Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Kinokodearu - Capítulo 28

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Kinokodearu
  4. Capítulo 28 - Capítulo 28: Cita
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 28: Cita

«¿Por qué… estoy acá?».- Mi yo interno interrogaba.

Me hallaba en el sofá, mirando el techo. Con un brazo todo torcido en mi cabeza y con el otro en mi estómago. Hasta babeado estaba, qué asco. Por instinto, me limpié, y… tampoco hice mucho más.

«¿Por qué me desperté? Y… ¿Por qué me dormí acá? O sea… para una vez que tengo cama…».- Me senté en el sofá, decidido a levantarme e irme a acostar en la cama que me correspondía. O así era, hasta que sin querer acabé dejando caer el reloj que compré. Sonó, y se activó. Era… la una de la mañana. En específico: La una y cuarenta y ocho.

Por algún extraño motivo, me sentía… como irresponsable. Como si tuviese que hacer algo…

«Mitsune».- Se pasó ese nombre por mi cabeza. «… ¡Mitsune!».- Me levanté más rápido, recogiendo el reloj, procediendo a estirarme para poder prepararme bien.

«Aunque… ¿No era a las tres?».- Cuestioné en mi cabeza. «¿Qué se supone que haga en más de una hora…?».- Dudaba de qué hacer con mi vida. Como me conocía, acabé optando por prepararme ahora e ir al parque Coen con antelación.

Tampoco tenía muchas más formas de prepararme. Fui al baño, y mirándome al espejo, me peiné un poco. No cambié casi que en nada, mi pelo no se prestaba mucho para peinarse. Quería imaginar que me veía bien de todos modos. También estiré un poco mi ropa como pude.

«Es cierto que es la misma ropa que llevaba ayer. ¿Le importará?, no creo… ¿No?».- Comencé a sugestionarme. «O sea… no nos han dicho nada nunca por llevar la misma ropa. De hecho, llevo la misma ropa que en el Duel’Grot y ella tampoco se expresó al respecto… pero…».- Ahora dudaba de todo.

Acabé convenciéndome a mí mismo de que eso daría igual, porque sino, me volvía loco ahí mismo.

Fui a la recamara un segundo, para comprobar que todo estuviese en orden. Ahí yacían, Shair, Zakko y Yaku. Cerré con cuidado, y me dirigí a la puerta. Recapitulé todo lo que hice antes de salir, y… noté un poco de dinero en mi bolsillo. El dinero que me dio Yaku, quería imaginar que era suficiente. Intentaría no gastármelo mucho de todas formas.

Abrí, y cerré. Me llevé también la llave, ya que ellos ni se darían cuenta de que salí, o eso espero. Cerré con llave para que nadie se les meta a robar mientras duermen o algo así, aunque no tengan nada qué robarnos.

Pasé por el camino rodeado de plantas, muy bonito. Cada vez que paso por ahí recuerdo lo bonito que es. Llegué a la sala principal, y había una empleada distinta. Eran altas horas de la noche, no me esperaba que estuviese el mismo.

No le dirigí la palabra porque ella no lo hizo hacia mí, y tampoco creía que hiciese falta. A ella no le importa lo que hago y a mí no me importa lo que piense que hago.

Salí de la posada, y hacía un montón de frío. Demasiado. No dudé ni un segundo en empezar a dirigirme al parque Coen para entrar en calor caminando. Necesitaba ropa que abrigase más que esta, en serio.

Y ahí fue cuando recordé que tampoco traje los lentes de sol. Casi me quedo ciego otra vez. Mirando al suelo y a la brújula, fui caminando hacia el parque Coen. Revisé el reloj un momento, notando que apenas eran las dos y tres. No avanzó el tiempo casi nada. Iba a estar esperando una hora…

«Bueno, a veces toca hacer sacrificios. Lo que sea por poner la felicidad y pasarla bien como prioridad. Y ponerla también, claro».- Comenté por encima. Por suerte nadie ahora mismo está leyendo mis pensamientos, si ese fuese el caso, tal vez sería desagradable pensar en Mitsune de esa manera. «Es broma».- Por si acaso, aclaré.

La cantidad de gente en las calles me seguía pareciendo fascinante. Además, caminaban con una tranquilidad envidiable. Como si fuese normal en todos lados caminar por las calles a las putas dos de la mañana.

Yo tengo hasta el pecho hundido por el miedo a que salga un loquito en una esquina y me apuñale siete veces seguidas solo para robarme dos monedas de cobre que tengo en el bolsillo.

Tengo más, solo que el ladrón no se tomaría el tiempo de robarme todo. Me apuñalaría y se iría corriendo con las dos monedas de cobre y quizás la brújula, ya que la llevo en la mano para estar atento acerca de qué tan lejos estoy. Ahora mismo, en unas… dos cuadras, ya estaría cerca de la entrada.

Necesitaba pensar algo estúpido que me distrajese para que el camino se me hiciera ameno. No obstante, nada a mi alrededor ayudaba. Todo lucía muy normal, muy común.

Podría reiterar que Lusiudá de noche es hermoso. Mas no hacía falta, lo habré dicho como tres veces ya. O dos… con esta serían tres… o dos. No sé, no tengo idea.

Ahí fue cuando comencé a cuestionarme el porqué estaba yendo con una hora de anticipación a una cita con una mujer que no estoy seguro ni de su edad. Se ve como de la mía y… es al menos un tanto más alta que Shair incluso. No sé si debería dejarme llevar por su altura de todas formas.

«… No sé su edad. Tal vez estoy quedando con una menor de edad y me estoy volviendo un degenerado sin saberlo…».- Me quedé helado. Aunque creo que estaba helado por el increíble frío que hacía, sin embargo, sí me preocupé al respecto. «Bueno… mucho más joven no podía ser. Diecisiete como mucho. No pasaría nada en ese caso, Shair y Zakko también se sacan un año…»

A saber qué carajos habré hecho con mi vida para terminar cuestionándome la edad de una chica con la que estaba a punto de salir a solas a las tres de la puta mañana en un parque. Una chica murciélago, además. Todo eso en medio de la calle, paralizado, cagándome de frío.

No tenía prisa, estaba una hora adelantado a la que quedamos. No obstante, ahí fue cuando iniciaron las dudas.

«¿Y si me regreso a la posada? La cama era muy cómoda… y… no sé, no conozco en nada a Mitsune. Quiero decir, acepté salir con ella sabiendo eso… me dejé llevar mucho por lo linda que me pareció…».- Estaba teniendo una lluvia de dudas. Como una lluvia de ideas, pero de dudas. «Hace frío… tengo sueño, aún… Tengo un poco de hambre, creo que no comí nada en todo el día… estoy en una ciudad que no conozco y estaré con gente que no conozco. Bueno, gente es multitud. Voy a estar con una mujer de la cual no sé ni su edad, solo su nombre y cómo se ve»

Respiré profundo, antes de seguir colapsando internamente.

«¿Vale la pena quedarme? ¿Qué hora… es…?».- Con esa idea en la cabeza, saqué el reloj de mi bolsillo. Eran las dos y veintiséis. Aún quedaba más de media hora.

Mientras más pensaba en irme y dejarla plantada, más venía a mi cabeza el recuerdo de esa melodía. Por algún motivo, la noche me recordaba a ella…

«¿Qué tan flechado estoy?».- Decidí confrontarme. Así es, a mí mismo. «¿Por qué me parecía tan linda? Digo, no creo haber tenido antes un… tipo de mujer que me guste o algo así… nunca lo pensé. No es que ella haya aparecido con todas las cosas que me gustan de una mujer. Y aún así, sigo pensando en ella».- No comprendía ni mi propio comportamiento.

«¿No creo que sea solo porque canta, no? No tendría sentido. Me esperaría algo mejor de mí mismo…».- Quería hacerme creer que no era por eso. «O sea… si me llamó la atención por eso… lo aceptaría. Pero… ¿Solo me llama la atención?, Porque no pareciera. Yo… no creo en el amor a primera vista. Me considero fiel defensor del “primero amigos”».- Me detuve pensando en eso, ya que no sabía a qué punto quería llegar.

«¿Por qué estoy pensando en eso? No me gusta Mitsune. Claramente no. Me llama mucho la atención, quizás. ¿Me gustaría conocerla? Obvio. Por algo estoy a las dos de la mañana esperando a que llegue».- Necesitaba aclarar mis ideas. «No sé… recordarla me hace entrar en calma. Sigo pensando en la melodía que diferenciaba en su voz. ¿Será una canción de este mundo o algo así? Me interesa mucho saber. Quisiera… escuchar música. Haría que esperar tanto no se me hiciese eterno»

«Tan solo imagínate… estar sentado en una banca, en medio de la noche, con música. Observando todas estas calles brillantes y preciosas. Es como un paisaje para perderse mientras escucho cualquier cosa. En serio, cualquiera. No creí que lo necesitaría tanto, sin embargo, cada día lo extraño más, creo. Pero yo extraño demasiadas cosas…».- Eso último, generó un frío en mi pecho instantáneo.

Tenía miedo de que me diese la psicosis ahí mismo, ya que ese último pensamiento lo percibí bastante sentimental. Observé el reloj otra vez, y solo pasaron diez minutos desde entonces. Eran las dos y treinta y seis.

Decidí olvidarme de todo, para caminar hacia el parque y entrar de una maldita vez. Como era de esperarse, supongo, divisaba bastante gente incluso a estas horas. Caminé directo hasta la primera fuente, que había un espacio para sentarse en bancas y cosas así.

Opté por sentarme en la banca en frente de la fuente, para que Mitsune pudiese verme fácil cuando llegue.

No… tenía nada más que hacer. Me recosté, viendo las estrellas y las luces desde aquí. Era bonita vista, al menos…

«¿Qué hago aquí…?».- Seguía cuestionándomelo, a pesar de creer saber la respuesta.

Oía a mucha gente hablar mientras pasaba a mi lado. Por alguna razón, comencé a fijarme en la cantidad de gente tomada de la mano. No sé si cuando vine con Yaku todo era igual, o es que solo me estoy fijando ahora. O quizás solo las hay ahora.

«Supongo que es un entorno romántico… con estas luces… un parque tan lindo…».- Buscaba argumentos que confirmaran el hecho de que era un entorno romántico. «¿Por qué me habrá invitado a aquí?».- En realidad, me hacía el tonto. Que me invitara aquí me gustaba, ver a toda esta gente solo me ponía nervioso.

No sé ni siquiera de qué iba a hablar con ella. No la conozco, estoy en una cita con una mina que conocí ayer a altas horas de la noche porque se puso a cantar en la calle… diciéndolo así, suena fatal.

A pesar de eso… me hubiese gustado estar más presentable. Dudo que le importe, espero que no.

Yacía ahí, en la banca central, cerca de la misma fuente. A nada de que me caiga agua en la cabeza por alguna irregularidad. Cada minuto que pasaba me preguntaba más a mí mismo si devolverme a casa. No obstante, no me atreví a moverme ninguna de esas veces que me lo planteé.

Ni siquiera me atrevía a observar el reloj. Cosa que me dejó pensando, otra vez.

«¿Y si ella es la que no llega?».- Caí en la posibilidad. «¿Y si ella es la que me deja plantado…?».- Mi yo interno, estaba a nada de implosionar. No había tenido en cuenta eso, podría ser ella la que se arrepienta de verme.

Pese a esas probabilidades, y el comenzar a preocuparme, mi cuerpo se mantenía recostado en la banca, con la vista hacia el cielo. Como mucho, me llevé las manos a la cabeza.

Tenía un frío exagerado, no sé cómo mierda le hace la gente para tener hasta menos ropa que yo e ir por ahí sin problemas. O sea, yo llevo al menos… un abrigo encima. Tal vez es un poco delgado y tal… mas hay gente con solo camisetas, o cosas así. Me sorprendía.

Estaba tan en una, que comencé a inhalar y exhalar profundo, porque era capaz de observar mi propio aliento. Qué gracioso.

Me estaba pudriendo en ese banco, seguía sin atreverme a mirar el reloj, pero estoy seguro de que en nada me criogenizaba allí mismo. Shair, Zakko y Yaku van a tener que buscarme por toda la ciudad y para cuando me encuentren voy a ser un putísimo cubo de hielo el cual van a tener que conseguir romper sin matarme en el proceso.

«Aunque Zakko podía usar fuego, podría derretir el cubo de hielo…».- Si no fuera porque estoy en otro mundo, diría que estaba en otro mundo… en verdad, puedo decirlo… y tendría razón…

El tiempo volaba. Los segundos se volvían minutos, y los minutos no se volvían horas porque si pasaban horas significaría que Mitsune finalmente nunca llegó y quedé plantado como un boludo a las tres de la mañana en un parque que no conozco con una banda de gente viéndome.

«Al menos… no es un restaurante».- Empezaba a buscar consuelo convenciéndome de que quedar plantado en un restaurante sería muchísimo peor. Bueno, no hacía falta convencerme de eso como tal, es obvio que es peor.

Aún con todo este tiempo transcurrido, mi posición no cambió. Solo un poco, a veces, porque me dolía el cuello. Sin embargo, no tardaba en regresar a observar el cielo.

«Creo que… voy a mirar el reloj».- Era lo que creía.

Como lo creía, era lo que iba a hacer. Me senté bien, y busqué el reloj en el bolsillo de mi pantalón. Tras encontrarlo, con nervios, lo sujeté y me lo llevé hasta donde pudiese fijarme la hora.

Pasé allí… más de media hora. Eran ya las tres, de hecho. Tres y nueve, y aún no veía ni rastro de la chica murciélago pelirroja.

Suspiré.

«Debí imaginármelo. Qué paja».- Hablé para mí mismo. Me levanté, y caminé hacia la salida. «Nunca pensé que algún día sería brutalmente plantado»

No me hallaba… deprimido como tal. No sabría decir si decepcionado, quizá por dentro sí tenía ganas de conocerla… o por fuera también.

Caminé cabizbajo, fijándome solo en mis pies. Era capaz de observar distintas personas que pasaban a mi lado, debido a mi campo de visión.

En este tipo de momentos no vendría mal irme caminando a la posada escuchando música depresiva para así hundirme más y sentirme una escoria humana. O sea, no es que me sintiera así… ni me siento mal… pese a que tal vez se haya generado un sentimiento de vacío en mi pecho.

Desconocía cuánto me faltaba para salir del parque por completo, sobre todo porque llegó un momento en el que alguien se puso delante de mí y no me dejaba caminar. No me dejaba, porque cada vez que me movía a un lateral para seguir avanzando, esta iba hacia el mismo.

Se volvió un duelo mudo, ya que ninguno pronunció una palabra. Hasta parecía que estaba provocándome a propósito, porque por más que a veces me tomaba pausas para que él decidiese caminar, no lo hacía.

Con una leve molestia, debido a la tristeza que experimentaba y ahora un tanto el enojo de que este tipo se interpusiera en mi camino, decidí correrla a la fuerza.

—¡Ay, Kairo!- La tipa chilló cuando la moví bruscamente.

Miré por encima del hombro, ya que ya la había adelantado. Ahí fue cuando noté que se trataba de Mitsune. Lucía algo molesta, lo entiendo. No obstante, en ese momento lo comprendí todo.

Tuve uno de esos instantes de las series o películas en las que se fijan en alguien y todo parece ir lento. Ver a Mitsune con el parque y todas las luces de fondo era… demasiado bonito. Ella… era demasiado bonita.

—¿Hola?- Mitsune comenzó a mover su mano en frente de mi cara debido a que no mostraba reacción. —¿Kairo?

—Ah… hola. Hola. Hola.- Saludé tres veces, para estar seguro de que lo hice.

—¿Qué pasó? ¿Por qué caminabas… así?- Mitsune tenía razones para estar extrañada respecto a mi comportamiento.

—Eh… nada…- No sabía qué decirle.

Eso, y que en ese momento estaba contemplando su vestimenta. Llevaba una chaqueta de color azul con rayas color crema, pantalones cafés claros y un gorro de lana gris.

—Te noto raro…- Mitsune aseguró.

—… Es que… tal vez estaba un poco raro, sí. Pero… no pasa nada, ya estoy… bien, sí.- No del todo, mas quería hacerle creer que sí.

—Oye… creo que llegué un poco tarde. ¿Cuánto tiempo llevas esperándome?- La pelirroja me preguntó.

—Pues…- Hice tiempo, para ver mi reloj y asegurarme de la respuesta que le daría. Eran las tres y dieciocho, por lo que le iba a ser sincero. —Recién… llegué.- No me atreví a decirle que llevaba como una hora.

Mitsune se limitó a juzgarme con la mirada. Tenía las manos en los bolsillos, de la chaqueta que por cierto se notaba no era de su talla. Era mucho más grande.

—No siento que estés diciéndome la verdad.- Mitsune comentó.

—¿Por… qué?- Yo creo que no tiene ningún tipo de motivo para dudar de mí, sobre todo cuando no soy capaz de comunicar una frase sin pausas. Algo común en mí.

—¿Vas a empezar mintiéndome…?- Mitsune insistía, expresándose con gestos de disgusto.

Duré unos segundos hasta que suspiré y me rendí.

—Me precipité y llegué a las dos de la mañana. Llevo más de una hora esperándote, sentado en esa banca de allá. De hecho, me levanté para irme poco después de que pasaran las tres, pensando que no llegarías.- Le fui sincero. Ella tenía razón, no podía empezar mintiéndole.

—¿En serio? ¿Pero… por qué una hora?- Mitsune se lo tomó a broma, aguantándose un poco la risa.

—No sé… es que… me había quedado dormido y no quería dormirme otra vez.

—Qué tierno.- Su comentario me puso la sangre caliente, sacándome las palabras de mi boca y un poco el aliento. Tan así, que hasta se me fue el frío. —¿Eso significa que estuviste pensando en mí?

—No.- Le mentí.

Ella reaccionó con sorpresa, hasta que fue capaz de leer en mi cara que se trataba de una mentira y sonrió.

—No esperaba que fueras tan tímido…- Mitsune recalcó, con un tono coqueto.

Ese comentario se sintió como un disparo a la cabeza.

«¿Por qué estoy tan tímido? ¿Este soy yo? ¿Yo? ¿Hola?».- No comprendía el porqué de mi actuar.

Respiré profundo, pretendiendo recuperar la confianza que necesitaba.

—No… no soy. Debe ser el cansancio, completamente.- Contesté, buscando una excusa para mi comportamiento.

—En el Duel’Grot lucías mucho más… cómo decirlo… ¿Confiado?, aparentabas ser un tipo mucho más duro…- Mitsune procedió a contar cómo me veía ella.

Cosa que por cierto, no me agradó del todo.

«¿Le gustaba la idea que tenía de mí?».- Dudé en mi cabeza, sintiéndome un poco mal. Quizás era buena idea preguntárselo en voz alta.

—¿Te…- No me atreví a preguntarle.

—¿Me…?- Mitsune insistió, claro.

—¿Te… parece mal? O… algo así. O sea, te juro que… no soy así yo. Debe ser por el cansancio y más cosas. De normal no me comporto de esta manera…- Empecé a hablar un tanto inseguro, pretendiendo excusar mi comportamiento con ella.

—Te justificas como si hubiese dicho que me disgustaba.- Mitsune aclaró.

El corazón se me paró. No… literalmente, si no, me habría muerto o algo parecido.

No me podía creer que me hallaba sonrojado hablando entrecortado en medio de un parque por culpa de una mina pelirroja que no debe pasar del metro sesenta. No sé si considerarlo caer bajo o… si alegrarme.

—Por cierto… ¿No pasas frío?- Mitsune interrogó.

—… Un poco.- Era muchísimo, solo que quería hacerme el duro.

—Pregunto porque… aquí la ropa es mucho más abrigadora, está hecha para que incluso la más delgada brinde cierto calor. Deberías comprarte alguna.- Mitsune seguro que lo pensó al notarme temblar.

—Lo tendré en cuenta. Gracias… bonita ropa la tuya.- Quise halagarle algo. Aunque con eso, me surgió una duda. Más que nada por el gorro de lana. —Oye… el gorro… ¿No te molesta las orejas?- Interpelé.

—No. No son sensibles, y ya me acostumbré. Me gustan estos gorros.- Ella contestaba sonando convencida. Aparentaba estar cómoda incluso con la brisa que hacía.

—Ah, y… una pregunta… importante.- Quería sacarme la duda cuánto antes, para saber si seguir avanzando o no. —¿Cuántos años tienes?

—Oh, cierto. Yo dieciocho, ¿Y tú?- Mitsune respondió y redirigió la pregunta hacia mí.

«Menos mal».- Fue mi primer pensamiento al oír su edad.

—Dieciocho también, sí.

—Yo también estuve pensando en ti, a todo esto. Tenía ganas de volver a hablarte y de conocerte.- Mitsune retomó el tema de antes.

Luego de todo ese momento en el que me convencí de actuar más… duro, lo conseguí, algo. Seguía avergonzándome, mas al menos no temblaba al hablar. Y si lo hacía era por el frío.

—¿Quieres… que caminemos mientas hablamos? Para entrar en calor, digo. Sobre todo por ti.- Mitsune propuso.

—Me parecería bien… solo que… no sé bien de qué hablar.- En verdad, habré pensado en ella pero muy poco. No se me ocurrió nada qué preguntarle, no me preparé nada para esta salida.

Con esa afirmación, Mitsune comenzó a caminar y yo le seguí el ritmo, a su costado.

—Yo sí que sé. ¿Te molesta si… te hago muchas preguntas? Contando esa, claro. Pero espero que esa no te moleste si es que te molestasen.- Mitsune procedió a aclarar de más, por si acaso.

—No, hazlo. Sería útil.- Eso último lo dije en voz baja, ya que de verdad agradecía que fuese ella quien tomase la iniciativa de sacar temas.

Pasamos la fuente, rodeándola, y siguiendo el camino. Yo variaba mi vista, pasando de Mitsune, a los alrededores. Eran muy bonitos y más que nada lo hacía porque si me la pasaba viendo a Mitsune capaz ella se sentía rara.

—Pues… quería preguntarte… ¿De dónde eres? ¿Eres de Giruboken o de esos lares?- Mitsune arrancó su cuestionario con una interrogante más que incómoda de responder.

—… Yo… verás…-

—A ti te pega ser de Maosa.- La pelirroja comentó.

—¿Ser de qué cosa dijiste?- No estaba prestando atención.

—Maosa.

Ella hablaba segura, y no quería demostrarle ni con gestos que no sabía de qué carajos me hablaba. Si era el nombre de un lugar, claramente el tardar en contestar era un indicio de que no era de ahí, no. Sin embargo, usé ese tiempo para inventarme alguna excusa.

—Soy de… bastante lejos, en verdad. Recuerdo bien dónde… nací y dónde me crie. Solo que… si no te molesta… preferiría no hablar de eso.- Intenté no mentirle, pero tampoco decirle toda la información.

—Oh, está bien. Lo siento.- Mitsune entendió que me incomodaba y pidió disculpas.

—No, no te preocupes… ¿Tú eres… de Lusiudá?

—Sí. Nací y crecí aquí. Aunque he visitado otras ciudades también. Giruboken es una de ellas. Ahí te conocí, pese a que tú a mí no me conociste allí.- Mitsune retomó la conversación con bastante tranquilidad.

—Es un poco raro eso…- Parloteé en voz baja.

—¿Qué cosa?

—Ah, no… nada. O sea, el que me hayas conocido de antes y yo no a ti. Digo… no sabes nada de mí de todas formas, solo viste mi participación en un Duel’Grot de esos… pero sigue pareciéndome loco.

—Supongo que te entiendo. Es como si fueses alguien famoso y conocieses a alguien que sabe de ti más cosas de las que tú sabes de él, porque tú eres el famoso y no él. ¿Eso intentas decir?- Mitsune entendió y ejemplificó lo que pretendía contar a la perfección.

—Sí, justo… justo eso.- Me costó admitirlo porque de verdad me leyó todo súper fácil, me sorprendí.

—Y… cuéntame. ¿Cómo consiguieron un Duel’Grot con el Harasei? Tengo entendido que es como el equipo más grande de todos…- Mitsune sacó otro tema relacionado.

—Eh… bueno, verás… tampoco participé mucho yo en eso. Creo que… fue culpa de Shair-

—¿Shair cuál es?- Mitsune me interrumpió para que le confirmase cuál de nuestro grupo era Shair, ya que hablé con nombres y no con rasgos identificativos.

—Shair es la peliverde. La de las coletas. Es nuestra líder.

—Oh, ya veo…- Mitsune ya le puso cara a una de mi grupo.

—El… veniz, se llama Zakko. Y la albina se llama Yaku, para que lo sepas.- Le dije el nombre de todo mi equipo, por si en algún momento los nombraba.

—Sí, eso los sé. Cuando pidieron votos para el jugador destacado salían sus nombres.- Ella afirmó.

—Tiene sentido.

—Pero sigue contando, te oigo.- Mitsune me observaba atenta, mientras seguíamos caminando derechos.

—Eh… pues eso. Creo que fue todo culpa de Shair porque… estaban subastando un objeto mágico en el gremio de Giruboken, y Shair comenzó a subirle el precio hasta ya no poder más. Pues resulta que el otro que estaba decidido a comprarlo era de Giruboken. Y entiendo que por eso mismo, otro día en el cual yo no estaba presente, confrontaron a Shair y a Zakko, retándolos a un Duel’Grot. Shair aceptó y… pasó todo eso.- Acabé mi monólogo.

—Qué… interesante. ¿Por qué no estabas tú con ellos?

—No recuerdo… creo que… me quedé dormido. Yaku se quedó conmigo también, por eso no estaba ella tampoco.

—¿Ella decidió quedarse contigo? ¿Qué relación tienen?- Mitsune quiso indagar, como si se le hubiese encendido un foco, o una chispa pequeña de curiosidad. Dudo que de otra cosa.

—Eh… pues de hecho, es con la que menos me llevo. Yo creo que… con el que mejor me llevo es Zakko, luego Shair, y luego… luego… Yaku. No por nada, solo… no hemos hablado tanto. Últimamente sí, solo que… bueno, estos días apenas. Desde que los conozco me llevo más con los otros dos.

—¿Te llevas mejor con el veniz?- Mitsune parecía recalcar, como un tanto… confundida, o algo así.

—¿Sí? ¿Por qué lo mencionas?

—Por nada. Solo quería confirmar. No soy de esas… o sea, yo soy una murciélago. Sería raro que lo fuera.- La pelirroja se justificó de algo que no entendí al instante.

—¿A qué te refieres con… ser de esas?- Decidí cuestionárselo.

—No soy de los que consideran a los veniz como subhumanos. Entiendo que es como lo que está implementado, según he oído. Me sorprendió porque… no sé, me gusta saber que no eres de esos tampoco.

«… Ahora todo cuadra, un poco. El que no firmase, el que no le dejasen hablar antes de entrar a Lusiudá. Los comentarios de… Arix, que aún los recuerdo por lo raros que me parecieron…»

—¿Pero con… la gente como tú, pasa también?- Interpelé, refiriéndome a su raza. Porque imagino que es una raza, de personas murciélago.

—Un tanto menos. Pero sí… sigue pasando. El problema de los veniz es que los relacionaron a los aventureros por la leyenda de los héroes. Muchos veniz fueron no mucho más que simples acompañantes, y al final, se adoptó ese rol… de aventurero-veniz… o algo así. Tampoco me hagas mucho caso, te hablo de lo poco que sé.- Mitsune se lavó las manos luego de contarme más cosas acerca de este mundo. Pese a que ella no estaba segura, yo decidí creérmelo.

—Tiene… lógica para mí. No… no he pensado en eso. No me parecen menos que yo, aunque solo he conocido… dos.

—Qué bueno. Siempre está bien saber que alguien no es mala persona.- Ella aseguraba.

—¿No crees que es pronto para asegurar que no lo soy?- Cuestioné por instinto.

—Tal vez, pero de todas formas… es algo, ¿No?, si pensaras que son subhumanos ya me habría dado cuenta de que lo eres. Y… hablando contigo, no podría imaginarte siendo un criminal o algo así. Si te da vergüenza hablarme.- Mitsune quería molestarme.

—Fue al inicio solo.- Recalqué, ya que me di cuenta de que perdí la vergüenza mientras más hablábamos.

—No pareciese.- Ella recalcó, para luego reírse levemente. —A mí me gustó mucho lo que hiciste en el Duel’Grot, de verdad. Lo hiciste increíble. Tú y tu equipo, pero yo te estoy hablando a ti así que me centro en ti. Además, sin ofender, saliste jugador destacado a pesar de perder por algo.- Ella procedió a elogiarme.

—¿Sin ofender porqué?- No comprendí esa parte.

—No pienso decir nada.- Mitsune se arrepintió de haberlo dicho, pareciese.

—¿Crees que perdí por mi equipo? ¿Eso estás diciendo?

—No. Solo que lo hiciste muchísimo mejor que ellos.

—Ah… supongo que es algo que puedes pensar, sí… mas yo no lo creo.

—Quizás tendrías que creértelo.

—No, es que no lo pienso ni podría pensarlo. Mis amigos lo hicieron muy bien. Yaku para empezar ganó su pelea de desempate. No es menos que yo. También lo hizo muy bien en el partido y… tal. Zakko… supongo que no estaba tan preparado. Sin embargo, le tocó el que a priori era el más fuerte de ellos, y le dio pelea. Yo no sé si hubiese ganado.- Decidí resumir mis pensamientos del Duel’Grot.

—… Eso te honra, Kairo.- Mitsune contestó un poco tarde, y con un tono bajo. —Es cierto… sé que no tiene nada que ver, pero tengo una duda…

—Suéltala.

—¿Sabes si Yaku es una xirocaibu?

Me quedé helado.

—¿Una qué?- Esperaba que me lo repitiese, como si fuese a entenderlo esta vez.

—Xirocaibu.

—¿Qué es eso?

—Es una raza de gente albina. Es común en ellos también tener mechones de distintos colores en distintas partes del cabello. No se conoce mucho más al respecto… y si se conoce yo no lo sé. Solo sé que existen, y ella me llamó la atención.

—… No tengo ni puta idea, Mitsune.

—Tiene sentido, me lo esperaba. Deberías preguntárselo, y si te pregunta cómo te enteraste… te inventas alguna excusa.

—¿Te interesa saberlo?- Cuestioné, para tener en cuenta si preguntárselo a Yaku o no. Si no le interesaba tanto, ni pensaba decirle nada a Yaku. Y si sí le interesaba, pues lo haría.

—Quizás. Es que me parece súper… linda, la raza.

«Ahora que lo pienso… Shair también se sorprendió cuando vio su cabello blanco… no sé porqué, mantuve ese recuerdo en mi mente».- Caí en aquella vez que conocimos a Yaku. Su primer comentario fue algo como de: “¡Tu cabello es blanco!”… No obstante, no sucedió nada al respecto después…

—Le preguntaré, sí.- Se lo confirmé, ya que ahora también estaba con la duda.

Al ritmo que íbamos caminando, todavía no llegábamos ni a avistar el local de juegos en el que entré con Yaku. Íbamos súper lento… mas no representaba un problema para mí. La conversación estaba siendo agradable, y yo conseguí entrar en calor tan solo platicando con ella.

Plática que… era muy fácil de conllevar, pese a no saber sacar temas. Contesté tantas cosas como si nada y hablé tanto como si nada… me era mucho más fácil hablar con ella que con Yaku al inicio, por ejemplo.

—¿Sabías que mi magia elemental también es viento? Quiero decir, claro que no lo sabías. No esperaba que me afirmases que sí… solo… quería decirlo.- Mitsune quería recuperar la conversación luego de unos segundos sumergidos en silencio.

—¿En serio? Qué… curiosa… coincidencia.- Qué curiosa coincidencia, así es. Bien añadido, Kairo. O sea, yo. Bien añadido yo. Gracias, yo. De nada…

Yo.

—Oye…- Mitsune me llamó, tras otro corto instante de silencio, al ver que tampoco dije nada que ella pudiese responder.

—¿Sí?

—¿Por qué… me aceptaste salir?- Mitsune interrogó.

—… ¿Cómo que por qué acepté salir? ¿La verdadera pregunta no sería… por qué tú me invitaste a salir?

—¿Por qué preguntaría eso? Yo ya sé porqué lo hice.- Mitsune tenía un punto, no me expresé bien. Tenía que dárselo, mas no pensaba dárselo. Al menos en voz alta.

—¿Y por qué lo hiciste?- Incidí en ello, ya que tenía curiosidad.

—Respóndeme tú primero.- La pelirroja insistió.

—… Pues… porque me interesaste supongo. Me llamó la atención… tu voz. Que supieses cantar. Cantaste muy lindo y… creo que me dejé llevar un poco por eso y…

—¿Y…?- Mitsune se me acercó para forzarme a decir lo que era obvio que iba a decir.

Sin embargo, no quería… sentía que iba a ser raro admitir que me interesé por ella porque me parecía linda físicamente. O sea, era la verdad… entiendo. Mas… era feo admitirlo en voz alta.

—Porque eras linda, claro. Me pareciste muy linda además de eso. Creo.

—¿Y ese “creo”?- Puso en duda Mitsune, no sé si boludeándome o algo así, porque se dio cuenta de que me apené.

—Ignóralo. Ahora responde tú.

—¿Qué quieres que responda?

—¿Por qué me invitaste a salir?

—Ah… claro. Pues por casi las mismas razones. Me interesé en ti desde el Duel’Grot. Solo que… por obvias razones, nunca pensé llegar a conocerte. Yo te veía como vería a cualquier aventurero participando en algo de eso, como… muy lejano de lo que yo era, una simple espectadora. A pesar de que dentro de todo somos dos personas más en el reino… había como cierta distancia, al tú ya estar… en un Duel’Grot con… no sé, cerca de mil personas viéndote… nunca creería que acabaría saliendo contigo a las tres de la mañana en un parque. ¿Me entiendes?

—… Sí, creo que sí te entiendo… creo que podría entender bastante bien lo que quieres decir…- Lo entendía, sí, lo llevé a… como si fuese a un concierto de alguna cantante y por algún motivo la encontrase en un callejón y comenzásemos a hablar como si nada. Somos dos personas, pero… ella estaría en otro nivel, claro.

—Pues, claro, me interesabas desde ahí. Por lo bien que lo hiciste, por el talento que tenías. Y, claro, me parecías el más lindo de ahí. No te voy a mentir.- Mitsune pese a ser directa, tenía toda la cara roja al decirlo. Intentaba mantener un rostro serio, mas se notaba que por dentro no lo aguantaba del todo.

—¿En serio te parecía el más lindo?- Me llamó la atención eso que dijo. O sea… no sé, no sé quién soy yo para juzgar el físico del resto pero… Arix no era feo… y Zakko tampoco lo es. Mwsatt ni idea, ya ni recuerdo cómo se veía. Sé que su cabeza era como un casco con barbuquejo. Lo recuerdo porque era una palabra rara.

—¿Piensas que miento?- Ella decidió que yo juzgara su expresión. Claro que ella esperaría que yo dijese que en verdad no miente, mas yo sí pensaba que mínimo exageraba. No es que piense que miente como tal, pero tampoco pienso que diga la verdad

—… No sé, dime tú.

—¿Por qué lo haría?

—Porque soy yo al que tienes en frente.

A Mitsune no parecía gustarle la idea de que la cuestionase tanto. Bueno, a mí tampoco me gustaría.

—¿O sea que si no me conocieras de antes no me habrías invitado…? O… a cualquiera que hubieras conocido ayer… ¿Lo hubieras invitado a salir…?- Interpelé.

Mitsune se detuvo, para mirarme fijo.

—¿No te quedó claro?- Expresó, un tanto molesta.

—… Tal vez…

—No, claro que no te habría invitado si no te conociera de nada. Suena… feo, quizás. Mas tampoco me parece exagerado, no voy por ahí invitando a una cita a todos los chicos que se me acercan. Me… parecería raro que pensaras eso de mí.- Eso último lo comunicó juzgándome con la mirada.

—No lo pensaba, no. Ni lo pensaría.- Le aseguré como si mi vida dependiera de ello.

Tras eso, ella retomó el paso y yo a su costado.

—Yo… en verdad… estuve pensando en ciertas cosas relacionadas a ti… ¿Lo que cantabas cuando te encontré… es una canción que te gusta o…?- No sabía cómo preguntarlo.

—Es una… bueno… supongo que es algo que intentaba hacer yo.- Mitsune confesó con vergüenza.

—Pues sonaba muy bien. Me encantaría oírla completa.- Afirmé sin pensar.

—… Para eso tendríamos que juntarnos otra vez…- Mitsune hablaba, no muy segura de sí.

—Pues no tendría problema. Podríamos… no sé, juntarnos para eso en otro momento.- Propuse, un tanto… motivado.

—… Quizás.- Mitsune bajó la voz. No… sonaba muy convencida de la propuesta que le hice. —¿La siguiente vez… te acomoda más que sea por la tarde?

—Sí. Sí… o aunque sea… un poco más temprano que ahora. No sé… con que no sea en altas horas de la mañana me servirá.- Tenía un cansancio impresionante encima. Pesaba como… no sé, algo demasiado pesado.

—¿Las ocho de la noche qué te parece?- Mitsune sugirió.

—Eh… creo que está bien. No sé qué voy a hacer ahora con mi grupo… pero estoy seguro de que soy capaz de estar libre para esas horas.

—Es cierto. Tú y ellos son aventureros… debe ser divertido, ¿No?- Mitsune me preguntó.

—Sí… o… en verdad no sé qué tanto hemos hecho como aventureros… pero lo que hicimos está siendo divertido. Eso sí.

—¿Cuánto tiempo te vas a quedar en Lusiudá?- Mitsune interrogó.

Me detuve unos segundos a mirarla. Notando que seguía sin fijarse en mí.

—No sé. Pagamos un mes en la posada, supongo que mínimo eso.

—¿¡Solo un mes!?- Mitsune reaccionó un tanto sorprendida.

—Sí… ¿Por qué?

—Porque… no sé.- Ella se expresaba como si le apenara algo.

En mi mente de… hombre con una mujer muy linda al lado, por lo que sea, me gustaba la idea de que le apenase el que yo me fuese. Sin embargo, de inmediato olvidaba la idea pensando que sería muy exagerada. A saber porqué está triste.

Pasaron unos segundos en los que ninguno habló, y supuse que si no se me ocurría algo se podría volver incómodo. Notaba a Mitsune pensativa, y mi pretensión fue devolverla a la conversación.

—Oye… no soy muy bueno con el habla, creo. O al menos no muy imaginativo para idear consultas que acaben en temas de conversación. Quiero decir… me interesaría escucharte… hablar de ti. ¿Por qué… lo intentas a escondidas?- Intenté acabar con una duda de todas formas, para que le fuese más fácil empezar.

Ella por fin me miró.

—Solo es porque… me da vergüenza. Yo no soy… muy tímida en general, solo con mis cosas… quiero decir, suelo llevar mucha ropa para que me cubra mucho… mis gustos los suelo… esconder un tanto. No es por algo en específico… creo que solo me da pena que la gente pueda… juzgarme. No sé.

—Pero…-

—Y… sé que quizás no tiene sentido teniendo en cuenta de que yo quiero ser artista o algo así… tendría que convivir con las miradas de la gente. Soy consciente de eso… y… no sé. Es muy difícil aprender a manejarlo sola. Me gusta mucho la idea en mi cabeza de salir como si nada en un escenario o algo así… mas yo sé que me moriría si no sé, dos personas me escuchasen cantar. Y solo escuchar, ni siquiera ver.- Mitsune me respondió antes de que yo pudiese cuestionarlo.

Es un poco contradictorio, sí. Eso me llamaba la atención… aunque me gusta imaginar que puedo entenderla.

—¿Y si te escucha solo una?- Le pregunté, consiguiendo que ella me mirase.

Fueron unos cuantos segundos en los que ella no me respondió, solo reaccionó a mi pregunta.

—Supongo que… no me vendría mal tener a alguien que… me escuche y diga qué piensa.- Mitsune hablaba sin verme a mí, aunque le entendía. Si se pone a cantar en callejones sin salida debe ser porque le da un toque de vergüenza.

—Para no ser tímida te he visto más veces sonrojada que de normal.- Hice un comentario en son de venganza por el que me hizo cuando yo me encontraba apenado.

—Tampoco sé muy bien cómo soy con la gente. No… no he tenido muchas amistades en mi vida. Al menos con… conocidos, nunca me dio vergüenza hablarle a ninguno. Contigo será diferente porque… no sé, estamos hablando de ti y de mí.- Ella se justificaba.

—Excusas.- Eran excusas, sí.

—Veo que tú al menos ya no estás tímido, no.

—No…- Negué alargando la vocal, ya que mi mente recordaba algo. —Pero… ¿Por qué no les dices a tus papás? ¿Crees que ellos te juzgarían?- Retomé lo que comentó antes. Ya que yo tengo entendido que se lo esconde hasta a ellos.

—No… a ellos sí es por vergüenza solo. Me gustaría… no sé, siquiera hacer una canción entera o algo así y… ahí mostrarles algo.

—Ya… tiene sentido, sí.- Le daba la razón, porque sí tenía sentido. También era que se me estaba acabando la energía, la poca que tenía. Eso sumado al frío, cada vez pensaba más en irme a la posada a arroparme.

—Oye… ¿Tienes sueño, no? Y… frío.- Mitsune se dio cuenta.

—Un… poco. Muy poco, no te preocupes.

—Lo siento por… la hora. Yo suelo estar despierta a esta hora porque… es cuando encuentro lugares donde practicar.

—Nah, ni te preocupes por eso. Yo de hecho… dormí. No sé cuánto, pero dormí algo. No debería tener tanto sueño.- Le conté que me quedé dormido.

Mientras hablábamos, dábamos la vuelta en U. En dirección a la salida, solo que nos hallábamos bastante lejos de ella.

—… Y… ¿Por qué… no has tenido tantas amistades?- Me llamó la atención. No parece alguien a quien se le dificulte la interacción, de hecho, es lo que dijo ella.

—No sé. No participé en nada en lo que pudiera conocer gente de mi edad. Ni academia ni… no sé, nada. No estudié ni de momento he trabajado en nada en la que haya conocido gente de mi edad. Es difícil hacer amigos así.

Es una razón bastante normal y hasta entendible. Si no fuera porque aparecí en la casa de Shair, no sé… no sé qué habría hecho.

—Por eso… no sé. Me quedé pensando en ti durante el día y en este momento. No sé cuándo habrá sido la última vez que habré hablado con alguien de mi edad para algo que vaya más allá de no sé, algún trabajo o algo. Quiero… conocerte. Y… ser tu amiga.- Ella sonó melancólica.

Puedo imaginarme el porqué antes al saber que me iba en un mes se puso triste. O sea, no lo dijo ella, pero… esto que me acaba de contar lo deja bastante claro.

—Yo… yo también quiero conocerte. No te preocupes por eso, estoy interesado en lo mismo que tú.- Pretendía dejarle claro que al menos iba a poner de mi parte para que nos conozcamos más.

Ella no habló durante un rato. Cuando la veía de reojo, ella se hallaba cabizbaja. Apretaba el puño a veces, y cuando se daba cuenta que la observaba volteaba la cabeza para no permitirme verla.

«Creo que toqué una fibra sensible».- Error mío que fui capaz de detectar.

—Perdón.- Me sentí mal por… no sé, que ella se sintiera mal.

—¿Perdón por qué?- Su voz me dejaba notar que sí se hallaba triste. Como si estuviera aguantándose.

—… No sé. Por… hacerte pensar en algo que te hizo sentir mal.

—No me siento mal… o… bueno… no sé. Yo… creo que soy sensible y nada más… me emocionó un poco lo que dijiste y… me puse a pensar cosas.- Mitsune cada palabra que soltaba aparentaba estar a nada de romper en llanto.

Me hallaba muy cerca de ella, a su costado. Por instinto, mi brazo quería rodearla. Como si fuese a darle un abrazo, solo que… mi brazo en su hombro. Ni siquiera la estaba rozando, solo… mi brazo tenía la intención de ello.

«¿Así son las citas con mujeres?».- Mi yo interno se cuestionaba.

—Yo sí pido perdón. Mira que… ponerse así cuando apenas nos estamos conociendo… lo siento mucho.- Mitsune pedía disculpas por ello.

Yo no me sentía incómodo ni nada. De hecho… me ponía triste que ella lo estuviese. O bueno, verla… casi llorando. Quería con muchas fuerzas abrazarla y que se desahogase. No sería la primera persona que ayudo a desahogarse esta semana.

—No te preocupes. Lo entiendo completamente.- Me gustaría que al menos no se sintiese mal por pensar que yo me incomodé.

Estaba tan tentado al contacto físico que poco más y le pedía permiso para… no sé, poner mi mano en su hombro. Ni sé para qué haría esa tontería, mas mi instinto fue el que puso mi brazo cerca de su hombro. Para que no se sienta sola o algo así bien cursi que por algún motivo… no sonaba mal.

—Creo que… ya…- Mitsune hablaba entrecortado, recuperando el aire y tranquilizándose.

—¿Segura?- Pedí reafirmación.

—Sí…

Mi instinto se fue al carajo apenas aseguró ya haberse calmado y alejé mi brazo de su hombro. A pesar de estar pensando que no sabía el porqué haría eso, sentí una mezcla de decepción y rabia conmigo mismo por no haberlo hecho. Maldije mirando al cielo.

—Lo malo es que… ya no sé a dónde llevarte. O sea, no hicimos nada en el parque… podríamos haber hecho algo, tal vez si veníamos más temprano. Solo… caminamos. Lo siento por eso también, tal vez te aburriste.

—No. No me aburrí, para nada. De hecho…- Revisé el reloj. Pasó una hora, eran las cuatro de la mañana. Cuatro y dieciséis. —Se me pasó el tiempo volando. Repito que… me interesaba conocerte. No creo… haberlo hecho mucho, pero… fue divertida la conversación. Quiero que se repita la ocasión.- Al momento de decir esas últimas palabras, en mi cabeza sonó una canción que no sabía que recordaba. Muy chistosa esa canción, qué curioso que es tal y como yo me comuniqué.

—Me encantaría… a mí me gusta mucho salir a caminar. Nunca salí a… caminar con alguien, pero ahora me gustó, por lo que podría decir que me gusta caminar con alguien.

—Fue… bonito, supongo. El paisaje es bonito.- Añadí, ignorando todo lo que ella comentó porque me dio pena mas no quería que se notase.

Hubo un silencio corto mientras nos encaminábamos a la salida.

—¿Crees que a tu grupo le caería bien?- Mitsune me interrogó.

—¿A qué viene eso?

—Es una duda, solo responde.

—… Supongo que sí, dudo que sea difícil caerles bien. O al menos a… Shair. A Shair le caerías bien por defecto. A Zakko… no sé, no creo que le caigas mal. A ver, es que tampoco te conozco mucho yo como para decir eso.- Me interrumpí a mí mismo porque era muy pronto para hacer esa consulta.

—Bueno pero… con lo poco que has visto de mí.- Mitsune insistia.

—… Pues eso. El tema sería Yaku. Quiero creer que tardarías en caerle bien… quiero creerlo porque a mí me costó que me dirija la palabra sin pensar que por dentro me dejaría morir si pudiera.

—¿La xiro? No puede ser…- Se oyó un tanto decepcionada.

—¿Te puso triste?- Cuestioné de manera directa.

—No tanto. Me causa curiosidad saber eso, por cierto. Pregúntaselo por mí, por favor.

—Claro, lo haré, no te preocupes.- Me sentí amenazado. —Por cierto… ¿Ahora te irás a tu casa, no?- Interpelé.

—Claro. A dormir. Si quiero verte por la tarde tendría que… evitar despertar a las seis de la tarde.

—¿¡Despiertas a las seis de la tarde!? ¿A qué hora te duermes?- Me tomó por sorpresa.

—A las…- Mitsune miró para todos lados antes de decirlo. —nueve.

Yo me limité a observarla. Así, sin más, asegurándome que se diera cuenta de que me limitaba a observarla. Que se diera cuenta y que entendiera que el limitarme a observarla se debía a que la juzgaba en lo más profundo de mi ser. Que cada vez que me limite a observarla ella recuerde este momento y jamás olvidé la primera vez que… me limité.

—¿Por qué me miras así…?- Mitsune interrogó con un tono muy tierno, me causó risa, destrozando la fachada que acababa de crear.

—Deberías dormir apenas llegues a casa. Espera… ¿Estás en las calles en esas horas?- Volví a interpelar.

—Sí.

—¿Y… no te ha pasado nada, no?

—Estás muy preocupado. Sé defenderme por si acaso. Y aún así, hay guardias civiles en la mayoría de lugares a los que voy. Por suerte no me ha sucedido nada, ni mucho menos habré visto de lejos que haya sucedido nada.- Mitsune sonaba muy despreocupada para ser real.

—No suena… muy bien.- No podía creerme que pudiese salir a esas horas de la madrugada tantas veces y que ni siquiera tuviese miedo.

—¿Te preocupa que vaya sola por la noche?- Mitsune cuestionó, como si… buscara hacer otra pregunta mediante esta.

—Quizás.

—¿Y si me acompañas a mi casa?- Mitsune propuso.

Me detuve unos segundos, sin entender si era broma o no. Su tono no me lo dejaba muy fácil de descubrir.

—¿Qué pasa?- La pelirroja se desconocía.

—¿Lo dices en serio?

—Claro. Acompáñame, así te quedas tranquilo.

—¿Por qué suena condescendiente?- Sus respuestas sonaban condescendientes. Lo hacía a propósito, yo sé, y por eso interpelé.

—No sé de qué hablas. Te estoy invitando a ti, hombre aventurero que ha combatido y sabe defenderse, a que me guíes a mí, mujer débil e inofensiva que no sabe manejarse por la ciudad, hasta mi casa.- Ella acabó su comentario.

—… No quería decir eso. A mí me da miedo ir por la noche, que vayas tan despreocupada me sorprende solo porque a mí sí me da miedo.- Busqué justificarme cuánto antes.

—Es broma, Kairo. Sé que no piensas eso.- Mitsune recalcó, soltando pequeñas risas. —Por Dios, Kairo. Luces… como si hubiese matado a alguien y te hubieses traumado.

Mitsune se reía, mas yo no podía evitar sentirme aliviado. Por un momento pasó toda mi vida ante mis ojos, interrogándome a mí mismo si es que di a entender eso que decía en su comentario sarcástico.

—O bueno, lo dije muy segura. Tal vez sí pensabas eso, mas me gustaba creer que no.- Mitsune añadió.

—No lo pienso, no.- Lo negué al instante. —… No lo vuelvas a hacer nunca más o me suicidaré frente a ti.- La amenacé.

—Lo siento demasiado. No hagas eso.- Mitsune también se tomó en serio mi comentario.

Retomamos el paso, otra vez, acercándonos más a la salida.

—¿Me vas a llevar a tu casa habiéndome conocido tan solo dos días?- Interrogué.

—¿Qué quieres insinuar con eso?

—Nada. ¿Qué insinuaría?- De verdad, mi duda fue genuina. No insinuaba nada.

No obstante, Mitsune no me creyó, por lo que mantuvo su mirada en la mía durante los suficientes segundos hasta que acabó creyéndome.

—No sé. Tal vez… no sea buena idea. Solo que… no sé qué tan mal me pondría si me enterase de que eres mala persona, o algo similar. Me gusta muchísimo imaginar que eres un buen tipo y… que no tendré problemas si te enseño dónde vivo.- Mitsune parloteaba muy esperanzada. —Además, tendríamos que tener algún lugar en donde pudieses encontrarme siempre. O yo a ti. Para… ya sabes, hablar. Sería difícil encontrarnos sino.

—Claro, no pensé en eso. Aunque yo pude mostrarte mi posada mejor.- Aseguraba.

—¿Y si me la muestras otro día?- Mitsune me pidió.

—… ¿La posada?

—¿Pues qué más?

—… Nada… olvídalo.

Cruzamos la salida, y ya era seguir a Mitsune. De momento, ella tomaba la ruta que Yaku y yo tomamos para regresar a nuestra posada, así que reconocía las calles y todo.

—Es cierto que enseñarme dónde vives podría ser muy mala idea. Lo bueno es que tú tienes la suerte de que yo soy re buena persona y jamás pensaría hacerte nada.- Aclaré, para que no se preocupase.

Ella solo me vio y sonrió.

—Podrías… el día que puedas, venir como por las… seis y ocho, tal vez. O sea, por esas horas suelo estar siempre. Tal vez algún día estoy dormida o algo… sería algo embarazoso que te abriese la puerta uno de mis padres. ¿No te molestaría, no?

—¿Por qué… lo haría?- Sí sonaba algo muy vergonzoso, mas no me importaba tanto.

—Serías como… la primera persona que va a la casa que invitase yo. No sé cómo reaccionarían. Encima un hombre…

—¿Pasa algo raro por que sea hombre?

—No… nada más que… bueno, ya sabes. Quiero decir, yo estoy segura de que sabes. No sé porqué haces esa pregunta.- Mitsune lucía avergonzada.

—Ah, es eso.- Sí sabía de lo que hablaba. Solo… imaginé que podía ser otra cosa. —No me importa mucho si piensan eso.

—¿… P-Por qué?- Mitsune abrió los ojos como platos.

—O sea… no sé… no quería decir otra cosa que no fuese que no me importa, por si acaso…- No comprendí del todo bien el porqué reaccionó así.

Tenía un leve dolor en las mejillas, por lo que procedí a estirármelas y apachurrarlas para que se me pasara. Tal vez era de sonreír, ni idea. Supongo. La pasé bien durante la conversación.

La ruta seguía siendo la misma, de hecho. Pasamos por la tienda de objetos mágicos que reconocía, y por el gremio, antes. Lo único que cambió es que en vez de ir directos, subimos en una calle. Yo recuerdo que nuestra posada estaba más abajo… hacia el… sur. Nosotros caminábamos un par de cuadras hacia el norte.

Hacía un frío del carajo. Si en el parque se notaba, aquí afuera muchísimo más. Mitsune de vez en cuando me miraba porque temblaba un montón.

—Oye… quieres… no sé, ¿Mi gorro?, te lo puedo prestar si eso… aún queda para llegar a mi casa…- Mitsune me ofreció.

—¿No te dará frío a ti…?- Interrogué, temblando.

—Algo. Solo que tú… te estás muriendo de frío. No me molesta prestártelo, hasta que llegues a tu posada y eso. Me lo devuelves la siguiente vez que me veas, así tienes un motivo para venir.- Mitsune pretendía convencerme de aceptarle.

—Está… está bien.- Insistió tanto, que al final cedí.

Ella se quitó el gorro de lana, revelando sus dos orejas. Me lo pasó, y yo me lo puse.

Fue increíble, se notaba demasiado la diferencia. Mi cabeza antes hasta dolía por el frío que hacía, mis orejas sobre todo. Con eso en cuenta, no quería imaginarme las de ella.

—¿Mejor?- Mitsune quería saber.

—Sí… algo. Gracias.- De verdad, el frío de la cabeza me lo quitó.

—¿Me dejas ver algo?- A Mitsune se le despertó la curiosidad. Se acercó a mí, y buscó mi mano. Ella juntó mi mano con la suya, dejándome percibir que la suya estaba abrigada. —¡Ay! ¡Pero si estás… heladísimo!- Mitsune alejó su mano apenas pudo, quitándome el pequeño calor que ella logró brindarme.

—Pero… llévate las manos al bolsillo.

—No abriga nada.- Negué su idea al instante.

—Por suerte… ya llegamos.- Mitsune se adentró en una calle, y se acercó a una casa.

Era bastante grande, como la mayoría. La podría reconocer por la forma, la ventana de afuera se hallaba un tanto más atrás, para dejar un espacio de plantas y flores. La puerta tenía pegatinas de un murciélago dibujado muy bonito. No era… un dibujo increíble, mas estaba chistoso. Como si lo hubiese hecho un niño.

Mitsune sacó las llaves y abrió, poniendo los pies ya en su casa, quedándose con la puerta abierta para despedirme.

—Muchas gracias Kairo. Espero volver a verte pronto. Ojalá hoy mismo.

—… Ojalá hoy mismo, sí. Tendré que devolverte el gorro, supongo. Buena estrategia… Mit… sune…- Por algún motivo, me costó decir su nombre.

Ella y yo tuvimos un contacto visual que se prolongó unos largos segundos.

—Cuídate en… lo que sea que hagan de aventureros. Mucha suerte y… buenas noches. Espero que duermas bien.- Mitsune se despedía, sin quitarme los ojos de encima.

—Gracias… lo mismo digo.

Mitsune me entregó una sonrisa y fue cerrando lentamente.

Me quedé yo solo, ahí, quieto, divisando la puerta de la casa de Mitsune. Solo… oyendo la brisa que hacía, y a unas cuantas personas que transcurrían las calles. Mi corazón se sentía caliente, a pesar de que por fuera me cagaba de frío, la puta madre. Qué horrible.

Como ya no podía más con el frío, opté por agarrar la brújula. Visualicé el nombre de la calle en la que me encontraba, e intenté memorizarla. Se llamaba Temnib. Me llamó la atención porque… caminando en dirección a Binmet, me fijé que todas las calles en vertical, al menos hasta Binmet, eran… anagramas de “Binmet”.

Una era Timbnet. La siguiente a esa era Embint… hasta que llegué a Binmet. Ella tenía razón, no vivía muy lejos de aquí. Recuerdo que me lo dijo ayer. Eran un par de cuadras y ya.

Llegué a la entrada de la posada, entré como si nada, pasé por la sala principal, caminé por la zona esta bonita de plantas y flores que me gustaba recalcar lo bonito que era. Alcancé la puerta, y con la llave, abrí.

Al entrar, cerré con llave, y me dirigí a la recamara, sin pensar mucho en nada. Los vi a todos durmiendo, por lo que cerré la puerta de la recamara con cuidado. Caminé con cuidado, y me quité lo correspondiente con cuidado. Dejé mi reloj y la brújula en la mesita de noche que compartía con Yaku, y me recosté en la cama.

Mirando al techo, no tardé mucho en quedarme dormido. Si me costó fue por el rato que me distraje pensando fuertemente en… Mitsune.

Me di cuenta que estaba durmiendo con su gorro. Me lo quité y lo dejé… cerca de mí. No vaya a ser que alguno se confunda o le llame la atención. No dormí con el gorro, mas lo dejé en mi cama.

Minutos después, fui capaz de conciliar el sueño aún pensando en la pelirroja.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo