
—De hecho… se supone que aún no, pero en poco.- Yaku tuvo que matizar.
—¿¡Entonces para qué me despiertan!?- Shair reclamó.
—Fue Kairo.- Yaku me mandó al muere.
—¡Oye!- Me sentí traicionado.
—Oh, ¿Se comieron una galleta?- Shair se percató, al voltear hacia Yaku y hacia mí.
—Fue Yaku.- Me vengué.
—¡Mentira! ¡Fuimos los dos!- Yaku exclamó.
—Pero más Yaku.- Aclaré. Yo solo habré sido… el veinte o treinta porciento culpable de aquella desaparición de galletas con chispa de chocolate.
Shair se rio.
—¿Y por qué se culpan? Las compré para que se las comieran. Lo único que compré para alguien en específico era la lata de llaipas. El resto no me importa si se comen algo, con que me dejen también a mí.- Shair nos liberó del sentimiento de culpa. O en vez de un sentimiento, de la intriga de saber si éramos culpables o no.
—¿Compraste llaipas?- Zakko cuestionó, aún en la nube, sentado.
—Sí. Para ti.
—Gracias… entonces… ¿Guardo la bolsa? ¿Cuánto falta para llegar?- Zakko cambió de tema porque se notaba que se avergonzó.
—No tengo idea. Puedo ir a preguntar.- Me ofrecí, desconozco el motivo. No tenía ganas de ir a preguntar.
—¡Sí! ¡Pregunta!- Shair me animó a hacerlo. Ya no podía negarme, me ofrecí.
—Está bien, voy.- Maldigo el hablar sin pensar. Fui doblemente traicionado. La primera por Yaku y la segunda por mi propio cerebro.
Tuve que caminar hacia el conductor, y al acercarme, interrogué.
—Eh… ¿Cuánto falta más o menos para llegar?- No sabía cómo referirme a él, así que solo hice la interrogante.
—Estaremos como en cinco minutos. Nótese el cambio en el camino. Está todo mucho más cuidado.- Comentó él.
Tenía razón, ya no era tierra. Era asfalto, como calles de mi mundo… demasiado similares. Más de lo que deberían, quizás.
—Gracias…- Agradecí, deteniéndome a observar más.
A lo lejos se veía el resto de carruajes, algunos incluso ya estacionados. Se veía una gran construcción en la que se divisaban ciertos carruajes ya detenidos, seguramente estacionados. También lograba distinguir bastante gente vestida con lo que entiendo que era un uniforme. A juzgar, serán policías o algo así. Guardias.
Nos encontrábamos a nada de llegar, y podía notar el cambio de ambiente. Todo estaba mucho más… no sabría si decir actualizado… mas se ve hasta futurista en comparación a el otro pueblo. Ya no era mucho bosque, eran construcciones bastante bonitas.
Me devolví con mi grupo, para informarles de la información que me brindó el conductor cuando le pedí que me informe para estar informado e informar al resto de desinformados.
—Hola.- Saludé primero, para no olvidar las buenas costumbres.
—Hola. ¿Qué te dijo?- Shair no tardó nada en cuestionar.
—Me dijo que como en cinco o cuatro minutos ya estaríamos. Así que prepárense, sí.
—Ya guardé la bolsa.- Zakko comentó.
Seguía pareciéndome extraño eso. Quizá no tanto el que lo guardase ni nada, no sé cómo funcionará su cuerpo. No sé si… comería algo que haya estado dentro alguna vez. Me da repelús. Aunque Shair estuvo dentro de él, debe de saber cómo se siente. Luego le preguntaré más detalles.
Se sintió raro también decir eso por algún motivo extraño. Creo que mi mente se comporta de manera indebida en ciertas situaciones.
—Dejaré las sábanas en el cajón…- Shair comentó, llevándose también de paso la almohada que ocupé.
Yaku deshizo a la nube en ese momento, dejando todo como nuevo. Excepto por… aquella parte del techo que pienso que rompí. Espero que no se dé cuenta pronto, para que no sepa que es culpa de uno de nosotros.
Al hacerlo, Shair se aproximó al conductor, al igual que Zakko. Yaku y yo no tuvimos de otra que seguirlos también.
Los cuatro mirábamos cómo avanzaba todo. Para mi sorpresa, era bastante rápido. Tenía asumido que este tipo de cosas tardaba un montón, de hecho me pareció raro que nos asegurase que en cinco minutos estaría. Ahora, me lo creo, sin dudas.
Pasaban los carruajes, y cada vez más gente se bajaba, hasta que nos tocó a nosotros. El conductor se estacionó afuera, diciéndonos que ya podíamos bajarnos. Eso hicimos, y nos despedimos de él. Shair le dio unas dos monedas de cobre de propina porque le cayó bien.
Shair al bajarnos, se puso en la fila en la que estaban todos, aún si no entendía para qué carajos era. Y como ella es nuestra líder, tuvimos que hacerle caso. Si ella se tiraba de un puente, a nosotros no nos quedaba de otra, debíamos tirarnos también.
—¿Estás segura de que hacer esta fila es importante?- Zakko le interpeló.
—Sí. Aquí nos dan el pase a Lusiudá.- Shair aseguraba.
—¿Qué tan segura es esa afirmación?- Yo le interpelé.
—Es muy segura, no dudo ni un poco, ni un poquito. Nada.- Shair aseguraba.
—¿En serio es tan segura?- Yaku interpeló.
—¿Están haciendo un complot en mi contra o algo así?- Shair cayó en el ragebait más obvio posible de toda la historia.
La fila pasó, y nos acabó tocando.
—¡Hola!- Shair saludó a la chica encargada.
—Hola, mucho gusto. ¿Son ustedes cuatro?- La chica encargada cuestionó.
—Sí. Un veniz y tres humanos.- Ella especificó. —¿Son humanos verdad?- Quiso confirmar, murmurándonos.
—Sí.- Le confirmé yo de manera verbal, y Yaku lo hizo con un gesto.
—¿Tienen identificación?- La encargada interrogó.
—Eh… tenemos de aventureros…- Shair buscaba en su bolsillo.
—Sirve. ¿Me los da unos segundos?
—Claro.- Ella accedió, aunque aún no los tenía en mano.
Zakko fue quien se los pasó, uno por uno. Era la tarjeta esa que presentaba también nuestras estadísticas.
La chica encargada se puso a escribir un par de cosas en una máquina de escribir… que se veía muy futurista. Tenía un holograma y todo, qué… impresionante. Hay hologramas y todo. Lástima que no tenía color, o sea, era todo azul. Se asemejaba a una computadora con una pantalla de holograma.
—¿Ustedes son los del Duel’Grot, verdad?- La chica nos reconoció.
—¡Sí!- Y Shair confirmó bastante animada.
—¿Me permiten analizar a su veniz?
—¿Cómo así?
—Tengo entendido de gente en la que confío que presentó rasgos de demonio. Asumo que allí mismo habrán analizado, mas mi trabajo es asegurarme de que ningún potencial criminal de cualquier tipo se adentre en Lusiudá. No tardaremos nada.
—… Claro. Esperamos sin problemas.- Shair aceptó extrañada.
A mí me extrañaba que no le preguntaran a Zakko, como si fuese incapaz de responder por sí solo. O sea, al menos en mi mundo sigue siendo menor de edad, sin embargo… es un año menos. Tiene la misma capacidad mental que nosotros.
Lo mismo pasaba en el gremio, a él no le pidieron firmar nada, no obstante, a Shair, Yaku y a mí sí.
—Sígame.- La chica le indicó a Zakko, abriendo una puerta cerca de ella, en la cual ambos entraron.
Zakko volteó a vernos antes de meterse, presentando una expresión que podía asumir que era de confusión más que nada.
Es verdad que al final él y yo nunca hablamos al respecto otra vez, y se supone que lo haríamos. Recuerdo que… tenía ciertas dudas a la hora de decir que no era un demonio.
«¿Qué pasaría si… ahora sí se lo detectasen?».- Puse en duda en mi cabeza, preocupándome.
Además, la cara de Shair no me ayudaba a calmarme en nada. Si se preocupaba un poco más llegaba a hacer escándalo.
Yaku por su parte observaba a la gente alrededor. No lograba verle la cara por eso mismo, aún así no dudaría de que sí está preocupada de la misma manera.
Pasaron los minutos y al final ambos salieron. Zakko tenía unas vendas en la cabeza, más en específico, en la frente. La chica volvió a su lugar y Zakko se nos acercó.
—¿Qué te hicieron?- Shair no tardó nada en preguntarle.
—Me abrieron la cabeza.- Zakko comentó.
—¿¡Qué!?- Shair se asustó al escucharlo. Yo también me sorprendí, hasta que entendí que era broma.
—Es broma.- Zakko le aclaró, pese a que yo considero que no era difícil saberlo.
—Bien. Al parecer, no es demonio. Por lo que no hay ningún problema con ustedes.- La chica parecía estar concluyendo. —Tomen.- Le entregó a Shair nuestras tarjetas, además de otras nuevas.
—Son de Lusiudá. De ahora en adelante, cuando les pidan identificación, entreguen esa, y si hace falta, la de aventureros. Si tienen algún problema, hablen con la guardia civil. Mucho gusto y bienvenidos a Lusiudá.- La chica concluyó, dejándonos el pase libre. —Pasen por allá, llegarán a Hetto.- Nos indicó una entrada al norte, y nosotros la seguimos.
Shair comenzó a expresar alegría con puras incoherencias. Ni siquiera estaba formulando palabras, eran solo ruidos extraños. Cerraba los puños y a veces golpeaba al aire mientras caminaba.
Íbamos los cuatro, Shair, Zakko, Yaku y yo. Mas no en esas posiciones. Los únicos que cambiaban eran Yaku y yo, ya que ella estaba a mi derecha.
Entre más nos acercábamos, más la luz se conseguía distinguir. Era… un tono morado y celeste.
Salimos de la construcción esa, y acabamos llegando a la primera calle. Desde dentro todos los edificios eran gigantescos, o la gran mayoría. Bueno, quizás exagero. Habían un par de edificios enormes. El resto eran muchos más grandes que las cosas en Giruboken eso sí.
El piso era sólido, qué locura. Después de caminar tanto sobre tierra el pisar concreto o asfalto o lo que sea que sea esta mierda. El pisar algo sólido era impresionante. Respirar también, aunque eso era porque hacía un frío impresionante.
Las luces se notaban a pesar de ser de día, no me quería imaginar cuando se hiciese de noche. Tiene toda la pinta de ser como un equivalente a Nueva York. Y… no podía ser más bonito, la puta madre.
Shair expresó con onomatopeyas lo que yo y seguro que los otros dos también pensaba. Era sorprendente la diferencia, esto sí que era una ciudad. Hasta su nombre lo dice de todas formas. Lusiudá. Es como mezclar ciudad con… luz… oh… espera… luz… ciudad… oh… no puedo… creerlo…
—¡Vamos!- Shair comenzó a correr hacia adelante, entre medio de la muchedumbre.
Nosotros por no perder a la peliverde tuvimos que avanzar un tanto más rápido. Mas sin… correr como ella.
Yo me dejé llevar por los alrededores, lucía todo demasiado lindo. Caminamos sin parar, hasta que Shair se detuvo porque alguien se puso a hablar con ella. Parecía una trabajadora, ofreciéndole un panfleto.
Al acercarnos, nos enteramos de que era justo para una posada.
—¡Hola!- Shair nos saludó al percatarse de nuestra aproximación a su localización. —Encontré una posada.- Nos comunicó.
—¿Una habitación para cuatro…?- La empleada sonó insegura.
—Sí. O… para tres está bien también.- Shair aclaró.
—¿Le interesaría seguirme?- La empleada propuso.
—¡Claro!- Y Shair aceptó, por lo que nosotros también aceptamos. Así funcionan las cosas, y así funcionarán. No es tanto una queja, no me desagrada que alguien más tome las decisiones.
Caminamos detrás de la empleada, adentrándonos en el edificio. No era tan grande de forma vertical, mas sí horizontal. Al entrar, estaba todo demasiado cuidado y… lindo. De alguna manera se conservaba abrigador dentro, viéndose varios mostradores y más empleados con el mismo uniforme que la chica que reparte panfletos.
Chica la cual se acercó al mostrador que estaba en frente de la puerta, y le habló al chico que atendía.
—Oye… ¿Hay habitaciones para cuatro? O para tres.- Le susurró, como si no le oyésemos. O por lo que sea yo le oigo, tal vez mis compañeros no.
—Eh… déjame ver…
Esperamos unos cuantos segundos a que el tipo identificase si había una habitación con esa capacidad disponible. Dudo que fuese tan difícil, mas no estuve en su posición por lo que no pienso criticarle.
—Hay una de cuatro, sí. La B06.- Al final, sí que había.
—Bien, gracias.- La chica le susurró, para luego carraspear y voltear hacia nosotros. —Tenemos una habitación para los cuatro, síganme.
Luego de ese comentario nos llevó por la derecha a partir de la entrada. En las habitaciones comenzaba a ver los números, B01, B02… por lo que ya me imaginé en donde se encontraría. Eran grandes las habitaciones, o al menos desde fuera lo parecía, ya que había un gran espacio entre una y otra.
—Esta sería.- Al llegar a la B06, la chica abrió la puerta y pasó mientras nos invitaba a pasar.
El aroma era increíble. No había olido algo tan agradable desde hace… no sé. Mínimo un mes. Hasta llegué a pensar que se me echó a perder el sentido del olfato y por eso no huelo mal a pesar de no haberme bañado en… no sé. Mínimo un mes.
«Aunque siendo sinceros… a saber cuándo fue la última vez que se bañaron estos tres».- Pensé a la vez que dirigía mi mirada hacia los otros… tres.
—Son libres de ver lo que quieran. Yo esperaré en la puerta para que me hagan preguntas y me digan qué opinan.- La chica nos invitó a explorar la habitación.
Desde dentro era… como lo esperaba. Muy grande. Lo primero que me fijé era que había una cocina con una mesa y sillas muy bonitas. Es que… todo era… sospechosamente hermoso.
Resultaba sospechoso porque comenzaba a pensar en el precio que tuviese este sitio.
Caminando por los alrededores, veía una sala con sofá y un par de cosas como estanterías… no había paredes en todo lo que se podía mirar, exceptuando por lo que parecían ser habitaciones. Eran dos habitaciones, una en cada esquina.
Fui a ver una desde dentro, y era… increíble.
«Una… ¡Una cama! ¡No puedo creerlo!».- Lagrimeé. «No pensé volver a ver otra nunca más… Encima, se ve tan… cómoda…»
A la vez que celebraba, me acerqué a una de ellas. Una, porque eran dos en el cuarto. Imagino que en el otro cuarto estarán las otras dos. No era tan grande la habitación dentro de la habitación, mas tenía sentido.
Distinguía un ropero, una mesa de noche entre medio de ambas camas, la cama tampoco era muy grande… mas lo suficiente como para que a mí no me importase. No le voy a hacer un feo a una maldita cama luego de estar a saber cuánto tiempo durmiendo en el pasto.
Todo era a pedir de boca, todo olía rico, se veía bonito, parecía cómodo…
Todo para que acabáramos de explorar, y yo me acercase a Shair y Zakko, quienes estaban charlando con la chica que nos atendía.
—Oh… eh… bueno… verá… está todo muy bonito pero… quizás no tenga… el dinero.- Fue lo único que oí de Shair, y era todo lo que necesitaba oír para que mi corazón se destruyese en mil unidades y resonara en mi cabeza más que un frasco de cristal en un cuarto con eco. Con tanta fuerza fue el sonido que me mareé un par de segundos.
—Creo que me gustaría explorar un poco más, y si me acabase decantando por esta, volveré sin problemas.- Shair seguía hablándole a la chica.
—Está bien, sin problemas. Los esperaremos de ser ese el caso.- Se lo tomó bien. No debe ser la única persona que se niega a dar el dinero de todas formas.
Desconozco cuánto habrá costado, mas Shair es la que se maneja con el dinero. No podría… debatirle mucho. Tal vez si supiese la cantidad exacta que pedía y me explicasen de vuelta los tipos de monedas y su valor, podría llegar al punto en el que me viese capacitado para discutir al respecto de la importancia de una buena posada y lo tanto que estamos dispuesto a gastar.
Pero bueno. De momento, seguía a Shair junto al resto. El día… al final, se basó en eso. Como era tan importante conseguir una posada, los cuatro nos vimos obligados a encontrarla cuanto antes. Pasamos por un par más, ya que se hallaban cerca.
Entendía que eso se debía a que era por donde llegaba la gente, claro que iban a poner más posadas cerca de los turistas.
Posada tras posada, Shair se negaba a pagar el precio. Aunque a partir de la segunda ya comencé a prestar atención a los precios. La tercera posada que vimos era: Una de plata por noche, seis y diez de cobre por una semana. La cuarta posada que vimos: Dos monedas de plata la noche, siete y quince de cobre la semana.
La mayoría rondaba… las monedas de plata. Sobre todo las que se veían más… adecuadas, por no decir otra cosa.
Shair reaccionaba a todas como si fuese un precio desorbitado. En ese momento mi cerebro quiso comenzar a meterse la idea de que acabaríamos en una posada de mala fe construida encima de un antiguo cementerio y más embrujada que… algo muy embrujado.
Caminamos y caminamos, ya cada vez nos alejábamos más de… Hetto, creo que nos dijeron. Habían cárteles que indicaban las calles a veces. Pasamos de Hetto a Azki. Ni siquiera pensaba cuestionar los nombres.
—¡Uy!- Shair exclamó, de repente, devolviéndonos el alma tanto a Zakko, como a Yaku, y como a mí.
—¿Qué pasó?- Zakko le interpeló.
—¡Una tienda de ropa y accesorios!- Shair reiteró la exclamación, mientras se acercaba a la tienda de ropa y… accesorios.
Dudaba que esta fuese la primera que nos cruzamos, mas tampoco negaría que es la más llamativa. Tenía un cristal grande por fuera mostrando distintas prendas y desde fuera desprendía hasta bien cuidado. No lucía como muy… caro, de hecho. A diferencia de la mayoría de locales que se observaban, aparentaba ser más hogareño, por así decirlo.
Nos adentramos, y de nuevo, el ambiente se puso cálido. Era una total diferencia con las afueras, que estábamos helándonos. Si no fuera por estar entrando y saliendo de posadas y locales, capaz hasta nos moríamos de frío allí mismo.
Shair se acercó a ver la ropa. Ella seguía demasiado emocionada, no obstante, su equipo, contándome, si no teníamos más mala gana era porque Shair estaba muy feliz. Al menos a mí, me contagiaba un poco de su emoción. No dudaría de que a Zakko también o incluso mucho más. De Yaku sí que lo dudo, ella está muerta por dentro.
—¡Miren!- Shair nos llamó, para mostrarnos unas gafas de broma.
De esas gafas que tienen bigote y cejas chistosas. Los tres, cada uno, la observamos con una cara de muertos que daba impresión.
Solo Zakko sonrió. Intentó fingir una pequeña risa mas se dio cuenta al instante de que no le salía y solo sonrió.
—Te queda bien.- Comenté yo, de forma sarcástica.
—¿¡En serio!?- Shair cuestionó, no de forma muy sarcástica.
—No.- Le fui sincero, tampoco iba a mentirle.
Ella me miró con desdén.
—¿Y con estas?- Shair ahora se colocó unas de sol, que la hacían quedar chistosa de igual manera. No le quedaba mal, eso sí.
—Te ves muy bonita.- Zakko aprovechó para disimular un piropo.
—Bien pensado, así no se enterará.- Le hice saber que ni a mí se me había ocurrido aprovechar ese momento, felicitándolo en voz baja.
—¿De qué hablas?- Zakko se hizo el extrañado, sin embargo, su cara roja no era por el calor porque hace unos segundos nos cagábamos de frío y eso no se quita tan rápido.
—Sí se te ve bien. ¿Hay… otras?- Yaku parecía interesada en unas gafas de sol, y se acercó a Shair.
—¡Sí! Podríamos llevarnos unas todos…- Shair habló con Yaku a la vez que proponía para todos.
Ellas se probaron lentes. Resulta que había un espejo cerca, por lo que se veían allí. Se probaron todo tipo de gafas e incluso accesorios distintos como bufandas raras, guantes, capuchas y así.
Shair más que nada, aunque Yaku también se animó a probarse cosas junto a ella.
—¡Mira Zakko! ¡Para ti!- Shair llamó al slime, con unas gafas en mano. No llegaba a distinguir cómo eran porque no estaba ni cerca.
—Kairo.- Yaku por su parte, me llamó a mí.
—¿Ah?
—¿Me veo ridícula?- La albina me interrogó, dándose vuelta para que la observase.
Portaba encima unas gafas de sol, mas eran blancas y con una forma de nube.
—Mmm…- Puse mi mano en mi mentón para dar a entender que me hallaba analizando. A pesar de que fue inconsciente, fue mi plan todo el tiempo, claro. —No se te ve mal, supongo. Que sea blanco quizás… ¿No hay alguno negro? ¿O de otro color?
El que fuese blanco junto a su pelo se llegaba a ver raro. En general, los lentes de sol que no eran negros se me hacían raros a mí. O… cualquier tipo de lente que no fuese negro. Tal vez es un poco problema de mi perspectiva.
Yaku al escuchar mi opinión se volteó, asumí que buscando si se encontraba alguno del color que sugerí. He de decir que… no esperaba estar dándole mi opinión al respecto de cómo se veía con cosas a ella misma.
Espero que no sea igual en la salida que vayamos a tener. Después de todo… sigue siendo una mujer.
Que no se malentienda mi comentario… o es posible que sea un poco tarde. O sea… no es por nada… solo las dos chicas están interesadas en probarse cosas. Más típico no podía ser.
Volteé un momento para reafirmar mi declaración, a ver qué hacían los otros dos. Zakko llevaba puestos encima unos lentes de sol con forma de estrellas. Parecía una estrella de rock, se veía gracioso. No le quedaba del todo mal, imagino que solo es porque parece un artista de rock el que me resulte raro verlo con algo así.
—¿Con este está bien, no?- Yaku volvió a preguntarme.
La observé, y llevaba gafas de sol comunes. Me hacía mucha gracia verlos con lentes de sol, desconozco el porqué. Es que todos se ven tan… como inocentes. Es como ponerle lentes de sol a un oso de peluche, se iba a ver gracioso a pesar de que se vea bien.
—Supongo. Pero… ¿Estás segura tú?, si el otro te gustaba no creo que debas tomarte mi opinión como la más importante…- Me preocupé un poco de haber cambiado su percepción con lo que le dije antes. El que escogiese una nube me hizo creer que era porque le gustaba a ella.
—No… en verdad tampoco creía que me quedara muy bien. Era solo porque… era la forma de una nube.
—¿Te gustan las nubes…? Digo, imagino que… sí.- Cuestioné algo que lo más probable es que fuese obvio.
—Sí. Me trae… bonitos recuerdos. Por eso mi invocación es una nube.- Yaku contestó, con un tono nostálgico.
—Ya veo-
—¡Hola! ¿¡Qué tal!?- Shair se nos acercó otra vez, gritando como si no hubiese nadie más en esta tienda.
He de admitir que al menos es grande, tal vez nadie nos escucha ahora mismo.
Shair y Zakko tenían lentes de sol comunes también. O sea, de Zakko me lo esperaba, mas de Shair no. Imagino que algún pensamiento raro la habrá conllevado a escogerse las mismas que Zakko.
—¿Y tú, Kairo? ¿No quieres lentes de sol?- Shair me interrogó al ver que era el único sin lentes.
—Eh… no. No me afecta mucho el sol, creo.
—Pero no solo es para el sol, en la noche te ayudará a acostumbrarte a la iluminación.- Shair aseguró. —Haciendo que no duelan tus ojos luego de un tiempo, pudiendo ver todo a la perfección. Es eso o sufrir hasta que se te pase.
—¿Y tú cómo sabes eso?- Cuestioné.
—¿No escuchaste lo que nos contaba la señora de la posada de…? No me acuerdo. En una posada fue.- Shair expresó.
—Eh… no.- No tenía motivo para mentirle. —Entonces supongo que sí. Tomaré unos lentes como los de ustedes.- Me aproximé al objeto este raro que portaba las gafas. Desconozco su nombre, mas se veía como… un palo con plataformas… no sé si algo así existía en mi mundo.
Me las probé, no me disgustaron, di el visto bueno, nos acercamos a pagar, Shair pagó, nos fuimos.
Ya estaba atardeciendo, de hecho. Así que no venía nada mal comprar los lentes ahora si es que lo que Shair cuenta es verdad.
—Oye…- Decidí hacerle una sola consulta a Shair.
—¿Qué?- Shair sabía que me dirigía a ella ya que la estaba observando.
—¿Podrías decidirte por una posada? Es tarde.- Exigí.
—Sí, por favor.- Yaku apoyó la moción.
…
—¡Es que todo está muy caro! ¡Se los juro! ¡Se nos acabará el dinero en nada, y no tenemos método para ganarlo! Digo, ¡Ni sabemos dónde está el gremio de aventureros aquí!- Shair voceaba, con desespero.
—¿Pero cuánto dinero ganamos en el Duel’Grot? Recuerdo que sonó como si fuésemos millonarios.
—Pues eran… doscientas de estaño, ciento cincuenta de cobre y de plata, más cien de oro.- Shair contestó murmurando.
Yo me limité a observarla mirándola con desdén, así como me hacen todos estos desubicados.
—¿Cuántas monedas de plata… son una de oro?- Cuestioné para matizar lo que estaba a punto de soltar.
—… Cincuenta.- Shair murmuró, con un tono que me daba a entender que sabía lo que le estaba a punto de soltar.
Respiré profundo, antes de cometer una locura.
—Déjame entender. Tenemos… como mil monedas de plata fácil… ¿No?
—Más de…- Shair quería corregirme, mas entre medio me dirigió la mirada. No la aguantó, y volvió a desviarla. —… más de mil.
—Zakko.- Me dirigí a… el tipo del mismo nombre.
—¿Qué?- Él replicó.
—Sostenme.- Le pedí.
—¡Ya está bien! ¡Elegiré la siguiente posada que nos guste sin importar el precio!- Shair pidió disculpas antes de permitirme desquitarme por el paseo innecesario de más de medio día.
Yo no me iba a quedar con las ganas, así que le di un capirotazo. Un golpe leve en la frente con solo mis dedos.
—¡Ay! ¡Maldito! ¡Si me disculpé!- Shair me maldecía. Mas no me importaba, se lo merecía. Además, estoy seguro de que ninguno de los otros dos pensaba detenerle antes.
Shair buscó refugio junto a Zakko. No podía causarme más gracia la escena. Sobre todo por la aportación de Yaku que estuvo dura toda la conversación. Más perdida.
Luego de que Shair dejase de hacer escándalo, nos encaminamos otra vez en búsqueda de una posada. Acabamos dando vueltas por muchos lados, pasando esquinas y calles. Más locales que se veían interesantes a los que tuve que ponerle un freno a Shair a pesar de que yo también quería meterme. Era más importante la posada, y ya veo que Shair no es muy de centrarse en algo.
Podría asegurar de que este es el día que más caminamos desde que existo en este mundo. Hasta me dolían los pies, ni en el Duel’Grot me dolían los pies. Ahí me dolía todo, por ejemplo. A saber qué tan cerca estuve de la muerte.
Se distinguió una posada, por lo cual nos metimos adentro de cabeza. Acercándonos al mostrador, Shair realizó los procedimientos, hablaron, blablablá, nos mostraron los interiores. Lucía todo… muy lindo, otra vez. Era gigante, y eso que la entrada era muchísimo más pequeña.
Pasando de la sala principal, a las habitaciones se llegaba mediante unos caminos entre medio de muchas plantas y hasta pequeños árboles muy lindos. Era como… una zona cuadrada, en donde habían habitaciones a la izquierda, derecha y… adelante, desde la entrada a esta zona, claro.
Se nos comunicó que solo habían habitaciones de tres como máximo, mas Shair insistía en que no era problema. No hacía falta ni imaginarme el porqué Shair no le hacía problema a que solo fueran tres camas.
Nos mostraron la que sería nuestra habitación, que era la primera del piso de abajo, siguiendo recto desde la entrada a esta zona. Nos permitieron entrar, y al hacerlo era muy grande también. No tanto como la primera que visitamos, ni la segunda… un poco más que la tercera sí.
Identifiqué rápido la cocina, la sala de estar, había un baño, solo que sin inodoro. Y la habitación con las camas. Todo esto más que posadas se asemejaban más a hoteles o cosas así. Tenían muchas cosas, no sabría decir cuál es la diferencia.
Mientras caminábamos, al parecer, el señor que nos atendía nos reconoció.
Para suerte de mi querida y tacaña amiga de coletas verdes, se le rebajó el precio con tal de que opinásemos bien del servicio entregado en esta posada y que se les permitiese fardar de nuestro hospedaje. Shair no dudó un segundo en vender nuestra imagen pública por ahorrarse unas cuantas monedas de plata.
El precio pasó de una moneda de plata por día, seis por semana y veintinueve por mes, a… al menos, dieciocho por mes.
Shair encantada, claro. No la conocí tan tacaña. El dinero cambia a las personas bien dicen por ahí.
Lo que sí me sorprendió es que nos reconocieran. O sea, se supone que fue demasiada gente a vernos, pero… estos no tenían pinta de haber ido ni mucho menos. De hecho, son los únicos que nos han reconocido desde que llegamos a Lusiudá y eso que hemos estado vagando por las calles todo este rato.
Digo que son los únicos y no el único porque hay más trabajadores un tanto más jóvenes que el señor que nos atendió a nosotros que también nos reconocieron. Muy extraño. Aún así, preferiría que no nos reconozca nadie… a no ser que sea para aprovecharnos, claro. Como aquí.
—¡Gracias!- Shair exclamó, tras pagar nuestra estancia por un mes, viendo que el empleado se iba. Con ello, recaí en que no tendríamos manera de tener constancia de los días que transcurrían.
—¿… Cómo vamos a saber que pasó un mes?.- Me aseguré de interrogar una vez nadie nos oyera.
—Es… buen punto. Deberíamos conseguirnos un hexlenrio.- Shair pronunció palabras incomprensibles para mi oído común y corriente.
—¿Un qué cosa de qué?- Cuestioné.
—Un hexlenrio.- Ella reiteró.
Yo no sé qué esperaba que me dijera.
—Es como… un papel en el que se pueden ir viendo el transcurso de los días y meses del año.- Yaku me informó.
«Ah, un calendario. Tiene sentido… ¿Se parece, no?».- Analicé dentro de mi cabeza.
—¡Bien! ¡Ya tenemos posada!- Shair cantó victoria.
—Ahora hay que saber dónde queda.- Zakko añadió, con todo el derecho y sentido del universo.
Shair se paró a observarlo fijo.
—Es verdad. ¿Dónde estamos?- Shair no se enteraba de ni una.
—¿Cómo que dónde estamos?- Interpelé.
—¿Tú sabes dónde estamos?- Ella me cuestionó como si yo no hubiese estado atento tampoco, prejuzgándome.
—Claro que sí. Yo estuve atento a los cárteles que indicaban los cambios de calles. Esta se llama… se llama… eh…- Sí estaba atento, mas los nombres son todos bizarros. —… me olvidé.
—¿¡Y entonces de qué te quejas!?- Shair me echó en cara, alzando la voz.
—¡No es mi problema si los nombres son uno más raro que el otro!- Yo también alcé la voz, en mi defensa. —Si no pasara todo el día con ustedes me habría olvidado el nombre de alguno.
—Bueno, podemos salir a ver, ¿No?, La habitación no se irá a ninguna parte, ya es nuestra.- Shair propuso, por lo que salimos los cuatro.
Al salir, vimos el cielo desde la zona verde que había afuera de nuestra habitación. Pasamos por el camino con cuidado de no irrumpir con las flores ni nada, mas Shair sí se detuvo unos segundos a verlas más de cerca.
Por mi parte, divisaba el cielo aún. Era.. muy bonito. Incluso desde aquí se podía notar que la ciudad brillaba, era increíble las tonalidades de la luz que presentaba. Ya no eran celeste y morado eso sí, ahora eran amarillos y azules. No sé si tenga que ver con el lugar en el que estamos, o si es coincidencia.
Salimos por la puerta principal, y nos dimos el tiempo de contemplar la calle en la que nos quedaríamos. Era todo… demasiado brillante, me dolía un tanto los ojos y eso que llevaba los lentes de sol.
Como cuando encendías el celular en la cama a las cuatro de la mañana sin ningún tipo de luz alrededor y con el brillo al máximo. Esa luz encandilante actuando como una bomba atómica para mis retinas.
De todas formas, duró solo unos segundos. Luego podía verlo todo, las calles más encendidas que antes, incluso. Se veía todo… hermoso. Era muy estético, había un montón de gente aún.
Al contrario que en Giruboken, acá la vestimenta era mucho menos llamativa. Exceptuando por unos casos, la mayoría hasta llevaban trajes o uniformes. Ropa casual. No como… nosotros, sucios y asquerosos aventureros que vienen de visita.
Estos tipos tienen baños, algo así deben pensar de nosotros.
—¿Quieren ir a comer algo? Antes de… encerrarnos o algo así. Ya que es de noche, podríamos aprovechar para dormir como se debe en una cama…- Shair propuso, con ánimos.
—Me gustaría.
—¿Por qué no?
—Me da igual.
Contestamos en orden; Zakko, yo y Yaku. Poco a poco voy pudiendo imaginar qué responden los otros dos en situaciones como esta.
—Tenemos un restaurante cerca, miren.- Shair apuntó a… el restaurante cerca, claro.
Si mi intuición no me traiciona, nosotros fuimos como hacia… el noroeste de Lusiudá, creo. La calle se llamaba Binmet. El restaurante estaba en una esquina, era bastante llamativo. Caminamos hacia él, y nos adentramos.
Me encantaba la sensación de entrar a locales y sentir el cálido ambiente. En la posada era lo mismo, la diferencia se agradecía demasiado. Seguíamos teniendo la suerte de que no mucha gente nos reconociera, aunque al entrar un par de personas sí que nos observaban.
Ahora el tema era si estaban vigilándonos porque por nuestras ropas parecíamos raros en comparación al resto, o… alguna característica de nosotros que indicase que no somos de por aquí… o porque nos reconocieron.
Yo por más que ojeara los rostros de la gente sin ningún tipo de vergüenza, no distinguía mucho el físico de la gente en Giruboken. O sea, somos… humanos la mayoría. O cuerpos humanos al menos, no esperaba que cambiara demasiado…
El día se tornó muy… relajante a partir de eso. Estaba cansado, pero también quería comer. Shair pidió arroz con papas para los cuatro porque ninguno tenía idea de qué era el resto del menú.
Yo por más que era capaz de leerlo, seguía sin saber qué carajos era “Kndksnjk”. O sea, no decía eso en ninguna parte del menú, pero podría decirlo y no me desentonaría con el resto de nombres de platillos.
Nos sentamos en una mesa, con las mismas posiciones de siempre. Zakko junto a Yaku y Shair junto a mí. Entiendo que es lo que más le acomoda a Yaku, aunque hoy presentó bastante más ganas de hablar conmigo.
—¿Y qué quieren hacer mañana?- Shair consultó, devolviéndome a la realidad luego de haber estado un par de minutos ignorando el que estuviesen hablando.
Dudo mucho el haberme perdido de algo importante. Por más que volvía en mí mismo a veces, como mucho escuchaba reclamos de Shair por cosas estúpidas como el color del menú.
Shair que por cierto habla comiendo. A veces soy capaz de obviarlo, mas… yo aún no ponía un dedo encima de mis cubiertos.
—Shair, no hables mientras comes.- Zakko le murmuró al notar mi expresión de… repulsión.
—Lo siento.- Shair se disculpó.
—No sé. ¿Qué se supone que podemos hacer? ¿No íbamos a… pasar de Lusiudá al otro pueblo?
—Claro, pero… tenemos tiempo. Lo que necesitamos es descubrir el gremio de aventureros, tienes razón. Ya luego, consultar en qué momento se abrirán las mazmorras para los aventureros como nosotros, y de ahí encaminarnos hacia allá.- Shair aclaró todo el plan.
—¿O sea que nos quedaremos aquí un buen tiempo, no?- Yaku interpeló.
—Sí.- Y Shair le afirmó.
Yo procedí a comer porque mi cuerpo no aguantaba más. Estaba rico, también. Todavía no había nada que me encantase. Aunque a mi cerebro volvió el primer plato que Shair me dio, por algún motivo. Me interesaría volver a probarlo, recuerdo que me dejó buen sabor de boca.
—Entonces… localizaremos el gremio de aventureros, y después… ¿Hacemos misiones o algo así? Es que tenemos mucho tiempo libre…- Shair buscaba armar un plan completo para el día de mañana.
—Supongo. Así de paso conseguimos dinero y no te carcomes la cabeza teniendo que pagar monedas de estaño.- Le hice un comentario pasivo agresivo a la líder de mi grupo, aprovechando que ya sabía que el estaño era lo mínimo en cuanto a la moneda aquí.
—Qué pesado. Monedas de estaño sí pagaría.- Shair contestó.
—Habrá que buscar algo que hacer aparte de eso…- Zakko comentó, luego de tragar como toda persona normal haría. En vez de hablar mientras come.
—¡Zakko!- Shair lo llamó y lo apuntó de paso.
—¿Qué?
—¿Quieres que salgamos tú y yo mañana? Después de ver todo el asunto del gremio.- Shair lo invitó a salir.
—Claro… pero… ¿Y ellos?
—Me enojé con Kairo.
—Perdón.- Pedí disculpas sinceras e instantáneas.
—¿Y yo qué hice?- Yaku es el claro ejemplo del dicho de por pecadores pagan justos.
—Es que… no sé si dejar solo a Kairo fuese buena idea. ¿No te molesta, verdad?- Shair le interpeló.
Yaku y yo nos miramos unos segundos.
—Supongo que no.- La albina negó que le molestase.
Entiendo que eso significaba que mañana saldríamos ella y yo. No pensé que sería tan rápido.
—Aunque… no tengo idea de a dónde ir. Pero algo se me ocurrirá.- Shair le hablaba a Zakko, ignorando que había más gente.
—¿… En serio te molestaste?- Me preocupé y le pregunté a Shair, con un tono más de seriedad.
—Un poco. Tal vez mañana se me pasa. Ya sabes cómo soy.
—… No, de hecho no sé cómo eres.- Negué su afirmación.
—Es así, sí. Mañana se le pasará todo esto.- Zakko confirmaba desde su experiencia.
—Ah, está bien entonces. No me preocupo.- Si en alguien podía confiar, era en él. Sobre todo si se trataba de Shair.
Estuvimos un par de minutos compartiendo diálogos que aunque no me aportaban nada, eran entretenidos.
Luego de ese par de minutos, hablando y charlando, acabamos y pagamos. Nos salimos del restaurante y nos dirigimos a la posada otra vez.
—Está hermoso, ¿Verdad?- Shair preguntaba una obviedad, solo para tocar el tema con nosotros, imagino.
—Sí.- Afirmé.
—Con razón le dicen la ciudad de las luces…- Shair expresaba con un tono de impresión.
—Claro, porque hay muchas luces. Y es una ciudad.- Diciéndolo en voz alta, tiene lógica para mí.
Zakko soltó una pequeña carcajada en voz baja después de mi comentario.
Nos hallábamos adentrándonos en la posada, siendo yo el último que pasaba por la puerta. Tardé un tanto en meterme ya que… creí oír algo en la otra esquina. Desde la puerta, hacia la izquierda.
Fue un ruido… un tanto agradable. Se escuchaba como una voz armoniosa. Tras unos segundos, esa voz dejó de resonar, y Shair me llamó la atención.
—¿Qué haces? Métete.- La peliverde por evidentes motivos se dio cuenta de que yo no entré antes.
Esa voz resonó en mi mente unos minutos más, sobre todo en el trayecto hacia la habitación. Caminando hacia las recamaras, estaban situadas en una esquina de la habitación. Tenían una ventana, en una de las esquinas, al lado de una cama.
Me acerqué a comprobar qué vistas tenía la ventana, eran… lindas. Se veía bastante ciudad, aunque al ser una ventana en el primer piso, no se avistaba mucho más. Tenía cortinas, así que decidí cerrarlas.
—Bien. ¿Qué cama van a querer ustedes?- Shair interrogó, desde una de las tres.
Ella al parecer escogió la de la esquina contraria a la ventana y cerca de la puerta de la habitación. Ojo, la habitación, dentro de la habitación. En posadas se vivía hasta mejor que en algunos hoteles de mi mundo. Distintas habitaciones tenía dentro y todo.
Sin dejarme pensar siquiera, Yaku se sentó en la cama de la esquina que estaba cerca a la ventana. Me miró con cara de culpa, aunque tampoco mostraba indicios de pretender levantarse para dejarme siquiera discutir la cama que quería.
—Supongo que yo la del medio.- Tampoco me importaba demasiado, así que cedí el resto.
Habían mesas de noche a los costados de ambas camas. Y las cosas típicas que podrían haber dentro de un cuarto de hotel, entiendo.
La ropa de cama era… demasiado abrigadora. Se notaba y eso que todavía ni me metía dentro, solo me senté.
Shair comenzó a estirarse y a bostezar.
—Zakko… ¿Puedes apagar la luz?
Zakko siguió la indicación y la apagó. Todavía se divisaba algo, más que nada por la luz que llegaba desde la ventana. Era un montón y eso que había una cortina. El slime luego de apagar la luz se acercó a Shair, para que al final el único que no se acostaba aún fuese yo.
Yaku fue la primera que quiso dormirse. Se recostó, se abrigó, y ahora está durmiendo dándonos la espalda. Ni siquiera se despidió.
Me quité los zapatos y dejé caer mi cuerpo entero encima de una jodida cama por fin. Después de tanto tiempo…
—Ah…- Mi satisfacción fue tal que me vi forzado a expresarlo con una onomatopeya de paz.
—Es muy cómoda.- Shair también aparentaba encontrarse asombrada. Me imagino. Si yo extrañaba una cama, ella a saber hace cuántos años que no toca una. —Buenas… buenas noches, Kairo, Yaku.- La peliverde nos deseó buenas noches, a la vez que bostezaba y se recostaba.
Zakko por su parte permanecía sentado. Él se hallaba del lado de la cama que le permitía levantarse en cualquier momento, por lo que era más fácil fijarme en lo que hacía.
—Buenas noches.- Zakko también deseó.
—¡Descansen!- Yaku con la última motivación que le quedaba del día, exclamó.
—Sí… hasta mañana.- Y yo también, recostándome en la cama.
Poner mi cabeza en una almohada como Dios manda… en una cama… arropado… ah… qué increíble sensación. Mi cuerpo se relajó tanto que el sueño se incrementó hasta el punto en el que me perdí a los segundos.
En mi mente no había nada… nada más que… aquella voz.
«¿Se escucha desde aquí o… la estoy imaginando?».- Fue mi duda interna. Sin embargo, tampoco me importaba. Hasta me relajaba, el único detalle que tenía era que me sorprendió.
La identifiqué como una voz femenina. Muy bonita, por cierto. No sé si ya lo aclaré, pero era bastante bonita. No me molestaba si seguía.. sonando…
Hasta que me durmiese…
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com