Kinokodearu - Capítulo 36
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 36: ¿Aventurera?
Hoy es catorce de mayo. En unos días sería mi cumpleaños, estaba emocionada por festejarlo con mi grupo. Pese a que ninguno sepa que es mi cumpleaños porque… no hemos tenido esa conversación todavía, debería hallar la ocasión en la que tenerla.
Iba a ser complicado, ya que eso lo tenía en mente ahora, pero mi grupo estaba dormido todavía. Ni uno despierto.
Del único que no sé a qué hora se habrá dormido es Kairo, pero Zakko y Yaku se supone que se durmieron a la misma hora que yo. No entiendo porqué no despierta ninguno todavía…
Sin preocuparme mucho por eso, me di la libertad de salir a compras más cosas en lo que respetaba su sueño.
Fui al mercado, y tampoco decidí pasar mucho tiempo allí. Fui directo a preguntar por lo que me interesaba. Zakko comentó que le gustaría bañarse adecuadamente y eso implicaba que requería de un par de productos, por lo que me empeñé en encontrarlos.
No me dijo cuáles, de todas formas. Si no le gustan los que encuentre, la próxima vez lo despertaré y lo obligaré a venir conmigo.
Con eso en mente, fui preguntando cuando veía por encima ciertos locales abiertos en los que de reojo encontré algunos productos de limpieza en general. Me adentré en uno, y agarré los que entendí que eran para bañarse.
—¡Gracias!- Agradecí, luego de comprar, yéndome con la bolsa.
Era bastante temprano, aunque ya me acostumbré a despertarme a esta hora. Son el resto los que se despiertan súper tarde. Demasiado tarde, debería… comenzar a despertarlos. Me sentiría mal si los despierto, tal vez, sin embargo… me agradaría que alguno me acompañase, al menos. Estar tanto rato sola es deprimente.
Pasé a comprar también algunos jugos para hacer y tomar. Jugo de manzana, de mango, entre otros. Y yo me compré una gaseosa para mí sola ya que tenía sed y me daba pereza hacer el jugo apenas llegar.
Regresé sin más a la posada, en el trayecto no hubo nada que me distrajese. Tomándome la gaseosa en botella, la acabé poco antes de llegar.
Cuando por fin avisté la posada, entré, e iba a botar la botella en el cesto de basura gigante que entiendo que es donde deberíamos llevar nuestra basura de la habitación. Sin embargo, no lo hice, debido a que quizás me divertía jugando con la botella o algo así.
Entré en la habitación y apenas eran las once de la mañana. Además, once exactas. Ni siquiera once cuarenta o algo así, once en punto. Para perder el tiempo, opté por probar los productos que compré e ir a pegarme una ducha yo misma.
Luego de hacerlo, me sentí mucho mejor físicamente. Como si me hubiese aliviado el alma, pese a que no me cambió nada. Quizá el simple hecho de relajarme con el agua caliente era lo suficiente como para lograr que me relajase ese rato.
Además de que de por sí, ducharme me recordaba a cuando aún vivía en casa de mis padres. Más que nada, porque no me ducho desde entonces. Muy difícil encontrar sitio dónde hacerlo, y no lo imaginé tan necesario hasta que me duché ahora mismo.
La sensación que sentí luego de bañarme y volver a ponerme mi ropa era hasta satisfactoria. Mi cuerpo parecía haber rogado por que lo hiciera.
Aún con el tiempo que ocupé duchándome, seguía sin ser suficiente para que alguno de mi equipo despertase. No sabía si cocinar algo, estaría frío para cuando despierten, seguro.
«Hm… ¿Y ahora qué hago?».- Pensé, yendo a la sala de estar y secándome el cabello con una toalla. Había un par en el reposador, por lo que no me preocupaba usar una solo para que mi cabello se seque bien. «Oh…».- Recordé de casualidad, el libro de Kairo.
Con eso en mi mente, pensé en intentar recrear lo que había visto en mi sueño, mi magia única. Disfrutaría que fuese una que manipule la gravedad o algo así, sería muy divertido. No obstante, no tenía idea de cómo practicar a que suceda. Por ende, solo me quedaba aprender magia elemental de tierra para perder el tiempo.
Así, busqué el libro hasta encontrarlo, y lo hallé en uno de los cajones, ocupando la mayoría del espacio porque era bastante grande.
«¡Ajá!».- Pensé, cuando lo sostuve en mis manos.
Tras eso, me senté en el sofá, la botella de la gaseosa que me tomé la dejé en la mesa y comencé a leer el libro.
Página tras página. Iba cambiando de posiciones en el sofá, ya que lo tenía todo para mí y buscaba acomodarme mientras leía. En un momento me pareció buena idea sentarme de cabeza en el sofá. Lo fue hasta que me molestaba la toalla.
Me levanté, me sequé bien, y fui a dejarla en el baño para… que se secara. Imaginé que no debería ser allí dónde la dejé, pero tampoco llego tan lejos en cuestión del manejo de esta posada. Tengo que preguntar un poco más.
Amarrándome el cabello, por mi mente se pasó la maravillosa idea de probar suerte con la botella. Si en algún momento lograba moverla sin tocarla, significaría que podría mover objetos con magia. Me fascinaría.
No obstante, ahora estaba intrigada por el libro de magia. Ya luego, intentaría eso con la botella.
Leí un buen rato, al final, conseguí crear tierra y un par de rocas. Aunque las rocas eran muy pequeñas, las sacaba mojadas y con apretarlas un poco se rompían. Creé unas cuantas rocas y todas se rompieron al instante.
Viendo tal fracaso, me deprimí unos minutos. Necesité ocuparme haciendo otra cosa para animarme, por lo que acabé haciendo jugo de mango. Lo probé, me gustó, y decidí tomar un vaso de jugo con un pan, en la cocina.
Se me volvía costumbre estas horas a solas, aunque ahora al menos, sé que acabarán cuando despierten mis amigos. Poder asegurar eso me alegraba lo necesario.
Pasaban las horas, yo ya había comido. No quería cocinar tan temprano, mas ya iban siendo la una de la tarde. Regresé a la sala de estar para continuar aprendiendo algo de magia, ya que cualquier cosa que pueda saber para defenderme sería útil.
Así, me quedé un rato largo leyendo el libro de Kairo, hasta que mi compañero del mismo nombre, se apareció.
No me tomó por sorpresa, ya que ya lo oí abriendo y cerrando la puerta, además de bostezando y estirándose. Sin embargo, yo me hice la que no escuchó nada para ver cómo actuaba.
Lo escuché caminar hacia aquí, y ya tenía entendido que me estaba observando.
—¿Hola?- Kairo me saludó.
—¡Hola! ¡Buenos días!- Dudé en si decirle buenas tardes, mas le dije buenos días porque se acababa de levantar.
—¿No son tardes ya?
—… Buenos días, dije.
—Buenos días, Shair…- Él acabó cediendo. —¿Qué haces?
—Eh… nada. Leía tu libro, para perder el tiempo en lo que despertaban.
—Tiene sentido…- Kairo expresó, mientras se estiraba con leves ruidos de dolor.
—¿Te duele algo?- Pregunté, para confirmar si le dolía algo.
—… Un poco, el cuerpo… desperté más que adolorido, de hecho. Habré estado unos cuantos minutos tumbado en la cama solo para evitar moverme.
—Ven a acá, puedo curarte.- Lo invité a sentarse a mi lado.
—Ah, cierto. Podías hacer eso…- Kairo se acordó, cosa que me ofendió, ya que es como más que importante para mí que cuenten conmigo para dolores leves y esas cosas. No obstante, no se lo di a saber porque me parecía innecesario. De por sí tiene mala memoria, o eso creo yo.
Kairo se sentó a mi lado, y yo puse una de mis manos en su espalda, actuando desde ahora, para ir climatizando su cuerpo al calor que produce la magia curativa.
—¿Puedes especificarme en dónde te duele? ¿O… te duele todo el cuerpo?- Indagué en su dolor.
—La espalda, justamente. Y… más que nada el pecho. Es lo que más me duele.
Con sus indicaciones, mantuve mi mano en su espalda y puse la otra en su pecho, usando magia curativa. Kairo se quedó paralizado la mayoría del rato que estuve curándolo, aunque de reojo me miraba a la vez que le daban como espasmos.
—¿Te sientes algo mejor o… no?- Cuestioné, alejándome de él ya que habré estado unos minutos usando mi magia.
—… Sí, un poco. La espalda ya no me duele. El pecho… me arde… solo que no tanto, no te preocupes. Gracias, Shair. Si hubiera recordado que podías hacer eso habría venido contigo mucho antes.- Kairo me agradeció.
—No es nada, Kairo. Eso sí, ten más en cuenta eso. Si puedo, te intentaré curar siempre.- Se lo hice saber ahora.
—Claro, claro. No lo olvidaré… o intentaré no hacerlo.- Afirmó en voz baja. —Por cierto. ¿Estuviste leyendo el libro? ¿Aprendiste algo?- Luego de recordar lo que le comenté antes, interrogó.
—Eh… más o menos. Hice, algo, creo. Pero… nada muy allá. ¿A ti cómo te está yendo con eso? Imagino que sabes algo más…- Cuando aseguré eso, Kairo me vio con una cara de póquer muy chistosa. —¿Qué pasa?
—No sé nada, Shair. Solo sé crear rocas inútiles, mira.- Kairo mostró una roca, que ocupaba la mayoría de su mano.
—¡Oye!
—¿Qué?
—¡Pero si es muy grande!- Me sorprendió el tamaño de la roca. Las mías salían diminutas.
Kairo soltó una pequeña risa ahogada cuando expresé eso.
—¿Qué pasa?- Interpelé al ver su reacción.
—Nada. ¿Por qué te sorprendes? Es… una roca, o sea, no es para… tanto. Es medio endeble.- Kairo soltó la roca en el aire, haciendo que caiga al piso.
—… ¿Por qué hiciste eso?- Cuestioné.
—Es que… pensé que se iba a romper. Cuando lo hice antes se rompieron la… mayoría…- Por algún motivo, dejó de hablar mientras se agachaba para recoger su piedra. —¿Y estas piedras de acá?- Kairo vio las piedras que creé yo antes.
—¿Son piedras siquiera?- Él siguió interpelando.
—Bueno… son mis intentos. de crear una piedra. Por eso me sorprendió…
—Ah, tiene sentido… deberías botar todo esto.
—Sí, esperaré a que Zakko despierte para decirle que me ayude con eso. Ya que no tenemos ni escoba ni pala ni… nada similar.
—Sobreexplotas a Zakko.- Kairo afirmó, ultra rápido.
—A él no le molesta… o eso creo. Ahora me hiciste dudar…- Comencé a sentirme mal por Zakko.
—Era broma igual. Tampoco creo que le moleste del todo.
—¡No me digas eso! ¡Ya me sentí mal!- Exclamé.
—… Perdón. Tampoco…
—¿¡Tampoco qué!?
—¡Tampoco grites! Lo vas a despertar.
—Ah, cierto.- Le di la razón. —Tienes razón.- Añadí, para que no sonase tan feo el primer comentario.
Después de eso, me tumbé en el sofá, y tiré el libro a la mesa, haciendo que la botella se caiga.
—Oye, trata bien a mi libro.
—No quiero. Faltó el “por favor”.
—No era una petición.- Kairo forzó la voz a una más seria.
—Kairo.- Lo llamé, también seria.
Él me miró y hubo un duelo corto de miradas en la que él se rindió a los cuatro segundos.
—Sí lo era. Trátalo mejor, por favor.
—¡Está bien!- Acepté con positividad y corregí la posición del libro en la mesa. Además, levanté la botella, para posicionarla recta.
Hubo unos segundos de silencio entre tanto yo posicionaba la botella bien.
—De hecho, si no te molesta, seguiré leyendo el libro.- Kairo informó a la vez que agarraba el libro.
—Claro. No te preocupes, no me molesta.- Le avisé de que no pasaba nada.
Me bastaba con su presencia.
Cuando conseguí el posicionamiento que veía más que adecuado para la botella, me tumbé más en el sofá.
Con mis manos, encuadré la botella, para observarla mejor, y hacer que mi mente trabaje con la idea de que quería hacerla levitar. O sea a la botella, no a mi mente. Eso sería raro. Raro pero divertido, me gustaría flotar yo también.
Una vez analicé por completo a la botella y descubrí todos sus trucos, desde mi posición, estiré mis brazos y pretendía que se moviese de alguna manera u otra. Estaba más que concentrada en la botella, no podía perderme ni el más mínimo movimiento, porque podía darme la ilusión de obtener la habilidad que quiero.
Ni siquiera sé porqué la quiero tanto, hasta que no la soñé nunca me dieron ganas de hacer levitar cosas. Imagino que funcionará así, un día duermes, sueñas que tienes algo y luego te dan ganas de tenerlo… o al menos a mí me ha pasado más de una vez.
Estuve tanteando el mover la botella una y otra vez. Algunos momentos los empleé para reposar ya que el estirar mis brazos tan fuerte cansaba. Sin embargo, apenas reposaba lo conveniente, retomaba el mismo ejercicio.
A mi lado, Kairo, no se movió ni un pelo. Tampoco sé qué más estaba haciendo, ya que no me centré mucho en él. Solo sé que seguía sentado en el mismo sofá que yo.
—Hm…- Emití ruidos de concentración sin darme cuenta.
No sé qué tanto debería de estar concentrándome como para que suceda algo. Seguía sin conseguir efecto alguno. Pasaban los minutos, no sé si horas, desconozco qué tan rápido pasa el tiempo.
—¿Qué se supone que estás haciendo?- Kairo se animó a preguntarme.
Volteé a verlo, y había bajado el libro para observarme.
—Intento… usar magia de levitación o algo así. Gravedad, cualquiera similar.- Expliqué.
—¿Como la que soñaste?
—Ajá.
—¿En serio así funciona?- Interpeló.
—Pues… no sé, asumo que sí. A Yaku le funcionó.- Me excusé.
—… ¿O sea que… hasta que no sueñe una magia o algo así… yo no voy a tener magia única?
—No necesariamente. Se puede hasta manifestar sin querer, no te sobre esfuerces tanto buscando eso. Yo no sé todavía si esa es mi magia única, no estoy siendo capaz de…- Hablé mientras me acomodaba para seguir pretendiendo mover la botella. —… lograr nada con… esta botella.
Proseguía con mis intentos, hasta que sentí una leve brisa, que hizo que la botella se caiga.
—… Kairo, sé que fuiste tú.- Era imposible que no me diese cuenta.
—Ah, perdón. A lo mejor… no te dabas cuenta y… te animabas.
—Gracias por intentarlo de todas formas.- Le agradecí y recogí la botella, para continuar. —Por cierto, ¿Te molesta que lo esté intentando o algo? No me fijé mucho en lo que hacías pero… en algunos momentos me habré sentido observada y juzgada.
Al comunicar eso, Kairo se tapó un poco con el libro.
—No me molesta… solo… me causó cierta confusión los ruidos esos raros que hacías. Si los evitas mejor.
—Oh, claro. Lo tendré en cuenta.
Después de eso, pude perder el tiempo exitosamente con Kairo al lado leyendo un libro. No sé cuál de los dos estaba usando más el cerebro, pese a que yo solo observaba una botella y la imaginaba moverse sola.
—¿Y en tu sueño era telepático o era por tacto?- Oí la duda de Kairo, luego de unos cuantos minutos en los que permanecí insistiendo.
—… Tienes… razón, era por tacto.- Recordé en ese momento mi propio sueño.
Percibí cómo Kairo suspiró mientras yo agarraba la botella.
—¿De dónde sacaste esa botella por cierto?- Él me preguntó.
—Fui a comprar en la mañana. Compré… cosas para comer, y… productos de limpieza, más que nada para bañarse.
—¿Cómo?
—¿Qué no entendiste?
—No, nada. Me tomó por sorpresa. ¿Me puedo bañar entonces?
—Claro, ¿Por qué no podrías?
—… Creo que lo haré.
—Es muy relajante. Y mi cabello ahora huele muy bien.- Afirmé, llevándome una de mis coletas a la cara para olerla. —Mira.- Tomé una de mis coletas, para que Kairo comprobara mi afirmación.
—No, no. Te creo, no hace falta.- Kairo se negó de inmediato, apartándose.
—¿Por qué te alejaste tan rápido? No doy as… no doy tanto asco.
—¿Por qué añadiste el “tanto”?- Kairo se rio por mi corrección.
—No sé. ¿Por qué?- Contrarresté, insistiendo por explicaciones.
—A Zakko le gustará más oler tu cabello. Ofréceselo cuando despierte… en…- Kairo revisó su reloj. —… un par de minutos, imagino. Ya son las dos y media…
—¿Entonces te vas a bañar?- Retomé el tema, ignorando por completo lo que me dijo ya que no entendí el porqué lo hizo.
—Sí. Iré ahora, si no hay problemas.- Asintió, levantándose y dejando el libro en la mesa.
—Claro que no. Ve.
Kairo caminó hacia el pasillo para dirigirse al reposador. No obstante, se paró viendo en dirección al dormitorio.
—Ah, mira. Ya se despertaron.- Kairo afirmó, señalando a Zakko y Yaku, asumí.
Miré hacia el dormitorio desde el sofá, y al paso de unos segundos observé cómo Zakko y Yaku se asomaban.
—Buenos días.- Escuché la voz de Zakko deseando buenos días.
—Buenas tardes.- Kairo le contestó.
—¡Buenas tardes!- Exclamé desde el sofá.
—Hola.- Yaku también saludó, aunque no se le oyó tanto porque no alzó la voz.
—Bueno, voy a bañarme.- Kairo me habló a mí, para luego dirigirse al reposador.
Entre tanto, Zakko y Yaku se acercaron a la sala de estar. Él más que ella, ya que Yaku se quedó parada en medio. Zakko al menos se vino a sentar al lado mío.
—¿Cómo durmieron?- Interpelé a ambos.
Vi cómo Yaku bostezaba.
—Bien. Tuve… sueños raros, otra vez.- Zakko contestó.
—¿Y tú, Yaku?- Le pregunté, a la vez que pasaba por en frente de nosotros para sentarse en el sillón en el que siempre se sienta.
—… Yo dormí bien.- Ella contestó.
—¡Me alegro!- Expresé mi felicidad de que hayan despertado por fin. —¿Tienen hambre?
—… No mucho.
—Tengo ganas de comer.
Me respondieron casi al unísono, aunque les entendí a los dos. Yaku fue quien respondió primero y Zakko segundo.
—¡Bien! Voy a preparar algo para comer. ¿Me acompañan?
—Shair…- Zakko sin contestarme, me llamó con un tono un tanto confuso.
—¿Sí?
—¿Qué es esto?- Zakko cuestionó, al percibir las rocas que dejé tiradas en el piso, al sentarse.
—Ah, eso. Es… cierto. Zakko…- No sabía cómo pedírselo amablemente. —¿Podrías… ya sabes… ejem… limpiar eso?
—Supongo que podría.
—¿Y si lo haces?- Se lo pedí con un tono muy dulce y llevando mis manos a realizar un gesto de súplica. A la vez que le pestañeé tropecientas veces.
—… ¿Y si lo botamos como personas normales?
—¡Pero sería muy pesado!
—Son roquitas, solo. Agarra un par y llevémoslo al basurero de nuestra habitación, al menos.
—… Está bien…- Acepté. Me dio pereza, pero acepté.
Así, Zakko y yo juntamos las rocas y la llevamos al basurero de la habitación, que se hallaba a unos cuantos pasos de la puerta de salida. O… de entrada.
—¿Ves que-
Zakko iba a hablar, hasta que se detuvo al ver el cesto de basura.
—¿Qué pas-
El cesto estaba repleto de rocas. Eran más grandes que las mías, y ninguno de nosotros era de elemento tierra, excepto por Sein, que ya no estaba, aunque no quita el hecho de que haya podido ser ella.
Quitándola a ella de la ecuación, era claro que Kairo era el siguiente. Aparte de que la roca que creó antes era idéntica a las que veía. No sé en qué momento llenó el tacho de estas.
—¿Y ahora?- Interrogué, ya que no sabía cómo proceder.
—¿Habrá que llevarlo al basurero de afuera, no?- Zakko interpeló.
—Ah, por supuesto. ¿Lo haces tú o lo hago yo?
Zakko botó las rocas que creé yo, y yo hice lo mismo.
—Eh… déjame… intentarlo.- Zakko quiso intentarlo por lo que me aparté. Sujetó la bolsa que cubría el tacho, y…
No la movió ni un poco. Sujetó con ambas manos, y lo oía esforzarse. Duró unos segundos así, no diría que llegó al minuto. Hasta que finalmente se quedó observando al tacho.
—¿Qué pasó?- Interrogué.
—Está muy pesado.- Él afirmó.
—¿En serio? Déjame ver.- Quise animarme yo, por lo que agarré la bolsa, y jalé.
No la moví ni un poco. Ni él ni yo.
—¿Y si intentamos a la vez?- Sugerí.
No la movimos ni un poco. Ni jalando al mismo tiempo.
—¡Yaku!- La llamé apenas me di cuenta del problema que era cargar esto.
Yaku yacía en el sillón, observando la escena.
—¿Qué?
—¿Puedes… ayudarnos? Tú que eres… fuerte.
—… Voy.- Yaku accedió, y se encaminó hacia nosotros. —Voy a… usar mi nube, y ya.
Luego de avisarlo, Yaku se agachó para tocar la parte inferior del tacho, y creó una nube debajo, agrandándola lo suficiente como para que no se cayese de esta.
—Listo. ¿A dónde la llevo?- Interrogó Yaku.
—¿Ves ese contenedor de basura verde que está allá? Bueno, ahí.- Le informé.
—Está bien, iré.
—¿Necesitas ayuda?
—No. No se preocupen.- Yaku se negó, aunque sí daba las pintas de que no necesitaba ayuda.
Con esas, miré a Zakko y le sonreí.
—¿Cocinamos?- Ofrecí pasar tiempo de calidad juntos.
—Me parecería bien.
En el momento de voltearnos para ir a la cocina, Kairo apareció. Tenía el pelo mojado, se le notaba.
—Hola. ¿Qué hacen?- Kairo consultó.
—Botábamos la basura.- Le expliqué mientras que caminaba hacia la cocina.
—¿Tú fuiste quien dejó todas esas rocas en el tacho?- Zakko le preguntó a Kairo.
—… No.- Kairo negó hasta con la cabeza, claramente fingiendo. Zakko lo miró sospechando de él y yo me uní a lo mismo. —Sí. Perdón.- Confesó.
—Bueno, no pasa nada. Yaku pudo botar el tacho.
—¿No botará el tacho, verdad?- Zakko interpeló cuando yo me expresé de esa manera.
—Es verdad, se lo llevó. Bueno, no creo que sea… así.- Contesté.
—¿Así cómo?- Kairo preguntó.
—Nada.- Negué a explayarme. —Vamos a cocinar, Zakko.- Le recordé a lo que íbamos, y me encaminé hacia la cocina.
—¿Te pusiste la misma ropa?- Oí de Zakko, imagino que a Kairo. —Ah, ya voy.- Zakko ahora me habló a mí, ya que elevó la voz para que le escuchase mejor.
—¿Cómo que la misma ropa?- Kairo interrogó extrañado, y vino con nosotros a la cocina.
—¿No te dijo Shair que te compró ropa?- Zakko le consultó a él.
—¿Me compraron ropa?- Kairo aún más extrañado, consultó también.
—Sí. Me olvidé… decirte, me distraje intentando aprender magia.- Le expliqué el embrollo. —Está en la bolsa en la sala de estar, en una esquina del sofá, creo. Es el parka inuit.
—¿El qué cosa de qué?- Kairo no sabía el nombre del abrigo.
—Es el abrigo… con.. eh… eso…- Estaba haciendo gestos cerca del cuello, indicando que tenían una capucha con un forro así abrigador… no sabía cómo describírselo. —… esa cosa… ¿Me entiendes?
—Ni un poquito.- Negó entenderme al instante.
—¡Es el abrigo y ya!- Me rendí.
—Está bien, iré a verlo y lo traeré, así me dices si es ese.
—Sí, eso, mucho más fácil.- Asentí, a la vez que escogía qué cocinar.
Kairo se fue a buscar la ropa, por lo que me quedé a solas con Zakko.
—¿Qué te apetece comer?- Le pregunté.
—Fideos.
—¿Los cocinas tú entonces? A ti te quedan ricos. Yo puedo hacer… una salsa o la carne.
—Como gustes. Solo… no se la eches a toda la pasta.
—Claro, claro. Lo siento por la otra vez. Se me olvidó que no te gustaba a ti.
—Ya te perdoné, Shair. Tampoco es que me haya muerto por eso ni nada.- Zakko quiso que olvidase aquella vez en la que le eché la salsa a todos los fideos.
Para él no será la gran cosa, pero yo sabía que no le gustaban y lo hice de todas formas. El haberme olvidado yo no me lo perdonaba. Al menos, a los demás sí les gustó. Me alegró eso.
Así, ambos nos pusimos a cocinar juntos. Ya habíamos agarrado la maña de cocinar a la par, al inicio sí que cometimos unos cuantos errores. Ahora nos distribuíamos bien las tareas.
En lo que cocinábamos, Yaku ya se había adentrado, y caminó hacia la cocina para hacernos compañía.
—Huele bien.- Yaku aseguró.
—En poco estará, por si quieres quedarte. Ah, de hecho, compré jugo. Puedes servirte si gustas.- Le hablé a Yaku, y esta se dirigió al congelador.
Yaku habló bastante poco, aunque para ella era lo normal. Zakko y yo nos hablábamos por encima para ayudar en lo que preparaba el otro.
Kairo llegó, con la ropa puesta.
—¡Hola! ¿Te queda bien?- Lo saludé antes de que él dijese nada, y le pregunté.
—Sí… aunque… me siento como… raro. Quizá debería verme al espejo. Al menos la ropa es bonita, eso sí.
—Me alegro que te guste.- Afirmé al oír eso último. —Yo creo que te ves bien. Aunque, la estética que te da la capa es de tu tipo, o eso pienso. Ese abrigo no se te ve mal, pero… juzgando por las vibras…- Me detuve un tiempo de más en analizar a Kairo.
Percibí cómo Zakko se encargó de lo que estaba haciendo yo por unos momentos.
—Ah, cierto. Perdón.- Le pedí disculpas a Zakko por haberme distraído.
—No pasa nada.- Él me tranquilizó.
—La capa se te ve…- Escuché cómo Yaku se había animado a soltar un comentario positivo, hasta que se detuvo antes de acabar.
—¿Se me ve cómo?- Kairo le consultó a Yaku.
—… Mejor, sí…- Yaku reafirmó mi comentario. —… pero tampoco te ves mal.
—… Gracias. ¿Tu ropa también es nueva, no? Te pega ese estilo a ti también.- Kairo quiso corresponder el comentario positivo de Yaku.
No escuché ni una respuesta proveniente de ella, mas me gustaba imaginar que al menos sonrió. No la veo sonreír muy seguido.
Seguido de eso, Kairo se fue al reposador otra vez. Imagino que para verse al espejo o algo así, tampoco le presté mucha atención ya que estaba cocinando.
Una vez Zakko y yo acabamos de cocinar, servimos comida para los cuatro. Kairo también estaba regresando, por lo que ahí mismo comimos todos.
—Eh… recordé. ¿Sein también iba a estar con nosotros, no?- Kairo interpeló, ya casi terminando su plato.
—¿Por qué?- Interrogué yo.
—Porque… hoy es catorce. Es lo de Bardelarte…
—Ah… lo olvidé por completo. Es cierto, íbamos a ir…
—¿Cómo que lo olvidaste? ¿Qué hora es? ¿A qué hora le dijiste a Sein que nos viésemos?- Kairo arrancó a preguntar.
—… De hecho, no le dije hora. Quizás y… nos está… ya sabes, esperando…- Me dio pena imaginar a Sein sentada sola.
—Podríamos ir ahora, ¿No? Tampoco es tan tarde… y los actos eran un tanto tarde.- Yaku aseguraba.
—¡Bien!- Procedí a comerme todo lo que quedaba en mi plato. —¡Vamos al gremio a por Sein y luego a Bardelarte!
Así, el día ya tenía un propósito. Bueno, lo tenía desde antes, pero… lo había olvidado por completo, raro en mí, eso creo. No… acostumbraría a olvidar cosas que propongo yo…
Todos comimos y dejamos los platos en el lavaplatos, para limpiarlos cuando volviésemos. Yo me acabé el jugo que me quedaba y así, nos preparamos todos para salir. Kairo quiso ir a ponerse la capa antes de salir, ya que habíamos concordado en que se veía mejor con esta. El resto, íbamos a salir como ya estábamos
—Ya estoy.- Kairo se acercó a nosotros, que esperábamos en la puerta.
—¡Ah, esperen!- Me acordé de los lentes de sol. Ahora que íbamos a salir como grupo a solo disfrutar, llevaría los lentes de sol, que para algo los compré.
Los había dejado en el velador de mi cama. Los cuatro, justo. Me llevé todos los lentes y me dirigí con mi grupo.
—¡Miren! ¡Las gafas de sol!
—Había olvidado por completo que las compraste.- Kairo mencionó.
—Sí, yo también.- Y Zakko reafirmó.
—¡No importa, usémoslas ahora!- Les di una orden.
—¿No que eran necesarias para las luces? A mí, aparte del primer día, ya no sentí ni un poco de dolor o molestia.- Kairo replicaba, a su vez que tomaba los lentes que le pertenecían y yo le entregaba.
—Eso fue lo que me dijeron a mí.- Argumenté.
—Te estafaron entonces.- Kairo respondió.
—Pero si la que me lo dijo ni las vendía. Era una señora de la posada.
—Te vio la cara…- Kairo no acabó su frase.
—¿Cara de qué?- Cuestioné, a la vez que le entregaba los lentes al resto.
—Ya sabes, la cara de…
—¿Me estás llamando fea?
—No, te estoy llamando tonta.
—Ah… ¿Me estás llamando tonta?
—¿No…?- Kairo por algún motivo se negó con duda.
—… ¿Qué?- Me perdí.
—¿Y si vamos al gremio?- Zakko incidió, colocándose los lentes de sol. —Yaku se nos adelantó.
—Sí, sí… no hagamos esperar más a Sein.- Le di la razón a Zakko, y me encaminé hacia la salida de la posada. Los chicos me siguieron, cerrando la puerta.
Yaku estaba afuera, tomando sol. Los lentes le quedaban chistosos.
—¿Tienen todo lo que querrían llevar?- Les pregunté antes de que nos fuésemos más lejos.
—Tampoco tengo muchas cosas qué llevar.- Kairo contestó.
—Vamos ya.- Zakko quiso apresurar.
—¡Vamos!- Y yo asentí.
Así nos dirigimos hacia el gremio, para encontrarnos con Sein. Las conversaciones fueron triviales, mas me alegraba oír a los tres animados.
Llegando al gremio, logramos vislumbrar a Sein. Ella parecía estarnos viendo desde antes, imagino que por sus increíbles habilidades de visión.
Vestía una camisa color crema con cuello debajo de una chaqueta gris que la tenía suelta, sin abrocharse del todo. Aparte de eso, llevaba un broche para el pelo con forma de estrella justo arriba del mechón de color naranja.
—¡Hola!- Exclamé para saludarla desde la distancia, alzando la mano y haciendo el gesto del saludo también.
Sein me lo devolvió, aunque el saludo verbal no. Imagino que porque estábamos demasiado lejos y quería esperar a que nos acercásemos.
—¡Hola!- Reiteré el saludo ya cuando estábamos a su lado.
—Hola.- Sein ahora sí que correspondió el saludo, bastante animada. Se veía bonita, quería decírselo cuando mis compañeros también le saludasen.
—Hola.- Saludaron casi al unísono, Kairo y Zakko, solo que se oyó más al primer mencionado.
Yaku al menos saludó con la mano.
—¿Cuánto tiempo llevas esperando?- Interpelé a Sein.
—Eh… más del que me gustaría decirles.- Sein nos dio a entender que llevaba esperando un montón.
—Lo siento muchísimo.- Pedí disculpas por los demás. —Te queda muy bien esa ropa por cierto. El broche es muy bonito.
—¿En serio? ¡Gracias!- Sein me agradeció por comentárselo. —Tú te ves bien también.
Kairo tosió desde atrás.
—Ah, sí, claro. Vamos a Bardelarte, que sigue estando bastante lejos.- Retomé el plan principal.
—Sí, sí. Vamos.- Sein asintió.
Junto a Sein, nos encaminamos hacia Bardelarte, guiado aún por la brújula ya que Kairo me enseñó cómo usarla del todo y era bastante útil. Además, según el reloj, eran apenas las cuatro y media. Todavía quedaba bastante, con suerte, tendríamos un rato antes de entrar a ver nada de lo de Bardelarte.
En el camino, fuimos hablando Sein y yo. Ella me contó por encima que Izu quería juntarse con nosotros por fin. Que sería justamente mañana, jueves. Acepté, y ahí ella comentó que se supone que Kairo me debería de haber dicho eso. Sin embargo, Kairo se hizo el desentendido y se puso a hablar con Zakko.
La situación de todas formas era muy bonita. No podía sentirme más… contenta. Iba con mis amigos a un teatro. Aunque Sein… no sabría si considerarla mi amiga todavía… más que nada por ella. No sé si me considere su amiga. Yo al menos sí que la considero como tal, por lo que para mí cuenta.
Tras una larga caminata conseguimos avistar Bardelarte, y toda esa calle. Se veía mucho más iluminada que la otra vez, y sobre todo, más repleta de gente. Habían locales que incluso antes no les prestamos tanta atención, pero eran igual de grandes.
Por algún motivo que no entendía, mi cuerpo tembló levemente, al momento de reconocer las calles.
—¿A dónde vamos, entonces?- Sein interpeló.
—Vamos a preguntar por las entradas.- Conté mi plan.
—¿No deberíamos haberlas comprado antes?- Kairo cuestionó.
—¿… No?- Me hizo dudar.
El que me pusiera en duda eso, y que me mirase de la manera en la que lo hacía, me tenía consternada de cierta manera.
—¡No me mires así!- Exclamé para que parara.
—Perdón.- Pidió disculpas.
—Te perdono.
Cuando entramos en Bardelarte, me aproximé al primer mostrador que parecía atender personas. De hecho, había bastante gente ahí, tuve que hacer una fila. Dejé que el resto vagara por ahí, y yo me quedaría esperando a comprar las entradas.
Pese a que permití que se fueran todos a caminar o ver cosas, Zakko se quedó conmigo.
—¿Sabes cómo se llamaba el artista del acto al que íbamos a ir?- Zakko consultó.
—Ah.- Me quedé boquiabierta.
—Descuida, iré a ver.- Zakko por suerte, decidió resolverme la vida.
Las personas se iban, y Zakko se tardaba un poco en regresar. Me preocupé, solo por unos segundos, ya que Zakko regresó antes de que me tocase pedir nada.
—Ler.- Fue la palabra que soltó Zakko por la boca al acercarse a mí.
—¿Así se llama?- Interrogué.
—Sí.
—Qué nombre más… exótico.
—Suena como si no te gustase el nombre.
—Está bien, a mí me gusta.
—No lo parece.
—Hablas como si me conocieras desde hace tres años o así.- Aseguré.
—Es cierto, yo no te conozco tanto.- Y Zakko aseguró. Ambos con sarcasmo.
—¿Señorita?- El hombre detrás del mostrador me llamó, ya que era mi turno.
—Oh, sí. Eh… quisiera unas… cuatro-
—Cinco.- Zakko me corrigió, hablando por encima de mí.
—Cinco entradas para…
—Ler.- Y ahora me completó la frase, ya que se me olvidó el nombre.
—Sí, eso.
—Serán 25 monedas de cobre.
—Eh…- Estaba buscando en mi bolsillo el dinero. —Tenga.- Le pasé una de plata y cinco de cobre, que era lo más fácil para pagar.
—¿Quisiera algo más?- Quien trabajaba en el mostrador me ofreció, entre tanto recogía el dinero.
—No, gracias.- Negué, y me llevé las entradas. —¿Las guardas?- Una vez nos apartamos de la fila, acerqué las entradas a Zakko.
—… Está bien. Déjame verlas, eso sí. A lo mejor nos dice la hora.- Él comentó.
—Es cierto. No sabemos la hora…
—Ah, sí que las dice. Es a las… siete de la tarde. Siete cuarenta y cinco. ¿Y son las…?
—Cuatro y tanto. Poco antes de las cinco. Quedan como dos horas o hasta tres.- Aclaré yo.
—… ¿Y ahora qué hacemos?- Zakko interpeló.
—Primero, busquemos al resto… que no los veo desde aquí.- Por más que me esforzaba, seguía sin observarlos.
—Vamos.- Zakko tuvo la iniciativa de adentrarnos más para buscarlos, por lo que le seguí.
El caminar a su lado por un pasillo tan bonito era muy agradable. Los carteles de algunos actos eran llamativos. Así, no tardamos mucho en encontrar a Kairo y a Sein, solo que faltaba Yaku.
—¿Qué miran?- Cuando nos aproximamos a ellos, les pregunté, ya que solo veían una mancha rara en la pared de color amarillo.
Se veía como una ilustración de una persona pegada a la pared… no tenía un marco ni nada de información de nombres o algo, como para ser un acto.
—Si te soy sincero, no tengo idea.- Kairo contestó luego de unos segundos.
—Se ve raro…- Sein añadió.
—¿Y cuánto tiempo llevan viendo esto?- Consulté.
—No sé. Unos cuantos minutos nomás.- Kairo aclaró.
—Veo… cierto grado de maná en la pared…- Sein comentó.
—¿Qué? ¿O sea que es una persona? O… una ilustración hecha con magia.- Sacaba conclusiones.
—No sé.- Sein no sabía cómo responderme.
—Observa el resto de portadas.- Planteé como idea, para comprobar si alguna tenía maná también.
Asumí que Sein en ese momento estaba empleando su magia de visión de alguna manera. Yo por lo menos, no sentía el cierto grado de maná proveniente de la pared. Zakko y Kairo imaginaba que tampoco lo sentían.
—Eh… no. No veo nada de maná ni mucho menos la siento…- Cuando Sein se volteó a ver el resto de portadas, creo que todos lo hicimos al mismo tiempo.
—¿Se fue?- Zakko cuestionó al ver el lugar en donde estaba la ilustración rara amarilla. Había desaparecido por completo.
—… Qué raro.- Expresé mi confusión.
—No debería de ser nada raro, ¿No? Hay… muchos guardias civiles afuera.- Kairo se estaba preocupando de más.
—No creo que sea nada raro. Quédate tranquilo, Kairo.- Llevé mi mano a su espalda, para brindarle tranquilidad.
—A lo mejor es algo de Bardelarte y ya. Se veía bastante bonito el dibujo.- Sein parló.
—Cierto.- Y yo reafirmé.
—¿Y Yaku?- Zakko se percató de su falta antes que yo.
—¿¡Y Yaku!?- Reaccioné de manera tardía.
—Ya pregunté yo, Shair.- Zakko me avisó.
—Lo siento.- Tuve que disculparme.
—Creo que quiso esperar afuera. ¿Ya tienen las entradas?- Kairo respondió.
—Ah, sí.- Le confirmé.
—Vamos a tener que esperar afuera, imagino. ¿Qué se supone que hagamos con las dos horas que quedan?- Kairo cuestionó.
—¿Cómo sabes que quedan dos horas?- Y yo lo cuestioné a él.
—Leí el cartel.
—Claro…
—¿No deberíamos ir a por Yaku y hablar de eso… afuera?- Sein sugirió.
—… Sí, sí. ¡Sí! ¡Vamos!- Se me había ido la energía por un segundo, mas la recuperé un segundo después, porque solo se me fue un segundo específico.
Fuimos con Yaku, quien estaba afuera, apoyada a la pared más cercana a la entrada de Bardelarte, viendo al cielo. El sol seguía, mas no estaba tan fuerte como antes. El cielo se veía bonito.
—¡Yaku!- La nombré cuando la vimos al salir.
Ella no contestó, mas saludó con el gesto.
—Bueno, ya estamos todos. ¿Alguno tiene algún plan o algo así?- Pregunté en general, porque si era por mí, íbamos a comer algo y ya.
—Yo no.- Kairo fue el primero que negó tener algún plan.
—Tampoco.- Zakko fue el que siguió.
—Nop.- Y Sein fue quien acabó de negarse.
Volteé a ver la respuesta de Yaku, y negó con la cabeza también.
—Bueno, vamos a comer algo o algo así. Al menos, para sentarnos en lo que pasan las horas. ¿Qué les parece?- Yo tampoco es que tuviese mucho apetito, pero sin dudas sería un lugar cómodo para simplemente sentarse y charlar.
—No es que tenga hambre o algo así, en lo personal.- Kairo comentó.
—De hecho, yo sí tenía algo de hambre…- Sein contrarrestó.
—¡Entonces vamos!- Exclamé, encaminándome al primer restaurante que se veía desde aquí. Era bastante llamativo, y hasta tenía asientos por fuera.
Los demás me siguieron, y nos sentamos en una de las mesas de afuera, para observar el cielo y las calles tan bonitas.
—¿Entonces solo Sein se va a pedir algo?- Pregunté, una vez ya estábamos todos sentados.
Era una mesa rectangular, y me acabé sentando yo al lado de Sein, mientras que Kairo, Zakko y Yaku estaban sentados en ese orden delante nuestra.
—¿Sí, no? Es que… todos comimos antes de venir.- Kairo me respondió.
—No sé si quisiera ser yo la única que coma…- Sein habló en voz baja.
—No me importaría pedirme algo yo también.- Yaku se expresó a la vez que levantaba una carta de menú que había en la mesa.
—Yo me pediré algún postre, si es que hay.- Y yo quise hacer compañía a Sein también. Entendía su pensamiento de no querer ser la única que come.
Yaku me entregó el menú cuando supo qué es lo que quería pedirse. Zakko y Kairo estaban hablando entre ellos, no presté mucha atención a su conversación, mas algo estaban viendo a lo lejos. Sein y yo nos encontrábamos escogiendo qué comer.
Al final me decidí por un helado con frutas y nueces. Sein se pidió algo que según ella conocía como lomo saltado. Me extrañó, mas cuando lo ordenó así, le entendieron y le trajeron lo que pidió, por lo que debo de ser yo que no sabía que se llamaba así. Mis papás le decían de otra manera.
Yaku solo se pidió papas fritas. Kairo pidió agua y Zakko quiso tomar una bebida, la cual compartimos sin que él lo supiese porque estaba lo suficiente cerca de mí como para que cuando se distrajese tomar un poco.
Pude pedirme a mí una bebida, sin embargo, Zakko ni notó que me tomé la mayoría de la suya. Si se daba cuenta, le pediría otra a él.
Fue un momento muy bonito para mí. Lo pasé bastante bien, y creo que ellos también.
—¿Entonces solo basta con un leve roce?- Kairo le cuestionó a Sein.
—Algo así. Depende qué tan concentrada esté yo. Si lo hago a la ligera, cualquier roce te soltaría. De todas formas, sigue cumpliendo su función, te paralizo un segundo.- Sein le respondía a él.
—A ver, prueba con Zakko.- Kairo propuso, apuntando con su dedo pulgar a Zakko a su costado.
—¿Por qué conm- Zakko fue paralizado antes de que acabase su frase.
—¿Y por qué sale esto arriba? Parece un juego.- Kairo se expresó por los ojos que salían arriba del afectado por la habilidad de Sein. Comenzó a tocarlo, mas no sucedía nada.
—Ni idea. Pero se ve bonito.- Sein concluyó.
—Sí, es estético.- Kairo aceptó. —¿Entonces si le toco el brazo ya se mueve?- Le tocó el brazo a Zakko, y los ojos arriba de él desaparecieron, además de que comenzó a moverse.
—Por cierto, podías hablar aún paralizado, creo.- Sein le comentó a Zakko.
—No sé de qué me servirá saber eso…- Zakko replicó en voz baja, viendo fijamente a Sein.
—Perdón.- Y esta le pidió disculpas.
—¿Qué hora es?- Yaku cuestionó, observando a la numerosa cantidad de gente que se estaba apareciendo, además de que el atardecer ya se estaba notando.
—Son las… siete, sí. Falta poquito. ¿Vamos ya a Bardelarte?- Cuestioné al grupo.
—¿Tanto tiempo pasamos aquí?- Kairo interpeló, sin responderme.
—Sí se sintió como un rato largo.- Acoté.
—¿Por qué no nos echaron de aquí todavía?
—Porque Yaku y yo seguíamos pidiendo comida, en lo que ustedes parloteaban.
—Ah, claro. ¿Tanta hambre van a tener?
—Es que está muy rico el helado.
—Sí, lo está.- Yaku reafirmó mi comentario.
—¿Ves?- Y yo agarré confianza con mi afirmación al ver que tenía su apoyo.
—Bueno, vámonos.- Me levanté y me estiré para irnos ya a Bardelarte.
—¿No deberíamos pagar o algo así?- Kairo mencionó.
—Ah, cierto.- Caí en cuenta de ello, y me fijé hacia dentro para ver si algún mesero o algo nos observaba para pedirle la cuenta.
Luego de que un mesero se nos acercara y pagase todo lo que nos costó lo que nos comimos, nos regresamos hacia Bardelarte, para esperar allí dentro.
Ahora sí que estaba lleno de personas pintorescas. También, había aún más guardia civil a la distancia, merodeando. Las calles de Bardelarte sumado al bello anochecer y a las brillantes luces de Lusiudá era sin dudas algo como para quedarme embobada simplemente observándolas.
Sin embargo, la razón por la que no podía quedarme me resultaba aún más bonita. Tenía muchas ganas de pasar un rato tranquila con ellos.
Todavía no era la hora indicada, no obstante, nos quedamos caminando por los alrededores, ya que a simple vista tampoco sabíamos dónde era la entrada del acto que nos compete.
—¿No deberíamos… buscar la sala?- Kairo se acercó a mí, para preguntarme.
—¿Y por dónde?
—Bueno, yo qué sé. Solo… busquemos algo. Va a llegar el momento de entrar y no sabremos ni dónde queda.
—Siempre podremos preguntar al señor del mostrador. Si el resto de gente entra, habrá un momento en donde podamos preguntarles e ir corriendo antes de que sea muy tarde.
Kairo se me quedó mirando un buen rato luego de que yo dijese todo eso.
—Está bien, busquemos.- Cedí.
Vi de reojo a Zakko, Yaku y Sein, y estaban en una esquina, pareciendo que jugando algo con sus manos. Me extrañaba más que nada por parte de Yaku, que no lucía muy amigable con Sein todavía. Entiendo que Zakko la habrá logrado convencer. Por ello, no quise ir a molestarlos y fui solo con Kairo a buscar la sala de Ler.
Junto a Kairo pasamos por los pasillos, no eran tan anchos pero sí eran largos.
Al fondo del todo, parecía haber reposadores, y una entrada a una especie de restaurante.
Como nosotros pasamos por el pasillo derecho, a la derecha estaban todos los actos y a la izquierda solo decoraciones. Solo que cuando nos acercamos, resultaba que la pared de nuestro costado acabó con una entrada al final del todo.
Dándonos la vuelta para echar un ojo, la puerta era como el resto, roja y llamativa, mas tenía estrellas luminosas requetebonitas.
—Será esta, imagino.- Kairo aseguró.
—Ah, sí, mira. Dice “Ler”.- Señalé a una de las estrellas más brillantes, ya que debajo de esta, decía el nombre en un color amarillento y letra muy elegante.
—¿Por qué está tan lejos del resto?
—Quizá es un escenario especial, por eso es la única entrada que está puesta de esta manera y… el resto son en su mayoría, iguales.
—Supongo que tiene sentido.- Kairo le vio el sentido a mis palabras, a la vez que se volteaba. —¿Y esos son… reposadores?
—Ajá. Por si lo necesitamos, supongo. No sé qué tanto vaya a durar el espectáculo.
—Nadie sabe nada y de todas formas decidimos venir a ver.- Él resumió la situación en la que nos encontrábamos.
—Sí, así es. Tal y como lo dijiste.- Y ahora yo le di la razón a él.
—¿Regresamos con el resto entonces? ¿Qué hora es?- Él cuestionó mientras revisaba su propio reloj. —Son las siete y treinta y ocho. Ve a… buscar al resto, yo voy a pasar al reposador un rato, creo.
—Está bien. No tardes mucho, veo a mucha gente viniendo ya.- Le avisé, ya que no solo percibía si no que ya los veía de manera directa, a todas esas personas llegando.
—No lo haré.
Kairo se dirigió al reposador masculino, y yo me fui a buscar a Zakko, Yaku y Sein. Tuve que pasar por en medio de la multitud. No fue tan difícil, más que nada porque muchos se adentraban en las primeras entradas de los actos más cerca a la salida de Bardelarte. Por lo que toda la gente que se avistaba, no era la que iba a llegar hasta adelante.
—¡Zakko, Yaku, Sein! ¡Vengan!- Exclamé a la distancia, alzándoles el brazo para que me observaran.
Zakko fue quien me vio, y me percaté de cómo les avisó a las otras. Posterior a que se reuniesen conmigo, los llevé a la entrada del show de Ler. Había menos gente que antes, pero aún había un par que incordiaba en el camino.
—¿Y Kairo?- Zakko interrogó por él, entre tanto íbamos hacia la entrada.
—Debería de estar por allá. Entró a un reposador antes de que llegase la hora de adentrarnos en el espectáculo.- Le expliqué.
—Ya veo.
—Sí, está allí, esperando.- Sein afirmó bastante segura. Tuve que voltearme para comprobar que estaba usando su magia de visión.
Aún me sorprendía su capacidad, no sé cómo no se marea entre tantas personas.
—Hola. ¿Ya entramos?- Kairo interpeló cuando nos aproximamos a él, y por consecuente, a la entrada del acto.
—¿Pues sí, no? Están todas las personas entrando…- No comprendí su pregunta.
—Bueno, sí, eso es… lo que está pasando, sí. Solo quería reafirmación, yo qué sé. Da igual.- Kairo no supo cómo explicar su consulta así que fue el primero que se metió de cabeza adentro de la puerta.
O era su intención, hasta que se cerró automáticamente cuando iba a entrar, por lo que chocó con ella.
—¡Ah!- Kairo expresó su dolor por chocar con la puerta de esa manera. —¿Qué pasó?
—¿Habrá que comprobar que podemos entrar?- Interpelé al aire. —Mira, ahí dice “introducir entradas”. Zakko.- Lo nombré, para que él procediera.
—Voy.- Zakko asintió y pasó todas y cada una de las entradas en la zona amarilla de la puerta, que al parecer, detectaba algo de las entradas que nos vendieron.
Las puertas se volvieron a abrir, y Kairo se volvió a mandar de cabeza.
Cuando fuimos con él, pude observar que se trataba de una escalera toda oscura, con leves luces que iluminaban los escalones, para que nadie se tropezara.
Entre más bajábamos, más se avistaba todo el teatro, era un teatro entero debajo de algo que ya de por sí es un teatro entero. ¡Qué loco!
—¿Dónde nos sentamos? ¿No hay… asientos predeterminados?- Sein interrogó apenas acabamos de bajar.
—No creo. Nos dieron la entrada así sin más. Aunque quizás en la entrada salga algo de asientos y tal… fíjate, Zakko.
—Sí, sí hay. Nuestros asientos son los de…- Zakko se acercó a unos asientos libres, fijándose justamente en los números que tenía.
Los asientos eran rojos, más o menos del mismo tono que las puertas de arriba. Y el número estaba en la centro del respaldo, de color dorado.
—Un poco más arriba. Vengan.- Zakko se encaminó para buscar nuestros asientos.
—¿Qué número somos?- Pregunté por curiosidad.
—De cincuenta y cinco y a cincuenta y nueve. O sea, estamos en una esquina… en esta de aquí.- Zakko indicó nuestros asientos.
—Y bien, ¿Alguno tiene alguna preferencia o algo así?- Cuestioné, para que se sintieran cómodos todos.
—A mí me da igual.- Kairo contestó primero.
—Me gustaría… estar en la esquina.- Yaku se dirigió a mí, un tanto en voz baja.
Tras unos segundos de planificación, tampoco tanto tiempo, acabamos sentándonos en el siguiente orden: Kairo, Sein, yo, Zakko, Yaku. Esta última en la esquina, más cerca del pasillo. Kairo iba a estar al lado mía pero Sein no quería estar al lado de un desconocido, así que como a Kairo no le importaba, tomó su lugar.
—Oigan, ¿De casualidad saben cuánto tiempo va a durar?- Kairo interrogó.
—¿No decía en el cartel?- Le pregunté yo a él.
—No.
—No tengo idea yo tampoco. ¿Zakko, tú sabes?
—La entrada no dice nada.- Zakko se puso a revisar la entrada antes de que yo le interpelase nada.
—Durará una hora como mínimo. Como es el acto destacado, a lo mejor dura dos y media o hasta un poco más.- Yaku informó como si fuese experta en esto.
—¿Has venido a otros actos así, Yaku?- Me llamó la curiosidad, y ahora quería saber.
—… Tal vez.- No desmintió nada, por lo que yo me lo tomé como un sí.
Habíamos conversado en voz baja, mas el ruido ambiente del resto de personas disimulaba nuestra pequeña charla. Como todavía no empezaba, el resto se habrá dado el lujo de conversar un rato con quienes hayan venido.
Imagino que venir en una cita con una persona puede llegar a ser más lindo todavía. Venir en grupo a algo así, no está mal tampoco, de todas formas. Solo que al no saber qué tipo de artista es, no podía pensar en qué clase de salida se podría formar en base a venir a ver esto.
Tampoco tenía mucha idea de cómo iba nada de nada. Se veía como un teatro, pero se supone que es de música. Yo pensaría que en un concierto se debería estar de pie y no como en una obra de teatro… para… no sé, animar mucho más a gusto.
Luego de unos largos minutos, el acto daba indicios de empezar, pues las luces enfocaban al escenario, y la gente también comenzaba a callarse.
Quien aparecía en la portada, Ler, se apareció. Una mujer muy linda también, con ropa más que vistosa.
—¡Hola, gente querida!- Voceó la artista.
El público se volcó cuando salió. A partir de ahí, el show comenzó. La parte del teatro la entendí poco después, cuando comenzó a cantar. Detrás de ella, habían actores que interpretaban la letra de sus canciones. O al menos, la mayoría de esta. En ciertas partes solo bailaron, que igual bailaban muy bien.
La primera canción me agradó muchísimo. Tenía un ritmo muy bonito y animado. No podía esperar ni un segundo más para escuchar el resto de sus canciones.
Canción tras canción, me emocionaba más. De un momento al otro, me percaté de cierto patrón en la letra de sus melodías. Trataban unas cuantas de cosas relacionadas a justamente los aventureros. O como tal, hablaban de uno en específico.
Nunca me sentí muy apegada a la música. De por sí, jamás pude oír mucha de seguido. Tampoco sonaba a algo que me llamase la atención.
Y sin embargo… por algún motivo… estas canciones estaban llegándome un poco más allá de lo que pensaba que podrían llegarme.
Sentía cosas que no sé si debería sentir solo por escucharla con una sintonía tan agradable, y una actuación bastante entretenida y vistosa.
No sé hasta qué punto… es normal sentir tanto por esto. De reojo vi a Sein y Kairo hablando, entre medio de las canciones. Por el ruido ambiente y sumado a que ambos murmuraban, no conseguí escuchar nada de lo que decían.
Volteé a mi otro costado, con Zakko y Yaku. Y… me embobé unos segundos. Desconozco el porqué… ver a Zakko me… hizo sentir… ¿Mal…?
Me encogí de hombros por instinto, y mis ojos se pusieron llorosos. Las canciones eran hermosas, no la estaba pasando mal. Me estaba divirtiendo.
«Todo el día fue divertido… ellos se divirtieron, yo la pasé genial también…».- Resonaba en mi cabeza. Veía cómo los demás se la pasaban bien, mas mi sonrisa se desgastaba un poco. Creo que ver a Zakko mientras escuchaba la música tan… preciosa… era mucho para mí.
Sigo sin saber si me identifiqué con la letra o algo así. Solo sé que… algo activó en mí.
No sé en qué momento pasó, pero hubo una breve pausa. Nadie se movía de su lugar, por lo que asumí que no era el intermedio ni nada así.
Pese a eso, tenía pensado levantarme para ir al reposador, creí que me vendría bien mojarme la cara y aclararme las ideas.
—Voy al… reposador.- Le hablé a Zakko, mientras me levantaba y le pasaba por el lado.
—¿Pasó algo?- Zakko interrogó. No sé porqué.
—No. Solo… me dio sed, voy a beber agua de la llave.- Le expresé con un tono humorístico, sonriéndole.
—… Claro. Te esperamos.- Zakko siguió hablando extraño pese a que le expliqué.
Pasé por en medio de él y de Yaku, para dirigirme a las escaleras y subir. Eran bastantes escaleras, eso sí. Mientras subía, seguía escuchando las canciones de Ler.
Lo dulces que eran me fascinaba. Me gustaría seguirlas escuchando en otro momento.
Suspiré en lo que subía, mi mente no pensaba en otra cosa que no fuese escuchar a Ler. Me sorprendió lo poco que se oía desde fuera con lo fuerte que se escuchaba dentro. Aunque, en cierta parte, sí que se hallaba un tanto lejos.
Me fijé de reojo en los pasillos, la mayoría estaban vacíos. Solo habían unos cuantos guardias civiles merodeando por ahí.
A la hora de entrar en el reposador femenino, no había nadie. Estaba vacío por completo, cosa que era agradable, o eso creo. Abrí las llaves, y comencé a juntar agua en mis manos.
Divertido era, aunque no era por eso por lo que vine. Solo perdía el tiempo. Me mojé la cara, y me vi al espejo.
Comencé a ponerme de en ciertos perfiles, a la vez que posaba. Consideraba que estaba bonita, aunque la ropa que llevo puesta no es la que más podría quedar conmigo, la verdad. La idea de llevar algo celeste era algo que me apetecía mucho, mas tampoco siento que sea lo que mejor pegue para amarrarme el cabello. Tal vez debería probar otra prenda.
No sé porqué, hallaba el reposador a solas reconfortante. No sé cuánto tiempo estuvimos abajo, se me pasó volando, hasta que comencé a emocionarme por la música. No sé ni porqué sentí la necesidad de irme, dudo que ninguno me hubiese juzgado si lloraba ahí mismo o algo así.
Estoy bastante segura de que todos en mi grupo son gente muy agradable. No he llegado a conversaciones muy serias con ninguno, creo. Aparte de Zakko, evidentemente. Tampoco sé si quisiera llegar a ese punto. No me gustaría verlos mal a ninguno.
Y entiendo porqué me siento rara pese a que los vi felices la mayoría del día de hoy.
No he hablado con ninguno de cómo se sentía al respecto desde aquel día. Con ninguno, de nada. No toqué el tema ni por encima, decidí ignorarlo y hacer que mi cabeza lo olvide. Conmigo funcionó, o eso creo. No sentí ningún tipo de temor al momento de revisitar estas calles.
O… eso pienso yo. Tal vez en algún momento mi cuerpo tembló…
«No puedo negar que me encantaría hablar con alguien ahora mismo. Ni siquiera sé de qué, quizás ni siquiera expresarme yo. Nadie de mi equipo me ha hablado más allá ni para desahogarse».- Mi voz interna habló.
«Quiero creer que no es porque no confíen en mí… porque yo tampoco les hablé para nada, y yo confío en ellos. Quizá solo soy yo a quien le está afectando un poco más allá…»
«Tal vez… tal vez no soy tan dura como para ser la líder… si esto me está afectando tanto…» Cuando pasó eso por mi cabeza, por reflejo, abrí la llave del lavamanos. Necesitaba algo de ruido de fondo.
Suspiré, observando fijamente el agua caer.
«Desearía ser… una aventurera genial… y aquí estoy».- Me miré al espejo, luciendo destruida. Todo lo contrario a cómo antes me veía. Ni siquiera salían lágrimas, no estaba llorando. Mis ojos lucían cansados y se sentían pesados. Mi boca estaba del revés, cuando en vez de estar así, debería estar sonriendo.
«¿Al menos soy una aventurera?».- Quise convencerme de algo, mas lo hice con duda, ni yo me lo creía.
Jamás quité la mirada del espejo. Odiaba ver mi rostro así. Si mi equipo era fuerte, yo tenía que ser fuerte también.
Respiré profundo, cerrando los ojos, y desordenando mi cabello con ambas manos, solo para desestresarme.
Posterior a eso, abrí los ojos y recuperé mi sonrisa. Mis ojos radiantes como acostumbro, y me posicioné más atrás, así viendo gran parte de mi torso, al menos.
«¿Eh?».- Cuestioné en mi cabeza, al ver una mancha rara de color amarillo detrás de mí, mediante el espejo.
Al voltearme, no vi nada, y la mancha en el espejo desapareció. Quizás solo estoy enloqueciendo…
«Debería volver con los demás, pero…».- Necesitaba una frase con la cual excusarme del porqué tardé tanto.
Estuve unos segundos concentrándome, inhalando por la nariz y exhalando por la boca. Preparándome mentalmente para actuar con normalidad.
—¡Hola, chicos! ¡Perdonen por tardar, estaba a punto de tener un ataque de ansiedad en el reposador, jaja!- Practiqué mi entrada triunfal, una vez regresase con los chicos.
«No, malísimo. No tienen que sospechar ni nada de lo que hice ahora, pese a lo tanto que tardé».- Concluí, y rechacé de inmediato esa opción.
—¡Hola, chicos! ¡Jaja!- Recorté el intento anterior.
«¿Por qué hice eso?».- Lo dudó hasta mi voz interna, a la vez que me veía en el espejo. Tenía una sonrisa de oreja a oreja y el pulgar levantado.
—¡Hola, chicos! ¡Volví!- Opté por una más corta y normal, además de hacer el signo de paz con los dedos.
«Ey, me gusta mucho este signo. Siento que combina con mi personalidad».- Fue mi primer pensamiento, al divisarme en el espejo haciendo el gesto mencionado.
—¡Hola, chicos! ¡Soy Shair!- Exclamé efectuando el mismo gesto, sin quitar la vista del espejo porque quería verme.
—¡Guau! ¡Es la mismísima Shair! ¡Por favor, deme un autógrafo!- Imité al fan promedio, además de con la voz, con la actuación. Inspirada por los actores detrás de Ler.
Para cumplir el papel de fan, decidí agacharme, ya que el fan que me pidió el autógrafo me veneraba como si fuese algo divino.
—¡Por supuesto, querido y para nada extraño fan!- Ahora, yo respondía, e hice el gesto de firmar.
—¡Oh, Shair! ¡Te ves increíble firmando autógrafos de los queridos y para nada extraños fanes!- Ahora, imitaba a alguien en específico de mi grupo de aventureros.
—¿¡Cierto!? ¡A que soy súper molona!- Exclamé con un tono un tanto fanfarrón. En ese entonces tal vez lo tendría, ya que sería súper famosa y tal. —¿¡Verdad que sí, Zakko!?- En ese momento, quise añadir a Zakko a mi ilusión.
—Shair. Me suicidé hace dos años porque no te atreviste a hablarme. La pasé fatal toda esa semana, y el peor día fue aquel que volvimos a ir a Bardelarte. Te odio y siempre te odié. Aparte, el nombre de Zakko estaba ultra súper mega feo. Ah, y mátate en público. Por favor.
…
«¿Por qué hice que dijese eso?».- Cuestioné a mi propio cerebro, observando el espejo, para verme paralizada después de haber actuado.
Respiré profundo, para continuar.
—No, Zakko diría algo como…- Busqué corregirme poco después. —¡Shair! ¡Eres la mejor! ¡Nunca te lo dije antes pero ahora que es más que obvio, he de admitirte que siempre te he am-
Yaku abrió la puerta.
—… ado…!- Acabé la frase, sin moverme ni un pelo, yéndose toda mi inspiración, además de ingresando la vergüenza a mi cuerpo paralizado en la posición en la que me quedé. Con una pierna levantada, y ambas manos con los dedos entrelazados.
Mis ojos se abrieron como platos y a mi boca se le fue la sonrisa en ese mismo momento.
—¿Interrumpo… algo?- Yaku cuestionó, más que sorprendida, también.
Revisé de reojo todos mis alrededores, para luego responder
—¿… No…? ¿Qué… eh… interrumpirías…?
—… Subí porque… los chicos se preocupaban por ti. Te perdiste bastante, y ya en unos minutos pintaba a ser el intermedio, o eso creímos. Así que subí antes de que venga el resto de gente.- Yaku explicó.
—Tiene… sentido, sí…- Le di el sentido porque he de admitir que sí que lo tenía. —… esto… eh… lo siento por… preocuparlos. Una cosa llevó a la otra y… tal vez me dejé llevar un rato…-
—¿… Estás bien?- Yaku me interrumpió.
Por más que quise asentir, ver su reacción de genuina preocupación no me lo permitió.
—… Tal vez.
—¿Y quieres… decirme por qué?
—… Tal vez.- No me sentía bien obligándola a ella a apoyarme. Todavía no sé ni siquiera si ella está bien, yo debería ser con quien ella se desahogue. —¿Tú estás bien? Eh… o sea… por lo de… ya sabes, la otra vez.
—¿De qué hablas?
—Lo de… la última vez que vinimos a Bardelarte.
—Oh, eso… yo… más o menos. Pero… eso no importa ahora. Aunque… ¿Es por eso que estás mal?
Solo la miré. No sabía ni cuál era la razón directa del porqué me sentía así.
—Tal vez.
—Deja de decir eso. Responde bien.- Yaku insistió.
—¿Desde cuándo… te preocupas tanto por lo que sienten los demás?- Murmuré.
—¿Qué?
Temblé un poco. Fue un pensamiento que salió de mi boca sin quererlo. Solo… me molesté por la forma en la que insistió que le respondiese bien.
Ella siempre mira feo al resto y apenas contesta. Hasta a mí de vez en cuando, y… es soportable, no me importaba tanto, ya que asumí que algún día nuestra relación mejoraría. Solo que ahora… me hallaba un poco… frágil.
Suspiré antes de hablar.
—Nada.
—Shair.- Ella me nombró. —… Mira… tampoco sé… cómo se supone que debería animarte, sea lo que sea que te tenga mal. Solo… que no quería que esto se quedara así como si nada. Zakko observó tu rostro antes de que te fueses y aseguraba que no te sentías bien. Y yo… creo en sus observaciones.
—¿Y por qué no vino él?- Interrogué.
—Porque es el reposador femenino.
—… Es verdad…- Respiré profundo otra vez. —Yaku…
—¿Qué?
—… Sí me siento… mal.
—¿Quieres hablarlo conmigo? O… con alguien más.
—No sé si quiero hablarlo.- Arranqué a acariciarme un brazo, por encima de la ropa.
Yaku no contestó hasta pasados unos instantes.
—Yo… no soy mucho de insistir si me dices eso. Aún así… pese a que te dije que no soy muy buena animando y esas cosas, supongo que… tampoco te voy a ignorar si te acercas a mí.- Yaku parecía estar intentándolo, al menos.
—… Gracias, Yaku. Me anima un poco el hecho de que te estés esforzando por decir algo bonito.
—Suena como si no lo hubiese conseguido.
Yo me limité a sonreírle.
—¿Qué clase de líder sería si te mintiese?
—… Tienes un punto.
—¿Ves?
—Y tú ya eres buena líder, por lo que solo te empeoraría.
Me tomó por sorpresa su comentario, así que dejé de sonreír tan fuerte.
—¿Crees que soy buena líder?
—¿… Claro? ¿Por qué no lo creería?
—¿Qué se supone que hice como líder para que creas eso?
—… No lo sé, Shair. Solo… me das buenas vibras. No me… desagrada, el seguirte.
Sus palabras por más que fueran tan secas, resonaron en mi corazoncito. Recuperé una sonrisa, con una leve lágrima saliendo de mis ojos.
—Gracias, Yaku.- Le agradecí, sin más. Sus palabras eran paupérrimas, mas me llegaron por ser ella quien las decía.
Al inicio solo me decía que le caía bien, pero cuando estábamos a solas, apenas me hablaba. Cuando íbamos a entrenar con Dods, la caminata los primeros días era en silencio casi total, exceptuando por un par de diálogos. Luego me animé a hablarle, y las conversaciones se hicieron más comunes, hasta llegó a parecerme otra persona.
—… No, perdón por… no poder ayudarte mejor.
—No importa, Yaku. Es suficiente. Vamos con el resto.- Le calmé, y procedí a encaminarme hacia el acto, por lo que ella me siguió.
Zakko siempre que hablaba de ella con él, me decía que al inicio era casi igual con él. O incluso peor, tal vez.
No he llegado a conocerla muy a fondo, apenas y sé que provenía de dentro de los muros Delca. No sé ni cómo llegó hasta a aquí. Tampoco sé nada de Kairo, y ahora, no sé nada de Sein, aunque de ella es normal ya que recién llegó.
El problema es con el resto, que llevo un mes con ellos y apenas sé nada, creo. Me da miedo hasta hablarles de mis sentimientos, o que ellos me hablen de los suyos.
Una líder debería de cubrir esas partes también, asumo. Sobre todo con los primeros integrantes, ya que serán los más importantes a futuro.
Quiero que nos cuidemos y crezcamos felices como grupo. Hacernos fuertes juntos, y aventurarnos. Apenas tuvimos un tropiezo y… no sé qué tan desmoronada esté. Sin embargo… si hasta Yaku se esmeró por animarme… esperaría que el resto también.
Tal vez llegué a forzar un poco mi comportamiento estos días. No tenía porqué actuar tan exactamente igual, debería poder permitirme sufrir un poco más. Ellos lo entenderían. Yo los entendería a ellos, y quizás es lo que está fallando. Desde entonces que siento que nuestras conversaciones no han sido lo mismo.
—Están todos subiendo…- Yaku comentó cuando abrió la puerta, ya que el entretiempo ya estaba siendo. Para que pasaran, nos apartamos, y esperamos para bajar con el resto.
Me identifiqué con un personaje de las canciones de Ler, porque… me gustó una parte mucho. El chico hablando con sus padres. No había pensado mucho en ello desde hace rato, o… creo que nunca lo llegué a pensar como tal.
«Mamá, papá. Soy aventurera, líder de un grupo de cuatro personas. ¿Cómo están ustedes? Me encantaría saberlo. No obstante, prometí que haría que se enteren de que me fue bien sin que yo tenga que decírselo».- Inicié un monólogo interno. «Aún no es ni mi cumpleaños, por lo que todavía no es momento de mandarles cartas asegurándoles de que sigo viva. No sé si… mencionarles ya que logré un avance… estoy ilusionada por conseguir lo que les prometí»
«No sé cuánto tarde, mas algo estoy logrando».- Volteé a ver a Yaku, concentrada en las personas saliendo por la puerta.
«Lo difícil que es lidiar con todo esto… de haberlo sabido, no les hubiese prometido eso. Me encantaría contar con su ayuda. Y por más que yo sepa que cuento con tal, me empeñé en cumplir mi promesa. No sé porqué, siento que me sentiría mal de romperla»
Ya la gente subió, por lo que Yaku y yo procedimos a bajar, para juntarnos con el grupo.
Saludé con una leve sonrisa a todos. Me hallaba calmada, pero tampoco del todo feliz, por lo que no me forcé a sonreír tanto como antes.
«Algún día… seremos campeones del Duel’Grot entre reinos».- Aseguré, viéndolos a todos. «Es cuestión de tiempo»
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com