Kinokodearu - Capítulo 39
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 39: Promesa
—¡Alex!- El pelirrojo que hablaba como español, me dijo su nombre, exclamándolo en medio de la calle frente a toda la gente.
Cuando salimos del mercado subterráneo, me fijé en la calle más al sur de Bardelarte. Era preciosa también.
Seguían siendo en su mayoría locales de distintos tipos, solo que tenían más vida, por así decirlo. Había mucho más verde también, en el centro de la calle. Además de bancas donde sentarse.
«¿Acaba de… decir un nombre demasiado común de mi mundo… como si nada?».- Interpelé en mi cabeza, observándole.
Podría decir que íbamos caminando conmigo en medio de los dos, pero Zakko ni siquiera estaba prestándonos atención. De vez en cuando volteaba por lo fuerte que hablaba quien ahora conozco como Alex, no obstante, eran contadas veces. El resto solo observaba los locales.
—¿Y el tuyo?- Me cuestionó Alex.
«¿Debería decirle… mi nombre… real? O sea… supongo que él usó su nombre real, ¿Será que me reconoció a mí también? Yo para saber si Kairo era de mi mundo tuve que ser bastante obvia, tendría sentido que alguien más piense lo mismo…»
—Na… omi.- Me costó decirlo, ya que seguía insegura de mí. —Naomi.- Lo tuve que decir otra vez para al menos asegurarme de que se entendiese.
—Vale, pero… no me contaste, ¿Por qué me estabais buscando?
—Bueno… es…- No tenía idea de cómo decirlo. No quería ser directa porque si no era lo que esperaba que fuese, sería aún más complicado explicarme. —… es un poco largo de explicar… eh…- Miraba hacia todos lados, buscando alguna excusa para cambiar de tema.
Zakko fue quien me permitió cambiar de tema, cuando lo vi yéndose directo a entrar en una tienda.
—Espera, mi… compañero se está yendo sin… avisar.- Cambié el tema, y me dirigí hacia donde iba Zakko.
Aún desconozco el motivo del porqué parece tan interesado en comprar cosas. No obstante, me servía que se comportase… así de extraño. Al menos, me daba una excusa perfecta para alargar aún más la conversación y así permitirme perder la vergüenza o el miedo o lo que sea que me impida el hecho de preguntarle en toda su cara que si es español o no.
Me apoyé en una tabla de madera que había afuera del negocio en el que se metió, y Alex se me acercó.
—¿¡No vas a entrar con él!?- Alex me cuestionó cuando se puso al lado de mí, hablando bastante fuerte.
—¿Tú entrarías?
—¡Lo dudo, pero no me importa esperar!- Sigo sin entender porqué habla tan fuerte si me tiene al lado. No quería decirle nada porque apenas lo conozco…
—Tampoco tengo intenciones de comprar nada.- Negué querer entrar con Zakko
—… ¿Y no me vas a decir el nombre de tu amigo? O… ¿Por qué me estabais buscando los dos para empezar?- Alex insistió en eso último, mas decidí ignorarlo.
—Él se llama Zakko. Disculpa si… no habla tanto, él es medio tímido… más o menos. En realidad… menos que más, solo que ahora anda un poco enfocado en… otra cosa.- Intenté excusar a Zakko, aunque se notaba que lo decía improvisando al momento por mis nervios.
—¿En qué?
—… No sé.
—¿¡Cómo que no sabes!?
—Oye, Sein. Hay una cosa que creo que te gustaría. ¿Quieres venir a ver?
—Eh… pero no traje dinero… aunque…- Comencé a tocar el lugar en donde debería estar mi mochila. —Mi mochila. ¡Mi mochila! ¿¡Dónde está mi mochila!?- Exclamé en voz alta, entre tanto toqueteaba mis hombros y mi espalda, dándome cuenta de que no se hallaba en ningún lado.
—¿Tenías una mochila?- Alex interpeló.
—¡Sí, yo tenía una! ¡Zakko! ¿¡Me viste con una mochila, verdad!?- Interrogué, preocupada.
—No. Nunca.- Zakko desmintió tan rápido como pudo.
—Pucha… me dejé la mochila en la posada con Izu… tamare.- Murmuré, luego de aceptar lo tarada que soy. Deprimiéndome, claro.
—¿Vas a tener que volver?- Zakko me preguntó.
—Rezaré por que Kairo regrese a la posada con mi mochila. Si no, entonces iré mañana.- Contesté.
—Ya veo. Pero… ¿Quieres venir a ver?- Zakko persistió con su primera propuesta.
—No tengo dinero.- Reiteré.
—Te lo puedo comprar yo, si te gusta.
Me quedé en silencio unos segundos, mirándolo. No sabía bien cómo reaccionar a esa afirmación.
—¿Por qué?
—¿Eres de mi grupo ahora, no? No veo el problema. Además, seguramente te sirva para mejorar con tu magia. Nos conviene a todos que seas más capaz.
—Oh, claro. Sí. Voy…- Ahora entendí cómo reaccionar a su anterior afirmación. —¿Me esperas aquí?- Le pedí a Alex que me esperase afuera.
—¡Sí, claro!- Exclamó.
—… No te vayas, por favor.- Por si… era necesario, se lo pedí por favor.
—¡No lo haré!- Parecía un soldado cuando hablaba así.
«Que sea tan… exagerado… no sé si me dé vibras de ser un invocado como… Kairo y yo. Kairo es bastante… tranquilo, como yo, diría. Él luce como… muy extrovertido. Chilla más que Shair y yo pensé que Shair se me hacía un poco exagerada a veces…».- Pasó por mi cabeza al verlo vocear así.
Acabé entrando en la tienda junto a Zakko, y lo vi observando unas gafas. Ahí fue cuando supe a qué se refería cuando dijo que quizá me guste. Había mencionado con él que las gafas que nos dio la guardia civil me encantaron, ya que me permitía usar mi magia con bastante facilidad, además de que eran lindas.
—Se parecen a las gafas que te gustaban.- Zakko confirmó lo que pensé cuando me posicioné a su lado para verlas más de cerca.
—Pero… ¿Qué tipo de gafas son? Porque… para ver mejor no serán, imagino. Aunque tampoco puedo contar con que sirvan de la misma manera que las gafas de la guardia civil…- Interpelaba en voz baja, analizando de arriba a abajo los anteojos.
El diseño era casi idéntico, solo que estos eran un tanto más cafés con negro. Los de la guardia civil eran un tanto azul con negro y dorado. Tenían hasta la cinta para que no se cayese si te movías mucho.
—De hecho, señorita, es un objeto mágico. Como podrá ver a su alrededor, acostumbro vender objetos mágicos específicos para ciertos tipos de magias. Esas gafas sirven para gente con magia de visión de cualquier tipo, se adapta al usuario.- El señor que atendía se acercó para responder mi consulta.
—¿Tanta gente usa ese tipo de magia?- Interrogué por curiosidad.
—Son muy contados. Sin embargo, poseo objetos que ayuden a aquellos usuarios con magias similares a la de todos los héroes. Solo con la ilusión de que algún día, lleguen a las manos de los elegidos. Este año es el que la leyenda dictaba como el año en donde sus historias comenzarían de nuevo.
Me sonaba esa historia. Izu no quiso contarme nada al respecto cuando consulté, pero en un restaurante en Giruboken lo mencionaron bastante cuando pregunté por las decoraciones. No entendí del todo, solo me sonaba la parte de que era una leyenda de unos nueve héroes y así.
—¿Este año nacen?- Interpelé, interesada ahora. Aún mantenía las gafas en mis manos, me gustaba sentirlas, eran suaves.
—No. Este año nacen sus historias. Apenas está pasando medio año, estoy más que seguro que para el fin de este, quizás en el propio Duel’Grot entre reinos, sus nombres se darán a conocer frente a todo nuestro mundo, y nos salven nuevamente…- El señor hablaba con mucha esperanza.
—¿Salvar de qué?
—Con fe, quizás exploren las afueras de nuestros reinos, así, expandiéndolo y recuperando nuestro querido mundo.
—… ¿Pero salvar de qué? ¿Por qué… “expandir”?
—Ay, señorita. ¿No sabe? Vivimos en un domo mágico que fue puesto por los nueve héroes antiguos. Nosotros podemos salir y entrar con dificultad, sin embargo, las bestias que viven en las afueras no deberían de ser capaces. Les tememos por lo fuertes que han podido llegar a ser. Pasaron al menos, cincuenta años desde entonces. Estaría seguro que más.
Estaba inmersa en su historia. Zakko por su parte, seguía observando objetos mágicos.
—En ese entonces, nuestros conocimientos eran muy escasos. Eran contados quienes sabían manejar la magia, o quienes sabían que podían manejarla, para empezar. Desde entonces, la magia se hizo un rumor hasta que los nueve héroes se hicieron famosos, y comenzaron a combatir a las bestias que arrasaban pueblos enteros.
Perdí de vista a Zakko, aunque tampoco creía que se fuese a ir muy lejos, así que me quedé escuchando.
—La mayor parte de los monstruos eran, eso, monstruos. No obstante, había una minoría que podían lucir como humanos, e incluso utilizar magia de distintas maneras. Unos eran demonios, y otros se les llama hoy por hoy como iderian. No se conoce mucho al respecto de ellos aparte de lo que ya mencioné.
—Pero… ¿Ahora la humanidad es mucho más fuerte que antes… o algo así, verdad? Porque casi todos los que he conocido saben usar magia.- Cuestioné con el señor de la tienda.
—Más o menos. No sabemos hasta qué punto habrán evolucionado ellos tampoco, según se sabe, no han habido muchos contactos. El rey prometió que apenas se encontrasen a los nueve héroes de esta generación, se realizarían pruebas para tantear el terreno de fuera del domo. Mientras tanto, queda esperar.
El señor pareció haber terminado su monólogo. A mí me interesó todo lo que dijo, sin embargo, él aparentaba haberse guardado todo ese diálogo para cuando una persona realizase la mínima mención. Me causaba algo de gracia pensar en la situación como si fuese un npc que suelta todo el diálogo de una contando la historia del juego.
—¿Y qué pasó con los antiguos héroes? ¿Cuántos años tenían en ese entonces?- Pregunté con curiosidad, ya que realmente cincuenta años… hay muchas personas que viven mucho más y sin magia de curación o magia en general, tal vez y seguían vivos.
—Se desconoce su edad, y su paradero.
—… Ya veo. O sea que… ¿Estas gafas servirían para uno de esos hipotéticos héroes…?- Interrogué, aún interesada en las gafas. Aún si no me servían para nada, eran muy bonitas. Si a Zakko no le importaba, querría que me las compre.
—En específico, para el héroe “zanahoria”.
—Zanahoria…- Otra vez fijé mi vista en las gafas, murmurando su última palabra por alguna razón que ni yo entiendo. Hay cosas que hago por instinto. —¡Zakko!- Lo llamé, ya que estaba en la otra punta de la tienda, a pesar de que de por sí era pequeña.
—¿Ah?
—¡Ven!
Zakko llevaba en sus manos un objeto mágico, similar a un anillo… era un anillo, no era similar. Solo se me hizo extraño el diseño.
—¿Qué?- Zakko interpeló cuando se me acercó.
—Eh…- No tuve el tiempo suficiente para olvidar la palta que me daba el pedirle que me lo comprase. —Sí… voy a quererlo…- Murmuré con vergüenza.
—Está bien. ¿Cuánto sería?- Zakko aprovechó que el señor de la tienda estaba cerca para preguntar.
—Treinta y dos monedas de plata.
—… ¿Y si sumo este anillo?
—Cincuenta y cinco.
Zakko no tenía la mejor cara que le habré visto desde que le conozco.
—Me llevo ambos.- Pese a lucir descontento con el precio, sacó dinero de… su cuerpo… y pagó con una de oro y cinco de plata.
Es demasiado difícil que me acostumbre a esa habilidad de él. Es más que extraño.
—Gracias.- Zakko agradeció, menos alegre que las otras veces. No entendí porqué, aunque imagino que fue por lo caro que salió.
Todavía no me manejo con el dinero como para asegurarlo.
Luego de comprar eso, me puse las gafas. Utilicé mi magia de visión para comprobar si estaba Alex afuera, y… no lo estaba.
Salimos del local, por lo que volteé a todos lados para buscarlo con la mirada.
—¿Y el pelirrojo?- Zakko interrogó.
—No tengo… idea.- Poco a poco sentía cómo mi ánimo decaía. —Puta madre.- Me quejé en voz baja.
—Oye, ¿Te molesto?- Zakko cambió de tema.
—¿Qué?- Pregunté deprimida, sin ver a Alex.
—¿Me dejas ver tu mano?
—… ¿Cómo?- No entendí bien qué fue lo que me pidió.
—Si puedes mostrarme tu mano.
Seguía sin comprender del todo el porqué me pidió eso, aunque tampoco me molestaba hacerlo. Mostré la palma de mi mano.
—Eh… ¿Al revés?
—¿Para qué… me pides esto?- Cuestioné entre tanto daba vuelta mi mano a cómo lo pedía.
—Mmm… ¿Puedes probarte esto?- Zakko sacó el anillo.
—… ¿Por qué?- Me… dejó anonadada, como mínimo.
—Ah, no, espera, soy tonto.- Zakko alejó el anillo antes de que yo lo tomase, y se transformó en slime en frente de mí.
Posterior a eso, se transformó en Shair.
—¿Qué…?- No entendí una mierda de lo que sucedía. Estaba más confundida que nunca.
Tan confundida que hasta me molestaba. Primero se me pierde Alex, y ahora Zakko está… haciendo cosas raras sin explicarme el porqué.
Zakko con… la forma de Shair, se probó el anillo. Se lo colocó en el dedo anular, y se lo visualizó.
—Me gusta.- Exclamó… con… una sonrisa.
«¡Fue la voz de Shair! ¿¡Cómo!?».- Me cuestioné impresionada, para mí. No me animé ni a dudar en voz alta.
Zakko regresó a su forma normal.
—Quería probar el anillo. Si no le servía, al menos me sirve a mí. Pero creo que sí le sirve. Pensé que tu mano sería más parecida a la de ella o me podría hacer a la idea de cómo le quedaría.- Zakko me explicó.
—¿¡Qué fue todo eso!?- Cuestioné, ahora sí que en voz alta.
—¿Qué fue todo qué?
—¡Te transformaste! ¡Nunca te vi hacerlo! ¿¡Siquiera podías!?
—¿… Segura que… no me viste hacerlo?- Zakko se interrogó, acomodándose el cabello con una mano.
—¡Lo juro!
—Bueno… es… de mi raza. No sé si recuerdas que el tipo ese basura que nos hallamos en el mercado subterráneo comentó que no confiaba en los veniz por eso. Podemos cambiar de forma… y eso.- Zakko argumentó con pereza.
—¿¡Por qué no sabía eso!?- Interpelé. No sé ni si fue la mejor forma de preguntarlo, sin embargo, fue como me salió.
—¿Yo qué sé? Eso debería preguntártelo yo.
—… Da igual. Es… realmente impresionante. ¿Te puedes hacer pasar por otras personas tan fácil?
—Bueno, necesito… eh… no sabría decirlo bien pero… sabes cuando en mi forma limo… te trago o… eso que hago, bueno, con eso me basta para más o menos copiar a alguien.
—… ¿O sea que me puedes copiar?
—Sí.- Afirmó sin más.
Por alguna razón creí que cuando lo consultase me copiaría.
—¿Puedes hacerlo?- Se lo pedí, ya que quería verme desde fuera. Estaba nerviosa incluso, a lo mejor explotaba o algo así.
—Ah, claro.- Zakko accedió y se transformo en mí.
Lo percibía como algo ilegal. Estaba en medio de la calle viéndome. Aunque ilegal supongo que no era ya que deben de existir gemelos en este mundo, imagino.
Desconozco el porqué, pero verme me daba muchos nervios. Sobre todo el… verme como una persona y no en un… espejo o algo asi.
Antes de que pudiera decir nada, Zakko recuperó su forma normal.
—¿Por qué lucías tan asustada? Me preocupé.- Zakko interpeló.
No sé cómo me habrá visto él, aunque sin dudas podría afirmar que… algo de miedo me daba.
—No sé. Me dio… cosa y ya.- Expliqué como pude.
—Entiendo. Evitaré convertirme en ti entonces.- Él aseguró.
—… ¿Gracias? ¿Debería… agradecerlo?
—No hace falta.
—Comprendo… oye, por cierto… ¿No me vas a decir porqué luces tan interesado en comprar cosas ahora?- Ya que Alex se fue, quería sacarme dudas de la cabeza. Con Zakko tengo varias más importantes, solo que esta es la que viene a cuento.
—¿Vamos a Bardelarte? ¿A… seguir caminando y vigilando las calles?- Zakko propuso, ignorando mi pregunta.
—… Claro.- Asentí un tanto deprimida al ver que no tenía intenciones de responderme.
Zakko y yo nos encaminamos a la esquina más cercana, para doblar e ir a la calle de Bardelarte.
—Es más que nada porque no estoy seguro de qué darle a Shair.
—¿Te pidió que le llevases algo?- Consulté, caminando a su lado.
—No, es que que en cinco días es el cumpleaños de Shair.
—¿El cumpleaños de… Shair?- Repetí en voz baja.
🍄
—¿Qué tal vas?- Shin me interrumpió en pleno modo zen.
Ahora mismo, yacía sentado con mis piernas cruzadas en el espacio vacío que había en la habitación. Shin mencionó que si lograba flotar con la máxima concentración posible, comenzaría a notar un cambio más rápido. Apenas pueda conseguirlo, tendría que proseguir con formas aún más… disruptivas por decir algo. Caminar, por ejemplo.
De algún modo logré llenar mi cuerpo de mi magia elemental bastantes veces, solo que no conseguí del todo el manejarlo a mi antojo. Cuando quería impulsar mis piernas, movía la cabeza. De hecho, casi me caigo mínimo dos veces de cara al suelo si no fuera porque Shin tiene reflejos muy ágiles.
—Eh… sí. Iba mejor cuando no me interrumpiste, he de decir.- Por la forma en la que Shin me trataba, tomé bastante confianza muy rápido. Era similar a hablar con Yaku, solo que Shin es como mil veces más amigable. Me causaba gracia de vez en cuando.
—Te estás cayendo hacia atrás.- Shin indicó.
—Ah, sí.- Corregí mi posición sin necesidad de mover mi cuerpo físico. Solo con mi capacidad mental (y la de la magia).
—Oye, Kairo. Ya se está… haciendo un tanto tarde. En un rato Izu y yo saldremos, por lo que quisiera enseñarte una última cosa para que la vayas practicando.
—Claro. Te observo.- Salí de mi modo zen para prestarle atención.
—No solo me observes, sígueme.- Shin caminó hacia la cocina.
Tras llevarme a la cocina, sirvió un vaso de agua, y lo dejó en la mesa.
De reojo vi que Izu estaba tumbado en el sofá. Me notó, y levantó el pulgar el muy tipazo. Le devolví el pulgar hacia arriba.
—¿Debería asumir que no sabes crear formas con el viento tampoco, verdad?- Shin asumió con duda, por si acaso.
—Sí.- Sin embargo, asumía bien.
—Bien. Es… mejor que no lo hagas con algo líquido, o algo que se pueda romper fácil. De hecho… quizás te puedo dar el cubo hasta que lo desocupes, total, no me sirve de mucho.- Shin con su viento hizo que el cubo que estaba en la mesa cerca del sofá llegase a la cocina, con nosotros.
Fue algo así como una mezcla de dos movimientos. Elevar el cubo, y empujarlo hacia acá. Necesito memorizar eso, puedo llegar a emplearlo.
Ella al final colocó el cubo en la mesa de la cocina, entre medio de ella y yo.
—Fíjate.- Shin agarró el vaso con agua, y lo roció.
Luego de rociarlo a la nada, lo sostuvo con un pequeño tornado que rodeaba el agua. Era como si… fuese una burbuja que sostenía el líquido, a pesar de que rebotaban ciertas gotas.
—Deberías llegar a ser capaz de conseguir cosas así. De normal… no vas a manejar el agua de esta manera, pero, si lo consigues, puedes llegar a desviar magia de rayos básica si lo haces bien. Y requeriría mucho menos esfuerzo que lo que me contaste que hacías.
Es que le conté que giraba yo para efectuar eso.
—Además, si lo disparas aún cuando pasase cierto tiempo, seguiría afectando incluso más.- Shin ejemplificó, disparándole al cubo.
Cubo que salió volando, posterior a ser impactado con el agua que acumuló.
—¿Ves? Sería algo así. No sé si alguno de tus compañeros tendrá alguna magia que te sirva para practicar eso, pero si la hay, pídele ayuda. Es bastante útil y menos desgastante que…
—Ya entendí.- La interrumpí porque sabía qué era lo que quería decir.
—Qué bueno que entiendas.
Hubo un silencio luego de que me enseñara eso, y ella se mantuvo con una sonrisa que me incomodaba.
—¿Quieres que me vaya?- Interpelé.
—¿Qué comes que adivinas?- Shin respondió de manera indirecta mi duda.
—Está bien. Me iré.- Acepté, y me levanté, agarrando el cubo. —¿Entonces me lo llevo, verdad?
—Sí, sin problemas.- Shin afirmó.
Con esa afirmación, me encaminé hacia la puerta.
—¿Sabes regresar a tu posada, verdad?- Izu cuestionó desde el fondo.
—Sí. Tengo mi brújula de todas formas, no te preocupes.- Le contesté, abriendo la puerta. —Antes de irme… gracias, otra vez. Intentaré recordar y practicar todo lo que me enseñaste.- Le agradecí a Shin.
—Nah, no hace falta que agradezcas. No solía hacer nada estas horas más que perder el tiempo, y no me molesta enseñarte lo que pueda, ya que me agradas.
…
—Espero volver a verlos. No se mueran o algo así.- Murmuré.
—Tranquilo. Si nos morimos es probable que tardes en saberlo. A no ser que vengas mañana a nuestra posada otra vez.- Izu me “calmó” desde el fondo.
—… No sé si eso me tranquilice.- Expresé un tanto desconcertado.
—Es broma. No nos pasará nada.- Izu ahora sí que quiso calmar, solo que ya era muy tarde.
—Preocúpate más tú por no morir. Si no hubiésemos llegado ese día, a saber qué hubiera pasado.- Shin rebatió.
—Sí, supongo que tienes razón. Espero ser más fuerte para que eso no llegue a suceder.
—Suerte con eso.- Shin me deseó suerte.
Sus palabras me hicieron sentir raro. Aunque raro para bien, podría creer.
—Bueno, ya me voy. Cha-
—¡Espera! Antes de que te vayas…- Shin voceó, interrumpiendo mi maldita ida de esta posada.
—¿Qué?
—¡Oye, creo que a Sein se le quedó la mochila con sus cosas!- Izu voceó desde el sofá, usando su magia para ver la habitación de Sein.
—¿Por eso me detuviste?- Le pregunté a Shin.
—No, pero…
Vi a Izu caminar hacia la habitación de Sein, y regresar con una mochila cuadrada un tanto grande.
—Llévasela. Así no tendrá razones para volver si no quiere.- Izu me acercó su mochila.
—Está bien…- Tomé la mochila y me la puse en los hombros.
—Bueno, ahora sí. Chao, Kairo.
—Chao…- Vi cómo Izu se devolvía a su sofá. Dejándome a solas con Shin otra vez.
Tardó unos segundos Shin en retomar lo que me quería hablar. De hecho, tardo tanto que la obligué a parlar.
—¿Qué me ibas a decir?
—Ah, sí… ¿Podrías saludar a Zakko de mi parte? Es que… hace unas cuantas semanas… le dije a su líder que quería hablar con él. No sé si se le olvidó decírselo o si él decidió ignorarlo. ¿Podrías… preguntarle si quiere hablar conmigo?
—… Claro. Es cierto, mencionaste a Zakko una vez.- Recordé tan pronto como lo mencionó a él. —¿De qué lo conoces? Si se puede saber.- Me llamó la curiosidad.
También tenía curiosidad de en qué momento esta tipa se encontró con Shair, pero podía vivir con la duda supongo.
—Es una historia larga. Aunque… podría decir que le conozco antes de que le llamasen así.
—¿Antes de que le llamásemos… “Zakko”?
—Sí.
—… Ya veo. Se lo preguntaré, y te haré saber su respuesta la siguiente vez que nos veamos.- Retomé la intención de irme.
—Está bien. Gracias y… cuídate.- Shin me agradeció.
Decidí despedirme con un gesto, ya que si seguía hablando no me iba más. Al final, cerré la puerta, y en mi mente resonó esa frase.
«¿Antes de que le llamasen Zakko?».- Cuestioné, un tanto impresionado, en lo que salía de la posada, y sacando la brújula para guiarme.
Cuando salí de la posada, tenía todo el tiempo del mundo para cuestionarme tantas cosas como pudiese. Me dejó con una duda tremenda, que si no me la respondía ella, se la iba a hacer a Zakko.
«Fue antes de Shair, imagino. Fua. Qué… loco».- Aseguré en mi maldita desgraciada cabeza. «… Bueno. Iré a ver a Mitsune».- Recordé lo más importante.
🍄
Junto a Zakko seguimos caminando por Bardelarte. Ya estaba atardeciendo, y al menos yo estaba bastante cansada de usar mi magia, pese a que las gafas me ahorraban cierto trabajo, todavía no comprendo bien cómo funcionan. Siento que sigo usando mi magia yo y que las gafas no hacen nada.
No veía ningún kimono ni a alguien con piel de otro color. Todos eran personas normales.
Lo único que vi de un momento al otro fue… a un tipo igualito a Alex. Con lo que estuve hablando con Zakko, ahora dudaba de que fuese Alex cualquier tipo pelirrojo con pelo desordenado. No sabía destacar nada que lo diferenciase de un veniz evolucionado. La única forma de diferenciarlo era por su forma de hablar.
El tipo pelirrojo al que veía ahora se hallaba en una esquina, hablando con otro tipo con una ropa muy grande que cubría todo su cuerpo. No llamaba la atención tanto como para asumir que se trataba de Alex.
—Zakko…- Lo llamé.
—¿Qué?
—¿A qué te refieres con evolución?- Quise sacar un tema además de librarme de una duda. Por más que hablé ya con él hace un rato, seguía sin entenderlo del todo.
—¿Cómo así?
—De tu raza. ¿Cómo se llega a eso?
—Ah, pero eso no es solo de mi raza.
—¿Cómo?
—No es exclusivo, aunque la nuestra es permanente. Creo que en el resto de personas no funciona igual.
—… No entendí. ¿Yo puedo “evolucionar”?
—Claro. A lo mejor tu cabello se vuelve anaranjado por completo o algo similar.
—¿Pero… cómo se llega a eso? ¿Se supone que eres más fuerte, no? Pero no sonaste muy convencido cuando lo pregunté.
—No necesariamente eres más fuerte, no. Pero no sé bien qué lleva a eso, tampoco es que sea el tipo más adecuado al que preguntarle estas cosas.
—Entiendo. Será algo así como… ¿Evolucionar como persona?- Quise sacar conclusiones.
—No tengo idea, Sein.- Zakko
—Entiendo. Perdón.
—¿Por qué perdón?
—Por si acaso.
Continuamos avanzando en silencio. Por más que quería dejar de lado aquel tipo similar a Alex, no podía quitar la vista de donde lo avisté. Además de que la persona con quien hablaba me generaba ciertas vibras sospechosas por la forma en la que se ocultaba.
No me animé a ver su cuerpo debajo de toda la ropa que le cubría porque me daba vergüenza pese a que nadie sabría que lo hice. Sobre todo porque nada me aseguraba de que debajo de eso llevase más ropa, por más raro que suene. Preferiría evitarme otro trauma más.
—¿Qué ves?- Zakko se percató de mi mirada fija.
—¿Eh? Busco… algo, no sé. Un demonio.- Me daba vergüenza también admitir que seguía buscando a Alex.
—No pareciese eso. Estabas mirando fijamente hacia un punto en concreto, usando tu magia.- Él insistió.
—… ¿Y tú cómo sabes?
—Porque… tus ojos…
—¿Mis ojos qué?
—Son raros.
—¿¡Y eso a qué viene!?- Me ardí.
—Que se ponen raros cuando usas tu magia.
—… Pero ayer me llamaste rara y aún así no la estaba usando.
—Nada me asegura que no la estabas usando.
—¿Crees que soy mentirosa?
—No sé. ¿Me mentiste y sí estás viendo algo en específico?
Suspiré.
—Sí.
—¿Es ese tipo otra vez?
—Sí…- Admití con pena.
—Sigo sin entender porqué lo buscas tanto.
—Es difícil de explicártelo, Zakko.
—… Ajá.
—¿Te molesta?- Cuestioné.
Si le molestaba, no me importaba dejarlo ir y ya. Vendría otro día yo sola supongo, o con suerte, con Kairo.
—No, aunque no sé qué tanto esté sirviendo esto de venir a Bardelarte, sigo sin comprender de qué manera podemos confirmar que estuvimos vigilando las calles.- Él aseguró.
—Ya, tienes razón. Pero entonces… creo que me gustaría ir a comprobar si es él o no. Y si no es, lo olvidaré… al menos por hoy.- Afirmé. Me daba pena traer a Zakko de un lado para el otro sin ni siquiera poder explicarle el porqué.
—Bueno. Vamos.
—¡Vamos!- Exclamé, llevándome a Zakko a otra esquina de Bardelarte en búsqueda del maniático de pelo rojo gritón.
Las calles de Lusiudá eran muy bonitas. Me gustaba mirarlas perdidamente para evitar pensar en cualquier cosa que consumiese mi cabeza y me llevase por las vías de la depresión. Cualquier cosa que evite que me atraviese a mí misma con la primer navaja que encuentre era más que útil.
Caminar con Zakko era sin dudas mucho más agradable que caminar con Izu. O yo me siento más cómoda, al menos.
—¿Entonces cincuenta monedas de plata es realmente barato?- Oí la voz de Alex al acercarnos. No solo era idéntico, si no que su voz también lo era. Tenía que ser él sin dudas.
—¿Alex?- Consulté desde cierta distancia. Si no era él, podía hacerme la loca y fingir que le hablaba a alguien más.
—¿Eh? ¡Naomi! ¡Hola! ¡Por fin salieron!- Alex notó nuestra presencia y agitando los brazos me saludó.
—Ay, qué alivio.- Murmuré celebrando que sí era él.
—Ese tipo…- Oí a Zakko murmurar también.
—¿Qué?- Le cuestioné, hasta que entendí que se refería más a con quien hablaba Alex.
De cerca daba peores vibras que desde lejos. Más porque por alguna razón, sentí que sus acciones se detuvieron apenas nos vio a Zakko y a mí.
—¿Por qué te fuiste tan rápido? Ni siquiera tardamos tanto.- Interrogué a Alex.
—¿¡Cómo que no!? ¡Pasé milenios afuera!- Él aseguró.
—¡Qué mentira!- Que Alex hablase gritando provocó que yo gritase también. Sobre todo cuando mintió, qué maldito.
La persona de gabardina que le cubría de pies a cabeza, carraspeó.
—¿Son tus amigos?- Preguntó a Alex.
—¡No sé!- Alex le voceó.
—… ¿Vas a querer el objeto o no?
—¡No! ¡Está caro de pelotas! ¡Perdón!
Por algún motivo, cuando el tipo sospechoso no contestó, sentí que nos miró a nosotros. Refiriéndome con nosotros a Zakko y a mí.
—Ustedes dos.- En efecto, se dirigía a nosotros.
—¿Qué?- Zakko cuestionó.
—¿Qué los trae por aquí?
Ni Zakko ni yo nos atrevimos a contarle nada. Podría apostar mi brazo a que ambos sospechábamos de él.
—¡Ellos están buscando demonios!- Alex gritó.
Momento en el que volteé a verlo molesta.
—¿Qué? A mí me lo contaste como si nada. ¿Por qué a él no?
—¿Ustedes vieron… a una mujer de cabello blanco, no?- Nos interrogó el sospechoso.
Entre más lo pensaba, más nervios me daba. Esa pregunta era muy general, habré visto bastantes personas de cabello blanco en este mundo. No obstante… cuestionar eso justo después de que mencionara a los demonios… era aún más sospechoso.
Desconocía si nos convenía contestar. Preferí dejar que Zakko se encargase, después de todo, es a quien debo de hacer caso y seguir si no está Shair.
El problema creció cuando al verle la cara también lo noté un tanto nervioso y dubitativo.
—No…- Zakko negó, a pesar de que era mentira.
Al mentirle, quien se ocultaba bajo la gabardina dio un paso hacia nosotros, sin decir nada. Razón por la que sentí cómo Zakko sostuvo mi ropa desde la espalda, con precaución.
—Está bien. Tengan cuidado con quienes buscan, mocosos. Lucen bastante jóvenes como para arriesgar su vida de esa manera.- Entre tanto hablaba, dio otro paso hacia nosotros.
—¡Bueno! ¿¡Seguimos caminando o qué!?- Alex vociferó, sin embargo, no pude quitarle la vista de encima al loquito con gabardina.
O no pude, hasta que Alex arrancó a caminar sin nosotros. Ahí, tanto Zakko como yo nos movimos en sincronía para alejarnos aunque sea lento del tipo ese.
Caminamos sin darle la espalda, hasta que estuviésemos lo suficiente lejos. Él no se volvió a mover ni un pelo, aunque vi cómo se reposicionaba el sombrero, viendo el color de su brazo.
«¿Su brazo era… rojo?».- Mi corazón latió rápido unos segundos. «¿De qué color era el… demonio que faltaba?»
—¿Acabas de ver lo mismo que…-
Paré de hablar cuando vi la reacción de Zakko, quien lucía aterrorizado. Él se dio vuelta apenas pudo, e hizo que yo también la diese.
Zakko buscó con la mirada a los primeros guardias civiles que hubiesen. Se encaminó a ellos, y yo junto a él. Alex se percató de nuestro movimiento y nos siguió.
—¡Oigan!- Zakko voceó a la guardia civil. —El tipo de gabardina de… allá…- Cuando se volteó otra vez en la dirección de donde vinimos, aquel hombre sospechoso no estaba.
—¿Qué tipo de gabardina?- El guardia cuestionó.
—Había un… hombre con gabardina que llevaba la piel roja. Lo juro…- Zakko boquiabierto señalaba hacia donde lo vimos.
Intenté usar mi magia de visión para encontrarlo, sin resultados.
—¿Ves algo, Hangi?- El guardia civil cuestionó a su compañero.
—Nada.
—¿Están seguros de haber visto algo?- El guardia nos interrogó.
—… Sí.- Contesté yo por Zakko.
—¿Podrían describirnos cómo se veía?
—Llevaba una gabardina que lo cubría de pies a cabeza. Un sombrero casi del mismo color… y poco más a destacar, no se le veía bien. Cuando pasó a recogerse el sombrero… vimos su brazo de color rojo.
—… Lo tendremos en cuenta. Si ven otro caso así, avísennos de inmediato.
—Sí. Gracias…- Zakko aceptó en voz baja.
—Oigan. ¿Ustedes son de Dearu, verdad?- Nos consultó el tipo que le respondió cuando llamó al nombre de “Hang”. Entiendo que él es.
—Ella y yo, sí.- Zakko asintió.
—Está bien. Creeremos en su palabra, espero volver a vernos.
—Gracias.- Ahora yo agradecí.
Nos alejamos de los guardias civiles en silencio.
—¿¡Eso era un demonio!?- Alex voceó cuando ya alcanzamos la suficiente distancia.
—No sé.- Le respondí, sin… ánimos. Estaba muy confundida.
—Al menos no sucedió nada.- Zakko concluyó. —Creo que… mejor no buscarlo de lleno y ya. Habiéndolo avistado está bien por hoy.
—¿Eso quiere decir que nos podemos ir, crees?- Pregunté a Zakko.
—Sí.
—¿Ya se van?- Alex cuestionó.
—Preferiría hablar en otro lugar, Alex. ¿Dónde duermes tú? ¿Es cerca de aquí?- Consulté con la esperanza de que nos sacase de Bardelarte.
Mi cuerpo aún temblaba un poco.
—¡Sí! ¡Pero no os llevaría ni loco, aún no sé ni cómo se llama ese tío!- Alex apuntó a Zakko.
—Creo haberlo nombrado alguna que otra vez.- Declaré haber mencionado su nombre.
—¡Para nada!
—… Zakko.- Zakko se presentó a sí mismo.
—¡Genial! ¡Hola, Zakko!- Alex estiró su mano hacia Zakko. —¡Soy Alex!
Zakko que lo vio unos segundos para luego darle la mano. Alex tiró de su mano de forma brusca, subiendo y bajando como si hubiesen hecho un negocio increíble y solo se habían presentado. Zakko lucía confundido y Alex alegre, cuanto menos.
—Podemos salir de Bardelarte, si queréis. Donde duermo no se encuentra en esta calle.- Alex se tranquilizó un segundo para comentar eso.
—Sí, mejor.
—¿Podrías soltar mi mano? O… al menos no apretar tanto. Me duele.- Zakko le pidió a Alex.
—¡Lo siento!- Alex se disculpó inclinándose levemente y con sus palmas juntas.
Después de eso, no conversamos mucho hasta salir de Bardelarte. Tenía muchas malas vibras aún. Prefería salir ya de estas calles y ya.
🍄
«¿En serio queda tan lejos la posada de Izu y Shin? Qué paja. ¿Cuánto tiempo llevaré caminando?».- Estaba viviendo un infierno a este punto. Caminar a solas era aburridísimo, o al menos caminar tanto sin nada en lo que pensar. «¿… Cómo estarán los demás?».- Interrogué en mi cabeza.
Todavía no estaba del todo cerca de la posada en la que dormimos nosotros. Las calles por lo menos eran llamativas, los locales tenían letreros chistosos algunos.
Las personas no eran tan llamativas eso sí. Alguna que otra, aunque ya me estaba acostumbrando a ver a gente con distintos tipos de peinados y colores de pelo.
No me hubiese disgustado tener otro color de pelo, siendo honesto. a Sein le dieron un mechón naranja bastante bonito, aparte de sus ojos. Lo único que cambió en mí fue que tengo el cabello más largo y… una cosa debajo de los ojos que solo veo yo.
«Se me olvidó preguntarle eso a Sein. Cuando llegue, quisiera hablar con ella».- Mencioné en mi mente para no olvidármelo.
Entre tanto cambiaba de calles, percibí a una mujer de cabello morado claro, con un broche en el cabello de una estrella fugaz.
Me llamó la atención por eso… y porque se veía alta. Tenía más pintas de ser una señora que de otra cosa, a pesar de que su forma de vestir no fuese tan serio como el del resto de personas comunes en Lusiudá.
Bastaba solo con mencionar que llevaba una capa de esas que van solo por atrás para que se entiende a qué me refiero con “no tan serio”.
Cuando me vio a la distancia, sentí que algo en su expresión cambió. No sé bien qué pudo haber sido, no obstante, sí sentí que me hablaría apenas me acercase.
Quizás me reconoció. No descartaría eso, asumo que ahora soy algo reconocido.
«Eso también me da una paja, loco. Tener que hablar con gente que no conoces pero que sí te conocen a ti… qué paja. Me gustaría ignorarla y ya».- Hablé con mi consciencia.
—¡Ey! ¡Tú!- En efecto, la mujer me habló.
Me detuve por instinto, aún si mi cabeza deseaba salir volando e irme al re contra re carajo.
—¿Eres Kairo, verdad? ¿El del Duel’Grot en Giruboken?- Me reconoció, sí.
—… Creo que sí, no estoy seguro.- Contesté.
—¿¡Sí o no!?- Parecía un toque exaltada.
—Sí soy, sí. El mismísimo.
—¡Ay! ¡Por fin, qué bueno!- Exclamó mirando al cielo y moviéndose exageradamente. Ella de verdad estaba emocionada.
«Creo que si existiese la forma de saltarse una parte del día, lo usaría ahora mismo».- Aseguré a mi propia consciencia. «A lo mejor existe alguna magia para eso…».- Mi consciencia me respondió.
«Por existir, existe hasta en mi mundo. Yo creo que si me muerdo la lengua con la suficiente fuerza me mato y me salto toda esta vida y ya…» Pensó mi consciencia, no yo. «… Me dio cosa. Lo olvidaré y escucharé lo que quiera parlar esta dama merecedora de mi respeto»
—¿¡Tu equipo es… Shair Yaku y Zakko, verdad!?
—Ajá…- Por alguna razón, sospechaba que me conoce no solo del Duel’Grot.
—¡Soy Esther! ¡Amiga de Igtto!- Se presentó, y ahí vi que mis sospechas eran reales todo el tiempo, como siempre.
—Oh… hola. Sí, soy Kairo, sí.- No sabía cómo reaccionar, pero por dentro me alegraba que fuese más que una persona cualquiera que me reconoció.
—¡Los he estado buscando desde que llegué a Lusiudá! Recibimos el llamado en Quettei y decidí venir yo a ayudar con lo que pudiese. Me presenté como amiga de Igtto pero soy amiga de Phear y de Dods también. Me pidieron que los ayudase en lo que pudiese.- Contó.
—¿Y cuándo llegas… llegó a Lusiudá?- La iba a tutear sin querer. No sabía cómo referirme a ella.
—Desde hace tres o cuatro días. Fui al gremio de aventureros para saber si ustedes pasaron por allí, y me dijeron que estaban metidos en la búsqueda de los demonios. Me preocupé al no saber nada más en absoluto, ni jamás verlos por las calles. ¡Qué alegría que estén bien!- Esther lucía muy aliviada.
—… Sí… estamos bien, sí…- Reafirmé su comentario, con cierta duda.
—¿¡Por qué se metieron a cazar demonios!? ¿¡Qué les pasa por la cabeza!?- Ella interrogó.
—No sé. Solo… pasó.- De verdad no sabía porqué. Sonaba llamativo quizás, yo qué sé.
—¿Pero han visto alguno? Porque yo no he visto a ninguno.
—Sí… yo vi a tres…
—¿¡A tres!? ¿¡Cómo estás vivo!?- Ella exclamó, colocando sus manos en mis hombros y agitándome preocupada. —Me dijeron que me encargue de que sigan con vida. En serio, menos mal que te encontré… porque sigue con vida el resto, ¿Verdad?
—Sí, ellos están bien.- Le aseguré.
—Qué alivio.
—¿Usted vino a… acabar con los demonios?- Quise preguntar.
—Sí, en efecto. Eso fue lo que dije, acudí al llamado, no solo porque ofrecían buen dinero, si no por el hecho de que mis compañeros me dijeron que unos alumnos que apreciaban se encontrarían en esta ciudad, lo más probable. Ahora soy como una niñera asesina… o lo seré cuando les haga de niñera. Y cuando asesine a los demonios, claro.- Comentó con cierta gracia.
No sabía con qué más proseguir la conversación.
—Ah, por cierto, puedes tutearme. Es raro que me hables de “usted”.
—Claro, entiendo. ¿Cómo está… Igtto?
—Bien, sí. Tampoco es que hable muchísimo con él… pero de lo que sé, está bien. Él pasa más tiempo con Dods y Phear, aunque sobre todo con la primera.
—Qué bueno saberlo…
Hubo un silencio un tanto incómodo.
—¿Dónde se están hospedando ustedes?
—Eh… en Binmet creo que se llamaba. No sé cómo se llama la posada si es que tiene nombre, aunque creo que es la única de esa calle.
—¿Te molesta que vaya contigo? Quisiera saber dónde se hospedan los alumnos de mis amigos.
—… No me molesta, no.- Dije entre dientes, ya que yo quería ir con Mitsune antes de regresar a la posada. —Yo justo estaba yendo.
—¡Te sigo!- Exclamó ella.
Retomé el paso hacia la posada, solo que ahora con una amiga de mi maestro. No voy a mentir, me gusta la idea de tener a alguien mayor que nosotros para guiarnos y quizá enseñarnos más de lo que sabemos.
Solo me molestaba el hecho de que quería pasar a visitar a Mitsune. Además de que ya eran las seis de la tarde, seis y media, por ahí.
—¿Y que hacías por estas calles?- Esther me preguntó.
—Fui a… visitar a unos conocidos.- No me salió del alma el llamar “amigos” a Izu y Shin. Al menos todavía.
—¿Sin tus amigos?
—Sí… es que a ellos no les interesaba venir. De todas formas, se supone que estas calles son seguras. No se han avistado demonios por aquí.
—¿Salen en… Bardelarte, el monte de las estrellas y… ¿Dónde más?
—Cerca del mercado.
—Cierto, cierto. Sí, soy consciente de que no salen por aquí, yo me dirigía al monte… por cierto, ¿Cuáles demonios viste tú?
—… A todos menos el que tiene la piel de otro color, creo…- Por mi mente pasó el tipo del casino. Aunque no estaba seguro de que se tratase del demonio, por lo que no lo conté.
—¿Y cómo te fue? ¿Conseguiste pelear con ellos? ¿Ganaste? Estás vivo y luces bastante… sano.
—Bueno… uno no peleaba, nos enteramos un toque tarde de que era un demonio. La del kimono…- Seguía siendo difícil hablar de eso. Aún si se supone que ya lo superé. Imagino que es normal. —Lo intentamos, pero… Zakko casi muere, creo.- Lo conté en voz baja.
—¿¡Qué!? ¿¡Cómo que casi muere!?
—No sé…
—¿¡Cómo que casi muere!? ¿¡Eso cuándo pasó!?
—El… sábado, creo.
—¿¡Por qué casi muere!? ¿¡Él está bien!?
—… Sí. Él está bien ahora, ocupó un par de días de reposo…
—¿¡Por qué se les ocurrió buscar demonios!?- Ella hablaba mucho por encima de mí.
Entiendo que está preocupada porque le mandaron a estar atenta con nosotros, pero… tampoco sabía cómo responderle.
—No lo sé.
—¿¡Qué estaba pensando su líder!? ¿¡Siquiera lo pensó!?- Sonaba molesta. —¡Tengo que hablar seriamente con ella! ¿¡Qué demonios le pasó por la cabeza!?
Por más que tuviera razón en preocuparse… no me gustaba lo que hablaba. No podía refutarle, sin embargo…
—Oiga…
—¿¡Qué!?
—… Si no es mucho pedir… preferiría que omita eso. Ella ya está pasándolo mal como para que le echen en cara aquello. No creo que… sirva de nada. Ella intenta hacerlo lo mejor que puede.
—¿Pero ustedes siguen cazando demonios? ¿O ya lo abandonaron por completo?
—… Se supone que seguimos.
—¿¡Por qué!?
—Solo que… lo haremos con más cuidado, supongo.- Seguía excusándome.
Me detuve unos segundos, para mentalizarme un poco.
—Mis amigos quieren… que Lusiudá sea segura de nuevo. Creo que todos lo queremos. Sé que es una tontería, pero… no sé. Yo por más que lo piense… siento que también quiero que esos bichos… se vayan, muy en el fondo. Por eso… en realidad vine de entrenar con unas personas que conocí, para hacerme más fuerte. Ellos imagino que también querrán hacerse más fuertes.
«Por más que me dé miedo… no podría soportar pensar en que quizás nosotros seríamos capaces de hacer algo. Incluso si nosotros estuviésemos seguros yéndonos… Mitsune sigue viviendo aquí».- Concluí, apretando mi ropa, cerca de mi pecho.
Esther solo me observó. No podía identificar si su mirada era porque comprendía lo que contaba, o si seguía alterada.
—Ya veo. Supongo que será difícil sacarles de la cabeza eso. Entonces… me gustaría entrenarlos yo también. Al menos a quienes pueda. Estoy segura que algo de mí pueden aprender. Y procuraré su protección, siempre que esté presente, les tendré un ojo encima.- Al parecer, Esther entendió. —Sin embargo, igual quisiera… preguntar un par de cosas a su líder.
—Bueno. Me parece normal. Aunque… ¿Podría ser otro día? Ahora Shair quería hablar conmigo… y no sé qué tan bien le parecería que justo lleve a alguien para cambiar de tema.
—Suena serio. ¿Qué hiciste?
—… Nada.- No tenía ganas de contarle cómo fue mi experiencia con el otro demonio.
—Está bien. Con saber dónde se hospedan me quedo tranquila.
—Gracias.- Le agradecí por aceptar que fuese otro día.
El resto del camino fue la mayoría en silencio. Me sentí incómodo, personalmente.
🍄
—¿Así que tu nombre real es Naomi?- Zakko me interrogó.
—… Sí.
Yacíamos sentados en las afueras de la posada de Alex. Él comentó que se había olvidado algo antes de salir, y que le parece muy importante llevárselo consigo. Al final, con decirle el nombre de Zakko ya se sintió en confianza como para traernos.
Me sigue pareciendo extraño que aún con mi nombre no haya dicho nada acerca de la posibilidad de que sea de su mundo… si es que es de mi mundo, claro. Estaba perdiendo la fe en que se tratase de eso, y era todo más difícil porque Zakko seguía aquí.
De lo que hablamos durante el trayecto no saqué nada. Todo fue superficial, le dije mi edad, él me dijo la suya. Tiene diecinueve, me saca tres años. Con razón es tan alto.
—¿Y de dónde salió “Sein”?
—Eh… me gustaba el apodo. Considero que era bonito y decidí quedármelo para la gente que no me conociese tanto.
—¿Conoces a ese tipo?
—No…
—¿Entonces?
—Estás preguntando muchas cosas…- Comenté un poco estresada por la cantidad de preguntas que yo misma tenía como para que Zakko me esté obligando a contestar cosas que no sé cómo contestar.
Aunque no me estaba obligando como tal…
—Perdón.
—No, no te preocupes.
—¡Hola! ¡Volví!- Alex regresó con una flor en el cabello. No sabía si era un broche o algo por el estilo. Lucía como una flor real, y bastante bonita además. Era una flor de cerezo.
—¿Y eso?- Me llamó la atención. Cuando contó que se olvidó de algo muy importante, lo hizo sonar como algo demasiado importante, no sé si se entiende. Solo era… una flor que se colocaba en el cabelo.
—¿Qué tiene?
—Pensé que sería algo más importante.
Cuando afirmé eso él me miró fijo, como si le hubiese disgustado mi comentario.
—Está bonita, de todas formas. No pega mucho con tu cabello… pero la flor está bonita.- Decidí halagar la flor ya que me daba miedo que se haya molestado con mi anterior frase.
—Gracias.- Su tono me dio a entender que quizá la cagué. Putamare.
Sin embargo, igual se sentó a mi lado.
—Oye… ¿Cuánto tiempo llevan en Lusiudá?- Alex cuestionó.
—Como dos semanas. Poco más.- Zakko le contestó.
—Yo llevo casi las mismas. No me sé manejar mucho por aquí… conseguí dinero gracias a vender cosas que encuentro tiradas, o compra y reventa. Tonterías así.
—Nosotros somos aventureros.- Añadí.
—Suena muy interesante, pero yo no tengo un grupo. Y no dejan hacerse aventurero así, por alguna razón.
—¿Seguro que no dejan? Shair dijo lo mismo, pero cuando le pregunté a Izu me comentó que sí se podía. Si Shair no pudo era porque quería hacer un grupo, eso es diferente.
—Tal vez expresé mal mis ideas. De todas formas, vosotros sois los únicos con los que habré entablado una conversación decente. El resto son más que nada… gente en la misma que yo.
—… Oye, Alex. ¿De dónde eres?- Cambié el tema, por la impotencia que me daba asociar cada cosa que decía a que era de mi mundo.
Consideraba imposible que no conociese a nadie si lleva diecinueve años viviendo en este mundo. Incluso si viajó a Lusiudá solo y por eso se hospeda en una posada, algún contacto debería tener, yo qué sé. ¿Con qué dinero siquiera viajó?
—De… eh…- Se tardaba en contestar. Mis ojos se abrían como platos al ir confirmando de a poco mis sospechas.
—¿Eres un veniz?- Zakko interrogó en ese momento.
—¿Qué es eso?- Alex se inclinó para ver a Zakko y comentarle que no tiene ni idea de qué es su raza.
—… No lo eres, no.- Zakko se confirmó a sí mismo.
—¡No evadas la pregunta!- Insistí en voz alta.
—Disculpa. Tu amigo me distrajo.- Alex pidió perdón. —Es que… bueno, no sé.
Me acerqué un poco a Alex, tomando la más mínima distancia posible con Zakko, para que no me oyese él.
—¿Eres de España?- Pregunté directo a Alex.
—… ¿¡Qué!? ¿¡Cómo sabes!?- Alex voceó, sorprendido.
—¡Aaah! ¡Qué bien!- Me emocioné
—¿Qué pasó?- Zakko preguntó desde el fondo.
—¡Nada!- Le mentí.
—¿Cómo que nada…?- Insistió en el fondo.
—¿¡Eres de… eres de mi mu-
Le tapé la boca porque estaba a nada de gritar eso en plena calle y con Zakko al lado. Sin embargo, le sonreí y asentí con la cabeza.
Cuando percibí que se calmó, dejé que hablara con tranquilidad.
—No lo grites.- Le murmuré.
—Perdón. Me emocioné, creo.
—Sí que soy. Supe que eras español desde que te escuché gritar. ¡Qué bueno!- Seguía hablando en voz baja.
Desde atrás oí a Zakko suspirar.
—Los dejo solos. Iré a caminar un rato.- Zakko comentó desde el fondo.
—No te vayas lejos, no sé cómo llegar a nuestra posada.- Le contesté.
—… Ajá.
Con eso, Zakko se fue. Me dio un poco de pena, no obstante, me fue favorable que se retirase unos minutos. Quise hablar con Alex bien.
Desconozco cuánto tiempo estuvimos charlando, pero fue bastante. Hablamos de estupideces en verdad, le comenté que yo era de Perú y en su cara noté que casi se ríe de mí, el bastardo.
Aparte de eso… le conté que también había otro como nosotros, que era Kairo. Él reaccionó más que sorprendido para bien. Yo al menos le dije cómo fue que llegué a este punto, contándole que ahora estoy en un grupo con el chico de cabello celeste que me acompañaba, Kairo, y otras dos chicas.
Por su parte, no fue mucho más que eso que ya me contó. Él llegó a este mundo de un día para el otro, según él contó, estaba haciendo compras cuando después de unos cuantos parpadeos se apareció en plena calle de Lusiudá.
Sentí un gran alivio al descubrir que éramos todavía más. Y creo que él también lucía aliviado.
—Pero… ¿Cómo no lo imaginaste? Te dije mi nombre. Es más que común.- Parloteaba con Alex, entre risas. Era chistoso hablar con él, o eso pienso yo.
—¡Yo qué iba a saber! Te juro que conocí a un tío que se llamaba Rodolfo. Cuando me le acerqué para saber un poco más de él casi me mete una hostia. Por eso esta vez no quise… sacar ideas falsas. Además, ni hablas como peruana.
—¿¡Cómo que no!? Mi acento es completamente peruano. Y orgullosa.
—No suenas como peruana, no. Muy neutral.
—¡Eso lo dices tú porque suenas como doblaje español! Llevaré como treinta minutos hablando contigo o cerca y no paras de decir tío y hostia y joder y, y, y… así!
—¿Pero qué me cuentas, chavala? Jodida loca del coño.- Alex forzó una voz similar a la del gato con botas.
—¿¡Qué!? ¡Te sale igualita!
—Sí… aprendí a imitar su voz. Me tardé un poco, aunque valió la pena.- Por algún motivo, se puso medio serio. Como si la razón por la que aprendió a imitar la voz le pusiera emocional.
—… Eres muy chistoso, Alex. Eso sí… con tanto nombre raro… me estoy empezando a acostumbrar más a ese tipo de nombres. Deberías… conseguirte uno. Shair, como te dije, le puso el nombre a la mayoría de su grupo. Y es la mayoría porque solo no me puso a mí… diciéndolo así, no sé cómo debería sentirme al respecto.- Cuestioné el motivo del porqué no me puso nombre a mí.
—¿Qué tiene de malo mi nombre? A mí me gusta. Es… mío. Y he de añadir que conocí a un tío que se llama Rodolfo.
—Estoy empezando a creer que eso es mentira.
—¿¡A quién llamas mentiroso!? ¡Mentirosa!- Alex se exaltó.
—¿¡Por qué me dices mentirosa a mí si no dije nada!?- Y yo por consecuente.
—¡Porque eres mujer!
—¿¡Y eso qué!?
Alex se rio en ese instante. Por lo que acabé calmándome también. Solo que yo no me reí.
—Qué bueno saber que hay más como yo. Quisiera conocer al tal Kairo del que hablas.
—¡Seguro! Otro día puedo traerlo conmigo o… llevarte a ti con nosotros. Apenas pueda le contaré sobre esto y seguro que te querrá hablar también.
—Es… es más que un alivio. Otra cosa más que me da ser gritón.
—… Sí, supongo que si no te hubiese oído gritar jamás me enteraría de tu existencia.- Reafirmé su observación, percibiendo que se ponía un poco más emocional. —Oye… ya está… atardeciendo, serán como las siete o por ahí, quizá hasta las ocho. Zakko lleva bastante tiempo dando vueltas… quizá debería regresar con mi grupo.
—No me parece mal. Al menos ya sabes dónde encontrarme. Si no estoy aquí, seguro que por Bardelarte o alrededores.- Alex apoyó mi idea de regresar ahora.
—Agradezco que hayas sido tan buena onda desde el inicio. Fue medio difícil conversar contigo, pero desde el inicio lucías simpático.
—Gracias. He de decir que es un raro hablar con alguien tan pequeña que suena como si supiese más que yo. Sobre todo porque sí sabes más que yo de este mundo, al menos.
—Tampoco soy tan pequeña. Solo me sacas tres años.
—Te ves como una recién nacida para mí.
—¿Y a Zakko? Él solo tiene un año más que yo.
—Él también se ve como un recién nacido. Tengo diecinueve. Si tiene más de un año de diferencia… es raro.
—Tampoco es para tanto. Qué exagerado.
—Solo oigo “gugu-tata”.
—Pesado.
—Zakko está mirándote parado. Parece que ya se aburrió.- Alex indicó, ya que se había volteado a ver la gente pasar.
En efecto, Zakko estaba en medio de la calle mirándome con una cara de póquer tremenda. Nunca me sentí tan apurada por alguien en mi vida. O por lo menos alguien que no fuese de mi familia…
Quizás porque no salía con mucha gente que no fuese de mi familia, también es posible.
—Bueno… me iré. Espero volver a verte un día de estos.- Hablé entre tanto me levantaba.
—¡Espero que sea pronto!- Alex también se levantó, recuperando ese tono tan chillón que tiene de normal.
—Yo también. Ya… me voy. Chao, Alex.- Paso a paso, me dirigí hacia Zakko.
—¡Adiós!- Alex se despedía de mí agitando los brazos como un demente.
Yo solo hice el gesto una vez y me volteé por completo para encaminarme junto a Zakko.
—Menos mal…- Zakko se vio aliviado en voz baja cuando me vio llegar con él.
—Perdón. Es que quería hablar algo privado con Alex.
—¿Pero qué privado? No sabías ni su nombre cuando lo estábamos buscando…
—Es complicado, Zakko. Lo siento. ¿Vamos?
—¿A dónde?- Zakko aunque un tanto disgustado, seguía aparentando estar tranquilo.
—Eh… iba a decir que a la posada, pero… ¿Y si pasamos a alguna tienda o algo así primero? Es que… quisiera comprarle algo a Shair por su cumpleaños.
—¿No que no tenías dinero?
—Ah, cierto. Tienes toda la boca llena de razón… ¿Me lo pagas y te lo devuelvo cuando tenga dinero?- Lo miré con ojitos de perro abandonado para que me hiciese el favor.
—Está bien, lo pagaré yo.- Zakko cedió tras un suspiro.
—¡Yei!- Fue una victoria para mí.
Fue una caminata relajante. Desconozco en qué parte de Lusiudá estábamos, solo podía asegurar que no pasamos el gremio, por lo que quedaba cierto trayecto todavía para llegar a la posada. De más que en lo que regresábamos encontrábamos algún local con cosas bonitas.
No conozco tanto a Shair como para saber qué le gustaría, pero tenía la fortuna de contar con lo más cercano a su novio para encontrarle un regalo.
Caminamos y caminamos, no se me pasó por la cabeza el hecho de que yo debería de estar concentrada en los locales para ver si había algo que podía interesarle. Zakko solo iba a pagar, en ningún momento le había pedido que me ayudase con el regalo.
—Zakko…- Cuando caí en cuenta, no dudé en pedírselo.
—¿Qué?
—¿Me ayudas con su regalo?
—Ni yo sé qué le voy a regalar.
—Pero puedes guiarme, no sé. Tú la conoces como infinitas veces más que yo, al menos puedes decirme “No, eso sí que no le gustaría” o cosas así, tú sabes…
—Supongo que puedo.
—¡Ves! ¡Entremos a ese local!- Señalé a la primera tienda con cosas raras que vi.
Luego de mi afirmación se generó un breve silencio que me hizo sentir como rara al haber hablado con tanta emoción. Ni siquiera yo supe porqué hablé así.
—Yupidupi.- Sentí cómo Zakko se burló de mí usando una expresión de felicidad pero con un tono de muerto en vida.
—¡Ponle más ganas al menos!- Reaccioné un tanto ardida.
—Oopsie woopsie.- Siguió haciéndose el pavo.
Entramos al local segundos después, y resultó ser de figuritas justo. Era como la que vio Zakko, solo que también tenían peluches y todo tipo de decoraciones.
Se veía todo muy bonito, dudaba de qué podría gustarle a Shair. Ella era… muy expresiva, hoy llevaba flores en el cabello, le quedaban muy bonitas.
—No sé qué podría llevarle…- Pensé en voz alta.
—Aún quedan cinco días de todas formas, no hace falta apresurarse si no estás segura.- Él quiso calmarme al respecto.
—¡Quiero tenerlo listo desde ya! Es mejor así.
—Bueno, perdón, pero no me grites…
—… Lo siento.- Por más que sentía que me hablaba con sarcasmo, le pedí disculpas de todas formas. —Oh.- En ese momento, vi algo que me interesó.
Era un brazalete de color amarillo. Recuerdo que cuando nos estábamos conociendo me contó su color favorito, que era este mismo. El diseño del brazalete era… raro, no le hallaba la forma… hasta que le di la vuelta y vi que era una estrella.
La estrella era celeste, por cierto. Y tenía estrellas alrededor, más pequeñas. Ahora sabiendo eso, le hallé sentido al resto del brazalete.
Me lo probé, y era cómodo. Se podía ajustar por lo que no creo que haya problema en cómo le quede.
—Zakko. ¿Qué te parece?
—Se ve bonito, le encantaría.- Él aseguró demasiado rápido.
—Entonces quiero comprarle esto.
Zakko dio el visto bueno con el pulgar, por lo que lo compramos. Costó once monedas de cobre.
Salimos de la tienda, y el resto del camino fue en silencio de nuevo. Decidí guardar yo el brazalete. Para no olvidarme más que nada, ya que me veía capaz.
Para ser la primera vez que paso a solas con él… fue muy agradable. Me gustó, a pesar de que podría haber sido mejor. Supongo que en algún momento dejaré de pensar en que se parece al chico que yo imaginaba, pero… tamare, era difícil. Es igualito.
En personalidad no sé. Es un poco pronto para saberlo. Físicamente sí era igualito. Y él está más que enamorado de Shair. Se nota desde muy lejos diría yo.
Lo peor es que sí se ven bien bonitos juntos. Yo sí creo que sus personalidades combinan. Al menos la de Shair complementa a la de él.
Me sorprende que se supone que no son nada. Por más que Zakko estuvo pensando en ella casi todo el día, buscando cosas para comprar por su cumpleaños…
Si Shair no daba el paso, debería ser él, como el hombre que es. De hecho…
—Zakko…- Lo llamé.
—¿Qué?
—¿Qué piensas de mí?- Interpelé sobre mí porque aparte de que tenía curiosidad, era menos sospechoso que preguntar de primeras por Shair.
—¿Qué voy a pensar? Digo, eres como la amiga de Kairo, supongo. Ahora eres de nuestro grupo… eres agradable y… no la pasé mal estando solo contigo. Muy tranquila, no viene mal más gente tranquila en el grupo.
—¿Y de Shair?
—¿De Shair qué?
—¿Qué piensas de ella?- Solté la verdadera cuestión.
—… ¿Eso querías preguntarme desde el inicio?
—Sí…- Me descubrió de todas formas.
—¿Qué quieres que diga?
—Lo que piensas de ella.
—Tú buscas una respuesta en específico.
—¿… No? Solo me llama la atención tu relación con ella.
Zakko respiró profundo, entre tanto caminábamos hacia la posada.
—Ella… podría decir que me salvó la vida y no sería una exageración. ¿Basta con eso o… quieres que diga algo más?- Por más que sonaba un tanto forzado, no lo percibía así.
Soltó muy rápido esa frase. Si no quisiese hablar de ella podría haberse negado, no sería la primera vez que se niega a hablar de algo conmigo.
—¿Y… ustedes qué son?- Cuestioné.
—… No lo sé. Amigos, supongo.
—No, ustedes no son amigos.- Me impedía aceptar que esos dos eran solo amigos.
—No es que seamos otra cosa, de todas formas.
—¿Y por qué?
—¿Cómo que por qué?
—¿Por qué no son algo más? ¿No han hablado de eso? O…
—… Supongo que no hemos tocado el tema directamente.- Admitió.
—Yo creo que deberías.
—Tú puedes creer lo que quieras.
—¿Por qué no lo harías? Encima se viene su cumpleaños. Desde fuera se nota mucho que ambos se atraen y hacen linda pareja.
—¿Tú crees?
—Yo puedo creer lo que quiera.- Se lo devolví por ardida nada más. Sí lo creía de verdad.
—Claro. No… no sé si sea tan así, lo que dices.
—No seas cagón. Anda con ella y dile lo que sientes. Es imposible que te rechace.- Ya me lo tomé personal. —Al menos sé más directo. Dale un par de flores en su cumpleaños también, yo qué sé.
—Supongo que podrí-
—¡Pero si hasta duermen juntos! ¿¡Cómo que “no sé si sea tan así”!?- Recordé entre tanto hablaba él, y me molestó más que dijese eso.
Él desvió la mirada en ese momento.
—… Supongo que podría darle flores.
—Sí, deberías. Es imposible que te rechace si te animases, pero entiendo que no eres así. Solo… pienso que deberías tomar iniciativa. Si sale bien, que es lo más probable, me agradecerás.
—¿Y si sale mal?
—Se volvería todo ultra incómodo y es probable que yo me suicide por cargar con la culpa. ¡Pero es imposible! ¿Para qué hablar de eso, verdad?
Mi comentario sarcástico no fue del agrado de Zakko, que me veía poco más y traumatizado. No se entendió por más que forcé el tono para denotar el sarcasmo.
—Tranquilo. Ve al ritmo que quieras, pero avanza con ella.
—… Gracias, supongo. Lo intentaré.- Zakko recuperando la calma, me agradeció.
Yo le sonreí, y el regreso a la posada fue más agradable, o eso supongo. Yo me sentí cómoda sacándome esos pensamientos de la cabeza. Me estresó un poco el comportamiento de Zakko, pero eso no importa.
Me agradó pasar esta tarde con él.
🍄
—¡Chao!- Mitsune se despedía de mí, cerrando la puerta lentamente, como siempre.
Reitero que me agrada muchísimo esto. Se siente como una caricia al alma.
Ya había llevado a Esther hacia nuestra posada, la vio y revisó el nombre de la calle. Nos despedimos y… me dejó hacer lo que quisiera. Y lo que quise fue venir a visitar a Mitsune
Eran las ocho ya. Las ocho con cuarenta y tres. Se tornaba de noche, las calles no eran del todo silenciosas, sin embargo, se oía más la brisa. Me estaba acostumbrando al frío que hacía.
Por más que pasaban los minutos… no me animaba a regresar a la posada. Mi cuerpo no quería moverse, yo no entendía porqué.
«¿Por qué no quiero…? Ah, ya recordé. Shair me va a cagar a pedos…».- Mi mente no tardó nada en recordar aquello. Tenía ciertos nervios, como cuando me mandaba alguna cagada con mi familia y sabía que tendría que afrontarlo.
«¿Qué tan malo puede ser? No he visto a Shair enojada antes, creo. O al menos no tanto… no sé cómo será enojada. Si es que está enojada conmigo, claro».- Cuestionaba al respecto. «No sé qué preferiría en verdad. Si es una conversación de ella reprendiéndome por… ocultarle algo como eso, tendría sentido, supongo que me lo merezco. Pero… ¿Y si en vez de molestarse… se pone triste?»
Dentro de mí crecía cierto grado de culpa. Caminando lo más lento que podía hacia Binmet.
«¿Debería decirle…?».- Me pregunté a mí mismo, tocando mi pecho, recordando la herida. «No me he visto si me quedó alguna herida o algo. Quizá y hasta no tengo nada. Podría obviar esa parte y… ya. No hace falta que se entere de eso…»
La mochila de Sein era un tanto pesada, no sé qué tanto llevará encima. Era cuadrada aparte, se supone que es la mochila que llevaba de clases. A no ser que en Perú sean las mochilas cuadradas, es un poco extraño que ella tenga esta.
El cubo lo guardé en un bolsillo de la propia mochila, que estaba un tanto expuesto. Así podía sacarlo para pelotudear entre tanto caminaba. Era como un cubo de rubik también, era gracioso moverlo.
Pasaron… cuatro días ya desde lo del demonio del kimono. Y dos desde lo del de colores. No sé si debería superarlo o… este sentimiento me quedará para siempre. Supongo que será cosa de acostumbrarse y vivir pese a ello.
Las cosas que dije antes… lo de que quisiera dejar Lusiudá limpia antes de irnos… sigue viéndose imposible. No obstante, de verdad lo deseo. Para nunca haber tenido una sensación así de querer lograr algo, creo que debería tomarme en serio esto.
«No quiero… abandonar Lusiudá sin al menos dejarlo seguro para Mitsune. Aunque… pensar en eso me pone triste también. En algún punto nos tendremos que ir y Mitsune se quedará. Queda menos de medio mes ya, creo. Quisiera… quedarme un rato más, aunque sea. Mitsune es tan… agradable».- Mi mente no podía dejar de pensar en ella. Entiendo que se debe a que en parte vengo de hablar un buen rato con ella… eso creo.
Mi cabeza ardía un poco. Me estaba comiendo la cabeza sentimientos diferentes. Por más que pensaba en Mitsune, me seguía sintiendo culpable por lo de Shair. Y pensando en eso, caí en que no sé bien cómo se siente Mitsune al respecto del otro día.
Por más que le pregunté ahora, ella insistió en que no pasaba nada, le bastaba saber que estábamos bien. Actuó como si no fuese la primera vez que está en una situación así, o algo.
«Tal vez yo soy muy exagerado y ya…»
Llegué a las puertas de la posada. Esperé paralizado afuera de la entrada, intentando animarme lo necesario para adentrarme en la posada, caminar hasta nuestra habitación, y hablar con Shair.
«Me pregunto si estarán, para empezar. Shair tenía sueño, asumo que habrá querido regresar cuánto antes. Tal vez Yaku, Sein y Zakko salieron… aunque no veo a Yaku saliendo en ese caso. Yaku y Zakko capaz, eso querría decir que Sein está dentro. O… ninguno salió y todos están adentro…».- Analizaba las posibilidades de quienes se hallaban dentro de la posada.
—No sé. Necesitaría más tiempo para entrenar antes de pensar en eso.- Oí la voz de Zakko acercándose entre tanto yo pensaba mafufadas afuera de la puerta de la posada.
—En el Duel’Grot lucías bastante fuerte.- Ahora, la voz de Sein, respondiéndole.
—En el Duel’Grot pasaron cosas raras. No quisiera hablar de eso.
—Es… verdad.
Volteé a verlos, y en efecto eran ellos. Mi capacidad de reconocimiento de voces es buena al parecer.
—Oh, hola.- Zakko se percató de mi presencia.
—¡Kairo! ¿Qué tal?- Sein también me saludó. —¿Qué haces… ahí parado?
—Eh… nada. No me animaba a entrar.- Contesté. —Es verdad. Traigo tu mochila, se te quedó en la posada de Izu.- Me saqué la mochila de encima para dársela.
—¡Ay, gracias!- Me agradeció y la recibió.
—¿Cómo que no te animabas a entrar?- Zakko consultó.
—Es que… me da miedo Shair.
—¿Por qué?
—Siento que se molestó por lo de… hace rato. Que no le conté lo del demonio…
—Claro. Bueno, es probable que se pueda molestar, quizás. No la he visto muchas veces enojada, no sabría decirte qué tanto se puede molestar por eso.- Zakko contó. Cosa que me alarmó.
Si él no la vio tantas veces molesta sabiendo que habrá pasado como años con ella, a saber qué me podía esperar…
—Pero no creo que se enoje tanto contigo. No tienes porqué preocuparte. Cualquier cosa… intentaré calmarla.- Zakko quiso tranquilizarme.
—… Gracias. Contar con eso supongo que algo más seguro me hace sentir.
—¿Entonces entras con nosotros?- Sein me consultó.
—Sí, supongo. Ya que están, mejor ir ahora.
—¡Vamos!- Sein exclamó, para a posterior, adentrarnos todos en la posada.
Ellos se metieron un momento antes que yo, ya que me dio un escalofrío y sentí que algo me veía. No sé si ya estaba re perseguido o algo así, pero podía asegurar que había algo que nos estaba viendo.
Por más que buscaba alrededor, no encontré nada. Los locales eran todos iguales… aunque en uno había como una mancha de mostaza o algo así. Una mancha amarilla extraña.
—¿Por qué te quedaste ahí parado?- Sein se percató antes de meterse del todo en la posada.
—Ah, sí, perdón. Ya voy.- Asentí y me adentré con ellos.
Íbamos como a cámara lenta. O el tiempo pasaba bastante lento en mi cabeza porque me hallaba sufriendo algún tipo de problema psicológico, no sé.
No me animé ni a preguntar de qué carajos estaban hablando estos dos. De por sí me parecía raro que solo regresasen estos dos, de todas las opciones que pensé la que menos creía era que justo estos dos estuviesen solos…
O eso fue hasta que se me acaba de pasar por la cabeza la idea de Sein y Yaku quedándose solas. Esa sería la más rara supongo. De ahí en más el resto tiene sentido.
Zakko fue quien abrió la puerta, para que todos pasáramos. Además de obvio ser quien la cerró. No vi a Shair ni a Yaku al menos en la sala de estar, que era lo primero que se veía entrando por la puerta.
—¿Shair?- Zakko voceó para ver si le escuchaba y contestaba.
—¿¡Zakko!?- Shair vociferó desde la cocina. No tardó nada en asomarse desde ahí. —¡Volvieron! ¡Hola!- Shair actuaba como si nada, siendo tan enérgica como la suelo recordar.
Ella se nos acercó para saludarnos mejor, aunque de fondo lograba oler algo preparándose aún.
Todo este rato se sintió mucho más familiar de lo que creí que se sentiría. Shair nos preguntó cómo nos fue y cada uno contó lo que pasó. Sein y Zakko no dijeron mucho, igual. Nomás que caminaron por Bardelarte y no encontraron mucho más que a un tipo sospechoso. Lo avisaron a la guardia civil y… poco más.
Lo hacían sonar como si no fuese todo, pero eso fue todo lo que ellos contaron.
Cuando me tocó hablar a mí, me costó un poco contar qué hice aunque ejemplifiqué con el cubo. Lo sostuve un tiempo flotando entre tanto explicaba por encima lo que me habían enseñado… y ya.
Tras eso, Shair comentó que quería celebrar la unión de Sein al grupo, por lo que estaba preparando algo junto a Yaku. Le pidió a Zakko ayuda, y a Sein que fuese a ver qué tal estaba quedando. Diciendo que ella iría en unos minutos.
Sein ya se había ido, sin embargo, Zakko me miró luego de que Shair le pidiera eso. Asumo que ambos entendimos que era el momento en el que iba a hablar con Shair. Por dentro suplicaba que no me abandonase, pero por fuera mi cara habría sido tal que así: “‘-‘”.
—Iré a ver qué tal…- Zakko al final acabó abandonándome también.
Ahora quedaba yo, sentado en el sillón que le daba la espalda al pasillo, y Shair, que yacía sentada en el sofá más grande.
—Kairo.- Shair no tardó nada en hablarme cuando el resto se fue.
—¿Qué?
—Estuve pensando toda esta tarde… y lo hablé con Yaku también, creo. No me molesta ni nada que me lo hayas ocultado… pero… ¿Por qué lo hiciste?
—No lo sé, Shair. No me animé a decírtelo, nada más que eso.
—… ¿Por qué? ¿No confías en mí? Yo… yo te dije que… me preocupaba que ni uno de ustedes hablara conmigo. Y ahora me entero que para ese momento también me ocultabas algo, y a saber si me lo hubieras dicho si no me lo decía el otro.
Su mirada me hacía sentir culpable. Su tono me hacía sentir culpable. Aunque no era injustificado, supongo.
—Shair, yo…-
—Para empezar, ¿¡Qué hacías en un lugar peligroso!? ¿A solas? ¡Tú sabes donde hay demonios y fuiste sin ninguno de nosotros! ¡Pudiste haber muerto!
Eso último resonó aún más en mi cabeza.
Apreté mi ropa, en la parte del pecho.
—¿Por qué hiciste algo así y ni siquiera te animaste a decirlo?
—Es que… ese día salí con… Mitsune y ella no sabía…
—¿Mitsune es la chica que vimos ayer?
—Sí.
—¿Dejaste que ella te llevase a un lugar peligroso y decidiste no decirle nada tampoco?
No le respondí al momento.
—¿Ella estaba cuando pasó lo del demonio?
—Sí.- Asentí.
—¿Por qué no fueron a un lugar seguro? ¡Lusiudá es gigante!
—Porque…
—Es que… incluso si no fuera para tanto… lo que más me disgusta es que no me lo dijeses. Sigo… cuestionándomelo. ¿Qué pensabas al respecto? ¿Por qué no me lo contaste?- Shair hablaba mucho por encima de mí. Aunque entiendo que se está desahogando de algo que habrá pensado todo el día desde que lo supo.
—Pensé que ya tenías suficiente con todo eso que pasó… no quería decirte algo así viéndote de esa manera…
—¿Y se suponía que ibas a pasar por eso solo?
—Es que… yo no creo que me afecte tanto… ahora… o sea, estoy bien…
—¿Y si estás bien por qué me lo ocultaste? Eso es… lo que me importa. Yo te conté que me preocupaba que el resto no me hablase y tú… no lo haces tampoco.
—No lo sé, Shair. Perdón.
—No… no me puedo molestar contigo. Me siento mal conmigo misma por no ser tan buena como para que cuentes conmigo.
—No digas eso. No es verdad.
—¿¡Entonces por qué no me lo contaste!?
—Solo no lo sé, Shair. No quería que te estresaras más de lo que ya lo estabas. Es diferente el si cuento contigo o no. Claro que cuento contigo…- Por más que quería convencerla. No podía decirle eso y ocultarle los detalles.
—¿Hay algo más que no me hayas contado?- Ella habrá percibido que me inquietaba algo.
Me tomé un respiro profundo antes de hablar.
—Ese día… creo que… casi muero.- Confesé.
No me atreví a verle a la cara. Mucho menos al notar que ni siquiera me hablaba por más que el tiempo transcurría.
De un momento al otro, oí cómo su respiración se entrecortaba.
—Kairo…
Pese a que me llamó, no me atreví a responderle.
—No sé cómo… pedírtelo de otra forma. Por favor… no… me vuelvas a ocultar nada así. Por favor. Yo…- Pese a que no la observaba, podía imaginármela llorando por cómo hablaba. —¿Por qué te arriesgaste tanto para empezar…?
…
Sé que debí de advertirle a Mitsune ese día. Tampoco esperaba que justo en ese momento apareciese cuando las otras veces que fuimos no salió. Quizás… debí imaginarme que era porque íbamos de día y a nosotros nos salió de noche…
No sabía cómo responderle. Tenía un nudo en la garganta, no me dejaba hablarle.
—¿Qué hubiéramos hecho si no tenías la suerte de seguir con nosotros? ¿Cómo crees que me debería sentir oyendo eso…?
Hacía pausas para preguntarme cosas, ya que le escuchaba afectada de verdad. Yo en ningún momento dejé de hallarme cabizbajo.
—Siento aún que fue hace muy poco que hicimos el equipo y… todo fue gracias a que apareciste un día. No sé si te ha quedado claro que me importas más allá de que seas un miembro de mi grupo. Yo ya te considero mi amigo, Walter. De verdad… ¿Por qué te… arriesgaste tanto? ¿Qué hubiese hecho yo si… te pasaba… algo…?- Entre más hablaba ella, más sentía que se venía abajo.
Hasta que luego de preguntarme eso, escuché y vi cómo se puso a llorar.
Yo había levantado la cabeza apenas me llamó por mi nombre. Que lo recordase en este momento me afectó.
Me extrañaba que ninguno de mis compañeros se preguntase qué sucedía. Estoy seguro de que nos podían oír. No obstante, ni uno vino. Ni Zakko, que dijo que querría calmarla si hacía falta.
—Shair.- Un arranque de… no sé, valentía, me dio en ese momento, para decirle algo.
Ella sin embargo, no me respondía. Intentaba dejar de llorar, secándose las lagrimas con los ojos y recuperando la respiración.
—Sé que… hice una tontería. Pido perdón. No sé si quieras perdonarme por eso, pero no quisiera que esto… afecte a nuestra amistad. Dentro de que seas mi líder, yo también te veo como una amiga y… entiendo que te sientas así, porque yo también me pondría mal si ocultases algo así de grave. No volveré a equivocarme de esta manera. Te lo prometo.
Comencé a decir cosas en la marcha. Consideré más importante decirle lo que siento al momento.
No sabía cómo expresar más mi arrepentimiento. Ella sin embargo, era quien ahora no me miraba a mí. Por instinto, me levanté y me puse enfrente de ella.
—Shair. Procuraré… que no vuelva a suceder nada así. De verdad, perdón.
—No te… preocupes tanto por eso… ya te dije que no estoy molesta ni nada…- Ella seguía secándose los ojos, y sonando desanimada.
—De todas formas. Sé que hice mal y quiero que me perdones. No pienso… dejar de pedirlo hasta que me perdones.
—Tú solo… prométeme que estarás cuando sea campeona del mundo.- Ella murmuró, entre leves sollozos.
Me tomó por sorpresa que mencionara eso tan de repente. Pero… imagino porqué lo pensó en este momento.
—Te lo prometo.
Ella elevó la mirada hacia mí.
—Y que no volverás a preocuparme así.- Pidió, también. Aunque con un tono más calmado.
—Eso ya lo prometí.
—Hazlo de nuevo.
—… Te lo prometo.
Ahora, la vi sonreír de nuevo.
—Me arden los ojos…- Shair murmuró.
—¿Te los estuviste tallando todo este rato?
—No…- Desmintió alargando tanto la vocal que era obvio que estaba mintiendo.
—Sí lo estuviste haciendo. Es por eso que te arden, ve a mojarte la cara.
Ella solo me miraba.
En esos segundos de silencio, escuchaba a los de la cocina murmurar. No lograba identificar quiénes eran, aunque por lo que sea, no me imaginaba a Yaku parloteando tanto mientras Sein estaba presente. Deberían ser esta última junto a Zakko.
Al final, Zakko se asomó intentando pasar desapercibido, aunque se le veía toda la cabeza.
—¡Zakko!- Shair se percató de él, y lo saludó.
—Hola…- Zakko saludó.
—¿Con eso ya estuvo?- Consulté en voz baja con Shair, quien se estaba levantando también.
—¿De qué?
—De lo que querías hablar conmigo.
—Ah, sí. Está bien… más te vale no romper las promesas o te mataré yo misma.
—Te quisiera ver intentarlo.
—¡Zakko!- Shair repitió, ahora acercándose a él. —¿Qué tal va la comida?
—Ya está… casi hecha. Ve a verla tú misma.- Zakko le comentó.
—¡Voy!- Shair fue enseguida a ver la comida. Ni siquiera fue a mojarse la cara como le dije que hiciera.
Yo por mi parte, prefería tumbarme en el sofá un rato. Ya luego si eso… iba a comer con ellos.
—¿Qué pasa?- Cuestioné a Zakko, al notar que seguía viéndome.
—Se escuchaba todo. O… casi todo.- Él informó.
—… ¿Y qué pasa con eso?- No sabía qué decir sabiendo eso.
Él no obstante, vino a sentarse cerca de mí.
—Oye…- Zakko me llamó.
—¿Qué?
—¿Algún día de estos… vamos a entrenar juntos?- Él propuso.
Por mi cabeza pasó el comentario de Shin. Si alguien me ayudaba, mejor. Y quién mejor que él.
—Me gustaría.- Acepté sin pensármelo mucho.
De ahí en más, estuve un rato conversando con Zakko. Él me habló de lo que charló con Sein. Llegó a la conclusión de pedirme entrenar a mí más que nada porque lo que quería probar era una pelea real, y siente que conmigo sería más factible que con Yaku. Asegurando que el que sea rápido podría ayudarle a mejorar sus reflejos o así.
A mí me gustaba la idea desde el inicio, no tenía que convencerme.
Después de eso, Shair nos llamó. Habían cocinado muchas cosas que dejaron en la mesa. Era como un pequeño banquete, para celebrar que Sein se unía, y porque Yaku le dijo a Shair que tenía muchas ganas de comer en general. Por suerte había otro asiento para que Sein se sentara con nosotros.
Reitero que se sentía más familiar de lo que debería sentirse. Era como una cena de navidad, o algo así. Shair rezó antes de que nos dejase comer. Sein también, para mi sorpresa.
Transcurrieron al menos una hora y un tanto más entre la comida y la sobremesa. Continuamos hablando como grupo. Comentamos lo que haríamos a partir de ahora, que sería practicar nuestra magia y hacernos más fuerte como grupo.
Les comenté por encima que conocí a Esther, y que no tendría problemas en ayudarnos a hacernos más fuertes. Por ello, Shair pensó que la siguiente vez que la viesen podría pedirle entrenamiento.
Ya que Zakko entrenaría conmigo, Yaku quería entrenar con Shair. Y Sein… quiso entrenar con Zakko y conmigo. Igual normal, yo también hubiese preferido ir con ella en todo caso.
De vez en cuando… realizaríamos el trabajo de vigilar las calles transitadas por los demonios. De hecho, ahí fue cuando Sein recordó que les habían pagado. Se guardó ella el dinero, aunque también le dio un par de monedas a Zakko.
Fue… agradable cuánto menos. Cada vez me sentía más… parte de este mundo.
—¡Buenas noches!- Shair se despidió de nosotros, ya que se iba a dormir.
Zakko y Yaku se fueron con ella, por lo mismo. Al final, Yaku aceptó dormir con Sein. Solo que ella se pidió dormir por la parte de fuera sí o sí. A Sein no le importó, así que aceptaron.
Con esos tres yéndose a dormir, me quedé a solas con Sein, que en un momento me dijo que quería contarme algo que descubrió hoy también.
—¿Y… bien?- Cuestioné a Sein cuando el resto ya se había ido a la recámara.
—No me lo vas a creer.- Noté cómo Sein se emocionaba por lo que me iba a contar.
—Tal vez no me lo crea, no.
—Encontré a… otro invocado.
—¿Cómo?
—¡Otro invocado! Como tú y yo.- Ella aseguraba.
—¿Qué?
—¡Sí! ¿Te acuerdas del tipo pelirrojo que gritaba con modismos españoles? ¡Es un invocado!- Ella intentaba convencerme. Mantenía cierto volumen bajo por más que se le veía emocionada.
—¿En serio?- Desconocía el cómo debería sentirme al respecto. Era una mezcla de… confusión, sorpresa… pero no sé si de alegría.
El término invocado me causaba extrañeza de por sí.
—¡Era español! ¡Yo te dije!
—Pero…
—¿Eh?- Sein se dio cuenta de mi reacción. —¿Por qué… luces así?
—¿Pero cómo? O sea… tú y yo no hablamos mucho de eso. Creo que… deberíamos conversarlo ahora. Solo… me tomó por sorpresa que hayan más como nosotros, quizás. No estaría feliz de ver a más gente en nuestra situación, si te soy sincero.
—… Bueno, supongo que en eso tienes razón.
—Oye. Antes de que se me olvide. ¿Tú ves… estas cosas que tengo debajo de los ojos?- Me agaché solo un poco, para que me viese bien la cara.
—¿Qué cosas? No veo nada.
—… ¿Qué carajo serán…?- Murmuré.
—No entiendo de qué hablas.
—Pero… ya que ya está aquí… deberíamos conversar con él también. ¿Será que él sí tiene necesidades humanas básicas?
—No creo que sea muy distinto a nosotros. Deberías asumir que todos los humanos funcionan igual. Yo no he visto a los chicos ningún tipo de necesidad de ir al baño o algo así.
—Ya, pero yo qué sé.
—¿Y de qué más quieres hablar?- Sein interpeló.
No se me ocurría ninguna pregunta más importante, en verdad. Si no mal recuerdo, ya me habló de que tampoco tenía mucha necesidad de comer ni nada.
—Oye.- La llamé.
—¿Qué pasa?
—¿Tú has visto a una chica albina con mechones verdes… más o menos por acá?- Señalé una esquina de mi cabello, o… un lateral… no sé bien cómo… definirlo. Si fuese una imagen 2D, sería un lateral de mi cabello, sí.
—¿Por acá de… Lusiudá?
—No, me refiero a los mechones verdes.
—Ah, claro… de hecho, sí. Ella fue quien me dio a entender que eras un invocado también, y fue cuando comencé a notar más tu acento.
—… Claro. Aunque si fuera por ti, Zakko sería invocado también.
—¡Sí tiene acento!
—Ajá. ¿Qué… crees que es ella? Yo no la he vuelto a ver… durante mucho tiempo, al menos… desde hace semanas.
—¿Es como una Diosa, no? Si no, no tiene sentido.
—Sí, eso imagino. Creo que… ella me salvó el otro día. No sé cómo, pero… podría apostar que ella fue.
—¿Y cómo?
—Me… hizo así, en la frente.- Hice el gesto de tocarle la frente a Sein. —Y… comencé a sentirme mejor. Me sanó una herida mortal, creo.
—¿Por eso dijiste que casi morías?
—¿Cuándo…?- Recordé que Zakko me dijo que se oía todo. —… Sí.
—… Entiendo. Oye… ya sé que Shair te regañó lo suficiente pero… cuídate también por mí, por favor. Si te pasa algo creo que podría cometer algún tipo de locura.
—… Está bien, Sein. Me cuidaré por todos. Ahora… quisiera ir a descansar, tal vez. Otro día, no sé si mañana, pero otro día, vamos con el tipo ese que no me dijiste cómo se llama.
—Alex.
—¿No tiene… un nombre-
—No, no tiene.- Ella me interrumpió. —También me pareció curioso que se hiciese llamar así.
—Ya veo. Muy curioso.
—Vamos a dormir. Hay que ponerse las pilas a partir de ahora, pa’ destruir a los huevones esos.- Sein imitó el gesto de pegar puñetazos con ambas manos.
—Vamos.
Ambos nos encaminamos a la recámara, apagando las luces.
Había sido un día largo, pero… siento que fue completo. Mañana… querré practicar mucho más. No sé si vaya donde Izu y Shin, tendré que pensarlo. Donde Mitsune querría ir sí o sí, a no ser que mi grupo tenga pensado algo. O se piense algo mediante el día.
Yacía recostado en mi cama ya. Tapado hasta el cuello porque estaba helada la habitación. Le deseé buenas noches a Sein antes de recostarme.
«La Diosa esa… ¿Se llamaba Jiko, no? Bueno, Jiko… ¿Qué estará haciendo ahora? ¿Sabrá que estoy pensando en ella? Es una Diosa de verdad o… algo menor pero que parece eso. A saber…».- Luego de esa pequeña mención, recordé su existencia.
«Antes la avistaba seguido… ¿Será que ahora me odia? Estaría frito, probablemente…».- Sacaba mis propias conclusiones.
No tardé mucho en quedarme dormido de todas formas.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com