Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Kinokodearu - Capítulo 42

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Kinokodearu
  4. Capítulo 42 - Capítulo 42: Abanico
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 42: Abanico

—Estarás bien, Niby.- Shair consoló a la pequeña veniz que encontraron en el teatro Bardelarte.

Ya regresaron con los guardias, siendo ahora considerablemente menos que antes.

—Oigan. ¿No eran… como muchísimos más?- Sein se percató de ese detalle.

—Es debido a que algunos de nosotros acompañan a los civiles heridos, para llevarlos a recibir atención médica de inmediato.- Uno de los guardias le solucionó la duda.

—Ya veo, entiendo.- Sein murmuró para sí. —¿Pero tanto?

—Es solo tu percepción. Se habrán ido unos cinco o seis.

—… Supongo…- Sein seguía dubitativo pese a que el guardia le habló con bastante seguridad.

Niby, la niña veniz, acabó rodeándose con más guardias que cumplieron mejor la labor de tranquilizarla. No estaba herida, por lo que solo hacía falta brindarle un momento pacífico, que es lo que harían alejándose de este embrollo.

La niña se despidió de los miembros de Dearu de una manera muy tímida, solo viendo hacia atrás y levantando la mano solo un poco.

Shair se percató de ello, despidiéndose agitando su brazo de un lado a otro a la vez que brindándole una sonrisa que duraría hasta que a Niby se la llevasen lo más lejos posible.

—¿De casualidad… no saben algo más ahora?- Yaku interpeló al guardia que nos hablaba, entre tanto Shair despedía a la niña.

—No. Lo siento.

—No pasa nada, era entendible. No está de más preguntar.- Shair retomó la conversación una vez Niby ya no estaba en la ecuación. —Kairo. ¿Qué tal te sientes?- Shair volteó a ver a Kairo, que estaba recibiendo atención médica más concentrada, ya que lo que parecían ser simples heridas, eran más peligrosas de lo que parecía.

Por algún motivo, a él no le afectaba del todo, mas tenía en las heridas pequeñas “restos” demoníacos. Cuando una médica se lo comentó, Kairo reaccionó extrañado, siendo así la situación:

—Tienes lo que llamamos… “Restos Demoníacos”. Necesitamos que intentes mantenerte lo más recto posible mientras te las quito.

—¿Qué cosa tengo?- Kairo no entendió nada.

—Eh… nada. Ponte tú que es… como una infección. Te limpiaré las heridas, quédate quieto.

—¿Cómo que “Restos Demoníacos”? ¿Eso qué carajos es?- Kairo pese a cuestionar la barbaridad que le acababan de decir, se preocupó porque sonaba peligroso. —¡Auch!

—Te dije que te quedes quieto.- La médica se lo recordó, tras hacerle daño sin querer, mas redimirse curándole.

—Perdón.- Kairo se disculpó, entre tanto veía a sus compañeros parlar con la niña aún.

Así, Kairo se mantuvo ocupado hasta que Shair le hizo la pregunta. Y aún en ese momento, seguía recibiendo atención médica, siendo que le estaban vendando el brazo.

—¿Cómo?- Kairo pidió que repitiese la pregunta porque no estaba concentrado del todo.

—¿Qué tal te sientes?- Shair reiteró su consulta.

—Ah, no sé. Bien, supongo. Duele menos y… hasta lo siento menos pesado.- Kairo afirmó, realizando movimientos leves con su brazo derecho.

«De hecho… ahora tampoco siento pesados los ojos ni la cabeza me retumba. Antes hasta sentía como si me latiese. Qué raro».- Kairo pensó.

«¿Debería decírselo a la médica esta?».- Kairo se consultó a sí mismo, entre tanto la veía. «Bueno, si se me pasó… ¿Ya no importa, no? Será cosa de esa pelotudez de restos demoníacos o algo así. Qué nombre más… bizarro, por cierto. Es como si me dejasen… no sé, bichos que me fuesen a enfermar… pero…».- Kairo estaba a nada de volverse loco.

—¿Y tú? No vi si te atendieron o no.- Kairo consultó a Shair.

—¿Yo qué?

—Tu corte en la cara… solo tienes… un parche y ya.

Para haber sido lo suficiente fuerte como para que sangrara, la marca casi desapareció.

—Ah… sí. Sí me atendieron. Fue rápido, pues estarme curando todo el camino sirvió de algo. Aún así… me arde un poco la cara.

—Y a mí el brazo.- Kairo se vio obligado a añadir, apuntándose al brazo derecho con el izquierdo.

—¿Pero dijiste que estabas bien, verdad?

—Sí.

—Qué bueno. Me alegro mucho de que haya resultado así… sobre todo teniendo en cuenta de que pudo haber resultado mucho peor.- Shair, aliviada, sonrió, fijándose en la calle Bardelarte.

Sein, Yaku y Zakko yacían alrededor, sentados en una mesa al aire libre en un local vacío, esperando a que sus compañeros se recuperaran.

—¡Oigan!- Shair los llamó. —¡Vengan!

—¿Para qué?- Kairo, una vez lo dejaron irse, se acercó a Shair, cuestionándola.

—Tenemos que hablar de lo que haremos ahora.

—¿Y por qué no mejor vamos con ellos? Están casi que a solas. Aunque no creo que necesitemos privacidad, asumo que de todas formas suele ser más cómodo.

—Tienes razón.- Shair carraspeó posterior a darle el punto a Kairo. —¡Mejor no! ¡Vamos nosotros hacia allá!

Shair les voceaba desde una distancia considerable. En esa zona no es que hubiese una gran cantidad de personas, sin embargo, de todas formas no se oía con claridad.

—¿Qué dijo?- Sein interpeló con sus otros dos compañeros.

—Que viene hacia aquí.- Zakko aclaró.

—¿En serio? ¿Cómo le entendiste? Yo no le entendí nada.

—Yo tampoco.- Yaku reafirmó que no se comprendió el griterío de Shair.

—¿Cómo que no? Si lo dijo normal.- Zakko se extrañó de sus afirmaciones.

—No creo. Lo pronunció raro.- Sein se mantenía firme.

—Yo creo que es cosa tuya.

—Cosa nuestra.- Sein miró a Yaku, ya que esta había dicho lo mismo que ella.

—Sí, cosa de ustedes.- Zakko susurró.

—¡Hola!- Shair voceó al acercárseles, junto a Kairo.

—Hola.- Respondieron casi al unísono los tres que se hallaban en la mesa.

—¿Cómo están?- Sein les preguntó.

—Bien. ¿Y ustedes?- Shair contestó.

—A nosotros no nos pasó nada.

—¡Qué bueno!- Shair carraspeó de nuevo, con el propósito de dar a entender que su siguiente diálogo sería uno digno de una líder en esta situación. —Y bien… ¿Qué hacemos ahora?

—¿Cómo que qué hacemos?- Kairo interpeló, tomando asiento entre medio de Sein y Zakko.

—Pues sí. ¿Qué hacemos ahora? ¿Nos vamos?

—¿No te parece demasiado haber ayudado a una persona?- Kairo comentó con una voz sarcástica.

—¿Me lo estás preguntando en serio?- Y Shair lo notó, demostrando una leve molestia.

—¿Te parece que no es en serio?- Kairo la cuestionó llevándose la mano izquierda a su hombro derecho. Recordando sus heridas.

—¡Pero si estás bien!

—No quisiera estar peor, la verdad.

—Creo que… me gustaría encontrar a Esther.- Yaku murmuró.

—¿Cómo dijiste?- Shair no le entendió.

—Que le gustaría encontrar a Esther.- Zakko lo repitió en voz alta.

—Eso es un voto a volver a entrar. Ya son dos, uno más y entraremos.- Expresó Shair, hablando bastante agitada.

—¿Puedes hablar más lento? No te entiendo.- Sein le pidió a Shair, intentando sonar amable a la vez que le decía que no le entendía en lo absoluto.

—¿En serio?

—Sí…

—Lo intentaré.

—Gracias.

—Yo…- Kairo quiso hablar. —… yo no creo que sea buena idea adentrarnos más. O sea, mejor prevenir que lamentar. Ya limpiamos una parte importante de Bardelarte, el mismo teatro. Rescatamos a una niña y matamos a… o bueno, un demonio acabó muriendo allí mismo. Es más que suficiente según yo.

—No hicimos nada.- Zakko comentó. —Yo también creo que podríamos hacer más. En ese momento no intentamos correr, de todos modos. Yo creo que si la cosa se pone fea, aún podemos huir.

—Y si encontramos a Esther o a alguien fuerte que nos acompañe estaremos bien. No sé qué tantas calles son las que estarán limitadas o algo así, pero dudo que tardemos mucho en encontrarnos con alguien más que no sea el… idiota ese.- Shair añadió con un insulto al final que comunicó en voz baja.

—¿”Idiota ese”- Kairo se dio cuenta del improperio proveniente de la boca de Shair, y le llamó la atención. —¿Te enojó tanto?

—Un poco solo.

—Yo no quisiera ir, pero… si van todos, tampoco me gustaría abandonarlos.- Sein dio su opinión.

Opinión a la que Kairo reaccionó mirando fijo a Sein con una cara de póquer, haciéndola sentir juzgada. Sein se percató de él y no le aguantó la mirada.

—¿Qué me miras?- Sein le susurró.

—Creí que tendrías la misma capacidad de entendimiento que yo.- Kairo correspondió el tono bajo.

—¿Qué quieres decir con eso?

—¡Entonces iremos!- Shair exclamó, levantando el puño al aire.

—… Mejor si no lo sabes.- Kairo perseveró con el volumen al mínimo.

Con una votación desbalanceada de un total de cuatro votos “sí” y un voto a “no”, Kairo se vio obligado y hasta arrastrado de una manera brutal hacia Bardelarte de nuevo, caminando con su grupo de cinco integrantes contándolo a él.

—Además, ni siquiera probé mis habilidades nuevas. Tuve que cubrir a la niña todo ese combate, quizás y si participaba la partía al medio y soy como la persona más fuerte de la historia.- Shair parlaba entre tanto caminaba con sus compañeros por las calles desoladas de Bardelarte.

—¿”Habilidades nuevas”?- Kairo la cuestionó.

—¡Sí! Bueno, más que nada aprendí a hacer otras cosas con mi elemento más allá de… burbujas. Aunque las burbujas son muy bonitas, no las dejaré de hacer.- Shair aseguró, demostrándolo generando una burbuja en ese mismo momento.

Zakko y Sein iban a las esquinas del grupo, cada uno observando con la magia de visión hacia uno de los laterales, por si alguno encontraba algo.

—¿Por qué me miras así?- Shair interrogó a Kairo, quien la miraba con una cara de decepción.

Lo que desconocía Shair, era que era decepción de sí mismo. De todas formas, en su mayoría era exageración. Respiró profundo y se le pasó.

—No, por nada. Yo supongo que hice más de lo mismo, solo que… necesito ya aprender algo diferente y que me sirva. Me siento como… inútil.

—Pero eso es porque tú te sugestionas demasiado. Sabiendo mucho menos que ahora, saliste jugador estelar de un Duel’Grot contra el Harasei. Tú no asimilas lo fuerte que eres, pero lo eres lo bastante como para lograr eso.

—¿Y qué fuerza debería suponer que tengo? A día de hoy, sigo sin saber qué tan fuertes eran ellos…

—Bueno… estás haciendo muchas preguntas, ¿No? ¿Qué tal el clima?- Shair quiso cambiar el tema al no saber cómo contestarle.

Kairo se tomó su tiempo en que se le pasara de verdad el pensamiento. De vez en cuando intentaba mover su brazo derecho con libertad, lográndolo bastante fácil. El problema se hallaba en que al hacerlo ardía, de una manera soportable, no obstante, ardía.

Pensando en ello, él levantó la mirada, situándola en el cielo, así observando el atardecer.

—¿Aún está atardeciendo? ¿Qué hora es?- Kairo se cuestionó, para fijarse la hora en su propio reloj.

—Ey, tienes razón. Lleva atardeciendo desde hace… bastante, según yo.

—Son las ocho, casi.

—¿¡Qué!? Ya debería… ser de noche, normalmente. Al menos… el sol no debería verse todavía.

—¿No será algo del demonio?- Kairo interpeló, pretendiendo sacar conclusiones.

—No creo.- Yaku negó de inmediato, sonando segura de sí misma.

—¿Por qué?

—Simplemente no creo.

—Yo tampoco creo.- Shair se sumó a la opinión de Yaku.

—Usar esta magia cansa demasiado incluso con las gafas…- Zakko murmuró para sí, quitándose las gafas de una vez.

—¿Estás viendo algo siquiera?- Kairo le preguntó.

—No.

—Yo tampoco veo nada.- Sein dejó de usar su magia al mismo tiempo.

—¿Ni a una persona ni nada extraño?- Shair cuestionó.

—Nop.

Los cinco ya alcanzaron el lugar en donde la calle se abre, por lo que tenían la opción de ir a revisar el lugar en el que se avistó magia antes.

—¿Y hacia allá?- Shair interpeló a los dos que podían utilizar magia de visión.

—Me pesan los ojos.- Zakko, con los ojos cerrados, se negó apenas pudo a seguir empleando esa magia.

—Es bastante difícil intentar ver algo desde tan lejos y entre tantas… cosas. Si me lo preguntas aquí, ahora mismo… no veo nada, no.- Sein por su parte, sí que era capaz de usar su magia aún, ya que estaba más acostumbrada.

—¡Entonces vayamos!- Shair exclamó.

—… Yo creí que eso estábamos haciendo.

—¡… Y eso hacemos!- Shair pretendía actuar como si lo hubiese tenido en cuenta todo el tiempo.

Tras dejar las calles de Bardelarte, fueron una más hacia el sur, notando un ambiente aún más desolado todavía, debido a la nula luz proviniendo de los locales. Estos estaban en su mayoría rotos, al menos las entradas. O las luces titilaban, o no funcionaban de por sí.

Dearu se aproximó a unas cuantas tiendas, revisándolas rápido gracias a Sein.

Una tras otra, no avistaban nada ni a nadie. Lo único que se oía aparte de ellos era el propio viento, además de cristales cayéndose o locales derrumbándose un poco más.

—¿Seguros que acá fue donde se vio ese rayo?- Kairo cuestionó.

—¿El que esté todo roto no te parece al menos… sospechoso?- Sein, que con su vista buscaba cualquier cosa que se saliera de lo normal,

—Igual no hay nada. Nada nos dice que haya sido reciente, si no queda ni una sola persona siquiera.

—Es como un momento perfecto si alguien quisiera robar todo lo que pudiese.- Shair contó un pensamiento en voz alta.

—¿¡Shair!?- Sein fue la primera en mostrarse confundida por el comentario.

—¿Qué? Tampoco dije ninguna mentira.

—No la dijo, no.- Kairo apoyó la idea.

—De todas formas, tampoco dije que yo robaría. Dije que si alguien quisiera hacerlo, ahora es como el momento perfec-

Entre tanto Shair hablaba, todos escucharon cómo algo se movió muy drásticamente en uno de los locales de detrás.

Fue un ruido mucho más extraño que el resto, ya que no solo era objetos cayendo, si no, como si algo saliese de un cúmulo de restos de un edificio. Todos y cada uno reaccionaron alarmándose a la vez que volteaban.

Sein fue quien observó más a detalle, no pudiendo visualizar nada más que restos.

—¿Sein?- Shair, algo intimidada, le pidió información. Sin quitar la vista de donde se oyó el ruido.

—No veo nada.- Sein se notaba confundida.

Kairo usó su magia de viento para empujar unos cuantos escombros, por si se daba el caso de avistar algo.

—¿Será que están dentro? Aún hay… una parte dentro que no está rota.- Shair interpeló, acercándose, por lo que el resto le siguió.

—Pero Sein dijo que no ve nada.- Kairo mencionó.

—No veo nada, no.- Y Sein confirmó.

—No perdemos nada por entrar a ver.- Shair insistió en querer entrar.

Insistencia que la llevó a encaminarse al edificio, y mover los escombros suficientes como para formar una entrada.

—¿Aló? ¡Somos Dearu!- Shair se presentó por si alguien dentro los reconocía.

—¿Qué tan segura estás de que alguien saldría si dices que somos Dearu?- Kairo volvió a cuestionarla.

—Supongo que tienes razón. Debería decir algo como: ¡Somos un grupo de aventureros asociado a la guardia civil! ¡Salgan y los rescataremos!- Shair hizo más grave su voz, además de sacar el medallón que indicaba su relación con la guardia civil.

—Es verdad, teníamos esas cosas…- Kairo murmuró. —No llevo la mía conmigo.

—Yo no sé dónde dejé la mía, quizá en mi mochila.- Sein quiso contar, impresionándose también de que Shair aún tuviese eso a su disposición.

—¡Ustedes no se lo toman en serio! ¡Somos… eh… un grupo de aventureros asociado a la guardia civil! ¡Que la lleven encima es importante!- Shair se molestó levemente con sus dos compañeros, ya que sí que le parecía grave el que no portaran su medallón. —¡Zakko!, tú sí la tienes, ¿Verdad?

Zakko le contestó sacando su medallón de su cuerpo, con su habilidad de slime.

—Pero… ¡Pero eso no es justo! ¡Él literalmente es una mochila andante! ¿Por qué no le preguntas, yo qué sé, a Yaku?- Kairo molesto por la injusticia que estaba cometiendo su líder.

—¡Yaku!, ¿La tienes?

Yaku también contestó sacándola de su bolsillo.

—¿Ves que sí la tiene?

Kairo no se terminaba de creer que Yaku realmente la llevara consigo. Al menos, hasta que recordó que Yaku demostró una memoria decente como mínimo. Tenía sentido que no se le olvidara, por lo que al verse incapaz de contestar, suspiró.

—Está bien. La buscaré cuando regresemos.

—Yo también.- Sein añadió.

—¡Más les vale!

A la vez que Shair los amenazaba, se adentraba la primera en el local, o eso era lo que intentaba. La entrada que hicieron no era del todo espaciosa, y la parte de arriba se caía varias veces.

—¿Qué haces?- Kairo volvió a cuestionarla, con el mismo tono de siempre, juzgándola.

—¡Quiero entrar!- Shair percibió la mirada juzgante del pelinegro, por lo que respondió frustrada por las dificultades que tenía.

—Puedo hacerlo yo.- Zakko se ofreció.

—¡Claro! ¡Sí, hazlo!

Shair dejó espacio para que Zakko pasara transformado en limo. En cuestión de segundos, Zakko ya estaba dentro.

—¿Ves algo?

—No.- Zakko negó de forma rotunda.

—Ah.- Reacción que demostraba más que decepción, por parte de Shair.

—De hecho… es solo esto, creo. No veo ni una puerta ni nada que lleve a otro lugar…- Zakko se iba adentrando más en el local.

Era una tienda pequeña, de manualidades de madera, papel, conchas de mar, entre otras cosas.

«Qué… bonito. ¿Le gustará a Shair?».- Zakko pensó al observar una pequeña escultura hecha con conchas de mar de una persona andando en bicicleta.

—Es raro porque… yo no puedo ver hacia dentro. Con mi magia, digo.- Sein comentó con el resto del grupo, afuera.

—¿Cómo que no? Si se ve a Zakko ahí…- Shair quiso asomarse por un hueco que había desde donde entró Zakko, no obstante, se veía demasiado oscuro como para distinguir algo. —¿Zakko?

—¿Qué?- Zakko, por su parte, lograba divisar todo el interior sin muchos problemas. Sin embargo, seguía embobado revisando las figuras.

Figuras que consideraba muy bonitas, casi todas.

«Quisiera comprar una… pero…».- Zakko cayó en cuenta de que no había nadie a quien comprársela. «¿Cuánto puede costar esta…?».- Levantó la primera escultura que vio, intentando revisar si tenía algún precio escrito en alguna parte.

Enfocó la mirada en el mostrador, para a posterior acercarse, buscando donde guardaban el dinero. Hasta encontrarlo, se le pasó por la mente lo que estaba haciendo como si fuera una estupidez.

—¡Zakko!- Shair voceó su nombre ya que este no salía todavía. —¿Si no hay nada por qué no sales?

—Ah, espera, sí. Estaba… buscando algo.- Zakko se excusó de la peor forma que se le ocurrió.

Pese a dudar de lo que estaba haciendo, dejó unas cuantas monedas en donde vio que habían más y se llevó la figura.

—¡Voy!- Exclamó el veniz antes de salir, acercándose al hueco que había. Sin embargo, ni uno le contestó esta vez. —¿… Shair?- Comenzó a extrañarse.

Antes de salir, miró hacia afuera por el mismo lugar por el que entró transformado en limo.

—¿Hola?- Elevó la voz para ver si alguien le contestaba ahora. Viendo hacia afuera, se percató de cómo no había nadie.

Por más que Zakko no los veía, del otro lado se hallaban todos. Shair, Kairo, Yaku y Sein.

—¡Za… kko…!- Shair lo llamó alargando sus vocales, habiendo ya repetido su nombre unas cuantas veces.

—¿No le habrá pasado algo?- Kairo interpeló, acercándose para asomar por la apertura que había hacia dentro.

Cuando avistó dentro del local, no vio nada. Sin embargo, no quitó la vista de ahí, y al parpadear, vio a Sacqui, sonriéndole.

Su respiración se alteró, volviéndose más acelerada. En ese momento no supo porqué, pero su cuerpo no respondía. Sacqui tampoco se movía.

—¿Kairo…?- Yaku notó su agitación, por lo que se preocupó.

—Está…- Kairo hizo el esfuerzo de comunicarse, aunque su cuerpo no ayudaba. —¡Está Sacqui!

—¿Qué?

—¿¡Cómo!? ¿¡Y Zakko!?- Shair se alarmó al instante.

El primer instinto de Yaku fue querer derrumbar lo que quedaba de entrada. Generando electricidad en su puño, lo cargó hasta que le parece lo más fuerte posible, y lo usó, abriendo mucho más el hueco que había.

—¿¡Zakko!?- Yaku lo llamó, pues no se veía todavía debido al humo que se creó.

No obstante, no recibió respuesta.

«¿Por qué no puedo… ver nada?».- Sein, llevándose los brazos a la frente para evitar que el polvo llegase a sus ojos, intentaba usar su magia de visión hacia dentro.

Unos cuantos segundos transcurrieron hasta que el humo se disipó, dejando ver a la única persona que se encontraba dentro del local, abanicándose, con una sonrisa en la cara.

—¡Hola, Dearu!- Sacqui se presentó ante ellos.

Los cuatro de Dearu que quedaban, se paralizaron frente a ella. Ni uno supo cómo reaccionar, pero para su suerte, Sacqui tampoco tenía intenciones de pelear, por ahora.

Al paralizarse frente a ella, tampoco contestaron nada, ni mucho menos lo pretendían.

«¿Ese de ahí es… Zakko?».- Kairo, fijándose en el abanico de la demonio, vio una silueta sin rostro de una persona con cabello celeste y la misma ropa que Zakko. Mostrándose en las telas que eran separadas por las varillas del abanico. «¿Y el resto que se ve ahí…?».- Se cuestionó al ver el resto del abanico.

Tras cada varilla, se mostraba una silueta de una persona distinta. Siluetas reconocibles, al menos dos. La de Zakko era una.

«¿Ese es… Alex? Tiene… ¡Tiene la flor de cerezo!».- Sein reconoció la otra silueta.

—Oigan. ¿Por qué no me devuelven el saludo? Qué mala educación.- Sacqui perseveró quieta y fingiendo un tono amable, observando a los cuatro de Dearu con la mente en blanco, asustados por su presencia. —Nunca nos presentamos bien. Mi nombre no es Sacqui, pero me llaman así. ¿Cómo los puedo llamar a ustedes?- Sacqui guardó el abanico.

Ninguno de Dearu contestó, pues todos retrocedían en silencio.

—No quiero pecar de orgullosa… pero, si quieren que les vaya mejor, pueden empezar a responder mis consultas. La última vez no fue justo, ya que me interrogaron en medio de la calle, interrumpiendo mi placer. Estoy siendo cuando menos piadosa, ya que ustedes no están haciendo nada, ¿Verdad…? No es como si… se les hubiese perdido alguien.

Sacqui al no oír respuesta, dio muy cortos pasos hacia el frente, con una sonrisa en la cara y sin quitarle la vista a ninguno de ellos, aunque con una clara inclinación hacia una de ellas, que le causó problemas la última vez.

—¿Por qué no me contestan…? ¿Les parezco… fea, quizá?- Sacqui forzaba una actitud divertida, a la vez que se acercaba más al grupo. —No, no creo.- Negó tras alcanzarlos, ya que apenas se movieron.

Yaku cada vez quería reaccionar más impulsivamente, mas no se atrevía. Cerraba el puño cada vez que Sacqui abría la boca, mas el miedo era igual de fuerte que la rabia que sentía. Necesitaba un solo estímulo para atreverse.

—¿Qué se supone que hacen aquí? Dicen buenas lenguas que desde nuestro último encuentro no han podido dejar de pensar en mí…- Sacqui se aproximó a cada uno del grupo, tocándoles la cabeza o los hombros. —¿Será eso cierto? Sería entendible, es lo mínimo que espero de mí.

Había empezado con Kairo y Shair, pero al llegar a Sein, esta reaccionó de manera instintiva usando su magia, para paralizarla aún más de lo que lo estaba ella en primer lugar.

Y ese fue el estímulo que necesitó Yaku, para abalanzarse contra Sacqui. Cargando rápido su puño con chispas de su magia elemental, apenas se sintió preparada, lo impactó en ella.

Al primer impacto, Sacqui ya podía moverse. Sin embargo, la potencia del golpe la inhabilitó los segundos suficientes como para que Yaku iniciara un combo de puñetazos impulsado por su propia habilidad, que aumentaba su fuerza y velocidad al asestarlos.

Movimiento que causó que tanto Sein, como Shair y Kairo, recuperasen el aliento, aunque sea, para ayudar a Yaku.

Yaku vapuleó a Sacqui hasta que esta se molestó y sacó su abanico en el único instante que tuvo un respiro, usándolo para sacársela de encima, mandándola contra otro de los locales con tal fuerza que destruyó la entrada.

—Aj…- Sacqui recuperaba la respiración, con el abanico abierto en una mano y con la otra en la boca. —¿Qué mierd-

Kairo interrumpió a Sacqui, impactando de arriba hacia abajo en su cabeza con su brazo izquierdo, e intentando con este mismo quitarle el abanico.

Como no era su brazo dominante, falló y se quedó expuesto a la acción de Sacqui, hasta que Shair creó una barrera de agua en frente de él y de la demonio.

«¿Y esto…?».- Fue el pensamiento de Kairo al ver la barrera en frente de él. Era delgada, mas emanaba con su presencia una cantidad de maná que indicaba que débil no era.

Tras la barrera de agua, Sacqui aprovechó para tomar distancias.

Sein ayudó a Yaku a levantarse, pese a que esta no presentaba muchas dificultades. Solo leves cortes por los vidrios del local. Se hallaba lastimada, mas no lo suficiente como para dejar de querer pelear. Shair fue rápido con ella, para curarla lo que fuese necesario.

La barrera se disipó, y quedaron los cuatro en frente de Sacqui, que procuraba recuperar el aliento antes de pretender nada.

Kairo adelante del resto, cerraba y abría el puño derecho para ver si se sentía seguro de usarlo, por lo raro que se seguía sintiendo.

—¿Qué hiciste con Zakko?- Kairo interrogó a Sacqui.

—¿Aún encima te atreves a cuestionarme? ¿Qué formas son esas?

—Responde.

—Yo no voy a contestarles, se han comportado muy groseros conmigo.

—Tsk.- Kairo se molestó. —¿Qué quieres?

—Solo quiero tener una conversación civilizada con ustedes. ¿Son humanos, no? Deberían tener esa capacidad.

Kairo la observó fijo.

—¿Cuáles son sus nombres?- Sacqui volvió a preguntar.

Su cuerpo en ese momento actuaba por sí solo, regenerando lo lastimada que la pudieron dejar.

Kairo se lo cuestionó, mas no hallaba otra forma de quitarle el abanico. Vio de reojo hacia atrás, Yaku lastimada siendo tratada por la magia de Shair. Sein atenta a él con Sacqui, por si requería su ayuda.

—Kairo.

—¿Y los del resto?

—¿No te basta con el mío?

—Quisiera… saber cómo se llama la albina.

—… Yaku.

—Bien, ya es un avance. El resto no me importa…

—Ahora sí. ¿Qué hiciste con Zakko?- Kairo no quitó la vista ni un segundo del abanico de Sacqui, en donde llevaba la silueta de Zakko entre las varillas.

—¿Qué hice con quién?- Sacqui se hizo la desentendida. Al ver que no consiguió ni una reacción, se rio. —Es broma. ¡Claro que lo reconozco!

Tras afirmar que lo reconocía, rompió su propio abanico para sacar las varillas junto a la tela que le acompañaba, separando la parte de Zakko de la del resto.

—¿Este chico, no?- Alzó las varillas con la silueta del veniz entre medio, para que la vieran. Segundos después, la quemó. —Ups.

—¿Qué le habrá pasado? Quién sabe…

Por más palabrería que Sacqui soltara, no provocaba ni una reacción de Dearu, que ahora con su última acción, se consternaron.

Aún si no sabían bien qué significó que hiciese eso, todos querían abatirla, y ninguno se esperó ni un segundo.

Sein comenzó paralizándola de nuevo, para que Yaku una vez recuperada, se le acercara y usara su elemento, invocando electricidad pura ahora, sin usar sus puños, solo magia. Sacqui se vio impulsada hasta una barrera de agua que creó Shair en ese momento, y al detenerse allí, Kairo aprovechó para acercársele rápido y patearla contra un lateral.

Sacqui cortó levemente el pecho de Kairo mientras este intentaba mantener un ritmo constante, provocando que él se detuviese lo necesario como para que la demonio se lo sacara de encima.

Provocó que este despegara, mas no fue tan lejos por Sein, que se enfocó en detenerlo a él. La brisa tan fuerte que lo había empujado causó que se liberara de la parálisis de Sein al instante, cayendo al piso sin muchas dificultades.

Yaku continuó usando más su magia elemental que su propia fuerza física, generando destellos cortos pero potentes. Perseverando hasta que en un conjunte de energía, generó la suficiente electricidad como para soltarla en un resplandor que cubriría todo el cuerpo de la demonio, y hasta el de ella.

Hubo unos cuantos segundos en los que quienes tenían la vista encima quedaron cegados, o se les dificultaba la vista. Sacqui mostró su lado débil, habiendo vuelto a su forma real de demonio, huyendo de la escena.

Por el otro lado, Yaku cayó hacia atrás por verse impelida hacia atrás luego de su habilidad.

—¡Está escapando!- Sein, que fue la primera en poder observar de manera adecuada, visualizó la forma demonio de Sacqui huyendo.

Sin darse ni un solo minuto de pausa, todos persiguieron a Sacqui, siendo Kairo quien tomó la delantera por poder impulsarse a sí mismo con su magia.

—¡Kairo! ¡No te alejes tanto de nosotras!- Shair voceó a la distancia de él, preocupada por que se separase.

Kairo acató la orden de Shair, y esperó hasta que le alcanzaran. Sacqui no iba tan rápido como para perdérsele de vista a Sein. Por lo que con más armonía, persiguieron a Sacqui entre callejones y calles.

Del otro lado del abanico, estaba Zakko, sentado afuera del primer local en donde entró.

—¿Y cómo llegaste tú a aquí?- Alguien le consultó a su derecha.

Zakko, quien yacía muerto en vida por los nervios que le consumían la cabeza, apenas se percató de que tenía a alguien a su costado.

—¿Eh?- Se volteó, para fijarse de quién se trataba.

—¡Hola!- Alex lo saludó con un gesto, sentándose a su lado. —¡Ya decía yo que no me estabas prestando atención!

—¿… Qué? Espera. ¿¡Qué haces tú aquí!?- Zakko se hallaba más que confundido con la presencia de Alex en estas calles.

—¡Ey! ¡Yo pregunté primero! Lo justo es que respondas primero.

—¡No! ¡Dime qué carajos haces aquí! ¿¡No te diste cuenta de que es peligroso!?

—¿¡Y entonces por qué tú estás aquí en primer lugar!?

—¡Porque vine…!- Zakko se detuvo un momento, relajándose. —Con el resto. ¿Los viste?

—¿Con “el resto” te refieres a… Sein y…?- Alex se alargó recordando el nombre del otro chico invocado. Gesticulando confusión y llevándose la mano al mentón, a la vez que viendo al cielo. —¡Kairo!, ¡Sí recordaba el nombre!, creo. ¿Sein y Kairo, no?- Chasqueó los dedos cuando recordó su nombre.

—¡Sí! ¿¡Los viste!?- Zakko se emocionó cuando los mencionó.

—Ah, no. Lo siento.- Alex cambió su tono a uno serio de forma drástica.

Razón por la que Zakko chasqueó la lengua y suspiró a posterior.

—¿Y… a una chica peliverde con coletas…

—No.- Alex negó sin dejar que acabase.

—… y a una chica albina con mechones morados que cubren su cara…?

—Tampoco. No vi a nadie más que a ti.- Alex levantó su índice para señalarlo, y luego tocarle el pecho con el mismo índice.

—¿En serio…?

—Sí.- Alex se percató de la reacción deprimida de Zakko. —Perdón.- Se sintió culpable de no ser a quien quisiera ver.

—¿Y cómo llegaste a aquí?- Alex interpeló, intentando cambiar el tema, para ver si lo animaba de alguna manera.

—No tengo idea. De un momento al otro, dejé de ver a mis compañeros. Entré… justamente a esta tienda.- Zakko señaló hacia atrás.

—Oh, qué raro…

—¿Y tú?

—¿Acabas de llamarme raro?

—¿Qué? No. Pregunté por qué estás aquí. ¿No viste que era peligroso?

—¡No!- Alex hizo una pausa al notar que su respuesta negativa no le pareció graciosa al veniz. —Es que… yo ya estaba aquí antes de que sucediera nada. Como todos los días, deambulando por Bardelarte, creo que así se llama. Ganándome la vida, ya sabes, como un hombre de verdad haría: estafando a gente.

—¿Pero… cómo es que estamos aquí? O sea… ¿Dónde estamos para empezar? ¿Sabes algo?

—No sé, no sé, lo mismo que tú.

—¿Qué?

—Te respondí en orden.

Zakko demoró unos segundos en procesar qué cosas contestó.

—Ah.- Al final lo entendió. —¿Y dónde estabas antes? ¿Pasaste por aquí también?

—No. Yo estaba por… Bardelarte. ¿Esto sigue siendo Bardelarte? La verdad es que desconozco ese detalle.

—Creo que no es Bardelarte, no.

—Tío… ¿Está haciendo un calor que te mueres o es idea mía?

—No sé. Pero no soy tu tío.

—Sería raro que lo fueras siendo menor.

—Sí…- Zakko desvió la mirada, intentando avistar algo o a alguien. —Espera, ¿Cómo sabes cuántos años tengo?

—Sein me lo dijo.

—Claro. Debí suponerlo.

Zakko tenía la mirada perdida y hasta apagada. No sabía si preocuparse o no, desconocía el cómo reaccionar a esto.

Alex lo observaba y detectaba bastante fácil el cómo se sentía el veniz, sin embargo, no se le ocurría una forma de animarle.

—¿Quieres que te ayude a buscar a tus amigos?

—No sé. ¿Y si me voy y ellos aparecen de repente aquí mismo? Creo que… preferiría esperar… un rato más.- Zakko se mostraba desanimado cada palabra que soltaba.

—¿Ustedes no tienen un lugar donde reunirse? Podrías ir hacia allí y esperarlos.- Alex quiso sugerir soluciones.

—Pero es lo mismo. ¿Y si de repente aparecen aquí y necesitan mi ayuda? Si quieres irte… está bien. No me importa estar solo.

Por más que Alex lo intentaba, no conseguía que Zakko se dejase ayudar. Aún así, no pensaba dejarlo solo.

—¡Mira…!- Alex llamó la atención de Zakko, levantándose y elevando la voz. —No me iré tampoco.- Solo se estaba acomodando. El cambio en el tono fue para hacer la gracia.

—… ¿Por qué?

—¡Auch!- Alex expresó por la consulta que le realizó Zakko.

—¿Qué te pasó?- Este último reaccionó preocupándose por él.

—Sonó como si… como si quisieras que me vaya…- Alex actuó como si le hubieran roto el corazón. Hasta los ojitos puso.

Zakko lo miró con los ojos como platos, extrañado de su comportamiento.

«¿Y a este qué le pasa?».- Se cuestionó para sí.

—No es eso. Me da igual, aunque… bueno, preferiría que sí que te fueras. No deberías estar un lugar tan peligroso sin saber defenderte.

—¿Y quién te dijo a ti que no sé defenderme?

—¿Sabes pelear?

—Claro que sí. Literalmente practiqué karate.

La única respuesta que Alex recibió fue otra mirada juzgándolo.

—¿Qué?- Alex interpeló.

—¿Y magia sabes usar?

—¡Por supuesto!

—¿Qué tanto?

—¡Muchísima! ¡Soy ultra poderoso!

Zakko ojeó hacia los alrededores una vez más, aceptando que no había nadie.

«También es raro que… no pueda usar la magia de Sein. Me nubla la visión…».- Se rindió de usarla tras un último intento, para después respirar profundo.

—Está bien. Si tú lo dices, te creeré.- Zakko se puso de pie mientras decía eso. —Ya me decidí. Caminemos, a ver si encontramos a alguien.

—¡Bien!- Alex se puso de pie muchísimo más rápido de lo que pudo haberlo hecho Zakko, lo cual lo sorprendió.

—¿Cómo hiciste eso?

—¿Qué cosa?

—… Nada. Da igual, vamos por aquí.- Zakko se encaminó hacia la calle del oeste.

En la misma dirección, más al noroeste, se encontraba Izu.

—Esto es horrible. ¿Dónde se habrá metido Shin? No puedo ni… intentar buscarla con mi magia. Qué demonio desagradable, apenas pueda le voy a degollar de la primera forma que se me ocu…- Izu parloteaba solo, hasta que sintió una presencia observándolo. —… rra.- Pero primero acabó su frase.

—¿¡Quién está ahí!? Te veo.

«En realidad no le veo».- Izu había mentido para después escuchar cómo lo aclaraba su propia voz interna.

La costumbre de usar su magia de visión en estas situaciones empezaba a causarle molestias, ya que en vez de ayudarle a visualizar de dónde le podrían estar vigilando, solo lo nublaba más.

—¡Si eres la demonio mejor sal ahora! ¡Hazlo rápido, si de todas formas te mataré!- Izu provocó a Sacqui, en el caso de ser esta quien lo miraba. —… ¿Shin? ¿Hola?- Al no percibir respuesta, quizá pensó que era Shin o alguien más.

—Me voy a volver loco…- Izu susurró, al darse cuenta de que nunca hubo nada.

Como no tenía de otra, siguió caminando a ver si encontraba a alguien.

—Hay muchas calles vacías. Más de lo usual. Tengo entendido que mucha gente huyó gracias a la guardia civil, sin embargo… ¿Qué tanta?- Izu se detuvo en medio de unas calles, decidiendo hacia dónde ir. —Ni siquiera veo a los guardias que se supone que hay. Deberían… hacer que más guardias se adentren, es hasta más difícil encontrar nada de esta manera.

Izu volvió a sentir cómo alguien lo seguía.

—¿Eh?- Reaccionó volteándose, por si lo perseguían por detrás.

Al no ver nada, se rascó la nuca a la vez que ajustaba su vista hacia el frente.

«Siento… la presencia de Sacqui».- Izu pensó en ese instante. «¿Será porque la tengo en frente?»

—¿Eres tú la demonio?- Izu quiso asegurarse.

—¿Qué? ¿Yo? ¿Me ves cara de demonio?- Sacqui fingió tristeza.

—Y estás medio feíta. Sin ofender.- Izu contestó lo primero que se le vino a la cabeza, haciendo un gesto de “más o menos” con la mano, moviendo la palma de un lado al otro.

—¿Qué?

—Deberías… no sé, quizás hacerte otro peinado. Teñirte el pelo… no sé. El blanco no es lo tuyo, además de que tus ojos también son blancos, apenas se notan.

Sacqui observaba a Izu criticarle el aspecto con una rabia creciente. Sin embargo, Izu miraba hacia atrás de ella, divisando una silueta de otra persona.

—O tal vez podrías, no sé, ya sabes. ¿Comer personas? Tengo entendido que a los demonios les sirve de alguna manera, ya me dirás tú porqué.

—¡Bas-

Una espada amarilla, emanando rayos, atravesó a Sacqui. No solo una, si no que varias veces consecutivas, hasta matarla.

—Te veías más linda viva, eso sí. Prueba a la siguiente.- Izu le parló a Sacqui en el piso, antes de que esta se volviera líquido que escaparía.

Quien se hallaba detrás de la demonio, era Ive.

—¿Debería darte las gracias?- Izu cuestionó, intrigado por cómo hablarle.

—Me da igual.- Ive le contestó cortante, para darle la espada e irse del lugar.

—¿Y te vas así sin más?- Izu la siguió con pequeños pasos.

Ive suspiró.

—¿Me vas a seguir?

—¿No quieres que lo haga?

—… Me da igual. Si estás asustado, te llevaré con la guardia civil. Sígueme.

—No es que esté asustado, verás…- Izu avanzó un tanto rápido para acercarse más a Ive. —Puede ser que no entienda del todo qué está sucediendo. Pero… primero lo primero; ¿Has visto a una mujer… pelinegra, con mechones de color… rojo un tanto desteñido en su flequillo?

—¿Tu compañera?

—Ajá.- Izu asintió, hasta que cayó en lo que preguntó. —¿Podrías decirme cómo sabes que es mi compañera?

—No, no la vi. Si desapareció, Sacqui debe ser quien la lleve consigo.- Ive negó haberla visto, dándole el dato de quien podría saber dónde se encuentra. No le dirigió la mirada hasta ese momento. —Y lo otro… porque yo les conozco.- Le aclaró, viéndole de reojo.

—¿De dónde nos conoces?

—Los he visto por la guardia civil y por el gremio. Van siempre de la manita, al menos las veces que los vi.

—… Sí… solemos ir juntos.- Izu murmuró, un tanto disgustado por la situación en la que se encontraba, con Shin perdida.

—Cómo se te perdió de vista para empezar?

—No sé… habíamos ido a investigar un par de cosas hasta que de un segundo al otro, simplemente no la vi más.

—¿Se separaron?

—Sí.

—Les pasa por tarados.- Ive fue contundente, no temía el decir lo que pensaba.

—Me ofendería si no tuvieras razón.- Izu se deprimió.

—¿Has visto otro cuerpo de Sacqui?- Ive cambió el tema, a uno que le interesaba más.

—¿A qué te refieres con eso?

—A uno como el que acabo de matar.

—Oh, no, no vi ni uno. ¿Esos son… “Cuerpos”? ¿Cómo funciona?

—¿No lo sabes? ¿Qué estuviste haciendo todo este tiempo? Creí que cazaban demonios.

—Pero a Sacqui justamente no la buscábamos. Vinimos por el aviso que dieron, mas nuestra presa era más bien el del monte.

—¿Y lo mataron?

—No. Necesitamos un grupo más grande.- Izu se dio cuenta de que era el momento indicado para ver si invitaba a Ive a unírsele.

—… Ya veo.- Sin embargo, Ive contestó cortante, como si no tuviera interés. Cosa que le detuvo cualquier movimiento al pelirrosa. —Fui yo quien decidió llamarlos de esa manera. Desconozco el cómo o el porqué, pero hay más de una Sacqui. Muchas copias suyas son más débiles que la original, aunque hay algunas que son igual de fuertes.- Ive retomó el tema principal.

—Imagino que tú sí viste varios ya.

—Sí. Maté a tres. Solo uno era fuerte y aún así no me dio mucha pelea, creo que es más cosa de encontrar la original. El resto será pan comido.

«Esa frase me dio hambre».- Pensó Izu. «No alcancé a comer antes de venir…».- Se lamentaba de su decisión apresurada, a la vez que su mirada caía en los locales de alrededor.

—¿Y no queda ninguna persona por las calles? ¿Has visto a alguien aparte de mí?- Izu cuestionó.

—Solo vi a una familia, a la cual llevé con la guardia civil. No he visto a nadie más.

Izu la observaba caminar sin ni siquiera desviar la mirada un poco. Lo hizo solo una vez en todo lo que caminaron.

—¿Tienes algún plan o algo así? ¿Simplemente… caminar hasta encontrarla?- A Izu no le gustaba la idea, además de que pensaba que caminar con alguien tan seca sería horrible.

—¿A ti se te ocurre algo mejor?- Ive se ofendió.

—No dije eso.

—… Supongo que sí. ¿Qué más puedo hacer? No hay nada que nos dé pistas. Los rastros que deja Sacqui después de morir solo llevan a otra Sacqui falsa.

—¿Será que matando a todos te lleve a la verdadera?

—Ya lo pensé.- Ive reaccionó un tanto molesta.

—Bueno, perdón.- Izu seguía sin entender el porqué le contestaba tan borde.

Quitando el pésimo comportamiento de Ive hacia Izu, este último prefería ir con alguien que ir solo, por lo que la siguió de todas formas.

Atravesaron varias calles buscando gente, o en su defecto, a Sacqui.

Lo mismo que los de Dearu, solo que estos más enfocados en lo segundo.

—Me inquietan bastante estos lugares. Aunque lo que más me inquieta es… eso.- Sein apuntó hacia el cielo. —¿Por qué todavía está atardeciendo?- Sein cuestionó, manteniendo un volumen de voz bajo, ya que solo charlaba con Kairo.

—No sé. Yo también… me lo pregunto.- No obstante, Kairo se hallaba más preocupado por Shair, que iba delante de ellos.

Por mala suerte, el rastro que el cuerpo de Sacqui iba dejando se les perdió de vista al subirse a los techos. Yaku intentó perseguirle lo más rápido que pudo, hasta que Shair le gritó que volviese.

Shair prefería no encontrar nada que perder a alguien más de su grupo. Lo mejor para ella era mantenerse unidos. Aún así, a Yaku se le ocurrió la idea de seguirlos desde arriba, por si divisaba algo con más claridad desde las alturas.

Razón por la cual ahora iba Shair adelante, con Kairo y Sein detrás, además de Yaku en los aires.

—No hemos visto nada más todo este rato…- Sein comentó, sonando como si se estuviera quejando.

—Ya, pero… entiendo que ella no quiere irse.- Kairo defendió a Shair.

—¿Qué? Claro que yo también lo entiendo. No era una queja, solo… no sé. ¿Y si no encontramos nada qué?

—No es buen momento para pensar eso.

—… Ya lo sé. Solo… estoy nerviosa. No me gusta esto. Quisiera… encontrar a Zakko y regresarnos cuanto antes.

—Estoy seguro que ella también.

Hubo un silencio entre los dos.

—Shair…- Sein elevó un poco la voz, para intentar conversar con ella.

Pese a eso, no halló respuesta.

—¿Shair?- Insistió.

—¿Qué?- El tono de voz de Shair no era el de siempre. Sonó más áspera al hablar.

—… No, nada. Lo siento.- Sein se intimidó.

Shair respiró profundo, intentando no quebrarse en ese momento. Revisando sus palmas, notaba cómo su visión se distorsionaba de vez en cuando.

—Oigan…- Shair llamó a los demás.

—¿Qué?- Respondieron al unísono, Kairo y Sein.

—¿No sienten… su visión… distorsionarse o algo así?- Shair se volteó para verlos a la cara.

—¿Cómo?- Kairo no entendió nada.

—No sé. Desde hace… unos cuantos minutos, creo que me sucede que me empiezan a pesar los ojos y… veo borroso, o veo cosas raras… no sé cómo describirlo.

—Yo sí siento mis ojos extraños. Mas solo cuando instintivamente quiero utilizar mi magia de visión…- Sein aclaró. —Me acostumbré demasiado a esto, ahora que lo pienso.- Murmuró para sí.

—A mí no me pasa nada de eso.- Kairo comentó.

—Qué raro…- Shair volvió a enfocar su vista en su propia palma. —Bueno, sigamos.- Sin muchos ánimos, se dio la vuelta para continuar avanzando.

Caminaron sin entablar una conversación mucho más larga.

«Al menos… el cielo es bonito anaranjado. Que aún se vea así siendo las ocho y tanto me parece bastante extraño, pero a saber».- Kairo se enfocó en el cielo, después de comprobar la hora en su reloj. «… ¿Y Yaku?»

—¿Yaku?- Kairo la llamó, por si era el caso de que se había subido a un techo y por eso no se le veía arriba de ellos.

Shair se volteó, buscando de inmediato a Yaku en el cielo. Al no verla, comenzó a hiperventilarse. Era la gota que derramó el vaso para ella.

—¿¡Yaku!?- Shair gritó su nombre aún más fuerte, deseando que apareciera.

Sus manos denotaban cierto desespero. No cerraba el puño del todo, sus dedos realizaban movimientos erráticos causados del nerviosismo.

—¿A quién buscan exactamente?- Se oyó desde la distancia, con un tono de duda más que falso.

Los tres de Dearu se fijaron en quien se comunicó frente a ellos, y la vieron una vez más. Sacqui.

—Creí que tendríamos un buen trato ustedes y yo. Nuestro primer encuentro fue desafortunado, mas yo no tenía rencores. El segundo… fue un tanto más desagradable.- Sacqui hablaba con soberbia frente a ellos, sacando de su abanico, las varillas junto a a tela que tenían una silueta similar a Yaku. —Esta chica de aquí actuó demasiado violenta, como si fuera un perro con rabia. Deberían educarla mejor.

—¿¡Qué les hiciste!?- Shair voceó, molesta. Motivo por el cual Sacqui retrocedió un paso fingiendo miedo.

—¡Ay! ¿Por qué tan agresiva? Este par sí que es una mala influencia.- Sacqui reposicionó las varillas con la silueta de Yaku, juntándola a la de Zakko.

«Es la silueta de Zakko… ¿De nuevo…? ¿No la quemó antes?».- Kairo se percató.

Tanto él como Sein. Shair estaba más concentrada en Sacqui.

—Pensar que me contaron que lloraste por un espectáculo de Bardelarte. ¿Quién diría que una joven tan linda y seguidora del buen arte podría ser tan violenta? Creí que solo los ignorantes se comportaban así.

Shair quiso acercarse a Sacqui, hasta que Kairo la sujetó de la ropa, impidiendo que cometa un acto imprudente. La peliverde lo miró sin comprender bien porqué la detuvo, hasta que este le señaló al abanico de Sacqui.

«Zakko…».- Shair se dio cuenta de que su silueta se encontraba como si nada, por lo que intentó calmarse para que no acabara peor.

—¿Qué quieres?- Shair cuestionó a Sacqui.

—Yo puedo querer muchas cosas… tendr-

—¿Qué quieres de nosotros?- Shair la interrumpió, haciendo más grave su voz.

Sacqui no le contestó rápido, pues comenzó a jugar con su abanico a la vez que se reía provocativamente.

—No lo sé. ¿Qué podría ganar yo de ustedes? Nada. Solo… venía a cobrar el mal rato que me hicieron pasar. Normalmente, no suelo tener resentimientos. De hecho, con ustedes tres no tengo problemas. Se volvió… más personal con estos dos. Si no les molesta eso, podríamos hasta entablar una relación mucho me-

—Devuélvelos.- Shair fue más contundente.

…

—¿De qué hablas?

—A mis amigos.

—¿Qué? No. ¿Cómo se te ocurre?

—¡Devuélvemelos!

—¿Quieren calmarla?- Sacqui se dirigió a Kairo y Sein, que se hallaban detrás de Shair.

Shair que estaba a nada de actuar de manera impulsiva, queriendo quitarle el abanico de las manos a la fuerza.

Escena a la que Sacqui reaccionó suspirando, viendo que no podría llevarse bien con ellos.

—Qué pena.- Sacqui desvió la mirada hacia su propio abanico. —¿Tanto los quieres?

Sacqui quería poner a prueba la paciencia de Shair, dejándole ver las siluetas de Zakko y Yaku en su abanico, para después cubrirse la cara con este.

—Encuéntrame.- Sacqui desapareció, dejando solo el rastro de líquido de tonalidades blancas, negras y grises que siempre deja al deshacerse su cuerpo humano.

—¡Bastarda!- Shair voceó, más que molesta, desesperada. Corriendo hacia donde salió el rastro, decidida a perseguirlo.

—¡S-Shair, espera!- Sein le gritó para que se detuviera y pudieran perseguirla juntos, no obstante, Shair no hizo caso.

Kairo y Sein persiguieron a Shair, quien perseguía a Sacqui.

Por unas calles larguísimas, sin ver a nadie más. Solo ellos tres, corriendo para alcanzar a los restos de Sacqui.

—¡Y así fue como le di su merecido a ese bravucón!- Alex exclamó, con los ojos brillando y el puño levantado hacia el cielo, demostrando orgullo.

—Lo haces sonar increíble.- Zakko oía atento las historias que el pelirrojo le relataba.

—¡Es que lo soy!- Alex se sintió bien cuando Zakko lo halagó, y lo exageró aún más haciendo una pose extravagante llevándose una mano a la cadera y la otra a su frente, además de una gran sonrisa.

Zakko pese a lo impresionante que se escuchaba Alex, no entendía de dónde sacaba tanta energía. Llevaban bastante tiempo caminando juntos, y nunca paró ni de gritar ni de hacer poses o gestos demostrativos de lo que contaba.

—¿Y qué fue de esos niños?- Zakko interpeló a Alex.

—¿Eh? No tengo… idea. Fue hace mucho, yo… me fui de ese colegio.- Alex recuperó la postura, y siguió avanzando junto a Zakko, con un tono opuesto al que llevaba manteniendo todo el recorrido que dieron.

—¿Por qué?

—Nah, sucedieron cosas entre medio. Nada que me apetezca… ya sabes, comentar.- Alex llevándose la mano a un lateral del cuello, contestó. —Pero yo seguí entrenando. ¡Sé mucho más que antes!- Pese al momento raro, no tardó nada en retomar el ánimo de siempre.

En el momento en el que Alex se mostró más desanimado, Zakko entendió que no era buena idea preguntarle nada al respecto. Motivo por el cual creyó buena idea simplemente hacerle una pregunta para que él siguiese presumiendo sus habilidades.

—¿Y te consideras fuerte?

—¡Por supuesto que sí!- Alex intentó mostrar los músculos de su brazo forzándolos, mas no se mostraba ni un poco. —El problema es que mi cuerpo cambió cuando llegué a aquí.- Murmuró, al recordar ese detalle.

—¿A qué te refieres con eso?- Zakko no entendió del todo su frase.

Alex lo observó un par de segundos sin decirle nada, pretendiendo recordar algo que debería ser importante.

«Mmm… yo sé que algo… debería ser capaz de rememorar… ah…».- Alex se tomó su tiempo haciendo gestos de estar pensando. Hasta se llevó la mano al mentón y hacía ruidos leves.

Era tan extraña la situación que Zakko se limitó a verlo los primeros segundos y luego a desviar la mirada a cualquier sitio como para no interrumpir su momento.

«¡Ah, claro! ¡Sein me dijo que no quería contárselo todavía!».- Alex consiguió recordar, volteando a Zakko. «¿Entonces qué le digo yo a este chaval?»

Transcurrieron unos cuantos segundos, hasta minutos, en los que Alex miraba a Zakko, para luego no decir nada y cambiar de dirección. Una vez perdió la mirada en la dirección de Zakko, y este agitó las manos en su rostro.

—¿Hola? ¿Hay alguien… ahí?- Zakko no entendía porqué dejó de hablar de repente.

Sin embargo, Alex no reaccionó.

—¡Ah!- Tardó bastante en darse cuenta de lo que sucedía. —¿¡Qué pasa!? ¿¡A quién debo de golpear!?- Alex movió la cabeza hacia todos lados para descubrir quién era el rufián que se entrometía en su camino… de ser el caso en el que un rufián se entrometía en el camino.

—No, a nadie… todavía.- Zakko quiso calmarlo, aún con lo extrañado que estaba.

—¿¡Qué me habías dicho!?

—Que a q-

—¡Ya recordé!- Alex interrumpió a Zakko. Como voceaba tan fuerte, Zakko se rindió al instante en el que habló por encima de él. —¡Fue tan largo el viaje desde mi tierra natal que perdí masa corporal!- Fue la mejor excusa que se le ocurrió, y la disfrazó con su comportamiento.

«¿Eso siquiera es posible?».- Zakko cuestionó en su cabeza, observándolo. «Aunque algo me dice que será mejor si le creo…»

—¡Yo solo podría acabar con la demonio de la que tanto hablas!- Alex hizo un comentario, demostrando lo seguro que estaba de lo fuerte que es.

Zakko solo lo miró un rato.

—¿Tu estadística favorable es… fuerza?

—¿Estadísti-qué? ¿Qué coño es eso?

Consulta que dejó frío al veniz.

—¿Sabes siquiera usar magia?- Zakko interrogó a quien le acompañaba.

—¡Por supuesto! ¡Soy un maestro del fuego! ¡Podrías hasta llamarme…!- A Alex no se le ocurrió nada. —Flame Master… no espera, suena raro… aunque en español es hasta peor, creo yo. No tiene aura, es lo que sucede. Debería conseguirme un nombre que me identifique en este mundo, así como Sein o Kairo…- Tuvo un monólogo en voz baja, aunque por sus gestos era más que obvio que estaba nada más que parloteando.

—¿Tu elemento es el fuego?- Zakko se interesó en ese primer detalle mencionado.

—¿Cómo que “mi elemento”?

—¿Usas fuego, no?- Zakko quiso cuestionar de forma más directa.

—¡Sí!

—¿Qué… qué tanto?

Apenas Zakko dudó de la habilidad de Alex con su magia, este la empleó hacia el frente, invocando una llamarada más que bien concentrada, que tomaba una forma distinta al llegar a un punto, volviéndose un círculo de llamas.

Comenzó a jugar con su fuego, transformándolo en distintas cosas. Al inicio era un círculo de llamas, luego se volvieron anillos de fuego, además de ajustar tamaños distintos con facilidad.

—¿¡Q-Q-Qué!? ¿¡Pero cómo sabes usar tanta magia si no sabes ni a qué me refería con la estadística!?- Zakko más que sorprendido, lo interpeló.

Alex rio con soberbia.

—¿Qué te dije, mi pequeño amigo?- Alex ignoró todas las dudas de Zakko para solo enfocarse en su enorme sorpresa como un halago.

En su cabeza, Zakko se veía como un pequeño monigote de cabello celeste con la boca abierta hecho en paint. Y al lado, él, hecho a mano y completamente realista, sujetando una llama pequeña en honor a su fuego interno.

—¡Responde!- Zakko se cansó de que ignorase sus dudas y le gritó, sacándolo así de su burbuja mental.

—¿Ah?- Alex expresó para dar a entender que no prestó atención a nada de lo que le dijo.

Zakko se llevó las manos a la frente, comprendiendo que de verdad no estaba prestando atención.

—¿Cómo sabes tanto?- Zakko reiteró su cuestión, con más calma.

—Pues… entrenando, ¿No?- Alex quiso inventarse una excusa, pues para él no fue tan difícil aprender nada, como lo hacía parecer el veniz.

—¿Sin nada en específico? ¿Solo… tirar fuego y ya?

—¿Cómo aprendiste magia tú?

—Bueno, haciendo… lo que dije, ¡Pero yo no sé hacer nada de lo que hiciste tú!

—Yo… bueno, si te dijera que no sé cómo hice las cosas… quizá te esté mintiendo. Si te dijese que son visiones que vienen a mi cabeza y yo las ejecuto como si nada… tal vez te esté mintiendo también.

—¡Responde bien!- Zakko se estresó, pidiéndole que responda directo.

—Solo repliqué cosas que sé de mi madre y mi padre. De mi padre sobre todo.

—Pero…- Zakko seguía sin creerle del todo. —Bueno, supongo que eres talentoso y ya. Qué bien.

Hubo un silencio que permaneció durante unos cuantos pasos.

«De verdad me alegro de haberme encontrado con alguien fuerte ahora. Me siento mucho más seguro».- Zakko concluyó para sí, evitando subirle el ego a Alex diciéndolo en voz alta.

Pese al rato que caminaron, no encontraban nada. De hecho, se devolvieron al mismo punto en el que empezaron varias veces ya que Zakko quería comprobar si alguno de su grupo aparecería por allí, de casualidad.

Del otro lado del abanico, Ive se encontraba decapitando a un cuerpo de Sacqui, que se deshizo tan rápido como le cortaron el cuello, esparciéndose en líquido de tonalidades oscuras con blanco.

—¿Es como la tercera, no?- Izu cuestionó, aburrido.

—Sí. La tercera desde que me sigues.- Ive afirmó, guardando su espada en la funda que cargaba en su espalda.

—¿Cuánto tiempo pasó?

—No tengo idea. Justo hoy es uno de esos días en donde no puedo medir la hora con el sol.- Ive mencionó, ya que el sol seguía expuesto, en un atardecer que parecía eterno.

—¿Un atardecer prolongado?- Izu cuestionó la forma en la que lo llamaban, ya que él la conocía así. —Aunque… por lo menos es útil. Sería peor si estuviese todo oscuro.

—Es un punto.- Ive le dio el punto y retomó la caminata, sin esperar a que lo siguiera o no.

Izu avanzó en la misma dirección que ella, solo que desde atrás.

—Al menos eso quiere decir que no estamos en alguna habilidad de la demonio.- Ive murmuró, sacando conclusiones. —Pese a que no haya nada… y solo nos encontremos cuerpos de Sacqui por ahí.

—¿Dices que podría ser una de esas técnicas de… atmosfera espiritual?- Izu la interpeló.

—Ajá, sí. Esa cosa.

—No lo estamos, no. O… eso creo. Aunque de todas formas no somos capaces de ver nada más que Sacquis débiles. Ya incluso hablamos con otros guardias civiles que dicen tampoco saber nada. Nadie ha actualizado de algún encuentro o alguna pista, ni siquiera saben lo que nosotros sabíamos.

—Eso quiere decir que o no hay mucha gente por aquí, o…

—¿Murieron?

—Es posible. Los clones de Sacqui… ¿Serán solo magia o…?

—¿Qué quieres decir?

—No lo sé. ¿No viste el primero que nos encontramos? Aún tenía pintas de ser otra persona distinta.- Ive recordaba, intentando argumentar su pensamiento.

—Seguía siendo similar a Sacqui.

—Pero la forma la adoptó mientras peleábamos. En el momento en el que la encontramos… no era así.

—Yo creo que estás loca.- Izu desconfiaba de las ideas que Ive expresaba.

—Estoy sacando conclusiones.

—Conclusiones de loca.

—Bueno, pero pensar algo es mejor que no pensar en nada.

—Deberías pensar… no sé, algo… útil por ejemplo.

—¿¡Cómo qué!?- Ive estaba a casi nada de explotar por el estrés.

—¿Tenías relación con la guardia civil, no? ¿No se te ha ocurrido involucrarla?- Izu, sin quererlo, derramó la gota que colmó el vaso en la paciencia de la chica de pelo cafe.

«¿Y a ti no se te ha ocurrido cerrar la puta boca…?».- Pensó Ive al instante, mas no lo dijo en voz alta. Aunque ganas no le faltaban.

Ive se detuvo un momento, con la vista fija hacia delante. Suspirando y molestándose por la presencia de Izu en su camino. Sobre todo por cómo la cuestionaba. Tras un momento libre en el que su cabeza hizo una lluvia de ideas provenientes de la rabia que sentía, creyó que intentar ahuyentarlo diciéndole cosas que le molestasen a él no era tan mala idea.

—¿Te llamabas… Izu, verdad?

—Sí, así mismo. Bueno, no es mi nombre, es como mi apodo, aunque es casi que mi nombre…

Ive se detuvo y se volteó para verlo.

—Izu. ¿Por qué me estás siguiendo?- Ive lo cuestionó, salvando distancias.

—¿Otra vez esa pregunta?- Izu comentó en voz baja. —Busco a Shin. Tú misma dijiste que era mejor ir en grupos para que no nos perdiéramos uno por uno.

—Sí, eso te dije yo. Pero… no te he visto con muchas ansías de buscar a tu amiga, solo me estás siguiendo. Yo no estoy buscando a tu amiga, a mí me da igual.

—¿Y por qué te detienes ahora por esto? Sé que no la buscas, pero… si encontramos a la Sacqui real, entiendo que… sabré qué habrá pasado con ella. Sigue siendo mejor que vaya contigo.

Ive se acomodaba su ropa, a la vez que retrocedía con pequeños pasos.

—¿Sabes que si mi teoría fuese real… probablemente Shin se habría vuelto un cuerpo de Sacqui? Quizás ya la matamos.

Izu se quedó paralizado mientras veía a Ive.

—¿Y qué quieres que haga? ¿Para qué me dices eso, para que deje de buscarla?

—No, solo quiero que te quede claro que existe esa posibilidad.

—¿Qué sentido tiene pensar en eso?- Izu se exaltó al momento.

—¡Relájate!- Ive llevó una de sus manos al mango de su espada, amenazando con sacarla.

—Tsk.- Izu realizó un chasquido de lengua para luego suspirar. —¿Y cuál es tu plan para encontrar a Sacqui rápido? ¿Caminar sin rumbo hasta que de casualidad se meta en tu camino?

—¿¡Qué idea tienes tú!?

—¿Por qué no seguimos el rastro que dejan los cuerpos de Sacqui en primer lugar? Aunque lleven a otro cuerpo, tarde o temprano se acabarían si según tú todos son personas transformadas y no clones generados con magia.

—¿Y si llevan a una trampa?

—¿Qué trampa va a hacer? ¿Llevarnos con su cuerpo real? ¿No sería mejor si ese es el caso?

—¡Estás hablando mucho para lo poco que ayudas! ¡No has hecho nada que yo no pudiese sola! ¿¡Y encima me cuestionas!?- Ive se molestó bastante, pero entró en calma al darse cuenta de que no era un lugar adecuado como para discutir por una estupidez. Dejó su espada dentro de la vaina y se tranquilizó de a poco. —Buscar a Shin no es mi problema, te lo repito. Encontrarla entiendo que será una consecuencia de mi objetivo… así que si quieres seguirme por eso… al menos sé más amable.

—Pero si yo no dije nada…- Izu aseguró, entrando en calma también. —Pero… ya en serio, ¿No crees que no tiene sentido… esto que estamos haciendo?

—Deja de cuestionarme.- Ive le pidió, entre tanto se volteaba para seguir caminando.

—Estoy haciendo una pregunta honesta.- A lo que Izu contestó mientras la seguía.

Ive se dio el tiempo de calmarse de verdad, sin contestarle. Al cabo de unos minutos se dio cuenta de lo alterada que estaba y que no era culpa de él. Estaba molesta justamente por no saber qué hacer en esta situación.

—Izu.- Luego de ese tiempo en silencio, lo llamó.

—¿¡Ah!? ¿Qué pasa? ¿Qué?- Izu estaba perdido en su mundo, intentando usar su magia de visión para observar algo, sin encontrar nada en específico.

—Perdón.

—¿Por qué?

—Por lo de recién.

—… No pasa nada. Me da igual.

—Creo que estoy estresada porque tienes razón. Y que me dijeses loca para empezar no ayudó… pero no quiero echarte la culpa por mi reacción. Lo siento.- Ive se dirigió a él y se inclinó para pedirle perdón como mejor sabía.

—Te dije que me da igual…- A Izu tampoco es que le afectara mucho lo que pudo decir. —No deberíamos perder el tiempo hablando estas estupideces, creo yo. ¿Quieres matarla, no? Siento que ya puedo usar mi magia de visión, encontrémosla.

—Si la encontramos… déjamela a mí.- Ive comentó, entre tanto retomaba el paso.

—¿Por qué?

—Quisiera matar a los demonios con mis propias manos. Es la primera que se muestra de una manera tan… llamativa, y quiero dar un mensaje para los otros tres.

—Suenas muy agresiva. Para variar.- Eso último lo murmuró Izu. —¿Estás tan empeñada en eso por algo en especial?- Izu quiso interrogar de su vida, a ver si así calmaba el ambiente entre los dos.

«A todo mundo le gusta hablar de sí mismo, ¿No?».- Izu repitió en su cabeza. Sin embargo, no tardó nada en percatarse de que Ive no lucía muy a gusto con la pregunta. «Puta madre. ¿Otro tema de conversación negativo?».- Dedujo.

Ive tenía la mirada perdida, pensando en nada en específico. Solo no quería contestar tan rápido.

«Me recuerda a cuando Shin evita contestar preguntas también. De hecho… me sé más o menos el patrón. Tarda sus segundos en pensar si contestar o no, y cuando se siente preparada…».- Izu analizaba laos movimientos de Ive.

Ive suspiró.

«Suspira, en efecto».- Izu se reafirmó. «Con eso cree que consiguió tiempo, por lo que sigue pensando si responder o no… hasta que toma la decisión de no responder diciendo algo como…»

—No te importa.

«No puede ser».- Izu no terminaba de creérselo. «Es el mismo patrón»

—Te llevarías bien con Shin.- Izu le dijo a Ive.

—¿Tú crees?

—Sí.

Continuaron caminando recto, hasta que llegaron a donde se deberían avistar guardias, no obstante, no lograban divisar a ninguno.

—¿No deberían haber guardias allí? Hay una barrera…- Ive cuestionó, acercándose a la barrera.

Izu no quería acercarse con ella, ya que desconfiaba bastante. Usó su magia de visión para intentar encontrar algo, comenzando detrás de él, procurando que nada les siguiese la pista. Luego observó los alrededores hasta que notó algo en un edificio a su derecha.

—¿Hay alguien ahí?- Ive voceó, por si es que se encontraban escondidos o algo así.

—Creo que hay gente dentro. No veo bien… solo veo siluetas, pero son similares a… personas.- Izu señaló al edificio a su derecha, mientras se lo comentaba a Ive.

—Entremos.

Rápido, Ive fue y pateó la puerta para entrar.

—¿Hacía falta patearla?- Izu preguntó de buena manera.

—No sé.- E Ive le contestó sin más, adentrándose. —¿Dónde los viste?

—No… sé.- Izu tampoco estaba seguro, ya que donde creía haberlos visto… no estaban.

El cero ruido que había en todos lados no ayudaba mucho a encontrar a nadie. Ive se adentró un poco más en un edificio que parecía ser una tienda de ropa, yendo más hacia el mostrador y abriendo unas puertas para ver si se hallaba alguien escondido.

Sin embargo, más cerca a la entrada, Izu siguió su visión hasta finalmente encontrar el sitio en donde tuvo esa visión. Encontró muchos cuerpos de civiles, incluso de guardias.

Aún con la sorpresa y los nervios a flor de piel, procuró que no hubiese nada cerca de él, echando una ojeada rápida a sus alrededores que pudiese atacarlo usando el lugar como cebo.

Izu intenta usar su magia de visión para no tener que ver de cerca, no obstante, al momento la zona se nubla. Ive se percata y hace un movimiento rápido sacando a Izu del local a la fuerza empujándolo junto a ella.

Juntos cayeron al piso fuera del edificio, e Izu fue el primero en levantarse, sin dejar ni un segundo de usar su magia de visión a pesar de que no sirviese.

—¿Qué fue eso?- Ive se levantó lo más veloz que pudo, y llevó su mano al mango de su espada, desenvainándola y estando alerta.

—¿Yo qué voy a saber?- Izu le contestó algo alterado.

Ninguno conocía de qué se podría tratar, solo les quedaba deducir lo más obvio: Sacqui.

Sospecha que no tardó en confirmarse en el momento en el que ambos oyeron a un abanico abriéndose sin cuidado, y la vieron a ella asomándose por la entrada del local.

—¿Ustedes no se cansan? ¿No tienen algo mejor que hac-

Ive con cero intenciones de oír lo que sea que tuviera que decir, usó magia para aventar su espada como un rayo en la dirección de Sacqui. Magia la cual evitó bastante fácil, por lo que acabó estrellándose contra la pared de adentro del edificio. Ive tuvo que hacer otro esfuerzo para recuperar su espada, llamando a la empuñadura con su magia, y creando la hoja con su magia elemental de rayo.

—¿Eso no tiene un filo real?- Izu cuestionó, algo confundido al respecto del arma de la castaña.

—No.- Ive negó de la forma más tajante que pudo, sin quitarle el ojo de encima a Sacqui.

—Qué… dúo más… molesto. ¿No pueden siquiera tener un momento para entablar una conversación?

—No tengo nada que hablar con los de tu índole. Basura.- Ive mucho más agresiva, se expresó ante ella.

—Qué jovencita tan grosera.- Sacqui comenzó a echarse aire con el abanico, dejando entrever siluetas en medio de las varillas, en la parte de la tela. Destacándose entre todas las siluetas, la de Shin.

—Shin…- Izu la visualizó.

—¿Dónde está?- Ive preguntó mientras la buscaba, al oírle, no consiguiendo encontrarla.

—Fíjate en su abanico.

Con las indicaciones de Izu, Ive fue capaz de concentrarse en las siluetas, viendo así la de Shin.

—¿De qué hablan sin mí?- Sacqui con una sonrisa y los ojos cerrados, interpeló entre tanto se seguía aireando con su abanico, esperando no interrumpir.

Ive suspiró, queriendo calmarse al saber que Sacqui tenía a la amiga del pelirrosa.

—¿De qué quieres hablar?- Ive interrogó.

—Si me fijo en tu mirada, deduzco que hay algo que me quieres preguntar. ¿Qué es?

«¿Se fijó en mi mirada? Si tiene los ojos cerrados…».- Ive sin quitarse la espada de las manos, frunció el ceño por tener que limitarse esta vez.

—¿Qué es ese abanico?- Ive no supo bien qué interrogar para sacarle información valiosa, por lo que cuestionó lo primero que se le vino a la cabeza.

—¿Este abanico?- Sacqui observó su propio abanico, descuidando por completo a los dos que tenía en frente, interpretando que no les convenía pelear, ya que si les diese igual la hubiesen atacado ya. —Es un abanico mágico. ¿Te gusta? Es bonito. Tiene un diseño floral que combina con mi vestido.

Ive se dio cuenta de que con su pregunta no iba a decir nada que les sirviese, mas tenía la cabeza en blanco, no se le ocurría nada mejor.

—¿Qué hiciste con mi amiga?- Izu alzó la voz.

—¿Tu amiga? ¿Esta chica?- Sacqui señaló a donde se divisaba la silueta de Shin. —Ella está en un lugar peor. Es una lástima que no sepas cómo regresarla y yo sí.

Sacqui se dirigía a ellos con una superioridad debido a que era consciente que tenía de rehén a gente que les importaba.

—¿Quieres algo de nosotros?- Izu aguantándose las ganas de atacarla, intentaba negociar con ella.

—¿Y si le dices a tu amiguita que baje el arma? No me puedo concentrar si tengo a alguien a tu lado que me apunta con su espada.

—¡Ive!

—Aj, está bien.- Ive envainó su espada mágica.

—¿Qué quieres?- Izu insistió a Sacqui.

—¿Yo? Absolutamente nada. No hago esto por un objetivo en específico. Solo… me gusta perder el tiempo… coleccionando gente que me parezca interesante.- Sacqui iba abanicándose entre tanto se alejaba lentamente. —¿Qué podría querer una mujer como yo en un lugar como este? Pueden ser muchas cosas. Lusiudá es una ciudad muy… preciosa y llamativa. Todas esas luces… estos edificios… es algo que me encantaría experimentar por mi cuenta… y sin embargo, ustedes no me dejan.

—No entiendo a qué punto quieres llegar con esto.

—¿Te has puesto a pensar en que yo también soy una persona? ¿Por qué todos ustedes me trat-

—¡Ustedes no son personas!- Ive vociferó apenas oyó esa frase, sonando molesta.

—¿Qué crees que haces?- Izu, quien pretendía escuchar a Sacqui, se alteró cuando la chica que tenía al lado le gritó a la demonio.

—¡No tienen ningún derecho de experimentar nada de lo que esta ciudad tenga para ofrecer!- Ive ignoró por completo a Izu, señalando con el dedo a Sacqui y contestándole cada vez más furiosa.

En ese mismo momento, la mirada de Sacqui cambió a una de decepción, dándose cuenta de que intentar conversar con ellos era caso perdido.

—¡Cálmate!- Izu le gritó a Ive, intentando sostenerla. Sin embargo, Ive lo empujó y desenvainó su espada de nuevo.

—¡No pienso confiar en un demonio! ¡Si lo del abanico es una habilidad mágica, desaparecerá si la mato!- Ive arremetió contra Sacqui, yendo a cortarle el cuello con apuro.

Momento en el que se dio cuenta de que no era un clon de Sacqui de los que iba asesinando por el camino. Esta Sacqui la alejó de sí misma impulsándola con viento de su abanico hasta las cercanías de unos locales.

—¡Ive!- Izu reaccionó preocupándose por ella.

Ive aterrizó sin dificultades, no obstante, sintió cómo un líquido caía desde su mejilla.

«Qué… rápida…».- Se sorprendió de lo veloz que fue reaccionando esta vez, al mismo tiempo que se puso la mano en la mejilla, notando que lo que caía era sangre, causada por cortes de la magia de viento de Sacqui.

Ya con ese ambiente, era imposible lograr una conversación o hasta una negociación con Sacqui. Motivo más que suficiente para que Izu se pusiera a la defensiva.

—Gente como tú me da asco. No eres linda, ni educada. Me miras con unos ojos de rabia todo el tiempo. Incluso podría respetar más a quienes me tienen miedo.- Sacqui voceó a Ive, más que decepcionada de la situación.

Sacqui observó a Izu, quien se hallaba paralizado, atento a cualquier intento de Sacqui de atacarlo.

—Como quisiera… solo disfrutar de un buen rato por Lusiudá sin que unos enfermos como ustedes me ataquen. Siempre es un grupo diferente de… estúpidos.

De reojo, Izu prestaba atención a Ive, para saber en qué momento ponerse de acuerdo con ella, y pelear juntos.

Cosa que resultó ser un problema, ya que Ive se quedaría un buen rato simplemente divisando a la demonio.

«¿Es… la real…? Actuó mucho más rápido que el resto… y si es así… quiero matarla…».- Ive repetía en su cabeza, apretando el agarre a su espada.

—Izu. Detenla.- Le ordenó, una vez se levantó.

En el pequeño lapso de tiempo en el que Izu se volteó para usar su habilidad, Sacqui empleó su magia de viento cortante a su alrededor, cubriéndose, y de hecho, liberándose al momento.

Aún así, la pequeña pausa que abrió fue importante para que Ive se acercara, chocando su espada con la zona de viento que se creó Sacqui, rompiéndola e impulsándose lejos por el impacto.

Sacqui disparó cuchillos con las tonalidades de los demonios desde las varillas de su abanico, rasgando las piernas y el torso de Ive.

Para cuando se enfocaría en Izu, se percató de que este ya no estaba. Lo buscó con la mirada, hasta que acabó percibiéndolo en su espalda.

Este creó un puño de piedra gigante, que se agrandó entre tanto se llevaba a Sacqui con él. El golpe causó que Sacqui se desestabilizara un momento, estado que se prolongó al Izu usar su magia de visión, y una técnica distinta a la de parálisis.

Los ojos se posaron encima de Sacqui, quien notó que las pupilas de este cambiaron a los de un reloj. Al observarlo, el espacio se distorsionó entre ellos dos, sintiendo una distancia que antes no tenía, y dejando de apreciar el entorno de manera correcta, solo pudiendo concentrarse en el cuerpo de Izu.

Sacqui pretendió atacarlo, mas de inmediato supo que se encontraba en una técnica de Izu, al no sentir que avanzaba.

Poco después, salió de ese estado al recibir un corte lateral de Ive. Quien no contenta con ese, usaría su magia elemental: rayo, para emplear una técnica que la hacía transformarse en una esfera de energía que avanzó hasta casi cortarle la cabeza.

Casi, ya que Sacqui tuvo el tiempo para desviar la esfera y solo recibir un corte ligero en un brazo y parte del torso.

—¡Ya basta!- Sacqui exclamó, antes de que Izu tuviera tiempo de hacer nada, y usó su abanico para crear una fuerte brisa que impelió a Izu y a Ive, además de rajarlos.

Izu apenas se puso de pie, usó su magia para detenerla y asesinarla de una vez por todas. No obstante, Sacqui buscó ocupar otra consciencia, desprendiéndola del cuerpo actual hasta una que se hallaba a unas calles de distancia.

Cuerpo en el cual no le iba mejor. Se encontraba paralizada por otra persona con la misma capacidad que Izu. Y aunque fuese mucho más frágil la técnica, no le daría tiempo a escaparse de la burbuja de agua enorme que una chica de coletas verdes estaba cargando específicamente para acabar con ella.

—¿Esto… la va a matar?- Kairo cuestionó a Shair, tomándose una leve pausa debido a la falta de aire que le causó el verse lastimado para que acabasen en esta situación.

—¿Algún hechizo tuyo es mejor?

—No.

Shair cerró los ojos, comenzando a respirar profundo. Por dentro, rezando para que sea suficiente. Ella y Sein también salieron lastimadas, con cortes en distintas partes del cuerpo.

Fue cuestión de segundos que Sacqui buscara escapar también, al verse atrapada en la burbuja que arrojó Shair hacia ella. Por más que rebuscaba, no encontró otro cuerpo lo suficientemente rápido como para evitar recibir el impacto de la burbuja.

Impacto que no fue instantáneo, ya que al adentrarse, no causaba dolor. El dolor lo causó la implosión posterior, el cual recibió de lleno hasta que su consciencia pudo reencontrarse con otro de sus cuerpos, dentro de su abanico.

Dentro de su abanico, cayó en el piso de un callejón en medio de la calle, procurando recuperar la respiración y temblando debido a la fuerza de los ataques que recibió en cadena.

Su abanico cayó en frente de ella. Cuando se intentaba levantar, debido a su magia, se reflejaba entre las telas del abanico.

«¿En serio…?».- Sacqui, al ver su expresión, se indignó de ella misma. No podía creer verse levemente debilitada, o incluso llegar a sentir dolor verdadero. «Fue… un descuido estúpido…».- Pensó mientras pretendía excusarse el estar de esa manera.

Creyendo que lo mejor sería recuperarse, empezó a usar su magia para intentar localizar a uno de sus compañeros, en específico, a Val-hen.

Poco antes, en medio de una calle cualquiera, no tan lejos de donde apareció Sacqui, se hallaban Zakko y Alex, caminando juntos.

—¡Y así fue como me ligué a ese pibón!- Alex culminó una de sus anécdotas, con orgullo.

—¿Qué es “pibón”?- Zakko no entendió.

—Ah, una mujer. Una mujer hermosa.- Alex de inmediato le hizo saber. —Bueno, creo que no es su definición como tal, pero… es algo del palo.- Se corrigió en voz baja, aunque su volumen de voz baja era el volumen de la voz normal de Zakko.

—Suenas… increíble. ¿En serio solo por eso ya la conquistaste?- Zakko estaba escéptico con sus anécdotas, aunque estaba más cerca de creerle que de no hacerlo.

—Bueno, no fue solo por eso… pero me gusta creer que desde ese momento congeniamos más.- Alex un tanto avergonzado por recordar aquellos momentos, comentó. —¿Tú tienes a alguna chica en mente? Podría darte consejos de cómo ligar. O te enseño a tocar la guitarra, eso a las chicas les gusta.

Zakko al oír eso y pese a no coincidir en esa afirmación del todo, no pudo evitar imaginarse en esa situación… hasta que se dio cuenta de lo irreal que era y se sacudió la cabeza para entrar en uso de razón.

—No creo que… solo por eso le gustes a una mujer.- Zakko negó esa afirmación por más que le gustara pensar que era tan fácil.

—¡Al noventa porciento le gustarás!- Alex insistió con ese ánimo que le caracterizaba.

—¿De dónde sacaste ese porcentaje para empezar?

—¿¡Dudas de mí!?

—Eso estoy haciendo.

—¡Qué mal que decidas ponerte del lado erróneo de la vida!- Alex dramatizó. —En fin. Si de todas formas quieres que te enseñe a tocar la guitarra no me importaría. Aunque no tengo una.

—… No sé. ¿Y si mejor me enseñas a usar la magia como tú?

—¿¡Estás chalado!? ¡Son años de entrenamiento!

—Pero si…-

—¡Me ofendiste!

—Perdón.

—¡No te perdono!

—… ¿Y si acepto que me enseñes a tocar un instrumento?

—Me lo pensaría.

—Está bien, entonces… enséñame.- Zakko acabó cediendo.

—¡Si tanto insistes tendré qué!

«Quizás y… hasta la impresiono…».- Zakko pensó en esa posibilidad, con una persona en mente.

—Y claro, si tú quieres, podría enseñarte lo que sé para que puedas defenderte también, ya que me dijiste que te costaba un poco.- Alex añadió.

—¿Me estabas escuchando cuando dije eso?- Zakko se sorprendió, ya que en el momento en el que lo dijo se vio interrumpido por él.

—¡Me subestimas!- Alex voceó, y fingió ofenderse.

—… Quizás. Es que suenas como… ¿Increíble de verdad? Es como si fueras bueno en todo. Tus padres deben estar muy felices contigo.

Alex, quien caminaba con los brazos cruzados detrás de su cuello y observando el cielo violeta, se quedó callado tras escuchar ese comentario. Su mente no pensó en nada, durante unos cuantos segundos, hasta que sonrió.

—Sí, lo están.- Alex con un pequeño sentimiento de vacío en su pecho, afirmó alegre de todas formas. —Es cierto, tú no me has contado nada de ti.- Pensó en ese momento al darse cuenta de que estaba pensando en más anécdotas en vez de dejar que Zakko hablara de sí también.

—… ¿Y qué quieres que te cuente?

—No sé, de ti. ¿No tienes alguna anécdota increíble que quieras contarme? Que estéis en un grupo de aventureros debería de daros anécdotas para escribir un libro entero…

—Bueno…- Zakko rebuscó en su cabeza algo qué contar, cuando cayó en la idea de que no había vivido nada muy espectacular más que… —¡Estuvimos en un Duel’Grot!- Comentó, siendo esta su clara experiencia más llamativa, y que le apetecía contar.

—¡Hostia, qué guay…!- Alex exclamó al ver la emoción con la que Zakko lo dijo.

No obstante, se generó un silencio incómodo, ya que este último sintió raro el tono de Alex.

—… ¿Qué es eso?- Alex murmuró al ver que dudaban de la veracidad de sus emociones al expresarse.

—Es… un evento en donde… olvídalo.

—¡Solo dime!

—No quiero.- Zakko se negaba a explicarle. —No es como si hubiese hecho algo muy relevante allí…- Añadió un tanto apenado.

—Pero eso no importa. Desconozco el qué será eso que mencionaste, pero aunque no hayas hecho nada sigue siendo importante para ti, por algo me lo mencionaste. Me agradaría escucharlo aún si es algo aburrido o tonto.

Zakko lo escuchó atento, sintiéndose pequeño en ese momento.

—Bueno… es importante para mí, pero no porque sea lo que me guste. Es más que nada porque es importante para…- Zakko hizo una pausa al darse cuenta de que iba a hablar de más.

—¿Para…?

—… Ella.

—¡Así que sí hay una chica!- Alex dio un golpe leve en el brazo de Zakko.

—Sí…

Alex se percató de que el tono del veniz era más deprimente que otra cosa.

—¿Acabas de afirmarlo triste?- Alex no pensó en otra manera de decirlo que fuese menos directa.

—No. Solo… estoy preocupado. ¿Cuánto tiempo llevamos aquí? No hemos visto nada. Raramente… caminamos tanto pero no me siento ni un poco cansado, y mucho menos siento que… hayamos llegado a otro lugar. Los locales son… casi que los mismos… algunos letreros son inentendibles a este punto…

—Ah, ya. Tienes razón. Ya pensaba que era yo el que estaba medio ido de la olla por la conversación… pero estoy seguro que ese dibujito lo vi varias veces ya.- Alex apuntó a un letrero con un logo bastante deformado, pero que se seguía entendiendo, de una silueta roja de un pájaro.

—Conversar ha conseguido que no me vuelva loco… pero… estoy seguro de que deberíamos intentar hacer algo para escapar de aquí. Más que… solo caminar.

—¿Y qué tienes en mente?

—Nada en específico.

Esa conversación se alargó lo suficiente como para que se oyera hasta en los rincones de la calle en donde se encontraban. Rincones que no estaban vacíos del todo.

Ambos, Alex y Zakko, sintieron cómo algo cayó desde un callejón. Se quedaron perplejos, sin intenciones de acercarse, pero observando hacia esa direción.

Zakko pretendía utilizar la magia de Sein, pero a la hora de la verdad, no le funcionaba. No divisaba nada.

«¿Sigue sin funcionar…? Pero… yo sí veo algo… solo que muy mal…».- Intentaba enfocar lo que alcanzaba a ver, siendo una silueta de colores oscuros y formas raras levantándose dentro del callejón. «Espera…»

—Vámonos.- Zakko retrocedía lentamente, esperando que Alex le hiciera caso para ya escapar del todo.

—¿Qué te pasó? ¿Qué has visto?

—¡Vámonos!- El veniz insistió alzando la voz para que comprendiera la gravedad del asunto.

—¿Pero por…?- Alex aún sin entender, iba a darse la vuelta para hacerle caso, hasta que de reojo vio a una mujer saliendo del callejón.

Una mujer bostezando y estirándose como si nada. Unos ojos blancos como su cabello, y una piel blanca como la leche.

—¡Oh, hola! ¿¡Estás perdida!?- Alex la saludó desde lejos, procurando sonar amigable para que no se asustaste.

Cuando Alex iba a encaminarse hacia donde la muchacha, Zakko lo tomó del brazo cortándole el paso.

—¿Qué sucede?- Alex interrogó a su compañero.

—Es la demonio.- Zakko le susurró entre dientes.

—¿Qué dices?- Alex levantó la mirada un segundo, para observar a la chica. Viendo en ella a una mujer adulta joven, llevando puesto un kimono con un diseño de flores que le parecía muy bonito.

Para él, no mostraba un lenguaje corporal que indicara que en realidad era fuerte, o algo similar. Se veía como una chica asustada.

—¡Es la demonio! ¡Por favor, vámonos!

—Pero se ve… normal. ¿Y si la estás confundiendo?

—¿¡Cómo voy a confundirla!?

La discusión se oía hasta donde se hallaba la mujer, sin embargo, esta decidió ignorar lo que decían para ver en qué resultaba.

—No me voy a sentir bien dejando a una mujer abandonada en un lugar como este.- Alex comentó.

—¡No te hagas el héroe ahora!- Zakko insistió intentando jalarlo, mas la fuerza no le acompañaba.

—¡No me estoy haciendo el héroe!- Alex le gritó, ya un poco molesto. Motivo por el cual Zakko cedió y le soltó el brazo, además de retroceder un poco al intimidarse. —¡Oye! ¿¡Estás perdida o no!?- Voceó a la mujer.

—¡Sí!- Asintió la chica desde lo lejos. Con una voz tan… extrañamente preocupada, que incluso Zakko comenzó a dudar.

Usó la magia de visión de Sein para divisar a la mujer, comprobando que no fue casualidad, ella seguía observándose como un cuerpo monocromático.

—¿Ves? No puede ser un demonio. ¡Ni siquiera tiene cuernos!- Alex afirmó con Zakko poco después. —Vamos con ella. Quizás sabe cómo salir de aquí.

Alex avanzó unos cuantos pasos hasta que se percató de que él no lo seguía.

—¿Te sucede algo? ¿Todavía dudas?- Alex lo cuestionó, dándole la espalda a la muchacha.

—Yo no quiero ir con ustedes. Prefiero… irme solo.

—¿Por qué?- La mujer del kimono se acercó a Alex, rodeando un brazo de este con los suyos. —¿Por qué tu amigo no quiere venir con nosotros?

Zakko tenía un nudo en la garganta que no se podía aguantar. Quería huir, sin embargo, Alex aún no comprendía el porqué, y el veniz no quería irse sin él.

—Eh… señorita…- Alex la llamó un tanto nervioso.

—¿Sí?

—Cómo decírselo… usted está muy cerca. ¿Podría alejarse?

La escena se volvió extraña para Zakko. Tenía a Alex al frente junto a Sacqui, quien actuaba demasiado extraña para ser ella. Oía la conversación de Alex y Sacqui al mismo tiempo que su respiración se agitaba.

No quitó la mirada de encima de Sacqui en ningún momento.

—Tú…- Zakko la llamó, una vez se envalentonó.

—¿Qué? ¿Me hablas a mí?- Sacqui, quien se hallaba jugando con Alex, disimuló.

Sacqui tenía ambos brazos rodeando a Alex, y no se alejó ni un poco para ponerle atención a Zakko.

—¿Te crees que soy imbécil?- Zakko, seguía enfadándose en voz baja, dirigiéndose a ella. Como el silencio reinaba en esas calles, aunque lo dijese bajo, se oía a esa distancia.

—¿De qué habla tu amigo?- Sacqui intentaba avanzar con el pelirrojo, llevando sus manos a la clavícula de este lento y disimulando.

—Oiga… me está incomodando un poco.- Alex comentó, comenzando a forcejear para quitarse las manos de Sacqui de encima.

—¿Dónde estamos? ¿Qué es esto?- Zakko alzó la voz de a poco, encarando a Sacqui.

—Qué pendejo más mo-

Sacqui escupió sangre demoníaca por la boca, lo que le permitió a Alex alejarse lo más rápido posible de ella e ir con Zakko.

La demonio sintió cómo su vista se distorsionó de la misma manera que con Izu antes, sin embargo, ahora él no estaba presente.

«¿Por qué… me siento así? Si solo están…».- Mientras hablaba en su mente, al parpadear, percibió con una vista mucho más borrosa a Izu y a Ive delante suya. Tras el parpadeo, volvió a ver a Alex y Zakko. «… Estos… dos…».- Su cuerpo dolía, como si la estuvieran lastimando.

Jamás experimentó algo así, ya que no solía tener tantas peleas de este tipo antes de llegar a Lusiudá.

«¿Me afecta una habilidad que está recibiendo otro de mis cuerpos? ¿Pero… por qué…?».- Dudó de su magia, al mismo tiempo que se llevaba el brazo a la boca y miraba de reojo a los dos que tenía en frente.

—¿Qué está pasando?

—No sé. Pero vayámonos, rápido.- Zakko quería huir a toda costa.

—¿¡Qué dices!? ¡Si es un demonio tenemos que aprovechar esta situación para matarla!- Alex apuntó su palma hacia una Sacqui debilitada, quien no tuvo tiempo de reaccionar.

El pelirrojo recargó su maná como lo sabía hacer, y al momento de expulsar una llamarada, salió una pequeña brisa de fuego que se desintegró tras un segundo existiendo y que no llegó más lejos que unos cuantos centímetros desde su palma.

Sacqui había intentado escapar antes de que sucediese nada, hasta que percibió que la magia de Alex no llegó a nada.

—Bueno, sí, como te decía… corre.- Alex se rindió al instante, y se dio la vuelta para escapar.

Zakko sin ni siquiera intentar atacarla, huyó pensando en transformarse en limo, mas creía que como humano corría mucho más rápido. O eso era lo que pensaba en esa situación.

«No puedo… irme… necesito… tomar uno de sus cuerpos…».- Sacqui pensó entre tanto se levantaba, buscando impedir que Zakko y Alex escapasen, usando su magia y aprovechando su entorno favorecedor para irrumpirles el escape con su viento cortante.

Viento que no ocasionó muchas heridas que doliesen a Zakko, sin embargo, Alex no corría la misma suerte de ser casi inmune.

Alex cayó, tras un grito de dolor.

—¡Alex!- Zakko lo observó para caer tarde en que era mejor que se lo llevase consigo.

De inmediato, se transformó en limo para absorber a su compañero, sin consultarle nada, solo con el propósito de huir.

—¿¡A dónde crees que vas!?- Sacqui volvió a utilizar su abanico, arrojando uno demoníaco hacia la bola de limo que era Zakko.

No causó daño a pesar de atravesarlo, pero no le permitió huir tan fácil al verse impregnado en maná demoníaco, siendo una magia de encarcelamiento.

Al verse acorralado, intentó soltar un pedazo de su cuerpo para escapar, consiguiéndolo sin muchas dificultades y apartándose. Se transformó en humano al ver que no podía huir, pretendiendo enfrentarla, o como mínimo, usar magia para escapar.

—¡Tú!- Sacqui, quien ya le tenía un rencor a Zakko, ahora que estaba a solas en un lugar que le favorecía, pensaba saldar cuentas.

De inmediato, utilizó su magia para intentar cortarlo. Aunque no le afectase en demasía, algunos cortes sí que resultaban profundos para su cuerpo, ya que iban más rápidos que la velocidad a la que Zakko era capaz de llenar su cuerpo con su propio limo.

Nunca se había visto en una situación como esta, para siquiera pensar en entrenar la agilidad que tenía al realizar esta acción. Motivo por el cual se vio forzado a apartarse usando otra vez el mismo truco de agarrar un pedazo de slime de su cuerpo y arrojarlo lo más lejos que podía.

—¿¡Qué se supone que fue lo que hice para que ustedes viniesen a molestarme!?- Sacqui quería desahogarse, tornándose cada vez más furiosa por ver cómo el veniz solo huía. —¡Responde!

Aún con las insistencias de Sacqui, no recibía respuesta. De hecho, Zakko aprovechó ese leve instante para usar su magia de fuego sin ningún tipo de cuidado. Una llamarada inmensa cubrió a Sacqui, fogonazo que duró unos cuantos segundos hasta que Zakko se mareó.

«Necesito… ayuda…».- Por más que miraba a los alrededores, no había nadie más. Consideró soltar a Alex, y fue lo que hizo.

—¿¡Qué cojones fue eso…!?- Alex vociferó apenas recobró consciencia, sentado en el suelo y viendo a Zakko con cortes iguales a los suyos, sin quitar la mirada de enfrente; donde se hallaba Sacqui. —¿Dónde estamos?- Alex comprendiendo de a poco la situación, se levantó y preguntó a Zakko.

—En el mismo lugar. Nos increpó. Perdón por… no avisarte que iba a hacer eso.

—No te preocupes. Ahora… ¿Cómo nos encargamos de eso?- Alex hablaba de Sacqui, quien aún mostrándose chamuscada, se puso de pie, revelando parte de su cuerpo demoníaco.

—No… lo sé.- Zakko, pese al miedo, sabía que no se podía huir.

Alex se detuvo un momento para mirar a Zakko, quien mostraba muy abiertamente su pánico con su rostro. Cosa que no le gustó, por lo que dentro de lo que cabía, procuró tranquilizarlo de alguna manera.

—¡No me intimidas, mitad mujer mitad bicho más feo que una mierda pinchá en un palo! ¡Soy más fuerte que tú!- Alex se adelantó un poco a Zakko, queriendo ser quien dé la cara.

Ambos, se hallaban frente a frente contra Sacqui. O… uno de los cuerpos de Sacqui.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo