Kinokodearu - Capítulo 26
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26: Voz Armoniosa 26: Voz Armoniosa Algo en mi cabeza no debe de funcionar muy bien.
Volví a despertarme antes que el resto…
lo que me preocupa ahora es que demasiado antes.
Seguía viendo la luz de la ciudad a través de la ventana y la cortina, mas no era luz de día, era luz de los edificios y pantallas y cosas extrañas que había.
Me senté en mi cama, y me fijé en ambos costados para ver si alguien estaba despierto.
Shair y Zakko estaban en el quincuagésimo sueño, por lo que pasé a ver a Yaku, que estaba toda destapada.
Es como si hubiese olvidado cómo dormir en una cama…
aunque es bastante posible que así sea.
Cuando quise volver a dormirme me di cuenta de que la voz que oía antes de dormir era demasiado importante en mi vida.
Más que nada porque me ayudó a conciliar el sueño súper fácil.
Ahora tengo cierto cansancio, sí…
de hecho, tengo sueño.
Bastante.
No sé porqué no soy capaz de conciliar el sueño.
«La puta madre…».- Blasfemé por impotencia.
Era horrible.
Pasé minutos moviéndome de un lado al otro intentando encontrar una pose en la que me sintiera lo suficientemente cómodo como para dormirme, y no lo conseguía.
«Rezaría porque…
no sé, resonara en mi cabeza aquella voz armoniosa otra vez…» Como si de una escena ensayada, al dictar esas palabras en mi mente, volví a escuchar la voz.
Ahora mucho más bajo, eso sí.
No sé ni cómo la percibí, quizás el tanto pensar en ella me hizo notarlo.
Juro que mi oído no suele ser tan bueno.
Me hallaba en un escenario demasiado complicado.
Por un lado, no quería…
despertar a nadie con el posible ruido que haría si me levanto y me voy.
Por el otro, quería ir a ver de qué se trataba.
Tenía mis dudas, tal vez no sería tan buena idea salir solo en la madrugada.
Había muchísima luz y todo eso…
aún así me brindaba cierto respeto la idea de salir solo en la noche.
Aunque ahora tengo magia…
mas los que quisieran apuñalarme también, ese es el problema.
Yo asumo que…
a ellos, (mi grupo), no les importará que salga sin decirles nada.
De hecho, dudo que se den cuenta si es que no se despiertan.
Como mucho saldría…
media hora, quizás.
Lo que tarde en verificar de qué se trata esa voz.
«…
¿Por qué no?».- El lado que no detecta el peligro de mí se activó, y me animé a embarcarme en la misión de buscar el origen de la melodía tan bonita que oía.
Me senté en una esquina de la cama, y me puse los zapatos.
Que era lo único que me quité, por cierto.
Estaba durmiendo con el abrigo y todo.
Y…
ni sudé, qué extraño.
En Argentina hubiese muerto incendiado o algo así.
Salí de la recamara, para encaminarme a la salida de…
la habitación.
Es raro decirle así, no es una habitación.
Es hasta incluso más acogedor que cualquier casa que haya podido aspirar en mi vida anterior.
Caminé hacia la puerta, y me fijé que la llave estaba puesta en la manilla.
Quité la llave y abrí, para salir.
Cerré con llave también, y la guardé en mi bolsillo.
Provocándome…
una nostalgia extraña.
Eso sumado al fuerte viento que hacía, me dio un momento un tanto…
no diría que nostálgico…
pero creo que es la palabra que más se le acerca.
No era capaz de pensar en nada en específico, solo me quedé parado observando la tranquilidad del sitio.
El aroma era muy agradable, las plantas que habían afuera eran muy bonitas.
El viento eso sí…
comenzaba a temblar.
Por ello, me vi forzado a moverme pese a que tenía ganas de quedarme quieto un rato más.
Me dirigí a la salida de la posada, pasando por la sala principal.
Aún habían empleados atendiendo, aunque eran otros diferentes.
Debería de ser obvio, quizás, el que tienen turnos nocturnos y diurnos.
Mas…
no estoy para pensar en qué es obvio y qué no.
Yo cuento lo que diviso.
Salí, y observaba los alrededores.
Era…
increíble lo brillante que era.
En serio.
Me dolían los ojos, y en ese momento, me di cuenta de que salí sin las gafas de sol.
«Soy un…
tarado…
ah…».- Me llevé las manos a la frente para intentar confrontar la luz tan…
impactante.
Luego de…
frotarme los ojos un par de veces pretendiendo acostumbrarme a la fuerza…
no lo logré del todo, mas era capaz de mantener los ojos abiertos como mínimo.
Al salir divisé una cantidad de gente considerable para ser altas horas de la noche.
Me lo imaginaba por el hecho de ser la ciudad que es, mas seguía sorprendiéndome.
Parecía que era de día.
El frío que hacía estaba por llevarme al límite, mas me esforcé por recordar mi plan de hallar el origen de aquella voz.
Y si era una persona, pensaría en secuestrarla para que me cante al oído y poder dormirme.
Sin embargo, por más que me acerqué a donde lo oí antes de ir a dormir, ya no estaba.
Había un par de personas cerca, que hablaban de algo a lo que no le presté atención ya que no aparentaba ser nada importante.
Era algo de un concierto.
Como si de una bombilla encima de mi cabeza encendiéndose se tratase, se me ocurrió voltear la posada.
Caminé por la calle hasta llegar a la esquina y dar la vuelta.
No me iba a perder porque yo sé que nuestra posada está en la calle Kazajistán.
O…
algo así era.
Di la vuelta, y todo parecía ser…
más de lo mismo.
Después de todo era una ciudad.
No obstante, veía a la distancia…
¿Patrullas?, parecía guardia civil.
Estaban demasiado lejos, mas su uniforme lo reconocí de cuando llegamos a Lusiudá.
Me hallaba en la calle de detrás de nuestra posada, buscando la ventana de nuestra habitación que daba hacia aquí.
No caí en que no la iba a reconocer porque está la cortina puesta y las luces son las mismas por todas las pantallas y cosas raras que hay.
Que por cierto…
ya es…
hasta cansino para mí.
Pero se ve precioso.
Me dan ganas de vivir aquí y todo, no me molestaría.
«Encima hay un gremio de aventureros, podría vivir de la magia incluso aquí, seguro».- Sacaba conclusiones.
«Bueno, no encontré nada, mas caminé un poco.
Seguro que ya puedo dormir de vuelta…» Apenas iba a regresarme a la posada, hasta que la oí de nuevo.
O…
no sabría decir si la oí como tal…
solo vino a mí, la misma melodía, reconocible.
Seguí mis instintos y me llevaron a un callejón.
El ruido era…
muy bajo, en comparación al que hacía la propia ciudad.
Juro que ni yo sé cómo era capaz de…
detectarlo.
Estaba parado en frente de un callejón sin ningún tipo de luz en el fondo, solo lograba identificar muchísima basura en todos lados.
Hasta habían farolas, con la luz rota, claro.
Era basura después de todo.
Lo que me llamó la atención de esa farola es que tenía un palo lateral en la punta, de la cual colgaba otro saco de basura, o eso parecía.
Sin embargo…
de ahí provenía la voz.
«¿Será…
un aparato de música que repite lo mismo en bucle escondido en la basura?».- Comencé a…
interpretar de qué se podía tratar todo esto.
«Si fuese ese el caso…
me lo llevaría conmigo sin ningún tipo de problemas» Me acerqué, sin pretender guardar ningún tipo de silencio, hasta que la voz volvió a sonar luego de una breve pausa.
Y…
resonaba desde lo alto.
Desde…
la farola.
Procedí a…
sentir que no se trataba de algo si no que de alguien, pese a que desde mi perspectiva fuese como…
un capullo.
No obstante…
distinguí un par de orejas…
extrañas.
Eran como de…
gato, pero…
más encorvadas…
el punto es que no eran de humano.
Se movían de vez en cuando, y el canto proseguía.
De vez en cuando se detenía para posterior carraspear y repetir, por lo que me quedé quieto escuchándole.
Desconozco cuánto tiempo fue…
mas sé que fue…
agradable cuánto menos.
Eso sí, no me sentía muy…
legal.
Era como si estuviese invadiendo la privacidad de alguien.
Fuera de las orejas, no mostraba un cuerpo humano, o bueno, ni las orejas eran humanas.
Poco a poco iba alcanzando notas más perfeccionadas en su voz que hacían a la melodía más agradable.
Siempre repetía las mismas palabras, por lo que podía imaginar que se trataba de una letra de una canción.
Hace tiempo no oía música, y eso que a mí me encantaba.
O…
me encanta.
La seguiría escuchando si hubiese algún modo de escucharla aquí, que ojalá que exista.
De hecho, si me encuentro en altas horas de la noche en un callejón oscuro es por escuchar una pizca de música que sin dudas me gustaba mucho.
Ni siquiera había…
instrumentos como tal.
Solo era su voz.
Y aún así…
me hallaba fascinado.
Comenzó a darme vergüenza estar parado como tarado, así que antes de que se diese cuenta de que estaba allí planeaba irme.
Solo…
esperaría un tantito más, hasta que repitiera la letra.
El problema cayó cuando se volteó.
Le vi la cara.
Tenía los ojos cerrados mientras cantaba, parecía…
una chica joven.
No sé qué tanto ya que aún así solo era capaz de ver su cabeza, el resto de su cuerpo lo cubría una manta.
Quería irme, mas me paralicé cuando ella se dio la vuelta en mi dirección, manteniéndose de cabeza en la farola.
Y antes de que pudiese caer en que tenía que irme, abrió los ojos, viéndome.
Tenía…
vergüenza más que otra cosa.
Era…
muy linda.
Tenía un peinado corto, de un rojo oscuro muy lindo.
Sus ojos eran del mismo color.
Sus orejas…
me recordaban a las de…
murciélago, o algo así…
En verdad…
está de cabezas, y tiene orejas de murciélago.
«¿Una chica murciélago?
¿Me encontré a…
cómo era?
Espera…
¿Batgirl existía?».- Tuve una crisis existencial que sé que nunca en mi vida podré confirmar ya que no estoy en mi mundo.
No me hallaba en mi mundo literal, mas mentalmente sí que estaba en otro.
Ella se avergonzó de manera notable ya que al verme dejó de cantar y su expresión denotaba timidez.
—¿¡Q-Quién eres!?
¿Te molesté?
¡L-Lo siento!
¡Juro que intenté hacerlo lo más bajo posible…!- Ella empezó a disculparse antes de tiempo, sonando súper asustada y avergonzada.
Eso sí, sin moverse ni un poco de estar de cabeza en la farola.
Estaba hablando con un capullo con cabeza de mujer murciélago sonrojada de vergüenza.
Yo, por mi parte, no fui capaz de pronunciar ninguna palabra, solo me hallaba ahí.
Estaba…
paralizado, con mucho miedo y no me podía mover…
En realidad no tenía miedo, tenía vergüenza.
No sabía qué carajos decirle, no quería que supiese que estuve como mínimo media hora escuchándole cantar.
—Eh…
no…
es más bien…
o sea…- Juro que era imposible para mí el vocalizar algo.
Siquiera el concretar una idea de una respuesta, no se me venía nada a la cabeza.
Sonaba algo apenado yo también.
Ella me observaba, roja y de cabeza.
Podía distinguir también un colmillo sobresaliente de su boca.
Y de vez en cuando, cuando la luz llegaba hasta aquí, le identifiqué un par de pecas.
Era…
preciosa, qué pena que tengo.
—Yo…
no…
no es que me haya molestado como tal…
de hecho todo lo contrario.- Eso último lo murmuré.
No dejé de enfocar mi vista en ella.
Sus orejas reaccionaban a mi comentario, moviéndose.
No sé qué se supone que signifique ese movimiento, mas…
de hacerlo, lo hizo.
—¿Seguro?- Ella interpeló.
—Sí…
seguro.
Es que…- Estuve a nada de confesarle que me gustaba mucho su voz.
Mas por algún motivo me hallaba muy avergonzado, más de lo habitual.
Parecía un acosador, quizá a eso se deba mi pánico.
—¿Es…
que qué?- Ella tampoco ayudaba, sonaba avergonzada también.
La escena era un tanto…
incómoda.
Yo solo la miraba a ella y ella solo me miraba a mí.
—Así que fuiste tú todo este tiempo.- Hice ese comentario en voz alta, cuando iba dirigido para mi cabeza.
De hecho, no sé ni porqué lo dije así, no tendría sentido pensar “Así que fuiste tú todo este tiempo”, o quizás sí, no sé, mi cerebro no está funcionando como debería.
—¿Yo fui qué cosa?- Ella, por obvios motivos, cuestionó al no entender de qué le hablaba.
—Es que…
te oí hace…
no sé, un par de horas.
Cantando bastante más fuerte…
y…- —Ay, lo siento mucho.
Me dejé llevar y…
paré cuando mucha gente se paró a escucharme.
Es que en ese momento no veía a tantos cerca…
lo siento, en serio.- Ella me interrumpió, viéndose a la defensiva.
—No, no…
no me molestó, para nada.
Te oí mientras dormía y…- Me detuve antes de seguir ya que me cuestioné a mí mismo el qué carajos le estaba contando.
—¿Y…?
—…
Nada.- Me negaba a seguir contándolo.
—¿Qué ibas a decirme?- Ahora ella tenía una duda genuina.
—…
Me gusta tu voz, no sé.
Eso.- Le confesé, buscando en qué otra cosa enfocar mi vista para no tener que cargar con las consecuencias de soltar un comentario de ese estilo y además tener contacto visual con ella.
—¿¡En serio!?- Ella parecía emocionada, más que aterrorizada por mi actitud de acosador.
—…
Sí.
Es…- Me limitaba cada vez que iba a halagarla.
Me daba muchísima vergüenza con alguien que ni siquiera conocía.
Quería…
irme a mi cama.
Quién habrá sido el idiota al que se le ocurrió que yo venga a aquí.
Lo maldigo.
—¿Es…
qué?
—…
Linda.- Me veía forzado a halagarla debido a sus insistencias.
(Solo reiteró con duda mi frase inacabada).
Cuando enfoqué mi vista en ella, estaba…
concentrada.
Más de lo normal.
Sus ojos parecían estar intentando verme de pies a cabeza, como si…
buscase algo en mí.
—Un momento…- Ella reveló que tenía un brazo, al llevárselo a la boca mientras me analizaba.
Tras un momento, ella se bajó de la farola, revelando su cuerpo.
Llevaba una camiseta…
verde claro, debajo de la manta que cubría casi todo su cuerpo.
También le identifiqué…
alas.
Del mismo tono rojo que su cabello, solo que incluso más oscuro.
Saliendo de sus dos brazos, unidas a su cadera.
Al caer, se cubrió con la manta y se acercó a mí.
—Mmm…- Ella, inició un análisis que duró como diez segundos hasta que volvió a abrir la boca.
Desde cerca le notaba más las pecas, aunque no del todo bien ya que se estaba tapando la cara con la mano.
—¿¡Eres Kairo!?- Ella me reconoció.
—…
No.- No sé porqué lo negué, mi mente no funciona.
Cuando me negué, ella se impresionó y se le fue la sonrisa del rostro.
En ese momento estaba maldiciendo a todo tipo de funcionario que se hallase en mi cabeza manejando mis decisiones.
¿Por qué mierda le dije que no?
—Sé que…
no tiene sentido pero…
¿Seguro?
Es que…
te pareces demasiado…- Ella seguía empeñada en que yo era Kairo.
O sea, soy Kairo, ella tenía razón.
—…
Sí…
sí soy…- Por fin una buena de parte de mi consciencia.
A pesar de estar obligándome a contestar con pausas de lo apenado que me estoy sintiendo.
—¿De qué…
me conoces?
«¿¡Y de qué carajos me va a conocer!?».- Pasó por mi cabeza, a todo pulmón.
No sé cómo le hice para que mi voz interna gritase, mas lo logré.
«¿De qué sería si no es por el Duel’Grot?» —Del Duel’Grot en Giruboken.
Estuve ahí, te vi lucirte.
¡Fue fantástico!
«Y sí.
¿Qué respuesta esperabas, consciencia?».- No sé porqué me puse a pelear conmigo mismo.
—Eh…
¿Estuviste ahí?- Me tomó por sorpresa.
—Sí.
A mis padres les gusta eso, y se enteró por noticias de que el Harasei participaría en un amistoso, así que me llevaron.
Volví hoy mismo.
Vivo…
no muy lejos de esta calle.- Ella contó.
—Fue muy divertido, me gustó verles.
Es más, yo voté por ti para jugador destacado.
Y mis papás también.
—…
Gracias…- No sabía dónde meter mi cabeza.
Más avergonzado no podía estar.
—De todas formas…
no creo haber hecho mucho…
no sé…
soy…
nuevo con la magia y esas cosas.
Entrené muy poco para el Duel’Grot, solo sabía usar mi magia elemental.
—¿Qué?- Ella alargó la expresión, denotando su abundante cantidad de sorpresa.
—¿Eres un novato e hiciste todo eso?
Qué envidia.
Y qué talento el tuyo…- Ella ahora expresaba leve frustración por el comentario que hice.
Ya no sabía qué decir.
Ya le agradecí el halago, y tampoco sabía qué decir sobre su última frase.
Sin embargo…
me gustaría hablar más con ella.
Ella me halagó como si nada y yo con suerte pude decirle lo que me parecía su voz.
—Tú…
también…
eres talentosa.- Logré comunicar de manera entrecortada.
Al menos lo hice, lo que cuenta es la intención.
—¿Lo crees?
Dijiste que mi voz te parece linda, ¿Verdad?
¿Cuánto tiempo me estuviste oyendo?- Ella parecía haber olvidado la timidez para comenzar a acercarse más a mí mientras me interrogaba cosas.
—…
Más del que me gustaría admitir…- Tenía que sincerarme.
—Es que…
en serio, me gusta cómo cantabas.
Consiguió que me relajase muy rápido cuando la oía.
Busqué…
de dónde provenía, y te encontré aquí.
—…
Gracias.
De todas formas, no creo haber hecho mucho.
No sé, soy nueva con esto del canto y esas cosas.
Practiqué súper poco, con suerte sé afinar mis cuerdas.- Ella comenzó a justificarse, con un tono un tanto jocoso por algún extraño motivo además de gestos como llevarse un par de dedos a la frente y luego la mano al pecho, exagerando sus expresiones.
«…
Espera…
¿Acaba de repetir lo que dije yo antes?».- Me cuestioné.
La observé con cara de póquer durante unos segundos, hasta que ella se dio cuenta y volvió a poner una cara normal.
—Lo siento.- Ella se disculpó, y sus orejas acompañaron su rostro deprimido.
Lucía muy tierna.
Aunque creo que es porque ella me parece muy bonita.
Seguro si se lo veía a otra persona a la que no considerase linda se vería cringe como diría la gente de la interweb.
—Oye…
tú sabes mi nombre mas yo no el tuyo.- Afirmé, claramente esperando a que con eso entendiese que quería saber su nombre.
—Sí, eso es así.
…
—¿Me lo dirías?
—¡Claro!- Ella sonrió y asintió.
…
—¿Pero me lo vas a decir?- Ella estaba hasta más en otra que yo, de alguna manera.
—Ah, cierto.
Perdón.
Me llamo Mitsune.
¿Y tú?
—¿Cómo que y yo?- Ya comenzaba a causarme gracia.
—…
Lo siento.- Volvió a deprimirse al darse cuenta.
—Entonces…
¿Esto es lo que haces tú aquí?
¿Cantar en calles que no conoces como si nada?- Interrogué, por sacar tema e intentar que quite la carita triste porque me generaba tristeza hasta a mí.
—Sí…
es que…
a mí me gusta mucho la idea de hacer música…
es que…
verás…
mis padres, como muchísima gente en Lusiudá, soñaban ser artistas- —¿”Muchísima gente en Lusiudá”?- Le interrumpí, para reiterar esa frase.
Me llamó la atención que dijera eso, quería saber qué tan en serio iba.
Ella me miró, un tanto confundida.
—¿Sí?, Lusiudá es un paraíso para aquellos artistas que buscan triunfar.
Es bienvenido de todo…
o de casi todo.
Hay teatros de todo tipo, centros, hechos para que la gente vaya y consuma a artistas o arte del tipo que les encante.- Ella explicó.
A la vez que Mitsune hablaba, decidí moverme un poco para ser capaz de observar la ciudad mientras Mitsune me hablaba de ella.
De “ella” la ciudad, aunque de “ella” Mitsune también.
—Mis papás soñaban ser artistas, mas por cosas de la vida finalmente no llegaron muy lejos.
Sin embargo, desde chica…
que soy cercana a todo tipo de música.
Me gusta mucho, me llevaban a conciertos y todo.
Quedé fascinada yo también.
Y…
bueno, una cosa lleva a la otra…
y lo estoy intentando a escondidas.
Por eso me voy un tanto lejos de mi casa, quiero practicar.
No obstante, no he encontrado un lugar seguro en donde hacerlo sin molestar a nadie…
Mitsune lucía muy feliz pudiendo contar todo eso por fin.
—Ay, ¿Hablé mucho?
Perdón.
Es que…- —No, no te preocupes.
Me gusta escucharte.- Detuve sus intentos de pedir disculpas porque ya me las veía venir.
Parece de esas personas.
Ella al oírme contestar eso volvió a ruborizarse, cosa que me hizo caer en lo que acababa de decir.
«¿”Me gusta escucharte”?
¿Por qué no creí que sonaría raro?» —…
Eres…
la primera persona que elogia mi voz tan directo.
O sea…
hay veces que…
se acerca gente a mí mientras canto, como…
antes, justo.
Se acercan y…
no me dicen precisamente que me detenga, por lo que entiendo que les agrada.
No obstante, antes de que puedan decirme nada, escapo.
Me da mucha vergüenza y…
diría que hasta miedo, lo que me puedan decir.- Mitsune siguió contándome cosas de ella.
—¿Por qué miedo?
—…
Porque de verdad querría ser…
no sé.
Cantante.
Me daría miedo que me digan que mi voz es fea o que…
no les gusta.
Que me dijesen que no sé cantar me dolería pero podría aceptarlo.
Lo otro…
me asustaría oírlo.- Mitsune confesó, cabizbaja.
—Déjame decirte que dudo muchísimo que alguien te pueda decir eso.
Tu voz es preciosa.
O sea…
eh…- Perdí todo el aura que pude haber acumulado elogiándola sin vergüenza.
Tremendo fracasado.
—…
yo…
diría que también soy un…
fascinado por la música, escucho muchísima desde siempre.
Y…
a mí al menos, me gustó mucho cómo cantabas.
Me gustaría escucharte más veces.
—¿Cómo dices?- Mitsune reaccionó a mi monólogo de manera instantánea.
Al ver su cara entendí que fue porque estaba más roja que…
su pelo.
Y mira que su pelo es literalmente rojo.
Yo por fuera estaba luciendo como un verdadero galán, mostrando cero reacción pese a las cosas que le dije.
Por dentro estaba paralizado con mucho miedo y no me podía mover.
Esta vez sí.
Mitsune se alejó un poco y carraspeó.
—Kairo…
—¿Sí?
—¿Quisieras…
que nos veamos otro día?
En ese momento, hubo dos versiones de mí reaccionando a esa interrogante.
La que se hallaba por fuera, que oyó esa pregunta normal.
La que se hallaba por dentro, la oyó con fuegos artificiales, explosiones, un par de clips de un videojuego shooter dando tiros a la cabeza de giros instantáneos con francotiradores con un texto de “+1000 de aura” de color blanco con sombras rojas y azules, lentes de sol pixelados y dubstep.
—¿Hola?- Mitsune me reconectó al mundo.
—¿Ah?
Ah…
sí, sí.
Me…
gustaría vernos otro día.- Contesté.
—¿En la tarde tienes planeado algo?
—N- Como si de fuerza divina se tratase, mi mente recordó que saldría con Shair, Zakko y Yaku a buscar al gremio de aventureros.
Y después de eso, seguro saldría con Yaku.
Ah…
maldita sea.
—Sí…- Dije, denotando tristeza.
—¿Y…
en la noche?- Mitsune propuso.
—Como…
¿Por esta hora?- Mitsune sacó un dispositivo raro de su bolsillo, que le indicó la hora.
Fui capaz de observarlo creo, mas el número era desconocido para mí.
O tal vez es porque lo contemplaba del revés.
—¿Qué hora es?- Interpelé.
—Las tres de la mañana.- Ella aclaró.
«Fua».- Fue lo único que vino a mi cabeza.
—…
Supongo que no tengo nada que hacer…
—¿Y quisieras salir conmigo a esa hora?- Mitsune profundizó la pregunta.
—Eh…
sí…
—¡Bien!
Ahora…
¿Qué te parece el parque Coen?- Ella propuso como si yo supiese dónde carajos queda el parque Coen.
O siquiera supiese qué carajos es el parque Coen.
Para empezar, no sé ni qué carajos es un parque.
En realidad eso es mentira, estoy exagerando.
Hipérbole, la típica.
—Está bien por mí.- Acepté a pesar de que no tenía idea de qué carajos era el parque Coen ni dónde quedaba.
Ya me las arreglaría yo para llegar.
—¡Es un trato!
O…
no, espera.- Mitsune se corrigió para posterior estirarme la mano.
Yo la observé unos segundos, para luego, temblando un poco, dársela.
—¡Es un trato!
¡Espero verte mañana!- Mitsune estrechaba mi mano.
La cual estaba mucho más abrigada que la mía, he de decir.
Quisiera no habérsela soltado.
—Ahora…
me devolveré a mi hogar.
Descansa, Kairo.- Ella procedió a despedirse de mí, para salir del callejón e irse hacia la derecha.
Yo me quedé unos segundos ahí, divisando las afueras del callejón.
Elevé la mano que le di a Mitsune, para contemplarla, pretendiendo volver a la realidad.
«Creo que…
tuve un flechazo».- Caí un tanto tarde, mas…
caí.
Ahora, tenía que volver a dormir luego de haber experimentado contacto femenino.
Sin ofender a…
Shair y a Yaku, por supuesto.
No es el mismo contacto femenino del que hablo.
Volví cuanto antes a la posada, habiendo caminado todo el recorrido cambiando de ver la palma de mi mano a los edificios.
Sin pensar en nada, me sentía…
raro.
Todo esto fue raro.
¿Cómo acabó así?
Ni eso era capaz de pensar, yo solo caminé.
Llegué a la posada, pasé la sala principal.
Pasé también el camino rodeado de flores y árboles, para llegar a nuestra habitación.
Abrí con la llave, y cerré con la llave dejándola donde estaba.
Intenté producir el menor ruido posible, y me devolví al cuarto.
Estaban todos durmiendo todavía, por suerte.
Shair durmiendo encima de Zakko, y Yaku aún más destapada posible.
Estaban los tres en el no sé qué sueño ya.
No me importaba.
Tras quitarme los zapatos, me tumbé en la cama.
Me arropé, y…
dormí como si me hubiese sucedido algo increíble.
Porque…
no es que haya sucedido algo increíble…
¿No?
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