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Kinokodearu - Capítulo 34

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  4. Capítulo 34 - Capítulo 34: De Color: Negro
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Capítulo 34: De Color: Negro

El demonio de los colores; Roloq, se hallaba detrás nuestra.

Yo, comencé a sentir el pánico rápidamente. No sabía qué hacer, me quedé paralizado.

—¿Qu-

Mitsune iba a hablar, pero en ese momento la sostuve del brazo con fuerza. No continuó hablando al notar el cambio brusco en mi actuar.

—¿Qué… pasa?- Murmuró, preocupándose.

No pude explicarle lo que sucedía, las palabras no me salían. Apenas percibí que se acercaba a nosotros, comencé a correr, jalándola del brazo.

—¡Corre!- Fue lo único que salió de mi boca.

No me atreví a ver hacia atrás en ningún segundo.

De un momento al otro, dejé de sentir que nos perseguían. Sin embargo, no llegué a tranquilizarme. Mitsune y yo seguíamos corriendo, ella sin entender del todo el porqué, pensaba explicarle cuando me sintiera seguro.

Cosa que iba a tardar, ya que poco después, sentí cómo algo se acercaba desde arriba. Roloq, se lanzó hacia nosotros. Como alcancé a percibirlo, usé mi magia de viento para impulsarme a mí y a Mitsune hacia atrás, cayendo de espaldas en el piso.

—¡Mitsune!- Voceé su nombre, quería explicarle para saber si ella podía hacer algo en este momento.

—¿¡Qué pasa!?- Mitsune lucía aterrada de todas formas.

—¡Es… es un demonio! ¡Hay que escapar!- Me levanté, y ayudé a Mitsune a levantarse.

—¿Pero cómo?- Mitsune cuestionó, alterándose.

Si nos devolvíamos, nos encerrábamos. A no ser que nos pasáramos por encima los locales, pero eso implicaría también perdernos en el bosque y que si alguien quisiese ayudarnos no nos encontrara. Roloq se puso adelante de nosotros, por lo que no podíamos correr hacia el resto de personas.

«Solo queda…».- Pensando en eso, volteé hacia arriba. No estaba mucho más alto que las montañas en el Duel’Grot. Sentí que podía subirme.

Roloq se nos estaba acercando otra vez, de forma muy bruta, solo corriendo hacia nosotros.

—¡Dame la mano!- Le pedí la mano, y ella enseguida me la dio. Así, antes de que Roloq nos alcanzara, usé todas mis fuerzas en aplicar mi magia elemental más potente, elevándonos por los aires.

Como no tuve mucho tiempo para pensar, y no apunté como debía, solo nos elevé hacia arriba y no en dirección a la primera parada. La habíamos sobrepasado, sin embargo, caeríamos directos hacia abajo.

En ese momento me percaté de que Mitsune se había despegado de mi lado, ya que por la fuerza no la sostuve lo suficiente. Se hallaba en el aire también, solo que más abajo que yo.

Ella fue capaz de pensar lo suficientemente ágil como para sacar sus alas y antes de que yo cayese más rápido, agarrarme y caer ambos en la primera parada del monte.

Aterrizamos horrible, pero alcanzamos la primera parada, y por ende, una altura considerable.

No quedaban personas, o no se avistaba ninguna cerca, al menos.

—¿¡Qué hace un demonio aquí!?- Mitsune exaltada, cuestionó.

—¡No sé! Ah… ¡Vámonos!- No quería dar explicaciones en ese momento, le grité que nos fuésemos y corrió junto a mí.

No quise ocupar mi viento para impulsarme, más que nada porque no quería dejar tampoco atrás a Mitsune. De todas formas, dudaba que Roloq nos alcanzara tan rápido.

—¡Ayuda!- Grité fuerte, por si había alguien que nos escuchara en ese momento. No perdía nada por intentarlo.

—¡Ayuda!- Mitsune, seguida de mí, gritó. Solo que ella lo hizo muchísimo más fuerte, y resonando, además de oírse con eco. Fue como si usase un megáfono, solo que no llevaba ni uno encima.

Me aturdió un poco, de lo fuerte que fue y de lo cerca que me encontraba de ella.

Desconozco qué tan útil fue, y no tuve tiempo para pensar en ello. El piso temblaba, y nos elevamos un poco, tanto Mitsune como yo. Volteé hacia atrás por impulso, y vi a Roloq usando una hacha robusta, cubierta de los colores de demonio; negro, gris y blanco.

Hacha la cual, Roloq estampó contra el suelo, y parecía haber hecho que tanto Mitsune como yo nos elevásemos levemente.

—¿Qué fue eso?- Mitsune cuestionó, levantándose.

—¡El demonio nos alcanzó!

—¿¡Qué!?- Mitsune se volteó también, para verlo venir hacia nosotros.

Roloq se nos acercó lo suficientemente rápido como para que apenas me levantase, no pudiese hacer otra cosa que intentar esquivar usando mi magia elemental. Causé una fuerte brisa que nos separó a Mitsune y a mí, mas logré hacer que Roloq no nos impactase a ninguno con su hacha, la cual estampó al suelo otra vez.

La estampida ocasionó que nos volviésemos a elevar, mas eso me ayudó a levantarme aún más rápido.

Roloq se fijó solo en mí, ya que era su objetivo desde el principio. Mi cuerpo temblaba, solo quería huir.

«Si dejo a Mitsune sola… ¿No pasaría nada, no? Él viene a por mí…».- Quería pensar que era así, ya que me hallaba un tanto acorralado por caer del lado del borde de la monte. Si me movía unos cuantos pasos hacia atrás, caería del monte, y no nos hallábamos para nada cerca del suelo.

El demonio tras unos leves instantes en los que me dejó respirar, volvió a sostener su hacha con firmeza, y a correr hacia mí. Yo, no supe qué carajos hacer. Me hallaba entre el hacha y el precipicio.

—¡Arrepiéntete de tu color, y ruega por que en tu siguiente vida seas uno mucho mejor!- Roloq comenzó a vociferar mientras se acercaba a mí, dejándome al borde del monte, ahora sí que literal.

Antes de ser atacado, se detuvo.

—¡Ey!- Mitsune, voceó hacia aquí, otra vez, con la voz aumentada en volumen, provocando eco, y que me sintiese incapaz de mover.

No obstante, eso fue lo que ocasionó a su misma vez que Roloq se detuviese. De hecho, se veía más afectado todavía que yo. No era capaz de deducir el porqué, más allá de que él era lo suficiente grande como para cubrirme por completo, recibiendo la mayoría del impacto.

Eso me consiguió unos segundos extra para pensar. Forcé a mi cuerpo a moverse, pese a lo pesado que se sentía aún. Apunté hacia mi lateral, para impulsarme hacia el lado contrario, usando mi magia. Lo conseguí, y Roloq seguía inmóvil.

—¡Eh!- Oí de nuevo, solo que ahora lo vi de lejos. Era… Mitsune, o como un espíritu de Mitsune. Aparentaba ser Mitsune, solo que era transparente por completo. El grito fue el mismo, solo que ahora lo realizó desde el costado en donde me encontraba yo, para evitar darme a mí.

De reojo, observé a Mitsune, quien parecía atenta efectuando su magia. Ella se dio cuenta de que la veía, y me miró también.

Ese pequeño segundo de distracción bastó como para que Roloq pudiese mover su hacha hacia arriba, y con dificultades, estamparlo contra el suelo de nuevo, irrumpiendo la concentración de Mitsune y disolviendo sus clones.

Posterior a liberarse, apuntó su hacha hacia Mitsune, cargando así una magia que detecté al instante como un rayo, ya que era idéntico a lo que hacía Arix. Mitsune se hallaba levantándose apenas, y no reconoció al momento el ataque que se le venía, ya que Roloq consiguió cargar su magia.

—¡Mitsune!- Vociferé su nombre, y por instinto, intenté desviarlo de la misma manera que al rubio en el Duel’Grot.

Resultó ser el mismo ataque, o al menos, la misma base. Por ende, fui capaz de desviarlo un poco, consiguiendo así que Mitsune no recibiese el ataque del todo.

Roloq en ese momento, se fijó en mí, que no me hallaba tan lejos y ni siquiera tuve tiempo para levantarme. Corrió hacia mí, por lo que de inmediato quise correr. Me paré, y me impulsé hacia atrás otra vez para escapar lo antes posible.

El demonio estampó su hacha en mi anterior posición, solo que esta vez no ocasionó que nos elevásemos. O al menos, yo no lo sentí.

—¡Oa!- Escuché de Mitsune, aplicando su magia otra vez, asegurándose de no darme a mí.

Aprovechando que Roloq quedaba entumecido cada vez que hacía eso, intenté hacer algo yo mismo. Como sabía que mi magia de tierra aún era de novato, imaginaba que mis rocas no harían mucho daño a un cuerpo tan robusto.

Repliqué lo mismo que antes, apuntar a la cabeza. Creando una roca, apunté, y la impulsé con toda la potencia posible al rostro de Roloq.

Acertándole, noté que cierto daño le causé. Le di en la nariz.

—¡Ye!- Mitsune reiteró lo mismo, impidiendo que Roloq fuese capaz de moverse con libertad.

Hallamos un método para incapacitarlo. Sin embargo, mi ataque era inútil. Pese a la constante ayuda de Mitsune, ella sola no estaba siendo capaz de detenerlo, y yo no hacía una mierda con mis rocas.

En ese momento, desearía saber crear no sé, un bate de piedra o… un garrote. Una barra metálica incluso, yo qué sé. Lo único que veía a mi alrededor eran pequeñas piedritas, serían incluso más inútiles que las que yo creo.

Roloq cada vez era más capaz de liberarse de los constantes parálisis de Mitsune. Poco a poco se movilizaba mejor, pese a que seguía siendo un movimiento entrecortado.

Con eso, me percaté de que su intención era destruir los clones de Mitsune estampando su hacha contra el suelo. No obstante, me envalentoné y en vez de apuntar hacia su cara, apunté hacia su mano.

En específico, la mano con la que cargaba el hacha. Si le daba un golpe duro, quizás la soltaba, o no la sostenía tan fuerte como para hacer el mismo ataque.

Otra cosa no, pero mi puntería era increíble. Le afecté el agarre, y más el constante parálisis de Mitsune, cuando el hacha tocó el suelo, no consiguió nada. De hecho, se le soltó un poco.

Momento en el que decidí que era hora de envalentonarme. Corrí hacia él, impulsándome con mi viento. y con una roca en la mano, pretendí darle con ella en el brazo, así haciendo que suelte el hacha.

Lo conseguí, y causé el daño suficiente como para que él expresara dolor. Sin embargo, él me sujetó con su otro brazo. Me sujetó tapándome toda la cara, su mano era gigante. De algún modo lograba mantenerme en el aire solo con una mano y solo sujetándome desde mi cabeza.

Me tenía como si no fuese nada. Sentí cómo sujetaba con fuerza mi cráneo, hasta me comenzaba a dificultar la respiración.

Ahí, pese a perder fuerzas, mi cuerpo ya estaba reaccionando por sí solo. Estaba horrorizado, mas mi instinto de supervivencia era más fuerte. Al tenerme frente de él, mi primera reacción fue crear una roca filosa. Más que dura, una que tuviese filo, así no importaría si era dura o no, si la clavaba, dolería.

Y no había lugar más indefenso en él, que su cara, manteniéndome tan cerca.

Roloq al notar que mi mirada cambió, ya que pretendía defenderme, quiso estamparme contra el piso.

—¡Ey!- Mitsune utilizó su magia en nuestra dirección, a pesar de darme a mí también.

Yo fui capaz de percibirlo, y antes de que llegase, la roca que sujeté en la mano fui directo a clavarla en su ojo. Todo se ralentizó, yo cayendo al suelo, y mi mano dirigiendo una roca lo más filosa que pude imaginar, hacia su ojo izquierdo.

De reojo, pude divisar a Mitsune corriendo hacia mí. Todo sucedió en cámara lenta, hasta que parpadeé.

En el abrir y cerrar de ojos, fui estampado contra el piso, y al mismo tiempo, dándole en el ojo a Roloq. Su sangre se derramaba, mas no era sangre normal Era sangre oscura por completo. Mi espalda dolió un montón, sin embargo, sentí que la pausa que hubo debido a la magia de Mitsune, ocasionó que no doliese lo que en realidad debería dolerme.

Al contrario que mi roca, ya que la impulsé al momento, con mi magia.

Olvidándome del dolor, me levanté apenas pude, y corrí a recoger el hacha que dejó tirada en lo que Roloq sufría mi apuñalada. Cuando la busqué con la mirada, Mitsune era quien se hallaba más cerca. Casi sosteniéndola, hasta que una luz creciente emanaba del hacha.

—¡Mitsune!- Mi grito fue desgarrador. Desde lejos vi cómo el rayo mágico le alcanzó.

No me dio tiempo ni a respirar, ya que al hacha le salieron cadenas del mismo tono oscuro, que al parecer estaban conectadas a Roloq. Con ellas, atrajo su hacha, y se lanzó de manera errática a por mí.

En ese momento, fue solo él, atacándome y yo pretendiendo esquivar todo. De vez en cuando me rozaba, por lo que cada vez era incapaz de esquivar con la misma precisión.

Mi cuerpo dolía, sin embargo, no dejaba de actuar.

Acabé llegando al otro lateral, chocando con el monte, viéndome acorralado. Roloq se abalanzó contra mí, y enterró su hacha en la pared de la montaña, ocasionando que cayesen pedruscos. Así, continuó persiguiéndome y apuñalando el entorno.

De un momento al otro, se cansó y cargó un rayo contra mí otra vez. Al inicio creí no tener problema en esquivarlo, hasta que cuando lo hice, regresó a mí. Era teledirigido, o eso parecía. Mi primer instinto fue replicar lo que hice en el Duel’Grot también.

Arranqué a girar, empleando viento alrededor de mi cuerpo. De esa manera, tenía el rayo mágico girando sobre mi eje. Al contrario que aquella vez, no me sentí capacitado como para dispararlo sobre Roloq. Razón por la que tuve que soltarlo sin más, impactando sobre la pared otra vez.

Los pedruscos que caían eran cada vez más grande. El problema fue que cuando quise pensar algo, Roloq ya se me aproximó. Como no sabía qué tanto espacio había hacia atrás, empleé mi magia para impulsarme y esquivarlo de manera vertical, yéndome hacia arriba.

Roloq estampó el hacha contra el piso, fallando.

«¿¡Y ahora qué mierda hago!?».- Mi cabeza gritó, en ese pequeño momento en el aire. «¿¡Y Mitsu-

Mi pensamiento se interrumpió, ya que una roca me cayó por la espalda. No dolió tanto, mas me dejó expuesto. Roloq liberó su hacha, y teniéndome en frente, me rajó todo el pecho en diagonal.

Comencé a sentir el cuerpo frío de un momento al otro. Ni siquiera me dio tiempo a reaccionar, solo veía la sombra del cuerpo tonificado del demonio. La luz era cada vez más intensa. Su hacha me había partido en dos. Por unos segundos, dejé de estar consciente.

🍄

Kairo cayó inconsciente, mas su cuerpo empezó a emanar un brillo dorado deslumbrante. Cada vez crecía más, hasta que se disipó. El pecho de Kairo mantuvo su brillo, solo que más bajo y rellenando la parte dañada.

En ese momento, Roloq sintió cómo su cuerpo era el iluminado. De forma paulatina, se acaloraba en su pecho, de manera diagonal. Crecía y crecía, hasta que se disipó.

Roloq fue cortado al medio, de la misma manera que atacó a Kairo. De su torso hacia arriba, ya no existía.

El cuerpo de Roloq cayó al piso. Y de inmediato, expulsó la sangre demoníaca, de tonos grises negros y blancos. No obstante, su cuerpo solo se regeneraba.

Tras regenerarse, dejó ver su forma. No era nada humano, mas seguía siendo igual de robusto. Tenia cuernos amarillos, y ojos en forma de cuatro pequeños círculos de cada lado.

Roloq, al ver a Kairo tumbado con la luz que lo acababa de cortar, lo miró aún más que enfadado.

—¡Basura!- Vociferó, con una voz distorsionada, y acercándose a Kairo.

—¡Te tengo!- Se oyó desde el fondo.

En ese momento, el demonio se vio incapaz de moverse, de nuevo. No obstante, no era la misma sensación, ya que su cuerpo permanecía quieto y no retumbaba. De un momento al otro, sintió cómo en su cuerpo crecía algo. Al pestañear, en su cara, creció un hongo.

«¿Qué?».- Apenas Roloq se percató, el hongo explotó, alejándolo aún más de Kairo.

Tras recibir el impacto, entendió de quiénes se trataban. Volteándose, vio tres cabelleras. La más alejada, la roja. Quien acompañaba al de negro. Delante de ella, el rosa y la de negro.

—Los de color negro son una plaga…- Roloq habló al observarles.

—¿¡De qué hablas!? ¡Mírate, eres todo negro! Excepto por… esos cuernos horribles.- Shin se defendió.

Izu, a su lado, replicó su habilidad. Dejando paralizado a Roloq. Así, dejando espacio abierto para que Shin corriese a atacarlo. La magia de Izu era mucho más fuerte en cuanto a entumecer al objetivo. Por ende, a Roloq no le quedaba de otra que recibir el primer impacto que llegase.

Shin se acercó a él, y colocó su mano en lo que creía era su cara. Creando así, una pequeña multitud de hongos amanita, los cuales reventó un par, para sacárselo de encima.

Shin era consciente del funcionamiento de la habilidad de Izu. Al mínimo contacto fuerte o daño, se liberaría. Por ende, el crearle los hongos amanita, significaría que el demonio tendría vía libre para deshacerse de la magia del pelirrosa. Por ello explotó un par para alejarlo, mandándolo al borde del monte, también lejos de Kairo.

Notándose acorralado, y en su estado más vulnerable, decidió escapar aprovechando que lo dejasen al borde de la montaña. Sin embargo, antes de lograr tirarse, Izu lo detuvo.

—¿¡A dónde ibas!?- Shin voceó, corriendo a por él, junto a Izu.

La mujer pelinegra consiguió impactarle una patada a alta velocidad, impulsada por su propia magia elemental. Lo lanzó fuertemente por el precipicio, mas no se atrevió a tirarse junto a él.

—¿Lo perseguimos? Dudo que no sobreviva, si es como una masa demoníaca extraña. De por sí, se iba a tirar si no lo tiraba.- Shin le cuestionó a Izu, una vez se acercó.

—No creo que nos convenga. Va a volver al bosque, hay que conseguir sacarlo de ahí antes de enfrentarlo. A no ser que llevemos una gran cantidad de personas, pero nosotros solo somos un par, de momento.- Izu, más frío, analizó la situación. —Pero… mostró esa forma… sin nosotros de por medio…- Cayendo en cuenta, volteó a ver a los afectados.

Izu observó a Kairo, tumbado en el piso. Tardó en reconocerlo, más que nada por la luz que emitía su pecho.

«¿Ese es… espera, ¡Es Kairo!?».- Izu se interrogó de inmediato, al identificarlo como tal.

Reconociéndolo, optó por acercarse lo más pronto posible, y así brindar su magia regenerativa.

Mitsune por su parte, al ver que el demonio se alejó bastante, corrió a ver a Kairo.

—¡Kairo!- Mitsune, más que asustada, gritó su nombre al verlo tumbado y manteniendo en el pecho la forma de un corte, con una luz brillante rara que no entendía el porqué de su existencia.

Kairo poco a poco recuperaba la consciencia, mientras más luz emitía su pecho cortado.

Izu se aproximó, y sin dudarlo, empleó su magia regenerativa. Tampoco reconocía la luz brillante, mas sí reconocía el corte.

—Déjame… ayudarlo.- Izu le pidió espacio a Mitsune.

—Claro…- Mitsune, afligida, se apartó.

Shin se acercó a la escena sin mostrar mucha simpatía. No era la primera vez que se enfrentaban a esta situación, de gente que recibía daños por los demonios que perseguían.

—¿Está vivo?- Shin cuestionó a Izu, sin un ápice de empatía.

—Sí. De hecho, creo que esta magia curativa es mejor que la mía.- Izu comentó, sorprendido al ver que no tenía ni que actuar.

—¿¡Está bien!?- Mitsune consultó exaltada.

—Sí. Kairo está bien. No te preocupes.- Izu la calmó.

—Qué… alegría…- Mitsune se sintió más que aliviada, como si se hubiese quitado una mochila con ochocientas rocas de encima, cayendo de espaldas contra la pared y apoyándose en ella. —Espera… ¿Cómo sabes su nombre?

Cuestión a la que Izu solo reaccionó mirándola, como si no entendiese la pregunta.

—¿Qué pasa?- Mitsune sin comprender el porqué la miraba así, le interrogó.

—No, es que… sí que lo conozco desde antes, pero… cuando veníamos, tú misma nos dijiste su nombre. Nos pediste específicamente que ayudásemos a Kairo…- Izu explicó.

—Ah, es… cierto…- Mitsune apenada, confirmó. —¿Pero de qué lo conoces… si se puede saber?

Izu carraspeó antes de hablar.

—¿Lo conoces?- Shin cayó en cuenta de eso, y preguntó, ya que ella no lo reconoció en ningún momento.

—Sí. No me interrumpas.- Izu le afirmó, pidiéndole que le dejase explicar de dónde. —En Giruboken, lo conocí. Incluso antes de que se realizara el Duel’Grot, tuve el placer de encontrarlo en el gremio. Y después, en el mismo Duel’Grot, lo vi antes de que iniciara, creo. Me cayó bien y creo que yo a él.

Mitsune, la mayoría del tiempo estuvo más atenta en comprobar si Kairo se despertaba que en la historia de Izu. Sin embargo, oía ya que el que hubiese alguien hablando era mejor que esperar en silencio.

—Ah, ¿Él es con quien se suponía que te ibas a encontr-

—Te dije que no me interrumpas.- Izu habló por encima de Shin, sonando más que serio y viéndola por encima del hombro.

—Uy, perdón, señor.- Shin le contestó de manera sarcástica.

—Pero sí. Después de que todo sucediera y antes de dirigirnos a Lusiudá, yo con una amiga y Kairo y su equipo, nos… ¿Afiliamos?, no… no, pero sí. Cuestión: luego de eso, no nos encontramos más. Fuimos atacados llegando a Lusiudá, por justo el mismo demonio que los atacó a ustedes ahora. Shin y yo hemos querido erradicarlo, mas necesitamos más medidas. De momento nos limitamos a ahuyentarlo y salvar las máximas vidas posibles.

—… Ya… veo…- Mitsune habló, sonando deprimida, ya que Kairo aún no despertaba a pesar de que la luz de su pecho disminuía la intensidad.

🍄

—¿Por cierto, esa magia curativa es tuya? Es impresionante.- Oí a un tipo parlotear a mi lado izquierdo.

—No… yo tampoco sé qué es esto… pero… ¿Estás seguro de que está bien?- Oí a Mitsune preguntar, de mi lado derecho.

—Sí. O… al menos está vivo. Si dura mucho inconsciente, ya no sé decirte.- El tipo le contestó.

—¿Ya está despertando, no?- Escuché también a otra chica que no era Mitsune.

Iba consiguiendo abrir mis ojos otra vez, mas todo lo que veía era borroso. Lo primero que divisé fue el cielo, notando cierto brillo dorado, aquel brillo tan reconocible.

«¿Jiko?».- Creo que así se llamaba. Cuando pensé en su nombre, logré vislumbrarle el cuerpo, y por algún motivo, era capaz de verle la cara. Me estaba juzgando. «¿Qué?».- Interpelé en mi cabeza, por si… ella tuviese la habilidad de leer mi mente.

Jiko apuntó a mí, y en un parpadeo, sentí cómo se acercó para tocar mi frente y desaparecer.

—¿¡Kairo!?- Lo segundo que vi, fue… otra vez el cielo. O… literalmente no, pero es una manera romántica de llamar a quien conocía como Mitsune. Ella se puso encima de mí, desde un lateral. Observándome.

—¿Mitsune? ¿El… el demonio?- Interrogué como pude.

—Tranquilo. Nos encargamos.- Escuché de mi otro costado, y tras revisar, era Izu. No había reconocido su voz. Algo debe de afectar el que nomás me comunique con puras minas.

—¿Cómo?- Volví a interrogar.

—No te preocupes por eso. ¿Cómo estás?, parecía un corte muy fuerte.- Izu interpeló.

—… Yo me siento bien, creo…- Me sentía medio atontado aún. —Ah, ¡Mitsune! ¿¡Estás bien!?- Recordé la última vez que la vi. No parecía mostrar… daños, más allá de un par de raspones en su cara.

—Sí… me arde un poco la cara… pero aparte de eso estoy bien… Me alegro que tú también…- Mitsune se expresaba de una manera tan aliviada que casi me lo contagiaba y todo.

Toqué mi pecho por encima, sin comprender porqué todavía seguía pegado al resto de mi cuerpo. No me dolía como tal… sin embargo, no… lo sentía del todo.

—¿Y ustedes de dónde salieron?- Cuestioné a Izu y a la otra tipa que… no sé si habré visto en toda mi puta existencia.

—Ah, oímos el grito de la chica a tu lado. Hemos estado patrullando los alrededores del monte bastantes días consecutivos, ya que el demonio se apareció por aquí. Al oírla, vinimos corriendo.- Izu me explicó.

—… ¿Y de verdad está todo bien ya? No me siento… seguro.- Interrogué para que me lo confirmase.

—Bueno, el demonio siempre prefiere escapar cuando se encuentra en esa forma. Seguramente sea su lado frágil y debamos matarlo estando así.- Izu me resolvió la duda.

—¿Y por qué lo dejaron escapar?

—Porque no nos conviene. Ya lo… intentamos antes, yendo al bosque. Ahí, Shin perdió su brazo.

—¿De qué hablas?- La mujer de pie un tanto más alejada de nosotros que no reconocía, habló. Entiendo que se llama Shin. Y entendí que tenía los dos brazos, además.

—De nada.- Izu negó haber dicho algo en algún momento. El loco me mintió en la cara.

Intenté sentarme en el piso, ya que me sentía un tanto mejor. Revisé mi pecho otra vez, pero no había nada raro. De hecho, hasta me percibí más ligero que antes. Eso sí, tenía unas ganas de… vomitar, o algo así, impresionantes.

—¿Quieres que los escoltemos? Dudo que el demonio vuelva a aparecer al menos por ahora. Así que nosotros nos iríamos de todas formas.- Izu me propuso.

—… Supongo que estaría bien.- Acepté.

—Bueno, los esperaremos allá, antes de bajar.- Izu apuntó hacia… el pequeño espacio plano que había antes de seguir subiendo el monte. —Más que nada para que… conversen ustedes y esas cosas, que la chiquilla de aquí luce con muchas ganas de hablarte.- Refiriéndose a Mitsune.

—Gracias.- Le agradecí, y observé cómo se iban.

Antes de poder voltearme, Mitsune se abalanzó sobre mí, abrazándome.

—¡Kairo! ¡Fue horrible!- Mitsune voceaba mientras me acariciaba el cabello. O eso… quería pensar. En verdad, parecía que quería comprobar si estaba completo o algo así. —¡Me preocupaste muchísimo!

—… Oye, Mitsune.- No supe qué decirle al respecto, pero yo también estaba preocupado por ella pese a que me dijese que se encontraba bien. —¿De verdad tú estás bien? O sea… no me fijé bien qué pasó luego de que te diese el rayo ese…

—¡Que estoy bien! ¡Me arde la cara y todo eso pero el tipo de pelo rosa me curó y no pasó a mayores!- Mitsune mantenía su constante tono afligido. No llorando, mas… pareciera.

Ella se alejó un poco de mí para verme a la cara. Sí estaba llorando, sí.

—Mitsune…- Me dolió verle así.

—¿¡Qué!?

—Estoy bien. Te lo juro. Si tú estás bien, entonces estamos bien los dos.- No sé qué dije. Fue tan obvio que hasta me dio vergüenza luego de haberme expresado así. Eh… no sé qué dije.- Eso último lo murmuré.

—Pero… fue horrible… ¿Por qué… tú y tu equipo los buscan? ¿Pueden ganarle a eso?- La preocupación de Mitsune no disminuía.

—… Y la verdad es que… no sé. Creo que era por tener un propósito, además de que nos ofrecieron bastante dinero… pero… sí es cierto que no creo que podamos ganarles así.- Le di el punto a Mitsune, ya que tenía razón para mí.

De todas formas, ella y yo solos no lo hicimos tan mal contra él… o eso creo.

—Seguro que… más temprano que tarde nos replantaremos eso… ahora, no quiero pensar en nada más que… irme a dormir.- Añadí.

—¿Quieres dormir?- Mitsune me consultó, como si… se le hubiese ido por la borda un plan con mi afirmación.

—¿Por? ¿Querías hacer algo a esta hora?

—Es que… a mí se me fue todo el sueño.- Mitsune poco a poco se calmaba, o al menos su voz me daba a entender eso.

—… Supongo que a mí también. No tendría problema… aunque ya les dije que nos siguieran…- Antes acepté sin pensar el que nos escoltaran. Ahora con esto, no sabía cómo decirles que no quería que nos siguiesen.

—Bueno, podemos decirles… puedes decirles que nos sigan hasta Lusiudá y que ya de ahí nos sentimos bien como para irnos solos.- Mitsune sugirió, corrigiéndose al inicio.

—Sí, tengo yo la culpa.

—¡Tú le aceptaste!- Mitsune saltó a justificar el que me cargase la culpa.

—¿Y qué fue lo que dije?

—Ah… pensé que era sarcástico.

—¿Qué clase de persona crees que soy?- Interpelé, con una sonrisa fingida para seguir sobreactuando.

—No me vengas con esas.

—¿¡Se quieren apurar!?- Escuché desde el fondo, interrumpiendo el momento.

Era Shin quien nos gritó. De reojo vi cómo Izu le metió una palmada en la cabeza a Shin, por descortés. Merecido.

—Cierto. ¿Vamos?- Le pregunté a Mitsune, levantándome.

—Vamos.- Mitsune, ya calmada por completo, me sonrió y caminó junto a mí.

Caminé junto a Mitsune, sintiendo de verdad el cómo mi cuerpo estaba como nuevo. Parecía que acababa de resucitar… o algo similar.

—Oye. ¿Qué fue esa magia? Fue… demasiado útil.- Recordé la magia de Mitsune, que aturdía al demonio.

—Es… es de lo que te hablaba. ¿Viste esos clones? Puedo… ajustarles la voz y… usarla para defenderme o para simplemente hacer coros y cosas así. Es muy útil, ya lo he probado antes.- Mitsune me explicó, haciendo gestos inconscientes con sus manos que me parecían tiernos.

—Tiene sentido. Qué loco, hasta sabes más magia que yo.- Me expresé como si no me importase, pero por dentro me sentía inútil.

Ojalá soñara con que disparo rayos laser de los ojos o creo portales. En vez de eso, sueño con un bicho sin forma que.. solo recuerdo… dos figuras. Decidí dejar de intentar recordar más, apenas sentí un escalofrío.

—No digas eso. Eres increíble peleando de todas formas. Pero… si aún no has creado tu magia única… quizás podrías investigar al respecto. Digo, estuviste leyendo un libro de magia elemental de tierra, ¿No?, podrías investigar libros de magia y… quizás eso te inspire a saber qué clase de magia te gustaría… podría ayudarte, no sé. Solo digo.- Mitsune parecía avergonzarse un tanto después de ese monólogo.

—… No sé. Supongo que lo tendré en cuenta…- Respondí medio cortante ya que estábamos a nada de alcanzar a Izu y a Shin.

—¡Hola! ¿Ya?- Izu voceó.

—¿Ya qué?- Cuestioné al instante.

Solo conseguí que Izu no expresara ni una emoción.

—Sí, ya.- Izu afirmó, para luego ponerse a bajar el monte.

Shin lo siguió, y por ende, Mitsune y yo a ellos. Al menos, teníamos el espacio para seguir caminando juntos. Veía de reojo a Mitsune y ella a mí.

Aún con… lo que me contaron, no podía estar del todo confiado hasta que regresásemos a Lusiudá. De reojo observaba para todos lados, aún si Mitsune solo me miraba a mí.

—¿Qué haces? ¿Sigues alerta?- Mitsune cuestionó en voz baja, ya que teníamos la conveniente distancia como para que no nos escuchasen los otros dos si disminuíamos el volumen.

—Un poco… no sé cómo tú puedes estar tan tranquila.

—Bueno, sigo atenta yo también. Estoy escuchando todo lo que puedo. De hecho… seguramente él te vaya a hablar en un segundo.- Ella apuntó a Izu.

—Oye, Kairo.- Y en efecto, Izu me habló.

—¿Cómo supiste?- Interpelé a Mitsune en voz baja.

—Le oí hablarlo con la chica antes de hacerlo.- Mitsune me explicó.

—Tiene sentido.- Lo tenía, sí. —¿Qué?- Elevé el volumen para hablar con Izu, que se hallaba bastante delante nuestra.

—Hay… varias cosas que quisiera hablar contigo, pero creo que la que más me importa ahora es… ¿Has visto a Sein? No aparece desde hace un tiempo considerable como para que me preocupe.- Izu consultó por Sein.

—Ah, cierto… justo hoy iba a ir a la posada donde se quedaba contigo. Se quedó con nosotros estos días.- Le hice saber.

—Me lo imaginé. De todas formas, me alegro de saber que está bien… aunque… ¿Dijiste que fue a nuestra posada? ¿Cuándo fue eso?

—Imagino que… por como… las ocho de la noche o algo así.- Especifiqué.

—¿Y son… ¡las tres de la mañana!?.- Izu se detuvo unos segundos a revisar la hora. —Qué pena. Asumí que no llegaría hoy y me permití estar hasta estas horas… al menos salvé a sus amigos, tengo excusa.

—Yo no sé de quién hablan.- Mitsune añadió, solo que en exclusiva para mí, porque lo dijo en voz baja. —¿La mencionaste en algún momento?

—Eh… creería que no…

—¿Y por qué?

—Por nada en específico.

Mitsune pese a mi plena seguridad al momento de decirlo, desconfió un poco, ya que se me quedó mirando.

—Por cierto, ¿Quién es ella?- Cuando Izu me consultó por Mitsune, esta volvió a mirar hacia al frente.

—Es… eh…- Lo más fácil era declarar que era mi amiga… solo que con ella misma evitó esa palabra, así que supongo que lo correcto con sus sentimientos sería que la evite también. —Es complicado.- Me negué a valga la redundancia, complicarme más la existencia. Así que lo definí así.

—¿Es tu chica?- Izu se volteó, para juzgar mi reacción y entender el porqué me costó decirlo.

No contesté, mas elevé los hombros y no pude evitar sonreír un toque.

—Ya veo. ¿Y el resto de tu grupo?- Él seguía interrogando.

—Estarán en nuestra posada. Yo salí a solas con Mitsu… ne.- Me costó decir su nombre, sobre todo porque no quería revelarlo. El problema fue que en el mismo momento recordé que lo grité antes al despertarme, así que daba igual.

—Oí que un grupo de Giruboken se ofreció a cazar demonios…

—Sí.- Lo interrumpí, ya que imaginé qué era lo que iba a preguntar.

—¿Por qué?- Él cuestionó con mi confirmación.

—Porque… a Shair le interesó y… en realidad, a todos nos interesó. Pero… desde que comenzamos a encontrarnos a los demonios… creo que es un tema que vamos a conversar otra vez. No sé si continuemos con eso.

—¿Qué? ¿Por qué?- Izu se oía semi decepcionado, como si esperase que continuásemos buscando demonios. —¿… Ya vieron a más de uno?- Luego, repensó mi respuesta y dedujo eso.

—Sí. Bueno, vimos… como grupo a uno o dos, pero yo vi a tres.

—¿¡Tres!?- Izu reaccionó más que sorprendido.

—¿Qué?- Mitsune también se sorprendió, a mi lado.

—¿Ustedes no vieron tres?- Comencé a cuestionarme mi mala suerte.

—Solo vimos a Roloq y a Val-hen. ¿Cuáles vieron ustedes?

—Bueno… con Zakko, estuvimos toda una tarde con Zeroth, de hecho. Luego… con el grupo entero vimos a… la de kimono… ¿Cómo se llamaba?

—Sacqui.- Izu me recordó el nombre.

—Sí, esa. Aparte de a ellos, pues a Roloq ahora, claro.

—¿Cómo que toda una tarde con Zeroth?- Shin fue quien interceptó ahora, interpelando.

—Sí… no nos atacó ni nada… pero depende a quién le preguntes, habrá preferido que lo atacasen. A mí por ejemplo.

—¿Y qué pasó con Sacqui?- Izu interrogó.

Creo que Izu entendió el porqué dudaba de que siguiéramos buscando demonios, cuando mi mirada cambió al oír su pregunta.

—Eh… no sé. Muchas cosas, preferiría olvidarlas.- Contesté cortante.

Izu luego de verme unos segundos, entendió mis pocas ganas de hablar del tema, y las respetó. Lo poco de camino que quedaba fue más o menos en silencio, me permití ver las estrellas todavía.

Mitsune a mi lado, estuvo la mayor parte del tiempo volteando hacia mí y hacia el frente. Sus orejas de vez en cuando se movían, dándome a entender que permanecía alerta de cierta forma. Me llamaban mucho la atención.

—¿Qué ves?- Mitsune consultó al notar que me detuve a divisar sus orejas. Manteniendo el volumen bajo.

—¿Si se mueven es porque escuchas algo o… algo así?- Le interpelé, apuntando a sus orejas.

—… No necesariamente.- Mitsune contestó sin responder del todo.

«¿Por qué me llaman tanto la atención?».- Interpelé con mi voz interna. Nunca me detuve del todo a fijarme en sus orejas, creo. «¿Serán duras? No pareciesen»

—Mitsune.- La nombré.

—¿Sí?

—¿Qué tanto te molestaría si alguien tocase tus orejas?

Mitsune no comprendía el porqué de mi duda.

—No sé. Depende de la persona, supongo. ¿Por qué preguntas eso? ¿No… sería lo mismo contigo? ¿A ti te da igual si alguien que no conoces empieza a tocarte las orejas?

—Poniéndolo así… sí suena horrible. Pasa que las tuyas están más expuestas.

—¿Y por qué preguntas ahora?- Mitsune insistió en la consulta, ya que no se la respondí. Al instante, tomó mi mano con suavidad, y habló. —¿Quieres tocarlas?

Permití que elevase mis manos lentamente hacia su cabeza. Me sentí… algo incómodo… o no sé si era esa la palabra. Mi cabeza tocó su cabello, y era cosa de que yo me acercase a sus orejas, las cuales, se movían de vez en cuando.

Comprendía que tenía el consentimiento de Mitsune, solo que… por algún motivo, la situación se volvió… tensa, o no sé. Debería ser algo más normal, o sea, yo no sé si sería lo mismo que ella toque mis orejas.

—Kairo.- Se oyó de Izu, quien volteaba.

Mitsune y yo cambiamos de postura al instante. Mitsune comenzó a ver el cielo y yo escondí mi mano como pude. Tenía vergüenza, dudo que me haya ruborizado pese a eso. Mitsune sí que lo estaba un poco.

—¿Q-Qué?- La tensión de ese momento provocó que tartamudeara.

—¿Sein de casualidad… quiere unirse a tu equipo?

—¿Ah?, ah… sí. Justo para eso fue Sein a… verte.- Tardé unos segundos en asimilar lo que preguntó.

—… ¿Quieres acompañarme? Digo… será más fácil que lo hable con ella si uno del grupo al que se quiere ir está presente.

—Pero… yo no soy el líder.- No sabía cómo decir que no. Sobre todo porque en ese momento me fijé en Mitsune, quien me observaba para que me negase y fuese con ella. O… eso es lo que me daba a entender.

—No, pero… al menos, podríamos planificar una reunión, la… reunión que debimos planificar antes.- Izu insistió. —Y en esa reunión concordar que Sein se vaya con ustedes.

Suspiré, ya que tenía sentido para mí.

—¿Y no podemos planificarla ahora?

—… Supongo, mas no sé, imagínate que Sein no quiera o algo así. Yo a ustedes no los he visto, sería más difícil todavía. ¿Tienes sueño o algo así? ¿Quieres irte a dormir?

—No… no específicamente eso.- Vi de reojo a Mitsune.

—Ah, ya entiendo. ¿Ella sí quiere irse?

—No, no…- Mitsune elevó la voz para negarse ella misma.

—¿Y te molestaría acompañarnos?- Izu le preguntó a ella

—… Supongo que no…- Mitsune contestó con duda, observándome a mí.

—¿Ella forma parte de tu grupo o es una chica que conociste por ahí?- Izu me cuestionó. —No recuerdo haber visto a ninguna pelirroja contigo en el Duel’Grot.

—La conocí en Lusiudá, sí. Y… he hablado a solas con ella. No conoce mucho a ninguno de mis compañeros aún.

—¿”Aún”?- Izu reiteró mi última palabra.

—¿Qué?- No entendí porqué lo hizo.

—¿Le interesa unirse a tu grupo también?

—Eh… no es… el plan…- Observé de reojo a Mitsune otra vez. Su expresión no me dejaba del todo claro que mi respuesta fuese la correcta, mas en ningún momento hablé al respecto con ella. Tampoco tenía pinta de querer ser aventurera.

—Ya veo, ya veo. ¿Qué otra cosa más… a ver…?- Izu aparentaba indagar en su cabeza buscando alguna interrogante que hacerme.

Ya lograba vislumbrar la entrada a Lusiudá, el piso se volvía el mismo que el de las calles de esta. Mi cuerpo se sentía menos tenso y en general me calmé bastante más.

—¿Entonces estos días estuvieron buscando demonios también?- Izu reiteró una información que ya se le había dado. Solo que me hizo dudar de que se la diese en primer lugar… a pesar de que yo podría afirmar que sí.

—Sí.- Asentí sin más. Tampoco me moría si se lo recordaba.

—¿Por qué… tuvieron tantos problemas con Sacqui? ¿Sabes qué magia tiene?- Izu quiso la confirmación para indagar en ese tema.

—Eh… no sé en verdad. Lo único que le vi hacer primero fue… o sea, lo más importante, es que implosionaba las cabezas de la gente. No sé si solo las cabezas, tampoco usó una técnica explosiva ni nada así. Fue… implosión las dos veces, creo.

—¿Y cómo lo activaba? ¿Algún patrón en las dos veces?

—… Asumo que era con el roce. A una la tenía en las manos… y… el otro es un poco complicado de explicar…- No sabía de qué manera especificar lo que sucedió con Zakko.

—¿Por qué?- Izu notó que tardé en seguir, así que consultó.

—Es que… bueno, supongo que estaba dentro de él, así que habrá tenido contacto. Sin embargo, solo explotó su cabeza, y de ahí se liberó.

—¿Cómo que dentro de él… ah, Zakko? Espera, ¿Zakko explotó?- Izu concluyó.

—¿¡Zakko murió!?- Mitsune a mi lado se alarmó al instante.

—¡No! No… él está bien ahora. Fue… raro, pero… él estaba incapacitándola tragándosela en… su forma slime y eso. No pudo ya que esta se resistía, y cuando parecía que lo logró, a los segundos su cabeza explotó y una forma como de baba negra, gris y oscura salió de su cabeza, escapando del lugar.

—O sea que lograron dejarla igual de indefensa… pero… ¿Zakko estuvo bien luego de eso o se tuvo que recuperar?- Izu interrogó.

—Se tuvo que recuperar.- Respondí.

—Ah, qué pena.- Izu creyó que había encontrado una solución fácil, y se decepcionó al ver que no fue así. —Por cierto. Lograste dejarlo así tú solo, ¿No?

—¿Así cómo?

—No… no sabemos cómo llamarle aún, pero… esa forma indefensa que muestran cuando pierden su cuerpo humano. Es lo que muestran de colores oscuros además del blanco.

—… ¿No? Es que… o sea, asumo que sé de qué hablas, pero… yo no dejé a nadie así.

—Cuando nosotros llegamos Roloq estaba así, cerca de ti…- Izu no comprendía, la situación, y lo malo es que yo tampoco.

—Ah, no sé. No creo que haya sido yo, debió ser Mitsune.

—No, yo tampoco estuve ahí en ese momento.- Mitsune me negó el comentario al momento.

—Entonces ni idea.- Me rendí. —Pero yo con suerte sé usar mi magia elemental. De hecho… es algo que estaba pensando. Quiero aprender magia. Sea cual sea, quiero tener algo con qué defenderme. Solo sé moverme rápido y crear rocas así.- Le hablé a Izu, a la vez que creé una roca en la palma de mi mano.

—… Y no sé. ¿En algún momento has sentido que tienes muy buena visión?- Izu se apuntó a los ojos.

—… No.

—Entonces yo no puedo ayudarte. Aunque… eso era magia de tierra, algo sé. Es mi elemento después de todo.- Izu añadió.

—De hecho, Shin tiene tu elemento. Ella podría enseñarte algo de eso.

—¿Qué?- Shin, quien se había adelantado hasta a Izu, miró por encima del hombro hacia atrás.

—¿En qué momento te adelantaste tanto?- Izu le voceó. —Uh… ya llegamos a Lusiudá.- Y en efecto, habíamos llegado.

La ciudad estaba como si nada. Era… bastante bonito de por sí, sobre todo cuando no eras atacado por un demonio hace media hora al menos. Si no tuviese a Dios de mi lado estaría muerto… y no sé si ese comentario es literal, pero a este punto…

—¿Entonces, vienen con nosotros? O los acompañamos hasta donde ustedes quieran.

Vi a Mitsune, ya que después de todo, yo quería estar con ella. Si ella estaba cómoda siguiéndolos, creo que lo prefería. Mitsune se dio cuenta de que la observaba y también me vio a mí.

—Eh… supongo que lo primero… o no sé. A mí no me importa.

—¿Vamos con ellos?- Le interpelé, de forma directa.

—No tengo problema.- Y ella accedió.

—Está bien, entonces, sígannos.- Izu expresó.

Y así, Izu y Shin caminaban delante de nosotros, y… pues, nosotros, detrás… de ellos, claro…

Saqué el reloj para ver qué hora era, notando que eran las tres y cuarenta y nueve de la mañana. Casi las cuatro. En verdad, eso me sacó todo el sueño de repente. El cansancio no, mas el sueño sí. Y de todas formas, Mitsune se dormía bastante tarde de por sí, así que por ella no me preocupo.

Toqué por encima mi pecho otra vez, y nada. La sensación en la garganta y estómago no se iba de todas formas.

«Y si tuviese que vomitar… ¿En dónde carajos lo hago?».- Caí en cuenta, al no existir inodoros ni nada en los baños. «Tocó en un callejón de Lusiudá. En un basurero o algo así. Cualquier cosa hace menos de dos semanas dormía en el piso, uno no deja de ser vagabundo tan rápido»

Oía a Izu y Shin murmurar frente a nosotros. Sin embargo, no lograba identificar lo que decían.

Mitsune por su parte, caminaba bastante tranquila a mi lado. Divisaba las tiendas que seguían encendidas, desde fuera.

—Che, Izu.- Se me escapó.

—¿Cómo?- Izu volteó, confundido.

—¿Dónde queda tu posada más o menos?

—Ah, no te preocupes. No queda muy lejos del monte de las estrellas.- Izu aclaró, sin aclarar, porque no me solucionó nada.

Continuamos caminando. Ya no sentía mis piernas. O en verdad sí las sentía, solo pretendo exagerar lo tanto que caminamos.

Mitsune y yo solo intercambiábamos miradas de vez en cuando, mas ella sonreía cuando me miraba, y yo a ella. Con eso me bastaba para entender que estaba a gusto a pesar de no tener ni puta idea de lo que va a suceder ahora mismo. Más que nada porque ni yo lo sabía.

No sé ni cuánto pasó, mas seguimos caminando un rato.

—¡Llegamos!- Izu exclamó.

—¿Ah?- Me había atontado el resto del trayecto.

—Que llegamos. Acá es, entren.- Izu junto a Shin entraron a la posada.

Era… bastante más pequeña que la nuestra, al menos desde fuera. Al entrar, había una sala principal también, solo que un tanto más apagada. Izu pasó directo, y a Shin ni la alcanzaba a ver, asumí que entró también. Mitsune y yo pasamos siguiendo a Izu, quien fue a la sala de las habitaciones.

La iluminación era hasta lúgubre. Si antes pensaba que la zona verde que había en la parte de las habitaciones de nuestra posada era increíble, ahora lo pienso más. Esto solo era un pasillo con habitaciones y una luz amarillenta más deprimente que algo que da demasiada depresión.

Nos aproximamos a una de las esquinas, en donde había una escalera. Subimos, y ahí el lugar era un toque más bonito. Era más amplio y más cuidado, no sé porqué abajo era tan feo. Será más barato, quizás.

Caminamos hacia una de las puertas e Izu comenzó a abrirla.

—Ya está, pasen.- Izu nos pidió, abriendo la puerta.

Mitsune me veía, queriendo que pase primero yo. Así que eso hice, y ella me siguió. No se escuchaba nada de fondo, salvo a una persona moviéndose y como que preparando algo. Era bastante menos espacioso que nuestra habitación, refiriéndome a mi posada.

La entrada de por sí era solo hacia la izquierda, era un pequeño pasillo. Caminé derecho porque no había otra forma de hacerlo, y salí. Era una habitación medio cuadrada, con una cocina y una sala de estar en la misma zona, casi. Solo lo diferenciaba un pequeño muro abierto que servía como mesa también, y claro que habían sillas ahí.

Me moví hacia el sofá, para que Mitsune también viniese conmigo. De reojo percibí unas puertas al fondo, e imaginé que serían las habitaciones para dormir. Al menos habían unas cuantas, así que entiendo que Sein tendrá la suya propia.

Ya es más que nuestra posada, supongo. Aunque a mí no es que me moleste dormir en la misma habitación. Mientras sean distintas camas no me importa.

—¿Shin? ¿Sein?- Izu voceó sus nombres, tras cerrar y acercarse al centro del cuarto.

Mitsune y yo estábamos parados como giles al lado del sofá. Ni ella ni yo nos atrevimos a sentarnos sin pedir permiso.

—¿Qué hacen? ¿Por qué no se sientan?- Izu cuestionó luego de voltear hacia nosotros.

—Ah, sí, claro.- No sabía qué decir, pero el que nos diese permiso me alivió.

Tanto Mitsune como yo nos sentamos, el uno al lado del otro. En ese momento pensé en lo parecido que eran los nombres de Shin y Sein. Es como si fuese a propósito.

«Ahora que lo pienso… ¿De dónde salió el nombre de Sein? Ella se llamaba… N… aomi, creo…».- Caí en eso. «Bueno, se lo preguntaré»

—Oye, ¿Sein no estará dormida de casualidad?- Interpelé a Izu, ya que gritó como si nada.

—¿Qué? No. Está despierta, la estoy viendo.- Empezó a usar su magia de visión para ver a través de la pared. Eso se sentía… bastante raro. No sé si me gustaría coexistir con alguien que tenga esa habilidad… aunque ya es muy tarde para negarme a que Sein venga con nosotros.

—Voy a comprar jugo. Tengo sed.- Shin salió de su habitación, con un tono bastante serio mientras cerraba la puerta y se colocaba un abrigo verde entero.

Tenía raros… ¿Pliegues?, en… los laterales de su brazo. Aparte de eso, el resto de su abrigo era plano. Y el pantalón era de un morado bastante apagado.

—Está bien. Compra de manzana.- Izu le decía, entre tanto Shin sacaba la llave y se la llevaba.

—Ni de broma. Es horrible.- Shin se fue, cerrando la puerta tras negarse a comprar el que Izu pidió.

—¡Compra de manzana!- Izu exclamó, y al ver que cerró en su cara, suspiró. —Bastarda.- La puteó.

Me causó cierto grado de risa.

—¿Hola?- Sein salió de su habitación.

—¡Sein!- Izu la saludó desde aquí. —Ven.

—Ahí voy.- Sein cerró su puerta, al parecer, no estaba preparada del todo.

Hubo un silencio que parecía permanecer hasta que Sein saliese.

«Bueno, al menos iré buscando Binmet desde aquí».- Iba a sacar mi brújula del bolsillo. Comencé a toquetear mi bolsillo, y no estaba. Toqué mi otro bolsillo, y tampoco estaba. «… La puta madre».- Fue mi conclusión al percatarme de que o la perdí otra vez o nunca la encontré.

—Mitsune. ¿Sabes en qué calle estamos?- Interrogué a Mitsune.

—Creo que sí. Sé llegar hasta Temnib al menos.- Mitsune me contestó con el tono de voz bajo, al igual que yo lo había hecho.

—Ah, qué alivio.- Sé llegar a la posada desde la casa de Mitsune, así que me salvó la vida. Como por… segunda vez este día. O hasta tercera, depende qué tan estricto me ponga.

—Hola, ¿Por qué tardaste tan… to…- Sein había salido de su habitación, y se acercó a nosotros. Cuando nos vio a Mitsune y a mí, alargó la última vocal por confusión. —¿Qué haces aquí? ¿Quién… es ella?- Me cuestionó.

—Bueno… es largo de ex-

—Verás, a ese par de tortolitos los atacó un demonio. En específico, el de los colores. Nosotros, Shin y yo, estábamos paseando por ahí, y fuimos capaces de ayudarles. Les dijimos que podíamos escoltarlos hasta donde ellos quisiesen, pero una cosa desencadenó en la otra y… los trajimos a aquí, en específico a Kairo, para que hablásemos de lo que me quieres hablar.- Izu me interrumpió, pero lo dijo mejor de lo que yo lo hubiese podido decir, más que seguro.

—Ah. ¿Y de qué se supone que quiero hablar…?- Sein interpeló. —Espera, ¿Tortolitos?- Sein volteó hacia mí, sorprendida.

—¿Qué es un tortolito?- Mitsune me preguntó de fondo.

—Eh… no tengo idea de qué habla.- Me hice el tonto. O quizá no me hice, tal vez era otra cosa diferente a lo que pensaba.

—Y espera, ¿¡Te atacaron!?- Sein cayó en cuenta de lo más importante. Ya decía yo, le importó más lo de tortolitos que literalmente dijesen que me atacó el diablo en el monte.

—Ah… sí. Casi muero y así, pero no te preocupes, estoy vivo.

—¿¡Cómo que no me preocupe!?- Sein se exaltó, acercándose a mí. —¿¡Por qué fuiste a un lugar peligroso!?

—No te importa.- No le importaba, no.

—¿¡Cómo que no me importa, desgraciado!?- Sein casi que me escupía. Lucía como experimentando una combinación de preocupación y molestia.

—No pienso hablar más de eso.- Me negué a discutir. Ya sabía que no debí permitir eso, pero… también era mucha mala suerte que justo lo encontráramos.

—Pero… Kairo… ah…- Sein suspiró, y se sentó en un sillón al lateral nuestro.

—¿Por qué parece que le importas mucho?- Mitsune me susurró confundia.

—Es que… bueno…- No sabía cómo explicarle el porqué le importa que siga vivo. —Cuando volvamos a tu casa te explico.

—… Está bien.- Mitsune ahora sí que parecía un tanto celosa. O eso entendí yo, tampoco soy… psicólogo.

Izu carraspeó.

—¿Ya?- Preguntó, tras sentarse en el sofá de delante del de Mitsune y yo.

—Sí.- Sein asintió.

—Ajá.- Y yo asentí.

—Bien. Entonces… Sein. Lo haré rápido. ¿Querías irte con ellos, no?- Izu le cuestionó a Sein.

—… Sí.- A Sein le costó admitirlo, y lo hizo en voz baja.

—Bueno, no tengo problema. De por sí noté que esa semana que ibas y venías te sentías mucho mejor con ellos. Tampoco es que… cómo decirlo.- Izu se detuvo antes de soltar una locura como “Tampoco es que me importe”. Podría meter la mano en el fuego, de que iba a decir eso, antes de recapacitar.

—Entiendo que te sientas muy alejada con nosotros. De hecho, creo que te lo habría sugerido yo, si es que no pensabas irte tú misma. Lo hubiese hecho una vez nos reuniéramos con Dearu completo, pero… surgió todo lo de los demonios y esas cosas, y nunca más los vi a ellos, hasta ahora, que encontré a Kairo.- Izu comentó.

—¿Entonces no te molesta?- Sein, aún insegura, quiso asegurarse.

—Ni un problema. Solo sería cosa de… hablarle a Shair, que es su líder, y que te apuntes como de su grupo frente al gremio. No sé si necesita mi firma también… tal vez sí, de todos modos, podemos hacerlo cuando nos juntemos. El siguiente punto a tratar era… eso mismo, hablar con Kairo para conversar qué día podía ser.

—¿… Entonces?- Sein volteó hacia mí.

Yo no sabía qué carajos decir en este momento.

—Kairo.- Izu me mencionó.

—¿Qué pasa? ¿Qué?- Me asusté. No sé porqué, mi cuerpo se había dormido y que me nombrasen me despertó.

—¿Pueden… no sé, el jueves?- Izu consultó.

—¿A qué día estamos?

—Lunes doce. O bueno, martes trece ya, por la hora.

—Ah… supongo que sí. El miércoles íbamos a salir, justamente, con Sein, creo. El jueves en teoría no tenemos nada, le diré a Shair que ese día nos juntemos con ustedes.

—¿En el gremio, no?- Izu cuestionó.

—Claro. Es lo más fácil.- Y yo confirmé.

—Bueno… creo que era solo eso.- Izu parecía concluir la conversación. —Tampoco tenemos mucho más que hablar… aunque, Kairo, ¿Querías aprender magia, no? Shin era de tu mismo elemento… estoy seguro de que puedo convencerla para que te enseñe, si tú quieres.- Ofreció.

—… No sé… si estoy seguro. A no ser que sea contigo cerca o algo así.

—Supongo que puedo estar. Siempre eres bienvenido a aquí. Shin es dura pero no te va a asesinar con sus propias manos, ni nada similar. Cuando te conozca te tratará mejor.- Con su descripción, sonaba como si se tratase de Yaku. Increíble, otra mujer complicada. Para variar.

—Ya no sé si quiero…- Me arrepentí, en voz baja.

—Volví.- Shin se apareció, abriendo y cerrando la puerta, con una bolsa de compras.

—Ah, mira. Justo estábamos hablando de ti.- Izu le… no le saludó, pero le parló.

—¿De qué hablabas de mí? Fanático.- Shin le interrogó a él.

—¿No compraste jugo de manzana?- Izu estaba usando su magia de visión en la bolsa. Lo noté porque le vi los ojos.

—Te dije que no lo haría. Por ahí dicen que quien avisa no traiciona.- Shin tiró tremenda frase.

—Muy cierto.- Se me escapó la reafirmación en voz baja. Era solo para mis pensamientos.

—¿Hay fiesta en la posada o qué? ¿Por qué tanta gente? No traje jugo para todos.- Shin expresó, al ver a cuatro personas sentadas en la sala de estar.

—Sí trajiste, hay un montón de jugo ahí.- Izu la desmintió.

—Izu, mira mi dedo.- Shin le dijo que lo hiciese, y levantó el dedo del medio. Tremenda maleducada. Aunque sí me dio un toque de risa.

Posterior a eso, Shin se fue a la cocina, dejando la bolsa ahí.

—Voy a… convencerla.- Izu se levantó para convencerla de que me enseñase magia.

—Pero…- Yo, arrepentido, quería avisarle que no quería. Sin embargo, ya era muy tarde, ya había llegado a la cocina.

Ahora, nos quedamos los tres, Mitsune, Sein y yo, en la pequeña sala de estar.

—Kairo… ¿Quién es ella?- Sein me murmuró desde la distancia.

—¿Ella es Sein, no?- Y Mitsune me murmuró desde cerca. Aunque lo suyo no tenía sentido, claramente la llamaron Sein bastantes veces ya.

—Sí.- Le confirmé a Mitsune, sin decirle nada en voz alta solo porque… no tenía ganas en ese momento, por supuesto…

—¿Sabe mi nombre y yo no el suyo? ¿Quién es?- Sein se exaltó un poco, al ver que no le respondí.

—Es…- Tardé unos segundos en pensar lo que quería decir. —Es mi guacha.- Le murmuré a Sein, con una palabra que esperaba que solo ella entendiese.

—¿Qué? ¿¡En serio!?- Sein, por suerte, sí lo entendió.

—No. Sin embargo…- Hice gestos, buscando darle a entender que… no lo era, pero algo así.

—¿Qué dijiste?- Mitsune interrogó.

—Se llama Mitsune, y… la conocí por Lusiudá… no la conoce nadie más de mi grupo, o bueno, Yaku ya habló con ella pero… tampoco mucho más.- Ignoré la duda de Mitsune para presentarla mejor ante Sein. —Y ella, es Sein. La conocí en Giruboken, junto a Izu. No forma parte de nuestro grupo pero como oíste, pronto lo hará, ya que le cae bien a… Shair. Y a Zakko un poco.- Y presenté a Sein con Mitsune.

—Hola.- Sein la saludó.

—Hola…- Mitsune devolvió el saludo, volteando hacia mí. —¿Por qué no la mencionaste antes?- Me susurró.

Hice un poco de tiempo a ver si conseguía evitar tener que responderle. No sé porqué no la nombré, tampoco lo hice por nada en específico. Nomás, no es que… haya hecho mucho Sein… el problema sería que decir que no hizo mucho estando ella presente capaz le sienta mal. A pesar de que sea verdad.

—Te la quería presentar mejor cuando se uniese a nuestro grupo oficialmente. Antes… pues… ya sabes, era más como… una persona externa a nosotros, no sabía siquiera si iba a continuar, sabes.- Le murmuré lo más bajo posible para que Sein no me escuchase.

—… De todas formas, pudiste haberla nombrado o algo…- Mitsune incidió.

—Bueno, lo tendré en cuenta para las siguientes ocasiones que se dé algo así. Lo siento.

—¿Por qué se hablan como si no estuviese aquí?- Sein interpeló.

—¿Escuchaste algo de lo que dijimos?- Fue mi primer duda.

—No. Por eso pregunto.- Sein resolvió mi duda y me calmó, por lo que sea.

—Ah, menos mal.

—¿Cómo que “menos mal”? ¿Qué dijiste?

—Nada.

Hubo otro silencio momentáneo, aunque de fondo se escuchaban parloteos entre Izu y Shin.

—¿Cuánto tiempo más vamos a estar aquí?- Mitsune se me acercó para murmurarme otra vez.

—No sé. Estoy esperando a que Izu me diga algo, supongo.- No supe responderle.

—¿Entonces sí quieres que te enseñe esa chica?- Mitsune me cuestionó. Desconozco en qué tono lo hizo, no obstante, lo hizo.

—… No sé. Si me puede enseñar magia que me sirva para defenderme… sería muy útil, en serio. Por eso… supongo que estoy esperando.

—¡Kairo!- Oí a Izu elevar la voz, llamándome.

—Ah, mira. Me llaman. ¿Te molesta si te dejo sola?- Le cuestioné a Mitsune.

—Eh…- Ella vio de reojo a Sein. —Descuida, estaré bien. Solo… no tardes mucho.

—No lo haré. Espérame.

Me levanté, yéndome con Izu y Shin. Tampoco estaban tan lejos, solo lo suficiente como para que al hablar no se escuche del todo en la sala de estar.

—¿Qué pasa?- Interrogué una vez me les acerqué.

Izu miró a Shin, quien tenía la mirada perdida hacia la mesa de la sala de estar. Habían unas flores ahí, eran lindas.

—Habla.- Izu apuró a Shin, moviéndola para que reaccione.

—Ah, sí. ¿Quieres que te enseñe magia?- Shin reaccionó, y me preguntó.

—… Supongo. Si no te molesta, claro. Me gustaría… aprender más que nada magia que me ayude a defenderme… mi elemento no me sirve mucho para eso, o no sé técnicas para eso.- Le especifiqué lo que quería.

—¿Tu elemento era viento?

—Sí.

—Está bien. Es fácil enseñarte, dudo que me tome más de uno o dos días en los que vengas un rato y ya. Sobre todo si es la magia elemental.- Shin aceptó de… casi que de mala gana. No sabría si afirmarlo de esa manera, sin embargo, no me daba muy buena pinta.

—Y… ¿A qué hora podría venir si eso?

—Con que no vengas después de las… no sé, seis de la tarde, estará bien. – Shin afirmó.

—… Bueno…- Asentí, ya que tampoco sabía qué más decir. —Izu, creo que ya nos iremos. Le diré a Shair y a los otros lo del jueves.

—Vale, compañero.- Izu por algún motivo cambió su acento y su forma de hablar. O… no sé si su forma de hablar, no he conversado tanto con él.

Solo lo observé raro unos segundos, para volver con Mitsune y Sein.

—No creo que pueda, lo siento. Iré con mis papás, aunque si es como dicen, quizás nos encontremos allí.- Escuché a Mitsune hablar.

—¿De qué hablan?- Cuestioné.

—¿Van a ir a Bardelarte el catorce?- Mitsune me interrogó en vez de responderme.

—Ah, sí.

—¿Por qué no me lo dijiste?

—¿… No lo hice?

—¡No!

—Juraría que lo hice…

—Yo juraría que no.- Mitsune se molestó conmigo.

—Pero…- Quería justificarme, mas vi que Mitsune se estaba haciendo la dolida mirando a cualquier lado menos a mí.

Volteé a Sein, ya que seguramente era su culpa. Su mirada de vuelta la delató sola, pues alzó las manos como si no tuviera nada que ver.

—Te voy a matar.- Le murmuré.

Sein solo se rio. Creo que no entendió que era una amenaza.

—Mitsune… si no estás tan molesta conmigo, quería avisarte que ya podemos irnos.

—¿¡En serio!?- Mitsune se volteó hacia mí emocionada.

—Uh, eh… sí, sí…- Me sorprendió su cambio de… ánimo.

—¡Bien! ¡Chao, Sein!- Mitsune fue la primera en irse de la habitación.

—¡Chao!- Sein se despidió también de ella.

Mitsune cerró la puerta, entiendo que me esperaría afuera.

—¿Se hicieron amigas?- Le cuestioné a Sein.

—… No diría que somos amigas… pero hablamos. Es agradable. Deberías presentársela al resto.

—En algún momento lo haré.

—El catorce.

—Cierto. Le hablaste de eso. ¿Ese día vas a venir con nosotros?- Le interrogué, para saber.

—¡Claro!- Asintió con gusto.

—… Está bien. Hasta entonces, supongo. Yo me voy con Mitsune.

—Chao, Kairo. Cuídate. En serio, por favor.

—Sí, ya entendí. Descuida.- Me estresó un toque que me lo pidiese tanto. —… Pero gracias. Cuídate tú también. Chau.- Me dio pena después responderle tan feo.

Me despedí de ella, y Mitsune estaba fuera.

—¿Vamos?- Mitsune, sonriente, me preguntó.

—Sí. Vámonos ya… que es bastante tarde.

Así, Mitsune y yo salimos de la posada.

—Oye, Mitsune.- Le nombré.

—¿Sí?

—¿Sabes cómo se llama esta calle?

—Tanár.

—Ah, gracias. ¿Qué tan lejos está de tu casa?

—Unas cinco o cuatro cuadras. En verdad, el pelirrosa ese mintió. Está casi igual de lejos del monte de estrellas que mi propia casa.

—… Claro. Por eso decía que caminamos tanto, no podía ser que yo aluciné o algo así.

Mitsune y yo después de esa conversación, nos encaminamos hacia la casa de ella. Las calles eran tranquilas por aquí, no se hallaba cerca de ningún lugar transitado por demonios. Eso me calmaba, asumo. Qué estrés de día.

Eso sí, el acabar con… suena horrible. El finalizar el día con Mitsune lo hará mucho mejor. Esta sola caminata me brinda la paz necesaria como para que me vaya a tumbar en la cama sin pensar en nada más.

—Kairo…- Ella me llamó.

—¿Sí?

—¿Entonces van a ir a Bardelarte el catorce? ¿Qué van a ir a ver?

—Eh… no tengo idea. Creo que el acto que salía en la portada esa grande…

—Oh, entonces no veremos lo mismo. Qué pena.

—¿No? ¿Qué vas a ir a ver tú?

—A mí me encanta un artista desde pequeña, y justo va a hacer un show allí. No es… tan conocido, creo. Al menos no como la que está en la portada. Mis papás me llevaron a un show de él y no he dejado de escuchar sus canciones desde entonces.

—¿En serio? ¿Cómo se llama?

—Muri.

—Muri… veré si encuentro algo de él.- Quería recordar su nombre.

—Cuando entres a mi casa, te enseñaré la música que escucho de él.

—… ¿Y eso cuándo era?

—El viernes.

—Oh, en poco.

—Sí. En ese momento, será más divertido cuando vengas a casa. Incluso, si logro conocer más a tus compañeros, podrían venir todos a pasar un rato.

—… Suena bien. Espero que se dé el momento en el que pueda presentártelos y presentarte a ellos.

Se efectuó un pequeño silencio de nuevo. Nada incómodo, caminar con ella era abrigador. Las luces de Lusiudá eran bellísimas. Aún si… no fue el mejor día posible, siguen dándome una vibra que… me agrada. Caminar al lado de Mitsune la hacen aún mejor. Qué bueno que no le pasó nada grave a ella.

«¿Eh?».- Sentí que algo rozó mi brazo.

Me extrañó, hasta que noté que era Mitsune, queriendo juntar su mano con la mía. Sin decir nada, tomé su mano sin vergüenza, solo que ahora bien. No sé… no sé cómo llegué a estar así con ella. Sin embargo… no me desagrada. Me gusta.

El camino fue muy corto a partir de ese momento. Sentí como si hubiese durado entre uno y cero segundos, no logré disfrutar del todo el calor que brindaba su mano a la mía. Acabamos llegando a su casa.

—¿Mañana vas a venir a mi casa?- Mitsune cuestionó, en su puerta.

—Obvio.- Le aseguré.

—Qué bueno. Esperaré para verte. Y… lo siento por… llevarte a un lugar tan peligroso.

—¡No te… no te preocupes! Me… me encantó de todas formas. O sea, creo que posiblemente debí haber muerto si es que no lo hice… pero… estoy vivo que yo sepa y… tú estás bien… no sé… solo, si salimos a otro lugar, dime a dónde será antes. Para saber si es seguro o no.- Intenté que no se culpara por eso.

—Lo haré. Aunque… a ti te toca elegir lugar. ¡Yo ya elegí dos!- Mitsune me deseó lo peor; escoger un lugar para una cita.

—… Está bien, buscaré un lugar seguro y bonito.- No sabía cómo carajos buscar eso. A veces toca mentir y ya.

—… Y si… bueno, te lo diré mejor en otro momento.

—¿Qué cosa?- Hablé por encima de ella, ya que me dio curiosidad.

—Te lo diré en otro momento.

—Dime ahora.

—¡En otro momento!

—¡Dime!- Insistí.

—… No quiero. Te dejaré con la duda, para que tengas un motivo para seguir hablándome.

—… Pero… no nece- Me detuve al negar que necesitase un motivo, ya que ella estaba sonriendo mientras lo decía. Lo hizo exclusivamente para que yo soltase un comentario vergonzoso al respecto. No le iba a dar el gusto.

—¿Qué estabas diciendo?

—Te lo diré en otro momento.- Se la devolví.

—¡Oye! ¡No me hagas eso tú!

—Ah, no sé yo. Es para que tengas un motivo para seguir hablándome.

Ella sonrió de todos modos.

—Está bien. Me quedaré con la duda entonces.- Mitsune se adentró un poco más en su casa, mientras hablaba con un tono bonito. Su voz era bonita de por sí, supongo que su tono normal es un tono bonito para mí. —Buenas noches, Kairo. Descansa.

—Descansa, Mitsune. Buenas noches, y hasta… más tarde.

—¡Hasta más tarde!- Mitsune se despidió del todo, cerrando la puerta lentamente.

Yo, no me detuve ni un segundo a sentir cómo se oía el viento, ya que eran como las cinco de la mañana o cerca y no quería que se me aparezca el diablo. Lo único que me apetecía era… llegar a la posada y tumbarme en la cama.

Por suerte recordaba el camino a casa sin la brújula. Y la posada era bastante reconocible.

Como si de un sueño se tratase, conseguí de una jodida vez llegar a mi posada. Pasé la sala principal, la muy bonita zona verde esta que ahora la disfruté muchísimo más debido a la paz que me daba. Por Dios, qué día horrible.

Abrí la puerta de la habitación de habitaciones, para cerrarla con llave después. Revisé la hora de reojo, y eran en efecto, las cinco de la mañana. Cinco y veinte. Por obvias razones, no había nadie despierto.

O eso creí, hasta que me dirigí a la recámara. Solo divisé a Shair. Por curiosidad, salí de la recámara y fui a la cocina o algo así, a ver si veía a alguien. Estaba vacío, aunque habían tazas en la mesa y una bolsa de comida abierta.

No tengo motivos que me hagan deducir que es de ahora y no de antes, ya que falté como ocho horas o más. Sin embargo, algo me hacía pensar que era de ahora. De todas formas, preferí no molestarme e irme a dormir.

Fui a la recámara de nuevo, y me preparé para tumbarme en la cama. Me arropé, y mirando al techo, me quedé dormido.

Pese a intentar convencerme de que no me preocupase por ellos, era un tanto difícil.

«Cuando Yaku le dijo de salir por la noche… imaginé que sería bastante más temprano que ahora».- Me hablé a mí mismo en mi cabeza propia. «No debería preocuparme, ellos son conscientes de los lugares peligrosos. A saber qué bobada estarán haciendo a estas horas de la noche. Si cuando despierte siguen sin aparecer, me preocuparé de verdad».- No conseguía convencerme.

Aún sin convencerme fui capaz de conciliar el sueño. Más que nada, intercambiando entre la preocupación y pensamientos acerca de cualquier otra estupidez. O… de Mitsune. Claro. El pensar en ella me daba la paz que necesitaba por alguna razón. Aunque no le contaría a nadie en el mundo ese detalle.

Ni a ella, seguro.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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