Kinokodearu - Capítulo 33
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Capítulo 33: Desahógate Conmigo
Luego de una noche más que larga… fui capaz de conciliar el sueño en el sofá, durmiendo al lado de una tipa que conocí hace como una semana. Describiéndolo así… es más que raro… no lo volveré a describir de esa manera.
Ahora, abría los ojos poco a poco, observando el techo. Mi cuello y espalda dolían, por haber dormido un toque incómodo. Me estiré mientras bostezaba, fijándome que Sein no se hallaba a mi costado.
Por suerte, no tuve mucho tiempo de preocuparme ya que antes de siquiera pensarlo, oí voces charlando en la cocina, y una de ellas se me hacía que era la suya.
Levantándome, caminé hacia la cocina y les vi.
Shair y Sein se encontraban en la cocina parlando juntas, Shair preparando comida y Sein acompañándole.
—A él le gusta salado.- Oí venir de la boca de Shair.
—¿Y al resto?- Sein la cuestionó.
—A Kairo también le gusta lo salado. A Yaku… a ella creo que sí que le gusta más lo dulce.
Ellas continuaron hablando sin percatarse de que me hallaba en la habitación.
—Entonces… ¿Le llevarás esto a Zakko?- Sein interpeló.
—Sí. Aunque estoy haciendo para todos. Sería cosa de que Kairo y Yaku se despertasen, o si eso, les podría servir después. Quiero decir, no es mi intención salir a ningún lado sin saber que Zakko se encuentra bien, por lo que estaré rondando por aquí.
—Tiene sentido.- Sein afirmó. En ese momento, volteó sin querer hacia la entrada a la cocina, viéndome. —Oh, hola, Kairo. Buenos días.- Me saludó, sonriente.
No sé porqué su sonrisa me hizo sentir bien.
—Hola, buenos días.
—¡Buenos días, Kairo!- Shair volteó también, mucho más animada que anoche. Su sonrisa también me hizo sentir bien. Realmente… lo de ayer fue como una pesadilla. Al menos, dentro de todo, estamos bien. —¿Cómo dormiste?- Me preguntó.
—Eh… bueno… me duele un poco la espalda y tal… pero supongo que bien. ¿Y tú?- Contesté.
—Yo bien también. Necesitaba… descansar. Zakko se encuentra mejor, se despertó un rato antes y estuvimos hablando. Me dijo que tenía hambre y ahora estoy preparando la comida.- Shair me avisó del estado de Zakko. Que también me importaba.
—¿Él está despierto?- Interrogué.
—No tengo idea. Quizás no, pero no viene mal tener la comida preparada. Yaku tampoco ha despertado, así que cuando lo haga, le serviré. Ah, de hecho, ¿Quieres comer ahora?- Shair me ofreció.
—… Sí, supongo. No veo porqué no.- Acepté. —Voy a… mojarme la cara y eso.
—¡Está bien!- Shair exclamó.
Y así, me dirigí al baño para mojarme la cara y… malviajarme viéndome al espejo un rato. Después de… eso, mojarme la cara, me vi en el espejo percibiendo las mismas marcas debajo de mis ojos.
No sé qué carajos son, y no se iban. Nadie más los veía, ni Sein, que era mi última esperanza. O bueno, eso creo yo, quizás los vio y no dijo nada al respecto por algún motivo.
Tras secarme con la toalla, salí a acompañar a Shair y Sein.
—Hola, otra vez.- Saludé de nuevo, sentándome en la mesa, al lado de Sein, que también se había sentado.
—Hola.- Sein me saludó, ya que Shair parecía muy concentrada.
—¿Cómo dormiste tú?- Le pregunté a Sein, ya que estaba.
—Eh… bien, sí. Al inicio me ardían un tanto los ojos… y cuando me desperté estuve como un buen rato sin moverme porque no quería despertarte.- Sein contó.
—Ah… pero al final lo hiciste, y no me desperté.
—Sí, pero eso ya fue porque Shair se despertó y… me notó. Me habló un poco y me preguntó si tenía hambre, y si quería acompañarla. A lo que le dije que sí. A las dos cosas, pe.
—Claro. Me alegro que hayas dormido bien.- Me alegraba oírlo de ella, sí, en efecto.
—¡Ya está!- Shair voceó.
Shair voceó, sirvió y nos entregó lo que preparó. A simple vista… era como una ensalada… con lechuga y tomate y… otras cosas raras. Creo que una de estas era hongo… o de algo me suena. Me acerqué un pedazo para olerlo, y me recordó al instante a aquel primer plato que probé cuando llegué a este mundo.
Me entró un apetito increíble en ese preciso instante. Era más que suficiente como para que me morfara el plato entero. No sé porqué, me resultaba bastante rico.
—Shair.- La nombré, para darle las gracias, como la mayoría de días.
Shair estaba preparando otra cosa, en una olla más grande.
—¿Sí?- Sin embargo, se detuvo un segundo para hablarme.
—Gracias. Está muy rico. En serio. De casualidad… ¿Este hongo es el que usaste en el plato que me hiciste cuando nos conocimos?
—¿Qué?- Shair se dio la vuelta, extrañada, observando el hongo que me dejé para preguntarle. —Eh… creo que sí. Es que no me acuerdo mucho. Pero hice sopa de hongo con pasta, seguramente.
—¿Por qué… por qué estabas hablando como insegura y… eso sí que lo afirmaste bien?- Le cuestioné, extrañado.
—Es que es algo que… preparaba mucho en Indul. Porque le hallé el truco para robar los hongos y la pasta.- Explicó en voz baja.
—¿… Robabas la comida?- Sein interpeló, sorprendida, no sin antes detenerse un momento a tragar.
Shair revolvía la olla mientras hablaba con nosotros.
—Es que…- Shair hacía tiempo, revolviendo la olla, seguro que pensando alguna excusa. —Sí.- Y no se le ocurrió.
—¿Por qué?- Sein interrogó.
—Pues no tenía dinero para nada. Era robar comida o robar a la gente para comprar comida. Aunque a veces hice las dos.- Eso último, también lo confesó en voz baja.
—¡Pero…!- Sein se sorprendía a cada cosa que confesaba Shair.
—De hecho, cuando estábamos en Giruboken, también le robó a un tipo al que noqueó.- Añadí, haciéndolo sonar horrible, pese a que ese tipo era un ladrón en primer lugar. Solo quería que Sein reaccionara a esa frase sin contexto.
—¡Kairo!- Shair fue quien reaccionó, un tanto agresiva, volteándose para verme.
—¿Qué?
—¡Lo hiciste sonar así a propósito!- Ella se dio cuenta.
—No sé de qué hablas.
—¿”Sonar así”?- Sein cuestionó.
—Es que… o sea, sí, le robé, pero el tipo era un ladrón que le había robado a otra persona.- Shair le explicó a la castaña, y regresó a seguir preparando lo que sea que estuviese preparando. —Y como dice el dicho, ladrón que roba ladrón, algún día le caerá una millonada.
—… Creo que así no es el dicho.- Creo, nomás. Después de todo, es otro mundo. Mas… me extrañaría que el dicho fuese así.
—¿Cómo que no? Si aparte se cumplió. Ahora somos algo así como millonarios, casi. O bueno, problemas de dinero no vamos a tener muchos, de momento.- Shair tenía un punto.
—¿Cómo que millonarios?- Sein se sorprendió, otra vez.
—Sí… por lo del Duel’Grot. Nos dieron un montón de dinero. Aparte de cien monedas de oro, nos dieron bastantes más de plata, cobre y estaño. Tenemos para rato.- Shair explicó.
—Asu mare…- Sein no pudo evitar soltar una peruanada. Decirlo así suena hasta ofensivo… lo siento.
—¿Qué cocinas?- Pregunté para sacarme la duda ya.
—Sopa de vegetales. Estoy haciendo poco de todas formas. Lo que sobre me lo tomaré yo.
—¿Y por qué preparas eso?
—Para Zakko.- Shair aclaró.
—Ah, claro. Tiene sentido, sí.
En ese momento, pensé en los otros dos que no se encontraban aquí. O sea, Zakko asumía que Zakko estaría durmiendo, sin embargo, Yaku… no sé. Revisé mi reloj, y eran las cuatro y siete de la tarde. Me sorprendí, hasta que recordé a la hora a la que me dormí ayer, mas el rato que estuve en el baño y comiendo.
—¿Y de Yaku… no sabes nada?- Interpelé a Shair.
—No. Que yo sepa no ha despertado. O no respondía a mis llamados. Tampoco… tampoco se movía, estaba recostada mirando a la pared.
—Creo que… voy a ver si despertó, para saber si… quiere comer y eso.- En realidad, me preocupé un poco por ella. Creo que no pasaba nada si lo admitía, mas mi cerebro no quiso admitirlo por algún motivo.
—¡Claro! Ve.- Shair me animó a ir a comprobar el estado de Yaku.
Tras levantarme y… agradecer, de nuevo, me despedí para dirigirme a la recámara.
Una vez llegué, intenté hacer el menos ruido posible, ya que imaginaba a los dos durmiendo, o como mínimo a Zakko. Dejé junto, para ni siquiera hacer el ruido de cerrar y volver a abrir. Caminé, percibiendo en efecto, a Zakko dormido, en medio de su cama.
Del otro extremo de la recámara, Yaku también se hallaba recostada y toda abrigada, en la posición que dijo Shair; mirando a la pared.
—¿Yaku?- Murmuré. No recibí respuesta.
Caminé un poco más cerca, por… curiosidad, e intenté ver si dormía de verdad o solo me estaba ignorando. Procurando no tocar ni el borde de la cama, me estiré para ver su rostro.
Resulta que tenía los ojos abiertos, y que de hecho, se dio cuenta de lo que hice y me vio también.
—¿Yaku?- La llamé, solo que ahora con duda.
—… ¿Qué?- Ella se tapó el rostro con la manta.
—¿Quieres… hablar o algo?- Interpelé de forma directa, por si resultase que ella no quisiese, poder irme sin molestar tanto.
—… No sé. ¿De qué?- Yaku no negó querer.
—Y no sé… de cualquier cosa. ¿Desde cuándo… estás despierta?- Cuestioné.
—Un buen rato. No he podido volver a dormir desde que desperté.- Yaku comentó, sonando un toque… triste.
Desconozco cómo reaccione a este tipo de casos ella. Y el único que seguro que quiere que la consuele… está como… medio muerto. En el mismo cuarto, además. Lo estaba viendo ahora, de hecho. Ya que me senté en el borde de la cama de Yaku.
—¿No quisieras… salir?- La invité a salir, ya que fue lo primero que se me ocurrió.
—No sé. ¿Con quiénes?
Su primera pregunta fue con quiénes iríamos. Entiendo que además del estrés que debe de manejar, el hecho de que haya alguien a quien no conoce otra vez debe resultarle incómodo. Apenas y estaba comenzando a sentirse cómoda conmigo.
—Solo conmigo. Podríamos… ir al parque Coen a… la misma sala de juegos esa, para pasar el rato. ¿Te interesa?- Le propuse.
Ella no reaccionó ni respondió de inmediato. Tardó unos segundo hasta que se sentó en su cama, y se estiró.
—Supongo que… estaría bien. Me gustaría.
—¿Quieres despertarte bien o… quieres ir ya? Pregunto porque… Shair preparó comida para nosotros. Y está bastante rica, déjame decirte.
Intenté convencerla de que comiese algo antes de que partiéramos. No sé si tiene hambre, o si tiene apetito siquiera. Sin embargo, mal no le podría caer.
—… Está bien. Iré a comer.- Yaku aceptó la idea.
Con esas, al final, Yaku se levantó bien, y fuimos juntos a la cocina otra vez. Yaku saludó a Shair, y a Sein… al menos le mostró un gesto. Así era conmigo antes. Por algo se empieza. Yaku comió, le contamos a Shair nuestro plan, y ella nos deseó suerte y que nos divirtiéramos. Pero por sobre todo, que nos cuidásemos.
Le agradecimos, y le dijimos lo mismo. Yaku se estaba preparando para salir, en la puerta, no obstante, a mí se me ocurrió consultar algo antes de irme, por lo que me quedé con ellas, haciendo esperar un poco a Yaku.
—Shair.- La llamé.
—¿Sí?
—Eh… Sein… ¿Podría quedarse aquí…?- Pregunté por ella. No quería que se fuese así, tampoco. Sobre todo porque yo no estaría y tal.
—Ah, sí, claro. Aunque eso ya lo hablé con ella. No me importa que se quede hoy. Por mí, que se quede lo que quiera.- Shair, para mi sorpresa, argumentó que ya lo había charlado con Sein.
—Sí, me quedaré para… hacerle compañía en lo que Zakko se recupera.- Sein añadió. Entiendo que esa es la excusa que ella adoptó, a pesar de que dudo de que necesite una excusa para quedarse.
—Está bien. Pásenla bien ustedes también, en lo que sea que hagan. Me voy, adiós. Hasta… no sé, un par de horas supongo. No creo que tardemos tanto.- Especifiqué.
—¡Chau!- Shair me despidió, mientras me alejaba.
—¡Chao!- y Sein también.
Caminé hacia la puerta, notando que no había nadie. Sin embargo, asumí que Yaku estaría fuera, y tenía razón.
—¿Ya?- Yaku preguntó.
—Sí. Vamos.
Al final, con lo de que Yaku comiese y unas cuantas conversaciones después, se hicieron las cinco y media de la tarde. Estuvimos bastante rato allí. Sobre todo porque Shair se puso a contar un sueño que tuvo.
No puedo decir todo el sueño con exactitud… pero el resumen sería algo así como de magia gravitacional. Le gustaba la idea, le gustó mucho poder saltar alto y luego caer con potencia en su sueño. Se imaginó sosteniendo rocas gigantes como si nada, y tal. Sonaba a algo bastante útil, la verdad.
Yaku y yo nos encaminamos al parque Coen con ayuda de la brújula que Yaku se guardó en su nube, porque yo no sé dónde dejé la mía. Se me debe haber caído en el sofá o algo así, por lo que opté por no darle mucha importancia.
El camino por suerte, ya me lo estaba aprendiendo de memoria. O sea, desde la primera vez, era capaz de reconocer ciertos locales por los cuales guiarme, solo que ahora reconocía hasta las casas por las que pasábamos.
Ella y yo no hablamos mucho, y tampoco tocamos ningún tema… trascendente. O sea, yo decidí invitarla a salir porque… pensé en que quizás podía ser yo quien la ayudase a desahogarse. Sin embargo, no sé cómo tratar con esta… mujer. Por no decir… algún improperio.
Lo poco que hablamos fue acerca de la comida de Shair. Yaku comentó que le gustó bastante, a lo que yo le agregué que a mí… también. A eso le añadí lo de que me gustaban los hongos en especial, o eso pensaba. Solo recuerdo comer como tres veces, y las tres me encantaron.
La primera fue cuando llegué a este mundo, la segunda antes del Duel’Grot, ese día que… justo hablé a solas con Yaku, de hecho. Y ahora este. Los tres me gustaron bastante.
Al final, y pese a la casi nula conversación, llegamos al parque Coen como a las seis. En poco atardecía. Pasamos juntos por todo el parque, observando todo el campo verde bonito y a la gente caminar tan tranquila.
Me sorprende lo tan… desapegados a la realidad que está la gente. Sobre todo pensando en… lo de ayer. La demonio esa del kimono caminaba como si nada… y nadie decía nada… solo nosotros la vimos…
Y Zeroth… también. O sea, nadie sabe que hay demonios… y si lo saben, no saben cómo son. Y… y si lo saben, actúan como si no les importase.
—Oye.- Yaku me llamó, antes de que me siguiese hundiendo en mis pensamientos al respecto de lo de ayer.
—¿Qué?
—¿Leíste el libro que te compraron la otra vez? O… ¿Aún no?- Ella me hizo recordar la existencia de ese libro. Por todo el tema de buscar tanto a los demonios, y luego ir a visitar a Mitsune, se me olvidó por completo.
De hecho, en ese momento, también recordé a Mitsune. No sabía si iba a poder visitarla hoy, pues ya eran las seis y ni siquiera llegamos al local de juegos.
—… No. Seguro lo hago para cuando lleguemos a la posada. Será útil… aprender, de hecho. Si vamos a seguir con… eso.- Quise mencionarlo sin tocar el tema, ya que no sé cómo es que Yaku se sienta al respecto. No ha querido pronunciar nada respecto a ese tema.
—Ya veo.
—¿Por qué preguntas?- Me animé a consultarle, ya que ella solo contestó un “Ya veo” y con eso no se hace una conversación.
—Por saber si aprendiste algo más. Es que… a mí me pasó como a Shair, soñé una técnica… e intenté crearla… o algo así. Todavía… no sé qué tan bien funciona, aunque ayer creo que sirvió.- La primera mención al día anterior que Yaku hizo.
—¿De qué hablas?
—Es que… soñé que cuando golpeaba algo… o en este caso, a alguien, veía como… ciertos objetivos en él. Es como si… te marcara, y te pusiera encima, en un lugar específico, una diana o algo similar. Entonces, si golpeaba a eso… hacía como efecto secundario que me beneficiaba y desfavorecía a quien le daba. Sonó tan bien que ese mismo día lo practiqué, cuando Shair y Zakko se fueron a dormir y tú te fuiste a verte con la mujer esa que tanto ocultas.- Yaku hablaba de Mitsune. Al parecer, recordaba ese detalle.
—… Suena… bastante bien, de hecho. O sea, depende de lo que te dé a ti y lo que le quite al otro, supongo… pero suena a una magia que me gustaría tener hasta a mí.
—¿Cierto?, yo apenas lo soñé, quise replicarlo. No sé cómo lo hice, pero… algo conseguí. Cuando lo empleé, me sentía más rápida y… fuerte. Aunque fallé un par, por lo que no logré… ver qué tanto podía aumentar.
—¿Si fallas se te va?
—Sí. O bueno, eso siento yo. Cuando machacaba la almohada a veces me desviaba de más. Nunca supe si el que después de eso fuese más torpe se debía a que el beneficio se iba, o a que yo me deprimía y empezaba a golpear sin pensar…
Sonaba como a algo de videojuego. Sin dudas, me parecía una habilidad interesante. Golpes en cadena. No sé qué tanto puede llegar a servir algo así en un combate real… aunque bueno, quién sabe. Desconozco hasta qué punto cualquier magia sirve en un entorno de combate.
Hablando de eso, conseguimos el suficiente tiempo como para llegar al local de juegos. Otra vez, pagamos y entramos. A lo primero que Yaku quiso jugar, fue a lo mismo, hockey de aire. Le di el gusto, ya que… la salida era para que ella se sintiese mejor.
Era para eso… aunque yo no sentía que estuviese mal del todo. No… no lo sentía, mas recordaba cuando me pidió que la dejase sola un momento en la azotea del edificio ese. Mi cargo de consciencia por haberle hecho caso y dejarla sola en vez de acompañarla era un poco molesto.
Pasamos un buen rato jugando. Yaku tenía la misma competitividad que el otro día, por lo que apenas se notaba que ayer vivimos una experiencia traumática. Eso o… de verdad a esta tipa le encanta competir. Diría que le encanta ganar, mas… no sé ni cómo, conseguí ganarle un par. Y los juegos eran más ajustados.
De verdad que no sé ni cómo lo hice. Dudo haber mejorado en todos estos días.
Por la cabeza se me pasó el hecho de que… quizás no mejoré, si no que ella aunque no lo parezca está… con la cabeza en otro lado. Se veía competitiva, pero… más fría que la otra vez. La otra vez casi y me escupía después de ganarme. Ahora lo celebraba, solo que… más reservada.
Y no creía que era porque yo estaba jugando mejor y eso la molestaba o algo así. Su expresión no era de rabia. Si no de… no sé. No sabía porqué me daba mala vibra sus expresiones.
Me enfocaba mucho en su rostro, cada que podía divisaba cómo reaccionaba. No hablamos de mucho, sobre todo al inicio, porque ella estaba más centrada en jugar. Sin embargo, pasó un rato y… ella misma decidió charlar.
—Kairo…- Me nombró.
—¿Qué?
—Esa chica… Sein.
—¿Qué pasa con ella?- Me extrañó que quisiera hablarme de ella.
—¿Sabes cuánto tiempo se va a quedar con nosotros?- Yaku interpeló.
Me quedé unos segundos quieto, simplemente viéndola. Ella lo mismo, solo que hizo el último movimiento en el juego. El disco iba entrando a mi portería como si nada, súper lento. Yaku se percató de que no me movía y me miró también.
—¿Qué pasa?- Cuestionó.
—¿Te cae mal… Sein?- Fue lo primero que se me ocurrió consultar.
—… No diría que… me cae mal. Se ve… alguien agradable. Solo que… preferiría que no esté, ya sabes.
—¿Por qué siento que eso mismo habrás dicho conmigo?
—No… contigo no dije eso, no…- Yaku se hizo la desentendida, mientras yo aprovechaba para sacar el disco y colocarlo en el medio. —Pero… responde.
—Yo creo que se quiere unir a nuestro grupo. Y… Shair quiere que se una. Así que no sabría contestarte.- Aproveché para retomar el juego, golpeando el disco. Ahora quien no se movía era ella.
Me miraba con una cara de póquer. A la cual respondí con mi propia cara de póquer, ya que me lo tomé como una competencia aparte de la del hockey de aire.
Yaku suspiró, sin dejarse puntuar. Porque si hay algo que ella odia más que el conocer a gente nueva, eso debe ser el perder.
—Pero… Sein… Sein es agradable…- Quería convencer a Yaku de entablar una relación con Sein, hablando entrecortado ya que le prestaba atención al juego al mismo tiempo. —… ah, puta madre.- Yaku puntuó, por lo que me quejé en voz alta.
—No tienes que convencerme. Ya lo sé. También sabía que tú lo eras.
—… Supongo que es cierto. Sin embargo, creo que ella misma querrá… hablar contigo. Para que no le hagas el feo ni nada.- Sería un problema si le hacía el feo.
—… Suenas como si…- Yaku murmuró, sin acabar su frase. Sonó medio molesta, por lo que fingí no escucharla.
Luego de un rato, Yaku se cansó del hockey de aire. Al final acabamos jugando una cosa rara que era como… un cuadrado simulando un ring de bóxeo. Habían dos bichitos de colores, y unos controles. Lo probamos por encima, y era bastante chistoso.
Lo era, porque se sentía como jugar un juego de celular de anuncios. Había un botón para golpear que estiraba el brazo. Yaku quiso jugarlo y a mí me interesaba, por lo que pasamos un tiempo ahí. Se me daba bastante mejor que el hockey de aire.
Me gustó mucho más este juego. Además de que se me hacían graciosas las figuras. Las toqué un poco por encima y sentí el maná que portaban. Se me hizo bastante loco a mí, que eso pueda existir. Bueno, toda esta ciudad es bastante loca en general…
—¿Es un poco tarde, no?- Yaku consultó, observando el atardecer desde aquí, ya que se veía la salida.
—… Sí. ¿Jugamos una última?- Este juego me gustó tanto que quería una más.
—Por supuesto.- Y Yaku no iba a negarse a competir.
Al final, me ganó. Pero al menos me voy bien sabiendo que la mayoría de combates de ese juego los gané yo. Hubiese sido mejor irme ganando… pero el cuatro a dos en combates que le gané no se lo quitará nadie.
Eso sí, del hockey de aire no se habla.
Yéndonos rumbo a la posada, nos tomamos el lujo de ir caminando más despacio. O bueno, Yaku se lo tomó y yo me adapté a su ritmo. De vez en cuando la veía, y ella miraba a todos lados. Entendí que quería despejarse la cabeza viendo un paisaje bastante bonito.
—Yaku…- La nombré yo esta vez.
—Dime.
—¿No quieres… hablar de algo?- Interrogué, sin ser directo.
—… No. ¿Por qué?- Se tomó unos segundos en contestar, demostrando estar un tanto dubitativa.
—¿Segura? O sea-
—¿Tú quieres hablar de algo?- Yaku me interrumpió para preguntar.
—… No lo sé. Pero… me refiero a… bueno. Entiendo que… quizás no tengas esa confianza todavía conmigo, solo que… siento que no estás bien. Por eso te invité a salir. No… no me dijiste nada sobre el tema… pese a que yo sí te noté un tanto diferente.- Comencé a parlotear.
Yaku solo me observaba.
—… Quería… eh… supongo que debí preguntártelo directamente. ¿Cómo estás, Yaku?
Ahora, Yaku veía el piso.
—Estoy bien.- Afirmó.
Hubo un silencio de nuestra parte. Duró unos pocos segundos, lo que tardé en animarme a cuestionarle su afirmación.
—Yaku…
—No, en serio, estoy… bien. Muchas… muchas gracias por preocuparte, Kairo.- Yaku me agradeció, sonando un tanto… afligida. —Yo no creo que… tengas que preocuparte por mí. Shair y la otra-
—Sein.- Hablé por encima, para que no la llamase “la otra”. Era feo.
—Esa.- La llamó “esa” de todas formas. —Shair y Sein se veían bastante peor que yo. Yo… dentro de todo… estoy bien.- Yaku quería convencerme de que no estaba mal, forzando un tono un tanto relajado y suelto.
Por más de que no le creía nada, me… daba pena insistir. Si no quería decirme era por algo.
—Está bien, lo siento.
—¿Pero por qué? A mí… a mí me alegra que te preocupes por mí. Supongo.- Ese “supongo” se sintió raro que lo añadiese. Aunque no le di tanta importancia. —Solo… no te preocupes por eso en específico. Yo no estoy tan… atrapada en el pensamiento de lo que sucedió anoche. Lo que más me… asustó y eso… fue lo de Zakko. Sabiendo que está bien… estoy bien yo.
Seguía sin creerle nada. No podía creer que no le importase para nada el haber visto a una persona morir en frente de su cara.
—Pero…
—¿Pero qué?- Yaku cuestionó.
—¿En serio no te importó ver a esa mujer…?
—Kairo.- Me nombró, sonando más seria.
—¿Qué?
—Claro que me afectó. Pero no quiero pensar más en ella. En serio. Por favor, olvídalo.- Yaku se quebró un poco, comunicándomelo bastante rápido.
—… Lo siento. Es que… justo por eso… pensé que quizás necesitarías desa-
—No. Solo quiero… olvidarlo. Me encantó jugar contigo otra vez. Fue divertido. Ese juego de peleas era muy entretenido. Quiero… enfocarme en eso. ¿Está bien? No quiero… arruinar el buen rato que pasé contigo por pensar en eso.- Yaku afirmó, interrumpiéndome ya que sabía por dónde iba yo.
Pese a su insistencia… me sentía mal. Asumo que… es normal, de todas formas. No todas las personas que conozca van a reaccionar de igual manera. Y si ella prefiere no hablarlo para olvidarlo… lo respetaría. A mí… me gustaría que me resultase igual de fácil.
Tampoco podía esperar que todos se sintiesen bien como para desahogarse conmigo. Creo que… solo deseaba poder desahogarme un ratito más. Aún… me cuesta olvidar eso…
Caminamos más, casi a la salida, ya. Se vislumbraba desde acá. No hablamos mucho ese rato, hasta que Yaku se fijó en unos puestos de comida al aire libre que habían.
—Kairo. ¿Tienes hambre?- Yaku interrogó.
—… No mucho, no. Pero podría comer algo…
—¿Vamos a comprar algo para comer en el camino?- Yaku tenía ganas de ir, por cómo me lo dijo.
—Está bien.- Acepté, revisando mis bolsillos. Alguna moneda suelta tenía, ni me fijé de qué era.
Todas las monedas se sienten iguales creo, o no me he tomado el tiempo de diferenciarlas mediante el tacto.
Nos desviamos a los puestos de comida que había, y Yaku parecía interesada en unos dulces similares a… una medialuna. Se veía rico, pero yo vi otra cosa que me interesó más. Era una brocheta simple. Tenía ganas de carne, nomás.
Esperé en la fila bastante, ya que estaba más lleno que a donde fue Yaku a comprar. Desde aquí la veía esperándome en un banco, comiendo.
Conseguí comprarme una maldita brocheta, y la probé al instante, mientras me dirigía con Yaku. La probé y era bastante rica. Me gustó. La volvería a comprar si por algún motivo regresase a este parque. Encima estaba barata, me costó unas nueve monedas de estaño nomás. Yo tenía de cobre, así que me dio una de estaño de cambio.
En lo que regresaba con Yaku, ojeé los alrededores. Estaba repleto de gente. Hasta creí ver a Mitsune.
«¿Mitsune?».- Cuestioné para mí en mi cabeza mía.
Me detuve un segundo, ya que lo primero que visualicé fue su cabello, y pensé que sería común. Sin embargo, luego le noté las orejas. El mismo color de cabello y las mismas orejas… no sé si eran coincidencia.
A no ser que se tratase de otra ilusión horripilante más. No obstante, esto era un parque. Y Mitsune en este caso estaba comprando una barra de granola.
Sin ningún tipo de disimulo, observé de manera detenida a quien se asemejaba a Mitsune, hasta que ella se enteró de ese hecho. Ahí sí que me dio pena el verla tanto, al menos hasta que me di cuenta de que sí se trataba de ella, pues vino corriendo a acercarse a mí.
—¡Kairo!- Me saludó, sonando emocionada.
—H-Hola…- No me esperaba este encuentro repentino. Me tomó tanto tiempo el asimilarlo que tartamudeé y todo.
—¡Qué alegría verte! Ayer tampoco fuiste… ¿Por qué?- Mitsune consultó, para luego comer un pedazo de la barra de granola.
—Eh… un par de cosas… ayer se me hizo tarde otra vez. Lo siento mucho. De hecho… hoy pensé que no llegaría a verte tampoco.- Me puso nervioso encontrarme a Mitsune ahora. Es algo que no estaba en mis planes.
—¿Por qué?- Mitsune cuestionó, fijándose en el alrededor. Acabó viendo a Yaku sentada, que miraba hacia aquí. —¿Y los otros?
—No… solo salí con Yaku.- Especifiqué.
—Oh. Ya veo. Entonces… te dejo, ¿No?
—¿Qué? ¿Por qué? O sea… no es nada…
—¿No es nada de qué?- Mitsune interpeló confundia.
No sé si era solo mi pensamiento que no funcionaba de forma correcta, mas tampoco quería… dar pie a que se pensara nada raro por el hecho de que esté saliendo solo con Yaku.
—Podemos hablar un rato, creo…- Aseguré, pero no tan seguro. Miré de reojo a Yaku, quien por suerte para mí seguía comiendo así que capaz no le molestaba quedarse sentada un rato más.
—Pues… qué bien que te encontré. Al final, te dije día pero no acordamos hora ni nada… quería verte por eso y… justo ayer no viniste.- Mitsune sonaba aliviada.
—Ah, es verdad. ¿Entonces… a qué hora?
—¿Qué te parece a las siete de la tarde? Vas a mi casa… y juntos vamos a donde yo creo que te gustará.- Mitsune propuso.
—… Está bien, no creo que tenga que hacer nada a esa hora.- Afirmé.
—Oye…- Mitsune me llamó, solo que sin verme. Se centró en Yaku, por lo que algo me temía.
—¿Qué?
—¿No crees que… Yaku está algo impaciente? Pienso que… está viendo hacia aquí un tanto molesta.- Mitsune habló de algo nada que ver, aunque tenía razón. Yaku parecía haber acabado de comer, y nosotros seguíamos hablando. —Deberías ir con ella. Con haberte dicho la hora ya estoy más tranquila-
—No… eh… ¿No quieres ir a conocerla?- Propuse, luego de que se me escapase un “No” por instinto. Quería seguir hablando con ella un poco.
—Pero…
—Algún día ibas a conocerles de todas formas. ¿Por qué no la conoces a ella ahora y luego al resto?- Continué con mi mentira porque algo de verdad manejaba con ella.
—… Está bien. Si te parece bien a ti, vamos.- A Mitsune le interesó, lo noté por su mirada.
—Vamos, sí.- Yo no estaba muy seguro de lo que acabo de proponer. Sin embargo, era muy tarde para arrepentirme.
Caminé con Mitsune hasta llegar al mismo banco en el que se encontraba Yaku, y esta por motivos más que conocidos, reaccionó con una cara de indiferencia masiva. Hasta la podría considerar de odio, o hasta asco. Depende de la persona a la que le preguntes.
—Yak-
—¿Quién es esa?- Yaku me interrumpió, murmurándome, como si Mitsune no estuviese a como menos de un metro de nosotros.
—Es… se llama Mitsune… es una chica que… he estado conociendo…-
—Oh. ¿Es ella?- Por algún motivo que sí que desconozco, sonó más interesada por conocerla.
Tardé un momento en asimilar la escena. No comprendía el porqué de repente tan interesada por conocerla. Entiendo que le causó curiosidad desde antes… aunque… bueno, en cierta parte… algo le hablé de ella antes y… asumo que debe ser algo parecido a como pasó con Zakko y Shair. Que el primero le habló antes de Shair y tal… y ellas se amigaron bastante más fácil…
Bueno, sea la razón que sea, me serviría bastante que con Mitsune no se porte como un perro cuando hay visitas.
—¿Soy yo?- Mitsune interpeló, ya que le causó curiosidad el cómo Yaku se refirió a ella.
—Kairo te mencionó… al menos dos veces.- Yaku explicó el porqué lo dijo de esa manera.
—¿En serio?- Mitsune cuestionó, sonando emocionada por eso.
—Sí. Tampoco… tampoco habló muchas cosas de ti, pese a que yo le habré preguntado desde que me fijé en que salía a la misma hora todos los días.
—Qué… qué loco. Un gusto, Yaku. Ya sabes mi nombre, yo sé el tuyo.- Mitsune le estiró la mano, para saludarla.
Yaku se quedó un rato observándola. Pese a… no mostrar el mismo desagrado de siempre, al menos de forma verbal, sí se vio reacia a darle la mano.
—Eh… ¿Pasa algo?- Mitsune se extrañó.
—No… es que Yaku es… así. No te preocupes. Le cuestan las relaciones humanas.- Me decidí a justificar antes de que Mitsune pensase nada extraño.
—¿Así cómo?- Yaku murmuró, y yo decidí ignorarla para evitar el tener que responderle.
—Tiene sentido. Está bien entonces, no pasa nada. Ya con eso… quería aprovechar para decirle algo del Duel’Grot.- Mitsune me hablaba a mí, como si Yaku no estuviese sentada al lado de nosotros.
—Pues dile. O sea… está ahí.- Le dije que… se lo dijese. Porque Yaku estaba ahí.
—Yaku… eh… lo hiciste muy bien. A mí me gustó mucho ver lo que hiciste, sobre todo la pelea. Fue muy… cómo decirlo… impresionante. ¡Lo ganaste súper fácil a una del Harasei!- Mitsune a medida que comunicaba sus halagos al respecto, fue que se liberaba para contarlo emocionada.
Vi de reojo a Yaku, y parecía un tanto animada de oír eso. Tampoco… tampoco mucho. Pero algo es algo.
—Gracias. ¿Estuviste ahí? Qué loco. No mucha gente nos reconoce…
—Si, yo estuve ahí. A mis papás les gusta y oyeron de que habría un Duel’Grot del Harasei en las noticias. Ahí los conocí a ustedes, y por eso reconocí a Kairo.- Mitsune explicó todo el contexto.
—Oh, ya veo…- Yaku comprendió todo. En ese momento, volteó a verme, entrecerrando los ojos. —¿Te estás aprovechando de la pequeña fama que conseguimos?- Yaku me susurró, juzgándome.
—¿Qué? Claro que no. ¿Qué crees que soy?- Me ofendí de forma genuina.
—Te hice una pregunta. Tampoco es para que te pongas así…- Yaku se hizo la desentendida.
—Oigan… no es por… nada en especial, pero yo iba a irme a mi casa en poco… así que creo que los dejaré solos.- Mitsune añadió, luego de unos segundos después de la corta discusión de susurros que tuvimos Yaku y yo.
—De hecho… nosotros también nos íbamos. Solo nos detuvimos a comprar algo para comer.- Mencioné, pretendiendo… tal vez ir con ella.
—¿Dices eso… porque quieres que vaya con ustedes?- Mitsune entendió lo que yo quería dar a entender.
—Sí… ¿Por qué no? Eh… Yaku, ¿Te molesta…?- Le pregunté cuando recordé que no estaba solo.
—¿Qué tan lejos queda?- Yaku fue lo primero que preguntó.
—Como dos cuadras arriba de nuestra posada.- Afirmé.
—Está bien. Vamos.- Yaku se levantó, asintendo.
Y así, nos encaminamos los tres a la casa de Mitsune. Hablamos… bastante, para mi sorpresa. Yaku se calló un poco más que antes, solo hablaba cuando Mitsune la mencionaba. Que de hecho, sucedió varias veces…
Eso sí, no hablamos de nada trascendente. Supongo que es lo que conlleva el juntar a dos personas que no se conocen. No voy a poder tocar ni un tema importante con ninguna. Al menos, Yaku no parecía tan… reacia a la idea de entablar una relación con Mitsune.
El camino era largo, mas no se sintió tan largo debido a las conversaciones que teníamos. Mitsune mencionó poco más de lo del Duel’Grot. Yaku le mostró su invocación en vivo y en directo.
Mitsune aprovechó para preguntarle lo de la otra vez, que al final se me olvidó. Lo de si Yaku era una xiro. Cosa a la que Yaku contestó observándola extrañada, y diciendo que no sabe qué carajos es un xiro. Mitsune se medio decepcionó en ese momento, mas le explicó lo de la gente albina con mechones de colores.
Pese a la explicación, Yaku insistió no tener ni idea de eso. Sin embargo, ni su mamá ni su papá eran albinos. Su abuela sí, era albina y llevaba mechones similares a los suyos de un tono morado como el suyo. A lo que Mitsune reaccionó interesada, diciéndole que le gustaría hablar de eso otro día, más profundamente.
Nos invitó a juntarnos a los dos, otro día. Para pasar el rato. Yo acepté porque de por sí me interesaba hablar con Mitsune. Yaku se tomó su tiempo para pensarlo, pero para mi sorpresa, aceptó.
Al final, llegamos a la casa de Mitsune y la despedimos allí. Dijo que el día de mañana, en su cita conmigo, iba a preguntarme a qué fecha y hora se podría realizar eso.
El motivo por el cual no lo decidió ahora, era porque se temía que como éramos aventureros nos ocupáramos pronto, así que no vaya a ser que justo al llegar a la posada nos propusieran ir a alguna parte el mismo día que concordásemos ahora mismo…
A mí me pareció una pavada, mas… no me importaba, supongo. No me iba a morir por saber la fecha tampoco, si de todas formas mañana saldríamos.
Mitsune y Yaku se despidieron, y luego quedamos solo Mitsune y yo, ya que Yaku optó por darnos un momento de privacidad. Tampoco… cambió nada. Mitsune se despidió de mí como la mayoría de días. O sea, con una sonrisa y… casi pareciendo que no quería despedirse. Cerró la puerta lentamente, y no oía nada más que… la fuerte brisa.
—¡Kairo!
Ah, la brisa y… a Yaku apresurándome.
—¡Ahí voy! ¡No me grites!- Le grité yo también.
—¡Apúrate, que es de noche ya!
—¡Ya sé! ¡Puedo notarlo yo solo!
—¡No pareciera!
Me encaminé hacia ella, para que ya nos fuésemos a la posada. Otra vez, fue una caminata relajante. Sobre todo porque no hablamos ni una palabra. Tenía… sentimientos encontrados con este día. Imaginé que volvería a llorar o algo así, o al menos imaginé que Yaku se permitiría hacerlo.
Por más que la miraba, no me daba tanto la impresión de que se sintiese mal. Era… extraño por donde sea que lo viese. No obstante, no puedo decir que… fue un día malo, supongo. Me divertí jugando con ella, a pesar de que la mayoría del tiempo estuve pensando en que ella se sintiese mejor en vez de simplemente pasarla bien.
Llegamos a la posada, pasamos la sala principal, la zona verde, y entramos a nuestra habitación de habitaciones. Identificamos rápido que no había nadie en ningún lado, sobre todo porque no había ni una luz encendida.
Pero como había un silencio puro, el más mínimo ruido se lograba escuchar algo. Por lo que al escuchar voces en la recámara, entendimos que estaban ahí. Entramos a la vez, y los vimos.
Zakko, Shair y Sein en la cama de los primeros dos. Zakko sentado, en la cama, tapado con la manta de torso hacia abajo. Sein estaba sentada en la cama también, pero más al borde y un tanto alejado de Zakko. En medio, Shair, que no estaba sentada precisamente en la cama, si no que arrodillada cerca de esta.
Cuando me fijé mejor, al parecer, estaban jugando a algo con un tablero que estaba posicionado en el medio de ellos.
—Hola.- Zakko fue el primero que nos notó, por lo que a su vez el primero que nos saludó.
—¡Hola!- Shair nos saludó. —¿Cómo la pasaron?
—Hola. Estuvo… bien.- Yo respondí, ya que Yaku fue directa a recostarse en su cama. —¿Qué juegan?- Cuestioné.
—Un juego que nos encontramos por la tarde. Sein y yo fuimos a comprar uno porque por más que le expliqué el que ya teníamos no lo comprendió.- Shair explicó.
—¿Tú entendiste cómo se jugaba?- Sein me preguntó por encima de lo que decía Shair, ya parecía querer comprobar que no era la única.
—No.- Negué al instante.
—¿Ves?- Sein ahora se dirigió a Shair. Al parecer, comprobé su punto.
La conversación después de eso se tornó en Shair explicando el juego nuevo que compraron. No entendí un carajo tampoco, aunque parecía de ser algo como pintar territorio. O casillas en este caso.
Tenían unas fichas y cada movimiento pintaba la casilla que se movían. Cada dos movimientos recogían una carta, que le daba habilidades para desfavorecer al resto o favorecerse a uno mismo. Había un límite de turnos, y quien pintase más casillas ganaba. Eso o… quien eliminase al resto.
Shair especificó que no estaban jugando eliminando al resto porque eran solo tres y estaban jugando con una ficha cada uno. Sería muy rápido todo. Ellos estuvieron un rato ahí, jugando. Yaku se recostó en la cama, no sé si para dormir o para… desconectar de todo.
Me ofrecieron unirme, y aunque quise, rechacé, ya que preferí ir directo a la sala de estar para buscar el libro de magia básica del elemento tierra. Le pregunté a Zakko dónde estaba, y me comentó que en uno de los cajones delante de la mesa de la sala de estar. Aproveché para decirle que me alegraba verlo mejor.
Con ello, me dirigí a leer un poco del libro. Por suerte, entendía todo lo que intentaba decir, a pesar de haber palabras que no comprendía. Las leía, mas no sabía qué significaban. Me resultaba extraño que no estuviese del todo en español… mas que nada porque el resto del libro sí que lo estaba.
Sin embargo, me imaginaba lo que significaban así que no hubo problema en aprender. La mayoría del libro era ilustrativo, ya que la mayoría de información duraban una o dos hojas enteras. La letra tampoco era la más grande del mundo, quizás si la agrandaban un poco duraba más de dos hojas.
Pasé bastante rato leyendo y releyendo casi lo mismo, ya que no lograba imaginármelo. Ni aún con las ilustraciones, que por cierto, eran bastante bonitas.
Que toda la magia fuese a imaginarme una idea… se me hacía raro. Y sobre todo difícil, ya que con mi imaginación, no conseguiría nada nunca. Ojalá… soñar con alguna magia así rara y empezar a usarla de la nada como dijo Yaku que le sucedió. Haría todo tan fácil…
Practiqué la magia de tierra hasta el cansancio, literalmente. Me cansé de tanto forzarme a crear algo. Eso sí, lo conseguí luego de un buen rato. Invoqué una roca, que era lo que quería.
Bastante pequeña, mas era una roca al fin y al cabo. Un avance bastante considerable para ser lo que soy; un desgraciado.
El tiempo pasó volando. Cuando vi mi reloj, ya eran las once y cuarenta y ocho de la noche. No tenía mucho sueño, así que decidí seguir leyendo el libro. De fondo escuchaba a mis compañeros todavía, por lo que sabía que seguían despiertos.
Me tomé mi tiempo para leer el libro e imitar las instrucciones e ilustraciones de este. Estaba creando rocas que no sabía cómo carajo desaparecer.
Tras un largo rato practicando, fui a buscar algo en lo que botar el montón de rocas que creé. No fue tan difícil crear rocas, aunque el problema eran lo blandas que salían y del tamaño que salían. No lograba que se endureciesen. Se rompían bastante fácil.
Acabé botando todo en un basurero que se hallaba en la zona verde bien bonita. Además de quedarme unos segundos recibiendo la brisa, para que me fuese más gratificante el taparme con la manta a la hora de ir a dormir. La cual sería apenas entre.
Momento que sería ahora, ya que tenía ganas de dormirme ya. Cerré con llave, y dejé el libro donde estaba. Caminé hasta la recámara, entrando y cerrando con cuidado, ya que al parecer estaban… durmiendo.
Vi de reojo, Shair y Sein estaban durmiendo juntas, en la cama de Yaku. Y Yaku se encontraba… con Zakko. Yaku que por cierto, estaba despierta, sentada.
—¿Me perdí de algo?- Cuestioné, extrañado al ver… eso.
—Shair me dijo que no le gustaría dejar a Sein durmiendo en el sofá, por lo que… decidió ser ella quien durmiese junto a Sein para que esta se sintiese cómoda. Entonces, me robaron la cama.- Yaku explico, en voz baja, respetando el sueño de los demás.
—¿Y te mandó a dormir con Zakko?- Cuestioné.
—… No precisamente.- Yaku no dijo nada más que eso.
—¿Qué quieres decir con eso?
—Nada.- Yaku se portó un tanto cortante en ese momento. Me daba una vibra tan extraña… que preferí ignorar ya que sabía que no iba a contarme nada de todos modos.
—… Está bien. Buenas… noches, Yaku.
—Buenas noches, descansa.- Ella me deseó de vuelta.
De esa forma, me dormí, pasando a ser el día doce de mayo, lunes. Día en el que me encontraría con Mitsune.
Conseguí dormir sin ningún tipo de problema, y despertarme sin ningún tipo de problema tampoco. Vi el techo un buen rato, hasta que opté por sentarme en la cama para empezar a levantarme. De reojo, me percaté que Yaku volvió a su cama. Recostada viendo a la pared, como… ayer.
No sé si estará durmiendo… pero espero que sí. Si estuviese despierta otra vez en la misma posición, ya comenzaría a preocuparme. Zakko por su parte, seguía en su respectiva cama. Quienes faltaban eran Shair y Sein.
Asumí que yéndome de la recámara sería capaz de verlas. Quizá estaban en la cocina otra vez. Cuando salí con cuidado de la recámara, y no vi a ninguna de las dos en la sala de estar, fue que confirmé que se hallaban en la cocina.
Decidí pasar a saludar.
—Hola.- Saludé, dije hola.
—¡Hola, buenos días!- Shair saludó.
—Buenos días.- Y esa fue Sein. Saludando también.
—¿Tienes hambre?- Shair preguntó, ya que estaba preparando algo otra vez.
—… Sí.- No tenía mucha hambre, pero prefería ir con el estómago lleno con Mitsune. Que por cierto, me dejé el reloj en la cama. Debería volver por él. —Voy a… mojarme la cara.
—¡Está bien! Cuando vuelvas, te sirvo.- Shair exclamó.
Fui a… prepararme. Tampoco tenía mucho para prepararme, esta ropa era la más bonita que tenía. No la única ya, por suerte. Pero era la más bonita para una cita.
Ya me cansaba mencionar la marca esta rara debajo del ojo. A saber qué carajos significará…
Me mojé la cara, me sequé, me fui. Pasé por la cocina, Shair me sirvió comida y comí junto a Sein y Shair misma. Hoy hizo la sopa que comentó ayer, solo que para todos. Estaba rica de todos modos. No tanto, pero era disfrutable.
Charlé un rato con ellas. No sé de qué me estaba perdiendo, pero de algún modo parecían bastante amigas. Quizá me parecía extraño solo porque no vi a Shair hacerse amiga de nadie más. Solo… conmigo, claro. De mí se hizo amiga bastante fácil también… hasta de Yaku. No debería extrañarme tanto.
No sé cuánto tiempo perdí ahí, pero todo el que fuese posible sería mejor, ya que dudaba que fuesen las siete. De hecho, con ese pensamiento, le comuniqué a Shair que saldría a esa hora. Solté una pequeña mentira de que iba a pasear solo esta vez, y quizá compraba algo. Ella aceptó, pidiéndome que le compre algo que crea que le guste.
Tuve que aceptar por la estupidez de haber añadido el “Quizá compro algo” en mi explicación. No tenía sentido que lo añadiera, con decir que iba a pasear era suficiente creo yo.
Al final, decidí levantarme de la mesa tras agradecer la comida, y caminé hacia la recámara. Iba a abrir como si nada, mas cuando mi mano tocó el pomo de la puerta, escuché a Yaku hablando. Razón por la que me detuve.
—¿Entonces… estás mejor, verdad?- Oí de ella.
—Sí. Yo creo… yo creo que en un rato ya podría actuar con normalidad quizás. No sé si usar magia, mas… caminar y esas cosas… de hecho creo que debí de poder desde ayer. Me pasé todo el día acostado porque sí…- Zakko comentaba.
—… Ya veo. Zakko…- Yaku lo nombró.
—¿Qué?
—¿Quisieras salir hoy? Por… la noche. Cuando… el resto se duerma.
—¿Por qué tan tarde?- Zakko cuestionó.
—Solo… responde.
—… Está bien. No veo porqué no.
Ahí fue cuando entré. Para sentir que no interrumpía tanto, pero tenía prisa por… recoger mi reloj.
En verdad no tenía prisa, solo era impaciente.
—Oh, hola. Kairo. Buenos días… o buenas tardes. No sé qué hora es.
—De hecho…- Hice tiempo para alcanzar mi reloj. —Son las… dos y media…- Me desanimé, porque faltaba un montón todavía. Me dio tremenda paja esperar tanto.
—Hola, Kairo.- Yaku, quien estaba sentada en el borde de su propia cama, también me saludó en voz alta. Me tomó por sorpresa.
—… Hola. Buenas tardes, sí. A los dos.
—¿Shair está en la posada?- Zakko interpeló.
—Sí. Está en la cocina junto a Sein. Hicieron sopa, de nuevo. Está… bien. ¿A ti te gustó?- Saqué tema de conversación, porque algo tenía que hablar. Si no, era morirme del asco durante más de cuatro horas.
—Sí, estaba rica. No sé si es mi sopa favorita de todas formas… pero aún así me gustó.- Zakko me contestó.
—Kairo.- Yaku me llamó.
—¿Qué pasa?
—¿Vas a salir con Mitsune en un rato?
—… Sí. ¿Por qué?
—¿Quién es Mitsune?- Zakko preguntó lo obvio.
—Por nada. Suerte, salúdala de mi parte.- Yaku ignoró a Zakko para decirme eso. Parecía haber querido pedirme algo. O al menos, decirme algo.
—… Lo haré, sí.- Me extrañó que me lo pidiese.
—¿Vas a… tardar? Lo hicieron sonar ayer como… que iban a durar un rato juntos afuera.- Yaku cuestionó, tras unos segundos. Ahora sí parecía que era lo que quería preguntar.
—Ah, bueno, no sé cuánto tardemos. No sé para dónde vamos a ir de todas formas.
—¿”Lo hicieron sonar”?- Zakko seguía preguntando sin recibir respuestas.
—… Está bien.- Yaku dijo. Seguía pareciéndome raro que preguntase por eso. Aunque tal vez tenía que ver con lo que oí de que quería salir con Zakko por la noche, cuando durmiésemos. Si llegaba tarde, iba a notar que faltaban, porque no estaría… dormido, claro.
…
—¿Alguno va a responderme?- Zakko murmuró, sonando molesto.
Pese a su insistencia, Yaku no le respondió y yo tampoco pensaba decirle nada. Posterior a eso, Yaku se levantó comentando que quería ir a comer. Le preguntó a Zakko si quería que le trajese algo, o si él podía ir. Zakko pidió que mejor se lo trajesen, así que Yaku le dijo que le traería un plato cuando ella acabase de comer.
Zakko procedió a recostarse mientras nosotros abandonamos la recámara. Yaku fue directo a la cocina, y yo me detuve en la sala de estar, preparándome para perder el tiempo leyendo el maldito libro de magia de tierra.
Así como decía el dicho. Mientras el tonto come el sabio hace como que lee cualquier boludez para luego usar dos palabras raras y sentirse superior. Y luego se muere de hambre porque no dije que comía antes de leer. Por suerte yo no soy el sabio y sí lo hice.
Intenté seguir las instrucciones de un modo más… teórico, ya que crear rocas aquí sería amontonar basura.
«Debería… conseguirme algún lugar para practicar».- Pensé. «En Giruboken hubiese podido ir a una habitación vacía y amontonar rocas ahí. Aquí está más difícil…»
No sé cuánto tiempo pasé leyendo, pero Sein salió de la cocina luego de un rato. La sentí apenas se sentó a mi lado.
—¿Qué lees?- Me preguntó.
—Literatura clásica de este mundo.
—Magia básica de elemento de tierra…- Sein estaba leyendo la portada.
—¿Qué?- Me extrañó, ya que la portada normalmente está a la izquierda cuando uno abre el libro. Sin embargo, me percaté de que aquí estaba a la derecha. No me había fijado en eso antes… se sentía raro, tenía tanta costumbre que fuese de esa manera que intenté ocultar la portada teniendo en cuenta eso. —Ah, claro.- Expresé cuando me percaté de ello.
—¿Estás aprendiendo magia?
—Sí. Para… ser más fuerte y eso. Necesito algo para pelear de forma urgente.
—Tiene sentido. ¿Y es difícil?
—… ¿Sabrás tú, no? Tú también aprendiste magia. De hecho, ni siquiera magia básica elemental. Aprendiste técnicas oculares.- Argumenté.
—Bueno, pero… no sé. Resultó que yo tenía la capacidad, e Izu también. Por ello aprendí fácil, me enseñó alguien que ya sabía hacerlo. Entiendo que tu magia elemental no es de tierra, pero estás aprendiendo mediante un libro. A eso me refiero.
—… Claro. Por cierto… ¿Cuál es tu magia elemental?- Le consulté a Sein.
—Adivina.- La desgraciada me hizo adivinar.
—Y no sé…- Desvié la mirada un segundo de Sein, para voltear al libro. —¿Tierra?
—Sí.- Sein asintió.
—¿Qué? ¿En serio?- Me tomó por sorpresa.
—Sí, pe.
—¿Me enseñas?
—Ahí está el problema. No… practiqué mucho mi magia elemental. Hasta diría que sé lo mismo que tú, después de que leyeses el libro.
La miré, asegurándome de que se sienta juzgada.
—… Bueno, supongo que tiene sentido. Yo aprendí a usar mi magia mediante un tutor. Fue bastante fácil, aunque… se me habría complicado sin la ayuda de él, asumo.- Le di un punto. —Pero… ¿No sabes nada de nada?
—Algo sé… crear tierra es fácil. Puedo crear pequeños montículos en la tierra y… generar un par de plantas. Aparte de eso, nada de nada.- Sein comentó.
—Ya veo. Tampoco sabes mucho más que yo, no.- Afirmé. —¿Quieres leer el libro cuando me vaya?
—Es cierto… ¿A dónde ibas?- Sein cuestionó. Me olvidé que a ella no le dije que salía hoy.
—Ah… a caminar un rato, dije.
—¿Pero en serio? ¿… Y solo?- Consultó, como queriendo ir conmigo.
—… No. Pero… no es con ninguno de aquí tampoco. ¿No te molesta quedarte con ellos, verdad?- Le tuve que decir la verdad.
—Nah. Shair es muy agradable y Zakko también. Intentaré hablar con Yaku también.- Ella afirmó bastante segura.
—Está bien. Me gusta oír eso…- Comuniqué, revisando mi reloj. El tiempo pasó volando, mas todavía no era hora. Eran las cinco y media apenas. Quedaba una hora y media.
Al final, Yaku se regresó a la recámara, sin dirigirme la palabra. Entendible, estaba con Sein. Seguro que habrá pensado que sería descortés hablarme a mí y no a Sein. Así que la mejor idea que tuvo, fue no hablarnos a ni uno de los dos. Eso sí, llevaba el plato para Zakko.
Shair salió de la cocina seguido de eso, acercándose a nosotros dos. Fue una conversación acerca del libro, básicamente. Shair recordó que compró el libro, y recordó que lo compró porque lo pedí yo.
Hablamos respecto al libro y le conté lo poco que aprendí. Pude afirmar que dentro de todo algo estaba aprendiendo, así que el libro servía. Shair por ello se interesó en comprar unos libros de magia después.
Las conversaciones con esas dos eran… entretenidas. En general, creo que las conversaciones con Shair lo podían llegar a ser muy fácil. Hace tiempo que no conversaba tanto a solas con ella. Y eso que no estoy a solas con ella, estaba Sein, que también es agradable.
Sein, que comentó que hoy mismo se iría con Izu, para hablarle al respecto de que se quería unir a nosotros. Para eso en específico, pero seguramente charlarían de más temas importantes. Se iría en un rato, eso sí. Ahora quería pasar más tiempo con Shair.
Así, se hicieron las seis y media.
—Ah… oigan, creo que ya me voy yo.
—¿¡Ya!?- Shair exclamó, sorprendida.
—Shair, son las seis y media.- Conté con un tono de voz serio.
…
—¿En serio?- Shair ahora sí que se sorprendió.
—Sí.
—Buena suerte.- Sein me deseó.
—Ah, sí. ¡Buena suerte, Kairo! ¡No se te olvide traerme algo!- Y Shair seguida de ella.
—Gracias… no lo haré. O sea… el olvidarme, claro…- Tuve que especificar, no fuese que se confundiese. —Cuídense. Sobre todo tú, Sein. Suerte cuando te vayas.
—Gracias. Tú también cuída-
—¡Eso es muy importante! ¡Cuídate mucho!- Shair pisó el diálogo de Sein. Aunque se entendió lo que la peruana quería decir.
—Lo haré. ¡Hasta más tarde!- Salí de la habitación, cerrando la puerta con llave. Pasé la zona verde y… salí de la posada.
Ya fui tantas veces a la casa de Mitsune que no necesitaba usar la brújula. No me tomaba media hora llegar, pero mejor llegar temprano que tarde.
Me tomé mi tiempo para caminar, observando los alrededores y disfrutando de ellos. La ciudad era muy bonita, pese a que ya se me estuviese haciendo costumbre caminar estas calles. El atardecer no le pegaba bien, aunque menos le pegaba el día. De noche era completamente hermosa, entiendo que Mitsune prefiera ir por las calles de noche.
A pesar de que no era de noche, no tardaría nada en que oscureciese. La gente que transitaba las calles era igual de tranquila y… normal. Si de Giruboken siempre podía mencionar que la mayoría eran ultra llamativos, aquí era lo contrario.
Quiero decir, los pelos de fantasía seguían ahí, gente con cabellos verdes, rosas, celestes, naranjas… todo muy fantasioso. Sin embargo, el resto de su ropa y tal era de lo más común. Habían guardias civiles a lo lejos, pero como siempre. Por ello no me extrañó el verlos.
Caminé hasta la casa de Mitsune, y una vez llegué a ahí, revisé el reloj. Tardé diecisiete minutos en llegar a su casa. Así que procedí a sentarme afuera y esperar los trece que quedaban.
Pasé el rato sentado afuera de su casa, viendo a la gente pasar, embobado. Podría simplemente… tocar su puerta antes, estoy seguro de que ya debería estar preparada. No obstante, mi cerebro idiota se empeñó en ser puntual.
Con la vista constante en el reloj, divisaba cómo transcurrían los minutos. Hasta que por fin, se hicieron las siete. Me levanté, y toqué su puerta.
—¡Ahí voy!- Mitsune tardó un minuto en abrir, mas esta vez me gritó desde dentro.
Llamó mi atención ese detalle, ya que ninguna vez de las que vine lo hizo.
—¡Hola!- Mitsune abrió la puerta, un tanto agitada, como si se hubiese puesto a correr. —¡Kairo! ¡Qué puntual!
—… Sí… ¿No estabas lista o algo así?- Cuestioné, por su reacción.
—No esperaba que fueses tan puntual.- Ella afirmó. Si supiese que llegué varios minutos antes. Y eso que por mí venía a las dos de la tarde.
—Pero… ¿Estás lista o no?
—¡Claro que sí! ¡Vamos!- Mitsune asintió, saliendo de su casa y cerrando con llave.
Mitsune llevaba encima un vestido corto con cuello de corbata y mangas largas, de colores azul, negro y blanco. Debajo, llevaba un pantalón de traje de… pierna ancha, creo. Eran muy bonitos, azules también.
Por unos segundos me embobé observándola. El azul oscuro de su ropa contrastaba con el color de su cabello y ojos. Sentí un calor en mi cuerpo que rara vez sentía.
—¿Cómo… me veo?- Mitsune preguntó, una vez se mostró por completo.
—Te… te ves muy bien, sí.- Me costó un poco dárselo a saber. Pero era eso, dárselo a saber. Yo ya pensé eso, y muchísimas cosas más que no me atrevería ni a decir en mis pensamientos.
—¡Gracias! ¡Tú… también te ves muy lindo! Me gusta mucho esa ropa en ti, de verdad.- Mitsune intentó halagarme también. Pese a que fuese la misma ropa que hace días, fue con tanta honestidad que no pude evitar reaccionar avergonzado de todas formas. —¡Vamos ya! Que queda un poco lejos… bastante, de hecho. Tú sígueme.
Mitsune comenzó a caminar, guiándome. Yo la seguí a su lado, intentando… tranquilizarme dándome pequeñas cachetadas a ver si se me iban los pensamientos extraños estos… que tan extraños no eran pero no quería tenerlos.
—Espero que te guste, así valga la pena la caminata.- Mitsune me habló, sonando un tanto nerviosa.
—… Yo creo que lo valdrá aunque no me guste.- Murmuré.
Vi de reojo su reacción, no me quitó la vista de encima ni un segundo. Cuando la vi, yo tampoco se la quité a ella. Me lo tomé a competencia también, la cual conseguí ganar ya que ella se avergonzó lo suficiente como para quitarme la mirada de encima antes que yo a ella.
—No, pero… en serio. Es muy larga la caminata, de hecho, te dije de venir a las siete porque… seguro que cuando lleguemos a allí ya será de noche, y podremos disfrutar del lugar muchísimo más que ahora.
—… No te preocupes. He caminado un montón estos días, pero por temas incluso más estresantes que esto. Caminar contigo hasta me puede tranquilizar.- Le aseguré, viéndole. Ella sonrió, solo que esta vez no se atrevió a voltear para verme.
Y así, comenzó nuestra salida. Íbamos ella y yo, por las calles de Lusiudá.
De un momento al otro, comencé a… reconocer ciertas calles. Intenté revisar con mi brújula para confirmar que no he pasado ya por estos lares…
«Olvidé mi brújula. Puta madre».- Fue lo primero que dije en mi cabeza, tras tocar ambos bolsillos y no encontrar nada. «Bueno, da igual. Luego de esto procuraré volver junto a Mitsune a su casa y de ahí a la posada»
Sin embargo, el pensamiento de que las calles las reconocía me carcomía la cabeza. Transitaba como si nada, daba vueltas como si de un perro bien estúpido persiguiendo su estúpida cola se estúpidamente tratara.
Con Mitsune fuimos hablando, pero poquito. Ella estaba muy emocionada al ver que ya oscurecía, al parecer tenía ganas de ir de hace tiempo.
—¿Desde cuándo conoces… al lugar al que vamos?- Se lo cuestioné, ya que ella tenía mucha emoción como para ser algo reciente.
—Desde niña. Fui unas cuantas veces… pero hace tiempo que no iba. Y siempre que fui fue con mis padres… ahora estoy yendo con un…- Se detuvo un segundo antes de acabar su frase, como si no supiera qué decir. —Contigo.
Me avergonzó un poco el comprender tan rápido que trató de evitar la palabra “amigo”.
—¿O sea que tenías ganas de ir desde antes de conocerme?
—Sí. Y desde que te conocí que he pensado en ir contigo… solo quería saber si… si me sentía segura como para mostrarte algo como eso.- Ella bajó la voz, como poniéndose tímida.
—… Tiene sentido. Estoy un poco emocionado por saber de qué se trata.- Aseguré.
—¡Espero con ansias que te guste!- Mitsune, alegre, afirmó.
Posterior a esa conversación, no hubo muchas más. Mitsune estaba muy atenta con las calles, incluso se detuvo en una para confirmar que ese era el camino. Cada vez… algo en mi cabeza me decía que ya pasé por aquí. Sin embargo… yo lejos de la posada solo habré ido a como tres lugares o poco más.
«Bardelarte, el parque Coen, el mercado…».- Arranqué a enumerar los lugares a los que fui, o fuimos con el grupo. «Ah… el monte de estrellas… claro».- Recordé, cuando vi la salida hacia el monte de estrellas, justamente.
Mi corazón se aceleró un poco. No supe porqué, hasta que recordé porqué visitamos este lugar.
—¿¡Ves eso!?- Mitsune exclamó, señalando hacia la subida al monte de estrellas.
Muchísima gente estaba subiendo el gran monte, con un camino despejado. Era una salida de la ciudad, mas también había parte de la ciudad como tiendas o guardias civiles. Decoraciones por todos lados… era increíblemente bonito de noche, nadie se lo quitaba al lugar.
—Sí…- Dije, un tanto desanimado.
—¿Qué pasa?- Mitsune consultó, preocupada. —¿No… no te gusta?
—¿Qué? No, no es eso… me encanta. Es hermoso.- Dentro de todo, estaba hablando con la verdad.
—¿¡Verdad que sí!? ¿Quieres subirlo?, quería ver las estrellas contigo.- Mitsune propuso, ilusionada.
—Por… por supuesto.- Acepté.
Luego de que aceptase, Mitsune comenzó a caminar hacia la subida, y yo la seguí.
«A ver… sería… muchísima mala suerte que algo sucediese. ¿Verdad?».- Intentaba convencerme de que nada saldría mal. «Nosotros no hallamos rastros de nada… sería algo horrible que justo estando solo con Mitsune ocurriese algo…»
«De todas formas, hay guardias civiles. Y muchísima gente, seguro que alguno es aventurero o algo así y sabe defenderse muy bien. Mientras estemos con la multitud, estaremos a salvo».- Logré convencerme… de que nada saldría mal.
Carraspeé antes de hablar.
—Oye, Mitsune…- Decidí consultar algo, para… tener un tema de conversación a la par que subíamos.
—¿Sí?
—¿Tú sabes magia, verdad?- Por algún motivo, no toqué ese tema antes con ella.
—Oh, es cierto. Me sorprende que no me lo hayas preguntado antes…- Hasta ella no comprendía el porqué no lo hice. —Claro que sí. Yo sé defenderme. Tampoco… soy la mejor en nada pero… sé cómo pelear más o menos. Además, tengo una habilidad que pienso que me puede ayudar para cantar o… al menos si sirve con en mi cabeza me ayudaría.
—¿Cómo? ¿Una magia que te ayude a cantar?- Me confundió.
—Sí… o sea, no es que me enseñe a cantar. Quiero pensar que no existe una magia así… pero sé cómo más o menos… ¿Clonarme? No sé si esa sería la palabra perfecta… pero es algo así como sacar versiones de mí… y así me habré hecho coros alguna que otra vez.- Mitsune contó con un tono cómico.
—… Ya veo. Me gustaría verlo.
—Algún día de estos… De hecho, ¿Sabes?, mis papás van a viajar. Voy a estar sola como una o dos semanas en mi casa. Podría dejarte pasar mucho más fácil.- Mitsune añadió.
—¿En serio? ¿Y a dónde van?- Interpelé.
—Van a Rewíc. Se quedarán un rato porque tienen que ver unas cosas que se les pidió en sus trabajos y tal… y de paso visitarán la ciudad.
—¿Y no te llevaron?
—Me ofrecieron ir… pero como comprenderás, rechacé.
—… Claro…
«Qué coincidencia. Justo a Rewíc. Creo que no le dije que nosotros iríamos a Rewíc después de esto…».- Asumí, no recordaba habérselo dicho.
Seguimos subiendo hasta la primera parada. Había todo un pedazo de montaña plano que entiendo que es como… pues eso, la primera parada. Había un par de tiendas pequeñas y el resto era todo verde bonito. Mucha gente pasando el rato ahí, acampando o haciendo cualquier cosa.
—¿Hasta dónde vamos a subir?- Cuestioné a Mitsune.
—Eh… o sea… mi plan era subirlo todo… pero si no te apetece podemos quedarnos aquí.- Mitsune, quien había seguido caminando, se detuvo al oírme preguntar eso.
Tardé unos segundos en analizar qué es lo que quería responder. No me importaba subir más, ese no era un problema. El problema es que… tal vez siga medio paranoico con el lugar.
—¿Te pasa algo? Te noto raro…- Mitsune habló antes de que yo acabase de emparanoiarme.
—No… no. Solo… nada. Vamos más arriba si gustas.
—¡Bien, vamos!- Mitsune exclamó contenta tras mi afirmación, caminando. Yo la seguí.
En realidad era muy bonito el lugar. El ambiente se sentía… muy tranquilo. Estos días… no he parado de pensar en los demonios. No pude disfrutar del todo la salida con Yaku ayer, ni hoy estoy disfrutando del todo la salida con Mitsune.
«Debería dejarme llevar y ya».- Concluí en mi cabeza.
No sé cuánto tiempo caminamos, llegó un momento en donde fui capaz de dejar que mi cabeza fuese en automático y no pensaba en nada más que en caminar al lado de Mitsune.
—¡Llegamos!- Mitsune voceó, y en efecto, llegamos a la cima.
No era muy plano, había pequeños montículos. También había gente acampando y todo… pero era mucho más verde y más abierto que todas las paradas de debajo. A lo lejos vislumbré a gente subiendo con una maquinaria extraña… y me di cuenta de que podíamos haber subido por ahí en vez de caminar todo el rato.
Yo… cansado no estoy, pero quizás habría preferido evitar la fatiga.
Mitsune decidió encaminarse a una esquina medio vacía, ya que la mayoría del gente estaba por el medio. Se sentó en el pasto, estirando sus piernas y apoyando sus manos en el piso.
—¿Qué tal?- Interrogó.
Otra vez, tardé en asimilarlo. Me demoré en siquiera fijarme en la vista, ya que estaba concentrado viendo los alrededores del monte y tal.
—… Se ve… muy bonito, qué… loco.- Me embobé al ver el cielo.
Resultó ser verdad que daba una muy bonita vista de las estrellas. No sé cómo funcionará que aquí se vean tan bonitas… dudo que solo sea porque está alto y ya. Aunque sí, está alto. Vi de reojo hacia abajo y casi me muero de un infarto.
—¿Verdad que sí?- Mitsune incidió en ello, ahora mirándome.
Lo supe porque yo también me detuve a mirarla a ella. Con el cielo nocturno de fondo… se veía muy bonita.
—Eh… sí. Sí.- Me costaba hablar, mas en ningún momento quité la vista de ella.
Tras unos segundos viéndonos, a Mitsune le cambió la cara.
—¿Qué me miras?- Preguntó. —Te traje para que viésemos las estrellas un rato.- Con ese comentario, elevó la mirada para contemplar el cielo otra vez.
—Ah, sí. Perdón.- Me disculpé e hice lo mismo que ella.
No había tanta distancia entre nosotros. Sin embargo, no presté mucha atención por intentar… hacerle caso y observar el cielo. El ruido era casi nulo, solo el resto de personas hablando entre ellas, y apenas se les escuchaba. Debe de ser por lo lejos que estamos del resto.
Pese a que era un momento bastante… precioso… la oscuridad solo me traía malos pensamientos. Ver la ciudad tan luminosa desde aquí me daba ciertas vibras… que no deberían porqué ser negativas, pero me entristecían.
Percibí cómo Mitsune se tumbó en el piso.
—¿Te parece relajante?- Mitsune incidió.
—… Supongo que sí.- Declaré, con duda.
—¿Estás… aburrido o algo así?- Mitsune se preocupó, levantándose un momento para verme más de cerca.
—No es eso.
—Kairo… te noto un poco raro. Desde ayer que también lo noté. ¿Estás… estresado o algo así? ¿Qué te pasa?- Mitsune puso su mano en mi espalda, y se acercó a mí.
—No…- No estaba seguro de si sería bueno contarlo ahora. —Tal vez… estoy un poco consternado. Pero de verdad esto me parece muy bonito y… sí siento cierto grado de paz. No quiero que parezca que no.
—¿Consternado por qué?
—… No sé si quiero hablarlo, Mitsune.
—¿No confías en mí lo suficiente?
—… No es eso, Mitsu-
—¿Entonces?- Mitsune me interrumpió y se acercó todavía más, colocándose en frente de mí y poniendo sus manos en mis hombros para asegurarse de que la veía.
—Estamos en una cita o algo así. Yo no quiero arruinarlo ni nada. Se supone que es algo especial para ti… yo quiero ser capaz de disfrutarlo y que sea un bonito recuerdo.
—Pero… no lo estás disfrutando.- Mitsune insistió, sin quitarme las manos de los hombros.
—Sí que lo hago, o sea, el lugar es hermoso. En se-
—Ya sé, no me refiero a eso. Para que sea especial para mí tendríamos que disfrutarlo los dos. Y si tú estás constantemente pensando en algo que te tiene mal… significa que no lo estás viviendo igual que yo.- Mitsune se expresó con un sentimentalismo que por poco me… quebrantaba.
No pude decirle nada al respecto.
—¿Kairo?- A los segundos, me nombró para que respondiese.
—¿Qué?- Mas yo no sabía qué responder.
—¿No quieres desahogarte conmigo?- Ella se ofreció a escucharme, sentándose de rodillas en frente de mí.
—Mitsune…
—¿Qué pasa?
—¿De verdad quieres… oírme? O sea… no sé… no me gusta la idea de… que en este momento…
—A mí me encantaría poder ayudarte a… liberarte. Después de todo, el plan es en parte para que te desestreses. ¿Qué sentido tendría que vuelvas a lo mismo de siempre como si nada hubiese pasado? ¿Prefieres regresar con los demás a hacer cosas de aventureros con el recuerdo de que pasaste una noche conmigo que no cambió nada el cómo te sentías?
—… Supongo que… tienes un punto… pero… yo no quisiera… cargarte a ti el peso de no sé… tener que subirme el ánimo.
—¿Pero de qué hablas? Casi que… casi que te suplico que me cuentes algo. Cuenta conmigo, por favor.- Mitsune insistía.
…
—Mitsune, yo…- Pensaba en si contar directamente lo que pasaba por mi cabeza.
—¿Sí…?
Otra vez, tardé en hablar. Mis labios comenzaban a temblar, y mis ojos a lagrimear.
—Mitsune…
—¿Kairo…?
—Vi a alguien morir en… mi cara. Y…
—¿Eh?- Mitsune reaccionó al instante.
—… y.. creo que… pude… hacer algo para evitarlo o no sé… yo… creo que tuve miedo… me paralicé en ese momento y… ahora tengo miedo. Creo que… no he dejado de pensar en eso desde entonces… por más que… sí que haya llorado… no sentí que… haya servido de nada…- Me costaba hablar, ya que entre más lo hacía, más me rompía.
—Kairo…- Ella me llamó, sorprendida por lo que contaba, pero acercándose a abrazarme. —Suena horrible… ¿Por qué no me lo contaste…?- Comenzó a preocuparse.
—¿Por qué querrías que te cuente eso? ¿De qué te sirve que cuente eso? Yo… yo pensé que saliendo contigo se me olvidaría aunque sea ese rato… pero… por más que lo intentaba, no podía dejar de pensar en lo que pasó…- Poco a poco me quebrantaba lo suficiente, no sabía cuánto iba a tardar en llorar.
—No es que me sirva de algo… pero… suena muy fuerte como para que tengas que aguantártelo tú solo… y no sé… yo… no sabía que te sentías así, solo te percibía extraño. Si lo supiese, te hubiese abrazado muchísimo antes. No… no me gusta verte así. Pero peor me hubiese parecido pasar el día contigo y no enterarme de que cargabas con esto.- Mitsune se alejó un momento de mí, para verme mientras me hablaba.
—Mitsune… Mitsune yo…- Estaba al borde de las lagrimas. Mitsune pasó su mano por mi rostro, secándome unas lágrimas que caían de mis ojos.
No la estaba viendo al rostro, porque sabía que si la observaba iba a romper en llanto.
—Kairo.- Me nombró, ya que yo no volví a decir nada después de eso.
—… Lo siento… mucho. No quería… que acabara así.
—¿Por qué insistes tanto…? Yo… yo quiero que te sientas bien conmigo. Ver las estrellas es secundario. Yo quería pasar el rato contigo, sentirme bien contigo y que tú te sintieras bien conmigo. Podemos visitar el monte cualquier otro día, pero esto que te pasa puede escalar a algo mucho peor si no lo sueltas ya.
No me atrevía a verla al rostro, pese a que mi corazón deseaba hacerlo. Comencé a respirar entrecortado.
—Mitsune…
—Kairo. Mírame a los ojos.- Ella pidió.
Me negué con la cabeza, mas ella insistió.
—Kairo, por favor.
Al no ver respuesta, ella me forzó a verla, colocando sus manos en mis mejillas.
—Desahógate conmigo, por favor.
Tras ver su rostro, su… sonrisa. No pude evitarlo. Comencé a llorar un poco, en su hombro.
—Está bien tener miedo, Kairo. Eso no te hace menos que nadie. Y para mí, no te hará menos increíble.- Mitsune me consolaba mientras yo no podía pronunciar ni una palabra.
Sus comentarios solo conseguían hacerme llorar más.
No sé cuánto tiempo pasé, pero sin dudas fue menos que con Sein. Las leves caricias en mi espalda de Mitsune me tranquilizaban muchísimo, además de su sola presencia. Hasta su olor era agradable. Me sentía muchísimo más… abrigado, en sus brazos.
Tras un rato más, quise soltarme un momento. Intenté regular mi respiración, y secarme los ojos.
—¿Te sientes… mejor?- Mitsune cuestionó.
—… Un… un poco, sí…- Un tanto nervioso, asentí.
—Ya veo. Hasta regresó tu sonrisa…- Ella volvió a pasarme la mano por la mejilla. Sin embargo, ahora sí que la estaba viendo. Sonreía de igual manera.
—Eh…- De lo nervioso que me puse, no sabía qué hablar. Requería que Mitsune se alejase un tantito de mí para recuperar mi personalidad.
Ella soltó una risa leve al notarme así.
—¡Mira! ¡Una estrella fugaz!- Apunté a cualquier lado.
—¿¡En serio!?- Y ella me creyó. —¡Oh! ¡En serio!- Al parecer, la vida me sonrió dos veces seguidas, ya que luego de esa pequeña escena, mi mentira se volvió realidad al instante.
Salió una estrella fugaz cerca de donde señalé.
La vi durante unos breves segundos, para luego redireccionar mi atención a Mitsune, quien sí que se detuvo a ver la estrella todo el rato.
No sé porqué Mitsune me daba tantas buenas vibras. Pero… era tan… diferente al resto que… hasta era capaz de olvidarme de lo que me atormentaba por ver su sonrisa ilusionada viendo las estrellas.
—Es hermosa…- Mitsune comentó.
Me dejó un pase limpio a una portería vacía. El chamuyo estaba preparado y yo solo tenía que soltar la frase más obvia posible. Sin embargo, no me atreví porque soy tremendo cagón.
O así fue, hasta que me motivé.
—… Sí. Y la estrella también.- Añadí, en voz baja por la vergüenza, mas no le quité la vista de encima en ningún momento.
—¿Cómo?- Ella interpeló, deteniéndose a mirarme a mí. Ahí se percató de lo que hablaba, y soltó una risa nerviosa. —¿No estás viendo las estrellas?
—¿Las estrellas no eran secundarias?
Mitsune se calló unos segundos, avergonzándose aún más. Al menos esta vez era yo quien se animó a decir esas cosas. Me sentía mucho mejor con mi ego masculino.
Así, pasé junto a ella, bastante rato más. Cada vez se hacía más tarde, lo sorprendente era que no se notaba. La luz de la luna pegaba bastante fuerte aquí. Y la ciudad era demasiado brillante incluso de noche. Era… un lugar más que hermoso para pasar con alguien.
«Debería venir aquí con los demás también. Estoy seguro que a mínimo Shair le encantaría. Y a Zakko le encantaría ver a Shair encantada».- Comenté en mi cabeza.
No quería ni fijarme en la hora. Si llegaba tarde, no me importaba. Prefería pasar toda la noche con Mitsune aquí a solas que dormir hoy.
—Oye. ¿Te acuerdas que te dije que me emocionaba el catorce?- Mitsune preguntó, luego de un rato hablando de pavadas.
—Ah, sí. ¿Por qué?- Yo creía saber, mas… no recordaba en este momento.
—En Bardelarte, hay un acto muy llamativo que se celebra ese día. Creo que iré a verlo con mis padres antes de que se vayan a Rewíc.
—Oh. De hecho, sí me sonaba eso. Puede ser que me lo haya imaginado.
—Sí, era bastante… obvio, creo. Con lo que sabes de mí.
—Ajá…
—Me hubiese gustado invitarte, pero pues… iré con mis padres. No me molestaría presentarte a ellos en algún momento, solo que… no lo haré de un día para el otro solo para poder invitarte con nosotros.- Mitsune expresó.
—Sí, tiene sentido. No pasa nada, creo que de hecho… ese día iba a ir a alguna parte con mi grupo.- La tranquilicé al respecto.
—¡Ey, es cierto! ¿Qué día salimos con Yaku?
—Ah, es… verdad. Me había olvidado hasta yo.- Ahí dije, me olvidé hasta yo. —¿Entonces, qué día?
—No lo sé. ¿El dieciséis harán algo?
—Uy, no tengo idea. En verdad, sí es difícil decidir fecha con antelación. Sobre todo porque no sé hasta qué punto podría rechazar un plan de Shair, ya que es como mi jefa o algo así…
—Tiene sentido. Pues el quince podrías ir a verme y ahí lo hablamos, ¿Qué te parece?- Mitsune sugirió.
—Me parece bien.- Y yo confirmé.
—Por cierto. ¿Cómo es… Shair? Como líder, digo. Ya me hablaste cómo es en personalidad y esas cosas. Suena agradable al menos por esa parte.
—… No tengo idea qué responderte. Como líder es… muy buena amiga. ¿Viste esa diferencia que suelen hacer entre líder y jefe?
—¿De qué hablas? ¿No son… sinónimos?
—No… o… bueno, de hecho sí… pero ya sabes, eso de… que el jefe usa su autoridad y ordena y así, y el líder como que motiva y confía en el equipo, por lo que al jefe lo oyen y al líder lo siguen y así.- No sé qué carajos me puse a hablarle, me dio vergüenza. Tampoco era la primera vez que divagaba de esa manera, pero todas y cada una de esas veces me dio vergüenza igual.
—Suena… razonable. ¿Qué quieres decir con eso?
—Pues que Shair sería la segunda. Muy pocas veces ha dado ordenes creo… la mayoría de veces es simplemente una amiga más del grupo, que es como la que decide las cosas que hacemos ya que es la más activa en general. Siempre pienso en que si fuera por Zakko, Yaku o por mí, seguiríamos en Giruboken durmiendo en el pasto en un bosque.
Mitsune soltó una breve carcajada por eso último.
—Entonces debe ser divertido viajar con ella.
—… Sí, lo es. Sabe bastantes cosas en general, se maneja bien con el tema de los aventureros, que es como lo más importante.
—Oye, ya que me conoces más… ¿Ahora puedes responderme, no?- Mitsune pareció recordar algo que me preguntó.
—¿Qué cosa?
—¿Crees que a tu equipo le caería bien?
Me había olvidado por completo que me realizó esa pregunta.
—Eh… sí. Sin dudas. O sea, de quien más dudaba era de Yaku, pero por algún motivo te habló bastante bien. Al resto sí que le agradarías bastante.
—Tú la pintaste mucho peor de lo que fue…- Mitsune habló, respecto a Yaku.
—Es que de verdad era así. O sea, conmigo tardó como más de tres semanas en… no sé, que me dirija la palabra sin que haya nadie de por medio.
—Bueno, en cierta parte… no me quiso dar la mano…- Mitsune añadió.
—¿Ves? O sea, a mí… de hecho sí me dio la mano, creo recordar… pero en general no la da. En el Duel’Grot había uno que quería darle la mano como a todos y cada vez que lo intentó con Yaku solo recibía una mirada horrible. Igual, se lo merecía. A mí me caía mal.
—¿Cuál de todos?
—Ah, cierto que lo viste. Era Arix. El rubio.
—¿Arix? Justo… ¿Justo con el que peleaste, no?
—Sí. Ese mismo.
—Tiene sentido. Debió ser frustrante el resultado entonces.
—… Supongo. No lo pasé tan mal después de eso…- En ese momento, recordé la pequeña charla que tuve con Shair volviendo a la antecámara del coliseo. Fue tan bonita que la guardé en mi memoria. —No me frustré tanto, no.
Continuamos hablando de cosas relacionadas, sin más. Fue una bonita noche al lado de Mitsune.
Pese a que por mí nos quedábamos toda la noche, Mitsune sacó un reloj después de un rato. Era un poco más grande que el mío, y se veía hasta más… ¿Mágico?, el punto es que sacó el reloj y revisó la hora.
—¿Qué hora es?- Consulté, ya que ella estaba viendo.
—La una.- Contestó, estupefacta.
—¿¡La una!?- Me tomó por sorpresa. No sé en qué momento pasó tanto rato.
Entiendo que en el transcurso hasta el monte habrá sido como… más de una hora, porque la otra vez nos tomamos esa cantidad de tiempo más o menos, y ahora con Mitsune íbamos mucho más lento. El subir la montaña también habrá tomado un rato… añadido al largo rato que estuvimos hablando… tiene sentido, supongo.
—¿Qué te parece si nos devolvemos ya?- Mitsune propuso, levantándose.
—Claro… vamos.
El lugar se vació un poco, yo ni me di cuenta. Pese a que sí que veía gente bajando por donde nosotros subimos, nunca caí en cuenta de que se habían ido tantas personas.
—¿Por dónde quieres bajar?- Mitsune consultó.
—Eh… ¿Qué opciones hay?
—Está el mecanismo de allá. Nos deja un poco lejos del camino directo a Lusiudá, pero creo que ahí había reposadores públicos. Me gustaría pasar a uno para lavarme la cara.
—¿Entonces vamos por ahí, no?- Con ese añadido final del diálogo de Mitsune, entendí que ella prefería ir por el mecanismo ese. Que era claramente un ascensor.
—¡Vamos!- Mitsune me sujetó del brazo, y caminamos juntos.
Asumí que es una forma de tomarme de la mano sin tomarme de la mano porque todavía no era el momento de tomarnos de la mano. A pesar de que… no me desagradaría. De todas formas, no hay nadie que nos juzgase, si la mayoría de personas que quedaban eran también parejas, o eso aparentaban.
Nos encaminamos al mecanismo, y al llegar, apretamos un botón. El mecanismo subió abriendo su puerta. Era… idéntico a un ascensor, solo que su diseño era abierto. Tenía como… decoraciones de flores, y dejaba ver hacia afuera.
Cosa que no sé si me gustaba del todo, el monte era muy alto. Me causaba vértigo.
—¿Te dan miedo las alturas?- Mitsune se dio cuenta, al verme retroceder hasta la puerta y no moverme ni un milímetro.
—… No tanto…
—No te preocupes. Si por alguna razón llegase a caer, sé volar y… bueno, no he probado a volar cargando a alguien, pero… creo que podría.
—Es cierto. Eres una murciélago. Pese a que nunca vi tus alas, los murciélagos pueden volar…
—Mis alas las saco solo cuando es necesario. Al igual que mis garras. Lo único que no manejo son mis colmillos… y pues mis orejas y esas cosas.
—¿Cómo funciona eso?- Cuestioné.
—No tengo idea. No es que… haya investigado al respecto de mi cuerpo. O sea, mis garras es fácil, funcionará como algún tipo de magia y ya. Mis alas como que se contraen a mi cuerpo… y cuando requiero usarlas, las libero, dejándose ver por completo y funcionando un tanto mejor que la de los murciélagos normales porque… no soy un murciélago normal, claro.
—… Suena interesante. ¿Me las mostrarías algún día?
Al preguntarlo, Mitsune se quedó parada unos segundos, fijando su mirada en mí. A medida que bajábamos, y pese a no contestar nada, se sonrojó levemente.
—Atrevido.- Mitsune me juzgó. Por lo que sea, me imaginé que se trataba de eso.
—¡No! O sea, lo siento. No pensé mucho al momento de decir eso.
Ella procedió a observarme entrecerrando los ojos.
—Decidiré creerte…
—Pero si es la verdad…- Quería que me creyese en serio.
Un pequeño rato después, llegamos a abajo del todo. Habían pequeñas farolas, y un par de locales pequeños que iluminaban el camino. Revisando el lugar, encontré los reposadores. Que aparentaban ser… baños públicos.
—¿Me esperas?- Mitsune consultó, caminando hacia el reposador.
—Obvio, no me iría sin ti.- No sé para qué me pregunta eso, quizá solo para que le diga algo del estilo de lo que le dije. No la culpo, yo también la haría expresar cosas obvias solo porque me gusta la idea de que las diga en voz alta.
Me quedé observándola, parado en medio. Había bastante gente, para ser el lugar que era. Mitsune no tardó mucho tiempo en regresar, por suerte.
—¡Gracias por esperarme!- Exclamó ella. —Oye, recordé una parte aquí que… si no cambió nada, debe ser muy bonito. Sígueme.- Ella sugirió visitar otro lugar, yéndose por un camino diferente al que iban el resto de personas.
Era como una especie de bosque, solo que sin tantos árboles amontonados como en los de Giruboken. De hecho, pese a que no iba nadie más que ella, había un camino en el piso, como si fuese un lugar al que visitar normalmente.
La seguí, y me llevó por el bosque a un lago. Era gigante, además de muy brillante. Emanaba… una luz celeste demasiado bonita.
—¿Y esto?- Interpelé.
—¡Es un lago!- Mitsune aclaró, como si no lo supiese. —No sé si tiene nombre… y me sorprende que no haya nadie más por aquí. Sin embargo, con mis padres siempre veníamos a ver esta parte por lo brillante que era. Se nota hasta de día.
—Qué… lindo. Está muy lindo, de verdad. ¿Es agua normal o… por qué carajos brilla tanto?- Me llamaba mucho la atención ese detalle.
—No tengo idea tampoco. Pero desde hace años que está así.- Ella comento.
En ese momento, quise probar algo. Creé una roca, y la tiré al lago.
—¿Y eso?- Mitsune cuestionó.
—Ah, pero si te conté.- Yo le hablé que estaba aprendiendo magia de tierra, cuando estábamos encima del monte.
—O sea, sí. Pero… ¿Por qué hiciste eso?
—Quería ver si le pasaba algo raro a la roca. Si explotaba o algo así. Es que es muy raro… este lago.
—¿Me das una roca?- Mitsune me pidió, como si nada.
—Claro.- Y yo se la di, como… si nada.
Mitsune arrojó la roca, y así, comenzamos a rebotar rocas. Se volvió un pequeño juego supongo. Estábamos contando cuántos rebotes conseguían las rocas antes de hundirse. Bonita forma de emplear mi magia aprendida.
Desconozco cuánto tiempo perdimos en eso, mas tampoco me importaba. La pasé bien y eso era suficiente.
Después de un buen rato, nos animamos a encaminarnos otra vez. Retomamos el mismo camino, solo que ahora estaba más vacío que antes. No podría afirmar que no hay nadie, pese a que un par de locales que antes estaban encendidos ahora ya no presentaban la misma luz.
—¿Está muy oscuro, no?- Consulté.
—Sí. Mejor vámonos ya.- Mitsune no quiso prestarle mucha atención. El lugar solo con las luces de las farolas era hasta tétrico. —Se ve… linda Lusiudá desde acá, también.- Ella añadió, ya que Lusiudá se lograba ver a la distancia. Bastante distancia, eso sí.
—Sí, es cierto.- Confirmé porque… era verdad, claro. Si no, lo tendría que negar.
No hablamos mucho luego de eso, mas… creo que su brazo rozaba el mío. Yo quería hacerme el boludo, pero en ese momento, imaginaba que ella pretendía tomarme de la mano o algo así. Sobre todo por los leves roces de su mano, claro.
Por esa razón es que no hablamos. Cualquiera que hablara volvería la situación más vergonzosa de lo que lo era. Y eso que yo no estaba poniendo ningún esfuerzo, pese a que deseaba que ella se atreviese.
«Quizás… debería ser yo quien estuviese pretendiendo darle la mano».- Mi ego masculino me recordó que soy… un ser humano de género masculino.
Tras ese recordatorio, me animé a acercar mi mano a la suya. Al final, pude… tomarla de la mano, mas… la tomé de la mano literal. No era… tan romántico eso, tenía su mano en mi mano, no obstante… no me animaba a cambiar de posición. Y creo que ella tampoco.
De un momento al otro, oí algo entre los arbustos, ya que el bosque llegaba hasta donde estábamos, todavía.
—¿Eh?- Por la confusión, solté la mano de Mitsune un momento.
—¿Q-Qué pasa?- Mitsune, tartamudeando, interrogó.
—Creí… haber escuchado algo. Lo… lo siento.- Al comprender que no se trataba de nada, me avergoncé y pedí perdón por… no sé. Arruinar el momento.
Nosotros seguimos caminando luego de eso. Tardamos unos segundos en volver a lo que hicimos, y fue porque ella puso su mano en mi palma, queriendo que la tome de la misma manera.
Yo… me corregí, y junté su palma con la mía. Total, nadie nos estaba viendo. Los cagones no hacen historia, dicen por ahí. O bueno, decían, acá no usarán ese increíble dicho.
Caminamos un poco más, hasta que a lo lejos se lograba avistar a las personas. Aún no estábamos entre la multitud, faltaba un toque.
—Qué… desperdicio.- Escuché desde detrás nuestra. Mi corazón, actuó rápidamente, acelerando mis latidos. Mi cerebro, también actuó, y… activó mi instinto de supervivencia. Me sentí en peligro. —¿Rojo y negro? Aj… el rojo es un color tan hermoso como para desperdiciarlo con negro…
Al escuchar esa frase, mi cuerpo comenzó a temblar. Reconocí al instante de qué se trataba. No dudé ni un segundo, ya que el hablar incoherencias respecto a los colores… no podría ser venir de más de un ser vivo. Y menos en el monte de las estrellas, a altas horas de la noche.
El demonio de los colores, Roloq; estaba detrás nuestra.
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