Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Kinokodearu - Capítulo 35

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Kinokodearu
  4. Capítulo 35 - Capítulo 35: Desde La Mazmorra
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 35: Desde La Mazmorra

Luego de comer lo que preparó Shair, me dirigí al dormitorio para conversar con Zakko. Pensé en despedirme bien de Kairo, pero estaba con la chica de pelo café. Por lo que preferí pasar de largo.

—¿Zakko?- Lo llamé, mientras cerraba la puerta del dormitorio.

—Hola.- Él me respondió.

—Te traje… sopa.- Coloqué el plato en la mesa de noche cerca a su cama.

—Gracias.- Me agradeció con un tono afable.

Me acerqué a mi cama, y busqué el reloj que me compró Shair el otro día. Con el reloj, miré la hora. Eran las seis y media, prácticamente. Desconocía cuál sería el plan de Shair ahora, con lo que quedaba de día.

De todos modos, dudaba participar. Quería tan solo… adelantar la hora y… que sea el momento indicado para salir con Zakko. A pesar de que ahora no me apetecía hablarle ni a él.

Desde hace días que me siento un poco… desconectada de todo. La salida con Kairo no me ayudó como creí que lo haría. Pese a… lo que me divertí en ese momento… me siento desganada de todas formas.

Las escasas fuerzas que conseguía bastaban solo para ir a la cocina y comer lo que preparaba Shair. Tenía entre cero y nada de motivación.

Al menos, estando a solas con Zakko en el dormitorio, era capaz de sentirme cómoda, o… lo suficiente como para poder adoptar otras posiciones en mi propia cama. Cuando la chica de pelo castaño vino y se pusieron a jugar un juego de mesa, no me atreví a mirar algo que no sea la pared.

Permanecí bastantes minutos solo cambiando de posición en mi cama, acabando en su mayoría mirando el techo. Era la que más fácil me dejaba el no pensar en nada, manteniendo la mirada perdida.

—Yaku.- Escuché de Zakko.

—¿Qué?

—¿No quieres hablar?- Propuso charlar, Zakko.

—… ¿De qué?

—No sé. No te ves… muy bien.

—¿Qué quieres decir con eso?

—Que me preocupa que no estés bien.- Se preocupó por mí, Zakko.

—… No te preocupes por eso.- Insistí.

—¿… Querías salir conmigo por algo en específico?

No supe responderle al momento.

—No es por algo en específico… pero…- Hablé sin saber del todo qué respondería. —… solo quiero… salir un rato solo contigo. Si luego… sucede algo… no lo pensé así.

Divisé a Zakko, quien estaba sentado en su cama, viéndome.

—¿”Sucede algo”?- Él mencionó algo que dije.

—Ignora eso. No sabía qué decir.

—Está bien.

Sentí que Zakko intentaba contestar un tanto serio, pese a que yo prefería que me hablase como siempre. Y aún si yo era consciente de que diciéndoselo lo solucionaría, no me permití mencionárselo.

Me hallaba cansada tanto de forma emocional como física. Tal vez le estaba hablando de cierta manera que hizo que él se preocupe, sin notarlo.

—¿Tú comiste, no?- Preguntó, Zakko.

—Sí.

—… Yaku.

—¿Qué?

En ese instante, Zakko se quedó callado, solo observándome.

—¿Qué pasa?- Insistí, confundida.

—Te noto rara.

—No sé de qué hablas. Estoy igual que siempre.

—No, para nada.- Zakko estaba convencido.

Actué de desentendida pese a que era claro que no estaba igual que siempre. No sé si es tan obvio o algo así… pero el que Kairo lo notase ayer y Zakko ahora… me alegraba un poco.

—Oye, voy a… dormir.- Le avisé.

—Está bien. Descansa y duerme bien.

Tras oír esas palabras, me reconforté y me recosté mirando a la pared, de nuevo.

No me dormí en ningún momento. Solo… no quería hablar. O… no quería hablar de eso, y estaba segura de que si seguíamos charlando ahora, Zakko no dejaría de insistir en que me sucede algo.

Cosa que es verdad. Sin embargo, no pretendía hablar de eso. Ahora.

Al menos, la cama era lo suficiente cómoda como para que me pudiese recostar tanto tiempo seguido sin sentir un malestar ni nada. Era hasta agradable el solo hecho de hallarme acostada.

Es frustrante el no poder dormir pese a lo tanto que me… distrae. Necesito urgentemente dormir para olvidar lo que me atormenta, aunque sea las horas que dure dormida. Lo difícil ahora es el hecho de poder dormir con todos esos pensamientos merodeando en mi cabeza.

«Salir con Kairo no funcionó para nada. Pude… haber dejado que me animase, mas no me atreví a soltarme con él. Quizás podría intentar salir con Shair… pero estoy segura de que sería más de lo mismo».- Pensaba, a la vez que me volteaba en mi cama un segundo. Ahora estaba recostada viendo al resto del cuarto, y por consecuente, a Zakko.

«Ni siquiera sé porqué espero que con Zakko sí me atreva a soltarme. Es… en quien más confío, de largo, supongo. No creo que solo eso baste para que me vea así. Siento que ahora es algo mucho más… serio, en comparación al resto de veces que podré haberme mostrado afligida con él. Que tampoco son muchas…».- Pensaba entre tanto lo veía sentado en su cama.

Zakko en ni un momento se dio cuenta de que lo observaba. Él solo tomaba sopa, sin mucho más.

«No sé porqué… pero… de algún modo, siento que con él sí podré… incluso si tampoco es que lo conozca mucho más que al resto, pese a no saber de él, tal vez… el hecho de que me recuerde a…».- Cada palabra que soltaba en mi mente impulsaba a que me percibiese frágil. Lagrimeé un poco, y mis ojos ardieron de manera leve.

Aún así, el tiempo transcurría súper lento. Volteaba en mi cama de vez en cuando, la mayor parte del día Shair permaneció fuera del dormitorio. Eso me dio a entender que seguía con la chica de ojos naranjas fuera.

Zakko tampoco hizo mucho más, se estiró un par de veces. Antes se levantó de la cama y caminó unos segundos. Pensé en hablarle en ese momento, mas lo evité. Al menos sé que se encuentra bastante bien, como para caminar.

No tenía pensado hacia dónde ir con él, si es que salíamos, que bueno, era mi idea. Tampoco habré ido a muchos lugares que no conozca a él, por no decir que a ninguno aparte del parque Coen al que ya fui con Kairo dos veces. Me agradaría mucho más salir con Zakko a algún lugar que no conozca ya.

La idea era difícil, y más cuando no sé qué tan seguro es el resto de la ciudad, quitando las zonas que recorrían los demonios. Lo único que me reconfortaba era que esos lugares se hallaban lejos de aquí, por lo que no llegaríamos sin querer, solo caminando hacia algún lado.

Y pese a que me gustaría caminar con él, preferiría hablar. Y si hablásemos, preferiría que sea en algún lugar privado o que no transitara mucha gente. Sobre todo por el hecho de que quizás… sí pueda… sentirme bien con él.

De un momento para el otro, dejé de oír a Zakko haciendo cosas. No sabía si seguía despierto, ya que me hallaba recostada en dirección a la pared. Cambiarme tan rápido de posición podría delatarme de ser el caso en el que él se encontrase despierto.

El tiempo pasó, y Shair acabó adentrándose en la habitación.

—¡Zakko!- Exclamó, Shair.

Apenas entró, me hice la dormida. No fui capaz de ver sus movimientos, mas sí oía sus ruidos y comentarios.

—¿Zakko?- Percibí que Shair se acercó a Zakko. —¿Estás dormido?

Zakko se había dormido.

—¿Yaku?- Ahora me nombró a mí. —Hmm… bueno, si de casualidad alguno de los dos se está haciendo el dormido y no quiere hablarme por alguna razón, que sepa que iré de compras. Si ninguno está despierto, espero que estén soñando cosas bonitas. Los quiero.- Se despidió, Shair, cerrando la puerta.

Su última frase generó en mí una sensación abrigadora. Mis ojos se pusieron un tanto lagrimosos al oírlo.

El tiempo transcurría tan lento que era desesperante. Cuando me cercioré de que Zakko permanecía durmiente, revisé el reloj de reojo. Eran apenas las ocho de la noche.

Como Zakko seguía dormido, además de que Shair y Kairo salieron de la posada, me dieron ganas de pasar tiempo en la sala de estar. Al menos era más cómodo el pasar tiempo ahí, además de que podría comer algo si me apetecía.

Así, pasé la mayor parte del resto del día. Caminando por la sala de estar y la cocina. Llevaba el reloj conmigo, para asegurarme de que no se me pasara la hora. Tras ver que pasaron dos horas desde que Shair salió, decidí irme de nuevo al dormitorio, ya que en cualquier momento llegaba Shair.

Quería evitarla, pese a que me cayera bien. Muy bien, además. Solo que… ahora solo me interesaba perderme.

Hice bien, ya que cuando regresé al dormitorio y a mi cama, después de unos minutos oí a Shair entrar. Supe que se trataba de Shair, ya que gritó “¡Llegué!” cuando, valga la redundancia, llegó.

Tras otro par de minutos, Shair regresó al dormitorio y llamó a Zakko y a mí.

—¿Alguno despierto?- Habló, Shair. No tuvo reparo en parlotear en voz alta en medio de la habitación. Si no estábamos despiertos, ella pretendía despertarnos hablando tan alto.

Escuché a Zakko balbucear.

—¿Zakko?

—¿… S-Shair…?- Zakko la nombró de vuelta, sonando muy dormido.

—¡Zakko!- Shair se acercó a él, seguro que a abrazarlo.

Luego de unos segundos sin oírles más que los leves sonidos de felicidad que emitía Shair, esta parloteó.

—¿Quieres ir conmigo a la sala de estar? Te sientes mucho mejor, ¿Verdad?- Shair le ofreció a Zakko.

—Claro. Vamos.- Y aceptó, Zakko.

Así, Shair abandonó la habitación. Por algún motivo, percibía que Zakko me miró antes de salir del dormitorio, no obstante, no pronunció ni una palabra. Cerró la puerta, y me quedé sola allí.

Era muy difícil hacer tiempo sin entretenerme con nada, y mucho menos pudiendo dormir. Extrañaba dormir de manera plácida.

La habitación estaba vacía, Kairo no se hallaba en la casa, solo Zakko y Shair. Al menos, ya se había ido la chica de ojos naranja.

Saqué mi nube luego de un rato sola, y me puse a jugar con ella, para perder el tiempo. De vez en cuando ojeaba la ventana, esperando ver algo. No sé ni qué, solo… esperaba ver algo.

Pasó el tiempo. Por más aburrida que me encontraba, no era capaz de conciliar el sueño. Zakko y Shair ya se habían recostado juntos y todo. Eran cerca de las doce de la noche apenas.

Que Kairo aún no llegase me preocupaba, o al menos lo hacía de manera leve. Desconocía qué clase de relación tenía con Mitsune, mas lucía bastante… envidiable, creo. Me gustaría formar una relación de esa manera. Ni siquiera tiene porqué ser romántica, aunque la de ellos sí la parecía.

Zakko es mi relación más íntima, asumí. Pero a él lo estaba escuchando murmurarse cosas con Shair. Tampoco… nada muy allá, sin embargo, estaba claro que esos dos tarde o temprano se iban a estar dando de besos.

No era un impedimento para que mi relación con Zakko se fortaleciese, o eso me gustaba pensar. Aún así, era difícil para mí pensar en ello. Sobre todo porque cada vez siento que Zakko pasa menos tiempo conmigo por pasarlo con ella. E incluso pasarlo con Kairo.

Por más que intente también pasar tiempo con el resto… no es lo mismo. No llego a sentir tal nivel de conexión… o quizás ese no es el ejemplo. Mas era lo único que podía llegar a pensar, del porqué quería pasar tiempo con Zakko pese a estar pasándolo con el resto de gente.

«Creo que… me siento sola».- Deduje luego de un buen rato hundida en mis pensamientos. «Desde la mazmorra que es así. O incluso desde antes, muchísimo antes. Extraño mucho a… mis papás. No sé si extraño a mis amigos, pero… tal vez sí los extraño. El único que me ha hecho sentir que no estoy sola es alguien que ahora pienso que no soy tan importante para él como lo es el resto».- Comencé a sugestionarme.

Para ese punto, Zakko y Shair estaban dormidos. Ninguno de los dos oía mis pequeños llantos ahogados.

«¿Por qué me cuesta tanto hacerme amiga de los otros? ¿Por qué me cuesta tanto… expresar mis sentimientos?».- Pese a estar lagrimeando, quería evitar que los otros dos me escuchasen. «No sé… no sé porqué no dejé que Kairo me animase. O no sé porqué… simplemente no fui con Zakko y Shair para hablar un rato de cualquier cosa. Ni siquiera tenía que tratar de mí…»

«¿Por qué me tuvo que pasar esto a mí? Yo no le hice nada malo a nadie… yo quisiera… que mi papá me abrazase… o que mi mamá me consolase… y en vez de eso…».- Entre llantos ahogados, vi de reojo hacia Zakko. Mi mente permaneció en blanco unos segundos, solo observándolo.

«Quiero… quiero…».- Repetía en mi cabeza, cada vez llorando más. «Por favor… quiero… que me abracen y… y…»

Mi cabeza retumbaba cuanto más fuerte deseaba que me consolasen. Así, hasta que de alguna manera conseguí conciliar el sueño. Acabé cayendo en la cama, encima de las mantas.

Pese a haberme estado muriendo de sueño, no pude dormir mucho. Me desperté esa misma noche, sudando frío, con los ojos llorosos y pesados. Divisé el reloj por un instante, para percatarme de que era la una de la madrugada.

Dirigí mi mirada hacia Zakko, quien permanecía dormido, aunque ahora separado de Shair, por lo que sería más fácil despertarlo.

Sin embargo, decidí primero mojarme la cara y despertarme bien. Así, pensaba ir hacia el reposador para mojarme la cara y prepararme aunque sea un poco. Salí del dormitorio, y caminé hacia el reposador.

Fui capaz de percatarme que Kairo no se hallaba ni en la cama ni en la sala de estar, por lo que por mi cabeza pasó el pensamiento intrusivo de que quizás le sucedió algo. Pese a tampoco ser mi mejor amigo ni nada… no me gustaba esa idea. Me cayó lo suficiente bien como para querer que siga vivo.

También observé que había una bolsa en la mesa de la sala de estar. Era más ropa todavía, aunque esta era morada, igual que mi cabello y mis ojos. Tal vez podría pensar que era mía, mas no tenía manera de confirmarlo, por lo que la dejé ahí y fui al reposador de una vez por todas.

Encendí la luz, y cerré la puerta. Me acerqué al lavamanos y me miré al espejo. Estaba… horrible. Tenía unas ojeras horrendas. Mi cabello siempre fue desordenado, mas ahora se veía feo. No sabría decir el porqué, solo que en lo habitual, era más lindo. Me pesaba hasta la boca, era imposible mantener una sonrisa para mí.

Verme de esa manera en el espejo me desalentó. Me gustaba creer que era un tanto linda, al menos, no era fea. Y ver esto en el espejo demostraba todo lo contrario.

Por más que intenté que las ojeras no se notaran tanto, no había modo de… reducirlas siquiera. Mucho menos desaparecerlas. Quise peinar mi cabello, aunque fuese con la mano, mas no conseguí mucho cambio.

Estuve… unos minutos viéndome al espejo. Ni siquiera divisando algo en específico, solo… tenía la mirada perdida. La llave abierta, y la luz deprimente encendida.

Pensé en darme una ducha, mas no había ningún producto para el baño. Era algo que había que comprar, y estaría dispuesta a comprarlo hasta yo. Me sorprende que no lo haya hecho Shair ni nadie hasta ahora.

Luego de unos minutos cuestionándomelo, decidí darme una ducha igual. Al menos, mojarme un poco más el cabello. No me sirvió de nada. Estando de pie en la ducha, con el agua cayendo por todo mi cuerpo, no hacía más que deprimirme más.

Eso, y darme frío. Tuve que cerrar la llave para secarme y vestirme.

La calidad de la ropa de Lusiudá era increíble, me di cuenta. Sobre todo por el cambio que percibí luego de no llevarla puesta. Lo abrigadora que era me gustaba mucho. Y el llevar esta ropa también me daba un tanto de… alegría

Que fuese una ropa idéntica a la de Shair era lo que me producía alegría. Siempre pensé en ir a juego como algo que me gustaría. Y que encima fuese Shair quien me lo pidiese me entusiasmó aún más.

Al salir del reposador, pasé a la cocina, para prepararme algo para beber. Serví agua en la tetera para hacer té, y en lo que hervía, buscaba maneras en las que poder despertar a Zakko sin problemas.

«”¡Ey! ¿Te acuerdas que te dije de salir en la noche? Bueno… ¡Ya es la noche, salgamos!”… No. Muy… impropio de mí. Lo peor que me podría pasar ahora mismo es que me vea como a una Shair dos. Sin ofender a Shair, por supuesto. Ella es agradable siendo así».- Caminaba en círculos hasta descubrir el mejor plan para despertar a Zakko sin que se molestase ni nada.

«”Oye. Despiértate, fracasa-“… Eso también es impropio de mí… o me gusta pensar que lo es. Al menos a Zakko no lo despertaría así».- Una idea que descarté en el mismo instante. «”Em… Zakkito-” Su nombre suena horrible de esa manera. Nunca lo pensé, ocupar su nombre en diminutivo. Pero pensándolo, los de todos suenan mal… Shaircita, Kairocito… ¿O sería Kairito?, ¿Cuál sonará peor todavía?»

La tetera ya hirvió, mas no le presté atención por haber conseguido una distracción pensando en la manera en la que iría a despertar a Zakko. De todos modos, cuando ya hirvió muy feo, me percaté, y la apagué.

«… ¿Y si lo muevo hasta que se despierte y ya? ¿Se molestará si no le digo nada?».- Cuestioné a mí misma, más en serio. «Eso haré. Total, lo peor que puede pasar es que me escupa. O… bueno, dependiendo de hasta qué punto hablemos, por poder, podría asesinarme, supongo»

«En realidad, estoy haciendo mucho problema por algo que no le importará tanto a él».- Concluí, y me dirigí al dormitorio para despertarlo.

Estando ya en el dormitorio, me acerqué a él y lo moví despacio. Como no notaba ni una diferencia, lo agité un tanto más fuerte, y lo nombré.

—Zakko.- Murmuré, para que se despertase.

Ahí fue cuando percibí que su expresión cambió, pues estaba despertándose. Él se hallaba recostado en dirección opuesta a la mía, por lo que cuando se despertó, volteó para verme.

—Zakko.- Lo volví a nombrar.

—¿Yaku?- Él utilizó el mío. —… Es cierto. ¿Quieres salir ya?

No le contesté de forma verbal, solo asentí con la cabeza. Él entendió, y se levantó de la cama empleando su forma limo. Una vez se bajó de la cama, volvió a su forma humana, para caminar junto a mí hacia afuera del dormitorio.

—Zakko.- Reiteré su nombre, una vez más.

—¿Qué pasa?

—¿Quieres té?- Le ofrecí, mientras lo llevaba conmigo hacia la cocina.

—… Estaría bien, supongo. Me duele un poco la garganta.

Pasamos por la sala de estar, y de reojo vi la bolsa otra vez.

—Ah, Yaku, por cierto… Shair te compró ropa, no sé si la viste.- Zakko recordó, al verme divisar la bolsa.

—¿Solo a mí?

—No, a todos. Pero podrías probarte la tuya si quieres.- Él expresó.

Me detuve unos segundos, ya que sí estaba interesada. Acercándome a la bolsa, sostuve una camisa comprensiva de manga larga y cuello alto. Era la ropa morada que visualicé por encima.

—¿Esto es lo mío?- Pregunté, con la ropa en la mano.

—Sí. Eso y… la camiseta blanca. Shair dijo que la otra vez te probaste algo así con ella y mencionaste que te gustó. Por eso te la compró.

Hurgué en la bolsa, hasta encontrar la camiseta que mencionó.

—¿Es esta?- Sujeté una camiseta celeste, bastante claro, pero era celeste.

—Sí.- Afirmó, Zakko.

—Es celeste.

—… No parece.

—Claro que lo parece, es celeste claro.

—¿Eso existe? Pensé que de por sí el celeste era como una versión clara del azul.

—Obvio que existe. ¿Por qué no lo haría?

—Bueno… asumí que era como… decir negro oscuro, o algo así.

—… Pues, de hecho…

Paré de hablar en el momento en el que Zakko posicionó su mirada sobre mí, una mirada que me dio a entender que mejor me detuviese.

—También hay un pantalón gris.

—Ah, se ve bonito. Me lo probaré, ¿Me esperas?- Le pregunté.

—Sin problemas.

Así, me encaminé al reposador de nuevo.

—Ah, Yaku. ¿Quieres tomar algo antes de salir?

—… Sí. Había… puesto la tetera justamente por eso. Caliéntala solo un poco, debe de estar tibia el agua, como mínimo.- Acepté lo que Zakko me ofreció, para ahora sí encerrarme en el reposador.

No tardé mucho en probarme la ropa, viéndome al espejo.

«Es mucho más cómodo moverme con esto puesto».- Pensé, a la vez que me estiraba.

Mi cara seguía siendo la misma que antes. No me gustaba, mas no podía… arrancármela ni nada. Sería bastante raro poder hacerlo, aunque alguna persona tendrá una magia que se lo permita, seguro.

Como me gustó la sensación que me dejaba llevar puesta esta ropa, y no sentía tanto frío de todas formas, opté por salir con la ropa nueva.

Fui a dejar mi ropa cerca de la bolsa, para tener que preocuparme luego de dónde guardarla. Viendo de reojo a Zakko preparando el té.

—¿Hola?- Lo saludé, con duda. Ya que no se había volteado ni un segundo a verme cuando pasé por al lado.

—¿Ya te cambiaste?- Preguntó, Zakko.

—Sí. ¿Qué tal me veo?

—… Bien.- Afirmó, sin más.

No sé qué esperaba que él respondiera.

—¿Te sirvo ya?

—… Sí. Por favor.- Mis leves ánimos se esfumaron.

Cuando me senté, Zakko acercó mi taza y él se sentó delante de mí con la suya. Tomamos té, sin mucho más. El mío estaba caliente, mas no era como tal un problema. Lo disfruté de todos modos.

Yo acabé mi taza de té, y Zakko no había ni empezado a tomar la suya.

—Lo olvidé. A ti no te gustaba tomártelo caliente.- Recordé en voz alta.

—Sí. Aunque… ¿Te lo tomaste muy rápido tú, no?- Consultó.

—… Tal vez.- Ni me había dado cuenta.

Me levanté para ver si había algo para comer que fuese rápido, en lo que esperábamos que el té de Zakko se pusiera como mínimo tibio. Al final, encontré una bolsa con papas fritas que decidí comerme, regresando a mi asiento.

—Yaku…

—¿… Qué?- Tardé en responderle, ya que estaba tragando primero.

—¿Por qué…? Auch.- Mientras hablaba, Zakko se quemó por sostener la taza con ambas manos. —Eh…

—¿Por qué qué?- Lo apuré.

—¿No has dormido bien?- Preguntó.

No quise responder, por lo que proseguí comiendo. Asumí que era obvio, por algo lo preguntaba. Tampoco me apetecía ponerme a charlar de eso ahora, ya que imaginaba que en cualquier momento llegaría Kairo.

Evité a toda costa el contacto visual con él. Pese a que era consciente de que él buscaba tenerlo.

De reojo podía observar su malestar al notar que no quería responderle. Me daba… una sensación de vacío en el pecho. Además de un frío incomparable a cualquier otro.

—Zakko…- Lo acabé llamando.

—¿Sí?

—¿De verdad… estás bien? Digo… por todo lo que pasó.

—Claro. O sea… he estado teniendo… sueños raros. No obstante, no era muy consciente a la hora de los sucesos. No te podría decir que recuerdo todo con claridad… y que me ha estado atormentando.- Zakko habló un tanto más serio que antes, incluso.

—¿Qué sueños raros?- Me llamó la atención.

—No sé cómo… describirlos… ¿Tú sabes qué significa “Weá”?- Zakko ocupó una palabra que nunca antes oí, ni de casualidad.

—No, ni idea.- Le fui sincera. —¿Por qué?

—Es que… no sé. Desde… el Duel’Grot, que… tal vez eso haya estado pasando por mi mente. Y… cuando quedé inconsciente, volví a soñar lo mismo, o algo similar.

—… Qué raro…

—Sí… ¿Y tú?

—¿Yo qué?

—¿De verdad estás bien?- Zakko aprovechó para cuestionármelo de nuevo.

—Sí.- Afirmé, con un nudo en la garganta.

Cada afirmación resultaba más obvia para Zakko, pues cuando asentí, él se detuvo a verme desconfiando de mi respuesta.

Él le dio un sorbo a la taza, comprobando que estuviese tibia. Al estarlo, comenzó a tomarla, mientras yo comía.

Muy lento, y… casi que hasta sin ganas, pero comía. No sé qué otra cosa haría si no es masticar.

—Ya… acabé. ¿Quieres… salir, entonces?- Zakko aseguró haber terminado su taza de té, pese a que no duró nada.

Aunque por más que dudara de él, no podía negarme a que salgamos.

—Está bien. Vamos.- Tomé la iniciativa, y avancé hacia la puerta, preparándome para salir.

Llevaba conmigo la brújula, el reloj, y las llaves. También unas cuantas monedas, que tal vez podría llegar a necesitar.

—¿Cuánto tiempo… te parece bien que estemos fuera?- Le pregunté, a Zakko, quien se acercaba a mí. Lo consideraba importante, sobre todo antes de salir.

En ese momento, él me miró a los ojos. Sin querer mantuve contacto visual con él.

—El que tú veas bien.- Fue lo único que dijo.

—… Está bien.- Abrí la puerta, y salimos de la habitación, cerrando con llave.

Nos encaminamos juntos hacia las afueras de la posada. Zakko y yo mantuvimos un silencio que pese a que no me agradaba, no me atrevía a romper. Por lo que se mantuvo hasta que salimos del todo de la posada.

—¿Y… ah… ahora?- Zakko bostezó y se estiró mientras cuestionaba hacia dónde pensaba ir.

—¿Qué te parece si… caminamos sin… un rumbo específico?- Algo en mí tenía vergüenza de admitir que eso era lo único que esperaba. No tenía un lugar al que quisiera ir.

—Pues, si te parece bien a ti, a mí también. Es más fácil todavía.- Él aceptó.

—¿Qué tal… si vamos hacia allá?- Apunté hacia el oeste.

—Tú di, solo. Yo caminaré contigo.

—… Entonces vamos hacia allá.- Me costó un poco asimilar lo que dijo.

Sin embargo, me encaminé hacia el oeste y él a mi lado.

Al inicio, permaneció siendo una caminata silenciosa. El frío de las calles pegaba aún más fuerte cuando no me distraía con nada más que el viento sonando y las personas que charlaban a nuestro alrededor.

Las luces eran hasta deprimentes, en este contexto. Que todo fuese tan brillante me deprimía más.

Por más que ojeaba a Zakko, él no se volteaba a verme. Su mirada permanecía perdida en su otro costado.

Algo en mi cabeza me decía que él sería más hablador, o que insistiría más en que le confesase cómo me siento. El que Kairo lo hiciese me agradó, pese a que no me permití desahogarme con él.

Yo… esperaba hacerlo con Zakko, eso… supongo.

—Yaku.- Él, luego de unos minutos caminando, me llamó.

—¿Qué?- Respondí al instante, ya que por dentro, rogaba que me hablase primero.

—Es… un tanto incómodo, pero… no puedo dejar de pensar que algo te pasa. Se siente… feo el… hablar de cualquier otra cosa que no sea de eso, como si ignorase tus sentimientos.

Él… en serio, estaba insistiendo. Era lo que quería, mas tampoco me hizo sentir mucho mejor.

—… Estoy… más o menos.- Confesé, en voz baja.

—Shair… también parecía estar… un poco ma-

Sin querer, se me escapó una respiración entrecortada. Me dio pena que estando conmigo… no sé.

—¿Qué pasó?- Él, se preocupó.

—Nada.- Intenté negarlo, mas mi tono era delatador.

—… Yaku…- Él debió de estar mirándome en ese momento. No lo puedo confirmar, ya que yo no lo veía a él. —… yo… estaba diciendo que ella también parecía estar mal. Solo que tampoco me lo dijo. No… he podido hablar mucho con Kairo, mas podría imaginar que él también se encuentra mal.

No pronuncié ni una palabra al respecto. Mas por dentro, no me gustaba lo que decía.

—¿Qué quiero decir con esto…? No lo sé. Solo… que tal vez, me gustaría que tú sí te expresaras conmigo. No sé cómo convencer a nadie de que puede confiar en mí para desahogarse, pero… si esta salida es para que tú te sientas mejor, créeme que estoy más que dispuesto a colaborar con eso.

No quería… pronunciar ni una palabra. Sobre todo porque sabía de antemano que si lo hacía acabaría llorando, en medio de la nada, en una calle que no reconozco porque no muchas veces vinimos por aquí.

La calle era linda, era más amplia que el resto. Tenía una pequeña curva, donde habían aún más locales amontonados, y asientos con plantas detrás. Eso me dio la idea de… encontrar un lugar para sentarnos juntos y… no mucho más.

—¿Yaku?- Zakko al percatarse de que no hablaba pese a los segundos que transcurrían, me llamó.

—… ¿Qué?- Hice como si él no hubiese dicho nada. Por más que… él consiguiese animarme un poco, solo con ese monólogo.

—… Nada.- No supe identificar si se decepcionó o algo por mi respuesta.

Caminé hasta llegar a una esquina, que llevaba a un bar bastante grande y luminoso. Vislumbré también unas escaleras, al parecer, llegamos a un punto en el que las calles bajaban.

Opté por tomar ese camino, y Zakko me siguió. Las calles seguían siendo parecidas, no obstante, ahora eran más casas que locales, al contrario que los alrededores de la posada. Claro que aún avistaba tiendas, solo que en menor medida y mucho más pequeñas.

Junto a Zakko, acabamos en un local pequeño. Yo me adentré sin decir nada, y Zakko me esperó afuera. Mientras esperaba que me atendiesen, de reojo vi cómo Zakko se sentó en unos asientos de la pared, del mismo material que esta.

Me pedí un helado de crema del cielo. Era muy rico, y por más que hacía frío, quería probarlo. Pagué y no tardé en reencontrarme con Zakko.

—¿No quieres comprarte algo también?

—… No.- Se negó muy rápido.

—… Está bien. ¿Seguimos?

Zakko sin decirme nada, se encaminó hacia delante, por lo que ahora era yo quien le seguía.

Con el frío que hacía, y lo frío que era el ambiente a su lado, apenas y me apetecía probar mi helado. Al final, acabamos subiendo unas escaleras más adelante, para recuperar la altura de Lusiudá normal.

Estas calles eran un tanto menos transitadas, entiendo que porque se trataba de un lugar de más hogares que otra cosa. Por encima, vi un lugar bastante grande para sentarnos, que era como un pequeño jardín grande que daba paso a una pequeña cancha para jugar deportes.

El jardín era solo un espacio rectangular de plantas, y un muro de roca a sus lados. Muro bastante grueso y pequeño, perfectamente servía de asiento. Era un lugar muy bonito para ver las estrellas, sobre todo porque hacia adelante estaban las calles bajas.

—Zakko…- Lo llamé, ya que tenía ganas de sentarme con él.

—¿Qué pasa?

—¿Quieres… sentarte un rato?- Consulté, señalando el muro de roca en el que podíamos sentarnos.

—… Supongo.- Él no aceptó del todo, sin embargo, se sentó antes que yo.

Yo me senté guardando distancias con él.

Ver las estrellas con Zakko era algo que me hubiese gustado hacer en algún momento, no obstante, ahora las estábamos viendo y no me agradaba. Miraba mi helado constantemente. Tardaba en derretirse, por lo heladas que eran las calles de por sí.

Tenía la mirada perdida en el helado.

«¿No va… a hablarme?».- Me cuestioné. Seguía sin atreverme a verle, solo observaba el helado. Y ni siquiera le prestaba atención a este. Solo quería que él me hablase.

—¿Te vas a acabar el helado?- Fue lo único que escuché de él.

—… No sé. Se me fueron las ganas.

—¿Me lo das?

—Creí que no te gustaba.

—Es que no me gusta.

—¿Entonces por qué lo pides?

—Porque tú no te lo estás comiendo. No tienes ni siquiera ganas de acabártelo.

—… Pero no te gusta.

—No sé si habré probado ese. No pierdo nada por probarlo.

—… Pero… ya lo probé yo también.

—Ah, claro. Si te resulta raro entonces no hay problema.

No comprendí del todo el porqué esa insistencia. Sin embargo, quise seguir el helado después de eso. Para no desperdiciar el dinero, supongo.

Mi lengua estaba heladísima. El helado permanecía… helado, valga la redundancia. Pese a que su forma sí se derretía un poco.

—¿Está rico?- Zakko consultó.

—… Sí.- Dejé de lamer mi helado para contestarle.

Zakko suspiró en ese momento.

—Yaku.- Posterior al suspiro, me nombró.

—¿Qué?

—¿Para qué querías salir?

—Ya te dije que por nada en específico, solo quería caminar contigo.

—¿Y estás feliz con esto? Caminamos bastante. ¿Te sientes satisfecha solo con eso?

Creo que en ese momento mi cabeza deseaba que prosiguiese la conversación. Por más que no sabía qué responder, ya que… sobre todas las cosas, no quería mentirle a él.

—No.- El solo negarlo, provocó que mis ojos se pusieran lagrimosos. Evitaba con muchísimas ansias el contacto visual con él.

—¿Entonces para qué querías salir? ¿Por qué… no me dices nada? Creí que conmigo ya podías sentirte segura. Tú me lo dijiste, de hecho.- Él por obvios motivos, se exaltó levemente.

—Zakko…- Lo llamé, casi quebrantándome y en voz baja para intentar ocultarlo.

—… ¿Qué pasa, Yaku?

—… ¿Somos amigos, verdad?

Zakko tardó unos segundos en contestarme. Unos segundos que sentí como una eternidad.

—Por supuesto. ¿Por qué lo dudarías?- Zakko contestó.

—¿Qué tan amigos?

—Creo que… no entiendo a qué punto quieres llegar con eso.

—¿Te preocupas por mí?- Interpelé.

—¿No te quedó claro todavía?

—… ¿Entonces por qué…- Pese a querer cuestionarlo ahora, el nudo en la garganta me lo impedía. —… por qué… no siento que… te hayas preocupado por mí desde que salimos de Giruboken? E incluso un poco antes…

—¿De qué hablas?

—Antes… ibas todos los días a verme y hablábamos un rato. Era constante nuestra interacción. Hace ya semanas que apenas hablamos, no habremos tenido conversaciones que sobrepasen los diez minutos…

—Yaku.- Zakko me llamó, hablando por encima de lo que yo iba contando.

—… Y… tampoco parecías… preocuparte mucho por mí. Cuando la chica de pelo castaño vino con nosotros toda esa semana… muy pocas veces te acercaste a mí para preguntarme cómo me sentía al respecto. Yo… no la pasé bien. Sentí cómo todos ustedes me apartaban. Y… me dolió. Pero me dolió más sentirlo de ti, creo.

—Yaku.- Él reiteró mi nombre.

Pese a eso, no hablé más.

—… Lo siento si… esperabas que me acercase más a ti. Supongo que… es verdad que no me acerqué tanto a charlar contigo como antes, con todo eso de las salidas a no solo cazar demonios, si no que también a solas con… Shair.- Comenzó disculpándose, mas parecía continuar.

—Yaku… creo que… bueno, es difícil y… ya lo hablamos antes. De hecho, me alegraba mucho saber que lo estabas intentando, saliendo con Kairo. Pero deberías… intentar hablarle a Sein, o a la gente por ti sola. Nadie te va a tratar mal, y al que te trate mal, lo golpearemos entre todos.

Zakko me estaba sermoneando. Era lo que menos quería que sucediera.

—Ya lo sé…- Contesté en voz baja, un tanto molesta.

—… Aún así… entiendo que solo querías pasar tiempo conmigo. Lamento el no haber pensado en eso.- Él añadió.

—Zakko…

—¿Qué pasa?

—Yo… es que… solo me siento bien contigo. O me sentía bien contigo, solo. Y… después de todo… pensé que… no sé, yo ya no te importaría tanto como antes. Cuando para mí… eres… supongo que quien más me importa.

—¿Por qué dejarías de importarme?

—… No sé.

—Yo daría mi vida por ti, Yaku. ¿Eso no te parece suficiente?

—¿P-Por qué… dices eso?- Me tomó por sorpresa que se pusiera tan… dramático.

—Es la manera más fácil que se me ocurrió para que entiendas lo tanto que me importas. Y no es fácil llegar a ese punto, eh. Tú deberías saberlo más que nadie.

—Zakko…

—¿Qué pasa?

—… No… no quiero que des la vida por mí.

—¿Cómo?

La manera en la que lo dije sonaba mucho peor para lo que en verdad quería decir. Sin embargo, el decirlo me daba muchísima vergüenza.

—Es que… no quiero que te sacrificases por mí.

—… ¿Por qué?- El tono de Zakko pasó de uno sorprendido a uno confundido.

—… Cuando… pasó lo del demonio… la pasé fatal todo ese rato que no sabíamos si ibas a estar bien. No quería ni pensar en… lo que haría sin ti.- Por más que me dio vergüenza decirlo, no había otra manera menos rara de hacerlo. —Porque aún no considero que sea tan amiga del resto, y eso…- Tuve que añadir, para quitarle peso a mis propias palabras.

Zakko soltó una leve risa.

—¿De qué te ríes?- Interpelé.

—¿Tanto te costaba decirme eso?

—… Pero…

—Entiendo que te preocupases, es normal. Sin embargo, Yaku…- Él cambió su tono de voz, recuperando la seriedad.

—¿Qué?

—No creo que sea por eso que no hayas podido dormir.

No supe cómo reaccionar a eso. Era fácil identificar que no podía dormir, sobre todo ahora que tenía unas ojeras enormes. Aún con eso, no sabía si… hablarlo. El solo pensarlo me intimidaba.

—… Aún me atormenta, aquella escena.- La mencioné así, pretendiendo que él entendiese de qué hablo, ya que no quería decirlo de manera directa.

—… Sé de cuál hablas. Y… ahí ya no sé… qué decirte, Yaku. Ninguno de nosotros lo olvidará pronto, seguramente.

—¿Por qué tú actúas como si no te afectase tanto?- Interrogué.

—Tú también actúas como si no.- Él argumentó.

Aquel comentario causó que me detuviera a pensar un momento.

—Zakko…

—Yaku.

—No sé… no sé porqué… no puedo llorar. Solo… suelto un par de lagrimas, pero… yo quiero… soltarme. Y…- Comencé a jugar con mis dedos.

Percibí cómo Zakko se acercó más a mí, sentándose a mi lado.

—Yaku… yo, no sé muy bien el cómo tratar contigo. Pocas veces te has permitido desahogarte conmigo, para el rato que llevamos hablando. Solo quería repetirte que estoy dispuesto a escucharte. Para mí ya es difícil todo lo que ha estado pasando, no me imagino lo difícil que habrá resultado para ti.

Se tomó unos segundos para seguir hablando.

—Si decidiste ir conmigo en privado e invitarme a salir a solas en una hora donde nadie más sabría que salimos, imaginaba que podría tratarse de esto. No obstante, me has estado respondiendo cortante cuando intentaba decirte que cuentes conmigo. O… no me contestabas, directamente. Ya no sé… qué decirte al respecto. Solo… si quieres llorar, dime. Si quieres hablar, dime. Si quieres que te acompañe a cualquier cosa, dímelo. Eres muy importante para mí.

Zakko insistía. Y estaba consiguiendo que me liberase. Pese a no botar apenas lagrimas, si me sentía indefensa en ese momento.

—Incluso… desde antes, que he llegado a pensar que podrías necesitar tener un momento así. Desde antes de… venir a Lusiudá, desde antes de… el Duel’Grot, incluso. Cuando mencionaste que extrañabas a tus padres…

Mi respiración se detuvo ese pequeño segundo, en el que me lo recordó.

—Yo… tal vez, también extraño a unas personas en mi familia. Y pese a saber lo que duele, estoy seguro que te duele muchísimo más a ti. Tú… no me conoces tanto para el tiempo que llevamos conociéndonos, y de hecho, yo te conozco todavía menos a ti que tú a mí.

Solo me limitaba a escucharlo. Ni siquiera a verlo, pues me hallaba cabizbaja.

—Quiero decir… a pesar de llevar tanto tiempo hablando, y hasta compartir momentos… bajos, no nos hemos tomado el tiempo de charlar cosas que ambos creemos que nos afectan. Quizá por eso no hayas podido desahogarte todavía con nadie, cuando soy yo con quien más podrías hacerlo y ni conmigo has tenido momentos para hacerlo.

Mis brazos comenzaban a temblar un poco, el agarre al helado se debilitaba.

—… Yo… quisiera… conocerte más, ahora… podríamos salir más, también. Dudo mucho llegar a ser tan importante como tu familia, por obvios motivos. Ni siquiera pienso en que te puedas sentir tan bien junto a mí como te habrás podido sentir con ellos. Solo… me agradaría que te pudieses sentir más segura conmigo. Si te resulta difícil confiar en alguien más, no tienes porqué forzarte a hacerlo tan rápido. Y mucho menos tienes porqué hacerlo sola. Déjame ayudarte.

Eso último resonó en mi cabeza.

—Déjame ayudarte, Yaku. Suéltate conmigo, aunque sea. Sé tú misma… conmigo. Creo que ya sabes cómo soy, después de tanto tiempo hablando. Deberías estar segura de que no te juzgaré ni mucho menos. Y en estos momentos, es cuando más necesitas contar con alguien. Si solo cuentas conmigo, al menos… deja que te ayude.

No aguanté más, y comencé a llorar. Me quedé paralizada en esa posición, mas mi brazo sí que temblaba mucho. El helado se acabó cayendo, y solté el cono, para llevarme ambas manos a mi cara.

Tuve suerte de que nadie caminaba por estos lugares a estas horas. No me sentí juzgada por llorar en la calle. El único que se hallaba allí aparte de mí, era Zakko. Quien lentamente, se acercó a mí, para abrazarme.

Tardé un poco en corresponder el abrazo, y ni pretendiéndolo pude. Me llevó a su pecho y ahí fue cuando lloré más fuerte. Por unos segundos se sintió como el abrazo de mi padre. Quizás es solo porque es de la misma raza, y por ende, me recuerda a él.

No sé si es por eso mismo que se sentía tan acogedor estar en sus brazos, mas sentí cómo todo lo que me aguanté se disparaba. Lloré como nunca antes lo había hecho. Ni siquiera era solo por todo lo que hablé.

Zakko tenía razón, desde antes de irnos de Giruboken quería llorar. Desde antes de conocerlos quería hacerlo. Mi vida se volvió una basura, tanto, que acabé en un cuarto en una mazmorra abandonada en un pueblo que no conocía para nada. Sin poder comunicarme con mis papás, sin nadie que me diese la mano.

Hasta que lo conocí a él. Ni siquiera recuerdo bien cómo fue, lo único que recuerdo de aquel día en el que lo conocí fue que… lo oí ejercitándose. Y desde entonces, no he parado de… pensar en que quería conocerle.

Por más que me costaba hablarle, él bajaba bastante seguido, de vez en cuando. Hasta que un día, simplemente dejó de bajar. Así, sucedió cerca de un mes y medio, hasta que volví a verlo. Resultaba que se habían ido a otro pueblo, ya que aquí apenas y vivían. Solo venían para saber si podía ser aventurero junto a quien conozco ahora como Shair.

Me llamó tanto la atención, no solo el hecho de… que se acercara a mí, si no que… el que fuese de la misma raza que mi papá.

Al inicio, me puse muy triste cuando pensé que no volvería a verlo. Hasta intenté salir de la mazmorra para buscarlo, mas no llegué muy lejos ya que tenía miedo de perderme.

Lo llegué a estimar bastante, pese a que no compartíamos muchas conversaciones trascendentes. Él bajaba a entrenar, y yo lo acompañaba. El día en el que me desahogué con él por primera vez, fue cuando comencé a sentir que no aguantaba más. Él me contaba bastante animado muchas cosas que hacía con Shair.

No aguanté la tristeza que me produjo el pensar en la cantidad de amigos que perdí desde que tuve que escapar. O a mis familiares, para empezar. Lloré sin más frente a él, y nunca le expliqué del todo el porqué lo hice. Solo le conté por encima el porqué acabé ahí.

Y ahora, me hallaba aquí. Llorando de nuevo con él, en su pecho, en medio de una calle que desconozco de una ciudad que conozco mucho menos. Habiendo pasado aún más experiencias traumáticas las cuales han pasado por mi cabeza más de lo que deseo que pasen.

El llorar en su pecho era tan reconfortante, que no me detuve hasta no poder más. Hasta que mis ojos doliesen. Se sentía como soltar una pesa luego de caminar con ella muchísimo tiempo.

No sé porqué me cuesta tanto expresarme, pero eso es desde antes de que sucediese todo. Desde pequeña que soy así. Mis papás decían que no era igual que el resto de niños. Casi nunca lloré, más que el día de mi nacimiento y alguna que otra vez cuando me hería bastante jugando.

Según ellos, jamás hice una rabieta, ni mucho menos lloraba por cualquier cosa. Al igual que nunca expresé una felicidad tan fuerte, más allá de un par de veces que jugaba a torneos de juegos con mis amigos.

Mis papás cuando se fijaron en eso, pensaron en inscribirme en torneos más grandes, ya que se dieron cuenta de que me expresaba mucho más estando en estos.

Sin embargo, yo me negué, ya que por más que era verdad, sentía que no estaba preparada para eso. Y tampoco… sentía que me gustasen tanto. El vivírmelos de esa manera, hasta yo desconocía el porqué lo hacía.

Aún con mis amigos me costaba charlar. De hecho, hice amigos porque eran ellos quienes se acercaban a mí. Toda la vida fue así.

Desde pequeña que… soy de esa manera. Y no me gusta para nada. Muy por dentro… creo que me hubiese gustado vivirlo todo de una manera más infantil. O incluso mi adolescencia, la disfruté todavía menos, ya que había menos gente que se me acercaba a mí. Mantenía el mismo grupo de amigos, o hasta los perdía por mostrar “poco interés” según ellos.

A mí me dolía incluso más que a ellos el no sentir ese interés que me mostraban. Por más que mis papás me ayudaban, no funcionaba, como mucho, cambiaba durante unos días y luego volvía a la normalidad. Deseaba que algo o alguien sucediera, que avivara algo dentro de mí. Que cambiase algo, no sé ni el qué. Que me inspirase a… al menos, sentir algo.

Y desde la mazmorra… he llorado dos o tres veces, con la misma persona, buscando el mismo consuelo.

—Zakko…- Apenas soportaba el hablar, mi voz estaba más quebrantada que nunca.

—¿S-Sí?- A Zakko también se le oía triste.

—… Nada.- No me atreví a decirle lo que pensaba. —… Gracias.- No obstante, le agradecí.

—… No es nada. Gracias a ti por confiar en mí.

Luego de eso, él me soltó, y yo me despegué tras unos segundos.

—¿Te sientes mejor?- Interpeló, Zakko.

—… Un poco, sí. Un poco bastante.

—Me alegro que hayas podido desahogarte. Yo… también me siento un tanto más aliviado.

—Me siento… mucho más liviana.- Aseguré, secándome los ojos con las manos.

—¿Y… entonces, ahora sí te sientes satisfecha con esta salida?

—… Supongo que sí.

—¿Cómo que supones?

—No me cuestiones.- Molesta, me volteé para no verlo.

—Yaku.- Él se acercó a mí.

—Te ignoraré.

—¡Yaku!- Exclamó, soltando pequeños pedazos de su versión limo hacia donde estaba viendo, apareciendo así, él, otra vez.

Por consecuente, volteé hacia delante, observando las estrellas. Zakko se volvió a aparecer, entorpeciéndome la vista.

—Es cierto, puedes hacer eso.- Confirmé para mí misma que él era capaz de clonarse. Tras un suspiro, me vi obligada a hablar. —Sí. Me siento feliz por haberte invitado.- Afirmé.

—¡Yay!- Zakko esfumó a sus otras dos versiones tras la interjección de alegría.

—Aunque…- Recordé el helado en el piso. Ahora estaba todo feo, derretido y aplastado. —… me hubiese gustado comerme ese helado.

—Bueno, cuando nos devolvamos podemos ir a comprarte otro. A no ser que hayan cerrado, claro. No sé cuánto tiempo pasó.

—Son las… uy.- Me sorprendí al ver mi reloj. —Son las cuatro de la madrugada.

—¿Qué?

—¿Qué de qué?

—¿En serio pasó tanto tiempo?

—Bueno, no sé cuánto duramos aquí, y… caminamos bastante… más el rato que estuvimos tomando té y yo probándome la ropa…- Razoné el porqué era la hora que era.

—… ¿Volvemos a la posada?- Zakko sugirió, levantándose.

—Por suclaro.- Hice referencia de un libro por el que compartimos el gusto. A su vez, me levanté con él, para encaminarnos a la posada.

—Ese me caía mal.

—¿En serio?

—… No tanto, no era de mi agrado.

—A mí me gustaba…

—Bueno, respetable.

—No, no es respetable. ¿Por qué no te gusta también?- Incidí en ello, ya que yo creía que era un personaje querido por la mayoría. O al menos, tenía la pinta de serlo, para mí.

—¿Tanto te gusta ese personaje?

—Era chistoso… para mi yo de… la edad en la que lo leí.

—Deberíamos leerlo de nuevo.

—¿Juntos?

—¿Eh?

—Ah, no, claro. Sería raro.

—No, no… es que no te oí. Repítelo.- Zakko pidió.

—No, ya no quiero.- Me negué.

—Es que… creí haber oído a alguien gritar.

—¿Cómo? ¿A esta hora?

Junto a Zakko, nos detuvimos un segundo, habiendo ya caminado bastante desde la zona en la que nos habíamos sentado. De hecho, recordé que dejé el helado tirado ahí como si nada. Será problema de la gente que limpia las calles.

—¡Ey!- Ahora, yo también oí. Era de una chica, a la distancia.

Como tanto Zakko y yo nos volteamos hacia atrás, no nos dimos cuenta que la voz provenía de delante nuestra, hasta que se nos acercó más.

—¡Oigan!- Me volteé, y vi a otra mujer de pelo castaño, solo que no era la misma ya que no llevaba los ojos naranjas. Eran verdes.

—¿Qué?- Cuestioné yo.

En ese momento, percibí a Zakko tener un escalofrío. Más que nada, por un gesto que hizo.

—¡Tú! El de… cabello blanco…- Por algún motivo, no solo me trató de hombre, si no que se detuvo a la mitad de su frase. —¿Eras mujer?

—¿Disculpa?- Me ofendí.

—Recordaba… tu cuerpo más… masculino. Quizás era la ropa que llevabas. Aunque tus pestañas… en fin. Sepa disculpar. Por eso y por… haberle apuñalado varias veces. Me dejé llevar por mi rabia ante los demonios, asumí que estaba actuando como cómplice.- La tipa pidió disculpas, llevándose una mano hacia su nuca.

Desconocía de qué estaba hablando esta persona, pero, cuando mencionó las apuñaladas, volteé a Zakko, y me dio a entender que esta tipa era la misma que lo apuñaló a él. Y claro, ahí usó mi cabello para hacerse pasar por otra persona.

—Quería también agradecer que no presentara cargos contra mí. Sería muy duro para mí el… no poder seguir cazando demonios. Le debo más que solo el dinero que le di.

Zakko tosió por encima, para recordar su existencia, imagino. Ya que estaba muy extrañamente enfocada en mí.

—¿Qué se supone que quieres?- Él cuestionó por mí.

—Oh, ¿Tenía un veniz…? Aunque… por algún motivo, me suena haberlo visto…- La chica castaña se detuvo a inspeccionar a Zakko.

—Ive, soy un veniz. Es probable que hayas visto a cualquier otro veniz y lo confundas conmigo.

—… Tal vez. Espera, ¿Cómo sabes mi nombre?

—Me lo contó ella.- Zakko apuntó hacia mí.

—Ah, claro. Debí imaginarlo. En fin. Quería decirles, que si algún día necesitan ayuda con algún demonio, o simplemente requieren protección para algo, pueden contar conmigo. Es una forma de pagar por lo de aquel día más allá de simples monedas.

—… No te preocupes, no fue para tanto.- Zakko habló por mí.

—Aún así, es lo mínimo que puedo hacer. Casi le mato, si no hubiese nadie para curarle, lo habría hecho. Pese a ser una desalmada, tengo cierto grado de honor. Pueden encontrarme en la oficina de la guardia civil más cerca a Bardelarte, o contactar con alguien por ahí para que me avise de algo, si es que necesitan mi ayuda. En fin, tengan buena noche, no los interrumpo en su cita.

Ive comenzó a caminar hacia donde nosotros nos habíamos sentado, quizás vivía por allí.

—¡No es…- Zakko exclamaba, hasta que se dio cuenta que Ive se alejaba cada vez más. —necesario… bah, da igual. Mira, ahora tenemos a alguien que sabe pelear queriendo ayudarnos.

—¿Esa tipa te apuñaló?

—Sí.

Me detuve unos segundos para observar cómo Ive se… iba.

—Había olvidado que podías usar mi cabello.- Comenté.

—Sí, mira.- Zakko tornó su cabello de los mismos colores que el mío.

—… Es lindo, mas no te queda. El celeste te queda mejor.

—Gracias, supongo. Es algo así como… mi color de cabello original.- Zakko habló de manera sarcástica.

—No lo sabía, debes ser muy afortunado por haber nacido con el color celeste en el cabello y ojos. A mí me gusta ese color.- Le continué el juego de hablar sarcásticamente.

—Bueno, es una cosa de mi raza en general, no fue tanto por la suerte…

—Qué raza más maravillosa.

—… Eso no sonó muy sarcástico.

—¿Y?

—Sonó raro.

—¿Por qué?

—… Déjalo así.- Zakko sucumbió antes que yo. Gané, de nuevo.

Al final, el retorno a la posada fue mucho más agradable que la caminata hacia aquí. Por ende, se me pasó volando. Bajamos las escaleras para pasar por el mismo local, y compré el mismo helado. Ahora, Zakko también se compró el suyo, ya que se había quedado con ganas de probarlo.

No hablamos de mucho más trascendente, le conté el cómo aprendí una nueva magia, y él me dijo que solo soñaba cosas extrañas, contándome por encima su sueño.

Era él, en una academia gigante, con un montón de personas de pelo negro, y de vez en cuando, alguno rubio o castaño. Hablaban muy rápido y con palabras muy raras. No sabía de qué hablaba, mas era un sueño muy extraño, solo con lo que me contaba él lo podía intuir.

Me reí un poco con cómo lo contaba, se hizo mucho más ameno el camino. Al revisar la brújula, noté que estábamos a un par de cuadras aún, se me pasó volando todo.

Pude quitarme un peso de encima. Y se sentía genial. Aún si… nada de lo que realmente me preocupa se solucionó, todo lo que me dijo él, me… reconforta lo suficiente. Intentaré mejorar mis relaciones con los demás, además de… mejorar mi relación con él.

Tras una larga caminata, llegamos a las cinco y media a la posada. Sin dudas, se notaba mucho la gente que pasaba por los alrededores de estas calles, comparado a las calles de más al oeste.

Nos adentramos en la posada, y Zakko abrió la puerta.

—Ah, cierto. Deberíamos… limpiar la mesa.- Zakko comentó, una vez llegamos a la habitación.

—… Tal vez. Tampoco usamos muchas cosas, hagámoslo y ya.- Accedí a limpiar junto a él.

Me di cuenta que dejé la bolsa de papas abierta, con papas aún. No me apetecía seguir comiendo, así que lo guardé en donde estaba. Tampoco había nada más que guardar, y tenía bastantes papas aún, por lo que si nadie se lo comía me lo comería yo en otro momento.

—Entonces… ¿Ahora sí que te sientes bien, verdad?- Zakko interrogó, mientras guardaba las tazas.

—Sí. Ahora en serio.- Aseguré. —Espero… poder dormir. Me veo horrible con estas ojeras.

—Tampoco tan así.- Él negó.

—¿Cómo?

—Que no te ves horrible.

—¿Y… cómo me veo?

Zakko me observó, entre tanto cerraba el mueble en donde guardábamos tazas.

—¿Quieres que diga algo en específico o algo así?

—¿Por qué lo dices así? No te cuesta nada decirme lo que claramente sabes que quiero oír.

Insistí en que él me elogiase, como lo hace con Shair. De hecho, imité su mirada, o eso creía. Aunque con el sueño que tengo encima debería verme aunque sea un tanto extraña.

—No hagas así.- Zakko se incomodó.

—Perdón.

Luego de mis disculpas, Zakko suspiró.

—Te ves linda.

—Gracias, fan. Quizás te permita darme un abrazo en algún otro momento.- Tuve un momento de fanfarronería forzada. Después de todo, era obvio que me daba vergüenza haberle obligado a que me dijese un cumplido. Y eso sumado a la vergüenza que me daba de por sí el cumplido.

—Estás mejor, por lo que veo. Qué bueno.- Afirmó. —Ahora, vamos a dormir.

—Sí, por suclaro.- Acepté, y con ello, nos encaminamos al dormitorio.

—Zakko.

—No soy Zakko.- Le corregí.

—Ah, sí. Perdón. El sueño. Quería llamarte por tu nombre.

—Pero no soy Zakko.- Incidí en su error.

—Eres Monchi.

—Te mataré.

—Cállate, vas a despertar a los otros dos.- Zakko bajó el tono de voz, mientras abría la puerta del dormitorio.

«Es… verdad. ¿Kairo llegó?».- Me cuestioné, hasta que pude confirmarlo adentrándome en el dormitorio. «Qué bien. Me hubiese preocupado si no estaba».- Aseguré.

—Buenas noches, Yaku. Espero que puedas dormir, y que lo hagas bien.

—… Lo mismo digo, descansa y duerme bien. Gracias, de nuevo.

—No hay de qué.- Zakko me sonrió, y finalizó el día yendo a dormir junto a Shair.

Me sentí más abrigada que nunca, y ni me había recostado en la cama. La alegría que me dio soltarme iba a ser difícil quitármela.

Decidí aprovechar la alegría, y dormirme cuánto antes, a ver si podía. Me recosté, tapándome con la manta por completo, y acabé durmiendo bastante rápido.

Casi parecía que no dormí durante dos o tres días.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo