Kinokodearu - Capítulo 32
- Inicio
- Todas las novelas
- Kinokodearu
- Capítulo 32 - Capítulo 32: Una Carga De Otro Mundo
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 32: Una Carga De Otro Mundo
—¡Zakko!- Shair, desesperada, gritó su nombre.
Al segundo de ver cómo el cuerpo decapitado de Zakko caía al suelo y que la demonio escapase de dentro suyo, Shair fue con Zakko.
—¡Zakko! ¡Zakko!- Ella gritaba su nombre, yendo a tocar su cuerpo.
Por instinto, buscó cargarlo en sus brazos, mas al intentar hacerlo, el cuerpo del veniz se derritió, como si fuese baba.
Yo, estaba frío. Mi cuerpo no reaccionaba, ni mi cuerpo ni mi mente. Respiraba porque lo hacía en automático, mas si dependiese de mí, hubiese dejado de hacerlo ahí. No sabía qué hacer, mi cuerpo temblaba.
—¿Eh?- Shair reaccionó, confundida, al ver que Zakko se derretía, formando con su cuerpo la bola de limo en la que se convertía por su raza. —¿Z-Zakko…?- Shair lo llamó, al verlo como si nada, en su forma de slime.
Sin embargo, no obtuvo respuesta. Zakko yacía ahí, sin moverse, ni hablar.
—¿Qué… qué pasó?- Cuestioné, pretendiendo… entender algo.
—Creo que… creo que está bien. Está en su… forma limo… creo que… todo el tiempo estuvo en su forma limo aún… o algo así…- Shair intentaba explicar, mas su respiración entrecortada la limitaba.
Aún así, ella afirmaba con un alivio que me lo transmitió al instante. Su respiración era solo por el impacto de la situación, ella mostró una sonrisa de alivio, entre lágrimas, al sentir que Zakko estaba bien.
En ese momento, divisé de reojo a Sein, quien observaba la escena desde detrás mío. Ella también… se hallaba llorando, mas al percatarse de que volteé, se avergonzó y talló sus ojos.
Yaku, a quien vi después, no pude observar su expresión. Dado el hecho de que ella se limitó a mirar hacia el lado contrario a nosotros. Con el obvio propósito de que nadie la viese.
Aún así, noté cómo apretaba su puño, y sus brazos temblaban.
Shair se levantó, sujetando a Zakko en forma de slime, en sus brazos. Ella continuaba llorando, solo que el único gesto que lo demostraba era que de vez respiraba entrecortado. No emitía ningún ruido, más allá del de su respiración.
—¡Guardia civil! ¿¡Dónde está el demonio!?- La guardia civil llegó desde las escaleras.
Para su mala suerte, solo nos vio a nosotros cinco… o cuatro… todavía no lo sé.
—Escapó.- Tuve que responder yo, ya que entendí al momento que era el que más en condición de hablar estaba.
—¿Hacia dónde?- La guardia civil cuestionó.
—No sabemos. Solo… solo alcanzamos a ver que saltó del edificio.- Mientras hablaba, noté en mí un nudo en la garganta. Quería… estar solo. O… no solo per se. Con tener a alguien para desahogarme…
Miré por encima del hombro a Shair, ya que se hallaba detrás de mí. Era la primera que se me vino a la mente cuando pensé en alguien para desahogarme. El problema era que… ella no estaba en condiciones. Incluso seguramente se encuentre peor que yo.
—Maldición. ¿Ustedes se encuentran bien?- La guardia civil consultó.
—… No.
—¿Necesitan ayuda médica?
—S-
—Sí, por favor. Por… por favor, llévenos al hospital.- Shair, entre lágrimas, suplicó acercándose al guardia civil con Zakko en brazos.
—… Está bien, síganme.- El guardia civil nos pidió.
Shair fue la primera en seguirlo, junto a Sein. Yaku tardó unos segundos en caminar, se quedó observando la ciudad desde las alturas.
La puerta quedó abierta, y estoy seguro de que no se irían sin nosotros, por lo que me detuve un segundo para preguntarle a Yaku que por qué no se mueve.
—Yaku.- La llamé.
—Déjame… unos segundos sola, por favor.- La oí quebrándose. Entendí que quería aprovechar esos segundos para desahogarse sola.
—… Está bien. Te esperaremos.
Sin decir nada más, me fui con las chicas y el guardia civil. Bajamos todas las escaleras sin pronunciar ni una palabra, y yo no le vi la cara a ninguna de las dos. A la salida, había un montón de guardia civil, y una carreta grande.
—¿¡Hay algún herido!?- Un guardia civil voceó, al vernos salir del edificio.
—¡Solo estos niños!- Exclamó el guardia civil que nos indicó el camino.
—Súbanse a la carreta.- Nos ordenó el guardia civil. —Aunque falta la de cabello blanco, ¿No?
En ese momento, abrió la puerta Yaku. Recién pude observar su expresión, se hallaba muerta. Yaku se expresaba mucho mediante sus gestos faciales, y sobre todo con su mirada. Ahora, estaba destruida, caminando cabizbaja.
Al final, nos subimos todos a la carreta y nos trasportaron bastante tiempo. No sabría especificar cuánto, sobre todo porque no iba pensando en nada. Yo también iba muerto. Creo que… podría afirmar que todos.
Shair llevaba a Zakko a su costado, quien seguía sin contestar todavía.
Mientras más tiempo pasaba sin que llegásemos a nada, mas noté cómo Shair tenía intenciones de romperse.
En la carreta, estaba ella con Zakko al lado, cerca de dónde nos subimos. Yo me hallaba al frente de ella, y Yaku y Sein a las esquinas del fondo. Ninguno pronunció ni una sola palabra, tampoco.
De vez en cuando me percataba de que Shair nos observaba de reojo, y su respiración se volvía más errática.
Hasta que al final sucumbió, y con sus rodillas flexionadas, se llevó las manos a la cara para empezar a llorar fuertemente.
Noté cómo sus manos apretaban su propia cara, viéndose completamente desesperada. Lloraba de una manera que era imposible ignorarla. Ni siquiera podría asegurar que chillase muy alto. Era más bien la forma en la que se mostraba.
Me dolía en el alma. Y por más que… pretendía mantenerme firme, mi cuerpo comenzaba a temblar. De un momento al otro, también vi cómo Sein lloraba, aunque ella intentaba no chillar en voz alta. Yacía abrazando sus piernas.
Yaku… solo tenía la cara muerta. No mostraba signos de querer llorar, mas… no estaba bien. Estoy seguro de que necesita desahogarse también. Es una pena que todos estemos en la misma.
Y la única que… en estos casos, se prestaría para animar a todos… era quien más necesitaba que alguien la consolara. Shair, se llevaba las manos a su cabello, mientras su respiración se agitaba de vez en cuando, aumentando su intensidad. Estaba a nada de hiperventilarse.
Yo no aguanté mucho más tampoco. Comencé a lagrimear. Quería… quería ver si podía animar a Shair, mas no podía. Apenas intentase vocalizar una sola palabra me iba a echar en llanto. Yo también… yo también quiero llorar. Y muy fuerte.
El viaje era largo, y se sentía más largo aún con esta situación. Shair duró más tiempo del que yo creería normal, pero por suerte, consiguió tranquilizarse sola. Al elevar la mirada, vi cómo sus ojos estaban rojos por completo, podía asegurar que le ardían.
Solo me permitió verlos un segundo, ya que su mirada cambió a la forma de limo de Zakko, la cual se la llevó a su regazo.
Sein se había conseguido calmar hace un tiempo, o al menos, dejar de llorar. Era ver su cara y que ella se mostrase afligida, como si estuviese a nada de regresar al llanto. Por ello, procuré no enfocarme mucho en ella.
No sé qué estará pensando el hombre que conducía la carreta. Aunque… supongo que para él oír a gente llorando no debe ser muy raro. Entiendo que es una carreta para transportar heridos o algo así, por lo que… escuchará muy seguido a gente llorando.
—Llegamos.- El guardia civil nos avisó, luego de un tiempo.
Al salir, en frente, teníamos un edificio bastante grande, café claro. Al entrar, pasamos por un pasillo largo viendo hojas de ruta del hospital, hasta alcanzar una sala de espera. Sala en la que no había nadie, por lo que pudimos pasar de forma directa al frente.
Como íbamos de la mano del guardia civil, mostró el medallón para que se nos ofreciese un servicio más privado. No nos costó nada, ya que fue pagado por ellos, al nosotros mostrarle nuestro medallón, indicando que trabajábamos con ellos.
Nos llevaron a Shair, Sein y a mí a la misma sala, y nos atendieron entre cinco médicos. Como Sein y yo no sufrimos tantos daños, solo nos dieron un par de pociones y unas banditas regenerativas.
Shair había sido dañada de manera directa por una garra demoníaca, mas no fue un daño interno. Por ese motivo, era fácil de tratar. Aparte de tratarle allí, con magia, le dio medicamento en pastillas. Además de brindarle un parche curativo más grande que las banditas que nos dieron a nosotros.
Una vez salidos de allí, Shair no tardó nada en dirigirse a la sala donde trataban a Zakko. Yaku fue quien faltó por que la atendiesen, mas ella afirmó no necesitar revisión. En cambio, al parecer, se quedó con Zakko.
—Yaku.- Shair la nombró, al verla en la sala de Zakko.
Ya habían atendido al veniz. Se encontraba tumbado en la cama y en su forma humana, con un par de instrumentos médicos en la cabeza y el pecho. Al acercarnos, notamos que seguía sin despertar.
—¿Están… bien…?- Yaku nos interpeló, cuando nos aproximamos.
—Sí… Zakko… ¿Zakko no despertó?- Shair le interrogó a Yaku.
—Sí lo hizo.- Uno de los médicos que lo trataba, respondió por Yaku. —Solo que para su pronta recuperación, necesitamos que descanse. No tardó nada en dormirse, mas no se preocupen. Él estará bien.
—¿E-En serio? ¡Muchísimas gracias!- A Shair se le devolvió el alma al cuerpo.
—Sí, él está bien. Eso sí, es necesario, en serio, que descanse. No podría afirmar cuánto tiempo, mas con un par de días creo que bastará. El chico cayó inconsciente debido a un ataque mágico interno tras transformarse en limo.- El médico informó.
—Pero… ¿Está bien, no?- Shair interpeló.
—Es… muy difícil que un ataque así acabe con la vida de un veniz, sobre todo en su forma limo. Lo único que provocó fue que cayese inconsciente y que su flujo de maná se debilitase por completo al verse interrumpido en el proceso de volverse humano. Verán, los veniz, no tienen maná en su forma limo. Lo normal sería no ser capaz de hacer nada más allá que las habilidades de la forma en sí.- El médico comenzó un monólogo.
—Él intentó recuperar su forma humana, mas en el proceso, recibió el impacto por lo que el flujo de maná que estaba generando se interrumpió gravemente. Usar magia así, provocaría un dolor físico alto, dependiendo del volumen de la magia que se emplee. Por ello, necesita descansar en su cuerpo humano, para que este pueda recuperar el maná en todo su cuerpo.
—… ¿O sea que con que no haga muchos esfuerzos durante un par de días estará bien?- Shair aparentaba haber ignorado todo lo que el médico comentó. No la culpo, no es como si yo no hubiese hecho eso ya varias veces.
—Sí.
—Sabe mucho de los veniz.- Fue un pensamiento que por, valga la redundancia, no pensar, lo expresé en voz alta.
—Es que yo soy uno.- El médico se sacó el gorro que llevaba, para mostrar su cabello celeste. En verdad, con sus ojos celestes debí ya de haber sospechado.
Shair procedió a ver a Zakko recostado, recuperando la sonrisa de siempre.
—Pero… ¿Va a dormir aquí?- Ahora sí cuestioné en voz alta porque quise.
—No, cuando ustedes estén preparados para irse, podemos despertarlo. Se le puede pedir que use su forma de limo una vez más, solo hasta que llegue a su recámara y pueda usar su cuerpo humano allí.- El médico me contestó.
—Entonces… creo que… me gustaría despertarlo, doctor.- Shair tenía ansías de comprobar que Zakko estaba bien.
—Adelante. Despiértelo con cuidado.
Con el visto bueno, Shair movió lentamente a Zakko, acercándose a él.
—Zakko…- Shair murmuró.
Me acerqué a la esquina de la cama para que me viese también, ya que las otras dos estaban pegados a él. Tras unos segundos, Zakko despertó.
—¡Zakko!- Shair iba a tirarse a abrazarlo, hasta que recapacitó. —Eh… ¿Puedo… abrazarlo?- Consultó al médico.
—¿Cómo te sientes?- El médico cuestionó al veniz.
—Me falta… un poco el aire… y… me pesa el cuerpo. Pero…
—Con cuidado.- El médico interrumpió a Zakko, para darle el visto bueno a Shair.
Quien no tardó nada en abrazarle, buscando no interferir en ninguno de los instrumentos médicos que tenía en el pecho.
Tenía ganas de hacer un comentario parecido a cuando estos dos se reencontraron en el Duel’Grot, acerca de este reencuentro tan lindo. Sin embargo, miré de reojo, y no solo la puerta estaba semi abierta, si no que Sein no estaba.
Me mantuve unos cuantos segundos observando hacia afuera, sin saber si ir a buscarla o no.
—Me alegro que estés bien, Zakko.- Le dije a Zakko, para que no pareciese raro que me fuese sin decir nada.
—Gracias.- Zakko agradeció como pudo, entre tanto era abrazado por Shair.
—Voy al… reposador.- Recordé la palabra. Iba a decir baño como si nada porque no es la primera vez que lo digo, mas… también pensé en que será cosa de los hogares o en ese caso posadas y tal. Lugares privados.
—¿Sabes dónde está?- Shair interpeló.
—… Sí.- No sabía, no.
Con esa afirmación, me permití abandonar la sala para ir a buscar a Sein. A la salida de la sala… no había nadie. No esperaba que se encontrase cerca, mas… tampoco tenía alguna idea de hacia dónde caminar.
Cuando pasó alguien con un uniforme de médico, me armé de valor para preguntarle dónde se hallaba el reposador. Iba a mojarme la cara al menos, para disimular. El médico me indicó que había uno público al fondo del todo, doblando a la izquierda.
Por suerte el pasillo era directo hasta… el fondo, claro. Por lo que no me iba a perder. Caminé observando de reojo algunas puertas abiertas de salas. Este lugar me daba vibras… melancólicas. O creo que yo de por sí me siento de esa manera.
Llegué a los reposadores, teniendo también la diferenciación de género. Entré al masculino, y procedí a mojarme la cara, un poco. Aproveché de verme en el espejo. No podía… esperar otra cosa que no fuese verme totalmente decaído. Nunca me cansé tanto en mi vida. Ni en el Duel’Grot, y eso que ahí recibí muchísimos más golpes que ahora.
Pienso que… es un cansancio mental. Necesito… desahogarme de alguna manera. Quiero… hablar con alguien con quien pueda hablar de todo.
…
«Quiero hablar con Sein».- Afirmé en mi cabeza, cerrando la llave y secándome las manos un poco con mis pantalones.
Salí del reposador, para fijarme de reojo en el reposador femenino. No por… nada en especial. Solo que imaginé haber oído algo.
Lo imaginé o… fui capaz de oír algo de verdad. Sobre todo porque de vez en cuando lo volvía a escuchar.
No sabía si animarme a nombrarla. Tal vez quedaba raro que gritase un nombre aleatorio en ese lugar. No obstante, no oía nada más, y desde fuera parecía vacío.
—¿Sein?- Voceé su nombre.
Al hablar, provoqué que el ruido acabase. No obstante, escuché cómo alguien caminaba hacia la salida.
Era Sein, llevando las gafas encima y los ojos rojos de tanto llorar.
—Sein… ¿Por qué… te fuiste?- Le cuestioné, sin saber cómo empezar a hablarle.
Sein se mantenía cabizbaja. Hasta empezó a acariciarse su propio brazo.
—Quiero… irme.- Ella dijo, en voz baja.
—¿… A dónde?
—No sé… no sé… yo… quiero irme de aquí… quiero…- Sein apenas podía pronunciar bien las palabras, hasta que arrancó a llorar otra vez.
No había nadie a nuestro alrededor. Solo ella y yo. Tenía a una chica llorando y podía afirmar que si se lo permitiese lloraría más fuerte todavía. Sin embargo, yo no me sentía capaz de tranquilizarla. Ni de brindarle ningún tipo de apoyo. Lo máximo que podía hacer era estar con ella.
—Wal…- Me llamó por mi nombre… fue lo único que fue capaz de pronunciar, tras un par de intentos que no se entendían del todo por sus sollozos.
—¿Qué?
Ella intentaba decirme algo, mas no era capaz de vocalizar. De hecho, inició a desesperarse por ello mismo.
—Tranquila… por favor…- Yo también comencé a… afligirme. No sabía cómo lidiar con esta situación. Otra vez, no sabía qué hacer con alguien llorando en frente mío.
Solo que ahora me veía obligado.
—¡No me dejes sola, por favor!- Ella se lanzó a abrazarme, y a llorar aún más fuerte. Como el lugar estaba bastante vacío, alcanzaba a oír hasta el eco de sus llantos.
Sein me apretaba cada vez más fuerte, buscando de forma desesperada que le brindase calma de alguna manera.
Yo correspondí su abrazo luego de unos segundos. Mi cuerpo pesaba demasiado, desconocía el porqué. Pretendía aguantar mis propias lágrimas, mas no pude evitar soltarlas en ese momento.
El llanto ahogado de Sein, invadía mi propia cabeza. No sé cómo no se nos acercó nadie en ese momento, estoy seguro de que se oye todo desde lejos.
Por instinto, apoyé mi mano en la cabeza de Sein. No sabía si eso ayudaría en algo, pero… tampoco sabía qué podía hacer. Yo también quería llorar, sin embargo, sé que si lo hacía ahí solo empeoraría la situación. No aguantaba más.
—Sein…- Viendo la situación, pensé en algo. —¿Quieres ir con nosotros a nuestra posada?
Sein tardó su tiempo en recuperar la compostura suficiente como para completar una frase sin quebrarse. Se secó sus ojos además de respirar profundo varias veces. Aún así, lo hacía entrecortado. Nunca recuperó del todo su respiración calmada.
—Pero… ¿Y ellos…?- Fue la consulta de Sein.
—Estoy seguro de que no les importará. Si eso… duermo yo en el sofá o algo así y tú duermes en mi cama.
Con mi propuesta, Sein parecía estar calmándose de a poco. Ella me miraba fijo, con sus ojos llorosos y respirando por la boca.
—Por favor… me… me siento mucho mejor con ustedes… quiero… quiero irme con ustedes.- Ella casi que suplicaba.
—Tranquila. Les pediré de mi parte que te permitan acompañarnos. Ven conmigo. Quizás nos están esperando.- No sé cómo aún, pero creo que conseguí que se calmara un poco. La llevé conmigo hasta la sala que creía que era la de Zakko.
El médico permanecía ahí, mas la sala estaba vacía aparte de él. Cuando el médico se fijó en nosotros, nos informó que los otros estarían esperándonos afuera.
Nos encaminamos hacia la salida, para al final… salir, claro. Afuera en efecto, estaban Shair, Yaku, y Zakko que estaba en los brazos de Shair, vuelto una bola de slime.
Ninguna de las dos soltó ni una palabra al vernos salir. Aunque de Yaku era lo típico… de Shair no. Ella lucía cansada.
—Hola.- Shair, le tomó más tiempo del habitual, mas acabó saludando entre tanto nos acercábamos a ellas.
—Hola…- Saludé yo.
—¿Nos vamos ya?- Shair tenía prisa. Por su tono de voz, era fácil darse cuenta de que no tenía ganas de mucho más.
—Sí.- Afirmé.
Mi afirmación dio paso a que nos encaminásemos al gremio, como de costumbre. A mí me costó preguntar nada ya que no sentía muy buenas vibras de Shair. De ninguna.
El trayecto fue silencioso. No sé si la palabra sería incómodo… era más… algo trágico.
—¿Pasó algo?- Cuestioné a Shair. Solo porque… cuando me fui dejando a Yaku y a Shair con Zakko, Shair había vuelto a sonreír. Pensé que estaría mejor.
—¿… Por qué?- Shair interpeló.
—Pensé que estarías feliz de que Zakko está bien.
—Ah… sí. Sí lo estoy. Pero eso no quita todo lo que pasó y… supongo que se me fue la poca energía que conseguí al saber que él se hallaba bien. Quiero dormir también.- Shair explicó.
Al menos, me dio a entender de que no es que hubiese sucedido nada malo mientras yo no estaba. Era obvio que el malestar no se pasaría solo con que Zakko se encontrase bien. Todos sabemos lo que vimos. Y no debe ser fácil para nadie. Yo también lo sé, y no sé porqué… no me estoy volviendo loco.
Desconozco en qué momento conseguí esta fuerza mental para… no derrumbarme. O no tan rápido.
Ver todas las calles tan brillantes e impresionantes de siempre, con este contexto, era incluso peor. Me sentía como… si no fuese parte de este mundo.
No… no soy parte de este mundo. Ni yo ni Sein. Y aquí estamos. Acabamos de ver cómo una mujer murió en nuestra cara. Un asesinato en frente de nosotros, que pude haber… evitado si hubiese reaccionado antes.
No sé… por qué mierda no reaccioné. Claramente era el demonio. ¿Por qué dudé? Y aunque no lo hiciese… ¿Podría haberle salvado? ¿Me hubiese matado a mí?
Tal vez lo mejor que nos pudo pasar fue lo que nos pasó. Y aún así… es una tragedia. En ese momento solo se me venían a la cabeza los recuerdos de la mujer sin cabeza, y también a Zakko luchando con la demonio. Me daba escalofríos, mas no podía sacármelo de la mente.
Yo no era capaz de reconocer los alrededores, asumí que Shair o Yaku utilizaron la brújula y saben hacia dónde ir. Tampoco quería preguntarlo porque… dudo que no sepan hacia dónde caminar. Sería solo por prejuzgarlas, supongo.
Revisé mi reloj por curiosidad, y eran las tres de la mañana. Tres y cuarenta y siete. Por suerte, ya reconocía estas calles, por lo que era consciente de que nos encontrábamos cerca del gremio.
Por ello mismo, tuve que juntar un poco de valor para cumplir con lo que le dije a Sein.
—Shair…- Se lo iba a pedir a ella porque después de todo, es mi líder. Si alguien tenía que decidir era ella. Yaku podrá opinar pero asumo que hará caso a lo que dictamine Shair.
—¿Sí?
Tardé unos segundos en atreverme a consultarle algo al respecto. Sin embargo, como me quedaba sin tiempo, no podía permitirme tardar más.
—Eh… ¿Te molestaría si… Sein fuese con nosotros… a nuestra posada? Al menos por… hoy. Por lo tarde que es y…
—¿Pero y dónde va a dormir?- Shair cuestionó, viendo que tardaba mucho en acabar mi frase.
—Puedo dejar que duerma en mi cama. Yo no tengo problema con dormir en el sofá o algo así.
Shair se mantuvo un rato viéndome.
—Está bien. No tengo problemas.- Shair dio el visto bueno.
—Gracias…- Sein agradeció desde mi derecha. Shair estaba a mi izquierda, y Yaku al otro lado de Shair.
Como pude comunicárselo antes de llegar al gremio, decidimos pasar de largo, yendo a nuestra posada cuánto antes.
Tardamos cerca de una hora caminando al ritmo que íbamos en llegar a nuestra posada. Pasamos por la sala principal, y por la zona verde linda esa.
Yaku abrió la puerta, y tanto ella como Shair fueron directo a la recámara. Shair nos encargó a nosotros cerrar con llave, cosa que hice.
Ellas nos dejaron a solas a mí y a Sein. Y ninguno dijo nada hasta asegurarnos de que se fuesen a dormir. De hecho, ni habiéndonos asegurado que se fuesen a dormir hablamos. Estuve un rato sin ser capaz de observarla, porque no sabía si me sentía preparado para… conversar profundamente con ella.
—Sein.- Tras armarme de valor, la nombré.
—¿Qué?
—… ¿Vas a… ir a dormir tú también, no?
—… Supongo.
A pesar de responderme de manera afirmativa, ella no parecía moverse.
—¿Quieres que te lleve o algo así? Es… la habitación hacia el fondo.- Cuestioné, indicándole dónde se hallaba la recámara.
—¿Tú vas a dormir ahí?- Sein preguntó, apuntando al sofá.
—Sí. Es muy cómodo, no te preocupes por mí.
—… Está bien… supongo que… me iré a dormir. Buenas noches…
—Buenas noches, Sein. Descansa.
Tras ese pequeño diálogo, Sein se dirigió a la recámara. Me quedé parado divisando cómo se iba, hasta que se adentró y cerró la puerta. Luego de que lo hiciese, mi cuerpo… se seguía sintiendo igual. Pesado, tenía un nudo en la garganta increíble.
A pesar de hallarme cansado, no… no sentía sueño como tal. Me recosté en el sofá y aún así… no lograba conciliar el sueño.
Traté y traté. Cambiándome de posición, haciendo trucos para dormir que me sabía por alguna extraña razón, y ninguna funcionaba. No era capaz de cerrar los ojos, y menos de hallar la paz necesaria para dormir.
Revisé el reloj otra vez, después de un buen rato sin poder dormir. Eran las cuatro y cuarenta de la mañana, casi una hora. Yacía ahí, en el sofá, recostado viendo el techo con un brazo en la frente.
Se me pasaba por la cabeza el… ir a ver a Mitsune. No sé si a esta hora esté despierta, mas… tampoco creo que haya cambiado tanto su horario de sueño, si es que siquiera lo hizo. Por lo que era probable que ella se encontrase en algún lado, despierta, si es que no en su casa.
El problema es que… no sabía para qué ir a ver a Mitsune. Nos estábamos conociendo… pero era una relación que… claramente tildaba más a algo más allá de una amistad. Supongo que ya éramos amigos y todo eso, solo que se sentía diferente. Y por ende… no sabía qué tan buena idea sería caerle a la casa a llorarle y contarle un trauma que acabo de vivir.
Ni siquiera es por lo que pueda pensar de mí, es por… no preocuparla de más. No quisiera… meterla de ninguna manera a esto. Si no se enteraba, mucho mejor.
Aunque… el solo hecho de… pasar tiempo con ella… quizás me haría sentir mejor..
—¿Sigues despierto?- Sein se acercó al sofá, como si fuese un fantasma. No la sentí caminar ni un segundo.
Por reacción, me asusté, mas al saber que era ella, me senté para cederle espacio en el sofá.
—Eh… sí. Tú también. ¿Por qué?
—No puedo dormir… lo intenté y… simplemente no puedo… quiero… aprovechar este rato para hablar contigo…- Sein explicó.
Lo comprendí, mas… no sabía si yo quería hablarlo ahora.
—¿De… qué quieres hablar?- Interrogué, proponiéndome charlar de todas formas.
—No sé. De cualquier cosa. Quiero tener esa conversación que hace días que queríamos tener… ¿Cómo… llegaste a este mundo? ¿Te acuerdas?- Sein buscó un tema de conversación.
—Eh… claro… yo iba de regreso a casa, luego de comprar cosas para la casa. De un momento al otro, todo se tornó… extraño, sucedieron cosas que no podía comprender del todo, hasta que llegué a una esquina para cruzar. Ahí… pues había una mujer, creo, en medio de la calle, y…-
—¿La intentaste salvar?- Sein me interrumpió.
—… No, de hecho… no lo intenté. Lo pensé, solo que no me dio el valor. Aún así, alguien más sí se lanzó a salvarla del vehículo que se le acercaba.
—¿Y… cómo eso tiene que ver?
—El vehículo también reaccionó, intentando quitarse del camino. Sin embargo, se desvío tanto que bueno, me chocó a mí.- Argumenté, con un poco de vergüenza. Sin embargo, noté que Sein no me estaba juzgando con su mirada. De hecho, permanecía atenta. —Y bueno… aparecí en un lugar donde Shair y Zakko dormían.
—¿En su casa?
—No, en su casa no. No era una casa… era como un conjunte de cuevas pequeñas o algo así, que usaron para habitar. Tenían hasta cosas para cocinar y eso. Era… raro.
—¿Y cómo acabaste haciéndote su amigo? Digo… debe ser extraño que alguien aparezca como si nada en donde vives. Yo no me haría amiga de alguien así… creo.- Sein cuestionó.
—No sé. Shair supongo que… no es alguien… normal, o no sé si esa sería la palabra. Ella incluso se alegró de verme tirado ahí como si nada.
—¿Se alegró? ¿Por qué?
—Al inicio no supe. Luego supe que era porque… ellos querían ser aventureros. Y no podían serlo porque necesitaban ser mínimo dos.
—Pero…-
—Sí, ellos son dos. Solo que… por algún motivo, a los veniz creo que no se les considera tanto a la hora de… esas cosas de aventureros. O en general. Y Zakko es uno. Por lo que al hallarme ahí y unírmeles, significaba que podrían empezar a trabajar de aventureros. Y pues así, pasamos del primer pueblo que ni me acuerdo el nombre-
—Indul.- Ella añadió.
—¿Qué? ¿Te lo sabes? ¿Cómo?- Me sorprendí.
—Es que yo también salí ahí. De hecho… quizás recuerdo haberte visto. No sé si… nos topamos ahí, mas me suena mucho…
—… Es posible. Quién sabe. El punto es que… luego fuimos a Giruboken, y ahí nos hicimos aventureros. A Yaku la conocimos allí mismo, en una mazmorra que Shair conocía. Yaku vivía dentro de la mazmorra, mas Shair no lo sabía. Era Zakko quien se hizo amigo de ella, y por él fue que ella se nos unió.
—¿Vivía en la mazmorra? Suena a algo… ilegal… ¿No?
—Sí, de hecho lo mismo pensé. Sin embargo, entiendo que mientras nadie lo sepa no pasa nada. El punto es que así sucedieron las cosas. Luego se dio lo del Duel’Grot y tal… y con el dinero que conseguimos nos vinimos a Lusiudá.
—Qué interesante. Tuviste mucha suerte… yo… supongo que debería decir lo mismo, aunque… bueno, Izu no es malo supongo…
—¿Tú cómo llegaste hasta… aquí?- Le pregunté a Sein.
—Bueno… yo… salía de clases. Iba con mi mochila, de hecho, aún la tengo. Solo que está en mi posada. Iba con mi uniforme, dirigiéndome a tomar alguna micro o combi, lo primero que viese, para irme a mi casa.- Sein se tomó una pausa.
—Todo iba normal hasta que… bueno, también noté que todo mi entorno se volvía bizarro. Al final, me subí a una micro y cuando iba encima de ella, viendo por la ventana… se distorsionó todo y… la micro chocó fuertemente. Luego de eso… no sentí nada, creo que caí inconsciente. Quien me encontró fue Izu, que me brindó un hogar al verme perdida. Él se estaba quedando en una posada en Indul, con el destino de ir a Giruboken. Me tuve que inventar varias cosas para que no desconfiara de mí, y… con los días… supongo que le caí lo suficientemente bien como para que me pidiese acompañarlo.
—¿Por qué… dijiste que no te sientes acompañada por él?- Cuestioné, tras escuchar su historia.
—Es que… no sé. Él… es un tanto distante, creo… no diría que es alguien frío ni nada, solo que tampoco he tenido la oportunidad de tener conversaciones que no fuesen superficiales. Siempre buscaba… algo para distraerse y tal. Me ha tratado súper bien y eso, solo que… yo me sentía como una ayudante más que como una amiga o algo así.
—… Tiene sentido. ¿Y ahora estaba con otra tipa, o algo así dijiste?
—Sí… ahora… se empeñó en la búsqueda de demonios también, pero por su cuenta.
—¿Y no te dejó ir con ellos?
—No, porque… decía que podía salir lastimada o algo así. Supongo que… tenía razón… de hecho, hoy pude salir lastimada por salir a buscar demonios de todas formas… pero… estar sola en la posada sin nada que hacer… era igual de doloroso para mí…- Sein comenzaba a afligirse un poco, mostrando gestos de encogerse.
—… ¿Y… no podía… no sé, enseñarte magia fuerte o algo así? Para que le acompañases.
—De hecho, sí me enseñó. Todas las técnicas de magia ocular las sé de él. Aún así… soy mucho más débil que él. Lo único que me sale bien es la habilidad que usé de… como paralizar al que veo. Ha mencionado que lo uso mucho mejor que él. Del resto… ni siquiera me gustaría hablar.
—Ya veo. Sí fue bastante útil. Es… impresionante, la verdad. Yo no sé nada de magia más que mi magia elemental.- Admití usando magia elemental justamente, enseñándole.
—Pero tú sí que eres impresionante. O sea, yo te vi en el Duel’Grot. Lo hiciste muy bien.
—… Supongo. No creo que lo hubieses hecho mal tú de todas formas, sabes más magia que yo. Te podrías defender en ese contexto.
—No lo creo. Me asustaría igual que me asusté ahora.
Su comentario se sintió deprimente.
—Oye… supongo que ya nos quedaremos en este mundo para siempre… ¿Verdad?- Sein cuestionó.
—… Sí.
—¿No extrañas… a tu familia? ¿Qué crees que están haciendo? ¿Nos morimos de verdad o… se crearon distintas versiones de nosotros que existen en ese mundo?- Sein empezó a delirar.
—No lo sé. No he pensado mucho en eso porque… no sé. Creo que no me haría muy bien.
—Yo no he podido dejar de pensar en ello. Todos los días, casi que siempre. Los extraño muchísimo… yo… quisiera volver a mi casa… hubiese… hubiese querido volver a mi casa ese día. Ir a comer la comida que prepara mi mamá… hablar con mi hermano mayor… ver… no sé, vídeos, jugar algo… hasta estudiar. Preferiría matarme estudiando que estar en esta situación hoy en día.- Sein arrancó a quebrarse mientras hablaba.
Yo me limité a escucharla.
—¿Por qué… a nosotros? ¿Somos los únicos? ¿Hay alguien más por ahí que fue invocado a este mundo y no sabe si hay más invocados? Pero… pero ahora… estoy aquí. Sentada en una posada en una calle que no conozco de una ciudad que no conozco de un reino que no conozco de un mundo al que no pertenezco…
Tomó un segundo para respirar profundo.
—¿Si hubiese tomado una combi ese día… habría evitado ver a una mujer morir en mi cara?- Ella cuestionó, de forma entrecortada. Con una voz que cada vez daba más a entender que estaba a nada de llorar.
—Sein.- La nombré, preocupado.
—Yo… yo no me llamo Sein. Yo no quiero llamarme Sein. Yo quiero… estar en mi casa con mi familia y… despertarme al día siguiente para ir al colegio con mis amigas. Dibujar en el recreo… escuchar música… leer manga… yo… yo no pedí nada de esto. Yo nunca quise ir a otro mundo a mí ni me gustaban los anime isekais. El único que vi fue… fue… SAO creo… y porque es como el más famoso.
Ella elevó el tono de voz al inicio, luciendo desesperada. Me… sorprendí un poco, mas dejé que siguiese hablando.
Cosa que no hizo, pues al instante notó mi reacción, e intentó calmarse.
—¿A ti… te gustaba el anime?- Sein me preguntó.
—… Sí.
—¿Cuál era tu favorito?
—… No sé.- Sí sabía, me daba pena decirlo.
—¿No tienes uno favorito?
—No… sí tengo. Solo que…
—Ah, ¿Te da vergüenza?, tranquilo. No te voy a juzgar.- Ella insistía.
—… Mushoku Tensei, supongo.
Ella me miró como si le hablase en chino.
—No lo conozco.- En efecto, le hablé en chino. Bueno, en japonés. No hay que ser racista tampoco, eso no está bueno.
—Es… de hecho, un isekai.- Murmuré.
—Oh… ¿A ti te gustaban?
—Sí. Aunque… tampoco era de los que pedían ir a otro mundo… creo.- No estaba seguro.
—Tiene sentido. Lo siento, no lo conozco de nada.
—¿Cuál es el tuyo?- Interpelé.
—Creo que… Kaguya-sama.
—¿Te gusta el romance?
—Sí. Me gusta mucho. O bueno, ese en específico. No sabría decir si el romance en general… el resto de los que me gusta no son tan así.
—Claro. Suele pasar. No creo que el resto de mis favoritos sean isekais… o no estoy seguro. Me gustaba también One Piece.
—Oh… debe ser muy duro no poder saber cómo continúa.
—… Supongo. Tampoco… me importa tanto, o eso pienso.- Algo sí que me importaba.
Hubo un silencio después de eso. Sein desde hace minutos que no tenía contacto visual conmigo, pues ella se enfocó en la mesa todo el tiempo.
—A mi hermano le gustaba One Piece también.- Ella comentó, sonando deprimida.
No sabía qué contestar. No sé ni siquiera si se puede contestar a algo.
—Oye. Sein.- Hice la prueba tras unos segundos de silencio, para comprobar si llamándola me miraba aunque sea un instante.
—¿Qué?- Contestó, mas no me miró.
—… No sé bien qué contestar a esas cosas. Yo… te digo desde ya que… no soy muy bueno consolando. Puedo… estar para ti, pese a eso. Si eso te sirve… estoy dispuesto a escucharte si lo que quieres es desahogarte conmigo.- Me sinceré, entendiendo que ella pretendía hallar el momento en el que llorar hablando de lo mal que la tiene todo esto.
Con eso, conseguí que me mirase. Sin embargo, me miró con ojos llorosos, y temblando.
—Walter…- Ella comenzó a ahogarse, pues no respiraba correctamente. Me nombró mientras parecía estar a punto de derrumbarse. —Yo… yo quiero irme a mi casa. Yo quiero… yo quiero a mi mamá…- Sein se encogía mientras empezó a llorar en frente mío, como si hubiese estado aguantándose todo este rato.
—Quiero… quiero a mi mamá… a mi hermano, a mi papá… quiero irme a… quiero… irme a mi casa…- Ella no paró de llorar, no obstante, hora se tiró en mi pecho, llorando fuerte, otra vez.
Yo no podía hacer otra cosa que abrazarla. Entiendo que no espera otra cosa, solo que esté con ella.
Esta situación me carcomía por completo. Yo no podía evitar llorar también, de nuevo. Solo que más fuerte que antes. También… creo que también preferiría estar en mi casa… y… no sé. Hacer cualquier estupidez en vez de… estar viviendo esto.
Y sin embargo, estoy aquí. Pese a que no lo pidiera, pese a que no lo quisiera. Lo mismo con ella. Está aquí pese a que no lo pidiera ni quisiera. Dos personas en un mundo que no conocen sin nadie que conozcan.
Pensar que existe la posibilidad de que haya más gente como nosotros, pero que no corran la misma suerte de que alguien los encuentre y los ayude, era horrible. Si esto ya es horrible para nosotros, no me quiero imaginar qué me hubiera pasado de no ser por Shair. O a ella, de no ser por Izu.
Ahora que nos tenemos el uno al otro, todavía, quizás se haga más pasable. Pero creo que esto va a ser difícil de superar.
Sein de vez en cuando apretaba más fuerte, y lloraba más fuerte, como si pensara más cosas y la desesperasen.
Ella y yo estuvimos… no sé cuánto tiempo, llorando juntos. Mis ojos llegaron a doler de lo tanto que lloraba, y aún así, no paraba. No me quería imaginar ella.
Por momentos, perdía hasta la capacidad de mover mis brazos, pues se dormían. Creo que tanto ella como yo necesitábamos permitirnos llorar de esta manera, y lo estábamos haciendo a altas horas de la noche con tres personas durmiendo en la misma posada.
Con suerte, tendrán el sueño pesado y no se darán cuenta.
Fue luego de un largo rato, que ella comenzó a tranquilizarse, intentando respirar. No me soltaba por nada en el mundo, por lo que yo tampoco a ella.
—¿Te… te… te sientes un poco mejor?- A mí también se me dificultaba el habla, después de tanto llorar. No obstante, creo que conseguí liberarme un poco. No sé qué tanto… mas el llorar un buen rato sí que ayuda.
—… Un… un p-poco.- Sein hablaba demasiado pausado. Entendible, se le debe haber dormido hasta la boca.
Pasamos unos minutos así, yo comencé a sobar un poco su espalda, como para ayudarle a calmarse.
—Perdón por… esto… yo… de verdad… necesitaba a alguien…- Sein quería disculparse.
—No te preocupes… yo también me siento un poco mejor después de esto.
Sein se despegó de mí un segundo.
—Seguramente… necesite llorar un poco más de todas formas… no sé si ahora… no creo. Me… me arden los ojos. Pero… si lo necesito… ¿Podría-
—Tampoco te preocupes por eso. Pídemelo cuando lo necesites y estaré para ti.- La interrumpí, porque imaginé qué era lo siguiente que iba a preguntar.
Ella sonrió levemente, dándome a entender que adiviné bien.
—Oye…- Sein me llamó.
—¿Qué?
—¿Te molesta si te llamo por tu nombre real?
—… No, pero… creo que me acostumbré al otro. Además de que al resto le dije que me llame por el otro, no sabría explicar porqué te dejo a ti y a ellos no.
—… Está bien, Kairo. Intentaré… llamarte así desde ahora… aunque espera, ¿Por qué les dijiste que tienes otro nombre?
—Ah, porque ellos también tienen otros nombres.- Comenté.
—¿Qué? ¿En serio? ¿Y de dónde sacaron esos?- Ella se sorprendió.
—Shair. Shair nos nombró a todos, y nomás se nos hizo costumbre.
—¿Y Shair sí es su nombre?
—Sí.
—… ¿Y cómo se llaman el resto?
—Zakko se llamaba… Yanari, y Yaku se llama Monch.- Lo pronuncié tal y como Yaku lo dijo.
—Yanari y Monchi.- Y Sein lo entendió claramente como yo lo entendí, con la “i” al final.
—Monch, a ella no le gusta que le digan su nombre con la “i” al final.
—Pero lo pronunciaste-
—Sí. Solo… pronúncialo así o… dile Monch a secas.
—… Lo tendré en cuenta.
—Igual, llámalos por el nombre por el que los conoces. Si eso ya luego, cuando agarres más confianza con los otros, los llamas como quieras…- Diciendo eso, recordé algo, que veía interesante preguntar. —Oye, ¿Estás interesada en Zakko o algo así?
—… No… solo… es el… la cosa que te dije. Tiene un acento que me suena de algún lado.- Sein negó de una manera que me decía que sí a gritos.
—No le voy a decir a nadie.
—No, es que en serio. O sea… bueno, ¿La pregunta es si estoy interesada?
—Sí.
—Supongo. Es que-
—¿Es que qué?- La interrumpí, pensando en burlarme de ella. Claro, con un tono chistoso, para… aliviar el ambiente.
—No… es que… yo en… ¿Mi anterior vida?, ¿Cómo le diríamos?
—Dile anterior vida y ya.- Le aclaré, para que contestase rápido.
—… Bueno. En mi anterior vida… pues… yo dibujaba… y claro que hacía dibujos de… pues cosas y tal. Entiendo que en mi mente… ya sabes… habré pensado en un hombre que me gustase y tal…
—¿Y?
—Se parece a Zakko. Claramente me llamó la atención desde el primer día que lo vi. Pero solo es físico… porque no lo conozco, por obvias razones. Y tampoco creo… intentar nada. Solo… me parece muy lindo y ya.
Por mi mente se pasó un comentario que no diría en voz alta porque no estaría bien visto. Mas empezaba algo así como “Todas…”
—Sí. Como te dije, el loco ya está en una.
—Ah, cierto. No me dijiste cuál era.- Sein parecía no haberse dado cuenta aún.
—¿No es obvio?
—No. Dime.
—Shair.- Le dije, en efecto.
Ella me miró unos segundos.
—Bueno, tiene sentido. Ella es muy bonita también. Y… Yaku… O sea, tus compañeros son todos hermosos. ¿Qué chucha?
—Y bueno, es lo que hay. Si uno es atractivo atrae a pura gente atractiva, ya viste.- Usé la carta del ego para ver si le causaba algún tipo de gracia o algo así.
—Sí, claro.- Ella al menos sonrió. —Tú no te ves mal tampoco, o eso creo. Aunque… ¿Apareciste con el pelo negro o ya lo tenías así?
—¿Cómo así? ¿”Apareciste”?
—Pues así. O sea, yo no era castaña, y… bueno, no tenía ni ojos naranjas ni este mechón naranja.- Sein se tocó su mechón. —Para empezar, no era ni de este color de piel. Yo era trigueña.
—Uh, pero cambiaste una banda entonces. Yo no mucho, solo… me creció el pelo un poco. Un poco bastante.
—Te queda bonito. El estilo te pega.- Ella incidió.
—… Gracias.
De nuevo, pasó un pequeño lapso de tiempo en silencio hasta que uno de los dos retomó la conversación.
—Oye…- Fue Sein, quien me llamó.
—¿Qué?
—¿Crees que me dejen unirme a su grupo?
—¿Quiénes?
—Pues Shair y los otros, ¿Quién más?- Sein me habló con un tono burlesco por lo obvio que era su pregunta, y que yo no la entendiese.
—Ah, bueno. Tampoco me hables así… son las…- Revisé el reloj. —Seis de la mañana. Tengo sueño, y no puedo pensar mucho.
—Ya, está bien, perdón.
—Yo… creo que sí, o sea, no veo porqué no. A mí me aceptaron por menos, y a Shair pareces caerle muy bien. A Zakko también le caerás bien y… Yaku es tema aparte.
—¿Por qué Yaku es así?- Sein aprovechó para interrogar.
—No tengo idea. Pero es así con todos, o eso quiero creer. Zakko me dijo que mientras más te le acerques, más fácil es que se libere contigo. De hecho, así fue que al menos he podido pasar rato con ella como si nada.
—Tiene sentido. O sea, tengo que… hablarle y esas cosas.- Sein entendió.
—Sí.- Y yo le afirmé.
—Está bien. Lo tendré en cuenta. Se lo… propondré por la tarde… me siento mucho mejor con ustedes. No solo porque estás tú, Shair también es mucho más presente que Izu. Habla muchísimo…
—Sí. Ella es… algo así como un rayo de sol o algo así era cuando alguien era muy bueno. Yo… he pensado varias veces que tuve suerte de que ella me encontrase.
—Ojalá me acepte y pueda unirme a ustedes. Me encantaría pasar más rato con todos. Aunque tendría que… ir a hablar con Izu supongo.- Sein sobrentendía.
—Claro, sí. Tendrías que despedirte y esas cosas. Aunque asumo que lo encontraremos más veces de todas formas.
Las breves pausas que habían, se tornaron hasta agradables. Me sentía mucho menos pesado desde que ambos nos dimos un espacio para llorar. Esta conversación… hasta me relajaba.
—¿Tienes sueño?- Sein me preguntó.
—Sí. De hecho, me gustaría… dormirme ahora, quizás.
Cuando le contesté eso, la vi. Parecía querer pedirme algo.
—Eh…
—¿Qué?- La apuré.
—¿Te molestaría… dormir conmigo?
—¿Cómo?- Creo que no entendí muy bien.
—Eso.
—… A ver, supongo que no… solo… se me haría un poco raro pero… si te sientes bien así…- Entiendo que no era tan raro… mas sí lo era para mí. O sea… ella lo preguntó como si no lo fuese, y ella es de mi mismo mundo así que sabe que podría sonar raro.
En ese momento, ella se acercó a mí, y recostó su cabeza en mi hombro.
—Ah, claro.- Caí en cuenta de que se refería en el sofá. Tiene más sentido y es hasta menos extraño. Casi que lo prefería.
—Kairo…
—¿Sí?
—Me alegro mucho de haberte encontrado.
—… Yo también. O sea, de haberte encontrado a ti. Yo no me encontré porque… no me perdí. Creo.
Ella se rio levemente.
—Kairo…- Volvió a llamarme.
—¿Qué?
—… Y… ¿Te importaría darme la mano?
Me tomó un momento el caer en lo que me pidió. Hasta que me vino a la cabeza toda esa escena de… ella queriendo ir con su familia. Ya no tiene ningún familiar al lado, al único que tiene que la entiende soy yo.
Por ello, no me dio vergüenza darle la mano. Mientras fuese capaz de dormir así, no me importaba. Ella recostó su cabeza en mi hombro, y yo en su propia cabeza.
No… no siento que haya conseguido hablar de todo lo que quería, hablé de todo lo que se me ocurrió al momento. Lo que sabía ahora es que podía contar con ella para todo, porque estoy consciente de que ella sabe que puede contar conmigo para todo.
La paz que me produjo ese momento, luego de… un día horrible, no tenía nombre.
De esa manera, conseguí conciliar el sueño.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com