Kinokodearu - Capítulo 30
- Inicio
- Todas las novelas
- Kinokodearu
- Capítulo 30 - Capítulo 30: ¡Destructores de Engendros Antisociales Requetemalvados Ultra!
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 30: ¡Destructores de Engendros Antisociales Requetemalvados Ultra!
Como se me estaba haciendo costumbre, abrí los ojos y me mantuve unos cuantos minutos quieto en la cama, observando el techo.
Me levanté solo un segundo para ver si el resto seguía durmiendo, percatándome de que tanto Shair como Yaku permanecían dormidas. Tras esa confirmación, me recosté tranquilo, sabiendo que no había ningún tipo de veniz en mi equipo del que no supiese su localización.
…
«¿Y Zakko?».- Recaí, sentándome otra vez y divisando la cama de mi derecha.
Shair estaba recostada durmiendo como si nada, en una esquina. El resto del espacio de su cama se hallaba vacío porque Zakko no se encontraba ahí.
Tenía curiosidad de saber si salió de la posada, o si se encuentra caminando por allí. Aún así, no sabía deducir si eran más potentes mis ganas de quedarme recostado. Me quedé cerca de… diez minutos más, observando el techo, hasta que al final me decidí.
Me senté en el borde de mi cama, me estiré, me puse los zapatos y comencé a escuchar a Shair emitiendo ruidos extraños mientras dormía. La vi un par de segundos antes de irme, se estaba encogiendo en ella misma a la vez que sonaba feliz. Por curiosidad, me fijé mejor en Yaku, quien yacía más quieta que… una roca. Me causaba gracia la comparación.
Luego de eso, abandoné la habitación de la recámara. Caminé hasta la sala de estar, y tampoco se hallaba Zakko ahí. La única diferencia, es que ahora sí oía algo de ruido. Proveniente de la cocina, otra vez.
Era un ruido… y un olor. Un olor de… comida, bastante agradable. Caminé hasta la cocina y vi a Zakko cocinando.
—¿Qué haces?- Pregunté, sin ni siquiera saludar, pues fue más potente mi curiosidad.
—Ah, hola. Estoy cocinando fideos.- Zakko contestó. —¿Cómo dormiste?-
—… Bien… ¿Y tú?
—Bien, también. Desperté hace… no sé, poco más de media hora imagino. Tenía hambre y… decidí cocinar para todos.- Zakko contó.
Me acerqué a Zakko, ya que antes me quedé parado fuera de la cocina.
—Huele bien.- Añadí.
—¿Verdad?, espero que estén ricos, eso sí. No necesariamente… son ricos cuando huelen bien. Estas cosas engañan.- Él hablaba a la vez que revolvía los fideos.
—¿Tienes todo para cocinarlo?- Por algún motivo, me hacía ruido, no recordaba que compráramos sal o algo así.
—Sí. O sea… solo bastaba la sal y poco más. El aceite y la sal la compramos ayer, junto al té y esas cosas que te mencioné.- Zakko comentaba. —Oye, ¿Te gusta esta carne?- Él me acercó una bolsa de carne que compramos nosotros dos ayer. Era un paquete más que una bolsa simple, pues tenía el logotipo de la marca y tal.
—No la he probado… pero no se ve mal.- Fue mi afirmación.
—La cocinaré para ti y me dices qué tal.- Él propuso.
—… Está bien. ¿Te molesta si te acompaño? No tengo… nada que hacer.- Le interrogué, por si acaso más que nada.
—Me gustaría que me acompañes, de hecho.
—Ah… entonces me sentaré.- Comuniqué, y realicé.
Estuve un par de minutos sin decir nada, hasta que pensé en que él quería que lo acompañase para hablar de algo. Como no lo estábamos haciendo, se me ocurrió decir la primer cosa que se me viniese a la mente.
—Creí que… Shair era la que cocinaba.- Este comentario no se debe a que ella sea mujer, claro que no. Es más bien porque recuerdo que el día que llegué a este mundo ella preparó un plato para que comiese.
—Sí, ella también sabe. De normal es quien lo hacía porque… me gusta… comer lo que prepara, y como ella se anima a cocinar, no le digo nada.- Zakko expresó con vergüenza.
—Ah, tiene sentido. Es porque te gusta.
—La comida, sí.- Zakko buscó aclarar.
—Sí, sí… la comida.- Solo que a mí no me engañaba. Yo sé que no solo hablamos de la comida.
Pasamos otro par de minutos hablando, sin nada importante qué recalcar. Zakko habló al respecto de cómo le gustaban a él los fideos, recalcando que es cómo los está preparando. Si no nos gustaba, se iba a querer suicidar en medio de la posada o algo así comentó. A veces suelta comentarios bastante raros este chabón.
Con la comida lista, Zakko la sirvió en un plato y me la dio. Él también se sirvió, mas solo fideos.
—¿No te hiciste carne a ti?- Interpelé.
—No me gusta a mí.- Fue lo que él recalcó.
—Tiene sentido. Gracias por la comida.- Agradecí, con un apetito considerable. Se veía y olía bien.
—Provecho.
—Igualmente.
Él y yo comimos. Yo… devoré el plato, casi. Estaba muy rico, fácil, lo mejor que comí desde que llegué a este mundo. La carne era deliciosa, tanto que vi de reojo la marca para guardármela en la jodida cabeza y comprarla las veces que hicieran falta. Los fideos también sabían bastante rico, tenían un toque raro que no recuerdo en la pasta, mas eso solo le añadía sabor.
Aunque… no recuerdo bien cómo eran los fideos en mi mundo, como para… describirlo así…
—¡Está muy rico!- Por mi bien, mi cerebro decidió olvidar ese detalle, para proceder a volver a agradecer a Zakko.
—Gracias… me alegro que te guste.- Zakko parecía contento por mi opinión.
En el lapso de tiempo que estuvimos ahí, pasaron cerca de… una media hora. Lo sé porque el reloj lo tenía en mi bolsillo, no lo dejé en la mesita de noche. Ni el reloj ni la brújula, por suerte ninguno se rompió ni nada.
Tiempo suficiente como para que alguna de las dos se levantase, siendo la primera que llegó; Shair.
—¡Hola, buenos días! ¿Qué hacen aquí?- Shair saludó y cuestionó con los ánimos que la caracterizan, aunque un tanto dormida.
—Estábamos comiendo. ¿Quieres que te sirva?- Zakko le ofreció.
—¿Cocinaste tú?- Shair interpeló.
—Sí.
—¡Claro que quiero!- Shair sonó más motivada luego de que Zakko se lo confirmase.
—¿… Algún problema si lo cocinaba yo?- Me sentí atacado.
—Ah, no. Solo que sé que Zakko cocina rico.- Shair aclaró.
—Te lo dejaré pasar.- En verdad me daba igual, me hice el ofendido nomás.
Shair se sentó a mi lado, y hablamos a la vez que Zakko preparaba otra carne para ella. Ella y yo hablamos al respecto, Shair quiso reafirmar que fue más que nada porque le gustaba la comida de Zakko, aunque también le gustaría probar lo que yo pudiese cocinar. Le expliqué que era broma, mas ella no parecía comprenderlo del todo.
Zakko le sirvió la comida, se la entregó, y ella… comió la comida, claro.
—¿Y Yaku aún no despierta?- Interrogué al aire, divisando mi reloj. Eran las doce y cincuenta, casi la una en ese momento.
—No.- Shair negó, parando de comer un segundo.
—¿… Ahí parece que viene, no?- Zakko cuestionó al aire también, deteniéndose a escuchar un segundo.
En efecto, Yaku llegó también. Llegó, saludó, el mismo ciclo. Zakko preparó comida para todos.
—Oigan, entonces… ¿Vamos ahora al gremio?- Shair propuso, en lo que Yaku acababa de comer.
—¿Hay algo más qué hacer?- Cuestioné.
—No creo.- Shair afirmó.
—Entonces vayamos.- Mi lógica no tenía fallos.
Luego de que Yaku acabase de comer y reposara, los cuatro nos preparamos para salir. Tampoco tardamos mucho en eso, nomás Shair y Yaku quisieron ir a lavarse la cara antes.
Salimos de la habitación, caminando directos hacia la sala principal y de ahí abandonar la posada. A Shair se le olvidó cerrar con llave así que tuvo que regresarse un momento. En ese instante, recordé algo que había dejado allí, por lo que fui con ella.
Shair se quedó esperándome afuera para cerrar, y yo fui a la recámara, a recoger el gorro de Mitsune. No sabía si me daría el tiempo de ir a devolvérselo, mas preferible llevarlo que no. Me lo puse encima para no olvidarlo, y Shair me cuestionó de dónde lo saqué. Le mentí diciéndole que me lo encontré el otro día tirado por ahí.
Ahora sí, salimos los dos de la posada para juntarnos con los otros dos. Una vez reunidos, caminamos hacia el gremio. Cada vez reconocía más el trayecto, en poco no me haría tanta falta la brújula para llegar hacia el gremio, al menos. Le enseñé también a Shair a usar la brújula porque estaba un tanto perdida, pese a que fue de ella la idea de comprarlas.
Shair se detuvo en la tienda de objetos mágicos para comprar un reloj también, del mismo que usaba yo. Eso ya que le mostré que lo llevaba y le gustó. Compró uno para todos, así ninguno estaba perdido con la hora.
Tardamos… solo un poco más en llegar por fin al gremio. Al llegar, no tardamos nada en poner un pie dentro y dirigirnos hacia el mostrador, para que nos atendiesen. Otra vez, no había casi nadie, al menos en la parte de aventureros. En la parte del bar sí que había un montón de personas.
—¡Hola!- Shair fue la primera en entablar diálogo con la que nos debería atender.
—¡Oh, hola! ¡Volvieron!- Era la misma chica de antes. —Cuánto me alegro.
—Lo mismo digo. Vinimos porque… ejem… me contaron por ahí que se podía… discutir una recompensa por prestarse a investigar a los demonios y todo eso…- Shair quería discutir la recompensa mas sin sonar completamente convencida, para poder aumentar el precio a su favor. Tremenda ladrona.
—Pues quien sea que te haya contado… te contó bien. ¿Les interesó ahora que habrá recompensas de por medio?, normal. ¿Qué… necesitaría un grupo como ustedes para disponerse a tal misión?- La empleada nos habló con un tono… ¿Pícaro?
—Pues para empe-
—¡Ah! Antes de que se me olvide. ¡Tú!- La empleada apuntó a Zakko, que cuando volteé a verlo, llevaba el pelo blanco y los ojos morados, como Yaku. —Tengo tu compensación. Espérenme… un segundo.- Ella se fue para ir a buscar el dinero.
En esos segundos, Shair volteó para ver a quién le hablaba, y quedó paralizada cuando vio a Zakko luciendo así. No comunicó ninguna palabra, mas se le notaba en la cara que no entendía nada.
—¿Y esto… por qué?- Yaku cuestionó, aún más extrañada. Supongo que reconoce que es su tono de pelo y de ojos.
Zakko sin embargo no contestó ninguna duda, y se mantuvo quieto, esperando a que le entregasen el dinero.
La empleada regresó con una bolsa… mediana, supongo. Que llevará monedas en su interior.
—¡Aquí tienes!- Ella estiró su mano, con la bolsa. Zakko se acercó para recibirla, y agradeció en voz alta.
—¿Por qué ese dinero?- Shair le preguntó a Zakko, aún sonando confundida a más no poder.
—Después te explico.- El veniz le respondió.
—Y retomando el tema… ¿Qué puedes llegar a querer, Shair?- La empleada ejecutó un solo aplauso para recuperar la conversación del acuerdo.
—Eh… ¿Cuánto podría llegar a… pedir? De… dinero.- Shair interpeló a la que nos atendía.
—Tú habla, yo juzgaré.- Y la que nos atendía insistió en que ella indicase una cantidad.
—… Cincuenta monedas de platino.- Shair exclamó.
—¿¡Qué!?- A la chica del gremio casi se le sale el corazón por la boca. —¿¡Por qué tanto!?
—No sé, usted no me dio un límite claro. Obvio que diría una cifra alta.- Shair tenía un punto, supongo. Yo también pediría el máximo dinero posible.
—A ver, a ver…- La chica del gremio quería negociar mejor las cosas. —No podemos ofrecerles tanto dinero. Reduzcamos la cantidad a… monedas de oro. ¿Cuántas monedas de oro les parecería interesante?, ¿Treinta y cinco?
—Más.- Shair, al instante, pidió más dinero.
—¿Y si es treinta y cinco por demonio que encuentran…?- La empleada quería negociar bien.
Shair se lo pensó unos segundos, mas no parecía querer aceptar treinta y cinco.
—Ochenta monedas de oro por demonio.- Shair propuso.
—¡Pero…!- A la pobre mujer encargada del gremio la tenían tratando con una demente. Tras suspirar, habló. —Cincuenta…- La chica ofreció, cayendo derrotada en su escritorio.
—¡Vale!- Shair aceptó cincuenta por demonio, con un gusto que se notaba desde el tono de voz.
—Ah… por Dios. Con tal de que nos ayuden… supongo que no será tanto pagar eso…- Me dio pena cómo la mujer del gremio hablaba. —Bien… ahora, necesito tu firma, Shair.- Recuperó la compostura, luego de haber sido brutalmente robada.
—¿Para qué?- La peliverde cuestionó.
—Para tener segura su participación como grupo en la investigación de demonios en Lusiudá. Eso les asegura recibir puntos de prestigio por prestarse a ayudar con algo que afecta a nuestra ciudad entera. Les servirá también por si quieren participar en el Duel’Grot entre reinos. Al clasificatorio pasan los grupos de aventureros con más puntos.
—¿En serio? ¡Entonces dame el papel! ¡Firmo sin pensar!
—… Al final sí se llaman puntos de prestigio. Comenté desde el fondo. Para mi propia sorpresa, presté atención a la mayoría de su conversación.
—¡Viste!- Shair me contestó, luciendo demasiado emocionada.
—¿Nosotros no tenemos que firmar?- Interpelé a la chica del gremio.
—No, no hace falta.- Esta me contestó, a la vez que sacaba la hoja y el lápiz para que la peliverde firmase. —Firma aquí.- Le indicó.
Shair leyó por encima todo, o eso quería entender, ya que tardó en ponerse a escribir. En ese momento me distraje observando a Yaku y a Zakko. Yaku debe de haber permanecido con esa cara dubitativa con Zakko. Y este último no sabía cómo reaccionar.
—¡Listo!- Shair voceó.
—Bien. Ahora… déjenme entregarles estos medallones…- La chica del gremio buscaba algo debajo de su escritorio. —Acá. ¿Son cuatro, no? Tengan, cuatro justos.
Nos llamó para acercarnos a todos, por lo que lo hicimos y yo pude observar el medallón desde cerca. Era… pequeño. No tanto… un poco más pequeño que la medalla de jugador destacado que me habían dado. Tenía un símbolo similar al que representa a Lusiudá en mi tarjeta de aventurero. Solo que dorada.
—¿Para qué es esto?- Yaku cuestionó, contemplando su medallón.
—Es para que puedan interrogar a la gente sin problemas. Si creen que alguien sabe algo, muestréenselo, y de negarse, tienen derecho a obligarle. Sin excederse, claro. Mas se entiende. Deberían permitirles accesos a muchos sitios además de concederles información. Es como… un pase de guardia civil. Como firmó, cualquier abuso de ese poder será sentenciado, así que úsenlo con sabiduría.- La chica del gremio nos informó todo a la perfección. Al menos yo le comprendí todo.
—Ah… suena muy útil. ¡Gracias!- Shair agradeció.
—No, gracias a ustedes. Tengan mucho cuidado allá afuera, espero volver a verlos.- La empleada nos deseó la mejor, y con ello, nos fuimos del gremio.
Todos afuera, Zakko recuperó su color de pelo y ojos normal.
—Responde. ¿Por qué hiciste eso?- Yaku parecía demasiado interesada en saber porqué Zakko adoptó su color de pelo y ojos, pues fue lo primero que comunicó una vez salimos.
—Ah… es para que… bueno, me apuñalaron y tal pero fingí no ser un veniz y blablablá, por eso me dieron dinero.- El veniz no tenía muchas ganas de explicarse. —Que por cierto…- Y en vez de explicarse, abrió su bolsa.
—¿Cuánto hay?- Cuestioné.
—Un montón de monedas de plata… y alguna que otra de oro, creo.- Zakko informó.
—… ¿Cómo que te apuñalaron?- Shair cayó tarde, porque estuvo jugando con su medallón.
—Olvida eso. No me pasó nada.- Zakko quería olvidarse de eso.
—¿Y ahora qué?- Interrogué yo, en general. Ya que nos hallábamos los cuatro afuera del gremio sin nada qué hacer, en específico.
—Pues… deberíamos comenzar a involucrarnos…- Shair tenía claro que nos meteríamos de lleno en el tema. Mas no tenía claro cómo, y se notó en su tono de voz.
—¿Y si interrogamos a la gente?- Yaku propuso al ver que no se nos ocurría nada.
—¡Es cierto! ¡Ahora con este medallón, podemos hacerles preguntas a las personas comunes y corrientes sin que nos cuestionen y se verán obligados a responder!- Shair vociferó. Lo suficiente alto como para que la escuchase la gente que iba pasando. Nos miraron raro por su culpa.
Tras esa conclusión, Shair caminó hacia el este, analizando a quién preguntarle.
—¿Hasta qué punto se considerará abuso de poder?- Zakko se preocupó.
—Y a saber.- Yo tampoco tenía idea, mas me preocupé por lo mismo.
—Habrá que controlarla un poco…- El veniz concluyó.
—Será tu trabajo.- Se lo encargué a él, por obvias razones, y me encaminé a seguirla, junto a Yaku, que ella avanzó antes que nosotros.
—¿Qué? ¿Por qué?- Zakko interrogó, mas no le presté atención. Lo mío no fue una consulta, fue una orden.
Revisé el reloj un momento, ya era la una y cuarenta y ocho. El tiempo se fue volando, mas el día apenas comenzaba. No… hicimos mucho de provecho, de todas formas. El día se fue en Shair decidiendo preguntarle a toda persona que veía, acerca de los demonios, si había visto alguno, o sentido o escuchado o cualquier estupidez que se le ocurriese.
Pregunta tras otra, conseguíamos información, supongo. Muchos describían a alguien con las características físicas de Zeroth, por lo que entiendo que habrá pasado cerca del gremio también.
Al resto que describían, ninguno se me hacía conocido. No les podía poner cara y mucho menos físico, mas Shair en un destello de perspicacia, pasó por una tienda a comprar una libreta y lápiz, para anotar todo lo que nos decían.
Todos los que habían visto demonios concordaban en como mínimo, cuatro demonios diferentes. Algunos describían a los demonios de diferentes maneras, mas habían cosas que concordaban. Por ello, entre los cuatro asumimos que mínimo eran cuatro, máximo… no supimos decir.
Nos detuvimos unos instantes de preguntar para que Shair escribiese todo lo que nos dijeron al respecto.
El primero: Un hombre que a simple vista era un humano normal, de cabello gris desordenado, como si fuese un dibujo de una explosión, pero en su cabello. Ojos heterocromáticos, azul el izquierdo y rojo el derecho. Sus dientes eran puntiagudos, y muchos concordaban en haberlo visto con camisa y pantalones formales.
Shair y Yaku no sabían, mas Zakko y yo en ese segundo nos vimos cara a cara, comprendiendo que conocíamos justo a ese.
El segundo: Un hombre que a simple vista también se trataba de un humano, solo que este era muy alto y musculoso. Todos recalcaron que cuando salía, gritaba incoherencias acerca de los colores. Muchas veces no llevaba camiseta, la mayoría lo describió sin. Algunos dijeron que lo vieron con una camiseta roja y apretada, además de pantalones azules, con la parte de las rodillas rota.
La tercera: Era a simple vista, también una mujer normal. De cabello largo y blanco, peinado liso. La mayoría destacó sus ojos, los cuales eran de un color dorado. Su ropa la describían como un kimono, azul con flores de muchos colores, entre los cuales destacaban el rojo, el verde, el amarillo y el rosa. Un par mencionó que llevaba encima maquillaje, aunque otro par cuando preguntamos dijo que no.
El cuarto: Era del que más dudábamos, pues, muchos concordaban en detalles, mas nunca se determinaba el género ni del todo la apariencia. Algunos aseguraban haberle visto con un tono de piel más oscuro, otros más claro, algunos inclusive afirman haberle visto de rojo o hasta verde.
Sabíamos que se trataba de la misma persona, ya que el resto era igual. Cabello hasta los hombros y negro, ojos celestes. Más pequeña que el resto, pero seguía siendo luciendo como una persona normal, al menos cuando adoptaba tonos de piel comunes. Sus dientes eran puntiagudos, y sus ojos dependían de su tono de piel. La mayoría concordaba en que eran amarillos, por lo que debe ser el más común.
Luego de un considerable rato fuera hostigando a toda persona que se nos cruzaba para que nos diese la información, nos dispusimos de ir a un lugar donde pudiéramos hablar más en profundidad del resto de detalles, además de Shair proponerse hacer un boceto de los cuatro, para que pudiésemos imaginárnoslo mejor.
Nuestra líder, como era obvio, decidió escoger y escogió el gremio, solo que de la parte del bar. Nos redirigimos al gremio para rotar en dirección a la parte del bar de este, y seleccionar una mesa en la esquina más cercana de las escaleras para subir. Más cercana y más escondida, para no llamar tanto la atención.
Era una mesa con sillones, por lo que teníamos todavía más motivos para sentarnos ahí. Al hacerlo, Shair puso encima la libreta, procediendo a pensar en cómo dibujarlos según sus notas.
—¿Cuánto crees que puedes tardar?- Yaku interrogó a la peliverde, pareciendo interesada en algo.
—Eh… no tengo idea. ¿Por qué?- Shair dudó.
—Es que… quisiera pedirme algo…- Yaku confesó bajando el volumen de su voz.
—¡Ah, claro! ¿Qué quieres?- Shair se levantó, esperando la petición de Yaku para ir a ordenarla.
—Solo… algo para tomar… no sé qué puedan tener.
—Puedo ir con Yaku a preguntar.- Zakko se ofreció. —Así tú avanzas con… los retratos.- Le hablaba a Shair.
—¡Me parece bien!- A Shair… le parecía bien, ahí dijo.
Tanto Zakko como Yaku se levantaron.
—¿Ustedes no quieren algo?- Zakko cuestionó antes de irse.
—Agua está bien.- Pedí yo. No sabía qué tenían y tampoco quería ir a preguntar.
—Para mí agua también. Necesito… concentrarme.- Shair se elevó los lentes de aumento que no lleva puestos porque no necesita. O al menos, no lo ha manifestado de manera activa durante el tiempo que llevo conviviendo con ella.
—Está bien. Ya volvemos.
Zakko y Yaku se fueron a la mesa principal para pedir aguas y lo que sea que ellos quisieran. Mientras tanto, Shair comenzó a emitir sonidos de concentración entre tanto se acerca a la libreta y movía el lápiz en círculos.
—¿Vas a empezar?- La apuré.
—Ah, sí. Solo… me los estaba imaginando bien… ahora empiezo.- Shair agarró su libreta, excusándose. Se puso a leer por encima sus apuntes, para voltear a una página vacía y comenzar a dibujar.
Tenía genuino interés por ver su habilidad de dibujo. Así, se fue cerca de media hora. Shair dibujó a Zeroth, quedando bastante similar a lo que yo recordaba. No detalló demasiado, se tardó más en hacer bien la jodida cabeza.
En el rato que estuvo dibujando eso, Zakko y Yaku regresaron. Yaku portaba en la mano una gaseosa en lata, la misma que Zakko. A Shair y a mí nos trajeron agua, como la pedimos.
—¿Cómo vas?- El veniz interpeló a la peliverde, acercándose a ella para ver su dibujo.
—¿Se entiende?- Shair acercó su libreta a él, con el dibujo.
—Eh…- Zakko dubitativo, se mantuvo unos segundos viéndolo.
En ese pequeño lapso de tiempo, Shair nos acercó el dibujo terminado a los tres, a pesar de que yo lo había visto antes.
—Sí se ve como alguien… perfectamente reconocible.- Fue la respuesta de Zakko.
—Sí, si lo viese por la calle lo detendría y le diría que me siga si no quiere sufrir las consecuencias mediante el peso de la ley.- Afirmé, inspirado.
Hubo unos segundos de silencio que me destruyeron por dentro.
—Está bonito el dibujo. Además de que sí que ayuda a imaginarlo.- Yaku afirmó.
—¡Gracias!- Shair agradeció animada.
Procedí a beber mi agua sin pensar en aportar ni un solo diálogo más a esta conversación.
—Oigan… hay una chica que nos está viendo desde ayer.- Yaku parló, un tanto preocupada.
—¿Qué? ¿Quién o… cuál?- Shair también se alarmó un poco, empezando a ver hacia todos lados.
Yo por curiosidad también intenté descifrar de quién hablaba, hasta que percibí una ropa conocida. Mi vista subió hasta su cabeza, percibiendo así un peinado conocido. Era la chica castaña que acompañaba a… Izu creo que se llamaba. Y la chica se llamaba algo de… Sein, creo. Estaba parada cerca de donde se piden las bebidas, solo que observándonos a nosotros.
Cuando se percató de que la descubrí y que me puse a mirarla también, se volteó con vergüenza.
—Es Sein.- Le hice saber a mis compañeros.
—¿Quién era Sein?- Shair cuestionó.
A juzgar por la mirada de Zakko, tampoco parecía reconocer el nombre.
—La chica de pelo castaño que iba con Izu. El tipo de pelo rosa con el que concordamos agruparnos… y que no hemos visto desde que llegamos, por cierto.- Describí.
—Ah…- Shair fingía haber recordado. O bueno, eso parecía, su “ah…” alargado no me daba vibras de que se acordase de quién se trataba. —Sí me acuerdo, sí.- Ella afirmó, mas yo no le creía del todo.
—¿No está el de pelo rosa con ella?- Zakko sí que reconoció el nombre y la descripción, procediendo a interrogar por la presencia del otro.
—No lo veo yo tampoco.
—¿… De quiénes hablan?- Yaku seguía perdida. Creo que ella no los vio nunca, como mucho los habremos mencionado una vez.
—Eh… unos tipos con los que acordamos hacer equipo… mas sin que se uniesen a nuestro grupo. Como un acuerdo entre grupos de aventureros y tal… el problema es que no los vimos más.- Shair le explicó.
Yaku, como de costumbre, no mostraba un lado muy… amigable, al tratarse de personas que no conoce. No podía observar su rostro a la hora de mirarla ya que por dónde ella estaba sentada no alcanzaba a verle la cara, mas tan solo el hecho de que cuando Sein volteaba a vernos y la veía a ella se sorprendía y avergonzaba, me daba a entender que la intimidaba de cierta manera.
—¿Querrá hablar con nosotros?- Shair cuestionó.
—No sé. Puedo ir a preguntarle si eso… solo…- Me detuve un instante a fijarme en Yaku, quien se fijó también en mí. —¿Podrías no intimidarla?- Le pedí, y ella no me dijo nada. Me miraba con una cara que si fuese una carita escrita sería “-.-“.
—¡Yaku!- Shair voceó su nombre, para que ahora sí dejase de lado esa cara que llevaba. No lo hizo, mas miró para otro lado y comenzó a beber.
—Voy a hablarle.- Afirmé, levantándome.
—¡Suerte!- Shair me deseó suerte, a lo que le respondí con un gesto. De reojo vi que volvió a dibujar, así que esperaba que cuando volviese tuviese otro retrato listo.
Caminé hacia Sein, quien yacía sentada en una silla en la barra. Con los brazos en la barra, y la cara tumbada en sus brazos.
—¿Hola?- Saludé, manteniéndome cuidado con el trato de una chica a la cual no conozco. O sea, un metro de distancia.
Sein tardó en reconocer que le hablaba a ella por eso mismo. Se levantó lentamente, y volteó hacia mí.
—¿Me hablas a mí?- La chica de pelo castaño me consultó.
—Sí.
—… ¿Por qué estás tan lejos?- Sein interrogó.
—Es la distancia recomendada. Como si tuviésemos c-
Por un momento, casi soltaba un comentario hablando de una enfermedad de mi antiguo mundo. No sé porqué me detuve, aunque quizás no quería que se centrase en ello.
O fue así, hasta que recordé que ella… tenía ciertas vibras de ella que me daban a imaginar que se podría tratar de alguien invocada también. Sobre todo por su reacción a cuando casi completo mi… comentario.
—¿Si tuviésemos qué?- Sein apuró, ya que tardé un momento sin completar mi frase.
—Nada. ¿Te molesta si me siento a tu lado?- Consulté, por si acaso.
—No. Siéntate.- Ella aclaró.
Una vez sentado a su lado, divisé que estaba bebiendo una gaseosa en un vaso de cristal.
—¿Qué haces acá?- Interrogué, sin saber bien porqué. Se supone que vine a preguntarle algo y al final inicié una conversación nada que ver.
—Nada. Puro pasar el rato. Como ustedes, ¿O no?- Sein me contestó.
—Sí… bueno, estamos en una misión de hecho.- Aclaré las cosas. —¿Estás… sola?
Sein se tardó en responder, viendo su vaso.
—Sí.- Asintió, bebiendo un sorbo de su vaso.
«¿Por qué… suena medio melancólica?».- Dudé para mí mismo. «Es como una escena de alguien tomando alcohol para ahogar sus penas. Solo que esta chica estaba bebiendo gaseosa… Sería más bien una escena haciendo alusión a ello, mas no siéndolo porque no se permite en la cadena televisiva. Sí, algo así sería».- Me hice una escena en mi cabeza.
—¿Puedo preguntar por qué?- De poder podía, ya la lo hice.
—Ya lo hiciste.- Sein dijo que ya lo hice porque en efecto lo acababa de hacer.
—Bueno, pero la pregunta era por si podés contestar o no.
—¿”Podés”?- Ella interrogó cuando solté el voseo. Se me derrumbó toda la teoría, imaginé que si era invocada reconocería si hablaba así. O sea, no lo hice a propósito, solo me dejé llevar.
—Ah… si puedes.- Corregí.
—Oye… ¿Kairo, verdad?- Sein me cuestionó, mirándome a los ojos.
Por algún motivo, me dio vergüenza. No le aguanté la mirada.
—Sí. Así me llamo, sí. En efecto. Así me dicen.- Aseguré.
Sein procedió a observar para todas las direcciones, por si había alguien atento. Al notar que nadie nos rodeaba ni nada, se acercó un poco más a mí.
—No sé cómo… preguntarte esto-
—¿Qué?- Hablé por encima de ella, me daba pánico que se me acercara tanto y de repente hablara tan en serio.
Ella seguía alargando ese momento, comencé a sentir nervios reales.
—¿Eres… eh… argentino?- Ella interpeló, susurrándome.
En ese momento, no supe cómo sentirme. No sabía si estar feliz o… de verdad que no sabía. Dejé que su pregunta transitara en mi cabeza unos segundos. Creo que estaba emocionado de saber que no era el único que vino de mi mundo. Mas no lo demostré de forma física.
—¿Qué es eso?- Cuestioné.
Sein se alejó un tanto de mí, y sus ojos casi que demostraban cómo se moría por dentro.
—Eh… nada, nada…- Sein procedió a tomar otro sorbo de su vaso.
Me tomé mi tiempo en conseguir el momento perfecto para decirle que en verdad sí era. Necesitaba unos segundos más, sobre todo para que fuese ella la más avergonzada y no yo. Así tener el control de la situación.
Carraspeé antes de hablar.
—Era broma. Sí soy.- Le afirmé, y al casi nada de afirmarlo, ella volteó otra vez, sus ojos recuperando el brillo, al igual que su cara su sonrisa. —¿Tú eres… de Perú?- Solté mi duda en voz alta.
—¡Sí! ¡Ay, qué palta me hiciste pasar!- Sein exclamó, recuperando hasta el color de piel que se le había ido de la preocupación. —Conchatumare, oh.- Se desahogó insultándome, llevándose las manos a la cabeza y apoyando los codos en la barra.
—Perdón. No supe cómo reaccionar.- Me justifiqué.
—¡Entonces sí eres de mi mundo!- Sein demostraba estar mucho más emocionada que yo por ello.
—Sí… en verdad… en verdad, se siente bien saberlo. Aunque seas peruana, está bien.
—¿¡Cómo que “aunque sea peruana”!? Cojudo.- Era demasiado peruana esta tipa, me dio risa.
—Es broma también. Es una pequeña frase jocosa. Un chascarrillo, para que comprendas.- Aclaré antes de que se molestase de verdad.
—Tenía la… la esperanza cuando te escuché hablar en un par de ocasiones. O sea, desde que nos vimos en el Duel’Grot, sentí que… algo raro tenías. Sobre todo porque cuando hablabas escuché una estática súper loca y así.- Sein sonaba aliviada, a la vez que continuaba bebiendo pequeños sorbos de su gaseosa.
—Sí, me pasó lo mismo… tenía la esperanza suelta de que fuese así. A pesar de que me quedase bastante claro que eras peruana desde que soltaste un “pe” nada que ver luego de destacar mi acento. Fue como demasiado obvio, si me lo preguntas.- Conté mi parte.
Ella soltó una pequeña y corta risa, sonando más a una risa de nervios que porque le haya causado gracia.
—No sé… no sé ni de qué nos sirve habernos encontrado pero… se siente bien saber que no soy la única.- Sein miraba su vaso a la vez que afirmaba eso. —Quiero hablar tantas cosas contigo…
Dentro de mí, tenía las mismas ganas de hablar con ella de miles de cosas. Sentía que quizás podía resolver un par de consultas que tenía, aunque ella debe de estar igual de extrañada que yo. Al menos, conseguí a alguien en quien confiar para hablar al respecto de mis dudas.
El problema era que… sentía cómo la mirada de Yaku en específico, calcinaba mi espalda. Miré de reojo hacia atrás, y la albina de mi equipo desvío sus ojos hacia Zakko cuando lo hice. No obstante, me recordó el porqué me acerqué a ella.
—Yo también quiero hablar más contigo, pero… tengo a mi grupo esperándome.- Le indiqué, apuntando hacia mi espalda, en dirección a los otros tres.
—Ya veo…- Sein se mostró un tanto triste. —¿Te acercaste a mí… por alguna razón?
—De hecho… sí. Yaku. La… albina que está allá.- Apunté a Yaku. —Se dio cuenta de que nos estabas viendo. Te reconocí y quise venir a preguntarte si querías acercarte o algo así.- Expliqué.
—Ah… ya… yo también les reconocí pero me daba pena acercarme…- Sein lucía como alguien intimidada. —Pensé en acercarme hasta que… bueno, ella me miró un poco feo…- En efecto, estaba siendo intimidada.
—Nah, no pasa nada. Ella no ladra ni muerde. Te mirará feo unas cuantas semanas hasta que poco a poco confíe en ti.- Le conté una anécdota disfrazada de explicación, con un tono cómico para aparentar. —¿Quieres venir con nosotros?
—… Está bien, si no es mucha molestia.- Sein se notaba un tanto tímida aún.
Luego de invitarla a ir conmigo, Sein se acabó la gaseosa y dejó un par de monedas de estaño. Caminamos los dos hacia la mesa en donde estaban mis compañeros, y me senté en una esquina ahora, para que Sein se sentase a mi lado y así no se sintiera incómoda.
—¡Hola! ¡Regresaste!- Shair me saludó a mí primero. —¡Y hola Sein! ¿Qué tal?
—Bien… ¿Y ustedes?- Sein aún no se sentaba, mas tenía claro que el espacio a mi lado era el suyo.
—¡Bien! ¡Oh, oye! Estamos en medio de una investigación de alta… eh… intensidad, y ya que estás, te tengo una pregunta.- Shair se expresó con ella como si nada.
—¿Qué? ¿Cuál?- Sein no entendía nada, mas se sentó a mi lado por fin.
—¿Has visto a alguno de estos?, lo paso rápido.- Shair cuestionó a la vez que acercó su libreta a ella. Pasó las hojas rápido, con los dibujos que hizo. El resto de dibujos que hizo sí eran bastante mejores, no sé porqué el de Zeroth lo hizo tan… así.
«¿Se sintió… incómoda con mi presencia…? Claro, teniendo a Zakko al lado sí podrá dibujar bien» Me ofendí con mi propio pensamiento.
—Eh… ¿Podrías pasarlo un poco más lento, por favor?- Sein pidió.
—¡Claro!
Shair reiteró los mismos movimientos, solo que más despacio. Cuando lo hizo, percibí cómo los ojos de Sein cambiaban su tonalidad. Eran muchos más brillantes que antes, además de tener… símbolos raros…
—Creo que no vi a ninguno, perdón.- Sein se disculpó. —¿Por qué los buscan?
—¿Oíste algo de demonios?- Shair interpeló.
—… Creo que sí.
—Bueno, nosotros nos encargaremos de encontrarlos y erradicarlos. ¡Mira!- La peliverde le mostró a la de pelo castaño su medallón correspondiente.
—¿Qué es eso? Se ve… importante.- Sein interrogó.
—Es algo que nos dieron para que la gente nos hiciese más caso a la hora de consultar detalles o pedir investigar más lugares cerrados.- Shair explicó.
—Se oye muy útil.- Sein aseguró.
—Oye, por cierto. ¿El pelirrosa por qué no está contigo?
—Eh…- Sein apenas oyó su duda, comenzó a emitir sonidos para conseguir tiempo de pensar algo. —Solo… tuve unos problemas. Nada grave de todas formas.- Explicó por encima.
—Entiendo. Lo siento por preguntar.- Shair para mi sorpresa se lo tomó con seriedad.
—No pasa nada.- Sein la libró de culpas.
—¿Quieres acompañarnos en lo que hacemos esto?- Y Shair, le propuso, para variar.
Sein se quedó observándola unos segundos, para luego voltear sin discreción a Zakko y Yaku. Ambos la miraban como si fuese un bicho raro, aunque al menos Zakko no era en mal plan. No la conoce casi nada, entiendo que es tímido ese también.
Yaku parecía un perro cuando entran invitados a la casa. Le faltaba solo gruñir y ladrar. Sin ninguna intención de ofenderla, claro.
—¿A ellos no les molesta…?- Sein preguntó lo más obvio del mundo al verlos a esos dos.
—¿Les molesta?- Shair volteó a preguntarles a ellos en específico.
Zakko negó con la cabeza, al instante. Era obvio, él no era reacio a conocer gente, supongo.
No como… bueno, la otra. No movió ni un ápice de la boca ni de la cabeza. Solo se detuvo a entablar contacto visual con Shair.
—No, no les molesta.- Shair afirmó luego de unos segundos aguantándole la mirada a Yaku.
Sein se mantenía confusa.
—¿… Segura?
—¡Sí!- Shair insistía.
Hubo una pausa de unos segundos en las que dominó el silencio, otra vez.
—¿Y ahora qué?- Cuestioné yo.
—Y no sé, tenemos los retratos y tal. Podríamos ir a investigar una de las zonas que nos comentaron, o… para empezar, hablar de eso.
—Ah, claro. Sí. ¿Por qué estábamos haciendo eso?- Interrogué en primer lugar.
A partir de ahí, Shair retomó la conversación importante.
Comenzó a enumerar la mayoría de lugares que se repetían cuando preguntamos en qué localizaciones vieron a los demonios. Habían en específico tres lugares que se repetían más que el resto, los cuales eran: Bardelarte, el mercado, y las cercanías del monte de estrellas.
Ninguno de los cinco sentados en la mesa tenía ni puta idea de qué se trataba la primera y la tercera, mas por las breves descripciones que nos dieron, Bardelarte era el teatro más grande e importante de Lusiudá, y el monte de estrellas es un monte un tanto alejado de la ciudad pero que se sigue considerando parte. Es un lugar perfecto para ir a ver las estrellas, de ahí su nombre, imagino.
Poco más sabíamos, el plan se redujo a… buscar dónde se encontraba Bardelarte y el monte, para ir a patrullar y caminar por ahí. Shair cuestionó a Sein si quería involucrarse más con nosotros, hablando de reunirse con nosotros la mayoría de días para caminar y buscar a los demonios. Sein no sabía si aceptar, mas tras la insistencia de la peliverde, acabó asintiendo.
—¡Bien!- Shair exclamó victoriosa, alzando el puño hacia el cielo tras convencer a Sein de que se junte con nosotros.
—¿Y dónde nos juntaríamos?- Sein cuestionó.
—¿En el gremio, no?- Propuse yo.
—¡Sí, en el gremio!- Shair reafirmó lo que propuse yo.
—Está bien… pero…- Sein se detuvo un momento, observando el cielo. —¿Aún queda día, no? No ha ni atardecido. ¿Vamos a seguir… caminando?
—Mmm… podríamos… ir al mercado, que creo que es lo que más cerca queda. ¿Verdad?- Shair volteó hacia mí, para que se lo confirmase.
—Shair, no tengo idea de dónde queda ninguno de los otros dos lugares. Solo… te digo desde ya que el mercado queda bastante lejos.- Fue mi respuesta.
—¡Entonces caminemos desde ya!- Shair avanzó hacia el oeste.
—Es para el otro lado.- Le aclaré.
Ella se devolvió, y comenzó a avanzar hacia el este, ahora.
—Yo ya te dije a ti que era hacia el este.- Murmuró.
—Sí, claro.- Asentí sarcásticamente.
Con eso, todos seguimos a Shair, quien se encaminó para el mercado. Me tomé la libertad de ir atrás, ya que noté que Sein también se quedaba un poco atrás. Adelante de nosotros iban Zakko, Shair y Yaku, en ese orden. Y detrás, Sein y yo.
Saqué mi brújula para estar seguro del camino, ya que no confiaba en Shair… del todo.
—¿Qué es eso?- Sein me cuestionó.
—Una brújula… mágica.- Añadí el mágica para que se entienda, además de acercarle la brújula para que la viese. —Es algo así como… usar Google Maps. ¿En Perú existía el Google Maps, no?
—¿Me estás molestando?
—No sé.- Hice que ella dudase. —Mira, úsala.- Le entregué la brújula para que la probase.
Ella la tomó, y comenzó a deslizar de forma intuitiva. Se entretuvo con la brújula bastante rato, no sé ni en qué calle terminó. Me lo devolvió pidiéndome disculpas por dejarme en la punta de la ciudad. Me tomó unos cuantos minutos regresar al punto en el que estábamos.
Al menos me entretuvo un rato durante el trayecto, se me pasaron volando la mayoría de las cuadras que caminamos. De fondo oía hablar a Zakko y a Yaku. La peliverde no hablaba porque asumo yo que estaba atenta a su brújula también.
Fueron unas cuantas calles sin decir mucho. Tenía muchas ganas de hablar con Sein de cosas relacionadas a la invocación que ambos sufrimos, mas me daba cosa por si nos escuchaban los otros. Creo que a Sein le pasaba lo mismo, pues a veces me llamaba para decirme algo, mas dudaba teniendo la vista fija en los otros tres.
Mientras más nos acercábamos, Shair arrancó a parlotear más. Así, hasta que optó por caminar de espaldas para hablarnos a nosotros también.
—¡Oigan, ustedes!- Se refería a Sein y a mí. —Estaba pensando algo, y necesito su opinión también.
—¿Qué pasa?- Sein interrogó.
—Ya que oficialmente estamos unidos a la guardia civil, estamos cerca de ser considerados una organización o algo así. Por ende, estuve pensando durante el trayecto que podríamos ponerle un nombre genial contando con las siglas del nombre que elegí para nuestro grupo.- Shair explicó como el reverendo culo, no le entendí nada.
—¿Qué?- Hice público mi cero entendimiento.
—Que se le ocurrió un nombre momentáneo para el grupo con las siglas de Dearu.- Zakko me tradujo.
—Ah, gracias. Tiene sentido.- Le agradecí la traducción. —¿Y cuál es?
Shair sonrió con un tono un tanto soberbio, sacando pecho como si fuese la octava maravilla el nombre que se le ocurrió.
—¿¡Qué les parece… Destructores de Engendros Antisociales Requetemalvados!?
Puedo asegurar que en ese momento todos nos quedamos en silencio por la misma razón, y a excepción de Yaku, todos miramos a Shair, quien no miraba a nadie porque seguía sacando pecho con los ojos cerrados y mirando al cielo.
—¿Eso no sería D.E.A.R? ¿Y la “U”?- Sein preguntó.
—¡Qué bien que preguntas…!- Shair apuntó a Sein, por haber hecho una buena pregunta.
Sin embargo, se mantuvo unos segundos simplemente apuntándola y sonriéndole, con la cara más dura que una piedra.
—Eh… ¿Qué pasa?- Sein se extrañó por motivos obvios.
—Es que no se me ocurrió nada con la “U” que quedase.- Shair admitió, derrotada.
—¿”Ultra” no quedaría?- Yaku sugirió, de fondo.
—Sí pensé en eso pero… como que me desentona. Supongo que si no dicen alguna otra opción mejor se puede quedar.- Shair contestó.
Sin embargo, a ninguno se le ocurrió nada mejor.
—Yo creo que ultra está bien…- Sein apoyó la sugerencia de Yaku.
—¿Y ustedes dos? ¿Qué opinan?- Shair nos interpeló a Zakko y a mí.
—Está bien, a mí me gusta.- Zakko asintó.
—¿Para qué se supone que es esto?- Interrogué, en un momento de lógica.
—Por si preguntan quiénes somos.- La peliverde aclaró.
—Yo no voy a decir que soy miembro de… ¿Cómo dijiste?
—¡Destructores de Engendros Antisociales Requetemalvados Ultra!- Shair voceó el nombre, consiguiendo que el resto de personas normales caminando en la misma calle nos viesen de reojo, juzgándonos.
Suspiré, y oí cómo Sein se reía de la situación.
Acabamos llegando a el mercado poco después. Según nos dijeron, ninguno se adentraba mucho, era más que nada por los alrededores que se les lograba avistar. Por ello, procedimos a rodear por completo el mercado.
Los ojos de Sein en ese momento arrancaron a brillar mucho más de lo normal, como antes cuando observó los retratos que hizo Shair. Era discreta haciéndolo, solo yo me di cuenta porque iba al lado de ella. No obstante, cuando lo hacía, observaba detenidamente para todos los lados, incluso si había una pared.
Mi mente quería imaginar que era una habilidad ocular o algo así… lucía increíble. No me animé a preguntar para tener tema una vez estemos a solas, ya que… suponía que llegaría el momento. Sin embargo, me impresionaba. No sé cómo funcionará, como mínimo es capaz de ver a través de los muros.
Es una gran habilidad para buscar a alguien, sin dudas. No nos pudo haber venido mejor tener a alguien como ella ahora.
Debido a que el mercado era gigante, nos tomó nuestro tiempo rodearlo por completo. Shair comentaba por encima lo lindo que se veía, ya que no había entrado todavía. Solo divisó hacia dentro mediante las entradas de cada esquina.
Revisé el reloj de antemano, y me di cuenta de que ya eran las seis y tanto de la tarde. A esta hora, podría ir a visitar a Mitsune. Fue mi pensamiento, sobre todo porque llevaba encima el gorro de lana todavía.
No nos detuvimos en ningún segundo, no había nada raro, al menos cerca del mercado. No vislumbramos a ninguno de los cuatro demonios que Shair dibujó.
Por un momento dudé de buscar a gente como la que Shair dibujó, ya que… eran dibujos de Shair. Nada nos afirmaba que se viesen así. Aparte, no sé qué tan capaz es Sein, mas si aparte de ver a través de los muros puede ver desde muy lejos, asumiría que nos habría avisado si notaba a alguien extraño.
El tiempo pasaba, llegaron las siete de la tarde, ya cerca de anochecer. Una vez dimos la vuelta a la manzana, Shair quería adentrarse en el mercado, por lo que los cuatro entramos. No sucedió nada llamativo, la peliverde decidió comprar un par de dulces como chocolates y así. Además, compró una leche también, por si hiciera falta.
A Sein también le ofreció comprarle algo, mas ella se negaba por completo a casi que todo. Lo único que logró comprarle fue una barra de chocolate, y porque Shair insistió demasiado. Hasta yo hubiese aceptado si me insistía tanto.
Tras salir del mercado, retomamos la misma ruta hacia el gremio, sin ningún tipo de éxito este día. A Shair le dio hambre caminar tanto, y le pidió a Zakko que le entregase un chocolate de los que compró, por lo que iba comiéndoselo.
Otra vez era la misma formación, hasta parecía a propósito. Zakko, Shair y Yaku adelante, y Sein y yo atrás. Ahora incluso un tanto más atrás que antes, pero porque yo le estaba siguiendo el ritmo a ella.
Ya intenté adelantarme para estar más cerca de los otros, y Sein no parecía interesada en seguirme el paso. Razón por la que volví a retroceder, para así ir junto a la peruana esta.
—Oye.- Sein me llamó.
Entendí que aprovechando la distancia con el resto, ahora quería hablar un poco conmigo.
—¿Qué?
—¿Cuándo… eh… cuándo podríamos juntarnos a solas para… hablar bien?- Sein interrogó.
En ese momento caí que es otra mina más con la cual concordaría salir a solas. Ni en toda mi vida anterior había salido con tantas mujeres a solas, y menos tan seguido. Lo peor de todo es que ni siquiera lo estoy celebrando, qué paja.
—No tengo idea. Supongo que ahora estaremos ocupados con esto… digo, no sé si estaremos todos los días haciendo lo mismo, mas… entiendo que la mayoría sí, y los que no, no sé cuáles serían.- Quería decir de una u otra manera que no tenía ni puta idea. —Pero… ¿Vas a venir con nosotros, no? Si vamos a pasar los días con ellos, imagino que en algún momento se puede dar. O sea, como ahora.
—… Claro… solo que… preferiría que fueras a solas para… estar en más confianza, pe.
—Y no sé, eso se puede hablar mediante los días que estemos también. Pe.- Añadí ese último “pe” para que se sintiera como en casa.
Sein no parecía muy motivada por mis respuestas. Esperaría que le dijese un día exacto, asumo.
—Y para saber… eh… ¿Cuál es tu nombre?- Me interrogó. Hace muchísimo que no oía esa pregunta tan seguido, he de admitir.
—Walter. ¿Y el tuyo?
—Naomi.
No sabía qué decir. Le podría tirar la de buen nombre pero la verdad es que considero que es un nombre más quemado que algo demasiado quemado. Sin ofenderla, el nombre está bien en general, supongo. Tampoco es que haya elegido cómo llamarse… a no ser que se lo haya cambiado, claro.
Con eso en mente, se me vino otra cosa a la cabeza que no tiene nada que ver en lo absoluto, mas yo lo asocié por alguna razón.
—¿Y cuántos años tienes?- Pregunté, pregunta importante.
—Dieciséis. Cumplo años en Julio. Julio cuatro.
«Es menor de edad… es como la primera menor de edad que conozco en este mundo, y no es de este mundo. No el primero en general porque… Zakko también lo es. De hecho… recuerdo que Sein veía a Zakko muy… fuertemente, la otra vez…».- Recordé ese detalle que me causaba curiosidad.
—¿Y tú?- Sein me preguntó, sacándome de mi burbuja mental.
—Dieciocho. Cumplo el veintiocho de Junio.
—¡Oh! Así que eres del mismo signo que yo.
«Uy, es de esas».- Comentó mi yo interno.
—Igual… es solo… una curiosidad, no me importan esas cosas… no creas que… soy una loca del horóscopo o algo así…- Se atajó muy rápido. Aunque motivos tenía, porque de hecho, sí lo creí.
—¿Y ellos cuántos años tienen?- Sein preguntó por el resto.
—Yaku tiene dieciocho. Shair también, y Zakko tiene diecisiete.- Le conté de derecha a izquierda.
—¿Zakko tiene diecisiete?- Por lo que sea, fue el único que le llamó la atención.
—Ajá.
La vi de reojo, y la noté otra vez mirándolo mucho. Mas esta vez parecía curiosidad. Antes no parecía curiosidad, sino que interés.
—¿Pasa algo con Zakko? ¿Te gustó o algo así?- Cuestioné de forma directa.
—¿Qué? No… o sea…
No me lo podía creer, era de verdad. Hasta la peruana, qué horror.
—Era más bien porque… su acento también me suena un poco…- Sein se excusó. Aunque ahora que lo pienso…
Hubo un silencio luego de eso que me permitió oír a Zakko hablar con las otras. No sé ni de qué hablaban, no presté atención a sus palabras. Solo a cómo las pronunciaba… y… se me hacía más que neutral. Bueno, más no, pero neutral en general sí.
—No sé de qué hablas. No hace falta que te excuses, aunque la tendrías jodida si la respuesta a mi duda fuese que sí. Él está más que ocupado con una mina ya.
—No, en serio. Se me hace reconocido ese acento… estoy segura. Digo, créeme. Reconocí tu acento, y yo te tuve que decir pe para que pensases en el mío. Claramente sé de lo que hablo y tú no tienes idea.- Sein lucía molesta por ponerla en duda. —Pero… ¿Es una de las dos…?
—Capaz.
—¿Cuál?
—Y no sé, vos adiviná.
—No sabes tampoco.
—No, yo sí que sé. Nomás no gano nada diciéndotelo.- Aclaré. —… De hecho, yo imaginaba que… bueno, en verdad más que nada era por verlos juntos.
—¿De qué hablas?- Sein no entendía qué quería decir con mi frase inacabada.
—Era que… yo imaginaba que te gustaría el pelirrosa y así. Solo que mientras lo decía en voz alta, me contesté a mí mismo diciendo que solo lo pensaba por verlos juntos, no por mucho más.
Sein me miró con una cara que sin soltar ni una palabra, me decía cuán equivocado estaba.
—Yo no dije que me guste nadie.
—¿O sea que te gusta el pelirrosa?
—¿Qué parte de nadie no entiendes? Aunque, ¿Por qué estamos hablando de esto? ¿Es importante?- Sein se estresó.
—No sé, nomás porque mencioné a Zakko y te pusiste a la defensiva. Y también al pelirrosa con el que andas siempre. O andabas.
—¿… Y a ti cuál? ¿La albina o la peliverde?- Sein se enfocó en mí.
—Ninguna.
—¿En serio? Porque yo siempre los veía juntos. ¿Son algo así como una cita doble constante?
—… Ya entendí el punto, discúlpame. No se volverá a repetir.- Pedí disculpas.
—¿Ves?- Sein consultó, molesta.
—Sí, ya vi.
—Y… ¿Cuánto tiempo llevas en este mundo…?- Sein luego de suspirar, quiso retomar la conversación antes de que se pusiera rara.
—… No tengo idea, creo. No tengo forma de saberlo, y perdí la cuenta desde que estoy aquí. Sé que… debe de haber pasado cerca de un mes, ya.
—A mí me pasó hace rato y… recuerdo haberte visto varias veces desde entonces, así que debe de haber sido casi a la vez. Yo llegué como el cuatro de abril. Desde entonces, sí pasó un mes, sí. Estamos a como tres o cuatro de mayo.
—… Es… interesante saberlo, gracias.- Le agradecí.
«Así que llevo un mes exacto, casi… o un poco más… qué raro me siento. Tener esta conversación no me está causando… las emociones que creí que me causaría. No siento… no siento que sea diferente al resto de conversaciones que he tenido, pese a que esté hablando de… invocaciones, de manera literal».- Concluía.
La conversación se pausó unos minutos después de eso, pues Sein se distrajo observando el atardecer, y yo pensando babosadas. Me fijé en la brújula, y quedaba bastante poco para llegar al gremio, unas cuantas calles y estábamos.
—¡Pero qué dices! ¿¡Vosotros estáis seguros de que esto debería costar tanto!?- Se oyó desde la distancia.
Claramente llamó nuestra atención, sobre todo por las palabras que utilizó. O sea, no se me haría raro teniendo en cuenta que se supone que es un entorno medieval, mas… esto no es medieval. Nadie habla así… excepto aquel tipo pelirrojo, con los pelos para todos lados.
Tanto Sein como yo nos detuvimos un momento para oírlo hablar.
—¿¡Cómo van a cobrar tanto por esta cutrez!?- Vociferaba el tipo de pelo rojo.
—¿Está hablando como un español o es cosa mía?- Sein, experta en acentos según ella, dijo una obviedad.
—Sí, pero… bueno, o sea, no sé hasta qué punto esto es la edad media, mas… en esos tiempos se hablaba así. Aparte, tiene el pelo que tendría un veniz evolucionado, creo. Casi el mismo tono. Debe ser uno, y que hable así será coincidencia.
—¿¡Ah, sí!? ¡Pues me cago en tus jodidos muertos!- El tipo de pelo rojo vociferaba.
—¿Eso también lo decían en la edad media?- Sein cuestionó.
—De eso ya no tengo idea si te soy sincero.
—¡Oigan! ¿¡Por qué se quedaron atrás!?- Shair interrogó desde la distancia, ya que habían avanzado bastante desde que nos detuvimos.
Ambos decidimos irnos, mas teníamos en la mira a aquel tipo pelirrojo.
La aparición de ese maniático gritón de pelo rojo nos llamó la atención. Sein estaba segurísima de que hablaba como español. En eso se fue la mayor parte del camino, hasta que llegamos al gremio.
—Bueno… me despido aquí. Muchas gracias por dejarme… ir con ustedes. No sabría qué habría hecho el resto del día.- Sein agradeció en general.
—¡No hay de qué! Espero verte el día de mañana cerca de la misma hora. Me gustaría contar contigo. Me caíste bien.- Shair exclamó.
—Le dice eso a todos igual.- Añadí yo.
—¡Mentira!- Shair negó al instante, mas conseguí que Sein se riera un poco.
Me alegró eso último porque por algún motivo, entre más nos acercamos al gremio, más decaída le notaba. Entiendo que ahora tendrá que afrontar los problemas que habrá tenido con el loco ese de pelo rosa. A saber, con suerte me lo dirá el día de mañana.
—¡Chao!- Shair se despedía de Sein, a quien la dejamos en el gremio.
—¡Chao!- Yo también me despedí de ella de manera verbal.
Zakko lo hizo con gestos, y Yaku no volteó siquiera. Sein por su parte, también se despedía con gestos.
Al final, volvimos a ser nosotros cuatro. El escuadrón… ah, así no era. Los Destructores de Engendros Antisociales Requetemalvados Ultra. Noté que Shair caminaba súper feliz, mientras que Yaku se estiraba como si se sintiese liberada, y… Zakko caminaba normal.
—Me extraña que a ella no le hayas puesto nombre sin preguntarle.- Comenté, hablándole a la peliverde.
—Sí, es que a ella le conocí el nombre bastante rápido. Sin embargo, tampoco se parece a nadie… mmm… tal vez pueda buscarle algún parecido si la conozco más. De momento, Sein está bien. Es bonito nombre, a mí me gusta.- Shair me contestó. —¿Significaba… alegría, no?
—No. Huerta.- Yaku la corrigió, al momento.
—¿Segura que no era alegría?- Shair insistió.
—Segura. Se parece pero no es, alegría es con otras letras que hace que se pronuncie distinto.- Y Yaku también insistió.
—Ya veo, ya.
En ese momento me di cuenta que claro, hablamos el mismo idioma solo para mí. Ellos escucharán sus palabras y tal…
—¿El mío qué significa?- Cuestioné.
—¿Tu nombre? O sea, ¿Kairo?
—Sí.
—Alma de la tierra.- La peliverde confesó.
—¿Tanto con una sola palabra?- Dudé.
—Es que el nombre lo saqué de esa frase recortada…- Shair admitió.
—Ya me parecía a mí.- Yaku añadió, aludiendo de que de algo le sonaba mi nombre.
—¿Y por qué ese?- Consulté un tanto extrañado.
—Porque te pareces a quien decidí llamarle así. No le des muchas vueltas.- Shair aclaró.
—Está bien.- Esperaba una respuesta mejor, he de decir. Aunque… no debí haberlo hecho, claro que ella no lo pensó tanto.
El trayecto se hizo ameno, pues los cuatro íbamos hablando. Quien menos hablaba esta vez, fue Zakko. No se me hizo tan extraño ya que de vez en cuando añadía cosas y soltaba comentarios, mas habló mucho menos de lo que yo recordaba que lo hacía. Tampoco… creo que sea algo alarmante, después de todo, somos cuatro. Difícil que todos hablen lo mismo todo el tiempo.
Acabamos llegando a la posada, y ellos se comprometieron a jugar al juego de mesa hasta que se hiciese más tarde, ya que apenas eran las ocho y cuarenta y siete de la tarde… noche. Al ver la hora, caí en Mitsune, otra vez. No me quedó de otra que inventarme que iba a tomar aire para ir a visitarle y regresarle el gorro.
Shair y Zakko se ofrecieron a acompañarme, mas les dije que no lo hicieran, iba a tardar un rato. Si eso, que se adelantasen y jugasen juntos un rato, añadiendo a Yaku al plan, claro.
Una vez logré convencerlos de que se fuesen a la habitación a jugar, esperé a que se adentrasen lo suficiente como para poder sacar la brújula y buscar la calle de Mitsune. Temnib, creo que era. Si no, tengo el breve recuerdo de que era tres cuadras más al norte, de todas formas.
Encontré la cuadra en la brújula, y antes de alejarme mucho, oí una voz reconocida.
—¿A dónde vas?
Cuando me volteé, me percaté de que se trataba de Yaku. Al parecer, tenía la intuición de que no iba a tomar aire solo.
—¿Qué haces aquí?- Interpelé a una interpelación con otra.
—Responde primero.- Yaku insistió.
—Eh… iba a… dar una vuelta a la manzana, para estirar las piernas.- Peor excusa no se me pudo haber ocurrido.
—Pero si caminamos un montón ya.
—Iba a… comprarme algo, mientras lo hacía.
Yaku solo me miraba con aquella mirada juzgadora que tanto le asocio. Ya era marca registrada por ella.
—¿No vas a decirme, verdad?- Yaku comprendió que no tenía intenciones reales de contarle.
—… Voy a ver a alguien que conocí. Le… este gorro no es mío, es de ella. Se lo tengo que devolver, además de… que supongo que hablaría un poco con ella.- Admití, por presión. No soportaba su mirada, en serio.
—¿Una chica?
—Sí.
—Ah, está bien. Que se diviertan. Cuidado con… ya sabes.- Yaku quería advertirme de algo.
—¿Con qué? ¿Los demonios? No creo que haya ni uno.
—… Sí claro, los demonios.- Yaku parecía abandonar la idea de advertirme.
La miré, confundido. De verdad, no sabía a qué carajos se refería.
—Bueno, igual tendré cuidado. Diviértanse mientras.- Le deseé la mejor, a la vez que me alejaba.
—Igualmente.- Escuché de Yaku antes de irme, entre tanto la vi adentrarse de una vez por todas.
Tras hallarme libre por completo, caminé lo más rápido que pude hacia la casa de Mitsune, ya que se me hacía más tarde todavía y no quería llegar después de las horas que ella me especificó.
Corriendo y todo, llegué por fin, reconocí la casa de Mitsune desde lejos. Toqué suavemente la puerta, con miedo. Miedo de que saliese… alguien que no fuese Mitsune. No pensé demasiado en eso hasta que ya toqué la puerta.
«¿Qué carajo pensarían si… viene un tipo que no conocen a buscar a su hija a las ocho de la noche…?».- Me cuestioné a mí mismo, viendo la hora. «A las nueve de la noche, corrijo».- Me corregí a mí mismo.
—¡Sí, ya fui a abrir la puerta!- Mitsune abrió, observando hacia atrás, como si estuviese respondiéndole a alguien de dentro. Tenía otra vestimenta, una más casual. Como si se tratase de un pijama, ropa muy abrigadora de colores celestes y azules. La figura de una luna y ovejas en su pijama superior.
Se tomó sus segundos en procesar la información de que se trataba de mí quien estaba tocando su puerta. Me miró de pies a cabeza, y yo solo la veía a los ojos.
Era observarla y que algo dentro de mí se rompiese. No tenía sentido, es… es súper diferente al resto de mujeres, y ni siquiera sé porqué me parece más atractiva que las demás. No es que me gusten las mujeres con pelo rojo y pecas desde toda la vida o algo así. De hecho, mi mujer ideal no sería para nada una chica con esas características.
Sin embargo…
—¡Kairo! ¡Qué emoción!- Ella se acercó a mí, para abrazarme, mas se arrepintió antes de hacerlo. —Ah… disculpa. ¡Hola! Eh… disculpa también… la vestimenta… ¿Qué te trae por aquí?- Mitsune sonaba demasiado nerviosa, apoyando el codo en la puerta, y la mano en el lateral de su cabeza.
—Quería… devolverte el gorro. Ya… tengo ropa de aquí, por lo que no necesito… el gorro para estar abrigado…- Me saqué el gorro de la cabeza, para entregárselo.
—Es… es cierto, se me pasó por completo. Por cierto… qué bonita ropa, sí. Me di cuenta al instante, aunque creí que sería irrespetuoso que te lo mencionara tan rápido… me gusta mucho tu capa, te queda.- Ella se acercó para recibir el gorro, y además tocó un poco mi capa.
—Gracias… por el gorro y por lo que dices, claro.
—Oye… ¿Tu color favorito era el rojo…?- Mitsune preguntó, de la nada, con un tono que me daba a entender que buscaba comentar algo al respecto.
—Eh… no… ¿Por qué?
—No sé. Asumo que será casualidad… solo que… bueno…- Mitsune se llevó una mano al cabello, el cual era rojo. Esa parte la entendía, sí. Mas no tenía sentido que de la nada lo dijese. —Al menos el color te gusta, ¿No?, por eso… es el de tu capa.
En ese momento, me di cuenta. Tanto mi capa como mis pantalones eran de un color rojo oscuro, como su cabello.
—Ah… es… es coincidencia… sí…- De verdad, era una coincidencia. Una que me apenaba, mas lo era, porque la ropa no la escogí yo. Aún así, no se lo iba a confesar porque creo que a ella no le disgustaba la idea. —Mas no me disgusta, no.
Mitsune sonrió.
—¿Y… qué tal estuviste? ¿Días cansados?- Ella me cuestionó.
—No… o bueno, un poco. Fue caminar demasiado más que nada. Nos metimos en una cosa para investigar demonios, y ahora creo que haremos eso la mayoría de días, más que nada patrullar.
—¿Cómo? ¿Van a meterse con los demonios?- Mitsune sonaba un tanto sorprendida.
—Sí.
—¿Pero eso no es peligroso?
—Claro, mas… nos dan demasiadas recompensas como para no aceptarlo. Y no conocemos la fuerza de los demonios… tal vez seamos más fuertes, no sé.
Mitsune me miraba como si estuviera aterrorizada. Bueno, no tanto, mas algo preocupada estaba.
—Ten mucho cuidado, por favor.- Fue lo primero que ella dijo. Me hizo sentir… abrigado, por alguna razón.
—Sí… no me pasará nada, ni te preocupes. Vendré a verte más veces, y quizá algún día venga por la tarde para… invitarte a… pasear.- Hablé más de lo que en mi mente quise hacerlo.
—¡Me encantaría!, tenemos que… decidir un día para salir.
—Mira… dependiendo de cómo sean estos días, vendré a verte siempre como a esta hora y… te diré cuándo crea que podamos salir un día.
Mitsune me observó sonriente.
—Qué… lindo. Te ves lindo con esa ropa, hasta más que con la de antes. Te pega bastante llevar una capa, sobre todo porque eres rápido. No sé bien qué tenga que ver… solo siento que combinas con ella. Y el que sea roja hace que me guste más.- Mitsune lucía con la mirada perdida en mi dirección. O… en mí, aunque no quería pensar en que era en mí. No porque no me guste la idea, si no porque me gustaba la idea y me apenaría que no fuese real.
—Bonita pijama.- Fue mi comentario, para aliviar un toque el ambiente.
—¡Gracias! Es demasiado cómodo…
Y así, me pasé un buen de rato hablando con Mitsune. Comenzó a contarme el día en el que compró esa pijama, porque resulta que estuvo bastantes horas en la tienda de ropa debido a que había otra persona haciendo drama y tal.
Me contó un par de anécdotas, y yo las oía porque… no sé porqué. Mi cerebro no las omitió como a veces hace con las cosas que no me interesan. Prestaba atención a cada una de sus palabras.
Desconozco cuánto tiempo pasamos juntos, mas fue tanto que comencé a moverme porque si no se me dormía el cuerpo. Ella salió un poco más, y se sentó afuera conmigo para hablar. Le conté un poco más de lo que hice este día, omitiendo las partes de Sein por motivos obvios. No me interesaba que supiese que no soy de este mundo, aún.
Entre más tiempo pasaba, más frío hacía. Hasta que llegó el punto de que Mitsune no aguantó y se tuvo que reposicionar dentro de su casa. Yo me volví a parar para despedirme, ahora sí.
—Entonces… vendré mañana también.
—¡Te esperaré con ganas!- Mitsune exclamó, con una emoción que me dejó unos segundos paralizado.
…
—Buenas noches, Mitsune. Descansa.
—Buenas noches, Kairo. Descansa tú también.
Tras despedirnos, ella fue cerrando lentamente su puerta, como la otra vez. Y como la otra vez, me quedé ahí, parado afuera de su puerta, solo oyendo la brisa y a la gente que pasaba por ahí.
Respiré profundo, y me redireccioné a Binmet, para ir a la posada. Revisé el reloj, y eran las diez y cuarenta. Casi las once, se me fue el tiempo volando. Comencé a sentir el cansancio, más que nada por lo tanto que me relajé conversando con Mitsune.
Llegué a la posada, pasé por la sala principal y por la zona verde. Abrí nuestra habitación con la llave y la volví a cerrar con esta. No vi a nadie en la sala de estar, mas escuché el ruido de una taza proveniente de la cocina.
Fui hacia allá, y ahí estaba Yaku, sola, tomando té.
—Llegaste.- Yaku me habló.
—Sí… ¿Qué haces acá? ¿Me esperabas?- Le pregunté.
—… No.- Yaku tardó en negarse. —¿Cómo es la chica?
—¿Tenías tanta curiosidad que decidiste esperarme para preguntar por ella?
—No…- Yaku negó, mas su cara me decía otra cosa.
—¿Por qué te interesa tanto?
—Porque… no sé. Eres de mi equipo, debería interesarme lo que te pase.
—No creo que funcione así.
—Yo sí lo creo.
Decidí solo divisarla unos segundos.
—Estoy seguro de que si te la presentase le desearías la muerte verbalmente.- Exageré, mas no era tanto una exageración. Yo estoy seguro de que Sein se sintió algo así.
—No. ¿Por qué dices eso?
—Porque hoy también conociste a una chica y no le dirigiste la palabra ni una vez, solo le dedicabas miradas amenazantes.- Le argumenté.
—Bueno pero… a esa chica la conocí recién hoy. De la que tú me presentarías, la conocería de parte de ti. Yo lo asemejaría más a cuando Zakko me presentó a Shair.- Yaku quería comparar, cuando Zakko seguro estuvo un año o más hablándole de Shair.
Eso además que yo no soy Zakko, al cual ella aprecia mucho más que a mí. Y Mitsune no es Shair. No luce como alguien muy extrovertida como para acercársele y obligarle a hacerse su amiga. O bueno, no la conozco tanto como para afirmarlo, mas… yo creo que no es tan extrovertida como Shair, no. La peliverde no se avergonzó ni un poco cuando me conoció y Mitsune sí.
Por todo ese monólogo interno, la observé juzgándola.
—Me gustaría conocerla.- Ella comentó, sin ningún tipo de vergüenza.
—Algún día lo harás, supongo. Buenas noches, Yaku. Iré a dormir.- Me despedí de ella, ya que no tenía más energía.
—¡Buenas noches!- Ella voceó para despedirme, ya que ya me estaba yendo.
Me fui hacia la recámara, y ahí estaban los dos que quedaban. Shair recostada en una esquina de la cama, y Zakko muy pegada a ella. Sin ni siquiera abrazarla o algo porque es un cagón de época pero pegado a ella.
Luego de insultarlo en mi mente, me recosté en mi respectiva cama. Mañana será otro día, en donde con suerte, veré a Mitsune.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com