Kinokodearu - Capítulo 31
- Inicio
- Todas las novelas
- Kinokodearu
- Capítulo 31 - Capítulo 31: La Mujer del Kimono
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 31: La Mujer del Kimono
Pasó una semana desde que Sein se unió a nuestro grupo provisional de investigación nombrado anteriormente “Destructores de Engendros Antisociales Requetemalvados Ultra!”, por parte de nuestra líder, Shair. En específico, estuvimos desde el día sábado tres de mayo, hasta el día sábado diez de mayo.
Ocurrieron… muy pocas cosas a destacar durante esos días, pues esto más que nada se volvió un ciclo. Todo se trató de despertar, levantarnos, que Shair o Zakko… o Shair y Zakko, cocinaran algo, y todos comiéramos.
Así, hasta dirigirnos al gremio, en donde se encontraría Sein esperándonos. La mayoría de los días nos esperó afuera, mas cuando no estaba, nos metíamos para hablar con la empleada del gremio, y ver si Sein se encontraba allí dentro. Solo pasó una vez, y esa vez Sein lucía completamente destruida.
Luego era… junto a Sein, encaminarnos a una de las zonas en las que se avistaron a los demonios, para patrullar rodeando la zona y preguntando a los transeúntes si habían vislumbrado algo. Siempre nos decían que no.
Día tras día, sin ningún tipo de resultado. Desde Bardelarte, hasta las cercanías del monte de las estrellas. Aunque a ese no fuimos mucho por la… en exceso, lejanía a la que nos quedaba.
Bardelarte que por cierto era… enorme. Nunca vi un teatro tan grande. Un día nos adentramos, viendo que era algo así como un cine. De hecho, lo comenté con Sein susurrándoselo porque imagino que los cines en este mundo no existen así que los otros tres no lo entenderían. Sein afirmó que sí lo parecía, por lo que ya no era solo cosa mía.
Habían varios actos distintos dentro, además de un restaurante muy fino más al fondo, en donde por cierto también había un acto. Lo más a destacar fue… justamente, el acto destacado. Aquel que sale en las portadas más grandes y luminosas, en la sala principal apenas entras a Bardelarte. Resulta que era un acto que se realizaría el día catorce de mayo, miércoles.
Shair propuso ir a verlo, ya que la entrada no se iba lejos del presupuesto que ella decide manejar. Todos aceptamos, incluida Sein, a la cual Shair la tuvo que convencer porque ella no se sentía parte del grupo como tal. No obstante, Shair insistió tanto que Sein se rindió y aceptó.
También, estuve visitando a Mitsune casi que todos los días. Desde el sábado anterior, solo falté uno y porque se me hizo demasiado tarde ya. Ella y yo conversábamos un largo rato afuera de su casa… o eso al menos los primeros dos días.
Los primeros dos días, porque el resto, siempre me esperó preparada para salir a caminar un rato en esas calles.
Un día incluso fuimos a comer juntos a un lugar cerca de allí. Ahí me contó que estaba ilusionada por el día catorce de mayo. Solo que no me especificó porqué. Yo podía intuir que quizás era el mismo acto de Bardelarte que vi con mi grupo, mas cuando pregunté, ella no me lo afirmó.
Pese a eso, acabé concordando una cita con ella el lunes doce. Saldríamos juntos a un lugar que ella escogió ya que cree que me gustará. Es una sorpresa, por lo que no sé nada. Siento que mis conversaciones con ella son cada vez más naturales. Cada vez sacaba más mi personalidad por completo con ella.
Aparte de eso… aprovechamos para ir a las oficinas de la guardia civil más cercanas a Bardelarte. Allí mismo, nos reconocieron, mas nos pidieron mostrar nuestro medallón. Sein no tenía uno, mas Shair pidió que le diesen uno ya que formaba parte de nuestro grupo, ya. Se lo dieron, y así ahora Sein también tenía permitido entrar a lugares privados y preguntar de más a la gente.
Luego de eso, nos informaron todavía más respecto a los demonios, confirmándonos que en efecto, se trataba solo de cuatro. Antes eran más, no obstante, han atrapado y liquidado un par ya. Los cuatro que quedaban, los describieron tal cual nosotros sabíamos. Por lo que esas partes las obviamos, y fueron a los detalles y pistas de su comportamiento.
El demonio heterocromático, Zeroth: A este se le han visto más actitudes pacifistas que al resto. Es el demonio que más testigos ha tenido por ello mismo, ya que concurre zonas muy transitadas. Sobre todo, recurre los puticlubs. Como a dos o tres cuadras del mercado, se hallaba el puticlub en el que se le ha visto más veces.
Mucha gente ni se enteraba de que era un demonio, ya que se acerca a los hombres que visitan los puticlubs como si fuese un compañero borracho malhablado. La mayoría concuerda en que su comportamiento se asemejaba al de un animal en celo, pues, se veía interesado por todo tipo de mujeres. Hasta en sus diálogos con hombres, las mencionaba y realizaba comentarios fuera de lugar con cualquier chica que viese.
La única vez que se le ha avistado atacando a alguien, fue cerca de un bar. Al parecer, el demonio se había hecho amigo de otro hombre. Compartían tanto que un día el hombre decidió invitarlo a beber.
Todo iba bien, contó uno de los testigos que se hallaba en ese mismo bar. Iba bien hasta que… una mujer se les acercó. El testigo, comenta que en ese preciso momento, Zeroth se posicionó de manera correcta, y se ajustó hasta el peinado. El hombre amigo del demonio solamente corrigió su postura.
La chica habló con los dos, y lucían tener química. El problema recayó cuando la mujer invitó al hombre otro día. El hombre aceptó sin pensarlo, y… ahí no pasó nada. Los cinco, Shair, Zakko, Yaku, Sein y yo, observamos con una cara de póquer al guardia civil que nos estaba contando. Un rato, hasta que remató la historia, diciendo que tiempo después se los encontró a los dos muertos, a las siete de la mañana.
Era el del comportamiento más extraño, ya que no cometía el mal siempre, mas esa pareja no es la única que ha asesinado. Es la historia más extensa porque hubieron testigos. Eso sí, todos los testigos han sido hombres, por obvios motivos.
La demonio del kimono, Sacqui: Una mujer que a simple vista es refinada. Se le ha visto andando por las calles como si nada, ya que a vista de todos es como una mujer más. Todos resaltan su kimono de flores, y su pelo liso de color blanco.
Su belleza es su estandarte. Se le suele ver cerca de Bardelarte por eso mismo, lo bello que es el lugar, y la tanta gente que lo transita. Se ha llegado a pensar que busca la atención de las masas, caminando de manera sofisticada, llamando la atención de todo aquel que esté interesado mínimamente por el género femenino.
Según testigos, nadie ha entablado conversación con ella. Sin embargo, entre los testigos, sí hay una relación. Se tratan todos de hombres jóvenes. Entre sus dieciséis hasta sus veinticinco. La mayoría ilesos, algunos con heridas leves.
Algunos aseguraban que habían visto a la demonio con mujeres, mas ninguno tenía pruebas, y ninguna mujer ha sido testigo de su presencia. Sin embargo, también se le ha encontrado asesinando a hombres adultos y a mujeres adultas, dejándolas en callejones. A altas horas de la noche es donde se han dado todos esos casos.
Los hombres que han sido testigo de su presencia han contado muy poco, y les costaba recordar. Los heridos tampoco recuerdan cómo fue que acabaron heridos en primer lugar.
Se estima que su comportamiento es localizar a hombres que considera atractivos para seducirlos. Y que de alguna forma se encarga de borrarles de su memoria todo lo relacionado a ella.
Otra vez, todos los testigos eran hombres.
El demonio de los colores, Roloq: El hombre musculoso, que se destaca por eso mismo. Es lo primero que ven todos, y es el más fácil de avistar. No se esconde, siempre que aparece, mata a todo aquel que considere ser de un color intrascendente.
Los que han logrado sobrevivir al verlo, cuentan cómo el tipo observaba fijamente a todos a su alrededor, y comenzaba a asignarles colores. Mediante ello, escogía quién merecía vivir y quién no.
Tenía mucha conexión con el arte, pues, es la razón por la que se fija tanto en el color de la gente. No se sabe mucho a profundidad porque la mayoría no ha sobrevivido para contarlo, y los que sí, no han logrado saber más, o no lo recuerdan.
El solo verlo, significa peligro. Se recomienda correr o esconderse cuando se le encuentra, y en el caso de correr, alertar a los demás. Los pocos guardias civiles que lo han enfrentado, también han acabado muertos. No se sabe qué nivel de amenaza signifique, ya que la fuerza de los guardias muertos, lamentablemente, no era la suficiente como para considerarse alta.
Tiene bastantes testigos, mas la mayoría se traumatizó luego de verlo asesinar a todas las personas a su alrededor. No hay un patrón que se sepa de sus ataques, mas se le ha visto en su mayoría cerca del monte de las estrellas.
Los sobrevivientes relatan que los colores de su agrado son: rojo, azul, amarillo, verde. El resto, ha mencionado que no le agradan del todo, no obstante, depende del día, para decidirse si atacar a quienes observa como del resto de colores. Los únicos que ha detestado siempre son el negro y el blanco.
Y por último, mas no menos importante…
Demonio variante, Val-hen: El demonio cambia formas. Se sabe que es el mismo, porque lo que se mantiene siempre es la estatura. Es más pequeña que una mujer promedio, la cual mide un metro cincuenta y nueve. Se estima que mida un metro y cincuenta.
Es importante su estatura, ya que es lo que siempre se correlaciona con los relatos de la gente. Siempre mencionan su estatura. Es la más agresiva de todas, ya que sus únicos testigos son gente que ha conseguido escapar de ella. No obstante, por más que hayan conseguido escapar, acababan muriendo tarde o temprano.
Nadie sabe si Val-hen los asesinaba posterior a recuperarse, mas todos los testigos han fallecido. Lo poco que se sabe, es que en su mayoría, ha adoptado un tono de piel rojo. Con dientes filosos, y ojos amarillos. Además, de vérsele la mayor parte de ocasiones, cerca de Bardelarte.
Unas cuadras más abajo, cerca de otro parque. Ahí es donde han surgido los ataques. No obstante, eso es todo lo que se sabe. Nadie sabe si así cómo cambia su cuerpo, puede cambiar su estatura misma, o su apariencia por completo. Quizás está caminando allí tranquilo como si nada por las calles.
Eso fue todo lo que nos relataron. Tanto Sein como Zakko se encontraban un tanto traumatizados al escuchar la última parte, lo noté al verlos.
Poco más nos dijeron, nos desearon muchísima suerte y nos pidieron que tuviésemos cuidado. Nos entregaron un kit de medicina instantánea y otra que era más lenta, por si éramos atacados por uno. También, nos brindaron antiparras… o que es lo mismo, gafas de protección.
Nos dieron solo una, informándonos de que tenían rayos infrarrojos, ya que a su vez, nos advirtieron que los demonios tenían un latir del corazón completamente diferente al nuestro. Casi ni se notaría con las gafas, y por ello, era tan valioso. Solo nos dieron uno por lo caro que era, pues ni ellos tenían para todos los de la guardia civil.
Toda esa charla ocurrió el miércoles seis de mayo. Hace como cuatro días. Desde entonces, Sein nos comentó su magia ocular, que le permitía observar con detalle desde largas distancias, así como ver el interior de las cosas.
Ella misma manejaba lo que deseaba ver, pues por ejemplo, en un cuerpo era capaz de ver solo la carne, los huesos, o simplemente a una persona desnuda.
Sigo pensando que era irrelevante esa última parte. O sea… no, no hacía falta.
Pero, por esa habilidad, fue que Shair le dio las gafas a ella, ya que había más posibilidades de que notase a alguien a incluso kilómetros de distancia, con el latir disminuido.
Y aún con esas, no avistamos nada de nada. Ya como el viernes, fue cuando Shair comenzaba a mostrarse derrotada, al no vislumbrar ni una sola pista por nuestra cuenta. A veces se metía a locales que le interesaban, dándonos un pequeño espacio a Sein y a mí de charlar.
Sein me contó por encima acerca de Izu. Dijo que… desde que partieron el viaje, está más centrado en acompañar a una amiga suya. Shin, se llamaba. Según sus palabras, no es que sintiera celos ni nada. Solo… impulsaba más el sentimiento que tenía.
No me contó todo, ya que los otros no tardaban casi nada en regresar. Sin embargo, sí sentí un gran peso cuando su única frase fue “Me siento sola”. Casi no lo parecía estando con el grupo y tal, mas sí la notaba cada vez más deprimida. Mi pensamiento más constante era algo como… “Esta tipa necesita llorar con alguien urgente”.
Pese a ser consciente de eso, incluso a mí me daba… no sé, vergüenza, que llegase ese momento. Ni siquiera sabría qué decirle, solo tenía… la idea de querer que se desahogase conmigo. O con alguien, mas creo que yo sería el indicado porque por lo que sea conozco el sentimiento que carga.
No sé cómo será su relación con Izu, mas yo… aún con los tres que me acompañaban, claramente me he llegado a sentir solo. No… demasiado, claro, se me dificultaba ponerme triste cuando en mi grupo había alguien como Shair, contagiándome su emoción e ilusión por las cosas, además de que siempre se daba a notar.
O alguien como Zakko, que no era el mejor en cuanto a brindar energías, mas sí me hacía sentir acompañado. Es… valga la redundancia, muy buen compañero. Me siento cómodo con él.
Si fuera por Yaku me suicidaba el segundo día, porque ya pasó un mes y apenas estoy entablando una relación con ella. Supongo que es agradable de todas formas.
Mientras más pensaba en lo que Sein me dijo, más caía en cuenta de que… tuve muchísima suerte con haberlos conocido a esos tres. Diría a esos dos, ya que Yaku tampoco es que haya hecho mucho, pero… algo cuenta. Me cae bien y sé que tarde o temprano podré contar con ella como con los otros dos.
Y ahora, por suerte, apareció alguien con quien podía hablar al respecto… aunque no estábamos pudiendo hacerlo. Quizás… pude haberme quedado hasta tarde con ella en el gremio, mas… puede ser que haya preferido ir a visitar a Mitsune todos esos días.
No sé si se me podría considerar mala persona por eso. Yo a veces me sentía culpable. No obstante… si no iba con Mitsune también me sentiría culpable, ya que le dije que iría a verla bastante seguido. O sea, falté un solo día y me sentí pésimo esa noche.
Ya iba a tener tiempo de charlar con Sein, de todas formas. Sobre todo si seguíamos a este ritmo, ya que Shair se acabaría rindiendo de investigar tanto todos los días y acabaríamos descansando un rato. O a eso sonaba ahora mismo
Algo bueno que sí salió de esto, era que Sein se sentía mucho más cómoda con mi propio grupo. Quizá por eso no parecía tan deprimida estando con ellos, le gustará pasar tiempo con todos.
Se hizo muy amiga de Shair bastante fácil, aunque… bueno, tampoco era lo más difícil. Difícil es caerle mal a Shair.
También entabló más conversaciones con Zakko, pese a que este actuaba más reservado con ella. Entiendo que es su metodología con gente que no conoce. Al menos, no se limitaba a observarla prejuiciosamente. No como… la que faltaba.
Quiero decir, un par de diálogos tuvieron ellas dos, Yaku y Sein. Sobre todo porque esta última era la que le preguntaba cosas y Yaku respondía. Llegó un punto en el que no le deseaba la muerte solo con la mirada, mas tampoco es que fuese muy amable con ella.
Tuve que calmar a Sein un par de veces, diciéndole que Yaku era así con todos, menos con Zakko y Shair. Que era lo mismo que decir que nos odiaba a nosotros dos. Bueno, ahora no podría decir que me odia. Como tampoco podría decir que me quiere. No la entiendo, se nota que es mujer.
Sin embargo, los días cada vez se hacían más… cómodos, ya que Sein se acopló al grupo fácil. A veces ni tenía que intervenir para que ella se involucrase.
Y así, estábamos los cinco, caminando lado a lado. Yaku, Zakko, Shair, yo y Sein. En ese orden estábamos, caminando cerca de Bardelarte. Una calle demasiado amplia, con el teatro gigantesco resaltando.
Eran las diez de la noche, del sábado diez de mayo.
—¿Ves algo?- Shair le preguntó a Sein, quien estaba atenta a todos lados con las antiparras.
—Eh… nop. Nada de nada.- Sein le respondió.
Shair suspiró, molesta.
—¿Y si nos devolvemos ya?- Yaku propuso. Le oí porque le presté atención, mas ella habló en voz baja.
—¡No! Ya dije que este será el último día que salgamos tan seguido a patrullar. Al menos, quedémonos hasta tarde. ¿Quién sabe si en realidad eso era lo que faltaba? Quedarse hasta muy tarde.- Shair intentaba argumentar el porqué era buena idea quedarse hasta tarde.
—Un día nos quedamos hasta tarde y no sucedió nada.- Comenté yo. Ese mismo día fue el que no fui a visitar a Mitsune.
—Ya, pero… ahí fuimos al mercado. Ahora estamos en Bardelarte, es distinto.- Shair insistía.
—No creo que lo sea.- Yo insistí también.
—Además, la demonio que ronda por estos lares se especificó que va a altas horas de la noche. Las diez no son altas horas de la noche.- Shair aclaró.
—Bueno pero…- No tenía argumentos para contrarrestar, era un buen punto, o… mi incapacidad de pensar algo en este momento me decía eso.
—Se le ha visto solo con hombres… ¿No será que no la encontramos por eso?- Zakko cuestionó.
—¿Qué quieres decir?- Shair le cuestionó a él.
—Que estar rodeados por ustedes nos quita la posibilidad de encontrarla.- Traduje yo, para que la mente de la peliverde fuese capaz de entenderlo.
—Sí, eso.- Zakko asintió.
—¿Entonces… qué sugieres?- Shair interrogó.
Mientras caminábamos, divisé un local de decoraciones y juguetes que a Shair le interesó pero al que nunca entramos porque se supone que estábamos patrullando. Dos veces vinimos a Bardelarte, y las dos veces quiso meterse. En ambas veces me encargué yo de que no se distrajese.
Sin embargo, ahora…
—¿Qué tal si tú, Sein y Yaku se meten a esa tienda y nos dejan solos a Zakko y a mí?- Propuse.
—¿Es buena idea dejarlos solos?- Sein interpeló.
—No sé. Pero… si sale, alguna podría estar atenta. De hecho… tú misma. Que Shair y Yaku se adentren en la tienda y pierdan el tiempo, mientras que Zakko y yo nos quedamos solos en medio de la calle. Hacemos el tonto, entre tanto Sein nos vigila con las antiparras. Si detecta algo raro, estará más pendiente que todos.- Fue mi idea.
—¡Suena bien! ¡Hagámoslo!- Shair, emocionada, aceptó. Yo creo que con solo oír el “Que Shair y Yaku se adentren en la tienda” le bastó para aceptar mi plan. —¡Yaku!- Tras eso, ella volteó a por la albina, la cual también se prestó para ir a avistar las decoraciones juntas.
—¡Suerte, cuídense!- Shair voceó a la vez que se alejaba, deseándonos lo mejor.
Yaku se despedía con un gesto.
En ese momento, solo quedábamos los tres. Zakko, Sein y yo.
—¿Y… qué se supone que hagamos ahora?- Zakko interrogó.
—Vos y yo vamos a caminar en el centro de la calle. Cuestión de que Sein pueda observarnos. Tú, Sein… quédate cerca de la tienda. Si ves algo y por algún motivo no nos puedes avisar, llama a las demás.- Ideé el plan por completo a la perfección.
—Está bien…- Sein se colocó las gafas otra vez, para ver en dirección a nosotros.
Una vez se quedó cerca de la tienda, Zakko y yo nos posicionamos en el centro de la calle, de espaldas a Sein, para aparentar.
—Y… ¿Nos quedamos así hasta que pase algo?- Zakko me preguntó.
—Bueno, no tengo idea. No sabría qué hacer en este preciso instante.
—¿Deberíamos aparentar ser hombres interesados en una mujer… con kimono?- Zakko susurró luego de ver a ambos lados.
—Y no sé. Probemos.- Le susurré yo, de vuelta. —… Fua. Qué ganas de… pasar una noche con una mujer con kimono.
—Sí… me… me encantaría. Sería la mejor noche de mi vida.- Zakko me acompañó.
Los dos mantuvimos un volumen intermedio. No estábamos gritando, mas sí hablando alto.
—Soy un… soy…- Me avergoncé de lo que iba a decir.
En ese pequeño instante, volteé para divisar a Sein, quien no comprendía qué carajos hacíamos. Mas… solo con verla, era capaz de entender que no nos estaba juzgando, solo se hallaba confundida.
—Tengo diecisiete y… no me molestaría estar con una mujer con kimono.- Zakko continuó.
—Sí, eso. Yo dieciocho. Y sin dudas, aceptaría estar con una mujer de cabello blanco y que portase un kimono de flores.
—Sí, sí… me encantan las flores… y sobre todo las mujeres de cabello blanco…- Zakko seguía con el tono forzado. No obstante, eso último no se sintió forzado.
Y nosotros teníamos una albina en el equipo…
…
—Se lo voy a decir a Shair.- Volví a murmurarle.
—¿Qué? ¿Por qué?- Zakko se preocupó.
—… Creo que esto no está funcionando. Y… ya se me fueron las ganas de seguir hablando como si no me diese vergüenza.- Parlé, a la vez que volteé para ir con Sein.
Preciso momento, en el que la vi con una dama detrás de ella, la cual le estaba tocando la clavícula desde atrás. Sein se hallaba sonrojada, y casi que embobada. Yo… me paralicé. Sobre todo cuando de reojo vi… un ropaje azul… con flores.
—En verdad, fue una estupidez…- Zakko se volteó también, a la vez que charlaba.
Y cuando lo hizo, Sein recuperó su cara normal. Además, de que la tipa detrás de ella desapareció.
Zakko, como si nada, caminó hacia ella.
—¿Viste algo?- El veniz le preguntó a la de pelo castaño.
—Nop.- Sein le respondió.
Luego de unos segundos, me animé a acercarme y a preguntarlo.
—Sein.- La llamé. —¿Qué fue… eso?
—¿Qué fue qué?- Sein procedió a… hablarme como si no hubiese sucedido nada.
La miré con detenimiento. No obstante, no sentí que ella se estuviese haciendo la desentendida. Y tampoco tendría sentido que lo hiciese, no le servía de nada.
—¿Qué…- Sein se detuvo entre tanto me cuestionaba.
—¿Qué qué?- Interpelé.
—Creo que veo algo.- Sein murmuró.
—¿Dónde?- Zakko le interpeló a ella.
—¿No es ella…?- Sein apuntó hacia el frente, lugar por el que pasaban dos mujeres.
En ese momento, me fijé bien. Era la misma que estaba detrás de Sein, y tenía las características del demonio. De por sí, el kimono era identificativo. Casi nadie iba con ropajes tan extraños.
No obstante, hace unos cuantos segundos estaba detrás de Sein… y ahora iba con otra mujer. A la cual por cierto, le estaba tocando la clavícula desde detrás también. Solo que… iban caminando, juntas.
A simple vista, parecería una pareja. Sin embargo… tiene las características de la demonio.
Desde detrás de nosotros, se oyó la puerta de la tienda.
—¡Zakko! ¿Puedes guardar esto?- Shair lo llamó, saliendo del local. Al no recibir respuesta instantánea, y notar que los tres mirábamos hacia el mismo punto, se extrañó. —¿Eh? ¿Qué… qué pasa?
Ahí, tanto Shair como Yaku se acercaron para percibir lo mismo que nosotros. Iba caminando como si nada, al costado de otra mujer.
—Es… es ella. ¡Es ella!- Shair exclamó.
—Oigan, pero… acabo de verla yo… con Sein, ahora mismo.- Confesé.
—¿Cómo?- Sein cuestionó.
—Te estaba haciendo… lo mismo que a ella… te lo juro. Fue cuando viste a… Zakko voltearse que desapareció.- Quería intentar sacar alguna conclusión de eso, mas no me salía nada.
—¿De qué hablas?- Sein seguía dudando.
—¡Te lo juro!- Voceé.
—… Pero… yo no sentí nada.- Sein aseguró, aunque ahora un tanto preocupada.
—¿¡Qué importa!? ¡Hay que ir a buscarla!- Shair le entregó las bolsas a Zakko, para que se las guardase y así perseguir a la demonio. En ese momento, todos nos pusimos en marcha, corriendo para alcanzarla.
Al percatarse de que íbamos en su dirección, la demonio y la mujer tomaron el primer callejón que vieron, escondiéndose en la sombra.
Tardamos unos segundos en alcanzar el callejón. Fui yo quien llegó primero, debido a que en lo que corría recordé que me podía propulsar. Tardé un tanto en observar el callejón porque sé propulsarme pero no aterrizar, todavía.
Al llegar al callejón, oí y visualicé el cómo… la mujer del kimono y la mujer con traje de oficina… se estaban comiendo la boca en el callejón. Ambas jadeando, y la del kimono… propasándose con los roces.
Ellas no se dieron cuenta de mi presencia, y yo… me quedé parado como idiota.
Duraron lo suficiente como para que todo mi grupo llegase, y todos nos quedáramos impresionados por… lo rara de la situación. Era más raro todavía porque, la mujer de traje que iba con la demonio, no mostraba… reciprocidad.
Ella estaba siendo besada y… la mujer del kimono la tocaba por encima, mas… la mujer de traje no mostraba ninguna seña de que siquiera lo disfrutase. Ni sonrojada estaba.
Segundos pasaron hasta que la mujer del kimono se dio cuenta de que habían cinco personas observando cómo se besuqueaba con otra mujer.
—¿Qué? ¿Quiénes son? ¿Qué mierda hacen? ¡Acosadores!- Nos vociferó, sin dejar que la mujer de traje tuviese paso libre, ya que la tenía acorralada contra la pared.
—Eh… nada… lo… sentimos mucho, en serio… En serio…- Shair, avergonzada, pedía disculpas hasta inclinándose.
—¿Por qué no se van a besar entre ustedes? Mocosos de mierda.- Seguía renegándonos.
—¡A eso iremos! ¡Lo siento demasiado!- Shair insistía en pedir disculpas sin pensar en sus palabras.
Tras eso, Shair y Yaku procedían a abandonar el callejón lentamente, instante en el que me di cuenta de Sein. Quien se hallaba aterrorizada.
—¿Sein?- Shair también se percató de ella, y la nombró.
—E-Ella… sus… sus latidos. ¿Por qué… por qué late tan rápido?- Sein señaló a la mujer de traje, que por cierto, veía hacia dentro del callejón.
—Porque está excitada. Deberías probarlo, ya que se ve que te gusta alguien.- Comentó la de kimono, sonando hasta resentida con Sein.
—No… no parece que sea excitación.- Sein insistió. —Señora… podría… ¿Voltear hacia nosotros un momento?
—¿¡Qué pretendes, niña!?- Sacqui, la demonio del kimono, protestó, aumentando su volumen de voz, además de dejando de lado a la mujer de traje para amenazarnos con gestos. —¿Quieren irse de aquí ya? ¿No ven que interrumpen?
—Solo… pediré disculpas si me equivoco… solo déjeme ver el rostro de la dama de traje.
—Tenemos permiso para interrogar de esta manera a los civiles.- Shair, se acercó y sacó el medallón. —Si no pasa nada raro, déjennos ver a la mujer de traje. O que ella hable, al menos.
Sacqui, molesta, se aproximó a la mujer de traje, para sostenerla de la espalda, y besarla un poco más. Luego de eso, se acercó más a nosotros, y la demonio seguía sosteniéndola, a la vez que la mujer de traje se sostenía de ella.
—Aquí está.- Sacqui afirmó, mas no nos estaba dejando ver nada.
Sacqui y la mujer estaban frente a frente, Sacqui subiendo sus manos a la cabeza de la mujer, mas ella se mantenía divisando hacia dentro del callejón.
La mujer segundos después, empezó a respirar fuertemente.
—¿Por qué no voltea?- Yaku incidió en ello.
—Cariño… voltea un segundo, por favor.- Sacqui le pidió a la mujer. —Debe tener vergüenza. No es común que cinco niños nos observen hacer esto.- De repente, Sacqui se tranquilizó.
Pese a su petición en voz alta, la mujer no hizo caso al momento, cosa que subió las sospechas. O así fue, hasta que en efecto, volteó, con la cara sonrojada.
Estaba sonrojada por completo, mas… no tenía una cara de felicidad.
—Qué vergüenza…- Dijo la mujer en voz alta, viéndonos.
Me detuve un segundo para ver la reacción de Sein, quien retrocedía un tanto, mas mantenía la cara aterrorizada, se le notaba en la cara a pesar de llevar bastante grandes.
—¡Gracias, mi amor!- Sacqui dejó a la mujer pararse bien, y la sujetó su cabeza con ambas manos para darle besos rápidos. —¿Ven? No pasa nada raro. Ahora, pueden irse. Chu, váyanse y diviértanse, que son jóvenes.- Nos invitó a largarnos, haciendo el gesto con la mano.
Shair, que era la que más cerca estaba, tardó unos segundos en tomar una decisión. La cual fue… irse.
—… Vámonos.- Shair lo comunicó, sonando súper seria, y sin mirarnos a nosotros.
—¡Pero!- Sein, intentaba hablar, pues ella estaba viendo algo que nosotros no.
De todas formas, no sé cómo podría diferenciar la excitación del miedo en cuanto a los latidos. Mas… ese momento en el que respiró bastante fuerte…
Ninguno de nosotros nos movimos, pues Shair a pesar de ordenar que nos fuéramos, no se movió ni un pelo.
Entiendo que después de todo, a pesar de que no supiéramos qué estaba pasando… es claramente la demonio. No podía ser otra.
«Pero… ¿Y si es una coincidencia?».- Me cuestioné a mí mismo.
—¿Por qué… no se han ido todavía?- Sacqui insistía en que nos fuésemos.
En ese instante, creo que todos nos percatamos de que la mujer de traje temblaba. Ahora, se hallaban las dos mujeres frente a frente, Sacqui con la cabeza volteada hacia nosotros, pero con ambas manos en las mejillas de la de traje.
Es hasta obvio que… algo estaba pasando. Y sin embargo, no podíamos hacer nada ya que de momento… no hablaba la de traje. Como mínimo la está forzando, no obstante… sus únicas palabras fueron “Qué vergüenza”. Nada más.
Podría pedirnos ayuda, somos cinco contra uno, deberíamos ser capaces de brindarle cierta seguridad.
Shair tras unos segundos que se hicieron eternos, acabó cediendo, dando un paso hacia el costado, cosa que creo que imitamos todos.
—Ah, sí… lo siento. Ya nos va-
—¡Por favor, ayuda!- La mujer de traje vociferó lo más alto que pudo, sin poder escaparse del agarre de Sacqui, quien la mantenía con las manos en sus mejillas.
Sacqui al oír a la mujer gritar por ayuda, volteó hacia ella y… explotó su cabeza.
Como si fuese un globo, la reventó, solo dejando su cuerpo decapitado y la sangre que saltó para todos lados.
Ese lapso de segundos se sintió aún más eterno. La sangre salpicando, el cuerpo de la mujer sin cabeza cayendo en frente de nuestra cara. Ninguno de nosotros fue capaz de moverse, mas todos vimos lo mismo.
Todos vimos como Sacqui reventó su cabeza como si nada. Eso habrá transcurrido en… como diez segundos, mas… creo que para mí y para mis compañeros… fueron muchos más.
Acabo de ver cómo alguien moría frente a mis ojos. Y no pude hacer nada. Pero… incluso si eso no importase. De hecho, es que no importa. Acabo de observar la muerte de alguien de una manera traumática. Le volaron la cabeza frente a mí. Frente a Shair. Frente a Zakko. Frente a Yaku, y frente a Sein.
Ninguno estaba preparado para observar eso. Y aún así, tuvimos que reaccionar rápido, ya que al instante que ejecutó a la mujer de traje, se movió.
—¡Mierda! ¡Qué… basura tan molesta!- Exclamó Sacqui, para luego comenzar a trepar los muros del callejón, hasta alcanzar el techo de los edificios que lo rodeaban.
—… ¡Z-Zakko!- Yaku tartamudeó, mas fue la primera que reaccionó al movimiento de Sacqui. Al voltear hacia ella, entendí el porqué nombró a Zakko.
Yaku invocó su nube para perseguirla, y mi mente comprendió rápido que esperaba que Zakko se encargase de subirnos a todos.
Zakko también lo comprendió y al segundos ya nos había devorado a todos en su forma slime. Desde ahí, dejé de estar consciente.
🍄
Zakko se montó en la nube de Yaku, la cual los elevó a ambos hasta la azotea del primer edificio, avistando así a Sacqui. Sacqui por su parte, se percató de que la seguían, y arrancó a correr entre edificios.
—¡Zakko! ¡Kairo es el más rápido de nosotros, déjalo salir!- Yaku sugirió.
—Pero no va a entender qué hacer al momento.- Zakko contrapuso.
—¡Da igual! ¡Él es inteligente, se dará cuenta!- Yaku confiaba en Kairo.
—… Está bien. Tú persíguelo, yo lo suelto en un techo.- Zakko aceptó, y se tiró a un techo desde la nube de Yaku.
Ahí, Zakko liberó a Kairo, como si nada. Kairo no entendía ni dónde estaba, hasta que vio a Zakko y de reojo a Yaku en su nube. Tardó unos segundos en tocarse por encia para saber si estaba completo, hasta que lo confirmó y recordó en lo que estaba.
—¿¡La demonio!?- Kairo interpeló.
—¡Hay que seguir a Yaku!- Zakko le informó al instante, y Kairo interpretó.
Al percibir a Yaku, también logró avistar a la demonio, por lo que Kairo sujetó a Zakko quien iba en forma de slime, y se impulsó para perseguir a la demonio antes de que escapase.
Él era muchísimo más veloz que la demonio, por lo que se demoró un par de techos en alcanzarla. Al final, la interceptó en una azotea con una turbina gigante, varas de metal, además de subidas y bajas. Era el techo más amplio de los que pisaron, y justo en ese la interceptó, colocándose en frente de ella.
—¡Para!- Kairo la detuvo, abriéndose de brazos para impedirle que avanzase más.
—¡Apártate!- No obstante, Sacqui lo iba a atacar con garras de una tonalidad gris con negro, intercalado, como todos los demonios que había avistado.
Kairo entendió eso, y lo previó, usando su magia elemental para alejarla. El cuerpo de Sacqui era el de una mujer promedio, por lo que no era precisamente difícil de impulsar usando su magia elemental.
Zakko, quien se cayó al suelo en ese momento, soltó a Shair y a Sein, al lado de Kairo. Y Yaku, desde las alturas, se colocó detrás de Sacqui, para que tampoco pudiese escapar por donde vino.
Shair no tardó mucho en comprender que había sido engullida por Zakko, por lo que con eso en mente, comprendió rápido la situación. Avistó el demonio, a Kairo a la defensiva, y a Yaku desde el fondo también, rodeando así a la demonio.
Sein… era quien más miedo tenía. No tardó nada en moverse hacia atrás, hasta que notó la diferencia de altura con el siguiente techo. Cayó sentada en el piso, observando al resto como si nada.
—¿¡Y ahora cuál es el plan!?- Kairo voceó a Shair, esperando que tuviese alguna idea.
—¡N-No sé! Eh…- Shair, no podía pensar con claridad. No obstante, se le ocurrió una idea en ese momento. —¡Zakko!
—¿Qué?- El veniz consultó.
—¿Qué tan difícil sería que te tragues a la demonio para llevarla con los guardias civiles?- Shair le cuestionó.
—Eh… tendría que llegar a ella…- Zakko dudó muchísimo al responder, dándole a entender a sus compañeros que era complicado.
La demonio por su lado, veía de reojo qué tan probable era sobrevivir si se tiraba desde el edificio. No obstante, vio mejor idea atacar a Yaku.
Con un salto muchísimo más veloz que lo que demostró antes, saltó a atacar a Yaku que permanecía en su nube. Fue tan veloz que a Yaku no le dio tiempo de reaccionar, mas fue salvada por Sein.
Sein poseía una habilidad con su magia ocular, que paralizaba a alguien por unos segundos, mientras fuese capaz de mantener a la persona en su vista. La forma más fácil de saber que la estaba usando, era observar encima del objetivo. Se divisaban de cierta manera, los ojos del usuario. En este caso, unos ojos naranjas.
Por ello, Yaku al percatarse y al Sacqui haberse acercado lo suficiente, la albina acabó encestándole el primer golpe con su puño cargado de magia elemental eléctrica, mandándola al centro del techo.
«Necesito… necesito motivarlos…».- Shair pensó, observando de reojo a Kairo, Zakko y Sein, quienes lucían un tanto atemorizados.
—¡Tenemos que… tenemos que pelear!- Shair, insegura, manifestaba de todas formas su intención de combatir.
Kairo al oírla, sabía que debía de seguirla. No obstante, su cuerpo no respondía lo mismo que su mente.
—¡Sein! ¿Tú hiciste eso, verdad? ¡Es genial!, ¿Qué tal si lo haces para que Zakko se acerque? Así él puede… engullirla.- Shair se giró para pedirle a Sein que usase su habilidad más.
—C-Claro…- Sein, en un arrebato de motivación, se posicionó un tanto mejor para observar el combate.
Sacqui se levantó del suelo, sintiendo el efecto eléctrico en su cuerpo, que detenía un momento su flujo de maná.
«Esto… esto no es propiedad del rayo…».- Sacqui concluía, divisando desde lejos a Yaku, quien estaba aún más atenta a sus movimientos.
—¡Kairo!- Shair gritó el nombre de su compañero. —¡Estoy… segura de que eres más fuerte!- La peliverde intentó motivarlo también.
Kairo respiró profundo tras eso, cayendo en cuenta de que el miedo que sentía por pelear ahora, es que nada le dice que no acabe muerto. No sabe qué hace la magia de la demonio, solo vio cómo reventó una cabeza humana como si nada.
Eso le aterrorizaba, sin embargo, al voltear y ver a su compañera pidiéndole casi que a gritos que por favor se motivase, algo dentro de él no podía permanecer quieto.
—Vamos.- Kairo habló, acercándose hasta donde Sacqui.
Kairo detectó que era más veloz que ella, excepto cuando dio ese salto. La única información que manejaba era que si daba un salto era muy veloz, por lo que ahora… no iba a acercársele tampoco. Solo iba a rodearla un toque más, para que Zakko fuese capaz de acercarse.
Zakko en forma humana, junto a Shair, se encaminaron junto a Kairo, rodeándola de más cerca. Yaku también aterrizó, y ahora, estaban los cuatro rodeando a la demonio.
Fueron unos cortos segundos de tensión en la que la demonio se vio encerrada, por lo que fue la primera en buscar una apertura, y atacó a Shair, con el puño limpio.
Su movimiento no era nada ágil ni inesperado, por lo que Shair usó su magia elemental, y creó una burbuja en medio del puño de Sacqui y ella. La burbuja explotó, sonando fuerte, ocasionándole un daño inesperado a Sacqui.
Aprovechando eso, Yaku fue quien buscó atacar más de cerca a la demonio, encestándole un golpe con el puño cargado con su magia elemental.
Se tornó en un combate ágil de cuatro contra uno. La demonio no sabía combatir mucho, mas conseguía asestar puños o esquivar otros. Tanto Kairo, como Shair y como Yaku, atacaban mientras podían, evitando darse entre sí.
La demonio de quien más se cuidaba era de Yaku, pues sus golpes por un motivo que ella desconocía limitaba su flujo de maná, lo cual era peligroso para ella.
Kairo era quien más le asestaba golpes, mas quien menos le impactaba. Debido al poco espacio que había, la velocidad solo le servía para atinar más puñetazos, no para aumentar su daño.
Zakko todo ese tiempo, intentó acercarse a Sacqui, mas siempre que se le acercaba Sacqui explotaba la parte del cuerpo desde la que él se aproximaba. Era ágil para sentir desde dónde se acercaba.
En esa pelea frenética, hubieron un par de secuencias más de intercambio de puños entre los tres, mas alguna ayuda de Sein desde detrás.
Sacqui pretendía ir tras ella, debido a ser una molestia para el uso de su magia, que requería de carga. Sein lo reiniciaba tan solo con activar su magia de parálisis, y sabía que Sacqui cargaba su magia, debido al calor que presentaba.
Pese a saber que Sein debía ser a quien atacar, no tenía apertura. Yaku limitaba su flujo de maná por lo que no tenía oportunidad de aventarse usando la técnica de antes, Kairo se entrometía hacia donde se dirigía mucho más veloz que ella, y Shair llenó de burbujas los alrededores, limitándole así el espacio.
Aún así, intentó aventarse a por Sein, y Kairo la retuvo.
Al detenerla, la empujó más lejos todavía, así Kairo tuvo un momento a solas para pensar. Yaku y Shair seguían peleando con Sacqui, mas ninguna lograba daños significativos. Ninguno del grupo en general.
Sacqui tardó en emplear sus garras, mas acabó sacándolas. Pese a hacerlo, no consiguió mucho más que rajar levemente a las dos que seguían peleando con ella.
«¿Nos falta daño…? ¿Cómo mierda hacemos más daño si nuestros cuerpos son de hule…?».- Kairo usó su momento libre para visualizar sus palmas, desgastadas, pero solo eso, desgastadas. Su cuerpo y su cabeza solo tenían un daño leve.
Durante ese pensamiento, visualizó las barras de metal, ocurriéndosele una idea. Sujetó una barra, y probó a moverla rápido, usando su magia elemental y a la barra como objetivo. Para él, resultaba más sencillo tener un objetivo físico, así amontonar la brisa en él.
—¡Zakko!- Kairo lo llamó, luego de ver cómo el veniz era mandado a volar otra vez, sin muchos daños, ya que en su forma slime aguantaba mucho más que en la humana. —¡Acércate!
Kairo le pidió que se acercara, alzando la barra de metal, y el veniz hizo caso. En su versión limo, se acercó a él.
—¿Puedes pegarte a esta barra?- Kairo le cuestionó.
—Sí.- Zakko asintió, y se apegó a la barra sin preguntar.
Ahora Kairo tenía a un limo montado en la barra que acababa de agarrar del suelo. Con eso, se aproximó a impactar a Sacqui, la cual, no se percató de su presencia al estar lidiando con las burbujas de Shair otra vez.
Por eso, logró impactar fuertemente desde un lateral a Sacqui, haciendo que esta cayese al suelo otra vez. Mas el propósito no era solo ese, ya que al haberse pegado a la barra, Zakko estuvo al lado de su cabeza.
El veniz entendió que justo ese era el momento indicado, por lo que se tiró encima de Sacqui. Sacqui que comenzó a explotarse todo el cuerpo, mas ya era tarde. Zakko estaba consiguiendo cubrirla por completo pese a sus fuerzas por sacárselo de encima.
Sein desde el fondo, usó su magia de parálisis un segundo en Sacqui, permitiendo que Zakko ocupara aún más espacio en el cuerpo de la mujer de kimono. A Shair, Kairo y Yaku, no les quedaba de otra más rezar para que Zakko pudiese engullirla y así manejarla inconsciente hasta un lugar más seguro.
Sein en un momento, comenzó a oír alarmas. Usó su magia para observar a través de las paredes, y fijarse en qué sucedía, percatándose de que la guardia civil se aproximaba.
«Qué… qué alivio…».- Sein afirmó en su cabeza, hasta que arrancó a escuchar gritos de desesperación provenientes de la demonio.
Sacqui comenzó a arañarse su propio cuerpo, o hasta arrancarse de a cachos la piel, mostrando más de esa parte oscura de tonos grises y negros de rallas, de los demonios. No era reconocible qué parte era de Zakko y qué parte era de Sacqui todavía, mas seguía luchando con fuerzas.
La imagen era desgarradora. Sacqui con los ojos más abiertos que nunca, intentando escapar mediante dañarse ella misma, arrancándose cabello, y hasta piel.
Sein no podía respirar más entrecortado, observaba todo desde el fondo, temblando, y oyendo los gritos desgarradores. Todos, tenían un miedo que los carcomía. No sabían si Zakko lo estaba logrando o no, mas los tres, Kairo, Shair y Yaku, retrocedían y ansiaban que Zakko saliese con su forma humana.
De repente, parecía que el veniz lo lograba, pues la mujer de kimono se encorvaba, y de vez en cuando mostraba el cabello de Zakko, además del cuerpo y ropa. Eran pequeños destellos, ya que parecía que estaba luchando por dominarla.
Sacqui se agarró de la boca, abriéndosela a la fuerza, buscando dañarse a sí misma, mas en el mismo instante, aparecía el cuerpo de Zakko, abrazándose. El cuerpo entero se tornaba gris y negro, con rallas.
Los gritos no se detenían por ni un segundo, solo que ahora Zakko también gritaba adolorido. La forma del cuerpo comenzaba a ser caótico, pues a veces se volvía una bola gigante de limo, pasaba al cuerpo de Sacqui, y luego al de Zakko, hasta formas muy raras con cuernos, todo con el tono negro y gris que representaba a los demonios.
Así durante unos minutos, hasta que finalmente, Zakko consiguió devorarla. Zakko poco a poco recuperaba sus colores habituales, mas no aparentaba ser el mismo. Observó a su grupo, un tanto estumecido.
—¿¡Z-Zakko!?- Shair fue la primera en vocear su nombre, esperando que este contestase.
No contestó.
O no, hasta pasados los segundos.
—S-Shair…- Zakko replicó, sonando… agotado.
—¡Zakko…!- Shair volvió a vocear su nombre, solo que ahora muchísimo más aliviada, yendo a abrazarlo.
Kairo y Yaku sintieron un alivio tremendo también, solo que no lo expresaron verbalmente. Kairo respiró profundo, intentando regular su respiración.
Sein desde el fondo, casi se ponía a llorar. Se tuvo que sacar las gafas de protección con rayos infrarrojos porque no soportaba llevarlos en ese momento. Pese a que pasó muchísimo miedo, decidió acercarse a sus compañeros antes de pensar nada.
—¡Qué bien! Salió… ¡Salió todo bien!- Sein exclamaba, con un tono que rozaba el llanto.
—Tengo… necesito… necesito… no sé.- Kairo no sabía expresar qué era lo que quería en ese momento. Quería descansar, mas no sabía cómo decirlo ya que… a su vez, la imagen de la mujer que fue asesinada en su rostro regresaba. Eso y la escena de Zakko peleando por dominar a Sacqui.
—Todo no.- Yaku negó poco después de calmarse también, recordando justamente a aquella mujer.
Ninguno contestó nada al respecto, mas sabía de lo que hablaban.
—Oigan… ¿Qué es todo eso que suena?- Zakko interpeló. —Molesta mucho… creo que… me duele un poco la cabeza.
—Normal. A saber qué fue lo que sentías en ese momento.- Kairo comentó, viendo cómo Zakko se acercaba a una esquina de la azotea, para divisar hacia abajo. —A mí también me duele la cabeza.
—A todos. Necesitaremos… un descanso luego de esto. Sin dudas. Nada de buscar demonios como por… no sé. No quiero pensar en eso ahora…- Shair quería sacar su lado cómico, mas era incapaz. También comenzó a pasársele por la cabeza la mujer de antes.
Todos tenían ganas de llorar, sobre todo porque ya acabó.
—Oigan…- Zakko volvía a llamarlos, regresando su vista a su grupo entero, que lo veían a él cerca del borde.
—¿Qué pasa?- Shair interpeló.
—¿Tienen frío?- Fue lo que preguntó Zakko.
—No mucho. Todo ese ejercicio me hizo entrar en calor.- Shair contestó a su duda, intentando recuperar el tono animado de siempre.
—¿Por qué preguntas eso?- Sein por un momento, dudó de algo y lo expresó a la vez que Shair respondía. Mientras esperaba la respuesta, buscó colocarse las gafas con visión infrarroja.
—Es que… es que hace muchísimo calor de repente. En serio… demasia-
La cabeza de Zakko explotó.
Explotó, dejando así, su cuerpo sin cabeza caer en el piso de aquella azotea. Frente a sus cuatro compañeros.
Al contrario que antes, no hubo nada de sangre, sin embargo, salió de su cuerpo una forma negra, que parecía sangre, mas no lo era, era un demonio. Era Sacqui, saliendo de su cuerpo.
El cuerpo negro de Sacqui saltó de la azotea y escapó, mas ni uno de los cuatro volteó a siquiera mirar en qué dirección iba. Todos y cada uno, mantuvieron su mirada en el cuerpo decapitado de Zakko.
Quien primero mostró reacción, fue Shair, que arrancó a hiperventilarse. Cada vez respiraba más fuerte, y su visión se nublaba.
—¡Zakko!- Shair, desesperada, gritó su nombre.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com