Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Kinokodearu - Capítulo 41

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Kinokodearu
  4. Capítulo 41 - Capítulo 41: Limpieza en Bardelarte
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 41: Limpieza en Bardelarte

Con la decisión de Shair, finalmente abandonamos la posada como a las tres de la tarde. Caminábamos mayormente en silencio, ni uno sabía bien de qué hablar al parecer. Estaba nervioso, aunque tampoco sabía bien qué iba a suceder una vez llegásemos.

Shair iba junto a Zakko adelante nuestra, Yaku y Sein a mis costados, detrás de ellos. A veces oía murmurar a esos dos.

Pese a que no era tanta la distancia entre ellos y nosotros, sí los sentía… distanciados. No sé si se entiende, pero algo así era.

El sol pegaba fuerte. Las calles irradiaban más de lo normal, creo yo. Eso sí… las nubes se veían… raras. No estaba nublado ni mucho menos, solo… tenían cierta vibra extraña. Nunca me fijé tanto en las nubes como ahora, he de decir.

Fue largo y frío el trayecto. Las miradas con Sein eran lo único que me hacían darme cuenta de que conocía a este grupo y no estaba con unos extraños que me llevarían preso o algo por el estilo así bien tenebroso.

Tenebroso sí que era, de todas formas. Apenas se divisaban personas, como si estuviesen en toque de queda o algo así. E incluso, las pocas personas que veía, también lucían tener prisa de regresar a su hogar o algo así.

—Oigan… ¿Pasamos por el gremio?- Shair cuestionó un poco insegura, al avistarlo a lo lejos.

Entiendo que se le pasara por la cabeza pasar por allí. A mí no me parecía mal, y se lo hice saber.

—No me parece mal. Quizá nos den algo más de información allí.

Dimos unos cuantos pasos más hasta por fin alcanzar el gremio, y adentrarnos.

Reitero lo raro que era ver todo vacío. El gremio, al menos la parte de… el gremio, claro, solía estar vacío bastantes veces. Sin embargo, la parte del bar, sí que solía estar lleno y ahora no. Con suerte había un par de personas en el fondo. Y… no se veían del todo amigables.

Avanzamos hasta la parte del gremio de aventureros, para darnos cuenta de que no había nadie ni atendiendo.

—¿¡Aló!?- Shair voceó hacia dentro desde el mostrador, esperando que alguien nos atendiera.

—No se ve nadie…- Zakko afirmó.

Veía cómo Shair y Zakko se asomaban mediante el espacio abierto que había hacia adentro para observar si alguien venía.

—En general no hay nadie. Ni en las calles.- Quise comentar yo, porque si solo lo pensaba me iba a volver loco o algo así.

—¿Estarán en toque de queda o algo así? ¿Pero por qué? Estamos muy lejos de Bardelarte o… zonas… peligrosas…- Sein también lo había notado, y hasta sonaba inquieta por ello.

—Quizás solo es por precaución. Nunca he pasado por algo parecido, no sé hasta qué punto será normal esto.- Shair contó su visión.

Desde adentro del gremio, se escuchaban pasos.

—¿Sí?- Se oyó desde dentro aún. —¿Con quién tengo el gus… Dearu?- Nos reconoció el tipo que salió con el mismo uniforme que la mujer que siempre nos atendía.

—¿Y la chica de siempre?- Sein interpeló en voz baja. Lo que yo pensé, ella lo expresó.

Nos estaba por atender un hombre que lucía bastante mayor en comparación a la chica de antes. Si la chica de antes tenía no sé, nuestra misma edad o un poco mayor, este tipo debería tener no sé, treinta quizás.

—¿Hola?- Shair quería iniciar una conversación. —Sí somos Dearu.

—Qué alegría. Aventureros confiables.

—¿Se podría saber… qué está sucediendo? Nosotros no tenemos mucha idea, pero todo está… extraño en las calles y… lo único que yo sé es que más aventureros experimentados fueron a auxiliar.

—Qué bueno que preguntan. Sacqui, la demonio del kimono, actuó en las calles de Bardelarte. No se sabe bien dónde está ahora, ni qué está haciendo o porqué lo hizo, solo se sabe que atacó a un par de personas dentro, asesinándolas o… desapareciéndolas.

—¿”Desapareciéndolas”?- Zakko interpeló.

—Sí. No sabemos cómo lo hace, debe ser alguna habilidad suya. Aún no recibimos noticias al respecto de si la encontraron o si la detuvieron, por lo que sería de mucha utilidad… su ayuda.- El hombre sonaba muy… desesperado, por así decirlo. Como si estuviese deseando que le diésemos el visto bueno a su idea de que fuésemos a ayudar. —Les ofreceremos recompensas monetarias y… seguro médico.

—Ese es… el punto. No… creo que podamos hacer nada si nos la encontramos. Pensamos en ir a salvar civiles o gente que quedó atrapada en el lugar del caos, y retirarnos antes de encontrárnosla. Somos débiles aunque no lo parezca. No me agradaría mentirle diciendo que la detendremos o algo así, por lo que… no sé qué tan bien me sentiría tomando la recompensa monetaria de todas formas.- Shair aclaró, nerviosa. Sujetaba su brazo izquierdo con su otra mano y se lo apretaba levemente.

—Entiendo. Pero… aún si no la detienen o la enfrentan, nos sería de mucha utilidad lo que sea que puedan hacer. Mientras más gente mejor, y por ende, no puedo dejar que vayan sin ofrecerles la recompensa monetaria, además del seguro.

—… Está bien. La aceptamos.

—Se les recompensará una vez regresen. Mientras tanto; muchas gracias.

—No es… nada. Me gusta la idea de salvar gente y ya.- Sentí cómo Shair temblaba por más segura que sonase. —Oiga… ¿Se puede saber qué sucedió con la chica que nos atiende siempre?

—Oh, ¿Amelia? Ella fue a ayudar también. Pero me dejó un mensaje para ustedes por si venían, ya que al parecer le agradaban.- El hombre comentó, entre tanto sacaba una especie de carta de debajo del mostrador.

—¿En serio?- Me tomó tan por sorpresa que se me escapó un “¿En serio?” en voz alta. —Amelia…- Repetí su nombre en voz baja, ya que al menos a mí también me caía bien, y quería recordarlo cuando la viese de nuevo.

—Dice… “Dearu. No los conozco y ustedes solo me deben de conocer como la chica del gremio o me imagino que por un mote similar. Si llegan a escuchar este mensaje, o a leerlo, espero que escucharlo…” esta… muchacha, comenzó a pelear consigo misma en una carta escrita.- Eso último el hombre del gremio lo murmuró.

Me dio un poco de risa a pesar a la tensión que sentía por el ambiente.

—”Me gustaría decirles que en el caso de que me suceda algo mientras no están… sigan adelante, por favor. Mi hermanito aquel día que le entregué la firma de todos ustedes se alegró muchísimo. Nunca lo había visto así, al parecer le gustó bastante su Duel’Grot. Querría algún día pedirles que lo conocieran, y espero poder hacer que… aunque… dah, aún no me muero, ahora estoy escribiendo esta carta para ustedes como si me fuese a morir obligatoriamente. No sé porqué escribo como si estuviese interrumpiéndome hablando a pesar de que estoy escribiendo y puedo…” El resto no es inteligible. Rayó toda la carta.

Otra vez me dio risa. Sin dudas, me caía bien, se veía como tipaza desde el día en el que nos atendió.

—”En fin. Siempre será un gusto atenderlos. Y… no es por ponerles presión, pero si pueden venir a ayudar… quizás y me salvan la vida. ¡Loshkero!”. Cuánto escribe esta mujer, por Dios.- Hasta el hombre quedó sorprendido.

—¿”Loshkero”? Suena como…- Sein murmuró reiterando lo último que la chica del gremio dijo.

Me di cuenta de que olvidé su nombre. Y también me di cuenta de que Sein no terminó su frase, ahora quería saber a qué sonaba. Tendré que quedarme con la duda, total lo olvidaré en media hora.

—Qué bonita.- Shair exclamó. —Iremos. De casualidad… ¿No se sabe nada más de Sacqui, no?- Shair cuestionó sonando un tanto más segura.

—No.

—… Está bien, gracias.

—Muchas gracias a ustedes.

Posterior al agradecimiento de nuestra líder, ella caminó hacia la salida por lo que la seguimos. De reojo observé de nuevo el bar, y los tipos que quedaban en la esquina seguían ahí. Me llamaban la atención, aunque tampoco iba a detenerme a pensar mucho en eso.

—Así que ella también fue a ayudar. Qué raro. ¿Tanta gente se necesita para un solo demonio?- Shair una vez afuera, pensó en la situación.

Aún pensándolo, no se detuvo, y caminó en dirección a Bardelarte. Esta vez íbamos todos al mismo paso, con Zakko en medio ahora.

—Es cierto. Nosotros… no estuvimos tan lejos de acabar con ella aquella vez.- Reafirmé.

—¿Esther debería estar allí, no?- Oí de Yaku, imagino que preguntándole a Shair.

—Sí. Espero que nos la encontremos y nos ayude a… ayudar, claro.- Shair volvió a notarse nerviosa.

El ambiente era un poco más cálido que antes, al menos no había tanta distancia… literal, entre nosotros. Hablamos bastante poco de camino a Bardelarte, no obstante, lo suficiente como para que yo no enloqueciera. Ni yo ni Sein, que iba a mi lado.

De vez en cuando volvía a observar a las nubes. No cambiaba mi percepción, lucían extrañas, aunque no tenía método para comprobarlo… hasta que me di cuenta de que tenía a mi lado a una peruana.

—Sein.- Le susurré.

—¿Ah?

—¿Te fijaste en las nubes?

—¿Por qué preguntas eso?- Su primera reacción fue cuestionarme, sin embargo, igual se fijó en las nubes. —¿Qué tienen?

—¿No se ven raras?

—No le veo lo raro… un poco quizás, pero… tampoco me he fijado demasiado en las nubes de este mundo desde que llegué.

—No puede ser que hayas dicho lo mismo que pensé yo. Increíble.- Me di cuenta de que no me sirvió de nada esta conversación.

—Hasta parece que somos del mismo mundo.- Sein acotó.

—Por lo que sea.

Para mi sorpresa, no tardamos mucho en llegar a donde se avistaban guardias civiles ya. Estaban amontonados, con una pequeña barrera visible de magia, creo. O eso parecía al menos.

Unos cuantos guardias miraban hacia nosotros, y alguno nos reconoció.

—¡Dearu!

Imagino que todos reaccionamos observando al tipo que voceó el nombre de nuestro grupo. Al menos yo lo hice, estaría incluido.

—¿Vienen para ayudar?- Nos interrogaron.

—Sí. ¿Ya es… Bardelarte? No veo… el teatro desde aquí.- Shair cuestionó.

—Decidimos armar la barrera aquí, para impedir que el demonio escapase. Hay más guardias en los alrededores de las calles, cumpliendo la misma función.

—¿Y por qué tan atrás? No sería mejor… no sé, ¿Darle el menos espacio posible?- Pregunté.

—Se habló, pero lastimosamente no conocemos el paradero real de Sacqui. Decidimos abarcar el mayor área posible, y dejar a los fuertes trabajar. De hecho…- El guardia se detuvo un segundo para observar a uno de sus compañeros. —Rod, llegó Dearu. El mensaje.

—Oh, claro.- El guardia al que llamó Rod, se nos acercó. —Dearu, Esther les dejó un mensaje cuando llegó, en el caso de que viniesen. Dijo que la buscasen y que no se separaran ni un segundo. Que se cuidaran las espaldas y que sobre todo… no confiasen en lo que veían.

—¿Qué quiere decir con eso?

—Creemos que Sacqui es capaz de crear ilusiones. Una aventurera de pelo castaño nos advirtió. Las copias de Sacqui son más débiles que la real, sin embargo, tienen la misma habilidad que ella, y su mismo armamento.

—¿El cual es?- Interpelé yo. De vez en cuando por mi instinto curioso no podía evitar colarme en el diálogo de Shair y el guardia.

—Posee un abanico.

—¿Un abanico?

—Sí. No se sabe bien qué hace, aunque… les recomendamos tener cuidado de todas formas. Si se trata de un clon, debe de bastar cualquier ataque fuerte o magia ofensiva… pero no hay modo de diferenciarlas más allá de su resistencia.

—¿Y se sabe qué ha estado haciendo?- Zakko quiso interrogar también.

El primer guardia civil con el que hablamos fue quien se animó a contestarnos.

—Hasta el momento, nada. No nos han informado de si alguien la ha visto, o si ha a atacado a alguien.

—¿Hay civiles dentro todavía?- Shair interpeló lo que nos importaba, ya que… es lo que vinimos a hacer, salvarlos.

—No lo sabemos. Las gafas mágicas no funcionan del todo bien en el área.

—¿Debido a algo en específico o… es un fallo de las gafas?

—Creemos que es cosa del área. Pero no tenemos manera de confirmárselo.

—… Ya veo. Nosotros vinimos a rescatar a civiles, si es que encontramos. No creemos poder enfrentarla, por lo que… será lo único en lo que podamos aportar.

—Es útil de todas formas. Si encuentran gente, llévenla con el grupo de guardias más cercano que observen, nosotros nos encargaremos de lo demás.

—Está bien, gracias.- Shair se despidió.

—Gracias a ustedes.

La conversación duró un poco, y solo me dejó más dudas que respuestas. No obstante, ya nos hicieron un espacio para traspasar la barrera, por lo que nos envalentonamos y nos adentramos en Bardelarte, la calle Bardelarte, con el teatro Bardelarte… en la ciudad Bardelarte o así… creo que nomás quería decir Bardelarte varias veces.

Todo lucía normal, quitando el hecho de que con suerte había gente. El sol seguía radiante, aunque me daba unas vibras distintas aún. Quizás porque estoy nervioso. Se sentía como una pesadilla o algo así.

—Entonces… buscar civiles. Bien. ¡Sein!- Shair exclamó. —¿Podrías hacernos el favor de utilizar tu magia de visión para encontrar gente perdida?

—Oh, sí, claro.

Sein asintió y se subió las gafas que por algún motivo se había dejado en el cuello.

—Avísanos si ves algo.

Por la petición de Shair, Sein comenzó a voltear en todas las direcciones para buscar a alguna persona perdida. Creo que todos intentábamos ver algo, pero ella era la que podía ver a través de las paredes, no tenía sentido molestarnos mucho en eso.

—Creo que veo algo dentro de Bardelarte. Pero… se ve bastante borroso… no me da mucha confianza…- Sein comentó, fijando su vista en el teatro.

—¿Qué ves?

—Es como… siluetas de personas, pero… con un patrón de colores oscuros extraño. Mi magia… no funciona así.- Sein se quitó las gafas un momento, entiendo que para probar si eran las gafas o ella. —Las veo igual. No sé si sea gente de verdad.

—¿Los guardias no dijeron que las gafas no funcionaban del todo? Tendría sentido que tu magia tampoco, quizás. Aunque… a saber qué es mejor, si su tecnología o tu magia, claro.- Quise recordarle a Sein en voz alta lo primero que dije.

—Mi magia debería ser mejor…

—¿Y si vamos?- Shair propuso.

—¿E-En serio?- Sein la cuestionó.

—Si resultan ser civiles de verdad, no podría perdonarme abandonarlos. Además, Zakko y yo planeamos un procedimiento por si nos encontramos a un demonio y tenemos que escapar.- Shair aseguró rodeando a Zakko con uno de sus brazos.

—¿Y nos lo piensan contar o es sorpresa?- Murmuré.

—Tal vez se los cuente en el camino.- Shair se dio media vuelta, y se encaminó hacia el teatro Bardelarte. —¡Vamos!

La seguimos segundos después, yo al menos, porque necesité un momento para entender lo que estaba sucediendo. Quedarme solo notase aún más lo raro que era esta ciudad sin gente paseando por allí. Es como experimentar las veces que me quedaba afuera de la casa de Mitsune, solo que oyendo el viento.

Aunque no me quedé solo del todo, El resto se dio cuenta de que yo no iba con ellos y se voltearon para verme.

—¿Qué haces?- Shair me interpeló.

—Disocié un segundo. Perdón.

Tras disculparme, fui con ellos, para caminar en búsqueda de las personas que se quedaron atrapadas en Bardelarte.

—Esther dijo que no nos separemos, y es lo primero que casi haces.- Shair me estaba reprendiendo.

—Ya pedí perdón…

—Te perdono.- Menos mal Shair no insistió más. —Sein. ¿Dónde viste a las personas?- Se dirigió a Sein luego de haber llegado a la parte en donde se dividían las entradas.

Ciertamente, eran dos pasillos. Uno a la izquierda y otro a la derecha. Cada uno tenía puertas para ir a los actos, imagino. A los teatros dentro del gran teatro.

—Por la derecha. Aunque no sé si eran personas.- Eso último lo dijo en voz baja.

Pocas indicaciones más hicieron falta, asumimos todos a la vez que había que caminar hacia el pasillo de la derecha.

—¿Viste en qué puerta?

—No soy capaz de detectar eso a tanta distancia. De hecho… no soy capaz de detectarlos ahora tampoco, creo. Se ven… aún más extraños.- Sein aseguraba, a pesar de ya estar en frente de la primera entrada a una de las funciones.

—¿¡Entonces no están en esta, no!?- Shair voceó. Entendí que lo hizo por si las personas se encontraban ahí, que la oyeran y pidiesen ayuda o algo.

—¿Por qué gritas?- Sein no tuvo la misma capacidad de deducción que yo.

—Por si están aquí.- Shair confirmó lo que yo deduje, soy algo así como superdotado.

—¿Y si se asustan por eso?- Yaku puso en duda.

—Bueno, es entendible. Pero… Sein no los ve aquí de todas formas, ¿No?

—Eh… no. Creo que es en dos puertas más allá… más o menos.- Sein apuntó hacia más adentro del teatro.

—¿Cómo que más o menos?- Puse en duda ahora yo.

—¡Yo qué sé! Me estresas.- Sein se estresó conmigo como si tuviese la culpa de algo.

—¿Y yo qué te hice?- Ahora me hizo sentir culpable.

—¿¡Aló!?- Shair abrió la primera puerta que no vimos, ignorando por completo que Sein indicó que era dos más allá.

Si yo fuese uno de los que se decidió esconder aquí, no respondería aunque alguien gritase así. Estaría cagado de miedo, de hecho. Sobre todo porque por algún motivo está todo apagado aquí dentro…

Bueno, es más que razonable que esté todo apagado. Lo que no es razonable es que aún así hay luces que siguen encendidas y titilan, como si fuesen velas o algo así.

—¿¡Aló!?- Shair abrió la segunda puerta errónea.

—¿Qué haces? Es la siguiente.- Cuestioné.

—¿¡Y por qué estás tan seguro de que no hay nadie aquí!?- Shair reaccionó un tanto exaltada.

—Uh, no sé, quizás porque tenemos a una tipa que ve a través de las paredes.

—¿”Una tipa”?- Sein reiteró mi comentario, ofendiéndose, imagino.

—Por Dios.- Me di cuenta de que intentaba discutir con mujeres.

Yaku en lo que discutíamos, se nos adelantó y abrió la puerta en la que se supone que había gente.

—¿Ves algo?- Shair al darse cuenta, se encaminó hacia ella.

Y con ella fuimos nosotros.

—Aquí los veo. Están… debajo de… unos asientos…- Sein comentó apenas se acercó.

Nos adentramos un poco más en la sala, y veíamos asientos amontonados, como si los hubiesen roto de alguna manera y acabasen así luego de movimientos bruscos, como si fuese una pelea.

Eso, o solo las amontonaron para esconderse. Sería pésimo, cualquiera revisaría primero ahí.

—¿Ahí?- Shair, con la suficiente capacidad para intuir cosas, señaló hacia las sillas amontonadas.

—Ajá.

—Está en medio de la sala… y está todo oscuro. Eh…- Shair se detuvo a pensar. —Zakko, tú ven conmigo, y que Sein nos siga desde atrás para que use su magia en caso de emergencia.- Ordenó.

—¿Y nosotros?- Interpelé por Yaku y por mí, ya que no nos dijo que hiciéramos nada.

—Ustedes… fíjense en la retaguardia. Tengan cuidado, y si ven algo, griten.- Shair nos indicó.

—Está bien.- Yaku aceptó muy rápido. Incluso me tomó por sorpresa que afirmara en voz alta.

—Eso, sí.- Yo reafirmé.

—Zakko, vamos.- Shair lo llamó.

—Ah, sí, voy.

Los dos últimos mencionados fueron quienes con cuidado se dirigieron al cúmulo de sillas que formaba una especie de guarida o algo así. Es como si fuese un fuerte de almohadas pero con los asientos… que sí que eran bastante suaves.

Sein bajó un par de escalones hacia dentro, para estar más concentrada en esos dos.

Yaku y yo nos quedamos en la puerta.

—Oye, Yaku.- La llamé.

—¿Qué?

—¿Te molesta quedarte sola?

—Esther dijo que no deberíamos separarnos.

—Ah, claro.- Me resigné a acercarme porque tenía razón.

No obstante, me daba cosa ver a Sein en medio de los escalones como si nada. No se veía mucho hacia abajo, se sentía desprotegida.

—Yo veo hacia afuera, tú fíjate hacia dentro.- Yaku dio la espalda a la sala, para estar atenta a si visualizaba algo fuera.

—Está bien.- Afirmé, y me alegré porque la verdad prefería estar atento yo también.

De vez en cuando posaba mi vista en Shair y Zakko. Ahora los veía intentar mover los asientos para ver si de verdad había gente allí.

—¿Hola? Somos aventureros. No les haremos daño.- Se oía la voz de Shair desde lejos por el eco que había.

—Sein.- Quise llamar su atención para consultarle algo. Lo hice susurrando, eso sí. Aunque por el nulo ruido que había se escuchaba fuerte de todas formas.

—¿Qué?

—¿Ves a gente allí de verdad?

—Eso… creo. Es que es confuso, se ve más o menos como cuando… usas magia muy rápido y te pierdo de vista, creo, no sabría cómo… definirlo.- Sein se sostenía las gafas, aparentando forzar la vista para conseguir ver algo mejor.

Entre tanto hablaba con ella, sentí cómo Yaku sujetó mi brazo y lo apretó.

—¿Pasa algo?- Interpelé, un tanto nervioso por lo repentino que fue.

Cuando me di la vuelta, Yaku estaba asomándose por fuera de la puerta, sin darme la cara.

—Eh… ¿Yaku? ¿Por qué tomaste mi brazo?

—¿De qué hablas?- Yaku se volteó para verme.

Pude ver… su cabeza. No su rostro, ya que no tenía uno.

Solo del miedo retrocedí y jadeé.

—No tomé tu brazo.- Yaku siguió hablando como si nada, aunque de un parpadeo al otro, ya tenía rostro.

—Eh… tu… tu cara. Yo…- No sabía qué carajos acababa de pasar, y quería decírselo, pero aún no lo asimilaba ni yo.

—Kairo, concéntrate. Si tengo algo en la cara dilo rápido.

—No… no importa.- Le di la razón mentalmente, ya que tenía que concentrarme.

Si eso se lo decía una vez estemos afuera, o en cualquier lugar con más luz.

—¡Oigan! ¡No hay nadie acá!- Shair exclamó desde el centro de la sala de la función. —Sein, ¿De verdad ves algo aquí?

—¡No… no sé! Es que… ¡Juro que veía gente! ¡O siluetas…!- Sein comenzó a estresarse un poco, se notaba por cómo hablaba. Eso, y que estaba nerviosa.

—¿Será que nos multen por destruir esta localidad?- Zakko cuestionó al aire.

—No creo.- Oí a Shair responderle al instante.

—Voy a probar algo entonces.

Zakko usó un fuego bastante más moderado que el que normalmente usaba en los asientos. Eso es mérito por completo de nuestro entrenamiento, por cierto. No solo yo aprendí cosas.

El fuego iluminaba toda la sala. Por puro instinto, observé todo lo que pude.

Detrás de mí, sentí cómo Yaku usaba su magia elemental también. Cosa que hizo que reaccionase a la defensiva y me voltease lo más rápido que pude.

—¿Qué te pasó?- Yaku me cuestionó.

—Qué… ¿¡Qué hiciste!? ¡Me asustaste!- Me molesté.

Yaku se rio. Me extrañó un poco, no recuero que fuese tan común que se riera.

—Quise ver si se prendía la luz que está ahí.- Yaku señaló.

—Ah, y sí lo hizo, sí.- Sí lo había hecho, sí, ahí lo dije en voz alta y ahora lo asimilaba observándola.

Pese a la luz encendida, continuaba dando vibras demasiado… no sé, espeluznantes, tenebrosas… etcétera… (no se me ocurrieron más sinónimos).

—¡Sein!- Shair gritó otra vez.

—¿Qué?

—Creo que… ya sabemos qué veías…- Zakko comentó, haciendo espacio entre los asientos.

De pura curiosidad, quise ir a observar. Yaku también, por lo que no me preocupé por dejarla sola… ya que… me acompañaba, claro.

—Mejor ven, no pienso tocar esta cosa.- Zakko aclaró.

—Ah, claro.- Sein entendió que tenía que moverse. Ella se había quedado parada esperando a que Zakko o Shair levantasen la cosa que observaban.

Tanto Sein, como Yaku y yo, nos hicimos un espacio entre los asientos para alcanzar a divisar de qué hablaban.

—¿Es…

—… Sacqui?- Acabé la frase de Sein, de manera indirecta.

—Nos dijeron que habían clones, ¿No? O algo así. Había más versiones de Sacqui, que eran más débiles. Quizá esta es una que ya derrotaron, pues se ve… toda… así.- Shair intentaba sacar conclusiones.

Lo que observábamos ahora era el cuerpo de Sacqui, o al menos se le diferenciaba que era ella por lo poco que quedaba de su rostro, y más que nada por la ropa, que era muy distintiva.

Su cuerpo estaba casi cubierto por la capa demoníaca extraña esa de patrones blancos, negros y grises.

—Si no mal recuerdo… Izu me comentó que cuando se hallaban así es porque estaban heridos. Sobre todo estos demonios que imitan constantemente la forma humana. A la hora de verse sobrepasados, pierden su forma humana mostrando la demoníaca.- Hice mi aporte con la información que poseía extra.

—¿O sea que la mataron?- Shair interpeló.

—No diría que la mataron, pero… algo así.

—¿Está muerta esta, no?- Zakko se acercó un poco para comprobarlo, agachándose y tomándole el pulso.

Antes de que confirmase nada, sentí como el ambiente se puso caluroso.

Zakko incineró aún más el supuesto cuerpo de Sacqui.

—¿Viste algo?- Shair preguntó.

—Estaba viva…- Zakko aseguró, respirando entrecortado, como si se le hubiese ido el aire recién.

El veniz dejó de quemarla para apartarse y ver cómo quedó el cuerpo, hasta que notamos que se disipó.

—Se volvió… polvo.- Fui yo quien soltó la primera afirmación al observar a Sacqui.

—Sí, eso hizo.- Zakko confirmó mi confirmación anterior, sin quitarle el ojo de encima al polvo que quedó.

—¿Por qué habría un cuerpo de Sacqui aquí? Prácticamente… muerto.- Sein cuestionó.

—¿Será que alguien la enfrentó aquí? Eso explicaría el resto de asientos destruidos.- Shair sacó conclusiones, señalando en la dirección en la que habían una banda de sillas rotas.

No eran pocas, sin embargo, estaban más escondidas en la esquina de la sala.

—Oigan, creo que veo mejor.- Sein comentó, usando su magia de visión. La cual brillaba en la oscuridad, era muy bonito de ver.

—¿El cuerpo será la razón por la que no funcionaba la magia?- Puse en duda.

—Tendría sentido. Ahora que Zakko lo incineró, soy capaz de ver con normalidad.

—¿Eso quiere decir que tenemos una forma de encontrar a Sacqui? O… a cuerpos muertos de ella…- Shair interpeló con escalofríos al decir eso último. Normal, pensarlo a mí también me daba ciertos escalofríos.

—Podría funcionar así, no veo porqué no.- A mí me hacía sentido el comentario de Shair. —Pero… nuestra misión no era buscar a Sacqui. Era salvar gente.

—¡Ah, es cierto! ¡Sein!, ahora que ves, ¿Detectas gente?- Shair recordó lo que vinimos a hacer en primer lugar. La miré con cara de póquer para que supiera lo que pensaba al respecto, sin embargo, ella no se dio cuenta de que la miraba.

—Eh… sí. Pero no hay nadie tampoco… al menos por aquí. No soy capaz de ver del otro lado del teatro. Tenemos que salir primero.- Sein sonaba más calmada que antes.

—Bien…- Shair no dijo nada durante unos cuantos segundos. O sea, se quedó literalmente quieta viendo al piso.

Chasqueé los dedos pa’ que reaccione.

—¿Quiénes son ustedes?- Shair nos interrogó, con una cara extrañada.

—No da risa, Shair.- Quise que lo supiera, más que nada porque no era momento de tirar chascarrillos.

—¿Cómo sabes mi nombre?- Shair actuaba raro.

—¿Qué?

Su cara me confundió lo suficiente como para tomarme en serio lo que preguntaba. Sus ojos se tornaban un tanto más blancos, y su cabello… también.

Yaku se acercó apenas lo notó, colocando sus manos en los hombros de Shair. Al mismo tiempo, Sein se acercaba a mí para ver mejor, ya que yo estaba delante de ambas.

Desconocía qué carajos pretendía Yaku… al menos, antes de que le metiera tremenda cachetada.

—¿¡Pero por qué!?- Sein reaccionó alarmándose.

Sin embargo, a Shair se le devolvió el color de… todo. Ojos, piel, pelo… todo.

—¿Q-Qué pasó?- Shair parecía volver a hablar con normalidad también.

—¿Funcionó?- Yaku habló en voz baja, con tono de duda.

—¿Funcionar qué?

—No funcionó.- Yaku estuvo a nada de pegarle otra cachetada.

—Sí funcionó.- Afirmé, deteniéndole el brazo. No hacía falta más violencia.

—Oigan… creo que eso no era polvo…- Zakko murmuró, siguiendo con la mirada a algo salir por la puerta.

Zakko fue el primero en dirigirse a las escaleras para salir, y todos le seguimos. Todos menos Shair, que se tomó su tiempo.

—¿Shair, estás… bien?- Zakko se mostró preocupado por ella.

—Sí.- Shair asintió de una manera muy sospechosa. Yo sospecharía, de hecho, sospechaba. —¡Sí! ¡Sigamos!- Tras sacudir la cabeza, recuperó hasta su energía. Viniendo así con nosotros por fin.

Íbamos subiendo los escalones hasta la salida, para observar cómo Yaku se nos adelantó. Estaba de espaldas, observando fijo la luz que había encendido con anterioridad. La cual ahora se encontraba rota.

—Kairo.- Yaku me nombró.

—¿Qué?

—¿Esa era la luz que encendí?

—Sí, la rompió el diablo, seguramente.

—¿”El diablo”?- Sein reiteró mi frase.

—El demonio. Como prefieras llamarle.

—No le digas el diablo.

—¿Por qué?

—Solo no le digas así.

—¿No puedes decirme porqué?

—Podría decírtelo pero no en esta situación, no quiero.

—Bueno, yo qué sé, está bien. Perdón.

En lo que los dos discutíamos por una estupidez, Shair, Zakko y Yaku caminaban hacia más adentro del pasillo, muy lento, para no distanciarse tanto de nosotros, pero caminaban aún así.

Hasta Shair iba de espaldas, observándonos fijo.

—Camina.- Le indiqué a Sein, dando el ejemplo, yendo con el resto.

—Voy.

Una vez los alcanzamos, Shair volvió a indicarle a Sein que divisara lo máximo que podía las salas una por una. Si distinguía a una persona, nos detendríamos a rescatarla.

Fuimos puerta por puerta, sin rastros de nada. Algunas luces titilaban, pero en su mayoría o cumplían su función, o no, claro. También las había que estaban rotas, sin salvación.

—¿Alcanzas a ver hacia abajo de la gran sala?- Shair consultó a Sein cuando llegamos a la… gran sala. No sé si es su nombre o nomás le pintó llamarla así, sin embargo, yo no sabía su nombre por lo que voy a llamarle de esa manera.

Misma sala a la cual entramos para ir a ver el concierto de Ler. No sé ni cómo me acuerdo su nombre. Quizás porque es muy similar a “Leer”.

—No…- Por más que es esforzó, Sein negó.

—¿Eso es un no de que no puedes ver, o es un no de que no ves a nadie?- Interpelé yo ya que no me aguantaba las ganas de volver a conversar con mis queridísimos compañeros.

—No veo nada.

Creo que todos concordamos en que eso no respondía nada. Hasta yo sentí las miradas recaer en ella y eso que yo no era ella si no que yo soy yo.

—Habría que bajar a ver. No alcanzó a ver bien desde aquí.- Sein añadió para que entendiésemos.

—Si ese es el caso… mejor veamos el otro pasillo, se siente menos peligroso.- Shair propuso.

O bueno, era más una orden, ya que apenas expresó su idea se encaminó al pasillo indicado. A veces Shair asume que le haríamos caso cuanto antes todas las veces que actúa así. Aunque es la líder y en verdad sí necesitamos a alguien que tome decisiones en este caso, supongo.

Pese a eso, sigo pensando que en algún momento podría fallar la comunicación por ese motivo. Espero que no sea pronto, eso sí.

—Repito. Avisa si ves algo.- Shair le indicó a Sein.

—Lo haré.

—Oye, Sein. ¿Qué tanto te molestaría usar tu magia sin las gafas?- Zakko le interpeló.

—¿Qué? ¿Por qué… preguntas?

—Responde primero.

—Pues… supongo que no me molestaría, a pesar de que sí que es más… no sé, fácil quizás. ¿Por qué?

—Por si te interesaba que te ayudase. Estuve intentando… usar tu magia, pero es más difícil de lo que creí. Tal vez si puedo usar tus gafas… me facilite ayudarte de alguna manera.

Sein lo observó callada unos cuantos pasos.

—¿Dudas de mí?- Sein se ofendió con la consulta de Zakko. Típico.

—¿Qué? No. Solo quería ayudarte.

—… Está bien. Ten.- Sein se quitó las gafas.

Quitarse las gafas con la banda elástica esa que tenía detrás para que no se le cayesen en movimiento se veía un tanto difícil. O… más que difícil, me daba paja solo verlo.

—¿Te sirven?- Sein le preguntó a Zakko para confirmar.

—Sí… sí. Puedo usar tu magia bien… eso creo.

—No sé si me gusta que puedas.- Sein murmuró para ella, volteándose. Fue con un tono cómico aunque puedo entender ese pensamiento.

Entre tanto ellos conversaban, oía también a Shair murmurar con Yaku. Era yo nomás quien no tenía una conversación activa.

También he de admitir que ando medio paranoico. De vez en cuando me volteaba no vaya a ser que alguien nos siguiese por detrás.

—¿No hay nada, no?- Shair voceó desde adelante.

Creo que se lograba ver ya la salida, por lo que Shair y Yaku se detuvieron.

—Nop.- Sein negó.

Toda la parte de vidrio de la salida reflejaba el atardecer. Que aunque era muy bonito, me asustaba. Busqué mi reloj en mis bolsillos y revisé la hora.

—¿Está atardeciendo más temprano?- Cuestioné en general.

—¿Por qué? ¿Qué hora es?- Shair interrogó mi observación.

—Son las… seis. Bueno, las cinco cuarenta y siete, pero… las seis.- Redondeé.

—Oh… qué raro. Aunque… bueno, suele atardecer más o menos a esta hora de todas formas. Y luego como en una hora o tantito más ya anochece.

—¿Iremos a revisar las partes de atrás o… nos vamos ya de aquí?- Sein consultó.

—Sí, vamos a ver. No se nos puede quedar ni una sola persona, hay que revisarlo todo.- Shair lucía mucho más segura que antes. Entendible, hasta yo me hallaba más calmado.

Todos como grupo caminamos de vuelta hacia adentro de los pasillos.

«Es un poco raro en verdad… el que no haya sucedido nada. Solo pasó lo del cuerpo de Sacqui… y… ver a Yaku sin rostro y Shair… volviéndose… pálida».- Me llevé la mano a la boca para reflexionar acerca de lo que sucedió. No era nada normal, no. Pero por alguna razón permanecía tranquilo.

«Aunque haya sucedido eso… de momento no nos ha salido ni un demonio que nos vaya a asesinar o algo así. En las afueras del teatro tampoco se veía nada. Solo veo cosas raras, de momento…».- Aclaraba a mi cerebro para que se mantuviese calmado. Todo era mental. «Cosas raras como… esa pared»

Ya habíamos llegado hasta el fondo del pasillo, lugar en donde se encontraba la gran sala esa, en donde fuimos al concierto barra acto. Las tres minas y el otro pibe creo que ya estaban bajando, no estaba seguro.

Me hallaba inseguro al respecto de la forma que tenía la pared en medio de los dos reposadores estos. Por algún motivo, se me hacía que debería haber algo ahí.

—Kairo, ¿Qué haces?- Zakko se me acercó por detrás. Me cagué de miedo. —Perdón.- Se disculpó tras percibir mi miedo mortal expresado por un grito horrible de mi parte.

—La concha de tu madre.- Y una puteada, más que merecida.

—Nos dijeron que no nos separemos.

—Es que… ¿No ves algo raro tu?- Señalé hacia delante.

—… Ahí estaba… ¿El restaurante no?

—¡Sí! ¡Es eso! Pero… está…- Cuando Zakko me recordó lo que había ahí, quise tocar para comprobar si la pared era real o algo así, no obstante, me detuve tras oír una voz.

—¡Chicos! ¿¡Están allá arriba!? ¡Bajen, me da miedo no verlos!- Shair exclamó.

Hubo silencio un momento, en el que Zakko y yo nos miramos a ver si a alguno le interesaba decir qué hacer.

—¡Ah, no, esperen! ¡No hace falta! ¡Vamos nosotras, Sein dijo que no hay nada!

Para cuando Shair aclaró eso, ya nos había distraído una banda. Decidí apoyar mi brazo en la pared esta rara sin mirar, aprovechando que me hallaba distraído y no tenía el miedo de antes.

Me caí de cabeza.

—¿… Estás bien?- Zakko reaccionó agachándose y dándome la mano para levantarme. Pese a su amable gesto, no pude evitar pensar en que me di cuenta de que casi se ríe en mi cara apenas me caí.

—Sí, sí…- Igual recibí su ayuda sin rencores. Si él se caía, también me hubiese reído al menos por dentro. —Pero… ¿A dónde se fue esa cosa?

—A saber.

—¡Oigan! ¿¡Por qué no bajaron!? Me hubiera asustado si en nuestro grupo no hubiese una chica que viese a través de las paredes.- Shair nos reprendió cuando subió junto a las otras.

—Es que había una pared invisible.- Aseguré. Ocasionando un silencio creado a propósito para hacerme sentir estúpido.

—Es verdad.- Zakko, como buen amigo, me apoyó. —Aunque no era invisible, de hecho era visible. Era más bien como…

—Una ilusión.- Saqué la palabra que él buscaba.

—Sí algo así.

—¿En dónde?- Sein preguntó.

—Aquí. En la parte del restaurante.- Indiqué.

—… ¡Ey, es verdad! ¡El restaurante dentro del teatro! ¡Quizá hay alguien allí!- Shair cayó en consideración.

De inmediato se encaminó a abrir la puerta. Pero por más que lo intentó, no se abría.

—Está atorada.- Dijo, por si no nos habíamos dado cuenta, claro. Alguno estará despistado.

—¿Y cómo la abrimos? ¿La rompemos y ya?- Interrogué.

—Sí. ¿Quién quiere romperla?

—Yo.- En verdad, sí me esperaba que Yaku fuese quien se ofreciese a romperla.

Posterior a ofrecerse, Yaku se colocó delante de la puerta y respiró profundo. Se concentró y empezó a emanar magia en su puño, así creando pequeños chispazos.

Retrocedimos unos cuantos pasos para darle espacio en sincronía, más o menos. Shair un poco más tarde.

—Creí que te molestarías cuando te llamó “una chica”. A mí me hiciste un espectáculo.- Murmuré a Sein, entre lo que Yaku rompía la puerta.

—No es lo mismo.

—Claro que es lo mismo. No te dijo ni por tu nombre.

—No es lo mismo “una chica” que “una tipa”

—¿Cómo no va a ser lo mismo?- Elevé la voz porque estaba siendo brutalmente mentido.

—¡No se siente igual!

—No es lo mismo porque es más bonito oír chica que tipa. Incluso para decir un halago suena mejor.- Shair se metió ya que al parecer oyó nuestra conversación. —Mira. Sein, eres una chica bonita.

Vi de reojo cómo Sein se sonrojó.

—¿Ves?- Shair confirmó lo que sea que haya confirmado, me daba igual. Me rendí. No discutía más con una de estas, y menos con las dos al mismo tiempo.

Yaku se animó a meterle el puñetazo a la puta puerta de una vez por todas, y en efecto, la destruyó lo suficiente como para pasar.

—Igual, ¿Por qué abrimos la puerta y no mejor usábamos la magia de Sein para ver si había alguien adentro en primer lugar?- Cuestioné nuestros procedimientos.

—Porque no funciona.- Zakko contestó, oyéndose más serio de lo normal.

—¿Qué? ¿En serio?- Ni Sein sabía, por cómo preguntaba

—¿Eso quiere decir…?- Dudé.

—Pasen rápido.- Yaku nos apuró, tirando a la mierda la puerta que había roto, para luego sobarse el puño.

Aún habiendo estado varias veces en el teatro… al menos unas dos veces, nunca habíamos visto esta parte desde dentro. El restaurante este. Era… enorme, y también tenía una parte de teatro, ya que había un escenario al fondo a la izquierda. Tenía unas escaleras ahí mismo para subir, y un micrófono adelante de este.

Como si fuese perfecto para no sé, un stand up entre tanto la gente rica come platos de cuarenta monedas de oro por gramo de arroz o algo así. Tenía toda la pinta de un lugar así, aunque por la derecha había un lugar para bailar.

Ni idea de cómo funcionaba, estaba todo apagado, casi. Exceptuando unas luces de velas encendidas en algunas mesas.

También habían alfombras azules con patrones dorados muy bonitos, y una puerta más adelante, imagino que es donde se preparaba todo, en algún lado tendrían que cocinar o esas boludeces.

—Guau… ¡Qué increíble!- Shair lucía emocionada. —¡Se ve como un lugar para ri-

Shair se calló de manera automática apenas oímos un ruido, como si algo chocara con una mesa o algo de madera, además de un leve jadeo.

Mi corazón latía levemente más rápido. Y mi ansiedad aumentaba también. No me daba muy buena espina este lugar.

—¿De verdad no ves nada, Sein? O… ¿Zakko?- Shair bajó el volumen de su voz.

—Ni siquiera veo dónde podría estar el cuerpo de Sacqui. Si es que hay uno, claro. Imagino que sí por lo que dedujimos antes.- Sein fue quien contestó, caminando un poco hacia los costados para ver si algo cambiaba.

—Qué raro…

—¿Habrá gente aquí? No creo. Aunque la puerta estaba trabada, quizás alguien se escondió y la trabó…- Yo también me animé a buscar a alguien con la mirada.

Yaku por su parte se había encaminado a la parte de las mesas. Imagino que le dio curiosidad el ruido y ella también pensaba que se asemejaba al del choque con una tabla de madera o similar.

—Bueno, eso es más o menos fácil.- Shair comentó. —¿¡Aló!? ¡Somos Dearu! ¡Un grupo de aventureros! ¡Si hay alguien escondido es el momento perfecto para escapar de aquí, los llevaremos con la guardia civil!

…

No entendí el punto de que hablase bajo antes si ahora se iba a poner a gritar. Tampoco es que me pareciera mal, pero… una cosa no quita la otra.

De igual manera, nadie contestó.

—¡Nos vamos a ir y se perderán la oportunidad de ser salvados!- Shair seguía gritando para ver si alguien contestaba.

Como nada sucedía, me encaminé hacia donde yo creía que se originó el único ruido que nos podía dar una pista. Sin embargo, me di cuenta de que eran demasiadas mesas como para molestarme en revisar por debajo de una en una.

—¿Dijeron que no importa si rompíamos la localidad, verdad?- Cuestioné, porque tenía un plan.

—Ya es muy tarde para preocuparnos por eso…- Sein supuso.

—Yaku, Zakko. ¿Pueden alejarse un poco? Voy a…- Paré de hablar cuando percibí otro jadeo, y como si alguien gateara en el piso.

—¿Oyeron eso?- Shair interpeló.

—¿Vas a…?- Zakko insistió en que terminase mi frase.

—A explotar toda esta área.- Mentí, para comprobar algo.

Si se trataba de una persona, quizás se asustaba y salía. Si no lo era, pues me cagaría de miedo o algo así.

Al cabo de unos segundos, guardamos silencio todos menos Shair que estaba del otro lado pateando estupideces de metal que sonaban como el sonido muy chistoso del tubo de metal que vino a mi cabeza apenas quise hacer la comparación.

Una respiración entrecortada se oía proveniente de una esquina de la zona de las mesas. Cerca del escenario.

Por la reacción, podía asumir que no se trataba de un demonio o algo así, ya que parecía estar más asustado que otra cosa.

—Oye. Quién sea que esté ahí, puede salir. No te preocupes, te rescataremos.

Intenté actuar calmado pese a los nervios que tenía encima. Hablar con serenidad era necesario para atraer a la gente asustada y lograr tranquilizarlas.

Caminé muy lento hacia quien se estuviese ocultando, junto a Zakko y Yaku que caminaban a la misma dirección pero de distintos lugares.

Moví con cuidado el mantel que cubría la mesa, y vi unas piernas. Unas piernas más pequeñas de lo normal, como si se tratase de un niño.

—¿Hola?- Por más que pretendía hablar tranquilo, mi voz tampoco se prestaba para eso.

Vi la cara de la niña luego de quitar el mantel por completo. Tenía sus ojos llorosos, estaba mordiendo su ropa, y casi ahogándose por la forma en la que se hiperventilaba.

—¿Viste algo?- Zakko preguntó, a la vez que se agachó para verla también. —¿Una… niña?

La niña se puso a llorar aún más horrible cuando nos vio encontrarla.

Quiso escapar, pero se tropezó con el mantel que yo había dejado mal puesto. Chillaba palabras inentendibles. No se veía del todo pequeña, pero se notaba que seguía siendo una niña.

—¡Mamá!- Entendí cómo lloraba por su madre.

De reojo vi a Shair y Sein a lo lejos, claramente observando el escenario. Shair se acercó lo más rápido que pudo.

Era una pibita veniz. O al menos tenía el cabello del mismo color que Zakko, hasta el mismo tono. Sus ojos también eran del mismo tono.

—Ey.- Shair se aproximó a la niña, que yacía tumbada en el piso llorando. —Tranquila. No te haremos daño. Te lo prometo.

Aunque Shair sí luciera mucho más confiable y tuviera una voz más dulce para tratar a una niña en este caso, esta permanecía chillando.

Shair se acercó con cuidado y quiso acariciarle el cabello. La niña tenía la cabeza cabizbaja por lo que solo sintió las caricias.

—Por favor, confía en nosotros. Queremos ayudarte.- Shair le murmuraba entre tanto le acariciaba el cabello.

Vi cómo Yaku se alejaba un poco, imagino que prefería estar vigilando el alrededor a solo quedarse viendo cómo Shair hace todo.

Yo pude haber hecho lo mismo o algo similar, sin embargo, me sentía mal por la niña. Me preocupó lo suficiente como para querer ver que se tranquilizase.

Niña que poco a poco dejaba de chillar. Seguía llorando, pero más bajo. Seguía respirando mal, solo que intentaba recuperar la respiración. Seguía balbuceando, no obstante, ya no intentaba escapar de nosotros.

Ella intentó comunicarse, aunque la falta de aire no se lo permitía. Incluso se ahogó un poco.

—Estás a salvo con nosotros.- Shair mantenía ese tono sereno que se necesitaba en estas situaciones.

—M-Mi mamá… mi… m-mi p-papá…- La niña nombró a sus padres, y apenas lo hizo, arrancó a chillar fuerte, de nuevo.

—¿Qué pasó con ellos? ¿Se encuentran aquí?- Shair interrogaba a la niña como podía. La tenía en su pecho, llorando. Consiguió que la niña le abrazara.

—¡Mamá!- La niña se mostraba un tanto desesperada, gritando fuerte por su mamá.

—Oigan. Hay algo en la cocina.- Sein comentó, a la vez que se escuchó algo caer desde dentro.

Cuando se oyó, percibí a la vez cómo la niña abrazó más fuerte a Shair.

—¿Puedes ver qué es?- Shair le preguntó a Sein, sonando nerviosa.

Se oyeron los sollozos de la niña, como si el pensar en lo que había en la cocina la asustara.

—No puedo usar mi magia. ¿Quieres que… intente abrir?- Sein no quería abrir ni en pedo, era cosa de observarla el darse cuenta de ello.

—No. Mejor no, no nos arriesguemos.

—Está…- La niña quería decir algo entre sollozos. —M-Mi mamá ahí.

—¿Qué?- Shair reaccionó con sorpresa. —¡Entonces abre!- Por esa información, fue que Shair ordenó que la abrieran de inmediato.

Yaku y Sein caminaron juntas para abrir, en lo que Shair, Zakko y yo estábamos con la niña asustada.

—Está cerrada… también.- Sein murmuró, pero por el nulo ruido del lugar se escuchaba desde lejos aún.

—La romperé, apártate.- Yaku afirmó.

Razón por la que Sein tomó distancias. Yaku se preparó, y derrumbó la puerta sin muchos problemas.

Algo dentro de mí me decía que no era buena idea, sin embargo, no me animé a comentarlo por el hecho de que solo era una corazonada.

Ver a la niña tan asustada me daba sospechas. Si su mamá se hallaba dentro, al menos yo, estaría desesperada por que la abriesen, y estaría feliz de que lo hicieran.

Me encaminé hacia la puerta, por si se daba el caso de que hubiese algo detrás de ella… que no fuese la mamá de esta niña.

No obstante, no tardé nada en descubrir qué había detrás. Yaku encendió las luces y tanto Sein como ella se quedaron quietas. Me acerqué yo, y la vi.

Era un demonio. No tenía rostro, y el cabello lo tenía albino, pero la mayoría del resto del cuerpo era con los mismos patrones de tres colores identificativos.

—¡Hay que sacar a la niña!- Exclamé apenas la vi, para que Shair nos oyese e hiciese algo.

—¿¡Qué pasó!?- Shair se alarmó sin saber bien el porqué, hasta que divisó al demonio saliendo de la puerta, junto a nosotros.

Tuve el reflejo de impulsarme bien a la mierda apenas la vi, para escapar. Me llevé conmigo a Sein sin querer, aunque bueno, la mandé lejos del demonio, tampoco se puede quejar tanto.

Los dos caímos en el piso, pero nos dio tiempo para levantarnos y posicionarnos en caso de que tuviésemos que pelear.

—¡Mamá!- La niña gritó por su mamá, cuando la vio. Creo que era lo suficientemente inteligente para darse cuenta de que eso no era su mamá ya. Y aún así, ella la llamaba.

—¡Z-Zakko!- Shair más que sorprendida voceó su nombre, y vi por el rabillo del ojo cómo Zakko entendió que pidió ejecutar el protocolo de escape.

Zakko se tragó a Shair y a la niña con su forma limo, y vino con nosotros.

—¿¡Y ahora qué!?- Sein interpeló, a nada de salir corriendo.

El demonio caminaba lento, como si no viniese a atacarnos como su único objetivo.

—¡Corre!- Exclamé.

Todos salimos corriendo del teatro. No me atreví ni un segundo a mirar hacia atrás, aunque podría asegurar de que no se esforzó en seguirnos aquel demonio.

—¿Qué hacemos ahora?- Cuestioné, una vez estábamos todos afuera.

Zakko expulsó de… dentro suyo… a Shair y a la chica.

—¿Dónde estamos?- Fue la primera reacción de Shair, a la vez que se tocaba el cuerpo para saber si estaba completa.

—Afuera del teatro. ¿Vamos con los guardias, no?- Zakko interpeló a Shair.

—S-Sí. Vamos.- Shair se levantaba, pero la niña no.

—M-Mi mamá…- Sollozaba.

Ninguno de nosotros habló, imaginé que a todos nos dio pesar.

—Eso ya no es tu mamá.- Yaku quiso hacerle entender a las malas.

—¡Ten más tacto!- Sein se quejó, con justa razón.

—¡Si no se dice así no lo va a entender y va a querer ir con ell-

Desde dentro del teatro, se aproximó una brisa. Al inicio parecía inofensiva, hasta que de un momento al otro, se avistó como viento cortante. Le dio a Zakko de lleno, y a Yaku un poco, dejándole un corte en la mejilla.

—¡Ah…!- Yaku expresó su dolor, cayendo en el piso.

—¡Yaku!- Shair se acercó a ella, sin demorarse nada en usar su magia curativa.

—¿Zakko, estás bien?- Interrogué, ya que vi cómo le afectó también a él.

Su expresión me respondió bastante rápido. Se estaba medio derritiendo, pero miraba como si nada, hasta confundido por cómo reaccioné.

La forma del demonio se avistaba cada vez más cerca, hasta dejar de ser una simple silueta. No se le veía cara, o no, hasta que el aura ese demoníaca le cubrió la cara, dejando ver ojos raros, como círculos blancos simulándolos.

«¿Está viendo… a la niña?».- Me cuestioné al guiarme por esos supuestos ojos. Eso fue lo que más me llamó la atención, antes de darme cuenta de que desde atrás suyo, sacaba un abanico. «Tiene un abanico…»

—Quiere pelear.- Yaku afirmó, queriendo pelear también.

—Pero…- Shair no estaba segura.

—¿Y si derrotándola conseguimos que vuelva a la normalidad? Creo que… contigo pasó algo similar antes. Y te abofeteé para que reaccionaras.

—¿Qué cosa hiciste?

—Nada.

—¿Siquiera vamos a poder derrotarla?- Sein cuestionó.

—Somos cinco.- Yaku le respondió de manera rotunda.

—… Eso no me responde.

El demonio abrió el abanico, y en la parte de la tela… separado por cada varilla, se avistaban siluetas extrañas.

Siluetas las cuales no me dio tiempo a analizar, ya que elevó su abanico, pretendiendo reiterar el viento cortante. Todos lo detectamos y lo esquivamos como pudimos, aunque Shair al tener que mover a la niña se hirió un poco en su brazo derecho.

—Estoy bien.- Shair aseguró antes de que nadie se preocupase, llevándose la mano a su brazo para curarse a sí misma.

La niña se hallaba casi traumatizada.

Nosotros nos dividimos, ya que a Yaku, Zakko y Sein se les facilitó más moverse hacia la derecha. A Shair y a mí hacia la izquierda.

Aunque eso me dio a entender que realmente se fija en la niña, pues la siguió con la mirada entre tanto esquivábamos.

—Me da cosa… pensar en golpearle, si es su mamá.- Shair murmuró conmigo.

No obstante, al demonio no le daba pena atacarnos. Corrió hacia nosotros, no supe identificar a quien quería atacar, solo vi que se dirigía a nosotros y usé mi magia para alejarla.

Conseguí mandarla a una distancia moderada, y los otros se pusieron por delante de Shair y la niña.

—¿Intentamos que Zakko la absorba también?- Yaku interrogó.

—No.- Shair negó desde el fondo.

—La última vez no pudimos hacerle mucho más daño, hasta que Zakko consiguió detenerla de esa manera.- Yaku insistía, o más bien… se justificaba a sí misma el pensar eso.

—Debe de haber otro modo…- Sein buscaba… otro modo, obvio. —… ¿Está quieta?

El demonio se quedó quieto, frente a nosotros. Y en cuestión de un abrir y cerrar de ojos, desapareció.

🍄

—¡Yaku!- Shair voceó su nombre, al ver al demonio detrás de ella, a punto de impactarle con el abanico.

Sein reaccionó rápido y apenas la visualizó bien, activó su magia para paralizarla. Lo que le dio el tiempo suficiente a Kairo para impulsarse y darle un golpe fuerte y rápido al demonio, alejándolo bastante.

Ambos, Kairo y el demonio, cayeron al suelo. El demonio se levantó mucho más rápido, pero no le bastaría al estar sola.

Yaku se encaminó a por el demonio apenas la vio caer, con el puño cargado y emanando chispas.

Impactando puñetazos seguidos y precisos, Yaku evitaba que el maná del demonio fluyese correctamente. Así impidiéndole usar magia con su abanico.

Kairo fue con Yaku, y entre los dos, mantenían un combate físico con el demonio, que pese a estar en desventaja, se defendía cuerpo a cuerpo. Sein aportaba a la distancia paralizándola levemente, y Zakko disparaba bolas de fuego condensadas, para no dañar tanto el entorno.

«¿Esa cosa es su mamá?».- Shair se preguntó, con la niña al lado de ella. «¿Pero cómo acabó… así?»

Shair observaba cómo sus compañeros combatían al demonio. Pese a que quería ir a ayudar, la pequeña veniz sujetaba de ella fuerte a cada intento de irse.

Kairo y Yaku aún con dificultades, poco a poco se iban entendiendo más a la hora de intercambiar. Solo por instinto, se adaptaban al modo de combatir de cada uno para no dejar que el demonio respirase.

La llevaron tan al límite, que acabó destruyendo un par de entradas de locales por ser disparada hacia ellas. Así, intercambiando golpes en medio de la calle.

Estuvieron un tiempo, hasta que Kairo y Yaku no se entendieron y chocaron entre sí. Permitiendo que el demonio retrocediera lo suficiente adentrándose así en un callejón. Sein no lograba paralizarla del todo, ya que siempre algo entraba en contacto con ella, por la forma de su vestido.

El demonio usó su abanico para refrescarse. Lo estaba usando como un abanico común y corriente, o eso parecía. Resultó ser el método que tenía para disparar viento cortante.

—¡Perdón!- Kairo pidió disculpas, levantándose junto a Yaku.

—No importa.- Yaku perdonó a Kairo. —¿Dónde se fue?

«Siento… una brisa, de nuevo…».- Kairo se percató de inmediato, recayendo su vista en el callejón. El demonio usaría la misma magia del viento cortante que antes.

—¡Muévete!- Kairo voceó a Yaku, no obstante, usó su magia elemental de todas formas para alejarla.

Kairo recayó cerca de Shair y la niña veniz, y Yaku cerca de Sein y Zakko. El viento acabó impactando en locales, rompiendo las entradas levemente.

El demonio reiteró el movimiento con su abanico, solo que apuntando hacia Kairo. Esta vez lo efectuó aún más rápido, dándole apenas tiempo para reaccionar.

—¡Shair!- Kairo exclamó, intentando empujarla a ella y a la veniz con su magia.

Por la rapidez con la que se dirigió el viento hacia ellos, Kairo solo alcanzó a distanciar a su compañera y a la niña, no a él.

Impactándole en la mayor parte del brazo derecho, se lo rajó múltiples veces. Kairo emitió un grito de dolor, cayendo al piso.

El dolor resultó ser tan grave que provocó que Kairo perdiese la capacidad de enfocar la visión, y de respirar de manera correcta.

Shair fue cuanto antes con Kairo, intentando curarlo como sea, aunque sin muchos éxitos. La gravedad de las heridas eran superiores a lo que Shair podía manejar con su magia de curación.

Kairo yacía desesperado en el piso. Sus sentidos no funcionaban del todo, los iba perdiendo poco a poco, solo se oía a sí mismo respirar.

A la vez, Sein detuvo al demonio antes de que este hiciera nada, ya que le atrapó quedándose quieto unos segundos. Yaku reaccionó a la magia de Sein y fue de inmediato a golpear al demonio aprovechándola.

No obstante, todos percibieron una llamarada concentrada en un rayo de fuego que iba directo al demonio. Yaku fue ágil y lo esquivó, dejando que el rayo de fuego diese de lleno en el demonio.

—¡Zakko, podrías avisar!- Yaku se quejó, buscando a Zakko con la mirada.

Tardó en darse cuenta de que Zakko junto a Shair, estaban ayudando a Kairo. Por lo que no pudo haber sido él.

Por delante de ella, pasó un tipo con una capa grande detrás, yendo directo a por el demonio, queriendo exterminarlo.

Brindándole un par de puñetazos, acabó agarrándolo del cuello y emanando magia elemental de fuego, queriendo asesinarla.

—¡Mamá!- La infante se había separado de Shair, yendo de manera impulsiva a intentar detener que dañasen a quien llamaba su madre.

Sein por instinto, usó su magia en el hombre de capa, para detenerlo antes de que acabase con la vida del demonio. Yaku con ello, lo fue a separar.

—¿¡Qué mierda hacen!?- El tipo cuestionó cuando impidieron que asesinara al demonio.

«Esa voz…».- Sein reconoció la forma de hablar del tipo, mas no sabía bien de dónde.

—¡Es una persona!- Yaku intentó hacerle entender de alguna manera el porqué no querían que la matara. —¡Déjanos a nosotros encargarnos!

—¡Deryen!- Zakko también reconoció a aquel tipo.

—¿Deryen?- Sein murmuró para sí, al percatarse de que se trataba del veniz de la otra vez.

—… Apártate o te apartaré.- Deryen vio a los dos que lo nombraron, pero los ignoró. Amenazando a Yaku, quien se hallaba frente a él, defendiendo al demonio.

Yaku no se dejaba intimidar, frunciendo el ceño para dar a entender que no se apartaría. Sin embargo, el demonio recuperaba fuerzas detrás de ella.

—¡Dije que te muev-

Deryen iba a apartar a la fuerza a Yaku, hasta que esta lo apartó antes a él. Dándole un golpe en la cara, impidiendo que este le pusiera un dedo más encima al demonio.

—¡Imbécil!- Exclamó Deryen, entendiendo que tendría que ser a la fuerza.

Tras el primer golpe, Yaku se sintió un tanto insegura. No quería haberlo golpeado, sin embargo, tampoco quería que él se encargase del demonio. Pero por esa duda, abrió una apertura, y Deryen la aprovechó para quitársela de encima.

Le devolvió el mismo puñetazo, abriéndose paso para matar al demonio. Demonio el cual ya había conseguido recuperarse, consiguiendo realizar la misma magia de recién; viento cortante.

Deryen por el estado en el que se encontraba cubierto de slime, era inmune. Pero al impactarle en todo su cuerpo, algunos cortes verticales leves seguían afectándole, debido al poco tiempo de reacción que tuvo.

Expresando dolor ahogado, Deryen retrocedió, también empujado por el viento. Por la molestia, ya no pensaba ni en conservar el entorno. Usó su magia elemental, creando una llamarada con forma de puño considerablemente más grande que su cuerpo, para impactar en el demonio.

Por lo lento que era, logró esquivarle sin dificultades, hasta que Sein la detuvo.

Deryen estaba a nada de impactarle, hasta que la niña lo jaló de la ropa, desconcentrándole.

—¿Qué?- Se preguntó cuando sintió algo, hasta que vio qué era. —¡Quítate!- Le gritó, pateándola.

—¡Deja a mi mamá!- La veniz cayó, y entre tanto se levantaba, le exigía que no le hiciera daño a su madre.

Deryen recuperando la concentración, iba a enfocarse en el demonio, hasta que Sein y Zakko se pusieron entre medio.

—¿¡Qué mierda creen que hacen!?

—¡No la mates! ¡Es una persona!- Zakko pretendía hacerle entender.

—¿¡Qué estás diciendo!? ¿¡Crees que soy estúpido!? ¡Los demonios no son personas!- Deryen se negaba a escuchar nada de lo que le dijesen, caminando lento en dirección al demonio.

—¡Ya lo sé! Pero… esa niña está gritando que es su mamá. ¿¡Por qué no puedes pensar un momento!?

—No me importa qué haya sido esa cosa. Ahora es un demonio. ¿Ves cómo dejó a tu amigo y aún así quieres defenderlo?

Zakko observó de reojo a Kairo, aún tumbado y recibiendo la ayuda de Shair con su magia curativa para intentar recuperarse, o que el dolor disminuyera. Y a su vez, observaba a la niña, también tumbada, llorando por su madre.

—… No quiero matarle todavía.- Zakko contestó, sin moverse de en medio del camino. Inseguro de su respuesta, no sabía cómo actuar en esta situación. Solo dijo lo que pensó al momento.

—¿Entonces cuándo? ¿Esperarás a que mate a alguno de tus amigos para recién pensar en hacerlo?- Deryen se molestó en tratar de entrar en razón con él, sin embargo, ya lo tenía cara a cara. —Defender a un asesino te vuelve un cómplice. Haré la vista gorda con todos ustedes, si te mueves y me permites matar al demonio.

Zakko lo divisó unos segundos, hasta que estuvo a punto de desistir. Si no fuera por Sein, que lo sujetó del brazo antes de que él diese un paso al costado.

Deryen suspiró.

—¿Ustedes trabajan con la guardia civil, no? No les conviene que cuente esto.

—Ella está… recuperándose.- Sein aseguró.

—¿Qué?- Zakko se volteó, para observar al demonio, inconsciente.

El demonio perdía progresivamente la capa demoníaca que la cubría. La veniz, sigilosa, en el momento en el que logró adelantar a los tres que se hallaban frente al demonio, corrió para ir a ver a quien llamaba su madre.

Desde el fondo, Kairo ya lograba centrar la mirada, viendo a Shair.

—¿Kairo?- Esta lo nombró, al notar cómo sus ojos recuperaban el color.

Kairo aún sentía un calor inmenso en el brazo, además del ardor de las heridas. Se levantó la capa que usaba de abrigo, y se subió la manga, para observar su brazo herido.

La sangre chorreaba lentamente desde las heridas de su brazo. No eran profundas, pero seguía siendo impactante el ver su extremidad con múltiples cortes.

—Me… duele la cabeza.- Kairo murmuró entrecortado, obviando el dolor de su brazo, y poniéndose la ropa por encima para ocultarlo.

Pese a eso, quería levantarse e ir con los demás, haciéndolo de una manera torpe.

—¿Qué haces?- Shair lo cuestionó.

—Quiero ir a ayudar.

—¿Estás seguro?

—… Sí.- Kairo a duras penas podía contestar, caminando más que lento por el dolor que le provocaba el roce con la ropa. Sin embargo, tampoco quería dejar su brazo expuesto.

—No hace falta, Kairo…

—¿… Si me quedo aquí, irás tú?- Kairo se detuvo para preguntarle.

—No. Pero ell-

—Entonces vamos.

Shair lo vio avanzar decidido, pese a lo herido que se hallaba. Motivo por el cual tampoco quiso quedarse de manos cruzadas y decidió ir con él, a juntarse con el resto.

—¡Mamá!- La pequeña veniz gritaba por su madre, abrazándola en el piso.

Zakko y Sein la avistaban afligidos. Yaku también se encontraba con ellos, pero ella tenía la mirada perdida.

Tras ese demonio, sí que había una mujer adulta, que inconsciente, se dejaba ver tras perder la capa demoníaca que la consumió.

Kairo y Shair notaron que el veniz evolucionado se quedó detrás, observando la escena. También vieron a sus compañeros, que veían más de cerca.

—¿Qué pasó?- Shair interrogó al llegar con los demás, antes de percatarse de que la madre de la niña yacía inconsciente.

Lo único que se oían los gritos de la infante al ver que su familiar no despertaba.

Sein volteó a ver a Deryen, molesta. Sin embargo, notó que a él no le importaba. De hecho, al percibir que ya se había acabado, iba a retirarse encaminándose más adentro de la calle Bardelarte, hacia el este.

No pidió perdón, no dijo nada, solo se retiraba… hasta que se escuchó algo más que los sollozos de la cría.

Unas calles más al norte, salió una cantidad de magia disparada por los aíres, además de escucharse el destrozo hasta por aquí. Ninguno de los presentes pudo evitar reaccionar ante tal interrupción.

—Tsk.- Deryen chasqueó con la lengua, tras pensar que perdió tiempo con esta estupidez. No obstante, pronto se percató de que de algo serviría.

«¿Qué es esto…?».- Deryen se interrogó a sí mismo al ver en el piso un líquido extraño, con las mismas tonalidades que los demonios en su cuerpo real.

Deryen siguió con la mirada aquel líquido, entendiendo que iba directo al cuerpo de aquella mujer.

—Por favor… despierta…- La pequeña veniz sollozaba, agitándola levemente.

Shair se había acercado para comprobar que estuviese viva. Luego de confirmarlo, probó a intentar curarla con su magia.

No hallaban forma de que despertase, pero de un segundo al otro, su cuerpo se cubría de nuevo con el mismo patrón de colores blancos y oscuros.

Tomando forma de un demonio de nuevo, iba a quitarse de encima a Shair como fuese, y le rajó la cara por encima. De no ser porque Zakko la absorbió rápido, hubiese sido un corte aún peor.

A Zakko en forma de limo lo mandó a volar, mas no le afectaba por su transformación. Luego de conseguir alejarse, Zakko expulsó a Shair.

—¿¡Y la… niña!?- Shair interpeló entrecortada, apenas recuperó la consciencia. Preocupada más por la niña que por ella, aunque su rostro sangrara.

Kairo, Sein y Yaku también retrocedieron, no obstante, Kairo quiso tomar a la niña, olvidando que no podía utilizar su brazo a sus anchas. La agarró con la mano izquierda, desde el cuello de su ropa, y la arrastró lejos pese a la oposición de la infante.

La niña no paraba de llorar.

—¿¡Qué pasó?- Sein no entendió porqué de repente se transformó de nuevo. Aún así, detuvo al demonio con la mirada antes de que hiciera nada.

Dejando expuesto al demonio, desde una distancia moderada, se oyó cómo una magia rápida se aproximaba. Deryen, volvió a atacar al demonio, atravesándola con un rayo de fuego concentrado.

Posterior al primero, hubo un segundo, y un tercero, consecutivos. Garantizando que el demonio muriese sin que lograse

El demonio cayó, reflejando a Deryen siendo quien lo había asesinado.

La infante gritó cosas inentendibles, solo al verla caer. Se acercó todavía más, llorando por ella.

Dearu se acercó corriendo a verla, aunque era más que obvio que no había forma de cambiar nada.

—… ¡Deryen!- Zakko voceó su nombre, levantándose.

Deryen estaba a nada de irse a revisar qué había sido el ruido a la distancia, hasta que lo llamo el otro veniz, por lo que se tomó el tiempo de voltearse.

Zakko y Deryen solamente intercambiaron miradas. Zakko estaba molesto, teniendo detrás a la pequeña veniz chillando de una forma tan triste que lo consumía por dentro.

—¿Te sientes satisfecho?- Zakko lo cuestionó.

—¿Por qué habría de sentirme así? Estoy cumpliendo mi trabajo.

Hubo unos cuantos segundos de silencio, ya que Zakko no podía creer que no le afectase en nada.

—Mentiroso de mierda.

—Si quieren seguir trabajando con la guardia civil, van a tener que dejar de ser tan sentimentales. Tarde o temprano matarán gente. Lusiudá solo estará limpia si hay quienes se ensucian las manos, y se supone que esos tendrían que ser tanto ustedes como yo.- Pese al agravio, Deryen quería que ellos comprendieran su visión.

—¡Era su mamá!

—”Era”. Ya no lo es, ahora solo es un demonio.- Deryen se hartó del sentimentalismo. —Que por cierto, atacó a otra de tus amigas. A mí me daría vergüenza.

Zakko sin decir nada, dio pasos hacia Deryen, quien solo se extrañó, mas no se movió ni un pelo.

—¿Qué pretende-

Deryen se vio interrumpido por el intento de Zakko de golpearlo. Al cual devolvió sin mucha fuerza, empujándolo hacia atrás y ocasionando que caiga al piso.

Yaku se acercó a Zakko, parándose al lado de él, impidiendo que escalase a más.

—Esta imagen de ustedes es ridícula.

Deryen visualizó a todos desde la distancia. Algunos heridos, la infante veniz ahogándose por sufrir la muerte de su madre.

—Más les vale madurar, o la vida les va a pegar fuerte.

—¿Qué quieres decir con “madurar”? Solo luces como un asesino.- Sein cuestionó, aproximándose junto a Zakko y Yaku. —¿Matarías a tu madre si se vuelve un demonio? ¿Ni siquiera intentarías ver si se puede… no sé, hallar algún método para recuperarla?

—El sentimentalismo en un trabajo como este es una desventaja.

—¿Qué quieres decir con eso?

—Prefiero acabar con su vida antes de torturarla dejando que se vuelva un ser despreciable. No hay ni un demonio que no mataría.- Deryen se estaba cansando de hablar con ellos, por lo que se encaminó a la calle del norte, en donde se vieron esos destellos de magia sobresalir.

—… Ojalá que no te vuelvas uno.- Yaku murmuró, molesta.

—¿Debería tomarme eso como una amenaza?- Volvió a detenerse, y a ver hacia atrás por encima del hombro.

Yaku no volvió a contestar, pero le sostuvo la mirada.

Al ver cero intenciones de responder de parte de Yaku, Deryen suspiró, y se fue.

—Lo siento mucho.- Shair intentaba consolar a la chica.

Kairo se tumbó en el piso al ver que Deryen se iba.

—¡Kairo!- Shair reaccionó al oír cómo Kairo se caía al piso.

—¿Qué?- Kairo no entendió porqué se asustó tanto.

—Ah. ¡Me asustaste!- Shair se molestó.

—¿Y por qué me gritas como si fuera mi culpa? Solo me recosté.

—Oigan.- Zakko junto a las otras dos se acercaron a Shair y Kairo. —Entonces… ¿Qué hacemos con…?

Sin terminar la frase, dio a entender que consultaba por la pequeña veniz.

—Hay que dejarla con la guardia civil, quizás su padre esté buscándola. Aparte de eso… me intriga saber qué fue lo que sucedió unas calles más allá, pero primero…- Shair se intentó aproximar más a la niña. —Oye…

La cría no contestaba. Se cansó de llorar, no obstante, seguía sollozando.

—Llora todo lo que lo necesites. No nos iremos sin ti.- Shair le habló a la niña, consiguiendo la atención de esta. —Incluso si tú quieres… puedo abrazarte.

Posterior a ese ofrecimiento, la niña la abrazó. Acurrucándose en su pecho, parecía querer llorar, pese a que las lágrimas apenas le salían.

—Kairo…- Una vez se calmaron las cosas, Zakko quiso preguntarle algo a Kairo, sentándose al lado de él.

—¿Qué?

—¿Estás bien?

—… No.

—¿En serio?

—Me duele como la mierda. Estoy seguro de que en el momento en el que mi corazón se tranquilice voy a desmayarme o algo así.- Kairo quería relajar el ambiente, pero también decía la verdad.

Kairo mantenía su vista en el demonio. Pasaban muchas consultas por su cabeza.

«¿Un humano se puede transformar en demonio? ¿No… solo nacen y ya?».- Se cuestionó, no obstante, no tardó en ver de reojo a quien tenía al lado. «Bueno, claro… pero él es…».- Pese a querer justificarlo, no lo consiguió.

—Zakko.

—¿Qué?

—¿Ella… es una veniz, verdad?

—Eso parece.

—¿Se transformó en demonio y ya?

—… Sé lo mismo que tú.

—No, pero… quiero decir… ¿Tú no eres medio demonio? ¿Te pasó algo similar? ¿Por qué tú… sí eres una persona normal?

—Kairo.

—¿Qué?

—No quiero hablar de eso.- Zakko se vio afectado por las consultas, como si le trajesen malos pensamientos. —De todas formas, no sabría responderte.

—… Entiendo, perdón.

Kairo se limitó a observar a Shair, que tenía en sus brazos a la pequeña veniz. Cerca de ellas, el cuerpo del demonio.

—¿… Ves eso?- Kairo se percató de algo en el cuerpo del demonio. —Es ese líquido de nuevo… Y se va.

—Oye, el cuerpo… se está transformando en…- Zakko no acabó su frase por estar perplejo.

—Se parece a Sacqui… y se está… ¿Disipando? Qué raro.- Kairo comentó, mirando de reojo a Zakko, que lucía angustiado. —¿Te pasa algo?

—… Nada.- Por más que lo negó, se quedó pensativo, divisando sus palmas. —Kairo…

—¿Qué?

—¿No pasó lo mismo en el teatro?

—… Es verdad.

Hubo un silencio entre los dos.

—¿Maté a alguien?- Zakko interpeló.

—No. Ya estaba muerto. No te angusties pensando en eso, no heriste a nadie, el cuerpo de Sacqui era… eso, un cuerpo de Sacqui.

—Pero estaba viva…

Kairo aprovechó su brazo en buen estado para pegarle en la nuca a Zakko, levemente.

—Auch. ¿Por qué?

—Deja de sobrepensar.

Zakko suspiró.

—Está bien.

Entre tanto ellos hablaban, Yaku se sentó junto a ellos.

—Yaku.- Kairo la llamó, y esta la miró. —¿Tú estás bien?

—Sí.

—Qué bien.

—… ¿Y tú?

—No.

—¿No te duele… llevar la ropa puesta? Digo, te heriste, ¿No?- Zakko interrogó a Kairo.

—Duele demasiado.

—¿Y por qué no te levantas la manga aunque sea?

—… En realidad no sé porqué no lo hago, me daba cosa. No quiero ver mi brazo, ni que me lo vean.

—Qué estúp- A pesar de decirlo en voz baja, Yaku se detuvo antes de agraviar a su compañero.

—Sí, lo soy bastante. Aunque ahora que ya terminó… lo haré.- Kairo había escuchado lo que Yaku pensaba de él, y lo afirmó, para luego subirse las mangas. Sin embargo, mantenía lo de no querer verse ni él.

Sein y Shair se encontraban con la niña, que poco a poco se sentía aún más débil.

—Oye.- Shair llamó la atención de la veniz con sutileza, tomando distancia del abrazo. —¿Crees poder seguirnos? Este no es un lugar seguro.

—S-Sí…- Entre sollozos, ella asintió.

Shair le sonrió, y se levantó, dándole la mano.

—No veo nada extraño de aquí hasta donde vimos a los guardias. Aunque… está un poco lejos, tal vez sí haya algo.- Sein mantenía un tono de voz apacible, levantándose también, al Shair tener intenciones de irse.

—Bueno, de todos modos será mejor irnos ahora.- Shair afirmaba.

—¿Por qué tienes la otra mano en tu mentón?- Sein se extrañó al ver a Shair sosteniéndose el mentón.

—Intento que no se me caiga la cara.- Shair quiso soltar un comentario con humor, a la vez que intensificaba su magia curativa para dar a entender porqué la tenía ahí.

—Ah, claro.- Sein comprendió.

—¡Chicos! ¡Vámonos!- Shair les voceó a los otros tres, quienes se pusieron de pie al mismo tiempo casi.

Dearu junto a la niña que tomaba la mano de Shair, se dirigieron hacia el oeste, de donde venían, para dejar a la veniz a cargo de los guardias y decidir qué harían a partir de ahí. Sin obstáculos, por lo que decía Sein.

Sin embargo, ninguno bajó la guardia del todo. Continuaba siendo un lugar peligroso.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo