Kinokodearu - Capítulo 29
- Inicio
- Todas las novelas
- Kinokodearu
- Capítulo 29 - Capítulo 29: El Humano, El Veniz y El Demonio
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 29: El Humano, El Veniz y El Demonio
Llevaba unos cuantos minutos tumbado en la sagrada cama, solo divisando el techo.
«Fua».- Salió de mi cabeza, mientras veía el sagrado techo desde la sagrada cama. «Y pensar que hace menos de una semana dormía en el pasto, sin techo, ni siquiera una almohada».- Disfrutaba de ese plácido momento de solo hallarme recostado.
Me desperté hace un rato, mas no visualicé a ninguno de mis compañeros. Tampoco los oía hablar desde fuera, así que existía la posibilidad de que me hallase solo en la posada.
Mantenía el gorro de Mitsune en mi pecho, con la mirada perdida. Quería perder todo el tiempo posible hasta que oyese algo. No sé qué haría si supiese que estoy solo en la posada.
Podría… ir a por Mitsune, supongo. A pesar de que eran las dos de la tarde, y ella me comentó que como a las seis más o menos podría encontrarla.
Sin motivos para levantarme, tampoco me importaba quedarme más tiempo en la cama. Luego de pasar tantos días durmiendo en el piso, poder recostarme en algo suave como un colchón era impresionante.
La brújula y mi reloj se hallaban en la mesita de noche. Levanté mi reloj antes para ver la hora, y no la he vuelto a ver. No sé cuánto tiempo pasó, aunque como mucho serían las dos y media. Era imposible que hubiese transcurrido más tiempo que ese.
Bostezaba y todo. Al menos, relajado estaba. Otra cosa no, pero relajado sí.
Pasaban los minutos y… comenzaba a aburrirme. Los pensamientos se me acababan, y pensar en Mitsune no era suficiente. Lo fue los primeros diez minutos, hasta que creí que era raro que pensara tanto en ella mientras tenía su gorro en mi pecho y me hallaba en la cama.
Con ese motivo, cambié a pensar en dónde carajos se podrían haber metido los otros tres en el caso de que no se encontraran en la posada. Ni siquiera se me pasó por la cabeza el hecho de… ir a confirmarlo, para empezar.
Revisé el reloj una vez más, dándome cuenta de que eran las dos y cuarenta y tres. Pasé casi una hora recostado, qué locura.
Dejé el gorro en mi cama, mas me llevé la brújula y el reloj. Abrí la puerta de la recámara y la cerré. Caminé hasta la sala de estar… y no había nadie, no. Aunque estaba ordenado, pues guardaron el juego de mesa.
Sin embargo, al hallarme en la sala de estar, fui capaz de percatarme del sonido de una taza en una mesa. Caminé hasta la cocina, y ahí estaba mi colega del alma.
—Hola, Zakko.- Lo saludé.
Zakko en ese momento estaba mordisqueando un pan que tenía en la mano, y con la otra sujetaba una taza que desprendía cierto vapor.
—Hola. Buenas tardes. ¿Dormiste bien?- Él me interpeló luego de comer.
—Sí… eso creo. Buenas tardes. Por cierto, ¿Qué tomas?
—Té. Té negro. ¿Quieres?, la tetera sigue caliente.
—… Está bien, sí.- Acepté la oferta de mi colega del alma.
Zakko se levantó y agarró una taza, un sobre de té y la tetera. Preparó la taza sirviendo el agua, y por unos momentos me sentí nostálgico. Era… extraño. Estaba viviendo un día… normal, de momento. O sea, obviando que Zakko tiene el pelo celeste y los ojos también, el resto no desentonaba para nada.
Tomar té al despertar resultaba… cuánto menos… apropiado para mi vida en mi anterior mundo. Por poder, pude haberlo hecho. Quizás lo hice en algún momento y no lo recuerdo. Tomar té con un amigo creo que eso no lo hice, no.
—¿Quieres azúcar?- Zakko me ofreció.
—Bueno. Échame un poco, nomás.- Le pedí. A saber desde cuándo tenemos estas cosas. Es verdad, podría preguntárselo. —¿Desde cuándo… tenemos té… y azúcar y… esas cosas?
—Ah, sí. Pasa que Shair, Yaku y yo, nos despertamos bastante pronto. Como no despertabas, tampoco queríamos levantarte para nada que no fuese importante.- Zakko me contaba, mientras acercaba la taza de té a mí, a la vez que yo me senté delante de dónde se sentó él.
—Como no despertabas y no teníamos un plan muy importante, decidimos salir los tres. Compramos un poco de comida y cosas para tomar, entre ello, pues té, azúcar, pan. Hay más en esa bolsa, por si quieres ver.- Zakko apuntó a una bolsa en una mesa cerca de donde se hallaba la cocina como tal, la tetera y esas cosas.
—Tal vez la vea, sí.- No tenía mucho interés, aunque desde antes de ayer que no comía nada, algo de hambre sí que tenía. —Entonces… ¿Por qué estás aquí?- Cuestioné, ya que Zakko había dicho que salieron los tres, mas ahora solo Zakko se quedó en la posada.
—Porque Shair creía que pronto te despertarías, por lo que decidí quedarme si se daba el caso. Además, aprovechó para llevarse a Yaku a comprar ropa para todos. Le di más del dinero que podría necesitar, y va a elegir nuestra ropa a su gusto. Y al de Yaku, asumo.
—Claro. ¿Qué tanto tardé en despertar desde que salieron?- Interrogué.
—No tengo modo de ver la hora.
—Ah, cierto. Deberías…- Busqué el reloj en mi bolsillo. —Comprar uno de estos. Te dice la hora.- Le demostré, prendiéndolo en su cara.
—Oh. ¿Son las tres? Qué… loco. ¿Dónde lo compraste para empezar?
—Ayer, Yaku y yo salimos cuando nos dejaron solos. Pasamos por la tienda de objetos mágicos y compré esto. No era caro y sirve mucho.- Expliqué.
—¿Con qué dinero lo compraste?- Zakko interpeló.
—Eh… es verdad… Yaku me prestó del que le diste a ella. Le debo dinero. ¿Podrías… darme algo para devolvérselo? Y… algo para ya sabes, tener yo.- Me dio un poco de pena el pedirle dinero, a pesar de que me correspondía.
—Claro que puedo darte. Aunque… tendríamos que buscar algún objeto en el que guardar el dinero. Shair se compró uno solo para ella.
—¿Un qué?
—Se compró una bolsa que se achica o se agranda a elección. El interior no se afecta, y la forma pequeña es lo suficientemente pequeña como para que no moleste llevándola en el bolsillo. El interior no se ve afectado por lo que puedes guardar cosas ahí. Del tamaño de la bolsa grande, claro. No puedes meter… no sé, una roca enorme y lo hacerla pequeña.
—¿No fue muy larga la explicación?
—Perdón. A veces… a veces me alargo.- Zakko se disculpó, sonando deprimido mientras bebía su té.
—Tampoco era para que te pongas así, solo me llamó la atención.- Mi intención nunca fue que reaccione así, no. También bebí el té. Estaba rico, no le puso mucho azúcar, solo el suficiente.
—También se consiguió réplicas de nuestra llave. Tenemos una los cuatro, yo tengo la tuya. Ten.- Zakko me entregó una réplica de la llave de la posada. Será útil, sí. Menos mal.
—Muy bueno.- Expresé mi gratitud de esa manera. —Oye… ¿Dijiste que Shair va a comprar nuestra ropa, no?
—Sí, ¿Por qué?
—¿Sabe nuestra talla siquiera?
—La mía sí.- Él respondió al instante, emitiendo la parte de “nuestra” y solo enfocándose en él.
—… ¿Y la mía?
—No, la tuya no. Como eres más alto que yo, sus palabras fueron: “Buscaré una un tanto más grande que la talla de Zakko y ya. Si le queda mal, que para la siguiente venga él y escoja. Y si no le gusta pero sí le queda bien que se aguante”. Así, textual.
Me quedé viendo fijo a Zakko, con una impresión increíble. Él había replicado a la perfección la voz de Shair, o al menos cómo la recordaba en ese preciso momento. No era una imitación, era literal la misma voz. Encima, no lo vi abrir la boca cuando lo hizo.
—¿Cómo… cómo hiciste eso?
—¿Hacer qué?- Zakko se hacía el desentendido.
—Imitar la voz de Shair… o replicarla, no sé.
—Ah… es parte de… poder transformarme en ella.
—Ya, pero… no estás transformado en ella… ¿O sí?
Él sin responderme en voz alta, miró hacia afuera de la cocina y apuntó. Al yo detenerme a observar, vi a Shair, parada afuera, saludando. La cara… era un tanto diferente… o eso creía.
—Soy yo.- Shair aseguró que ella era ella. —Zakko.- Shair aseguraba que ella era Zakko. O solo lo llamó, no sé.
—¿Qué piensas tanto?- A Shair se le cansó la cara y se le fue la sonrisa, a la vez que se dirigía a mí poniéndome en duda.
—Pero… ¿En serio puedes… duplicarte a la vez que te transformas en alguien?- Estaba sorprendido.
—Sí. Aunque… no es perfecto del todo, y sigo sin dominar el uso de magia en otros cuerpos.
—Poder hacer eso es raro…- Afirmé en voz baja, viendo a la Shair todavía.
—¿Por qué piensas eso?
—Eh… nada. No sé, es raro… poder… no sé, tener una versión de una persona manejada por ti mismo… se presta para… cosas raras, supongo.- Comentaba, a la vez que seguía bebiendo el té. —No digo que tú fueses a hacer algo raro con esa habilidad… solo que es una habilidad de tu raza. Alguna persona extraña tendrá que salir, asumo.
—Ya. Solo que así funciona toda la magia. No es una habilidad exclusiva de mi raza el poder transformarse en gente. Hay otras personas que también consiguen la habilidad, o consiguen la habilidad de control mental o ilusiones o cosas así…- Zakko argumentaba.
—¿Control mental? O sea… suena a algo mágico sin dudas. Solo que demasiado problemático. Mucha gente… mala gente, por decirle de alguna manera… podría aprovecharse de ciertas habilidades. ¿No?
—Claro. Es tarea de la guardia civil y de aventureros hacer que el número de personas como esa disminuya.
Se me dificultó el tragar el té cuando escuché eso.
—¿”Disminuya”? ¿Los matan?- Me tomó por sorpresa que utilizara esa palabra.
—A alguno que otro imagino que sí. Jugar con la gente de esa manera suena a algo demasiado ilegal.- Zakko lo decía como si no tuviese nada de raro o extremo. Debería asumir que en este mundo se llevan las cosas así, tal vez.
—Supongo…- En voz baja, hablé. Fijándome de nuevo en la Shair fuera de la cocina. —¿Puedes deshacer eso? Me pone incómodo.- Apunté a la Shair falsa.
—Ah, sí. Perdón.
—Por cierto… ¿Por qué ya tenías una Shair clonada…?- No quería… mirarlo raro pero…
—No sé de qué hablas.
—De esa Shair de ahí…- Cuando volteé otra vez, desapareció.
—¿Qué Shair? Ella fue a comprar con Yaku.
Como me veía venir en qué acabaría esta conversación, decidí solo mirarlo fijo a los ojos y que él se sintiese atemorizado.
—Era para hacer la imitación bien. La hice en ese momento, solo que tú no te fijaste. Algo así como… ahora, observa.- Zakko luego de atemorizarse lo suficiente, apuntó hacia afuera de la cocina otra vez. Lugar donde ahora se veía a Yaku.
—Es cierto… espera, ¿También puedes transformarte en Yaku?- Interrogué.
—Claro.
—¿E hiciste lo mismo que con Shair, no?
—¿… Claro? ¿Qué pasa?- Zakko se sentía juzgado.
Y tenía motivos, porque cada cosa de la que me enteraba me hacía juzgarlo más.
—No es tan raro. Tú lo haces raro. Además, de esa manera puedo… aprender a usar sus habilidades. Mira.- Zakko manifestó una nube pequeña, similar a la de Yaku.
—¿Qué?- Alargué mi expresión de sorpresa. —¿Y solo con eso ya puedes usar su magia?
—Sí.
—Pues suena interesante. Entiendo ahora que se lo pidieses si es que de esa manera sucedieron las cosas.
—¿Pedirle qué?
—El…- Buscaba una manera de que no sonara peculiar. Búsqueda en la cual me rendí muy rápido. —… el comértela. O eso que hiciste con Shair, el tragártela en forma de… slime.
—Ah… sí… se lo pedí, sí.- Asintió, a la vez que bebía té.
—¿Por qué se siente rara esa afirmación…?
—No sé de qué hablas.
Al ver que él no parecía querer explicar y a mí me importaba un reverendo carajo el cómo llegó a eso, decidí enfocarme en beber el té antes de que se enfriase más.
—Está rico el té, por cierto. Gracias.- Le agradecí entre que me lo acababa.
—No hay de qué.
Pasaron los minutos, yo me acabé el té. Me levanté para ver la bolsa en la que me señaló que habían cosas para comer, notando que el pan se hallaba ahí. Como el resto de cosas eran diferentes bolsas y paquetes de cosas distintas no podía afirmar qué cosas podía comer y qué no. Por lo que agarré un pan así nomás y me lo morfé.
El pan también sabía rico. Si hiciera una tierlist de panes que habré comido en mi vida, yo creo que a este lo podría poner fácil en una A. No sé si muy alto… tampoco era la octava maravilla. Solo que resaltaba del resto que habré comido en mi vida.
—¿Y nosotros qué onda? ¿Vamos a quedarnos aquí hasta que regresen las minas con la ropa?- Interrogué, por si Zakko tenía algún plan. De no ser el caso, inventaría algo yo. Imposible que me quede quién sabe cuántas horas encerrado en la posada.
—Pues… Shair me encargó que cuando despertases fuésemos a comprar mercadería. Cosas para comer en general. Lo de la bolsa son refrigerios, además del pan. Podríamos traer cosas como fideos o algo así. Para comer los cuatro. Como yo puedo cargar mucho mediante las habilidades de mi raza, no tendría problema en comprar tanta cosa fuese necesario.
—Suena bien. Deberíamos ir, ¿No?- Me interesó bastante la idea. A saber cuándo fue la última vez que almorcé. O… desayuné. O cené. Aunque… cuando llegamos comimos arroz con papas, mas… no se sintió como una cena o algo así.
Comer con ellos en privado no suena mal.
—Sí. ¿Te sientes listo?- Zakko se levantaba, dejando las tazas en el lavaplatos.
—Por supuesto. Vayamos antes de que se haga tarde.- Apuré, tenía ganas. —Pero… ¿Sabemos dónde hay un mercado o algo así para empezar?
—Sí. Shair preguntó con la gente de las tiendas y nos dieron la información de que en la calle Piac habría uno bastante grande.
—¿La tienes en la brújula?- Interpelé.
—No, no sé bien cómo se usa…- Zakko confesó.
—¿Qué? Pero si es re fácil.
—Bueno, perdón. Solo no sé usarla.
Saqué la brújula de mi bolsillo y me acerqué a él para enseñarle.
—Nomás… la abres, y vas moviendo con el dedo. Te salen los nombres de las calles y… este punto de acá eres tú. O bueno, soy yo, porque yo llevo la brújula. Cuando la uses tú serás tú.
—Ah, es deslizando…- Zakko lo entendió todo en ese momento.
—¿Shair no te dijo eso?
—Ella tampoco sabía cómo se usaba.
—¿Y cómo llegaron a la posada?
—Shair le fue preguntando a la gente de las calles el cómo llegar a Binmet.
—Tiene sentido.
Tras esa pequeña conversación, ambos nos encaminamos a la salida. Apagamos las luces correspondientes, y salimos. No hubo mucha conversación hasta la salida de la posada, más que nada porque yo permanecía concentrado en buscar la calle Piac.
—La encontré.- Exclamé, a la vez que Zakko cerraba la puerta de las afueras de la posada.
—¿Qué tan lejos está?- El slime me preguntó.
—Está… como a unas…- No sabía cómo decírselo mejor, por lo que se la soltaría sin más. —Dieciséis cuadras.
Zakko me observó un par de segundos en los que yo también lo observé.
—¿Por qué me miras como si tuviese la culpa?- Me sentía… juzgado.
—No lo hacía, no.
Tras esa negación, continuó haciéndolo un par de segundos más.
Nos tomó un par de minutos para encaminarnos hacia el mercado. Aunque creo que eso fue más por mi culpa, ya que Zakko no sabía en qué dirección era. Fui yo quien se quedó quieto hasta entonces.
Nos dirigimos hacia el sureste desde la posada, pasando por calles repletas de gente, hasta calles en las que no había tantas personas.
Zakko y yo no conversamos mucho. Más que nada porque por las calles en donde había una multitud considerable, el ruido nos obligaba a hablar en voz alta. E imagino que tanto él como yo no teníamos muchas ganas de elevar la voz.
La ciudad era extraña, pues algunas cuadras eran considerablemente mucho más cortas que otras. Así, no sabía bien cuánto tiempo nos tomaría llegar al mercado. No obstante, el ir caminando por Lusiudá nos dejaba ver por encima bastantes locales interesantes.
Habían más del estilo de juegos como el que vimos en el parque Coen. Solo que se veían mucho más grandes y con más personas… tenía ganas de venir. De hecho, de venir con Zakko. Me pintaba jugar con él.
—Zakko.- Se lo quería comunicar, a ver si le interesaba, ya que aún no nos íbamos tan lejos de ese local.
—¿Qué?
—¿Te gustaría otro día ir a ese sitio de… allá?- Apunté, para hacerlo más fácil.
—… Está bien, sí. No… no he ido nunca, no sé qué hay ahí… se ve muy… brillante.- Zakko lucía reacio por eso, y tenía razón. Emanaba una luz bastante más potente que el local que había en el parque.
—Venimos con los lentes de sol y solucionado.- Pensé con la cabeza y lo expresé con la boca.
—Entonces está bien…- Zakko aceptó, no muy convencido, pero aceptó.
Caminamos directo, ya que ya era solo avanzar un par de cuadras hacia el este.
De un momento al otro, una cantidad inmensa de personas se aparecía. Desde atrás que se notaba, y entre más nos acercábamos más se divisaba la multitud. Parecía que estábamos entrando en un lugar muy concurrido, ya que las calles se abrieron un tanto más y habían plantas en medio, bancos, alguna que otra estatua y los respectivos locales brillantes…
—¿Qué tan lejos… estamos?- Zakko me interrogó, aproximándose a mí porque si no, no lo escuchaba ni en pedo.
—Eh… como dos cuadras más. No falta casi nada.- Le informaba, a la vez que me fijaba en la información que entregaba mediante la brújula.
Zakko y yo nos detuvimos un momento, al entrar entre la aglomerada muchedumbre. Es como cuando se llenaba cerca del gremio en Giruboken, solo que ahora en una ciudad. Y las distancias eran mucho más grandes, solo que aquí hay más personas.
Logramos salir de ahí, sin embargo, la gente no dejaba de aparecer de la nada. Era una calle larga y muy transitada. En exceso de transitada, qué paja. La siguiente vez preferiría rodear esta calle o algo así.
Yo ya pasé a otra dimensión y solo me enfoqué en la brújula. Me distraje observando cómo avanzaba el círculo que me representaba. Era cuánto menos entretenido, sobre todo cuando no sabías qué carajo hacer sino.
—¿Esa es… Shair?- Zakko preguntó.
—¿Cómo?- Recobré consciencia en este plano, al oír la consulta del slime. Siguiendo su mirada, vislumbré un local cuando menos llamativo. No obstante, no vi a nadie parecida a Shair…
A quien sí vi fue a… Mitsune.
Mitsune… lucía… de un modo que nunca me imaginaría. No llevaba… una ropa adecuada…
«Me estaré confundiendo…? O sea… puede ser una casualidad… se supone que ella es de una raza y… nada me dice que no tengan todos el mismo color de cabello o algo así… aunque…».- Me sentía raro viéndole así. Mientras más lo pensaba más raro me parecía.
Sobre todo por lo que dijo Zakko.
—¿Quién?- Cuestioné, sintiéndome… extraño.
Zakko no me respondía, y yo me hallaba casi que consternado. Al fijarme en él, debido a que no contestaba, pude notar que él también.
La chica que se parece a Mitsune y que yo quería creer que no lo era, se adentró en el local. Zakko y yo no pronunciamos ni una palabra, mas los dos veíamos el mismo lugar.
—¿No la… veías?- Zakko insistió en haber visto a Shair.
—No creo haber visto lo mismo que tú.- Sin embargo, yo no la vi a ella, precisamente.
Tenía una curiosidad latente, mas mi pecho se hundía por algún motivo. Era una curiosidad que a la vez era preocupación. Asumí que si no hacía algo con eso me podría arrepentir después… y pese a eso no me moví ni un pelo.
Fue Zakko quien se adelantó y encaminó hacia el local. Las decoraciones de afuera de este no… me ayudaban mucho a tranquilizarme, pues la mayoría implicaba que era un lugar… un tanto indecente. Seguí a Zakko hasta al frente de la puerta, y él puso la mano en la manilla de la puerta.
Le tomó unos segundos atreverse a abrirla. Mi pecho se hundía por nervios que ni siquiera sé a qué se debían.
La puerta la final se abrió, y Zakko y yo dimos un paso hacia dentro casi que a la vez. Todo para contemplar lo que me esperaba por las afueras del mismo lugar. Era… una especie de puticlub. Mujeres con escasa ropa y hombres extraños por todas partes, alcohol… cada rincón que me detenía a observar era una mujer más con casi nada de ropa que notaba.
O era poca ropa o… ropa subida de tono. Volteé a ver a Zakko, quien tenía la mirada fija hacia el fondo del todo. Dirigí mi mirada hacia donde yo creía que él veía, y la vi. A… la persona similar a Mitsune. Adentrándose con un hombre cualquiera en lo que desde lejos parecían habitaciones.
Zakko comenzó a hiperventilarse, y salió rápidamente del lugar, hasta cerró de un portazo. A nadie le importó lo fuerte que azotó la puerta ya que el ruido de dentro era suficiente como para que ni se escuchase si no le prestabas atención. Y la mayoría estaba ocupado… con una persona del género opuesto.
Abrí la puerta para ir con él al momento, con el pecho cada vez más helado. No quería creer que fuera Mitsune…
Una vez fuera, Zakko se apoyó en la pared cerca de la puerta, por lo que vi apenas salí del todo. Zakko en ese instante… comenzaba a agacharse, llevándose las manos a la boca.
—¿Zakko?- Lo llamé, ya que me percaté en ese momento de que estaba a nada de llorar.
—Era… era ella… es imposible que no…- Zakko parloteaba, a nada del llanto.
—¿De qué hablas? Yo… yo no vi a nadie que se parezca ni nada. En serio.- Además de yo haber visto a Mitsune, tenía a mi amigo asegurando que vio a alguien que no vi yo. No sé si era cosa mía o algo así, mas no podía estar en peor situación. Tenía unas ganas de morirme inmensas.
Se escuchaba cómo alguien abría la puerta desde dentro.
—¡Ah…! Qué delicia de putas. Bien putas esas putas.- El tipo que salió de allí, salió contento y lo expresaba en voz alta. Tenía todo desordenado, desde el cabello hasta la ropa. Era fácil identificar que había pagado por acción.
Era fácil identificarlo, sí, aunque quizás tardaba un poco más de no ser porque salió gritando a los cuatro vientos que a alguna le habrá dado.
Él nos miró a nosotros, y no sé qué imagen le habremos dado. Un veniz casi que llorando semi agachado en las afueras de un puticlub, y yo, que no era capaz de verme a mí mismo pero estaba bastante preocupado y me pesaba todo el cuerpo.
Tuvimos un momento incómodo en el que él permanecía observándonos, y nosotros no podíamos charlar por su molesta presencia.
—Ustedes…- El tipo de cabello desordenado y gris, se dirigió a nosotros. —¿Son Dearu, no? ¿Kairo y… Zakko?- Primero apuntó a mí, y luego a… el slime, claro. No había otro más.
—¿Por qué… creerías eso?- Respondí yo, porque tenía pinta de que si no le hablábamos no se iría más. Tampoco tenía ganas de que nos reconozcan en este momento.
—No lo creo. Estoy seguro. Son iguales… aunque todos los veniz se parecen.- El tipo de ojos heterocromáticos, rojo y azul, seguía hablándonos. —¿Por qué… el veniz está así? ¿Por qué los dos están así? ¿Mala experiencia? Qué raro. Estoy seguro de que la mayoría son expertas.
—¿Tú estabas dentro?- Zakko de repente, recuperó la voz, para interrogarle.
—Sí.- El tipo de pelo gris asintió.
—¿Viste… a una chica de pelo verde claro y… coletas largas?- Zakko describía a Shair.
—Eh… ¿Podrías definirla un poco más?
—Bueno, tiene… ojos verdes también. Es baja y… tiene ciertos mechones desordenados… sobre todo en las coletas…
—En verdad no hay ninguna peliverde dentro, no. Te lo puedo asegurar, que yo soy un consumidor activo de este local.- El tipo lo presumía con orgullo, apuntándose con el dedo pulgar.
—¿Seguro? ¿No la viste pasar… hacia más adentro?
—No, no pasó nadie con esas características.
—Pero…- Zakko era incapaz de creérselo. —Yo vi…- Murmuró.
—¿Y viste a… una chica pelirroja con orejas de murciélago? Con pecas y ojos rojos también, casi del mismo tono que su pelo.
—No, tampoco… de casualidad, ¿También la viste pasando hacia más adentro, con un hombre?- El tipo interpeló.
—Sí.- Afirmé.
—Ah… ya entendí lo que pasó y porqué sus caras de traumados.- El tipo expresó, con un tono jocoso. —No es nadie que conozcan. Se trata de Meressa, mi favorita. Tiene habilidades de ilusión pasiva. Básicamente, ella no la maneja como tal, no elige en quién transformarse. Eso se maneja dependiendo de la persona que lo vea.- El tipo de pelo gris parecía un experto del tema.
—¿Qué quieres decir con eso?- Zakko cuestionó.
—Que no hay ninguna peliverde ni ninguna pelirroja con las características que ustedes nombraron. Esa es una hermosa mujer de piel oscura que posee la magia de transformarse en la pareja sexual ideal para la persona que la vea.- Le faltó chuparse los dedos mientras decía eso. Me daba cierto grado de repulsión entre tanto hablaba.
Sin embargo, me alivió un montonazo. Estaba a nada de pegarme un corchazo antes de llegar a la posada otra vez. Aunque…
«¿”Pareja sexual ideal”?».- Eso resonó en mi mente. Tanto así, que decidí preguntarlo.
—¿”Pareja sexual ideal”?
—Seh.- El tipo de pelo gris respondió de manera afirmativa como si no estuviese exigiendo más contexto.
—¿Sí qué?
—Ah. ¿Cuál era la pregunta?
—¿A qué te refieres con eso?- Insistí.
—Pues a eso. ¿A qué me voy a referir? Digo, si quieres soy más explícito. Está trabajando en un puticlub como una prostituta, tiene una habilidad que le sirve un montón para ello que es tomar la apariencia que el hombre que la observe desee. Hablando con ella, me contó que funcionaba más o menos con los receptores de maná de cada cuerpo, que desprendía también el deseo. Algunas veces… puede mostrar imágenes de gente con la que no necesariamente tengas intenciones reproductivas, mas… suele ser así, sí. Por eso tú viste a una pelirroja y el veniz vio a una peliverde. Los dos tienen a una mujer en mente y Meressa para ustedes tomó la forma de la mujer que ustedes desean.
Zakko y yo nos miramos de reojo luego de su argumentación. Tras eso, lo miramos a él.
—Gracias por la explicación, supongo.- A Zakko se le devolvió el color a la piel, normal que le agradezca. Si no se nos aparecía este tipo seguro se desmayaba o algo así.
Yo también la pasé un tanto mal… pese a que no sé del todo porqué.
«¿Tanto… me importa?».- Cuestioné en mi mente respecto a Mitsune. O sea… entiendo que… la haya visto a ella, me parece bastante atractiva… o eso pienso.
—Se llevaron un buen susto.- El tipo de ojos heterocromáticos se rio de nosotros tras aclararnos de qué se trataba eso. —Jamás pensaría… jamás pensaría que los vería a ustedes dos en las afueras de un puticlub. Entiendo que no son tan famosos ni nada pero… yo preferiría proteger mi imagen de ser ustedes. Por suerte, yo no soy ustedes, no importa si me meto y me follo a cualquier puta que se me entrometa.
Su vocabulario es un tanto desagradable.
—Ahora que ya lo saben, ¿Les llama la atención Meressa?- El tipo seguía hablándonos.
—No… ya nos íbamos, disculpa.- Zakko se daba vuelta, para que él y yo retomáramos el camino hacia el mercado.
—Chao.- Me despedí yo, de él.
Cuando nos alejamos algo del puticlub, sentí cómo Zakko respiró profundo, y yo aproveché para hacerlo también. No puedo negar que me estresé. Y si yo me estresé, no podía imaginarme Zakko en ese momento.
«Él vio a Shair… esperable, de todas formas».- Opinaba al respecto en mi cabeza. «No me extraña que él viese a Shair. Por lo mismo… debe haber sido todavía más horrible para él imaginárselo»
—¿Y a dónde vamos?- El tipo nos siguió, y cuando habló, colocó sus brazos en nuestros hombros. Tanto en el de Zakko como en el mío, colocándose él en el medio de ambos.
Tanto el veniz como yo por reacción nos sacamos su brazo de encima.
—¿Por qué nos sigues?- Interrogué, dándome la vuelta para verlo cara a cara.
—Es que no tengo nadita qué hacer…- Forzó una cara de pena, y realizaba choques leves de sus dedos índices. Este tipo me causaba repulsión, no sé si lo aclaré.
—¿Y si vas al puticlub? Vi de reojo que había oferta… o algo así.- Zakko intentaba convencerle.
—No vas a engañarme, acabo de salir de ahí.- El tipo lo descubrió al instante.
…
—¿Y si te vas a la mierda?- Le sugerí al hombre de pelo gris.
—Ay, qué agresivos. Y yo que quería hacerme su amigo.- Seguía actuando de víctima.
Volteé a ver a Zakko, quien ya estaba caminando. Avancé yo también junto a él.
—Pero si ustedes son de Dearu… tienen a dos hermosas mujeres en su equipo. ¿Por qué irían a un puticlub? Las tienen regaladas, no hace falta que vayan a un lugar como ese. No como fracasados como yo, que ninguna mujer se nos acerca-
—¿Por qué será?- Zakko murmuró, interrumpiéndolo.
—Aunque ahora que lo pienso. el veniz… describió a una de ellas. ¿Shair, no? Creo que esa era la peliverde. Era hermosa, sin dudas.- El tipo seguía balbuceando, solo que ahora lo hacía con una de nuestras compañeras.
Estaba rebasando una barrera que desconocía si el veniz o yo sería el que reaccionaría, pero tenía pinta de que alguno de los dos iba a golpearlo si seguía así. Más que nada porque yo soy yo y sé lo que pienso, y porque bastaba con solo verle la cara a Zakko para sobreentender eso.
—Pero Kairo no describió a la otra, y eso que es la más bonita según yo. ¿A quién describiste, amigo?- El tipo me cuestionó.
Yo no pensaba contestarle.
—¿O solo es… un fetiche tuyo? Está bien, todos tenemos uno. A mí depende del mes.- El imbécil que nos seguía perseveraba en su monólogo. —Qué desperdicio. Imagínate tener a una mujer tan linda como la albina esa, loco. Qué ganas de c-
Zakko fue quien se atrevió a darle el primer golpe, brindándole una cachetada en toda la cara. Se pasó de inocente, yo le hubiese metido un puñetazo.
—… ¿¡Qué mierda te pasa!?- El tarado de pelo gris exclamó.
Ni Zakko ni yo dijimos nada, ambos lo vimos a él, que se llevó la mano a donde mi amigo lo golpeó. En ese momento, sentía que por algún motivo, el tipo empezaba a manifestar una energía particular. Nos miraba a los dos con confusión, a la vez que molestia.
Se nos acercaba lento, y nosotros retrocedíamos sin quitarle los ojos de encima.
—Eh… espera, tranquilízate. No queremos… conflicto.- Intenté calmar la situación, viendo que se tornaba tensa y estábamos en medio de la calle con varias personas ya viéndonos. Aún así, él no dejaba de avanzar y nosotros de retroceder.
El maniático de pelo gris tensaba su vista ante nosotros. Suspiró, y se calmó.
—¡Está bien! No sería tampoco la primera vez que recibo un golpe así.- Su ánimo cambió de repente, ahora sonaba motivado. —Además… no me dolió mucho que digamos.
Cuando menos atención estaba prestando, Zakko caminó sin pararse a escuchar a nadie. Avancé rápido para alcanzarlo, y lo hice.
—¿Todavía nos sigue?- Él me preguntó.
Volteé para observar, y sí, nos seguía pero desde más distancia
—Sí. Nos sigue pero desde más distancia.- Se lo hice saber tal cual.
—Qué horrible.- Bajó el volumen de su voz.
—Si no le golpeabas tú lo hubiese hecho yo.- Afirmé, bajando el volumen de mi voz también.
—¿Qué tanto falta para el mercado?- El veniz me interrogó, por lo que me fijé.
Levanté la brújula y me detuve un momento a buscar la calle Piac.
—Queda media cuadra solo. De hecho… ¿Eso de allá es, no?- Mientras hablaba, nos acercábamos a un lugar grandísimo.
Se lograba avistar la cantidad de tiendas y de personas, además de guardias. Era toda una cuadra solo del mismo mercado. Eran como muchas tiendas diferentes, algunas de la gente y otras ya más cerradas con empleados y esas cosas.
Cuando estábamos a nada de llegar, el loco de pelo gris se aproximó a nosotros más rápido. Por lo que nos detuvimos a atenderlo.
—¿Qué haces?- Zakko cuestionó con hostilidad.
El tipo reaccionó más a la defensiva que a la ofensiva, levantando las manos demostrando que no pretendía hacer nada.
—Yo nada. Solo quiero acompañarlos.
—¿Para qué?- Interpelé.
—Para ser amigos. Ustedes son tipos geniales.- Él insistía. —… Perdón, Zakko. Si lo que dije fue de mal gusto.- En ese momento me sorprendió que alguien como lo venía siendo él pidiese disculpas, hasta que vi que el veniz tenía una mirada hostil constante en él.
—¿Quieres que venga con nosotros?- Zakko me interrogó de forma directa.
Al final, dependía de mí. Como odiaba que dependiese de mí. Cuando volteé a ver al tipo, tenía una sonrisa inocente. Me daba cosa rechazarlo, aunque no era de mi agrado y en verdad tenía más ganas de golpearlo que de estrecharle la mano.
Pese a eso, soy un cagón de época y me cuesta decirle que no.
—Bueno, verás… para empezar, no sabemos ni tu nombre-
—¡Zeroth!- Él me interrumpió.
—Eh… bueno, Zero-
—¡Zeroth!- Volvió a interrumpirme.
Suspiré.
—Zerot-
—Ajá.- Otra vez.
Decidí ignorarlo y seguir hablando.
—No sabíamos tu nombre hasta ahora, te apareciste y nos seguiste sin preguntarnos nada, y comenzaste a hablar guarangadas de nuestras compañeras…- Enumeré motivos más que suficiente como para mandarlo a la mierda, esperando que él entendiese.
Por más que lo veía y dejaba que transcurrieran los segundos para que él acabase de entender, a juzgar por su cara… no entendió un pingo.
—¿Quieres que sea directo o algo así?- Consulté directo, para que le fuese más fácil procesarlo.
—¡Sí!- Zeroth fingía emoción. O no sé si la fingía, pero si no la fingía, este tipo está más descerebrado que… no sé, algo sin cerebro. Él, por ejemplo.
Otra vez volteé a Zakko, esperando que él fuese capaz de darme el empujón para decirle que se fuera a la re puta que lo parió.
Sin embargo, recibí una cara de asco que no podía con ella. No era por mí, claro. La tenía por culpa del acosador este. Solo que él notó que lo veía y me miró a mí también.
—Zerot-
—Zeroth, sí.
—… Tú… cómo decirlo… creo que si no te viéramos la cara nunca más en nuestra vida ninguno de los dos se sentiría apenado. Es más, me atrevería a decir que te olvidaríamos en como mucho dos días. Tal vez tardemos tanto por el disgusto que nos generó conocerte. Tan solo compartimos un par de minutos y se sintió todo eterno, fue desagradable escucharte y puedo asegurar que tanto mi amigo como yo deseamos que te vaya mal en la vida mientras sigas actuando así. De no ser el caso, esperamos que al menos no volvernos a topar jamás.- Considero que quizás fui un poco duro. Solo que le puse la mayor buena onda del mundo, hasta le sonreí al final.
Había cerrado los ojos para no tener que verle la cara mucho tiempo y poder olvidármela más fácil. No obstante, al no recibir una respuesta, los abrí y le observé. Estaba destruido, boquiabierto y demostrando una banda de tristeza.
No puedo mentir que algo de pena sí me daba. A saber qué educación habrá tenido como para creer que era normal hablar así de la gente. O qué tipo de vida lo habrá llevado a comportarse así… mas ese era su problema, no el mío. Solo pensaba que aún con esas, pena me dio decirle todo eso.
—Y si te mueres mañana mejor.- Zakko se atrevió a añadir con un tono simpático, forzado, claro.
Evité reírme, mas no pude. Lo disimulé volviendo a sonreír y cerrar los ojos.
—Pero… yo no soy tan así… quizás me… excedí. Es algo que pensaba y apenas los vi volví a pensarlo y quería decirlo. No sabía cómo serían ustedes y… de verdad quería conocerlos…- Comenzó a hablar, respirando entrecortado.
De verdad me parecía grave que no creyera que todo lo que hizo fue súper raro. Hasta ilegal, yo me sentí acosado. Estaba la guardia civil al frente aún, de hecho un par nos tenía en la mira.
—Oye, Zeroth.- Zakko usó un tono más normal, por un momento.
—¿S-Sí…?- Y Zeroth seguía parlando entrecortado.
—Eres un tipo repugnante y me das asco. Pero-
—¿Pero…?- Zeroth lo interrumpió.
El veniz me vio a mí, buscando complicidad. No reconocía bien qué quería que pensara. No imaginaba que él quisiera darle una oportunidad, mas no se me ocurría otra opción.
—Si te comportas este tramo… y claro, después también… tal vez olvidemos esto.
—¡Yujú!- Zeroth celebró con una interjección que no habré escuchado jamás en mi vida hasta este momento. Hizo eso, y alzó las manos.
Vi a Zakko, esperando una respuesta proveniente de él, para comprobar si hice bien o no en decirle eso.
Él se percató de que lo veía, y no hizo ninguna seña ni nada. Al final, se encogió de hombros y actuó como si nada.
Retomamos, otra vez, el camino hacia el mercado. Pasamos por en medio de la guardia civil, que nos revisó por encima con una magia de detección que usó uno de ellos. A saber cómo funciona, solo sé que se supone que… funciona, pues.
Nos aproximamos a una tienda que era más bien un local, como un minisúper. Pasamos por la puerta los tres. No había tanta gente dentro, así que no se nos dificultó buscar lo que queríamos.
Zakko se acercó a un par de bolsas de fideos y otra de arroz. Compró un par de ambas, más sal. Yo decidí añadir una bolsa de algo similar a la carne, para fritar. Había preguntado si había sartén o algo así, y sí había, por lo que compró, aparte del que elegí yo, un par más.
Zeroth también intentó meter algo pero Zakko lo sacó a y lo mandó al carajo. Todo ese rato, Zeroth se portó como un inadaptado. Ni siquiera era insulto, de verdad parecía no saber comportarse. Le llamé la atención un par de veces, porque desordenaba las cosas de la tienda.
De ahí, Zakko pagó, y salimos de ese local.
—¿Qué más faltaría?- Interrogué.
—Fruta y esas cosas.- El peliceleste me contestó.
Nosotros estábamos caminando, concentrados en encontrar un local de frutas y verduras. Así, hasta que oímos a una niña llorar desde atrás. Ambos, curiosos, vislumbramos de reojo a Zeroth aproximándose a nosotros con un helado, y una niña detrás de él apuntándolo.
No sé si vi mal, mas en ese momento Zeroth tenía cierta marca negra con gris en la cara. Se le desapareció pronto, sin embargo, juraría que existió.
—¿Qué hiciste?- Zakko alzó la voz.
—Nada.- Zeroth negó haber hecho algo.
—¡Mi helado!- La niña se acercaba sollozando, junto a su padre.
En ese mismo momento, le quité el helado de la mano a Zeroth, antes de que lo fuese a ensuciar. Era un helado de cono de frutilla, recién comprado, ya que no tenía ningún desperfecto ni nada.
—Ten.- Le entregué el helado a la niña, con un poco de nervios, mas que nada porque el hijo de puta del de pelo gris se nos acercó como si fuésemos cómplices.
La niña seguía llorando, incluso cuando le quería regresar el helado. Cuando ella lo notó, lo recibió y a pesar de seguir respirando entrecortado, su llanto cesó.
—Gracias.- Expresó su padre conmigo.
—… No es nada. Por cierto, no tenemos nada que ver con ese sujeto. Ni yo ni el de pelo celeste. Le sugiero que denuncie a la guardia civil, en la esquina de allá hay una salida con un par de guardias.- Quería limpiar nuestro nombre, por si acaso.
—¿Cómo se dice, Mary?
—G-Gacias.- La niña me agradeció.
Cuando el padre con la niña se dieron vuelta, más que seguro que a denunciar, fue cuando comencé a oír a Zakko discutir con el enfermo que parece que adoptamos.
—¡Te dije que te comportaras!- El veniz exclamó.
—¡Pero… pero no hablé mal de ninguna mujer…!- Zeroth exclamó de vuelta.
—¿¡Qué parte no entiendes!? Pareces bastante mayor como para no entender qué está mal. Qué… ah…- Zakko quería desquitarse con violencia, mas no hallaba qué golpear.
—¿Por qué carajos hiciste eso?- Interpelé a Zeroth.
—Tenía ganas de comerme el helado…
Al oír eso, mi mente… estalló. En serio, no sé en qué nos metimos con Zakko, mas este tipo me daba mucho miedo. Es un inadaptado social por completo, no sabe qué hizo mal. Y si no sabe qué está mal de lo que acababa de realizar… me preocupaba hasta qué punto podría llegar.
Desconozco su fuerza, no obstante, todos aquí, o bueno, muchísima gente en este mundo, sabrá usar magia. Todos tienen habilidades que podrían fácilmente matar. Esto era lo que pensaba cuando desperté, con Zakko. La magia en manos de una mala persona, o en este caso, de alguien que no sabe lo que hace, es demasiado peligrosa.
—Oye, Zeroth. ¿Sabes qué está mal de lo que hiciste?- Pretendía… despejarme de un par de dudas.
—¿Está mal que… la niña se dio cuenta?
«¿En qué… embrollo. En qué embrollo nos metimos, la puta madre…».- Pasó por mi cabeza, al apenas escuchar la contestación de Zeroth.
—Quédate aquí un momento, Zeroth.- Le ordené.
—¡Okey!- Zeroth aceptó de inmediato.
—Zakko.- Me acerqué a él, procurando que fuese lo suficiente como para susurrarle y que el de pelo gris no nos escuchase. —Por… aparentar, mandé al padre a denunciarle…
—¿Hiciste qué?- Zakko no comprendió a la primera.
—Mandé al padre a denunciarle. Con… los guardias de la entrada. Deberíamos alejarnos de este tipo.- Apuntaba muy discreto a Zeroth, quien estaba bobeando en el lugar donde le dejé.
—¿Pero por qué hiciste eso? La gente nos está viendo junto a él, imposible que no ocurra nada.
—Bueno, pero… podemos decir algo como que lo estábamos reteniendo para ayudar. De algún modo nos lo íbamos a tener que sacar de encima.
—… Tienes un punto, eso creo.- Zakko me dio el punto. O eso cree.
Los dos dejamos de susurrar para pararnos en frente de Zeroth. Zeroth estaba de espaldas a la entrada, ya que nosotros veníamos de ahí. Por esa razón no veía a ningún guardia civil. El problema era que nosotros tampoco. Y eso que hacíamos tiempo, llevábamos ahí parados un par de minutos contados por mi propio reloj.
—¿Hasta cuándo me quedo aquí?- Zeroth consultó.
—Si puedes, un rato más.- Zakko le sugirió.
—No te pregunté a ti, veniz.- Zeroth en ese momento añadió otro adjetivo negativo a su persona. Iba machista, ladrón, y ahora soltó un comentario claramente racista.
—¿Por qué me dijiste así?- Zakko, como es evidente, lo entendió de forma despectiva.
—¿Así cómo?
—Me llamaste veniz. Tengo nombre.
—No veo el problema. ¿Eres un veniz, no?, si te ofende que te llame por tu raza el problema es tuyo, veniz.
Zakko se quedó callado, no obstante, yo fui capaz de percibir su maná. Al compartir tanto con él, al parecer, ya era apto para percibirlo. En ese momento, juntó maná en su puño derecho, por lo que yo puse mi brazo en frente de él para detenerlo de que cometiera cualquier acto impulsivo.
—Aún no, Zakko.- Pretendía calmarlo de alguna manera, y solo me salieron esas palabras.
—¿Después sí?- Zakko interpeló.
—Aguanta un poco más. No deben tardar.
—¿De qué hablan?- Zeroth por suerte, no captaba ni una, el inadaptado.
Pasaron los minutos y aún así no acontecía nada. Nadie llegaba, gente pasaba y nos miraba. Creo que ahora más porque éramos tres tipos con ropa llamativa quietos por completo.
—Se están tardando.- Zakko recalcó.
—Vamos a seguir comprando. Ven.- Me rendí, y caminé hacia delante, invitando a mi compañero a que me siga. Solo a él, mas el otro también vino.
Alcanzamos por fin un puesto de frutas y verduras. Era uno abierto, por lo que fue más fácil. Zakko agarró un par de manzanas, plátanos y naranjas. Habían unas frutas que no había visto en mi vida, mas tampoco me atrevía a pedir una ya que si no me gustaba se desperdiciaría. Y a Zakko no parecía interesarle comprarlas.
Al final, dimos un par de vueltas más, Zakko y yo compramos cosas para añadir al pan, como mantequilla. A veces me preguntaba de dónde salían todos estos productos si no he visto ni un solo animal hasta la fecha. Magia, supongo. A saber. Si existe la magia para hacer comida, ¿Qué sentido tiene pagarla?, podría… no sé, crear mi propia comida para siempre y así subsistir. ¿Qué me lo impide?, no tengo idea.
Nos mantuvimos rodeando el mismo lugar debido a que tanto el veniz como yo estábamos pendientes de que se acercara la guardia civil cuanto antes.
Entre tanto, Zeroth… se comportaba como un niño maleducado. Ahora solo nos observaba de vez en cuando y nos seguía sin decir mucho, mas el tener que vigilarlo todo el tiempo para que no cometa otra ilegalidad es desgastante.
A veces se separaba de nosotros, luego de mantenerse viendo un par de segundos hacia una dirección. Justo como ahora.
—¿A dónde vas?- Es lo que yo le decía, y le dije.
—Ah, perdón.- Zeroth se disculpó y regresó con nosotros.
«¿Así se debe sentir ser padre? Qué horrible. Me corto los huevos antes de esto volver a sentirme así».- Pasó por mi cabeza, cansado de llamarle la atención.
Pasaban los minutos y no se avistaba nada, ya hasta llegamos a otra salida, habiendo caminado bastante lento.
Zeroth se nos adelantó al ver la salida, caminando hacia afuera sin pausa. Zakko y yo sí que tuvimos una pequeña pausa.
—¿Y ahora? ¿No dijiste que lo denunciarían o algo así? No parece haber venido nadie.- Zakko interrogó.
—Bueno, yo le dije que lo hiciera. Capaz no lo denunció y ya, tampoco tenía porqué hacerme caso.- Me justifiqué.
—… Pero…- Zakko suspiró, casi entrando en desesperación. —¿Cómo nos lo sacamos de encima…?- El veniz casi que suplicaba por ayuda.
—Y no sé… no podemos ir a la posada con este siguiéndonos…- Yo sacaba conclusiones, obvias, mas las sacaba. —Aunque ahora está distraído. ¿Qué tal si damos la vuelta rápido?- Sugerí, percatándome de que Zeroth observaba las afueras sin sospechar ni un poco.
Zakko sin contestarme, comenzó a caminar hacia donde señalé, para dar la vuelta por el mercado y perdernos entre la muchedumbre. Por suerte para nosotros, transitaba un montonazo de gente aquí, era difícil encontrarnos una vez nos camufláramos entre medio.
No sé ni cuánto caminamos, solo sé que avanzamos una banda, pasando por el costado de las personas, e intentando esquivarlas. En el mismo mercado, lograba identificar varias tiendas de cosas como cuadros, muñecos hechos a mano de lana, hilo, u otras cosas. Hasta de vez en cuando se oía música.
Era muy bonito lugar como para revisitarlo, sin tener un acosador del qué preocuparnos, claro.
Tras unos minutos esquivando a las personas y avanzando a la vez, llegamos a otra esquina con una salida. No había tanta gente cerca de esta, así que tuvimos un momento para respirar aire fresco. Que entre tanta gente, el aire muy fresco no llegaba, no.
—¿Lo perdimos?- Zakko interpeló, dándole la espalda a la salida para verme.
Como él le daba la espalda, no se percató de que en la salida, que a su vez era entrada, logré vislumbrar a Zeroth, quien se acercó a nosotros.
Por ello, no le respondí a Zakko, solo realicé un gesto con mi cara, el cual yo imaginaba que expresa fácil el que me quería matar. No sé si él fue capaz de entenderlo, mas se volteó de todas formas. Algo entendió.
—¡Oigan! ¿Por qué se fueron sin mí…?- Zeroth forzaba un tono triste.
—No… tú te fuiste sin nosotros…- No sé porqué respondí eso.
Mi respuesta fue tan pésima que de parte de mi amigo solo escuché cómo se llevó la mano a la frente de una manera un tanto agresiva.
—¡No…! ¡Yo jamás…!- Zeroth seguía forzando el tono triste. O… en el caso de que no lo hiciera, sería más incómodo todavía.
Respiré profundo, antes de actuar. Raro caso en mí, mas esta situación lo ameritaba.
—Zakko y yo… estuvimos hablando de que queríamos pasear por las calles un rato. ¿Qué te parece?- Forcé un tono amigable.
—¿¡Qu-
Interrumpí la duda de mi amigo porque estaba desarrollando un plan. Él solo tenía que dejarme cocinar y apoyarme. El problema es que no tenía modo de decírselo de momento.
—¡Sí!- Zeroth afirmó alargando la vocal. Me dio un asco tremendo.
De hecho fue tanto el asco que me hallaba al borde de las nauseas.
Tras superarlo, Zakko, Zeroth y yo salimos del mercado por esa calle. Yo me detuve unos segundos para ver la brújula y comprobar qué tan lejos estábamos.
Mi plan era caminar hasta que se hiciese tarde y este tipo se tuviese que ir a su casa o algo así. Y caminar lejos de nuestra posada, claro. De hecho, pensaba tomar otra ruta hasta la posada también. Por eso me servía que saliésemos por esta esquina que era la más alejada de Binmet.
—¿Y… hacia dónde vamos, amigos?- Zeroth consultó.
—No me vuelvas a llamar as-
Le tapé la boca al irrespetuoso de mi compañero veniz.
—No sé, no tenía un plan. Podemos caminar de frente y voltear en las calles que sintamos bien, no me importa.- Aclaré yo, manteniendo la boca del veniz cerrada.
—¡Bien! ¡Me adelanto!- Zeroth por suerte, se adelantó. Bueno, ahí lo comunicó, en su diálogo, sí.
—¿Qué haces?- Zakko me cuestionó, luego de que le liberase el habla.
—De algún modo nos tiene que dejar de seguir. Este tipo habrá dormido en algún lado todo este tiempo, si se hace de noche quizás se vaya a su casa y nos deje.- Le expliqué.
—¿Vamos a caminar con él hasta que se haga de noche?
—¿Tienes alguna idea mejor?- Interpelé, directo.
En ese momento, hubo un silencio el cual ambos empleamos en observar a distancia lo que hacía Zeroth. El cual caminaba de espaldas, viéndonos, y saludándonos con la mano, agitándola de un lado a otro.
—¿Y si lo matamos?- Zakko propuso.
—No tienes ninguna idea mejor, no.
Con la idea en mente, los dos nos aproximamos a Zeroth, el cual por algún motivo le gustaba caminar detrás de nosotros.
Zakko tenía una cara que no podía con ella. No sé si este se junta mucho con Yaku o Yaku se juntó mucho con él, alguno de los dos le pegó la maña al otro. Al menos ahora tenía un motivo para reaccionar así, supongo. El loco este de pelo gris es desagradable a morir.
—Oye, Zekken.- Zeroth parloteó.
—Zakko.- Zakko corrigió su nombre.
—Eso, Secco. ¿Por qué sigues tan molesto conmigo?- Zeroth por obvias razones, era lo suficiente inteligente como para leer el comportamiento hostil del slime. —No alcancé a decir ni mu, y reaccionaste de forma agresiva conmigo.
Me temía que esta conversación no iba a acabar en algo positivo así que hablé de cualquier cosa que veía por las calles.
—Miren, un tipo con sombrero de copa.- Apunté a cualquier lado.
—¿¡Dónde!?- Zeroth miró para cualquier lado. Ni siquiera se guio de mi dedo, porque se volteó justo para el lado contrario. —… Oye… no hay nada, mentiroso.- Zeroth tardó unos segundos en darse cuenta.
—Oye, Zeroth.- Lo nombré, para sacarle un tema, y hacer que se olvide del otro.
—¿Qué?
—¿Qué tal tu familia?- Fue lo primero que se me ocurrió.
—No tengo.- Zeroth negó su existencia en este lapso de tiempo, aunque sin denotar ningún tipo de pena por ello.
«La puta madre. Para una vez que intento sacar tema».- Maldije mi mala suerte.
—¿Desde cuándo… más o menos?- Sé que es una pregunta bastante estúpida y hasta de mal gusto, mas… él no lucía como alguien afectado. Y quería sacarme de dudas respecto a su educación.
—Desde que tengo… memoria.- Ahora sí se tardó un momento en responder, su tono cambió, mas seguía sin ser uno de melancolía.
—¿Ni alguien que te haya educado o algo así?
—No. Por tener, no tengo ni hogar. ¿Saben?, a mí me gusta mucho viajar a pie. Yo camino hacia donde me diga mi instinto, y sobrevivo comiendo qué o quién se me ponga en medio.
Lo oía a la vez que me enfocaba en él. Era un gasto ya que él se mantenía detrás nuestra, por lo que de vez en cuando giraba la cabeza para ver hacia el frente, y la regresaba para verlo a él.
Me tomó un par de segundos darme cuenta de lo que me contestó.
—¿”Quién”?- Creí haber oído mal.
—¿Quién qué?- Zeroth no entendía mi consulta.
—Dijiste… ¿Dijiste “qué o quién”, verdad?
—¿Lo hice? Creo que sí lo hice.- Zeroth afirmó.
No sabía reconocer si él en ese momento empleaba el tan conocido sarcasmo, sobre todo porque no expresaba ni una mueca de gracia.
—… ¿Y cómo llegaste a Lusiudá?- Pregunté por… preguntar.
—Las luces son muy llamativas. Escuché de esto en el Duel’Grot de ustedes, entre los humanos.
«Este tipo se está comunicando… un tanto raro. ¿Será de otra raza?, para mí parece humano… aunque Zakko también y no es humano. Entiendo que será de otra raza y por eso especifica que entre humanos…».- Algo en él seguía sacándome de onda.
—Me encaminé cuánto antes, siguiendo los carruajes, y desde el primer día que llegué encontré aquel local… tan… magnífico. En serio, se los recomiendo. He ido cada día sin falta, casi.
—… ¿Y de dónde sacas el dinero, si se puede saber?- Interrogué.
—Bueno… podría decir que lo encuentro por ahí. Hay muchos… perdidos.
—¿Por qué… en plural?
—¿Qué tiene?- Zeroth no entendía mis interrogantes.
Yo lo observaba cada vez más extrañado. Volteaba a ver a Zakko, quien tenía la mirada muerta hacia el frente. Al percatarse de que yo lo miré, él me devolvió la mirada. Entendí que no podía contar con él para hablar nada porque si abría la boca lo más probable es que acabásemos en la cárcel o algo así.
Lo que sí me extrañaba en este momento, es que por estas calles no divisaba tanta guardia civil. Caminábamos lento, sí, mas ni desde lejos lograba avistar a un guardia.
—Es verdad. Zakko, ¿Por qué no hablas?
Zakko respiró profundo. Quería comprobar qué respondería él, antes de callarle la boca a la fuerza. Sobre todo porque… ya estaba atardeciendo, la noche no tardaría en llegar. En poco nos liberaremos de este sufrimiento.
—No quiero.- Fueron las palabras del veniz. Directo fue, no efectuó ningún tipo de hostilidad, mas allá del tono con el que lo comunicó. Para mí está bien su respuesta.
—¿Por qué…?- Zeroth no lograba comprender. —No alcancé a decir nada malo, literalmente.- El de pelo gris se excusaba.
—… Ah, ya sé. ¿Te pusiste celoso porque dije que Shair era hermosa? Bueno, es la verdad. No creo que te deba molestar mucho eso, a mí no me conoce ni me conocerá. De hecho, iba a hablar de Yaku porque respeto que a ti te gustase ella, amigo. Y mira que habré pensado cosas de Shair, sobre todo relacionadas a las coletas que tiene. Imagínate agar-
—Para.- Elevé la voz para que Zeroth se detuviese.
A la vez que hice eso, puse mi mano en el hombro de Zakko, evitando que cometiese cualquier locura. Crucé miradas con él, y apunté al cielo, indicándole que quedaba poco para que nos librásemos de él.
—Ah, perdón. Me dejé llevar. Bueno, eso, que eres afortunado por tener a esa mujer contigo todos los días. Yo no tengo la misma suerte, y por eso apenas descubrí ese lugar no he parado de ir. Me gusta recibir esa atención, desearía tenerla sin recurrir a pagar.- Zeroth continuó su monólogo.
Doblamos en una esquina, sobre todo porque tampoco quería alejarme tanto de la posada. No me importaba caminar algo más… era más que nada porque me daba paja hacerlo. Lo tendré que hacer, mas si lo puedo evitar… mejor.
Ahora mismo, nos hallábamos a unas diecisiete o dieciocho cuadras de la posada, quedando esta más al noroeste de donde nos encontrábamos.
—Espero que algún día la tengas.- Zakko por algún motivo, le deseó bien a Zeroth. Querría preguntar el porqué, mas… creo que mejor no indagar en eso.
—Gracias. Igualmente, espero que esa mujer te ame toda la vida.- Y Zeroth le tiró la buena también.
—Gracias.- Zakko le agradeció por eso.
Este día se sentía infinito. Por más que avanzábamos y cambiábamos de calle y todo… la noche apenas llegaba. Ya anochecía casi, revisé el reloj y eran las ocho de la tarde. Solo estuvimos seis horas afuera y me sentía más cansado que… no sé, en todo el Duel’Grot. Jamás me cansé tanto en el Duel’Grot contra el Harasei que como ahora.
O sea, es peor tener en cuenta que allí no era solo mi cansancio, me llenaron a puñetazos y ataques mágicos raros. Y aún así preferiría revivir ese día que este. Qué horrible, por Dios. No se lo deseo ni a mi mayor enemigo.
Estuvimos hablando un poco más, Zeroth se animó a preguntarnos el qué hacíamos como grupo. Conté yo que todavía no completábamos ni una sola misión en Lusiudá como aventureros, estábamos de paso de momento. No conté mucho más ya que con suerte no lo volvería a ver y no me interesa que alguien sepa nada de nosotros.
No conté mucho, mas alargué con palabras innecesarias entre medio, para aparentar que hablé demasiado.
—Y eso.- Fue como acabé de hablar de todo.
—Suena… demasiado interesante. Ya me gustaría a mí tener aventuras con amigos y mujeres lindas. Qué envidia…- Zeroth lucía… derrotado a la vez que lo decía.
«Supongo que… ese pensamiento no se lo puedo juzgar. Suena a algo envidiable el compartir con ellos de esta manera. Yo me tendría envidia».- Sin ni siquiera buscar ser pretencioso, era algo que de verdad pensé. «Viajar con amigos suena a algo muy bonito de hacer. Y… Shair y Yaku son lindas, sí. No me importa eso a mí, mas… una cosa no quita la otra. Es algo que alguien podría pensar»
—¿No me invitarían a su gru-
—No.- Zakko negó apenas logró anticiparse a la consulta de Zeroth.
—¿P-Por qué…?
—No estamos buscando más gente. Lo siento.- Notaba cómo Zakko intentaba no desearle la muerte a la vez que lo rechazaba. De verdad lo intentaba.
—Oh… está bien…
Luego de esa conversación, seguimos caminando. Nos hallábamos ahora mismo, a doce cuadras de Binmet. De vez en cuando caminábamos más lento para observar ciertas tiendas. No entrábamos, mas desde fuera eran llamativas.
Creo que también, encontramos sin querer una especie de teatro. No era del todo grande, mas era un teatro, era fácil identificarlo. Según Mitsune, deberían haber bastantes más plagados por Lusiudá. Mas creo que este es el primero que vemos.
Eran las nueve ya, la luna se mostraba. Cada vez se encontraba menos gente en las calles, y aún así, Zeroth no parecía querer irse a ningún lado.
—Oye… dijiste que no tenías hogar. ¿Dónde duermes?- Le pregunté a Zeroth, buscando la manera de proponerle que se vaya a dormir.
—No sé, en callejones o lugares así que encuentro. Muchas veces ni duermo, no me dejan dormir muy seguido… ah mira, callejones como este.- Justo estábamos pasando por un callejón, así que Zeroth aprovechó para aclarar.
—¿Quién no te deja dormir?- Zakko interpeló.
—Ellos.- Zeroth se limitó a usar una sola palabra.
—… ¿Quiénes?- Interrogué yo ahora.
—Ellos, ya saben. Seguro que a ustedes también los molestan.
—¿Pero quié-
—¡Ahí viene uno!- Zeroth se pegó a mi espalda, cubriéndose.
Presté atención al frente, y solo vi a una mujer. Mujer joven… con el cabello recogido y de color café. Llevaba… una vaina de espada, amarrada a su espalda, mas se notaba incluso desde delante de ella.
La vislumbraba prestándole atención a todos lados, como si pareciese buscar algo. Nosotros no avanzamos mucho desde que nos topamos con el callejón, al cual Zeroth parecía tener interés de ir, ya que me sujetaba desde atrás para encaminarme.
Sin embargo, yo oponía resistencia. Sobre todo porque no entendía el porqué él se escondía.
—¿Qué te pasa?- Consulté, extrañado.
—Esa mujer… me quiere hacer daño.- Zeroth indicó, manteniéndose oculto en mi espalda.
—¿Por qué?- Zakko interrogó, demasiado despreocupado. Entiendo que a él no le importa si le hacen daño… y a mí tampoco para ser sincero.
—No sé… solo por vivir.
Mientras más segundos pasaban, la chica más se nos acercaba, hasta que nos identificó. Nos vio con un comportamiento extraño, supongo que proveniente de mí. Más que nada por la parte de que alguien detrás de mí quería moverme hasta el callejón, y yo pretendía quedarme en donde estaba.
—¡Oigan, ustedes!- La chica de cabello café oscuro y ojos negros, nos llamó la atención una vez se nos aproximó. Momento exacto en el que Zeroth dejó de jalar mi ropa.
—¿Sí?- Contesté.
—Ustedes son los del mercado. ¿Vieron hacia dónde se fue el tipo de pelo gris?
—¿Eres de la guardia civil? ¿Por qué no tienes el uniforme?- Zakko interpeló algo que era muy lógico. Es verdad que esta chica no llevaba el uniforme de guardia civil, mas al parecer sí se hallaba buscando a Zeroth.
En cambio, vestía un manto que aparentaba ser abrigador debido a lo grueso que lucía. Era de color verde oscuro, y debajo llevaba una camisa negra. Pantalones del mismo color que su camisa, solo que con rayas grises.
—Respondan mi pregunta.- La chica insistió, llevando su propia mano a la funda que portaba, como si fuese a desenvainar una espada.
Zakko se puso en frente de mí, como reacción.
—¿Por qué deberíamos? No eres de la guardia civil.- Zakko insistió.
Yo tenía detrás a Zeroth, que estoy seguro de que la chica lo vio. Debería ser muy distraída o hasta estúpida si no pudiese notarlo.
—Es una amenaza. ¿Qué importa si soy de la guardia civil o no?, hay que erradicarlo.
—¿Una amenaza por qué? Solo robó un helado a una niña. No creo que… haga falta llegar a ese punto.- Yo me animé a meterme, argumentando eso mismo. La tipa tenía intenciones de matarlo, cosa que me sonaba exagerada para alguien como él. No había hecho nada ilegal aparte de eso, el resto del tiempo solo fue un idiota.
La tipa emitió ruidos de molestia.
—¿Qué mierda les importa? Apártense.- La castaña se nos acercó, por lo que pretendí retroceder.
Zeroth no entendió al instante mis movimientos, por lo que acabamos demostrando que había alguien detrás nuestra, por si no era obvio antes.
—¡Quítense!- La castaña nos gritó, agarrando con más fuerte el mango que sobresalía de su vaina.
Zakko extendió los brazos, anteponiéndose a ella, y cubriéndonos a Zeroth y a mí.
—De esto debe encargarse la guardia civil. Tú no tienes nada que ver.- Zakko se negaba a brindar paso.
—¡Puta madre, imbécil! ¡Apártense o los tendré que apartar!- La tipa vociferó.
—¿¡Por qué no mejor nos dices porqué es una amenaza!?- Zakko también se puso tenso.
La castaña sacó su espada, de una vez. En ese momento, Zeroth se apartó un poco de mi espalda. Sentí que él se quería alejar en silencio, manteniendo casi la misma postura que antes para pasar desapercibido.
La espada de la castaña era una de luz. O… más que luz, era una eléctrica. Pensé que era una de luz porque era amarilla y no tenía una forma física, mas al percatarme de ciertas irregularidades entendí que era una de rayos. El mango también era más o menos eléctrico, o demostraba ciertos destellos también.
Ella intentó rodearnos, mas tanto Zakko como yo caminamos para seguir interponiéndonos en su camino.
—Se los diré por última vez. Apártense.- La tipa puso su espada en la cara de Zakko.
Que no se desesperara me daba a entender que no se hallaba segura de haberlo visto.
—Baja la espada.- Zakko indicó.
—¡Quítate de en medio!- La chica la acercó a su rostro.
—Baja, la, espada.- Zakko reiteró, haciendo pausas. Él hablaba sin miedo, de un momento al otro pasó a ser un tipo rudo.
Mi corazón iniciaba a latir un toque más rápido, me tenía nervioso este momento. No sé si para buena o mala suerte, a lo lejos se lograba avistar un par de guardias civiles con el uniforme.
Sin embargo, me descuidé. Para avistarlos, me corrí un poco, mi cerebro no procesó lo que eso ocasionaría.
—¡Lo vi! ¡Quítate, idiota!- La tipa volvió a intentar pasarnos por el costado, solo que ahora sí se abalanzó. Arrancó a correr, no obstante, Zakko la sujetó del manto que ella portaba. —¡Suéltame!- La tipa con su espada, le apuñaló el brazo.
Zakko expresó dolor, mas no la soltaba.
—¡No es tu puto asunto, veniz de mierda!- La tipa enterraba aún más la espada en el brazo de Zakko, quien luego del primer gesto de dolor, no expresó ni un poco más.
Yo… no estaba haciendo nada. Estaba paralizado, no sabía cómo ayudar a Zakko. Sobre todo porque me daba miedo que me apuñalara a mí, o me cortara. No sé yo si pudiese resistir tanto como él.
«¿Cómo… cómo aguanta ese dolor?».- Pasó por mi cabeza, fijándome en la espada apuñalando su brazo. «Ni siquiera… ni siquiera sangra».- Algo no me… cuadraba.
La tipa sacó la espada del brazo de Zakko, para detener su mirada en mí. Con un movimiento muchísimo más rápido que mi reacción en ese momento, ella dirigió su arma hacia mi cara. Mi guardia estaba baja, a pesar de la alta tensión de la escena. No esperaba que su espada se dirigiese a mí…
Y sin embargo, no me alcanzó. Zakko se interpuso, volvió a poner la mano en la espada. Esta lo atravesaba, no obstante, Zakko fue capaz de detenerla agarrándola así.
Al ver que no llegó mucho más lejos, la mujer desapareció su espada. La desapareció y a los segundos la volvió a crear, procediendo con un movimiento aún más veloz que el anterior, mas ahora apuñalando el estómago de Zakko. Yo no era capaz de… detectar sus movimientos. Eran muchísimo más veloces que cualquier otro que hubiese visto.
No sé cómo Zakko sí podía, yo ni aunque me hubiese enfocado. No podía ayudarlo ni aunque quisiera.
Zakko cayó arrodillado cuando lo apuñaló en el estómago, llevándose las manos a donde fue apuñalado. No tenía idea de qué hacer en ese instante, sobre todo porque poco después la mujer se dirigió a donde iba Zeroth también.
Mi cuerpo por instinto, se movió solo. Empleé mi magia elemental para impedir que la tipa se alejara demasiado. Intenté crear una brisa potente que la detuviese, logrando que se tropezara.
Ella se levantó de inmediato, solo que ahora no mostraba la intención de perseguirlo. Al parecer, Zeroth se alejó lo suficiente como para que esta no lo viese. Cuando se rindió, comenzó a manifestar ruidos altos de frustración y rabia, para luego redirigir su mirada de molestia a nosotros.
En ese momento caí en que Zakko había sido apuñalado.
—¡Zakko! ¿E-Estás bien?- Mi corazón no paraba ni un segundo, hallándose cerca del desmayo.
Zakko no expresaba ningún ruido. Yo podía divisar cómo sangraba, y él intentaba respirar.
No sé si para bien o para mal, la guardia civil acabó alcanzándonos.
—¿¡Qué está pasando!?- Voceó uno de ellos.
—¡Esa escoria quería blanquear a un demonio!- La tipa nos señaló, ya que se había aproximado a nosotros.
—¿Qué?- Uno de la guardia civil, quien parecía el líder de los otros que venían con él, volteó hacia nosotros. —¿Es eso cierto?
—No… nosotros no sabíamos eso… esa maniática solo se nos acercó y amenazó. Lo único… lo único que… que teníamos en mente era que alguien sin uniforme de guardia civil nos pedía que nos apartáramos para atacar a alguien que se hallaba cerca de nosotros. ¿C-Cómo íbamos a saber que era un demonio si no nos lo decía?- Intentaba contar nuestra versión. —Hija de puta. ¿¡Tanto te costaba decirnos!? ¡Te preguntamos varias veces!- Me expresé molesto, y asustado. Mi cuerpo temblaba, mis brazos en la espalda de Zakko.
—¡Apuñalaste a mi compañero!- Vociferé, intercambiando la atención de mi mirada en la tipa, y en Zakko. Que por alguna razón, ahora tenía el pelo blanco. No le presté mucha atención, debido al estrés. De mis ojos salían pequeñas lágrimas.
—¿En serio hiciste eso, Ive?- El guardia civil la cuestionó a ella.
La tipa no respondió, mas se cruzó de brazos.
—Ive. Tuvimos esta conversación hace poco. Vas a tener que seguirnos.- El guardia civil se expresó con seriedad, a la vez que se acercó a ella. —¡Luzi!
—¿¡Sí, señor!?- Una de entre la guardia civil contestó. Ahí me fijé en que el resto andaba revisando los alrededores.
—Cubre al afectado. Me llevaré a Ive detenida.- El guardia civil le dio indicaciones a la otra… guardia, mientras sujetaba del brazo a Ive.
La guardia a quien llamó Luzi se acercó a Zakko, quien comenzó a toser sangre. Luzi puso su mano en el estómago de Zakko y en la espalda, para a posterior emanar una luz verde, que ya identificaba con la magia curativa.
—¿Está muy afectado?- El guardia líder cuestionó, sin haberse movido ni un pelo, sujetando a la maniática castaña.
—No, señor. Puedo sanarlo sin problemas.- Luzi aseguró, dejándome más aliviado que alguien demasiado aliviado. El estrés del momento me consumía por completo.
—Muchas gracias.- Me expresé, necesitaba expresarlo.
—No hay de qué.
—Te salvaste solo porque al chico no le pasó nada grave. De todas formas, si no hubiéramos estado, el chico pudo haber muerto.- El guardia líder se dirigía a quien llamaba Ive. O sea, la castaña. —¡Oye!, ¿Quieres levantar cargos?- Se dirigió a Zakko.
—… No… Con una compensación monetaria… estoy bien…- Zakko contestó, entrecortado.
—Reitero, te salvaste.- El guardia líder se volvió a dirigir a Ive. —Está bien, chico. ¿Eres un aventurero, no?, puedes ir al gremio del día de mañana y nos encargaremos de que se te recompense desde allí. O, puedes venir a nuestras oficinas. Lo que te quede más cerca.
—Gracias…- Zakko agradeció.
—¿¡Encontraron algo!?- El guardia líder interpeló a sus compañeros.
—El demonio se fue por allá.- Ive recién recordó que podía hablar, y apuntó en la dirección a la que fue Zeroth.
—Hm… asumo que ya es tarde. De todas formas, ¡Que alguien cubra esas zonas!- Ordenó el guardia líder. —Y gracias Luzi, otra vez un buen trabajo.
—No hay de qué.- Luzi se alejó una vez acabó de curar a Zakko.
Fue tan perfecta su magia sanadora que no había ni prueba de la herida. O bueno, no sé, quizás alguna cicatriz dejó. Su ropa se encontraba intacta, por cierto. Me extrañó.
—Chicos. Seguro ya les habrán dicho esto… mas Lusiudá últimamente es muy peligrosa. Si encuentran a algún demonio o reconocen a uno, recurran a la guardia civil más cercana.- El guardia líder nos recomendó.
—Pero… ¿Qué manera hay de reconocer a uno? O sea, si hubiéramos sabido que se trataba de un demonio, habríamos dejado que esa tipa se encargara. Pero ella no nos quiso decir, y nosotros no sabemos cómo son. No somos de Lusiudá, venimos desde Giruboken.- Añadí eso último para que se entendiera que llevábamos poco tiempo en la ciudad.
—No hay como tal un patrón de comportamiento. Muchas veces solo los reconoces cuando toman su forma demoníaca e intentan atacar a uno. Ive debió haber reconocido a uno desde antes, y por ello se desesperó por atacarlo. Sepan… disculparla. La reprenderé y me encargaré de que la justicia se aplique para ella también. Aunque si tu amigo no levanta cargos, solo puedo ayudar con lo de la compensación monetaria y poco más.
—Sí… no pasa nada.- Zakko reiteró que con la compensación monetaria bastaba.
—El demonio se encaminó al noreste…- Un guardia civil aleatorio se nos acercó, para hablarle al líder. —Esperen… ¿Eres Kairo?- Me reconoció.
—¿Quién?- El guardia líder cuestionó, al parecer, él no me conocía.
—Es un aventurero que participó en un Duel’Grot. Lo sé porque participó contra el Harasei, lo fui a ver. Fue… increíble. De hecho, salió el jugador estelar, superando hasta a Mwsatt que participó también.- El guardia civil aleatorio contaba.
—¿Mwsatt? Recordaba que ese tipo era fuerte.- El guardia líder si reconoció el nombre de Mwsatt.
—Sí… eres demasiado talentoso, hermano.- Ahora, me halagó más directo.
—… Gracias…- No sabía cómo reaccionar en este momento. Seguía un poco consternado debido a que hace poco apuñalaron a mi amigo y de repente ahora todo está bien y tengo a uno de la guardia civil que vio mi Duel’Grot.
—¿Y él no te suena?- El guardia líder apuntó a Zakko, quien ahora portaba un peinado diferente, además de que su color cambió a blanco.
—No… ¿Es un compañero nuevo de su grupo?- El guardia civil aleatorio me preguntó.
No sabía cómo responder. No entendía qué hacía Zakko.
—Eh…
—¡Bueno, no importa! El punto es que él es muy fuerte, jefe.- Por suerte, el guardia civil aleatorio mandó al re carajo su interrogante para volver a halagarme.
—Kairo, ¿No?- El guardia líder me habló.
—Sí.- Afirmé.
—¿Te gustaría… ser beneficiados monetariamente?- El guardia líder tenía una propuesta, al parecer.
—¿Por qué lo dice?
—Es que… desde hace días que buscamos ayuda de aventureros, mas ninguno se presenta de manera formal. Solo Ive, mas a ella la conozco desde antes por ser la hija de un viejo amigo. Necesitamos un grupo de aventureros dispuestos a involucrarse con la caza de demonios. ¿Participaron en un Duel’Grot, verdad?, eso quiere decir que son un grupo funcional. Sería de demasiada utilidad que gente como ustedes nos ayudasen a limpiar Lusiudá.- El guardia líder me invadió de palabras el oído.
—… Es que… no sé. Tendría que hablarlo con mi líder… yo no soy… el líder ni nada.- Me limpié las manos con la propuesta. —Si nos interesara… ¿Se puede hablar desde el gremio, no?
—Sí. Si les interesa, hablen con su gremio. Así se manejan ustedes, los aventureros. Efectúan el trato con la encargada, el dinero y las recompensas en general.
—Está bien.
—Ahora, si no es mucha molestia, nos encargaremos de buscar hacia donde creemos que el demonio se dirigió. ¡Cuídense!, esperamos saber de ustedes.- El guardia líder se alejó mientras nos deseaba la buena.
Con él, se alejaban todos los guardias, excepto un par, que se habrán quedado a custodiar la zona.
Zakko se levantó, y junto a mí, nos quedamos un rato parados divisando cómo todos se iban. La escena fue rápida, caótica y… rara. No entiendo qué carajos hace Zakko albino. De hecho, sus ojos ahora eran morados también, como los de Yaku.
—Oye. ¿Qué se supone… que estás haciendo?- Le pregunté.
—¿De qué?- Él me interpeló a mí.
—¿Por qué te ves así?
—Ah… ignóralo.- No me quiso explicar. —De hecho… perdón por preocuparte.- Y procedió a disculparse.
—¿Cómo que perdón? ¿Qué culpa tienes tú de que una tipa te haya apuñalado-
—Kairo.- Zakko habló por encima de mí, mas eso no me detuvo.
—No, en serio. ¿Por qué pides disculpas por eso? ¿De qué exactamente tienes la culpa en eso? No tiene sentido.
Él se quedó callado mientras yo manifestaba mi estrés de alguna u otra manera. Me molestó que se echara la culpa por eso, también.
—Kairo…- Zakko volvió a llamarme.
—¿Qué?
—… ¿Te acuerdas cuando Phear sacó un cuchillo y se lo clavó en el pecho…?
Mientras él repetía ese diálogo que habrá hecho unas cuantas veces ya, abrí mis ojos como platos. Lo entendí todo en ese momento, mi preocupación había sido completamente estúpida. El impacto del momento y la tensión consiguió que me olvidase de ese pequeño detalle de la raza de mi amigo.
Quedé como un boludo.
—¿¡Por qué hiciste eso!? Es más, ¿¡Cómo lo hiciste!? ¡Estabas sangrando! Se supone que no deberías… o… yo no recuerdo que Phear sangrase.- Vociferé, porque de verdad me preocupé por él.
—Usé… mi cuerpo de limo, cambiándole el color para que se asemeje a la sangre. Mira… algo así.- Él mostró la palma de su mano para ejemplificarlo.
Apareció la baba de su cuerpo de slime, para segundos después teñirla de rojo, como si fuese su sangre.
—¿También puedes hacer eso?- Me sorprendió.
—Sí… o sea… sigo utilizando sangre para teñirlo… mas no es sangre como tal. Es como con el pelo, ahora. Usé el pelo de Yaku.- Zakko añadía a la vez que movía su palma y controlaba el cúmulo ese de baba que parecía sangre. Daba un poco de asco.
—¿Y por qué hiciste eso?
—Nos conseguí una compensación monetaria haciendo eso.- Él argumentó.
No tenía de otra que juzgarlo con la mirada. No podía decir que fue inútil, mas… este tipo es un ladrón.
—Pero la tipa esa te vio con el pelo celeste. Debió haber pensado en que podrías ser un veniz.- Recapitulé.
—Yo digo que no. Ella estaba demasiado intensa con ir a buscar al otro. Estoy seguro de que no se dio cuenta. Además, el que sangrara desde el inicio debe de haberle hecho creer que no era un veniz. Eso y que no todos los de pelo celeste son veniz.
—… ¿Y por qué sangraste desde el inicio? No creo que hayas pensado en el dinero desde entonces.
—Era para que se creyera que me hizo daño. Entendía que no querría matarme o algo así… aunque me apuñaló el estómago…- Zakko se dio cuenta de que su plan no había sido muy útil, si fuera otra persona habría muerto. O… ya no sé. No sé si alguien más habría muerto, estos cuerpos son de goma, resisten demasiado más.
—Claro.- Asentí, para luego respirar profundo. —Me asustaste, pedazo de… tarado.- Y me desquité.
—¿Ahora sí puedo pedir perdón por preocuparte?
—Te perdono, supongo.
—¿Vamos a la posada?- Zakko propuso, recuperando su cabello y color de ojos normales.
—Sí, por favor.- Asentí de nuevo, a nada de suplicar por que nos vayamos a la posada.
—Te sigo.- Él afirmó.
Ahora, saqué la brújula de mi bolsillo, y busqué Binmet. Estábamos a doce cuadras, así que decidí caminar más rápido de lo usual. Cuando mi memoria fotográfica consiguió recordar más o menos la ruta, guardé la brújula y saqué el reloj. Eran las diez de la noche. Diez y catorce para ser exactos.
Zakko y yo caminábamos con la luna puesta, y las luces iluminándonos el paso. Al menos las vistas eran agradables, y sobre todo el habernos librado del loco que nos seguía era… tan agradable…
Menos mal los tres que me tocó conocer y me adoptaron son agradables. No sé qué habría hecho si me tocaba convivir con gente como Zeroth. Me suicidaba al segundo día.
Hubo un silencio entendible ya que imagino que Zakko querrá llegar cuánto antes a la posada, y tampoco sabía yo de qué podríamos hablar. Fue un día desgastante, por más de que él no reciba daño de las armas filosas, algo le habrá tenido que desgastar.
Mis piernas no daban a basto. Todo el día caminando y… eso sumado al estrés, me generaba unas ganas inmensas de llegar a la posada y desarmarme en la putísima cama hasta el día de mañana.
Pasábamos casas y locales. Nos quedaban al menos, quince cuadras. De hecho… reconocía estas calles. Es donde… lo encontramos.
Y es donde… la vi. Me detuve otro segundo, en la calle donde nos topamos con Zeroth, misma calle que tenía el local preferido de gente indecente. Afuera, estaba la mujer que el loco ese llamó… Meressa, creo. Lo sabía porque veía a una Mitsune apoyada en las afueras del local a la vez que… fumaba tabaco. Fumaba tabaco con una especie de pipa extraña.
La imagen de Mitsune fumando tabaco en pipa apoyada de forma ruda en una pared me resultaba tan bizarra que no pudo evitar causarme gracia un poco. Saber que ella no era la real Mitsune supongo que me ayuda a que me ría en vez de… no sé, cualquier otro sentimiento desagradable.
Zakko al percatarse de que me detuve se detuvo también, y creo que se fijó en lo mismo que yo.
—Es verdad… ¿A quién describiste tú? O… ¿Sabías que existe la gente murciélago?- Zakko me interrogó.
—A nadie. Y… sí sabía, sí.- Le mentí. En las dos respuestas además.
—Qué raro. Yo nunca he visto ninguna.- Zakko comentó.
Luego de unos segundos, retomé el camino hacia la posada, sacando la brújula para confirmar que íbamos bien.
—¿Y de qué te rías?- El veniz se percató de que me reí un toque cuando observé a aquella ilusión fumando.
—Por nada. Me causó gracia la imagen que vi. Era… extraña.- Respondí sin decir mucho.
—Bueno, imagínate yo. Nunca esperé ver a Shair fumando pipa.
Carcajeé al imaginarme esa escena. Era aún más bizarra, Shair fumando pipa. El solo hecho de repetir esa frase en mi cabeza me resultaba graciosa.
—Por cierto…- A la vez que recuperaba el aire, quería molestarlo a Zakko con eso. —Con que Shair…
Él dejó de mantener su vista en mí para ver hacia el frente. O sea, el cagón evitó el contacto visual.
—O sea, no es algo que me sorprenda…- No lo era, no. Era más que obvio, de hecho, si él me hubiese contado que le gustaba de forma directa no me sorprendería. Tal vez lo olvidé, aunque él lo hace tan obvio que no hace falta que lo recordase. —Oye. ¿Qué hicieron ayer, cuando salieron juntos?- Ahora, tenía curiosidad.
—Ah… nada… solo, me llevó a buscar algo que no me especificó porque se supone que era sorpresa. Creo que no lo encontramos, mas entramos en un parque de atracciones juntos… no entramos a muchos juegos y tal… mas pasamos la tarde ahí. Luego… pasamos por tiendas de entretenimiento y fue cuando Shair decidió comprar el juego de mesa, para pasar el rato.- Zakko contó por encima lo que hicieron ella y él el día de ayer, cuando nos abandonaron a Yaku y a mí.
—Tiene sentido. No entendí nada de ese juego de mesa.
—Otro día deberíamos jugarlo de nuevo, si quieres te puedo explicar las reglas más a detalle.
—Nah… jugaré como mejor se me da. Sin pensar.- Aseguré de que no había problema si no me sabía las reglas.
—Shair también se interesó en… un objeto raro que era como un rectángulo grueso que mostraba una pantalla. Era una especie de juego de vídeo, algo así. Mas estaba muy caro, por lo que se decidió por el juego de mesa.
«No me digas que hay consolas, me muero».- Me ilusioné. «Dudo que sean muy divertidas… mas… sería una buena forma de perder el tiempo».- Tenía ganas de ver qué tal. O sea, lo que él me contó sonaba como una consola portátil o algo así.
La conversación se mantenía al pasar de los minutos por lo que el caminar calles se volvió algo hasta agradable, conversando con él.
—Oye, pero… ¿Cuánto más o menos… costaba ese rectángulo grueso que mostraba una pantalla? O algo así le llamaste.- Retomé la conversación al respecto, ya que antes se había desviado en que Shair claramente iba a comprar lo más barato posible. Yo fui quien tiró ese comentario, y Zakko la defendió.
—Unas cincuenta de oro… o por ahí.
No sabía reconocer qué tan caro era. Mas la moneda de oro es la más alta que nos dieron, y nos dieron cien, creo. O sea que la mitad se iría solo en ese objeto. Al caer en ese detalle, comprendí lo caro que sonaba.
—Pero eso está carísimo, qué carajo.- Fue mi reacción.
—Ya, por eso. O sea… Shair quizá prefiere gastar lo menos posible pero… es que eso no es evitar gastar un poco, eso es evitar gastar un montón.
—Ciertamente… oye, ¿Cuánto crees que te van a dar con lo de la compensación monetaria? De hecho… ¿No deberían haberlo hablado tú y ellos?
—Creo que cosas así se tratan de esta manera porque es la más rápida. No estoy muy seguro de esto, sin embargo… entiendo que lo mejor para todos es que la gente que salga dañada por la guardia civil o aliados y así se trata de esa manera para no interrumpir, en ese caso, con la búsqueda del demonio. Si se hubiese dado en otra ocasión… tal vez habría sido mejor tratado, sí.
—… Ya, pero… ¿Y el dinero?
—A ver, la mujer esa guardia me curó muy fácil, aunque… no me curó como tal, mas ellos piensan que sí. Entonces, quiero imaginar que me darían el dinero teniendo en cuenta eso y que tal vez si no hubiese nadie para curarme habría sido un poco más grave… de todas formas no sé porqué te digo esto, no tengo idea cómo se manejan. Con que me den un par de monedas de plata ya sería más que rentable, total, no hice nada.- Zakko dejó su monólogo en la completa nada.
No comenté nada al respecto porque no se me ocurrió. En ese momento ya quedaba bastante poco para llegar a la posada. Siete cuadras rectas, era caminar hacia el frente y ya.
El frío cada vez se sentía con más potencia, por lo que llegar a la posada cuanto antes iba a servir para abrigarme dentro de la habitación de habitaciones… no suena mal. Habitación de habitaciones. Porque eso es, tenía varias habitaciones dentro. Ahora… ahora me suena rara la palabra habitación.
—¿Y le vas a contar a Shair de esto?- Interrogué, para sacar un tema antes de llegar con las otras.
—¿De qué?- Zakko no captó al momento de qué se trataba mi consulta.
—De lo de… los demonios. Lo que nos ofrecieron.
—Ah… tal vez lo haga. Shair ya pensó en ello de todas formas, en nuestra salida. Lo mencionó por encima, mas no sabía si les interesaría a ti y a Yaku. Sobre todo porque sería… abandonar el descansar un mes entero para luego irse a otro pueblo a explorar una mazmorra entera. Quizás ustedes preferirían desestresarse y eso…
—Yo creo que por mí está bien si lo intentamos. Ya encontramos uno, ¿No?
—Claro.-
—Pudimos haberlo atrapado si hubiésemos sabido… aunque de hecho…- Recordé en ese instante la pequeña marca que tenía en la cara Zeroth, en el mercado. —Zakko… recuerdo cuando saliste de que… te examinaran en el Duel’Grot… nunca hablamos al respecto otra vez. ¿Eras un demonio o no?- Mi mente conectó las ideas para lograr acordarse de eso.
Él me miró, bastante serio.
—¿Quieres la respuesta larga o la corta?- Me dio a elegir.
—¿Qué tan larga es la larga?
—… Sería una especie de anécdota. Una bastante detallada.- Zakko no parecía muy convencido de querer contarlo.
—Entonces la corta.- Fue mi elección.
—Más o menos.
—¿Más o menos qué?
—Tú me preguntaste algo. Mi respuesta es más o menos.- El veniz no me quería decir directamente.
—¿Eres más o menos un demonio? ¿Cómo funciona eso?- Cuestioné.
—Si supiese…- Zakko en efecto, no sonaba muy animado con la idea de hablar de ello. De hecho, lucía hasta incómodo.
—Lo siento. Tenía curiosidad.
—No te preocupes. Pensaba contárselos algún día.- Él me quitó la culpa que sentí por haberle hecho contármelo.
—¿A quién?
—A todos.
—¿Shair no lo sabe?
—Tampoco lo sabe todo. Ella no sabía que yo… me transformaba… o nunca me había visto así, mejor dicho.
—Ya veo.- Añadí, por… añadir. No sabía qué decir al respecto.
Nos quedaban tan solo tres cuadras ya. Lograba reconocer todas las calles, pasamos hasta por el gremio y todo. No nos quedaba nada, por suerte. Eso sí, con el rato tranquilo, la brisa y la charla con Zakko, olvidé por completo que mis piernas estaban agotadas. Podría caminar más incluso.
—¿Estarán en la posada?- Interpelé.
—Supongo. Es bastante tarde… ¿Qué hora es?- Zakko interrogó.
—Déjame reviso.- Saqué el reloj de mi bolsillo. —Son las… diez y cuarenta y ocho. Casi las once.
—Deberían estar, sí. Me preocuparía si no estuviesen, de hecho…
Una vez llegamos a la posada, pasamos por la sala principal, y caminamos entre medio de la zona verde de afuera de las habitaciones. Parados en frente de la puerta, Zakko sacó su llave antes que yo y abrió.
Nos adentramos en la habitación, para identificar fácil y rápido a las dos. Yacían en el sofá, vestidas con una ropa diferente. Yaku, quien estaba más hacia el frente, la identifiqué con una chaqueta sin capucha negra con morado, el cual era similar al tono de su pelo y ojos. El pantalón era uno amplio y con la misma paleta de colores. Solo que más negro que morado.
Shair, quien se dio cuenta de nuestra llegada, se levantó y nos saludó.
—¡Hola!- Alargó su saludo.
Shair que por su parte, también llevaba una chaqueta, solo que un tanto más abierta y con capucha. La de ella era de color verde y negro, bastante similar a la de Yaku en cuanto a patrones de colores. Además de eso… le identifiqué unos moños al inicio de sus coletas. Unos pequeños moños de color celeste, por lo que sea. Sus pantalones eran azules oscuro, demasiado oscuro. Casi que negros, la verdad. Pantalones anchos también, aunque estos tenían como bolsillos de solapa por delante.
—Hola.- Zakko saludó.
—Hola, qué tal.- Y yo seguido de él.
Nos acercamos a la sala de estar, y Zakko procedió a escupir todas las bolsas con todo tipo de productos.
—¿Por qué tardaron tanto? ¿Dónde estuvieron? ¿Siquiera está abierto todavía el mercado?- Shair nos bombardeó con preguntas, o lo bombardeó más bien a Zakko. Como si estuviera reprochándole a él.
—Eh… ocurrieron… unos inconvenientes.- Zakko dijo todo sin decir casi nada.
—Eso y… que queda demasiado lejos de aquí.- Añadí.
—Ajá.- Y Zakko asintió.
—Hm… está bien. Bueno… ¡Zakko! ¡Opina!- Shair se alejó un tanto, para que se pudiese ver su ropa nueva.
—¿Solo él?- Cuestioné.
—¡Opina tú también!- Sonó como una orden.
—Te ves bien.- Fue mi respuesta al instante. No me parecía mala ropa, era bonita.
—¿Y… Zakko?- Ella aún así, esperaba la respuesta del veniz. Comprensible, no esperaba que le importase más la mía.
Dejé que esos dos coquetearan tranquilos para ir a sentarme en el lugar que dejó libre Shair, cerca de Yaku. Allí fue cuando percibí otra bolsa, al lado de donde se sentó la peliverde. Revisé un poco por encima, notando que era de ropa. Entiendo que es la que compró para mí y para Zakko.
—Hola.- Yaku me saludó.
—Ah, hola. Bonita ropa.- La de ella también estaba bien.
—Gracias. La tuya la escogimos entre las dos, espero que te guste. O sea, Shair quería comprarte una chaqueta similar a las nuestras porque decía que cuando tú pudiste elegir tu ropa, agarraste la que más se asemejaba a la que tenías antes. Sin embargo… vimos esa prenda y creímos que te gustaría.
Con esas indicaciones, (Ninguna que me sirva), rebusqué en la bolsa mi ropa. Había un abrigo que… no sé porqué mi cerebro se iluminó e identificó que era una especie de trenca. Algo así se llamaban, abrigos largos con botones alargados. Era negro completo, y tenía una estrella amarilla detrás.
Debajo de eso, había una capa. Una capa larga, que servía como un abrigo porque se podía cerrar, al parecer. Tenía botones de un color dorado, y la capa era de color rojo oscuro. Bastante oscuro, además. Toda la ropa que compraron era negra, casi. Impresionante. Igual no las culpo, yo elegiría ropa oscura también.
—Yaku. Con tus indicaciones no me quedó claro cuál es la mía. ¿Puedes decírmelo bien?- Le pedí que me indicara cuál era mi ropa para probármela.
—La capa. La capa y los pantalones rojos también. Las dos cosas son rojas, para que combinasen.- Shair me iluminó con la sabiduría, una vez dejó de conversar con Zakko en la puerta. —La otra es de Zakko.
Ella habló por encima a la vez que yo sacaba la que entendía que era mía. Solo eran abrigos y pantalones, nada más. Igual supongo que es suficiente… no sé.
—Me la voy a probar.- Exclamé, entre tanto me levantaba y encaminaba al baño con la ropa en mano.
Fui, me deshice de la chaqueta y los pantalones que llevaba, para colocarme la capa, y los nuevos. Era una capa bastante… cómoda, Y sobre todo, sentí el calor que propinaba. Era distinto, mas no sabía explicar porqué. Como si me calentase el cuerpo, como si hubiese ingerido… té. Como cuando… recibía magia curativa, algo así.
Me vi al espejo, y me estiré con la capa puesta. Dentro de todo, seguía siendo un abrigo. Un tanto largo incluso para mí, me llegaba un tanto más debajo de los pantalones. O sea, no es que… se notase, de hecho quizás exagero. Estoy acostumbrado a que mis abrigos no pasen de mi cadera, creo.
O en general, no he usado capas como abrigo. Era cómodo, y no me veía mal. Los botones dorados le daban su toque, me gustaban. La capa abierta no se veía del todo bien, se sostenía por el cuello que sí era cerrado del todo. Los pantalones sin más. El cuello también a destacar, tenía uno cortito. Simple pero me gustaba.
Salí del baño con mi antigua ropa en mano, preparado para guardarla cerca de mi cama, o eso tenía en mente.
Los pantalones eran anchos también, al caminar se notaba más. Todos los pantalones que compraron eran anchos. Bueno, serán cosas de que compren a su gusto. A mí tampoco me disgustaba la verdad, así que no les iba a decir nada al respecto.
Pasé por la sala de estar, y ellos me vieron.
—¡Oh, ya saliste! ¿Te gusta?- Shair fue la primera que reaccionó.
—Sí… es cómoda y… linda, supongo.- Afirmé.
—¡Te queda genial!- Shair alzó su puño con el dedo pulgar levantado.
—Sí, te ves bien.- Zakko reafirmaba lo que Shair opinó.
Yaku no dijo nada de forma verbal, mas levantó el pulgar también. Entendí que debería asumir que es un visto bueno y que a ella también le agradaba cómo me quedaba la ropa.
—Bueno… ¿Les molesta si me voy a dormir?- Cuestioné, a la vez que revisaba mi reloj. Eran las once y veinte. No sé en qué momento pasó tanto rato… mas el cansancio de caminar tanto regresó a mí, creo que me relajé.
—¿Por qué no te quedas un rato más? Tampoco vamos a tardar en ir a dormir también.- Shair insistió en que me quedase.
—… Está bien.- Me convenció rápido. Fui con ellos, y me senté en otro sillón para uno que había, aparte del que ocupaba Yaku.
El sillón en el que me senté era más pequeño todavía. De estatura más que nada. Mas no importaba porque lo cómodo que era lo compensaba.
—Bueno, ahora voy a probarme yo.- Zakko declaró.
—¡Sí!, ve.- Shair lo apuró.
En esa sala ahora estábamos Shair, Yaku, y yo. En ese instante, solo quería irme a dormir. El día fue horrible, la pasé pésimo. El día de mañana si eso le contaba al respecto de lo de los demonios… a no ser que pregunte ahora.
—Oye, Kairo. ¿Qué inconveniente pasó?, Zakko no me lo contó del todo.- Para mi mala suerte, Shair preguntó.
—Eh… ¿Qué te dijo él?
—Que estaban con un tipo que los siguió y… que era desagradable. Se tuvieron que deshacer de él mediante la guardia civil. Solo eso me contó.
—Ah, sí… ese tipo era un demonio-
—¿¡Un demonio!?- Shair me cortó, por la sorpresa.
—Eh… sí…
—¿Y por qué los seguía? ¿Los atacó?- Ella parecía preocupada.
—No… estamos bien los dos. No nos atacó ni nada. O al menos no físicamente.- Yo me sentí un tanto atacado de manera mental. Espero poder olvidar su cara para mañana.
—Menos mal estaba cerca la guardia civil…
—Sí… eso. O sea… sí. Quiero decir que… nos ofrecieron un trato…- No sabía cómo meter el tema, pero ya que estaba, lo iba a soltar.
—Creo que Zakko lo mencionó, mas dijo que me lo contaría en un momento. ¿De qué se trata?
—Ah… es nomás que… bueno, ¿Te acuerdas que en el gremio ayer la que nos atendió especificó que requerían aventureros interesados en tratar el tema de los demonios en Lusiudá?, bueno, ahora nos ofrecieron recompensas de por medio, mas eso se tendría que hablar en el gremio si es que nos interesa de verdad.
—Oh… pues… yo justo hablé de eso con Zakko.- Shair comentó algo que Zakko me comentó, pero que por obvios motivos Shair no sabía que Zakko me lo comentó así que ella lo volvió a comentar. O sea, no lo volvió a comentar porque nunca lo hizo en primer lugar. Al menos no conmigo. —¿A ustedes les interesa?
—No sé. Suena peligroso y tal pero… si no hacemos nada durante un mes… sería bastante aburrido. Supongo que depende de las recompensas.- Opiné.
—Depende de las recompensas, sí.- Yaku reafirmó mi último punto.
—Bueno, dinero nos darán. Quizá nos den puntos de prestigio como grupo de aventureros.- Shair recapitulaba.
—¿Puntos de prestigio?- Cuestioné yo.
—Así les digo yo. Solo es… como un método de clasificar a los aventureros en cuanto a los Duel’Grot y tal… y como grupos también, claro. Mientras mejor nos vea el gremio, más cosas nos permitirán.- Shair explicó.
—¿Pero así les dices tú o ese es su nombre?- Interpelé… yo, claro.
—Así les digo yo. Aunque creo que podría ser ese su nombre…- Shair no se hallaba segura del todo. —El punto es que nos pueden recompensar bastante bien. A mí me interesa, podríamos ir a eso mañana.
—Dale.- Asentí, un toque inspirado. Tener un propósito es algo inspirador.
Cuando nos callamos un momento, sentí cómo alguien caminaba hacia aquí. Era Zakko, vestido con la ropa nueva. Toda su ropa era negra. La tren… ca… creo que así fue que lo llamé. Ya ni me acuerdo, fue una iluminación de mi cerebro que no sucede muy seguido. Esa cosa, era bastante bonita. Tenía un cuello también, rodeando… todo el cuello, claro. De Zakko.
Los pantalones tenían el mismo diseño que los de Shair, con bolsillos de solapa por delante.
—¡Oh!- Shair exclamó, al verlo. —¡Te ves muy lindo, de verdad te queda!
Que Shair se comportara tan así con Zakko, conseguía que cada vez me sorprendiera más de la duda de este último respecto a los sentimientos de ella. Creo que están a como un paso de comerse la boca o algo así, nomás que uno es cagón y la otra… la otra no sé…
«¿Qué la detiene?».- Me interrogué por unos segundos, hasta que me detuve a ver a Zakko.
—Sí te queda bien, sí. Es que la ropa negra es muy buena.- Declaré, con una leve tos entre medio. Dando a entender que yo prefería la ropa negra.
—¿Te enfermaste?- Shair me preguntó.
Lo inocente que es Shair me daba una idea del porqué todavía no se animaba con Zakko. Inocente, por no emplear otra palabra que la pudiese ofender, claro. Que razones no me faltan.
—No.- Negué.
—Te ves muy bien.- Yaku halagó de forma verbal a Zakko. Cosa que no hizo conmigo, por cierto. O sea, no es una competición… no esperaba que Yaku también me halagara a mí. Aún así, lo tengo en cuenta.
—Gracias…- Zakko agradeció, un tanto avergonzado. Entiendo que por la afirmación de Shair.
Al final, nos quedamos un rato más conversando acerca de la ropa. La idea de los pantalones anchos al final fue de Yaku. A Shair le agradó, y al final compró casi lo mismo para todos ya que así había un patrón con nuestra ropa y se podría llegar a imaginar que éramos del mismo grupo.
Shair contó eso, ya que no estaba segura del todo si algún día crearía un uniforme. Contó que podría estar en sus planes, mas no era algo que le importase tanto. Lo que sí le importaba era tener un logo. No tenía hoja y lápiz, por lo que se dio cuenta de que no podía mostrar sus ideas.
En ese momento, Shair se percató de las bolsas con compras y procedió a revisarlas. Hablamos un toque más, ordenamos las compras y tras una larga hora, por fin nos pusimos de acuerdo en ir a dormir.
Eran las doce y media. Yacíamos todos en nuestra respectiva cama. Recostarse luego de un día horripilante era tan… satisfactorio. Casi lloro y todo, qué horrible. Después de eso, fue cosa de segundos que me quedase dormido.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com