Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Kinokodearu - Capítulo 37

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Kinokodearu
  4. Capítulo 37 - Capítulo 37: Quiero Hablar Contigo
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 37: Quiero Hablar Contigo

Shair y Yaku regresaron a sus asientos dentro del teatro estelar, con la actuación de Ler. Ahí yacían esperándolas, Sein, Kairo y Zakko.

—¿Por qué tardaste tanto?- Preguntó Zakko a Shair, entre tanto ella se sentaba a su lado.

—… Me… distraje… un poco… o algo así.- a Shair no se le ocurrió una excusa lo suficientemente rápido como para soltarla.

—Ya es el intermedio, igual. La gente empezó a salir, por si… no se dieron cuenta.- Kairo expresó desde lo lejos.

—¿Quieren subir ustedes?- Shair interrogó a quienes se quedaron sentados todo ese rato.

—Nah.- Kairo fue el primero en negarse.

—Yo estoy bien, estas sillas son cómodas.- Sein fue la segunda.

—Por mí nos quedamos aquí.- Zakko el tercero.

Shair sonrió y respiró profundo mientras veía a sus compañeros.

—¡Bien!- Recuperó la emoción, y exclamó. —¿Me perdí de algo importante?- Shair consultó, para que le resumieran lo que no vio mientras no estaba.

—No de mucho. Hubo una parte chistosa en una canción en la que el caballerito bailó breakdance.- Kairo contó.

—¿”Breakdance”?- Shair comunicó su confusión, pese a que la tenían tanto ella como Zakko y Yaku.

Sein volteó a mirar a Kairo haciéndole señas. Intentaba hacer ver obvio que no iban a saber de qué hablaba.

—Bueno, yo qué sé. ¿Por qué me miras así? Claramente no es la edad media esto.- Kairo se excusó con Sein, murmurándole. —Ah… cómo explicarlo…

—Era algo… así. Si me lo permiten…- Sein se levantó, y quiso ir a la parte del pasillo para ejemplificarlo.

—¿Qué haces?- Kairo cuestionó en lo que ella se acercaba al pasillo.

—Se ve más o menos así.- Sein afirmó, entre tanto se preparaba para ejemplificar el baile del que se hablaba.

Estirándose y cuidándose de que no se acerque nadie, arrancó a tirar pasos básicos de breakdance que eran más que suficientes para que se comprendiese de qué baile se hablaba.

—¡Ah! ¡Talfri! ¿¡Sabes bailar talfri!?- Shair se emocionó al ver los pasos.

Sein cayó en el piso sin completar el paso al completo.

—Eh… no mucho. Algo sé.- Sein desmintió saber bailarlo, ya que apenas sabía pasos básicos. Y según ella, ni siquiera esos se los sabía bien.

Lo desmintió mientras buscó sentarse al lado de Kairo y Shair.

—¿Así se llama el breakdance acá?- Kairo interrogó a Sein en voz baja. —Y… ¿Sabías breakdance? Qué carajos.

—Eso parece. No sabía, pero sí le oí a Izu mencionarlo cuando lo hice. Pensé que estaba diciendo cualquier… estupidez, ya sabes.- Sein le contestó a Kairo en voz baja también. —Y… no diría que sé breakdance, no. ¿Por qué?

—No me lo esperaba. Pero… ni un poco.- Kairo replicó en voz baja.

—¿Y quién es el caballerito?- Shair interpeló al aire.

—Ah, así le pusimos a… el aventurero.- Kairo le respondió.

Todos se acomodaron en sus asientos. Había unas cuantas personas que tampoco se fueron a ninguna parte, pero todas las de alrededor de Dearu sí se habían ido.

—Yo… sí creo que quiero ir al reposador. O… a comprarme algo para tomar rápido, que tengo sed.- Zakko comentó, levantándose.

—¿Me traes algo?- Shair le pidió.

Zakko la observó unos segundos.

—¿Qué quieres?

—Lo que tú quieras traerme.- Shair no se decidió, por lo que le dejó la tarea a él.

—Está bien.- Y Zakko aceptó para irse lo antes posible.

Shair, Sein y Kairo se quedaron conversando entre ellos. Yaku se recostó en el asiento y cerró los ojos, para reposar un rato. Zakko aprovechó que no había tanta gente en las escaleras para subir más rápido utilizando su forma limo.

—¿Y desde cuándo sabes talfri?- Shair interrogó a Sein.

—Ah… desde… hace tiempo. Tampoco indagué mucho más en ello… solo que… los pasos no se me olvidaron por las tantas veces que los repetí.

—¿No te interesa aprender más?- Shair se había impresionado por verla.

—No mucho.- Sein no quería tener nada que ver con el breakdance.

Así, se mantuvieron conversando bastante tiempo. La gente comenzaba a bajar, entre ellos, incluido Zakko, con su forma limo. Se sentó en su lugar y le dio una botella con un jugo de mango.

—Gracias.- Shair le agradeció con gusto, porque lo que le trajo era algo de su agrado.

—Te iba a traer lo mismo que a mí, mas no estoy seguro de que te guste.- Zakko comentó.

—A ver, dame.- La líder del grupo, pidió.

—No. Te tomaste toda mi gaseosa antes.- Y el veniz se negó.

—¿Te molestó?

—No…

—Entonces dame.

—No quiero darte. Tómate el jugo.

—Pesado.- Shair se rindió.

—¿A mí no me trajeron nada?- Kairo cuestionó.

—Eh… no pediste nada.- Zakko le respondió.

—Pesado.- Kairo repitió el mismo tono que usó Shair.

—¿Quieres mi jugo?- A Shair se le ocurrió una idea, así que le ofreció su jugo a Kairo.

—No, no quiero. Era broma.- Kairo aclaró.

—Quieres mi jugo.- Shair insistió, además de estirar el brazo con el jugo, para dárselo.

—Dije que no.- Kairo insistió aún más que ella.

—Dejó de ser una pregunta, Kairo.

—… Perdón.- El pelinegro acabó pidiendo perdón por si acaso, y estirando su brazo para alcanzar la botella de jugo.

Cuando la peliverde le entregó el jugo a Kairo, se volteó a ver a Zakko.

—Zakko, ya no tengo jugo.

—Yo te traje algo, si se lo diste a alguien más no es culpa mía.

—¡Zakko!

Sin decir nada, Zakko le dio de su botella.

Mientras ellos conversaban, el show regresaba. Disfrutaron de una velada que continuó durante más de media hora. La historia de aquel que llamaban caballerito llegó a su fin antes del intermedio, el resto fueron historias sueltas.

Todos se gozaron el espectáculo. Desde Yaku hasta Kairo, los cinco a su modo. Shair miraba con mucha ilusión todo lo que rodeaba al teatro. Ella y Kairo.

Kairo también disfrutó en demasía aquel acto. Por la pasión que tenía con la música, y por estar pasando algo bonito con su grupo de amigos.

«Todo esto es muy bonito. Me encantaría… venir con Mitsune. Creo que quiero… hablar con Mitsune después de esto. Pero… ¿Qué hora es?».- Kairo se cuestionó, por lo que revisó su reloj.

Eran las nueve de la noche, y aunque parecía estar cerca del final, aún continuaba.

«Uh… y yo le dije que iría a su casa mañana. Espero que… no piense nada malo…».- Kairo comenzó a pensar en otras cosas mientras estaba con su grupo. «Ni siquiera que piense algo raro. Lo que me preocupa es justamente que se preocupe ella»

Pensando en eso, observó a su grupo, disfrutando de manera activa el show. Shair se mostró mucho más alegre, era una de las que se levantaba cuando le gustaba mucho una parte. Sein también disfrutaba junto a ella, aunque la mayor parte se emocionaba más por verla a Shair emocionada.

«Supongo que… pensaré en Mitsune en otro momento».- Kairo guardó el reloj. «Esta imagen… estoy seguro de que debería apreciarla un rato más».- Kairo, con la imagen de sus compañeros sonriendo. Como estaba en una esquina, podía observarlos a todos.

—¡Wazumba!- Shair coreó una palabra que para las mentes de Kairo y Sein era inentendible, mas podían oír de forma perfecta.

—Esta parte está mucho más emocionante…- Zakko afirmó en voz baja, tras ver a Shair, sonriendo porque ella sonreía.

—¡Zakko!- Shair al escuchar su voz mas no entenderle, le llamó.

—¿¡Qué!?

—¡Usa tu magia elemental! ¡Este acto debe de acabar prendido fuego!

—¿Y esa piromanía?- Kairo desde el fondo, se rio al escuchar a Shair exclamar eso.

—¡No lo entenderías!- Shair se limitó a decirle eso.

—¡Cállate!- Se oyó desde el fondo, tirándole una botella vacía de plástico a Shair.

—¡Oye!- Shair se molestó y buscó con la mirada quién fue.

—Mejor… siéntate…- Zakko la tomó del brazo para que le prestara atención.

—¡No quiero!

—Siéntate.

—… Solo porque me lo dices tú.- Shair cedió.

«Menos mal se sentó, qué vergüenza… ese tipo de allá ya nos estaba viendo feo desde antes».- Sein pensó, observando a quien le tiró la botella a Shair, mediante su magia de visión. «Aunque… es… dentro de todo, bonito, vivir algo así con alguien. Shair es agradable en serio».- Concluyó.

El tiempo pasó, y el acto acabó. Ler se despidió con un gusto enorme, y toda la gente se emocionó gritando su nombre. Los telones se cerraron, y las luces regresaron, permitiendo a todos salir de la sala.

La bulla se hizo aún más fuerte, a la vez que las personas se encaminaban hacia la salida.

—¿Esperamos a que se vaya la mayoría de gente ahora también?- Shair propuso.

—Mejor.- Yaku habló en voz baja, pero la peliverde logró escucharla.

—Mejor, sí.- Kairo, que también la escuchó, reafirmó en voz alta.

—Mira, ese tipo de allá es el que te tiró la botella.- Sein señaló, ahora que el hombre se estaba yendo.

—¿En serio?- Shair cuestionó.

—Sí.

Shair observó detenidamente la persona a la que Sein señaló. No tenía motivos para sospechar que no le dijese la verdad.

Viendo para los costados, lo más rápido que pudo, apuntó al tipo y disparó leve magia elemental de agua a su nuca. No buscando hacer daño, si no que saliese agua fría. Tras disparar, se sentó y le robó la botella a Zakko para fingir que tomaba. Aunque aprovechó para tomar de verdad.

—¿Qué crees que haces?- Zakko interpeló a Shair.

—Tomo… gaseosa.- Esta última se tomó una pausa para contestar, ya que estaba bebiendo.

Zakko solo suspiró, riéndose de la tontería que acababa de hacer.

Cuando ya sala iba quedando vacía, decidieron encaminarse a la salida. Aún quedaban un par de personas al fondo, y Sein por curiosidad decidió verlas mejor.

No halló nada raro, solo se hablaban entre ellas. Imaginó que solo preferirán a que se vayan todas las personas antes de irse.

Salieron de la sala, y se percataron de la enorme cantidad de gente que había. Un par de espectáculos ya terminó antes que el suyo, por lo que ni siquiera era toda la capacidad que tenía el teatro entero.

—¿Alguno quiere pasar al reposador?- Shair consultó.

—Hay muchísima gente. Acá son fanes de mojarse la cara parece.- Kairo le murmuró a Sein.

—Es extrañamente agradable y hasta reconfortante, yo lo hago seguido.- Sein le respondió con un volumen normal.

—¿De qué hablan?- Shair les preguntó.

—De nada. No, ninguno quiere.- Kairo contestó por todos, al ver que Zakko y Yaku tampoco decían nada.

—¿Nos vamos entonces?- Shair les interrogó a todos.

—Claro.- Zakko afirmó.

—Sí.- Y Kairo también.

—… Por favor.- Yaku después de unos segundos, suplicó.

—¡Vámonos entonces!- Shair se encaminó hacia la salida, por lo que el resto la siguió.

La multitud no era un problema para caminar los cinco. Por suerte, la mayoría se iba bastante rápido de Bardelarte. Los cinco se tomaron su tiempo.

—¿Entonces qué les pareció?- Shair consultó al grupo, desde delante.

—Estuvo muy bueno. Me gustaron bastantes canciones, aunque… nunca dijo el nombre de ninguna, creo. O si lo hice no presté del todo atención o no creí que lo eran. ¿Dónde se puede escuchar la música otra vez?- Kairo contestó con una duda al final.

—A un par yo entendí que las nombró antes de cantarlas.- Sein mencionó.

—¿En serio? Ni idea.- Kairo aseguró.

—Me gustaron más la mayoría del final, creo. O lo pasé mejor yo.- Zakko comentó.

—La historia del caballerito estaba buena. Unas cuantas, al menos. Las repetiría.- Kairo opinó.

—Debe de haber un lugar en donde comprar la música. Hay que buscarlo, solo.- Yaku respondió a la duda de Kairo.

—¿Sabrías reconocer el lugar si lo ves?- Kairo le preguntó a Yaku, ya que esta le respondió.

—Nunca estuve en Lusiudá. ¿Cómo lo haría?- Y Yaku negó saber.

—Bueno, yo qué sé. A lo mejor es igual o similar en todos lados, así como… eh…

—¿El gremio?- Sein quiso ayudar a Kairo, soltando un ejemplo.

—El gremio no se parece al de Giruboken.- Yaku desmintió.

—Por dentro no, pero por fuera un poco. A mí se me hace parecido, al menos.- Sein argumentó.

—Tiene un punto. A mí se me hizo parecida la decoración.- Kairo reafirmó el comentario de Sein.

—… Da igual. Sí veo un lugar que se le parezca, te avisaré.- Yaku cedió.

Shair se detuvo sin decir nada, por lo que el resto se extrañó.

—¿Qué pasó?- Zakko consultó.

—¿Por qué hay gente haciendo fila allá?- Shair apuntó, hacia el lado contrario en donde se compraban las entradas. Había otro mostrador, con otra inmensa fila.

Ya se encontraban en las puertas de Bardelarte, a unos cuantos pasos de irse. No obstante, a Shair le podía la curiosidad.

—¡Voy a-

—Parece que hay-

Shair y Sein se interrumpieron entre sí.

—Es cierto, tú puedes ver. ¿Qué hay?- Shair consultó a Sein.

—Parece que hay… como… libros con discos dentro. No parecen álbumes… creo. Y… entre otras cosas, hay unos peluches chistosos.- Sein continuó hablando.

—¿Qué tan chistosos?

—… No tanto… a mi gusto, al menos.

—Te creeré, entonces. ¿Nos vamos?

—Sí. Vámonos.- Yaku apresuró.

El grupo se dio la vuelta para pasar de largo. Todos, excepto Kairo. Quien se fijó más en las personas que había en la fila.

«¿Esa es… Mitsune?».- Kairo utilizó toda su capacidad de concentración para discernir entre la multitud una cabellera roja con orejas idéntica a la de Mitsune.

—¿Qué pasa?- Sein fue la primera en percatarse de que Kario se quedó atrás, por lo que le preguntó.

Los otros tres se dieron cuenta después de la pregunta de Sein.

—¿Por qué no se mueven?- Shair cuestionó a Kairo y a Sein. —¿Qué están viendo?

Mitsune estaba con sus padres, haciendo la fila. Distraída, no percibió la presencia de ninguno de ellos, hasta que Kairo habló.

—Ah, perdón. Me… distraje un toque.- Kairo le respondió a Shair, encaminándose a la salida.

Mitsune vio de reojo hacia atrás, y vio a Kairo, reconociéndolo fácil.

—Ella te vio también.- Sein le avisó a Kairo.

—¿Cómo?- Kairo se volteó, y vio a Mitsune observándole.

Al ambos reconocerse, Mitsune habló un momento con sus padres, para luego acercarse a Kairo y su grupo.

—¡Hola!- Mitsune les saludó con mucho gusto.

—Hola… ¿Qué tal?- Kairo respondió, nervioso.

—Acabó hace poco el concierto. Lo pasé increíble, estoy muy contenta.- Mitsune irradiaba emoción, hablándole directamente a Kairo. —¡Hola! ¡Lo siento por no presentarme…! Aunque… me conocen la mitad…- Mitsune volteó al resto del grupo.

—¿Quién es ella?- Shair murmuró entre Yaku y Sein.

—Ustedes dos… son Shair, y Zakko, ¿No?- Mitsune se acercó a los únicos que no le conocían.

—Tal ve-

—¡Sí!- Shair aseguró hablando por encima de Zakko.

—Sí.- Y a Zakko no le quedó de otra que asentir también.

—¡Mucho gusto! Soy… eh…- Mitsune quiso darle la mano a Shair, no obstante, no se le ocurrió cómo presentarse de manera debida. —Soy Mitsune.

—Es con quien sale Kairo todas las noches.- Yaku le informó a Shair.

—¿Por qué lo dices así?- Kairo cuestionó la forma en la que se lo hizo saber.

—¡Oh! ¡Hola, Mitsune! ¡Mucho gusto!- Shair estrechó la mano de Mitsune.

Se estaban estrechando la mano muy rápido y con mucha fuerza. Ninguna de las dos supo cuándo parar.

—¿Por qué todos la conocían menos nosotros?- Zakko interrogó al resto, y ninguno le respondió de manera verbal, solo levantaron los hombros en sincronía.

—Qué bueno verlos. Tengo muchas ganas de hablar con ustedes bastante rato, pero… salí con mis papás y… quisiera hablar con Kairo a solas un momento, antes de irme.- Mitsune fue quien desistió del estrechamiento de manos, poniendo su mirada en el anterior mencionado.

—Claro. Espero volver a verte pronto.- Shair entendió y le charló con gusto. —Kairo. Nosotros te esperaremos afuera.

—Está bien…- Kairo aceptó, con un poco de vergüenza, al ver cómo todo su grupo lo dejaba a solas con Mitsune.

—¡Kairo!- Mitsune voceó su nombre cuando ya estaban a solas.

—Hola…- Kairo saludó alargando la palabra, con duda.

—¿No te… da gusto verme?

—No es eso. Me… tomó por sorpresa. Hola. ¿Cómo estás? Desde… lo de… ayer. Anoche. Hoy.

—Bien. Amanecí un poco… aturdida, me dolía muchísimo la cabeza y creí que fue algo así como un sueño horrible. De hecho, quizás lo seguí pensando hasta que lo acabas de mencionar. Más que nada, porque yo no tenía ni una herida grave… y recuerdo haber recibido daño en mi sueño. O sea, no fue un sueño, claro…- Mitsune acabó su respuesta con una leve risa nerviosa. —¿Y tú?

—… Bien, también. Lo pasé bien viniendo a aquí. Veo que tú también. Me alegro mucho.

—¿Vieron a Ler, no?

—Sí.- Con la afirmación de Kairo, Mitsune sonrió. —Estás… muy feliz.- Kairo se sorprendió.

—Es que estoy muy emocionada, en serio. Me encanta… esto. Quisiera escucharte hablar de lo que viste, pero creo que se alargaría. O sea, para empezar, ¿Te gustó, no?

—Sí, claro. Me gustó bastante, quisiera seguir escuchando algunas canciones que escuché.

—¡Aaah!- Mitsune expresó su felicidad con un corto grito. Actuaba más enérgica que de costumbre.

Kairo se volvió a sorprender por el repentino grito, pero luego se dio cuenta de que solo era emoción, al ver cómo apretaba los puños y le temblaban.

—Te… emociona mucho, lo veo. Es… bonito vert… eso.- Kairo quiso soltar un comentario romántico, mas no le salió.

—¿Qué cosa es bonito?- Mitsune incidió en esa pequeña corrección.

—No vas a hacerme decirlo.- Kairo se puso serio, de repente.

—Bueno, lo siento.- Mitsune se disculpó. —Por cierto, no hace falta que… digo, ya… nos vimos aquí, y no sé si lo habrás pensado, pero de todas formas digo que no hace falta que vayas a mi casa luego hoy o algo así. Es más que suficiente haberte visto aquí ahora. Disfruta de la salida con tus amigos, y otro día proponemos algo para salir tú y yo, o con ellos incluso, si te interesa.

—… Suena bien. Me encantaría.

—¡Qué bueno! Entonces, ya me… despido. Mis papás están llegando… al momento de comprar, y quiero elegir un peluche.- Mitsune se daba vuelta de vez en cuando, para vigilar en qué posición de la fila iban sus padres.

Kairo sonrió.

—Está bien. Disfruta también tu salida, te veo mañana.- El pelinegro se despidió de ella.

—¡Te esperaré! ¡Hasta mañana!- Mitsune exclamó a la vez que se iba con sus padres.

Kairo se quedó un rato observando los alrededores.

—¡Es lo que estoy diciendo! Podríamos meternos en ese local de allá, y pasar un rato más por aquí, juntos.- Shair estaba convenciendo a Sein, Zakko y Yaku de meterse en el casino más cercano.

—¿¡Pero qué parte de que es un casino no entiendes!?- Zakko insistió, elevando el tono al mismo nivel que el de Shair.

—¿Quién dice que no lo entendí?- Shair cuestionó.

En lo que discutían, Kairo se les acercó.

—¿De qué hablan?

—¡Kairo! ¿¡Te interesa ese local de allá!?- Shair se acercó a Kairo sin contestarle, para comprobar si él tenía ganas de meterse también, señalándole la dirección el casino.

—Eh… se ve muy llamativo, pero… no sé de qué es.- Kairo contestó.

—Es un casino.- Yaku dio a saber.

—Ah. No sé, no… no me gusta apostar ni nada, pero sí se ve muy llamativo, no me importaría ir a ver.- Kairo replicó de la mejor manera que pudo.

—¿Ven? ¡Se muere por ir!- Shair exclamó.

—No dije eso.- Y Kairo negó lo que Shair exclamó.

—Y si no vamos ahí, ¿Qué proponen?- Shair interrogó al aire.

—No sé. ¿A dónde podemos ir? Deben haber… lugares para visitar, o sea, toda la ciudad parece hecha para visitar por la noche, no sé, algún salón de juegos o… no sé, bolos, algún centro recreativo o algo así.- Kairo proponía al aire también.

—Bolos sería divertido.- Sein votó por esa idea.

—¿Qué son bolos?- Zakko cuestionó.

—Ah, no existen.- Kairo bajó el volumen, para que solo Sein le escuchase.

—O tienen otro nombre.- Sein vio la otra posibilida.

—Claro, estoy segura de que algún lugar así sería divertido para visitar. Pero…- Shair entre tanto hablaba, se encaminaba lenta pero peligrosamente al casino. —¿Cuántos de ellos puede hacer que salgas con el doble de dinero que el que tenías?- Se volteó y apuntó al casino, intentando convencerlos.

—Primero participas en subastas y ahora en apuestas. ¿Eres ludópata o algo así?- Kairo murmuró.

—No puedo saber si lo soy si nunca participé en una.- Shair desmintió serlo.

—Hay un salón de juegos más allá. Yo quiero ir.- Yaku comentó.

—Yo iría con ella.- Zakko se negaba a ir al casino.

—… Preferiría ir al salón de juegos también.- Sein aunque tímida, quería ir con Zakko y Yaku.

—… Está bien, ¡Kairo!- Shair lo llamó.

—¿Qué?

—¿Quieres ir a ver el casino?

Kairo se lo pensó unos cuantos segundos. Más que nada porque no quería, pero tampoco quería que Shair se sintiese mal.

Entre tanto, Yaku ya se había encaminado al salón de juegos. Fueron Zakko y Sein quienes tardaron en darse cuenta.

—Supongo.- Kairo accedió, sin mucho ánimo. De todos modos, algo de curiosidad le daba.

—Bueno… Zakko, el primero que salga de nosotros, que espere al otro afuera de… a donde fue.- Shair le comunicó al veniz, para que no se perdieran en ningún caso.

—… Claro. Solo… eh…- Zakko parecía querer decir algo que se lo impedía su consciencia. Al final, se acercó a Shair para susurrárselo al oído.

—¿Y por qué me lo susurras?- Shair habló en un volumen normal.

—Porque… sí. No importa, nos vemos después.- Zakko se despidió de Shair y Kairo, para encaminarse a alcanzar a Yaku.

—¡Nos vemos!- Sein también se despidió, por lo mismo.

—Chao.- Kairo se despidió un poco más cortante. No creía necesitar más, después de todo, sabía que se iban a ver en como máximo veinte minutos. —… ¿Y ahora?

—Vamos a ganar dinero.- Shair afirmó, segura de sí.

—Ah, sí, eso. Vamos.

Ambos se aproximaron al casino, y entraron. Era un enorme edificio llamativo, de tonalidades más amarillas y rojas. Dentro, irradiaba brillo. Se visualizaban un montón de distintos actos en los que apostar de cualquier manera. Habían juegos distintos y llamativos, algunos que Kairo reconocía, y otros de los cuales no tenía idea de haber visto.

Dentro de todo, nada se salía de su onda, porque de todas formas nunca pisó un casino. Ni él, ni Shair.

—¡Me arden los ojos!- Shair gritó, feliz sin explicación, buscando sus lentes en alguna parte de su ropa, encontrándolos en uno de sus bolsillos.

—¡Sí duele! Pero… yo no sé dónde tengo los míos.- Kairo exclamó debido a que dentro del casino se oía una música bastante agradable, que se repetía de manera constante.

Shair le entregó los lentes de sol a Kairo, pues también los tenía ella.

—Tus bolsillos no parecen tan grandes…- Kairo afirmó, asombrado, colocándose las gafas de sol.

—Pero lo son. ¡Vamos!- Shair vociferó, dirigiéndose a una máquina.

—¿A dónde?- Kairo cuestionó, sin embargo, procedió a seguir pese a no saber.

«Se ven como máquinas de esas… típicas. Pero… son más bien hologramas dentro de… una caja o algo así. Se ve medio celeste… como me imaginaría un holograma. Qué… raro. Cada vez me confunde más este mundo».- Kairo pensó, a la vez que se acercaba a una de las máquinas cercanas a las de Shair.

—¡Probemos suerte!- Shair voceó, sacando una moneda de estaño de su bolsillo.

—¿Vas a jugar en serio?- Kairo la interrogó.

—Sí. ¿Por qué no? Tampoco… nos vamos a morir… yo creo que… puedo echar unas cuantas…

—No sé si… me gusta esto, la verdad.- Kairo cuestionaba la situación.

Shair ya había echado la moneda, por lo que el holograma comenzó a funcionar.

—¿El qué?

—Lo de… el casino. O sea, es muy llamativo desde dentro, sí. Muy… bonito. Los pilares dorados son preciosos, la alfombra roja es muy linda… y todo eso. Pero… no quiero gastar dinero, yo. Ni… creo que sea bueno que tú gastes.

—Te preocupas mucho por eso. Tampoco voy a gastar tanto, son monedas de estaño.- Shair sosegada, aseguró.

—Ya sé, pero igual. Pensé que no te gustaba gastar.

—¿Y quién dijo que me gusta?

—Si no te gustara no estarías… haciendo esto.

—Solo… pensé que sería divertido ver hologramas. Mis papás me mencionaron que en los casinos de las grandes ciudades habían. No me voy a hacer adicta ni nada, solo quiero… verlo.- Shair no apartó la mirada en ningún momento del holograma, pese a que Kairo mantenía la vista en ella.

—Bueno, supongo que es entretenido, sí. Se ve… impresionante.- Kairo afirmó.

—¿Cierto?

—Sí… ¿Shair?- Kairo la llamó, ya que se le pasó algo por la cabeza.

—¿Qué?

—¿Cómo has estado estos días?

Hubo un silencio de parte de Shair que dejó sobreentender que la pregunta como mínimo le afectó algo. Aún con esas, su mirada no se apartó de la máquina. Solo bajó un poco.

—¿Por qué preguntas?

—¿Por qué va a ser? Creo que… hace rato que no hablábamos tú y yo. Yo… me siento bien, de cierto modo. Mas no sé cómo te sientes tú desde entonces. Por más que… te vea igual que siempre, es algo que he pensado.

«… ¿Quiero… hablarlo con él…?».- Shair se cuestionó, hasta que lo vio al rostro.

—No me siento bien del todo.- Shair fue sincera.

—¿Es por… lo que creo que es, verdad?

—¿Qué crees que es?

—… Por lo que sucedió… en estas calles.

—… Tal vez.

—¿Sí o no?

—… Sí.

—¿No hablaste con Zakko de esto?

—… No.

—¿Qué? ¿En serio? Imaginé que… lo harías cuánto antes.

—Kairo…- Shair lo nombró, echando otra moneda a la máquina. —No sé si… debería… decirte esto, pero… tengo un poco de miedo.

—¿De qué?

—… Yo… es que…- Shair aún dudaba si contarle lo que pasaba por su cabeza. —… Los veo a todos… muy… tranquilos, desde entonces. Incluyéndote. Nadie me ha vuelto a mencionar nada de lo que sucedió. Ni Zakko, y yo pensé que él lo haría cuánto antes, también. Pero no. Ninguno… lucía tan aterrado como yo. Ninguno… lucía tan… afectado, como yo.

Kairo cayó en cuenta de eso. Él había estado presente con Sein y Yaku, aunque esta última no quiso desahogarse con él. Él se desahogó con Mitsune. Yaku tal vez con Zakko en la madrugada, y posiblemente Zakko con ella.

Sin embargo, Shair, si no fue Zakko, no iba a ser nadie.

—¿Y qué es lo que te da miedo?

—Que no tenga la casta para ser líder. Me da miedo que quizás sea muy débil para esto. Quiero decir… ¿Por qué ninguno de ustedes parece tan afectado como yo sé que lo estoy? ¿Solo a mí me pareció horrible lo que vi? ¿No debería estar tan… asustada? Aún si… aún si puedo mantenerme… bien, ignorando ese detalle… claramente quisiera… desahogarme con alguien. Quisiera llorar con alguien.- Shair poco a poco se estaba liberando.

«Qué raro que… Zakko no se le haya acercado para eso».- Kairo pensó.

—Shair…-

—No sé si me aterra más… lo que viví ese día, o… que no esté hecha para esto. No aguanté una cosa mínima, quién sabe qué es lo peor que ve un aventurero real. Un percance un día y me desmoroné. No sé qué hacer. Yo quiero… yo quiero… vivir grandes cosas pero… hasta en el Duel’Grot lo pasé mal viéndolos… dañarse. No… no creí que… me afectaría tanto esto… yo… eh… Kairo…

—¿Sí?

—¿Tú crees que soy buena líder?- Shair volvió a mirarlo a los ojos, con esperanza de que le dijese algo que la alegrase.

—Shair. ¿Qué pregunta es esa? O sea… obvio que sí lo pienso. No sé qué otro grupo podría… meterse en un Duel’Grot con un equipo tan importante tan rápido…- Kairo buscaba formas de hacerle saber su punto.

—Eres demasiado importante para el grupo, creo que nadie tiene problemas en escucharte, y estoy seguro de que todos sabemos que estás para nosotros. Lo que sucedió claramente es difícil de… olvidar. Todos necesitamos y necesitaremos un tiempo para… sobrellevarlo.- Kairo intentaba de verdad buscar algo que le animase.

Pero por más que pensaba, Shair seguía viéndole con la misma expresión de pena que tenía antes. E incluso, parecía querer llorar más.

—… El punto creo que es… que claro que lo eres. Que esto no te haga pensar lo contrario. Yo no sé qué estaría haciendo ahora si no hubiese sido porque me aceptaste en tu grupo. Y siempre he pensado y tenido en cuenta de que estoy muy agradecido con que hayas sido tú quien me encontrase aquel día. Es difícil imaginarme en una mejor situación que siendo parte de tu equipo.

—… Perdón si… tampoco puedo ayudarte mucho más. No soy bueno con las palabras aún… creo.- Kairo acabó su monólogo, tras ver que Shair solo se mostraba más afectada.

No obstante, Shair se acercó lentamente a él para abrazarlo. Lo agarró fuerte, y comenzó a llorar levemente.

Kairo tardó en devolverle el abrazo, otra vez. Le recordó a la primera vez que le animó. Desconocía si sirvió, pero según su reacción, asumió que algo habrá ayudado. La abrazó de vuelta, y observaba los alrededores.

«Menos mal que están todos los ludópatas estos metidos en un juego raro allá al fondo…».- Concluyó aliviado de que nadie interrumpiese.

Segundos después, Shair se apartó de Kairo.

—Gracias, Kairo. Perdón por… hacerte la misma pregunta que antes. Solo… me emocionó un poco lo tanto que cambió la respuesta.

«¿”La misma pregunta”?».- Kairo se cuestionó para sí. «¿Me preguntó eso la otra vez?»

—No sé… cuándo me habrás preguntado eso, pero… es obvio que cambiaría. Y estoy seguro que cuando me vuelvas a preguntar, seré aún más contundente. Cada vez estaré más orgulloso de que seas mi líder.- Kairo le parló. —A no ser que… acabes haciéndote adicta a las apues… ¿¡Ganaste!?- Kairo quiso aliviar el ambiente, hasta que se fijó en la máquina de Shair.

—¿Qué?- Shair interpeló, volteándose a ver la máquina.

El holograma titilaba, se habían marcado tres pimientos. En la pantalla del holograma salía exclamaciones a los costados, y la pantalla se volvía amarilla.

—¿G-Gané? ¿Y cómo lo reclamo?- Shair se secaba las lágrimas, mientras se acercaba a su máquina.

—Presionen el botón que dice “Seletev”.- Se oyó, de una voz irreconocible, desde atrás.

—A ver.- Shair lo quiso comprobar, dándole al botón. —¿Y dónde sa-

Shair tardó en reaccionar, y las monedas ya estaban cayendo. Eran en su mayoría de plata, con algunas cuantas de oro.

—¡Son un montón! ¿¡Cómo nos llevamos todo!?- Shair interrogó a Kairo.

—Yo qué sé, no me mires a mí.- Kairo le respondió. —Por cierto… gracias, eh… señor…- Kairo le agradeció a la persona que les ayudó, hasta que lo vio y se sintió extrañado.

—No hay de qué. Siempre es interesante ver cuándo alguien se lleva el premio gordo.

—¿Es el mejor premio de esta máquina?- Shair interpeló a la persona, entre tanto recogía las monedas y se las guardaba en diferentes bolsillos.

—No, pero es el segundo o tercero. El hongo es el mejor.

—¿Hongo? Nunca vi uno.- Shair continuó interrogando.

—Es extraño hasta que salga uno. Pero ese da monedas de platino.

—¿¡Monedas de platino!?

—Sí.

—¿Y cómo sabe? ¿Alguna vez ganó?- Kairo cuestionó, con un tono que demostraba sospechar de él.

—No. Pero he visto a gente que sí.- El señor, se sujetó el sombrero que le tapaba la cara, cubriéndosela aún más.

—¿Y… usted ha ganado algo aquí?- Kairo se sentía cada vez más extrañado por su presencia.

—No. Pero veo a gente que sí.- Lo que contestaba el señor, y su apariencia, resultaban en obvias sospechas para Kairo y Shair. Aunque esta última estaba más concentrada recogiendo las monedas.

Llevaba una gabardina café claro y gigante, que cubría desde sus piernas hasta un tanto más arriba de su cuello. Además, el sombrero café con líneas negras que cubría su cara. Solo se distinguía de él unos mechones cafés.

«¿Por qué me parece tan raro…? Debería ser algo normal en una persona ludópata. Lucir extraño no debe ser lo peor que le puede pasar».- Kairo concluyó. «Aunque… cuando se recogió el sombrero… se le veía el brazo…»

—¡Listo!- Shair se levantó, habiendo recogido todo el dinero. —Creo que ya podemos irnos, Kairo.- Shair le avisó y se le acercó, sosteniendo sus bolsillos, revisando que esté todo bajo control.

—Con que Kairo… qué nombre más… memorable.

«Perfecto. Un tipo raro se sabe mi nombre».- Kairo se molestó en su mente.

—¿Tan rápido, Shair?- Kairo solo quiso decir el nombre de Shair de paso.

—¿Cómo que tan rápido? Creí que querías irte.

—Sí, en verdad sí.

—¿Por qué se van apenas ganan?, ganaste con una moneda de estaño. Imagínate lo que podrías ganar si pones más.- El señor se acercó a ambos, y puso sus brazos en los hombros de los dos.

—Eh… no sé, yo creo que está bien así.- Kairo insistió en querer irse.

—Tú ni siquiera has tirado una vez. Inténtalo.- Y el señor insistió en que al menos pruebe una vez.

—Es verdad… eh…- Shair quiso apartarse del señor, pese a concordar en algo. —Prueba suerte una vez, pase lo que pase, ya salimos con más dinero que antes. Mira.- Shair puso una moneda de estaño en la máquina más cercana a Kairo.

Kairo se quitó de encima el brazo del señor, percibiéndolo un tanto más ligero de lo que parece.

—Bueno, con tal de irnos.- Kairo tenía una muy mala vibra del tipo que los acompañaba. Sin embargo, no se animaba a irse tan de repente.

Razón por la que se vio forzado a gastar un par de tiradas en la máquina.

—Y cuéntenme. ¿Qué es lo que les trajo a aquí?- El señor se puso del otro lado de Kairo, ya que Shair estaba a su derecha.

—¿A dónde?- Shair interpeló.

—A Lusiudá.

—Ah, queríamos ir a otro pueblo, y está en el medio.

—¿Ustedes son aventureros, verdad?

—Sí.

—¿Y últimamente… han visto a… una mujer albina?

«Me da muy malas vibras este señor. Quiero irme ya. Pero por algún motivo, Kairo no para de darle a la máquina…».- Shair pensó para sí.

«¿¡Por qué me siguen dando tiradas!? ¡Juego de mierda! ¡Déjenme perder!».- Mientras tanto, Kairo estaba desesperado.

—Ah… ¿Cómo?- Kairo volvió en sí.

—Si han visto a una mujer albina por estos lares.- El señor reiteró la cuestión.

—Y depende. Hay mucha gente albina. Alguna habremos visto.- Kairo contestó, despreocupado.

—Tienes razón. Ignoren eso. Debí suponerlo.- El señor solo miraba el cómo jugaba Kairo. —¿Ustedes… vienen con un veniz, una chica albina con mechones morados y… una chica de pelo café con mechón naranja y largo?

—¿Por qué la pregunta?- Shair interpeló.

—Es una duda.

—¿Le molesta si no respondo?

—No.

—Entonces preferiría no hacerlo. De hecho… ¿Qué le parece si juega usted los puntos que le quedan a Kairo y… yo… me voy con él…- Shair intentaba quitar a Kairo de encima de la máquina con leves agarrones.

«Esto… es… adictivo… qué entretenido es ver las figuritas…».- Kairo cayó en la adicción apenas utilizó una máquina.

—¡Kairo!- Shair gritó su nombre, para que volviese al planeta tierra.

—¿¡Ah!? ¿¡Qué pasa!? ¿¡Quién, qué y cómo!?- Kairo se había inmergido lo suficiente como para perderlo.

—Nosotros, irnos, caminando.- Shair le respondió en orden a las últimas tres preguntas.

—Ah, es verdad. Pero… me quedan.

—Da igual. Vámonos.

—… Está bien…- Pese a su repentina adicción, Kairo cedió.

Ambos se encaminaron lentamente hacia la salida, hasta que el señor les habló.

—Espero… volverlos a ver. Y que la siguiente vez, se queden a charlar un rato más.

Cuando les habló, Shair aceleró el paso. Kairo por mera curiosidad, se fijó en él, y vio cómo se reposicionaba el sombrero, mostrando el brazo. Vio un tono de piel amarillo, igual que la mancha que vio antes en Bardelarte.

Shair y Kairo salieron del casino, y se dirigían juntos al salón de juegos en donde se hallaban los otros tres.

«¿Qué fue eso…? ¿Lo aluciné o fue real…? ¿Le pregunto?».- Kairo consideró preguntárselo a Shair, no obstante, estaba seguro de que ella no se percató.

—Oye. ¿Viste la piel de ese tipo? Era igual de amarilla que las manchas raras en Bardelarte.- Kairo al final concluyó que no perdía nada con preguntarle.

—¿Qué? No… me fijé en ningún momento mucho en él. No estaría segura. Aunque sí daba muy malas vibras…

Shair estaba teniendo más en consideración la conversación que tuvieron ellos dos que lo que sea que haya sido el percance con la persona esa.

—… Olvidando a ese tipo… al menos… salimos con más dinero. Y… yo salgo… bastante mejor.- Shair habló, un tanto aliviada de estar saliendo ya.

—Sí… me alegro. Pero… deberías hablarlo más profundamente, de todas formas. Si quieres, podemos hablar después en… algún lugar normal. Aunque, creo que será mejor si lo hablas con Zakko. No sé porqué no lo han hecho todavía. Quizás él tiene el mismo miedo que tú, o la misma duda, del porqué no le hablas. Es más… busca a hablarle a él. Quizá te necesita tanto como tú lo puedes necesitar a él.

—… Tienes razón. Aunque… no quiero que parezca que no cuento contigo.- Shair aclaró.

—No pensaré eso. Créeme.

«Pese a que preferí desahogarme con Mitsune, no dudo en que pude contar con ella. Es… como lo mismo ahora. Ella sería como yo, y Zakko sería como… debería ser al revés, creo».- Kairo parloteó en su mente.

«Por cierto… ¿Dónde conoció a esa chica? Mitsune… podría preguntárselo… o podría no hacerlo también…».- Shair discutió internamente sobre si tocar ese tema o no, divisando que el salón de juegos estaba a cierta distancia todavía.

—Kairo, ¿Dónde conociste a esa chica?

—¿Cuál?

—Mitsune. ¿Cuál otra?

—Ah, claro. Eh… cerca de la posada… un día que salí a caminar y… la vi. Me reconoció por el Duel’Grot. Desde ahí hablamos y tal…

—¿Hicieron buenas migas?

—¿Cómo?

Shair miraba con una sonrisa a Kairo, el cual no entendió la pregunta.

—Responde.- A Shair se le fue la sonrisa al apresurarlo.

—No sé a qué te refieres.

—Da igual. Aunque… ¿A qué hora llegaste ayer? ¿Saliste con esa chica, no?- Shair recordó.

—Eh… no muy tarde.

—¿Y cuándo es eso?

—… ¿Cinco de la mañana?- Kairo no se atrevió a mentirle.

—¿¡Cómo que a las cinco de la mañana!?

—Es que… eh…- Kairo pensó en si decirle lo que le ocurrió. Sin embargo, dudó lo suficiente como para no estar seguro de que sea buena idea. No quería preocupar de más a Shair, y tampoco cree que sea tan importante. —Me distraje o algo así.

—¿¡Cómo te distraes siete horas!?

—De hecho, fueron diez.- Kairo le corrigió.

—¿¡Diez horas!?

—Cosas que pasan. Deberías intentar distraerte así con Zakko también.

Shair no dijo nada, pero por su mente daba vueltas la idea de charlar con Zakko.

Mientras tanto, Sein y Zakko, estaban jugando a tirar dardos en una diana.

—¿No es injusto? Literalmente tienes magia de visión.- Zakko se excusaba, por ir perdiendo.

—¿Y eso qué tiene que ver? No me va a dar puntería ver un poco mejor que tú.

—A saber si te la da o no. Podrías solo… mentir acerca de que no puedes y ya.

—Entonces créeme.- Sein persistió, tirando otro dardo, dando cerca del blanco.

—¡Pero!- Zakko se impresionó.

—Ni yo sabía que era tan buena.- Sein comentó para sí. —¿Yaku no está tardando mucho?

—Ahora que lo dices… ¿Dónde se habrá metido?- Zakko se dio la vuelta para buscarla con la mirada.

—Está… jugando… a botar unas botellas, creo.- Sein la encontró.

—¿Se fue sola?

—Eso parece.

—¿Vamos con… ella?

—No sé, dime tú. A mí me da miedo.

—¿Por qué te da miedo?

—¿Por qué no me daría miedo?- Sein acentuó el “no” de la frase.

—Lo haces sonar como si fuese un monstruo o algo así…

—No es un monstruo, pero… me intimida hasta cierto punto.

—Recién estabas hablando con ella como si nada.

—Con alguien por en medio es mucho más sencillo.

—Claro… bueno, yo quiero ir con ella.- Zakko se rindió y dejó los dardos en donde iban, para encaminarse hacia Yaku.

—¿Eso significa que gané?- Sein cuestionó, guardando los dardos que le quedaban a ella. —Espera, ¿A dónde vas? Ni siquiera sabes en dónde está Yaku.

—Sí, por eso me detuve a unos… cinco pasos de ti. Guíame.

—Voy.

Sein y Zakko caminaron hasta Yaku, quien acababa de ganar.

—¿Por qué…? Ah…- Zakko le iba a preguntar por qué no fue con ellos, hasta que Yaku se volteó y le entregó un peluche de un mono.

—¿Me lo guardas?- Yaku le pidió.

—Ah, claro, querías que lo guarde. Sí, te lo guardo.- Zakko absorbió el peluche.

—¡Ey, estaba muy bonito! Yo quiero uno.- Sein se acercó más, al haberlo visto.

—¿Se consigue aquí?- Zakko interpeló a Yaku, quien le asintió con la cabeza.

Sein al ver que asintió, se acercó para pedir participar. Pagó cinco monedas de estaño, y quiso jugar. Le dieron una bola de caucho y plástico. Similar a una de golf o pimpón. Se preparó para tirar, calculando tal y cómo lo hizo con los dardos. Consiguió concentrarse, y estaba a nada de tirar, hasta que la detuvieron.

—¡Espere!- La señora del juego le interrumpió.

—¿Ah? ¿Qué pasa?- Sein interrogó, confundida.

—No se permite jugar con magia.

—Pero no estoy usando ninguna magia.

—Está usando magia de visión, señorita.

—¿Qué? No estoy usando magia de visión.

—Sus ojos le delatan, señorita.

—¿Qué tienen mis ojos?- Sein cuestionó. —Zakko, ¿Qué tienen mis ojos?- Le preguntó al primero que vio, apuntándose a los ojos.

—Tus ojos… ¿Son raros?- Zakko no supo qué decir.

—¿¡Cómo que son raros!?

—Señorita, desactive su magia de visión.

—¿Pero de qué me sirve la magia de visión?

—No le permitiré jugar hasta que deje de tener los ojos naranja.

—¡Pero mis ojos son naranja de por sí!

—No le creo.

Sein de la impotencia, iba a tirar la pelota hacia la empleada. Levantó el brazo, pero Zakko se lo bajó al percibir sus intenciones.

—Yaku.- Zakko la llamó. —¿Puedes conseguirle uno?

Tomó por sorpresa a Yaku.

—… Claro, sí. No me importaría.- Yaku se adelantó para jugar, y Sein le entregó la bola.

—¿Los ojos naranjas indican que usas tu habilidad?- Zakko aprovechó para preguntarle a Sein.

—Mis ojos son naranja de por sí. No entiendo porqué dijo eso.- Sein contestó, aún un tanto impotente.

—Nunca vi a nadie con los ojos naranjas más que tú. O… tal vez… con los ojos tan naranjas como los tuyos.

—¿Cómo debería tomarme eso?

—No sé.

—¿No dijiste que mis ojos son raros?

—Eso fue lo que yo dije.

Sein no podía estar más confundida. Se limitó a observar a Zakko, y luego a Yaku, que ya estaba ganando el peluche.

—Listo.- Yaku tiró todas las botellas, otra vez.

—¿Cómo? Ah… está bien. ¿Cuál de todos quieres?- La señora del juego, aunque sorprendida, cumplía su trabajo.

—Sein, ¿Cuál quieres?- Yaku la llamó.

—Ah, voy…- Sein se acerco a ver bien los peluches, pese a que no necesitaba acercarse en primer lugar. —¡Quiero el de foca!- Sein decidida, exclamó.

—Aquí tienes.- La mujer que trabajaba en el puesto, le entregó el peluche de foca.

—… Zakko. ¿No quieres uno?- Yaku se ofreció a jugar otra vez. Solo porque le gustaba ganar.

—De hecho, si no es mucha molestia… ¿Podría jugar usted de ser el caso…?- La mujer incidió en que fuese Zakko quien jugase.

—Bueno… déjeme ver…- Zakko se aproximó para ver los peluches, también. Analizando alguno que le interesase.

«Ese de gato… se ve bonito. Le gustaría a Shair, podría… conseguírselo».- Pensó, hallando la motivación.

—Está bien, jugaré.- Zakko aceptó, pagó, y se preparó para jugar.

De fondo, Sein y Yaku, lo miraban. Sein de reojo solamente, ya que estaba más fascinada por el peluche.

—Gracias, Yaku. Está muy bonito.- Sein le agradeció a quien le consiguió el peluche, mostrándose feliz por eso.

—… No… es nada.- A Yaku le costó hablar por vergüenza al ver su expresión.

Ahí permanecieron durante unos diez minutos. Intento tras intento de Zakko fallidos.

«¡Por fin!».- Zakko apretó el puño cuando consiguió ganar, además de que su voz interna gritó, de algún modo. «¿Cómo hice que gritara?».- Se asombró tanto que se lo cuestionó.

—¿Cuál de todos quieres?- Le consultaron a Zakko.

—El de gato, por favor.

—Aquí tienes.

—¡Gracias!- Zakko sujetó el peluche.

Los tres una vez ya consiguieron el peluche que querían, decidieron irse del salón de juegos, para encontrarse con Kairo y Shair, quienes estaban afuera.

—¿Cuánto se van a tardar estos?- Kairo se quejaba.

—Pudimos habernos metido…- Shair murmuró.

—Todo porque no querías pagar de más.- Kairo se quejó de ella, ahora. —Pero si fuera un casino…

—¡Ey! ¡Salí con más dinero que antes, y me fui pronto!- Shair se defendió.

—Ajá.

—Oh, hola. ¿Cuánto llevan acá?- Zakko los saludó, al ser el primero en salir del salón.

—Ocho horas.- Shair aseguró, con un tono devastador.

Zakko la vio unos segundos, para voltear a Kairo esperando que este le diga la verdad.

—Como diez minutos.- Kairo le dijo la verdad.

—Ah, menos mal.

—Hola.- Sein saludó, saliendo junto a Yaku.

—¡Hola!- Shair devolvió el saludo, ahora sí. —Es… un poco tarde. ¿Qué tal si nos regresamos a la posada ya?- Shair quería irse a descansar. Ni siquiera a dormir, solo a relajarse en la posada.

—¿Qué hora es?- Sein consultó.

—Las once y media.- Kairo informó.

—Entonces creo que es buena idea irnos ya. No quiero… pasar mucho más tiempo aquí.- Sein aseguró, un tanto intimidada.

—¡Bien! ¡Se hizo y se pensó!- Shair exclamó, decidiendo que era hora de ir a la posada de vuelta.

—¿No es al revés?- Kairo cuestionó la manera en la que lo dijo Shair.

—Kairo. ¿Puedes llevarnos tú?- Shair le pidió.

—¿Qué? ¿Por qué?

Shair sin decir nada, le hizo un gesto con los ojos, indicándole que quería ir detrás para hablar con Zakko.

—No creo que haga falta que…- Kairo insistía en no querer guiar, hasta que Shair le sonrió. —Está bien. Vamos.- Aceptó, y sacó la brújula para estar seguro.

Shair retrocedió para ir al lado de Zakko, y Sein se adelantó para ir al lado de Kairo. Yaku también estaba al lado de Zakko, pero entendió bastante rápido la situación. Por ende, se adelantó hasta a Kairo.

—¿A dónde vas?- Kairo le llamó la atención.

—Caminan muy lento.- Exclamó Yaku.

—Pero si caminamos como siempre.- Kairo murmuró. —Ah, Sein. Eh… ¿Vas a venir con nosotros o te vas a la posada con Izu y Sh…in? Me acordé.- Aprovechó que la tenía al lado, para preguntarle.

Sein estaba distraída viendo hacia atrás, a Zakko y a Shair. Así, hasta que Kairo le chispeó los dedos en la cara.

—¿Ah? ¿Qué dijiste?- Sein despertó.

—¿Vas a venir con nosotros o te vas con Izu y Shin?- El pelinegro resumió la pregunta.

—Con Izu y Shin. Ya mañana… tal vez me vaya con ustedes. Recuerda que… nos vamos a juntar todos.- Sein argumentó.

—Es verdad. Bueno, ahí te vienes con nosotros entonces.

—Sí…

—¿Qué te pasa? ¿… Y qué es ese peluche que llevas? No me fijé en él.- Kairo percibió el peluche de foca que le consiguió Yaku.

—¿Esto? Es un peluche de foca. Lo conseguí… me lo consiguieron en el salón de juegos. Está muy bonito…- Sein adoraba el peluche, abrazándolo.

«Suena como algo típico de romance cliché. Estoy seguro que…»

—¿Te lo consiguió Zakko?- Kairo lo preguntó en voz alta, para confirmar su teoría.

—¿Qué? No. Fue Yaku.

—¿Cómo?- Kairo se sorprendió, y se enfocó en Yaku, que caminaba delante de ellos. —Pero… ¿Ella se ofreció a conseguirte el peluche o… lo ganó y no le gustó o…?

—Es que no me dejaron jugar en el… valga la redundancia, juego. No sé ni porqué, esa señora estaba loca. Y… Zakko le pidió a Yaku que me lo consiguiese.

—Tiene sentido. ¿Por eso lo veías tanto?

—No.- Sein negó tan rotundamente que a Kairo le extrañó.

No se animó a decir nada al respecto, solo a… mirar por encima del hombro a Shair y Zakko.

—¿En serio?- Zakko interpeló a Shair.

—¡Sí! Te dije. No, espera.- Shair carraspeó. —¡Te lo dije!

—Bueno pero tampoco me grites. Qué suerte que tuviste. ¿Cuánto ganaste?

—Ah, no las conté… oye, ¿Puedes guardármelas? Me pesa la ropa.- Shair comenzó a sacar monedas de sus bolsillos.

—Claro, me lo imaginé.- Zakko aceptó, y absorbió todas las monedas que la peliverde le entregó. —Ganaste como… cuarenta y cinco de plata y… quince de oro. ¡Es un montón!

—¡Sí, viste! Debería… apostar más seguido.

—No. Para. Ya fue suficiente, gastaste toda tu suerte en ese pequeño rato que estuviste ahí.

—No creo haber gastado toda mi suerte ahí.

—¡Claro que lo hiciste! ¡Te ganaste el segundo o el tercer premio más grande! ¿¡Te parece poco!?

Shair miraba sonriente a Zakko.

—No fue ahí donde habré gastado toda mi suerte, quiero decir.- Shair aclaró su comentario, y se posicionó delante de Zakko, haciendo que ambos se detengan pese a que el resto seguía caminando. —Zakko.

—… ¿Qué?- Zakko avergonzado, respondió a su nombre.

—¿Cómo estás?

—… Bien. ¿Por qué… preguntas eso?

—Por nada. Quiero saber cómo estás y cómo has estado.

—No preguntaste eso último.

—Quiero… hablar contigo. Yo… he estado pensando ciertas cosas últimamente y…- Shair se detuvo al ver la reacción de Zakko. —¿¡Por qué luces como si te fuera a matar!?

—No sé… de qué hablas.- Zakko quiso aparentar.

—No voy a decirte nada malo. De hecho… me gustaría… quedarme un rato contigo por la noche. A solas. Necesito… pasar tiempo contigo, es eso solo. Perdón por decírtelo de una manera que te puso nervioso.

—No me puse nervioso.- Por más que quería negarlo, a Zakko hasta se le volvió el color de la piel. —Pero… está bien. Me encantaría pasar un rato contigo.

Shair lo abrazó apenas Zakko aceptó.

—Oye… nos están dejando… atrás.- Zakko podía observar aún cómo el resto se iba. Pasaron de mirarlos sin vergüenza a no voltear ni por si acaso, según él. De todas formas, dejó de importarle bastante pronto.

—Zakko.- Shair se despegó un poco del abrazo, lo suficiente como para verle a la cara.

—¿Shair?

Ambos se vieron el uno al otro, más cerca que nunca. Shair aún con los brazos en la espalda de Zakko, y al revés.

Shair se acercó a Zakko, aproximando aún más su rostro al suyo, para acabar echándole agua fría en la espalda.

—¡Ah! ¿¡Pero por qué!?

—¡Perdón! ¡Fue un reflejo…! Perdón… eh… me dio pena. Mejor… vamos con el resto y… retomamos este tema más tarde a solas y no en… medio de la calle.- Shair quiso disculparse más que nerviosa.

—Ahora tengo la ropa mojada…- Zakko murmuraba, agachado y cubriéndose la cabeza.

—¡Lo siento!- Shair rogó por piedad.

—No… Está bien. Solo porque… se seca rápido, por suerte…- Zakko se levantó tranquilizándola al respecto. —Vamos con los demás, sí.

Shair lo miró a los ojos, y reiteró su sonrisa.

—¡Vamos!- Exclamó la peliverde.

Y así, juntos, se dirigieron hacia la posada, con el resto de su grupo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo