Kinokodearu - Capítulo 40
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Capítulo 40: Los Cagones No Hacen Historia
—Ya me cansé.- Zakko exclamó, tras aterrizar transformado en slime, luego de que yo lo mandase a volar.
—¿Cuánto tiempo llevamos?- Cuestioné a cualquiera de los dos que estaban conmigo.
—Como una hora y cuarenta minutos más o menos. Desde que salimos es un poco más ya que este lugar queda lejos.- Sein contestó, subida a unas cuantas cajas.
Ahora estábamos Sein, Zakko y yo en un almacén vacío y abandonado, lejos de Lusiudá. Había bastante espacio para simular combates aquí, y desde que Shin me lo enseñó durante la semana, creí que sería buena idea traer a Zakko conmigo.
Sein solo se coló.
Desde el primer día que fui a entrenar con Shin, no diría que pasaron muchas cosas. Mi mente decidió resumirlas tal que…
Dieciséis de mayo.
No sucedió nada ese día… casi. Como Sein se nos había unido el día anterior, ahora que dormía con nosotros, se unió al almuerzo. Eran más bocas que alimentar, por lo que Shair comentó que quizá en unos días deberíamos ir al mercado a abastecernos.
Tras un intercambio de diálogos que mi cerebro no decidió retener porque no lo consideró importante, salimos de la posada, y nos dirigimos al gremio en búsqueda de Esther. No sabíamos bien dónde encontrarla, ni yo, y eso que yo había estado con ella.
Al no encontrarla en el gremio ni por los alrededores, decidimos ir a cobrar más dinero todavía para en algún momento no tener que trabajar nunca más o algo así.
Y para ello, nos encaminamos a pasear por Bardelarte. Ya era más un paseo que una vigía en sí. Sein disimulaba usando su magia para ver cosas a la distancia, pero no divisaba nada. Hablé con ella un poco, me contó que recuerda dónde se hospeda Alex, más que nada porque es más o menos en camino al gremio desde aquí.
No pensábamos ir justo hoy, ya que se hacía tarde y no estábamos seguros de que estuviese en su posada.
De un momento al otro, a todos les pareció llamativo entrar en un local de repostería. Shair y Sein querían entrar, y Shair secuestró a Zakko. Yaku también parecía interesada hasta que vio que me quedé afuera.
—¿No entras?- Fue lo que ella me preguntó. Me pareció raro que iniciase una conversación.
—No… ¿Tú sí? Tenía entendido que te gustaba lo dulce.- Le contesté.
—No tengo mucho apetito.
—Claro…
Revisé mi reloj en ese momento, ya que quería ir a visitar a Mitsune ese día.
—Oye, por cierto… ¿Al final qué pasó con Mitsune? No supe nada más de ella.
—… Es… verdad, tú la conociste. ¡Es verdad! ¡Se suponía que yo te preguntase cuándo podíamos salir con ella!- Recordé en ese instante.
—¿Y eso desde cuándo se supone que era?
—Desde… hace como dos o tres días.
Yaku suspiró.
—¿Y no te ha vuelto a decir nada al respecto?
—Creo que a ella también se le pasó por alto. Es que… pasó todo lo del demonio y eso…
—¿Ella está bien al respecto?
—… Eso creo. No parece muy afectada.
—Me alegro.
—¿Quieres…- Aún estaba dubitativo al respecto, sin embargo, suponiendo que debí haber hablado con Yaku de eso hace tiempo ya, no me quedó de otra que proseguir con mi propuesta. —… ir conmigo a ver a Mitsune más tarde? Cuando… regresemos a la posada y así.
—¿Te molestaría?- Yaku interpeló.
—No mucho.
—Está bien entonces. Si querría.
—Bien.- No sabía cómo acabar esa conversación.
Mi cerebro había decidido recordar esa conversación por más que no fuese de tanta valía. Asumo que es más que nada porque después de que Shair, Sein y Zakko saliesen comiendo una cosa rara que nunca había visto antes en mi vida, paseamos un rato más hasta que nos devolvimos a la posada y eso conllevó a que Yaku y yo fuésemos con Mitsune.
Por cierto, la cosa que comían era similar a barras raras de chocolate, aunque no era chocolate, solo se veía como tal. Su sabor era más similar al de un pretzel o algo por el estilo. Shair me dio a probar un pedazo ya que lo miraba extrañado. No tenía apetito la verdad, pero ya que me lo ofreció yo le acepté.
Como dije, luego de eso, se nos había hecho tarde ya por lo que optamos por ir a reclamar el dinero y luego regresarnos a la posada. Entramos al gremio, robamos a mano desarmada, salimos, nos fuimos a la posada, y nos encerramos hasta el día de mañana. O bueno, la mitad del grupo.
Luego de cenar, Yaku y yo íbamos a salir juntos. Tras despedirnos de los otros tres, nos encaminamos a la casa de Mitsune.
Mi cabeza ni aún esforzándome recordaría todos los detalles de aquella conversación, sin embargo, Yaku y Mitsune se conocieron aún más. En un momento conversaban entre ellas, mientras que yo estaba de fondo.
No me importó tanto más que nada porque se estaban conociendo. Y pese a eso, Mitsune siempre que podía me incluía. Ese detalle me hizo sentir lo suficientemente bien como para recordarlo hasta el día de hoy.
Se acabó haciendo aún más de noche, por lo que Yaku y yo nos despedimos. O al menos tomamos turnos. Yaku se despidió primero y nos dejó a Mitsune y a mí despedirnos como siempre.
Hizo lo mismo que la otra vez, me esperó en la esquina mientras Mitsune y yo hablábamos antes de que me fuera. Es otro detalle que le agradezco, entiendo que sabe identificar la situación.
Tras regresar a la posada, me puse yo a abrir la puerta. Haciéndolo, se lograba escuchar una voz distinta a las que estaba acostumbrado. Cuando la abrí del todo y cerré, vi a Esther sentada en el sillón de Yaku. A Sein en el mío, y Shair y Zakko en el sofá más grande.
Yaku cuestionó un toque agresiva que quién re contra re carajos era esa tipa hasta que le especificaron y se puso más pasiva.
Esther lucía muy simpática. Nos contaron que acordaron que ella les ayudaría a practicar. También se ofreció a ayudarnos al resto, y pese a que no nos negamos, tampoco es que aceptáramos. Personalmente prefería practicar más que aprender. Mi plan era mejorar la magia que ya tenía, estando seguro de que podía conseguir grandes cosas solo con eso.
Y si me rendía no tendría problemas en pedirle que me enseñe más.
Ella se fue, charlamos un rato como grupo, y nos dormimos. Así pasando al…
Diecisiete de mayo.
Otro día bastante olvidable, de no ser porque Shair y Yaku quisieron ir con Esther a donde acordaron entrenar. Shair volvió a ofrecernos ir con ellas, y yo dije que iría con Shin e Izu, ya que aún era la hora adecuada como para ir.
Sein quiso ir conmigo, y Zakko al oír el nombre de Shin quiso ir con Shair de inmediato. Esa reacción en ese momento no la entendí, y de hecho, me había hecho sentir como si tuviese que decirle algo al respecto de Shin. Sin embargo, no me acordé ahí.
Luego de despedirnos de esos tres, la maldita peruana y yo nos dirigimos a la posada de Shin e Izu. Sein tampoco parecía muy agraciada de ir, pero quería pasar tiempo conmigo, y ya que estábamos y no se hacía muy tarde, ir a ver si Alex yacía en su posada, para que le habláramos.
Como me pareció buena idea, lo acepté y ese fue nuestro plan del día, al menos hasta ese momento.
Apenas llegamos a la posada, fuimos a la habitación de Shin e Izu, y tocamos la puerta. Se tardaron un rato, y pensábamos que no estaban, hasta que Sein usó su magia de visión. Asegurándome de que se encontraban allí, y que de hecho Shin venía en camino.
Nos abrió, saludamos, nos saludó, se acordó de que existía y de que me dijo que podía venir como a esta hora y nos dejó pasar.
Sein estuvo más que nada de adorno, la verdad. La mayor parte de ese rato fuimos Shin y yo conversando y practicando lo que ya había practicado el otro día. El día anterior a este se me había olvidado la mayor parte del día practicarlo, no obstante, lo hice por la noche. Algo conseguí de avance.
No me enseñó nada que no supiese, sin embargo, mejoré un poco mi técnica. Como no podíamos entrenar del todo bien en ese espacio reducido, ella comentó que me podía llevar a un lugar vacío que conocía.
Ahí fue cuando nos llevó a mí y a Sein al almacén abandonado este, a las afueras de Lusiudá. Eran en dirección al monte de las estrellas, unos cuantos de cientos de pasos más lejanos. No sé cuántos en específico, por lo que sea no los conté. Pero si estaba bastante lejos.
Bastante lejos y oculto, ya que se hallaba más o menos en medio del bosque. Se hallaba tan abandonado que hasta tenía ciertas raíces creciéndole y todo. A saber desde cuándo lo habían abandonado.
Las pocas marcas que quedaban indicaban que era un local que ahora se encontraba dentro de Lusiudá, y entendible que abandonasen esto. Aunque yo imaginaría que se podría destruir o algo así pero… no es mi problema.
Era un almacén gigante, aunque nosotros nos quedábamos en la parte cercana al campo. Era una puerta enorme abierta y pequeñas cosas de almacén que aún quedaban, como estanterías o boludeces así.
Ahí, Shin me hizo una demostración aún más impresionante que antes, usando su magia elemental y aprovechándola al máximo. Podía hasta cambiar de posiciones varias veces en el aire. Saltaba de un lado al otro, y hasta la usaba para dar como ochocientas volteretas hacia atrás en un solo salto.
No obstante, cuando hizo eso se mareó feo un buen rato. Al menos los puntos de estilo no se los quitaba nadie.
Me dio el espacio y me dijo que practicase a usar mi cuerpo como si fuese un objetivo. Impulsarme, desacelerar, aterrizar, simplemente moverme. Todo eso quería verme hacer, y fue lo que hice.
Escuchaba un poco a Sein y Shin conversar. Sin embargo, no lo suficiente como para recordar de qué hablaron. Tampoco se me hacía que fuese algo súper importante.
Desconozco cuánto tiempo pasé, solo sé que fue lo suficiente como para que me muriese de cansancio luego de un rato. En ese momento pensé algo como…
«Fua. Escucho borroso…».- Fue lo que pensé cuando Sein se me acercó una vez cayese al piso del cansancio en pleno salto. «No me dolió tanto…».- Pensé acerca de la caída.
Lo recuerdo porque en realidad sí me dolió la caída. Intenté hacerme el duro nomás. Cuando Shin ya se cansó de observar, me retó a un pequeño combate.
Fui el pendejo que no duró ni siete minutos o algo así. No le atiné ni un golpe ni nada. Intenté hasta usar la magia de tierra para crear rocas y tirarlas, y aún con esas, ella se las arregló para romperlas solo con magia de viento.
No la vi usar nada más que magia de viento esa pelea. Tampoco la sentí esforzarse demasiado, si hubiese querido golpearme bien, me hubiese tumbado mucho antes.
Pese a eso, ella comentó que mis ideas no eran del todo malas. Solo que no sabía moverme todavía. Que practicara con alguien que pudiese imitar sus movimientos, y ahí caí en Zakko. No porque fuese igual de rápido o muy bueno peleando… más que nada porque creo que literal puede imitarme.
Dudaba el que le pidiera que me imite para eso, más que nada porque sería demasiado raro y capaz explotaría antes que nada, solo digo que se me vino a la mente Zakko por ese detalle.
A Shin también, y ahí fue cuando consultó lo que se me había olvidado decirle a Zakko. Le tuve que decir que se me olvidó entre mucho perdón y sinónimos. Sein parló de que ella se lo haría saber en todo caso.
Junto a las dos tipas que vinieron conmigo nos regresamos a la posada de Shin, e Izu ya se había despertado, como era obvio. Preguntó a Shin algo tipo “¿Dónde carajeanos estabas”? solo que no usó esas palabras si no que mi imaginación deliró un poco.
Sein y yo nos despedimos de ellos dos, vimos la hora que era y decidimos ver si había alguien en la posada por si acaso. Tampoco nos iba a tomar mucho tiempo, Sein dijo que con acercarse un poco ya podía ver si había uno de nosotros adentro sin necesidad de entrar per sé.
Decidí confiar en ella y ella aseguró que no había nadie por lo que nos fuimos directos al segundo plan del día; ir con Alex. Si soy sincero, no recuerdo nada del camino que tomamos. Ni Sein parecía recordar bien dónde se hospedaba Alex, me hizo caminar hasta Bardelarte para devolvernos tomando la ruta que vio que tomó él.
Igual es algo que incluso yo podría llegar a hacer. Mi memoria fotográfica creo que es decente o algo así. Preferiría repetir el recorrido que tomar otro pensando que me lleva al mismo lugar y que al final no sea así.
De todos modos; llegamos, pasamos a ver si estaba Alex y ahí se dio cuenta de que nunca entró a la habitación de Alex, no sabía cuál era como para tocar. Tampoco se animaba a usar su magia de visión para espiar por más que se lo pidiese yo.
Y yo se lo pedí para no haber dado el paseo entero al pedo.
Por suerte para nosotros el loquito pelirrojo salió de su habitación antes de que me diese por vencido insistiéndole a Sein. Reconoció a Sein y asumió bastante rápido que yo era el otro invocado del que le habló ella.
Había dicho que justo se preparaba para ir a robar más dinero revendiendo estupideces en Bardelarte pero nos hizo pasar a su habitación un rato para hablar. Algo dinero tenía como para que no le hiciese falta ir ese día.
Conversamos lo típico. Primero nos saludamos bien, luego nos presentamos. Le dije mi nombre y él me dijo el suyo, le dije mi edad y él la suya. Y así un par de cosas más.
Solo le había dicho mi nombre y él me dijo hasta su apellido. No me pidió que le contase mi apellido también pero sentí que era medio injusto. De todas formas si no me lo preguntaba no pensaba decírselo.
Ahora sabía que era español (aunque lo sospecháramos ya), tenía diecinueve años, era incluso mayor que yo. No sé porqué carajos me comentó su estatura pero también sé que mide 1.80, se notaba que medía más que yo desde antes.
Su ropa sí que me dejó una buena impresión, aún la recuerdo. Era una chaqueta de dos colores. El centro era de color naranja y los bordes además de ser grandes, eran de color azul oscuro, medio morado, no sabría decir. Tenía un cuello largo del mismo tono que los bordes…
Y también tenía una muñeco de palitos con la cara amarilla y una sonrisa. Muy chistosa, yo usaría algo así.
Me contó más o menos cómo llegó hasta aquí. No está seguro de cuánto tiempo lleva, pero mínimo dos semanas. O sea, lo que llevamos nosotros en Lusiudá, casi. Estaba de compras en una tienda, no obstante, no llegó ni a comprar nada. De un segundo al otro se apareció en medio de la calle.
También se lo había contado a Sein, solo que la historia de él era más similar a la mía, creo. A los dos nos trajo cuando fuimos de compras. No creo que tenga algo que ver, solo me parece extraño que haya pasado dos veces.
Si no mal recuerdo, Sein solo regresaba de clases.
Aparte de eso, Alex nos hizo las típicas preguntas que cualquier persona en nuestra situación se haría. Preguntas como: “¿Vosotros no tenéis ganas de ir al baño?”. Me la acuerdo por completo ya que me dio risa.
Que hablara demasiado en español era llamativo, era un doblaje viviente. También chillaba demasiado de vez en cuando. Recuerdo que Sein me murmuró que cuando estaban afuera chillaba más, de hecho, le extrañó que ahora hablase tan calmado.
El diálogo duró bastante rato pese a que lo resuma así nomás. Estuvimos una tarde allí. De paso, le pregunté si sabía magia y me comentó que de hecho le salía con facilidad. No podía hacerme una demostración, ya que ya lo amenazaron la otra vez.
Pese a que le pregunté cómo es que llegó a… pagar una posada, siendo que no parece que nadie le ayudase, no me dijo algo que le creyese.
Según él, sabía manejarse desde el inicio. Lo mismo con la magia, le resultó demasiado familiar y comenzó a tratarlo como él pensaba que era. Hasta el momento no ha cometido ni un error muy grave.
Sein y yo en ese momento nos vimos cara a cara y podría asegurar que pensamos lo mismo. Algo tipo… “¿Y este quién re porongas es? ¿Kirito?” aunque como ella es peruana seguro ella pensaría “¡Asumare! ¿Y este quién es? ¿Capitán Perú?” O algo así me la imaginaba. Sin… faltar al respeto claro. Aguante Capitán Perú.
Optamos por creerle… o bah, yo le creí. No sé si Sein. La cosa fue que luego de eso ya se hacía un toque tarde. Eran más o menos las siete de la tarde, ya atardeciendo. Sein y yo nos miramos con complicidad, y yo asumí sin ningún tipo de motivo alguno que ella sabía que quería irme.
Nunca supe si en verdad sabía eso o nomás me miró porque yo la miraba y yo me imaginé todo eso. De todas formas, dejamos de hablar con Alex, nos despedimos y le dijimos que quizás pronto regresaríamos a verlo.
Alex no estaba del todo interesado en venir con nosotros, pero sí quería hacerse aventurero. En el caso de que no quisiera venir con nosotros, y no se pudiera hacer aventurero sin un grupo (como yo imaginaba que funcionaba, por más que Sein insistiese en que no era así), le pediría a Shair que lo incluya en nuestro grupo y que fuese a su bola.
Total, nunca nos piden muchas cosas que requieran que Shair o el grupo en general esté presente para funcionar como aventurero. Zakko y yo hicimos una misión en Giruboken si no mal recuerdo y no nos pidieron nada para reclamar el dinero. Para Alex sería mucho más fácil vivir de hacer misiones.
De todas formas, teníamos demasiado dinero. Cualquier cosa capaz y le dábamos un par.
Una vez que salimos de la posada, Sein se animó a hablarme al respecto, ahora solo entre nosotros dos. Recuerdo esa conversación, más o menos.
—Oye… Kairo.- Ella me miró de reojo, cuando íbamos caminando hacia nuestra posada, desde… la posada de Alex, claro.
—¿Qué?
—¿No crees que… deberíamos insistir en que venga con nosotros?- Sein me cuestionó, sonando preocupada.
—Él dio a entender que estaba bien así.
—Ya, pero… me sigue haciendo sentir… rara. ¿Qué tan común va a ser que nos encontremos a gente de nuestro mundo? ¿No deberíamos reunirnos todos si nos encontramos? Ir por el mundo perdidos y solos…
—Claro. Supongo que tienes razón, es raro dejarlo solo y ya. Pero… según él, sabe manejarse. La cosa sería tenderle la mano con lo de que se vuelva aventurero y… ya. Imagino que de alguna u otra manera podremos contactarlos si nos vamos de Lusiudá. Si lo volvemos de nuestro equipo, tal vez yendo al gremio de aventureros nos den información de él o algo así.
—En verdad… eso es justo lo que me preocupa, creo. No sé. Eso de que lo dejemos como si nada sin saber nada más de él… o sea, no sé… no me gusta pensar en abandonarlo.
—Habría que ver si hay alguna forma de mandar cartas o algo así. Aunque la tecnología de este mundo me sigue pareciendo confusa, no sé qué tienen y qué no. Quizás tienen algún dispositivo por el cual… comunicarse…- En ese momento, mi memoria comenzó a funcionar.
Había recordado aquel dispositivo que se veía como un celular, casi. Aquel que vi en la subasta en Giruboken. Tal vez ese dispositivo funcione como uno, o al menos se puedan intercambiar mensajes con él.
—De hecho, creo que sí que hay un dispositivo raro… recuerdo haber visto algo en Giruboken que se asemejaba a un celular. Asumo que como mínimo funcionará para escribir y recibir mensajes o algo, deberíamos buscar por la ciudad, se ve muy avanzada como para no tener alguno a la venta o algo así.
—Eso suena… muy conveniente. Pero… ¿Un celular?- Ella no entendió del todo el porqué me referí a ese dispositivo como tal.
—Era una cosa rectangular con una pantallita. Si hay hologramas o boludeces así de más que eso tiene la función más básica de un celular que es hablar.
—… Suena bien. ¿Buscamos de vuelta a la posada? A lo mejor alguna tienda de camino tiene algo similar.
—Bueno, no sé qué clase de local podría tener un objeto como ese. Dudo que tienda de objetos mágicos, ya que los que visitamos eran más que nada objetos para… usar magia, claro. Para combatir o aprender o ambas a la vez, no sé. No me suena algo que iría en una tienda de esas.
—Habrá que… ver. ¿Se ve literalmente como un celular?
—Sí… o bueno, se parece bastante. Tú ve cualquier cosa con forma rectangular que te llame la atención y nos paramos a observarla mejor si hace falta.- Indiqué.
—Está bien.- Sein se recolocó las gafas, y se puso a observar.
Así perdimos bastante el tiempo, sin encontrar nada de nada. Habían más objetos rectangulares de lo que creí. Hasta runas raras que no entiendo aún para qué eran.
Sein y yo llegamos a pensar de que podrían encontrarse en lugares más… centrales, quizás. Como el mercado o Bardelarte. O… incluso más al sureste de Lusiudá, que nunca fuimos hacia allá.
Ese día pasó poco más. Mi relación con Sein se volvia cada vez más cómoda para mí al menos. Se notaba las vibras diferentes respecto al resto, con ella puedo hablar de lo que sea. No pudo haberme venido mejor conocerla tan pronto.
Quién sabe si me hubiese vuelto loco si duraba mucho tiempo sin conocer a nadie con quien hablar al respecto de mi invocación.
Con eso me llegué a preguntar en qué momento debería contarles eso a Shair, Zakko y Yaku. Lo del otro día me resonó en la cabeza, ya que era algo que les estaba ocultando. De todas formas, estoy seguro de que Shair, si me cree, entendería por completo que se lo haya ocultado.
O eso quiero creer. Nada me lo asegura, esperaría que no le molestase ni nada…
Al menos a Zakko sí que sé que no le molestaría. Solo… le generaría un mar de preguntas que no sabría ni responderle. En el caso de que me crea para empezar.
Y a Yaku le daría igual.
Regresamos a la posada, y ahí estaban los otros. Charlamos como grupo y ellos se pusieron a jugar un juego de mesa. Yo me fui a visitar a Mitsune como todos los días. Le pregunté a Yaku si quería salir conmigo, sin decir directamente a qué, esperando que ella entendiera.
Nunca supe si entendió pero me rechazó bastante rápido, ya que se había metido a jugar con ellos. Imaginaba que ganar a un juego de mesa le llamaba más la atención.
Fui con Mitsune, charlamos, y al final rememoró que Yaku y ella hablaron de un día para salir ayer. Menos mal me lo mencionó, por cierto. Había dejado de prestar atención ese momento, ya que no pasaba por mi cabeza. El diecinueve iba a estar perfecto.
Mitsune mencionó también que al final sus padres se iban esta misma noche, por lo que cualquier día podrían venir con el resto, o… solo venir yo.
Mi cerebro decidió omitir un poco aquella invitación. O más que omitirla… fue ignorarla a propósito. Por mi cabeza pasó todo el tiempo, incluso después de despedirme de ella y regresar a la posada.
Justo cuando regresé, estaba Shair y Zakko solos. Les pregunté por Sein y Yaku, y ellos dijeron que se fueron a dormir. No sé qué hora era en ese momento, pero sí sé que era de noche ya. Yo iba con ganas de recostarme y saltarme el día.
Cuestioné por metiche nomás el qué hacían esos dos, y Shair comentó que estaba practicando algo con él.
A simple vista, Shair repetía lo del otro día, de forzar a un objeto a moverse. Sin embargo ahora usaba el cubo de rubik ese raro que me traje de la posada de Izu y Shin. No notaba ni un movimiento así a la ligera, aunque asumo que no estaba concentrada.
Les deseé buena suerte, y me iba a dirigir a dormirme también. Sin embargo, Zakko me detuvo antes de que pudiera irme del todo. No fue para nada tampoco, al final no me contó qué quería. Se arrepintió de hablarme.
Volví a desearles buena suerte y que durmiesen bien cuando fuesen a dormir. Me dirigí a la recámara y me tumbé en la cama. Ni Sein ni Yaku estaban despiertas. Aún me parecía loco que Yaku aceptase dormir con Sein, sin embargo, no le di tanta importancia.
Dieciocho de mayo.
Fue justo ayer, y he de decir que no me acuerdo ni de lo que comí. Soy capaz de acordarme de que al despertar observé a Zakko y Shair dormidos de nuevo en el sofá, y con el cubo de rubik en el techo. Yo… creo que había sido el primero en despertarme, por lo que fui el único que vio eso.
El cubo estaba pegado al techo, como si estuviese volando o… lo hubiesen pegado con pegamento re duro qué se yo.
Cuando pasé por delante de ellos, intentando tocar el cubo, sentí cómo Shair se despertó. El cubo cayó de inmediato, dándome en la cara. Recuerdo porque que cayese en mi cara me dolió. No sé ni porqué, el cubo es suave. Sin embargo, me dolió, y no poco.
Shair no iba a saber qué pasó porque estaba dormida así que en vez de intentar preguntarle nada o convencerla de algo le conté lo que vi. Ella me creyó porque tampoco tenía razones para mentirle, no obstante, se extrañó también. Eso me hizo pensar que no era ella, por más que se cayese cuando se despertó.
Minutos o hasta horas después, comimos como todos los días. Entre tanto comíamos, seguía practicando con el cubo en la mano, era como mínimo entretenido de hacer, se sentía como el equivalente a ver Youtube mientras comía.
Shair y Yaku quería continuar aprendiendo con Esther. Zakko pensó en ir con ellas hasta que yo le hablé para que entrenase conmigo. Tuvo una escena medio rara con Shair que acabó con él disculpándose por mentiroso o algo así, a saber de qué hablaron esos dos. Hay veces que me pierdo.
Lo importante es que al final Shair y Yaku se fueron a verse con Esther, y yo iba a secuestrar a Zakko para practicar en el lugar que Shin me enseñó. Y tal como dijo que haría, Sein se coló. No me molestaba y a Zakko tampoco, aunque no sabía si iba a aprender nada con nosotros.
Por lo menos mi intención no era entrenar con ella precisamente. No sé en qué podría ayudarme ella, dudo que pelee mejor cuerpo a cuerpo que Zakko. Al igual que en su magia… sin ofenderla, claro. Nomás que Zakko ya hasta participó en un Duel’Grot, y ella sabe hasta menos que yo.
Imagino que ver le servirá de todas formas, quién sabe si desarrolla alguna habilidad de ver a las personas moverse y poder imitar sus movimientos o algo así. Sería muy duro la verdad. A mí me impresionaría.
Bueno, eso. Que me llevé a Zakko (y a Sein) al almacén ese raro abandonado. Tras una larga caminata llegamos, y le dije más o menos lo que quería intentar. Él entendió rápido y se prestó también rápido.
Al inicio creo que a ambos nos costó pretender siquiera darnos un golpe aunque fuese sin buscar daño real, pero luego de un rato ya hasta usábamos magia. O bueno, más que nada yo. Zakko de vez en cuando y seguía sin buscar daño real, solo dejaba que yo la desviase o probase cosas nuevas.
Desconozco qué tanto le sirva a Zakko entrenar de esta manera. Más que nada porque como no buscaba hacerle daño real, no me esforzaba por golpearlo como para que tuviese que aprender a esquivar siquiera.
Sein, sentada encima de una estantería hundida lo suficiente como para poder subirse sin problemas, comentó desde su posición que notaba que ninguno nos esforzábamos mucho. Nos recordó o al menos a mí me recordó que sufrimos heridas peores como si nada. Un puñetazo no cambiaría nada.
Zakko y yo nos observamos luego de esa afirmación y ninguno parecía querer empezar tampoco. Era un poco raro.
Igual, pasamos mucho tiempo allí. Tarde o temprano acabaríamos cayéndonos a las piñas. Era cosa de que se nos fuese la mano a uno de los dos intercambiando leves golpes para que el otro se pusiese a la defensiva y atacara de verdad.
De hecho, sucedió. De un momento al otro me sentí más o menos acorralado porque no sabía del todo desviar la magia de fuego de Zakko. Era como muy rara, no era un proyectil recto o duro.
Podía dispersarla con esfuerzo, mas no desaparecerla ni mucho menos regresarla. Y si la utilizaba hasta el cansancio, yo salía perdiendo, creo. Por ello, pegué un salto e intenté empujarme a mí mismo para caer contra Zakko.
No sé ni cómo, pero lo conseguí, y Zakko reaccionó volviéndose slime. Ahí ninguno pronunciaba ni una sola palabra, sin embargo, ya estábamos más metidos en la práctica.
Yo acabé con los brazos ardiendo. Zakko acabó un toque golpeado… puede que se me haya ido un toque. Él aseguró que no le dolía de todas formas, acompañándolo con su expresión facial que me transmitía lo que me decía.
Razón suficiente como para decidir creerle.
La simulación del combate no fue tan dispareja, aunque sí sentí que seguía siendo dos estilos diferentes. Zakko casi nunca me devolvió un puñetazo, y cuando lo hacía, aprovechaba solo para usar su magia, pues seguía dándome puñetazos sin fuerza verdadera.
O eso pensaba hasta que me acordé de que Zakko no es fuerte físicamente. Pasa que no me esperaba que se notase tanto.
Zakko me alivió un poco los brazos que él mismo me quemó con magia elemental de agua que robó de Shair.
Ahí le cuestioné más o menos la capacidad que tenía. No estaba ni transformado en Shair y podía usar su magia bastante bien sin ni siquiera parecer esforzarse.
Él aseguraba que era una habilidad normal de su raza. La desarrolló desde el Duel’Grot, y creía que desde ahí no solo copia magia elemental.
Pregunté a qué se refería con eso y él me hizo acordar de aquella vez que me contó que podía invocar la nube de Yaku. Ahora, también supo que podía usar lo de Sein, solo que mucho más débil todavía, al no saber manejarlo.
Sein oyó, y solo hizo un gesto que denotaba desapruebo.
Me parecía demasiado poder ya. El poder copiar habilidades tan fácil era increíble, ya quisiera yo tener algo así. Sería demasiado útil ya que me ahorraría el esfuerzo de pensar en algo que me caracterice y nomás robaría la magia del resto. Sería perfecto.
No obstante, no lo tenía. Era la habilidad de una raza entera, qué locura. No podía ser cierto, yo no me lo creí. Por un momento me decidí a pensar que era la magia única de Zakko y él no sabía porque no tiene contacto con ninguna otra persona de su raza.
O no el suficiente.
Ya eran más o menos las cinco de la tarde en ese punto, creo. Al menos por ahí, cinco o seis de la tarde. Yo ya me había cansado y Zakko también. Sein no había hecho nada pero también quiso cansarse así que se cansó con nosotros.
Nos regresamos a Lusiudá, y perdimos el tiempo entre los tres. Dimos un paseo por calles cerca del monte, ya que se veían muy bonitas. Había un pequeño parque también. No era tan grande como el otro parque del cual me olvidé el nombre pero habré ido ya un par de veces, sin embargo, era igual de lindo.
En un momento, después de caminar tanto, los tres nos sentamos en una banca a ver a la gente pasar, conmigo en medio y los otros dos a mis costados.
Nada que destacar, además de que unos tipos me reconocieron. Bueno, a mí y a Zakko, aunque según ellos no sabían si él era Zakko. Podía ser cualquier veniz. Me seguía pareciendo raro, ya que de momento no había visto tantos veniz como para saber si es cierto que todos se parecen.
O al menos yo no estuve en contacto con muchos.
Los tipos me hablaron un rato y se fueron luego de darnos la enhorabuena.
Se fueron, y justo en ese instante Sein comentó que se le hacía extraño que nos reconocieran aún. Yo le rematé con que a mí también se me hacía raro. Zakko no dijo nada o no recuerdo si lo hizo.
Podría omitir ese día, no sucedió mucho más. Seguimos caminando, comimos una cosa que encontramos por ahí y estaba bastante rica. Se llamaba algo así como Rulhé. En apariencia era similar a pan o algo así.
Era un dulce. No sabría ni con qué comparar el sabor, solo sé que me gustaba la textura. Muy rico, lo volvería a comprar.
Ni a Sein ni a Zakko les gustó, por cierto.
Tras regresar a la posada, me tumbé en el sofá, exhausto. Sein se sentó en el sillón de Yaku, y Zakko en el que ocupaba yo. Me dolía hasta el cuerpo, aunque imagino que era porque Zakko me prendió fuego vivo. O algo así.
Quizás me estaba quemando por dentro y me iba a acabar muriendo en ese mismo sofá. O quizás solo me imaginaba el dolor y era todo mental. Eso sí, decidí ni siquiera moverme para acomodarme. Como estaba es como me quedé.
Oía a Sein y Zakko conversar un poco. Tampoco les presté tanta atención, pues cuando lo hice no hablaron nada importante. Zakko le preguntaba que qué quería comer, y pues Sein le respondía, claro.
Shair y Yaku llegaron bastante tiempo después. Ya se me había pasado y todo, nos habíamos puesto a boludear con el cubo de Shin.
Todos nos reunimos en la cocina como de costumbre y cenamos. Lo único que me llamó la atención fue como Shair de un momento para el otro mencionaba mucho el veinte de mayo. Que yo sepa, no nos dijo de hacer nada ese día, ni nos contó que vio algo qué hacer ni así.
No me atreví a preguntar con ella presente por si era el caso de que yo no me acordaba, y para cuando podía preguntar, se me olvidó.
Shair, Sein y Yaku se fueron a dormir, me quedé a solas con un Zakko que se puso a limpiar los platos y las cosas. Recuerdo la constante sensación de que algo debía hablar con Zakko, sin embargo, nada se me venía a la mente.
Apenas lograba pensar qué estaba haciendo en ese momento. Y solo estaba respirando y existiendo cerca de él.
Por mi cabeza pasó el pensamiento de contarle lo de que yo no era de este mundo, porque si no era eso, no se me ocurría qué otra cosa querría contarle a él.
Me abstuve a contarle nada de eso de igual manera. Solo era un pensamiento intrusivo aleatorio que me aparecía de vez en cuando. Ese día no fui con Mitsune porque estaba destruido, no obstante, mañana saldría con ella y con Yaku. Por lo que no pensaba que hubiese tanto problema.
Al final hablé con Zakko del entrenamiento, él comentó que quería repetirlo mañana. No era un problema, podía ir con Yaku a donde Mitsune como por las seis de la tarde imagino. Con Zakko y Sein podría ir a entrenar por la mañana, y… era raro como dejé de lado a Shair.
Sentía que quería pasar más tiempo con ella, aunque no sabía qué excusa sería buena. Entrenar no, porque no creo que entremos cosas similares. Ella está activamente buscando su magia única y yo estoy fortaleciendo mi movimiento y mi cuerpo en general, supongo.
Tampoco sabía si invitarla a salir como si nada sería… normal para empezar. Yo no invité a salir a nadie nunca, creo. Al menos primero. Con Yaku fue ella, con Mitsune también. Hasta con Zakko, creo. Cuando me pidió ayuda para ir a hacer una misión.
Él acabó de lavar los platos y procedió a lavarse las manos. Aunque solo se las mojó. Entiendo que con eso basta en este mundo. Zakko y yo hablamos un rato más en la sala de estar. Ahí mencionó por encima lo que yo había olvidado por completo; a Shin.
Shin me había pedido que le preguntara a Zakko si quería hablar con ella.
—Sein me comentó que querías decirme algo sobre ella. Ahora que estamos solos… ¿Qué quiere?- La forma de expresarse de Zakko me daba a entender que no era un agrado del todo saber eso.
—Eh… ella primero que nada creo que te mandó un saludo y… lo segundo fue que te preguntase si querrías charlar con ella.- Hice memoria.
—¿Eso solo?
—Sí.
—… No.- Zakko contestó a la duda de Shin.
—¿Podría saber porqué? No se ve desagradable.
—No es precisamente porque me caiga mal. Solo no quiero hablar con ella.
—¿Entonces no puedo saber porqué?
Zakko miró hacia abajo, como si estuviese dudando si contarme algo o no.
—Oye, ahora que recuerdo… ella mencionó que te conocía desde antes de que te llamasen Zakko… ¿Eso es verdad?- Esa idea vino a mi cabeza como si se tratase de una bombilla encendiéndose.
Zakko respiró profundo.
—Sí.- Él asintió. —Pero no quiero hablar de eso.- Afirmó recostándose en el sofá.
—Está bien.- Respeté su decisión.
Hubo un silencio un tanto incómodo, más que nada porque pensé que lo incomodé con esas consultas que realicé.
—¿Recuerdas cuando conté que conocí a una chica antes que a Shair? Que no quise ir con ella… porque creí que era muy débil.- Zakko sin verme directamente, hizo mención a una cosa que no recuerdo ni que dijese.
Aunque me sonaba un poco el día en el que contó una parte de su pasado.
—¿Y eso… qué…?- Tardé demasiado en entender el porqué lo mencionó. Pero eso fue de bruto nomás. De putísimo tarado. —¿Shin?
Zakko escondió su boca en el cuello de su ropa. Era bastante alto el cuello y estaba recostado, así que la tenía fácil.
—Bueno… supongo que le digo que no quieres hablar con ella, ¿Verdad?
—… Pregúntale de qué querría hablar.- Zakko corrigió sin sacar la boca de debajo de su ropa. No le entendí del todo bien.
—Está bien. Se lo preguntaré.
—Kairo…- Él me nombró de inmediato.
—¿Qué?
—Se me fueron las ganas de estar despierto. Iré a dormir.
—Ah, claro, sí. No importa, habrá que despertarse temprano de todas formas. Yo igual iré a dormir.- Fue la última frase que mi memoria logró no olvidar.
Luego nos deseamos las buenas noches y toda esa cosa y nos dormimos cada uno en su respectiva cama. De esa manera, llegamos hasta hoy.
Diecinueve de mayo.
Lo mismo de todos los días. Despertamos, comimos, y nos dividimos. Antes de que se fueran Shair y Yaku, quise hablar con Yaku. Más que nada para saber si ella iba a querer salir más tarde conmigo y Mitsune al final. Ella aceptó bastante rápido, por lo que le comenté que estaría bien entre las seis y siete de la tarde que nos encontráramos en la posada.
Ella aceptó y luego se fue junto a Shair. De seguido, yo me fui junto a Zakko y Sein.
Nos comimos todo el trayecto como siempre, y alcanzamos el lugar donde entrenábamos. Así, acabamos llegando a el mismo punto.
Diecinueve de mayo… justo ahora, para variar.
—¿Y qué hora exactamente es?- Cuestioné a Sein, luego de que esta aclarara que nos tardamos en llegar y que estuvimos un buen rato practicando.
—Apenas es la una de la tarde. ¿Ibas a salir con Yaku como a las siete? Habría que perder el tiempo un rato más. A no ser que quieras ir a descansar a la posada…- Sein contestó.
—¿A dónde van a salir?- Zakko interpeló. Él no estaba cuando hablé con Yaku.
—A caminar.- Tiré lo primero que se me ocurrió. Hasta que me acordé que él conocía a Mitsune ya. Más o menos. —Iré a hablar con la chica pelirroja del otro día. ¿Recuerdas?
—¿Y por qué con Yaku?
—¿Algún problema?- Interrogué al sentir cierto tono extraño de él. Si me pintara bromear, diría que estaba celoso. Pero no me pintaba.
—Solo me dio curiosidad. ¿Ella la conoce tanto?
—No, de hecho no. No sé porqué se interesó tanto en conocer a Mitsune.
—¿Ella se interesó?
—Sí.
—Qué raro…- Hasta a Zakko le pareció raro.
—¿Pero entonces qué vas a hacer? Habla pe.- Sein me apuró, ya que no le había respondido la pregunta.
—Ah, sí. Creo que sí quisiera descansar en la posada. Necesito… recuperar energías.- Contesté.
—Me duele el pecho.- Zakko murmuró.
—Perdón.- Le pedí disculpas porque sabía bastante bien que era mi culpa. Le metí una piña probando a moverme rápido y se me fue.
—No pasa nada.
—Bueno… vámonos.- Partí yo a caminar porque si no tomaba la iniciativa yo ni uno de estos dos lo iba a hacer.
Oí cómo Sein se bajaba de la estantería esa, y ambos me seguían.
Entre tanto caminábamos por Lusiudá, una vez llegamos a… Lusiudá, claro, notaba cómo Zakko revisaba bastante cada tienda por fuera. E incluso a alguna que otra se metió. Sein también.
—¿Che, por qué están tan interesados en comprar cosas?
—¿No le dijiste?- Sein interrogó a Zakko.
—Creí que sabría.- Zakko contestó.
—¿Saber qué?- Interrogué ahora yo, ya que ni uno me decía porqué.
—Mañana es el cumpleaños de Shair.- Zakko me contó.
—… ¿En serio?- Por algún motivo, tardé en procesarlo.
—¿Por qué te mentiría con eso?- Él puso en duda.
—Y… ¿Acá se regalan cosas por el cumpleaños?
—Bueno, Zakko estaba buscando cosas para regalarle. Yo solo lo acompañaba.- Sein aclaró.
—¿Qué podría regalarle?- Pregunté al aire, aunque supongo que solo esperaba que me contestase uno.
—No sé. Regálale cualquier cosa que consideres bonita. Estoy seguro de que le gustará lo que sea que le des. Incluso si no le das nada y nomás la saludas lo aceptará, conociéndola.- Zakko comentó. —Yo no lo regalé nada… muy llamativo diría, hasta ahora que tengo el dinero suficiente como para… darle un detalle.
—Supongo que iré revisando las tiendas que vea.- Parlé.
—Me parece bien. Igual queda día, si eso, descansamos en la posada y vemos si compras algo después.
—De hecho… preferiría que sea ahora.- Por mi cabeza pasó que por la tarde quería salir con Yaku y Mitsune. Así que si compraba algo debía ser ahora.
—Bueno. Métete a las tiendas que quieras. No hay prisa.
«Me hubiese gustado tener más tiempo para buscar un regalo para ella, en verdad. Aunque… bueno, tampoco la conozco tanto diría. Sé más o menos cosas que le gustan… como… las estrellas, creo…».- Rememoré, observando la espalda de Zakko. Ropa que le compró ella, hasta eso llevaba una estrella. «Sí, alguna cosa con diseño de estrella o así»
El regreso a la posada fue largo, ya que me detuve en un par de locales buscando algo con las características que mencioné. Al final, le compré un broche para el pelo. Me lo probé a mí mismo y estaba bonito. Siento que le pegaría llevar uno.
Ya en la posada, perdíamos el tiempo. Yo estaba más cansado que otra cosa, y como ni uno de los dos se sentaba en el sofá conmigo, procedí a recostarme ocupándolo por completo. Personalmente, casi hasta me quedo dormido. No sé qué hacían los otros dos pero nada que me mantuviese despierto.
—¿Crees que estén aquí?
—Yo imaginaría que sí.
Mi cerebro por algún motivo decidió escuchar a gente conversando desde fuera. No reconocía del todo las voces porque estaba medio dormido aún y no se oía del todo.
Abrieron y resultaron ser Shair y Yaku.
—¿Ves? Sí que están.- Shair le confirmó a Yaku, tras vernos a los tres en la sala.
—¿Hola?- Saludé con duda, ya que algo en la expresión de Shair me extrañaba.
—Hola.- Ella me devolvió el saludo.
Yaku también me saludó, solo que con un gesto.
—¿Pasó… algo?- Zakko también la notó rara.
—Oigan. ¿Están cansados o algo así? O… creo que… bueno, no sé cómo decirlo…- Shair se nos acercó, apoyándose en el respaldo del sillón en el que estaba sentado Zakko. —Creo que hay un pequeño problema en… Bardelarte. Mientras entrenábamos con Esther la llamaron. Nosotras nos vinimos porque en un principio no íbamos a ir, pero… no me gusta cómo me siento…- Shair se acariciaba a sí misma un brazo.
La vi unos segundos. Se le notaba medio afectada, en verdad. No… me agradaba verla así.
Pero yo no quería ir.
—¿Qué clase de problemas?- Sein cuestionó.
—Creo que… un demonio comenzó a atacar gente sin más. Dejaron de ser pequeños encontronazos.- Shair contó.
—¿Y qué se supone que haríamos nosotros contra ellos?- Interpelé.
—Yo qué sé, ayudar. Podríamos rescatar a la gente, o ver si podemos hacer algo.- Shair se alteró un poco. —Tampoco… tampoco dije que vayamos. Solo me pesa en la consciencia. Es todo.- Añadió, tranquilizándose.
—No creo que debamos ir. No ha cambiado nada desde la última vez que nos enfrentamos a uno. Dudo mucho que alguno esté más preparado que aquella vez.- Aseguraba.
—… Sí, tienes razón.- Shair se rindió.
—El gremio de aventureros nos pagaba por aportar a la búsqueda de los demonios… ¿Y fue Esther, no? Debe de haber más gente fuerte allí. Yo no creo que sea pésima idea ir a ver si podemos rescatar a alguien. Quizás hay alguien a quien le salvemos la vida nosotros solo por haber ido.- Zakko quiso entender el pensamiento de Shair.
—No me digas eso…- Shair murmuró.
—Ese día la enfrentamos y salió mal. Pero… podríamos haber escapado. Si ahora nos centramos en salvar a la gente y escapar… no veo porqué no ir.- Zakko continuó.
—No sé, amigo. No suena bien por más que lo pongas así.- Me seguía haciendo ruido. No quería ponerme en peligro, ni mucho menos ponerlos en peligro a ellos. —Es innecesario. Tú mismo lo dijiste, debe de haber más gente fuerte ahí. ¿Qué cambiaría si vamos?
—Kairo.- Sein me llamó, por lo que volteé a verla.
Ella hizo un gesto facial que me indicaba que también quería animarse a ver si podía ayudar. Por más que hasta ella insistiese… no me convencía.
Suspiré.
—¿Shair, de verdad quieres ir? Eres la líder. La decisión que importa es la tuya. Yo te haré caso.
Cuando la observé, ella me observó a mí. No se miraba segura de sí, demostrado también en cómo tardó en contestarme.
Por más que se viese insegura y hasta con miedo, Shair habló.
—Quiero que Lusiudá recuerde nuestro nombre de alguna u otra manera.
—Me lo veía venir. Está bien.- Ya me estaba asimilando su comentario, por lo que me levanté apenas abrió la boca.
—¿Iremos?- Yaku cuestionó.
—Sí.- Zakko se levantó también, asintiendo.
—Al primer peligro que veamos, escapemos. Si se puede, que Zakko nos lleve consigo. Es bastante práctico.- Yaku comentó, sonando como si hubiese querido ir desde el principio.
—Ajá.- Asentí yo también, me parecía lógico.
—¿Quieren hacer algo antes de ir?- Shair interpeló.
—No.- Contestamos todos al unísono. O bueno, no tan así. Para empezar no éramos ni todos, Yaku no negó en voz alta.
—Y… antes de que salgamos de la posada… ¿Están seguros que todos quieren ir? Si eso… los que no quieran ir pueden quedarse aquí.- Shair se encaminó a la puerta, y nos miró a todos desde allí. Interrogándonos.
Hubo un momento de silencio que noté bastante.
—Los cagones no hacen historia.- Me salió del alma. Quise farmear aura frente a mi grupo.
Percibí cómo Shair se sintió más confiada tras mi comentario.
—No creo que hagamos historia. Vamos a salvar a una o dos personas y volveremos.- Yaku murmuró. Avergonzándome.
—¡Hagamos historia!- Zakko exclamó, opacando el comentario de Yaku a propósito.
—¡Hagamos historia!- Shair se unió a su grito, elevando el puño hacia el techo. —¡El último es huevo podrido!- La peliverde voceó, y salió de la habitación, para dirigirse a las afueras de la posada.
Zakko la siguió el primero, y Yaku después, solo que caminando con tranquilidad. No como los otros dos.
Yo me quedé quieto unos segundos, rememorando toda mi vida antes de morir… hasta que sentí cómo Sein se me acercó.
—¿Qué fue esa frase?- Sein cuestionó.
—Déjame. Momento de inspiración.
—No dije nada malo. Me… inspiró. ¿Y si sí hacemos historia?- Ella parecía querer motivarme también.
—… Para ya. Harán que me arrepienta.
Sein y yo caminábamos lentamente hacia la puerta, y yo la cerré con llave.
—¡Pero si estoy diciendo que me pareció bacán!- Ella insistía.
—Ajá, sí, claro.- Y yo no le creía nada. Caminé unos pasos hacia adelante sin decir nada, y me detuve. —Eh… ¿El último era huevo podrido, no? Bueno…- Con ello, me tomé la libertad de dirigirme hacia la calle antes que Sein.
—¡Oe!- La oí vocear desde atrás. Raro, los huevos podridos no gritan.
Al final, Shair, Zakko, Sein, Yaku y yo decidimos salir a ayudar a Bardelarte y alrededores. Orden de nuestra líder, si en alguien tenía que confiar era en ella.
Era tarde para arrepentirse y quedarse en casa.
Lo único que esperaba, era no volver tan tarde, para ver si podíamos regresar con Mitsune.
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