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Kinokodearu - Capítulo 38

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  4. Capítulo 38 - Capítulo 38: El Boludo y La Causa
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Capítulo 38: El Boludo y La Causa

He permanecido tumbado en la cama desde que desperté.

Anoche no me dormí muy tarde, ya que no llegamos tan tarde de Bardelarte. Dejamos a Sein en el gremio, pese a que su posada está en dirección a nuestra posada. Ella insistió en quedarse en el gremio un rato, por lo que nosotros nos despedimos de ella allí.

También pasamos por un par de tiendas que Shair quiso observar, mas no compró nada de nada. Yaku era quien la acompañaba, y Zakko se quedaba conmigo afuera.

No hablamos de nada importante, en verdad. Pero siempre es agradable estar con él. Quizás me gustaría pasar más tiempo con Zakko, más que nada porque estar con tantas mujeres seguido es cuando menos agotador.

Al llegar a la posada, charlamos un poco en grupo. Shair quiso dibujarnos en la libreta que compró el otro día, gastamos bastante tiempo en eso. Valió la pena, ya que el dibujo era bonito, a mí me gustó.

Cenamos como a las doce de la noche… o incluso más tarde, ya no sé ni a qué hora comimos. Al menos cenamos. La comida que cocinan es bastante rica, aunque por alguna razón tengo una debilidad por las comidas con hongo que nunca antes tuve. Es extraño.

Luego de un rato más, nos fuimos a dormir. A mí me costó dormirme, estaba teniendo ciertos pensamientos acerca de los demonios que me intranquilizaban. Ni siquiera era… pánico o algo así… eso creo. Solo me… daban escalofríos raros de vez en cuando.

No tenía mucho sueño tampoco, ni ganas del día de mañana. A pesar de que… para entonces, mañana ya era hoy. O sea, hoy es hoy desde después de las doce de la mañana y ahí ya habían pasado…

Ya era bastante tarde, cuando me di cuenta que Zakko y Shair se estaban murmurando para a posterior levantarse e irse de la recámara. Asumí que iban a hablar, por lo que tampoco tuve mucha curiosidad ni nada. Esperaba que con eso ya fuese suficiente para continuar nuestras vidas.

Porque por más que… siga pensando en ello, estoy seguro de que no será lo peor que vea. Agradezco poder tener el espacio para superarlo, de todos modos. Que todos nos adaptemos a donde nos estamos metiendo, ya que si algo conversamos importante anoche, fue de eso.

Shair por más que pensó en renunciar a buscar a los demonios, todos dudábamos aún. Shair no vio en nosotros una negación lo suficiente fuerte como para asumir que no queríamos. Y al menos por mi parte, podía pensar que quizás no era lo mejor.

«Solo necesitamos hacernos más… fuertes. Si así pudimos darle pelea a… Sacqui, creo que se llamaba. Si así pudimos darle pelea… imagínate si yo tuviese… no sé, algo de magia que sirva».- Es algo que estuve pensando bastante tiempo. «Podríamos atraparla a ella, y conseguir bastante dinero, como para no tener que trabajar más… a pesar de que ya tenemos bastante»

«Quisiera entrenar cuánto antes con Shin e Izu. Aunque entiendo que sería más ella quien me ayude. No la he visto pelear ni nada… pero sí me da las vibras de ser alguien fuerte, y mientras sepa más de magia que yo, será de utilidad».- Concluía, recostado en mi cama.

Obtuve motivación de ese pensamiento, y me senté en la cama. Volteé a los alrededores, y no vi ni a Shair ni a Zakko.

A quien sí vi fue a Yaku, quien estaba más dormida que… algo que duerme demasiado. No estaba roncando pero sí hacía ruidos al respirar por la boca. Solo le faltaba la burbuja saliendo de la nariz.

La luz que provenía de la ventana también se notaba, aunque por la cortina era que la habitación seguía casi oscura.

«Qué paja…».- Me tumbé en la cama de nuevo. No tenía ganas de nada, por alguna razón. «Hoy se supone que saldremos a juntarnos con Izu y Sein y que Sein ahora se va a venir a vivir con nosotros… qué paja. Un día en el que no tenga que salir a ni una parte te pido…».- No sé a quién le pedía. A alguien, seguramente.

«Y tengo que ir a visitar a Mitsune… aunque eso no me molesta»

La motivación se me había ido bastante rápido. Me mantuve otro par de minutos recostado, hasta que me cansé de estar recostado, incluso. Ahí fue cuando ya opté por levantarme y fijarme en la hora, de paso. Eran las doce de la tarde.

Momento en el cual, pensé mejor.

«¿A qué hora se supone que nos vamos a juntar con Izu? Creo que no me lo dijo… pese a que me dijo fecha, no especificó la hora… puta madre, otra vez. ¿Por qué se me olvida siempre?».- Mi solución fue quejarme conmigo mismo, entre tanto me levantaba.

Salí de la recámara y no oía nada de ruido. Zakko y Shair no estaban en casa, asumí.

—¿Aló?- Aún así, hablé, por si alguno se hallaba. Asumiendo que me escuchaban desde todos lados de nuestra habitación… de habitaciones.

Como no recibí respuesta, entendí que no había nadie. O… al menos hasta que decidí caminar.

Los vi a ambos recostados en el sofá. Shair traía otra ropa distinta, había una bolsa cuadrada diferente a las otras encima de la mesa, además de un pedazo de plástico que parecía un táper, solo que vacío.

Zakko estaba tumbado y Shair encima de él, aunque mirando hacia arriba. Por lo menos es una posición más cómoda que la que tuve yo cuando dormí en el sofá la otra vez.

Shair por lo poco que podía ver, llevaba encima una chaqueta celeste claro con cuello alto y un cierre al frente. Tenía… líneas limpias y… los hombros descubiertos.

Aunque debajo de la chaqueta llevaba una camisa de compresión, como la de Yaku. No le pegaba tanto a ella, aunque la chaqueta sí. Me recuerda a… la ropa vieja que usaba cuando la conocí, que le quedaba grande. La que lleva ahora también parecía quedarle grande.

También… tenía en las coletas, pinches con el diseño de flores, creo. No lograba apreciarlos el todo, pero parecían bonitas lo poco que veía. Sin dudas lo que llevaba antes no combinaba con su color de cabello. Las que tiene ahora eran verdes también.

Y… Zakko llevaba la misma ropa.

Me acerqué por curiosidad a la bolsa, y solo vi otra camisa de compresión. Asumí que era para Zakko. No sé a qué se deberá la obsesión por comprarlos, no se me hace muy cómodo llevar algo así… o no sé, nunca llevé una.

No sabía qué carajos hacer. Estaban ocupando el sofá, durmiendo. Eran las doce de la tarde, así que tampoco iba a ir a visitar a Mitsune, ni nada. No sabía cómo Yaku se tomaría el que la despertase solo para hablar conmigo o perder el tiempo. No sé cocinar… y aunque lo intentase, tampoco es que tenga mucha hambre.

Hace tiempo que creo no haber sentido hambre del todo. No sé si es bueno… a pesar de que Sein me haya dicho que le pasa igual. Solo tengo su respuesta, y ella es alguien de mi mundo. Shair, Yaku y Zakko parecen tener un apetito normal, Yaku de hecho come bastante.

Deberíamos comprar algún juego para uno solo o algo así. Ni siquiera sabía dónde estaba la libreta para dibujar o alguna estupidez así. Lo único que me quedaba era… el libro de magia.

«Soy un… boludo».- Para alguien que hace unos cuantos minutos estaba pensando en volverse más fuerte, parecía raro que se le olvidase que tenía un libro de magia que aún no terminaba de leer, ni mucho menos de practicar. «¿Estará donde lo dejé, verdad?».- Cuestioné, esperando que no me hayan cambiado de lugar mi libro.

Cuando lo encontré, cerré con cuidado el cajón y me fui a la cocina a leer.

Yo no quiero pensar ni cuánto tiempo estuve leyendo y practicando. Decidí sacar una sola roca, porque no quería botar más en el basurero para que no me regañen. Con esa roca, procedí a practicar el transformarla, ya que por suerte habían páginas en el libro que hablaban de eso.

Lo hice una vez, solo que sin haberlo practicado ni nada. Funcionó bastante bien… pienso yo.

«Ahora que lo pienso… en combates se me ocurren mucho más fácil las cosas para hacer que simplemente estudiando. En el Duel’Grot también se me ocurrió hacer el tornado ese y… no salió mal. Nunca lo practiqué, como lo de la roca…».- Analizaba mi propio comportamiento.

«¿Quizá me ayudaría entrenar peleando con alguien? Supongo que… podría pedirle a Shin, dependiendo de qué tan agradable sea que me enseñe. Si no, no sé a cuál podría pedírselo. Yaku creo que es la más fuerte de nosotros, y ayuda a Zakko también, no sé qué tan difícil sería que acepte»

«El mayor problema asumo que será el lugar en donde entrenar, no podemos hacerlo en la posada. Habría que conseguir un lugar vacío y abierto…».- Pensaba, entre tanto toqueteaba las hojas del libro. Las hojas tenían una textura extraña que las hacían agradables al tacto.

Me tumbé en la silla de la cocina a solas, sin saber bien qué hacer. Estuve moldeando la roca que creé a mi antojo. Era relajante el darle la forma que quería, pese a que no vigilaba si la roca tomaba la forma que yo quería. Se lo dejé a mi mente el asumir si lo era o no.

De alguna forma, cuando opté por divisar la roca, le acabé viendo una forma de hongo. Asumí que porque tenía algo de apetito ya. El estar moldeando la roca debe ser desgastador de alguna forma, supongo.

«¿Qué hora es?».- Cuestioné para mí mismo, revisando el reloj. Era la una y aún no despertaban. «No sé a qué hora tenemos que ir a juntarnos con Izu y Sein… pero estoy seguro de que será mejor ir temprano. Veré si los despierto…».- Con ese pensamiento en mente, me levanté dejando la roca en la mesa, y salí de la cocina.

Ya fuera, vi a Yaku. Había salido del baño, no sé en qué momento fue.

Cuando la tenía en frente, ella se estaba tallando un ojo con una mano.

—¿Hola? ¿Por qué no saludas?- Yaku interrogó.

—Ah, sí. Hola. Buenos días. ¿Cuándo… te despertaste?

—Buenos días. Llevo despierta media hora o algo así, quizás más. ¿Cuándo se piensan… despertar ellos?- Yaku interpeló, entre tanto caminaba hacia la sala de estar.

—No tengo idea. Llevo un rato despierto y no se han… despertado.- Caminé junto a ella, acercándome a Shair y Zakko.

Tuve que detenerme en mi afirmación ya que Zakko tenia los ojos abiertos, y nos estaba viendo.

—¿Zakko?- Yaku lo nombró.

—Hola.- Zakko saludó. —Está durmiendo ella todavía… no… me puedo mover.

—¿No puedes simplemente transformarte en slime o algo así?- Cuestioné.

Zakko me vio como si pensara que tuve una buena idea. Luego posó sus ojos sobre Shair, y con cuidado intentó transformarse… hasta que Shair le puso la mano en la cara.

—No te muevas tanto…- Shair somnolienta, se quejó.

—Perdón.- Zakko se disculpó en voz baja.

—Shair. Si estás despierta… creo que deberías… levantarte. Recuerda que tenemos que juntarnos con Izu y Sein hoy.- Quise que no olvidara bajo ningún concepto.

—¿Y quiénes son esos?- Shair interrogó.

—Zakko, ¿No la puedes levantar tú o algo?- Al ver el nulo aporte de Shair, recurrí a Zakko.

—¿Y si se molesta conmigo?- Zakko se preocupó por ello.

—Te perdonará más fácil a ti que a mí.- Intenté convencerlo.

—… Shair… despiértate…- Zakko lo estaba haciendo como si lo obligasen. Aunque… no es algo que él haya querido hacer, supongo… pese a que tampoco lo estoy apuntando con un arma.

—Déjame… un rato más… tengo sueño…- Shair seguía quejándose.

—¿Hasta qué hora se quedaron despiertos?- Consulté.

—Hasta…- Zakko intentaba recordar, mientras movía a Shair para que se levantase y esta se quejaba. —… como las ocho o nueve de la mañana, creo.

—¿¡Nueve de la mañana!? ¿¡Qué tanto hicieron!?- Me tomó por sorpresa.

—Es que… fuimos de compras… y… hablamos mucho y esas cosas.

—¡Deja de mover…me!- Shair se quejó más alto. Parecía un gato sosteniéndose por las uñas.

—Shair, despiértate. Nos juntamos con ellos y nos devolvemos para que puedas dormir tranquila.- Zakko intentaba convencerla a ella, a la vez que persistía molestándola para que se levante.

—¿Y por qué tú no tienes sueño?- Me dio curiosidad que Zakko luciese como siempre.

—Porque… han habido días que dormí menos, seguramente. Cuando estaba solo apenas dormía.- Zakko explicó. —Shair.

—¿Qué…?

—Mientras más rápido lo hagas más rápido podrás venir a acostarte de nuevo.

—… Pero no quiero… ¿Por qué no pueden ir ustedes?

—Porque tienes que firmar.- Contesté yo por Zakko.

—Sí, eso.- Y él me reafirmó.

—¿Y si les echo agua fría?- Yaku desde lo lejos sugirió, acercando su nube hacia encima de Zakko y Shair.

—Atrévete.- Shair murmuró, a lo que solo hubo un silencio destructivo.

Tan destructivo, que la gota de agua que salió de la nube hacia lo más cercano de la nuca de Shair, sonó como una bomba nuclear. Cayó lentamente hasta que impactó en Shair. Ocasionando que actuase como si la hubiesen electrocutado.

—¡Yaku!- Gritó su nombre, entre tanto sufría.

Yaku tenía la típica cara de póquer.

—Yo pregunté si lo hacía.- Yaku se lavó las manos. No literal, claro. Solo se deshizo de la culpa. Una genia.

«Bien hecho, Yaku. No te lo digo en voz alta porque si solo se molesta contigo mejor».- Felicité a Yaku en mi mente.

—¡Ugh…!- Shair expresó su molestia con un ruido, para luego suspirar y acabar tirándose al piso. —Ya me desperté. Comamos algo, vayamos al gremio, hablamos con ellos, y yo me pienso devolver después de eso.- Shair tenía una actitud que nunca antes le vi. Se irritó muy fácil.

—Bonita ropa por cierto.- Yaku le elogió la ropa a Shair.

—¡Ay, gracias!- No tardó nada en volver la Shair de siempre.

No tardamos nada en ponernos mano a la obra. Y con ello me refiero a que Shair y Zakko se levantaron para cocinar en lo que yo seguía pelotudeando con la roca que creé antes.

Yaku esta vez se me acercó más porque le pareció curioso que le estuviese dando formas. Quiso tomarla e intentarlo, mas cuando lo quiso intentar la roca se deshizo y ablandó. Cuando la tomé de vuelta, se sentía un toque eléctrica, como si me diese una descarga.

Asumí que se debía a que su elemento era el rayo. La reacción de la roca a su control me causó curiosidad al respecto de cómo reaccionaría si Shair o Zakko la toman. Aunque Shair estaba aprendiendo un poco y sus rocas salían algunas muy blandas también, o hasta mojadas.

Cosa de que comimos, reposamos, salimos de la habitación, cerramos con llave, y salimos de la posada. En cosa de… más o menos, cuarenta minutos.

Ahora íbamos de camino al gremio, mi reloj marcaba las dos de la tarde. Dos y siete, para ser exactos. Hacía más calor de lo habitual, aunque tampoco llegaba ser calor real. Si antes solía hacer frío, ahora hacía menos frío. El sol pegaba más fuerte de igual manera.

Shair bostezaba bastante seguido.

—¿Y de qué…- Shair se detuvo un momento, precisamente porque bostezó. —… vamos a hablar con… Sein… e Izu? Aparte de que Sein se nos quiere unir.- Shair interrogó al aire, aunque imagino que era más a mí.

—No tengo idea, la verdad. Quizás y solo es para eso.- Contesté.

—Ay, ojalá. Qué flojera.- Shair cada que podía recordaba que tenía sueño. Aunque sí se notaba. A saber cuántas horas llevaba despierta si se quedaron hasta las nueve de la noche.

Cada vez se me hacía más corto el camino al gremio. Quizás porque reconocía más el lugar, y ya no me causaba tanta sorpresa cada local que veía, es más, los obviaba. Me acostumbré a esta caminata por lo que mi cerebro debe de saltársela o algo así.

—No los veo.- Shair comentó, ya que estábamos llegando al gremio.

—Es probable que estén adentro.- Zakko le aclaró.

—Joder.- Shair exclamó. Me dio risa. —¿De qué te ríes?

—¿Quién?- Interpelé.

—Tú.

—No sé de qué hablas.- Decidí gaslightearla como diría la nueva generación.

Zakko fue el primero en bajar, por lo que nosotros le seguimos. Como no se avistaban en la parte del gremio, fuimos directos a la del bar, y ahí sí que les avisté.

Estaban los dos sentados en la misma mesa en la que nosotros nos sentamos la otra vez, en la de la esquina más cercana a la escalera. Izu bebía una bebida de color café con burbujas. Sein estaba tomando lo que parecía jugo de mango.

—Hola.- Shair se acercó la primera, y saludó.

—Oh, ¡Hola!- Sein nos saludó contenta. —Siéntense.

Con su permiso, nos intentamos acomodar como podíamos. Izu se movió hacia una esquina, Sein a su lado. Luego iba yo, y ya el sillón doblaba, quedando Zakko que era el más cercano a mí, y luego Shair y Yaku. El asiento era un sillón con forma de “L” casi. Y aparte, era agradable el sentarse.

—Hola. Un gusto por fin verlos.- Izu comentó luego de acabarse su bebida. —¿Cómo están? ¿Qué tal han estado en general? ¿Por qué… Shair se ve así?- Izu claramente notó la tremenda somnolencia que llevaba Shair reflejada en el rostro.

—Tengo sueño.- Shair respondió con un tono de lástima.

—Entiendo… ¿Pero cómo estuvieron? No he sabido casi nada de ustedes aparte de lo que Kairo me contó el otro día.- Izu consultó.

—… Bien, eso… creo. No… en verdad no muy bien. Quizás podríamos estar muchísimo mejor… aunque tampoco estamos mal ni mucho menos… podría responder que bien pero no creo que bien sea la respuesta que busco…- Shair hablaba incoherencias.

—¿Alguien me puede responder bien?- Izu no entendió un carajo de lo que parloteó Shair.

—Pero si yo ya dije que bien.- Shair no entendió.

—No… o sea…- Izu no sabía qué decirle. —Ellos me entienden.

—No fueron los mejores días de nuestra vida.- Zakko se animó a contestar por Shair, quien acabó estampando la cabeza contra la mesa.

—¿Por qué?- Izu pese a que sabía bien el porqué ya que yo se lo dije, lo preguntó igual. A saber qué quería que le dijesen diferente.

—Bueno… nos… metimos de voluntarios a… buscar a los demonios. Y estuvimos una semana más o menos, hasta que al final nos encontramos a uno. Y… no fue la experiencia más agradable.- A Zakko parecía costarle hablar, pero aún así lo lograba.

—¿Vieron a Sacqui, no?- Izu cuestionó.

—Sí.- Y Zakko asintió.

—Lamento… lo que hayan tenido que vivir. Pero… quisiera preguntarles al respecto, si no les molesta.

—Creo que… no nos molesta, al menos a… mí.- Zakko vio a su costado para ver la reacción de Yaku. Quien ni siquiera estaba prestando atención.

—¿De casualidad saben a que hora la vieron?- Izu preguntó.

—Como a las doce de la noche, por ahí. Entre las diez y doce.- Contesté yo, ya que lo recordaba bastante bien.

—¿Cómo fue que la encontraron?- Izu siguió su interrogatorio.

—Estábamos Zakko, Sein y yo… perdiendo el tiempo en medio de Bardelarte, hasta que la vimos, sin más. Llamaba mucho la atención como para que nadie la notase, ahora que lo digo así.- Conté.

—¿Qué estaba haciendo cuando la vieron? ¿Están seguros de que nadie más la notó?

—Bueno… llevaba a una mujer con ella. Iban como si fuesen una pareja común y corriente, hasta que la increpamos por… sospechar de ella.

—A nadie le llamó la atención una mujer con kimono, pese a lo mucho que destacaba frente al resto.- Zakko añadió a mi contestación.

—¿Qué pasó cuando la increparon?- Izu quería la historia completa.

—Pues… tardamos en comprobar que fuese ella. No sé… no sé ni porqué. Era más que claro. Era un kimono con flores. No sé si fue porque nadie más parecía extrañarle ese hecho que no reaccionamos antes… o si fue porque nos intimidó… pero… esa mujer… ese momento…- Comencé a hiperventilarme un poco, con ambos brazos encima de la mesa.

Sein me puso la mano en la espalda, por lo que reaccioné observándola, a lo que ella me mostró un gesto que aunque no era del todo feliz, entendí que quería calmarme.

Respiré profundo por eso, tranquilizándome.

—¿Pelearon con ella? ¿Cómo escapó?- Izu siguió preguntando, como si no hubiese sucedido nada. Aunque creo que yo lo prefería así.

—Pues… acabamos persiguiéndola en los techos de los edificios. La logramos acorralar, y combatimos con ella. Ninguno de nosotros pudo hacer nada hasta que se nos ocurrió que yo la intentase absorber…- Zakko contestó.

—Ahí… bueno, fue… un momento raro. Yo no sentía del todo dolor a la hora de intentarlo porque después de todo era mi forma limo. No obstante, ella se resistía demasiado. Cuando por fin lo conseguí, mi cuerpo comenzó a calentarse y mi cabeza a doler muchísimo, hasta que… quedé inconsciente. Ya no sé qué pasó después de eso.

—Ella escapó. Tenía la forma oscura esa que te dije.- Sein acabó la respuesta de Zakko.

—¿O sea que le dieron pelea? ¿Saben qué magia utiliza?

—No. Apenas y usó, para empezar. Solo… antes de pelear, y… después de pelear, justamente.- Zakko añadió. —Lo único que usó fue eso de explotar. Dos veces, creo. Una con aquella mujer… y asumo que la otra conmigo.

—Qué lástima. Pero… la primera vez que encontré a Roloq, tampoco usó mucha magia de la que usaba ahora para combatir conmigo. Quizás porque lo tomamos desprevenido, así como ustedes a ella. Sin embargo, Roloq en el bosque usa otro tipo de habilidades mucho más fuertes que las que usa en un campo abierto, creo yo. Se lleva mucho con las zonas restringidas para el movimiento. Entiendo que prefiere aprovechar eso que usar su hacha.- Izu contó cómo le ha ido a él con los demonios, en específico, con Roloq.

—¿Hacha? ¿Lleva un hacha ese demonio?- Zakko interpeló.

—Claro. Era un arma demoníaca, creo que han existido varios que usan un arma para pelear. Con Shin nos gusta llamarlas “neschmoda”.

Volteé a ver a Sein porque no entendí qué carajos dijo, y ella me miró con la misma cara de perdida que yo a ella.

—Ningún otro demonio que nos hayamos topado la tuvo.

—¿Por qué sonó como si hubiésemos visto más?- Yaku interpeló.

—Ah, es que… con Kairo un día… vimos uno.- Zakko le contestó.

—¿Qué? ¿¡Por qué no nos dijeron!?- Shair también reaccionó a la declaración, levantando la cara de la mesa.

—Es que no estábamos seguros… no lucía como tal y no se comportó como tal… más o menos… era más bien como un tipo desagradable alcohólico además de degenerado.- Zakko se excusó.

—A mí se me olvidó contarles.- Me excusé yo de paso.

—¡Pero si es súper importante! ¡Pudieron salir lastimados!- Shair se había preocupado tanto que su sueño no se notaba.

—Pero no parecía un demonio. O sea, tampoco sabíamos cómo se veían los demonios en ese entonces. Fue luego que nos propusimos buscarlos y ahí entendimos que se trataba de uno. A mí se me pasó y asumo que a Zakko también…- Argumenté.

—… Bueno. Se los perdonaré.- Shair se calmó y volvió a dejar la cabeza en la mesa, solo que ahora apoyada de sus brazos, y viéndonos a nosotros.

—Por cierto, Kairo también vio al que mencioné. A Roloq. Hace… como dos días.- Izu agregó. —Y casi muere.

Shair me miró posterior a su declaración. No sabía reconocer su expresión, aunque no era buena.

De un momento al otro, los tres de mi equipo estaban viéndome, con distintas expresiones, mas todas negativas, rondando la sorpresa o hasta la tristeza.

—… No sabía… en qué momento decirlo…- Quise excusarme también. —Perdón. Sí debí decirles.

—¿Pero estás bien?- Shair me interrogó.

—… Sí.

—… Supongo que eso me basta.- Shair se recostó en sus brazos, de nuevo.

Zakko puso su mano en el cabello de Shair.

Izu carraspeó justo en ese momento.

—Bueno, habiendo hablado ya eso… ¿Qué piensan hacer ahora?- Izu cuestionó.

—¿Cómo así?- Yo lo cuestioné aún más a él.

—Me refiero… en general. No a hoy. ¿Qué harán a partir de hoy?

—… No lo sé. No sé qué tanto nos gustaría… seguir buscando demonios desde lo que pasó. Ha sido muy difícil estos días, y sigue siendo muy difícil conllevarlo. Por más que ninguno luzca muy afectado, estoy segura de que en una situación complicada será imposible reaccionar por el miedo.- Shair habló, un tanto seria.

—¿Van a ceder?- Izu interpeló.

—… No sé, dije. Entiendo que sí.

Izu volteó a mirar a todos, siendo yo al último que miró.

—Es que… no somos tan fuertes como para… pensar en lidiar con uno solo. Nos topamos con una desprevenida según, y aún así uno de nosotros casi muere. Por más que le hayamos dado pelea un rato… no sé qué tan fácil será la siguiente vez que la viésemos, sabiendo que tenemos la intención de detenerla. Encontrárnosla ahora podría ser muerte segura.- Hablé desde mi perspectiva.

—No sé si me aterre tanto combatir contra uno. De hecho… me gustaría al menos… poder desquitarme con esa desgraciada. Solo que ahora es imposible. No soy fuerte, no sé usar magia más allá que para moverme… ni nada. No puedo defenderme ni yo solo.- Añadí.

—A mí también me gustaría matar a esa bastarda.- Yaku comentó desde el fondo. Sonando muy tranquila, para la gravedad de lo que dijo.

—No sé cómo… me sentiría haciéndolo. Pero… no puedo vivir tranquila sabiendo que está por ahí y que no puedo hacer nada para evitarlo. No quisiera… que pase algo como eso otra vez…- Yaku se dio cuenta tarde de que estaba hablando en voz alta con al menos dos personas con las que no suele conversar, por lo que bajó el volumen al darse cuenta.

—No vería mal seguir intentándolo. Anoche lo hablamos entre nosotros, y creo que no dije todo lo que pensaba. Estoy seguro de que en nuestros viajes veremos cosas peores todavía, por lo que agradezco tener el espacio para superarlo la primera vez que nos pasa. Sin embargo, no podemos dejar que nos intimide… ¿Verdad, Shair?- La interrogué, ya que ella permanecía viendo hacia nuestra dirección.

—… Sí. Tienes razón. Necesitamos hacernos más fuertes para poder pelear bien contra los demonios, pero cuando lo consigamos, ¡Vamos a liquidarlos uno por uno a esos bastardos!- Shair exclamó, recuperando el ánimo y poniéndose recta en el asiento, a la vez que levantaba los brazos.

Me tomó por sorpresa verla usando la misma palabra que Yaku.

—Sería muy triste que durasen tan poco los Destructores de…

—¡Destructores de Engendros Antisociales Requetemalvados Ultra!- Shair interrumpió la frase de Sein, agitando más los brazos a la vez que subiéndose al asiento y voceando el nombre de nuestra asociación privada.

Que no era privada ni mucho menos era una asociación… o depende de lo que se esté hablando.

Izu volvió a carraspear para retomar el tema.

—¿Entonces… significa que sí están interesados en seguir cazando demonios?

—Sí.- Shair se sentó y contestó más tranquila.

—¿Ya se te fue el sueño?- Le interpelé.

—Fue un brote de energía repentino.- Ella aclaró.

—¿Pero sigues con el mismo sueño?- Zakko le interpeló ahora.

—O incluso peor.- Y Shair volvió a aclarar.

—Me alegro. Eso sí es verdad, se requiere ser muy fuerte para pelear con demonios. Ustedes son cinco y no son precisamente débiles, pero para acabar con demonios se requiere mucho más. Ni Shin y yo hemos podido acabar con Roloq correctamente, no tenemos la fuerza para asesinarlo antes de que escape al bosque…

—Y por ello, es que Shin y yo… aunque más ella, ayudaremos a entrenar a Kairo, porque Shin es del mismo elemento y estadística que él.

—¿Y dónde van a entrenar?- Zakko interrogó, por curiosidad imagino.

—En nuestra posada. Está invitado a venir la mayoría de días antes de las seis. De hecho, si él quiere, puede irse conmigo luego de esto.

—¿En serio?- Pregunté.

—Claro.- Izu aseguró.

—¿Vas a irte toda la tarde para entrenar con otro grupo?- Shair me consultó.

—Sí. ¿Por qué no? No tenemos nada qué hacer.

—… Infiel.

—¿Qué?

—Bueno, Sein nos hizo lo mismo con ustedes. Solo que nosotros no nos lo pensamos robar.- Izu hizo un comentario pasivo agresivo.

Cuando me fijé en él, vi de reojo a Sein, quien tenía una sonrisa de oreja a oreja, haciéndose la desentendida.

—Por cierto. Ya que… están convencidos de seguir… ¿Qué tal es su paga? Porque la nuestra es bastante llamativa incluso contando con el desgaste que produce.- Izu cuestionó al aire.

—Eh… nos daban… como cincuenta monedas de oro por cada demonio que trajésemos.- Zakko respondió.

—¿Y cuánto les dan por vigilar una zona correctamente ciertas horas del día?

—¿… Pagaban por eso?- Shair interrogó, extrañada.

Interrogación a la que Izu contestó con una mirada de decepción.

—¿¡Cómo que no les pagaban!? ¡Pero si casi se mueren cumpliendo con ese trabajo! ¡Es altamente peligroso, ¿Por qué no pensaron en cobrar por ello?!- Izu se llevó las manos a la cabeza.

—Es que… creí que las cincuenta monedas de oro por demonio ya eran bastantes…- Shair se apenó.

—Cuando vinimos por primera vez nos dijeron que nadie había sido voluntario para investigar a los demonios.- Yaku añadió desde el fondo.

—Eu, eso es verdad.- Reafirmé.

—Yo creo… que es importante que lo renegocien. ¿No firmaron nada, verdad?- Izu consultó.

—… Sí lo hicimos.- Shair asintió.

Por ello, Izu suspiró.

—Bueno, algo podremos hacer. Estoy seguro de que cuentan con la información de que ustedes sufrieron intentando capturar a Sacqui, imagino que los guardias civiles habrán llegado en algún momento y los habrán ayudado en algo. Por ende, quizás estén dispuestos a renegociar su contrato o algo así. Es importante que… les paguen lo que cuesta el trabajo que están realizando. Si quieren, puedo hablar por ustedes para que lo hagan.

—… Gracias, Izu. Es muy amable de tu parte, para no conocernos de nada.- Shair le agradeció de una forma muy honesta. —¿Nos vas a cobrar dinero verdad…? Por… toda la ayuda.- Shair estaba interesada en que no le quitasen plata, típico.

—Ah, no, no es… nada. Me gusta ayudar al prójimo. Hice lo mismo con Sein, y ahora Sein se irá con ustedes, por lo que al menos me gustaría que el grupo al que se vaya le resulten las cosas positivamente. La mejor forma de que me paguen será volviéndose fuertes y haciendo valer la pena la ayuda que les doy. Más que nada Kairo, que va a ser a quién ayudemos a entrenar. Lo del contrato es más porque me parece injusto…- Izu parló.

—¿En serio? Qué amable. Que Dios te lo pague.

—Eso y… que se cuiden. No me gustaría que salga en las noticias que les sucedió algo.- Izu continuó parlando formas en la que le podemos pagar.

—¿Hay noticias?- Me llamó la atención y lo consulté.

—¿Por qué no habría? Solo que… están bastante escondidas y por eso no mucha gente se entera. Hay un edificio entero que reparte noticias y tal, yo suelo leerlas de vez en cuando. Les he sugerido que las repartan en más locales o hagan algo para que llegue a más gente y tal.- Izu contó.

—¿Y qué cosas salen?- Cuestioné.

—Bueno, justamente salió lo del otro día, que me contaste. Lo de Sacqui, solo que no sale que fueron ustedes. También salió lo del Duel’Grot, y ahí si salen sus nombres, por cierto. Aunque en un párrafo confunden el de Zakko con uno de otro veniz que estuvo antes.

—¿Cuál?- Zakko consultó.

—Wacko.

—Sí suena parecido.- Afirmé.

—Qué nombre más feo.- Shair insultó el nombre del veniz.

—Respeta.- Le dije que respete.

—Lo siento…- Hice que Shair se deprimiese y se recostase encima de sus brazos, otra vez. Igual merecido, que respete.

—Yo ya… no tengo mucho más qué decir. Me alegro que dentro de todo, su estadía no ha sido tan horrible. Me hubiese encantado ayudarlos cuando pasaron por eso. Kairo y Sein sabe dónde queda nuestra posada, por lo que cualquier problema, quiero que sepan que pueden contar con nosotros, por si… encuentran a un demonio y quieren encararlo, estamos dispuestos.- Izu concluía.

—Gracias de nuevo, Izu.- Shair le agradeció.

—No es nada. Ahora… ¿Vamos a lo del contrato?- Izu se estaba levantando.

—Oye, Izu.- Zakko lo llamó.

—¿Qué sucede?

—Eh… Shin…

—¿Qué?- Izu lo apuró, ya que Zakko tardaba en hablar.

—… Nada.- Nuestro veniz se rindió.

—¡Vamos a lo del contrato ya! ¡Quiero dormir!- Shair exclamó para solo quejarse.

Y así, nos encaminamos todos hacia la parte del gremio. Todos menos Yaku, que decidió esperar afuera del gremio, diciendo que éramos muchos ya. La entiendo, de todas formas tampoco iba a hacer nada aquí.

—¿Hola?- Izu llamó la atención de la empleada. Era la misma de siempre, al menos sabía de antemano que es agradable.

—¿Hola? ¿En qué puedo ayudarle?- Consultó la mujer del gremio.

—Verá… mis colegas… han firmado un trato con ustedes, ¿Verdad?- Izu se hizo a un lado, para que nos viesen.

—¡Oh, Dearu! Por supuesto.

—Bien. Cómo decirlo… ¿Se podría renegociar aquel… contra-

—Esperaba a que viniesen, justamente. Desde entonces he conversado con más gente de dentro del gremio y he de admitir mi equivocación. El problema fue que no han vuelto a consultar con nosotros.- La chica del gremio interrumpió a Izu.

—Pues… perfecto. Ya que están dispuestos, ¿De cuánto estarían hablando?

—Quince de plata por día que puedan corroborar que han estado vigilando una de las zonas. Cincuenta de oro si es que acaban viéndose en un combate con uno y consiguen evitar una catástrofe, y una de platino por cada demonio capturado.

—¿¡Una de platino!?- Shair exclamó.

—Es lo que vemos más conveniente. Si ofreciésemos menos, se sentiría como un abuso. Más aún teniendo en cuenta el incidente de la última vez, con ustedes, justamente. Supimos que ustedes fueron los afectados de aquel día en Bardelarte. Me alegro de cierta manera de que no haya ido para más, y estén todos bien además de que quieran proseguir. No sé de qué otra forma más podría pagarles.- La empleada del gremio se puso mucho más seria, y lucía realmente agradecida.

—No… no es nada. Hicimos lo que pudimos.- Hasta Shair se avergonzó por la sorpresiva reacción de la chica del gremio.

—Aquí está… el contrato.

—Ah, una cosa más. La chica de pelo castaño… es de mi equipo, y quiere unirse al suyo. Es eso, nada más.

—Oh, por supuesto. Espérenme… un momentito.- La mujer se levantó, yendo a buscar algo.

—… Pues salió bastante bien.- Izu comentó, volteando a nosotros.

—Es un montón de dinero…- Shair murmuraba.

—Ya somos millonarios de por sí, ¿No? ¿Cuántas de platino podríamos tener?- Cuestioné.

—No me acuerdo. Ni las he contado.- Shair me respondió.

—¿Yo tengo que firmar algo?- Sein interpeló.

—Sí.- Izu le afirmó.

—¡Hola! Disculpen la tardanza.- La mujer del gremio volvió con los papeles.

Shair pasó al frente, y firmó ambos. Izu firmó el que le correspondía, y Sein también. Zakko y yo estábamos medio al pedo. De hecho Zakko no pronunció ni una palabra, estaba más distraído con las personas de al fondo del bar, pues había un par discutiendo exaltados.

—¡Bien! ¡Bienvenida a Dearu, Sein!- Shair se abalanzó sobre Sein, abrazándola.

—Gracias…- Sein le devolvió el abrazo, con una risa nerviosa.

—Entonces, Kairo. ¿Vienes conmigo?- Izu me preguntó.

—Ah, sí… sí. Quiero saber más de magia lo antes posible.- Asentí.

Zakko caminó antes que nadie hacia las escaleras, lo que causó un efecto cadena y todos nos encaminamos hacia afuera del gremio.

—Hola, Yaku.- Le oí a Zakko saludarla cuando salió antes que nosotros.

—¿Ya terminaron?- Yaku cuestionó.

—No.

—Qué pereza.

Nosotros salimos del gremio.

—¡Hola, Yaku!- Shair la saludó.

Yaku le devolvió el saludo con un gesto. Ella yacía en su nube, recostada.

—Bueno… les ocuparé a Kairo un rato. Tampoco se los devolveré tan tarde, como por las… seis, Shin y yo saldremos.- Izu habló con mi grupo acerca de mí, como si fuese un objeto. Me siento ofendido.

—Más les vale que no vuelva con una extremidad menos, o lo que sea.- Shair amenazó a Izu.

—Nah, no te preocupes por eso. En el caso de que pierda una extremidad, con suerte, no se enterarán.

—¿Qué?- Me asustó el comentario.

—Es broma.- Izu aclaró, aunque no parecía broma. —Vamos, Kairo. Entre más temprano lleguemos, más te podremos enseñar.- Izu me charló a mí, caminando en dirección a su posada, o sea, al oeste del gremio.

Iba a seguirlo, hasta que quise despedirme de mis compañeros primero.

—Oigan, iré… con él. Claro. Eh… no sé porqué me cuesta más despedirme ahora a pesar de que ya he salido a solas.- Eso último lo murmuré.

—Cuídate, por favor. Y si te pasa algo por algún motivo, cuéntalo la siguiente vez.- Shair se despidió de mí diciéndome eso, como si aún tuviese en mente que le oculté lo de antes.

—… Claro. Intentaré que no pase nada de todas formas. Lo mismo les digo, cuídense.- Con eso, me di por despedido, por lo que seguí a Izu.

—¡Chao!- Zakko se despidió de mí.

—¡Hasta más rato!- Y Sein también.

«¿Me despidieron todos? Falta…».- Caí en cuenta de quién faltaba, y antes de llegar con Izu, miré por encima del hombro hacia atrás. Fijándome en Yaku.

Yaku que alzó la mano para hacer el gesto de despedirse, apenas se percató de que la veía. Le sonreí y repliqué el gesto.

«No puedo esperar a llegar con Shin. Ni siquiera sé cómo es ni nada… no lucía desagradable ni mucho menos. Espero que pueda enseñarme bien».- Rogaba por una buena tutoría, mirando al cielo y alcanzando a Izu.

—¿Te despediste de ellos?- Izu me preguntó.

—Sí.

—Qué bueno. Porque te vamos a sacrificar para atrapar a un demonio.- Izu puso su mano en mi hombro.

—¿Qué?

—Es broma.

—… Sí, claro. Siempre lo supe.

🍄

—Entonces… ¿Ahora qué hacemos?- Interrogué a mi nuevo grupo. Me sentía como cuando me incluían en un grupo de amigos. Estaba nerviosa pese a que ya compartí más de una semana con ellos.

—Yo quiero… ir a dormir.- Fue lo primero que dijo Shair después de que Kairo se fuese.

—¿Qué? Pero si apenas son como las… tres de la tarde.

—Dormí bastante tarde ayer. Y las pocas energías que me quedaban la gasté las veces que me emocioné en esa conversación. Aunque sigo bastante emocionada, podría darte un abrazo de nuevo.

—No me molestaría.- Afirmé.

—¿En serio?

—¿Qué te detiene?

Shair me miró unos segundos, hasta que me abrazó. Era muy agradable, me gustaba que me abrazara. Me daba una sensación cálida en el pecho que querría que se mantenga.

—Qué bueno, alguien que se deja abrazar aparte de Zakko.- Shair exclamó, tras alejarse de mí.

—¿Por qué? ¿Kairo y Yaku no se dejan?- Consulté, mirando a Yaku.

—No mucho, pero bueno, no importa tanto. En fin. Yo al menos… iré a dormir a la posada. ¿Vendrán conmigo o…?- Shair interpeló.

—No me parecería mal ir a Bardelarte o al mercado a hacer de vigía y patrullar las calles. Serían quince de plata por solo caminar, en el caso de que no nos topásemos con ninguno.- Zakko comentó.

—Sí, a mí también me parecería bien. Además, conmigo es bastante fácil, si vemos algo, avisaremos a guardias civiles que se encuentren cerca e intentaremos evitar el combate, de momento.

—¿No vas a venir a acostarte conmigo…?- Shair murmuró viendo a Zakko, poniendo ojitos de cachorrito abandonado.

—Eh… Shair… no…- Zakko se avergonzó por el comentario. Bastante desubicado si me preguntasen a mí, aunque no me preguntaron y por eso no dije nada.

—Está bien… ¿Yaku, tú qué quieres hacer?

—No me disgustaría vaguear todo el día de hoy. Pero tamp-

—Ya rugiste, vendrás conmigo.

Yaku no contestó. La interrumpieron, no obstante, puedo creer que en desacuerdo no está.

—Zakko.- Shair volteó a la persona del mismo nombre. —Lo mismo te digo, entonces. Cuídate, por favor. Si les sucede algo no se lo oculten, y… a ti te digo en específico que no vuelvan tan tarde.

Escuché un poco mal eso último, por alguna razón.

—¿Por qué a Kairo no se lo dijiste?- Cuestioné.

—Es que se me olvidó. Además de que de todas formas dijeron que a las seis Izu y la otra tipa saldrían, por lo que no podría llegar tan tarde sin que le suceda nada.

—¿Y por qué a él en específico?- Cuestioné ahora el porqué se lo dijo a Zakko en específico.

—Porque… asumí que sería como… el segundo al mando. O sea de que tú le harías caso a él, porque al menos… yo lo tomo a él como el segundo al mando de verdad. Si no estoy yo, hazle caso a él.

—Ah, claro. No tengo problema con eso.- Prefería que cualquier otro fuese el líder en cualquier cosa, siendo sincera.

—Yaku y yo nos iremos. Mucha suerte, chicos. Los esperaré en la posada.- Shair y Yaku se estaban yendo lentamente. —¡Chau!- Nos voceó agitando los brazos.

—¡Hasta más rato!- Le grité yo, alegre, hasta caer en cuenta de la situación.

Ciertamente no me es un problema estar sola con alguien. Pasé mucho tiempo a solas ya con Izu y solo me incomodó al inicio. A pesar de que… de vez en cuando se volvía incómodo otra vez, era por situaciones específicas y no por el hecho de estar a solas con alguien. Y que encima ese alguien fuese un hombre.

El problema ahora yacía en que es otra vez alguien que no conozco del todo. Me agrada y creo que le agrado a él, es amigo de Kairo y de Shair quienes me agradan bastante. Con él no he tenido el placer de pasar tanto tiempo.

Tampoco parecía tener mucha casta de líder, sin ofender. Cuando volteaba a verlo, estaba paralizado, como si no supiese qué decir ahora.

«Es la primera vez… o bueno, la segunda, que me quedo a solas con uno de ellos. Aunque la primera con Kairo… no sé si contarla del todo… no salí con él a solas, por más que me hubiese gustado. Es un tanto incómodo recordarlo, me da vergüenza pensar en que me haya visto de esa manera pese a no conocerlo casi nada».- Pensaba en mi cabecita.

«He de admitir que no sé si hasta me incómoda el hecho de que se parezca tanto a aquellos dibujos que hacía, y que por alguna estúpida razón admití hacer con Kairo. Es incómodo porque… es literalmente el novio de mi amiga. Pensar cualquier cosa rara me desagradaría… creo que no son novios ni nada, pero se siente como salir con tal».- Concluía.

—¿Vamos a Bardelarte?- Fue la primera frase que oí de Zakko hacia mí, luego de que pasaran minutos sin que ninguno dijese nada.

Me tomó unos segundos caer en lo que propuso.

—¡Claro, vamos!- Acepté con gusto, ya que por fin tomó la iniciativa de decir algo. Lo pude sugerir yo, aunque también estaba cagada por cómo reaccionase él.

Pusimos en marcha el plan de vigilar Bardelarte. Me preguntaba cómo podríamos demostrar que estuvimos vigilando todo ese tiempo… aunque será problema de cuando lleguemos a allí, asumo.

🍄

—¡Ya llegué!- Izu voceó al entrar en su habitación. —Pasa, Kairo. yo cerraré.- Me dijo a mí, en voz baja. Así que eso hice.

Me quedé como una estatúa en medio de la sala, sin ver a nadie.

—¿Shin?- Izu vociferó su nombre de nuevo, esperando que saliese.

—¿No puedes ver con tu magia de visión si está allí?- Le interpelé.

—Puedo, pero no lo hago. Estoy respetando su privacidad, después de todo es una dama. Hacer eso me convertiría en un degenerado.

—Pero si el otro día lo hiciste con Sein como si nada.

—Porque ella lo estaba haciendo también, lo sentí, por lo que asumí que podía ver.

—… Me sigue sin parecer una excusa lo suficientemente buena como para haberla usado esa vez y ahora no.

—De hecho, diciéndolo en voz alta suena bastante peor. Yo en mi cabeza creí que era mejor… al menos no vi nada raro, solo estaba sentada viéndonos.- Izu admitió.

—¿Ves?- Solté al comprobar que tenía razón.

—¿Qué qui- Shin salió, interrumpiéndose a sí misma cuando me vio en la sala. —Ah, hola. Eres tú… Kairo.

—… Hola.- Saludé por ser cordial.

Vi cómo Shin ojeaba un reloj que había en la posada.

—Supongo que yo te dije que podías venir por estas horas…- Murmuró. —Mientras más rápido te enseñe lo que sé, mejor. Sentémonos.- Shin se acerco al sofá y me invitó a hacerlo también.

—Yo voy a comer algo.- Izu comentó, yendo a la cocina. Que tampoco estaba tan lejos, por suerte para mí.

Me senté en el sofá con el máximo cuidado posible. Me sentía como un recluso por alguna razón que desconocía.

—A ver, cuéntame. ¿Qué sabes?- Shin movió un par de cosas de la mesa que había en frente de nosotros a la vez que me preguntaba.

—Bueno… solo sé… impulsarme. Usar viento para no sé… correr más rápido o saltar. Poco más, puedo… empujar cosas, supongo.

—Empuja este cubo.- Shin colocó un cubo que a saber de dónde sacó y qué función cumple, en la mesa. Aparentaba ser como de peluche o algo así, no era un cubo duro.

Procedí a hacerle caso, y la empujé sin mucho más.

—¿Solo puedes empujarlo hacia atrás?- Shin me cuestionó.

—… ¿Sí? O sea… creo que podría moverlo para los lados… déjame…- Me concentré un momento para intentar moverlo hacia algún lateral, sin embargo, me bloqueé. Sí logré hacer que tiemble y que se incline, mas no que se mueva tan bien como hice que se mueva hacia atrás.

Pretendía conseguirlo de una manera u otra, pero me costó tanto que era bastante notorio.

—¿Te está costando, verdad?- Shin al menos, lo notó.

—Sí.- Me rendí en ese momento.

—Mira al cubo.- Shin me ordenó.

En ese instante, Shin hizo que el cubo se moviese hacia la izquierda, para luego hacer que saltase, moverlo a la derecha, hacer que rotase y finalizó estampándolo contra la mesa. Sin moverse ni tocarlo, desde el sofá.

—En algún punto, deberías poder hacer eso tú también.

—… Se ve… complicado.- La ejemplificación me deprimió de manera leve por lo difícil que se veía.

—No te preocupes. Cuando aprendes a hacerlo… no sabes cómo lo haces, pero lo haces. No sé si me entiendes.

—Algo me imagino.

—Si te diese… el cubo y lo tuvieses en la mano, serías capaz de movilizarlo mucho mejor, ¿Verdad?- Shin agarró el cubo con una mano, cuestionándome.

—Eh… supongo que sí.

—Ten.- Ahora me pasó el cubo a mí. —Intenta hacer que flote. ¿No debe ser difícil, verdad? Sería como elevarte a ti, solo que deberías aplicar menos fuerza para no mandarlo a volar ni nada.

Sostuve el cubo, y lo puse encima de mi palma abierta.

—¿Hacer que flote me servirá de algo?

—Es verdad. Un detalle importante… ¿Tú puedes ver el viento, verdad?

—… Sí, creo.- Caí en cuenta de que hace tiempo que no veo del todo el viento, aunque… concentrándome, lograba visualizarlo de la misma manera que cuando entrené con Igtto. —Sí.- Aseguré, a pesar de que no lo estaba viendo del todo.

—Es para que tu cerebro sea capaz de visualizar el viento debajo del cubo. Que tu cerebro se grabe el viento recorriendo el cubo por completo, para que cuando no lo tenga, puedas hacerte la imagen mental y hacerlo funcionar como si la tuviese.- Shin explicó.

—¿Funciona… tan fácil?- Cuestioné, sin quitar la vista del cubo en mi palma.

—No es tan complicada la magia. Es cosa de prueba y error… además de una evidente creatividad.

—Eso me falla un poco.- Murmuré.

—Por cierto. ¿Cuál es tu magia única?

—¿Mi magia única?

—Sí.

—… No… no tengo.- Me dio pena admitirlo.

—¿Aún no? Qué raro. ¿Participaste en un Duel’Grot sin saber magia única?

—Eh… ¿Sí?

—Es más, ni siquiera sabes usar la magia de viento. ¿Cómo saliste el jugador destacado?

—… Me siento juzgado.- Volví a murmurar.

—Me sorprende. Como mínimo tienes talento. Cuando consigas tu magia única quizás grandes equipos te quieran reclutar.- Shin me hablaba, entre tanto se levantaba, dejándome sentado solo en el sofá.

—No me llama la atención eso. No es lo que busco.

—¿Y qué buscas?

«¿Que qué busco…?».- Repliqué en mi cabeza, con la vista fija en el cubo, comenzando a practicar expulsando viento leve de mi mano.

—Quiero ser más fuerte y ya.- Quise quitarme la pregunta de encima cuánto antes, hasta que me di cuenta de que sonó medio… fanfarrón, o algo así. —Para… seguir viajando con mis amigos, supongo. No sé.- Y eso me dio pena decirlo.

—… Me agradas. ¿Quieres comer? Izu está preparando champiñones al ajillo.

—No tengo… hambre.- Respondí antes de que acabara de hablar, y me detuve por la parte de que prepara champiñones. No sé porqué… hasta mi cerebro actúa como si me fascinaran. O sea, están muy ricos en este mundo creo… mi apetito se aumentó levemente. Lo suficiente como para querer al menos probarlo. —… Un poco, tal vez.

—Sigue con eso, te llamaré cuando esté listo.- Shin me ordenó.

—Está bien.- Por ello, acepté y me concentré en el cubo, esperando que me nombrasen.

🍄

—¡Gracias!- Zakko agradeció por la atención del empleado de la tienda en la que nos encontrábamos.

Ya habíamos llegado a Bardelarte. Estuvimos unos… treinta minutos, poco más, perdiendo el tiempo caminando por las calles. Lo hacíamos un tanto cerca de los locales, ya que Zakko parecía interesado en comprar algo.

Lo que compró ahora era una decoración, como una pequeña estatua o algo así, una figurita. Una figurita de un hongo, con… ojitos y una boca sonriente. Era un hongo largo y tenía una cara bonita, me gustaba.

Salimos de la tienda, y Zakko mantenía su vida en lo que compró.

—Las veces que salíamos con el resto no parecías tan interesado en ir a comprar cosas.- Mencioné en voz alta, ya que quería que me explicase el porqué ahora sí.

—¿Te molesta?- Zakko interpeló, sonando preocupado. Aunque la pregunta por fuera lucía un tanto agresiva, sé que no era la intención.

—No, no. Solo… me llamó la atención.

—¿Has visto algo, por cierto? En lo que me tardé en… elegir.- Zakko cuestionó, a la vez que se guardaba el hongo.

—¿Eh? No… se me olvidó, je.- Se me escapó una risa estupidísima, qué vergüenza.

—Bueno, es difícil que haya nada, supongo. Hay muchísimo guardia civil todavía. Aún no sabemos cómo corroborar que estuvimos vigilando, por cierto.- Para mi suerte, Zakko ignoró mi risa.

—Sí… debimos haberlo preguntado.

—¿Será que los guardias civiles son la forma de dar a saber que estuvimos aquí? Nos han visto un par de veces, creo. Deberían reconocernos, si trabajamos con ellos…- Zakko dedujo.

Algo más que venía bien para esta situación, era que extrañamente Zakko era un tantito más extrovertido de lo que pensé. O… quizás esa no es la palabra, pero antes tampoco me hablaba de manera tan directa como lo hace ahora.

De vez en cuando lo hacía… pero en su mayoría no. Se sentía junto a Yaku como si me ignorasen de vez en cuando.

Por eso cuando se atrevía a preguntarme si quería unirme a algo no le rechazaba. Para una vez que se anima y no me importaba aceptar, no le iba a decir que no.

Quizás es más que nada porque Shair opaca a la mayoría. Así cualquiera luce introvertido, si ella se encarga de hacer todo, y habla por todos.

—¿Hola?- Zakko tiró de mi cable a tierra, para reconectarme con la realidad.

—¿Ah? Sí, sí. Perdón, disocié un rato. ¿Qué dijiste?

—No dije nada. ¿Seguimos caminando o quieres ver algo?- Interpeló.

—No preciso de nada, no. Sigamos.

Continuamos, sin mucho más. La mayor parte del tiempo era un tanto silenciosa, entendiendo que Zakko tampoco sabía mucho de qué hablar. Ni yo, por supuesto. Seguía lidiando con lo incómodo que podía llegar a ser, además de la concentración que requería el estar atenta a todos lados.

—¿Si encontramos a uno se lo decíamos a la guardia civil, verdad?- Interrogué, para estar segura.

—Sí. Y… no me molestaría huir a mí…- Él fue bajando el volumen de su voz al admitir eso, denotando vergüenza.

—… No estoy en desacuerdo respecto a esa idea.- Al menos no era la única que querría escapar.

—¿Viste en las esquinas?- Él me preguntó.

—Sí. En todas, hasta en la que vimos la otra vez. Pero no he avistado nada, ni siquiera manchas de sangre… ni personas actuando extrañas. Para empezar, no he visto a ni una mujer con kimono, y creo estar lo suficientemente concentrada como para notar a una con esa ropa.

—Bueno, tienes razón. Aunque… recuerda que eran dos demonios en Bardelarte. No tienes porqué estar buscando solo a esa.- Zakko mencionó.

—Es… verdad. ¿Me recuerdas cómo se veía ese demonio?

—No tiene forma fija, creo. Pero en su mayoría se le ha avistado con piel roja y ojos amarillos. No es tan alta, y… más que nada eso. Tú solo… fíjate en toda persona que no tenga un tono de piel común humano.

—Me fijo, sí. Claro.- Me ajusté las gafas que no llevaba. Es un tic que de vez en cuando recuperaba por… mi anterior vida. Por alguna razón, aún lo mantenía.

«¿Eh?».- Reaccioné en mi cabeza a lo que veía en un callejón a unos locales de distancia. «Es… ese tipo otra vez. El del otro día, que hablaba como español. Está… peleando otra vez. O mejor dicho, discutiendo…»

—¿Estás viendo algo? ¿O por qué esa cara?- Zakko notó mi concentración.

—Ah, no, no veo a un demonio. Hay tipos peleando allá.- Señalé hacia dónde estaba viéndolos, con la esperanza de que tenga curiosidad y así poder hablar con aquel tipo.

Pese a lo que Kairo me dijo, seguía teniendo curiosidad. Absolutamente nadie más habla como él, estoy segura de que tiene algo que ver. Es imposible que sea mera coincidencia.

—¿Quieres ir a intervenir? ¿Qué tan… agresivos lucen?- Él me preguntó.

—Un poco agresivos, la verdad.

—¿Cómo lucen? ¿Lucen grandes o… alguna característica a remarcar?- Él me interrogó, entre tanto caminábamos de todas formas hacia la zona indicada.

—Bueno… no lucen muy diferentes a una persona normal. Uno es un tipo con pelo puntiagudo y desordenado… y el otro es un tipo con un pañuelo en el cabello, el cual era de color azul oscuro. No visten… muy llamativos. El pelirrojo lleva-

—¿Un pelirrojo?- A Zakko parecía haberle llamado la atención eso.

—Eh… sí. ¿Pasa algo?- Cuestioné, ya que la manera en la que lo preguntó sí daba a entender que algo sucedía.

—¿Rojo claro?

—Sí.

—… Es un veniz evolucionado, probablemente. No sé si nos convenga meternos en los asuntos de alguien así.- Zakko se detuvo, de manera repentina.

—¿Veniz evolucionado? ¿Es de… tu raza, no?- Yo también me detuve, para consultárselo. Tampoco era mi plan entrometerme yo sola.

—Sí, pero él evolucionó. Es por defecto más fuerte que yo, o al menos tiene el potencial.

—¿Cómo que “evolucionó”? No entiendo.

—Bueno… el punto es que probablemente sea más fuerte que yo. Si tú crees que eres más fuerte que yo… podemos ir, si quieres. En el caso de que se molesten con nosotros… podríamos escapar o… llamar a guardia civil, claro. De hecho, deberíamos hacer eso.

Zakko iba encaminado a hablar con guardias cercanos, hasta que le agarré del brazo.

—¿Qué?- Interpeló.

—No… no creo que quieran pelear. Vamos a ver qué pasa y ya.- No sabía cómo decirle que quería hablar con el de pelo rojo.

—… Bueno.- Zakko cedió, y le solté el brazo.

Para cuando nos decidimos a ir a ver qué tal, ya había pasado tiempo de que dejé de usar mi magia. Cosa que… provocó que los perdiese de vista. Al llegar al callejón, no había nada, todo era basura y ya.

—¿Y los tipos?- Zakko como era obvio, cuestionó.

—Eh… ¡Te juro que estaban acá! Yo… eh… los perdí de vista, dejé de verlos no sé en qué momento… me distraje y… no sé. ¡Pero era verdad! No tengo razón para mentirte.- Me preocupé de más, tal vez.

—No te exaltes tanto. No te voy a matar ni nada, no es como si de todas formas estuviésemos ocupados con otra cosa. No hay ni demonios cerca hoy.- Zakko me calmó.

Yo no pude quitar la vista del lugar. Era un callejón… un tanto extraño. La basura estaba puesta de cierta manera que rodeaba la zona del medio, pero en medio se hallaba vacío, como si fuera un camino.

«Por más que uso mi magia de visión, no identificaba nada más que… cierto grado de maná. Pero de eso lo veo en muchos lados, hasta en perillas de puertas de locales».- Quería sacar alguna conclusión.

—Perillas de puertas…- Resonó en mi cabeza y lo parlé sin querer. Aunque en voz baja.

—¿Qué?- Zakko de fondo interrogó.

Sin decirle nada, me acerqué para toquetear un poco el lugar en donde veía el maná concentrado.

—¿Qué haces?- Zakko interpeló extrañado, pero le entendía.

—¡Ajá!- Exclamé cuando descubrí porqué veía maná. Era una escalera que se habría detectando maná recíproca.

Conseguí que desapareciese la fachada del suelo, no obstante, caí por las escaleras de cara, ya que estaba encima de estas, mal posicionada.

—¡Sein!- Zakko exclamó, y percibí cómo se transformó en limo para acercarse a mí lo antes posible.

Por un momento, dejé de estar consciente, hasta que sentí cómo Zakko me escupió de su cuerpo, estando abajo del todo.

—Au.- Me dolió, ya que me soltó contra el piso.

—Lo siento.- Se disculpó conmigo, ayudándome a ponerme de pie.

—¿Qué es… esto?- Cuestioné al ponerme de pie y ver a mi alrededor.

Lucía como una zona comercial, un tanto más… underground. Tanto en el sentido en el que lo usé, como en el literal, ya que estamos bajo tierra o algo así. Se me ocurrió a mí solita.

Tenía varios mercados abiertos y pequeños con cosas raras, además de subidas y bajadas en el piso sin ningún tipo de patrón, solo estaban allí porque estaba mal construido.

Lograba divisar una cantidad de gente considerable, además de notar que las luces iluminaban bastante bien para mi sorpresa. No era un lugar oscuro, tenían ciertas farolas y alguna que otra luz en el techo que permitía ver sin problemas.

—No tengo idea.- Zakko desconocía dónde estábamos de la misma forma que yo.

—Ver tantas cosas con mi magia me marea un poco. No sé ni qué quiero… enfocar.- Intenté usar mi magia para ver a los alrededores, pero estaba todo lleno de pequeñas tiendas y personas comprando cosas.

Poco más distinto que mencionar. Algunas tiendas eran extrañas, al fondo del todo veía unas cuantas que eran una estatua sentada como reflexionando, y bolas mágicas delante. Por las pintas lucía como tarot o algo así, me daba curiosidad.

—¿Se habrán metido a acá?- Zakko preguntó al azar. Sin embargo, recordó el porqué estábamos aquí, encontrar al pelirrojo que habla como un españolete.

—Déjame buscarlos…- Al tener un objetivo, era más fácil utilizar mi magia de visión. Buscando cabelleras rojas, encontré una similar. —Sígueme, creo que lo vi.

—Voy.- Él afirmó, y vino conmigo.

🍄

«Qué delicioso que fue esto, por Dios. Podría comerlo todo el día…».- Pensé, entre tanto reposaba por haberme comido lo más rápido que pude la comida. Sabía increíble.

—Me pareció raro que el otro día no quisieses darle jugo y hoy me pidieses que le sirva algo.- Izu comentó con Shin.

—Ahora sé que me cae bien. O… al menos, me agrada su pensamiento.- Shin le explicó.

—Entiendo.

—¿Conseguiste algo con el cubo, Kairo?- Shin me preguntó.

—Eh… algo así. Conseguí que diese vueltas… solo que sin el sentido que yo quería que tomasen, pero lo conseguí, supongo…- Me costó decirlo, por algún motivo.

—Es cosa de práctica, de todas formas. Puedo enseñarte un par de cosas para que practiques a solas antes de que te vayas, y ya luego con lo del cubo sigues en casa.

—… Gracias. Por… ayudarme y por la comida también. Me encantó.

—¿Qué tanto?- Izu cuestionó.

—… No sé. Pero demasiado, gracias.

—No es nada, gracias a ti por apreciar mi habilidad culinaria.- Izu insistió. —¿Te gustan los hongos?

—Sí. No sé ni porqué, no recuerdo tener ese gusto hasta hace como… un mes, o así.

—Te encantaría tener la misma magia única que Shin, entonces.

—¿Cuál es su magia única?- Interrogué por curiosidad.

—Ella…-

—Mira.- Shin lo interrumpió a Izu, y me mostró ahí mismo qué hacía. En su mano, apareció un hongo de esos rojos típicos. —Un hongo amanita.- Shin aclaró.

—¿”Amanita”?- Cuestioné.

—Así se llaman.

—¿Puedes crear hongos…?

—Claro. No es… solo eso, pero… es eso, al fin y al cabo.

—Suena… interesante, al menos.

—Sí. Por eso, es importante que consigas una tú también. Saber de magia de viento y tal te servirá, pero la diferencia la marca la habilidad que poseas con una magia que te identifique.

«¿Una magia que me identifique…?».- Resonó en mi cabeza.

—En fin. Ya reposé. Puedo enseñarte un poco más.- Shin se paró del asiento, dejando el plato vacío.

Ambos habíamos terminado de comer, era Izu quien comía lento.

—Me agradeció Kairo y no tú, debería darte vergüenza.- Izu murmuró refiriéndose a Shin.

—Gracias, Izu. Estaba rico.- Shin le agradeció al final, con un tono más amistoso que el de costumbre.

—Si te lo tengo que decir ya no me gusta.- Murmuró otra vez, Izu.

—Ese es tu problema.- Shin comentó, volviendo al tono de siempre, más serio y hasta intimidante dependiendo a quién le preguntes. —Kairo, mírame. No hace falta que te levantes, no hay tanto espacio aquí.- Ella se centró en mí, aparentando prepararse para hacer algo.

—Te miro.- Le aclaré, para que lo tuviese en la consciencia.

—Entiendo que te gustan las técnicas rápidas, ¿Es así?- Shin me cuestionó antes de hacer nada.

—Sí, eso creo. Me gusta ser veloz, es divertido como mínimo.

—No sé qué tanto sepas, ya que yo no vi mucho del Duel’Grot, ni te he visto pelear en alguna otra ocasión. Así que mi pregunta es… ¿Sabrías hacer esto?- Shin consultó, centrándose más en su posición.

Tenía una pierna más atrasada que la otra, a la vez que se estaba encorvando un poco. Tras unos segundos, Shin dio un backflip perfecto y bastante rápido. Impresionante.

—No, ni en mil años.- Aclaré con una hipérbole para que entendiese la gravedad del asunto.

—Ya veo. Es importante que lo sepas, es… bastante básico, para pelear aprovechando la velocidad. Y no es tan difícil de aprender, repito. Mira, ahora sí, ven.- Shin me llamó a posicionarme cerca de ella.

Es verdad que no había tanto espacio en la posada de ellos, aunque el suficiente como para el ejemplo que quería darme, imagino.

—No es muy distinto de impulsarte usando viento. Es otra técnica que requeriría que sepas imaginar un cuerpo entero con tu magia cubriéndolo. Asumo que para impulsarte la mayor parte del tiempo usas tus palmas para crear viento y ya, ¿Verdad? O en todo caso, tus pies.

—Sí.

—¿Has intentado crear viento alrededor de tu pierna, y no directamente en tus pies?

Me detuve unos segundos, observándola con la mirada perdida, ya que no la estaba viendo a ella si no que estaba concentrado intentando crear viento en mis piernas.

—No siento nada, no.- Fallé de manera estrepitosa.

Shin suspiró.

—Te diré cómo se hace, y tú vas a intentar imitarlo. Lo mínimo que aceptaré será que consigas elevarte. Aunque falles y te vayas a caer, no te preocupes. Estoy atenta por si pasa algo.

—Está bien.

—A ver, comprenderás que es complicado explicarlo, pero… tienes que crear la imagen mental de tu cuerpo cubierto por una capa de viento. Si lo consigues, serás capaz de crear al menos una brisa en tu pierna, y a partir de ahí, podemos trabajar. Esfuérzate.

—Ah, creí que me lo explicarías todo ya.

—Te lo explicaré paso a paso, no tenemos prisa, apenas son las… cuatro de la tarde. Algo de prisa tenemos, pero no la suficiente. Aparte, luces como la gente que se olvida de las cosas muy fácilmente. Mejor te lo explico al momento.

—… Razón no te falta.- Murmuré, para a posterior, cerrar mis ojos e intentar hacerme la imagen mental.

Era demasiado difícil para mí, en serio. Es como si me pidiesen imaginarme en tercera persona.

«Quizás si… quizás si lo imagino como un juego en tercera persona…».- Pasó por mi mente, y yo no descarté la idea en ningún momento.

Pretendí imaginarme como un personaje en un juego en tercera persona, recreando más o menos el cómo creía que me veía desde atrás. A pesar de que no sea del todo perfecto, quería creer que de algo me sería de utilidad.

Imaginé al pequeño yo cubierto de un aura blanca, entendiendo que se trataba del viento. El siguiente paso fue emplear magia elementa levemente, partiendo desde mis manos. Respiraba profundo, intentando crear la mayor cantidad de viento posible.

Con mis manos procuraba que rodease mi cuerpo, y en mi cabeza, hacía que el aura del pequeño yo se viese afectada por el viento que ahora estaba creando.

Me tomó un tiempo comenzar a sentir algo.

—Creo que… siento algo… en la pierna…- Hablé, ya que no lograba identificar qué era, pero la emoción crecía en mí.

—Intenta impulsar aquella parte que sientas.- Shin propuso.

Propuesta a la que hice caso, y no sentí nada, hasta que mi brazo se elevó solo, y cayó como si fuera un saco de papas.

—Eh… ¿Eso fue por la magia…?- Shin cuestionó.

—… Creo que sí.- Admití, decepcionado de mí mismo. Ni siquiera me animé a abrir los ojos.

—Tómate… el tiempo que necesites. Sigue intentándolo, y cuando creas que lo tengas, me avisas. No lo hagas sin avisarme, me puedo… distraer, y quizás caigas de cabeza y mueras o algo así.

—No creo que muriese en todo caso.- Izu contrarrestó el comentario de Shin.

—¿Quién le está enseñando, tú o yo?- Shin le cuestionó a él. Su tono fue bastante agresivo.

—Solo era una observación. Tampoco te alteres así…- Izu se apenó.

—… Lo siento.- Murmuró Shin, sonando como avergonzada. Luego de eso, carraspeó. —Bueno, Kairo. Eso. Sigue intentándolo. Tómate tu tiempo… aunque si es rápido mejor, claro.

No me quedó de otra que repetir el proceso otra vez.

🍄

—¡Perdón!- Me disculpé demasiado apenada. Era como el tercer o cuarto tipo pelirrojo que detengo y me doy cuenta de que no es quien busco, qué palta.

Tenía a Zakko siguiéndome en la búsqueda de una persona que no sé identificar porque por algún motivo existe una raza entera que tiene los ojos y el pelo del mismo color que él. Asumiendo que él no es de esa raza, además.

—¿Cuánto tiempo piensas seguir buscando a aquel tipo? De… curiosidad, solo. No es que te esté apurando ni nada parecido… no quiero que pienses eso, no, no…- Zakko me estaba apurando.

—No sé. Es que… bueno, supongo que tampoco me moriré si no lo encuentro… solo… fue una ilusión.- Me deprimí.

Ya habíamos encontrado la salida real, que llevaba a una calle abierta. Eran unas escaleras anchas, ya que mucha gente bajaba y subía al mismo tiempo. Era un lugar transitado, ya que no solo eran tiendas simples. Muchos aventureros o similares… aunque más similares. Muchos magos comerciaban objetos extraños a gente que no estaba muy asociada a la magia.

A mí me quisieron vender una bola de cristal que reflejaba todo. Ni siquiera sé porqué eso sería tan asombroso, si sí tienen espejos aquí.

—¿¡Cómo que no!? ¡Lo estoy viendo ahí, basura!- Escuché un grito desde la esquina del todo, ya que nos hallábamos un tanto cerca.

Cuando me fijé con mi magia de visión, los observé en una esquina un tanto escondida, a unos cuantos pasos de las escaleras. Había un pequeño pasadizo estrecho que no sé porqué existía, ya que no lo estaban usando para nada.

Al lado del pasadizo, lo vi.

El hombre pelirrojo con pelo punzante. Era igualito, y estaba gritando violentamente. Tenía que serlo, es imposible que no lo sea.

—¡Creo que lo vi!- Exclamé para que Zakko me oyese y siguiese, encaminándome en la dirección correcta.

Tuve que correr un poco ya que nosotros estábamos en el medio de las escaleras. Para cuando nos hallamos cerca, ya caminé tranquila.

—¿Estás segura de que sí es este?- Zakko me interpeló una vez se me acercó.

—¡Sí! ¡Segurísima!

—¿Debería confiar en ti? Dijiste lo mismo con los otros tres.- Murmuró, sin ni siquiera verme a la cara el cobarde.

—¿¡Entonces para qué me preguntas!?

—Costumbre.

Sí era cierto que dije lo mismo con los otros tres, no obstante, al resto lo noté bastante tranquilito en comparación. Este tipo estaba gritando y haciendo escándalo…

«¡Tiene que ser él!».- Mi voz interna estaba emocionada. Y la yo externa también.

—Aquí tiene señor.- El señor de la tienda le hablaba al pelirrojo.

—¡Gracias! ¿Ves que no era tan difícil?- El pelirrojo vociferó. Lucía muy molesto. —¿Eh?- Soltó un ruido de confusión al voltearse y verme a mí y a Zakko observándolo fijo.

El pelirrojo volteó unas cuantas veces hasta que entendió que lo miraba a él.

—¿Qué quieren?- El pelirrojo nos cuestionó.

Entré en pánico. No sabía qué decirle, no pensé en llegar tan lejos.

—Tú…- El pelirrojo murmuró, como si algo hubiese activado su curiosidad. No sé a cuál de los dos miraba, aunque yo no le reconocía de nada más que aquella vez que lo oí gritar.

—Eh… disculpa… te he estado buscando porque… tu forma de hablar me llamó la atención y… creí que…

El pelirrojo no me miró a mí ni un solo segundo desde que empecé a hablar. Me detuve por ello mismo, estaba más concentrado en Zakko.

—¿Quieres algo de mí o qué? ¿Le gusté a tu amiga y por eso decidiste acompañarla?- El tipo no se dirigió a mí tampoco.

—¿Qué? No es eso. Solo me causó curiosidad… eh…- Quise defenderme aunque sintiese que era inútil, ni me prestaba atención.

—Ella es quien está intentando hablar contigo, no yo.- Zakko aclaró.

—No me importa.

Luego de responder de manera agresiva, el tipo se posicionó a la defensiva, aún sosteniendo una botella que habrá comprado recién.

—¿Qué mierda quieres de mí?- Reiteró el pelirrojo.

—Yo no sé… qué te tiene así pero… mi amiga quiere hablarte, escúchala a… ella.- Veía a Zakko nervioso, pese a que no quería lucir así. Se mantenía en su posición, aunque el brazo le temblaba.

—Perdón si… es una molestia, creí que podríamos hablar.- Pedí disculpas cuanto antes, me asustaba la agresividad con la que nos hablaba.

—¿¡Y qué quieres tú de mí!?

—… Nada. Perdón, en serio. Buscaba a un chico pelirrojo muy similar a ti, pero veo que no eres tú… además… él y yo ya nos íbamos… ¿Verdad, Zakko?- Lo tomé del brazo intentando moverlo. Estaba más duro que una estatua, pero logré percibir aún más sus nervios

—… Sí.- Zakko se iba a mover, hasta que el pelirrojo increpó.

—¿Un pelirrojo igual que yo? ¿Me estás… tomando el pelo?- El veniz evolucionado murmuraba. —¿”Zakko”?

—¿… Qué?- Zakko interrogó el porqué el tipo ese repitió su nombre.

De un momento al otro, se formó un silencio en el cual el pelirrojo no hizo nada más que respirar profundo.

Así, hasta que tras un parpadeo, se abalanzó contra Zakko y lo sujetó del cuello.

—¿¡Te estás haciendo pasar por alguien más!? ¡Basura! ¡No creas que no sé quién eres! Reconozco tus ojos.- El pelirrojo comenzó una pelea en medio de la zona.

Como era una esquina más o menos escondida, no contábamos con que parase la pelea nadie. De hecho, volteé a los alrededores, y la gente de las tiendas fingía no ver nada, o hasta se escondía.

Y aunque yo estaba al lado, no sabía qué hacer. Mi mente no lograba pensar con claridad qué era lo que podía realizar para alejar a Zakko de este tipo.

—¡Responde! ¿¡Qué quieres de mí!?

—¡No… no sé quién eres…! ¡No sé de… qué… hablas…!- Zakko intenta hablar como podía.

La respuesta pareció haber molestado aún más al veniz evolucionado, pues cuando dejó de hablar, tuvo las intenciones de pegarle un puñetazo.

Ahí fue cuando actué por instinto. Detuve el movimiento del veniz evolucionado con mi habilidad. Zakko lo entendió bastante rápido, y se liberó del agarre empujando fuertemente al pelirrojo.

Cuando lo movió, perdí la concentración, por lo que el pelirrojo ya podía moverse. Resultó ser un problema cuando embistió contra Zakko y lo empujó contra el piso.

—¡Zakko!- Quise ir con él, ayudándolo a levantarse. Posicionándome detrás de él, vi al veniz evolucionado, y no le quité la vista de encima.

Zakko yacía tumbado en el piso, con una rodilla doblada para levantarse rápido si era necesario.

—¿Qué es esto…?- El pelirrojo murmuró, al sentir otra vez cómo no podía moverse. —… Es la última vez que lo repito, Junsuina. ¿Qué quieres de mí?- El pelirrojo notó bastante rápido que aún podía hablar pese a estar detenido.

—No sé de qué… me hablas. No te conozco, y jamás te vi en mi vida.- Zakko le intentaba explicar.

—¡Deja de hacerte el estúpido! Podrás engañar a la tipeja que te acompaña, pero no a mí.

—¡Oye!- Me ofendí.

—No sé…- Zakko iba a comunicarse, hasta que parecía estar cayendo en cuenta de algo. —… ¿Cómo crees que me llamo?

—Zillach.- El pelirrojo respondió apenas pudo.

—Claro… él es… mi hermano. Yo no tengo nada que ver con él.

—¿¡Y por qué debería creerte!?

—¡Pero si él lleva el pelo negro y es mucho más alto! No es tan difícil de ver la diferencia…

—¿Crees que soy imbécil? Yo también puedo cambiar de forma si me lo propongo.

—¿¡Y cómo quieres que te demuestre que no soy yo!?

—Ni siquiera sabía que tenía un hermano.

—Porque no tengo nada que ver con él. Yo no existo para él.

—… ¿Y por qué… me estaban buscando? ¿¡Qué mierda quieres que piense si veo que un veniz me persigue a una esquina levemente oculta y me dice que buscaban a alguien como yo!?- El tipo se excusó. —Encima tu amiguita estaba diciendo incoherencias. ¿¡Qué forma de hablar!? ¡Yo nunca hablé contigo!- Se dirigió a mí, señalándome, ya que pasaron segundos desde que dejé de usar mi magia.

—¿Ah? Ya puedo… moverme.- Dijo, antes de que volviese a usar mi magia. Solo estaba reposando. —Ah, ya no. ¡Puta!- Me insultó.

—¡Puta será tu madre!- Me defendí.

—¡Respeta!

—… No sé por qué ella está buscando a alguien que se parece a ti. Pero te juro que… no soy Zillach. Déjame en paz.- Zakko parló respondiendo a lo primero que preguntó el pelirrojo.

—Está bien. Dile a la tipa esa que me deje libre.- Y él pidió a cambio.

—Sein.- Zakko se sentó en el piso, y volteó hacia mí, por lo que entendí que él también quería que liberase al loquito.

Suspiré e hice caso.

—Lo siento. No tengo una buena relación con ese imbécil. Y a los veniz les reconozco por la mirada, tú claramente tienes la misma, a simple vista, por lo menos.- El pelirrojo se disculpó, para mi sorpresa. Aún mantenía un tono de voz que denotaba molestia, pero se calmó bastante.

—… No pasa… nada. Disculpa la molestia también.- Zakko se disculpó de igual manera. —Entiendo que lo de buscar a un tipo pelirrojo era sospechoso…- Zakko intentó calmar las cosas, entre tanto se levantaba.

Yo también me levanté, y ahí pude ver a un tipo acercándose por detrás del pelirrojo.

—¿Puedo saber cómo te llamas? Para recordarlo la siguiente vez que te vea.- El veniz evolucionado le interrogó a él.

—Yan… Zakko.- Zakko se corrigió al instante. Sé que se corrigió porque si mi memoria no falla su nombre real iniciaba de esa manera. —¿Y tú?

—Deryen.

—¡Guau! ¡Este tío se parece muchísimo a mí!- Vi a otro tipo pelirrojo acercarse del todo a quien ahora conozco como Deryen. Este pelirrojo era a quien buscaba. —¿Verdad que sí? ¡Mola!- Sonriendo, apuntaba hacia él y nos preguntó a Zakko y a mí si era verdad que se parecía.

—¡Tú! ¡Tú eres a quien buscaba!- Exclamé, sorprendidísima.

—… Sí nos parecemos.- Deryen murmuró.

—¿Me estabais buscando? ¿Por qué?- Aquel tipo de pelo rojo consultó.

—Aún no soy tío, que yo sepa.- Deryen seguía murmurando. —Bueno, me voy. Espero no volver a verlos. Zakko, si ves a tu hermano y pregunta por mí, dile que morí.- Deryen se retiró muy lento, esperando a escuchar la respuesta de Zakko, imagino.

—… Espero no volver a verlo a él tampoco.- Zakko le contestó.

—… Adiós. Buena suerte.- Deryen se retiró, adentrándose más en el mercado subterráneo.

—¿Qué? ¿Por qué tiene tanta prisa? Joder. Para alguien que se me hacía familiar…- El tipo que habla como español era muy expresivo. Hasta podría decir que actuaba, pues su tono se volvió triste y él también se mostró bastante triste. Le faltaba que se le saliera la lágrima y me convencía.

—Oye, tú.- Lo llamé.

—Diga.

—Eh… ¿Podríamos hablar… afuera?- Le consulté, ya que prefería conversar en otro lugar más… bonito.

—¡Claro! Ahora que sé que me buscabais, tengo curiosidad. ¡Vamos!- Él antes que nadie, se encaminó para salir del mercado subterráneo, dejándome a solas con Zakko, de nuevo.

Zakko tosió un poco.

—Aún me cuesta… respirar.- Admitió, sobándose el cuello.

—Creo que es por el olor. Es un tanto fuerte, entiendo que después de eso también te sea difícil respirar el olor de este lugar.

Desde el fondo, se veía al tipo de pelo rojo, agitando los brazos de lado a lado y llamándonos. Tenía muchísima energía.

—… ¿Así que a ese tipo buscabas?- Zakko interrogó.

—Sí, eso parece. ¿Te molesta si… viene con nosotros? Al menos este rato… quisiera preguntarle cosas. Si eso, podemos vigilar Bardelarte entre tanto conversamos.- Cuestioné con él lo que le parecía la idea.

—No me molesta, no. Mejor, vamos ahora. Está… esperando.

—¡Chicos! ¿¡Por qué os tardais tanto!? ¡Daros prisa! ¡Hola! ¡Ey!- Gritaba el hombre de cabello rojizo que no sé ni su nombre, desde las escaleras.

Volteé un segundo a ver en dirección a Deryen, se había desaparecido. Realmente no quería tener nada que ver. Luego de eso, me encaminé despacio hacia las escaleras, junto a Zakko.

—Por cierto, Zakko. Perdón por… haberte metido en eso. No sabía que justo se iba a ver igual alguien que… iba a dar tantos problemas.- Me sentí mal por lo que pasó. —¿Estás bien?

—Sí. No te preocupes. A saber porqué odia tanto a mi hermano ese.

—¿Te importa eso?- Interpelé, más que nada porque no sentía que fuese muy apegado a su familia. Y aún así, cuando dijo el “Yo no existo para él”, sentí cierto sentimiento.

—No, en verdad no. Solo es curiosidad. Yo también odio a ese tarado.

—¿No quisieras… contarme un poco de eso después?

—¿Contarte qué?

—De tu vida, para que nos conozcamos.

—… No.- Zakko negó de forma instantánea, quitándome la sonrisa.

—Te lo preguntaré de nuevo después.- Aseguré.

—No creo que cambie mi respuesta.

—Ya lo veré.

Con esas, nos acercamos al tipo pelirrojo que estuve buscando todo este rato. Salimos hacia afuera, y antes que nada, le dijimos que queríamos ir a Bardelarte, por lo que nos encaminamos.

Tenía muchas cosas por las cuales hablarle, apenas pudiese, las soltaría todas.

Aunque es un tanto raro mientras Zakko está, más que nada porque… si fuese otra persona que fue invocada… Zakko se preguntaría aún más cosas de las que me pregunto yo. Si Kairo no se lo dijo a él, no creo que deba ser yo quien se lo diga.

Sería cosa de decírselo a él, a Shair y a Yaku, con el tiempo. Ahora…

Ahora quería hablar con el que habla como español.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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