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Kinokodearu - Capítulo 27

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Capítulo 27: Paseo

De nuevo, me desperté de la absoluta nada. Sin ningún tipo de ruido extraño ni nada que me haya hecho despertar, pues un silencio llenaba la habitación. Tardé… unos cuantos segundos en siquiera pensar en hacer otra cosa que mirar el techo.

Cuando lo pensé, lo hice. Me senté en la cama, y volteé a mi alrededor. Mi primer instinto fue observar si Zakko y Shair se hallaban ahí, para mi sorpresa, no. Su cama estaba vacía y desordenada, como si se hubiesen levantado sin más.

Al voltearme para el otro lateral, también me di cuenta de que Yaku no se encontraba en su cama. Aunque la de ella sí estaba ordenada. Respiré profundo, para levantarme. Me estiré, coloqué los zapatos, tallé los ojos un poco y salí de la recamara.

Caminé hacia la sala de estar, donde comencé a escuchar a mis compañeros, por suerte.

—¿Segura que no quieres?- Escuché de Shair, imagino que hablándole a Yaku.

—Estoy bien, no te preocupes.- En efecto, Yaku le contestó.

Me acerqué, y ahí estaban. Shair y Zakko sentados en el sofá largo, y Yaku recostada en un sillón pequeño aparte.

Yaku fue la primera que se dio cuenta de mi presencia, y me saludó con un gesto, haciendo ver al resto que había despertado.

—Oh, ¡Kairo! ¡Despertaste!- Shair me saludó, con la boca llena.

La miré asegurándome de que sepa que la estaba juzgando.

—Buenos días.- Zakko me saludó.

—Hola.- Saludé en general.

Shair estaba comiendo la bolsa de papas que vi en la bolsa la otra vez. Ahí me fijé en que la mesa de en medio tenía encima todas las bolsas posibles. Zakko habrá vomitado todo lo que llevaba. No… literal. Me sigue causando algo de repelús pensarlo más a fondo, creo que mientras menos lo juzgue mejor.

—¿Tienes hambre?- Shair estiró su brazo con la bolsa de papas hacia mí.

—… No, estoy bien.- Y aunque no estuviese bien, creo que preferiría no comer. De momento… si puedo evitarlo mejor.

Ella prosiguió comiéndose la bolsa de papas. Ninguno de los otros dos estaba haciendo nada, Yaku estaba tumbada y Zakko sentado, más duro que… algo muy duro.

—¿Qué se supone que estamos haciendo? O bueno, están haciendo.- Decidí cuestionar, para saber si sentarme o… no sé, romperme la cabeza contra la pared.

—Estoy comiendo algo antes de salir. Ya que despertaste, podríamos ir directos a buscar al gremio.- Shair habló, luego de tragar. Para variar.

—Ah. Voy a… el baño.- Dije, recordando haber visto una habitación con un baño.

Abandoné la sala de estar para buscar el baño y cuando lo encontré me metí. Era mucho más fresco que el resto de salas, mas no tan fresco como en la ciudad de por sí.

Quería lavarme la cara más que nada. Aún me extrañaba que no hubieran inodoros, mas de eso sí que no he tenido ningún tipo de necesidad… supongo que mi cuerpo ahora funciona así.

Decidí verme en el espejo un rato, luego de mojarme la cara. Yo… creo que cambié a cómo me recordaba. O… tal vez estoy disociando un poco… no sé si recuerdo cómo era en mi anterior mundo. Estoy seguro de que no era así, tengo el pelo mucho más largo de lo que lo recordaba.

«Y… estas cosas…».- Juzgaba en mi cabeza, mientras pasaba los dedos por unas marcas que tenía debajo del ojo. Me llamaba demasiado la atención cómo nadie me las mencionaba, aunque nunca me animé a preguntar al respecto, lo cual debería.

Al menos no son feas. O sea… son raras, no sabría bien definirlas. Eran como… un signo mayor que y un signo menor que, debajo de ambos ojos. Con… un círculo cerrándolo al inicio… o algo así.

Por más que me mojaba la cara, no me lo quitaba. Por lo que tenía pinta de ser una marca de mi cuerpo.

«No hay inodoro… mas si bañera. Quisiera… bañarme, supongo. Imagino que será relajante».- Sacaba la conclusión al ver la bañera.

Salí del baño, decidido a cuestionar si ellos veían las marcas debajo de mis ojos. O era así, hasta que contemplé a Shair y Yaku de pie, aparentando estar listas para que salgamos. A Zakko no lo veía eso sí, hasta que me acerqué lo suficiente. Él permanecía en el sofá, solo que recostado.

—Ya salió, Zakko.- Shair le llamó, a lo cual él respondió transformándose en slime y reposicionándose cerca del resto.

—Oigan…- Hablé, para interrogar antes de que se me olvidase.

—¿Qué?- Shair contestó.

—¿Tengo algo… en la cara? Más o menos por… aquí.- Apunté a dónde recordaba tener la marca.

Shair se acercó para observar como si hiciera falta. Entre tanto, Zakko y Yaku lo hicieron como personas normales.

—No lo parece.- Shair confirmó.

—No, no tienes nada…- Y Zakko también.

Yaku solo negó con la cabeza.

—Ah… gracias.- Me pareció demasiado raro, mas… quiero suponer que no es tan importante.

—¿Listos?- Shair buscó nuestra confirmación para abrir la puerta de una vez.

—Sí.- Zakko fue el único que respondió.

Al menos yo no contesté porque no creí que haga falta que todos lo hiciéramos. Yaku no lo hizo porque no parece estar muy de ganas hoy. Todas las palabras que usó conmigo ayer desencadenaron en que hoy no tenga ninguna. Qué mal.

Salimos de la habitación, y Shair cerró con llave. Pasamos los cuatro por la zona verde bonita que había afuera, y llegamos a la sala principal. Antes de salir de la posada, Shair se detuvo.

Podía intuir que se le ocurrió una idea. En efecto, se acercó al empleado a cargo con la intención de consultar algo.

—Oiga…- Shair le llamó. —¿De casualidad… sabe dónde queda más o menos… el gremio de aventureros?- Tuvo la gran idea de preguntar a la gente de Lusiudá dónde queda. No es sarcasmo… no tanto. No es mala idea, eso es lo importante.

—Eh… no, lo siento. Podría consultarlo con mis compañeros si le interesa.- El empleado contestó negativamente, mas se veía metido en ayudarnos.

—¿Le responderían ahora?- Shair preguntó.

—Quizá tarde un poco… quién dice unos minutos dice alguna que otra hora. No creo que ninguno de nosotros en este turno sepa, por lo que debería consultarlo con el resto.

—… Es que… nosotros íbamos a salir a buscarla. ¿Puede preguntar de todas formas? Si no es molestia, claro.- Shair hablaba con el empleado.

—¡Claro! Sería un gusto ayudarle a ustedes. Cuando regresen, les cuestionaré si lo encontraron.

—¡Gracias! ¡Buen día!- Shair se despidió, saliendo de la posada.

Nosotros tres nos quedamos allí, por cierto.

—Buen día.- Yo también se lo deseé.

Todos acabamos saliendo, y Shair nos esperaba afuera.

—¡Bien! ¿A dónde… vamos ahora? ¿Por dónde empezamos a caminar?- La peliverde consultó.

Tanto Zakko, como Yaku, como… yo, la miramos, esperando que ella decidiera. Éramos como una mente colmena a veces. Y esta era una de esas veces.

—Y… elige tú, ¿No?, Por algo eres la líder.- Le dejé todo el peso de la decisión a ella. Que se haga cargo.

—Tienen muy poca iniciativa todos ustedes…- Declaró Shair, sonando algo deprimida.

—Perdón.- Zakko pidió disculpas por todos nosotros. En realidad solo lo hizo por él, mas yo no pensaba pedirlas después de que él lo hiciera.

—Vamos hacia allá.- Shair apuntó hacia el este.

Apuntó hacia el este, para luego encaminarse, esperando que nosotros la siguiéramos sin más. Y… eso es lo que hicimos. En verdad no tenemos nada más que hacer. Aunque yo… bueno, yo tampoco. Lo único que tengo para hacer es… una salida a las tres de la mañana…

«… Es cierto… ¿Eso… pasó en verdad o fue un sueño o algo así?, digo, no tengo… manera de comprobarlo».- Comencé a cuestionarme lo que había vivido anoche. O lo que no viví, no estaba del todo seguro. «¿Cómo podría comprobarlo…? ¿Siquiera puedo?, solo me quedaría… esperar a las tres de la mañana e ir a donde quedamos».- Supuse.

«Con eso en mente… ¿Dónde carajos quedamos? ¿Dónde carajos queda el parque Coen?».- Ya tenía una misión para el día de hoy: descubrir dónde re contra re carajos queda el parque Coen. Hasta me grabé en la memoria ese nombre, para que mi mente se dé cuenta de lo importante que es.

—¿Y cómo se supone que es el gremio?- Zakko interpeló a Shair.

—Eh…- Ella se detuvo al oír la duda. —… pues… no tengo idea. Qué buena pregunta.- Shair se dio cuenta de que estaba buscando algo sin saber cómo sería.

—¿En serio?- Interrogué.

—En serio qué?- La peliverde interrogó.

—¿No sabes cómo se ve y nos tienes caminando como si sí? ¿Qué tal si ya lo pasamos?

—Bueno pero… no me hables así.- Shair usó un tono más inocente. Una de dos; o se hacía la víctima, o se despertó más sensible.

—Lo siento.- No me quedó de otra que ceder.

No sé ni cuánto caminamos, no fue mucho, diría. Sin embargo, lo suficiente como para ya no ver ni de lejos la posada, ni ninguna cosa cercana a la posada.

—¿Y ahora?- Yaku consultó.

—Mmm… supongo que tenemos que preguntar a la gente… Vean sin ningún tipo de vergüenza a todas las personas que pasen cerca de nosotros, y si hace falta, apúntenlos con el dedo.- Las instrucciones de Shair no sonaban muy… bien.

No obstante, supongo que las seguimos. O sea, al menos estábamos… viendo a la gente. Apuntarlas era otra cosa.

Shair se acercó a un señor que se veía un tanto mayor, entendible. Si alguien sabía tenía que ser alguien viejo.

—Disculpe… ¿Sabe dónde se encuentra el gremio de aventureros?- Shair le interpeló.

—No, lo siento.- Le respondieron, para luego irse.

Estuvimos unos minutos en ese lugar, Shair interrogando a todas las personas que podía, hasta que una contestó de manera afirmativa.

—Sí. Queda en… la calle Calandos. Es un poco raro, por fuera parece la entrada a un bar. De hecho, está unida a un bar. Es una entrada subterránea, por fuera está adornado con… flores y otras cosas naturales. Se ve más o menos marrón y… así.

—¡Oh, muchas gracias, de verdad!- Shair le agradeció al hombre desconocido que nos supo indicar dónde quedaba el gremio.

—No hay de qué. ¿Son un grupo?- El hombre interrogó.

—No.- Contesté de fondo.

—¡Sí!- Shair respondió.

Ella opacó mi respuesta, mas no lo suficiente. Logré que el tipo se confundiera un segundo.

—¡… Les deseo suerte!- El tipo de todas formas nos tiró la buena.

—¡Gracias, igualmente!- Y Shair se la devolvió.

Tras el tipo irse, ahora la duda era…

—¿Y dónde queda esa calle?- La expresé yo, en voz alta.

—¡Tienes… un punto…!- Shair apuntó hacia mí mientras me daba el punto.

—Gracias.- Le agradecí por darme el punto.

—Necesitamos urgentemente un mapa o algún objeto mágico que nos diga cómo localizarnos… sería muy conveniente que hubiese una tienda mágica cerca con un objeto mágico que nos sirva.- Shair expresaba, medio deprimida.

Nosotros, que veíamos lo que había detrás de ella, nos fijamos en la tienda. Era de tonos cafés oscuros y desde fuera se podían visualizar objetos mágicos como bastones, libros, y más cosas raras.

—¿Está detrás de mí, verdad?- Shair lo dijo, ella en serio lo dijo, no me lo puedo creer.

—No.- Le mentí para arruinar el momento en el que ella lo dijo.

Aún mintiéndole, ella se dio vuelta y se fijó en la tienda.

—¿¡Cómo que no!?- Shair me reclamó, por mentirle.

—Te dije que no y te diste vuelta igual. Menos mal confías en mí.- Reclamé yo.

Ella solo me observó con una cara asesina, desde abajo, claro, porque es terrible enana.

—Si sigues así te voy a…- Antes de amenazarme, suspiró.

—Lo siento.- Me disculpé otra vez. Era entretenido hacer que caiga en el cebo de ira.

Zakko y Yaku por su parte ya entraron a la tienda. Para variar, no fue Shair la primera que entró. Sin embargo, luego de casi amenazarme, ella y yo entramos también. Yaku miraba de cerca unos libros, y Zakko la acompañaba.

Shair por su parte se me adelantó, acercándose a… unas brújulas, claro. Brújulas mágicas, seguro que nos servirían un montón. Me acerqué a ella porque me interesaba más que los libros, y observaba cómo utilizaba la brújula.

Era una brújula que se podía cerrar, y cuando se abría, mostraba una pantalla con un dibujo de lo que aparentaba ser esta calle. Tenía el nombre y todo. Mientras Shair pasaba el dedo, iba cambiando de locación. Era como… usar Google Maps en el celular, algo así.

—Creo que esto nos sirve.- Ella comentó.

—¿Crees?- Yo interpelé.

—Sí. Ahora… tomaré cuatro.- Shair procedió a tomar cuatro.

—¿Vas a comprarnos una a cada uno?- Interpelé, entre tanto ella se acercaba al mostrador para hacer con precisión aquello que interpelé en primer lugar.

—Sí, eso estoy haciendo.- Y sí, eso era lo que ella estaba haciendo.

Se acercó al mostrador, y una chica vestida de maga genérica nos atendió. Era bonita, llevaba el pelo de un morado bastante claro, junto a un gorro morado pero ese sí era oscuro.

—¿En qué les ayudo?- La chica en el mostrador nos consultó.

—¿Cuánto valdrían… cuatro de estas?- Shair interrogó, poniendo las cuatro brújulas en la mesa.

—Mmm… cuatro de estas serían… ocho monedas de cobre.- La empleada nos dio el precio.

—¿Te puedo pagar con una de plata?- Shair preguntó.

—¡Claro!- Y la empleada le dio el visto bueno, por lo que Shair se la pasó.

La empleada guardó la moneda, y buscó el cambio. Nos dio las doce monedas de cobre, y las brújulas.

—¡Muchas gracias por comprar aquí!- Ella nos agradeció.

—¡No es nada!- Y Shair contestó con amabilidad, dándome una brújula y llevándose las otras tres.

Por su parte, Yaku y Zakko seguían observando libros. O… lo correcto sería decir que Yaku los veía y Zakko la miraba a ella.

—No…- Fue lo único que escuché cuando nos acercamos, de parte de Yaku.

—¿No qué?- Interrogué, para hacerles saber que estamos presentes.

—Zakko, ten.- Shair le entregó la brújula que le correspondía. —Yaku, tú también.

—¿Qué es esto?- Zakko dudó al tenerlo en las manos.

—Es una brújula. Mueve… eso, y se abre.- Le enseñé, ya que es cierto que cerrado parece cualquier otra cosa.

—Oh…- Zakko se sorprendió, y comenzó a usarlo.

—¿Qué buscaban?- Shair parecía interesada, y cuestionó.

—Yaku vio libros y se interesó, mas no parece haber ni uno que le llame la atención.- Zakko le solucionó la duda. —Por cierto, Kairo, quizá a ti te interese. ¿Quieres echar un vistazo?- Se dirigió a mí, ahora.

Me acerqué un momento, para notar que en realidad se trataba de magia básica de elementos. No obstante, sí me interesaba, sobre todo el de tierra. Recuerdo haber mencionado que quería aprender algo con lo que pudiese atacar, y usar proyectiles como rocas pequeñas no me había disgustado.

Tomé con mis manos el de tierra, dándome cuenta de que estaba hecho con un material muy… raro. Era duro, mas no desagradable. De hecho, me gustaba tenerlo en las manos.

—¿Lo quieres?- Shair se me aproximó.

—Eh… tal vez…- Me daba pena pedir que me comprasen cosas, sin embargo… en verdad quería aprender de magia.

Shair me lo arrebató de las manos y se acercó al mostrador. Yo me quedé quieto, observando cómo ella iba a comprarlo.

Con esos segundos que estaba sin hacer nada, me detuve a analizar todo lo que veía. Divisé bastones, aunque no vi a nadie nunca con un bastón mágico. No deben ser de mucha utilidad, o quizás cumplen otra función.

La mayoría por no decir todos los que he visto que usan magia, no presentan muchos problemas al hacerlo. No sé qué tan útil podría ser un bastón mágico a estas alturas.

—¡Hola! ¿Alguno quiere algo más?- Shair interrogó, ya que estábamos.

—No, yo no.- Yaku parecía decepcionada.

—Yo… tampoco.- Zakko también se negaba. —¿Por qué… me lo pasas?- Shair le estaba entregando el libro a él.

—Para que lo guardes.- Shair le ordenó.

—Ah, está bien.- Zakko abrazó su destino y se lo tragó. Supongo que eso no me importa que se lo trague.

Con esas, salimos de la tienda, ahora con un aparato mágico conveniente para encontrar nuestro destino.

—¿Cómo era que se llamaba el pueblo?- Shair no aparentaba tener mucha mejor memoria que yo.

—Calandos.- Por suerte, Yaku sí se acordaba.

—¡Gracias!- La peliverde le agradeció de forma instantánea. —Habrá que… encontrarlo.- Y se puso a deslizar para cualquier lado hasta encontrar la calle.

Estuvimos parados como idiotas un par de segundos hasta que al final la encontró.

—¡Bien, síganme! ¡Es para el este!- Shair afirmó, encaminándose mientras miraba la brújula.

—Tuviste buena intuición.- Decidí comentarle algo positivo para que no todo fuese hacerla enfadar.

—¿Estás siendo sarcástico?- Ella me preguntó.

—Para nada.

…

—En serio. ¿Por qué me miras así?- Shair no se fiaba de mi persona.

«Es cierto. ¿Con esto podría encontrar el parque Coen, no?».- Caí en cuenta. Y con eso en mente, abrí el mío también, deslizando con el dedo para todos lados hasta que saliese escrito “parque Coen” o… algo así. Yo imaginaría que saldría escrito, aunque existía la posibilidad de que no.

Caminábamos y caminábamos. Ni yo encontraba el parque Coen, ni nosotros al parecer el gremio. O… estaba lejos, una de dos.

No sé ni cuántos kilómetros caminamos ya. No obstante, de un momento al otro, empecé a avanzar solo.

—¡Kairo!- Shair me llamó.

Al voltearme, estaban los tres detenidos. Observé con más detenimiento, y vi una entrada abierta con… la descripción que nos había dado el hombre tiempo atrás.

—Ah. ¿Por qué no avisan?- Les saqué en cara como si fuera su culpa que yo no estuviese atento. Claro que yo no tenía que hacerme responsable de mis errores, alguno de ellos tenía que hacerlo.

—Espabila.- Shair me contestó.

«¿Espabila?».- Me hizo ruido, mas… quería imaginar que se trataba de algún fallo raro con mi cabeza.

Me acerqué a ellos, que se estaban acercando a la vez a la entrada de lo que se suponía que era el gremio. Desde fuera, sí se percibía como… el gremio de Giruboken. O sea, era una entrada súper pequeña en comparación, no obstante, la decoración y todo eso…

Por fuera parecía como una pequeña casita, con una bajada a lo que era en efecto, un bar subterráneo. Bajamos, y las luces de inmediato dieron esa vibra.

Habían dos caminos: si seguíamos de frente, llegábamos a lo que presuponía se trataba del lado de aventureros, pues distinguía el tablón de misiones, el uniforme que era el mismo que en Giruboken, entre otras cosas que eran idénticas.

El otro camino, era si íbamos hacia la derecha, la cual había otra pequeña bajada de como dos o tres escalones, que llevaba a la parte del bar. Desde aquí se divisaba bastante, mucha gente comiendo y bebiendo a partes iguales. Trabajadores sirviendo bebidas, y la gente luciendo como esperarías que luzca la gente que acude a estos bares.

Había bastante gente que llevaba ropaje de aventurero de todas formas. Me llamaba la atención porque en las calles de Lusiudá no se avistaban tantas personas con ropas extrañas como sí en Giruboken. Cosa razonable, si Giruboken es un pueblo para aventureros novatos, estaría repleto de aventureros.

Sin embargo, la diferencia seguía llamándome la atención.

Tras observar un segundo, Shair se encaminó claramente al mostrador que parecía ser la parte del gremio. Caminamos junto a ella, por suerte no había nadie antes que nosotros. La mayoría o estaban rodeando el lugar o viendo el tablón de misiones.

—¡Hola!- Shair saludó a la chica que trabajaba allí.

—¿En qué les puedo ayudar?- La empleada consultó.

—Bueno… verá, nosotros venimos de Giruboken. Tengo entendido que para completar misiones y todo eso necesitamos actualizar nuestras tarjetas de aventureros.- Shair iba directo al grano.

—Oh, claro que les puedo ayudar. ¿Ustedes cuatro, no?, Denme sus tarjetas y se las actualizaré sin problemas.- La empleada nos pidió las tarjetas.

—Zakko.- Shair lo llamó, porque al parecer las tenía él.

—Ah, sí.- Zakko las soltó de su mano, las cuatro.

Shair procedió a entregárselas a la empleada y ella se alejó unos segundos. Desde aquí, era capaz de vislumbrar cómo pasaba nuestras tarjetas una por una en una máquina extraña. La máquina las aplastaba, y a los segundos la soltaba. Al hacerlo, la trabajadora escribía algo en una esquina, y así con las cuatro.

Al término de ese ciclo, regresó con nosotros.

—Gracias por esperar. Aquí tienen.- Nos entregó las tarjetas de aventureros.

La peliverde nos entregó nuestras tarjetas a nosotros para que las tengamos. Por ello, quise observar si se notaba diferente.

No… lograba identificar todas las diferencias, por no decir que no había ninguna. Quizás excepto por… un signo raro que no lograba identificar en una esquina. De hecho, eran dos, pero el otro sé que existía en la otra tarjeta de aventurero antes de venir a aquí. Podía asumir que uno representaba a Giruboken, y el otro a Lusiudá.

Uno era un libro con… como una espada, o un objeto filoso, entre medio. Ese será el de Giruboken. El de Lusiudá era como… una media luna, con tres líneas representando brillos, imagino. Era característico, sí. Se sentía como coleccionar medallas de gimnasio en un juego que empieza con P y acaba con okémon.

—¿Eso vale dinero, no?- Shair cuestionó, segundos después.

—No, es gratis. No se preocupe…- La encargada le habrá aliviado diciendo que no tenía que pagar de más, imagino. No obstante, sonó… algo extrañada diciéndolo. —¿Ustedes son… Dearu?- Nos reconoció, para variar.

—¡Sí!- Shair afirmó sin pensarlo. Aunque tampoco sé qué debería pensar.

—Oh, es un gusto haberlos atendido. ¿Ahora estarán por Lusiudá?

—Sí. Vinimos por… eh, es cierto. ¿Usted estará aquí siempre?- Shair pareció recordar algo, y quiso asegurarse de que ella se mantuviese trabajando en el gremio.

—Mientras no me aniquilen, sí.- La empleada soltó en tono cómico.

—Es que… nos interesaba ir hacia… Rewíc. Tengo entendido que hay una mazmorra que en un tiempo se podrá explorar. Por ello mismo… ¿Sería muy problemático pedirle que nos informase cuando se abra?- Shair se expresaba bastante formal cuando quería.

—Podría avisarles cómo avanza el tema, sí. Oigan… ¿Podrían darme un autógrafo?, a mi hermano le gustó mucho el Duel’Grot de ustedes. De hecho, Kairo fue su favorito. Estoy seguro que le gustaría una firma de él.- La empleada afirmó, viéndome a mí.

Con esa afirmación, mi equipo también volteó a mí. Yo me hallaba sorprendido, primera vez en mi vida que me piden algo así o parecido.

La chica del gremio sacó un papel y un lápiz, para que yo pudiese firmar. Ni siquiera sabía con qué carajos firmar, siempre lo hice solo con mi nombre. O sea, supongo que era lo que iba a hacer… aunque que la firma sea mi nombre es como muy… insípido.

—¿Firmo… aquí?- Estaba nervioso, por lo que consulté a la chica del gremio a pesar de ser obvia la respuesta.

—Sí, por favor.

Yo tomé el lápiz, y procedí a escribir mi nombre. Sin pensarlo mucho, debajo de este añadí una carita escrita. En específico, sería la de dos puntos y una “P”. Formando la increíble y formidable “:P”, una de mis favoritas caritas escritas.

—Ay, ¡Gracias!- La chica del gremio me agradeció luego de firmar.

—… De nada…- Me daba muchísima pena estar en esa situación.

Shair aplaudió de fondo, mostrándose alegre por la escena.

—Es un gusto haberlos atendido, de verdad. Mi hermano no me creerá.- La chica del gremio comentaba. —Por favor, tengan mucho cuidado. Eso, y disfruten de Lusiudá.

—¿Por qué cuidado?- Cuestioné por instinto.

—Últimamente… han habido ataques de demonios en Lusiudá. Esa es la razón de la que haya tanta guardia civil por ciertas calles. Lamentablemente… no tenemos ningún informe al respecto, nadie se ha animado a investigar a los demonios, por lo peligroso que puede llegar a ser.- La chica del gremio aclaró.

—A nosotros nos atacó uno en el viaje, creo.- Shair añadió de fondo.

—¿Cómo? ¿Cómo que crees?- Interpelé un tanto exaltado, al oírle decir eso.

—… Es verdad, ya no tienes la cicatriz.- Yaku se acercó a ver la cara de Shair.

—¿Qué cicatriz?- Zakko preguntó.

—Ninguna, no te preocupes.- Shair pretendía calmarlo.

—Pero… pero, ¿Qué cicatriz? ¿Por qué no dijiste nada?- Zakko por obvios motivos no se calmó.

—¿De qué iba a servir? Digo, no cambió nada. Estoy aquí, estamos aquí.- Shair aparentaba no querer hablar mucho al respecto. Aunque me parece un poco… despreocupado de su parte, por no decir otra cosa.

—¿Así que ustedes se vieron afectados? Lo siento mucho. Noto que no sufrieron muchos daños por suerte. Si nos llega alguna información que les permita cuidarse más de los demonios, se las diré la siguiente vez que vengan. Si es que tenemos la suerte de hallar gente que se involucre…- Los comentarios de la chica del gremio no dejaban mucho al pensamiento libre, está claro que está interesada en que nosotros nos involucremos.

—Espero que puedan encontrar gente. Y… gracias, de nuevo. Eres muy amable.- Para su pesar, Shair no es de las que detectan muy bien las indirectas.

—Eh… antes de que se vayan… ¿Podrían firmarlo todos?

Con esa petición, al final todos firmaron en la hoja de la chica del gremio. No me detuve a ver las firmas de todos, mas la que más distinguí fue la de Shair. Que en su “i” había una estrella en vez de un punto. Llamativo.

—¡Chau!- Shair se despedía, tanto con el habla como con gestos.

Yaku, Zakko y yo solo con gestos.

Una vez fuera, los cuatro nos detuvimos, contemplando los alrededores y disfrutando la brisa. Hacía frío, mas no el suficiente como para ser desagradable. Al menos no mientras nos mantuviéramos en calor.

Pasaron unos segundos antes de que ninguno dijese nada.

—Entonces… ¿Saben usar la brújula? ¿Kairo y Yaku?- Shair nos interrogó a las personas con ese nombre que ahí sale.

—Supongo.- Yo no estaba seguro del todo, por eso no asentí.

—Yo no la he tocado.- Yaku mencionó.

—De hecho, diría que sí.- En verdad, sí estaba seguro. De saber cómo se usa, lo sé. Otra cosa es que encuentre los lugares que busco.

—¿¡De verás!?- Shair aparentaba estar animada luego de mi confirmación a medias.

—Eh… sí… ¿Por qué?- Cuestioné el origen de su felicidad.

—Es que… quería aprovechar el día para llevar a Zakko a buscar un lugar.

—¿Todavía estás molesta?- Interrogué en buen plan.

—No, mas ya hice mis planes.- Por más que Shair lo negaba, su tono de voz no decía lo mismo.

—… Lo siento.- El perdón es mi mejor arma a la hora de hablar con esta mujer. A saber cuántas veces le llevo pidiendo disculpas.

—¡Bueno, voy…! A irme con Zakko. ¿No les molesta, no?, otro día salimos juntos.- Shair enunciaba.

—No pasa nada, no.- Negué que pasara nada, porque… no pasaba nada. A mí no me importaba… tanto.

—¿Yaku?- Shair la nombró ya que Yaku no había contestado.

—Ah, no, no me im… me da igual. Sí…- Yaku no lucía como alguien a quien le diese igual.

—¿Segura?- Shair era lo suficiente inteligente como para darse cuenta de ello.

—Sí.- Sin embargo, Yaku insistió.

—… Está bien. ¡Nos vemos en la posada, cuídense!- Shair se fue hacia el este, llevándose a Zakko del brazo.

Un Zakko que no pronunció ninguna palabra en esa pequeña conversación. Tampoco tendría mucho que decir, imagino.

El problema ahora era que… ahí nos hallábamos, Yaku y yo. Solos en medio de Lusiudá, sin un plan claro, sin haber quedado en un principio, nuestros compañeros nos botaron aquí. Los dos que menos relación tenían por como cuarta o quinta vez solos por culpa de ellos dos.

O en todo caso… supongo que en el viaje no fue su culpa. Ellos estaban durmiendo, otra cosa es que nos despertáramos antes nosotros.

Yaku pasado unos minutos, se atrevió a emitir un sonido. El cual fue… una pequeña tos forzada.

—Hola.- Decidí ser quien empezara una conversación.

—Hola…- Y ella la continuó. —¿Y ahora qué? ¿Quieres… que salgamos ahora o… mejor nos devolvemos a la posada y que sea otro día…?- Yaku parecía interesada en esa opción.

—No sé. ¿Tú qué quieres?

—Yo pregunté primero.- Yaku quería dejarme toda la responsabilidad a mí. Entendible, en su posición lo haría también.

—Eh… ¿Podríamos… salir, no? No sé…- Aunque quisiera hacer algo durante el día, no tenía ni putísima idea de qué.

«Pero… es cierto. ¡Es cierto!».- Decía en mi cabeza, mientras me llevaba la mano al bolsillo, sintiendo de esa manera la brújula.

—No preguntes dónde, mas… oí de un parque que hay por aquí. ¿Quieres ir?- Ofrecí, así matando dos pájaros de un tiro. Tenía propósito salir con Yaku, y además buscaba el parque Coen para salir con… la chica murciélago…

«Me olvidé su nombre…».- No me lo podía creer, para algo que tenía que retener en mi cabeza…

—Claro. O sea, se suponía que yo fuese la que decidiera a dónde ir… mas si quieres hacerlo tú…- Yaku recordaba nuestro trato.

—Nah, no te preocupes.- Eso, yo. Ahora Yaku se creerá que soy tremenda buena persona y no es que en realidad estoy interesado en otra persona que no está presente y esta salida la estoy aprovechando para encontrar el lugar en donde quedamos.

Suena bastante de mala persona en verdad… tendría que replantearlo mejor.

—¿Sabes… dónde queda?- Ella interrogó lo que había que interrogar y que yo no quería que ella interrogara.

—… Bueno… si me esperas quizá lo encuentro…- Comencé a deslizar en la brújula para todos lados buscando el reverendo parque ese.

Yaku se me acercó para ver cómo lo buscaba. Me sentí presionado, mas… tampoco cambié nada.

—¿Sabes cómo se llama siquiera?- Yaku me preguntó.

—Sí, eso sí.

—¿Y cómo se llama?

—Coen. Yo asumo que… saldrá como parque Coen…- Comentaba, entre tanto lo buscaba.

—Si oíste de él debe ser porque es un lugar importante… ¿No será algo muy grande?- Yaku sacaba conclusiones.

—Pues…- Por intuición, quise deshacer el zoom. No funcionó, estaba estático en la misma distancia. Estoy seguro de que algún día se podrá. —Ah, mira. Creo que lo encontré.- Afirmé, luego de un par de minutos buscando.

—Entonces… podemos ir.- Yaku afirmaba, mas se sentía como una consulta.

—… Sí.- Yo asentí un tanto inseguro. Ni sé porqué.

Teniendo en mente que ya sabía hacia dónde ir, caminé más hacia el este para doblar en la primera calle. Seguí el camino que indicaba la brújula.

Este objeto era muy práctico. Indicaba dónde yo me encontraba en base a… ¿En base a qué?

—¿Cómo funcionará esta cosa…?- Sin querer, cuestioné en voz alta.

—¿La brújula?- Yaku, al escucharme, quiso hablar.

—Sí. O sea… no lo pensé hasta ahora. ¿Sabes cómo identifica que este círculo de acá soy yo?- Apunté al círculo que me representaba. Sé que me representaba porque se movía como y hacia donde yo.

—Lo detecta mientras lo mantengas en tu mano. Mira, préstamelo.- Yaku estiró su mano para que se lo diese.

Se lo di, y ella lo sujetó. Sosteniéndolo, me lo mostró para que lo comprobase.

—Ahora, me detecta a mí. El problema es que estamos caminando juntos. Si me alejo un poco vas a ver que se distancia…- Yaku se alejó un poco hacia el lateral, estirando su mano para que fuese capaz de observar lo que ella explicaba.

—Es… verdad. ¿Tú cómo sabes?- Le interpelé, tras confirmar que era tal y cómo dijo ella.

—Esta brújula era un objeto básico de pequeña. De hecho, teníamos brújulas más avanzadas…

—¿Entonces por qué no le dijiste a Shair que ya sabías usarla?- Recordé que su respuesta fue “Yo no la he tocado”, o algo así.

—Porque no la toqué. No estaba segura de que fuese igual, aunque de hecho, no es igual. Es un poquito peor.- Yaku aseguraba.

Ella de repente hablaba con mucha seguridad. Como si le encantara hablar de algo que sabía.

—Yaku…- La nombré.

—¿Sí?- La albina del mismo nombre, respondió a mi llamado a la vez que me entregaba mi brújula.

—Eres…- De nuevo, no estaba pensando antes de hablar. Sin embargo, ahí estaba, con una mina la cual apenas conozco, apenas he hablado, caminando solo con ella y ella observándome atenta porque yo estaba a punto de decirle algo.

—¿Soy?- Yaku me apuró, porque percibió que me tardaba.

—… Olvida eso.- Luego de un respiro profundo, me rendí.

—¿Por qué? ¿Qué ibas a decirme?- Yaku insistió como insistiría cualquier persona que se queda con la duda.

—Nada… eh… por cierto, ¿Cómo te llamas…?- Se me ocurrió esa duda para desviar la atención.

—Puedes… llamarme Yaku… no me desagrada.- Ella estaba evitando la pregunta.

—¿No me quieres decir tu nombre real? O sea… si no quieres, lo respeto. Solo dímelo.- Se lo dejé claro.

—… Pero no te burles…- Ella me pidió, con un toque de vergüenza.

«Dudo demasiado que sea peor que otros nombres que ya habré escuchado».- Afirmé en mi cabeza.

—Yo… me llamo…-

—¿Vas a decirlo hoy o…?- Le apuré.

—… Monch.- Lo pronunció de forma tan rara y en voz baja que no le oí del todo bien.

—¿Monchi?

—¡No!, sin la “i”. No me digas así.- Yaku parecía molesta.

—Uh, perdón. Es que lo hiciste sonar así…- Pedí disculpas por haberla nombrado Monchi. Aunque no le quedaba mal, era como un diminutivo cariñoso. Quizás por eso mismo no le gusta…

—¿Te molesta si te llamo así?- Le interrogué, a pesar de que dudaba llamarle así, ya me estaba aprendiendo el nombre de Yaku como para intentar aprenderme otro de la misma persona.

—Preferiría que me digas Yaku también.- Como lo esperaba, ella prefería el nombre que le dio Shair. —Zakko me hizo la misma pregunta. Y yo se la hice a él… de hecho, ¿Tú cómo te llamas?- Ella me hizo la misma pregunta a mí también.

—Walter.- Respondí rápido, para sacármelo de encima.

—Bonito nombre.- Ella halagó mi nombre.

—… ¿Gracias?- Me apené… algo. Un poquito nomás.

Estuvimos caminando todo el rato que hablábamos, por lo que pareció que no tardamos casi nada en llegar. Pasó el rato volando desde que empezamos a tener una conversación continúa.

—Se supone que estamos cerca.- Anuncié, ya que la brújula indicaba eso.

—Sí, se nota.- Yaku apuntó hacia delante, y por ello, me fijé.

Desde fuera era… enorme. Era una entrada muy bonita, con guardias rodeando. Decía “Coen” como en un cartel encima de la entrada.

—Se ve… muy lindo.- Fueron las palabras de Yaku, una vez entramos al parque.

Razón no le faltaba, todo era… verde. Tenía muchas flores, montículos de pasto, árboles… hasta habían charcos. Mucha gente en los alrededores caminando, sentados en el pasto…

Mientras más caminábamos en el asfalto, notábamos más cosas de este. Habían pequeños locales de comida y gente pasando el rato, había una fuente… muy linda. Divisaba hasta payasos. Aunque ahora serían bufones o algo así… o bueno, eso suponiendo que sigue siendo edad media.

En realidad… no se parece en nada a la edad media, casi que. Giruboken sí… esto no. Sigo sin entender bien en dónde me fui a meter. Quizás solo… le estoy dando demasiada importancia a algo que no debería tenerlo.

—Oye… mira.- Yaku apuntó, a lo lejos. Creo que logró avistar lo mismo que yo: locales grandes con… juegos.

—¿Quieres ir?- Interrogué. Por más que imaginase que ella respondería que sí, no estaba de más el consultarlo.

—¿Por qué no? Hace mucho no… juego nada que no sea con mi nube.

—Deberíamos conseguir juegos de mesa o cosas así para entretenernos en la posada.- Sugería, mientras nos encaminábamos al local que observamos.

Aparentaba ser como… no muy distante de una zona de juegos de mi mundo. O sea, imaginaría que tendrá cosas como… en verdad, no se me ocurre qué podría tener. No estaba seguro de si serían los mismos juegos siquiera, dudaría que lo fueran. Lo dudaría, a pesar de que muchas cosas en este mundo son iguales que en el mío…

Era… raro, ir a un parque a solas con Yaku. No sé porqué, no era incómodo por ella. No habré salido muchas veces a solas con alguien como para hacerlo con una chica como ella.

Es gracioso, porque de hecho, tendría que venir otra vez, con una mujer que conozco menos que a Yaku incluso. No sé en qué momento pensé que aceptar sería buena idea. Encima, era una chica murciélago, tenía colmillos, lo más tranquilo que va a hacerme es chuparme la sangre y extirparme los órganos para traficarlos en Lusiudá…

«¿Qué tan malo podría ser que me chupe la sangre…?».- Pensaba, embobado.

—Ey, Kairo. Ya llegamos.- Yaku me devolvió a la realidad, pues luego de caminar un rato, llegamos.

Estábamos al frente de lo que confirmaba se trataba de un establecimiento para juegos. Desde la entrada se notaba, y de hecho, veía a bastante gente jugando. Entramos, y pasamos por un mostrador.

Claramente, tendríamos que pagar para pasar y jugar. El problema es que… yo no llevaba dinero conmigo.

—Eh… Yaku…- Quería confesarlo.

Yaku, sin contestarme directamente, pagó ella. Motio por el que nos dejaron pasar.

—¿Tenías dinero contigo?- Le cuestioné una vez dentro.

—Se lo pedí a Zakko, cuando estábamos viendo… o estaba viendo, los libros en la tienda de objetos mágicos.

—Ah, tiene sentido.- Tenía sentido para mí, sí. —… ¿Y ahora? ¿Tú ya has estado en un lugar así o… no?

En verdad, se ve como se vería una sala de juegos en mi mundo. El problema es que nunca fui a uno en mi mundo o… no lo recuerdo. Y si fui, no fue con… alguien como Yaku, desde luego.

Yaku por su parte, sí parecía llamarle la atención algo en específico. No me dijo nada, mas se aseguró que fuese con ella mirándome. Yo por mi parte solo me dejé llevar.

Acabamos acercándonos a unas mesas que por lo que alcanzaba a percibir… eran como un… ¿Mini hockey?, esto debería tener otro nombre… era un disco en medio, y cada uno sujetaba una pieza para golpear el disco y puntuar… como hockey, solo que no habían piezas simulando jugadores como en el mini futbolito.

Como era conveniente, las personas que estaban jugando se fueron poco antes de que llegásemos, por lo que teníamos libre jugarlo.

—¿Quieres jugar?- Yaku me invitó, colocándose en frente.

—Eh…- Estaba dubitativo, necesitaba tener una discusión en mi cabeza.

«Nunca en mi vida jugué esta cosa. ¿Ella lo habrá jugado…?».- Decidí juzgar en base a la expresión del rostro de Yaku. «Tiene pinta de que sí. ¿Se notará que yo no he jugado a esto nunca en mi vida? Esa es otra duda importante. Bueno, cualquier cosa, cuando le gane, le digo que fui campeón del mundo en la infancia. Así no se siente mal»

—Dale.- Me animé, y tomé la pieza que me tocaba.

Menos mal que el “cuando le gane” solo lo pensé y no lo dije en voz alta. Me dio una paliza increíble. Hasta sentí que me robó el alma. No le marqué ni un punto, y encima, ella me marcó ocho.

Yaku celebraba de fondo, mientras yo solo veía la palma de mi mano, yaciendo ahí, derrotado… humillado… perdiendo contra una mujer. ¿Cómo podía permitírmelo?, está dañando mi ego masculino. Necesito aplastarla en otro juego… pero por más que cambiaba de dirección, no visualizaba ningún juego en el que me sintiese seguro. Bueno, es que para empezar nunca jugué casi ninguno de estos.

—¿¡Quieres jugar otra!?- Yaku por su parte, parecía animada.

Aceptarle sería perder otra vez, mas… no sé qué tan fácil sea verla así de animada. Acabé concluyendo que no me molestaba tanto dejar que me destruya el ánimo con tal de que ella disfrutase jugar.

Jugamos un rato más… y un rato más todavía. A Yaku le gustaba este juego, mucho. Encima era buena, una cosa llevará a la otra imagino. Yo… ya por el ego masculino ese… quería al menos marcarle un punto.

Me tomó… tres partidos más sin contar el primero, mas… por fin, le marqué un punto. Le hallé la maña, y de hecho, marqué dos.

Todo iba encaminado a que ganase… solo me faltaba marcar otros tres puntos y la superaba. Acabó el tiempo y me ganó cuatro a dos. No obstante, yo ya conseguí marcarle puntos. Era mi reto, mi propósito.

—¿¡Quieres jugar otra cosa!?- Percibía a Yaku hiperactiva. Era súper raro verla así, hasta que… caí en la otra vez que la vi así.

Fue en el Duel’Grot. Al marcar un punto. Ella estaba halagándome y casi hasta me abrazaba, creo tener la sensación.

«La competición le enciende el alma…».- Concluí, viéndola a los ojos, notando un fuego intenso. En verdad no notaba nada, mas sus ojos sí que brillaban un poco más, eso sí. Asumí que era por la luz del local. «Esta tipa sería de las personas que le pegan a la mesa cuando pierden a un juego competitivo. Menos mal nació en este mundo y no en el mío, ya estaría en un psiquiátrico por gritarle a un niño de doce años que le ganó en el Clash Royale».- Fue mi pensamiento final.

Aún así, me motivé a jugar con ella para pasar el rato. De todas formas, no habían muchos juegos que no fuesen competitivos. Pasamos por juegos… únicos, por decir algo. Uno era como un tres en raya en una mesa, solo que habían como técnicas extrañas que no supe usar ninguna porque Yaku no se molestó en explicarme, todo para ganar. Tremenda desgraciada.

Un juego llevó al otro, y acabamos en uno de lanzar dados a una diana en movimiento. Se marcaban los puntos, yo tenía unos dardos azules y ella unos rojos.

—¿Quieres empezar?- Yaku sugirió.

—No… yo empecé el último. Inicia tú.- Quería ver qué tan buena sería Yaku en este.

—Está bien…- Ella se acercó y comenzó a calcular. Tras disparar, consiguió doce puntos, tras darle a una línea bastante reducida en la diana.

Yo quería imaginar que la precisión se me daría bien, pues en el Duel’Grot disparaba proyectiles y los daba… mas… no sabía si usar magia en esta cosa sería ilegal…

—¿Se puede usar magia?- Por si acaso, lo pregunté.

—No. Tramposo.- Yaku negó de forma instantánea, y además me llamó tramposo.

—¿Por qué? Solo… preguntaba.- Quizás sí pensé en usar magia, no lo negaré.

Apunté con cuidado, y disparé. Trece puntos, pues le di en la misma línea, solo que más cerca del centro.

Así fuimos intercambiando, avanzando tiro a tiro. Eran cinco, y nosotros íbamos puntuando poco a poco. Antes del tiro final, ella tenía cincuenta puntos y yo cuarenta y seis. Se me complicó el mantener la ventaja cuando ella marcó en el centro.

«Qué locura. Esta tipa… es la mejor del mundo en estos juegos…».- Me sorprendía cada vez más. No sé si será experta en estos juegos porque en su casa o en su infancia los habrá jugado, o es que cuando se trata de algo competitivo se le enciende la chispa y se vuelve una prodigio de cualquier cosa. En las peleas de desempate del Duel’Grot también fue así. Le ganó de goleada a Hiwa.

Ella disparó, y marcó diez, dejándome la única opción de o marcar catorce y forzar un empate, o quince y ganar por uno. Aunque… era más fácil marcar veinte que quince, ya que veinte era el centro y quince muy cerca de este.

Apunté, y me tomé todo el tiempo que requerí para que mi tiro fuese certero. Tras por fin sentir que el viento giraba a mi favor, disparé.

Marqué quince puntos, ni más ni menos. Rocé el centro, no obstante, me bastaba para ganar.

—¡Bien! ¡Puta madre, qué difícil!- Me exalté celebrando la única victoria que levanté en contra de la bestia de los juegos presenciales; Yaku.

—Bien jugado.- Yaku se denotaba medio molesta por perder. Que se joda, antes me fardó todas las que me ganó.

Aún medio molesta, me ofreció la mano. Lo hizo con la mayoría de juegos, de hecho. Eso sí que no lo hizo en el Duel’Grot, asumo que debería tomármelo bien el que me la esté dando.

—¿Quieres jugar otra vez…?- Le ofrecí, tras haberle ganado en un solo juego. Es que de verdad, fue increíble por fin ganarle. Se sentía tan bien.

—Me gustaría, pero… ¿Cuánto tiempo llevamos aquí?- Yaku cayó en cuenta de que llevábamos un buen tiempo jugando.

Caminamos juntos hacia cerca de la entrada, para ver si alcanzábamos a distinguir el sol. Aún posaba, sí, mas se veía todo naranja. Asumimos de inmediato que estaba atardeciendo.

—¿Qué tal si nos vamos regresando a la posada?- Yaku propuso, con más ánimo que cuando perdió.

—Por mí bien…- No negaré que tenía ganas de jugar más. Al menos, me lo pasé bien. Bastante bien.

«Quizá fue el día que mejor me lo pasé… y eso que fue a solas con Yaku. El jugar cosas me fascina, incluso si eran cosas simples como las que habían aquí».- Pensaba, a la vez que junto a Yaku, salíamos del local, hacia el parque. «A ella también parecía gustarle mucho jugar… al menos compartimos algo. Me gustaría venir otra vez, incluso… me gustaría venir acá otra vez con ella. Necesito ganarle en más cosas».- Hablaba mi voz interna, mientras yo observaba a Yaku, que observaba hacia el frente.

—Deberías decirle a Zakko que te dé dinero. Al menos, para tener algo para ti. Tenemos… demasiado. No creo que Shair se dé cuenta y a Zakko no le importará darte.- Yaku me decía, a la vez que caminábamos dirigiéndonos a la salida.

El parque era gigante. Desde este lugar no se veía la salida, sin embargo, el camino era fácil de recordar.

—Supongo que le puedo pedir, sí. Me servirá…- Le agradecí la sugerencia, sobre todo porque… ya estaba pensando en Mitsune. Caer en una… salida. Me da cosa llamarlo cita… aunque sea una cita. No la conozco casi en nada, me dejé llevar por lo linda que me parecía… y la diferencia que sentía con ella en comparación a… justamente Yaku, por ejemplo.

Yaku me parecía muy linda, de hecho… no sé qué tanta diferencia podría haber entre ella y Mitsune. No obstante… Yaku no me genera muchos sentimientos más allá. Tal vez es por lo que dije antes de que la conocí siendo casi que dependiente de Zakko… tendría sentido para mí.

No estaba mal conocer a alguien que no estuviese relacionado con ninguno de ellos. Me interesa bastante, en verdad.

—Fue muy divertido, Kairo. Gracias.- Yaku me detuvo en pleno momento reflexivo.

—¿… Gracias por qué?- Me extrañó.

—Por traerme, ¿Por qué más sería?

—Y no sé… pero de nada, supongo. Yo también me lo pasé bien…

—¿De dónde escuchaste este parque?- Yaku hizo la verdadera pregunta.

Y ahí yo, me cuestioné si contarle de Mitsune. Por algún motivo, pese a que al final me decidí por no decirle un carajo y mentirle. Si tenía que presentarle a Mitsune, que sea cuando Mitsune sea mi amiga y no una desconocida.

Si Mitsune se une a nuestro grupo que sea porque me conoce a mí y no a nadie más.

—Creo que soñé con el nombre… no sé porqué.

—Oye… no recuerdas casi nada de tu vida, se supone. ¿Cómo recuerdas tu nombre? ¿O tu edad?- Yaku comenzó a indagar mucho en mi vida… a indagar muy… peligrosamente para mí.

—Eh…

—Tengo entendido que te apareciste en donde Shair y Zakko se quedaban a dormir. ¿En serio no recuerdas cómo llegaste ahí? ¿Pero tu nombre sí? Quiero decir, no me llamaría tanto la atención si no aclarases tantas veces que no recordarías ni nuestros nombres si no nos vieses todos los días.

—Pero es mi nombre… nunca podría… olvidarlo.- Contesté un poco inseguro. No me parecía tan raro el que solo recordase mi nombre, después de todo, es mi nombre. Solo que… estaba mintiendo todo este tiempo, nunca me puse de acuerdo cómo mantener la mentira.

—No quiero… que pienses que te estoy interrogando como si te fuese a llevar a la policía o algo así… solo… siempre tuve estas dudas y por eso a veces dudaba de ti.

—¿”Dudaba”?- Habló en pasado y me llamó la atención. Fue el instinto el que me hizo solo nombrar eso.

—Sí… supongo que después de pasar toda la tarde contigo confío un poco más.- Ella contestó sonando un tanto sarcástica.

Me quedé unos segundos con la mirada muerta hacia el frente. La puesta de sol mostrándose, se mantenía hermoso el parque aún con el atardecer.

—… No sé, Yaku. Yo tengo tantas dudas como tú y… me encantaría que alguien me las contestase también. Entiendo que desconfiases de mí o incluso que desconfíes. Yo también lo haría en tu lugar.- Quise hablar sin mentir, mas evitando la verdad. Creo que lo hice bien.

—Está… bien. Perdón. Es que… ya que estábamos, quería aprovechar para hablar algo más serio contigo. Perdón si arruiné el momento, estaba siendo entretenido.

—No te preocupes. No me importa a mí. Yo nunca tuve problemas contigo, eres tú la que… me hablaba feo.- Me hice la víctima.

—Sí, supongo. Zakko también me lo decía y tú me lo dijiste dos veces ya. Pero… hoy no te hablé mal, ¿No?

—Creo que no.- Caí en que al menos todo este rato me habló bastante bien. —Excepto cuando ganabas…- Me habló bien excepto… pues ahí dice cuándo.

—Perdón también.- Yaku al menos lucía arrepentida por haberme presumido ochocientas veces que me humilló en un juego en el que sabía que me ganaba y aún así quería repetir.

—Está bien. Otro día tenemos que venir, quiero ver si te puedo ganar a otras cosas.- Salió de mi alma el sugerirle venir otra vez.

—¡Claro!- Para mi sorpresa, Yaku aceptó muy rápido.

El camino otra vez se hizo ameno. Ya casi salíamos del parque, ahora había menos gente. Estaba cuestionándome si dormir todo este rato esperando despertar en la noche, o quedarme despierto hasta las tres de la mañana. Seguía sin un modo de leer la hora, de hecho…

«¿La brújula lo dirá?».- Pensé, en si por casualidad, la brújula leía la hora. Por más que buscaba; no. No la leía.

Salimos del parque, y con ayuda de la brújula, buscaría la calle en donde queda nuestra posada…

—¿En qué calle quedaba nuestra posada? Tú que tienes buena memoria.- Le pedí a Yaku que me lo recordara. No existirá Google, pero existe Yaku. Cuando no tenga a Yaku, no me quedará de otra que perderme y esperar a que me encuentre la policía o algo así.

—Binmet.- En efecto, Yaku resolvió.

Busqué la calle Binmet más o menos dibujando el trazo que caminamos, ya que al menos mi memoria fotográfica era decente. Encontré la calle, y nos encaminamos.

—Oye, Yaku…- Quería pedirle dinero ahora, para ver si compraba un reloj o algo así en la tienda mágica, una vez pasáramos cerca de esa calle.

Sin embargo, Yaku estaba en la suya. No me prestaba atención.

—Yaku.- La volví a llamar, ahora dirigiéndole también la mirada. —Yaku…- Por más que lo intentaba, ella no respondía.

—¡Monchi!- La llamé, claramente provocando su reacción mediante la molestia de que la llamase así.

—No pienso contestarte.- Ella, valga la redundancia, me contestó.

—¿¡Por qué!?- No entendí qué hice mal.

—Te dije que no me llames así.

—Pero antes no te llamé así y tampoco me contestabas.

—Eso fue porque… estaba pensando otras cosas.- Yaku tampoco me miraba.

—Perdón. Te pido demasiadas disculpas, más de miles. Un montón, exageradas. Nunca pedí tantas disculpas como te las estoy pidiendo ahora, por favor, perdóname.- (No) le pedí disculpas.

Conseguí que ella se volteara.

—¿Quieres pedirme algo o… por qué tan exagerado?- Yaku me leyó como a un libro abierto.

—¿Me das dinero?- Y yo acepté que me leyese.

—Depende. ¿Para qué?

—Es que… quisiera comprar un reloj o algo que me ayude a saber la hora.

—… ¿Para qué?- Ella reiteró la pregunta, con todo el sentido del mundo.

—Es que…- Me hallaba en una encrucijada. No quería decirle de mi cita, mas tampoco se me ocurría otra excusa. —… ¿Me gusta saber la hora?- Ni yo me la creí.

Es literal, ni yo me la creí, mucho menos ella. Me miró con la cara más típica de ella, la que sentía que quemaba mi alma. Solo que me acostumbré tanto que ahora era otra simple cara de póquer más.

—Te puedo dar- Yaku acercó su mano con monedas a mí. —si cuando le pidas a Zakko, me das lo que ahora te dé.- Alejó su mano, dejando claras sus condiciones.

—Está bien, te lo prometo.- Estiré mi mano para que me diese las monedas.

Ella ocupó observarme unos segundos hasta que confió en mí y me dio unas monedas de cobre y una que otra de plata.

Según la brújula, ya pasamos el gremio. Ni me di cuenta, no paramos de caminar en ningún momento. Eso quiere decir que no estamos tan lejos de la tienda mágica, por lo que requería estar atento.

No hubo mucha conversación en el trayecto, ya no hacía falta rellenar con charlas para que no fuese incómodo el silencio con Yaku.

Estuve atento, por lo que me percaté de cuando llegamos a la tienda de objetos mágicos esa de antes.

—¿Me esperas?- Le pedí a Yaku. —Aunque si quieres entras conmigo, no me importa.- Yo asumí que ella preferiría esperar afuera.

—Espero aquí afuera, tranqui.- Yaku me dio a entender de que asumí bien.

Entré, y busqué lo más parecido a un reloj… lo cual no era ningún objeto que veía. Por más que caminaba y daba vueltas, no divisaba ningún objeto similar a un reloj.

—¿Lo puedo ayudar en algo, señor?- La misma chica vestida de maga, me interrogó.

—Eh… sí… ¿Tiene algún objeto que diga la hora o algo así? ¿Una alarma mágica… o un reloj mágico…?- Diciéndolo en voz alta, quizás este no es el local en donde debería buscar un reloj.

—¡Claro, acérquese!- Por suerte para mí, la chica tendría algo similar.

Me acerqué al mostrador, mientras ella sacaba algo de debajo de este. Subió a la mesa un artefacto… que era un cuadrado muy pequeño, con… una pantalla o algo así.

—La hora la muestra así.- La chica indicó, apretando el cuadrado desde arriba y abajo.

Tras hacerlo, se mostró la hora en la pantallita esa, como si fuese un holograma, en celeste. Eran las siete de la tarde. En específico; siete y cuarenta y tres.

—¿Cuánto cuesta?- Consulté.

—Unas… quince de cobre.

Ahora que lo pienso, no me manejo muy bien con el dinero. No tenía quince monedas de cobre exacto, solo tenía un par y unas de plata. Entiendo que la plata será mejor, eso sí…

—¿Puedo pagar con una de plata?

—¡Por supuesto!- Con esa respuesta afirmativa, le entregué una de plata, y ella me dio el objeto y cinco de cobre. —¡Muchas gracias por volver, espero que se repita!- Ella identificó que antes también entré a la tienda. Era agradable, si necesitaba algún objeto, volvería a este lugar.

Salí con el cuadradito este en la mano. Era muy pequeño, incluso más de o que lo podría ser un reloj de muñeca.

—¿Y el reloj?- Yaku cuestionó.

Le mostré el cuadrado ese raro, apretándolo desde arriba y abajo, indicando la hora.

—… Se ve… decente, supongo. Es minúsculo… al menos es… funcional.

—Puedes insultarlo si quieres, no es que lo haya hecho yo.

—Está bien feo, ¿Por qué compraste ese?- Yaku se liberó cuando se lo permití.

—Era lo único que había. Al menos es funcional, ¿No?, tú lo dijiste.- Le di la razón, mientras me encaminé a la posada.

—Sí, eso quiero creer. Si no lo fuese sería el colmo, además.

Luego de que Yaku acabase de quejarse de mi artefacto mágico que me dice la hora de manera mágica porque es un artefacto mágico, nos aproximábamos a la posada de nuevo. No hice casi nada en el día, al menos de ejercicio o algo así, y aún así estaba cansado. Puede ser que se deba a que no dormí bien ayer.

Pasamos las calles, a la gente en las mismas, viendo cómo a veces nos miraban. No me extrañaba que nos miren de todas formas, digo, yo también los miraba a ellos. Quizás se están persiguiendo ellos más que yo.

Unos minutos tardamos en regresar a la posada. Entramos por la sala principal, y el trabajador nos detuvo antes de ir directos a nuestra habitación.

—¡Oigan, ustedes! ¿Al final… encontraron el gremio?- Ahí recordé que este tipo nos había estado haciendo el trabajo de investigación.

—Sí… lo siento por… que se lo pidieran.- Me sabía mal que se quedara esperándonos para que al final lo encontrásemos de todas formas.

—Ah, está bien. Me alegro que lo hayan encontrado.

—… ¿Eso quiere decir que no ha visto a los otros dos llegar, no?- Caí en cuenta.

—Nop.- Él respondió.

—Gracias. Buenas tardes.- Me despedí de él, para acercarme a nuestra habitación. Yaku sin decir ninguna palabra, me siguió.

De lo que me percaté en ese momento fue de que…

—No tenemos llave.- Estábamos afuera de la puerta, sin poder abrir porque no nos llevamos la llave. O sea, Zakko debería tener la llave.

—¿Cómo?- Yaku se sorprendió, al recordar ese pequeño detalle.

Nos sentamos como idiotas afuera de la puerta esperando a que Shair y Zakko se aparecieran con la llave.

—Al menos las vistas son bonitas, ¿No?- Interpelé, por sacar algo bueno de este rato tirados en el piso afuera de la habitación.

—Sí…

Rechinó la puerta.

—¿Qué están haciendo?- Zakko abrió desde dentro. —La puerta estaba abierta, ¿Siquiera… intentaron abrirla?

Yo… procedí a plantármele con una cara de ojete. Puse ambas manos en sus hombros, y estaba a nada de recitarle al menos siete párrafos del principito, para que reflexionase.

—¡Zakko!- Yaku por su parte, parecía alegrarse de verlo.

—Tienes… las manos heladas.- Zakko comentó al sentir mis manos en su hombro. Y eso que llevaba la gabardina esa, que no parece ligera.

—Tengo un frío que… un frío que te cagas, chaval.

—¿Un frío que qué cosa?- Zakko quedó loco. —Ah, hola… Yaku. Pasa.

—¿¡Llegaron!?- Se oyó de fondo a Shair.

—Hola.- Yaku saludó, entrando. Yo también entré, luego de amenazar de muerte a Zakko con la mirada.

—¡Pasen! ¡Los estuvimos esperando!- Shair sonaba demasiado motivada, como si tuviese algo planeado.

Al adentrarnos, Zakko cerró la puerta, y Yaku y yo nos aproximamos a la mesa. Había un… juego de mesa, justo. La portada por fuera se asemejaba a… algo como el Monopoly. Tenía… casillas, figuritas…

—¡Lo compré para que jugáramos! Vengan. Juguemos un par…- Shair sin dudas estaba muy emocionada por estrenarlo. Sacó el tablero, y nos explicó por encima las reglas.

Me encantaría… explicarlas una por una, no obstante… mi cabeza decidió omitirlas porque asumí que era un Monopoly. Cuando me dijeron que una vez entraba en la cárcel no podía pagar para salir, mas sí que podía gastar dinero desde dentro para con suerte conseguir escapar, me perdieron.

Sobre todo cuando acabé volviéndome prófugo y más vagabundo de lo que ya era en la vida real. Qué carajos este juego. Acabé debiendo dinero al gobierno por fraude fiscal y no sé ni qué mierda de acciones cometía, yo solo tiraba los dados y que la vida me guiase. Tal vez no es muy buena idea de vida…

Acabé quedando último las dos partidas, sin embargo, fue divertido jugarlo. Mi mente estaba en otra cosa en ese momento.

—¡Qué divertido!- Shair lo expresó con palabras. —¿Quieren volver a jugarlo mañana? U… otro día, no importa.- Shair estaba ilusionada con el juego.

—¡Claro!

—Está bien.

Yaku y Zakko contestaron, en orden. Por lo que sea, Yaku ganó, por cierto. Las dos partidas que jugamos quedó primera. Zakko y Shair se intercambiarn el segundo y tercer puesto, y yo me quedé el último. Una partida debiendo demasiado dinero al gobierno, y otra porque casi me mata una mafia en la que me metí. Acabé gastando todo mi dinero en sobrevivir.

—No veo porqué no.- Respondí ahora yo.

Busqué en mi bolsillo el cuadradito ese para ver la hora, y… pasaron dos horas y media. Eran las diez, casi once. Un buen horario para dormir, supongo.

—¡Qué bien! Ahora… yo iré a dormir. No sé si ustedes, pero… buenas noches, chicos. Descansen.- Shair se estiró, mientras se despedía.

Al final, nos quedamos Zakko, Yaku, y yo.

—En verdad… yo también estoy un poco cansada.

—Sí… mejor vayamos a dormir todos y que mañana salgamos todos juntos.- Zakko acompañaba el comentario de Yaku.

Los dos se levantaron de la sala de estar, claramente yéndose a la recamara.

—¿No vienes, Kairo?- Zakko se percató de que yo no tenía intenciones de ir a dormir.

—No… yo iré en un rato. Quiero… estirarme algo más.- No sabía ni qué excusa poner.

Zakko se quedó observándome unos instantes.

—Está bien. Descansa, para cuando vayas a dormir.

—Gracias, igualmente. Descansen ustedes dos. ¡Y dile a Shair también de paso!- Eso último se lo vociferé porque ya se estaba yendo.

Ahora sí que sí, estaba solo. Me quedaban… como cuatro horas para la hora esperada. O más, incluso. Como cinco. Y ahí estaba yo, mirando el techo, la luz, recostado en un sillón pequeño, con los pies sobre la mesa. Estaba el juego ahí, nadie se tomó la molestia de guardarlo. Y yo tampoco iba a ser quien lo hiciese.

Al menos no me molestaba ni tampoco rompía nada poniendo los pies en la mesa de madera. Era cómodo, y nadie me juzgaba. Estuve rompiendo las bolas un rato ahí, hasta que recordé el baño. Pensé en tomarme un baño antes de… salir.

Fui hacia el baño, para comprobar que la ducha sirviese. Moví la llave, y en efecto, salía agua. Podía bañarme… a pesar de que no habían productos para que me limpiase adecuadamente. Supongo que al menos mojarme serviría de algo…

Me quité la ropa y la dejé en donde no se fuese a mojar, ya que tampoco sabía dónde dejaron la bolsa con mi otra ropa. Y aún si lo supiese, preferiría no usarla.

Opté por pararme en medio de la ducha, el agua cayendo por encima de mi pelo. Pelo que por cierto, a pesar de no ducharme hace como demasiado tiempo, seguía bastante suave. Entiendo que las duchas estas no son como tal para limpiarse, de algún modo el cuerpo se mantiene bien.

Eso sí… se sentía relajante que el agua cayese por mi cuerpo. En ese momento, no era capaz de pensar en nada más que en el sonido de las gotas cayendo. Perdido en mi mundo… era… gratificante, quizás. Lo haría más veces incluso si no servía de nada. Eso sí, mi cuerpo se sentía como nuevo al salir.

Habían toallas, por lo que me sequé y me coloqué la ropa. A pesar de no sentirme mucho más limpio que antes, mi cuerpo sí parecía habérmelo agradecido. Fue un rato bastante cómodo, tal vez debería buscar si hay productos o algo así para bañarme como es debido.

Mi cuerpo se sentía excelente, mas… se liberó bastante. Quiero decir, me generó un sueño… considerable. No quería dormirme, porque sabía que quizás no me despertaba. Mas por más que veía el reloj, no eran de repente las dos de la mañana. Seguían siendo apenas las once…

Y yo yacía recostado en el sofá más grande. Tal vez no debería permitirme esto, siendo que tenía cierto cansancio y era muy cómodo estar aquí. No obstante… era muy… cómodo, de verdad… quisiera no… moverme.

«El reloj… el reloj…».- En mi cabeza resonaba, entrecerrando los ojos y viendo la hora. Mi fuerza de voluntad siempre fue una basura, supongo.

Acabé durmiéndome de todas formas.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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